“Señora, usted no haga nada, yo la voy a ayudar”: Ernesto Nemer

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* Esta es la historia de Claudia y su familia, a quienes Casas Geo vendió dos propiedades que al mismo tiempo compraron otras dos personas, por Infonavit, en el fraccionamiento Santa Teresa del municipio de Chapultepec. Ella, despojada de sus bienes, ha visto cómo cada una de las instancias de gobierno le ha cerrado las puertas y ha tenido que soportar dos amenazas de muerte. Un abogado, Juan Ramón Sánchez Díaz, la estafó al llevar su caso despojándola de 250 mil pesos. Hoy vive en la precariedad, asustada porque no sabe quién la sigue y hasta dónde será capaz de llegar. Ella pide justicia, algo casi imposible en el país de Peña Nieto, en la entidad de Eruviel Ávila, quien le regaló, eso sí, diez mil pesos para que se fuera de México. Ella, porque es valiente, no ha dejado de luchar por sus hijos, su familia hundida en la miseria. Éste es su testimonio.

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Miguel Alvarado

Chapultepec, Estado de México; 12 de octubre del 2015. “Alto”, dice una señal en la entrada principal del fraccionamiento Santa Teresa, construido por Corporación Geo -y que agrupa a 15 subsidiarias- hasta hace poco la mayor fabricante de casas de interés social en el país, cuyas ventas se realizan a través de contratos de adjudicación gestionados desde Infonavit, aunque tiene un sistema alterno que atrae particulares, operado por los vendedores de la propia empresa.

Ese “Alto” es una advertencia, aunque no para todos significa lo mismo. Geo, con el 55 por ciento de sus ventas centradas en ese tipo de casas y cuyo principal accionista es Luis Orvañanos Lascurain, construye sin importarle casi nada el producto final. Geo se desentiende y lo hace bien, porque sus casas, aquí en Santa Teresa se vendrán abajo el día menos pensado. Eso, por decir lo menos. Y aquí en Santa Teresa, Geo levantó 2 mil 488 viviendas asentadas en un terrenos de 362 mil 651.77 metro cuadrados dividido en 18 manzanas, 345 lotes, 548 viviendas de interés social y mil 950 casas de interés social progresivo, según el acta MP-O17-09 del ayuntamiento de Chapultepec en el 2009, sellada por la Secretaría de Desarrollo Urbano del gobierno estatal.

La señal, pintada sobre rojo y detrás de ella las rejas de acceso, también indica lo que adentro, en la casa de uno, cuando compra ahí, puede pasar. Porque no es casualidad que la mitad de ese enorme complejo esté deshabitado.

Una mesa jardinera y su sombrilla gigante hacen de recepcionista alegre, mundana, despreocupada para quienes trasponen la puerta gigante por donde cabe cualquier cosa. Un techo de al menos 15 metros de largo, adornado con tejas y su respectiva caída predicen la bonanza, que se refleja, al menos, en la pequeña fuente que sirve de glorieta. Por ahora, el mayor tráfico lo representan taxis entrando y saliendo continuamente. Y es que Santa Teresa, con todo que por fuera se ve sólida, reflejando prosperidad, está lejos, demasiado lejos. Ubicado en el municipio de Chapultepec, por la carretera que conecta Toluca con Santiago Tianguistenco, exige a quien no tiene auto una caminata de hasta media hora, desde la parada del camión, si se atraviesa el complejo. Junto a un afluente del río Lerma, los habitantes se angustian cuando llueve, como ahora, que es tanta el agua, que sigue lloviendo.

Unos centenares de metros antes de la entrada están las oficinas de ventas, o lo que de ellas queda. Allí acudieron algunos a ver las casas, cerrar los tratos. Ahora sólo queda una mole deshabitada y una bicicleta fija en medio de la antigua recepción se burla desde su esquelética estructura, fuera de sitio, inabarcable por inverosímil. Porque, ¿qué hace un aparato de gimnasio en medio de las oficinas de Geo? El absurdo hasta el abandono abarca, pero eso a nadie ayuda.

Uno se asoma, se refleja en las ventanas que devuelven lo que hay o ni eso. Dos escobas, una pala y dos cubetas ni siquiera tienen que resguardar a su muñeca fea. “Pax”, dice un llavero colgando de una de los cristales y el Cristo que habita hace redondo un amuleto, donde el verbo no es carne pero tampoco una casa -más bien la duda de una casa- y extiende los brazos porque aquí ya no hay nadie y si alguien acude, habrá de preguntar en otro lado.

“Casas Geo te cambia la vida”, dice el letrero todavía pegado a las ventanas. Los arcos, el arbolito de hojas moradas o de perdida oscuras y otra fuente, la primera de todas y sus piedras ya no simulan que lo que hoy se está cayendo.

