Estampida

*

* Otro día los vi en Paseo Tollocan, pateando una cabeza humana envuelta en una bolsa de plástico. Ellos se habían bajado de su auto para acercarse a un cuerpo tirado en el camellón, frente al Instituto Electoral del Estado de México. Allí se encontraron a ese muerto o allí algo se hallaba. Pero antes que algo, pateaban la cabeza. Debo reconocer que ninguno de los policías que la pateaba estaba sonriendo, al contrario, parecía no gustarles y apretaban el gesto, ellos y su largo rostro de disgusto.

* 

Miguel Alvarado

Toluca, México, 24 de septiembre del 2015.  Como que hay muchos policías en las tortas.

– ¿Qué van a pedir?

– …

– ¿Con piquín y mucha salsa?

Cámaras.

Hoy todas las chicas están bonitas.

También algunos chicos.

– Sin salsa, ¿no?

Porque hoy todas las chicas irradian, camina como artistas en esta glorieta de Insurgentes. Sostienen el vaso, el cigarro con el garbo bien aprendido de Greta.

Y es así:

Yo los he visto. Los vi en Xochicuatla, en Lerma, cuando la empresa Higa, del amigo del presidente de México, Peña Nieto, entró a rajatabla al pueblo e impuso una carretera, una autopista innecesaria, inútil pero que arrebata a los dueños originales, el pueblo otomí, terrenos, casas y la posesión del agua cuando esa obra está trazada sobre los mantos freáticos de los bosques vitales de aquella región, a 25 minutos de Toluca pero enclavada en el monte, invisible y pequeñita pero más importante que cualquier capital del mundo. Los vi allí cuando cuidaban las maquinarias, los bienes de la empresa y decían a los comuneros, a los dueños de las tierras invadidas por esas máquinas que si algo les pasaba a los trascabos entonces habría problemas. Volvieron a aparecer en las laderas de los cerros, cuidando a los topógrafos que invadían propiedad privada y comunal, mientras hacían mediciones y mantenían a raya a los verdaderos dueños, dentro de sus propiedades. Uno me dijo que le tomara fotos a la gente porque se sentían agredidos cuando los habitantes llegaban y les disparaban con sus cámaras. Lo dijo mientras se recargaba en su escudo antimotines y sopesaba el arma, un rifle largo AR-15 y a su lado otro fumaba. Después se burlaron, insultaron a las mujeres y custodiaron a los ingenieros de Higa, que siempre, pero siempre, siempre, tuvieron de su lado a un representan del gobierno mexiquense de Eruviel Ávila, el del Cuarto Informe de Gobierno, un infame, pues.

Pero la primera vez que los vi y que me acuerdo de haberlos visto fue hace 16 años, en la avenida Alfredo del Mazo de Toluca, a las seis de la tarde, cuando una camioneta Van, cerrada, sin ventanas, se emparejó al Volkswagen blanco que nos llevaba. Aquella camioneta se emparejó para tratar de sacarnos de la vialidad pero era torpe y el auto en el que íbamos pudo adelantarse. De todas formas se inició una persecución que terminó en una calle cerrada por obras, debajo de los puentes de Tollocan, y que nos obligó a meternos al estacionamiento del restorán California. Allí nos cercaron como si se tratara de un asalto, un levantón.

La  primera vez que los vi abrieron la puerta corrediza de esa Van, o sea, la abrieron y salieron de ella ocho policías uniformados con sus AR-15 apuntado al auto. Y ustedes qué, dijeron. Ustedes nos persiguieron, dijo nuestro chofer. Se los va a llevar la verga, dijo el que parecía el jefe. ¿Aunque seamos reporteros y ya nos haya llevado la verga antes? Dije yo. ¿Reporteros?, dijo el que se confundía como jefe. Luego se subieron y se marcharon. Nosotros nos quedamos un rato, allí parados, ni siquiera con cigarros, en lo que el chofer se reponía y podía conducir.

