Grafismos Now

* La fotografía, tan lastimada ahora por ejecutantes del Instagram, “magos del autoselfie”, del registro y nada más, también sigue un camino sin fin. Luego de todo, el verdadero fotógrafo termina por entender o desentender y sabe que no ya no necesita la perfección. Al final de la vida. A los 25 años nada se sabe, ni siquiera dibujar ni tomar fotografías. Menos a los 43.

 

Miguel Alvarado

En Toluca se prefieren actividades callejeras como sustituto de la apreciación artística. El payaso que monta su espectáculo en la calle de Hidalgo, céntrica y cerrada a la circulación para ese laboratorio de chistes al alcance de todos, pista bicicletera que atrae a quienes sólo comprarán una torta y un refresco y regresarán caminado a sus casas si viven al menos a dos kilómetros del centro es mejor que nada. Mejor los payasos que los precios del futbol profesional, por ejemplo, que en la sección de palcos, para gente VIP, cobra 5 mil pesos a abonados.

Todo es cultura, entre los payasos y el futbol, pero no todo es arte.

Productora de pintores, ilustradores, magos de la animación web, la facultad de Artes en Toluca es una de las menos promocionadas, de bajo perfil a pesar de que ella misma organiza sus propios escenarios que incluye bienales internacionales de buen nivel y exposiciones internas. Estas últimas convocan, es verdad, aunque no más allá de sus propios muros.

La exposición colectiva Grafismos Now, en la Galería Principal de aquella escuela es una muestra de actividades in vitro que pueden ser exitosas, incluso hasta en la difusión, pero que por alguna razón se quedan atrapadas en las puertas de aquella facultad. Que pocos las conozcan no significa que desmerezcan. Artes de Toluca puede ser catalogada como una escuela libre, apegada a los protocolos de su universidad, la UAEM, y preocupada por proveer de ideas a los estudiantes, que gozan de una libertad inusual en lo que respecta a la búsqueda de conocimiento. Extraño oasis, el contexto en el que la escuela se ubica ha sido siempre un tinglado de reglamentos conductuales que necesariamente influyen en tiempos posteriores. En la facultad de Ciencias de la Comunicación, por ejemplo, a pocos estudiantes, casi a nadie, les interesa trabajar de reporteros. Tienen miedo o saben que apenas sobrevivirán en el depauperado sistema de medios del Estado de México, que solamente en Toluca genera más de 100 diarios o semanarios, casi todos en la categoría de pasquín y de inaccesible circulación. En la facultad de Artes pocos alumnos saben con certeza cómo podrán ejercer su habilidad en el mercado de la vida real. Nadie duda sobre lo que quiere hacer y lo expresa en pocas palabras: dibujar, pintar, esculpir, no importa que sea en inglés ni que las fuentes de las que aprenden, aleguen su parte correspondiente en la globalidad, la uniformidad, como si eso significara algo en una ciudad de 900 mil habitantes, de cuatro homicidios a la semana. Una entidad de 7 millones de pobres  y cuna del poder político más despiadado del país ubica el concepto de arte cocinado desde Atlacomulco y que a fuerzas permea en los siguientes estratos.

Grafismos Now.

Nadie busca perfección. Sólo gráfica en una exposición compartida entre 14 estudiantes de aquella escuela. Sólo atisbos. Algunas muestras, esos sí, de futura maestría se colgaron de los muros en una curaduría que no contempló los fondos blancos de los trabajos y sus propias paredes. Demasiado albo, es verdad.

Los atisbos, sin embargo, funcionan sobre blanco o sobre negro o sin colgar. Algunos no fueron tan afortunados en su selección, al menos dos artistas que se decidieron por el boceto limpio, acabado, pero al fin y al cabo ejercicio aún. La cara de un boxeador entrelineada rápidamente, porque el dibujante se ha obligado a ejercer de sparring y traza a su rival entre episodio y episodios, es curiosa. El resultado es un dibujo que no dista mucho del trabajo desde la incomodidad, y no es necesariamente malo. Explicado en un video cargado en una tablet, expuesta igualmente con ingenio de artificio, se convierte en oasis, junto a una mujer sostenida de una cuerda columpiada en el abismo del blanco. ¿Se justifica exhibir un boceto, aunque esté acabado? ¿Todo es un boceto? ¿Cuál es la condición que determina la calidad de la gráfica? ¿Su uso? ¿El ornato? ¿La razón del dibujante, intransferible pero también desconocida porque no está allí para explicar? ¿Se debe explicar? ¿Qué dicen los grandes maestros de la gráfica?

La fotografía, tan lastimada ahora por ejecutantes del Instagram, “magos del autoselfie”, del registro y nada más, también sigue un camino sin fin. Luego de todo, el verdadero fotógrafo termina por entender o desentender y sabe que no ya no necesita la perfección.

Al final de la vida.

A los 25 años nada se sabe, ni siquiera dibujar ni tomar fotografías. Menos a los 43.

Luis Enrique Sepúlveda, ilustrador toluqueño, es uno de los participantes en la colectiva Grafismos Now y su trabajo destaca, pues sí, ni modo. Se le puede decir: la gráfica, la suya es muy sincera y se notan las horas de trabajo. Es buena y cumplidora y su espacio en definitiva no está allí, aunque un empiezo es un empiezo. Su serie, “Inaccesible”, le hace honor a su trabajo. ¿El nombre es una salida fácil para titular un trabajo en el que la comprensión final, el desciframiento del mensaje es, básicamente, imposible? No lo sabemos y todavía no hay una regla para esas formalidades, más allá del ingenio de cada ilustrador. Inaccesible es, sin embargo, la serie de viñetas, cuadro por cuadro, seis por cada hoja, que Sepúlveda realiza. Su técnica es simple –aunque lo sencillo es talento- y nada más es una pluma con la que traza paisajes tan complejos como humanos. Eso se agradece porque al menos –he aquí- permiten accesar. Monstruos humanizados o personas como engendros se muestran en cada cuadro. No les falta nada. Son horribles en la finura que una pluma para escribir permite.

Sepúlveda es hábil pero no esconde nada, no hay truco. Tres viñetas son las que emocionan y con eso es más que suficiente. El resto, población anómala de caras, gritos, esperpentos otorgan profundidad y matizan, acompañan el aquelarre de tinta y papel guarro en una desastrada perfección que por sí sola arma su propio escaparate. Esconde más, secretea, abruma. Luego las sombras son aliadas si se saben iluminar, parece decirle a Luis la vecina de enfrente, una serie de cuadros con animales humanizados, bien vestidos, representados por Flor de María Gutiérrez García en cuadros para fotos familiares de antaño. Un perro con el brazo roto y la cabeza vendada reposa sus heridas mientras mira de soslayo, cubierto con un jorongo. Gráfica, pura gráfica que del puro gusto se pone a colgar una afortunada serie donde conviven trazos infantiles con la muestra, casi arrancada a fuerzas, de que el autor sí sabe dibujar, conoce de composición y usa buenamente sus materiales. Óscar Bernal Castillo regala una serie que por fresca emociona y genera, en la pequeña galería, un contraste que se agradece. La niña se mira al espejo y el espejo le devuelve el reflejo pero esta vez caricaturizado, tres rayas a crayola y una habitación pintada apenas.

