Los Juniors del Poder

* El periodista Francisco Cruz Jiménez ha publicado el libro Los Juniors del Poder, su octava obra, entre las que destacan Negocios de Familia y Tierra Narca, todas editadas por Planeta. Disponible a partir de octubre del 2014, Los Juniors… recorre el camino de las heredades en ese poder público y empresarial que parece renovarse a sí mismo cada determinado tiempo, cuando es necesario. Los mismos apellidos en distintas caras, intenciones y actividades similares, cotos medievales y fortunas incalculables aparecen reseñados en las páginas de esa investigación, que también toca a familias del Estado de México.

Miguel Alvarado

Hombre de protocolos, aprendidos apenas, Enrique Peña nunca asistirá a un estadio de futbol sin que previamente sea llenado con acarreados ni dará la cara en algún escenario donde no tenga, al menos, el control parcial de la asistencia.

La noche del 15 de septiembre del 2014 representaba para él y su corte de reformistas uno de los retos públicos más interesantes y que les permitiría aplicar, si no sus conocimientos políticos, al menos sus tácticas de acarreo. Comprada una elección presidencial, la más discutida junto con la Felipe Calderón en el 2006, al equipo de Peña no le preocupaba la logística ni los costos, tampoco la moral o el resultado de al menos 10 reformas totalitarias, sino la exposición pública. México se polariza y cada vez se trata menos de pobres contra ricos. Peña volvió los ojos, amoroso esta vez y aunque se saltó en el mapa San Salvador Atenco al elegir sus opciones, volvió a comprar con espejitos y cuentas de vidrio las leales porras de quienes trabajan como acarreados. Cuautitlán Izcalli, Tlalnepantla, Huixquilucan y Atizapán entre otros municipios aportaron su grito de guerra, viva Peña, vivan los tamales, viva el atole, un chingue su madre silenciado a la hora correcta, a cambio de un mp3, una torta, un par de plátanos y para algunos los emblemáticos 500 pesos. En Coacalco hasta comida de despedida hicieron a los profesionales de la presencia, a quienes les hicieron saber que la seguridad estaría a cargo del gobernador mexiquense Eruviel Ávila, al permitir policías estatales y municipales para vigilar algunos de los cerca de 500 camiones que viajaron al centro del DF. Los cálculos ubican a diez mil convencidos con plátanos y arroz acudieron a gritar para Peña. Unos cuantos fueron colocados en micrófonos de estaciones de radio y televisoras, donde sólo se escuchaba “¡Peña, Peña Peña!” en el momento en el que el presidente daba el Grito.

Todo bien, montaje en popa, sólo eso se escucharía en las transmisiones en vivo, entre tomas abiertas y un sinfín de conductores, casi todos reflejo de la cara bizarra que se le ha impuesto al México narco desde la modernidad oficializada y el vestido negro y rosa de Angélica Rivera, diseñado por Óscar de la Renta.

Las hordas se organizaron desde temprano. Los camiones llegaron al zócalo con horas de anticipo y los asistentes, con platos desechables en mano, hacían la cola pacientes, comidos y bebidos y dispuestos a divertirse trabajando. Cada grupo o camión tenía uno o dos coordinadores en una logística de guerra que podría aplicarse para tácticas de venta en cualquier empresa. Esta empresa, la de Peña Nieto, exige presencia y eso se cumple, sí o sí.

Horas antes, una camioneta donde viajaba la hija de la pareja presidencial, Sofía Castro, fue acosada por una multitud que le impidió el paso rumbo a Palacio Nacional, llenándola de patria espuma. Sólo anecdótico, es de todas maneras la única respuesta que puede darse, además del catálogo de burlas que circulan en las redes sociales, contra el dueño del poder público.

Sofía Castro es un aiña y su madre la Primera Dama, a quien al menos hasta ayer un vestido, un apodo y tres post en twiteer todavía definen a la Gaviota mexicana, tan brillante como otras pero más guapa, más actriz.

“Osea yo creo que si los indios quieren salir de donde están que se pongan a trabajar y dejen deestar de flojos o violentos como en Atenco”.

“Enrique no se arrepiente nada por lo que pasó en Atenco, la verdad se lo merecían sólo pertuban la paz de todos los que si queremos trabajar”.

“Por eso dije que Salinas hizo bien cuando mando al ejercito a esos indios revoltosos, osea que se pongan a trabajar y amen a México también”.

La capacidad integradora de Peña polariza, pero eso ya se sabe. Con Peña, aunque pagados, o contra Peña, aunque jodidos. México avanza y nadie sabe de qué tamaño es el abismo adelante o el incendio a las espaldas mientras la Gendarmería Nacional traduce como nadie el lenguaje del temor que se habla desde la presidencia. ¿Puede dormir Peña? ¿Teme a los niños, a los bebés que fueron cateados para entrar al Zócalo, en busca de armas o drogas escondidas? ¿A qué le teme un presidente que anunciaría dentro de poco la intención de reelegirse? De nada valieron las luces en forma de águilas o Morelos y Matamoros en todos los pueblos del país ni los cohetes, las tortas, pambazos, el pozole porque fue nada más entretenimiento para unas horas, dos días de asueto, impasse hacendario desde el despido o los trabajos apenas remunerables que ya no hacen la diferencia entre el ambulantaje y los cautivos en el SAT.

Peña dicta clases. No lee, no escribe, no sabe nada, parece lerdo y sin embargo es el más adelantado de los bebesaurios, de la nueva clase política cuyos padres, naturales o putativos, pero padres al fin, gobiernan sin ningún contrapeso un país que aparece quebrantado, desunido, desintegrado. Eso no es verdad. Nunca antes México ha estado tan cohesionado ante un proyecto político y empresarial que si bien ha vendido y sigue vendiendo los bienes públicos, se matiza con frases como “mover a México” o la aparición en programas televisivos de chatarrería como “Hoy” con audiencias pasivas y gelatinosas líneas editoriales.

A fuerzas, pero cohesionado.

Peña es ejemplo de la política enmascarada, corporativa y criminal que se practica en México y el Tercer Mundo. Ese tomar la bandera, endurecer rostro, aliñar el copete y agitar una campanita mejor vestida que la mitad de Huixquilucan son los símbolos de un poder que de tan grande se ha vuelto amorfo. Morirán como todos a menos que encuentren la forma de perpetuarse, la inmortalidad de a deveras todavía no es posible. Mientras, la alternativa es preparar cuadros. Los hijos de los dinosaurios, los nietos, sobrinos, hermanos, ya juegan en las ligas del poder en México y no tardarán en hacerse públicos los que no lo son y más poderosos los que ya despuntan.

El periodista Francisco Cruz Jiménez perfila lo anterior en el libro Los Juniors del Poder, su octava obra, entre las que destacan Negocios de Familia y Tierra Narca, todas editadas por Planeta. Disponible a partir de octubre del 2014, Los Juniors… recorre el camino de las heredades en ese poder público y empresarial que parece renovarse a sí mismo cada determinado tiempo, cuando es necesario. Los mismos apellidos en distintas caras, intenciones y actividades similares, cotos medievales y fortunas incalculables aparecen reseñados en las páginas de esa investigación, que también toca a familias del Estado de México.

Incluso la imagen de portada es acertada. Un par de chupones de oro, muy juntos, complementan el título. Nada más sugerente para una investigación que aborda en ocho capítulos a personajes salidos del más oscuro surrealismo, pero efectivamente de carne y hueso y con el poder en sus manos. Allí aparecen el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, nieto del ex gobernador Manuel Velasco y asiduo de revistas como TV y Novelas, donde su vida de potentado y jetsetero da para más de una nota, una novela. Viviseccionados está también la triada de los chicos mimados de Palacio Nacional, Aurelio Nuño Mayer, jefe de la Oficina de la Presidencia, a quien se le atribuye la invención de la frase “Mover a México”; Alfonso Humberto Castillejos Cervantes, titular de la Consejería Jurídica del poder Ejecutivo, poderoso “niño” quien fue investigado por el entonces procurador del Edomex, Alfonso Navarrete Prida, en el 2004, por el asesinato de Enrique Salinas de Gortari. El padre de Alfonso Humberto Castillejos también fue asesinado a tiros el 9 de julio del 2008. Era el abogado penalista Marcos Castillejos Escobar. El último es Francisco Guzmán Ortiz, un asesor casi espiritual para Peña y del que pronto se sabrá su verdadero potencial político.

Los otros capítulos integran a figuras, porque finalmente lo son, aunque inversas o negativas, que tarde o temprano dejarán de ser las sombras de sus parientes y perpetuarán la casta, como ha sucedido siempre en la historia del país.

Francisco Cruz no olvida, por ejemplo, que Peña Nieto fue gobernador del Estado de México y que mucho ha influido en esa carrera política el sobrinaje con Arturo Montiel, un ex mandatario acusado de enriquecimiento inexplicable y a quien se perdonó durante el propio sexenio mexiquense de Peña. Tampoco deja de lado que la gubernatura en el Edomex de Eruviel Ávila es sólo un paréntesis, aunque bien controlado, antes de que la casta jerárquica de los Del Mazo –a la que también pertenece Peña por derecho de sangre- retome el control absoluto de la entidad más importante del país en la figura de Alfredo del Mazo Maza, hijo del ex gobernador mexiquense Alfredo del Mazo González.

