Los juegos del hambre: la historia de los comedores comunitarios en el Edomex

* La delegación federal de la Secretaría de Desarrollo Social, encargada de Comedores Comunitarios, adeuda cuatro meses de salarios a todos los coordinadores del programa, desde agosto y lo que va de diciembre del 2014. Los sueldos que los empleados reclaman sin éxito van desde los 6 mil 800 pesos hasta los 18 mil mensuales. Las personas afectadas, de 450 a 500, desde operativos hasta administrativos, repartidas por todo el territorio mexiquense, trabajan hasta la fecha sin contrato alguno y la razón que el delegado de la Sedesol, Edmundo Rafael Ranero Barrera, anteriormente subsecretario de Operación del Transporte estatal, les da para no pagar es la más simple de todas: “no hay dinero”.

 

Miguel Alvarado

El programa federal Comedores Comunitarios que se desarrolla dentro del proyecto Cruzada Contra el Hambre es uno de los más emblemáticos de la administración del presidente mexicano Enrique Peña. El programa ha sido promocionado a nivel nacional como uno de los más exitosos pero al menos en el Edomex la realidad es otra.

Esa batalla contra el hambre es librada con recursos que empleados y voluntarios ponen de su propia bolsa. En todo el país este programa abrió espacios comunitarios para apoyar a los sectores sociales más desprotegidos, pero en tierras mexiquenses ha sido intervenido por autoridades municipales, como sucede en Metepec, donde la alcaldesa priista, Carolina Monroy, esposa de Ernesto Némer, subsecretario federal de Desarrollo Social, justamente la dependencia que desarrolla y opera los comedores, ha involucrado a personas que el ayuntamiento tiene inscritas en otro proyecto municipal, el Programa Metepequense de Seguridad Alimentaria, ProMesa. Monroy es, además, prima de sangre del presidente Peña Nieto.

También, la delegación federal de la Secretaría de Desarrollo Social, encargada de Comedores Comunitarios, adeuda cuatro meses de salarios a todos los coordinadores del programa, desde agosto y lo que va de diciembre del 2014. Los sueldos que los empleados reclaman sin éxito van desde los 6 mil 800 pesos hasta los 18 mil mensuales.

Las personas afectadas, de 450 a 500, desde operativos hasta administrativos, repartidas por todo el territorio mexiquense, trabajan hasta la fecha sin contrato alguno y la razón que el delegado de la Sedesol, Edmundo Rafael Ranero Barrera, anteriormente subsecretario de Operación del Transporte estatal, les da para no pagar es la más simple de todas: “no hay dinero”. Los empleados, sin embargo, deben seguir laborando porque es la única manera que les ofrecen para exigir un pago posterior, que además ha sido condicionado al cumplimiento de exigencias que en un inicio no estaban estipuladas. La delegación de Sedesol tiene recursos económicos que llegan puntuales desde la Federación, pero el rubro destinado a los salarios se pierde en algún lugar de la burocracia que administra el hambre en suelo mexiquense. Los empleados sin salario aseguran que, a estas alturas, pesa ya una amenaza para darlos de baja sin que puedan cobrar los adeudos. Una última reunión entre trabajadores y autoridades apenas pudo esbozar la promesa de un pago entre el 15 y el 18 de diciembre, aunque se les advirtió que solamente noviembre y diciembre serían liquidados.

Ese impago misterioso, llevado a la práctica hasta sus últimas consecuencias, ha generado que los comedores se transformen en cocinas económicas de carácter privado, donde los mismos empleados cobran las comidas hasta en 18 pesos “porque esa es la única manera que tenemos para sobrevivir”. Esa comida, que en los establecimientos del valle de México alcanza hasta 30 pesos por persona, tiene un valor al público, de origen, de 5 pesos, pues es parte de un programa subsidiado. Pero quienes venden la comida, por otra parte no gastan en ella, porque los insumos no han fallado y la Federación los suministra cada 30 días. Así, los salarios retenidos desde la Sedesol pervierten un programa que, dicen los mismos coordinadores, es bondadoso y está perfectamente armado.

Los afectados denuncian un fraude a partir de la retención de sus pagos, primero porque las razones que se les dan para no entregárselos son absurdas y después porque no hay ninguna bancarrota ni anuncio oficial que indique que el programa se haya detenido o perdido los fondos. En el Estado de México existen 957 comedores, coordinados a nivel estatal por Alfredo Sánchez Víquez, quien llegó en octubre del 2014, enviado desde la Subsecretaría del Transporte, donde era jefe de la Unidad de Movilidad Urbana. El cambio para Ranero y Sánchez fue drástico y los afectados entienden que los enviaron a “contener” los reclamos por salarios y otras irregularidades.

“Si negociaba con lo peor de lo peor del transporte público, y les ganaba, ¿qué podemos esperar nosotros?”, apunta uno de los demandantes. La presión es tal que muchos ya se han ido, sin cobrar.

“Yo quiero pagarles, pero…”, les dice Ranero cada vez que hablan del tema.

Los 957 comedores están ubicados en 19 regiones y atienden, de lunes a viernes, un promedio de 240 servicios diarios, la mitad en la mañana y la otra a la hora de comer. Cada servicio, con un costo de 5 a 10 pesos, está dirigido a población con características bien definidas: niños de hasta 11 años, discapacitados, embarazadas, adultos mayores de 65 años y personas en pobreza extrema. Los comedores son atendidos por voluntarios a cambio de comer allí y de que tres de sus familiares acudan también, sin costo. En general, forman equipos de hasta 5 personas que trabajan una semana al mes. Cada comedor, entonces, tiene 4 equipos de hasta cinco elementos aunque eso varía. Las cocineras y los jefes de Comedor tienen un horario de 6 de la mañana a 5 de la tarde, aunque es flexible. Por ser voluntarios, no reciben ningún salario. En total, se reparten 229 mil 680 raciones diarias en toda la entidad.

Unas 500 personas son las que colaboran con Sedesol en los comedores comunitarios, divididas en las cuatro figuras que marca el programa: empleados regionales, municipales promotores y microrregionales. Un promotor, por ejemplo, debe tener 5 comedores para hacer válido su cargo y optar al pago. Pero no todos cumplen ese requisito. Algunos tiene cuatro, y a pesar de que se trabaja, la Sedesol advierte que no pagará. Ese condicionamiento en el pago se deriva también de la desinformación. Los empleados desconocen, a estas alturas, cuáles son los requisitos exactos que exigen en la delegación. Al principio eran 12 los formatos requeridos pero al paso de los meses se “inventaron” otros. La idea estaba establecida: no pagar.

– La instrucción directa es ésa. Así nos dijeron los nuevos administradores, “háganle como quieran”. Eso nos dijo Víctor Calvillo, director general de Participación Social –apunta uno de los afectados.

La delegación de la Sedesol cambió recientemente a sus funcionarios y el programa se vio en apuros. Primero estaba Fernando Alberto García Cuevas, quien asumió su encargo en febrero del 2013. Duró allí 20 meses y su salida obedeció a acuerdos políticos entre el PRI mexiquense, el gobierno estatal y la propia Federación, que preparan ya las elecciones intermedias del 2015.

Una reunión en Zumpango, hace pocos meses, perfilaba ya los problemas que ahora arrastra el programa. García Cuevas todavía estaba al frente de la Sedesol y reclamaba los pagos atrasados.

– Este problema de los comedores se tiene que arreglar y, si no, yo aquí pongo mi renuncia –dijo el ex delegado.

– Si alguna renuncia debía estar aquí, es la de Víctor Calvillo –fue la respuesta de los representantes de Rosario Robles, secretaria federal de Desarrollo Social. Un primer pago llegó en abril del 2014, pero fue el único dinero que han visto los empleados.

Otra reunión desembocó más o menos en lo mismo. “Señores, su pago ya está, pero deben llenar una carpeta con información”. Al final el trámite se convirtió en un laberinto burocrático que en lugar de allanar el camino lo cerró todavía más y obligó a una degradación escalafonaria que algunos aceptaron a cambio de quedarse.

Hubo a quienes sí se les pago. Gente de Ecatepec, Cuautitlán Izcalli, por ejemplo, fueron los primeros y únicos beneficiados. A ellos se les pagó, sí, pero hasta en eso hubo irregularidades porque en Ecatepec no se ha abierto ningún comedor.

– Eso sí, hay pagos para la gente que dice trabajar allá por instrucción del gobernador del Edomex, Eruviel Ávila –aseguran. A ellos les pagaron seis meses. Pero esa estructura, la de Ecatepec, desapareció de inmediato, nada más cobrar, se desintegró.

Los quejosos recibieron un adelanto entre junio y julio del 2014 que se pactó como viáticos y gastos a comprobar. Así se firmaron esas entregas y así están las pólizas. Pero el nuevo delegado argumenta ahora que se trata de un préstamo solamente “y que ahora tenemos que pagar”.