También fueron ellos quienes entre el 26 y 27 de septiembre del 2014 acribillaron a los estudiantes de Ayotzinapa. La historia de los 43 desaparecidos en bien sabida, desde sus distintas versiones, pero sólo hay una verdad y ésa no es la histórica ni pertenece al histérico teatro escenificado por Murillo Karam, por el mexiquense Peña Nieto y sus grupos, el de Hidalgo y el Atlacomulco.

Omar García, el estudiante más activo de Ayotzinapa, sobreviviente del ataque en Iguala, en entrevista el 9 de abril del 2015, en entrevista con el reportero de Guerrero Moisés Reyna:

Seguimos manteniendo 43, en primera.

No hay ninguna otra exigencia por encima de la presentación con vida de nuestros compañeros.

Fue un crimen de lesa humanidad, el Estado se los llevó, fuimos testigos de eso.

El ejército participó, la policía federal, la policía estatal, los municipales sobre todo.

Dijeron que era un hueso, una serie de huesitos los cuales habían sido identificados, nunca nos dijeron qué hueso era, solamente nos dijeron de que era un molar.

Nosotros conocemos los métodos de tortura que utilizan tanto los sicarios como el ejército mexicano, el gobierno en sí, para someter a las víctimas.

La tesis sigue vigente, de que pudieran estar vivos.

Sí, ahí estuve, cuando fue la segunda balacera.

Nos trasladamos inmediatamente a las 8 y media, llegamos allá como nueve y media y…

Los impactos de bala en los autobuses, las llantas ponchadas, los vidrios rotos, sangre en los pasillos de los autobuses, en el suelo.

Casquillos de 9 milímetros y de AR-15 y pues un clima fuerte ahí en Iguala, un clima de incertidumbre total.

Nos contaron cómo se habían llevado a nuestros compañeros.

Pensamos que ya no iba a pasar nada.

Contrario a eso, volvió a ocurrir, asesinaron a tres compañeros, a otros más los hirieron.

Nosotros pensamos que se trataba de una aprehensión.

Dijimos: al día siguiente vamos por ellos, como siempre ha ocurrido aquí en la Normal.

Las cárceles ya estaban vacías, el MP también… todo estaba vacío y entonces empezamos a entender que se trataba de una desaparición forzada.

La verdad de la historia es que íbamos a participar en la marcha del 2 de octubre y que necesitábamos autobuses.

Porque aquí se concentraría la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México.

Reunir 20 autobuses en dos días no se puede, tienes que hacerlo con muchos días de antelación.

Investigaciones han demostrado que a la Normal se le ha monitoreado desde hace mucho tiempo, la Normal es un punto rojo, lo ha sido desde los setentas, incluso desde antes por su simpatía con los ideales socialistas.

La verdadera historia es que nos tienen bien vigilados.

Dieron una orden de ponernos a como diera lugar, así como el gobernador dio la orden en el 2011 de limpiarla autopista y la limpiaron, según este cabrón de López Rosas en 2011.

Hicieron lo mismo, no siguieron los protocolos de seguridad o…

Realmente a las autoridades tanto civiles como militares o judiciales les vale un cacahuate la ley aquí en México.

Mientras haya alguien apuntado por el dedo de algún funcionario o en las listas rojas de los políticos del Estado, pues es malo y hay que eliminarlo, hay que hacerlo escarmentar para que ya no haga lo que hace.

Nosotros seguimos aquí, nosotros no aprendemos, eso nunca lo vamos a aprender.

Si algo aprendemos y aprendimos en esta escuela es a no agacharnos y arrodillarnos.

Y vean lo que estamos pagando, el saldo que estamos pagando.

Hemos demostrado que esto no se va a quedar así.

La hipótesis fuerte, la que sostienen y por la cual dan la vida es que a nuestros compañeros los incineraron, que ya están muertos.