Alfredito, como lo llama Cruz, es actualmente director de Banobras y fue ex alcalde de Huixquilucan. Era el aspirante número uno del PRI a la gubernatura mexiquense en el 2011, pero una decisión de último minuto lo bajó de aquel escenario.

“El reto de Alfredito es –más que evitar los descalabros familiares- saberse colocar en el entramado de un proyecto atlacomulquense priista que está pensado en el poder como un medio para eternizase. Así pues, los andamiajes de esta maquinaria se están levantando desde hace muchos años, nutriéndose de sectores influyentes como el religioso y el empresarial… a sus casi 39 años de edad, Del Mazo Maza parece cumplir con todos los requisitos, ahora que han casado a la democracia con la idea del político-príncipe azul, las revistas de imagen ya empezaron a trabajar para insertar a este “sexy galán de cabello cano” en la memoria colectiva, convencidas de su influencia en las altas esferas de la política mexicana. Y aunque está abierto a cualquier posibilidad no se necesita preguntar qué quiere Alfredo: es un hecho que este junior mantiene la mirada y los suspiros en la gubernatura del Estado de México”, escribe Cruz en un capítulo dedicado al primo de Peña Nieto.

Mientras, un desfile militar reafirma la idea de las castas para un país que no se ha dado cuenta de que vive en la Edad Media. Peña convoca pero debe pagar para que asistan. Así sucede también con las clases militares, que participan activamente en el negocio privado en el que se ha convertido el país. Y con el resto de los que participan, ya como comparsas o actores de primer cuadro.

Soldados. Armas.

Viva México.

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Los patrones

* Algunas actividades de los Hank no son un misterio. Analistas especializados precisan: “Su nicho es el financiamiento a gobiernos estatales, municipales, empresas estatales y el propio gobierno federal, a través de organismos como Pemex, mediante la emisión de deuda bursátil. Antes de la unión de Banorte con Ixe, Interacciones intentó fusionarse con el grupo de su abuelo materno, el empresario Roberto González Barrera, pero la operación no se concretó”. Este es un extracto del libro Los Golden Boy´s, del escritor y periodista Francisco Cruz, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

No fue, por eso, una casualidad que, en el proceso de la candidatura presidencial y más tarde de la sucesión del panista Felipe Calderón, la primera tarea de Peña —y de quienes están atrás de él— tuviera que ver con la creación de un equipo “propio”— los Golden Boy’s peñanietistas—, para tapar fisuras en su administración.

Quienes mueven los hilos del entramado sucesorio, conocidos simplemente como la “enorme red de complicidades” —aunque los viejos se mantengan en su macho y, por costumbre, llamen a eso “el poder tras el trono”— entendieron que el Grupo Atlacomulco es una sociedad de células activas o subgrupos que siguen los lineamientos y las escuelas de Fabela, Del Mazo Vélez, Hank González y Montiel Rojas.

Llegada la hora de la repartición de cuotas, se identificaron cuatro células vivas: una, la primera, encabezada por Montiel, en la que destacan Peña, Luis Videgaray y el ex gobernador César Camacho Quiroz, quien hace poco más de una década le jugó malas pasadas a su mentor Emilio Chuayffet, así como las senadoras María Elena Barrera Tapia y Ana Lilia Herrera Anzaldo, el diputado federal Fernando Zamora Morales, el actual alcalde de Huixquilucan, Carlos Iriarte Mercado, Martha Hilda González Calderón, alcaldesa de Toluca, entre otros.

Los lazos de parentesco con el presidente Peña dieron una bocanada de aire puro para mantener, revitalizar e impulsar al subgrupo atlacomulquense de los Del Mazo, en el que se pudo identificar al ex gobernador Alfredo del Mazo González, tío consentido del primer mandatario, así como a los hijos de éste, Alfredo y Alejandro del Mazo Maza, Gerardo Ruiz Esparza, David López Gutiérrez y Enrique Nieto Enríquez.

Las líneas de investigación sobre el origen real del grupo y sus primeros grandes patriarcas llevan a los últimos años del siglo XIX y a los primeros del XX a través de la alcaldía de Atlacomulco, pero los vínculos familiares y compadrazgos se afianzaron y  multiplicaron a partir de 1940, cuando empezó a circular un rumor que se convirtió en la profecía de la futuróloga del pueblo, doña Francisca Castro Montiel, quien vaticinó que seis gobernadores saldrían de ese lugar y que uno de ellos sería presidente de la República.

La consolidación del grupo tuvo la finalidad de mantener y ampliar el poder político y económico, aunque luego se extendió a la rama empresarial. Frente a la verdad institucional, las genealogías pueden cambiar, desintegrarse y rearticularse, pero la raíz es la misma del siglo XIX: Montiel, Fabela, Velasco, Del Mazo, Vélez, Peña, Sánchez, Colín, Vélez, Flores, Huitrón, Barrios y, más adelante, el adoptado apellido de los Hank, epítome de los abusos del poder durante los años de la República priista.

Isidro Fabela, fundador del “inexistente” Grupo Atlacomulco, aportó al joven Hank y a sus sucesores, algunos de los atributos que servirían para caracterizar a la clase política del Estado de México: el refinamiento, la aparente pulcritud y el reclutamiento de jóvenes prospectos, a los que Hank complementó con dos más: el uso del poder político para procurarse grandes fortunas y la violencia como un medio cuando las primeras virtudes no sean suficientes.

En el subgrupo de los Hank se encuentran los magnates Carlos y Jorge Hank Rhon, cuya fortuna supera 3 mil millones de dólares; así como el tres veces ex procurador —general de la República, del Estado de México y del Distrito Federal— Humberto Benítez Treviño.

Aunque, entre agosto y diciembre de 2005, se internó con paso firme en los  pantanosos terrenos de la política activa para despojar a Peña de la candidatura al gobierno del estado, Carlos Hank Rhon, hijo mayor de Carlos Hank González, mantiene un perfil bajo. A los 28 años de edad le cedieron el control del Grupo Hermes, que incluía las empresas Aralmex (autopartes), Babcock de México (proyectos de manufactura, construcción y energía), Cerrey (calderas y partes), Tabasmi (estructuras de acero) y FAMSA (camiones).

La revista especializada Forbes lo incluyó, en 2012, en la lista de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna estimada en mil 400 millones de dólares, derivada de negocios en servicios financieros y el desarrollo de infraestructura.

Según los especialistas del sector, “se dedicó a multiplicar la fortuna familiar, con la ayuda de su padre. Cerró la asociación de FAMSA con Mercedes-Benz, en 1988 puso a volar a la aerolínea Taesa —que años más tarde llevarían al fracaso los hermanos Abed— y fundó la casa de bolsa Interacciones, cuya evolución terminó en grupo financiero. […] Carlos Hank Rhon consolidó el Grupo Financiero Interacciones.

Su banco se encuentra entre los mejor capitalizados y dentro de los 10 con mayores activos del país; cuenta con una aseguradora, una casa de bolsa y una operadora de sociedades de inversión. […] En 1997, el consorcio formado por la trilogía de AES, Nichimen y Hermes ganó la licitación para construir las dos unidades de la planta termoeléctrica Mérida III, proyecto que se realizó bajo el esquema de productor independiente de energía, con una inversión total de 750 millones de dólares, incluyendo un gasoducto. […] De las tres empresas que se unieron para el proyecto Mérida III, sólo Grupo Hermes no tenía experiencia previa en proyectos de energía eléctrica.

En lo que sí se fue especializando el grupo, así como también el propio Carlos Hank Rohn, fue en ganar licitaciones públicas que habían estado teñidas de acusaciones por presunto ‘favoritismo’. Tal fue el caso de MASA, consorcio que ganó la concesión del autotransporte público en la ciudad de México. […] En 2004 el BBVA pagó 850 millones de dólares por el Laredo National Bank, banco que controlaba Carlos Hank Rhon, con 110 mil clientes, 3 mil 400 millones de dólares en activos y 23 por ciento del mercado fronterizo texano”.

En diciembre de 2005 lo obligaron a dejar el camino libre para que Peña llegara a la  gubernatura mexiquense. Desde entonces tiene la mira puesta en el futuro de su vástago, Carlos Hank González, cabeza de los grupos Hermes e Interacciones, ambas en la lista 2010 de las 500 empresas más importantes que clasifica el Grupo Expansión, con ventas netas conjuntas superiores a 10 mil millones de pesos.

Algunas actividades de los Hank no son un misterio. Analistas especializados precisan: “Su nicho es el financiamiento a gobiernos estatales, municipales, empresas estatales y el propio gobierno federal, a través de organismos como Pemex, mediante la emisión de deuda bursátil. Antes de la unión de Banorte con Ixe, Interacciones intentó fusionarse con el grupo de su abuelo materno, el empresario Roberto González Barrera, pero la operación no se concretó”.