Que Geo pasara este año con penurias económicas y que los bancos hayan intervenido en su dirección no es culpa de quienes compraron aquí. “Porque hubo errores a la hora de administrar el dinero”, dice el análisis económico de los diarios sobre Geo, aunque anticipan que está de vuelta gracias a un replanteamiento en la empresa. Pero esos errores, que los accionistas cometieron, terminaron por quitarle todo a una familia mientras los dueños, denucnian otros afectados, se daban vida de multimillonarios.

La mesita y su sombrilla –cuidado- no son para todos. En su enlonado dice “Dish” pero este día, como llueve, nadie ha venido a trabajar.

Está bien aquí, hasta piedras gigantes hay en la fuente.

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Se pasa la señal de Alto y lo primero que se ve es la disparidad de las casas, la explosión sin sentido pero con toda la razón, de la pobreza, de pequeños comercios que solos, porque se ve, abren y cierran extinguiéndose porque acá no se puede aunque se quiera. Geo, desde su realidad macroeconómica, busca el bien común siempre y cuando a la empresa no le cueste nada, ni siquiera el cumplimiento de lo elemental.

Y lo siguiente que se observa es que las casas, la mitad de ellas, están abandonadas. Es una avenida principal, que caminada casi toda conduce a un depósito de agua usado por la colonia.

– Está cuarteada, y me preocupa, pero no es lo único que está cuarteado. Este tipo de cosas nos ponen en riesgo  –dice Claudia Sánchez Llamas, mientras voltea a ver las casas con tienda que no tienen permiso para abrirlas, porque un acuerdo firmado con Geo no lo permite desde lo legal. Sólo algunas, porque costaron más, pueden hacerlo. Ella compró una con cortina para negocio aunque pronto se dio cuenta de que Geo no respetaría los acuerdos porque no fabrica viviendas. Pobreza, miseria, sería lo más adecuado.

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– Conozco la pobreza y conozco la miseria, cuando no se tiene para comer –dice Claudia, sentada en la sala de su casa, junto a la ventana, mientras revisa los papeles de sus dos propiedades, sobre las que mantiene una disputa después de que Geo, Infonavit y un abogado de Toluca la despojaran sin más, cuando a su familia le faltaba sólo un pago por hacer y adquirirlas definitivamente. Ese conflicto propició además el cierre de su negocio por amenazas de muerte si se empeñaba en seguir reclamando lo que le pertenece.

Enfermera toluqueña y con tres hijos, está casada con un canadiense, Howard James Maw, compró, pues, dos casas en el fraccionamiento Santa Teresa. Les pareció que era un lugar ideal para ellos, que siempre habían rentado y planearon que en ese fraccionamiento podían establecerse y abrir una miscelánea. Su condición económica era buena porque Maw, ingeniero, trabajaba sin dificultades en compañías que pagaban bien aunque tenía una condición cardiaca desde el 2004 que pronto fue determinante.

Encontrar casa no fue fácil pues los vendedores, al ver al canadiense, duplicaban los precios pactados y la compra se caía. Un día vieron los anuncios de Geo y la oferta les pareció buena. Encontraron dos opciones, el fraccionamiento Villas del Campo y el de Santa Teresa, por el que al final se decidieron.

– La casa nos agradó mucho porque era de tres niveles y con local comercial –recuerda Claudia- y decidimos comprar en julio del 2008. Los vendedores Alfredo Sandoval Arias y su hermano Alejandro nos prometieron muchas cosas y decidimos comprar la última casa de tres niveles que está al final del fraccionamiento porque los de las casitas de un piso, unas 300 ó 400, vendrían a nuestra tienda. Dos propiedades, la 983 y la 984 quedaron a mi nombre.

Les gustó tanto que compraron dos, una junto a otra, porque una tenía ese local comercial que proyectaban como parte del sostén y otra de dos pisos, para que la familia, cinco en total, estuviera cómoda.

Y comenzaron a pagar. Primero, un enganche: 4 mil pesos para papelería, el 25 de julio del 2008, a nombre de Casas Geo Edificaciones, SA de CV abrirían el trato. El 13 de agosto entregaron 54 mil 733.29 pesos y ese mismo día otros 16 mil 802.62 pesos. El 24 de noviembre del 2008 se hizo un depósito de 275 mil 430.59 pesos. El último fue el 25 de noviembre, de 99 mil pesos.

Así, pues, faltaba un pago, que debía hacerse en los siguientes tres meses. Pero los vendedores aseguraron que el tiempo no era un problema.

Hasta ahí quedó.

“Nosotros empezamos a vivir aquí entre octubre y noviembre del 2008. Le pusimos lo básico, pintura, azulejo”.

– ¿Estas casas debieron ser entregadas totalmente terminadas para esta fecha?

– Así es.

– ¿Eso sucedió?