Una última serie se ensaña en el desgarro de los enfermos. Niños con la vista dañada se escurren por la pared que los cobija. Vendas chidas y ojos inflamados son los que ocupan el inner espacio de Reyes Rayón.

Lo demás no se sabe.

Grafismos Now es lo que es. Gráfica pura. Para unos el inicio, para otros el principio del fin.

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Acerca de un estudiante de artes

* Yo no sé cuántos entre ustedes vayan a museos, o cuántos tengan cierto interés por la pintura, pero cuando este individuo de dieciocho años cumplidos ve una pintura en algún museo, es como si hubiera nacido para ese instante. El color, la pincelada, la aparición de formas, de rostros, de árboles y casas y lo que sea, todo es placer en la pintura. Uno puede ver un basurero o un plato sucio de enchiladas o una sombra cualquiera, y en la vida real no pensar que se trata de algo importante o estético, pero al verlo pintado (exquisitamente pintado, con soltura, definición, fuerza) uno piensa que nunca antes había mirado nada.

 

Rodrigo López

-¿Para qué estudiar?- No lo piensa con pereza el futuro estudiante, sino con una verdadera inquietud. ¿Es necesario? ¿No puede la gente vivir sin sentarse en un aula de clases por horas y horas que sumadas equivalen a años enteros de su vida? A él le parece que ya fue suficiente, el kínder, la primaria, la secundaria, la preparatoria, con su interminable conjunto de trámites. Y es que el estudiante se imagina que existe un mundo fuera de la escuela, un ambiente para el cual lo preparan como si estuviera en un submarino o en una base lunar y no fuera posible salir sin un entrenamiento exhaustivo.

Claro que el futuro estudiante universitario piensa en esto solo un momento. Debe estudiar, de algún modo lo sabe. Quizá solo porque puede, y esa posibilidad es en sí ya un deber. O quizá porque tiene eso que conocemos como sueños, que es por lo que en las películas los personajes se someten a cualquier aventura, humillación y peligro; o quizá porque sí y ya. ¿Pero qué estudiar? Una carrera es más que un conjunto de materias y conocimientos, una carrera aparece ante el futuro estudiante como su futuro modo de vida. Todos lo piensan, aún los intelectuales, una profesión tiene cierta aura en la cultura. Un arqueólogo, un piloto, un chef, un abogado, un médico, un artista, son determinados modos de ser.

De algún modo las materias de la prepa no le interesaron nunca demasiado. Siempre sintió que todo iba muy de prisa, que no enseñaban más que datos, cuando lo que él necesitaba eran formas de razonar. Esto le pareció evidente en física, química y matemáticas, donde nunca llegó a comprender la esencia de su pensamiento.

A él le interesa el arte, aunque siente el temor de que no sea más que un hobby, algo en qué pasar el tiempo libre. Siente eso porque así lo ve su escuela, sus maestros. A veces en la cultura se tiene la impresión de que los artistas salen de la nada, como los impuestos o las estrellas.

Yo no sé cuántos entre ustedes vayan a museos, o cuántos tengan cierto interés por la pintura, pero cuando este individuo de dieciocho años cumplidos ve una pintura en algún museo, es como si hubiera nacido para ese instante. El color, la pincelada, la aparición de formas, de rostros, de árboles y casas y lo que sea, todo es placer en la pintura. Uno puede ver un basurero o un plato sucio de enchiladas o una sombra cualquiera, y en la vida real no pensar que se trata de algo importante o estético, pero al verlo pintado (exquisitamente pintado, con soltura, definición, fuerza) uno piensa que nunca antes había mirado nada. Es como inaugurar la vista. Bueno, algo así es lo que siente nuestro personaje, y es así como años antes empezó a interesarse en el arte. Y al elegir carrera se pregunta: ¿es que no se puede estudiar arte?

Aparentemente el arte no es tomado como una carrera seria por la mayoría de las universidades. Las privadas no lo toman en cuenta, por suerte la mayor universidad pública de donde vive nuestro estudiante, sí. También hay otras dos en una ciudad cercana.

Entonces, lleno de ingenuidad y confianza, comienza su travesía por el papeleo y las entrevistas y los exámenes de admisión. Solo lo hace en dos universidades, para ser exacto. La primera, donde más quería entrar, lo rechaza en su segunda prueba. La otra lo acepta. Cabe notar que en la universidad que lo rechazó había tres o cuatro pasos (exámenes), además de que debió entregar un currículum y portafolio de trabajos. A nuestro estudiante le parece idiota que a alguien que quiera entrar a estudiar a sus dieciocho años le pidan currículum, ¿dónde puede haber expuesto? ¿O qué es lo que esperan exactamente? Si es una escuela, ¿por qué no se limitan a esperar gente deseosa de aprender?

Pero superará ese rechazo, y otros peores quizás. Lo bueno es que encontró universidad, ahora falta esperar.

Sabemos que el arte en su historia está compuesto de objetos magníficos. No por nada hay guardias con cara de pocos amigos en los museos ni en las películas se roban pinturas, ni los millonarios compran Van Gogh’s. El arte nos puede parecer algo hecho por manos maestras, que toman años en perfeccionar un proceso, sea este escribir una novela, pintar un retrato o tocar el violín.

El estudiante de artes no ignoraba esto, pero tampoco ignoraba el arte contemporáneo, que la mayoría de las veces rechaza los conceptos o técnicas tradicionales, es decir, se vuelve algo raro. ¿Quién no ha escuchado la frase, refiriéndose a algún pintor abstracto o de vanguardia (dígase Picasso por ejemplo), “ese mono está bien feo, hasta yo lo hago”?

Pero si hay museos y libros, universidades y conferencias sobre arte contemporáneo, debe ser algo serio, o al menos algo digno de ser entendido. Nuestro estudiante piensa eso, y cree que si muchas veces no entiende o le parece una completa estupidez es porque aún no está lo bastante iniciado. Por el momento se contenta con hojear libros como “El abc del arte” o “1000 pinturas de los grandes maestros”, donde con sencillos párrafos y grandes ilustraciones solo disfruta los dibujos, las formas y los colores.

