Morena: la ruta del desastre

* En el Estado de México, el Movimiento de Regeneración Nacional se alista para afrontar sus primeras elecciones como partido político. Creación de Andrés Manuel López Obrador, Morena ha generado expectativa entre la izquierda mexiquense presentándose como una opción ante el debilitamiento del PRD. Pero con las elecciones encima, el partido de AMLO se debate entre actos de corrupción que nadie se atreve a calificar de malos entendidos, y desde la militancia se revela una ruta hacia el desastre provocada por su propia dirigencia, encargada ahora mismo de enterrar cualquier opción de triunfo que se hubiera planificado.

 

 

Francisco Cruz/ Miguel Alvarado

Toluca, México; 11 de febrero del 2015. Las proyecciones sobre el futuro del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) suelen ser tan exageradas que con frecuencia rayan en el extremo cómico. Detractores y simpatizantes representan un contrapunto llamativo como si sus opiniones, calificativos y análisis fueran cortes encargados por diseño y a la medida. Unos y otros se mueven en bandas coloridas que ocultan una verdad oscura del bisoño partido: invisible, la militancia es conducida mansamente y en rebaño al matadero, como pasa en el Estado de México.

Atraída por la promesa de “el cambio verdadero” que propaga su líder moral, el dos veces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, el sueño propio de la decencia política y el convencimiento de que sí puede limpiarse de corrupción el Estado de México, esa militancia mexiquense se ha convertido en testigo silenciosa del abuso sin recato de sus líderes estatales para hacerse de los millonarios recursos que empiezan a fluir a través de las prerrogativas partidistas.

Un breve análisis de las contabilidades públicas del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) —entre ellas el acuerdo CG-15/2015— aporta elementos incuestionables: la dirigencia estatal de Morena, cuya queja es eterna por la falta de recursos, recibirá este año nueve millones 713 mil pesos para actividades permanentes. También se le entregarán 2.9 millones para promoción del voto, otros 397 mil 382 para actividades especiales, al menos 150 mil pesos adicionales, cada mes, para gastos de oficina, secretaria, chofer y vehículo oficial, que se le entregan directamente a Luis Daniel Serrano Palacios.

Además de atestiguar lo que se llama “el agandalle”, esa militancia, último eslabón de los partidos, ve de reojo cómo sus dirigentes encabezados por Pedro Zenteno Santaella acaparan burdamente los primeros lugares en las listas de las candidaturas plurinominales a través de procesos de dudosa legalidad, amañados, fraudulentos y tramposos o de franca imposición para garantizar su ingreso, y el de algunos allegados, a las jugosas nóminas gubernamentales en el Congreso de la Unión.

Si antes de llegar a la dirigencia morenista el doctor Zenteno, como lo conocen sus amigos y colaboradores cercanos, prometió y se comprometió a no buscar cargos de elección popular porque quería servir desinteresadamente para consolidar un nuevo proyecto, y romper con la tradición de que el presidente de un partido siempre busca cargos para sí, en las últimas semanas ha demostrado que la “democracia” mexicana es muy benevolente, que las palabras se las lleva el viento y que siempre es muy placentero servirse con la cuchara grande.

Dividido y confrontado el Comité Ejecutivo Estatal, con bandos irreconciliables, en Morena mexiquense se hacen cada día más visibles los vicios que criticaban y por los que abandonaron al Partido de la Revolución Democrática (PRD) y todavía un poco antes, en muchos casos, al Revolucionario Institucional (PRI) para transformar “la realidad del país por la vía pacífica, y construir una sociedad realmente libre, justa, democrática […] una revolución ética de la vida pública y de la política, reivindicando este noble oficio como la vocación al servicio de la sociedad”, como advierten los documentos básicos de Morena.

En otras palabras, la democracia, la igualdad, la justicia y el derecho a disentir, como la autocrítica y la vocación de servicio, son algunos de esos tantos eufemismos en la vida diaria del mexicano común; palabras apenas sobresalientes en la discursiva partidista, en el Congreso de la Unión y en el Poder Ejecutivo federal.

 

Temas para preocuparse

 

Aciago, incierto y terco, el juego del poder ha colocado a los militantes mexiquenses de Morena en estados de ánimo y escenarios nada gratos de corto plazo: el temor ante el comportamiento cínico de sus dirigentes estatales y de que éstos se conformen con el 10 por ciento de los votos que obtendrían en automático en los comicios de junio próximo; la incertidumbre de que sus líderes nacionales —Martí Batres Guadarrama y López Obrador— se queden de brazos cruzados, y el descontento porque aún recuerdan el 2011, cuando apenas y con muchas penas pudieron aportar 132 mil sufragios de Morena a su candidato a gobernador, Alejandro Encinas Rodríguez.

Si bien ha puesto toda la carne al asador para sacar adelante el proyecto, esa misma militancia ha empezado a cuestionar. Ve como una quimera los lemas lopezobradoristas de “Morena, un partido diferente”, “Justicia y gobierno honrado” y “Organización para la revolución de las conciencias”. La política partidista a través de Morena Estado de México —la entidad con el mayor número de votantes, casi once millones, y más distritos electorales del país, aparece como un monstruo inmortal, una hidra cuyo aliento contamina el primer proceso electoral en el que participará como partido.

Cualquier observador medianamente informado se habría enterado que antes de terminar la primera semana de febrero, un grupo de militantes de Morena en Cuautitlán Izcalli hizo llegar a Batres y López Obrador una carta que documenta, en parte, la descomposición interna: “lo que ocurrió en la asamblea electoral del pasado 1 de febrero es uno de los actos contra los que siempre ha luchado el movimiento, de no permitir imposiciones por parte de ningún órgano de poder”.

Si los problemas se han enraizado o no, el tiempo lo dirá, pero la grosera imposición de Xóchitl Nashielly Zagal Ramírez, secretaria de Comunicación de la dirigencia estatal como candidata única a diputada federal enfureció a los morenistas locales y puso al descubierto parte del desaseo, de la forma en la que se maneja el partido, de las trampas para impugnar las candidaturas y de la protección que ofrece la presidencia estatal del partido para algunos de sus dirigentes. Firmada debidamente, la misiva alerta sobre una estrategia deliberada “con el objetivo de colocar sólo a los amigos” en los puestos clave de elección directa y de representación proporcional.

“De igual forma, se violentó la autonomía de la asamblea al especificar que no se iba a rendir (permitir) opinión alguna ni a discutir ningún aspecto; es decir, se negó” el debate interno y el derecho a disentir. La asamblea “se redujo a un ejercicio ya viejo y característico de los partidos opresores […] sólo se nos entregó un papel en blanco para emitir nuestro voto […] se montó un teatro haciendo alusión a un acto democrático (y) así salvaguardar la imposición”.

Y en Naucalpan amenazaron con llevar sus quejas hasta el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF, antes Trife) si sus dirigentes estatales mantienen sus políticas de ojos cerrados y oídos sordos, mientras en Toluca denunciaron acarreos, lo mismo que en los distritos del Valle de Chalco. En Huixquilucan y Villa Nicolás Romero fueron evidenciadas otras trampas, que incluyeron “asambleas” en domicilios particulares “a los que era imposible llegar”.

Los protagonistas del cambio documentaron 99 candidaturas ilegítimas o 99 candidatos impuestos a través de maniobras oscuras en sus primeros procesos internos. Por las fricciones internas evidentes y las pugnas con aquellos que intentan mantener su antiguo estatus de políticos consagrados, bañadas por la rumorología que proviene de la misma dirigencia estatal, Morena no tuvo capacidad para realizar asambleas formales —cumplir con el quórum reglamentario de 151 protagonistas del cambio— en 27 de los 40 distritos federales electorales.

Aunque medianamente funcionó el “arte” del acomodo e interpretación engañosa de los reglamentos, fueron esos los casos, entre otros, de los distritos que no lograron quórum aquellos con cabeceras en I Jilotepec, III Atlacomulco, IX Ixtlahuaca, XII Ixtapaluca, XIII Ecatepec, XIV Atizapán de Zaragoza, XV y XIX Tlalnepantla, Naucalpan XXI, XXVI y XXXIV Toluca, XXVII Metepec y el XL de Zinacantepec.

Como lo puso una protagonista del cambio en Tenancingo, a donde se quejaron de que la dirigencia estatal “intenta imponernos como candidato a un doctor, Guillermo Gómez Ramírez, que nadie conoce. Pero, como dicen en la dirigencia estatal: tiene dinero para pagar su campaña […] de tal manera que las candidaturas parecen estar en venta al mejor postor. […] Y le ha solicitado apoyo a la ex alcaldesa priista Tanya Rellstab Carreto —protegida del ex gobernador priista Arturo Montiel Rojas— para que algunas asambleas se realicen en sus salones de fiesta. […] Cuando reclamamos, Pedro Zenteno culpó enteramente a la dirigencia nacional… todavía cree que somos unos idiotas.

”Zenteno nos envío como su representante personal a Javier Prianti Velázquez, un ex regidor perredista del millonario municipio de Metepec, que no tiene cargo alguno en Morena, para advertirnos que es necesario tener candidatos que puedan sufragar sus campañas porque el partido requiere sacrificios en este momento”.

La sombra de preocupación es muy evidente: con el apoyo del grupo de Zenteno, Morena impuso a Maurilio Hernández como candidato a presidente municipal de Tultitlán, quien es hermano de Everardo Hernández—un político muy cercano a Carolina Monroy del Mazo, prima consentida de Enrique Peña Nieto, ex alcaldesa de Metepec, ex titular del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, ex secretaria de Estado, sobrina de Alfredo del Mazo González y actual aspirante priista a una diputación federal—.

En mayo de 2013, el dirigente de Morena Metepec, Agustín Lagunas Álvarez, y el secretario de la organización, Rolando Méndez Aguilar, acusaron a Everardo, entonces jefe de la Unidad Anti-Corrupción del gobierno municipal que encabezaba Monroy del Mazo, de intentar desestabilizar y sabotear la construcción de Morena como nuevo partido político: “no puede pasar inadvertido, dado que Everardo Hernández es un funcionario de primer nivel que se supone sólo responde a órdenes directas de la alcaldesa”.