En agosto de 2004, tres años después de la muerte de su padre, Jorge Hank Rhon irrumpió en la política priista. Ganó la alcaldía de Tijuana, Baja California, a pesar de los señalamientos que lo involucraban en delitos de  homicidio, contrabando y narcotráfico.

La maquinaria hankista dio refugio a sus amigos en la nómina municipal a través de la creación de 170 puestos de altísimo nivel. Gracias a sus influencias en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, desde la alcaldía tijuanense logró imponer a sus allegados en el Consejo Estatal Electoral (CEE).

Contrariamente a lo que se creía, en 2004 se apoderó de la candidatura priista a la gubernatura de Baja California. Lo más sobresaliente de su campaña no fue su exitosa batalla en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por brincarse la llamada “Ley Chapulín”, el artículo 42 de la Constitución estatal, que le impedía ser candidato mientras no terminara su mandato en la alcaldía; ni su posterior derrota en las urnas, ni sus fervientes oraciones al pie del altar en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, sino algunas entrevistas en las que mostraba una estrambótica y caprichosa personalidad.

Durante su llamativa campaña, confirmó que es dueño de 500 pares de botas elaboradas con pieles exóticas, de 700 caballos andaluces, 35 osos negros, 70 avestruces y  de otras especies en peligro de extinción. Para quienes lo dudaran, sus allegados se encargaron de ratificar que su jefe bebe un tequila especial preparado con el miembro de un león, el de un tigre y el de un perro, cuerno de venado, hiel de oso, ocho víboras de cascabel, además de alacranes.

Caprichoso o no, Jorge es cabeza del Grupo Caliente, que controla un centenar de locales de apuestas en 20 estados y tiene filiales en Europa, Centro y Sudamérica, dando empleo —directo e indirecto— a unas 7 mil personas en el que, su lanzamiento hace 13 años, se han invertido, al menos 500 millones de dólares.

Sólo Jorge heredó la excentricidad del papá, dicen quienes conocen a la familia. Los genes resumen la raíz en este hijo cuyo animal favorito es la “domesticada mujer”, aunque, paradójicamente, le gustaría reencarnar en una. Al margen de la veracidad de la idea de patentar cinturones fabricados con la rugosa piel de falo de burro, en 2009 apareció en la casilla 49 de la lista de los 100 empresarios más importantes de México  por la revista Expansión.

Al siguiente año, se dio a conocer que Grupo Caliente ocupaba el lugar 205 en la lista de Las 500 empresas más importantes de México. Su hijo, Jorge Alberto Hank Inzunza, controla Xoloitzcuintles de Tijuana, equipo de Primera División del futbol mexicano.

Dentro del poderoso Grupo Atlacomulco que, a partir del 1 de diciembre de 2012, determinará la hora y el rumbo de todos los mexicanos, el ex gobernador mexiquense Emilio Chuayffet Chemor encabeza, al lado de su ex secretario particular Ernesto Némer Álvarez —actual secretario general de Gobierno en la administración de Eruviel Ávila Villegas—, Alberto Curi Naime, Juan José Guerra Abud, Carlos Alberto Acra Alva y Carolina Monroy del Mazo de Némer, quienes integran el llamado subgrupo libanés.

Los menos candorosos creen que, a pesar de sus desgracias desde el ascenso de Montiel a la gubernatura mexiquense en 1999, aún sigue vivo el subgrupo, que ocupa el cuarto lugar en la lista, del ex gobernador Ignacio Pichardo Pagaza, quien se mantiene cerca de sus ex colaboradores Humberto Lira Mora, José Merino Mañón, además de su hijo el ex diputado federal Ignacio Pichardo Lechuga.

El 10 de octubre de 2005, Televisa dejó al descubierto las andanzas del ex gobernador Arturo Montiel, quien, cobijado por el Grupo Atlacomulco y el poderío económico del gobierno mexiquense, logró convertirse en aspirante presidencial. Aquella mañana de lunes, Víctor Trujillo, en su programa El cristal con que se mira, difundió copias de depósitos bancarios por 35 millones 213 mil 396 pesos a nombre de integrantes de la familia Montiel Yáñez.

Los documentos exhibidos formaban parte de una investigación que el gobierno federal realizaba sobre una serie de 53 depósitos efectuados entre 2000 y 2001 a favor de Juan Pablo Montiel Yáñez, hijo del entonces gobernador Arturo Montiel. La información ampliaba que tan sólo uno de los depósitos, efectuado el 15 de mayo de 2000, acreditaba la entrega de 14 millones de pesos en efectivo al menor de los Montiel. Además se difundía un contrato de compra-venta de un predio de 14 mil metros cuadrados en el exclusivo conjunto residencial La Providencia en Metepec, a favor del mayor de los hijos.

Lo expuesto fue mortal para Montiel, quien vio desvanecerse sus aspiraciones de presidir el país. Sin embargo, el desatino no exterminó las ambiciones de aquel Arturo que logró reponerse y, aún hoy, mantiene vivo su anhelo de gobernar, sólo que ahora a través de su “delfín”, Enrique Peña Nieto.

Desde “el retiro” y para aliviar su depresión, el defenestrado Montiel rearticuló alianzas, movió hilos y acomodó a su grupo. Para septiembre de 2009, los montielistas se habían diseminado por todos los rincones del estado mexiquense y luego Peña los multiplicó en el resto del país, especialmente en el Congreso de la Unión. Sus nombres emergieron como la generación de Montiel. Así pasó  con los diputados y senadores Alfonso Navarrete Prida, Carlos Iriarte Mercado, Miguel Sámano Peralta, Enrique Jacob Rocha, Fernando Zamora Morales, Francisco Fountanet Mange, José Manzur Quiroga, Ana Lilia Herrera Anzaldo y Luis Videgaray.

Recuperado, Montiel no perdió el tiempo. Tampoco respetó las formas de su partido. Puso en marcha una maquinaria para crearle a su sobrino Peña una enorme e intrincada red de colaboradores que tendrían tres tareas principales. La primera, identificar a los rivales y enemigos priistas del Grupo Atlacomulco. Sólo así tendrían capacidad para enfrentar al grupo del sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera.

La segunda etapa parecía más complicada, pero igual debía cumplirse: tomar por asalto la dirigencia nacional del partido. Montiel —con un equipo al que se integraron los ex gobernadores mexiquenses Alfredo del Mazo González y Emilio Chuayffet Chemor— estaba convencido de que descuidar el control del partido le  había costado, encostó en 2005, la candidatura presidencial que, al final, le comió el tabasqueño Roberto Madrazo Pintado.

Ese fue el secreto mejor guardado. Cumplidos los dos primeros objetivos, todo fue cuestión de esperar o de amarrar alianzas estratégicas. El punto final fue menos complicado: elaborar un programa para ganar la Presidencia de la República, tomando como base la organización electoral que, a partir de 1969, puso en marcha el profesor Carlos Hank González para desplazar y aplastar a su rival interno Enedino Ramón Macedo, y que luego perfeccionaría Jorge Jiménez Cantú a través de los llamados “Ejércitos del Trabajo”, grupos de individuos a quienes se les habían encomendado ciertas labores organizativas para la producción, pero que terminaron convertidos en “un brazo electoral”.

Puro cuate

* El Edomex es el ejemplo cercano de cómo funcionó la administración de Enrique Peña y sus colaboradores en los seis años que les tocó gobernar. En el 2005 Arturo Montiel, el tío de Peña, había concretado una especie de gobierno medieval que incluía a familiares, compadres y socios en los primeros cuadros, que heredó a su sobrino y que éste se llevó a la campaña presidencial que lo colocó en Los Pinos.

 

Miguel Alvarado/ Última parte

La nueva administración federal de Enrique Peña ha detectado la quiebra de 19 municipios de la entidad y desde Los Pinos anuncia que no habrá rescate para los irresponsables, mientras la entidad es escenario de una de las temporadas más cruentas en cuestión de ejecuciones e inseguridad. La propia Secretaría de Seguridad Ciudadana cree que la lucha entre los cárteles del narcotráfico se centra en dos bandos, La Familia y una nueva escisión, Guerrero Unidos, que pelean la plaza desde el Triángulo de la Brecha, tradicional sede del cártel dominante. Una vez más, el paraje de Caja de Agua, en el municipio de Luvianos, arroja su muerto tradicional en una de las arenas más sangrientas del país, y que sirve como termómetro para interpretar al narcotráfico en el Edomex.

Mientras sicarios y policías se exterminan, el INEGI publica otros datos. Para 2011, el Edomex registraba 4 mil 781 víctimas por cada 10 mil unidades económicas, tecnicismo que se refiere a las empresas con sede propia o casas-habitación con acceso público. El delito más frecuente en las empresas de la entidad resultó ser el robo o asalto de mercancía, dinero, insumos o bienes. En el 69 por ciento de los delitos, se utilizó un arma y cada uno de ellos, en promedio, costó 38 mil 43 pesos. La percepción de inseguridad en el Edomex desde las empresas es de 90 puntos, una de las más altas del país, sólo debajo de Guerrero y Nuevo León, que obtienen 93. En este marco, para el procurador mexiquense, Miguel Ángel Contreras, los Zetas no tiene presencia en el estado, pero ni falta que hacen. Esperan los términos del combate y negociaciones entre La Familia y los Guerreros Unidos. Los cerca de mil ejecutados en diciembre del 2012 indican que estos acuerdos apenas encuentran mesa.