Pero esa es una hipótesis que nadie les cree, porque al principio también nos los entregaron muertos en cinco fosas, 28 cuerpos. Dijeron que eran nuestros.

También tenían tres testigos, sicarios que afirmaban que habían participado en echarlos en esas fosas.

Y en haberlos ejecutado.

Con las pruebas de ADN, después, de los argentinos, su versión se les vino abajo.

Si el gobierno no funciona, entonces quién chingados va a funcionar en el país.

Tenemos que demostrar que nosotros, y para eso tenemos que empezar de cero.

Somos pueblo, pero con un corazón y una voluntad de cambiar las cosas que ellos no tienen. Eso es lo único que nos diferencia, es lo que nos separa.

Miren, este movimiento va a dejar huella y tenemos primero que demostrar que sí pudimos encontrar a nuestros compañeros con vida y que sí logramos demostrar que el Estado mexicano es un mentiroso, un corrupto, un asesino y que por lo tanto se le tuvo que cambiar, se le tuvo que cambiar, pues, de donde está para formar un nuevo tipo de gobierno… es un Estado fallido en todas sus estructuras.

Eso.

Otro día los vi en Paseo Tollocan, pateando una cabeza humana envuelta en una bolsa de plástico. Ellos se habían bajado de su auto para acercarse a un cuerpo tirado en el camellón, frente al Instituto Electoral del Estado de México. Allí se encontraron a ese muerto o allí algo se hallaba. Pero antes que algo, pateaban la cabeza. Debo reconocer que ninguno de los policías que la pateaba estaba sonriendo, al contrario, parecía no gustarles y apretaban el gesto, ellos y su largo rostro de disgusto.

No he visto a ninguno que ayude porque también, yo, tengo mala suerte.

También he visto cómo viven los policías, algunos, los de la tropa, no los mandos, porque ésos viven bien, aunque su vida sea miserable. Uno de ellos vive en San Cristóbal Huichochitlán, al norte de Toluca. Su casa es de ladrillos superpuestos y las puertas de su casa son trozos de madera encontrados en la basura. Tiene una tele, una pantalla plana, pues y una de sus hijas tiene parálisis. Los médicos dicen que es polio, aunque en México algunas enfermedades ya no existen por decreto presidencial, como la tuberculosis, dicen los tuberculosos. Había una mesa caída a pedazos donde se amontonaba la comida porque no había refrigerador. Luego, en el otro cuarto, dos camas y las paredes repletas de bultos, cajas, ropa tendida y dos perros famélicos en la azotea.

Y así vive el policía con su esposa y otros cuatro niños, a quienes se les visita en las elecciones para pedirles credencial de elector y estrechar las manos que se alargan por ahí, casi por casualidad. El día que fui les pedían la credencial de elector. Hasta se ofrecieron a pagarles las copias que ocupaban. El policía no tuvo palabras para decir que no y en cambio se deshizo en sonrisas, pero todas ellas de miedo, como de incredulidad, como de saber que no hay de otra y que mejor eso que ya conoce y no lo que puede empeorar, pero qué puede empeorar.

También vi a otros policías, del CUSAEM, policías bancarios que el gobierno del Edomex alquila a particulares. Los vi escoltando a empresarios y hasta a narcotraficantes o sicarios como el JJ, el del balazo al futbolista Salvador Cabañas.

Los vi en la marcha del 20 de noviembre del 2014 cuando desmantelaban a golpes los muros de metal que cerraban el andador Madero, para protección de los que iban, e incitaban a la gente para que pasaran por allí, rumbo al  Zócalo del DF. Allí tumbaron, con mazos y palos, esos muros endebles con los rostros embozados, gritando al mismo tiempo que ya daba lo mismo ir por otro camino, que no importaba. Fueron ellos quienes pintaron y grafitearon el centro de la ciudad de México y después, horas después, se integraban a los cuerpos de la policía que cargaron contra los asistentes, cerca de las 10 de la noche.

Y fueron ellos.

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