Antes de terminar esta breve introducción a una nueva etapa en la vida del personaje, será enriquecedor recordar que aunque su familia lo apoyó (después de algunas horas o días de convencimiento), sus amigos, familiares y gente en general no comprenden del todo qué es la licenciatura en Artes (cosa que el estudiante tampoco comprende ahora, pero ahí está lo divertido) y expresan su confusión con frases (conocidas para los estudiantes de artes) de distintos matices, como las rudas: eso es para maricas, esas son pendejadas, las de carácter laboral: ¿de qué vas a trabajar?, te vas a morir de hambre; o las un poco inocentes: ¿y qué vas a estudiar? ¿Vas a pintar todo el día? ¿Es como manualidades?

El club de ajedrez de Míster Morphy

 

 

«No hay genio sin un gramo de locura»

Aristóteles

 

 

«Ningún gran maestro de ajedrez es una persona normal. En lo único que se distinguen es en el tipo de locura»

Víktor Korchnói

 

Pau Pascual/ Argenpress

– Mami…

– ¿Sí, cielo? – responde la mujer.

El autobús avanza por la Quinta Avenida, sorteando carros y automóviles, una tarde soleada de 1911. Madre e hija, sentadas en el piso superior al descubierto, se dirigen al antiguo tiovivo del Central Park.

– Mami, mira aquel señor… – dice la niña apuntándolo con su dedito.

– ¡Qué horror! – suelta la madre cubriendo rápidamente los ojos de la pequeña.

Rodeado de pasajeros estupefactos, un hombre bajito con gafas de montura redonda, permanece de pie completamente desnudo. Se llama Carlos Torre Repetto.

No sería la última vez que este extraordinario ajedrecista se exhibiera en cueros. Años más tarde, durante un torneo celebrado en Polonia, perdió los estribos y empezó a correr desnudo por todo el recinto, gritando “¡fuego!”.

El mexicano Carlos Torre aprendió a jugar al ajedrez a los seis años y muy pronto destacó en su país. Jugó varios torneos internacionales y logró estar considerado entre los cinco mejores jugadores del mundo cuando sólo tenía veinte años. Según el propio Torre, nunca dormía más de dos horas por noche. Le encantaban los helados de piña y se comía de diez a quince diarios. A los veintiún años, los problemas psíquicos le obligaron a recluirse en un manicomio durante tres años. Luego se retiró del ajedrez para el resto de su vida.

Catorce años antes del episodio del autobús, el secretario de otro hombre lo sorprende esperando pacientemente una respuesta a través de un audífono invisible. El hombre alberga la ilusión de poder hablar por teléfono sin hilo ni auricular. Suele acercarse a la ventana para hablar y cantar. Luego espera una contestación.

El secretario personal de Wilhelm Steinitz informaría de ello al cónsul norteamericano, quien sugirió que se recluyese a Steinitz en un sanatorio.

El gran ajedrecistra Wilhelm Steinitz estuvo convencido de que podía emitir corrientes eléctricas, con la ayuda de las cuales podría mover las piezas a voluntad. Aseguraba estar en comunicación eléctrica con Dios y que podía vencerle al ajedrez dándole un peón de ventaja. Esto propició que finalmente lo ingresaran durante un tiempo en un manicomio de Moscú. Steinitz fue el primer campeón del mundo oficial. Descubrió muchos de los principios estratégicos en los que se basa el moderno juego posicional.

Cuarenta años antes de que Steinitz empezara sus conversaciones metafísicas con el audífono invisible, un joven estudiante de Nueva Orléans es presa de los efluvios primaverales. Cae locamente enamorado de la hija del hortelano que cuidaba las tierras de su familia. Pero su primo Ernest, dos años mayor que él, había llegado antes y se opone a sus proyectos amorosos. El joven urde un plan. Desafía al primo Ernest a un match de ajedrez a seis partidas cuyas condiciones son: a) Todas las partidas se jugarán con el Gambito Evans. b) Él dispondrá únicamente de un minuto por cada jugada, mientras que Ernest tendrá todo el tiempo que quiera. Y c) El vencedor tendrá el derecho a los favores de la hija del hortelano, sin que el rival vencido pueda oponerse. Ernest aceptó y fue derrotado por 4 ½ a 1 ½. Pero la muchacha nunca quiso saber nada del joven Morphy, quien acabó profundamente deprimido. ¿Sería el inicio su locura?

Paul Morphy fue uno de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos. Ya de muy joven sufrió paranoias. Estaba convencido de que diversas personas querían envenenarle y durante mucho tiempo sólo aceptó alimentos si se los daban directamente su madre o su hermana. También pensaba que su hermano político y otro amigo conspiraban para rasgarle sus elegantes trajes y luego asesinarle. Tenía la costumbre de colocar zapatos de mujer distribuidos cuidadosamente trazando un medio círculo.

– Me gusta mirarlos -decía cuando le preguntaban la razón.

Morphy no pudo soportar el peso de su fama después de llegar a la cumbre en pocos años. Tras vencer a los mejores de su época en una gira por Europa, regresó a su país y dejó definitivamente de jugar. Terminó odiando el ajedrez. Ni siquiera permitía que se le mencionase nada relacionado. Rechazó todos los premios y reconocimientos que se le ofrecieron por su extraordinaria carrera.

Ya han pasado veinticuatro años desde que Carlos Torre se exhibiera en pelotas en el piso de arriba del autobús.

– Ven aquí, Ajedrez.

Curioso nombre, el de su gato preferido. El felino da un salto y se arremolina en su regazo. El hombre, agradecido, lo acaricia dulcemente. Está exhausto. Acaba de ganar una intensa partida a Max Euwe. Como en las anteriores partidas del match, antes de empezar el juego ha dejado a sus dos gatos sobre el tablero, oliendo las piezas. Sabe que esto le ayuda. Al comprensivo doctor Euwe no le importa.

– No creo que Alekhine hiciera eso intencionadamente con ánimo de molestarme – diría años más tarde el doctor.

Alexander Alekhine fue campeón del mundo desde 1927 a 1935, año en que perdió el título ante Max Euwe. Además de excéntrico, era un alcohólico empedernido. Poco antes del inicio de una de las partidas del match, lo encontraron tendido en un campo cercano completamente ebrio. En otra ocasión, se presentó a dar una exhibición de ajedrez tan borracho que empezó a orinarse en el suelo ante la concurrencia. La exhibición tuvo que anularse debido a la lamentable “exhibición”. En 1937 retó de nuevo a Euwe y le ganó. Fue otra vez campeón del mundo hasta su muerte, en 1946.

Hace ahora cuatro años desde que encontraron a Alekhine tirado en el campo durmiendo la mona. Los nazis ya han tomado Polonia y están enviando judíos en masa a los campos de concentración. Esa mañana, un oficial de la Gestapo se ha presentado sin aviso en un sanatorio mental de Varsovia. Le atiende el jefe del servicio de Psiquiatría.

– ¿Hay judíos en su clínica?

– No… bueno, sí. Tenemos a un gran maestro de ajedrez, pero está completamente loco.