El Edomex es el ejemplo cercano de cómo funcionó la administración de Enrique Peña y sus colaboradores en los seis años que les tocó gobernar. En el 2005 Arturo Montiel, el tío de Peña, había concretado una especie de gobierno medieval que incluía a familiares, compadres y socios en los primeros cuadros, que heredó a su sobrino y que éste se llevó a la campaña presidencial que lo colocó en Los Pinos.

Y mientras la alcaldesa de Toluca, Martha Hilda González Calderón, política incondicional de Enrique Peña, llega en bicicleta a trabajar, el resto de los amigos ha comenzado a gobernar un país cada vez más convulso y desigual.

Héctor Eduardo Velasco Monroy, nacido en Atlacomulco y emparentado con las familias relacionadas a Peña, es el director de Diconsa. Es también un ejemplo de cómo funciona el Grupo Atlacomulco y la red familiar en la que se han convertido las administraciones que encabeza. Ha sido diputado federal y secretario particular en el gobierno del Edomex, apunta la revista Proceso. Lo que olvidó mencionar es que era secretario particular de Peña, en el 2004, cuando las elecciones para gobernador. Es primo de Marcela Velasco, una ex secretaria estatal de Desarrollo Económico y hermano de un ex director del ISSEMyM, Santiago Velasco. Coordinó las giras de Peña en su campaña. Es sobrino de Leopoldo Velasco, secretario general de Gobierno en la época de Alfredo del Mazo González. Este Leopoldo es un prócer de los de Atlacomulco y su nombre está inscrito hasta en una placa del lienzo charro de Cuautitlán Izcalli, debido a que “fue procurador estatal, magistrado y presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, y quien se distinguió por ser un promotor del deporte mexicano por excelencia”. Leopoldo falleció en el 2008. Héctor comenzó su carrera en Atlacomulco, como presidente del priista Frente Juvenil Revolucionario y como sexto regidor en 1995, al lado de un ex presidente municipal con apellidos imperdibles, René Montiel Peña. Ahora estará bajo las órdenes de Rosario Robles Berlanga, de extracción perredista.

El ex procurador de Justicia que exoneró a Arturo Montiel por enriquecimiento ilícito aparece ahora como secretario del Trabajo. Alfonso Navarrete Prida era un funcionario público en desgracia hasta que Montiel lo rescató y colocó en su administración. Su influencia era tal que logró amistad cercana con Maude Versini, ex esposa de Montiel, a través de la cual fue impulsado como aspirante a la gubernatura en el 2004, candidatura que recayó al final en Peña. Navarrete Prida declaró en público, el 15 de enero del 2006, que “yo respondo por Montiel”, al referirse a la investigación y exoneración del ex gobernador, cuyo caso había sido archivado por la PGJEM dos días antes. El periodista Francisco Cruz, autor del libro Tierra Narca, recuerda que Navarrete “llegó a Toluca en 2000 para incorporarse al gabinete montielista como subsecretario de Seguridad Pública. Un escándalo de espionaje político detonado en julio de 2001, que se disipó bajo su mediación, le valió ese año la designación como procurador. Aunque le precedían señalamientos de venta de plazas en la PGR, supo mover los hilos de la política local y tejer alianzas hasta llegar a ser unos de los rivales más serios de Enrique Peña Nieto. Sin embargo, su candidatura naufragó en diciembre de 2004, cuando se fue de la lengua después del asesinato del ingeniero Enrique Eduardo Salinas de Gortari”. Este último caso es también abordado por el periodista, quien recuerda que “el 6 de diciembre de 2004, el cuerpo de Enrique Salinas de Gortari, hermano menor del ex presidente Carlos Salinas, se había descubierto en Huixquilucan. El cadáver tenía una bolsa de plástico en la cabeza. Al lugar acudió Navarrete Prida. Asiduo a los reflectores y con aspiraciones políticas, se comprometió a esclarecer “a la brevedad” el crimen e incluso garantizó, en una entrevista para TV Azteca, que el caso ‘no quedaría en el olvido ni impune’, que ‘se haría justicia’. Luego de las primeras investigaciones sobre el asesinato, Navarrete Prida advirtió que ‘sacudiría’ al mundo de la política con los resultados obtenidos. Pero el 15 de febrero de 2006 abandonó el cargo sin sacudir a nadie, Su célebre frase se entendió en los círculos políticos como un recordatorio del ex procurador para hacer saber que él poseía la verdad y que la revelaría en caso de necesidad personal. El crimen del menor de los Salinas quedó en la impunidad, como él lo reconoció”.

Gerardo Ruiz Esparza es secretario de Comunicaciones y Transportes. Estuvo con Peña, en el Edomex, como secretario de Comunicaciones. Conocido por explicar en cadena nacional el accidente aéreo de la cantante Jenni Rivera, a Ruiz Esparza se le relaciona con el Grupo Atlacomulco casi desde el inicio de su carrera, en los años 70. El funcionario ha mantenido un perfil medio en sus encomiendas, pero el 30 de junio del 2012, Gerardo Ruiz Dosal, hijo del secretario, fue blanco de las críticas de los rivales de Peña. Y con razón. Por las redes sociales circularon fotos del joven en su muro de Facebook, donde aparecía viajando en avión y visitando lugares turísticos donde pesca a bordo de un yate en compañía de su padre. Ruiz Dosal había sido secretario particular del diputado David Penchyna y el PRD cuestionó el origen de los recursos para pagar aquel lujo “en un país donde la mitad de la población vive en la miseria”.

Alfredo del Mazo Maza es director general de Banobras. Ex alcalde de Huixquilucan y personaje del jet set nacional, la mayor virtud del joven Del Mazo es ser nieto del ex gobernador Alfredo del Mazo Vélez e hijo de Alfredo del Mazo González. Colocado como sucesor natural de Enrique Peña en la gubernatura del Edomex, perdió la candidatura del PRI en una extraña reunión que celebraba su nominación y la cual terminó en la designación de Eruviel Ávila, quien a su vez había abierto una ventana con el PRD para competir de cualquier manera. Perdida la aspirantía, Del Mazo no tuvo más remedio que respaldar la decisión de grupo de Peña y esperar mejores momentos. Los gobernadores Del Mazo son tíos directos de Peña Nieto.

“El grupo Del Mazo, derivación de los neoliberales de 82, hace su agosto en pleno diciembre. Se le han metido a Peña hasta la cocina. Tomaron el control de posiciones estratégicas como la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, con Gerardo Ruiz Esparza; la coordinación de Comunicación Social de la Presidencia, con David López; Pemex, con Emilio Lozoya; Banobras, con Alfredo del Mazo Maza; la subsecretaría de Transporte, con Carlos Almada y David Garay en la Unidad de Gobierno, en la Secretaría de Gobernación. De los clanes locales, se perfilan como los ganadores en la repartición del pastel, hasta el momento”, recuerda el diario local Alfa, en la ciudad de Toluca.

Faltan más, pues más de 400 funcionarios mexiquenses menores fueron llamados por la Federación, como Gustavo Cárdenas, subsecretario de Ordenamiento de la Propiedad Rural, Lorena Cruz, en el Inmujeres; Marcela González Salas, titular de Juegos y Sorteos y Alfonso Camacho, en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI como secretario de Prensa, destacan también en la línea de Peña.

Acambay: el origen

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

Impuesto con todas las de la ley, Alfredo del Mazo Vélez forjó con su familia un caciquismo de sangre que en las siguientes décadas daría de qué hablar con su hijo Alfredo del Mazo González —un ingenuo y fallido candidato presidencial—, su nieto Alfredo del Mazo Maza —que hizo una carrera política protegido por su primo Enrique Peña Nieto—, y su sobrina Carolina Monroy del Mazo —quien despegó en el montielismo y se consolidó en el gobierno de su primo Peña, entre otros.

Del Mazo alcanzó de inmediato “eficiencia” y poder. Este primer Alfredo nació en Atlacomulco el 21 de agosto de 1904, pero hasta antes de incorporarse a las filas del nepotismo de su pariente Fabela fue apenas un modesto burócrata inserto en la Comisión Nacional de Caminos e Irrigación. Sin embargo, a la llegada de Manuel Ávila Camacho a la Presidencia, en 1940, fue despedido. En el gobierno federal nadie lo quiso acomodar, así que regresó a su natal Atlacomulco, donde se sentó a esperar un golpe de suerte.

Y la suerte llegó. En marzo de 1942 —un año y tres meses después de su despido— hubo quienes recordaron aquella ocasión que, durante una crecida del río Lerma, Del Mazo llevó en hombros al diplomático Fabela para que pudiera cruzar el tormentoso e incontrolable río. Isidro también lo tuvo presente y lo llamó a colaborar en la gubernatura.

