¿Muy gallo?

* El oficio de gallero es ancestral en México. A pesar de que el palenque es una arena sangrienta y se cuestiona la crueldad contra los animales, las peleas con estos animales son parte de la vida cotidiana en algunos lugares. Los galleros, además, poseen un peculiar punto de vista sobre la identidad mexicana y la familia.

 

Elizabeth Bañuelos

“Un gallero profesional no es aquel que compra sus gallos de 2 mil o 3 mil pesos para jugarlos en un palenque. Para mí un gallero es aquel que cría, desde que manda a incubar sus huevos, hasta que tiene un verdadero macho para poderlo jugar porque lleva una secuencia de alimentación, de cuidados hasta llegar a la edad adulta”, relata Francisco Sánchez Enríquez, gallero de oficio desde hace más de 20 años.

En el valle de Toluca hay mucha gente aficionada a los gallos, lo cual se ve reflejado en la Federación Mexicana de Criadores de Gallos de Pelea A.C. que tiene registradas 39 asociaciones dentro del Estado de México. “Prácticamente dentro de Toluca, en cada pueblito o en muchas colonias como El Seminario o San Buenaventura, hay asociaciones, grupo de 10 ó 20 criaderos de gallos que van a Gobierno y obtiene un permiso para poder jugar sus gallos. Los torneos entre asociaciones son una cosa más grande, ahí se tienen que sacar permisos y jugar bajo reglamentos en un palenque vigilado con seguridad pública”, asegura Sánchez.

Francisco ha participado en múltiples eventos, desde torneos clandestinos hasta palenques y del primero dice que “hay muchos riesgos. En una ocasión me invitaron de aficionado, yo no sabía que iba a jugar, entonces me vocean y me dicen que me pase a la zona de báscula. Apenas estaba la ceremonia de pesaje. En el transcurso de una de las peleas un gallo bravo se le regresa a una de las personas que estaba soltando del otro lado y le corta la pierna con tendón. Fueron 70 puntadas, ese es uno de los riesgos porque no hay doctor ni un fondo para ayudar al soltador en caso de que necesite operación. Un gallo puede llegar a amputarte un dedo, hay cortadas muy graves.

Otra problemática de estos torneos son los pleitos entre contrincantes que, en ocasiones, han terminado incluso en balazos.

Dentro del palenque cada partido (entre una y 5 personas que juegan sus gallos bajo un nombre común), tiene un lugar asignado en el ruedo, dependiendo del monto de la apuesta, para amigos y familiares. Ahí va todo tipo de gente, desde niños hasta señoras. Al entrar, elementos de seguridad  pública te revisan “porque lo que se juega dentro del palenque son los gallos, no la vida de las personas. Esto se hace por amor al deporte y a los gallos. La mayoría de las veces ni siquiera es por amor al dinero, porque entran 30 ó 40 partidos por torneo y de todos esos sólo llegan 2 ó 3 a un premio. En Donato Guerra hemos jugado incluso con gente que tiene puesto dentro de la presidencia municipal pero son gente que sabe perder”, cuenta Sánchez.

Para él, la estrategia va en conjunto con la suerte porque nada es seguro pero el preparador o “pastor” de los animales es pieza fundamental pues se encarga de que el animal se vaya poniendo en forma para el día de la pelea.

– El gallo te dice cuándo está listo para pelear, te empieza a caminar alrededor o da  unos aletazos muy fuertes, son síntomas que te hacen identificar que ya está listo.

Incluso lo compara con un boxeador porque “si lo mandas a la pelea con tres entrenadas pues lo van a noquear rápido, pero si le metes 2 ó 3 meses de entrenamiento va a saber caer, moverse y darse la vuelta”.

El entrenador, el amarrador y el soltador son pieza fundamental para el éxito o fracaso en el combate, pero lo más importante es que un gallo vaya a jugar con sus elementos naturales, bien escuadrada la navaja y bien amarrada.

– He visto gente que le mete droga o insulina a sus gallos, pero para mí eso no funciona porque es como si a un deportista, antes de jugar, le metieras una botella de tequila”, comenta Sánchez.

 

Las instrucciones

 

Antes de iniciar la pelea te avisan para despertar al gallo. Se le saca de la caja y se le pasa al Rascadero. Se le da agua y se le deja 10 ó 15 minutos para que esté tranquilo.

Pasas a Zona de Amarre y muestras la pata del gallo. Ahí lleva un número en un cincho y el juez verifica que sea el gallo que corresponde.

Después se le pone el parche y se acomoda la botana (artefacto en baqueta y piel en forma rectangular, con dos lengüetas que sirven para sujetar la pata del gallo y que contiene una perforación circular para empotrar en el espolón y sobre la cual se monta la navaja, sujetándose con hilo especial, plano y muy resistente). Se le dan 7 vueltas aproximadamente para asentar la navaja, después se le dan una serie de vueltas y cruces que impiden que se mueva la navaja. Posteriormente se limpia la navaja y se le coloca la cubierta para que “al momento de monear (cuando el gallo enfrenta a otro con el propósito de excitar el instinto de combate) no te vayas a cortar y el ave tampoco”.

Te llaman y te dicen que son 15 ó 20 minutos para entrar a tablas. Los dos soltadores checan el reloj y pican los gallos, se colocan sobre la línea y se suelta el gallo exactamente sobre la que marca el juez. “La mayoría de las veces la pelea no dura ni los 15 minutos”, cuenta el gallero.

Prácticamente la pelea termina cuando uno de los gallos muere o da fondo, que es cuando se rinde echándose en el piso como resultado del cansancio, fatiga o heridas en combate.

Son dos soltadas para abrir: picando los gallos y colocándolos en la línea de salida. Para las demás hay un cuadro de 40 centímetros de área aproximadamente, se pinta una raya a la mitad en la cual se debe sentar al gallo y en cuanto el juez dicta “tiempo”, se debe soltar.

– Muchas de las veces ahí es cuando el gallo empieza a perder la vida porque ya hay un importante sangrado, tanto interior como exterior. Comienza a bajar la cabeza y tocar la arena. Eso es fondear, o cuando el gallo echa cola y huye, que es cuando ya no quiere pelear. El juez dicta que se piquen los gallos y aunque el mío esté casi muerto, si el otro ya no quiere pelear, automáticamente pierde.

Para poder participar en un torneo se debe pagar una inscripción o entrada. El dinero recaudado es ofrecido como premio pero el dueño del gallo puede hacer apuestas con los rivales. “El público muchas veces mete más dinero que la gente que lleva los gallos, es la que apuesta más. A mis animales les meto 2 ó 3 mil pesos, pero me ha tocado ver gente que les mete 10 ó 15 porque sabe que los animales van bien preparados”.

Sánchez reconoce que “muchas de las veces debes saber cuándo te tienes que retirar porque, como siempre digo, si ganando no me salgo, menos perdiendo porque, digo que en la siguiente me recupero y si vuelvo a perder en la siguiente sí me recupero y no salgo. Es a lo que le nombran vicio. Cuando he ganado lo principal es darle gracias a Dios y en segunda llegar con mi familia y que sepan que gané tanto en los gallos. Vamos a los tacos, les compro un refresco o a ver qué hacemos. Porque para mí es algo especial jugar pero con mi familia. Mucha gente va sola, pero para mí es importante que mi familia sea partícipe de eso que me da tanta felicidad y que es un orgullo. Decir que soy mexicano, que vengo de un rancho y que donde quiera que me pare va a haber con quién jugar a los gallos, con quién hablar de gallos”.