– Quiero entrevistarme con él. Lo comprobaré yo mismo.

El oficial es conducido a la habitación del enfermo, quien se encuentra tendido en la cama.

– ¿Es usted Akiba Rubinstein?

– Sí, señor.

– Levántese ahora mismo. ¡Venga conmigo!

– ¿Para qué? – responde el paciente levantándose de la cama.

– ¡Para trabajar!

– Ah, a trabajar… ¿a dónde?

– ¡Al campo de concentración!

– ¡Magnífico! ¡Eso me encanta! – dice mientras se coloca el sombrero y se pone la chaqueta.

– ¡Quédese, quédese aquí!

El oficial da media vuelta y se marcha por donde había venido. El polaco se acaba de librar de ser deportado al campo de exterminio de Auschwitz.

Akiba Rubinstein llegó a ser el jugador más fuerte de su tiempo pero no tuvo la oportunidad de disputar el campeonato del mundo, ya que en aquella época el campeón del mundo era quien fijaba las condiciones para disputar la corona a sus adversarios y a menudo exigía elevadas sumas de dinero, como fue el caso de Lasker, contemporáneo de Rubinstein.

Rubinstein sufrió diversos trastornos psíquicos: espasmos nerviosos, timidez patológica, antropofobia (miedo a la gente), hidrofobia (miedo al agua) y manías persecutorias. Pasó los últimos treinta años de su vida en una institución mental.

Ello no le impidió jugar en torneos de élite. Durante un tiempo, una ambulancia lo llevaba cada día desde el manicomio donde vivía a la sala donde se celebraba la competición. Después del juego se lo llevaban inmediatamente.

Era extraordinariamente tímido. En los torneos, después de realizar cada jugada, se retiraba discretamente a un lugar alejado de la mesa “para no molestar al rival”.

No viajó a América a jugar los grandes torneos de Nueva York de 1924 y 1927, por el miedo a viajar en barco, y en las escasas ocasiones en que viajó al Reino Unido lo hizo con los ojos tapados para no ver el mar.

Estamos de nuevo en la época en que el gato Ajedrez olfateaba las piezas.

– Debería usted hacer más ejercicio.

El hombre de origen letón mira al doctor. Sabe que tiene razón.

Días más tarde empezaría con su nueva rutina. Durante el torneo de ajedrez en que participaba, se empeñó en practicar diversos movimientos gimnásticos. Cuando no le tocaba mover sus piezas, aprovechaba para ir a un rincón de la sala y empezaba con sus estiramientos y genuflexiones. Luego se tumbaba en el suelo boca abajo y se relajaba. Los espectadores no lo podían creer.

Aaron Nimzowitsch, uno de los grandes teóricos del ajedrez del siglo XX, nunca llegó a estar incapacitado por una enfermedad mental, pero sus excentricidades rozaron lo patológico. Tenía curiosas costumbres como la de presentarse a los torneos en pijama.

Se consideró a Nimzowitsch como el tercer mejor jugador del mundo, inmediatamente detrás de sus contemporáneos Alekhine y Capablanca. Nunca jugó con ellos un encuentro por el título.

Nimzowitsch fue un gran teórico que aportó muchas ideas y conceptos al ajedrez. Como ejemplo, se puede ver un fragmento de “Mi sistema”. Quizás sea el libro de ajedrez más profundo que se haya escrito.

Estamos ahora a finales de los setenta.

– Él me dio primero.

– Fue sin querer. Luego recibí un puntapié en la espinilla que todavía me duele. Por eso le devolví otra patada.

– Y ayer también me pateaste sin querer, ¿No? Y anteayer.

Aunque parece una discusión entre niños, se trata de dos adultos.

– Señores -interviene el árbitro de la FIDE con una expresión entre sorprendido y cabreado. – Así no vamos a llegar a ninguna parte. Instalaremos hoy mismo una tabla separadora debajo de la mesa para que no puedan darse más patadas en las siguientes partidas, y problema resuelto.

Anatoly Kárpov y Víktor Korchnói no estaban locos. Pero la presión a la que fueron sometidos durante el campeonato del mundo de 1978 los llevó a una guerra psicológica llena de extravagancias. Ya en las primeras partidas, Korchnói apareció llevando unas gafas de sol con cristales de espejo. Sabía que a Kárpov le gustaba mirar fijamente a los ojos de sus contrincantes. Kárpov no se quedó corto. Contrató un parapsicólogo con la misión de interferir y confundir telepáticamente los pensamientos del rival. Cuando se pidió al parapsicólogo que se retirase de las primeras filas del público, Kárpov dijo:

– Se irá cuando tú te quites las gafas.

Más adelante Korchnói se trajo a un par de miembros de una secta hindú para que, a través de la meditación, anularan la influencia del parapsicólogo. También se quejó de que a Kárpov le pasaban mensajes codificados en los yogures que comía durante las partidas. Finalmente, el aspirante perdió y Kárpov siguió ostentando el título de campeón del mundo.

Septiembre de 2001. De pura casualidad, el personaje se encuentra hoy en la emisora de la Radio Bombo de Manila. La primera de las Torres Gemelas acaba de derrumbarse hace unos minutos. La radio cubre la noticia y aprovecha para preguntarle su opinión.

– Ya era hora de que le dieran una patada en el culo a los EU. Aplaudo esta acción, quiero ver cómo América desaparece del mapa.

Pocos años más tarde, tras su muerte, se encontraría en su casa el borrador de una carta que empezaba así: “Estimado Sr. Osama Bin Laden, permítame que me presente. Soy Bobby Fischer, el campeón mundial de ajedrez. En primer lugar, debe usted saber que comparto su odio a…”.

No sólo odiaba a América. Pese a que su madre era judía, su antisemitismo creciente le llevó a afirmar que los judíos habían inventado el Holocausto para hacer dinero.

Robert James Fischer fue uno de los ajedrecistas más geniales, más carismáticos y más polémicos de la historia. Fue campeón de América a los catorce años. Su gran momento fue el duelo contra el campeón del mundo ruso Boris Spassky : el “Match del siglo”, un enfrentamiento entre el capitalismo y el comunismo en plena Guerra Fría. El campeonato estuvo plagado de incidencias y de extravagantes exigencias del americano. Incluso tuvo que intervenir el propio secretario de Estado, Henry Kissinger, para convencer a Fischer de que no abandonara.

Fischer acabaría con el dominio ruso en el tablero desde 1948. Pero tras ganar el título mundial, simplemente desapareció. Tres años más tarde, Kárpov fue declarado campeón del mundo por la incomparecencia de Fischer para defender el título. En su largo ocaso fue creciendo su desequilibrio mental. Su nombre sólo apareció en los medios por diversos escándalos. El hombre que fue un mito llegó a ser perseguido por las autoridades de su propio país. Después de pasar ocho meses en prisión en Japón por viajar con un pasaporte falso, logró asilo en Islandia donde terminó su vida totalmente aislado. Un trágico caso de la historia del ajedrez.