Así, el día 16 de aquel mes, Del Mazo arrumbó el viejo automóvil en el que ofrecía servicio público. Cambió su uniforme de chofer y se fue a servir como tesorero en el nuevo gobierno estatal de Fabela. Allí empezó su carrera política. Así ganó poder. Meses después lo nombraron secretario general de Gobierno y, en 1945, fue impuesto como gobernador. Del Mazo aprovechó bien el puesto y, con toda la fuerza de la costumbre del fabelismo, repartió los puestos públicos entre sus familiares y paisanos.

En las postrimerías de su mandato, incluso eran de curso común las versiones de que movió cielo, mar y tierra para que su primo hermano, el cura Arturo Vélez Martínez, fuera consagrado como primer obispo de la Diócesis de Toluca, lo cual sucedió en abril de 1951.

Después de ser un cura gris, Vélez Martínez se erigió como obispo y con la influencia que dejó su Ilustrísima, el tres veces obispo Maximino Ruiz y Flores, tomó su lugar como nuevo guía moral de todas las viejas familias atlacomulquenses. En su afán de no pasar inadvertido, intentó proyectarse por encima de sus feligreses. Se propuso, de entrada, reconstruir la humilde parroquia de San José ubicada en el centro de Toluca, a unos  cuantos metros del Palacio Municipal, para transformarla en una majestuosa catedral.

Sin duda era un proyecto ambicioso. Pero su lazo familiar con Alfredo del Mazo Vélez le sirvió para procurarse el apoyo de importantes personalidades en el ámbito de la política. Su trofeo mayor se materializó en la persona de María Izaguirre de Ruiz Cortines, esposa del entonces secretario de Gobernación y ex gobernador veracruzano Adolfo Ruiz Cortines —quien en 1952 daría un salto a la Presidencia de la República.

Tamañas credenciales lo avalaron para encargarse él mismo de recolectar las donaciones y fondos para levantar la catedral. El negocio fue tan redondo que, más adelante, formó su comité pro-construcción que encabezaban, según indagaciones de Díaz Navarro, “Gustavo Estrada, Agustín Gasca, Alfonso Lechuga y Gustavo Barrera, entre otros, quienes se abocaron a organizar una serie de eventos, tales como quermeses, colectas, funciones de teatro, sorteos, rifas y otros, cuya participación fue prácticamente obligatoria para los comerciantes, industriales y transportistas. Primeramente, estos eventos fueron a nivel local. Luego se hicieron en todo el país, por lo que el señor obispo se ganó los apodos de la plebe de ‘Don Rifotas’ o ‘La Gorda de Morado’.

”Todo marchaba viento en popa, hasta que las rifas y los sorteos para construir la casa de Dios en Toluca se convirtieron en fraudes, por lo que el señor obispo y Excelentísimo Arturo Vélez Martínez enfrentó varias demandas judiciales. El asunto amenazaba con un escándalo mayor. El fraude más sonado —por la desaparición de fondos, apoyos, colectas— se conoció como El Tolucazo, mote que se le daba a una casa ubicada en la carretera México-Toluca que el obispo jamás entregó a quien se la ganó.

”Aunque el obispo estuvo a punto de pisar la cárcel, lo salvó la llegada de su primo hermano Del Mazo Vélez a la campaña presidencial del priista mexiquense Adolfo López Mateos. […] Del Mazo se hizo cargo de varios pagos, uno de ellos por un millón de pesos, y habló con el Presidente de la República para evitar la deshonra del “curita” Vélez, quien a partir de entonces abrió una serie de negocios hoteleros con el nombre de Del Rey”.

Del Mazo Vélez seguía las huellas y enseñanzas de su padre Manuel del Mazo Villasante, quien, fallidamente, intentó sembrar las semillas del mito del poder desde la alcaldía de Atlacomulco, protegido primero, en los inicios de la Revolución, por Nicolás González Fabela y, más tarde, por Maximino Montiel Olmos.

A Del Mazo Villasante— impuesto en 1918 como alcalde—, la mala suerte y su falta de carácter lo hicieron naufragar en un mar de infortunios. El primero fue una epidemia de influenza que mostró la ineficiencia de su gobierno, pues nunca supo cómo enfrentarla. El resultado: decenas de muertes que los atlacomulquenses le achacaron en forma directa. La persistencia de la enfermedad obligó a las autoridades a sepultar a las víctimas en fosas comunes, quemarlas por cuestiones de salud, con dispensa de trámites oficiales, parroquiales y médicos. El problema obligó a las autoridades sanitarias a decretar el cierre temporal de todas las escuelas.

La gravedad de la tragedia se olvidó poco a poco y terminó de morir cuando le estalló un problema ocasionado por un chisme local bautizado como “Gilo y el monstruo de Atlacomulco”, consistente en el rumor de una enorme bestia imaginaria que asolaba a la comunidad. Algunos de los menos ingenuos habitantes del pueblo lo atribuyeron a un plan de la alcaldía para frenar la ola de críticas y cuestionamientos a Del Mazo Villasante por su pobre y tardía actuación en el caso de la influenza.

El tema fue retomado 50 años más tarde en las páginas del semanario ATA, en una nota firmada bajo el seudónimo de “Fray Comenio”: corría ese año de agobio de 1918, “cuando los pacíficos moradores vivían una ola de terror por la aparición de un monstruo apocalíptico. Por las noches y al toque del Ángelus, las puertas de los hogares eran cerradas a piedra y lodo para protegerse de un posible ataque de la terrible fiera que rondaba en los alrededores. […] Unos afirmaban que se trataba de un león africano escapado de algún circo y cuyo cubil lo ubicaban en el vecino Cerro Viejo. Otros, con una fantasía prodigiosa, afirmaban haberlo visto rondar sus apriscos, con apariencia de un becerro bien crecido, emitiendo roncos rugidos y un hedor insoportable. […] Así, las cosas transcurrían en el natural pánico que, día tras día, dominaba a los aterrorizados atlacomulquenses. Urgía tomar algunas medidas de defensa en contra de la bestia nocturna por las solitarias callejuelas del villorrio. […] Los más ancianos y prudentes aconsejaron una batida a cargo de fornidos mocetones. Para ello hubo necesidad de exhumar los viejos mosquetes, empuñados en otra época a las órdenes del amado general Ignacio Varas de Valdés”.

El pueblo estaba desconsolado por los “ataques” del monstruo que descuartizaba a sus víctimas, las degollaba o las mataba a garrotazos, y por la incapacidad del alcalde para organizar una partida permanente de vigilancia. Del Mazo Villasante dejó su amarga experiencia como alcalde cuando empezaron a correr los rumores de que no había bestia, león ni monstruo alguno; por el contrario, había indicios muy claros sobre una banda de abigeos —delincuentes y cómplices entre cuyos apellidos destacaban los Del Mazo, los Peña y los Montiel—, responsable de las terribles muertes.

Disipado el rumor sobre la bestia, una década después, Arturo Peña Arcos, “El Chino” —abuelo de Enrique Peña Nieto—, su cuñado Pedro del Mazo Vélez “El Pedrín” —tío abuelo de Peña—, Manuel Pérez Montiel y Enrique González Mercado fueron involucrados como parte de la segunda generación de aquella banda de delincuentes dedicada al robo de ganado mayor o abigeato y, entre otros, de “apropiarse” de bienes inmuebles.

El desenlace cobró dimensiones de tragedia, los tres primeros fueron asesinados por la espalda; para que sirviera de escarmiento, el cuarto recibió la clemencia del pueblo que, en una reunión clandestina, acordó la ejecución de “El Chino”, “El Pedrín” y Manuel. El primero, “El Chino” —quien se había casado con Dolores del Mazo Vélez, hermana de “El Pedrín”— dejó huérfanos a sus hijos Arturo y Gilberto Enrique Peña del Mazo, de 10 y 6 años de edad respectivamente.

Sería inútil tratar de especular sobre algunos hechos, pero en 1925 Severiano Peña, bisabuelo del presidente Enrique Peña Nieto, también fue ejecutado por la espalda cuando se aprestaba a iniciar su quinto periodo como alcalde de Acambay —“despeñadero o peñasco de Dios”, un municipio del norte del Estado de México, colindante con Atlacomulco—.

El crimen se atribuyó a viejas rencillas políticas y ejidales, pero aún hay testimonios familiares, así como entre los viejos habitantes de Acambay, de que, aprovechando sus cargos y encargos municipales, además de sus amistades en Toluca, la capital mexiquense, Severiano tenía otras actividades más lucrativas, como la del despojo de propiedades y la apropiación ilegal de ganado mayor de los acambayenses.

La desgracia enmudeció a los Peña. En las décadas siguientes sólo darían otros cuatro alcaldes a Acambay: Salvador Peña en 1929; Alberto Peña Arcos en 1952; Rafael Peña y Peña en 1955 y 1967, ambos periodos por voto del pueblo; y Roque Peña Arcos en 1970. Con la lección aprendida o el temor a flor de piel, algunos de los Peña terminaron refugiados en Atlacomulco.