La Sedesol no es cualquier delegación. Desde allí se operan los programas federales para la entidad más poblada del país, que concentra poco más de 15 millones de habitantes, la mitad de ellos, según el INEGI, ubicados en algún tipo de pobreza. En febrero del 2013 la tierra de Peña Nieto se colocaba dentro del grupo de cuatro estados que experimentaron un crecimiento en la pobreza. Oaxaca, Guerrero y Chiapas, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) son los otros socios de este club de la miseria. En el 2012, el Edomex tenía 6.7 millones de pobres y un año más tarde había 7.32 millones. El porcentaje de la población en pobreza para la entidad era, en el 2010, del 42.9 por ciento. En el 2012 fue de 45.3 por ciento.

Según el propio García Cuevas, el presupuesto que la delegación de la Sedesol en el Edomex ejercía, en el 2013, era de 5 mil 300 millones de pesos pero con la inclusión de los 125 municipios al Fondo de Aportaciones a la Infraestructura Social Municipal (FIS), la partida aumentó y en el 2014 se operaron 10 mil millones de pesos “para mover los indicadores de pobreza”, aseguraba García en febrero del 2014. En conjunto, los gobierno del Estado de México y la Federación han invertido más de 6 mil millones de pesos en programas contra el hambre integrados en la Cruzada Nacional Contra el Hambre, afirmaba Ávila Villegas.

El Edomex, uno de los estados más ricos y productivos del país es, desde los conteos de la Federación, también uno de los más depauperados. Los números, en contraste con los discursos públicos de los tres niveles de gobierno, juegan un papel preponderante para el 2015, cuando haya elecciones en la entidad y el dispendio en campañas alcance, como históricamente lo hace, proporciones de ficción. Ese dinero, el del dispendio, deberá provenir de alguna parte.

Las ecuaciones que mezclan pobreza y comicios en programas sociales son perfectas. Quienes tienen más pobres también obtienen mayores recursos federales y estatales y pueden negociar aumentos. Cuna del Grupo Atlacomulco, enclave político de Peña Nieto, no es casualidad que el Edomex tenga, desde esas estadísticas, a la mitad de la población clasificada como pobre.

En medio de la corrupción imperante, el programa de Comedores Comunitarios toma ya un sesgo electoral, pero las pérdidas son incuantificables y los propios coordinadores saben que ese proyecto se cae por falta de capacitación y porque ha llegado a trabajar allí gente que no tiene idea de cómo operar. Las irregularidades se presentan hasta en la renta de las oficinas de la Sedesol, en realidad una casa-habitación ubicada en la calle Francisco del Paso Castañeda 107, en la colonia Universidad.

– Están pagando, junto con un anexo para estacionamiento que está a tres cuadras, 92 mil pesos al mes. Es una casa, enorme, sí, pero en la zona la renta no pasaría de la mitad. Está en una zona donde el uso de suelo es habitacional pero la usan para oficinas, no está adaptada y eso ya tiene consecuencias pues se ha quemado la acometida de electricidad por no tener la instalación adecuada. La gente que trabaja allí está sentada en un barril de pólvora porque las instalaciones son de tabla-roca. Se puede quemar todo. García Cuevas supo de ese riesgo.

– ¿De quién es esa casa?

– El dueño de la casa se llama Gordillo, Carlos Gordillo. Es un cuate que tiene un auto Lamborghini, el único auto así que anda por aquí.

Los afectados consideran que los nuevos delegados, Ranero y Víquez, hacen, literalmente, lo que se les pega la gana e involucran a un personaje más, Tania Pérez Olguín, sobre quien recae la nueva estructura. Sedesol, dicen, exprime a la gente, que a estas alturas no abre algunos comedores.

El poder de Pérez es absoluto en la nueva administración a pesar de no conocer la estructura. El primer comedor que se abrió se ubicó en Pueblo Nuevo, San José del Rincón, inaugurado por Peña Nieto y atestiguó la incapacidad de Pérez Olguín. Quince días después de inaugurado, fue y se enfrentó con los que allá trabajan.

– Este comedor, si quiero, lo cierro porque yo soy autoridad –dijo la funcionaria de Sedesol.

El conflicto generó deserciones; consta en reportes la conducta de Pérez, a quien califican como el terror del programa.

 

Un botín político

 

El proyecto de los Comedores en el Edomex comenzó sin un techo presupuestal y el testimonio de las propias cocineras de comedores en Metepec lo confirma. “Nosotras llegamos cuando no había nada, sólo el local vacío. No teníamos ni siquiera servilletas. Nosotras compramos cosas, acondicionamos y aguantamos por un tiempo para que esto funcione. Todavía le hacemos así”.

La Sedesol no venía a experimentar pues había registros de aperturas en Guerrero, Chiapas y Michoacán. Aun con eso, ni siquiera había un reglamento. Y si lo hubo, nadie lo leyó. Así, sabían de la importancia de pagar los servicios, por ejemplo, de la Secretaría de la Defensa Nacional o capacitaciones. A ellos sí les pagaron. Eran pagos importantes, de hasta millón y medio de pesos. Pero para las personas no hubo nada, ni siquiera viáticos.

La Sedesol nunca hizo ningún tipo de contrato con los afectados, todos los acuerdos han sido de palabra y podría desconocerlos en cualquier momento. La Secretaría del Trabajo no ayuda porque no hay constancias en papel. A eso se debe que una mayoría haya decidido abandonar el empleo.  La promesa inicial de Peña Nieto era abrir 2 mil comedores. Pero el impago detuvo todo.

– Nos quedamos en 957 comedores –dice otro de los demandantes –pero se empiezan a convertir en botín político. Y hay lugares, como es el caso específico de Toluca y Zincantepec donde no hay ninguna persona de Sedesol. En este último municipio sucede así.

– ¿Sedesol “abandona” o entrega la operación a los municipios?

– En el caso que narro, en Zina, pregunté primero quién era el representante de Sedesol y me dijeron: “nadie, todos somos del municipio”. No podía estar ese tipo de personas administrando el comedor. Y resulta que el jefe de ellos era la directora de Desarrollo Social municipal, Eloísa Contreras Archundia, quien en lo legal es el enlace entre el municipio y el programa Cruzada Contra el Hambre, pero no puede actuar como “administradora”.

Al menos en Toluca y Zinacantepec pusieron algunos comedores en locales donde operaban ya cocinas económicas. De lunes a viernes estaba el programa pero los fines de semana aprovechaban lo que había para venderlo. Y eso siguió creciendo. Hay comedores que ya se volvieron cocinas económicas porque quienes tendrían que supervisar no han cobrado sus salarios.

Los usuarios más frecuentes son los niños, por encima de los adultos y lo que se cobra, 5 ó 10 pesos funciona como cuota de recuperación. Ese precio se decide en una Asamblea. Sin embargo, las cuentas no salen. Los comedores que se volvieron cocinas económicas cobran 18 pesos por comida y usan esa diferencia monetaria para la gente que trabaja, pero nada se aplica para el comedor, que además ya se adapta para todo el público. Si nadie supervisa, nadie se entera, al menos de manera oficial. La mayoría de los comedores ya son negocios personales.

“La idea de los comedores -dice otro de los inconformes- está inspirada en una de Lula da Silva en Brasil, aunque allá eran para todos”. Y es que la gente, aunque no esté en la clasificación de Sedesol, ya reclama. “¿Por qué no voy a comer? Soy mexicano y es mi derecho. Ahí nosotros no podemos echarnos encima a la gente, porque además son nuestros vecinos”.

Luego de casi un año de abiertos los comedores, al menos la mitad en el Edomex está en esas condiciones de “negocios privados” y el esfuerzo que se hizo para levantar el programa ha quedado rebasado. El fenómeno se presentó primero en el valle de México y pronto el ejemplo se extendió. En Atlacomulco, la tierra del presidente Peña, hay denuncias por robo de abasto y cambios de sedes sin previo aviso pero eso no impidió que se abrieran 300 comedores en la región, incluyendo Ixtlahuaca, Acambay, San José, Progreso, entre otros. El valle de Toluca tiene unos 129 comedores. En el valle de México hay más de 200.

Sobre el control del abasto, un tema por el cual los trabajadores han sido amenazados de castigo, la Sedesol no toma en cuenta las raciones que consumen los voluntarios ni los tres familiares que cada uno de ellos tiene derecho a alimentar. Las raciones, por supuesto, aumentan. Los inventarios de la Sedesol no cuadran con sus propias órdenes. Los coordinadores tienen prohibido comer en los comunitarios pero cuando se cumplen cuatro meses de impagos, acuden al servicio por necesidad.

Pero el mensaje que se le envía a la opinión pública es distinto. La delegación escoge “cinco comedores de éxito”, los mejor organizados. Allí se envía a Televisa, por ejemplo, y filmaba para pasar las imágenes, luego, en los noticieros de aquella empresa.

Los empleados sin cobrar ironizan que la Sedesol se preocupa por los desposeídos, pero no por sus trabajadores. “No tenemos seguro social, hacemos recorridos a comunidades lejanas con recursos propios pero no hay respaldo de la delegación, nunca se nos dio”.

 

Triangulas o cuello

 

Todavía una irregularidad más esperaba a quienes aceptaron trabajar el programa y consistía en triangular los pagos. Así, el salario asignado originalmente lo compartieron con sus jefes.