– No. Me entregaron la casa de tres niveles pero el piso está en bruto… las casas están chuecas. El jefe de personal de Geo, de apellido Rubio, dijo que arreglarían pero nunca vinieron. Yo esperé y me prometieron venir a entregarme la casa bien y como nos dijeron eso, nosotros nos dedicamos a acomodar la casa pequeña y en la de tres niveles, que está en bruto, pusimos el negocio.

De pronto, los de Geo se fueron. Y hasta ahora esa casa sigue igual.

Aunque eso no es cierto del todo. Está igual pero peor y ese peor significa peligro. Una por una, todas las habitaciones son exhibida y la pereza, la miserable economía de Geo queda al descubierto. Esa casa, la de tres niveles, tiene las paredes rellenas de hielo seco, una técnica usada para abaratar costos pero que en este caso no fue bien aplicada porque pusieron hasta en los techos de los baños. La humedad echó abajo uno de ellos y aquel unicel, poliestireno expandido, escapa por el boquete que Claudia apenas ha tapado con tablas, aunque terminó clausurando. Esa herida blanca supura bolitas de plástico y también se observa en la fachada, donde por una escara asoma de nuevo, a la vista de los que pasan.

Pero en orden. El cuarto de los niños, en el segundo nivel, tiene los pisos cuarteados. Hay un colchón y un mueble para ropa, y nada más, porque la familia no tiene nada. Pero ese peso ha sido suficiente para rajar el duro concreto de Geo que, dicho sea de paso, se comba. Porque si uno se para en medio y da un paso a un lado o a otro, nota el desliz. La casa se ha combado sobre sí misma y el simple rodar de una pelota lo demuestra. En ese cuarto juegan los niños, más o menos a salvo de la humedad que todo se come. Abrazan a la mascota, una perra de ojos grandes que mira el suelo, la suave pero inapelable curvatura asentada sin remedio.

Después las escaleras. Esta no es ninguna subida al cielo: eso que Claudia dice que le entregaron en bruto es, en otras palabras, la obra negra sin más. El encementado pierde la guerra y el agua carcome. La prueba es el cincel, la ausencia pues, del cincel y la marca para siempre que ha dejado el martilleo en los escalones. Claro que sirven, porque uno sube pero el trato no era ése y la familia pagó por algo terminado. La escalera pone a ras de ojos cada una de los fantasmas líquidos que en algunas esquinas alcanzan 20 centímetros de altura desde su sábana húmeda. Cada esquina asusta, enfriando también. ¿Por qué las escaleras se cuartean? ¿Por qué los escalones pierden pedazos y en la unión con la pared también hay grietas? Geo tendría que responder. Pero la mayoría de los propietarios prefieren abandonar que la denuncia.

– Empezamos a vivir normal –dice Claudia-, fuimos una de las primeras familias. Es un fraccionamiento muy grande. Y ese mismo año, el 2008, llegaron los vendedores informándome que mis casas tenían que ser vendidas por medio de Infonavit, porque son casas de interés social. Y que así como nos habían vendido estaba bien, pero que al mismo tiempo desde Infonavit se las habían vendido a otras personas desde octubre.

“Nos sacamos de onda”, dice Claudia, aunque eso no es lo que expresa su furia cuando ella se acuerda. Ella se dedicó entonces a la tienda, casi quebrados por los mismos pagos y porque su esposo atendía una afección cardiaca. Para Geo las tragedias familiares son tan pequeñas que no caben en la órbita de sus negocios. Son de ese tamaño: ni siquiera se han percatado de que los afectados han formado un grupo, el Frente Mexiquense en Defensa de una Vivienda Digna que incluso atrae a ex empleados de la constructora que han sido defraudados.

Cómo es Geo que prefiere quebrar, declararse inactiva, pues.

A pesar de Geo la tienda de Claudia era la mejor surtida y pronto vendía para todos. Era, quizás, la más grande pero eso no la preparó contra la incapacidad. Alfredo Sandoval Arias y su hermano Alejandro, los vendedores, volvieron a decirle que no habría problema, que “son casas Geo y nos respalda. Ellos dicen que tenemos que hacer contratos con estas personas, las que han comprado por Infonavit. El titular de la casa grande se llama José Manuel Maganda Solís y el de la chica es Rubén Reyes Hernández. Nunca en mi vida los había visto pero ellos llegan y dicen que no tienen interés en pagar las casas porque no tienen solvencia económica, que las casas no les gustan. Nosotros nos asesoramos con un notario de Lerma y nos dicen que estamos haciendo bien. Se firman contratos en donde se estipula que nosotros somos los dueños, pero el error de nosotros fue no entender bien el contrato. Decía ahí que nosotros les compramos a ellos y que nosotros teníamos que pagarles a ellos lo que ahora Infonavit les iba a descontar cada quincena o cada mes, 500 y 600 pesos, y que nosotros teníamos que depositarles a ellos, que al final me entregarían escrituras porque las casas quedarían a sus nombres. Ellos se van, tenemos las llaves, seguimos viviendo, vendiendo, pero el gusto no nos duró ni un año”.

