La obsesión

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

Nada se dejó al azar, Isidro Fabela también recurrió a la “ley del más fuerte”, mejor conocida como la “ley de conveniencia”, desde donde perpetró alianzas oscuras con personajes como el poderoso secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Fidel Velázquez Sánchez, oriundo de este estado. Los acuerdos secretos con este personaje abrieron las puertas para imponer, en 1981, a Alfredo del Mazo González —tío de Peña— como gobernador mexiquense.

Acosado por las sombras del asesinato de Zárate Albarrán, la violación a las constituciones federal y local, así como la ilegalidad de su nombramiento y obligado a sofocar cualquier tipo de descontento ciudadano protesta pública que se presentara, Isidro Fabela también hizo alianzas con las camarillas del poder eclesial. Llegado el momento, la tarea de la cúpula religiosa sería deslegitimar cualquier movimiento opositor que osara cuestionar la llegada de Fabela.

Por esa razón, pactó con un paisano muy poderoso; uno de los pocos mexicanos con derecho de picaporte ante Dios: José Luis Maximino Bernardo Ruiz y Flores, un atlacomulquense conocido a secas como su Excelencia Ilustrísima Maximino Ruiz y Flores, arzobispo interino y tres veces obispo —de Chiapas, Derbe, en antigua Asia Menor, y auxiliar de la Ciudad de México—, rector del Seminario conciliar de México, gobernador de la Curia metropolitana —la arquidiócesis más importante del país—, arcediano de la Catedral metropolitana, director general de la Adoración nocturna mexicana, canónigo penitenciario de la Basílica de Guadalupe y seguidor ferviente de la teología dogmática.

Según sus biógrafos y documentos de la iglesia Católica, el 30 de noviembre de 1901 Ruiz y Flores —que no tenía parentesco con el obispo queretano Leopoldo Ruiz y Flores, también nuncio apostólico— obtuvo la distinción de ser el primer joven diácono a quien la Pontificia Universidad Mexicana condecoró con el capelo y borla de doctor en Teología sagrada. Y, un mes y medio más tarde, recibió las órdenes sacerdotales de manos del ilustrísimo doctor Próspero María Alarcón Sánchez de la Barquera.

Por la influencia de este religioso, la iglesia guardó un profundo silencio sobre el asesinato del gobernador Alfredo Zárate Albarrán, permaneció fiel al sistema y honró el arribo de una nueva élite: la gran familia atlacomulquense, encabezada por el diplomático y humanista Isidro Fabela Alfaro, circunstancia que dio tiempo a Maximino para fundar la obra de difusión del santo evangelio en la Arquidiócesis de México y convertirse en socio honorario de la Academia Mexicana de Santa María de Guadalupe —causa que luego abrazó, el ahora santo, José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei—.

Ruiz y Flores tenía muchas ambiciones y cualidades ocultas: era considerado un prelado de extrema derecha que, en 1915, aceptó, suscribió y promovió la creación de la Unión Católica Mexicana (U), una sociedad secreta de la iglesia, responsable de organizar a sus fieles seguidores para apoderarse del país, fundada por el cura Luis María Martínez, canónigo de Morelia, trigésimo segundo sucesor de Fray Juan de Zumárraga y custodio de la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe del Tepeyac.

Convertida en una fuente real de poder bajo una concepción político-religiosa para enfrentar al Estado y “defenderse” de los revolucionarios, la U controló —de 1920 a 1925, según los estudiosos del tema— a todas las organizaciones católicas “civiles”, entre las que destacan los Caballeros de Colón, las Damas Católicas, la Asociación Nacional de Padres de Familia, el Centro Asociación de Jóvenes católicos mexicanos, la Soberana orden militar y hospitalaria de San Juan de Jerusalén, la de Rodas y la de Malta, cuyos pactos de silencio eran sellados con sangre.

Al margen de su bien ganado prestigio como revolucionario, carrancista y diplomático, Isidro Fabela también tenía sus cualidades secretas de las que muy pocos se atreven a comentar: en su momento vio con buenos ojos el movimiento fascista que Adolfo Hitler encabezaba en Alemania. Con esos antecedentes, aquella alianza fue parecida a un acto de complicidad. Fabela le dio a la iglesia Católica el acceso que reclamaba al poder y su Ilustrísima lo tomó.

Con todo lo que significó este pacto, Fabela también fue el primero en hacer negocios al amparo del poder. No sólo se hizo de empresas para acaparar la obra pública en su gobierno y abusó de su prestigio para conseguirle contratos de obra pública a uno de sus hijos adoptivos —Daniel Fabela Eisseman—, sino que preparó e introdujo en esas componendas a Hank González.

Con el ascenso de Fabela, el primero de los seis gobernadores que daría esa tierra del norte del estado de México hasta 2005 —le seguirían Del Mazo Vélez, al que impuso en 1945, Salvador Sánchez Colín (1951-1957), Alfredo del Mazo González (1981-1986) y Arturo Montiel Rojas (1999-2005)—, nació una nueva familia real mexiquense, en la que la lealtad se confundió con sumisión y complicidad.

Se trata de una élite política que “cimenta la creencia en una dinastía hereditaria”, “convirtió en principio político básico la lealtad” e “hizo de la unidad el principio fundamental de su defensa frente a la élite nacional”, advierte el periodista Rogelio Hernández Rodríguez, en su tesis doctoral Amistades, compromisos y lealtades: líderes y grupos políticos del Estado de México 1942-1993, publicada por El Colegio de México en 1998.

Hernández también destaca en su investigación la extraña solicitud de Fabela para adquirir algunos terrenos en los que estaba interesado, negocio por el cual Hank González recibió 100 mil pesos: “[…] por la pormenorizada respuesta de Hank, se advierte claramente que, al margen de la habilidad profesional de Fabela como abogado, el beneficio económico previsto dependía de las relaciones que Fabela y, en su caso, Hank tenían con funcionarios de alto nivel —del gobierno federal— oriundos del estado. […] Seguramente, como el mismo Fabela advierte en la carta, no había nada ilegal en los negocios, pero no hay duda de que el lugar privilegiado que ocupaban esos funcionarios facilitaba, con ventaja, la realización de los proyectos”.

Pragmático y simple, creyéndose destinatario del oráculo de doña Francisca Castro Montiel, en 1957 Alfredo del Mazo Vélez —ex tesorero estatal, ex secretario de Gobierno, ex gobernador, y sobrino de Isidro Fabela— se embarcó, desde la Secretaría de Recursos Hidráulicos, en una serie de maniobras muy adelantadas, por cierto, para ganar la candidatura presidencial del PRI.

Del Mazo Vélez se sintió el elegido desde que llegó a la gubernatura mexiquense en septiembre de 1945. No perdió tiempo, rompió casi de inmediato con su pariente Fabela —que no con la escuela fabelista—. Esta ruptura desató una tormenta política, pero Del Mazo ya había probado las dulzuras del poder. Por la libre, se sumó a la candidatura presidencial del veracruzano Miguel Alemán Valdés y se granjeó su amistad.

Abiertas sus ambiciones, en 1951 intentó meterse en los ánimos sucesorios de su “amigo” el presidente Alemán. Arisca y seductora, la candidatura presidencial priista le jugó su primera mala pasada, porque Alemán se la entregó en 1952 al parco, siempre zorro y también veracruzano Adolfo Tomás Ruiz Cortines.

Considerado desde 1946 un alemanista puro, Del Mazo jugó mal. Pasada la tormenta, como premio a su lealtad y a su silencio sumiso para aceptar las reglas priistas del juego sucesorio, fue enviado al Senado. Apoltronado en su escaño legislativo, aguantó paciente los seis años siguientes. Al término de su encomienda, en 1958, el presidente Adolfo López Mateos lo incorporó al gabinete como secretario de Recursos Hidráulicos, desde donde, lenta y soterradamente, concibió la construcción de su segunda fallida candidatura presidencial porque, esta vez, López Mateos se inclinó por el poblano Gustavo Díaz Ordaz.

Del Mazo nunca se recuperó. Enterado de la decisión y herido su orgullo, enfiló su auto rumbo a Toluca, de donde partió de inmediato hacia Atlacomulco para aliviar sus malquerencias presidenciales. Sobre la carretera México-Toluca, a la altura del kilómetro 45.2, volcó su auto. Según testimonios de la época, cayó en un estado depresivo permanente hasta su muerte el 19 de diciembre de 1975 en la ciudad de México.

La búsqueda de Alfredo del Mazo Vélez encarnó en una obsesión “familiar” y en ella fallaron su hijo Alfredo del Mazo González y Arturo Montiel Rojas. El primero, traicionado por su “hermano” el presidente Miguel de la Madrid Hurtado en 1988; y el segundo, obligado a renunciar a la precandidatura cuando su aliada Televisa exhibió algunos de los actos de corrupción del montielismo.

La obsesión de los políticos atlacomulquenses se prolongó hasta el primer domingo de julio de 2012. Con la fuerza de la costumbre, cobijado por la sombra de Montiel —“dinosaurio del periodo precámbrico”, como llama el periodista español Miguel Ángel Bastenier a la vieja guardia priista— a Enrique, lo hicieron entender que era el único heredero capaz para reconquistar el poder presidencial.

Echada a andar la maquinaria y mientras se reconstruía la historia oficial, entró en la dinámica la Televisa de Emilio Azcárraga Jean; luego, algunos empresarios y jerarcas de la iglesia Católica. En otras palabras y, como alertaron hacedores de opinión, en el tejido de las alianzas se involucraron fracciones de la burguesía yla oligarquía a quienes Peña les garantizó el respeto a sus inversiones y a sus proyectos establecidos en áreas estratégicas como la industria petrolera y la electricidad.

Peña Nieto es una incógnita ideológica. Nadie sabe si es de derecha o de izquierda o del centro; ni siquiera ha dado pauta para clasificarlo como un priista pragmático. Tampoco se le puede relacionar con la etiqueta del cacicazgo político peñanietista.

¿Quién conoce realmente a Peña Nieto? Muchos puntos permanecen oscuros. Sólo se sabe que la gente cercana a él es selecta, que en este grupo tiene un lugar importante la cúpula de la iglesia Católica. En ocasiones, da la impresión de que esas relaciones cuentan más que las partidistas. A sus allegados en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), por ejemplo, les pidió ayuda para llegar hasta el Papa Benedicto XVI y conseguir la bendición a su matrimonio con “La Gaviota”. También a ellos recurrió para que el Vaticano declarara inexistente, por la vía rápida, el matrimonio de ésta con “El Güero Castro”.

¿Quién es Enrique Peña Nieto?

* Una de las mayores losas de Peña Nieto es la historia. Por un lado, su historia personal: desde una familia vinculada con ex gobernantes corruptos (como Arturo Montiel), hasta oscuros rumores claramente dirigidos a desprestigiarle (como un hijo no reconocido o la muerte de su esposa), pasando por una asociación directa con un impopular padrino político como es Salinas de Gortari.

 

Víctor Martín Gómez/ Rebelión

Enrique Peña Nieto (EPN) es el candidato de la coalición “Compromiso por México”, formada por el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Verde Ecologista de México. Con 45 años y abogado de profesión, lleva desde 1984 en el PRI, donde ha ido escalando cargos y ganando mayores responsabilidades hasta llegar a ser en el último sexenio gobernador del Estado de México.

Precisamente, su campaña actual se basa en resaltar los logros conseguidos durante ese último cargo. Con la constante palabra “compromiso” por bandera, Peña Nieto se dedica a elogiar su propio trabajo en el Estado de México, como prueba de que tiene la capacidad y la sabiduría para trasladar ese éxito a todo el país. No obstante, no tardó en salir a escena una campaña crítica con este supuesto éxito. Con el lema “Peña no cumple”, los spots van desmontado uno a uno los compromisos en teoría cumplidos por el candidato priista al más puro estilo “esto es lo que dice Peña Nieto que ha hecho y esto es lo que realmente (no) ha hecho”.