Más allá de su dudosa personalidad, Fischer merece que se lo recuerde por su ajedrez y por lo que hizo por el ajedrez. Su dedicación fue infatigable. Posiciones que durante mucho se habían considerado inferiores se vieron revitalizadas como consecuencia de su capacidad de observar todo como si fuera nuevo.

Bien. Después de esta serie de casos protagonizados por ajedrecistas de primer nivel, uno podría preguntarse: ¿El ajedrez puede llevar a la locura? ¿Es un terreno abonado para el desarrollo de enfermedades mentales? En realidad, estos casos son una minoría en comparación al número de ajedrecistas cuerdos. Digamos que el ajedrez es un juego encerrado en sí mismo, sin conexión con ninguna otra realidad. Un juego solitario cuyo objetivo es destruir al contrario. Personas con obsesiones y tendencias paranoides pueden encontrar en el ajedrez un campo minado. Pero aun así, el ajedrez sería más bien un catalizador, no el origen del problema.

El ajedrez, pues, no significa ninguna amenaza de desarrollo de un desorden psicológico. Más bien al contrario, se ha comprobado que el ajedrez aporta valiosos beneficios a sus practicantes como, por ejemplo, el mejoramiento de la habilidad para planear durante el proceso de toma de decisiones. En la revista Schizophrenia Research, se publicaron los resultados de un estudio que demuestra que jugar ajedrez es una buena terapia para los pacientes con esquizofrenia. Es más, en otro experimento realizado a largo de veintiún años, los científicos concluyeron que la práctica del ajedrez previene contra enfermedades como el Alzheimer y otras formas de demencia. De hecho, no se conocen ajedrecistas que hayan padecido el mal de Alzheimer.

Todo es relativo. El escritor británico Gilbert Keith Chesterton, también llamado “El príncipe de la paradoja”, dijo en una ocasión: «la fantasía nunca arrastra a la locura. Lo que arrastra a la locura es precisamente la razón. Los poetas no se vuelven locos. Los ajedrecistas, sí». Curiosamente el propio Chesterton (quien también fue poeta) padecía una dispraxia de desarrollo sin diagnosticar.

“A veces llegan tarde”

* “Ya la poesía se hace no con el impulso juvenil, se está escribiendo con la carencia de la edad, entonces nos encontramos a los poetas eróticos, que ahora somos poetas mayores”, asegura Miguel Aguilar Carrillo, Premio Internacional de Poesía Sor Juana 2011 del Estado de México.

 

* Jessica Caballero

No sorprende en absoluto que en la casa del escritor algo lo denuncie, que denuncie su oficio y sus amores. La puerta de su hogar que tiene tallada la efigie de Don Quijote se abre para entrar en el mundo de los sueños y las letras.

Miguel Aguilar Carrillo recibe en una de sus dos bibliotecas personales. Ex director de la Escuela de Escritores en Querétaro, SOGEM, coordinador de talleres literarios activos, editor y promotor de proyectos editoriales como “El otoño recorre las islas” y “Separata”, recientemente se anunció como el primer lugar del Premio Internacional de Poesía Sor Juana 2011, en el Estado de México.

“Mi  familia gustaba de las artes, mi madre cantaba, mi padre estudio en la Universidad de Guanajuato. Él empezó a escribir pero tuvo un problema, conocía demasiado la gramática y creo que fue justamente eso lo que le impidió escribir, pero fue un gran amante de los libros. Él me acercó a los libros, de hecho  me enseñó a versificar, me mandaba llamar para explicarme un verso de Darío o de López Velarde o algo de Rafael López, un poeta hoy olvidado. De Darío, por ejemplo me decía: !te fijaste que audacia en este alejandrino!

“Mi acercamiento a la poesía se deriva también de mi primera situación amorosa debido a la soledad y el querer  expresar mis sentimientos. Me inscribí en la facultad de Química y fue ahí donde comencé a leer libros que seguramente mi padre no habría aprobado porque era muy estricto con sus valores morales. Salvador Olivares fue muy importante en este proceso pues me iba explicando y me acercaba a libros que tenían más relación conmigo.

“Ese fue el momento de la iluminación, recuerdo que en ese tiempo Darío se me hacía un poeta cursilísimo entonces, no me entraba. Ahora admiro mucho a Darío pero en ese tiempo no era la voz que necesitaba.

Durante ese tiempo  llegaron a mí dos textos que son fundamentales “Poesía en movimiento”  y “Laurel” que me regaló mi padre, es ahí donde descubro a Luis Cernuda y junto con unos amigos hacemos nuestra primera revista literaria que tenía un nombre muy pomposo, “Dilema, Arte y Letras”.

El maestro se detuvo un poco para tomar un sorbo de café, el aroma inundaba la biblioteca colmada de libros y objetos de arte. Al fondo se hallaba un pequeño estudio en donde por las tardes se dedica a disfrutar de sus lecturas preferidas.

– Éramos un grupo de chavos de Química haciendo cuentos y poemas. Ya cuando salimos, hicimos una revista más en serio, que se llamaba “Frondas” y estábamos influenciados por el rock, la editábamos como si fuera disco de 45 con su cajita, esta revista mereció dos comentarios, uno en Nexos y otro en Excélsior, creo.

– ¿La alquimia de la palabra y la química tienen alguna relación?

– No lo sé, pero hay muchos químicos en el arte de las letras,m uno de ellos es Jorge Cuesta, los demás no te los digo porque no me gusta cómo escriben. La verdad es que creo que es una relación de complementaridad. Luego Gabriel Zaid hizo la Asamblea de Poetas Jóvenes de México y entonces yo mandé mis cosas y me aceptaron. Me acuerdo que firmaba como José Miguel Carrillo porque mi padre no estaba de acuerdo, él veía el peligro de la bohemia, de hecho nunca me quiso presentar a Efraín Huerta, que era su amigo. Es un mito el poeta bohemio, todos tenemos nuestra etapa en donde nos desbalagamos un poco, sin embargo no todos los poetas se entregan a la vida bohemia.

– ¿Se requiere disciplina para escribir?

– Sí, sin embargo yo personalmente no soy tan disciplinado. Creo que por eso no escribo novela. Yo creo que la educación del poeta nace, en primer lugar, de la experimentación propia. Hace algunos años tuve una beca para estudiar poesía de la Edad Media, entonces me puse a leer y a estudiar, presenté mi trabajo para cumplir  con las obligaciones de la beca. Era muy difícil, sin embargo, eso me permitió que durante un año trabajara desarrollando las estructuras que han trabajado otros poetas de nuestro tiempo. Entonces uno empieza a reconocer esta mezcla con una estructura de repetición y meter los ritmos nuevos y a experimentar. Después tira uno muchas de esas cosas, hasta que uno empieza a escribir.