– La estructura de Sedesol consta de 19 regiones y dentro de ellas nos asignaron una categoría, un puesto y un salario. Cada una de las 19 regiones tuvo un coordinador de programa federal, con un sueldo pagado por Sedesol. Ellos trabajaban programas para adultos mayores, para jefas de familia y microrregiones, entre otros. Ya tenían una coordinación, antes de que iniciara Comedores y se les asignó una región con nosotros. Para que ellos pudieran cobrar, primero a nosotros nos dieron un nombramiento como coordinadores regionales, que es nuestro cargo. El dinero que nosotros cobramos se lo tenemos que dar al coordinador de Área. Para esto se consiguieron prestanombres, para que nosotros pudiéramos también cobrar.

– ¿Los servidores públicos que ya trabajaban para Sedesol comenzaron a recibir dos salarios?

– Sí, el que ya tenían por su cargo y responsabilidades originales, y el que venía de nosotros, en el programa de Comedores. Claro que el salario más alto era el que ellos recibían por su trabajo inicial. En algunos casos esos coordinadores nos apoyaban directamente con vehículos o dinero para traslados pero en otras regiones los coordinadores no ayudaron en nada.

– ¿Cuál es la cantidad que se llevan esas personas por el trabajo de ustedes?

– El salario más alto en el programa de Comedores, que es el de coordinador regional, es de 18 mil 200 pesos mensuales. El siguiente salario es de 16 mil 800, netos, sin ninguna prestación. El salario más bajo que tenemos es el de los promotores, de 6 mil 800 pesos mensuales. Trabajamos de lunes a viernes, no tenemos hora de entrada ni de salida. Cuando se abren los comedores llegamos a las seis de la mañana y salimos a las siete u ocho de la noche. Estamos por honorarios.

– ¿Cuáles son las condiciones laborales en las que se encuentran ustedes ahora?

– De incertidumbre. No nos dicen si se nos va a pagar pero sí que sigamos. Y lo hacemos, pero con nuestro dinero.

– ¿Cuántos comedores se han cerrado?

– Ninguno todavía, pero siguen operando con recursos de los propios empleados y de las voluntarias. Nosotros supervisamos sus actividades. Ahora llevamos cuatro meses sin cobro, pero la primera vez fueron seis meses. Seguimos porque tenemos la esperanza de que se nos pague. Las personas que comen y pagan la cuota de recuperación hacen posible que los comedores no se caigan, porque con ese dinero se compran los insumos, el gas. Esto les sucede a todos, en mayor o menor proporción.

Otro ejemplo de fugas de dinero o pagos indebidos son los equipos de trabajo “particulares” de las autoridades encargadas, como sucedió con un mini-staff que armó Alberto García Cuevas y cuyos cheques se obtendrían de los presupuestos de los comedores. También hay administrativos a quienes se les dio la indicación de cobrar de esas partidas. La mayoría de estos “externos”, dicen los afectados, provienen de la estructura estatal del PRI.

– Hubo coordinadores regionales que no tenían promotores, o muy pocos. Entonces les dijeron que juntaran gente, la que fuera, para justificar sus pagos. Si un promotor iba a cobrar 24 mil pesos, debía entregar 14 mil pesos a sus coordinadores de Área –apuntan.

La triangulación del dinero estaba bien proyectada. Se reportaban 10 promotores cuando en realidad había tres, y los siete que faltaban se inventaban. Ni siquiera hay una cifra real de trabajadores porque fueron manipuladas por los coordinadores de Área.

– A cada región se le asignó un coordinador de Área, 19 en total, que funcionaba como enlace, entre otras cosas, con autoridades locales. Ellos cobraron con la triangulación del dinero.

 

Los comedores

 

Dos de los comedores en Metepec están ubicados dentro de parques públicos, en pequeños salones de no más de 4 por 7 metros cuadrados. Lonas rojas o blancas anuncian el programa. Tres mesas de plástico para 18 lugares esperan la hora de la comida. En el centro de ellas, un pequeño letrero recuerda a los asistentes los buenos modales. “Es desagradable comer en mesa y silla sucias. Limpia por favor cuando termines de tomar tus alimentos”. El único adorno de ese comedor es la foto de la alcaldesa de Metepec, Carolina Monroy, que observa desde su marco la llegada de los beneficiados.

En el saloncito debe caber todo, desde la cocina hasta las mesas para los usuarios. Las cocineras, son tres, son voluntarias y acuden sin salario alguno desde las seis de la mañana en jornadas de 11 horas, una semana de cada mes. Otras dos personas, administrativas, completan ese equipo. A pesar de no tener pagos, pueden llevar a comer a tres de sus familiares diariamente y ellas mismas comer allí, además de juntar una despensa con los sobrantes del abasto. En esa sede trabajan 31 voluntarias.

– En general atendemos a todo tipo de personas, además de las que se marcan en el programa. Vienen por algún motivo. No podemos dejar de atenderlas y se les cobra lo mismo. Aquí servimos unas 220 raciones diarias –señala una de las voluntarias, quien acepta que a estas alturas se necesita una “motivación para las cocineras, no un pago pero sí apoyo”.

Ese equipo trabaja en una cocina que no está totalmente adecuada y que debe hacer espacio incluso para tanque de gas, que no encuentran un lugar afuera. Las mujeres se han adaptado y entre los alimentos y las enormes ollas se organizan eficazmente.

– Para el desayuno damos leche, pan, algún tipo de guisado y en la tarde se ofrece arroz, otro guisado y agua.

– ¿Tienen algún tipo de desabasto?

– No, nunca. Estamos funcionando desde julio del 2014. La tesorera recaba el dinero y ella compra verduras, fruta, pan.

Los usuarios no caben en el local y optan por comer afuera, en las bancas que se encuentran en el mismo parque.

Otro testimonio afirma que los equipos de comedores se van apenas se dan cuenta de la dureza del trabajo. Las cocineras, incluso, deben ayudar a descargar los camiones que transportan el abasto. Los encargados de los comedores consideran que el gobierno no sabe cómo se está trabajando, que desde un principio no capacitó a la mayoría y también que ha faltado a los acuerdos previos, como apoyarlos con otro de tipo de programas. Incluso pidieron papeles para Mujeres que Logran en Grande, del gobierno mexiquense, pero nada se ha concretado, ni siquiera un curso de primeros auxilios.

– El programa es bueno, muy bueno, pero sin un marco de operación adecuado. Ya se están cerrando algunos comedores, como sucede en la comunidad de San Lucas Tunco, también en Metepec. Hay comedores que no tienen ni siquiera una tarja, como sucede en el del Hípico, (una colonia de Toluca). Es increíble que la gente que nos coordina no tenga salario. Si a ellos, que son los jefes, no les apoyan, nosotros no podemos esperar nada –dice una de las encargadas.

– ¿Cómo inició la operación del comedor que atiende?

– Como voluntarias hicimos una cooperación de 100 pesos cada una, para echarlo a andar. Juntamos 700 pesos y con ese dinero se compró verdura, tortillas… compramos el gas, cada tanque cuesta 700 pesos; escobas, jergas, trapos, jabón, eso no viene en el suministro.

– ¿Ustedes abrieron el programa federal con su dinero?

– Sí, con nuestro dinero, que recuperamos después pero de las mismas cuotas o pagos por la comida, de los cinco pesos. Y se sigue comprando. Nosotras tenemos cuotas de recuperación muy bajas. A veces sólo podemos dar de comer huevo en salsa verde. Incluso pongo mi coche para traer algunas cosas.

– Entonces la comida no alcanza…

– Así es. Las raciones completas servidas, al día, son unas sesenta.

– ¿Por qué trabaja en el comedor?

– Primero tuve tiempo pero después porque vi la problemática de la gente. El comedor funciona por la gente, no tanto por el apoyo del Estado.

Las opiniones de encargadas de otros comedores no varían. Pero uno de ellos, también en Metepec, revela que el ayuntamiento de ese lugar se involucra en el manejo del programa federal.

– La presidencia municipal de Metepec nos prometió apoyos –dice una de las encargadas del comedor –pero no se nos ha dado nada. Sabemos que a otros comedores les han dado utensilios. Afirman que el ayuntamiento debe ser informado hasta de la falta de tazas e incluso sobre quién se encarga de abrir el local, que prestó Metepec previo acuerdo con la Sedesol.

– ¿Por qué el ayuntamiento se involucró en un programa federal?

– Una vez vinieron al comedor y organizaron una junta. Argumentan que el salón es propiedad municipal. La persona que lo cuida está designada por el ayuntamiento de Carolina Monroy. Aquí el ayuntamiento mueve todo y colocó a su gente. Hay un programa llamado ProMesa, donde se reparten despensas y las vocales de ese programa fueron impuestas en Comedores por la alcaldía. Algo tan simple como poner una puerta para cuidar los insumos debe pasar por el ayuntamiento pero lo peor es que no lo hacen. Nos ponen trabas para que operemos un proyecto federal. Ellos no cobran desde Comedores pero no les hace falta, aunque se crea un conflicto de intereses. Como el ayuntamiento maneja el comedor, no quiere pedir apoyos a Sedesol o reportar carencias. Les dirían algo. Pero esas personas involucradas con el ayuntamiento reciben apoyos desde el ProMesa. Tampoco nosotras podemos arreglar nuestro lugar porque hasta de que ponemos un clavo toman registros fotográficos. Esas personas nos abandonan. Ahorita no están porque se fueron al Informe de Monroy (2 de diciembre). Si no van, les quitan sus apoyos. Están desintegrando el proyecto del presidente de la república.