En su camino a la Presidencia, Peña Nieto apuesta por políticas de buen ver: lucha anticorrupción, una seguridad social universal, crecimiento económico, estabilidad macroeconómica, potenciar el comercio exterior y la competitividad, reformar el control de los hidrocarburos, una reforma fiscal o la reducción del número de diputados, entre otras. Sin embargo, bajo estos atractivos lemas hay un programa neoliberal que trata de privatizar lo público, hay una mayor apertura de México a la entrada de capital extranjero, hay un endurecimiento de la presencia militar, del control social y de la seguridad, etc. Por no hablar de la demagogia en la que caen todos y cada uno de los aspirantes a Los Pinos cuando hablan de anticorrupción, transparencia democrática o educación de calidad, sin aclarar exactamente a qué se refieren.

A sus propuestas, EPN suma las del Partido Verde: vales de medicinas para todos, acabar con las cuotas en las escuelas o cadena perpetua para los secuestradores son algunas de las más llamativas, aunque de nuevo vuelve a recurrir a lemas tan ambiguos como “agua para todos” y “voy a acabar con la pobreza”.

Peña Nieto ha sabido conjugar dos ejes en torno a su candidatura: la persona y el partido. En el caso de Andrés Manuel López Obrador, muchos de sus votantes lo son por la devoción que le tienen y no por los partidos que hay detrás de su candidatura (PRD, PT, MC). En el caso de Josefina Vázquez Mota (PAN), es precisamente su personalidad lo que está haciendo que sus posibles votantes dejen de serlo. No obstante, Peña Nieto es una cara famosa, joven y atractiva que se ha difundido por todo el país en anuncios, entrevistas e incluso series de televisión. La presencia mediática ha sido tal que prácticamente todo el país le reconoce, lo cual en México puede significar una cantidad de votos considerable. Para ello, ha contado con una publicidad abrumadora en todos los sentidos, lo que le ha valido las protestas de ciertos sectores de la población que critican el posible favoritismo que hay en los medios de comunicación en torno a la figura del político priista.

Al mismo tiempo, su partido, el PRI, es una formación histórica, una marca consolidada. Muchos de sus votantes lo han sido toda la vida y lo seguirán siendo. En muchos Estados de la República, el PRI es el partido dominante desde hace décadas, lo que lleva a sus votantes a una inercia automática cuando van a las urnas. Por una parte, el priismo es un sentimiento apegado a la personalidad de muchas personas desde que nacen (como por ejemplo lo puede ser el peronismo en Argentina). Por otra, la información que reciben los ciudadanos proviene del duopolio televisivo, de modo que tienen una visión parcial de la realidad y de lo que representa este candidato y este partido. De hecho, hay sitios donde lo único que se conoce es el PRI, con todo lo que ello supone. No ocurre igual en la capital del país, donde las vías de comunicación son más amplias y donde la izquierda lleva años asentada.

En ese sentido, mientras el país entero está plagado de propaganda con la cara de Peña Nieto junto al emblema del PRI, en la capital de México la propaganda mayoritaria es con el mismo rostro pero con el logo del Partido Verde. Peña Nieto no quiere que, en el escenario capitalino, se le relacione con el PRI para no crear más rechazo del que ya tiene. Así, su rostro bajo el eslogan del Partido Verde podrá arrancar algunos votos de más en la capital del país.

De la misma manera, Peña Nieto ha de lidiar con un antipriismo permanente que teme la vuelta de un PRI con un oscuro pasado en el poder. Ese antipriismo hoy está dividido, anda indeciso entre el PAN y el PRD y es esa indecisión (que ronda el 20%) la que más beneficia a Peña Nieto, que prefiere que esa masa electoral se diluya entre el resto de candidatos y no forme un bloque unitario que elija a un único candidato que le pueda discutir la presidencia.

Siguiendo con esa idea, una de las mayores losas de Peña Nieto es la historia. Por un lado, su historia personal: desde una familia vinculada con ex gobernantes corruptos (como Arturo Montiel), hasta oscuros rumores claramente dirigidos a desprestigiarle (como un hijo no reconocido o la muerte de su esposa), pasando por una asociación directa con un impopular padrino político como es Salinas de Gortari (ex presidente de México). Por otro lado, el candidato del PRI tiene que afrontar que se le relacione con los 70 años que estuvo su partido en el poder. Esto supone una vinculación directa con casos de corrupción, de falta democrática, de caciquismo y de represión. En esto último, son especiales tres casos: los sucesos del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, la masacre estudiantil del 10 de junio de 1971 y, el que toca directamente a Peña Nieto, la represión de San Salvador de Atenco (Estado de México) en mayo de 2006. Los tres se produjeron bajo diferentes mandatos del PRI, pero el último afecta a EPN en tanto él era el gobernador del Estado cuando sucedió. Sus críticos le achacan que, aunque se consideró responsable y a pesar de haber defendido la legitimidad del operativo policial, no ha tenido ningún coste político ni penal por ello.

Así, en las últimas semanas, de manera inesperada, su popularidad -que parecía mediáticamente intocable- ha descendido notablemente. Se ha trasladado a la arena pública el debate sobre su personalidad, su pasado y lo que representa una candidatura como la suya. En otras palabras, un camino que él mismo veía de rosas hacia la Presidencia se le está haciendo más largo y complicado de lo que esperaba. Son los estudiantes universitarios quienes lideran esta campaña paralela que trata de resaltar la otra cara del priismo y de su líder. Un líder que no se maneja muy bien en los espacios y declaraciones públicas. Que esto tenga o no repercusión en la jornada electoral del próximo 1 de julio aún no lo podemos saber. Si la tiene, desde luego será desfavorable para EPN. Para que así sea, el movimiento juvenil #YoSoy132, que nació en la Universidad Iberoamericana contra la manipulación informativa por la visita de EPN a dicha Universidad y los hechos que allí sucedieron, ya se ha declarado abiertamente anti Enrique Peña Nieto y dirige sus dardos contra un político que no quieren ver como presidente.

Aunque posiblemente Enrique Peña Nieto se vea ya con ese cargo, es seguro que no puede descartar una sorpresa de última hora que dé la victoria a López Obrador. Mal haría si lo diese todo por ganado y vendiese la piel del oso antes de cazarla. Las encuestas le dan una clara ventaja, el apoyo que tiene en la mayoría de los Estados también pero, como ya ocurrió en 2006, todo puede pasar. Está a un paso de ser el próximo Presidente de la República, pero tendrá que esperar a que las urnas demuestren lo que mucha gente ya da por hecho y lo que mucha otra gente prefiere no pensar.

 

* Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Masacre en Veracruz

* Luego de abordar la vida pública de personajes como el candidato presidencial priista Enrique Peña, los negocios a la sombra del poder del presidente de México, Felipe Calderón y los entramados del narcotráfico con autoridades locales en Ciudad Juárez y el Estado de México, el periodista Francisco Cruz publica una nueva historia en el libro “AMLO, mitos, mentiras y secretos: la biografía no autorizada”, editado por Planeta y donde presenta una versión poco conocida del aspirante perredista Andrés Manuel López Obrador. El periodista no evade el submundo donde los políticos de cualquier partido se desenvuelven y encuentra que es inevitable hablar de otros para dibujar a López Obrador. Tal es el caso de Peña Nieto, quien es protagonista de al menos dos capítulos.

Nuestro Tiempo

Francisco Cruz Jiménez es uno de los periodistas más sólidos de México. Capaz de encontrar historias donde otros solo escuchan una versión oficial irrefutable o la profunda verbena de la oralidad, ha construido a lo largo de los años el perfil de un país que se define entre la simulación de autoridades y protagonistas de algo que se ha denominado  historia, y lo que la calle retrata, recopila y guarda en una memoria que si bien no tiene capacidad de almacenamiento, sí en cambio proporciona los elementos de profundidad y matices que un legajo con sellos pasa ignominiosamente por alto.

Luego de abordar la vida pública de personajes como el candidato presidencial priista Enrique Peña, los negocios a la sombra del poder del presidente de México, Felipe Calderón y los entramados del narcotráfico con autoridades locales en Ciudad Juárez y el Estado de México, Cruz publica una nueva historia en el libro “AMLO, mitos, mentiras y secretos: la biografía no autorizada”, editado por Planeta y donde presenta una versión poco conocida del aspirante perredista Andrés Manuel López Obrador. El periodista no evade el submundo donde los políticos de cualquier partido se desenvuelven y encuentra que es inevitable hablar de otros para dibujar a López Obrador. Tal es el caso de Peña Nieto, quien es protagonista de al menos dos capítulos, el tercero, “Tribulaciones Mayores” y el décimo, “Rival inevitable… el lado oscuro de Peña Nieto”. Este último recuerda la masacre sucedida en Veracruz, donde cuatro escoltas de la ya entonces fallecida esposa del candidato, Mónica Pretelini, fueron asesinados presumiblemente por un grupo de sicarios que los confundió con un grupo rival. Cruz halla una versión muy distinta sobre lo sucedido e hila, en un estilo que le ha dado resultados. Sobre el capítulo, el propio Alejandro Encinas, ex candidato al gobierno del Estado de México en el 2011 y actual aspirante a senador por el PRD, ha dicho que pedirá una revisión sobre lo sucedido y que lo llevará al escenario electoral del momento, donde Peña es puntero y Obrador último, sin menospreciar al panalista Gabriel Quadri.

Nuestro Tiempo reproduce un fragmento de ese capítulo porque involucra a un ex gobernador del Estado de México y en su momento afectó la vida pública de la entidad.

“Pero hay otro acontecimiento que se sumó a las dudas que continúan en el aire. El jueves 10 de mayo de 2007, en un ilógico asalto en las calles de Veracruz, asesinaron a cuatro escoltas de los hijos del gobernador mexiquense, todos elementos de elite y de confianza comisionados por la Agencia de Seguridad Estatal. La historia del atentado también está llena de contradicciones.

Para la familia Peña Pretelini todo comenzó por la noche, después de una cena en el tradicional café La Parroquia, en el malecón. Aquella era la primera celebración de las madres sin Mónica. Según los informes oficiales, pasadas las 10 y media, los comensales abandonaron el restaurante. Paulina, Alejandro y Nicole, los hijos del gobernador, subieron a una camioneta Suburban negra acompañados por su tía, Claudia Pretelini Sáenz y por otros dos adultos. Atrás, en una Durango gris plata, los escoltaban los cuatro agentes, encabezados por el experimentado (Fermín) Esquivel Almazán, armados con las reglamentarias armas cortas y, como apoyo, rifles de Asalto R-15. Con excepción de Delgado Nabor, ninguno carecía de experiencia.

“Minutos más tarde, al veinte para las once, mientras se dirigían al hotel Galerías Plaza avanzando sobre el bulevar costero Manuel Ávila Camacho y apenas cruzando la esquina con Simón Bolívar, frente a la Plaza de la Soberanía, el corazón de la zona turística del puerto, otras cuatro camionetas –dos de éstas Mitsubishi, de acuerdo con testigos- se unieron a la comitiva oficial mexiquense. En lo que pareció una acción agresiva y violenta, y con la delicada encomienda de cuidar a los hijos del gobernador Peña, ninguno de los cuatro escoltas supuso que eran víctimas de una agresión. Ninguno sospechó.

“¿Acaso pensaron que jugaban a los autos chocones o que los conductores de las otras camionetas pretendían practicar arrancones? De forma sorprendente, todavía uno de los agentes se dio su tiempo para tomar el celular y comunicarse con Claudia Pretelini para pedirle:

“- Siga usted al hotel, señora, tenemos un incidente, en seguida los alcanzamos.

