La fuente de la impunidad

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* Desde la Secretaría General del sindicato petrolero, con la abierta complicidad de los dirigentes priistas y los favores gubernamentales panistas, Romero Deschamps ha sabido mover los hilos de la corrupción imperante para manejar la situación política a su antojo. Por eso nadie se sorprendió de que, de la noche a la mañana, la presidencia salinista haya violado todos los estatutos para imponer, después del encarcelamiento de La Quina, a Sebastián Guzmán Cabrera y, luego, a Carlos Romero Deschamps.

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Francisco Cruz Jiménez

Paralizada definitivamente cualquier acción contra el desafuero, llegado diciembre de 2006 Carlos Romero Deschamps y Ricardo Aldana Prieto tenían sólo un gran enemigo de peso en el gabinete calderonista que, según lo muestran todas las evidencias, quería a Pemex para sí mismo y sus amigos: el español, mexicano a conveniencia, Juan Camilo Mouriño Terrazo, pero éste murió en un avionazo, víctima no de la impericia de un piloto, sino de la corrupción gubernamental.

En 2012, a tan sólo unos días de que terminara la administración de Felipe Calderón Hinojosa y con 19 años de estar enraizado en el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), Romero Deschamps convocó a los dirigentes de las 36 secciones y tres delegados adicionales de cada una de ellas para que votaran, literalmente a mano alzada, por la planilla del nuevo Comité Ejecutivo Nacional, que lo tenía a él como dirigente. La reunión se llevó a cabo a puerta cerrada en las instalaciones del sindicato, de donde salió el visto bueno para que prolongara su mandato hasta 2018.

Ese mismo día, 20 de octubre de 2012, Elba Esther Gordillo Morales también celebraba con sus allegados su reelección al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación por otros seis años. Festejo al que se sumó Romero Deschamps, a quien se le vio muy contento junto a la lideresa. Tiempo después, él vería de lejitos la destitución y encarcelamiento de su amiga.

Sin lugar a dudas el encarcelamiento inesperado de la lideresa magisterial generó altas expectativas en el imaginario colectivo de que Romero Deschamps le hiciera compañía. El argumento que dio el gobierno federal para justificar la detención —desvío ilegal de cuotas sindicales— se prestó para regresar a ver al líder petrolero cuya lista de abusos e ilegalidades ha sido ampliamente documentada.

Las especulaciones tomaban forma luego de que se hiciera público que la Sección Metropolitana número 34, que dirige Sergio Gutiérrez Rojas, había convocado a una elección el 19 de octubre de 2012 con la firme intención de terminar con el cacicazgo de Carlos Romero Deschamps. Su lugar —de acuerdo con la voluntad del 71 por ciento de los delegados provenientes de diferentes estados de la República— sería ocupado por Jorge Hernández Lira. El encumbramiento fue avalado en un documento que se firmó de puño y letra por los asistentes, el cual se presentó a la entonces secretaria de Trabajo y Previsión Social, Rosalinda Vélez Juárez.

Como el calderonato estaba por terminar, se dictaminó que fuera la nueva administración la que diera la tan codiciada toma de nota a Hernández Lira, razón por la que el 2 de enero le comunicaron de la asamblea al político hidalguense Miguel Ángel Osorio Chong —nuevo secretario de Gobernación—, a Emilio Lozoya Austin —director general de la paraestatal—, y a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, la responsable de dar fe y legalidad de la dirigencia a través de la llamada toma de nota. Todo quedó en veremos.

Aunque se rumoraba que Romero Deschamps tampoco tenía la toma de nota que avalara su reelección, demostró que los papeles sobran cuando se tiene la mano del presidente de la República. En el festejo por el aniversario número 75 de la expropiación petrolera que se llevó a cabo en Salamanca, Guanajuato, presidido por Enrique Peña Nieto, Lozoya Austin, Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía, y Carlos Romero Deschamps, el presidente hizo uso de la retórica para “reiterar la más amplia felicitación a todos los trabajadores de Pemex, a todos quienes contribuyen y laboran en esta gran empresa que desde hace 75 años ha sido y seguirá siendo de todos los mexicanos”. Discurso que fue correspondido con la declaración de Romero Deschamps: “Ya queríamos que un Presidente estuviera con sus amigos los petroleros”.