– ¿Han hablado con Carolina Monroy?

– La presidenta nos pone trabas para hablar con Sedesol. Dice que no se puede. Pero hablamos con un encargado de Sedesol directamente y nos dijo que nos la saltemos. Y es que el ayuntamiento dio la orden de recoger el dinero de las ventas por comida. Eso se denunció a Sedesol, que dijo que no entregáramos ese dinero. El ayuntamiento nos pide oficios para todo, así que todo debe estar registrado.

– ¿El ayuntamiento interviene en el resto de los comedores de Metepec?

– Sí, en todos interviene. Mi hija, de ocho años, de pronto pregunta que por qué no se invita a Carolina “para venga a comer soya con nosotros”.

La versión de que beneficiarios del programa municipal ProMesa están involucrados en el manejo de los comedores la confirman ellos mismos, que operan un tercer establecimiento en Metepec.

– Somos de ProMesa y apoyamos porque desde ahí nos envían, nos pidieron apoyo para que se echara a andar el comedor.

– ¿Ustedes tienen salario?

– No tenemos ninguna ayuda, pero de todas maneras prestamos dinero para comprar verduras y lo que se ocupe. Luego lo recuperamos, pero no debería ser así. Siempre hay abasto pero ahora ha bajado. Traen menor cantidades, pues dicen que es para 21 días cuando al principio Sedesol decía que era para 30. Nosotros terminamos poniendo lo que falta –relata otra encargada- quien afirma que han estado cambiando también las marcas de los proveedores. “La leche era Alpura y ahora es de Liconsa. Los atunes eran Herdez en aceite y ahora son de marca libre, de agua”.

La intervención de los comedores por el ayuntamiento de Carolina Monroy, esposa de Ernesto Nemer, es un ejemplo de cómo un programa federal es echado a pique. La batalla contra el hambre, diseñada desde la peor de las ópticas y luego tomada como botín, es el ejemplo de una guerra perdida que ni siquiera ha librado sus batallas.

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Candados a municipios para que no regalen propiedades

* A finales de julio anterior, el PRI y sus aliados en esta Legislatura, a quienes se sumó el PAN, aprobaron que Metepec desincorporara y ofreciera en subasta pública siete de sus predios supuestamente ociosos, pero que según el diputado del PT, Óscar González Yáñez –quien fue presidente de ese municipio-, se trató de una maniobra para venderlos a los “cuates” del actual gobierno local, que encabeza Carolina Monroy del Mazo, una de las principales herederas del Grupo Atlacomulco y prima del ahora presidente de México, Enrique Peña.

 

Jorge Hernández

A más de dos años de la presente LVIII Legislatura y luego de dos “madruguetes” del Ejecutivo estatal y los ayuntamientos de Metepec y Ecatepec para conseguir la autorización reglamentaria de los diputados para vender, regalar y prestar varios de sus terrenos, el PRD mexiquense ingresó una iniciativa de reforma a la Ley Orgánica Municipal para precisar los requisitos que deben cumplir los ayuntamientos con el fin de practicar estos desprendimientos de su patrimonio.

Según el documento presentado por el legislador Tito Maya –uno de los más grises del perredismo local- para que los ayuntamientos puedan ejercer esta atribución que les concede la citada ley, deberá acompañar las documentales públicas que acrediten: a)            Acta de la Sesión de Cabildo, debidamente certificada, donde se deje constancia de la decisión tomada por el cabildo; b) La población que va a ser beneficiada, así como los beneficios tangibles que recibirá el Ayuntamiento y c) Las causas de interés público y social que acrediten  la enajenación, arrendamiento, usufructo o comodato.

Además: d) En el caso de enajenación, el valor catastral y la estimación de valor comercial,  del bien inmueble que se va desincorporar y e) La petición formal de enajenación, arrendamiento, usufructo o comodato  debidamente firmada, acompañada de la identificación oficial del solicitante, y en su caso, el documento legal que acredite la personalidad, en el que se señale el destino que tendrá el bien inmueble así como los beneficios que recibirá el municipio.

De acuerdo con el congresista, que antes fue presidente de Villa Guerrero en el sur mexiquense, resulta necesario que la Ley Orgánica Municipal señale con precisión la documentación que debe de adjuntarse al solicitar la enajenación, dar en arrendamiento, usufructo o comodato los bienes municipales “toda vez que las decisiones que tome el ayuntamiento pueden afectar de manera drástica a las futuras generaciones, salvaguardar la propiedad municipal es una de las principales tareas que tienen los municipios, pero comprendemos que derivado de las necesidades sociales y de la estrategia de gobierno municipal se puede llegar a recurrir a estas figuras, y lo que busca la iniciativa, es dar certeza al ciudadano de que su patrimonio está siendo ejercido y resguardado de manera correcta”.

Cabe recordar que a finales de julio anterior, el PRI y sus aliados en esta Legislatura, a quienes se sumó el PAN, aprobaron que Metepec desincorporara y ofreciera en subasta pública siete de sus predios supuestamente ociosos, pero que según el diputado del PT, Óscar González Yáñez –quien fue presidente de ese municipio-, se trató de una maniobra para venderlos a los “cuates” del actual gobierno local, que encabeza Carolina Monroy del Mazo, una de las principales herederas del Grupo Atlacomulco y prima del ahora presidente de México, Enrique Peña.

Esa misma ocasión se le autorizó ceder en comodato las dos unidades deportivas que entonces se construían a cargo del erario, a las instancias “públicas o privadas” que por su experiencia en la materia pudieran administrarlas. El mismo Yáñez acusó que se pretendía entregarlas al empresario deportivo Nelson Vargas.

Más recientemente, apenas el pasado octubre, esta misma mayoría del PRI con Nueva Alianza, PVEM, y PAN, avaló que Ecatepec regalara a la Diócesis católica un céntrico predio con valor de más de 7 millones pesos, pasando por alto el análisis en comisiones y la debida dictaminación, generando la inconformidad de los diputados Octavio Martínez Vargas –oriundo de dicho municipio y el petista Norberto Morales Poblete-, quienes cuestionaron la falta de sensibilidad de sus compañeros para atender estos temas.

La iniciativa, que muy probablemente no sea estudiada ni dictaminada, fue remitida a la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales que domina el PRI con sus aliados (¿o cómplices?). En la sesión del 7 de noviembre del 2014 se agregaron otras peticiones de permiso para desincorporar inmuebles de cuatro municipios, aunque en estos casos los beneficios sociales son más que evidentes: se donarán a escuelas de distintos niveles.

Los responsables

* Valle de México. Ecatepec. Tecámac. Una banda de niños de 14 años, en el 2012, confiesa por separado haber asesinado hasta a sesenta personas. ¿Sesenta son muchas si se compara la densidad poblacional? ¿Si se compara la población de Iguala con la del valle de México? ¿Si se compara la población de San Pedro Limón en Tlatlaya? ¿Cuánto es demasiado? ¿Una es demasiado? ¿Las víctimas tienen nombre? ¿Sabe Eruviel Ávila sobre esas víctimas? De cualquier manera, existe un expediente, averiguaciones previas. Hay una historia que ninguna ficción puede narrar.

 

Miguel Alvarado

Ecatepec es el segundo municipio más poblado del país, con casi 2 millones de habitantes, detrás de Iztapalapa, en El DF. Por allí pasa el Río de los Remedio o Canal de la Compañía, una autopista de aguas negras para el valle de México que todos los años inunda parte del valle de Chalco. También es útil para otras cosas. Es un enorme tiradero de cadáveres, por ejemplo.

 

II

Eruviel Ávila, gobernador priista del Estado de México, habla de cualquier cosa, menos de seguridad pública. Su entidad, la más poblada del país, es también la más insegura. Los datos oficiales respaldan ese panorama pero no lo reflejan fielmente. La agenda de Ávila Villegas incluye reuniones con líderes sociales como la dirigencia estatal de los boy scouts mexiquenses, por ejemplo, o el reparto de cobijas en comunidades susceptibles de frío. Un día antes, anuncia internet gratuito en cinco pueblos mágicos. De pronto le sale lo estadista o lo que se confunde con ese concepto tan manido, desarticulado. Desde Acambay, en 29 de octubre, Ávila dice en micrófono abierto “que cada quien asumamos nuestra responsabilidad, que todos los gobernadores, que todos los presidentes municipales, hagamos la parte que nos corresponda, que le entreguemos las mejores cuentas al señor presidente pero, sobre todo, a la gente en materia de seguridad, que todos cumplamos cabalmente con la misión que tenemos en materia de seguridad pública y estoy cierto que si todos nos aplicamos y si todos hacemos lo que nos corresponde, vamos a entregar en esta materia las mejores cuentas”. De Tlatlaya, por ejemplo, nada. De Ecatepec, por ejemplo, nada.