“Más incongruente resultó que los cuatro agentes responsables de velar por la seguridad de la familia del gobernador mexiquense hayan decidido detenerse para arreglar el “incidente” con los conductores de la Mitsubishi. La Suburban se adelantó “a toda velocidad” y se perdió calles adelante, hasta llegar al hotel Galerías Plaza, donde se hospedaban los Peña Pretelini.

“Entonces, dos de los escoltas mexiquenses se bajaron de la Durango, mostraron sus credenciales, se identificaron como policías y descubrieron, ahora sí, que algo andaba mal. Recibieron una lluvia de disparos. Entre las calles Simón Bolívar y Valencia, sobre el bulevar, fueron recogidos más de doscientos casquillos percutidos. Los dos guardaespaldas que se quedaqron arriba de la Durango, en el asiento posterior, tampoco notaron ninguna irregularidad. Y tampoco tuvieron tiempo de sacar sus armas.

“Dos guardaespaldas cayeron muertos al instante, a unos metros de su vehículo. Los otros dos murieron dentro de la camioneta. Inútiles fueron las escuadras y los rifles de asalto R-15. “Fue una agresión sorpresiva y violenta, y cuando la cuñada del gobernador escucha los disparos, la camioneta iba adelante, imprime mayor velocidad para huir y llegar hasta el hotel”, comentaría casi de inmediato Humberto Benítez Treviño, secretario general de Gobierno del Estado de México. Aparentemente, sin ninguna prueba, se atrevió a declarar que los agentes murieron en una confusión de narcotraficantes.

“Muertos los cuatro escoltas, los asesinos abordaron sus camionetas y se perdieron en la zona turística del puerto. Minutos después llegó la policía veracruzana al lugar de la masacre e identificó a los cuerpos. Un comunicado emitido durante los primeros minutos del 11 de mayo dio cuenta del hecho, omitiendo la identidad de las víctimas. Sin embargo, la información generada en Veracruz no coincidió en algunos detalles.

“En su boletín, la Procuraduría veracruzana, que tampoco tenía pruebas, atribuyó la muerte de los policías mexiquenses a una confusión producto de las luchas de poder entre banda de crimen organizado. Descartó cualquier atentado contra los hijos de Peña, porque éstos “ya se encontraban hospedados en su hotel” al momento del ataque. Luego surgió la otra versión: los custodios viajaban solos y no escoltaban a nadie.

“En ese ambiente enrarecido, el procurador de Justicia veracruzano, Emeterio López Márquez, informó que el caso había sido atraído por la PGR, aunque ésta lo negó. La Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada sólo pidió una copia certificada de la averiguación previa. Antes que los veracruzanos, el gobierno mexiquense deslindó las razones del “incidente”: no fue intento de secuestro, dijo un pálido gobernador. Tampoco fue acción de los narcos, informaba apresurado el secretario de Gobierno, quien sin evidencia alguna señaló que una banda había confundido a los escoltas con un grupo rival y por eso había disparado. No dijo qué banda ni por qué los escoltas parecían miembros de una organización delictiva.

“Un día después, en Valle de Chalco, Peña descartó que el homicidio de los escoltas asignados a sus hijos fuese una taque dirigido a su persona o a su familia. Con base en las primeras investigaciones, señaló que el tiroteo –que no fue sino una matanza- había sido una confusión de grupos relacionados con el narcotráfico, quienes habrían visto en los guardaespaldas a los rivales de una banda organizada.

´“No hay la más mínima sospecha de que se trató de un ataque personal; realmente las primeras investigaciones y conclusiones a las que llegan las autoridades son que, presumiblemente, se trató de una confusión de grupos de sicarios. Dejaré que las autoridades competentes realicen las investigaciones correspondientes”. En parte tenía razón. Por el modo de operar, al parecer los guardaespaldas conocían a sus agresores. Tal vez por eso no intentaron defenderse.

“Los cuatro agentes fueron sepultados en panteones de Zinacantepec y Toluca. A los familiares les entregaron 360 mil pesos por los seguros de vida y una compensación. Se les ofreció apoyo y se les pidió la debida discreción. Muy pocos repararon en que Fermín Esquivel era una de las pocas personas que conocía detalles de la vida matrimonial de Enrique peña y Mónica Pretelini porque su comisión oficial con la pareja no había comenzado el día del asesinato: llevaba varios años trabajando como escolta de la familia. La figura de Esquivel se fue difuminando hasta desaparecer.

“El asesinato terminó por perderse en una maraña burocrática judicial a partir del lunes 20 de mayo de 2008, cuando un comando de encapuchados irrumpió en un domicilio de la avenida 16 de Septiembre en Luvianos –un pequeño municipio al sur del estado, sumido en la pobreza y bajo el dominio de El Chapo Guzmán, Los Zetas y La Familia Michoacana-, y ejecutó al maestro Ranferi González Peña, un supervisor escolar de zona de 45 años de edad, considerado hasta ese momento cabecilla de los asesinos asueldo de La Familia.

“El homicidio fue perpetrado con al menos una decena de descargas de armas de fuego de alto poder. Los asesinos encapuchados –quienes vestían uniformes negros con las siglas de la AFI y de la ASE- abordaron dos camionetas que los esperaban y huyeron. Pero cuando la familia de la víctima aún no salía del estupor, regresaron, levantaron el cadáver y lo metieron en uno de los vehículos. Luego enfilaron en dirección a una casa de materiales, donde secuestraron al arquitecto Ranferi González Rodríguez, hijo de González Peña

“Aunque únicamente se habló de dos camionetas, vecinos de la familia recuerdan que a las 8 y 10 de la mañana, por la 16 de Septiembre apareció un convoy, instaló un retén en dos esquinas y, en un par de minutos, unos cinco sicarios descendieron de dos camionetas con vidrios polarizados, irrumpieron en el domicilio de González Peña y lo asesinaron, frente a su madre y dos de sus hermanas, de nueve y diez años de edad.

“En las calles de Luvianos nadie habla. Se respira el miedo. Pero todavía se recuerda que, en los días previos a la ejecución y al secuestro, allegados al maestro Ranferi –hermano de Alberto González Peña, El Coronel, jefe de una célula de Los Zetas en la zona, abrieron la boca y alardearon sobre algunas propiedades “liberadas” luego de una incursión al puerto de Veracruz ara silenciar a un grupo de agentes del Estado de México.

“La segunda semana de enero de 2012, un documento abrió nuevas interrogantes. Perdido en un expediente sobre delincuencia organizada, de más de 5 mil fojas, en la averiguación previa PGR/ SIEDO/ UEIDCS/ 231/ 2008, aparece la transcripción de llamadas –de un teléfono intervenido- en las que un par de narcotraficantes da a conocer pormenores de la ejecución de los 4 escoltas de la familia Peña Pretelini.

“Hasta la aparición de este libro, la transcripción de las conversaciones sostenidas a lo largo de 24 llamadas, nunca se había hecho pública.

“La explicación legal es clara: ‘mediante la presente diligencia –el día 12 de agosto de 2008 ante el licenciado Fernando Moreno Alonso, agente del Ministerio Público federal- se procede a verificar el contenido de un disco compacto, el cual tiene la leyenda escrita ’24 llamadas extraídas de un teléfono celular marca Sony S500i’ para lo cual se utiliza el equipo de cómputo oficial que se encuentra dentro de las instalaciones que ocupa esta Unidad de Investigación de Delitos Contra la Salud en su Coordinación General C. Una vez que se procedió a verificar su contenido, para lo cual se logra apreciar lo que a continuación se transcribe’.

“Las llamadas se transcribieron en 42 hojas tamaño oficio y, desde el inicio, deja en claro que se trata del Estado de México.

“- Entonces la situación es que andan sobre varias cabezas. Acá también en el estado.

“- Ajá.

“- Hay algunos cambios, Fabián dice que se iba para el Distrito Federal, Pepe Manzur. El licenciado y los (…) se presentaro hoy. Y ya les marcaron un arraigo. Aunque es domiciliar, él está muy bien, el pedo es que tu hermano, bueno pus habló mucho y lo puso pero gacho a él.

“- Ajá, ajá.

“- La cosa es desafanar la bronca y que se desafane la mayoría.

“El ‘Pepe Manzur’ al que se hace alusión en la página dos de ese documento es José Manzur Ocaña, ex delegado de la PGR en el Estado de México. Como referencia, valga recordar que es medio hermano de José Manzur Quiroga, actual presidente de la Legislatura del Estado de México, así como ex subsecretario general de Gobierno en os sexenios de Peña y de Arturo Montiel.

“Aunque prácticamente en cada una de las páginas se hace alusión al Estado de México, es al llegar a las primeras líneas de la página 14 cuando aparece pleno el tema de la ejecución de los cuatro escoltas de la familia Peña Pretelini:

“- Nada más Manzur. Hay la posibilidad de que se vaya a Veracruz. Pero con éste, Miguel (Fidel) Herrera, lo pidió para allá por una chamba especial que se hizo para el gobernador.

“- Ajá, ajá –responde Eduardo.

“- Entonces, pues, le dan en la madre a los de seguridad de Peña Nieto.

“- Sí, sí, sí –lacónica es la respuesta de Eduardo.

“Más claro ni el agua: el Estado de México mató a los escoltas de Mónica. Mató los últimos momentos que de ella se pudieran recrear.

“Paradójicamente, no hay nada claro. De cara a los comicios presidenciales de 2012, Enrique Peña Nieto tiene tras de sí algo más que una profecía, una noble estirpe política y religiosa y la fuerza del Grupo Atlacomulco. El ex gobernador que ha sabido explotar su imagen de galán de telenovela, particularmente entre las mujeres para ganar popularidad, necesitará mucho más olfato y pericia de los que ha demostrado para conseguir sortear los escollos que ha ido poniéndole en el camino su propio pasado. Llegar vivo a las elecciones, pese a los escándalos y a lo que aún permanece oculto, es el reto de Peña. Que no lo logre es la esperanza de las huestes lopezobradoristas

La biografía no autorizada de Andrés Manuel López Obrador

* Obrador no puede confiar ni siquiera en sí mismo. Y menos cuando, a tres semanas de iniciadas las campañas, un libro de investigación periodística lo desnuda lo más que puede. Si hace tres años hubo una biografía no autorizada sobre el sobrino de Arturo Montiel, hoy es el turno del candidato perredista, quien en la pluma del periodista Francisco Cruz leerá sus propios “Mitos, Mentiras y Secretos: la biografía no autorizada: AMLO”. Cruz, autor además de El Cártel de Juárez, Tierra Narca, Negocios de Familia y las Concesiones del Poder”, se ha convertido en el biógrafo más riguroso de los personajes políticos del país.

 

Miguel Alvarado

El negocio del poder en México encuentra su jauja en las elecciones, donde todo se reactiva. La economía se mueve, los militantes deben cumplir con una cuota de acarreados y hasta los candidatos deben al menos leer o improvisar sus discursos, unos cada vez más parecidos a otros. Una maquinaria que incluye gastos oficiales por 320 millones de pesos en promedio, por partido, y poco más del doble en aportaciones militantes muy discretas y apoyos de amigos y compadres, es puesta a disposición de los interesados. La guerra de descalificaciones ha conseguido, por lo pronto, entretener a algunos que no encuentran lógica ni sinceridad en las propuestas presidenciales ni en los nombramientos para cargos locales. Las propuestas del priista Peña Nieto, de la panista Vázquez y del perredista Obrador no pueden ser menos efectivas, apelar al convencimiento. Y Quadri naufraga en la sombra dentada de la maestra Gordillo, que por hoy se conforma con el 2 por ciento de los votos. De cualquier forma, la lideresa asegura con el que gane un coto de poder imposible de ignorar desde la cúpula del sindicato magisterial.