Porque qué sería si las casas Geo no respaldaran.

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Las casas-muestras son una maravilla. Acabados perfectos en interiores de blancas paredes hacen juego con la duela en café claro de las escaleras y la cerámica de los pisos, en tonos más oscuros. El comprador se enamora y quiere vivir allí, comprar de inmediato. La realidad a la que accede está ahí, es casi mágica, instantánea y a simple vista, está al alcance de casi cualquiera. Uno sólo quiere su casa terminada, no importa que no tenga muebles. La cocina y su lámpara colgante, la sala, su pared amarilla y la planta de sombra, el espacioso clóset ordenado sobre diseño es una meta que podrá ser o no, y que al final no importa si uno es el dueño.

La familia recibió, en el 2009, una llamada del señor Maganda para informar que la sacaría de la casa, aunque le daba una oportunidad en vista de que había solvencia y hasta una tienda: debía entregar una cantidad de dinero. Si no, la calle la estaría esperando.

– Pero nosotros estamos haciendo bien las cosas…

– No me interesa- responde Maganda burlón, riéndose- ¿Ya revisó el contrato, señora?

– N -nn-no.

“Luego reviso y veo que el contrato que nosotros firmamos, con mis hermanos de testigos, lo cambió. Completamente. Él quitó la última hoja, la de la firma de testigos, y le puso tres hojas más al contrato, donde dice que yo le tenía que regalar a él 300 ó 200 mil pesos más porque sí. Está en la notaría, firmando y cotejado, pero no estoy de acuerdo”.

La familia no supo qué hacer pero ha decidido buscar un abogado. Claudia conocía a uno, que había ayudado a su madre en un añejo asunto. Así, encuentran a Juan Ramón Sánchez Díaz, ante quien acuden y le exponen la situación. Mientras, el 13 de agosto del 2009 Geo entregaba parcialmente al ayuntamiento de Chapultepec la obra y firmaba ocho bitácoras de supervisión, hasta el 14 de octubre de ese año.

Hasta el 2011 Geo no había entregado totalmente a las autoridades ese fraccionamiento ni había presentado la liberación del dictamen de la Comisión de Agua del Estado de México. Si lo entregó luego, ese documento no ha impedido que la casa de Claudia se inunde en época de lluvias. Un video que la familia grabó muestra la gravedad. Geo construyó cerca de un afluente del Lerma, a casi un kilómetro de distancia, y el nivel de agua dentro de las casas, es de casi 20 centímetros.

Entonces el agua sube porque la zona de Chapultepec, Metepec y Atenco es recolectora de los desechos de otros municipios con mayor altura, como Toluca y algunos poblados en el área del volcán. Se desparraman solamente y Geo, sabiéndolo, ha construido. De nada ha valido la red separada de drenaje pluvial y sanitario, o la técnica de infiltración de agua pluvial al subsuelo ni los sistemas para el ahorro, reuso y tratamiento.

A poco los de Geo no sabían del Lerma.

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Del abogado Juan Ramón Sánchez Díaz se sabe bien poco. Sólo lo que cuenta Claudia y que en realidad apenas perfila una sombra de la corrupción más inhumana que practica la mayoría de los abogados. Documentados, conocedores de la ley y sus aplicaciones, se limitan exclusivamente a abusar. Eso lo hacen bien, generando una sistemática montaña rusa de emociones en sus clientes, en general confiados e ignorantes pero necesitados, que se suben a esa feria emocional de esperanza y terror que al final termina con un choque. El único indemne es el abogado.

Y se paga.

Y se pierde.

Y se vuelve a pagar.

Y uno es estafado.

Efectivamente, el abogado Sánchez estaba ahí, ha sido localizado por Claudia luego de 20 años de no verlo y le plantea la posibilidad de que se les regrese el dinero que han pagado.

Jovial, porque lo cortés no quita lo otro, Sánchez decide tomar el caso.

Sí, no hay problema, dice Sánchez muy seguro.

Claudia hace un contrato, y le entera que ella pasa mucho tiempo sola porque su esposo viaja por motivos laborales, pues arregla máquinas de botellas de plástico para empresas como Amcore o Alpla, que fabrica los envases de Coca-Cola, por ejemplo. A veces dilata hasta un mes, ya que su propia matriz, en Canadá, lo moviliza a diferentes países.

Así, l abogado promete demandar a Geo y cita a Maganda –el de la amenaza de desalojo- para hablar. Lo hacen por dos semanas y luego llama a Claudia, a quien a rajatabla le dice:

– Necesitas darle a Maganda 115 mil pesos. Porque, efectivamente, es el titular ante Infonavit y la casa es de él. Para que a ustedes no los saquen necesitan dar ese dinero. Voy a hacer lo posible porque este señor Maganda te regrese el dinero y si no, lo meto a la cárcel.

