A propósito de explosiones

* El escenario de devastación para el DF y el área metropolitana del Valle de México no es exclusivo del Popo. Un curioso estudio de la investigadora María Esther Brandán coloca al Distrito Federal en el escenario de la explosión de una bomba atómica. Publicado en 1998 por el Fondo de Cultura Económica, el manual Armas y Explosiones Nucleares: la Humanidad en Peligro, ha contemplado todo en caso de que una bomba estallara en el centro de la ciudad de México. El capítulo sexto, Un Megatón sobre la Ciudad de México, describe un día claro, en el zócalo de la capital mexicana, donde a 2 mil metros de altura por causas desconocidas una bomba es detonada. Allí, justo en el lugar de reunión de maestros, electricistas, opositores al PRI, simpatizantes de Obrador, oradores patrios, danzantes prehispánicos, se forma una bola de fuego dos segundos después de la explosión. La ciudad, que supera un radio de 10 kilómetros fácilmente, es testigo de la devastación.

 

Miguel Alvarado

El volcán Popo entró en una etapa llamada Amarillo Fase Tres, que significa actividad explosiva de escala intermedia a alta, crecimiento y destrucción de domos, según el monitoreo volcánico del Centro Nacional de Prevención de Desastres, que además señala que existe una posibilidad de que el volcán se derrumbe, lo que ocasionaría desplazamientos de rocas y materia de hasta 100 kilómetros por hora en un área de 80 kilómetros. “Una erupción grande o un derrumbe gigante estaría acompañado de flujos de lodo e inundaciones de gran alcance. Estos viajarán distancias del orden de decenas de kilómetros por las barrancas que descienden del Popocatépetl”.

Existen 4 fases de alerta volcánica. La última es la Roja, que se divide en 2. En la primera hay explosiones de escalas intermedias y altas, fragmentos incandescentes lanzados y poblaciones cercanas afectadas. La otra, la última, tiene actividad explosiva extrema. “Columnas eruptivas de decenas de kilómetros de altura y de gran alcance; caídas intensas de ceniza, arena y fragmentos volcánicos a distancias mayores; posibles derrumbes parciales; grandes lahares de efectos devastadores; graves daños al entorno incluyendo en el mapa de peligros volcánicos”, apunta el Cenapred. El volcán entra, cada determinado tiempo, en fases que liberan energías contenidas, y que ponen en alerta una zona que tiene unos 25 millones de habitantes.

Pero el escenario de devastación para el DF y el área metropolitana del Valle de México no es exclusivo del Popo. Un curioso estudio de la investigadora María Esther Brandán coloca al Distrito Federal en el escenario de la explosión de una bomba atómica. Publicado en 1998 por el Fondo de Cultura Económica, el manual Armas y Explosiones Nucleares: la Humanidad en Peligro, ha contemplado todo en caso de que una bomba estallara en el centro de la ciudad de México. El capítulo sexto, Un Megatón sobre la Ciudad de México, describe un día claro, en el zócalo de la capital mexicana, donde a 2 mil metros de altura por causas desconocidas una bomba es detonada. Allí, justo en el lugar de reunión de maestros, electricistas, opositores al PRI, simpatizantes de Obrador, oradores patrios, danzantes prehispánicos, se forma una bola de fuego dos segundos después de la explosión. La ciudad, que supera un radio de 10 kilómetros fácilmente, es testigo de la devastación.

El estudio señala que un radio de kilómetros quedará totalmente destruido debido a la presión de más de 10 psi (libras por pulgada cuadrada). Pero también señala que no habrá supervivientes.

La ciudad de México, uno de los desarrollos urbanos más caóticos del mundo entiende la falta de agua, electricidad y la inseguridad. Es ejemplo vivo de cómo aceptar el homicidio como hecho cotidiano y ante el cual no hay nada que hacer. La ciudad ha sido violentada desde la entrada de Hernán Cortés y parece que nada la perturba.

Así, una explosión nuclear es integrada al imaginario urbano con la mayor naturalidad. “Esta zona tiene como limites el monumento a la Raza, el extremo occidental de aeropuerto, el Palacio de los Deportes, el Parque del Seguro Social y las rejas de Chapultepec junto al monumento a los Niños Héroes”, apunta la investigadora, quien asegura que después de los 4 mil metros y hasta los 6 kilómetros, solamente quedarán en pie los cimientos y los corredores de los subterráneos. Vaticina que la mitad de la población que se encuentra en ese anillo perecerá, aunque atribuye la mortandad al derrumbe de las construcciones y a los vientos provocados, que alcanzarán 300 kilómetros por hora. Esta zona de destrucción se extiende hasta la Basílica de Guadalupe, por el norte, el Peñón de los Baños por el este, la colonia Portales y el Hotel de México por el sur y el Auditorio Nacional en Chapultepec por el oeste.

Mientras el Popo pone en alerta a los estados colindantes al cráter y por televisión se asegura que no hay nada que temer, aunque la fase Amarillo Tres está a un paso de la alerta roja, la hecatombe nuclear en la investigación de María Brandan cumple los sueños de los aficionados al Apocalipsis pero no se compara con la realidad, ni siquiera la mexiquense. El 14 de mayo, 15 integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Madre Tierra se enfrentaron a obreros que construyen la carretera Naucalpan-Lerma. Luego de ser detenidos por la policía, adujeron que el trazo vial arrasará con tierras de cultivo. Pero una carretera valuada en 2 mil 775 millones de pesos no podrá ser frenada, al menos no de la forma que eligieron los del Frente de Pueblos. Y aunque la vialidad será entregada dentro de 2 años, ya hay afectados.