Los tres principales están en todo y aparecen en todas partes, incluso si no los llaman. Aquella Mesa de la Verdad, convocada para un debate molero encabezado por personajes de segundo cuadro sólo mostró el vacío en el que se desarrollan las actividades mentales primarias de los equipos que cobijan a los aspirantes. Aristegui, la periodista, invitó a Peña Nieto a su programa, pero éste prefirió las preguntas de farándula de Maxime Woodside, una consejera espiritual para amas de casa especializada en la buena vibra y las vidas ajenas. Para el priista, la estancia con Woodside significó una colección de piropos. “El galán de galanes”, como lo llamaron allí, también ha encontrado aliados significativos que lo mismo aparecen en televisión que usan las redes sociales para decir cosas como que “en la SEP, Josefina Vázquez generó un gasto al erario de 11 mmdp”. El autor, el ex procurador mexiquense Alfonso Navarrete Prida, se luce con datos de primera mano y aporta su granito de arena en esa aberración que ellos llaman defensa de la legalidad.

Si la opción de Felipe Calderón es Enrique, sólo el presidente lo sabe. Mientras, su propia abanderada, Josefina Vázquez, debe atenerse al arrojo e inteligencia de su comandante en jefe, el cerebro de su campaña de lodo Antonio Solá, de quien su equipo opina que le sobran capacidades pero que en esta elección le hace falta candidato.

Josefina sufre porque quiere. Sabe que puede usar el arsenal presidencial y dar alcance al de Atlacomulco aunque sea con encuestas pagadas, pero también es paciente aunque poco le ayudan los alcaldes panistas metidos a narcos en sus ratos libres o aspirantes a diputadas federales balconeadas con fotos de desnudos en internet.

El otro, López Obrador, adelanta en las encuestas copeteadas, a pesar de él mismo. María de las Heras le publica muy discreta que ha empatado el segundo lugar, con 23 por ciento y algunos ya le vaticinan que Vázquez caerá, “aiga sido como aiga sido”. Peña, de quien no se sabe si es amigo, enemigo o al menos rival o aliado electoral, puntea cómodamente con 37 por ciento. Mitofsky, la otra agencia encuestadora, señala que nada es como lo pinta la señora María y que peña tiene 50 puntos mientras que Vázquez y Obrador alcanzan 28 y 21 por ciento, respectivamente.

Pero Obrador no puede confiar ni siquiera en sí mismo. Y menos cuando, a tres semanas de iniciadas las campañas, un libro de investigación periodística lo desnuda lo más que puede. Si hace tres años hubo una biografía no autorizada sobre el sobrino de Arturo Montiel, hoy es el turno del candidato perredista, quien en la pluma del periodista Francisco Cruz leerá sus propios “Mitos, Mentiras y Secretos: la biografía no autorizada: AMLO”. Cruz, autor además de El Cártel de Juárez, Tierra Narca, Negocios de Familia y las Concesiones del Poder”, se ha convertido en el biógrafo más riguroso de los personajes políticos del país y bajo el sello de Editorial Planeta y en 320 páginas, apunta para López Obrador que “al margen de la descomposición moral e ideológica del PRD, del canibalismo de las tribus perredistas y de los escándalos relacionados con su primer círculo de colaboradores y con su familia, Andrés Manuel López Obrador tiene, de nueva cuenta, su propio futuro en las manos. Durante casi 15 años ha mantenido ocupados, al punto de desquiciarlos, a los hacedores de opinión; ha irritado a los intelectuales de derecha, ha inquietado profundamente a los dueños del dinero pero también ha cautivado a un gran número de electores. Se simpatiza con AMLO o se le detesta. No hay más. Son las dos caras de una moneda que ya ha sido lanzada al aire y con MORENA se está jugando el todo por el todo. MORENA reprobó su primer gran examen en los comicios del Edomex en 2011: prometió 3 millones de votos t sólo aportó 130 mil. Ocho de cada 10 morenistas eran inventados. Mafias policiacas se consolidaron, se ampliaron y garantizaron su relevo generacional a la llegada de AMLO al gobierno del DF”.

Así es como Cruz presenta su libro, el cual, sin embargo, tiene varios invitados entre las páginas dedicadas al Peje. Uno de ellos es Enrique Peña, a quien se considera el enemigo a vence para el tabasqueño. Sobre el mexiquense, se aborda el tema de los escoltas asesinados en Veracruz, cuya muerte se vincula a una serie de llamadas realizadas entre narcotraficantes del Edomex y policías de la misma PGR en la delegación estatal. Cruz establece una hipótesis sobre los cuatro guardaespaldas muertos, quienes fueron además guardias personales de Mónica Pretelini, la primera esposa de Peña Nieto y muerta en circunstancias trágicas en el 2007.

La historia que concluye Francisco Cruz es asombrosa. La clase política mexicana no es lo que parece, eso ya se sabe, pero más increíble resulta que en el caso de Veracruz se puede atisbar en la penumbra de las historias oficiales que cubrieron aquello con la versión de sicarios despistados. Un extraño panel presentará aquel libro. Alejandro Encinas, aspirante del PRD a la gubernatura del Edomex en el 2011 y ahora candidato a senador, comentará el trabajo junto con Bernardo Barranco, ex consejero electoral del PRD. Brazos derechos e izquierdos de López Obrador se apuntaron.

Fue Humberto Benítez Treviño, el mismo que hoy ataca con acritud el clima de inseguridad en todo el país desde la tribuna de una diputación federal, y que en ese tiempo era el secretario de Gobierno mexiquense, quien informó que “los hijos de Peña Nieto se encuentran fuera de peligro y por la mañana regresaron a Toluca”, y que aquello era una “confusión entre narcotraficantes”.

El candidato mexiquense se empeña, por otro lado, en darle lustre a su vida privada, que resulta demasiado expuesta y que le permite incluso decir que, junto a su actual esposa, la actriz Angélica Rivera, busca un bebé. Los asesores de Peña recomendaron que se filtrara que la pareja acude a la con el experto en infertilidad Alberto Kably Ambe, director de la Unidad de Reproducción Asistida del Centro Especializado para la Atención de la Mujer en el Hospital Ángeles de las Lomas, pero para darle mayor relevancia, también visitan un consultorio en Nueva York. La vida pública para el candidato transcurre plácida, rodeado de quienes lo necesitan. Las propuestas de gobierno se pierden en la maraña cotidiana de una campaña que todavía no encuentra pies aunque estire la cabeza.

Peña, Vázquez y Obrador han optado por prometer algo que va más allá de lo ambiguo. El priista usa palabras como “nobleza” o “cumplimiento”, pero no se sabe qué significan para él. La panista adoptó la palabra “diferente” y la frase de “los pantalones bien puestos”, que la ubican en el mismo reino de lo indeterminado. Y Obrador se decidió por “AMLOVE”, atractiva, ingeniosa pero hueca porque necesita, como las otras, un contexto para que adquiera matices y profundidad.

Jorge y El Gato

* A casi 25 años del crimen, el expediente del caso Félix está en espera de ser reabierto donde Jorge Hank Rhon es señalado como el autor intelectual del abominable crimen que pesa como una mancha en la justicia mexicana.

 

José Martínez

Un 20 de abril de hace 24 años, el periodista Héctor Félix Miranda –al que popularmente se le conocía como “El Gato” Félix– fue asesinado por órdenes de Jorge Hank Rhon. Los autores materiales se encuentran en prisión cumpliendo una condena de 27 años, pero el autor intelectual aún se encuentra libre. Ya es hora de que la justicia haga algo porque todo parece apuntar a que el autor intelectual se salga con la suya, pues es evidente que de triunfar en las elecciones presidenciales el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, ofrezca protección a su amigo Jorge Hank.

Es de sobra conocido que como gobernador del Estado de México, Peña Nieto autorizó a la Procuraduría de Justicia de esa entidad para que fuera la instancia que proporcionara armas y “charolas” de policías judiciales a los escoltas de Jorge Hank.

El presidente Carlos Salinas de Gortari debería ser llamado a rendir cuentas por la justicia mexicana porque él, directamente, se encargó de proteger al hijo del profesor Carlos Hank González, quien fue una estrella rutilante en el gabinete de Salinas. El ex presidente Salinas usó la fuerza del Estado para que el crimen de Félix Miranda no “manchara” el “honor” de los Hank, cuando todo México sabe que los Hank son los Carleone mexicanos.

En los últimos días, un ex reportero del semanario Zeta, Antonio Heras, y el equipo editorial de esa publicación, que encabeza la periodista Adela Navarro han recibido amenazas provenientes de las mafias del narcotráfico. El semanario Zeta de Tijuana ha pasado desde su fundación un calvario de ataques sistemáticos. Hoy atraviesa una de esas crisis, por lo que un número indeterminado de organizaciones defensoras de la libertad de expresión y de los derechos humanos se han solidarizado con los periodistas de Zeta y han exigido del gobierno mexicano su intervención.

Zeta es el ejemplo emblemático de los ataques a la libertad de expresión en nuestro país. Tal vez ningún medio ha padecido las consecuencias que este semanario ha sufrido por mantener su política editorial aún a costa de la vida de dos de sus editores y un atentado que casi le cuesta la vida a Jesús Blancornelas, el director fundador de esta publicación, cuyo lema se resume en las siguientes palabras: “Libre como el viento”.

Después de cinco lustros, Zeta sigue esperando que se haga justicia en el caso de Héctor Félix Miranda y otro tanto en el caso del artero crimen del editor Francisco Ortiz Franco. En efecto, el 11 de marzo de 1997, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), recibió una denuncia presentada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en la que imputa responsabilidad internacional a los Estados Unidos Mexicanos por la falta de una investigación exhaustiva en el caso del asesinato del periodista Héctor Félix Miranda, ocurrido el 20 de abril de 1988.

Los peticionarios denuncian la violación de varios derechos consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos: a la vida (artículo 4); a la integridad personal (artículo 5); a las garantías judiciales (artículo 8); a la igualdad ante la ley (artículo 24); y a la protección judicial (artículo 25).

El Estado argumentó inicialmente que la petición se había presentado fuera del plazo de seis meses establecido en el artículo 46(1)(b) de la Convención Americana, y se refirió en tal sentido a la fecha de las sentencias definitivas en los juicios contra Antonio Vera Palestina (27 de marzo de 1991) y Victoriano Medina Moreno (23 de agosto de 1989).

Igualmente, manifestó el Estado que la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México (CNDH) había abierto un expediente el 10 de septiembre de 1990, y que las conclusiones finales fueron notificadas a los representantes de la víctima el 17 de julio de 1992.

Al respecto, la CIDH observó que la petición no se refiere al castigo de los señores Vera Palestina y Medina Moreno, sino a la falta de investigación por los órganos del Estado mexicano de la existencia de autor o autores intelectuales, a pesar de que –a criterio de los peticionarios– había suficientes elementos para ello. Por otro lado, el Estado indicó en una comunicación posterior que “las autoridades siguen investigando la posibilidad de una tercera persona involucrada”, como parte de su argumento sobre la falta de agotamiento de los recursos internos. En la misma comunicación, que contradice la posición anterior del Estado, éste omitió toda referencia a su argumento sobre la presentación extemporánea de la petición. Por lo tanto, la CIDH desestimó la respectiva objeción del Estado, y concluyó que el artículo 46(1)(b) de la Convención Americana no es aplicable al presente caso.

En su comunicación del 29 de abril de 1998, el Estado sostuvo que la petición no cumplía con el requisito del artículo 46(1)(a) de la Convención Americana sobre agotamiento de los recursos de la jurisdicción interna. Al respecto, indicó: “Debido a la importancia que las autoridades y la sociedad mexicana otorgan al total esclarecimiento de cualquier delito cometido en contra de un periodista, la investigación aún no ha sido cerrada… ante la perspicacia y dudas manifestadas por los peticionarios de que los hoy sentenciados no hayan sido los autores intelectuales de la comisión del citado ilícito [las autoridades] han realizado diversas diligencias y actuaciones con el fin de disipar cualquier duda sobre las conclusiones arrojadas tanto por las investigaciones como por el propio proceso penal respectivo”.

