En el ojo del huracán

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* “Cuando los trabajadores se pusieron a hacer preguntas sobre, por ejemplo, por qué los contratos no tenían fechas, por qué no había especificaciones de obra o por qué no venía el número de lote o manzana, los líderes advirtieron que si no firmaban, se exponían a que les cancelaran el crédito”; también fueron informados de que la FSTSE y el FOVISSSTE, a través del líder nacional Joel Ayala Almeida y Óscar Mario Santos Gómez, habían hecho trato con la empresa constructora denominada Argos-Quma, de acuerdo con una nota que el periódico Reforma publicó en su edición del 28 de marzo de 2001”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, publicado por Planeta en el 2013.

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Francisco Cruz Jiménez

En cuanto al control que Joel Ayala tiene, desde 1977, del sindicato de la Secretaría de Salud, las explicaciones sobran. En 1980 y gracias a los servicios prestados para someter a los sindicalistas democráticos, el lopezportillismo le dio manga ancha para imponer como sucesor a su compadre y guía Leopoldo Morales Nava, quien le financió la campaña para presidir el sindicato de 1977 a 1980. Nunca más soltó las riendas. A Morales le siguieron Rubén Nuricumbo Díaz —su primer protector—, Francisco Tapia Rentería, Víctor Manuel Sarabia Luna, Rafael Farrera Peña, José Luis Martínez Álvarez, Gildardo Bueno Avechucho y Rodolfo Monsiváis Santos, hasta heredar el puesto a su sobrino Marco Antonio García Ayala.

De la historia de cada uno de ellos también se ha llevado cuenta puntual. Al primero lo destituyó; al segundo le prestó, porque no hay otra palabra que defina mejor lo que pasó en 1981, la Secretaría General del SNTSA; a Tapia Rentería, el único que osó enfrentarlo poder a poder, lo toleró de enero a noviembre de 1986, pero nunca lo dejó trabajar hasta su destitución por una junta de gobierno bajo su mando. Sarabia pasó bien de 1986 a 1989, pero su estadía en la Secretaría General se atribuyó no sólo a que era parte de los ayalistas incondicionales, sino porque propuso y cumplió con la construcción del edificio sindical en el sur de la Ciudad de México —allí donde también se encuentran las oficinas del IFE.

Según las crónicas de la época, el siguiente en la larga lista de imposiciones, Farrera Peña, fue destituido a principios de la década de 1990 con todo y su comité ejecutivo cuando estalló el escándalo de los terrenos del IFE y el deportivo del sindicato. Le siguió Martínez Álvarez, al que aguantó un trienio, lo ratificó, pero terminó por echarlo y expulsarlo del sindicato para darle paso a Gilberto Bueno Avechucho. Éste fue el responsable de abrirle paso, en la Secretaría de Finanzas, a Marco Antonio García Ayala, el sobrino y actual dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de Salud.

Aunque a decir verdad, el hecho de estar bajo las órdenes y caprichos de Ayala les fue muy bien redituado: algunos consiguieron un nombramiento y otros más que eso. Es el caso concreto de Esperanza Fujigaki Lechuga, quien llegó a la presidencia del Comité de Vigilancia y Justicia.

Francisco Rodríguez, uno de los periodistas que más lo siguieron en aquel tormentoso diciembre de 2003, cuando arreciaba la pugna con Elba Esther Gordillo Morales, escribió en su columna “Índice Político”: “Desde su arribo a la dirigencia del SNTSA, Joel Ayala ha mantenido su predominio apoyando a sus incondicionales en las secciones sindicales con dinero y carteras, lo mismo que en el CEN de ese organismo y aislando y hasta expulsando del sindicato a quienes no se pliegan a su línea. [De entre] sus principales colaboradores, cuyo común denominador es el bajo perfil, que lo mismo le sirven una copa, le cargan el portafolio o le manejan el auto a él o a quien les ordena, sobresale el nombre de Catarino Rodríguez, quien fue chofer de Ayala desde 1977 y el más abyecto de sus protegidos, y quien hacía de bufón para divertir a sus hijos y a quien incluso llegó a golpear en algunos de sus frecuentes excesos etílicos, lo colocó en varias carteras del sindicato, llegando a ocupar la segunda en importancia que es la presidencia del Comité Nacional de Vigilancia y Justicia, utilizándolo en muchas ocasiones como prestanombres en operaciones ilícitas y el cual conocía sus debilidades y atrocidades. Tuvo un trágico final, pues murió en un ‘accidente’ o ejecución, dicen otros, perpetrada por Ayala”.

Rodríguez hizo otros señalamientos que causaron escozor, por lo claridosos y duros: “El vicioso, como lo llaman en medios sindicales por su afición al juego, y por sus adicciones a sustancias tóxicas —también incursionó en negocios financieros—. Por ejemplo, en 1991 recibió instrucciones de Fernando Gutiérrez Barrios —secretario de Gobernación en el gabinete de Carlos Salinas—, y Ayala ordenó a José Luis Martínez Álvarez contratar con la compañía de seguros La República una póliza para el manejo del fondo de ahorro para el auxilio por defunción, que devino en un fraude, ya que dicha compañía estaba en quiebra técnica (que también dañó al sindicato del Seguro Social), por lo que ese dinero se esfumó”.