“Jubilado” aquel mismo año de 1918 por su incapacidad, Del Mazo Villasante todavía recibió un par de oportunidades. En 1920 lo hicieron juez conciliador y en 1922 primer regidor del Ayuntamiento. Al año siguiente falleció a los 47 años de edad, sin saber que su hijo Alfredo del Mazo Vélez se casaría en 1931 con Margarita González Mercado, hija de Nicolás González Fabela.

La muerte develó algunos otros temas de los que poco se hablaba en la familia, pero que bien conocía todo el pueblo de Atlacomulco: los Del Mazo Villasante estaban en la pobreza. Nadie pudo explicarse qué pasó con las haciendas de las que se habían hecho, producto de dotes matrimoniales. La pobreza llegó a tal nivel que doña María de las Mercedes Vélez Díaz, esposa de Manuel del Mazo Villasante, se vio obligada a trabajar como peona en la raspa del maguey y la extracción de aguamiel.

Narcoelecciones

* Los capos que operan en la entidad deben hacerlo con la protección de autoridades y policías porque de esas fuentes reciben información sobre movimientos y operativos. Parte del enorme poder que detentan sus grupos proviene de la propia ley. Cada municipio en la entidad tiene su  pequeña o gran historia de narcofuncionarios. Toluca tiene la suya.

 

Miguel Alvarado

El Estado de México es una de las entidades donde el narcotráfico ha encontrado refugio y protección. En la zona sur el grupo de La Familia controla la Tierra Caliente en el triángulo de los estados de Guerrero, Michoacán y el Edomex. En el valle de México, Huixquilucan, Coacalco, Metepec y Toluca son los municipios más importantes escogidos por los narcos para vivir y establecer casas de seguridad. En Lerma, en los límites con Huixquilucan y a media hora de Toluca, se detuvo al capo Édgar Valdez Villareal, La Barbie, un escurridizo criminal que por años tuvo protección de autoridades de todo el país y que trabajaba para el cártel de los Beltrán Leyva. Entre sus actividades fundamentales estaba el combate contra los Zetas, grupo rival en el negocio de la droga pero también contrataba de elementos policiacos de la AFI para que cuidaran sus operativos. Participó en la organización de plazas en Guerrero y Tamaulipas y fue buscado por el gobierno federal por años, hasta que el 30 de agosto del 2010, policías federales que patrullaban Salazar, en Lerma, fueron rebasados por tres autos a alta velocidad. Los siguieron y les ordenaron detenerse. La Barbie fue el primero en bajar y allí les confesó quién era. Sin tirar una bala, uno de los sicarios más sanguinarios y poderoso había caído. La detención, un cuento de hadas para cualquier agente de la ley en México, tuvo su colofón en la confiada sonrisa que el delincuente exhibió en las presentaciones públicas. Además, la versión de la captura fue cambiada infinidad de veces.

La Barbie había podido sobrevivir en el Estado de México, uno de los más controlados y seguros cuando se trata de hombres con poder económico y político, aunque a veces ni eso garantiza nada. El capo habría tenido relación, al menos, con Carlos Villanueva de la Cerda, el Comandante Ocho, que operaba una célula de matones en Tultitlán, Edomex, desarticulada en el 2009. El criminal era el enlace entre las autoridades policiacas de aquel municipio, Cuautitlán Izcalli y el propio Barbie.

Otro famoso narco, el JJ, asiduo a discotecas y amigo de populares figuras de la televisión, disparó en la cabeza al futbolista Salvador Cabañas en enero del 2010. El JJ, José Jorge Balderas, se refugió en una casa de seguridad hasta que fue apresado un año después en Bosques de las Lomas. Antes del lío con el deportista, Balderas vivía en Tecamachalco, una zona residencial de Huixquilucan en el Edomex y desde allí se encargaba de la distribución de 80 kilos de droga al mes en los municipios de Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán de Zaragoza y Cuautitlán. Era amigo de La Barbie.

Uno más, El Indio, involucrado en la matanza de 24 personas en La Marquesa, en el 2008, fue detenido en abril del 2010, luego de una balacera en Huixquilucan, donde vivía en una casa de lujo en compañía de sus lugartenientes. Era una especie de narco-freelance porque trabajaba para los Beltrán Leyva pero también para el grupo del Mayo Zambada y en ocasiones para el Chapo Guzmán. Gerardo Álvarez controlaba el paso de droga en Naucalpan.

Huixquilucan es actualmente gobernado por el alcalde priista Alfredo del Mazo, primo de sangre del aspirante presidencial de ese partido, Enrique Peña Nieto. Del Mazo había sido elegido por Peña para sucederlo en la gubernatura estatal, pero una decisión de último segundo estableció que Eruviel Ávila se quedara con aquella encomienda.

Los capos que operan en la entidad deben hacerlo con la protección de autoridades y policías porque de esas fuentes reciben información sobre movimientos y operativos. Parte del enorme poder que detentan sus grupos proviene de la propia ley. Cada municipio en la entidad tiene su  pequeña o gran historia de narcofuncionarios. Toluca tiene la suya y se destapó a principios de este año cuando el director de Inteligencia de la Policía Municipal, Germán Reyes, fue relacionado con el grupo de La Familia. Fue contratado por la administración de la alcaldesa priista, María Elena Barrera y trabajó allí por año y medio. Lo vincularon con 25 homicidios y con el control del narcomenudeo en la capital mexiquense, Nicolás Romero, Jilotzingo, Cuautitlán, Naucalpan y Atizapán. Por años fue agente de la AFI. En enero de este año, una sesión del Cabildo local fue interrumpida por perredistas que le exigieron a Barrera garantizar la seguridad en Toluca y le reclamaron contratar narcotraficantes. Esa misma sesión sirvió para que el regidor panista, Gerardo Lamas exigiera “quedara registrada en la sesión del día la manifestación ciudadana e insistió en la necesidad de establecer a los responsables de la contratación de un integrante de “El M1” y de acreditar su prueba de confianza”, reproducía el diario Milenio.

El 20 de enero del 2012, en el Cabildo local el panista Lamas exponía su preocupación sobre la ausencia de pruebas de confianza a policías. “Están hablando del área de la Policía Municipal y el Director General tiene que estar enterado si sus 10 mandos de subdirector para arriba tienen pruebas de confianza hechas, por Dios”, recababa el acta de sesiones de ese día.

Luego señalaba que “este grupo de Inteligencia, comandado en su tiempo por esta persona, muy seguido lo sigue y no sabe si a más de los presentes” y denunciaba que algunos de los cabilderos han sido extorsionados telefónicamente por grupos delictivos asociados.

Lamas, un joven regidor, es también aspirante por el PAN a una diputación local por el distrito II de la ciudad, pero se encontró una mañana con que su padre, el comandante Gerardo Lamas Pérez, había sido detenido en Villa Victoria, señalado por nexos con La Familia. A fines de abril, un atentado a las instalaciones de la Secretaría de Seguridad en aquel municipio desembocaba en la detención de 8 sujetos, entre ellos la de Lamas. El regidor lo defendió desde las redes sociales, donde decía que “y les aseguro, mi papá está arrestado por ser honesto… le pusieron el 4 por no entrarle a la corrupción”. Su partido, sin embargo, se desvinculaba de aquel pariente y afirmaba que había sido escolta de Emilio Chuayffet cuando gobernador. El comandante salió libre por falta de pruebas aunque enfrenta la posesión ilegal de armas. Su hijo sigue adelante con sus proyectos electorales. Curiosamente, es alumno de la Ibero, donde según su cuenta de twitter, presentaba un examen final en la materia de Econometría el 16 de mayo.

El narcotráfico es un fenómeno que ha terminado por invadir casi todos los espacios sociales y el dinero que genera se incorpora sin dificultades a la economía formal del país. Nadie está a salvo de su influencia, ni siquiera el ex gobernador Peña, a quien una crónica de Carlos Loret lo vincula con una llamada realizada por Joaquín Guzmán.

La llamada que involucra una amenaza de muerte expresada directamente a él, la trascribe el escritor en una breve conversación, incluida casi al final del libro “Nuestro Inframundo: los 7 infiernos de México”, en el capítulo 7. Allí el periodista dice que a raíz de la detención del hijo de Emilio Gamboa Patrón en el 2010, el ex gobernador mexiquense se ofreció a ayudarlo personalmente para que saliera de prisión, pero cuando colgó el teléfono, una segunda llamada entró a su número.

-¿Gobernador, eres tú?

– Sí. ¿Quién habla?

-Toma nota, gobernador. Soy Joaquín Guzmán Loera. ¿Te suena el nombre? Ya sé que tú protegiste a los sicarios de Arturo Beltrán.

-No sé de qué me habla -dijo Peña Nieto.

-Desde este momento tu vida me la reservo yo. No vas a llegar a la Presidencia.

Si es verdad, sólo Peña lo sabe, pero si el primer priista de México tiene esas experiencias, no resulta extraño que otros funcionarios sean investigados por nexos ilegales, como sucede ahora con Rafael Compeán León y Eloy Morales Reyes, quienes laboraban en el ayuntamiento de Teotihuacán y son  acusados por lavado de dinero proveniente del narco.