A efecto de precisar la posición de las partes en el presente caso, la Comisión observó que los peticionarios no se han expresado de manera dubitativa, como surge del texto de la denuncia trasladada al Estado mexicano: “El hecho de que la investigación se haya interrumpido luego de la captura de los autores materiales y no se haya investigado la instancia intelectual… significa que hubo ‘tolerancia’ de parte del poder público, hecho que quedó reflejado que en los últimos años (sic), a pesar de que el caso permanece legalmente abierto, no se hicieron mayores avances para esclarecer el crimen”.

Una de las excepciones a la regla del agotamiento de los recursos internos es, precisamente, el retardo injustificado en la decisión sobre los mismos. El asesinato del señor Héctor Félix Miranda se produjo en abril de 1988, y en los tres años posteriores los órganos jurisdiccionales internos procesaron y condenaron a los autores materiales. Sin embargo, el expediente no revela la misma celeridad para establecer la autoría intelectual. El hecho de mantener abierta la investigación durante un plazo tan holgado como el transcurrido desde que ocurrieron los hechos hasta la fecha no demuestra, en sí mismo, la voluntad de establecer de manera plena la responsabilidad, ni de solucionar el caso. Por el contrario, la CIDH considera que si las autoridades mexicanas tienen elementos suficientes para continuar la investigación, en la que no se evidencia complejidad alguna, el plazo de diez años transcurrido desde el asesinato es evidentemente irrazonable. La Comisión determinó en consecuencia que se ha producido un retardo injustificado en la decisión sobre este caso, y le aplica la excepción del artículo 46(2)(c) de la Convención Americana. Esta cuestión deberá ser analizada con mayor detalle en la sección sobre el derecho a las garantías judiciales.

Independientemente de las actuaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el caso del asesinato de Héctor Félix Miranda, el tema de Jorge Hank Rhon siempre ha estado vinculado con actividades criminales. Ha sido declarado “indeseable” por el gobierno de Estados Unidos, por lo que desde hace tres años le fue cancelada su visa de forma indefinida.

Desde mediados de los noventa la DEA, el FBI, el Departamento del Tesoro, el Servicio de Inmigración y el Servicio de Aduanas abrieron investigaciones conjuntas en la llamada Operación Tigre Blanco, que lo vinculaban a los cárteles de la droga mexicanos, específicamente el clan de los Arellano Félix y el referente al del desaparecido Amado Carrillo Fuentes, mejor conocido como “El Señor de los cielos”.

Sin embargo, la sombra que lo ha seguido en toda su vida ha sido la del periodista Héctor Félix Miranda. De acuerdo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sólo con una “falla” en el expediente, es decir, en la integración de la averiguación sobre el asesinato del periodista Héctor Félix Miranda, se podría reabrir el caso de este crimen que fue archivado por decisión política del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. El motivo: Jorge Hank Rhon, hijo menor del que fuera el mítico Carlos Hank González, ha sido permanentemente señalado como autor intelectual.

Después de 16 años, en el 2004, la presión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –dependiente de la Organización de Estados Americanos– a instancias de la Sociedad Interamericana de Prensa había logrado obtener del gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, la aprobación para que un grupo independiente de peritos y abogados revisaran el expediente, bajo la única condición de que por el simple hecho de encontrar alguna “falla” en la integración de la averiguación, se permitiría reabrir el caso, mismo que había sido “cerrado” luego de la detención de dos de los autores materiales.

“Todo apunta al hipódromo”, dijo en su momento Ernesto Ruffo, el primer gobernador de extracción panista. El atentado tuvo lugar el 20 de abril de 1988, en el ocaso del gobierno del presidente Miguel de la Madrid, cuatro años después del cobarde crimen de Manuel Buendía.

En el asesinato de “El Gato” Félix, las autoridades estatales sentenciaron a 27 años de prisión a Antonio Vera Palestina, quien había sido celoso guardaespaldas del profesor Hank, quien lo mandó comisionado a Tijuana a resguardar la seguridad de Jorge Hank Rhon. En abril de 2004, un grupo de peritos y abogados de la CIDH se trasladaron a Tijuana para analizar las más de 14 mil hojas del expediente, aunque la revisión que presumiblemente se llevaría una semana en la que revisarían los documentos, al final resultaría una tarea que requeriría de varios años.

Para los editores del semanario Zeta, el crimen de “El Gato” Félix debe reabrirse porque aún están libres los autores intelectuales. Así, bajo el encabezado de la que fuera la columna periodística de “El Gato” Félix, Un Poco de Algo, sus compañeros de Zeta dedican semana a semana una página en señal de luto donde exponen lo siguiente:

“Jorge Hank Rhon: ¿Por qué me asesinó tu guardaespaldas Antonio Vera Palestina? Lic. José Guadalupe Osuna Millán. Los ex gobernadores Lic. Xicoténcatl Leyva, Ing. Óscar Baylón Chacón, Lic. Héctor Terán Terán y Lic. Alejandro González Alcocer, no quisieron ordenar la captura de los que planearon asesinarme.

“El Lic. Ernesto Ruffo Appel sí pudo encarcelar al que me mató, y dijo que en este caso ‘todos los caminos conducen al Hipódromo de Agua Caliente’. ¿Podrá su gobierno capturar a los que ordenaron mi crimen? Héctor ‘Gato’ Félix Miranda.

“Esta plana aparecerá cada semana hasta que se aclare y detenga a los autores del asesinato de Héctor Félix Miranda”.

Como se recordará, Jesús Blancornelas y Héctor “El Gato” Félix formaron una mancuerna explosiva. Los dos trabajaron juntos en el periódico ABC, donde protagonizaron uno de los episodios más combativos del periodismo de las últimas décadas, al confrontar los excesos del poder, el centralismo del gobierno, la subordinación de los gobernantes a Estados Unidos, el nepotismo, la corrupción política y empresarial, además de que denunciaron a los grupos de presión y enarbolaron la defensa de las causas populares, hasta llegar a convertirse en los verdaderos voceros de la sociedad civil.

Cuando llegó a Tijuana, Jorge Hank Rhon era un ilustre desconocido y buscó a “El Gato” Félix que era el periodista más leído en esa parte de la frontera, para que lo hiciera un personaje popular. Gracias a las columnas de “El Gato” Félix dejó de ser “el hijo del profesor” para convertirse, ahora sí, en el ingeniero Jorge Hank Rhon.

Contaba el periodista Jesús Blancornelas que “las fiestas de Jorge eran famosas y Héctor se encargó de hacerlas más; bautizó al joven Hank Rhon como “El Pirrurris” y le llamó ‘el hijo de papi’; y así como lo escribía lo entendía el hijo del profesor: era pura buena onda. Por eso, la amistad entre los dos creció y se afianzó”.

Blancornelas afirmaba que en el proyecto periodístico que ambos compartían jamás le pidió cuentas de lo que escribía, ni tampoco “El Gato” a él. “Cuando me decían que ‘El Gato’ era grosero, que no gustaba lo que escribía, a los quejosos les sugería que se lo dijeran a él mismo.

“Y era muy leído. A las señoronas de sociedad les encantaba; ellas, igual que los pobretones, le hablaban para contarle lo mismo chismes de fulanita o zutanita, que para mentarle la madre a cierto policía que se distinguía por transa; le hablaban para compartirle chistes acerca del gobernador o del Presidente.

“Félix escribía lo que muchos querían decir y no podían. De ser una simple columnita, la suya pasó a ser una plana, y el día menos pensado hasta dos.

“Funcionarios y gente conocida condenaron que era muy ‘mandado’, que se le debía quitar del periódico. Pero todos lo leían, y cuando no se publicaba la columna, ellos eran los que reclamaban”.

Y fue justamente por eso que la historia del crimen del periodista Héctor Félix Miranda está ligada al Hipódromo de Agua Caliente. Antonio Vera Palestina, jefe de guardaespaldas de Jorge Hank perteneció al escuadrón del Grupo Jaguar, adscrito a la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia, la temible DIPD que comandaba el sanguinario Francisco Sahagún Baca, incondicional del “general” Arturo Durazo Moreno, cuyo jefe inmediato era el profesor en su calidad de regente del Distrito Federal, durante el sexenio de José López Portillo.

Al servicio de Jorge Hank Rhon, del que era como su sombra, Vera Palestina creó un cuerpo especial de seguridad integrado por agentes de varias corporaciones, cuyo rasgo en común era estar adiestrados para matar –ante la más mínima provocación–, para proteger a su jefe.

El cachorro

* El Grupo Atlacomulco desde su creación ha operado subrepticiamente y, a lo largo de décadas, ha mantenido los lazos internos que le han dado cohesión política, de tal forma que ahora está a punto de llegar a la cúspide. Los integrantes del grupo siempre han estado en distintas partes del poder y sus lazos son evidentes, aunque muchos de ellos suelen negarlo y responden con ironía cuando son cuestionados.

 

José Martínez/ Luces del Siglo

Cancún, Q. Roo. Enrique Peña Nieto podría ser el primer presidente de México surgido del Grupo Atlacomulco. Antes, hace 30 años en 1982, el profesor Carlos Hank González lo intentó, pero por razones jurídicas no lo logró. El padrino del Grupo Atlacomulco ni siquiera pudo ser postulado porque el artículo 82 de la Constitución impedía que hijos de extranjeros pudieran gobernar el país. Ahora Peña Nieto es visto como el hijo pródigo de esta nomenklatura con la que el PRI espera arrebatar el poder al aún gobernante Partido Acción Nacional.

Tan pronto como Peña Nieto fue registrado el pasado 27 de noviembre como precandidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional, con miras a las elecciones presidenciales del 2012, el PRI fue tomado por asalto por sus huestes, las cuales han comenzado a repartirse los cargos partidistas para asumir el control del tricolor.

El Grupo Atlacomulco desde su creación ha operado subrepticiamente y, a lo largo de décadas, ha mantenido los lazos internos que le han dado cohesión política, de tal forma que ahora está a punto de llegar a la cúspide. Los integrantes del grupo siempre han estado en distintas partes del poder y sus lazos son evidentes, aunque muchos de ellos suelen negarlo y responden con ironía cuando son cuestionados.

Este grupo extiende sus ramas mediante lazos familiares y va más allá de los simples negocios, hechos al amparo del poder, sin que las autoridades del país muchas veces se molesten en investigarlos, como ocurrió recientemente con Jorge Hank Rhon, en Tijuana, quien mantiene una cercanía muy estrecha con Enrique Peña Nieto.

El aspirante del PRI a suceder a Felipe Calderón en la Presidencia de la República es descendiente de un afamado cacique del Estado de México: Severiano Peña, quien fue presidente municipal de Acambay, durante cuatro periodos (1914, 1916, 1921 y 1923).

Enrique Peña Nieto es familiar, tanto por parte de su madre como por la de su padre, de dos ex gobernadores: por su padre, Gilberto Enrique Peña del Mazo, quien era pariente de Alfredo del Mazo González, el consentido del jerarca Fidel Velázquez, y su madre, María del Perpetuo Socorro

Ofelia Nieto Sánchez, era hija de Constantino Enrique Nieto Montiel, familiar del ex gobernador Arturo Montiel Rojas, quien le disputó la candidatura presidencial a Roberto Madrazo, otro miembro de ese grupo fáctico y quien lo exhibió como un depredador del erario durante su gestión como gobernador.

Con Enrique Peña Nieto, el PRI espera recuperar el poder. Sería esta la primera ocasión, de ganar las elecciones presidenciales de 2012, que el Grupo Atlacomulco tuviera un presidente surgido de sus entrañas, con todo lo que ello representa.