Cuando todavía no recuperaba el aliento por completo, los separatistas de la FSTSE, quienes creían que estaban creando un movimiento histórico, recordaron que, desde los primeros meses de 2001, la Procuraduría General de la República investigaba a Joel Ayala y a otros dirigentes burócratas —entre ellos Óscar Mario Santos Gómez, del Comité Ejecutivo Nacional, y los chiapanecos Javier Álvarez Ramos y Guillermo López Rodríguez— por presunto fraude con créditos para vivienda, denunciado por 41 trabajadores de 12 dependencias federales en el estado de Chiapas. Al final, el número de inconformes se ubicó en 151 burócratas “beneficiados” en febrero de 2000 con créditos por 161 mil pesos para vivienda.

Presentada el 21 de diciembre de 2000, la denuncia penal atribuyó a la FSTSE la manipulación del lenguaje para alterar el destino de los préstamos. Los demandantes solicitaron créditos del Fondo de Vivienda del ISSSTE para compra de casas en Chiapas, pero, alevosamente, la federación de sindicatos los convirtió en créditos para construir. Aunque parece lo mismo, hay mucha diferencia, tan grande como la distancia de Chiapas, donde se utilizarían los recursos, al Distrito Federal, sede de la FSTSE. Además, alertaron los denunciantes, una constructora privada recibió el contrato para construir las viviendas sin licitación en una zona de Tapachula no urbanizada, sísmica, en terrenos más pequeños de lo pactado y con materiales de baja calidad.

La denuncia fue clave para que el FOVISSSTE realizara una serie de inspecciones a partir de octubre de 2000, cuando llegó la primera queja de los trabajadores “beneficiarios” de los créditos o préstamos para vivienda, pero sus conclusiones fueron muy desalentadoras: el ISSSTE “no interviene en la selección de la empresa que edifica las viviendas”; fueron los líderes sindicales quienes eligieron a la constructora y pidieron cambiar el carácter de los créditos.

Ilusionados porque al fin tendrían crédito para adquirir una vivienda, los inconformes —presionados por líderes de la FSTSE— no tuvieron oportunidad de revisar que, cuando firmaron los documentos respectivos o contrato de garantía hipotecaria correspondiente al préstamo, aceptaron o declararon que el inmueble se encontraba totalmente urbanizado y con factibilidad para introducir los servicios básicos de agua potable, electricidad, y drenaje, y que éstos serían responsabilidad de las autoridades municipales correspondientes.

“Cuando los trabajadores se pusieron a hacer preguntas sobre, por ejemplo, por qué los contratos no tenían fechas, por qué no había especificaciones de obra o por qué no venía el número de lote o manzana, los líderes advirtieron que si no firmaban, se exponían a que les cancelaran el crédito”; también fueron informados de que la FSTSE y el FOVISSSTE, a través del líder nacional Joel Ayala Almeida y Óscar Mario Santos Gómez, habían hecho trato con la empresa constructora denominada Argos-Quma, de acuerdo con una nota que el periódico Reforma publicó en su edición del 28 de marzo de 2001.

Pero éste, en realidad, fue por esos días un contratiempo menor, una piedra en el zapato, porque el Tribunal de Conciliación y Arbitraje le recordó a Ayala Almeida que tenía otros pendientes delicados. El 5 de junio le dio el reconocimiento oficial a la Federación Democrática de Sindicatos de Servidores Públicos (Fedessp) como central obrera con registro legal, conformada por 18 sindicatos y 1.6 millones de agremiados. El anuncio oficial lo hizo el maestro Ochoa Guzmán, presidente colegiado del nuevo organismo: “Esta conquista es irreversible, este anuncio del tribunal manifiesta ya nuestra constitución legal […] La maestra Elba Esther Gordillo es presidenta de uno de los sindicatos que forman esta federación y se acabó, no hay más”.

Sobre cómo lo ven sus panegiristas hay testimonios de sobra: político de visión, ha construido fuertes lazos de amistad con personajes como Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa Patrón y Eruviel Ávila Villegas. A partir de septiembre de 2012, Ayala Almeida es, por segunda ocasión, senador de la República, lo que le garantiza inmunidad, conocida como fuero legislativo, e impunidad. Y más de un analista está convencido de que esa posición fortalecerá políticamente a la FSTSE y, por su puesto, a su sobrino en el sindicato de Salud.

En otro grupo, se fortaleció la idea de la FSTSE, así como el SNTSA con organizaciones para servir al nuevo gobierno priista encarnado en el mexiquense Enrique Peña Nieto, con prácticas verticales de conducción, sin márgenes de negociación bilateral, así como de control de las inquietudes y demandas de los trabajadores.

Como se publicó en junio de 1994, quienes conocen al senador Joel Ayala dicen que no conviene confiar en su amabilidad, porque él se jacta de cultivar solamente amistades útiles. Tal estrategia le ha servido para mantenerse 27 años como jefe máximo del SNTSA y, desde 1998, regentear la FSTSE, lo cual le ha permitido disponer mensualmente de los 12 millones de pesos que reditúa el primero y 2 millones que le entrega la segunda por concepto de cuotas de los afiliados, que se suma a su salario mensual como senador.

Las circunstancias poco han cambiado. Si algo bueno le pudo pasar a Joel Ayala Almeida en sus enfrentamientos con Elba Esther, Fox y Creel fue aferrarse a su dirigencia y mantenerla, denunciando al mismo tiempo la intromisión del gobierno panista en asuntos sindicales, porque, desde su creación en 1938 como organismo gremial para apoyar al presidente de la República en turno, la FSTSE se ha convertido en un organismo para dar salida a presiones partidistas del priismo. Los enfrentamientos lo hicieron uno de los héroes modernos del PRI.

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