 

Crónica terquedad

 

Los conflictos y las diferencias internas, que han dejado como saldo ya incluso algunas suspensiones de derechos, enmarcan ya una breve historia que empezó hacia finales de 2012: impulsado por el contador Manuel Álvarez —personaje con sólidas ligas en el movimiento Izquierda Democrática Nacional (IDN) que controla René Bejarano Martínez en el Partido de la Revolución Democrática— y protegido por Luis Daniel Serrano Palacios —secretario de Organización de Morena mexiquense, representante ante el IEEM y a quien se identifica como el poder real—, Zenteno se ha convertido en un dirigente camaleónico en la alta burocracia morenista, un “caníbal” que ha empezado a devorar a su partido y que se “metió” a las listas plurinominales federales con apenas 28 votos en el distrito II con cabecera en Teoloyucan.

Los secretos de Zenteno no están tan bien guardados: Álvarez es un empresario del ramo de la construcción con intereses en el municipios de Atizapán y en otros que controla directamente Zenteno, y Serrano —un bejaranista que ahora controla los recursos millonarios que empieza a entregar el IEEM a Morena—, es pareja sentimental de Iliana Almazán Cantoral, directora general de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) del Distrito Federal convertida en una agencia de empleo del grupo del profesor Bejarano, conocido más por su mote de El señor de las ligas. Almazán es suplente de la diputada bejaranista Ariadna Montiel Reyes, ex directora de esa empresa de transporte.

Con el apoyo efectivo de esos cuatros personajes —Álvarez, responsable del financiamiento, Serrano, Almazán y Montiel, además de Mauricio Hernández Núñez, responsable nada más en la Comisión de Honestidad y Justicia—, Zenteno ha pasado inadvertido o, como se dice, ha nadado de a muertito para sortear los vaivenes de la grilla interna y eludir las menciones frecuentes de su nombre en operaciones políticas dudosas, como la burda imposición de candidatos, la manipulación de asambleas distritales, la ausencia total de autocrítica y la difusión de rumores sobre presuntos actos de corrupción.

Pero viejos demonios acechan al grupo de Zenteno. La duda sobre su separación del PRD y en especial de la tribu bejaranista es permanente; pero también hay quienes lo ligan muy de cerca al Grupo de Acción Política encabezado por Higinio Martínez Miranda. La indignación aumenta porque en su apoyo también se ha visto muy activo a Hernández Núñez, funcionario de la Delegación Iztacalco del Distrito Federal, mientras que en el Consejo Estatal de Morena el grupo de Zenteno cuenta con el manto protector de María Eugenia González Caballero.

Nadie quiere acordarse de que Zenteno fue responsable directo del primer gran fracaso de Morena en el Estado de México; de la simulación en la que se convirtió el movimiento cuando le prometió al menos tres millones de votos efectivos a su candidato a gobernador Alejandro Encinas en 2011, pero que en esa gran farsa sólo pudo entregar cuentas por 132 mil. Esa historia fue documentada en el libro AMLO, mitos, mentiras y secretos que se publicó en 2012 bajo el sello temas de hoy de editorial Planeta México.

También se ha dejado por la libre al secretario general, Félix Santana Ángeles, quien en 2014 fue acusado, juzgado y sentenciado por la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena Estado de México por “permitir el acarreo y las prácticas corporativistas” del Grupo Acción Política y la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata. A Santana Ángeles le salió barata la condena: seis meses proscrito de toda actividad partidista.

Hoy, personajes allegados a Zenteno han empezado a correr rumores en el sentido de que investigan a Santana por uso fraudulento de recursos internos y por salirse de la institucionalidad para promover intereses personales y de su grupo.

Entre la desconfianza, la turbación, el caos por la derrota de 2011, la animosidad y después del enojo inicial, Zenteno y su equipo tuvieron un margen de maniobra muy amplio para sortear el fracaso y dejar que este episodio y los pésimos resultados recayeran en los hombros de los equipos de Octavio Romero Oropeza; el hijo menor de Andrés Manuel —Andrés Manuel López Beltrán— y algunos otros operadores.

Pasadas las sospechas que prevalecían y la intriga, Zenteno y compañía sacaron la varita mágica para eludir cualquier señalamiento por el desastre electoral mexiquense. Aquel se hizo un personaje de todavía menor perfil. La protección directa de López Obrador y la llegada de Encinas al Senado, como primera minoría, lo alejaron de las calamidades del naufragio electoral, exiliándose en San Luis Potosí.

Contrariamente a lo que se pensaba, hasta el rancho con piscina a donde acostumbra descansar el doctor Pedro Zenteno Santaella y su colección de autos clásicos quedaron a buen recaudo. Si fue casualidad o buena suerte, el caso es que muy pocos recordaron que Morena Estado de México, todavía movimiento, prometió a Encinas tres millones de votos. Ateniéndose estrictamente a los hechos, la simulación fue de tal nivel que, pasado el proceso y digerida la derrota, la cúpula lopezobradorista descubrió lo que sospechaba y tanto temía: la “maquinaria” morenista era un fantasma en territorio mexiquense.

Los caciques priistas de barriada y el ejército magisterial que despachó el Sindicato de Maestros, controlado por el gobierno del estado, habían impuesto un sistema de control tan efectivo que en aquellos comicios sólo dos de cada diez protagonistas del cambio verdadero conocían la labor que les correspondía realizar. Morena quedó evidenciada, junto con urgente necesidad de cambiar de estrategia.

 

Golpe de timón

 

Rota hoy la dirigencia estatal por la disensión, los conflictos, la sospecha, el recelo, el abuso, muchos chismes, el canibalismo político y la prevalencia de intereses personales que alientan la creación de pequeños “dictadores”, morena mexiquense enfrentará en junio próximo a los demonios de 2011.

Regocijados por los escándalos de Morena, los priistas registraron el sábado 7 de febrero la llegada de José Ramón López Beltrán, el primogénito de Andrés Manuel López Obrador, y siguieron puntualmente una gira de reconocimiento que realizó por municipios de la zona sur: entre ellos Amatepec, Tejupilco, Zacazonapan, Otzoloapan y Luvianos, este último gobernado por militantes del PRD, pero considerado bastión lopezobradorista. Tlatlaya quedó pendiente porque la dirigencia estatal ocultó que no lo ha trabajado y es muy peligroso el trabajo político; Zenteno y compañía escondieron deliberadamente que el municipio se lo han dejado enteramente al PRD.

Sólo por curiosidad, militantes priistas de aquella zona difundieron con sorna que el enlace morenista en la región lleva por nombre José Benítez y que nada más es hijo del alcalde perredista de Luvianos. En otras palabras, parece que la dirigencia estatal está haciendo el trabajo político por el PRD.

Si fue mera coincidencia, fruto de un proyecto personal, de la desconfianza o la incertidumbre es difícil establecerlo en este momento, pero para los vecinos de enfrente, sus rivales priistas, no hay duda de que, con los comicios a la vuelta de la esquina, la necesidad de mantener su registro e impulsar una gran agenda legislativa, Andrés Manuel ha dado un golpe de timón para meter en cintura a su dirigente estatal porque los escándalos han trascendido, se acumulan y amenazan con estallar.

Frente a una dirigencia estatal erosionada, dispuesta a sacrificar a sus protagonistas del cambio en beneficio de las minorías, con los priistas siguiéndole la pista y un rosario de reclamos, José Ramón ciertamente ha tomado, sin hacerlo público, las riendas de Morena y se ha trazado una ambiciosa agenda de trabajo que incluye la revisión íntegra del padrón morenista, la consolidación de una estructura territorial con mando único. José Ramón no lo soltará ni lo prestará. Y Pedro, para mantener posiciones y prerrogativas, no parece dispuesto a reclamar el liderazgo perdido.

Apocalipsis, ahora

* Puede que AMLO tenga algún tipo de relación con José Luis Abarca y su esposa; que supiera de sus antecedentes y nexos con la delincuencia organizada; que lo hubiera apoyado o promovido para alcanzar la presidencia de ese municipio; que fuera parte de su estructura político-electoral; supiera del asesinato que cometiera contra un opositor, del PRD además; y si todo esto fuera cierto por supuesto que sería condenable y, legalmente, lo hiciera hasta cómplice. Pero de todo esto será el propio líder de Morena quien tendrá que responder, tanto si lo requiere la autoridad como si no.

 

Jorge Hernández

Las acusaciones en contra de Andrés Manuel López Obrador, líder del partido Movimiento de Regeneración Nacional, sobre tener vínculos con el ex presidente de Iguala, José Luis Abarca, y señalado autor intelectual de la desaparición de 43 estudiantes normalista hace casi un mes, ilustran la pobreza moral y ética de los partidos políticos y la clase política en general.

No debería sorprendernos, si admitimos que el ejercicio de la política y la investidura de político eluden por necesidad ambas cualidades. Para ser político se requiere hacer a un lado todo escrúpulo moral o ético, y para ejercer la política, también.

Puede que el tabasqueño, efectivamente, tenga algún tipo de relación con José Luis Abarca y su esposa; que supiera de sus antecedentes y nexos con la delincuencia organizada; que lo hubiera apoyado o promovido para alcanzar la presidencia de ese municipio; que fuera parte de su estructura político-electoral; supiera del asesinato que cometiera contra un opositor, del PRD además; y si todo esto fuera cierto por supuesto que sería condenable y, legalmente, lo hiciera hasta cómplice. Pero de todo esto será el propio líder de Morena quien tendrá que responder, tanto si lo requiere la autoridad como si no.

Lo que vemos, sin embargo, no es un intento de reclamo moral contra Obrador, aunque así lo disfracen, sino un intento de linchamiento político en el contexto del río revuelto en que se ha convertido el caso Ayotzinapa.

Algún efecto tendrán los señalamientos, en su imagen, en su partido y en sus votantes, pero en ningún caso ayudarán al país a salir de este apocalipsis que estamos viviendo ya.

Porque los tiempos que corren urgen, justamente, a elevarse por el mundano nivel del político y la política para alcanzar algo que pocos  o ninguno de nuestra clase política posee: estatura de estadista y verdadero líder.

Quienes lo acusan son, como él mismo, políticos. Y en su conjunto, sin distinciones de partido ni doctrinarias, tan responsables como él, si admitimos que al menos lo son por omisión. Porque además de Obrador sabían del perfil de Abarca el CISEN y obviamente la Presidencia, así como el gobernador ya separado del cargo y no se diga las dirigencias del PRD de antes y ahora.

¿Por qué nadie dijo ni hizo nada? Porque son políticos, porque todos hicieron cálculos y fabricaron escenarios para saber hasta dónde podrían sacar ventaja de esa información y esa relación, fuera política, fuera económica. De tal manera que la misma acusación y los mismos reclamos en contra de López Obrador deberían hacérselos ellos mismos, todos ellos a sí mismos.