– ¿Cuál ha sido su mayor reto frente a la hoja en blanco?

– Yo no escribo por obligación, no tengo ese problema, por ejemplo ahora mismo tengo un mes sin escribir. A mÍ me gusta escribir uno o dos poemas a la semana y luego tirar y rearmarlos, sin embargo en estos últimos días no he podido. De hecho le decía a un amigo que “creo que me tengo que poner a estudiar otras cosas, pasar un año estudiando algunos otros procedimientos poéticos y a ver qué sale después”.

– ¿Qué opina de las vanguardias literarias?

– Yo tengo amigos que están escribiendo unas cosas rarísimas pero a mí me gustan, sin embargo hay otras que llegan y les digo, aquí sí no entiendo. Sí hay un hecho: la poesía se ha separado del público, ya lo decía Monsiváis hace tiempo. En el siglo XIX la poesía era parte de la cultura de las clases medias y altas hasta que fue cambiada por su hermana bastarda, la canción. El poeta tiene que decir las mismas cosas de diferente manera y tiene que buscar nuevas formas expresivas. ¿Qué va a sobrevivir? Quién sabe, no sabemos. Una vez me decía Eduardo Milán que “la poesía es una utopía”, no sabemos qué hacemos, hacemos algo pero no sabemos qué va a pasar con ello. Góngora estuvo olvidado tres siglos, bueno dos. Sor Juana fue atacada y ahora es un icono. De hecho los manuales de literatura hablan pestes de Sor Juana pero ahora es mito.

De las vanguardias actuales hay cosas que sí me interesan, por ejemplo Víctor Sosa, que es muy amigo mío y está trabajando en esto que le llaman la poética del sonido. Va a venir a presentar un disco que grabó y que se llama “Los animales furiosos”. Hay otros poetas, no sé, pienso en un amigo cubano, Mauricio Medo, que también tiene cosas muy extrañas, estos lenguajes que no están concebidos de manera lineal, pero hay cosas muy interesantes. Aunque también reconozco que hay ciertos excesos que dices, bueno, ¿para qué? Además creo que las condiciones han cambiado, antes el poeta era el poeta juvenil, el poeta que escribía a los 20 años y después se moría. Ahora yo creo que estamos viendo a los poetas “viejos”. Gonzalo Rojas es un poeta que escribe ya en la vejez, a los 60 años. Los poemas eróticos de Paz de los 80 años, son fabulosos. “Óyeme como quien oye llover”…donde mezcla cierto misticismo. Ya la poesía se hace no con el impulso juvenil, se está escribiendo con la carencia de la edad, entonces nos encontramos a los poetas eróticos, que ahora somos poetas mayores.

– ¿Hacia dónde van las letras en Querétaro?

Cuando yo tenía la escuela de escritores aquí en Querétaro, a mí me parecía que era un proyecto muy padre. Algunos de los chavos que ahora están escribiendo formaban parte de los alumnos de SOGEM. En este momento estoy totalmente alejado. Ahora mismo estoy impartiendo un taller a un grupo de alumnos, muchachos muy creativos. Actualmente estoy trabajando con un grupo de amigos haciendo una revista que se llama  Separata, estamos haciendo unos cuadernitos que se llaman El otoño recorre las islas, que es algo nuevo que sacamos y que salió por un poema que hice por  Javier Sicilia, estamos haciendo unos carteles de poesía que se llaman Un sauce de cristal.

– ¿Qué es lo que más disfruta Miguel Aguilar Carrillo?

– Una taza de café. Antes disfrutaba del cigarro, acabo de dejar de fumar y bueno, ahora tengo un cigarrillo sin encender para darme mis golpes virtuales. Yo creo que lo que disfruta uno es leer, esas tardes en donde se pone uno a leer poemas y el poema lo lleva a otro, a leer un ensayo sobre eso y tener un revoltijo de libros. Disfruto también de echarme una cerveza y una copa de tequila con los amigos, esos son mis placeres, viajar no sé, viaja uno más en la imaginación, eso es lo que realmente gozo.

Al preguntarle por su opinión acerca de los premios, dijo en broma que “a veces llegan tarde”.

Que se calle el cantor

* Cabral conocía la vida como pocos porque dejó de ser adolescente a muy temprana edad cuando arbitrariamente lo internaron en un reformatorio. En una ironía fatídica, lo asesinan el día de la Independencia de Argentina camino a Nicaragua para seguir cantando por la paz.

 

Juan Francisco Coloane/ Argenpress

Argentina es quizás la nación latinoamericana más fecunda en generar autores e intérpretes de música popular que abordan la crónica social con poesía y profundidad sin ser distantes o aburridos. En las composiciones se desprende por lo general un dejo de reflexión sobre la vida que oscila entre el encantamiento de estar vivos y la ironía aguda por esa condición del ser humano de provenir del mar y del aire y tener que estar tan anclado en la tierra. Las letras de tango y de muchas zambas y chacareras y en las baladas modernas está presente esa forma de interpretar la vida.

El cancionero de Facundo Cabral expresaba justamente eso y formaba parte de la cultura de una nación que ha producido encantamiento artístico a raudales. Su cantar pertenece a una ilustre y larga lista de próceres de la verdadera libertad.

El cable señalaba duramente que “de ocho a 10 disparos de fusiles de asalto recibió Cabral en cabeza y tórax”. Rigoberta Manchú la Premio Nobel declaraba que se trataba de un “crimen político, también dirigido a afectar las relaciones entre Nicaragua y Guatemala, un sabotaje a la democracia en Guatemala”.

Antes de la trova cubana, antes de la generación de autores e intérpretes de lo que se llamó tal vez equivocadamente “canción protesta”, ( un concepto importado de Norteamérica vía Disc Jockeys), estaban, Chango Rodríguez, Atahualpa Yupanqui, Cuchi Leguizamón, Horacio Guarany, Horacio Ferrer, Manuel Castilla, Armando Tejada Gómez, Eduardo Falú, Jaime Dávalos, Hamlet Lima Quintana, César Isella, José Larralde por citar los de fácil ubicación en el recuerdo.

Ellos representaban “la nueva canción popular”, como una forma de construir y reforzar una identidad artística local en medio de la globalización de entonces, y en ese grupo Facundo Cabral quizás haya sido el menos clasificable en el arquetipo del cantante llamado de protesta.

Si hay algo que caracteriza distintivamente al pueblo argentino es el sentido de ave libre, soñadora y creadora. Una tierra que ha abrazado al inmigrante por estar abierta al Atlántico como pocas en la región. El famoso lápiz patentado como BIC, es el Birome, como se le llama en Argentina por llevar el apellido de los autores del invento. Los hermanos BIRO, dos húngaros que emigraron a la Argentina y que desarrollaron el proyecto después de una invitación que les hiciera el entonces presidente argentino Agustín Pedro Justo para refugiarse en Argentina al ser perseguidos por los nazis.

