Los abandonados

* “Si uno quiere conoce una zona miserable debe ir a La Y. Pero no es nada más pobre. Es también un lugar peligroso donde desafortunadamente la policía es la principal extorsionadora. Es en lugares como esos donde la idea de la autodefensa toma forma. No es una idea propia, es verdad, pero no tiene que serlo para nos funcione. La vimos en otros estados, en Guerrero, Michoacán o Oaxaca. Yo no sé cómo están allá organizados, pero aquí es muy simple. Quienes tienen dinero, que son muchos, prefieren contratar a sicarios que pagarles la protección”.

 

Miguel Alvarado

La zona norte de Toluca es una de las más inseguras del municipio. También es una de las más abandonadas por las autoridades, cuyos planes de apoyo comprenden la construcción de una deportiva y la canalización de programas sociales, pero nada más. Esta región, que ocupa el 25 por ciento del territorio, es habitada por una mayoría otomí y todavía es semirural, aunque la urbanización ya la alcanza. Pero “Autopan, Cuexcontitlán y Huichochitlán no son delegaciones pobres. Están abandonadas por las autoridades”, apunta Javier, habitante de San Andrés Cuexcontitlán, quien además pertenece a uno de los tres grupos de autodefensa civil que surgieron hace un mes y que ahora recorren las calles de ese poblado.

Y San Andrés, famoso en el municipio por las fiestas de enero donde la población se disfraza y baila durante tres días a su patrono, ahora destaca por la inseguridad y el desaseo de sus delegados. Apenas hace un mes, aquella región amaneció poblada de mantas que advertía a visitantes y curiosos que “te estamos vigilando”, “vamos a linchar a los ladrones y violadores”.

El fenómeno de las mantas no es nuevo, pero tampoco tiene tanto en la zona. Curiosamente, quienes usaron las mantas para comunicar sus mensajes fueron los Caballeros Templarios, un cártel relativamente nuevo en el valle de Toluca, y que pelea una guerra silenciosa con La Familia en el sur mexiquense. El 14 de noviembre del 2012, quince narcomantas fueron recogidas por la policía estatal en distintos puntos de Toluca, uno de los cuales era la colonia Aviación, en Autopan. Según los agentes, contenían mensajes dirigidos al entonces presidente Felipe Calderón. Antes, en esa especial dinámica de utilizar lonas en lugar de ponerse de acuerdo de manera directa, las autoridades de seguridad acostumbraron a los pobladores a leer sus avisos. La policía, tradicionalmente inoperante en aquellos rumbos, ponía especial énfasis en que se conocieran los números de denuncias anónimas no sólo en la región norte de la capital, sino en la entidad.

Los pobladores entendieron el mensaje. Las mantas parecían la mejor vía. Estaban en las principales calles y mostraban una tenebrosa realidad.

– Este fin de semana Cuexcontitlán amaneció lleno de mantas con avisos de la comunidad contra los delincuentes. Son amenazas directas para quienes tienen la intención de cometer algún crimen o dañar bienes ajenos –dice el mismo Javier, mientras observa una de ellas.

– ¿Y cómo toma esos mensajes la gente?

– Mejor que los de Autopan. Allá están enojados por lo mismo. Son nuestros vecinos, podemos llegar caminando a sus comunidades, pero la diferencia con nosotros es que no estamos dispuestos a esperar. Tenemos autoridades incompetentes que no saben lo que pasa por aquí. El otro día hubo una reunión con los delegados y se les preguntó por los grupos de autodefensa. Ellos fueron los últimos en saber que ya había tres grupos patrullando las calles de San Andrés. Pero eso sí, son los primeros en apuntarse para los programas de ayuda.

– ¿Qué quieren los habitantes de Cuexcontitlán?

– Pues que se controle la inseguridad, primero. Que las autoridades no vengan a decir tonterías, como hizo la alcaldesa Martha (Hilda González Calderón) hace un mes o dos. Y por último, queremos gobernarnos nosotros mismos. Nuestros pueblos no le interesan al gobierno de Toluca. Y tenemos ejemplos con municipios donde hay otomíes, como San Felipe del Progreso o El Oro, donde se les da mejor trato y los incluyen. Eso queremos. Un gobierno que nos represente, concluye Javier.

La alcaldesa priista Martha Hilda González Calderón visita poco esta zona. Pero cuando lo hace, las cosas no le salen como ella quisiera. Primero, una accidentada elección de autoridades auxiliares ventiló las deferencias de la administración municipal con los poderes tradicionales de la zona norte. Las protestas de los habitantes no se hicieron esperar. Bloqueos carreteros y finalmente un amago de revuelta obligaron a la presidenta a reunirse con los inconformes. Allí se enteró del trasfondo. Los habitantes querían separarse de Toluca porque el municipio no destina recursos para ellos y, si lo hace, se quedan en manos de los delegados.

La idea no es un chantaje. Tiene décadas rondando por aquellas delegaciones, pero apenas ha encontrado el eco suficiente para tener aceptación generalizada. Esta inquietud separatista hace presión también por el lado de la inseguridad. Según pobladores, el narcotráfico se ha filtrado en esa zona, aunque la usa como dormitorio, todavía, pero eso promueve asaltos, violaciones y secuestros.