Por esto los señalamientos y reclamos contra el líder de Morena, si bien efectivos para restarle votos y simpatías, así como  desviar la atención del asunto central –el rescate de los jóvenes desaparecidos, vivos o fallecidos-, no servirán en absoluto para abonar en esta tarea por demás titánica y social, antes que sólo política.

Pero si nada le aportan deberían servir para otro propósito, la oportunidad del tabasqueño y de otros, muchos otros –el sacerdote Alejandro Solalinde tendría que ser uno de ellos- para erigirse precisamente en esa figura que tanto nos falta: el estadista, el líder y el visionario que demanda el país.

Y no porque los mexicanos sigamos dependiendo ni necesitando del Gran Tlatoani, sino porque el grado de putrefacción que hemos alcanzado ya no da para más. Somos y tenemos, bien señaló el Departamento de Estado norteamericano, un Estado fallido. No existen el Estado de Derecho y las instituciones están petrificadas. En estas condiciones, que son también nuestros grandes retos, necesitamos con urgencia del estadista capaz de verlo y asumirlo,  de actuar en consecuencia.

 

Primera embestida

* La insurrección ciudadana se convirtió en el primer triunfo político que marcará el futuro de la organización. Por primera vez en el Estado de México existe una oposición ajena a los intereses de dirigentes políticos que han experimentado los tentáculos de un Estado corrupto y corruptor.

 

Félix Santana Ángeles

Durante los meses de septiembre y octubre, se realizaron 40 Congresos Distritales del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en el Estado de México, en total se convocaron a más de 10 mil ochocientos compañeros, entre integrantes de comités seccionales, representantes de casilla, protagonistas del cambio verdadero y ciudadanos sin filiación política ni partidista.

La conformación de cada congreso distrital fue de la siguiente forma: 50% de sus integrantes debería de pertenecer a un comité seccional del movimiento, 25% tuvo que haber participado en la estructura electoral como representante de casilla o general y el último 25% de ciudadanos que simpatizan aunque no hayan desarrollado alguna actividad específica durante el proceso electoral.

Los objetivos de los Congresos Distritales fueron elegir de manera directa y secreta, con boletas y urnas, a los 8 u 11 delegados que representarían al distrito en el Congreso Estatal, además de votar si MORENA debería convertirse en partido político o mantenerse como movimiento (Asociación Civil).

Los resultados fueron los siguientes: se eligieron a 339 delegados para participar en el Congreso Estatal; por otro lado, 39 distritos votaron porque Morena se constituya como partido político, en tanto que un distrito, el número 40 con cabecera en Zinacantepec, definió que debería mantenerse en su calidad de movimiento social.

Con estos antecedentes, el Movimiento estuvo en condiciones de convocar a su Congreso Estatal que se celebró el 28 de octubre. Cabe mencionar que en la convocatoria quedó explícitamente prohibida la participación de grupos, corrientes o sectas, sólo se aceptó la participación de ciudadanos libres y conscientes para elegir con absoluta libertad a sus dirigentes.

Es aquí donde se registra el primer ataque frontal en contra de la constitución de Morena como organización política independiente, pues con la participación del Grupo de Acción Política (GAP) que propuso a Horacio Duarte como candidato a la presidencia estatal del movimiento y de la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata (UPREZ), con Felipe Rodríguez también como candidato, se corría el riesgo de desaparecer a Morena y sólo fortalecer a cualquiera de las dos organizaciones que se postulaban para dirigirla.

Durante los trabajos del Congreso Estatal se realizaron 12 votaciones con boletas para elegir a cada uno de los 11 cargos del Comité Ejecutivo Estatal y los 5 integrantes de la Comisión de Honestidad y Justicia.

Al realizar la primera elección, se postularon como candidatos a presidente estatal: Horacio Duarte, Felipe Rodríguez, Pedro Zenteno y Lucio Juárez, se les permitió el uso de la tribuna para expresar su intención de participar y al finalizar las exposiciones, todos los congresistas procedimos a votar.

Los resultados finales quedaron en el siguiente orden de prelación: Pedro Zenteno, 130 votos; Horacio Duarte, 75 votos; Lucio Juárez, 74 y Felipe Rodríguez, 59 votos.

Al observar los resultados de la asamblea, se generó un clima de tensión y en medio del desconcierto el presidente de la mesa directiva, Jesús Ramírez, junto con la coordinadora de las votaciones, Cristina Laurel cometieron un error aritmético al sumar los resultados de la elección.

El reclamo no se hizo esperar y por iniciativa de la mesa directiva la asamblea acordó realizar la revisión de voto por voto, con la participación personal de los candidatos, para transparentar la elección y dar certidumbre a los resultados. A pesar de ser  un proceso tedioso, se contabilizaron públicamente cada uno de los votos y los resultados no modificaron el nombre del candidato triunfador, Pedro Zenteno fue electo presidente estatal de Morena.

Ante una segunda derrota, los candidatos Horacio Duarte y Felipe Rodríguez, solicitaron hacer uso de la palabra en la tribuna para dirigirse a la asamblea. El primero descalificó a los congresistas, integrantes de la mesa y a sus adversarios. Visiblemente descompuesto, era evidente que intentó “reventar” la reunión, sin embargo, su llamado polarizó a los asistentes y perdió adeptos que originalmente habían votado por él.

El segundo pidió que se desconocieran los resultados por el error aritmético, que ya había sido corregido con la participación de todos los involucrados. Más inteligente que el primer orador propuso a Pedro Zenteno definir su posición y convocó a la asamblea para volver a hacer la votación.

Ante la presión, la presidencia de la mesa directiva preguntó a los asistentes si debería repetirse la votación o continuar con la elección de los siguientes miembros del Comité Ejecutivo Estatal, con 190 votos a favor y 123 en contra, el GAP y la UPREZ experimentaron su tercer derrota en menos de 3 horas.

Ante un escenario tan adverso, decidieron auto-excluirse y junto con 76 delegados, los candidatos perdedores salieron del salón del Congreso. De manera afortunada, los 250 delegados que permanecieron en la asamblea asumieron el mandato que les otorgara su respectivo congreso distrital, participando activamente en la elección del resto del Comité y la Comisión.

Los medios de comunicación sobredimensionaron los dichos de los dos candidatos derrotados. Sin embargo, para hacer un juicio justo, es necesario evidenciar que los miembros de Morena en el Estado de México decidieron rechazar categóricamente la intromisión de grupos políticos que tomaran por asalto la dirección del movimiento.

Esa insurrección ciudadana se convirtió en el primer triunfo político que marcará el futuro de la organización. Por primera vez en el Estado de México existe una oposición ajena a los intereses de dirigentes políticos que han experimentado los tentáculos de un Estado corrupto y corruptor.

 

* hoja.viento@gmail.com

MORENA, partido político necesario para refundar a la izquierda

* Es evidente que los miembros del PRD, PT o MC cuestionarán fuertemente nuestra decisión, en algunos casos posiblemente nos acusarán de fragmentar a la izquierda, de buscar su debilitamiento, sin embargo, consideramos con firme convicción que la calidad de las instituciones políticas que representan, se encuentran lejos representar los intereses mayoritarios de los sectores más progresistas de nuestro país.

 

Félix Santana Ángeles

Cuando cometieron el último fraude electoral para adueñarse de la presidencia de la república, sabían que el desánimo se apoderaría del país, que un tercer triunfo electoral arrebatado a la izquierda, con argumentos legalistas, conllevaría a la sensación de una realidad que parece inamovible, que la corrupción no puede ser combatida, que la población no logra ser escuchada, que los progresistas siempre pierden, que no vale la pena luchar, que es mejor callar, cerrar los ojos e ignorar.

Ese desánimo generalizado buscaría dos reacciones fundamentalmente, por un lado, la inmovilidad total, ante el escenario de un eventual fracaso que conllevaría a la fragmentación, la victimización y el abandono de la lucha por la vía pacífica electoral, con ello, se arribaría a un segundo escenario.

La confrontación abierta en contra del régimen a través de mecanismos violentos incluso por la vía de las armas, con lo que tendrían el argumento idóneo para fraguar nuestro aniquilamiento, puesto que cuentan con el aparato represor, el armamento y las instituciones, que mas allá de velar por la seguridad de la población, sería utilizado para detener cualquier intento de insurrección nacional.

Ante esas circunstancias, la dirigencia del Movimiento Progresista optó por una vía alterna, arroparse en la Constitución, para defender la legalidad y la legitimidad del nuevo gobierno, emanado de la voluntad popular. Sin embargo, la calificación de la elección, dejó al descubierto, las grandes imperfecciones del sistema de representación política en nuestro país, el actuar faccioso de las instituciones, la corrupción del PRI y  la sumisión del gobierno en turno a los llamados poderes fácticos.

En síntesis, estamos condenados a una ausencia total de democracia, condenados a una representación política ficticia, a un mediocre desempeño institucional y a ser presas de las élites gobernantes que perpetúan su existencia a través mantener el monopolio de acceso al poder por vía de los partidos políticos.

Sin embargo, el avance de la izquierda ha logrado niveles organizativos que nunca antes en la historia reciente habríamos experimentado, tres partidos políticos hermanados por una sola causa, miles de jóvenes expresándose con la frescura propia de su generación, millones de mexicanos con la firme convicción de que es posible cambiar el destino de nuestro país.

Pero el proceso electoral ha concluido, a poco más de un mes de distancia, la pregunta sigue en el aire, ¿qué sigue para el movimiento?, vale la pena continuar con esta lucha?,  porque los sectores de la población más desfavorecidos, en los pueblos donde hay marginación y pobreza, votaron mayoritariamente por el PRI, por su verdugo.

Porque no podemos olvidar que el PRI y el PAN, son los principales responsables de los tres últimos fraudes electorales presidenciales, son los responsables de las más de 80 mil muertes en el sexenio que concluye, del decadente sistema educativo, de la manipulación mediática, de la destrucción de culturas ancestrales, del acelerado deterioro ambiental, de la falta de credibilidad en la instituciones públicas, de la corrupción que priva en los tres niveles de gobierno , son quienes han aceptado sumisamente los constantes atentados a la soberanía nacional.

Ante este escenario es inaplazable, repensar el papel que MORENA deberá asumir en los próximos años, qué conducta espera la población que votó por nosotros, los sectores más informados nos están observando, los más radicales están a la espera de una definición y nuestros adversarios no pueden ocultar su nerviosismo.