Ajá.

Es más, Maganda había firmado un pagaré por el total de la casa, quedando que regresaría el monto.

Ajá.

Era demasiado dinero para Claudia y eso también influyó para que el último pago que se le adeudaba a Geo ya no se hiciera. El dinero destinado a Geo se lo dieron a Maganda. El abogado, muy solícito, fungió como testigo en una sucursal de Bancomer e hizo firmar el pagaré.

Para que no hubiera problema.

Pero si Claudia, pero nadie sabe porque en general confía, pero si Claudia hubiera revisado por encima las notas en internet referentes al abogado, habría encontrado una, fechada el 14 de marzo del 2009 y que lo involucra, junto con su esposa, María Teresa Jaimes en un despojo contra la abuela de ésta. Publicada en El Sol de Toluca por la reportera Magdalena Santiago, la nota dice:

“Por presunto tráfico de influencias al interior del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, no se ha ejecutado la resolución del Juzgado Primero Civil de Toluca que favoreció a doña Alicia Trujillo Gutiérrez, de más de 80 años de edad, quien interpuso un juicio para que no la despojaran de su departamento.

“Al acudir a este diario para denunciar los hechos, la mujer precisó que el juicio lo interpuso en contra de su nieta y el marido de ésta, un abogado quien dice ser muy amigo de los magistrados del Poder Judicial mexiquense, Luis Miranda Cardoso, Sara Deyanira Pérez Olivares y Julieta Marielena Anguas Carrasco.

“La agraviada comentó que pese a que la resolución del Juzgado Primero Civil de Toluca fue a su favor, pues acreditó con documentación que era la legítima propietaria del departamento número uno, ubicado en la calle de Brasil 100, colonia Américas, su nieta María Teresa Jaimes está subarrendando el inmueble sin pagar agua ni luz.

“Por lo que a través de este medio, doña Alicia Trujillo Gutiérrez pidió al presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, José Castillo Ambriz, que haga valer la sentencia del juzgado y se le restituya su departamento, ya que considera que no se ha procedido por la presunta amistad que presume el esposo de su nieta con varios magistrados del Poder Judicial.

“Refirió que con la asesoría legal de dos abogadas, en su momento inició un juicio civil con el número de expediente 457-07, pues su nieta y el marido de ésta, Juan Ramón Sánchez Díaz, la pretendían despojar de su departamento, en el cual dejó vivir a María Teresa Jaimes cuando quedó huérfana hace muchos años”.

Algo así.

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Las viviendas de Geo están sobrevaluadas en 40 por ciento, denunciaron ex empleados despedidos por la constructora de manera ilegal, según una nota del reportero de La Jornada, Alfredo Méndez.

Atribuyen la reciente quiebra de la empresa a que financiaron campañas políticas y se solidarizaron con el Frente Mexiquense en Defensa de una Vivienda Digna, que “acreditó ante la Procuraduría General de la República que Luis Orvañanos Lascuráin utilizó una red de notarios públicos de todo el país, quienes protocolizaron contratos de compraventa y de garantía hipotecaria, con la finalidad de obtener recursos de procedencia ilícita, derivados de la custodia y administración de los fondos de Sociedad Hipotecaria Federal, Infonavit y Fovissste. Estos recursos de procedencia ilícita se obtuvieron con los instrumentos notariales cuando ni siquiera se había autorizado la venta de los inmuebles y mucho menos la construcción de los conjuntos habitacionales”.

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Claudia no tenía por qué dudar de Geo o del abogado. Sí, esto es México pero aunque fuera Mongolia, no tendría que ser así. El abogado le dijo que no se preocupara, que sus problemas los hacía suyos, que confiara, que ya estaba su demanda y que Geo terminaría las casas inconclusas.

– Cuando le pagamos a Maganda, el abogado hace un contrato de ampliación entre los implicados.

Más aún, le pide que firme papeles en blanco, a lo que Claudia accedió. Su esposo también lo hizo. En ese tiempo Howar, que este año cumple 60 años, fue internado en el Centro Médico, donde pagaría por tratamiento 120 mil pesos. También perdería su trabajo, aunque consiguió otro pero su nuevo empleador, al enterarse de la condición cardiaca, lo despide y al mismo tiempo el abogado ha pedido más dinero para la demanda contra Geo.

En el 2010 Juan Ramón Sánchez comunicaba que la familia debe salir de la casa porque Geo las adquirirá para cotejarlas. Tuvieron que irse pero antes Claudia acudió al entonces alcalde de Chapultepec, Isidoro Hernández Castillo, quien recibió oficios para abrir una investigación. Ernesto Nemer Álvarez, actual subsecretario federal de Desarrollo Social, era diputado local en ese momento y hacía reuniones en la región. Claudia asistía y en una de esas consiguió que el legislador la recibiera. Enterado del caso por primera vez, le dijo:

– No haga nada, señora. En serio, no haga nada. Yo a usted la busco después.

