Las mil y una noches

* “Favorecido por la “legalidad”, Carlos Romero Deschamps se ha convertido en una máquina para hacer dinero cuyo destino nadie conoce. Pero también en un depredador de la riqueza patrimonial que alguna vez tuvieron los trabajadores de Pemex. Se sabe que en enero de 1989, a la caída de La Quina, la riqueza del sindicato petrolero se calculaba en tres billones de pesos: dos billones en propiedades —ranchos, hoteles, maquinaria, bodegas, tiendas de consumo y ganado— y uno en efectivo”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

Francisco Cruz

Es un secreto a voces que la fuerza que disfruta Romero Deschamps tiene sus cimientos en el número de afiliados al sindicato, sus cuotas —incluidas las de sus 65 mil jubilados—, el misterioso destino de los recursos y la benevolencia del gobierno federal que cada año transfiere cientos de millones al sindicato petrolero. Es el caso de los dos sexenios panistas (2000-2012), donde supo reconocer y aprovechar las debilidades y ambiciones de Vicente Fox y Felipe Calderón. Por otro lado, si bien es cuestionable su auténtica fuerza política al interior del PRI, no deja de ser intocable y, desde su imposición, mantiene para su gremio la cuota de diputaciones —federales y locales—, alcaldías, regidurías y una senaduría otorgada por la dirigencia nacional y una que otra local del PRI.

Durante los gobiernos panistas, Romero Deschamps vio cumplido su mayor deseo: convertir en oro todo lo que toca. Tras las negociaciones y acuerdos que hizo con el entonces presidente Vicente Fox, llegó bien recomendado con Felipe Calderón, quien sólo en los primeros cuatro años de su gobierno entregó al sindicato petrolero más de mil millones de pesos sin que Romero Deschamps tuviera que justificarlos.

La transferencia no fue cosa menor: 318 millones en 2007; 236 millones 876 mil en 2008; 256 millones 591 mil 949 pesos en 2009 —en plena crisis—, y una cantidad similar en 2010 para festejos o actividades cívicas o deportivas, y otras ayudas convenidas con el Comité Ejecutivo General. Amparado en una de las cláusulas del Contrato Colectivo de Trabajo, durante su primer año, el calderonato entregó casi 22.5 millones de pesos para cubrir gastos de viaje de Romero Deschamps y algunos integrantes del Comité Ejecutivo General, entre asesores, funcionarios del Consejo General de Vigilancia y una docena de comisionados.

En 2010, la Tesorería del sindicato recibió 88 millones para gastos generados por la revisión anual del Contrato Colectivo de Trabajo; 13 millones para participar en la discusión de la reforma petrolera de ese año; 15 millones más para los festejos de la expropiación petrolera; y otros millones por conceptos como el Día del Trabajo, que regularmente superan los 40 millones de pesos.

Según los informes disponibles del IFAI, entre 1995 y 2009 la cúpula sindical recibió 410 millones de pesos para gastos de representación; 150 millones para gastos de viaje; 240 millones para festejar el Día del Trabajo y la expropiación petrolera, y otros 219 millones de pesos para gastos relacionados con la revisión de los contratos colectivos de trabajo. Por su parte y aún con crisis de por medio, en el primer semestre de 2000 el sindicato petrolero recibió de Pemex, por lo menos, mil 700 millones de pesos justificados entre convenios y acuerdos no incluidos en alguna de las cláusulas del contrato colectivo.

Luego se descubrió que no hubo cautela en la entrega-recepción de los recursos y que la mayoría de las operaciones se realizaron a través del banco Inverlat —hoy Scotiabank—. En esos extraños acuerdos participaron Rogelio Montemayor Seguy, director general de Pemex; Carlos Fermín Juriasti Septién, titular corporativo de Administración; Juan José Domene Berlanga, director de Finanzas, y Julio Pindter González, subdirector corporativo y de Relaciones Laborales. Por el lado sindical hubo dos representantes: Carlos Romero Deschamps y el tesorero Ricardo Aldana Prieto.

Las cantidades son exorbitantes. A las entregas gubernamentales deben sumarse entre 300 y 400 millones de pesos que cada año recibe el sindicato por cuotas de sus agremiados, de las que nadie puede pedir cuentas. En agosto de 2010, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió que las aportaciones sindicales son recursos privados que no están sujetos a la Ley Federal de Transparencia.

Favorecido por la “legalidad”, Carlos Romero Deschamps se ha convertido en una máquina para hacer dinero cuyo destino nadie conoce. Pero también en un depredador de la riqueza patrimonial que alguna vez tuvieron los trabajadores de Pemex. Se sabe que en enero de 1989, a la caída de La Quina, la riqueza del sindicato petrolero se calculaba en tres billones de pesos: dos billones en propiedades —ranchos, hoteles, maquinaria, bodegas, tiendas de consumo y ganado— y uno en efectivo. Hoy ningún trabajador sindicalizado sabe cuánto tienen. Desde aquella época nadie les ha entregado ningún reporte. Sebastián Guzmán Cabrera se llevó algunos secretos a la tumba y Romero Deschamps cuenta con la protección gubernamental.

Ahora que el PRI está de regreso en la Presidencia, su relación con el gobierno mantiene un son de paz. Con ello prueba la capacidad que tiene para adaptarse y cambiar de color dependiendo de las circunstancias —cual si fuera un camaleón—, pero sobre todo que supo decodificar el mensaje enviado por la Presidencia de la República con la detención de Elba Esther Gordillo: “no es un asunto de sindicalismo, sino una cuestión personal”. En otras palabras, se trataba de poner un ejemplo a todos con un vecino, más no de corregir a todo el vecindario.

Entrevistado por la revista electrónica sinembargo.com, Fernando Palomino, secretario del Interior alterno, viejo amigo de andanzas de Romero Deschamps y con quien actualmente se encuentra enfrentado por el control del sindicato, dio una poderosa razón por la que Romero Deschamps se va a mantener a flote con el PRI: “Alrededor del sindicato hay negocios inmensos. Un cambio obligaría a nuevos acuerdos para continuar los negocios. Con Carlos ya están hechas las cosas. Tiene cuatro procesos penales pendientes, algunos relacionados con enriquecimiento ilícito, pero simplemente nadie actúa. No actúan procuradores, secretarios del Trabajo. Nadie. ¿Qué puede uno pensar?” Las respuestas se multiplican, pero todas tienen como núcleo a dos hermanas siamesas llamadas corrupción e impunidad.

Con toda certeza, se puede decir que Romero Deschamps forma parte de la sagrada familia de líderes sindicales depredadores e intocables cuya capacidad para aliarse no tiene límites, tan odiada como temida, siempre necesitada por los partidos. Sin embargo, para conocer mejor a este líder petrolero, nada mejor como el pasado, es decir, la historia de la casta sindical en la que está anclado su origen.

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