Al menos en este momento, tenemos claridad en dos directrices que nos ayudarán a darle rumbo al movimiento, por un lado, No reconocemos a Enrique Peña como presidente de México y por otra parte, nuestro plan de acción se fundamentará en evitar la violencia y la confrontación, reivindicando que nuestra lucha por la trasformación de México debe continuar por la vía pacífica.

En este contexto tenemos la obligación de darle cause propositivo a la participación ciudadana, bajo la idea de que la irreverencia frente al poder nos debe conducir al cuestionamiento constantede cualquier dogma, es nuestro deber mantener viva la esperanza de que se transformará y habrá justicia en el sistema político que se mofa en cada oportunidad de la voluntad ciudadana.Aspiramos a ser la voz de la conciencia nacional, seremos incómodos al cuestionar y defender al pueblo de los abusos de la clase gobernante.

Es necesario considerar que el andamiaje institucional del sistema político – electoral mexicano, no se modificará en el corto plazo, puesto que no hay incentivos para realizar los cambios y como se ha visto en los últimos años, existe una preferencia por atender superficialmente los grades problemas de manera cosmética y evadir las transformaciones de fondo que el país necesita.

Por lo anterior, propongo continuar nuestra encomienda de cambiar al régimen, pero desde sus propias reglas, desafiando al sistema con sus propias instituciones, modificar nuestra realidad política y de representación popular a través de un instrumento que permita la expresión libre, amplia, crítica, incluso con humor, del potencial creativo que no encuentra cabida en los partidos políticos existentes.

El movimiento tiene que evolucionar, porque al lado de miles de mexicanos informados y consientes tenemos el privilegio de ser la única oposición capaz de resistir a la voracidad de la derecha; que desde el PRI y el PAN intentarán desmantelar las instituciones públicas, que brindan seguridad social, educación y salud, las cuales a pesar de sus deficiencias, para miles de mexicanos es la diferencia entre la vida o la muerte, entre saber escribir o no y que garantiza con todas sus limitaciones cierta estabilidad en el retiro laboral.

Por ello, la transformación de MORENA en un partido político implica un reto organizativo, legal y administrativo, basado en reglas de un sistema impermeable, construido para bloquearcualquier iniciativa de  participación libre y que se reserva el derecho a acceder al poder público, sólo para quienes cuentan con el registro otorgado por el IFE.

Es evidente que los miembros del PRD, PT o MC cuestionarán fuertemente nuestra decisión, en algunos casos posiblemente nos acusarán de fragmentar a la izquierda, de buscar su debilitamiento, sin embargo, consideramos con firme convicción que la calidad de las instituciones políticas que representan, se encuentran lejos representar los intereses mayoritarios de los sectores más progresistas de nuestro país.

Por el contrario, han sido los responsables de tirar por la borda, décadas de trabajo político, retrocediendo a porcentajes de representación que no superan el 12% a nivel nacional como sucedió en el 2009, donde no participó Andrés Manuel López Obrador, niveles muy similares a los logrados en la década de los ochentas.

La lucha intestina, el sectarismo, la exclusión y la ausencia en la práctica política de su línea de acción dejan en evidencia la carencia de un posicionamiento ideológico y programático claro. Que hace cada vez más complejo construir un discurso unificado para convencer a la población de que se es una alternativa de gobierno viable, con capacidad suficiente  para enfrentar y resolver los actuales problemas nacionales.

La izquierda partidista actual ha cumplido su ciclo político y como cualquier organización debe ser susceptible a una revisión de sus resultados a través de los objetivos que le dieron origen, ese análisis corresponderá a sus militantes.

En un país con tanta desigualdad social, la izquierda política no puede  se exclusiva de los partidos existentes, ni debe estar condenada a su constante disminución, por lo que es necesario, Refundar  a la izquierda, abrevando de los aciertos (que no son pocos) y de los errores que impidieron alcanzar el objetivo, de hacer de México un país más justo.

Refundar la izquierda, convirtiendo a MORENA en partido político en este momento histórico, es abrir un camino para el necesario relevo generacional, es limpiar a la izquierda de cacicazgos incapaces, ineficientes y faltos de convicción.

Es la oportunidad de realizar un trabajo para preparar, concientizar y capacitar a una nueva generación de dirigentes políticos, que aprovechen la experiencia de lucha de varias décadas de nuestros actuales dirigentes.

Crear un nuevo partido político nacional, permitirá aprovechar los talentos y capacidades de líderes en el ámbito regional, significará también conocer e intercambiar experiencias exitosas sobre la resolución de conflictos comunitarios.

Nos permitirá participar en los procesos electorales locales y nacionales, con nuestros propios activos políticos, privilegiando los mejores perfiles y reconociendo su  trabajo; además, nos permitirá desarrollar mecanismos que den a la ciudadanía voz y representación, lejos de las cuotas de género o de sector, sino en función de sus virtudes y convicción.

Será la puerta institucional para conocer la historia de nuestro país, crear identidad propia, sentir orgullo de nuestra nacionalidad, además de empaparse de la historia local, conocer nuestras vocaciones regionales, potenciar nuestras capacidades como organización hasta el nivel de colonia o barrio.

A través del partido político, podremos dar marcaje personal los actuales gobernantes, legisladores y demás empleados públicos que obtienen su sueldo de nuestros impuestos, como fuerza política les recordaremos para qué fueron elegidos, exhibiremos su comportamiento público y evidenciaremos sus posturas políticas.

La constitución del partido, permitirá elevar al siguiente nivel organizativo el trabajo de base que desde hace varios años se viene realizando en los comités seccionales y municipales de MORENA, permitirá canalizar el ánimo de transformación de los protagonistas del cambio verdadero, brigadistas, ex representantes de casilla y generales, integrantes de los comités del gobierno legítimo y todos aquellos ciudadanos que nunca hayan tenido participación política previa.

Como partido, contaremos con un instrumento flexible de organización nacional, que permita actuar en contingencias nacionales para defender nuestra soberanía, ante las embestidas neoliberales, como lo hemos hecho anteriormente y en el ámbito local tener incidencia en la toma de decisiones a través de una agenda regional, dependiendo de las circunstancias inmediatas.

Contaremos con una agenda propia en la que se genere conciencia sobre la grave crisis de representación que padecemos, promoveremos la iniciativa y candidatura ciudadanas, la relección legislativa, la consulta popular, el referéndum y plebiscito, otorgaremos a los ciudadanos un mecanismo por el cual se pueda sancionar o premiar a sus representantes y buscaremos la reducción del financiamiento público a los partidos políticos demostrando en la práctica que nuestros objetivos son superiores.

Nuestro activo más importante es la calidad moral para señalar los errores y aciertos en el ámbito público y gozar de credibilidad, en estos tiempos de canallas esa cualidad no es un asunto menor, por el contrario, será nuestra carta de presentación para incentivar la participación generalizada de la población, es por ello, que como partido político debemos garantizar el buen funcionamiento de la Comisión de Honestidad y Justicia que será la responsable de vigilar la correcta utilización del poder público por parte de nuestros dirigentes y militantes.

Finalmente, la legislación electoral vigente abre la puerta cada seis  años para solicitar el registro como partido político nacional, si no a aprovechamos el próximo mes de enero del 2013 para iniciar el trámite, nuestra participación político-electoral tendría que subordinarse a las dirigencias de los partidos existentes, cargando con su falta de credibilidad, descrédito y distribución de cuotas partidarias.

Tenemos líder, tenemos organización, construyamos al partido y refundemos a la izquierda.

 

* hoja.viento@gmail.com

Un voto por la paz, un plan para la guerra

* Como era de esperar, dos días después de la elección, Peña Nieto publicó una página de opinión en el New York Times prometiendo “reexaminar” la guerra contra el narcotráfico, pero propuso especialmente crear una “gendarmería” de 40 mil miembros como en Colombia y robustecer la policía federal mexicana con al menos 35 mil oficiales. “Analistas” anónimos predijeron una “oleada” similar a la de Irak en 2007 liderada en ese entonces por el general David Petraeus, ahora director de la CIA.

 

Tom Hayden/ The Nation

Las autoridades mexicanas se jactaban de que todos los vuelos estuvieran a horario en el momento en que aterrice en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el 26 de junio, para cubrir las elecciones nacionales de ese país. La Terminal 2 estaba repleta de pasajeros. Los free shops relucían con joyas y alcohol, y los patios de comida estaban colmados. Sin embargo, apenas 24 horas antes, los viajeros se arrastraban por el suelo de esa misma terminal durante un tiroteo que terminó con la vida de tres policías federales. Los asesinos escaparon en plena luz del día. Los policías no fueron asesinados por narcotraficantes, sino por otros policías que aparentemente trabajaban para los narcos. Luego, se reveló que unas azafatas de AeroMéxico ayudaban a exportar cocaína en vuelos a España. ¡Bienvenidos al laberinto mexicano, donde nada es transparente, incluyendo las elecciones!

Mientras escribo esta nota todavía no se certificó quién es el ganador de la elección. Existen serias irregularidades en la votación. Del total de los votos, más de la mitad está siendo recontada por funcionarios federales. Pero queda claro que el partido conservador (Partido Acción Nacional) fue masivamente rechazado después de una década en el gobierno. También el ganador Enrique Peña Nieto del tradicional PRI (Partido Revolucionario Institucional) es comúnmente criticado como el partido de los “dinosaurios” de la cultura política mexicana. El mandato de Peña Nieto, no obstante, se apoya sobre un mediocre 38 por ciento. Andrés Manuel López Obrador, por segunda vez candidato del PRD (Partido de la Revolución Democrática), un partido populista de izquierda, obtuvo el 32 por ciento en una elección que él mismo denunció como fraudulenta.

 

Volver al pasado

 

Suponiendo que esos resultados se materialicen, la elección demuestra que, en la política mexicana, los dinosaurios no se extinguieron. El PRI, que gobernó en México desde la revolución hasta el año 2000, es una coalición basada en el clientelismo junto con el apoyo de los sectores tradicionales. El nuevo presidente, Peña Nieto, es el más mediático de los dinosaurios, y está casado con Angélica Rivera, una glamorosa estrella de telenovelas de Televisa, el gigante mediático que cubrió la historia como un Camelot mexicano.