“Apuntó mis datos y pasó el tiempo sin respuestas”, recuerda Claudia.

En ese momento, cuando el abogado avisa sobre el desalojo, tres personas visitan a Claudia en su tienda, diciéndole que son del gobierno.

– Dos de ellos eran medio robustos. Uno se para en la entrada. Uno se pone en medio y el otro donde estoy yo para cobrar. Traen un gafete, que decía “Gobierno del Estado de México” y vestían de civil, chamarras cafés y negras, camisa, pantalón azul marino de vestir. El que se acercó conmigo era de barba, robusto, medio blanco y me saludó.

– ¿La señora Claudia Sánchez?

– Sí, servidora.

– Somos del gobierno del estado…

Yo pensaba que venían para ayudarme, del diputado o del alcalde.

– Pues señora, somos del gobierno –dijeron viendo la tienda, revisándola completamente, mirando a mis hijos- y como usted ya quiere subir allá arriba, le venimos a decir que se vaya o se atenga a las consecuencias.

– ¿Pero por qué? –respondió Claudia.

– Sabemos que usted está sola… con sus hijos. Primer aviso.

Se salieron y en ese momento cerró la tienda y le habló a su esposo, que estaba en EU, y que la tranquilizó como pudo. Volvió a abrir pero sólo para cerrar al poco tiempo, haciéndole caso al abogado, temiendo igual la llegada de Geo. Era el 2010. Buscó una casa para rentar. El abogado decía que la demanda estaba por terminar, pero tenía que entregar las llaves.

– Casi regalé mi tienda. La traspasé. Desde el 2010 no tengo nada porque el nuevo dueño se llevó todo. La perdí, la malperdí. Nos fuimos a Casa Blanca en Metepec y rentamos por 6 mil pesos, que todavía teníamos para pagar pensando que no se iban a tardar. Los esposos hablaron y decidieron que Howard regresara a su país porque sólo en medicinas gastaban entre 5 y 6 mil pesos mensuales. Pero el abogado los alentaba. “Échale ganas”, les decía, “ustedes van a recuperar todo. Si este negro de pueblo –Maganda- no te paga yo lo refundo en la cárcel, no te preocupes, tú sigue viviendo en tu mundo rosa”. Esas fueron sus palabras.

El esposo se fue, sin opciones, en enero del 2011, pero el abogado siguió cobrando.

40 mil pesos para cotejar firmas y otras cosas.

Necesitaba veinte.

Necesitaba diez.

Exigía quince.

Se los dieron, luego de vender sus cosas, un Nissan 2001, el vestido de novia, los obsequios de Howard, el comedor, la sala.

– Nunca pensamos irnos del país porque habíamos comprado aquí y a mi esposo le gustaba México. Una vez que ya no tengo nada, no pude pagar la renta y me fui a una vecindad. Eran 2 mil pesos por dos cuartos y nos dormíamos en el piso. Iba diario a ver al abogado pero ya se negaba. “No, que todavía no”, me decían sus empleados

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En medio de esa tormenta legal los esposos buscaron, también, cambiar el nombre de los niños, para que adoptaran el apellido de Howard Maw. El abogado cobró 30 mil pesos por cada cambio de apellido. A Claudia le hizo firmar un poder de pleitos y cobranzas para hacerlo y Howard, antes de irse, firmó en el Registro Civil el reconocimiento. Pero Juan Ramón nunca hizo el trabajo porque el trámite, para sorpresa de ella, no tiene costo alguno. Es gratis, y por 30 mil pesos el abogado lo haría.

Por fin se ha dado cuenta de que todo lo que el abogado ha dicho, hecho, era mentira. Todavía ella tuvo que pagar el acta certificada de su hijo, aunque le faltaba el de una de las niñas. Sin saber ya qué pensar, ella acudía a un llamado del abogado, quien le ha asegurado que ya están los papeles que faltan sobre el cambio de apellidos.

– Yo la toqué, la vi. Y allí venía los apellidos Maw Sánchez, pero eso no era posible porque mi esposo no había firmado nada. El abogado decía que la había obtenido porque en Oaxaca, en un libro del registro civil de allá, había ciertos espacios y que ellos los ocupaban para registrar actas como las de mi hija. Nunca me dejó el papel en mis manos y no me pudo explicar lo de la firma de mi esposo. No acepté el papel porque supe que era falso y me iba a meter en problemas. Quedó de entregarme, de todas formas, cuatro copias que me daría en 15 días. Antes del término fui a ver al abogado. Me avienta el expediente de la casa y me dice que nunca se hizo nada, que porque una cláusula en el contrato decía que a los seis meses de vivir en una casa como éstas, yo no podía demandar a nadie.

“Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero me dijo”:

– No quiero caras, no quiero lloriqueos, no quiero nada, sabes de lo que soy capaz, de falsificar cualquier papel, así es que llévate tu asunto a otro lado.

“Y el dinero que se había pagado se lo quedó él, ¡no sé qué pasó! ¡Yo le di más de 250 mil pesos al licenciado Juan Ramón Sánchez Díaz, tengo algunos recibos, porque no siempre me dio! Nunca me dio expedientes, me dio a firmar hojas blancas porque la firma de mi esposo, que no estaba en el país, podía requerirse, y dijo que las mías eran para la demanda de Geo. En este momento no hay una demanda real contra Geo porque nunca hizo nada. Yo le grité y me dijo que siguiera viviendo en mi pinche mundo rosa y que si el anciano de mi esposo ya no me servía como hombre, pues que él me podía aceptar con mis tres hijos y que él pagaba todo. Agarré mi expediente, que me faltaron originales, me entregó copias que ni son mías y no he ido a verlo desde esa fecha”.

Eso, en el 2013. Pero esto apenas es una parte.

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El proceso de Infonavit seguía y Claudia se dedicó a las casas. Ya no pudo pagar renta y se regresó sólo para encontrar las propiedades inundadas y sin luz. Y con requerimientos de Infonavit por la deuda, a nombre de las otras personas.

Hoy, las casas están así:

Cuarteaduras en las paredes, los pisos agrietados, desgajándose, con agujeros y los techos encharcados, goteando.

Los muebles de los baños y los azulejos desprendiéndose, enormes manchas de humedad en paredes y techos y el unicel desbordado por entre las grietas, las esquinas en pedazos y el aplanado de las puertas de la calle con chipotes.

Por fin Claudia acudiría a Infonavit y el departamento de Contraloría reconocerá la existencia de un fraude, del que no tenían conocimiento hasta esa fecha. Alain Gerard Chaubert Luengas, gerente senior de Control de Denuncias, el 27 de mayo del 2014, le recomienda demandar al abogado, a Geo y las personas que aparecen como titulares de las propiedades. Ella lo hizo: levantó una demanda contra los estafadores, hace un año, pero no ha pasado nada y ahora no tiene abogado. Acudió a la Defensoría Pública –los licenciados que estaban allí leían periódicos, comían sus tortas- pero le dijeron que no podían llevar el asunto. Luego fue a Derechos Humanos, atrapada ya en el laberinto de la burocracia y tampoco, nada tampoco. Le dijeron que su caso no tenía futuro y la regresaron a la Defensoría, al MP y Derechos Humanos nacional no era el lugar indicado.

Y terminó en la Junta de Coordinación Política, con Ernesto Nemer.

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Era el 2011 cuando Claudia hizo contacto con Nemer por segunda vez. Él se comunicaba con ella.

– Señora, tengo su oficio, estoy en mi helicóptero y voy a un lugar muy importante pero su asunto me interesa.

Le volvió a repetir que no hiciera nada, que no se preocupara.

Pero claro, nada sucedió. Acudió entonces con Lourdes Nava Nájera, en ese entonces secretaria particular de Nemer y hoy directora general de Programas Sociales de la Secretaría de Desarrollo Social del Estado de México. Tampoco. La Profeco fue otra puerta cerrada. Allí le dijeron que es muy difícil que un abogado demande a otro abogado y que por otro lado no había nada seguro para ganar, que mejor se fuera a una demanda civil. Le recomendaron un particular, que le cobraban hasta 250 mil pesos. Todos querían que ella pagara a los titulares de Infonavit.

Claudia, incluso, buscó a Enrique Peña, todavía gobernador del Edomex en el 2010, pero al dejar su petición le dijeron de inmediato que no, que fuera al Colegio de Abogados donde Juan Ramón Sánchez Díaz es ampliamente conocido –porque tiene doctorado y hasta trabajó en el Tec. de Monterrey como  profesor- le dijeron. Pero también le susurraron:

– Nos da miedo y no nos podemos poner con él- Esa fue la frase final del Colegio de Abogados de Toluca.

– ¿Por qué? –dijo Claudia.

Ellos, mirando así, nada más dijeron:

– No podemos hablar, y punto.

Después, a la llegada de Eruviel Ávila a la gubernatura mexiquense, Claudia acudió a verlo.

“Me llevé una pancarta y le pedí que me escuchara cinco minutos. Me vieron sus guaruras o la gente que está alrededor de él. Me quitaron mi pancarta y me dijeron que el licenciado Mauricio Luna, que fue el jefe de Defensoría Pública del Edomex, eso me dijeron, me iba a canalizar para ayudar. Me mandó llamar, citándome en el palacio. Y me dijo Mauricio Luna:

– Esto es de parte del gobernador Eruviel Ávila, quien me dijo que la vamos a ayudar con esto. A usted le vamos a dar 10 mil pesos pero para que usted saque las visas y se vaya del país.