 

La historia

 

Cuando surgió el Grupo Atlacomulco se vivían los últimos resquicios del México bronco. Era el año de 1942 y a pesar de la retórica del discurso oficial de que se había pasado de la época de los caudillos a un país de instituciones, la política a nivel local seguía siendo manejada por algunos caciques. Tan fue así que el fundador de ese grupo, Isidro Fabela, asumió el cargo en medio de una feroz disputa por el poder tras el asesinato del gobernador del Estado de México, Alfredo Zárate Albarrán a manos del diputado Fernando Ortiz Rubio, líder de la XXXV Legislatura local.

El asesino era sobrino del michoacano Pascual Ortiz Rubio, impuesto por el jefe máximo Plutarco Elías Calles como presidente provisional en 1929, tras el asesinato de Álvaro Obregón, mientras se convocaba a nuevas elecciones donde el Partido Nacional Revolucionario (PNR) hizo su primera aparición.

Tierra de hombres broncos, el Estado de México incubó la violencia como parte de las pugnas y las alianzas políticas. El internacionalista Isidro Fabela vivía en Europa, representando al país. Era un jurista connotado que estaba más allá del bien y del mal; pero su amigo, el presidente Manuel Ávila Camacho, reclamaba su presencia en México. Era urgente que Fabela ayudara a su jefe, ya que el Estado de México se encontraba dividido entre los diferentes grupos políticos que amenazaban con la desaparición de poderes en el estado, lo que afectaba la estabilidad del país.

El gobernador Zárate Albarrán – de origen humilde, que fue vigilante de cantina, pero cuyos méritos revolucionarios en las filas zapatistas lo llevaron al poder – fue asesinado por un descendiente de los Cachorros de la Revolución. De alguna forma la víctima y el asesino compartían intereses políticos y económicos, hasta los unían lazos familiares.

Pero la disputa por el poder los enfrentó. En la fiesta del cumpleaños del gobernador Zárate Albarrán, su socio, Fernando Ortiz Rubio, líder del Congreso local, se metió la mano a su cintura, sacó una pistola y le disparó a bocajarro. Tres días después falleció Zárate Albarrán, que había sido electo por el Partido Socialista del Trabajo del Estado de México para el periodo 1941-1945 y apenas duró algunos meses como gobernador.

El partido que impulsó a Zárate Albarrán fue fundado antes que el PNR y prevaleció como una organización relativamente independiente hasta la transformación del Partido de la Revolución Mexicana en el sexenio de Lázaro Cárdenas, el PRM después se transformaría en el PRI.

Albarrán fue sustituido por Isidro Fabela dando paso a una nueva etapa, la del Grupo Atlacomulco. Fabela fue convencido de asumir el cargo por Ávila Camacho y recibió el apoyo incondicional del secretario de Gobernación, Miguel Alemán Valdés, para apaciguar a los grupos y meterlos al orden. El diplomático fue “escogido” por su distanciamiento y porque representaba a otra clase y no comprometía la política con los grupos locales.

Como la Constitución del estado exigía que en caso de que hubiera un gobernador interino éste tenía que convocar a nuevas elecciones, Fabela le puso como condición al presidente Ávila Camacho que lo apoyara para continuar los cuatro años que le correspondían a su antecesor. La petición le fue concedida.

El patriarca del Grupo Atlacomulco impuso sus reglas, recurriendo a la mano dura para apaciguar a los inconformes. Después de tomar posesión como gobernador sustituto, el 16 de marzo de 1942, Fabela, a los ocho días de su incipiente mandato, dio un “fabelazo” al liquidar a los miembros del Tribunal Superior de Justicia, pasando por encima del Poder Legislativo.

La víspera, Fabela había pactado con los diputados para que lo apoyaran mediante un acuerdo fast track y lo ratificaran como gobernador. Los legisladores modificaron la Constitución local a cambio de canonjías y prebendas.

Ya con el nombramiento en el bolsillo, Fabela incumplió con el pacto. Surgió el descontento. Los diputados le reclamaron su “palabra de honor” y al sentirse burlados se presentaron armados a las sesiones del Congreso para hacer valer los acuerdos por la vía de la fuerza. No hubo arreglo. Fabela recurrió a la policía para controlarlos. A los diputados más radicales los desaforó.

Los estudiantes que cuestionaron la mano dura del gobernador interino también sufrieron las consecuencias. Fabela los encarceló. No fue el caso del joven Carlos Hank González, que se ganó el afecto y el padrinazgo del gobernador, al que había deslumbrado con sus apasionadas dotes de orador.

Para justificar su “mano dura”, Fabela argumentó que era víctima de una “conspiración” de los grupos inconformes, especialmente de los diputados que inútilmente buscaron fincarle un juicio político por los excesos en que estaba incurriendo. El apoyo presidencial – mediante– y toda la fuerza del aparato del Estado proyectaron a Isidro Fabela como un político aliado al nuevo estilo de gobernar. Su posición se consolidó con la asunción de Miguel Alemán Valdés a la Presidencia y alcanzó incluso al gobierno de Adolfo López Mateos, su coterráneo.

Ésos fueron los pilares que dieron origen al ahora mítico Grupo Atlacomulco con algunas fisuras y disputas nternas.

 

Las disputas

 

El nombre de Grupo Atlacomulco fue impuesto a mediados de los 50 por el periodista Gregorio Ortega, basado en la prolongación en que se mantuvieron tres conspicuos políticos oriundos de ese lugar y que mediaron su influencia sucesivamente, entre 1942 y 1957: Fabela, Alfredo del Mazo Vélez y Salvador Sánchez Colín. Antes se les conocía como “los hombres de Atlacomulco”.

El Grupo Atlacomulco se convirtió en una leyenda y el Estado de México siguió siendo escenario de disputas entre los grupos políticos. Han sido tres los grupos más poderosos, los que conformaron Fabela, Gustavo Baz Prada y Carlos Hank González. El Grupo de Gustavo Baz alcanzó el poder con el apoyo del presidente Adolfo Ruiz Cortines, al acceder a la gubernatura en 1957. Baz quiso ser el sucesor de Zárate Albarrán cuando era miembro del gabinete de Ávila Camacho, pero éste no lo apoyó en sus aspiraciones porque temía un mayor enfrentamiento con los grupos.

Ruiz Cortines tomó la decisión de designar a Baz para evitar que resurgiera el Grupo Atlacomulco, que alcanzó su máximo esplendor en el alemanismo. Baz lucía credenciales importantes para hacerle contrapeso a Fabela ya que había sido rector de la Universidad Nacional Autónoma de México y tenía a su favor la experiencia y el prestigio necesarios para contrarrestar cualquier cacicazgo.

Así, Baz, que ya había sido gobernador en 1914 a los 20 años, en representación de las fuerzas zapatistas, con el apoyo de Ruiz Cortines, se convirtió en el gran liquidador del Grupo Atlacomulco.

En su segunda oportunidad, la tentación del poder terminó por apoderarse de Baz, que quiso imitar a Fabela tratando de imponer a uno de los suyos, a Jorge Jiménez Cantú, secretario general de su gobierno. Sin embargo, el gobierno federal no convalidó la propuesta de Baz, por lo que al concluir su mandato en 1963, el presidente Adolfo López Mateos optó por entregar la estafeta del Estado de México a Juan Fernández Albarrán que estaba alejado de los grupos locales y a los que tenía bien identificados, pues en su gabinete había dos conspicuos fabelistas: Alfredo del Mazo Vélez, como titular de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, y Roberto Barrios, jefe del Departamento de Asuntos Agrarios.

El gobierno de Fernández Albarrán fue de transición, pues perteneció al equipo del gobernador Wenceslao Labra, que en la década de los 30 llegó, con el apoyo de Lázaro Cárdenas, antes de que Fabela sentara sus reales.

Los mayores méritos de Fernández Albarrán – que gobernó de 1963 a 1969 – en la política local fueron los de ocupar el cargo de alcalde de Toluca y secretario general de Gobierno, ambos en el mandato de Wenceslao Labra. Cuando fue destapado para gobernador se desempeñaba como secretario general del Comité Ejecutivo Nacional del PRI.

A mediados de los sesenta se avecinaban nuevos tiempos y el país empezaba a cambiar. México experimentaba una creciente tensión social en busca de una apertura política. Gustavo Díaz Ordaz se preparaba para asumir la presidencia de la República cuando el 12 de agosto de 1964 moría el patriarca del Grupo Atlacomulco, Isidro Fabela.

A su muerte, Hank se perfiló como el continuador de la obra del fundador del Grupo Atlacomulco. Un lustro después de la desaparición del patriarca, Hank González asumió la gubernatura. El antecesor de Hank, Fernández Albarrán, murió cuando éste apenas despuntaba en la gubernatura y, en 1975, cuando el profesor se encontraba en la cúspide de su carrera, otro miembro prominente del Grupo Atlacomulco, Alfredo del Mazo Vélez falleció y el viejo Gustavo Baz era recompensado con un escaño en la Cámara de Senadores. Había iniciado la nueva leyenda.

 

El grupo Hank

 

El Grupo Hank nació de la recomposición de fuerzas y grupos. El desaparecido profesor Carlos Hank González era un aspirante a político cuando Isidro Fabela fue gobernador. Se ganó la confianza y la simpatía de éste, por lo que contó mucho su recomendación para que lo cobijaran los continuadores de su obra.

En esos tiempos como el joven Hank era un inexperto, empezó a colocarse en algunos trabajos burocráticos y aprovechó algunos contactos para conseguir el cargo de jefe del Departamento de Secundarias, después lo rescató el gobernador Salvador Sánchez Colín quien le dio su primera encomienda en la Oficina de Juntas de Mejoramiento Cívico y Material para pasar a la Tesorería de Toluca. Después de cuatro años de fogueo en la burocracia, Hank recibió su primera oportunidad política al ser electo, en 1955, presidente municipal de la capital mexiquense, empezando a tejer sus relaciones a nivel local. Al concluir su gestión como alcalde, en 1958, el candidato a la Presidencia, Adolfo López Mateos, lo incluyó en las listas para diputado federal. Hank allí trabó nuevas relaciones que luego se consolidarían en su ambición por escalar la cúspide del poder. Integrante de la XLIV Legislatura de la Cámara de Diputados, compartió gustos y afinidades con el hidrocálido Enrique Olivares Santana, el tamaulipeco Emilio Martínez Manatou y el sinaloense Leopoldo Sánchez Celis. En ese lapso (1958-1961) fue su mecenas Mariano López Mateos, hermano del Presidente, Adolfo López Mateos. La relación entre Hank y Mariano fueron los negocios que los vinculaban a Fabela.

Hank como diputado fue ambicioso, pero aún no alcanzaba a despegar como un político influyente. No fue un legislador que aglutinara simpatizantes. Fue uno más entre los priístas de nuevo cuño que se entrenaban en las ligas mayores de la política nacional, aunque su ambición era pasar al cargo de senador y luego a gobernador.

Su paso sin gloria por el Congreso no lo desanimó. Sus aspiraciones de convertirse en senador de la República no prosperaron y con dificultades logró obtener en 1961 –a la mitad de sexenio lopezmateísta– un puesto en la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO) como subgerente de ventas.

“El Profesor”, como se le llegó a conocer a Hank González, descubrió que la CONASUPO era una auténtica mina de oro. Desde ese cargo trabó relaciones con industriales como Chito Longoria, con el que realizó pingües negocios, mediante operaciones trianguladas con materias primas, especialmente con el maíz, sorgo y cártamo que se utilizan para la industrialización del aceite.

A punto de concluir el sexenio de Adolfo López Mateos, su hermano Mariano le solicitó al candidato Gustavo Díaz Ordaz que apoyara a Hank en sus aspiraciones para llegar a senador. No fue cumplido el capricho pero Hank fue compensado con un ascenso. El 4 de diciembre de 1964 – tres días después de que Díaz Ordaz asumiera su mandato – lo designó como director general de Conasupo.

“En Conasupo – contaría Hank – aprendí mucho más que si hubiera sido senador, pero pensé que allí terminaría mi carrera política. Las circunstancias me permitieron tener otras invitaciones a actuar en el servicio público. Acepté y lo hice con un gran gusto y enorme deseo de seguir adelante”.