Sin embargo, las elecciones fueron mucho más que una cuestión de personalidad. Como advirtió claramente el New York Times una semana antes de la votación, lo que el electorado demandó fue terminar con una guerra contra el narcotráfico que se cobró más de 60 mil vidas desde que el saliente presidente, Felipe Calderón, comenzó en 2007 a utilizar las fuerzas armadas del Estado contra su propio pueblo. Para las cúpulas militares de México y Estados Unidos, el dilema era cómo continuar, incluso intensificar, la guerra contra el narcotráfico después de las elecciones, a pesar del rechazo público. ¿Podrían eludir la opinión pública y continuar como si nada? El elegante y sonriente Peña Nieto era su hombre. Con su imagen de hombre moderno, tapa de las revistas de moda, está lejos de la de un oligarca en las sombras. Y también había que parar a López Obrador como fuera. En 2006, su oposición al NAFTA hizo que las corporaciones norteamericanas y mexicanas gastaran millones de dólares en publicidades alarmistas que lo describían como Castro, Chávez y Lula en una sola persona. En las elecciones presidenciales de ese año, lo vencieron por menos del uno por ciento, en un proceso electoral cuyo recuento de votos terminó arbitrariamente, con miles de votos sin contar. En respuesta, los seguidores de López Obrador protestaron cerrando el acceso a la Ciudad de México por varias semanas.

Esta vez, López Obrador se esforzó por borrar la imagen de un Chávez mexicano. Junto al PRD, eligió la imagen de un girasol radiante como emblema de su campaña, y prometió una nueva política de reducción de la violencia basada en “abrazos, no balazos”. Parecía un hippie entrado en años. Pero López Obrador dijo muchas veces que pedía ayuda económica de Estados Unidos en lugar de helicópteros de ataque. En pocas palabras, seguía siendo una amenaza para el NAFTA y la guerra contra el narcotráfico, al menos para las elites corporativa y militar.

 

El rol de la derecha

 

Complicando aún más las cosas, la derecha mexicana también se desencantó con esa guerra que tanto había promovido. Por ejemplo, el ex presidente Vicente Fox, del PAN, quien gobernó entre 2000 y 2006, señaló que la guerra era inútil y denunció un fraude apenas unas semanas antes de la elección del 1 de julio. Eso implicó que no hubiera ningún tipo de consenso para continuar con la guerra contra el narcotráfico incluso antes de la elección. Entonces, ¿cómo superar el resultado democrático y no aflojar con la guerra contra el narcotráfico? Antes de la elección, no había duda de que los funcionarios estadounidenses tenían un acuerdo secreto con Peña Nieto para continuar con la política militar, aunque con la intención de causar menos víctimas civiles. Tres semanas antes de los comicios, un funcionario de Estados Unidos le dijo al New York Times que, en las discusiones privadas, “lo que entendemos es que (Peña Nieto) aprecia y comprende profundamente que si gana va a seguir trabajando con nosotros”. Era la clásica afirmación del persistente dominio estadounidense sobre el proceso político en México ejercido desde las sombras. Peña Nieto demostró su servilismo con tranquilos viajes a Washington, donde les aseguró a los líderes del Congreso que no habría acuerdos o treguas con los carteles.

El acuerdo se confirmó cuando Peña Nieto, en las vísperas de la elección, hizo el extraordinario anuncio de que designaría a un líder militar extranjero y retirado, el general colombiano Óscar Naranjo, como asesor principal en la guerra contra el narcotráfico. El general Naranjo es famoso por haber implementado la estrategia militar colombiana de matar a líderes de los cárteles de cocaína de Medellín y Cali en una guerra sucia que involucró a paramilitares de ultraderecha junto con el apoyo estadounidense en tropas de tierra, asesores y fuerzas especiales. La designación de Naranjo confirmó la predicción de Robert Bonner, el ex administrador de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, de que México sería la nueva Colombia y el escenario de la próxima guerra contra los carteles (que en muchos casos trasladaron sus operaciones de Colombia a México y América Central). En Foreign Affairs, Bonner anunció que, de seguir así las cosas, México se convertirá en un Estado narco extremadamente peligroso en la frontera con Estados Unidos. Bonner también escribió alegremente que el “aumento del número de homicidios relacionados con el narcotráfico en México, si bien desafortunado, es un signo de progreso”.

 

Mejor que decir…

 

Como era de esperar, dos días después de la elección, Peña Nieto publicó una página de opinión en el New York Times prometiendo “reexaminar” la guerra contra el narcotráfico, pero propuso especialmente crear una “gendarmería” de 40 mil miembros como en Colombia y robustecer la policía federal mexicana con al menos 35 mil oficiales. “Analistas” anónimos predijeron una “oleada” similar a la de Irak en 2007 liderada en ese entonces por el general David Petraeus, ahora director de la CIA.

El público verá titulares sensacionalistas si México captura o mata a uno o más de los “cabecillas” en esta nueva fase, siguiendo el modelo del asesinato de Pablo Escobar en Colombia y el de Osama Bin Laden en su escondite de Pakistán. Mientras que la estrategia de los cabecillas conlleva beneficios políticos y mediáticos, está muy lejos de lograr estabilidad o reformas democráticas. Pues la estrategia de los cabecillas produce generalmente mayor violencia, ya que los nuevos actores se traban en una brutal competición por matar. Mientras que los homicidios en Colombia cayeron un escaso 2 por ciento el último año, aumentó un 25 por ciento el número de secuestros y víctimas de masacres, y el ministro de Defensa se vio forzado a renunciar. La matanza de los líderes laborales y de derechos humanos de Colombia continúa y, según el congresista de Massachusetts, Jim McGovern, hay una “consolidación de las redes paramilitares y criminales en muchas partes del país”.

Si tiene la intención de continuar la guerra contra el narcotráfico sin el apoyo del electorado, Peña Nieto tendrá que enfrentar una oposición poderosa y nuevamente vigorosa en su país, donde hay un aumento de la resistencia no sólo a la violencia, sino también a las políticas económicas neoliberales que dejan a millones de jóvenes de
sempleados con la única posibilidad de engrosar las filas de los carteles. Además, este año aumentó enormemente el enojo público contra el duopolio mediático mexicano de Televisa y Azteca. Al frente de la oposición está el tercio de los votantes mexicanos que apoyó a López Obrador, que le negó la mayoría parlamentaria a Peña Nieto y mantuvo su mayoría popular en la Ciudad de México. Son votantes leales que saben que la política importa.

Como resultado del liderazgo del PRD, la Ciudad de México es una municipalidad viable dentro de lo que muchos creen que es un Estado fallido. La Ciudad de México tiene una magnífica universidad pública, tesoros culturales, asistencia sanitaria subsidiada, servicios de aborto y permite el casamiento entre el mismo sexo. No hay amenaza pública de parte de los carteles, y los asesinatos del aeropuerto sólo son una excepción a la norma.

El PRD, que rompió con el PRI hace más de una década, cree con pruebas contundentes que le robaron la presidencia dos veces desde 1988. Primero, cuando su candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas fue vencido por un vergonzoso fraude informático, y segundo, cuando López Obrador perdió por el 0,58 por ciento en 2006. De no haber sucedido eso, México se habría unido al nuevo arco populista de izquierda que llegó al poder, a través de elecciones en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Uruguay, Honduras y Paraguay (si bien estos últimos dos países, junto con Haití, han sufrido golpes de Estado). En lugar de moverse hacia la izquierda, México se inclinó por el neoliberalismo, lo cual dio como resultado mayor desigualdad, desempleo, pobreza y dependencia de Estados Unidos.

 

Movimiento de paz

 

Además de la floreciente base del PRD, Peña Nieto enfrenta la resistencia de parte de un nuevo movimiento estudiantil compuesto por probables líderes del mañana, conocido como #YoSoy132.

Asimismo, otro problema inmediato para Peña Nieto proviene del rápido y espontáneo crecimiento de un nuevo movimiento de paz contra la guerra al narcotráfico liderado por el poeta Javier Sicilia, cuyo hijo Juanelo fue asesinado el 28 de marzo de 2011, lo cual desató una sorpresiva oleada de apoyo para terminar con la violencia. El 23 de mayo último, cinco semanas antes de la elección, Sicilia fue a una concentración en el monumento Estela de Luz para hablar en solidaridad con miles de estudiantes mexicanos.

Sicilia le dijo al grupo de #YoSoy132: “Me gustaría ver a mi hijo aquí. No lo puedo ver, pero lo veo en los miles de jóvenes que están aquí”. Y agregó que “estamos en un punto de inflexión histórico, una crisis de la civilización mundial”, al tiempo que pronosticó “sobrevivir a los cracs y desmenuzar la economía para construir algo nuevo”. En el poético lema de Sicilia parecía resonar la visión lírica del cambio expresada por Leonard Cohen en “Anthem”, según la cual “hay un crac, un crac en todo, y así es como entra la luz”. Sicilia planea liderar una caravana de familias mexicanas víctimas de la guerra contra el narcotráfico, y sus adherentes en Estados Unidos la iniciarán en Los Ángeles el 17 de agosto y marcharán hasta la Casa Blanca.

Hay otra cuestión que sigue siendo incierta en la nueva situación política mexicana: si el subcomandante Marcos y los zapatistas serán escuchados de aquí en adelante. En 2001, después de una movilización nacional similar a la marcha de 1963 en Washington, el establishment político mexicano rechazó los Acuerdos de San Andrés que habrían otorgado derechos y autonomía a los indígenas mexicanos. Excluidos, Marcos y los zapatistas finalmente lanzaron La Otra Campaña en 2006, que luchaba contra el PAN, el PRI, el PRD e, incluso, contra López Obrador, que tal vez haya perdido la elección como resultado de las abstenciones zapatistas. Los zapatistas mantuvieron un silencio absoluto durante el período electoral de este año, un hábito común para ellos, pero que permitió un aumento de rumores, como que Marcos tenía “problemas de salud”, y hasta un partidario fiel dijo que el subcomandante había sido desplazado en una lucha interna. Dado que las condiciones de los indígenas y de los pequeños granjeros se perpetuarán con las políticas neoliberales de Peña Nieto, la renovación de las insurgencias siempre es una amenaza para la elite.

Vale la pena advertir que hubo un movimiento de paz que no ganó mucha atención pública durante la guerra contra el narcotráfico hasta los recientes esfuerzos encabezados por Sicilia. Era el movimiento conocido como No Más Sangre, pero Sicilia canalizó un movimiento más amplio y con mayores servicios para las víctimas.

 

Mi ¿amigo? el vecino

 

En Estados Unidos, la tarea de legalizar la marihuana medicinal, propuesta por grupos como la Alianza para una Política de Drogas, que cuenta con el apoyo de Soros, logró avances en varios Estados, pero fue rechazada por la administración Obama y algunos guerreros contra las drogas. Esas campañas, sin embargo, tenían la intención de terminar con las irracionalidades más graves de la prohibición de la marihuana, no con los grandes horrores de la guerra militarizada contra el narcotráfico.