 

III

El 29 de octubre del 2014 los Gigantes de San Francisco en Estados Unidos ganan el séptimo juego de la Serie Mundial de Beisbol 2014. En el  Kauffman Stadium derrotan al Reales de Kansas 3 a 2. Y es que tienen un pitcher fenómeno, Madison Bumgarner, hombre de hielo, ganador de tres juegos en la serie final. Él solo puede con todo, como en los tiempos de Ruth. En México, a la misma hora, cerca de las nueve y media de la noche, los padres de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero, terminaban una reunión de cinco horas con el presidente de México, Enrique Peña. La reunión había terminado a las siete, pero Peña y su gabinete se habían retirado sin firmar la minuta correspondiente. Les costó dos horas a los padres que regresaran. Un pliego de 10 puntos, como de aire, fue el acuerdo final, tambaleante como las investigaciones.

 

IV

A las 11 de la noche la Presidencia de Peña anuncia triunfalista que “en una reunión que duró cerca de cinco horas, escuché con atención las demandas, peticiones y preocupaciones de los padres, familiares y compañeros de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Todos ellos, con quienes comparto una absoluta indignación, tienen mi solidaridad y respaldo. Las investigaciones de este caso llegarán hasta las últimas consecuencias. Las familias y el pueblo de México tienen mi palabra: seguiremos hablando con transparencia y buscando la verdad de los hechos”.

 

V

Nadie le creyó. Ni siquiera él mismo, que apareció demudado. Su rostro lució como golpeado. Nunca antes el presidente había aparecido tan demacrado. Su expresión contradecía sus palabras. No hay nada qué decir. Un gobierno sin brújula, perdido, sin éxito. Pensó que era lo mismo gobernar México que el Estado de México. Que era lo mismo Ayotzinapa que San Salvador Atenco. Y por una vez en su vida pública tuvo razón. Atenco y Ayotzinapa son lo mismo. El Estado de México y México son lo mismo. Peña y su grupo, el de Atlacomulco, nunca lo han entendido. Ahora ya es tarde. También habrá una fosa, política, pero fosa al fin y al cabo, para ellos. Demudado, cansado, sí, pero al menos tenía la posibilidad de una noche de descanso, seguridad irrestricta, como al él le gusta decir, la compañía de su familia y comida, la que él quiera.

 

VI

A las 11 de la noche, los padres de los normalistas, cansados y sin esperanzas reales, dieron su propia conferencia de prensa. Campesinos obligados a hablar ante cientos de miles, ante reporteros indiferentes, ante el valemadrismo del aparato oficial, de lo que se denomina sistema; obligados a hablar sin tener las palabras, sólo la angustia; obligados a hablar desde las tarimas de los inexistentes derechos humanos en México, desde la desolación de la fosa o las páginas de los diarios. “No le creemos al presidente”, dijeron. David Flores, líder de los normalistas de Ayotzinapa, exigió dejar de buscar a sus compañeros en fosas y denunció que ni siquiera las promesas de Peña fueron suficientes ni concretas. No hubo nada. No hay hechos, no hay nada. “Y estamos dispuestos a dar la vida por ellos”.

 

VII

Hay otros que ni siquiera pueden expresar su angustia. Valle de México. Ecatepec. Tecámac. Una banda de niños de 14 años, en el 2012, confiesa por separado haber asesinado hasta a sesenta personas. ¿Sesenta son muchas si se compara la densidad poblacional? ¿Si se compara la población de Iguala con la del valle de México? ¿Si se compara la población de San Pedro Limón en Tlatlaya? ¿Cuánto es demasiado? ¿Una es demasiado? ¿Las víctimas tienen nombre? ¿Sabe Eruviel Ávila sobre esas víctimas? De cualquier manera, existe un expediente, averiguaciones previas. Hay una historia que ninguna ficción puede narrar.

 

VIII

En México se perpetran seis feminicidios a diario, según datos de Amnistía Internacional. En Ecatepec una orden de un juez de Zinacantepec que investiga los asesinatos de dos niñas de 14 años para dragar el río de los Remedios puso al descubierto casi 7 mil restos óseos de seres humanos. El gobierno del Estado de México se ha negado a practicar los estudios correspondientes para determinar sus características alegando que cada uno de ellos cuesta 4 mil pesos, pero que además, “son huesos de animales”, según la postura oficial de la Procuraduría estatal, que luego ratificaría José Manzur, secretario de Gobierno mexiquense. Eruviel Ávila tiene su propia respuesta para los 922 feminicidios pendientes de resolver en el Estado de México. Esa respuesta, “eruveliana” desde sus formulación y el entorno en la que fue lanzada, revela la lealtad kafkiana, de mazmorra, al modelo peñista de la simulación, del montaje telenovelero, del paisaje renderizado. Es una explicación barata pero directa de Tlatelolco, Atenco, Ayotzinapa, de Paulette Gebara, Tlatlaya y de por qué un hombre como Peña Nieto es presidente de un país como México.

“Hay cosas más graves que atender”, les dijo al Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio en mayo del 2014, quienes apuntan que hay mil 500 mujeres asesinadas en la entidad entre el 2007 y el 2013 y seiscientas menores de 20 años desaparecidos en lo que va de su administración.

 

IX

“No somos sus ovejas para que nos maten cuando se les dé la gana”.

“El sufrimiento no se negocia”.

“Tuvimos la necesidad de venir a exigirle y a preguntarle por qué su gobierno actúa de esa manera”.

“Mi hijo no fue desaparecido, fue raptado por los policías”.

“¿Quiénes son los de las fosas? Tienen nombre, tienen a su familia y a lo mejor los están buscando, también están sufriendo”.

 

 

X

Estadísticas del Secretariado Ejecutivo Nacional, dice el portal local Métrica reporta 200 secuestros para el Estado de México los primeros cuatro meses del 2014, que lo ubican en el segundo lugar nacional en ese aspecto. El discurso de Eruviel Ávila tampoco incluye el tema de los secuestros, ni siquiera cuando los afectados pertenecen a los círculos afectivos del presidente de México, como sucedió hace meses con una familia de políticos en Metepec, Estado de México.

 

X

El periodista Francisco Cruz, autor de los libros Tierra Narca; Negocios de Familia, la Biografía no Autorizada de Enrique Peña y Los Junior del poder para editorial Planeta, dice de las ejecuciones de Tlatlaya que todo es terriblemente confuso, y que no está claro que los 22 masacrados, jóvenes de entre 15 y 23 años, hayan sido sicarios, como dice el informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Se soslaya, esconde, dice, el factor guerrillero. Hay otra versión que indica que los soldados matadores del batallón 102 del ejército mexicano en realidad iban a vender armas a ese grupo de supuestos sicarios a la famosa bodega de San Pedro Limón. El control del armamento en México pasa siempre por las manos de las fuerzas armadas y las policías. Ellos necesariamente las distribuyen y así habría sucedido la madrugada del 30 de junio del 2014. Pero lago pasó que se desató un tiroteo y los compradores terminaron muertos. Los guerrilleros fueron ejecutados.

 

XI

Era cuestión de tiempo que el violento sur mexiquense, unido geográficamente con Guerrero y Michoacán en el Triángulo de la Brecha estallara e incendiara al país con la mayor crisis social y de seguridad de las últimas décadas. Pobreza, guerrilla, corrupción política, inequidad, narcotráfico, incomunicación, crimen, ignorancia, mala voluntad, ejército, marina, simulación y una larga lista de ítems fueron mezcla que pacientemente se baten todavía. No habrá revolución. Es otra cosa.

 

XII

El portal electrónico local Métrica recopila que en el Edomex hay mil 487 homicidios dolosos en lo que va del 2014.

 

XIII

Los enfrentamientos en el sur mexiquense continúan. Uno de los bandos, es claro, está formado por soldados pero de los otros se sabe sólo lo que los soldados, marinos o policías informan, Pueden ser cualquiera. La información es solo migajas, incluso la de primera mano. El 30 de octubre del 2014 una versión del ejército indicaba que un grupo delictivo en Luvianos los había enfrentado. Los muertos no eran tantos esta vez. Había seis, quizás cuatro detenidos, según datos de la Agencia MVT, la misma que publicara fotografías de los cadáveres en la bodega de Tlatlaya.

Este nuevo enfrentamiento se había registrado en la localidad de Cerro de la Culebra, la mañana de ese jueves, cuando el ejército localizó a un grupo de personas. El paralelismo con Tlatlaya es evidente, excepto que esta vez el gobernador mexiquense no ha felicitado al ejército. Tal vez lo haga en las siguientes horas o días. La lección, si la hubo, no significa nada para otros actores. El diario local Tres PM reportaba: “al momento de intentar acercarse para realizar una revisión, los sujetos que se encontraban en ese lugar dispararon contra los elementos militares, por lo que éstos repelieron la agresión, lo que desató un enfrentamiento por varios minutos. Durante la refriega, cinco presuntos delincuentes perdieron la vida, mientras se logró capturar a cuatro personas, así como decomisar armas largas y cortas, cartuchos útiles y droga que transportaban esas personas. Personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México acudieron al lugar para apoyar a los elementos del Ejército Mexicano e iniciar con las investigaciones para verificar si este grupo se encuentran relacionados con otros ilícitos que se presentan en la región sur del estado. Hasta el momento, las autoridades estatales y federales no han informado oficialmente si este hecho se presentó de manera aislada o forma parte de operativos específicos contra el crimen organizado que se realizan de manera conjunta en la zona sur del Estado de México”.