Conasupo que fue su primer cargo que lo proyectó como funcionario de alto nivel pudo haber sido la tumba política de Hank. Sin embargo, más que tener planeado llegar a ser gobernador, Hank contempló la posibilidad de llegar a ocupar un cargo en el gabinete de su amigo Emilio Martínez Manatou, al que apoyó abiertamente como precandidato presidencial, pero Hank se confundió con las señales de Díaz Ordaz, quien impulsó a Luis Echeverría como sucesor.

Hank le apostó al candidato equivocado, quien había sido su compañero de curul años atrás. Echeverría le tenía preparado un expediente sobre sus manejos en Conasupo. Como jefe de seguridad nacional, Echeverría Álvarez estuvo al tanto del teje y maneje de los funcionarios, pero en un acto de amistad, hasta paternalista, Díaz Ordaz protegió a Hank al que destapó como candidato a gobernador.

Las disputas de Echeverría con Hank no eran meras elucubraciones. Se llegó a correr el rumor de que iba a “renunciarlo” tras el escándalo de Avándaro, pero su buena suerte y sus amigos Jiménez Cantú y López Portillo lo rescataron y Hank pudo seguir construyendo su leyenda.

 

De Fabela a Hank

 

Veintisiete años después de su primer contacto con Isidro Fabela, Hank vio cristalizar su sueño: ser gobernador del Estado de México. El primer contacto de Hank con Fabela fue impactante. Hank era un chiquillo que apenas había concluido sus estudios de secundaria gracias a una beca del gobierno. Fabela era el invitado de honor del pueblo de Atlacomulco, que le festejaba con una comida su designación como gobernador sustituto. El joven Hank fue escogido para pronunciar el discurso oficial que conmovió al político y diplomático.

El encuentro selló un pacto de amistad. Para Hank la amistad, la eficiencia y la lealtad siempre fueron el eje de su filosofía como político y empresario: “Para mí, la amistad es casi una religión” – dijo Hank cuando le preguntaron los periodistas sobre sus relaciones con amplias redes de políticos. La amistad era tan valiosa para él que logró establecerla con enemigos irreconciliables.

Así, cuando asumió su mandato como gobernador, hizo un reconocimiento a todos los grupos que lo antecedieron y formó un equipo híbrido con representantes de distintas tendencias. Incluyó lo mismo a fabelistas que bacistas y albarranistas, extendió sus redes a otros grupos ajenos a la entidad, dando cabida a políticos jóvenes y viejos colaboradores que de alguna forma pertenecieron a otras corrientes.

En la plenitud de su vida asumió el liderazgo local, cuando la influencia de sus antecesores estaba en declive y algunos habían renunciado a seguir en la política.

En efecto, la enemistad con Luis Echeverría lo obligó a fortalecer su grupo. Durante su mandato, Echeverría Álvarez se abstuvo de acudir a los informes del gobernador Hank y envió en un par de ocasiones al entonces secretario de Hacienda, José López Portillo. La relación Hank-José López Portillo no era en términos estrictos de amistad. Ambos se conocieron en el sexenio de Díaz Ordaz. López Portillo se desempeñaba como jefe del Departamento Jurídico de la Secretaría de la Presidencia, de la que era titular Martínez Manatou, ex compañero del profesor en la Cámara de Diputados.

A López Portillo le tocó asesorar y supervisar la transformación de Ceimsa en Conasupo. A eso se restringía su relación que al paso del tiempo sería significativa, pues cuando Hank concluía su mandato como gobernador, José López Portillo era destapado como candidato presidencial.

El choque con Echeverría no fue determinante para que Hank dejara de crecer. Más bien lo fortaleció, porque armó un grupo que le fue leal y le entregó resultados políticos que después contaron para impulsarlo a la regencia del Distrito Federal.

Un personaje clave en su relación frente a Echeverría fue Jorge Jiménez Cantú con el que había cosechado una relación de amistad, pues cuando Gustavo Baz Prada fue gobernador, Hank fungía como su subordinado directo. Jiménez Cantú ocupaba la Secretaría General de Gobierno y “El Profesor” la dirección general.

Al asumir la gubernatura, “El Profesor” designó a Jiménez Cantú como secretario general de su gobierno, aprovechando que éste era amigo personal de Echeverría y, mejor que nadie, su interlocutor ante el presidente. Sólo un año duró al lado de Hank el doctor Jiménez Cantú. Luis Echeverría Álvarez lo llamó para incorporarse a su gabinete como secretario de Salubridad y Asistencia, desde ahí el funcionario era el enlace y el “amortiguador” entre el gobernador y el presidente.

Hank cohesionó a un importante grupo de jóvenes políticos que ya apuntaban como prospectos de la alta política, entre ellos a Ignacio Pichardo Pagaza, que empezó con él como encargado de Finanzas, después lo nombraría como secretario general de Gobierno, lo mismo que a Emilio Chuayffet, como delegado del PRI, al que designó después como uno de sus colaboradores en el Departamento del Distrito Federal con el cargo de delegado político en la demarcación Benito Juárez. También apoyó la carrera de Humberto Benítez Treviño, que había sido dirigente juvenil del PRI y funcionario del Instituto de Acción Urbana e Integración Social.

Al mismo tiempo, Hank estrechaba sus relaciones con otros políticos, fortaleciendo su grupo. Entre ellos el ex gobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Celis, vinculado al equipo de Díaz Ordaz y al que designó como coordinador general del Consejo de Desarrollo Agrícola y Ganadero; y a Pedro Ramírez Vázquez en la Coordinación de Obras Públicas.

Al terminar su mandato como gobernador en 1975, Hank ya tenía las bases para consolidar a su grupo. El mismo López Portillo al asumir el poder a finales de 1976, reconoció la fuerza del grupo de Hank que sin haber sido su partidario lo tomó en cuenta, aunque lo hizo a última hora.

Echeverría sostuvo un encuentro ríspido con su sucesor al advertirle a José López Portillo la víspera del cambio de mando en el poder sobre las vinculaciones políticas del “Profesor” y los negocios al amparo del poder, por lo que le exigía que Hank no ocupara ningún cargo en el futuro gabinete.

 

La fuerza de Hank era innegable

 

En el sexenio de López Portillo, Hank desplegó toda su fuerza como líder y extendió sus redes políticas, recurriendo a la prensa para desarrollar una estrategia que lo proyectara a la cúspide del poder entrando en conflicto con otros grupos.

Después de sus discrepancias con el presidente Miguel de la Madrid, fue el presidente Carlos Salinas de Gortari quien lo sacó del ostracismo, lo incorporó a su gabinete como secretario de Turismo y luego lo transfirió a la titularidad de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, desde donde Hank hizo suculentos negocios “fuera de programa”.

Después, en la Secretaría de Agricultura Hank pretendió apoyar la designación de Ernesto Zedillo como candidato sustituto a la Presidencia de la República, recopiló 57 firmas de ex secretarios de Estado, algunos de ellos en funciones en el gabinete de Salinas o en cargos intermedios de la administración pública.

Finalmente “El Profesor” quedó fuera del equipo del doctor Zedillo e incluso, del departamento de Estado, por instrucciones de la Casa Blanca, que ordenó influir desde su embajada para que Zedillo no incluyera a Hank en su gabinete presidencial ante las denuncias de estar involucrado en negocios turbios.

Allí terminó la carrera del “Profesor”, quien falleció poco después, en agosto de 2001, pero el Grupo Atlacomulco se mantuvo latente, con disputas y reencuentros.

 

El regreso

 

En la última década, el Grupo Atlacomulco comenzó su reorganización tras el arribo del PAN al poder. Así, en los últimos seis años, desde la llegada de Enrique Peña Nieto a la gubernatura del Estado de México, comenzó la gestación de un nuevo proyecto político para el PRI desde las entrañas del Grupo Atlacomulco, quien de ganar las próximas elecciones presidenciales podría convertirse en el nuevo jefe de esa nomenklatura, dando paso a un relevo generacional de ese grupo que hasta ahora acapara las preferencias electorales, de acuerdo a las encuestas.

 

El perfil de Peña

 

Nació en Atlacomulco, Estado de México, el 20 de julio de 1966. Estudió Derecho en la Universidad Panamericana y una maestría en Administración de Empresas en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. A la edad de 18 años, es decir, en 1984, se afilió al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Entre 1986 y 1990 trabajó en un despacho jurídico y en la Notaría Pública Número 96 del Distrito Federal.

En 1990 fue secretario del Movimiento Ciudadano de la Zona I del Comité Directivo Estatal de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP).

En 1991 fue nombrado delegado del Frente de Organizaciones y Ciudadanos en diversos municipios del estado de México y fue también instructor del Centro de Capacitación Electoral del PRI.

En 1993 se desempeñó como tesorero del Comité de Financiamiento del Comité Directivo Estatal del PRI en la campaña del candidato a gobernador Emilio Chuayffet Chemor.

En 1999 fue designado subcoordinador financiero de la campaña de Arturo Montiel Rojas.

Entre 1993 y 1998, durante la gestión de Emilio Chuayffet, fue secretario particular del secretario de Desarrollo Económico del gobierno del Estado de México, Juan José Guerra Abud, y posteriormente fue subsecretario de Gobierno del Estado de México de 1999 a 2000.

Buena parte de su desempeño como funcionario se dio durante la gestión de Arturo Montiel Rojas, ocupando los siguientes cargos: secretario de Administración del Gobierno del Estado de México; presidente del Consejo Directivo del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios; presidente del Consejo Interno del Instituto de Salud del Estado de México y vicepresidente de la Junta de Gobierno del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) del Estado de México.

Apoyado por Arturo Montiel Rojas, fue nominado candidato a diputado local para la LV Legislatura por el Distrito XIII, con cabecera en Atlacomulco. Entre septiembre de 2003 y septiembre de 2004 fue coordinador del grupo parlamentario del PRI en la LV Legislatura en la Cámara de Diputados del Estado de México, presidiendo la Junta de Coordinación Política del Congreso Local.

El 3 de julio de 2005 fue electo gobernador del Estado de México, pero las impugnaciones hicieron que hasta el 12 de agosto Peña Nieto recibiera la constancia de mayoría que lo acreditaba como gobernador electo, cargo que desempeñó entre 2005 y 2011.

El 27 de noviembre de 2011, el PRI lo registró como precandidato presidencial para los comicios de 2012.

 

(*) José Martínez, periodista y escritor, es autor de Las Enseñanzas del Profesor, Indagación de Carlos Hank González. Lecciones de Poder, Impunidad y Corrupción, publicado por Editorial Océano.

* Web de la revista Luces del Siglo: http://www.lucesdelsiglo.net

El biógrafo de los intocables

* José Martínez es un periodista y escritor incómodo para los poderosos pues ha desnudado a personajes tan polémicos como Carlos Hank González, Elba Esther Gordillo y, ahora, Carlos Slim.

 

Luciano Núñez/ Revista Luces del Siglo

Cancún, Q. Roo. Retratar a los personajes de la vida política y empresarial de México fue una tarea no menor que se impuso el periodista y escritor José Martínez, quien acaba de editar su libro Carlos Slim: Los Secretos del Hombre Más Rico del Mundo. Antes, se adentró a la vida de Elba Esther Gordillo y del profesor Hank González, personajes que siguen (ellos o sus descendientes) gravitando en las órbitas del poder y los destinos del país.

Su escrupuloso trabajo de investigación le valió un honroso título: Estados Unidos lo puso entre la lista de los escritores más asediados en el mundo. Por eso también estuvo seis años bajo custodia de la Agencia Federal de Investigación (AFI). No lo dice para alimentar el ego: “El periodista que quiera ser famoso que se dedique al cine o la televisión”, lanza de entrada.