No obstante, en las décadas pasadas, decenas de miles de norteamericanos, incluyendo miembros del Congreso, rechazaron las guerras sucias de América Central donde algunos operarios secretos contrabandeaban armas y dinero a paramilitares coordinados por la CIA. Pero la amenaza política de ser catalogado como “un suave contra los narcotraficantes” aplastó su potencial de protesta hasta ahora (del mismo modo que los liberales raramente se opusieron a las guerras contra el narcotráfico en el país por temor a ser descritos como “suaves contra las bandas delictivas”).

Antes de que pueda echar raíces un nuevo movimiento de paz contra la guerra al narcotráfico, al menos hay que desbaratar dos ilusiones. La primera mentira es que Estados Unidos juega solamente un papel asesor y que el problema es principalmente una cuestión mexicana. Esta estrategia se basa en el callado supuesto de que los mexicanos son inherentemente salvajes, una variación del tema imperial de que las personas de piel oscura se preocupan poco por la vida individual.

Entre muchos ejemplos, un muy buen artículo de William Finnegan del New Yorker describe a los violentos cárteles mexicanos penetrando el plácido mundo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, “un lugar civilizado donde la vida sigue sin estar marcada por la violencia que desfigura a grandes partes de México”. El 9 de mayo, escribió Finnegan, ese mundo soñado fue perturbado cuando aparecieron dieciocho cuerpos decapitados y mutilados camino a un restaurante popular. Se culpó a los impiadosos narcoterroristas conocidos como Los Zetas. Las víctimas eran civiles y estudiantes inocentes, no terroristas indeseables. Los Zetas planeaban aún más decapitaciones y masacres.

Finnegan se olvida de mencionar que Los Zetas son unidades de fuerzas especiales entrenadas principalmente por Estados Unidos. En algo que es más que un descuido, Finnegan los describió como “desertores de las fuerzas especiales de elite mexicanas reclutados a fines de la década de 1990 como guardaespaldas del líder del entonces formidable Cártel del Golfo”. De hecho, Los Zetas -originalmente conocidos como Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales- “participaron de un curso de entrenamiento de contrainsurgencia intensivo y de seis meses de duración ofrecido por especialistas norteamericanos, israelíes y franceses”, según el periodista policial Jerry Langton, cuyas fuentes incluyen la embajada norteamericana en México, el Departamento de Seguridad Nacional y el FBI.

 

La cara oculta

 

La segunda distorsión de la verdad es que los 60 mil muertos mexicanos estaban todos involucrados en el narcotráfico y, por lo tanto, merecían morir. Pero como señaló El Universal en un titular de octubre de 2010, los asesinatos tienen que ver más con una limpieza social que con una guerra entre carteles. El saliente presidente mexicano Felipe Calderón dijo, varias veces, que el 90 por ciento de los muertos eran simples criminales, pero sólo se ha investigado menos del 5 por ciento de los homicidios.

Basados en informes periodísticos sobre Juárez, un epicentro de la violencia, Molly Molloy y Charles Bowden concluyeron en su libro El Sicario que “la abrumadora mayoría de las víctimas son personas comunes y corrientes, pequeños empresarios que se negaron a pagar extorsiones, mecánicos, choferes, una mujer que vendía burritos en la calle, un payaso que hacía malabares en un cruce de calles, chicos que vendían diarios, chicles y tal vez bolsitas de cocaína o heroína en una esquina”.

Para ser claro, ésta es una guerra en la cual las fuerzas norteamericanas están directamente -aunque con discreción- involucradas y en la que los civiles conforman la enorme mayoría de las víctimas. Luego de que Calderón lanzara su ofensiva militar en diciembre de 2006, inmediatamente el presidente Bush inició el Plan México, de 1.700 millones de dólares, modelado en base al anterior Plan Colombia, con un gran énfasis sobre los helicópteros Bell y Black Hawk, aviones de transporte militares, rayos gamma y escáneres de rayos X, software de telecomunicaciones y perros antidrogas.

Ginger Thompson, una de las mejores periodistas del New York Times en la región, acaba de escribir que las fuerzas armadas estadounidenses “están expandiendo su poder, enviando nuevos agentes de la CIA y personal militar retirado, (y) analizando la posibilidad de contratar seguridad privada” en México, en un esfuerzo que, según ella, ha dado pocos frutos. Por primera vez, escribe Thompson, la CIA y las fuerzas armadas estadounidenses están trabajando codo a codo para planear las operaciones, “concebidas para eludir las leyes mexicanas que prohíben que las fueras militares y la policía extranjeras operen en su suelo”.

La administración Obama está enviando aviones no tripulados al territorio mexicano para rastrear a los traficantes y coordinar esfuerzos contra el terrorismo. Un oficial de Estados Unidos del Comando Norte dice: “Los militares están siguiendo lo que se hizo en Afganistán para hacer lo mismo en México”. No es una exageración: el embajador norteamericano en México es Earl Anthony Wayne, viceembajador norteamericano en Kabul entre 2009 y 2011. A pesar de que la administración norteamericana argumenta que se debe evitar que la violencia “rebase la frontera”, los carteles mexicanos ya operan en más de 200 ciudades norteamericanas. En la televisión estadounidense se puede ver a las fuerzas norteamericanas, enormemente armadas y camufladas, cazando a los jóvenes inmigrantes mexicanos en las “selvas” de California del Norte.

Estos inmigrantes no sólo ingresaron a las ciudades estadounidenses, sino también a British Columbia, Canadá, donde varios miles de los nuevos indocumentados mexicanos, incluyendo los que integran Los Zeta, participan en la multimillonaria cosecha y distribución de la marihuana “BC Bud”. El 90 por ciento de las 300 mil armas de fuego ilegales secuestradas en México sólo en 2008 fue comprado con dinero de los carteles y contrabandeado al sur desde Arizona y Texas, según un funcionario del Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos.

 

Temor político

 

¿Puede Estados Unidos decirle “no” a la adicción de la guerra contra el narcotráfico? La respuesta no es para nada clara, aunque los errores de la guerra contra el narcotráfico sí son manifiestos. La cobardía política, junto con la presión de grupos con intereses en la guerra contra el narcotráfico, harán que se prolongue por un tiempo. Pero las presiones al sur de la frontera, simbolizadas por los deseos de los votantes mexicanos, pueden ser decisivas para forzar el final de la locura.

El año pasado la Comisión Global de Política sobre Drogas emitió un informe solicitando alternativas, incluyendo planes responsables para la legalización. La comisión contaba con ex presidentes de México, Colombia y Brasil, Kofi Annan, George Schultz, Paul Volcker y otros líderes mundiales. Jimmy Carter, al igual que Jesse Jackson, publicó una nota de opinión pidiendo que el gobierno norteamericano adopte las recomendaciones de la comisión. Moises Naim, editor de Foreign Policy, escribió que “el año 2012 quedará en la historia como el año en que comenzaron a erosionarse los pilares de la política estadounidense en materia de drogas”.

Un momento crítico fue la Cumbre de las Américas en Cartagena, Colombia, mejor conocida en Estados Unidos como el lugar donde los agentes del servicio secreto de Obama se fueron de fiesta con prostitutas y alcohol (todavía no se sabe si hubo drogas involucradas). Los aliados de Estados Unidos, incluyendo los presidentes de Colombia, Costa Rica y Guatemala, se opusieron oralmente a la política norteamericana y demandaron medidas hacia la legalización, o al menos la despenalización, de la marihuana. Tanto Obama como el vicepresidente Joe Biden rechazaron de plano la legalización, pero, por primera vez, calificaron la discusión misma como legítima. Los dos líderes norteamericanos intentaron justificarse políticamente jactándose, según las palabras de Biden, de que el debate permitirá “apreciar que hay más problemas con la legalización que con la no legalización”.

Fue un momento cumbre de la historia del doble discurso oficial. Obama y Biden escondieron el hecho de que quienes los habían forzado a entrar en la discusión habían sido los mismos líderes latinoamericanos (incluso Calderón, en ese entonces todavía presidente de México, reclamó “alternativas de mercado” a la guerra contra las drogas). Más importante aún, el hecho de aceptar discutir la legalización le puso fin a una prohibición irracional de varias décadas, la de discutir el tema en un foro tan influyente.

Se debe suponer que Obama y Biden sabían lo que estaban haciendo con sus comentarios coordinados. Si bien seguían apoyando la guerra contra el narcotráfico, estaban invitando a la oposición pública al diálogo principal, aquello que Naim quiso expresar con los pilares comenzando a erosionarse.

Una conversación sería la mejor manera de comenzar. Así como el movimiento antibélico estadounidense descubrió que el lema “Afuera ya mismo” no es suficiente para convencer al público indeciso, o a los políticos para terminar con una guerra en el exterior, los pedidos para legalizar las drogas no logran responder preguntas importantes y perpetúan la larga marginación de sus oponentes. El proceso de definir una alternativa requiere investigación, debate y consenso en cuestiones tales como:

• Decidir si formar una comisión oficial binacional para tener audiencias sobre un plan para desmilitarizar la guerra actual;

• Decidir si comenzar un nuevo régimen regulatorio con la marihuana y, luego, analizar la cocaína y las metanfetaminas, los tres narcóticos principales en el tráfico entre México y Estados Unidos;

• Decidir si limitar en un principio las drogas para el uso médico certificado;

• Decidir si los sustitutos como la metadona son viables para el tratamiento de dependencia de otras drogas;

• Cómo legalizar y racionalizar la producción y distribución ante la clara oposición de los carteles;

• Decidir si se deben reinvertir los ingresos impositivos en tratamientos y publicidad sobre los peligros de la adicción a las drogas;

• Decidir si deben penalizarse las ventas al público minorista;

• Decidir si debería prohibirse la publicidad a favor de las drogas;

Al considerar si se debe levantar -y cómo- la prohibición de las drogas, cualquier nueva política debería ser mucho más efectiva que aquéllas de la década de 1930 que terminaron con las prohibiciones del alcohol sólo para promulgar nuevas leyes y regulaciones que promovían el alcoholismo. Cualquier cambio en la política de drogas debería estar vinculado, en lineamientos y políticas, con la reducción de las encarcelaciones masivas y el aumento de las inversiones en tratamientos y educación. Los defensores del mercado libre de la legalización (el derecho a convertirse en un adicto) deberán ceder y coexistir con los defensores de la regulación y de los programas sociales del gobierno. La jurisprudencia tendrá que estar persuadida de que la actual “guerra” es un fracaso en relación al análisis de los costos y los beneficios, y de que existen alternativas más seguras. ¿Obstáculos imposibles de superar? En ese caso, aumentarán los costos y el sufrimiento. Pero construir un movimiento contra la Guerra de Vietnam también parecía imposible al comienzo.