Facundo Cabral era un fiel representante de ese ambiente y era un iconoclasta, hasta para las posiciones extremas del espectro político. Nunca quiso que lo encasillaran excepto en eso de ser libre. Tampoco reconocía ser anarquista. Su canción “No Soy De Aquí, Ni Soy De Allá” lo retrata, y lo catapulta a la fama en 1970. Era un integrado constructivista y por sobre todo un luchador de la justicia social y la paz. En reconocimiento a su trayectoria abogando por la paz la UNESCO lo nombró en 1996 “Mensajero Mundial de la Paz”.

En Guatemala y América Central la violencia despiadada no descansa y habrá que preguntar una vez más el por qué. Esto obliga a indagar exhaustivamente como lo ha solicitado Rigoberta Manchú, el móvil de este crimen y sus ramificaciones. Por las informaciones, ya comienzan a detectarse obstáculos para conocer más los hechos.

Viene a la memoria la tragedia del 27 de julio de 2004, cuando uno de los guardias de la embajada chilena en San José de Costa Rica emprende una balacera asesinando a tres chilenos. Rocío Sariego secretaria cultural, el cónsul Cristián Yussef y el primer secretario Roberto Nieto, terminan fulminados después de un secuestro que demoró más de medio día. De inmediato se montó un cerco a la información y el suceso como hecho político y criminal comenzó a desdibujarse a partir de la decisión del gobierno costarricense de no continuar con la investigación. El gobierno chileno tampoco la exigió, y hasta hoy Jorge Sariego, el padre de Rocío, continúa solicitando a las autoridades del gobierno chileno que encause una reapertura de las investigaciones. La nota que escribí para un diario electrónico en el momento para denunciar el cerco a la información fue censurada.

Algo sucede en el submundo que se construye entre la autoridad pública y la delincuencia a secas, que se hace inasible al espectador común o al que se convierte en víctima.

Da mucha rabia que se calle al cantor de esta manera. No es creíble que el plan de los asesinos intelectuales haya sido matar al supuesto blanco (el señor Fariña) en medio de personajes como Facundo Cabral entre otros que iban en el coche, que no están ligados a las cuentas pendientes en Guatemala o Centroamérica. Cuando se es un buen asesino y de reputación, y eso no es de novelas sino que se observa hasta en la más elemental de las criminalidades, se escoge el momento y el espacio para la mayor eficacia.

Lo que ha sucedido con Facundo Cabral es un indicador fiel del estado de situación de la violencia estructural que tiene no solo Guatemala, sino que la región adyacente, y que no es más que el deterioro de sociedades que han estado sometidas al terrorismo extranjero por una parte y al terrorismo interno de una elite que explota sin pausas.

Ya sabemos, y con esto no se trata de estigmatizar ni a una nación ni a un pueblo. Por esas tierras donde ha habido violencia extrema prolongada en la arena política – y donde se escapan pocos países en la región de América Latina- hay que andar con mucho cuidado porque hasta un cantante por la Paz como Facundo puede morir asesinado en la desesperación del que no trepida para cumplir un objetivo a toda costa. Es el espíritu de cómo viven las elites del poder en esta etapa de decadencia y descomposición de la matriz ética de la sociedad política, la que vemos operar sin restricciones. Si no se puede negociar, entonces hay que asesinar.

Cabral conocía la vida como pocos porque dejó de ser adolescente a muy temprana edad cuando arbitrariamente lo internaron en un reformatorio. En una ironía fatídica, lo asesinan el día de la Independencia de Argentina camino a Nicaragua para seguir catando por la paz.

 

“Si se calla el cantor calla la vida

porque la vida misma es todo un canto.

Si se calla el cantor muere de espanto

la esperanza, la luz y la alegría.

 

Si se calla el cantor se quedan solos

los humildes gorriones de los diarios.

Los obreros del puerto se persignan,

quien habrá de luchar por sus salarios.”

 

(De Horacio Guarany. “Si se calla el cantor”)

 

Por amor al arte

* En tiempos de campaña electoral las promesas de ofertar espacios artísticos se han quedado en buenas intenciones y en placas metálicas por las calles del centro de la ciudad destinadas para graffiteros que ya nadie utiliza. ¿Sucederá lo mismo en esta ocasión?

 

Yanet Guadalupe Sánchez Monroy

Toluca cuenta con diversos foros de expresión artística, tanto temporales como permanentes. En el centro histórico de la ciudad se encuentran varios de ellos:

inaugurado desde 1945, está el Museo de Bellas Artes, aunque solo cuenta con una sala temporal en la que se requiere un proyecto y un currículum artístico importante para poder presentar exposiciones; el Museo Nishizawa, que surge en 1992 y cuenta con 15 salas de exposición; el museo José María Velasco, nacido en el mismo año y que muestra dibujos, pinturas y grabados del pintor mexiquense que le da nombre, así como de sus aprendices. También se puede encontrar el Museo de la Acuarela, que existe desde el ’93 y exhibe obras locales y nacionales, incluyendo las ganadoras del “Concurso Nacional de Acuarela”, el cual es organizado cada año. Además, es posible encontrar el Cosmovitral, donde hay 3 salas aptas para eventos artísticos.

Otros recintos como la Casa de las Diligencias, dependiente de la Universidad Autónoma del Estado de México, y el Centro Cultural Mexiquense albergan más espacios de exposición. Sin embargo, sumados resultan insuficientes para ofrecer oportunidades a los casi 40 nuevos artistas que egresan cada año de la carrera de Artes Plásticas y Arte Dramático tan solo de la UAEM.

El espacio es muy competido porque las formas de expresión artística son muy numerosas. Los artistas con formación compiten con autodidactas talentosos y con otros tantos que venden sus producciones por las buenas relaciones que mantienen, como explica Ana Luz Carbajal Moll, dueña del bar-galería El Baúl. “Cualquier artista puede ser muy bueno o muy malo, pero lo mejor son sus relaciones, si eres un artista muy malo pero te sabes vender, ya lo tienes”.

Además de esta disparidad de oportunidades, el campo artístico no distingue generaciones pues cada obra es un intento más por agradar al público, así que los nuevos talentos deben pelear por vender cada pieza musical, cuadro, diseño, escultura, obra, actuación o habilidad a un precio que valga el esfuerzo, los materiales y el tiempo dedicados sobre la infinidad de obras de otros artistas populares. Ante este panorama, es difícil encontrar la respuesta al porqué alguien se decide por esa profesión y quizá sea lo que coloquialmente se repite entre los mexicanos, “es mero amor al arte”.