El enfrentamiento de Luvianos, a pocas horas de Tlatlaya y Arcelia, se presenta entre rumores de todo tipo que incluye una liga inevitable con Iguala y el narco-corredor del estado de Morelos, donde ubican al ex alcalde José Luis Abarca en Cuernavaca o bien en una comunidad llamada Las Lajas, en Ajuchitán, Guerrero, donde recientemente se registraron actos de violencia y ajusticiamientos entre narcotaxistas.

Calles repletas

* Ayotzinapa, en Guerrero, tiene 43 muertos recientes. El Estado de México, donde hay una ciudad que se llama Toluca, tiene 46, recientes, en un pedacito de agua, un kilómetro apenas, el canal de Los Remedios, tumba movediza que parte, desintegra el valle de México, ese que asusta a los extranjeros porque nunca se acaba. De esos 46 muertos no se habla mucho, aunque se sabe. Porque algunos dicen que son sesenta.

Miguel Alvarado

Marcharon por todo el país gritando y de verdad indignados, unos llorosos, otros riéndose, de la mano de las novias porque también la proximidad de la muerte es un buen lugar para quererse. Y llegaban a las plazas públicas donde el miedo y el cansancio se encargaban de apretujarlos, sacarles de encima las mantas pintadas de rojo, las consignas que los demás, los que son viejos, llevaron cuando les tocó lo mismo. Y que ahora ven mientras callan porque saben.

Ayotzinapa, en Guerrero, tiene 43 muertos recientes. El Estado de México, donde hay una ciudad que se llama Toluca, tiene 46, recientes, en un pedacito de agua, un kilómetro apenas, el canal de Los Remedios, tumba movediza que parte, desintegra el valle de México, ese que asusta a los extranjeros porque nunca se acaba. De esos 46 muertos no se habla mucho, aunque se sabe.

Porque algunos dicen que son sesenta.

Otras vez los hoyos, esas bocas retorcidas donde dios está enterrando.

Ahora dicen que les disparan a los estudiantes de Toluca, allí donde nos sentamos la tarde en que leíste tus poemas. Que están los militares y que disparan. Que está la policía y que dispara. En este minuto nadie sabe si es verdad y nadie se mueve mientras los que marchan envían los mensajes.

Estamos bien, son policías los que nos llenan de rumores, de falsa metralla, dicen los estudiantes.

Han pasado cuatro minutos y las calles del centro de Toluca, llenas de miedo, se han vaciado.

Vuelvo a tu carta, a tus poemas.

Mientras leo, lloro.

II

El taxi atraviesa el centro de Toluca.

A Metepec.

¿A Metepec, a las once de la mañana? ¿Por dónde quiere que me vaya?

Muertos azucarados exhiben en los portales sus sonrisas enhebradas de brillante caries, sus ropas como luciérnagas. Son los preludios de Día de Muertos y todos los años, a la misma hora toneladas de azúcar adquieren la misteriosa forma de los fantasmas. Espantos de chocolate y amaranto los acompañan en los estantes y las brujas norteamericanas les hacen los mandados entre pedacitos de turrón y papel picado de todos los colores.

En otros lados venden la sangre, envasada y debidamente tratada para la marcha zombi. Pero este año esa caminata por la ciudad no ha sido la única ni la más numerosa. Por ahora parece una frivolidad aquel maquillaje y la prolija elección de las heridas, abiertas con papel servilleta en el simulacro ideal para un día de sol y viento, sin lluvia, pero mucho silencio. Los monstruos, los de verdad, aguardan esperando el momento, la atroz llamada que los desplaza.

No hay nada, sólo miedo.

Y odio. Y miedo.

Y odio.

Los muertos, todos jóvenes, toman las calles y se apretujan. Las caras, todas sus caras representan la ola, el pacífico mar de una tarde de octubre enrojecido, escurrido en el tranquilo calor. Y si entonces uno pudiera decirles, mientras ellos hacen citas para el cine, que no se disfracen solamente, que no se siente sólo en el cine y coman sus palomas o se besen, que no sólo salgan ni solamente vean el futbol, armen la fiesta alcohólica.

Algunas cosas o casi todas ya no se pueden, solamente.

Esa misma fecha estudiantes de la escuela rural de Tenería avanzaban por la tarde por las mismas calles en protesta por las desapariciones de Ayotzinapa. Los comercios cerraron porque algunos dijeron que habría saqueos. Luego, llegando al centro, algunos dijeron que había balaceras. Nada era cierto.

Ese día el taxista iba por el centro de Toluca. Tomaba la avenida Morelos, la más grande de la ciudad y sintonizaba el noticiero para enterarse de los cortes del tráfico, los bloqueos. Pero en ese informativo sólo anunciaban la alineación del Barcelona, la injusta derrota de los Reales de Kansas City, el estado del tiempo, pretexto para otras cosas, para entablar la plática buscada ¿Hace frío en Nueva York? ¿Se inunda el metro en Times Square, sobre la Calle 42? Dices que las excusas sobre viento y marejadas son la peor manera de iniciar conversación y te creo.

¿Tiene prisa por llegar a Metepec?

Alguien saca una mano y la ventana del auto al lado refleja las caras de los que esperan el paso. No hay prisa porque en realidad no hay camino. Todo está aquí y todo llega, de pronto, a este centro de tiempo ajeno.

Es que tengo que ver por dónde nos vamos, porque van a cerrar las calles, por los estudiantes.

¿Vienen de Texcoco?

No, vienen de Tenango.

Hace meses los de Tenería marchaban con los ambulantes, sacados a golpes de las calles por la alcaldesa Martha González. Los esperaba la policía en un retén demasiado obvio que los vendedores de fruta habían anticipado y comunicaban a dulceros y semilleros. Al fin, hace meses, la marcha aquella avanzó elongándose como animal multicolor de escamas frutales y en los ojos los higos oscuros de la mañana.

Y en el vientre las semillas y los dulces.

Nadie los detuvo. No había policías, ni siquiera halcones, informantes en penumbras.

Los de Tenería enviaron apenas a 20 jóvenes, que cantaron desanimados mientras portaban sus pancartas, al Ché arrugado ya pero siempre allí, como excusa ni pretexto. Nadie preguntó por qué eran tan pocos.

Luego, una hora más tarde se supo que el resto de los de esa escuela habían llegado a la Terminal de la ciudad y allí se enfrentaban a la policía en un motín creado, sí, por ellos, pero que abriría el paso para que los comerciantes pudieran llegar. A ellos los madrearon antes de que se llevaran un camión para volver a Tenango mientras el resto podía sentarse a platicar lo que no se negocia con las autoridades locales.

Por fin el taxista encuentra una frecuencia con la información que busca. El inicio de la marcha será a las seis de la tarde.

Y es que vienen de Tenango y siempre vienen. Y siempre marchan y no arreglan nada.

El conductor vislumbra la avenida que busca, atestada de autos y que no permite el paso. Se mete adrede, se empantana solo en ese atasco de metales y silbidos justificándose para darle la razón al noticiero.

En el Estado de México hay mil 800 desaparecidos a la fecha.

– Por eso a los estudiantes se los madrean –dice de pronto, mientras sube el volumen al radio.

Encerrado en mí, no dejo de verte.

La página en Facebook de Carlos Salinas de Gortari

* Porque teatros para una ciudad con tres ejecutados diarios, 15 robos a mano armada, dos desapariciones, 15 intentos de extorsión y un aeropuerto para narcotraficantes parece una declaración del más podrido de los amores. Algo así como Carlos Salinas de Gortari en las redes sociales, y a quien que no le importa, ni siquiera medianamente, el ridículo de que se den cuenta de que no sabe hacer otra cosa si no es dinero.

 

Miguel Alvarado

Los comerciantes ambulantes del Metro en el DF se espantan cuando ven a alguien con una cámara. Solidarios, cierran filas y se pasan el dato. En el vagón fulano hay un zutano que está tomando fotos. Pronto al fotógrafo lo rodean discretamente. Nomás por si acaso. En las puertas, dos vendedores de discos y MP3 con los éxitos del momento. Frente a él, un niño con las pomadas milagrosas de La Campana –estamos casi seguros que eran de La Campana- y a un lado, un hombre ya grande que juega con resortes de plástico, ideal para el niño y la niña o los habitantes más inquietos de la casa. Al fondo, el vendedor de ratas, porque hasta las ratas son atractivas cuando permanecen quietecitas, inmóviles, a los pies del amo, que trata de buscar un comprador, le echa un ojo al gato.

– Lleve su rata, llévela, llévela. Ideal para días de lluvia, para el niño, la niña o la abuelita. Métale un susto a su esposa, por 15 pesos, póngala debajo de la almohada o en el plato de la sopa. Hágala pagar.