La Casa Blanca insinuó tentativamente sus intenciones futuras en la revista GQ de esta semana. “Según los diálogos actuales con los asesores de Obama, si el presidente obtiene un segundo mandato, planea terminar con otra guerra norteamericana que hasta ahora sólo ha logrado expandir más miseria: las cuatro décadas de la guerra contra las drogas. Desde la época en que era senador por el estado de Illinois, Obama piensa que esa guerra es un fracaso”. Aparentemente -y al contrario de lo sucedido con Wikileaks- la Casa Blanca aprobó positivamente la filtración de esa información.

Sea o no reelegido Obama, la elección mexicana ofrece un nuevo escenario para terminar con la guerra contra las drogas. Pero no podrá terminar sin un cambio significativo en la opinión pública y en las prioridades norteamericanas. Hasta ahora, México y América Central cargaron con lo peor de la guerra. Desmantelar las instituciones de la batalla contra el narcotráfico necesitará la solidaridad transfronteriza entre movimientos sociales, líderes políticos, el clero, profesionales de la salud pública, periodistas y elementos del establishment que sencillamente ya no soportan la situación actual.

 

* Traducción: Ignacio Mackinze

* Tomado de http://www.revistadebate.com.ar//2012/07/20/5672.php

Enrique Peña Montiel

* En el 2004, Arturo Montiel tío del nuevo mandatario de México, Enrique Peña, buscaba la silla de Los Pinos. Al igual que su sobrino, era catalogado como un político intelectualmente desfavorecido y representante de aquel viejo PRI que finalmente nunca se fue pero tampoco se transformó. La periodista Selene Hernández elaboraba el perfil hace 8 años de aquel ex gobernador mexiquense y las coincidencias resultan sorprendentes. A la distancia representa un retrato fiel de lo que será México con un hombre que tiene detrás suyo al propio Montiel y a Carlos Salinas de Gortari. Por fin, el sueño de Arturo se ha cumplido: despachar en Los Pinos sin necesidad de dar explicaciones.

 

Selene Hernández

Las cualidades de un político pueden ser fácilmente identificables, observables a partir de su desempeño público en el poder, de la capacidad para afrontar problemas y de la rapidez de respuesta a las demandas del sistema político y social en el que se desarrolla.

En contraparte, la decisión ciudadana está limitada a la solitaria participación a través del voto. Ya en el poder, cualquier acto por parte de los gobernantes es justificable y las leyes se flexibilizan para otros, no para la gente común.

La necesidad de tomar las riendas de la ley, la economía, educación a niveles nacionales es el juego político.

El discurso de Arturo Montiel Rojas, gobernador del Estado de México, el 2 de marzo de 2004 en el marco de la ceremonia conmemorativa de la CLXXX erección del estado, se vio opacado por los videos de corrupción que irrumpieron en la escena política nacional, pero deja clara su disposición de asumir la cabeza de un leviatán social fuera de control.

Lo cierto es que los medios nacionales, para quienes dirigió el pretendido autodestape, pasaron por alto el hecho, salvo pequeñas menciones en noticieros por internet, cuyo alcance es estrecho y limitado.

A su favor se cuenta el desenvolvimiento que ha tenido para sortear los obstáculos políticos. En ese estricto sentido, su origen dentro del Grupo Atlacomulco, uno de los principales operadores dentro del Revolucionario Institucional; su imagen como centro aglutinante de apoyo por parte de los miembros de la clase política estatal; la aparente debilidad y descomposición del grupo contendiente, liderado por Roberto Madrazo en el PRI nacional, y el apoyo del frente de gobernadores al que pertenece, le amparan.

 

En busca de la tierra prometida

 

Montiel como candidato no sólo tendría que recuperar una presidencia perdida el 2 de julio de 2000, tendrá también que demostrar que no sólo busca trasladar la lucha al campo más ordinario de la economía: el monopolio de cargos administrativos y sus jugosos sueldos, si no que su llamado a la reflexión se basa en una propuesta legítima por la instauración de una estructura política viable.

Si lo importante no es el político sino la estructura política que éste pueda establecer en un cargo de honor nacional, se concede el derecho al ciudadano para ver la acción con efecto político, más allá de una exhortación, y queda por analizar el contexto estatal del que parte.

El discurso de Arturo Montiel, su posicionamiento político, plantea la necesidad de un liderazgo político firme y eficaz, el crecimiento económico urgente, educación moderna, competitiva y de calidad, disminuir la desigualdad, lograr un desarrollo social y humano sustentable y vivir bajo el imperio de la ley.

Más allá de lo aparentemente correcto y preciso de la propuesta, se presenta con oportuno tono a lo que quiere y necesita escuchar el ámbito social y político mexicano.

El elemento de liderazgo proporciona a Montiel un elemento del que no puede prescindir la política, a pesar de ser una figura retórica del pasado pre democrático.

Estudiosos de los fenómenos políticos, como el sociólogo Sergio Zermeño, explican que las figuras de los líderes se vuelven apropiadas porque son los únicos que actúan como nudos que unen y solventan las fracturas y desajustes en los partidos políticos.

El liderazgo es un fenómeno que tiende a presentarse en escenarios oportunistas y, ni siquiera políticas como las europeas o las norteamericanas, pueden dejar de acudir a él.

 

¿Quién es Arturo Montiel?

 

Divorciado, vuelto a casar y padre de 4 hijos, dos de ellos recién nacidos de su actual esposa, la francocanadiense Maude Versini de 30 años, Arturo Montiel buscará ser postulado a la candidatura priista por la presidencia.

Montiel, de 60 años, fue visto como el líder natural rumbo al 2006 inmediatamente después de la derrota de Labastida, en el 2002, porque gobierna al estado más poblado del país y donde se decidirá las elecciones. No se trata en este caso de carisma o de capacidad, sino del abultado padrón electoral.

Arturo Montiel es oriundo de Atlacomulco; estudió Administración de Empresas y Contaduría Pública en la UNAM.

Fue presidente municipal de Naucalpan y secretario de Desarrollo estatal, así como director general de Protección Civil en Gobernación; fue representante de Gobernación ante la Comisión Intersecretarial de Investigación Oceanográfica y director general de Talleres Gráficos de México. Fue líder estatal del PRI y de allí surgió como gobernador, en 1999.

Montiel debía ser el punto de armonía entre los distintos grupos priistas que buscarán tanto la gubernatura en el Edomex como la silla presidencial, pero no es así. Al menos no todavía.

A Montiel Rojas se le apunta como el sucesor de Carlos Hank González. La fuerza política y económica de este grupo llevó a posiciones claves a sus integrantes durante décadas.

 

Las referencias

 

La imagen de Arturo Montiel no se ha visto envuelta en ningún escándalo de corrupción, todavía. Pero durante su ejercicio como gobernador, la deuda estatal ocupa la segunda posición a nivel nacional, con 31 mil millones de pesos y se espera que al dejar su mandato llegue a 40 mil millones. Cada habitante debe 2 mil 500 pesos al nacer. Sin embargo, el PIB es de 5.2 por ciento.

En educación, el estado ocupa el tercer lugar en desatención a la demanda del nivel escolar primario y de cada 10 estudiantes egresados de preparatoria sólo 3 podrán acceder a la universidad. Con 14 y medio millones de personas y con la tasa de crecimiento poblacional más alta de la nación, el desempleo aquí ha llegado a ocupar las filas más destacadas a nivel nacional durante su mandato.

Ejemplo de la falta de planeación al invertir en obra pública, el Centro Médico ISSEMyM, a un año de su construcción, no cuenta con recursos para mantenimiento de su equipo, a pesar de ser uno de los mejores hospitales del país. El hospital Adolfo López Mateos presenta una crisis de desabasto de medicinas y falta de material quirúrgico que lleva ya más de tres meses. En éste último se realizaron remodelaciones y se retiró equipo que nunca se utilizó por falta de personal capacitado para manejarlo.

 

El posicionamiento político

 

José Antonio Trejo, especialista en temas sociales y políticos, profesor de tiempo completo de la facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la UAEM, sociólogo y etnosociólogo, plantea que en el escenario a la candidatura se encuentran elementos como la competencia entre partidos y viejos grupos políticos y de poder de la clase tradicional del estado.

“El lanzamiento de Montiel como candidato, el 2 de marzo, presenta lo que llaman los mercadólogos posicionamiento. A pesar de haber sido importante su destape, donde propone toda una agenda política para hacer campaña, no fue cubierto por los reflectores que tenía esperado.”

Montiel ha sido un centro político, apunta Trejo, que ha podido aglutinar lo que en primera instancia fue un club de gobernadores, la Conago, y que se ha convertido ya en todo un frente en el que ya comienzan a confluir sectores de extracción panista.

La imagen de Montiel, en su condición de político regional, no lo expone a nivel nacional ante un movimiento político desfavorable. La manera en que venda la reforma de su partido político y la habilidad con que logre consolidar su imagen en este tiempo son, apunta Trejo, un capital político importante.

La efectividad política de Montiel Rojas radica, según el investigador, en permitir subsistir a la clase política del estado y en construirse una imagen política propia, que no tenía al principio del sexenio y en que, más que un político democrático, se muestra como un político eficiente, con oficio.

“Socialmente, todavía cultiva las viejas costumbres clientelares y corporativas. En ese sentido ha significado un retroceso, más que un avance en la cultura política. En lo social ha mantenido sólo una estabilidad política, que no social. Hay cantidad de organizaciones sociales de todo tipo, sobre todo campesinas, que están intentando romper este cascarón corporativo que todavía existe a nivel estatal. En el estado, a diferencia de lo que sucede a nivel nacional, la figura del presidente ya no liga a nadie ni es el centro político de la nación ni del Estado mexicano. Está en competencia hasta con su esposa, con la primera dama. Lo que ha permitido la legitimidad es la obra y la imagen del gobernador; y en ese sentido, la praxis. La virtud de este gobierno es mantener el centro político, con todo lo criticable que pueda tener.”