“Hace poco a un niño lo asaltaron para robarle su celular. Está vivo pero su pronóstico indica que no la libra. También asaltos a comercios y abuso de autoridad, sobre todo esto último. A veces pensamos que los policías ayudan a los delincuentes y ellos mismos nos extorsionan, como sucede en la colonia Llano de la Y”, dice Javier mientras termina de escribir un programa que prevé un sistema de defensa apoyado en el uso de silbatos.

El Llano de la Y es una colonia de San Andrés Cuexcontitlán que hace límites con el muncipio de  Xonacatlán. Por años ese territorio ha estado en disputa, pero sólo en tiempos electorales, cuando los operadores políticos llegan a repartir dádivas y promesas. El resto del tiempo, abandonado, es más bien uno de los cinturones de miseria que Toluca desarrolla en silencio pero a la sombra de las ciudades industriales o los grandes centros comerciales. El Llano es una colonia perdida, de unos 2 mil 500 habitantes que habitan casas de cartón a medio terminar y transitan calles sin pavimento, convertidas en ríos en época de lluvia. Allí nadie vive de día. Por la noche, los habitantes regresan para constatar que en cualquier lugar se puede estar si uno se adapta. En las viviendas hay luz y agua para todos, pero las tomas son clandestinas o al menos no entran en el presupuesto municipal. Afuera, en la calle, todo permanece a oscuras. Allí ni los diablitos alumbran.

– Si uno quiere conoce una zona miserable debe ir a La Y. Pero no es nada más pobre. Es también un lugar peligroso donde desafortunadamente la policía es la principal extorsionadora. Es en lugares como esos donde la idea de la autodefensa toma forma. No es una idea propia, es verdad, pero no tiene que serlo para nos funcione. La vimos en otros estados, en Guerrero, Michoacán o Oaxaca. Yo no sé cómo están allá organizados, pero aquí es muy simple. Quienes tienen dinero, que son muchos, prefieren contratar a sicarios que pagarles la protección –apunta Javier.

– ¿Hay mercenarios en Cuexcontitlán?

– Pues sí, porque los sicarios están al servicio de quienes les paguen. Los que tienen dinero y son extorsionados por el narco o por quien sea, los contratan y forman grupos de defensa. Aunque esto de contratar sucede poco. Más bien, lo que pasa es que se organizan los extorsionados y salen a las calles a patrullar y a defender a sus familias y patrimonio. Hasta ahora no ha habido enfrentamientos ni se ha detenido a nadie, pero no falta mucho –señala Javier.

Y es verdad. A las nueve de la noche, aunque no todos los días, un grupo de hombres vestidos de negro salen a caminar las calles de Cuexcontiltán. Usan gorras negras y paliacates en el rostro, pero los vecinos saben quiénes son., No hay secreto en una comunidad tan pequeña y exacerbada. En la mano llevan palos o machetes pero Javier asegura que todos traen armas de fuego, algunos cuchillos entre las ropas. Caminan juntos y se comunican por celulares. Javier confía en que su propuesta de usar silbatos sea aceptada.

– Es que no vamos a poder enfrentar a todos. Algunos criminales andan en grupos tan grandes como los nuestros, y ellos sí van a matar. Mejor, en caso de que alguno los vea, debe usar el silbato para alertar al otro. Es un sistema de vigilancia por cuadras, casi, casi, donde nos avisamos de esa forma para que el delincuente sea perseguido y detenido a donde quiera que vaya. Ya tenemos experiencia con asesinos y plagiarios, que vienen a San Andrés a hacer de las suyas. Por ejemplo, una vez me tocó ver al Gordo, un delincuente local, que iba caminado por aquí cerca. Atrás de él venían otros dos subidos en un taxi, con una persona más. Todos iban drogados o ebrios, menos la persona que te digo. En un momento, ellos la bajaron y la llevaron a las milpas cercanas, de donde ya no salieron. Yo me fui pero al otro día salió en los periódicos que habían encontrado un muerto y un taxi robado. Era la persona que yo había visto, la de las milpas. No puedo denunciar con las autoridades… bueno, en primera no harían caso. Luego me meto en líos porque tengo que ir a declarar y nadie me asegura que la policía no los proteja. Mejor los grupos.

– ¿Están dispuestos a castigar a los que detengan?

– ¿Así como lincharlos o golpearlos? Pues… yo digo que no, pero luego, cuando sucede, uno nunca sabe. Los habitantes están hartos, eso sí, y ellos podrían hacerlo porque están desesperados.

– Entonces, la policía…

– Hay policías, a veces uno en cada esquina, cuando vienen las autoridades, pero nunca atienden las emergencias ni los llamados. Prefieren extorsionar parejas.

– ¿Y estos grupos de autodefensa están de acuerdo con la separación de Toluca?

– Primero quieren resolver lo más urgente, pero sí, aunque ese tema lo tratamos luego.

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