El hombre y el fotógrafo salen juntos del vagón. Uno se desvía en la tiendita de los cómics y el otro se dirige a la calle y extiende dos metros de plástico azul, como el azul del cielo lleno de OVNIS que hablan con Jaime Maussán, en la banqueta más suave y arrugada que encuentra. Sentado en la sala de su casa, mira lejanamente. Las ratas corretean aprovechando el impulso, algo macabro, del suelo jodido para siempre. Un hombre vende ratas y sobrevive. Son de a mentiras y cuestan 15 pesos, a veces 10, si uno le dice. En el piso las ratas corren, plástico en fuga. Harán pagar a la esposa descuidada o al hombre desaforado. Al niño o la niña que no estudian o que elegantes practican bulling y los madrazos a la hora del recreo y se masturban tempranamente. Una rata, un hombre tirado, los 15 pesos parecen extenderse por el pavimento recién colocado y ahogan la ciudad, donde los grupos de autodefensa no pueden tomar el control, ocupados en reconocerse ellos mismos, en batallar por las razones más humanas y viles por añadidura, en matar a los muertos también otro poquito, en rezarle a la virgen de Guadalupe, en ignorar Michoacán desde los escritorios, detrás de las computadoras, en internet.

Mientras las ratas corren, Metepec y Toluca son escenario enorme del ridículo. Todo sucede al mismo tiempo, grácil coreografía de lo estúpido, sincronizada esmeradamente en el grito del policía, la mujer atropellada, el narco de corbata que usa salas privadas en compañías aéreas para cambiar un maletín por otro. Avemex, la empresa que cobró 34 millones de pesos a la maestra Gordillo, pero que olvidó declarar, sirve panecillos gourmet en su menú por orden de Miguel Alemán en el aeropuerto de Toluca y se forman para la asignatura de camerinos, cuartitos oscuros, estrechados de media estrella. Pero qué más da si Toluca y Metepec preparan teatros para el pueblo, con recursos etiquetados, que no sirven para nada. La cultura, la confusión de la palabra no permitiría un teatro de 19 millones de pesos cuando la amada Elba prefiere hacerle al faquir y sigue comprando desde su cárcel, para apoyar El Buen Fin.

Porque teatros para una ciudad con tres ejecutados diarios, 15 robos a mano armada, dos desapariciones, 15 intentos de extorsión y un aeropuerto para narcotraficantes parece una declaración del más podrido de los amores. Algo así como Carlos Salinas de Gortari en las redes sociales, y a quien que no le importa, ni siquiera medianamente, el ridículo de que se den cuenta de que no sabe hacer otra cosa si no es dinero. Pasajes literarios perfumados en la poética del más asno son los que Carlos va dejando en su muro de Facebook, https://www.facebook.com/carlossalinasSolidaridad?fref=ts. Es hombre triste, arrepentido para siempre de ser madre y padre de aquellas ratas en el Metro o del fotógrafo en la tienda de los cómics. Se considera origen y consecuencia, falo y Falopio del país, karma y darma, prostituta núbil, fan del América, detractor de Emilio Azcárraga. Pero también escribe, aunque a través de sus empleados, que “entiendo, compatriotas, la animadversión que tienen hacia mi persona. Es fruto de los gobiernos posteriores al mío, los cuales sin duda rompieron la política de igualdad que siempre soñé para la república”.

Carlos sueña todavía con aquella república, colosista y pelona, donde todos los días se asoma por el balcón a ver el sol y las estrellas, tal vez la luna y el pueblo –porque siempre hay un pueblo, jodido por favor- que lo aclama y le besa los pies. La enfermedad del Hitler y el Stalin es la misma que la del Carlos. Nada ha cambiado y eso yo lo entiendo, compatriotas, pero no lo justifico.

El periodismo enseñó a Poniatowska a escuchar. Pero a otros nos enseñó a mentir. Carlos, yo volvería a votar por ti nada más para ver cómo te la mentaban hasta en los mensajes grabados que pasara Televisa. Pero Carlos no tiene la culpa. Sería injusto darle aquella importancia. Lo importante, como él mismo dice, es que comprendamos que “México necesita de nuestra unión, no soy yo el enemigo a vencer, sí lo es la pobreza, el desempleo y la desigualdad”. El desigual discurso, empobrecido todavía más por el empleado pagado que le hace los recados al licenciado, se convierte entonces en una apología de Polo Polo o del bienamado Jo Jo Jorge Falcón. Es lo que parece.

Nadie sabe si la página aquella es una broma pero para el caso es lo mismo. Terapia, pretextos, excusas. El payaso más tenebroso es de origen mexicano y quiere dominar el mundo. La escala Illuminati y el Consejo reptiliano le quedan cortos y por ello ha inventado otros, que comienzan en el sucio piso del Metro Xola, con un hombre vendiendo ratas, algunas a 10 pesos pero otras a 15 y con teatros al aire libre para El Tenorio Cómico o La Danza de los Cisnes en honor de Martha Hilda González, con la hija de Enrique Peña, Sofía Castro, como actriz principal.

Ciudad de crimen

* La alcaldesa de Toluca, Martha Hilda González Calderón afirma que la inseguridad en esta ciudad es igual a la de otras urbes en el país, aunque se apreciación no resuelve nada. Esta afirmación contiene entre líneas la respuesta: no hay todavía suficiente presupuesto para el rubro pero tampoco especialistas que puedan organizar planes y llevarlos a cabo, tan es así que se depende casi en lo absoluto de los programas de la Federación.

 

Miguel Alvarado

El gobierno del Estado de México gasta en administrar e impartir justicia 2 mil 758 millones 543 mil 826 pesos; en prevención y reinserción social mil 231 millones 25 mil 176 pesos; en procuración de justicia 2 mil 181 millones 203 mil 616 pesos; en derechos humanos 144 millones 147 mil 897 pesos; en seguridad pública 6 mil 395 millones 383 mil 482 pesos y en protección civil 525 millones 725 mil 67 pesos, según el Presupuesto de Egresos 2013 que aprobó la Cámara de Diputados local. La seguridad y la justicia es uno de los gastos de mayor envergadura para la entidad, que sin embargo no termina de resolver problemas elementales como capacitación policiaca y superar controles de confianza.

Toluca, capital del estado más poblado del país, ha sido por fin tomado sin miramientos por una ola de inseguridad que algunos llaman crimen organizado. Si bien en cierto que desde hace años zonas específicas de la ciudad son base de operaciones de bandas y cárteles, todavía se respetaba alguna parte, que permanecía intocada y era marcada como sitio seguro por las autoridades. Tres de estas colonias eran la Morelos, Federal y Granjas, residenciales tranquilos con pocos comercio, hogar de maestros y trabajadores estatales, beneficiados con las primeras casas que entregó el gobierno, en los años 50. Grandes y confortables, no se parecen en nada a los modernos departamentos verticales, que encuentran su modelo reproductivo en Cuautitlán Izcalli. Hogar de funcionarios importantes y con vigilancia policiaca continua, las colonias en cuestión apenas registraban algunos robos o incidentes de poca monta, hasta este año, cuando los asaltos a las casas se hicieron cotidianos. En ellos, según los vecinos, estaban involucrados vigilantes de a pie o en bicicleta, pues sólo ellos saben con precisión el momento en que las propiedades se encuentran solas. Algunos creen que el Estado de México experimenta una especie de michoacanización y que ha alcanzado a la capital que albergó al actual presidente mexicano durante seis años y buena parte de su vida pública.

Pero esos residentes ven lejano ese panorama. No existe el nivel de agresión que se observa en Michoacán. Así y todo, apenas el primero de agosto del 2013, a las dos de la tarde, un hombre fue secuestrado en la esquina de Eulalia Peñaloza y Felipe Villanueva, en la colonia Federal, a la vista de transeúntes y comerciantes. Un auto le cerró el paso, mientras caminaba aquellas calles y sin mediar nada lo subieron. Los testigos aseguran que era uno de los jefes de colonos de aquella parte y que se encontraba en desacuerdo con algunos otros. Pero los más aseguran que se debe a una campaña que esa colonia impulsa como parte de un sistema de autoayuda, ante la evidente inoperancia policiaca y que implica colocar mantas con los retratos de asaltantes y ladrones del rumbo. La evidenciación es parte de una respuesta a la autoridad municipal, liderada por la alcaldesa priista Martha Hilda González, a quien se le responsabiliza por no garantizar la seguridad en la ciudad. Hace unos meses, la región norte del municipio, habitada por mayoría otomí, reclamaba al municipio el abandono en que se encuentra. Pronto comenzaron movimientos para obtener la independencia de Toluca, pues 23 mil personas son más que suficientes para gobernarse solas. La respuesta fue inmediata: despensas e inscripciones en programas sociales y hasta una presentación de la Orquesta Sinfónica calmaron algunos ánimos pero no el principal problema. González Calderón declaró públicamente que la región norte era la prioridad para su gobierno, lo que fue interpretado por vecinos del centro como una muestra de que el gobierno no sabe qué hacer ni cómo cumplir sus obligaciones. Miles de volantes impresos de manera artesanal circularon por la colonia Morelos, donde vecinos organizados hacían público su descontento.

González Calderón afirma que la inseguridad en esta ciudad es igual a la de otras urbes en el país, aunque se apreciación no resuelve nada. Esta afirmación contiene entre líneas la respuesta: no hay todavía suficiente presupuesto para el rubro pero tampoco especialistas que puedan organizar planes y llevarlos a cabo, tan es así que se depende casi en lo absoluto de los programas de la Federación.