“Esta profesión es para quienes les gusta escribir y están comprometidos con la verdad y el trabajo, eso lo tuve claro siempre”, declara en la Ciudad de México. Directo, sin pelos en la lengua, por momentos mordaz, Martínez destila ácido cuando aborda la política actual y revela los entresijos de las escabrosas vidas de personajes enquistados en la historia contemporánea.

– ¿Cuándo se da cuenta de su profesión como periodista y escritor?

– Desde los 18 años, mientras estudiaba me tocó una transición importante en los medios, yo era un principiante cuando el golpe a Excélsior, aunque trabajaba en la revista Mañana en el 76, por allí pasó una buena generación de periodistas exiliados de Argentina, de Uruguay, de Chile, y allí conocí a varios que me marcaron. Tuve la fortuna de trabajar en el Unomasuno, de Manuel Becerra Acosta, aquel periódico que fue muy importante para la izquierda mexicana. Y fui uno de los miembros fundadores de El Financiero en aquellos años.

En El Financiero, Martínez desarrolló varios proyectos, entre ellos, el de corresponsalías, coberturas de política y asuntos especiales que le permitieron conformar su archivo, sus contactos y su biblioteca. Fue en ese ámbito en el que comenzó a trazar sus trabajos sobre personales relevantes; por esos años se adentró al universo del profesor Hank González (fallecido en el año 2001) y de Elba Esther Gordillo.

Pero ya en 1987 había participado en el libro de Carlos Salinas de Gortari, al alimón, con Carlos Ramírez y Alejandro Ramos: Salinas de Gortari, candidato de la Crisis. “Advertíamos quién era (Salinas de Gortari) y qué podía ocurrir. Pasamos cosas difíciles por publicar un libro de uno de los presidentes más terribles en décadas”, recuerda.

Después siguió la investigación sobre Hank González, que se desarrolló por varios años y lo llevó por varios países; Las Enseñanzas del Profesor fue el único libro que se publicó sobre él estando vivo. “Era muy poderoso, intocable”, rememora.

– Dentro de sus personajes retratados, Elba sigue teniendo una gran vigencia en la política mexicana.

– A Elba Esther hubo una época en que nadie la tocaba. Le quise poner al libro: La Maestra Nostra, pero no me dejaron en la editorial (risas). Por la publicación de ese libro (La Maestra: Vida y hechos de Elba Esther Gordillo) sufrí muchas presiones, fue una situación terrible, enfrentarse a la mafia de una mujer muy perversa. Ella era la amante de un líder sindical y llega al poder por instrucciones de Salinas de Gortari. Se fortalece en el gobierno de Fox (Vicente) y Calderón (Felipe). Se manejó siempre con mucha impunidad, y el chiste de esa publicación era abrir un camino; ahora salieron otros libros sobre la maestra.

Mientras Martínez seguía vinculado con los medios, al trabajo sobre Elba Esther le siguieron un par de libros sobre la corrupción durante el gobierno de Vicente Fox Quezada: Corrupción de Estado. Conaliteg-Vamos México. El Peón de la Reina, editado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y La corrupción foxista en Conaliteg: mar de engaños y testimonio de impunidad. “Fueron publicaciones estando ellos en el poder, lo cual, me dio mucha satisfacción, pero también hubo muchos problemas”.

A raíz de su trabajo, Martínez contó con custodia personal de la AFI por más de seis años, recibió el apoyo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), del ex secretario federal, Alejandro Gertz Manero (“fue generoso conmigo, quería darme protección”, diría de él), y también de la Procuraduría General de la República (PGR), debido a las fuertes amenazas que recibió por su trabajo de investigación.

 

Recuerdos de la infancia, influencias

 

A su hermano mayor Ismael (ya fallecido), “Pepe”, como lo llaman sus amigos, le debe el haberse metido al maravilloso mundo de los libros, del arte y del cine. “Me llevó de la mano en esa inquietud por ver el arte, me llevó a las primeras exposiciones”, dirá con un tono de voz distinto con el que repetirá cuatro veces la palabra hermano. Por la época que le tocó vivir, afirma que creció bajo la influencia literaria de Julio Cortázar, de Jorge Luis Borges, Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, a quienes admira gradualmente en el orden anterior.

También es un apasionado de la Revolución Mexicana y por eso llegó a destinar un alto porcentaje de su sueldo a libros, viajar e investigar; porque aclara, no tiene beca. “Trabajo solo, tuve dos asistentes, pero por la crisis tuve que dejarlos. Ahora me ayuda en algunas cosas un sobrino que está apasionado con la escritura”, cuenta.

– ¿Cómo hacer este trabajo de manera independiente?

– Tardo mucho, porque trabajo con mis propios recursos. Se paga dura la independencia, pero no me puedo quejar, disfruto mucho de mi trabajo, es sagrado. También trabajo dando conferencias (en varios países de América), y participo en una fundación para la libertad de expresión.

– Indudablemente sus libros sobre Slim son los que más se han vendido.

– Los de Slim se han vendido todos, ha sido importante y le gusta a la gente, es muy morbosa: quieren saber cómo hizo su dinero, pero el Ingeniero (como se refiere a Slim) tiene más que dinero, no es fortuito que los intelectuales sean sus amigos, premios Nobel como Vargas Llosa, García Márquez, personalidades como Larry King, Bill Gates, el ex presidente de España Felipe González… pero todos los personajes sobre los que he escrito me han apasionado, sean buenos o malos, me gusta proyectar su imagen.

– De Elba Esther, ¿qué fue lo que más le impactó?

– Elba Esther tiene cosas que me tocaron, una infancia terrible, humillada; pero se convierte en una mujer perversa que nunca podrá explicar el origen de su fortuna.

– ¿Cómo elige a sus personajes?

– Debe ser alguien fuera de serie, Elba Esther es muy poderosa, no hay otra, ni Marta Sahagún. Es una mujer seductora, perversa, terrible; si no, sería difícil que se mantenga desde el 89.

Enemigo público de las lap tops (“las detesto”, aclara. Es de los escriben en PC, a mano, en cuadernos y hasta en servilletas), cuenta que en su casa construyó un pequeño estudio que es su búnker, el universo en el que se aísla para escribir, donde están sus libros, archivos y donde encuentra la soledad para teclear de corrido, a veces, desde que anochece hasta que tiene que llevar a sus hijos a la escuela. Allí, para relajarse acaricia el pelambre de La Peque, una pastor alemán, ya vieja, que recogió de la calle.

Padre de cinco hijos, ya con título de abuelo por su primera nieta, el escritor se autodefine como disciplinado, obsesivo, riguroso y hasta maníaco a la hora del trabajo. “Me gusta el orden”, sintetiza. Pese a que sus libros sobre Slim han vendido miles de ejemplares y son material de consulta en el extranjero, afirma que las regalías no son suficientes para mantener su economía familiar y el desarrollo de sus proyectos: “No puedo vivir de mis libros, tengo que compensarlo con mi trabajo con la academia, con conferencias, proyectos”, aclara. Y para finalizar, revela que cada vez que sale un libro a la calle, lo asaltan las ganas de rehacerlo, de corregirlo, “pero ya no me pertenecen, son de la gente, y generalmente ya estoy trabajando en otro”, cierra.

 

Fragmentos del libro Carlos Slim: Los Secretos del Hombre Más Rico del Mundo

“…su padre Julián Slim Haddad – cuenta Carlos Slim – era una persona de carácter cariñoso y de valores muy sólidos, que siempre le brindó a la unión familiar un lugar fundamental en su vida, así logró establecer una grata armonía. A sus hijos les dio una educación basada en valores bien definidos donde tenían prioridad los principios de honradez, sinceridad y una honda preocupación por México. Al fallecer don Julián no sólo les dejó un patrimonio a valores actuales de alrededor de 100 millones de dólares. Su padre, dice Carlos Slim, le dejó, además, muchas enseñanzas…”

“…a los 17 años se matriculó en la Universidad Nacional Autónoma de México donde cursó la carrera de ingeniería. Andes de concluir sus estudios, ya impartía en la misma institución la cátedra de álgebra…”

“…concluidos sus estudios, emprendió un largo viaje por Europa y Estados Unidos… aprovechó su tiempo para sumergirse durante días completos en múltiples lecturas en la Biblioteca de New York Stoch Exchange, donde revisó una buena cantidad de libros y archivos sobre temas financieros, actividad que complementó con sus habituales lecturas de literatura e historia…”

“…En torno a Carlos Slim Helú existe un creciente interés en el mundo entero y provoca críticas, envidias y alabanzas, en especial porque ha roto con los estereotipos de pereza y nada de educación con los que se suele identificar a los mexicanos…”

“…en su juventud su afición a la lectura de la revista Playboy lo nutrió de sus ideas de Getty (Jean

Paul), quien decía que había una fórmula segura de alcanzar el éxito financiero: levantarse temprano, trabajar duro y extraer petróleo… Slim siguió al pie de la letra sus postulados como el de Warren Buffett: no vale la pena hacer bien lo que, para empezar, no vale la pena hacer”.

 

Los presidenciables, según José Martínez

 

Ante la inminencia del año electoral, se le consulta al escritor José Martínez su opinión sobre los tres candidatos que llegarían a las elecciones en 2012 por el PAN, PRD y el PRI, partidos que ya han movido sus fichas para la contienda. “No me gusta ninguno de los tres”, dice de entrada.

Peña Nieto: “es el regreso de un grupo mafioso vinculado al estado de México de Hank Rhon, son los viejos grupos del priismo. Antes la gente estaba hasta el gorro de ellos, pero ahora los extraña, nunca los he votado y he sido crítico de ese proceso. Es el candidato del marketing”.

Andrés Manuel López Obrador: “tampoco me gustan los fanfarrones, incultos y mesiánicos. Me genera mucha aversión, lo conozco antes de la política y es un oportunista inculto”.

Josefina Vázquez Mota: “Pobrecitos los del PAN, me dan lástima como llegó Fox, Calderón, no tenemos líderes”.

– ¿Qué tipo de líder necesita México?

– Necesitamos alguien que esté comprometido, que ame su país, que se comprometa con la gente, que tenga el valor de darle un golpe de timón para enderezar el país que ha pagado un alto costo de esta partidocracia, los saqueos, Fobaproa, políticas populistas. Tenemos congresos locales incapaces, alcaldes que están rebasados por el narco, en ningún país han matado tantos como en México. Gobernadores que llegan a vivir como virreyes y se enriquecen, presidentes acotados… no soy anarquista, hemos perdido la fe y la confianza en la política, y Carlos Fuentes y Octavio Paz lo han sabido retratar.

 

“Quintana Roo es tierra de nadie”

 

La visión de José Martínez sobre Quintana Roo es contundente: “Me preocupa mucho porque es un desastre”. Para respaldar su calificativo, dice que abonan a esto el crecimiento del narcotráfico, la corrupción, la prensa servil al poder. “Por eso necesitamos buenos políticos, buenos periodistas… lo lamentable es que la gente emigra mucho, mucho movimiento genera una falta de arraigo, de identidad”, explica. Eso, afirma el escritor, ha provocado que muchos improvisen en la política, “es tierra de nadie, tierra de conquista. Por eso gente como el “Niño Verde” se enquista y actúa impunemente”, explica.

Sobre el gobernador, Roberto Borge, dice que está mal asesorado. “Creo que es el gobernador más joven del país, con buenas intenciones, pero creo que le falta ejercer su liderazgo: sucumbe ante la crítica, cuando los medios lo acusan se descontrola”, afirma. “Ojalá puedan los quintanarroenses presionar para que le cumplan a uno de los estados más ricos del país, bellísimo, que ha tenido la mala suerte de tener malos gobernantes”.

Para el periodista, hace falta una generación de políticos jóvenes que no se contaminen. “Falta una refundación, necesitamos que vuelva la confianza en las instituciones, la decencia política, pero es un problema de cultura, de educación, donde hay poca inversión”, subraya.

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