Compeán era, hasta hace días, el candidato priista a la alcaldía de aquel lugar y Morales es un ex presidente municipal y encargado del programa Coincides del Estado de México. Están involucrados con el narco Julio César Piña Soberanis, El Mexicano o Julio, enlace de los Beltrán Leyva con la guerrilla colombiana de las FARC y el envío de droga desde Colombia.

Los priistas tienen 20 propiedades con valor de 150 millones de pesos y eran asociados de La Barbie, revelaba el diario 24 Horas. El diario local Alfa señala además que “en abril pasado, un comando ejecutó al estilo de la mafia al candidato a síndico de Ecatepec por la coalición PRI-PVE, Miguel Ángel Barrera López. Era un hombre muy cercano a Eruviel Ávila. Un mes después, se descubre que el candidato a la alcaldía de Teotihuacán por la misma coalición, Rafael Compeán León, está imputado como presunto lavador del narcotraficante Édgar Valdez Villarreal La Barbie,  detenido en agosto del 2010 en el placentero refugio que había instalado en Lerma. Algo huele muy mal. Hay indicios suficientes para sospechar que el PRI local pudo ser infectado por la narcopolítica”.

Al mismo tiempo, el semanario Proceso publicaba un reportaje donde los hermanos de un operador de Peña en su campaña, Miguel Osorio Chong, ex gobernador de Hidalgo y secretario de Organización del PRI nacional, tiene dos hermanos que se enriquecieron de súbito y acumularon, cada uno, 100 millones de pesos, desde agosto del 2005, cuando Miguel era mandatario.

En familia

* El aspirante presidencial Enrique Peña llevó a su equipo de campaña a sus más cercanos familiares para que lo apoyen en su empeño. Trabajan con él y con el resto de su familia desde hace años en torno al círculo inmediato del poder mexiquense que administra dese hace años al Estado de México. Capaces todos, al menos en la operación desde lo privado, se destacan por haber conservado para sus intereses la administración estatal. Ahora enfrentan su mayor reto: Los Pinos.

 

Miguel Alvarado

El aspirante a la presidencia de la república por el PRI, Enrique Peña, encara la última recta del año en busca de otorgar el poder al grupo que representa y donde militan el ex gobernador mexiquense Arturo Montiel y el ex presidente Carlos Salinas. Para Peña será un periodo de prueba, luego de las pifias cometidas a finales de diciembre que le costaron un serio deterioro de su imagen pública y política, al ser tachado de ignorante después de la fatídica reunión de Guadalajara.

El equipo que pretende llegar a Los Pinos y ubicar por primera vez a un miembro del fantasmal Grupo Atlacomulco en la presidencia está formado por funcionarios mexiquenses que laboraron al lado de Peña en su sexenio, aunque también tienen cabida otras figuras nacionales de aquel partido. La idea política del mexiquense se desarrolla en una tangencial serie de propuestas para mejorar al país pero ninguna de ellas aterrizada o al menos novedosa, a pesar de sustentarlas incluso en un libro atribuido al propio candidato y en una precampaña disfrazada de actos electorales anticipados que lo ha llevado a recorrer el país en reuniones y mítines propicios, como sucede con los aspirantes panistas y con el perredista López Obrador. Las encuestas sobre preferencias presidenciales ubican todavía al priista en el primero lugar pero muestran también un ascenso de AMLO, quien poco a poco recupera un terreno en el que se le ubicaba inclusive con números negativos debido a una “mala imagen” que arrastraba desde que perdió las elecciones del 2006.

En esa estructura, criticada desde su armado porque ha respondido siempre a interese particulares del grupo para el que trabajan y algunos hasta han quedado a deber en los resultados obtenidos. Para empezar, aparece el contador público Edwin Lino Zárate, ex secretario particular de Peña Nieto a partir del 2007. Poderoso como pocos, destaca su influencia personal sobre el aspirante y su cargo no era menor, pus hasta el 2009 ganaba 116 mil pesos mensuales. Encargado de la realización de los Foros Biarritz en Valle de Bravo cuando fueron usados por Montiel para preparar su precampaña presidencial, estuvo también al frente de la Dirección General de la Micro y Pequeña Empresa en el 2004. Representaba a Peña en actos políticos y en el 2011 participaba ya en la integración de la Comisión Política Permanente del Consejo Político Nacional del PRI que eligió el método de elección para apuntalar a Peña en su aspirantía. Es señalado, junto con Luis Miranda Nava, como uno de los operadores que echó por la boda la alianza política que pretendía unir a panistas y perredistas en el 2009 para competir en las elecciones de aquel año en el Edomex y que pretendía frenar el poder político e influencias del peñismo. Siempre mantuvo bajo perfil público pero es uno de los más activos operadores políticos para la campaña por venir. Se le considera experto en temas del campo y está políticamente ligado al apellido Velasco, concretamente el de Héctor Velasco Monroy, líder cenecista en el Estado de México y emparentado con las familias de Atlacomulco que dan sustento político a Peña Nieto.

El mismo Héctor Velasco Monroy está también considerado en el equipo de campaña presidencial. Los apellidos le ayudan pero también su trayectoria política, que lo incluye al frente de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del Estado de México, desde donde opera electoralmente para el priismo mexiquense. Actual diputado federal, representa una de las piezas más valiosas para Peña desde aquella Cámara y obtuvo el año pasado una coordinación general en la campaña que terminó con Eruviel Ávila al frente del gobierno mexiquense. Según él mismo, tiene experiencia como corresponsal de noticias en España aunque su verdadera actividad en la campaña presidencial radica en la coordinación de giras de Peña. Es pariente directo de Carolina Monroy, una secretaria estatal y funcionaria de primer rango desde los tiempos de Montiel Rojas pero que no pudo ganar electoralmente la alcaldía del rico municipio de Metepec en el valle de Toluca. Era directora de Radio y Televisión Mexiquense y es esposa de Ernesto Némer Álvarez, anterior diputado local y hoy secretario general de Gobierno de Eruviel Ávila Villegas y de quien se espera asumiría una gubernatura interina en el caso de que el actual gobernador mexiquense sea llamado al gabinete federal si Peña obtiene la victoria. El apellido Monroy tiene un peso especial en el Estado de México. Originarios de Atlacomulco, los integrantes de esa familia han trabajado por años en los círculos cercanos del poder estatal. El padre de Carolina Monroy, por ejemplo, era hermano de Juan Monroy, el principal socio y patrocinador de Arturo Montiel hace años. A Juan se le mencionaba en su tiempo como el principal sucesor del ex gobernador Jorge Jiménez Cantú, en su tiempo, quien a su vez era protegido y aliado del profesor Carlos Hank González. La madre de Carolina Monroy, Ofelia del Mazo Alcántara, es hermana de Mayolo de Mazo Alcántara, empresario y político mexiquense que trabaja en el sector del transporte y es copropietario de agencias de automóviles pero también de líneas camioneras. El apellido Del Mazo en la rama de los Monroy se liga al de los ex gobernadores Alfredo del Mazo Vélez, Del Mazo González y el del alcalde de Huixquilucan, Alfredo del Mazo Maza. Carolina, en la campaña de Peña, su primo, tiene a su cargo la coordinación de Redes Sociales que tanto maltrato le generó a su jefe luego de una presentación en la Feria Internacional del Libro en Jalisco. En la misma línea de parentescos y ligas políticas aparece Gerardo Ruiz Esparza, anterior secretario de Comunicaciones en el peñismo y bajo el cobijo de Alfredo del Mazo González. Tiene la encomienda de atender la Coordinación de Compromisos. Otro miembro de los Velasco, Marcela, tiene a su cargo las Relaciones Públicas. Era secretaria de Desarrollo Urbano con Peña y es prima de Héctor Velasco. Está emparentada también con la familia Del Mazo.

Otro mexiquense en la trinchera de la presidencia es el hábil Luis Videgaray Caso, jefe visible en la coordinación general de esa campaña. Llegó al Estado de México en el sexenio de Montiel, contratado por el gobierno estatal para reestructurar la deuda pública desde el despacho de Pedro Aspe, Protego. El trabajo del experto encantó a Montiel y desde entonces Videgaray n ha salido de la influencia mexiquense. Fue secretario de Finanzas con el mismo Arturo y luego con Peña. Ya diputado federal, encabezó al PRI estatal en la campaña de Ávila Villegas después de descartarse él mismo para la silla mexiquense y hoy aparece al frente del equipo de colaboradores. Se ha revelado como un excelente operador financiero que complementa con una ambición sui géneris en lo político, que se confunde con “poca hambre” pero que le ha impulsado lenta pero seguramente por los diagramas del poder de los de Atlacomulco.

Uno más es David Korenfeld, ex alcalde de Huixquilucan y luego secretario del Agua. De origen judío aglutinó en su entorno al capital hebreo de aquella región y lo puso primero al servicio de Montiel y luego de Peña. Durante su mandato, Huixquilucan comenzó a experimentar la presencia del narcotráfico que de agudizó de manera extrema durante la gestión de Adrián Fuentes, priista y luego diputado por el Verde Ecologista.