Ni cómo negar que esta amistad, al menos para el obrero, es una de las más caras, porque en ella se encierra el compromiso adquirido por su líder de servir a los intereses del gobierno. Lo que queda de por medio es el patrimonio sindical, ese que en papel está destinado para proporcionar viviendas dignas a los trabajadores de Pemex, pero que, en los hechos, tiene otros fines, como el financiamiento de campañas electorales. Un caso reciente lo representan 500 millones de pesos que la paraestatal prestó al sindicato y que hasta la fecha sus agremiados no han podido saber dónde quedaron, pero sí que se tienen que pagar con mensualidades de 8 millones 333 mil 333 pesos.

De acuerdo con una nota que publicó el periódico Reforma el 14 de febrero de 2013: “El convenio fue firmado el 27 de julio de 2011 por Romero Deschamps como secretario general del sindicato, Ricardo Aldana como presidente del Consejo General de Vigilancia y Manuel Limón como secretario tesorero. Por Pemex lo signaron Carlos Alberto Treviño, director corporativo de Administración, y Marco Antonio Murillo, subdirector de Recursos Humanos y Materiales. El director de Pemex entonces era Juan José Suárez Coppel. Pemex entregó los 500 millones el 8 de diciembre de 2011 mediante una transferencia electrónica”. No fue sino hasta el 11 de enero de 2012 cuando registraron el convenio. “Un día después, el entonces precandidato del PRI, Enrique Peña, se reunió con los trabajadores petroleros en la sede de la Sección 34 de Azcapotzalco y Romero Deschamps anunció el apoyo del gremio sindical”, recordó el periódico.

Prosaica como es la realidad, el rostro del líder petrolero es conocido porque en 2000 brotaron a la superficie las pruebas irrefutables sobre los manejos irregulares y el desvío de recursos millonarios de Pemex para apoyar la gris campaña presidencial del priista Francisco Labastida Ochoa. Pero también porque cada periodista y académico que lo investiga ha encontrado en él a un contador público arrogante, advenedizo, de calva en esplendor, millonario y con una primitiva intuición de la codicia.

“No hay líderes obreros pobres en México, la mayoría son millonarios o multimillonarios, a diferencia de los verdaderos obreros. Y destacan dos (casos) en particular: Romero Deschamps y (el extinto) Leonardo Rodríguez Alcaine, quien tomó las riendas de la otrora poderosa Confederación de Trabajadores de México (CTM) a la muerte de Fidel Velázquez Sánchez en junio de 1997”, observa Martín Carlos Ramales Osorio en su texto Corrupción de líderes sindicales en México, un análisis para Contribuciones a las Ciencias Sociales de la Universidad de Málaga. El investigador precisa: “Ambos lograron amasar inmensas fortunas al amparo del poder sindical. Como aliados y operadores políticos del partido en el poder han gozado de múltiples privilegios y, por tanto, de impunidad”.

Con toda impunidad y al margen de su fuero como legislador federal, Romero Deschamps dispuso de los recursos que dieron origen al llamado Pemexgate —luego vendrían otros Pemexgate, también por miles de millones de pesos—, porque conoce el lado oscuro de los funcionarios de Pemex y del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana: el caciquismo, tráfico de plazas, prebendas gubernamentales, traiciones internas, castigos colectivos, pistolerismo y otros métodos gansteriles de control. Estas prácticas generalizadas hacen del sindicato una eficaz e influyente organización al servicio de la Presidencia de la República.

Aun con el beneficio de la duda, para el Pemexgate I se calcula que los recursos se ubicaron en 4 mil millones de pesos que la Dirección General de la empresa, a cargo de Raúl Muñoz Leos, entregó al sindicato en 2004 en un caso conocido como un nuevo Pemexgate. Por este mismo, en julio de 2007, la Secretaría de la Función Pública inhabilitó por diez años a Muñoz Leos y al ex abogado general de la paraestatal, Juan Carlos Soriano Rosas, y les impuso una multa de 862 millones de pesos a cada uno, derivados de este nuevo abuso.