 

Madrazo de frente

 

Como contrincante político se puede observar que a Montiel se le inclina más favorablemente la balanza por las desventajas que presenta Madrazo, actual presidente nacional del PRI, que por fuerza propia.

Madrazo está disminuido porque no ha logrado construir un liderazgo nacional. Además del rompimiento que tiene con Elba Esther Gordillo.

”Pesan más ahora los liderazgos regionales y, en ese sentido, Montiel sería un fuerte contendiente”, dijo José Antonio Trejo.

“Recordemos que el Estado de México, como clase política, no le apostó a Madrazo en las elecciones internas del PRI nacional. Su candidata era Beatriz Paredes y desde allí existe una obvia competencia.

“Lo interesante del escenario priista es que son los políticos estatales quienes le muestran lealtad y fidelidad a Madrazo y, más allá, profunda eficacia política. Son los operadores más avezados que tiene el PRI y son los que le están sacando adelante los problemas.

”El aparato político del Estado de México es su aval y se ha mantenido firme a diferencia de los golpeteos y resquebrajamientos nacionales. Toda la maquinaria política estatal priista está con todas sus piezas. Sin embargo, esto mismo puede convertirse en un problema porque es una estructura y una clase política de viejo cuño.

“Montiel no es el candidato de la modernidad política que esperamos, es un candidato todavía hecho a la antigua, rodeado de corporativismos de la CTM, CNC. Hay que recordar la línea dura que representa su secretario de gobierno, sobre todo contra los movimientos sociales, esa forma de operar políticamente, acosando a los movimientos, no buscando el diálogo o su desmantelamiento. La manera de operar de este grupo todavía es muy tradicional, muy corporativa y sumamente autoritaria”, dice Trejo.

Para las votaciones del 2005, el investigador dijo que si la ventaja la llevan las regiones, sería Montiel el candidato más adecuado para una coyuntura de ese tipo. Si nuevamente se impone el centro, será Madrazo.

 

AMLO versus Montiel

 

Frente al actual jefe de gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, el investigador observó que todo dependerá de cómo recomponga su imagen López Obrador. Si lo logra, Montiel no sería un contendiente tan fuerte y tan popular. Sin embargo, no hay que descartar sorpresas.

 

No nos interesan

 

A la pregunta, Trejo responde que “en general los políticos viven de la política, llámense como se llamen. Nos hemos quedado ya sin esos personajes que a pesar de todo vivían para la política. No hay un político que no se esté sirviendo de la política. El gran problema de los políticos es que desafortunadamente administran nuestro dinero. Si no, en la actualidad no tendrían ninguna importancia su vida ni su trayectoria. Fuera de que manejan nuestros recursos, ya su apuesta, su compromiso por la nación, la sociedad, los ideales democráticos, no nos interesan.

 

Las aduanas

 

Nuestro Tiempo: ¿Carisma?

José Antonio Trejo: Nulo. Tiene más carisma su mujer, e incluso por eso gran parte del juego de su imagen es poner siempre “y la esposa del gobernador…”

NT: Mago, profeta, jefe de bando o de partido…

JAT: Jefe de bando.

NT: Medios auxiliares con los que cuenta, el as bajo la manga…

JAT: La descomposición de su propio partido, él es el único que parece que está fuerte.

NT: Orientación a la obediencia hacia él…

JAT: Efectiva.

NT: El empresariado…

JAT: También se retrata con obispos.

NT: Personal administrativo y medios materiales de la administración…

JAT: Buenos.

NT: Determinantes de interés personal, retribución material, honor social

JAT: Buenos, en términos de legitimar y crear esa representación propia, es perceptivamente buena.

NT: Premios para el séquito…

JAT: Vida política y puestos muy bien remunerados.

NT: El monopolio de los cargos: estructura que puede ofrecer para trasladarla a nivel nacional…

JAT: Esa es la gran pregunta, porque todos los presidentes siempre han tenido que hacer una gran alianza con distintos grupos y gran parte de los gabinetes era producto de ese equilibrio con los grupos. Con el advenimiento de la posibilidad de alternancia en el poder, esto se ha roto. Pero aún así el propio Fox tuvo que hacerlo. Es difícil pensar que a nivel nacional se va a repetir la estructura de gobierno del Estado de México. Es más, corre el riesgo de llegar a su mínima expresión en un gobierno federal, porque de llegar Montiel a la presidencia tendría que equilibrar, negociar con otros grupos mucho más fuerte y mucho más dinámicos que los grupos que actualmente se encuentran en el gobierno del estado.

Mapas

* Toluca, donde Peña administró por seis años la entidad más importante del país, también se modifica. El narcotráfico en el Estado de México se había circunscrito desde hace años al sur local, una región empobrecida y aislada que limita con Michoacán y Guerrero al mismo tiempo.

 

Miguel Alvarado

México nunca será el mismo después de la presidencia de Enrique Peña. A él le toca gobernar la época más compleja, que incluye la pulverización de las instituciones y una marcada simulación de los procesos democráticos. La idea de globalización mueve y transforma países donde lo que importa no es lo correcto sino lo que vende, así sea basura.

El mapa del narcotráfico también comienza a cambiar. Los cárteles, a los que hacen ver que se desarrollan al margen de gobierno y sociedad, trazan en el país su propia geografía. Para ellos no hay estados ni ciudades, todo se reduce a plazas de venta, ferias ciclópeas donde todo tiene un precio, excepto la vida, como dicta también el modelo económico del libre mercado.

Toluca, donde Peña administró por seis años la entidad más importante del país, también se modifica. El narcotráfico en el Estado de México se había circunscrito desde hace años al sur local, una región empobrecida y aislada que limita con Michoacán y Guerrero al mismo tiempo. Zona de paso pero también de protección, sirvió de base para la llegada de Pelones, Zetas y posteriormente La Familia y Los Caballeros Templarios, que se disputan el control absoluto bajo la mirada vigilante, observadora del árbitro definitivo en el que se han convertido los gobiernos municipales y estatales. Luego de matanzas memorables, La Familia expulsó a sus rivales y se dedicó a consolidar su imperio. Llegada de Michoacán, donde estableció en Zitácuaro la ciudad capital, aquel cártel inició lentamente su expansión. El valle de México fue el siguiente paso, pues representa un mercado de 23 millones de personas y ubica innumerables complejos industriales. El valle de Toluca, sin embargo, permanecía hasta hace tres años al margen. El narco se reducía a las pequeñas tiendas y al paso obligado que significa la capital. Las campañas presidenciales fueron buen pretexto para La Familia, que inició también su transición. Pronto, secuestros, extorsiones y anuncios pintados en bardas y cortinas metálicas aparecían amenazadores. La plaza de Toluca, originalmente respetada porque aquí están los actores políticos más poderosos, es ahora cercada por La Familia. En las casas de pueblos otomíes, regiones pobres del municipio con San Cristóbal Huichochitlán y San Andrés Cuexcontitlán, luego de las elecciones del primero de julio, fueron repartidos a los habitantes papeles impresos con amenazas donde se advierte que si no se paga por protección, “se los va a llevar la chingada”.

La elección presidencial lo ha polarizado todo. Se está a favor o en contra de los resultados. El triunfo de Peña no ha resuelto nada, así como el triunfo de cualquier otro no lo haría. La iglesia católica en Toluca hace su parte. “Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra”, publicaba El Sol de Toluca, diario consentido de Peña Nieto y propiedad de Mario Vázquez Raña, en una entrevista al vicario de la Diócesis capitalina, Guillermo Fernández Orozco. Con una jerga encantadora, el sacerdote se encargaba de recordar que no solamente el PRI había comprado votos y que las protestas de fraude debían ser olvidadas, para bien de todos.

Los mensajes de Fernández, como los de dios y la mitad de las casillas electorales, son inescrutables. “A su parecer, el movimiento juvenil “#Yo soy 132”, es una mezcla de varios intereses y habría que ver si todos son estudiantes, pues en algunas protestas hay gente de Atenco, de 40 años, que no creo que sean estudiantes, apunta quien observa desde la derecha.

Es la primera elección presidencial mexicana en la que no hay celebración pública. Ni siquiera Santa Anna, atolondrado dictador enamorado de sí mismo, se permitió aquella desatención. Pero en el PRI hay miedo, que no vergüenza, por aquellos 19 millones 226 mil 784 sufragios que siempre se ubicarán en el terreno de la duda, junto con la anécdota de Soriana, una cadena con más de 200 tiendas en todo el país y que le ha facturado al gobierno del Edomex más de 4 mil millones de pesos en productos los últimos 4 años. Humberto Fayad, director general, se ha cansado de repetir por todos los medios que su negocio no hizo tratos con el PRI para vender monederos electrónicos y que es una casualidad muy curiosa que sólo en una tienda se hayan registrado compradores compulsivo, que en ese mismo establecimiento apareciera sospechosamente un reportero gráfico de La Jornada y que un día después el gobierno del DF clausurara aquel Soriana Zaragoza, en los límites con Nezahualcóyotl. Sobre las tarjetas con el logo de la CTM, ni él mismo cree su punto de vista.

Quizás Fayad tenga razón pero, como el fraude anunciado, no puede comprobar sus dichos ni siquiera con documentos. Los grupos sociales han condenando a la tienda, que perdió 414 millones de dólares los últimos días, aunque lo que más les duele es el descrédito. Tiendas cerradas al paso de manifestaciones, por miedo a los enojados. Carritos de supermarket abandonados en los pasillos, cargados de despensas pero con letreros de los indignados, que se alejan de la bodega con insultos. Complots animados por la guerrilla cibernética y Anónymous, que elaboran manuales para hacer más efectivo el bloqueo, son su pan cotidiano. Ya habrá forma de compensarlos, pues Peña es un político maduro, al menos con quienes conviene y no desampara a sus aliados.

Las irregularidades están en todos lados. Soriana no es la única afectada por las bondades electorales en el Edomex. El diario local Alfa documentó una taquiza, para maestros de Elba Esther Gordillo, que costó 4 millones 285 mil pesos al gobierno estatal con presupuesto de la Secretaría de Educación, en marzo del 2012, con la empresa Rico Mac Taco S. A, “que de acuerdo con su página de internet tiene dos sucursales, una en el Distrito Federal y otra en el municipio de Tlalnepantla”, con fines de agradecimiento.

Mientras se pretende una investigación, Luis Videgaray es perfilado como secretario de Hacienda, Miguel Ángel Osorio o Eruviel Ávila, como secretarios de Gobernación y Miguel Ángel Murillo como procurador general.

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