Dafne Bernal, una estudiante de artes teatrales piensa que su carrera es un medio para crear conciencia en la gente, incrementar la cultura, despertar sentimientos y motivar a la reflexión, pues si se desarrolla con profesionalismo es una manera de empezar a cambiar a la sociedad. Otros jóvenes como ella se interesan por esta área porque descubrieron que la manifestación estética de ideas era su punto fuerte y además los apasiona, pero muchos de ellos tendrán que abandonar la ciudad de Toluca e incluso su país para desempeñar esta formación.

Es el caso de Luis Enrique Sepúlveda, estudiante de la licenciatura en artes plásticas, que ambiciona trabajar en la empresa de animación y videojuegos “Square Enix”, cuya sede principal se encuentra en Europa. Sus compañeros, Diego Vargas y Antonio Martínez, encuentran como opción para quedarse trabajar en museos, casas de cultura, de manera individual con el apoyo de becas e incluso han considerado dar clases.

José Antonio Martínez conoce personas egresadas de su carrera y que tienen que emplearse en empresas que nada tienen que ver con su preparación como escuelas privadas de nivel básico, McDonald’s y Tock’s.

Para Dafne, su última opción sería trabajar en televisión pública porque piensa que sus historias y actuaciones son de pésima calidad. “Si se tiene cara bonita y cuerpazo puedes ir a Televisa o TV Azteca, pero sabiéndote manejar mejor podrías conseguir ayuda de compañías refresqueras y otras, siempre y cuando les des publicidad. La mayoría de nosotros no tenemos para invertir en una compañía de teatro propia y entrar en una establecida es muy difícil, aunque ahí se podría tener un salario fijo”. Pero los salarios fijos para Diego y Enrique no son una opción en México.

Si bien es cierto que esta situación no es exclusiva de los artistas, es un ejemplo claro de lo que falta por hacer en el Estado de México por los estudiantes y por incentivar el arte y la cultura en la población; en tiempos de campaña electoral las promesas de ofertar espacios artísticos se han quedado en buenas intenciones y en placas metálicas por las calles del centro de la ciudad destinadas para graffiteros que ya nadie utiliza. ¿Sucederá lo mismo en esta ocasión?

Tomar una foto

* La fotografía es aprender a mirar y ver el significado oculto de todas las cosas, a pesar de los adelantos tecnológicos la fotografía no depende tanto de ellos, porque un artista fotográfico prioriza más su objeto que su cámara, que sólo es un medio para perpetuar su mirada y la complejidad de su máquina puede provocarle la pérdida de una buena foto.

 

Elizabeth Bañuelos

El exceso de cámaras convierte a la fotografía en un hecho común, lo que ha provocado que hoy en día se vea como una actividad poco significante y sin valor artístico. Por esto, algunos fotógrafos, cansados de la clásica forma de composición trabajan en nuevas técnicas.

Hasta finales del siglo XIX la fotografía era valorada en cuanto a la capacidad para captar imágenes con la mayor fidelidad posible. No se planteaba el valor artístico que esta pudiera tener. Actualmente, algunos autores redefinen a la fotografía como arte y a la pintura como técnica. Para otros la fotografía entró en los movimientos vanguardistas con la aplicación de nuevas técnicas y el deseo de incorporarlo a la cultura moderna. Algunos autores del movimiento vanguardista son Picasso, Renau, Dalí o André Breton. Este último presenta a la fotografía como heredera de la pintura. Alvin Langdon, por ejemplo, manipula la perspectiva a semejanza del cubismo.

Para Gustavo Coronel, “mediante la manipulación de una foto se pueden crear maravillosas ilusiones que requieren de habilidad y de imaginación. Esto es aceptado como un arte”. Sin embargo, en palabras de León Tolstoi, “lo que distingue al arte de la palabra es que ésta le sirve al hombre para transmitir a otros sus pensamientos, mientras que, por medio del arte transmite sus sentimientos y emociones”. Así, para Sergio Jaén Lara cualquier fotografía, incluso la de un periódico, puede ser considerada como artística dependiendo del sentimiento que produzca en el espectador.

Los fotógrafos buscan el toque artístico imitando al dibujo y la pintura. La fotografía artística busca su diferenciación en la composición basada en las reglas de la pintura. El impresionismo influye en la fotografía fundamentando sus contenidos en el contraste de luces y sombras. La fotografía pretende imitar a la pintura impresionista y ésta a su vez utiliza a la fotografía para el estudio del color.

“La cámara es el instrumento del fotógrafo como el pincel es el del pintor o el cincel el del escultor. Nunca se transcribe literalmente la realidad, la cámara tiene siempre unas limitaciones y es manejada por el fotógrafo, quien selecciona un marco y unos parámetros de exposición”, afirma Jaén.

En la primera década del siglo XX, la fotografía y pintura se funden, empleando recortes impresos y fotografías, creando los collages y surgiendo el fotomontaje. Al respecto, Coronel cree que “usando photoshop y otros instrumentos de edición de foto, los artistas digitales han llegado a niveles que hacen volar la mente, creando desde ambientes surrealistas y oscuros hasta animales extraños y desapegados del mundo”.

La época comprendida entre los años 1900 a 1920 ha sido considerada como la etapa de la fotografía artística. Durante este período se manifestaron tres actitudes: impresionismo, realismo y surrealismo. El primero maneja el concepto de instantaneidad, como idea de captar un momento determinado, un instante fugaz, ya sea de luz, tiempo o acción; y que también será la cámara la que introduzca al pintor en la idea de secuenciación y series. El segundo es una actitud que busca que sus representaciones sean parecidas a lo que el ojo humano captaría. Finalmente, el surrealismo es la herramienta que intenta plasmar todo aquello que se manifieste fuera de la realidad.

La fotografía es aprender a mirar y ver el significado oculto de todas las cosas, a pesar de los adelantos tecnológicos la fotografía no depende tanto de ellos, porque un artista fotográfico prioriza más su objeto que su cámara, que sólo es un medio para perpetuar su mirada y la complejidad de su máquina puede provocarle la pérdida de una buena foto.

Las fotos esclarecen el pasado revelando por medio de una síntesis de imágenes una biografía diferente y desconocida. Son expresiones subjetivas que abarcan recuerdos olvidados, emociones sentidas e infinidad de historias interrumpidas o acabadas que han dejado sus huellas. Todos los fotógrafos tienen su propio estilo, que revela su forma de ver el mundo, su punto de vista, su manera de pensar y sentir desde las primeras imágenes.

Tomar una foto no implica gran esfuerzo, aunque se decida preparar la escenografía. Exige mucho menos que el arte de la pintura, es una tarea mucho más rápida que se puede rehacer todas las veces que sean necesarias desde distintos ángulos, en pocos minutos, a distintas horas del día, con más o menos personas o destacando la soledad de un ausente. Una foto es el resultado de la observación de un instante en el tiempo y el espacio; y como en la pintura, es también un dibujo de una realidad.

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