Ambos fueron declarados responsables de un quebranto a Pemex por mil 724 millones de pesos, así como de entregar recursos al sindicato sin la autorización del Consejo de Administración y sin apegarse a la normatividad. La Función Pública sustentó su decisión en 52 elementos para probar la entrega directa de recursos no autorizados.

Bajo el convenio 10275/04, Muñoz Leos y Soriano entregaron al sindicato los mil 724 millones de pesos. Pero también le dieron otros mil 65 millones 518 mil 939 pesos para vivienda y 459 millones de “ayuda de gastos” para festejos como el del aniversario de la expropiación petrolera, que le adeudaban de 2001, 2002 y 2003.

Desde la Secretaría General del sindicato petrolero, con la abierta complicidad de los dirigentes priistas y los favores gubernamentales panistas, Romero Deschamps ha sabido mover los hilos de la corrupción imperante para manejar la situación política a su antojo. Por eso nadie se sorprendió de que, de la noche a la mañana, la presidencia salinista haya violado todos los estatutos para imponer, después del encarcelamiento de La Quina, a Sebastián Guzmán Cabrera y, luego, a Carlos Romero Deschamps, ambos formados a imagen y semejanza de su maestro Joaquín Hernández Galicia.

Registrado como un trabajador de planta sindicalizado —nivel G29—, con un salario de 11 mil pesos más bonos de productividad, apoyos a la canasta básica, bonificaciones para gas doméstico y ayuda de gasolina, con lo que sus percepciones mensuales se elevarían a 24 mil 633 pesos… casi como cualquier trabajador, con la diferencia de que éste no sabe cómo hacerle para, con 11 mil pesos, comprar una residencia de un millón 350 mil dólares.

Una operación aritmética simple muestra que, si se suman y promedian sólo los ingresos que el sindicato recibió del gobierno cada año, Romero Deschamps administró, de 2007 a 2010, unos 685 mil pesos diarios, poco menos de 30 mil pesos por hora. Valga la insistencia, sin incluir las cuotas que cada quincena se descuentan a los trabajadores para mantener funcionando al sindicato, cuya cúpula está integrada por 68 funcionarios del Comité Ejecutivo General, cinco consejeros sindicales, 86 integrantes de las comisiones nacionales mixtas, 162 comisionados nacionales y 12 comisionados adscritos.

En una amplia nota para la revista semanal emeequis, publicada el 9 de agosto de 2008, la periodista Fátima Monterrosa detalló: “Un reporte de Pemex entregado con base a la Ley de Acceso a la Información Pública revela cifras hasta ahora imaginadas, pero nunca conocidas de manera oficial: La dirigencia nacional encabezada por Romero Deschamps recibió, de enero de 2005 a julio de 2007, una cifra que rebasa la imaginación de la mayoría de los trabajadores (y) cuyo destino nadie conoce: más de mil 408 millones de pesos. […] En ese mismo periodo ha acumulado en el banco un monto de cuotas sindicales que hasta ahora no se conocía: 876 millones de pesos, cuyo destino nadie conoce. […] Nada mal para un contador de 64 años de edad que gusta de viajar a Las Vegas —como lo hacía a cuenta del sindicato Salvador Barragán Camacho13—, usar reloj de oro y viajar en su yate particular El Indomable”.

Mejor conocido como El Chava Barragán, era amigo y compadre de Joaquín Hernández Galicia, con quien alternaba la dirigencia del sindicato petrolero. Cliente asiduo de Las Vegas, donde una vez llegó a perder, en una sola noche, un millón de dólares. Todavía hay quien recuerda que cuando jugaba su equipo, el Tampico Madero iba al estadio a verlo jugar y al término del primer tiempo le gustaba tirar dólares para toda la concurrencia.

Monterrosa encontró lo oculto. En esa época el sindicato recibía en sus estados financieros un promedio de un millón 513 mil pesos por día —dinero suficiente para formar una dinastía y darse todos los lujos posibles en un país en el que un líder sindical no debe rendir cuentas ni a sus agremiados—. “Deschamps —precisa— no es en absoluto lo que era antes. No queda nada de aquel abonero que vendía ropa y calzado, de casa en casa, en Tampico. Ni del joven chofer que cargaba el portafolios del otrora poderoso dirigente petrolero Joaquín Hernández Galicia”.

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