Es cierto que los pretextos sobran. El 3 de agosto, al menos tres autos estacionados en la vía pública, en la colonia Federal, fueron despojados de sus llantas. Dejados en cuatro tabiques, enervó la indignación vecinal, aunque hasta el momento se ha topado con la pared burocrática y poco o nada se ha resuelto.  En el 2011 un grupo de secuestradores había rentado una propiedad en la calle Esteban Plata, en la colonia Granjas, para usarla como casa de seguridad. Luego de algunos casos, fueron detenidos por la policía, pero los vecinos aseguran que los plagiarios cuentan con algún tipo de protección oficial, pues un año después el cabecilla se paseaba por las calles sin que nadie lo molestara ni mediara explicación sobre su libertad.

Mientras el gobierno estatal dirime la suerte de Eruviel Ávila y compra, entre otras cosas, 12 millones pesos en alfombras para yoga, como documenta el diario local Alfa, también espera las reacciones del cártel de La Familia Michoacana, que según versiones oficiales perdió a su líder en Luvianos, Pablo Jaimes, La Marrana, en un enfrentamiento con soldados. Jaimes no era el único líder pero sí uno de los más influyentes en la Tierra Caliente mexiquense, que colinda con Guerrero y Michoacán. Y como en toda cadena criminal, el grupo delictivo busca nuevo dirigente e El Pony o El Player, según la Procuraduría estatal, quien confirmó el deceso el 7 de agosto. La presencia de este cártel en Toluca se relaciona con plagios, secuestros, extorsiones, control de piratería y trasiego de droga. En el centro de la ciudad, algunos pequeños comercios han cerrado debido a la presión de pagos por parte de este grupo. Los dueños de bares saben que deben negociar con ellos si quieren permanecer abiertos, pero aún así sus demandas son imposibles para algunos, que deben cerrar los locales para que solamente los criminales los utilicen, sin pagar los consumos.

Si las colonias Federal, Morelos y Granjas habían permanecido más o menos al margen de la actividad delincuencial, no sucede lo mismo en el resto del municipio. De punta a punta, los reclamos por el crimen son proferidos, pero no resueltos. Nadie se salva, desde alumnos del Tecnológico de Monterrey, hasta empleados de la zona del aeropuerto, padecen asaltos, amenazas y secuestros. Una de las promesas de campaña de González Calderón era abatir los índices criminales en la capital e impulsarla como una de las más importantes. Para eso firmó cerca de 25 compromisos, imitando las campañas de Enrique Peña. Hasta el momento, los compromisos más sensibles esperan mejor oportunidad.

Las reglas del OXXO

* ¿Y cuál sería el OXXO del arte contemporáneo? Recuerda nuestro estudiante una feria de arte. Había una zona de ofertas, y todo estaba al módico precio de 2 mil 500 dólares. Pero quizá hay algunas diferencias. El supermercado satisface necesidades (reales o ficticias) inmediatas, mientras el arte promete a quien lo contempla una experiencia, y a quien lo compra o lo encarga, trascendencia.

 

Rodrigo López Romero

El estudiante va a un supermercado, es decir una tienda donde venden desde verduras hasta ropa interior pasando por televisores. La patria del consumidor. Él también es un consumidor, por supuesto, aunque se sienta más informado o astuto que otros, y desdeñe las grandes corporaciones y fábricas. Pobre iluso.

El supermercado es un lugar de abastecimiento. Uno pierde dinero pero gana objetos, necesarios como la leche o inútiles como la revista HOLA!

El estudiante de artes se siente a medio camino entre el artesano y el filósofo. Mira las cosas en venta como materia prima y a la vez intenta reflexionar sobre su uso, su imagen y su naturaleza. Observa, por ejemplo, que las cosas intentan ser llamativas, los detergentes por ejemplo, y tienen nombres cortos y logos fácilmente reconocibles. También nota que cada cosa quiere inscribirse dentro de un área o estrato, dependiendo de su precio y apariencia. No es lo mismo un queso de veinte pesos que uno de cien. Mientras más aumenta el precio, más promete la cosa. Queso producido en Francia con ingredientes cuidadosamente seleccionados, en una granja con vista a un campo interminable. Uno puede sentir la brisa matutina, la leche saliendo libremente de las ubres de la vaca, manos blancas y jóvenes elaborando el queso, la nieve en los Alpes. Los objetos, igual que el cine o la televisión, buscan sacarnos de nuestra esfera cotidiana. O en este caso, introducirse en ella con sus cientos de imágenes agradables que harán nuestra vida feliz. Un desodorante que nos hará sentir frescos todo el día, aun en el camión más lleno a mediodía. Un tinte para cabello con el poder de cambiar la personalidad. Cosas light, que podemos comer sin el miedo a engordar que oscurece la cena más alegre. Alimentos orgánicos que quitan el otro miedo de estar ingiriendo puro químico.

Los supermercados son los lugares donde la cultura contemporánea sueña.

Y todo con imagen de mujer, en las cajas, las botellas, las envolturas. Un modo más de enganchar el objeto al deseo.

Todo esto piensa el estudiante a la vez que cae en la fascinación. ¿Y quién no ha comprado algo inútil sólo por su apariencia? Quizá si el arte toma lo que le queda a la mano, los artistas deben ir al centro comercial. Piensa que le gustaría tomar algunas fotos. Ve una empleada caminar hacia un pasillo lleno de cajas más altas que ella y piensa que haría una buena imagen, aunque no sepa qué significa. Piensa que podría comprar los diccionarios de la zona de revistas y hacer una obra llamada La torre de Babel. Podría hacer organizaciones con las frutas, jugar con los colores de las verduras perfectas y frescas que se exhiben en estantes organizados.

Hay botellas de cerveza de muchos países, con formas fantásticas, desde cervezas alemanas que llevan el sello de la hombría hasta cervezas con dibujos casi infantiles en sus etiquetas. Mira los vinos, los refrescos, los jugos, todos los colores y los empaques de tan distintos líquidos. Se podría hacer una historia de la civilización con puras bebidas. ¿Qué habría pensado un habitante del Egipto faraónico del sabor de la Coca-Cola?

El estudiante piensa que la mayoría de los objetos son en esencia un deseo humano. O son extensiones de él mismo (como las herramientas) o adaptaciones a la naturaleza (del agua de un arroyo a un refresco). Y si uno se pusiera a pensar lo suficiente, se podrían hacer obras maestras con cosas tan cotidianas como un mameluco de bebé o un triciclo.

Y a la vez, hay una saturación preocupante de objetos. El estudiante leyó a un psicólogo social que opina que nuestra sociedad tiene un vacío hecho de tantos objetos. Sí, en el mundo de los objetos, como él escribe, menos es más. Un estante lleno de cosas es una puerta a la nada.

Y mientras conduce su carrito metálico por el pulido piso del pasillo central del supermercado, piensa que todos generamos algún tipo de bien susceptible de ser adquirido, sea este el apoyo legal para un divorcio, clases de griego, tamales oaxaqueños, o una obra de arte.

Ve a la venta un paraguas. No es negro como la mayoría, éste tiene impresa una obra de Van Gogh, sus lirios. Flores violetas parecen abrirse y danzar entre tallos y hojas de un verde profundo. Un canto a la tierra. Y sin embargo una obra como tantas que en su tiempo no se vendió, que luego valió millones, y que ahora vale doscientos pesos reproducida en una sombrilla. ¿Qué pensaría Van Gogh de eso? Él estaba a favor de un arte democrático. Pero esto es otra cosa. No sabe nuestro estudiante si le gusta o no, si está de acuerdo o no, pero no importa, igual le parece un logro fascinante de la cultura. Y a pesar de que Van Gogh esté reproducido en tazas, en postales y en paraguas, la gente sigue haciendo fila para ver sus cuadros.

Un día quizá el arte se venda en los supermercados. Y no como mera reproducción. Eso le habría gustado a Andy Warhol. Él quería que sus pinturas tuvieran el mismo tamaño para que pudieran ser “intercambiables”. Él se hizo a sí mismo una marca, aunque dijera que ser artista era como cualquier trabajo. Ahora los artistas son una marca, tal vez desde hace mucho lo fueron. El estudiante imagina una plática de magnates:

-Lo invito a mi casa, amigo millonario, habrá una buena cena y podrá ver mi Rubens.

-Hecho, y la próxima semana le toca a usted venir a mi noble mansión, y contemplar mi Chagall.

-Y no olviden venir para mi cumpleaños a mi villa, tengo dos magníficos Monets.

Y ni él mismo, ni todos sus compañeros estudiantes se entregan al arte sin prejuicios, sino que investigan quién está en qué exposición, para saber si vale la pena. ¿Y cuál sería el OXXO del arte contemporáneo? Recuerda nuestro estudiante una feria de arte. Había una zona de ofertas, y todo estaba al módico precio de 2 mil 500 dólares.

Pero quizá hay algunas diferencias. El supermercado satisface necesidades (reales o ficticias) inmediatas, mientras el arte promete a quien lo contempla una experiencia, y a quien lo compra o lo encarga, trascendencia. El estudiante sigue mirando los objetos expuestos con una mezcla de extrañeza y atracción, y el carrito de supermercado se aleja hacia las cajas emitiendo un chirrido intermitente.

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