“Yo firmé, ahí firmé y ahí está aclarado. Y yo… no fui la única, había mucha gente esperando. La gente que va a pedir ayuda para alguna cosa… nos citan y nos van formando y dependiendo el problema les van dando cierta cantidad. Porque la chica de al lado no veía bien de un ojo y no le daban trabajo, le dieron 400 pesos en el sobre y se fue. Esto fue por octubre del 2014. Yo estaba muy mal económicamente y…”

… Y Claudia ocupó el dinero para comer, ella y sus tres hijos.

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Mauricio Luna recomendó a Claudia recordar que ese dinero era de parte del gobernador y allí mismo le dijeron que el diputado Nemer no podía salir a dar la cara en ese asunto porque…

– Porque probablemente es uno de los socios o dueños mayoritarios de Casas Geo –le remarcaban en el palacio de gobierno del Edomex.

Pero Claudia logró ver a Eruviel Ávila, una mañana en la ex Zona Militar, y ahí le habló en persona.

– Él volteó a verme. No te preocupes, aquí te vamos a ayudar.

Allí mismo dio órdenes a sus ayudantes y dijo:

– No quiero volver a ver a esta señora, ayúdenla.

Y se fue.

Pero la palabra de Ávila no pesa tanto como parece y Claudia fue llevada, otra vez, ante Mauricio Luna, quien mirándola extrañado le recuerda que a ella ya la han ayudado.

– Ya no puede estar aquí, ya le dije que tiene que llevarse el dinero y pagar su visa –dijo él.

– A ver, licenciado –dijo ella- vamos a ser sinceros. Para las visas más o menos son 100 mil pesos por toda mi familia. Usted me da 10 mil. Los utilicé para comer.

– Lo siento, ya no los podemos ayudar –dijo él.

Ella trató de ver otra vez al gobernador para decirle que no la ayudaban y esta vez otra persona la recibiría.

– Mire, señora –dice la otra persona- a usted ya la tenemos canalizada, ya no podemos pero el gobierno federal sí puede. Allá la pueden mandar incluso gratis a Canadá.

– ¿Eso se puede hacer? –preguntó Claudia.

Ahora Claudia sabe y dice que uno de los mejores amigos del hombre es el dinero, que uno nada es. Pero así y todo fue al DF, metiendo solicitudes para hablar con Peña Nieto. La recibió Arturo Naranjo, subdirector de Audiencias de la Defensoría Pública federal.

“Soy una simple mexicana… tengo derecho a que usted me escuche. Con toda la sencillez que tengo, le pido sea atendida mi petición”, escribiría Claudia. La respuesta, porque hubo una, le indicaba que será atendida en 15 días, que se cumplieron revelando la verdad que Clauidia había expresado ya. Uno de los mejores amigos del hombre es el dinero.

Decidida, sin embargo, a hacerse oír, ha planeado insistir para hablar con Peña pero antes de eso es abordada en la calle, cuando caminaba con su hija en Metepec.

Llegaron dos personas.

Delgadas, con sudaderas y con sus gorros de…

Y una de ellas le pone una pistola negra.

Se la ponen en la sien.

Estaba cerca del centro comercial Garis de Pilares. Era mediodía y caminaba con su hija.

Y uno de ellos se le pone por la derecha y el otro por la izquierda. Le han colocado la pistola en la cabeza.

– Hija de tu pinche madre, ya no queremos que sigas con esto. Segunda llamada, la próxima… no vez la luz –le dijo el pistolero. Allí había una patrulla, que tampoco ayudó. Era abril del 2014.

“Ahora lo que quiero es sacar a mis hijos del país, en vista de lo que estoy viviendo. No he hablado ya con nadie. En el 2015 fui a buscar a Nemer y me atendió Ernesto Barrera, que me contactó con la Defensoría estatal de la Mujer, con Adriana Arias Frías, quien me ayuda entre comillas, porque no ha hecho absolutamente nada. De la presidencia, la última vez fue en abril del 2015. Me negaron ayuda hasta de la leche Liconsa, que no me dieron la tarjeta. Tampoco me aceptan en el Oportunidades ni me dan despensas. Yo trabajo, limpio algunas casas, vendo fruta y algo de lo que me manda mi esposo y con eso me mantengo. Si Nemer tiene algo que ver, quiero que me diga por qué lo hizo, por qué me estuvo trayendo con el no haga nada y no haga nada. Hoy están a punto de sacarme de las casas porque no soy la dueña titular. Ellos me lo dijeron, que iban a apoyar a los dos titulares del crédito. Hoy sé cómo vive una mujer mexicana, con sus hijos, en una situación así. Ya es tiempo de que abramos los ojos. No puedo perder mis casas, son de mis hijos. El gobernador dio una orden, ¿por qué no la hicieron valer? ¿Por qué?

– Yo, para ellos, no soy nada.

No, no para todos.

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