Luis Miranda Nava, compadre de Enrique Peña y protegido de Montiel, era parte de un grupo de jóvenes políticos a los que se llamó Golden Boy’s y que creció mientras Montiel administraba la entidad. Miranda fue secretario general de Gobierno incluso con Peña luego de perder las elecciones municipales que lo dejaron con las ganas de gobernar Toluca. Por un tiempo se le mencionó como aspirante al gobierno estatal y aunque se observó un distanciamiento con Montiel y Peña, se encarga en la campaña del 2012 de la Coordinación Territorial.

En la Coordinación de Imagen aparece el infatigable David López, el ex coordinador de Comunicación Social de Peña y director de Televisión Mexiquense hace años. Encargado de negociar los contratos de Peña con medios de comunicación, se le atribuye la presencia casi permanente del ex gobernador en lo mediático. López estuvo considerado por Alfredo del Mazo para coordinar su propio empeño, que al final tuvo resultados desastrosos. Forma parte de un grupo llamado Chilorio Power, junto con Heriberto Galindo Quiñones y José Regino López Acosta. Sin experiencia en el fenómeno de las redes sociales, a López se le escapó que los medios de comunicación alternativos no pueden ser controlados de la manera tradicional y tendrá que aprender sobre la marcha sobre los efectos negativos que ya pesan sobre Peña desde Twitter y Facebook. Junto con él está Roberto Padilla Domínguez, un ex secretario particular de Peña que luego le llevó su agenda y las audiencias que despachaba incluso cuando el aspirante era diputado local y secretario de Finanzas.

La tirada

* Si Peña y su grupo lo consiguen, Ávila verá nuevas luces en una secretaría federal, que muchos creen es la funesta y tenebrosa Gobernación. Para ello deberá abandonar el cargo por el que peleó por años y dejar como sucesor a Ernesto Nemer, tal como sucedió con César Camacho en tiempos de Emilio Chuayffet.

Miguel Alvarado

Que el actual gobernador mexiquense esté en una de las giras de trabajo más publicitadas en medios no es casualidad. Sin embargo, hasta un mandatario como Eruviel Ávila debe atender las cuestiones elementales de oficina. Las salidas para todos los puntos del Estado de México absorben pero están presupuestadas, al menos para el Palacio de Lerdo, donde el verdadero poder se encuentra en otro despacho, en otro grupo político.

Ernesto Nemer siempre ha sido un hombre afable. Cumplidor en sus encomiendas políticas, fue al lado de Emilio Chuayffet donde conoció las profundidades del poder y los beneficios del servicio público. Casado con Carolina Monroy, prima del aspirante presidencial Enrique Peña, a Nemer no se le ha complicado su carrera política y de la mano de ella ha ocupado distintos cargos. El último fue como diputado local, que le sirvió para sopesar su verdadero poder, el que él mismo se ha encargado de forjarse. Controló aquella Cámara sin mayores dificultades y prácticamente la unificó en torno a la figura y necesidades de Peña Nieto pero al menos en lo público la aspiración más deseada de Ernesto era la propia gubernatura. Así como su mecenas, Emilio, a Nemer se le había inculcado el amor por el servicio público pero no lo pudo trasmitir a la ciudadanía electora, quien lo rechazó en su intento de hacerse con la alcaldía de Metepec. Nemer es muy cuidadoso en las formas y aceptó aquella derrota sin mohines, que le enseñó que no todos los caminos llevan a Lerdo y aguardó paciente los tiempos adecuados. Asumió que sólo su trabajo, más allá de los fines, le garantizaría el cargo definitivo.

Y así fue. Las elecciones gubernamentales del 2011 lo colocaron dentro del PRI en la terna final para elegir al aspirante tricolor. Él, junto a Alfredo del mazo y el propio Ávila representaron las opciones más coherentes para los fines del partido pero entendía que se ubicaba, al menos, en el segundo sitio en esa carrera que a la postre deciden otros. Y así fue. Cuando Alfredo del Mazo fue anunciado como el virtual ganador, a Nemer se le ordenó disciplina y a Eruviel lealtad, pues el PRD o lo que queda de ese partido en el Edomex le había abierto una ventana al de Ecatepec para que contendiera con ellos. La decisión última llegó tarde pero fue acatada. No sería Alfredo pero tampoco Ernesto y así Eruviel llegó en una carambola de tres bandas al ansiado sitial. Se diría que así se desactivaba un movimiento de fractura dentro del PRI que no convenía a los grupos dueños del poder pero también que se llegaba a un acuerdo para incluir al menospreciado valle de México, poderoso enclave que reclamaba de una vez por todas la participación directa en lo que representa gobernar al estado más importante del país. Nadie se imagina quién puede querer un territorio tan complicado en su microuniverso como el propio país o alguna nación centroamericana o de Sudamérica. Los riesgos de seguridad ya son enormes y los problemas rebasan cualquier medida pero las ganancias todo lo justifican. Eruviel así lo entendió pero también los otros dos. Al primero se le hizo saber que si bien estaba calificado en lo suficiente para asumir la responsabilidad, no era del agrado de todos y todavía debía demostrar su valía. Le dijeron que ese cargo, tal vez no duraría los seis años establecidos en la Constitución y que su destino podría dirigir rumbos a otras responsabilidades. Ávila lo entendió perfectamente y aceptó como lo hizo Del Mazo, a quien se le obligó a ceder sobre sus derechos de heredad y esperar los siguientes seis años. Nemer, sin embargo, fue el más favorecido. No sólo se le libraba de tener que hacer una desgastante campaña que sólo exhibió al aspirante oficial sino que fue ubicado como el segundo en el poder, sólo detrás de su antiguo rival, Ávila, nada más ganar la contienda. Como secretario de Gobierno, a Nemer se le otorgó, de facto, el verdadero poder del Estado de México. Para Chuayffet representó, al final de todo, el triunfo que tantos años estuvo buscando en su querida entidad y supo que la gubernatura era suya o al menos de Ernesto.

Eruviel hizo lo que le indicaron. Guardó enojos y aspavientos para peores escenarios y se dedicó a palomear un gabinete en el que poco o nada tuvo que ver para su elección. Las condiciones de su gobierno resultan evidentes hasta para los menos avezados. Un equipo plagado de montielistas y peñistas no significaba cambio alguno para los del valle de México, quienes a pesar de todo obtuvieron plazas secundarias o con poderes limitados. Y eso era sólo el principio. Ávila se dedicará a cumplir como mejor pueda los seis mil compromisos firmados que prometió en una campaña que si bien arrasó en medios y hasta en el conteo de los votos, no le garantizó la aceptación generalizada de su entidad. Para quienes se dedican a ese negocio las condiciones estaban en el camino de sus expectativas. Ya se había cumplido que Eruviel ganara y que aceptara el entorno en el que fue colocado. Luego, la ubicación de Nemer respaldaba que lo importante quedara fuera de la esfera de Ávila y su propio equipo y finalmente, el objetivo último, la presidencia el país, estuviera cobijada por el muy mexiquense entretelón que se fue tejiendo.

Peña, como se sabía desde hace años, resultó interesado en competir por Los Pinos, añejo sueño de los nacidos o relacionados con Atlacomulco, pequeño municipio donde el poder en México puede explicarse. La alquimia de la gubernatura mexiquense comenzaba también a tener sentido en la figura de un gobernador cuya presencia muchos no podían explicar ganadora debido a que eso significaría la supresión de aquellos que han administrado la entidad durante decenios. Ávila estaba dentro del convite, aunque no como anfitrión y la reciente declinación presidencial de Peña Nieto confirmó los designios que incluso hasta astrológicos pueden resultar desde la óptica de los subgrupos que derivan dentro de la política. “He decidido no participar en el proceso interno por la candidatura presidencial, optando por ser un hombre útil al interés de mi país y de mi partido, al que sueño renovado y liderando la construcción de una nueva nación prospera y segura”, diría Manlio Fabio en un desplegado y en un video publicado en redes sociales y diarios electrónicos. No había más que decir. Peña caminará solo en el proceso interno priista en busca de abanderado y competirá con Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez o Ernesto Cordero para suceder al presidente del empleo y los 40 mil innecesarios muertos.

En el Estado de México prevalece la disciplina, al menos en la política de los funcionarios priistas y Ávila se dedica a lo que puede y tal vez sabe. Las giras de alto impacto publicitario cumplen el objetivo primario de ubicarlo en la opinión pública y ejercer el hechizo del trabajo continuado. Detrás de él. Las decisiones importantes recayeron desde el principio en Ernesto Nemer, el disciplinado gobernador de facto. Una parte del trato que consiguió Eruviel para llegar a donde está incluye que Peña ganara, que ya lo hizo, la competencia interna priista pero también la elección mayor, donde aparece como el más favorecido en las encuestas públicas, pagadas o no.

Si Peña y su grupo lo consiguen, Ávila verá nuevas luces en una secretaría federal, que muchos creen es la funesta y tenebrosa Gobernación. Para ello deberá abandonar el cargo por el que peleó por años y dejar como sucesor a Ernesto Nemer, tal como sucedió con César Camacho en tiempos de Emilio Chuayffet.

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