La situación no es menor. Los afectados, todos otomíes, pertenecen a la comunidad de San Francisco Xochicuautla, en Lerma, y protestaron por sus tierras ante la llegada de la empresa Autovan, concesionaria del proyecto. La lista de detenidos incluye a ancianos y jóvenes, por igual. En el 2006, la protesta de vendedores de flores en un mercado de Texcoco derivó en la toma violenta de la cabecera de San Salvador Atenco, luego de más de 24 horas de enfrentamientos entre policías y miembros del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. Aquel esquema de paz violenta arrojó denuncias contra el ahora presidente de México, Enrique Peña, que de ninguna manera han prosperado.

Mientras, el 14 de mayo, el domo de lava que el Popo había formado los últimos días, causó un estallido por fin antes de las 10 de la mañana. La alerta Amarilla se mantuvo y para empezar se activó un plan de desalojo para cerca de 11 mil habitantes, asentados en los alrededores del volcán, también llamado Don Goyo.

En ese marco, la investigación que supone el fin de la ciudad de México por una explosión atómica avanza en sus detalles. Luego de seis kilómetros y hasta una frontera de 11, afecta ya al Estado de México. Ciudad Neza y sus alrededores caerán víctimas del fuego y si bien las edificaciones no se caerán, al menos en los primeros segundos, sí serán presa de incendios que por otro lado llegarán hasta la Ciudad Universitaria de la UNAM. “Finalmente dentro del anillo formado por radios de 11 y 16 kilómetros desde el centro de la ciudad, el daño de la onda explosiva será menor en las construcciones, pero es posible que 25% de la población resulte herida. Este último anillo llega hasta Tlalnepantla, Tlalpan y la delegación Magdalena Contreras”.

Treinta segundos después de la explosión, la bola de fuego asciende y produce vientos que arrastran los restos de la ciudad. El hongo terrible toma forma y se eleva por unos 20 kilómetros para después dispersarse por territorio mexicano. En un área de mil kilómetros cuadrados, la radiación será el principal problema y por uno o dos días caerá lluvia radiactiva. El área de devastación se ampliará entonces, pues los niveles de radiación serán letales hasta 29 kilómetros a partir del zócalo, lo que implica a zonas mexiquenses como Texcoco y Ecatepec. A 57 kilómetros, la gente expuesta a la radiación verá incrementado el nivel de cáncer y anomalías genéticas con el paso de los años. Aquí se encuentran ciudades tan lejanas como Toluca o Lerma.

“El número total de muertes después de una explosión como la descrita dependerá de muchos factores diferentes: la densidad de la población en las cercanías al punto cero, la hora del día en que ocurra la explosión, las condiciones atmosféricas, y otras más difíciles de precisar. Para una ciudad muy poblada se estima que 500 mil personas morirán inmediatamente, quedando un número similar de heridos. Hay que recordar que debido a la destrucción reinante no se puede esperar ningún tipo de ayuda de bomberos para sofocar los incendios que se declaren, ni de personal médico para rescatar heridos. El tránsito por las calles será imposible (no será fácil reconocer lo que antes era una calle) y seguramente los hospitales habrán sufrido el mismo daño que el resto de la ciudad. Tomando estos factores en cuenta, el número de víctimas podría llegar a un millón de personas de personas. El análisis presentado ha supuesto que la metrópoli sería atacada con un solo artefacto nuclear. La estrategia militar actual recomienda que toda ciudad con más de 3 millones de habitantes sea el blanco de tres bombas de un megatón, 10 bombas de 500 kilotones, y otras tantas de menor poder explosivo. De este modo, es seguro que no habrá sobrevivientes”, concluye el capítulo correspondiente a la ciudad de México.

Petróleo, fertilizantes y tabaco radiactivos

* En México se fuman 2 mil  500 millones de paquetes de 20 cigarrillos al año, y unos 11 millones de fumadores, en un país de 112 millones de habitantes, consumen un promedio diario de 5,4 unidades, según el informe de 2010 “La economía del tabaco y los impuestos al tabaco en México”, elaborado por expertos estadounidenses y mexicanos.

 

Emilio Godoy/ IPS

La emisión de materia radiactiva por la quema de combustibles fósiles y la producción de fertilizantes químicos es un motivo más para buscar alternativas sustentables, indican expertos.

Hay materias primas que contienen radiactividad natural. Su tratamiento a gran escala puede concentrar esa radiactividad en productos o desechos. Eso sucede con la elaboración de fertilizantes fosfatados artificiales y con la explotación de petróleo y gas.

El desastre atómico que se desarrolla en Japón desde que el tsunami de marzo hizo colapsar la central de Fukushima ha generado un alerta mundial por los peligros de la generación electronuclear y, en general, una renovada atención a todas las fuentes de radiación.

Pero para el 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, las Naciones Unidas decidieron poner sobre la mesa otro asunto: la protección de los bosques.

La extracción y quema de crudo, gas y carbón ‒principales fuentes mexicanas de energía‒ liberan a la atmósfera radón 220 y 222, plomo 210, polonio 210, radio 226 y 228, torio 232 y uranio 238. Pero no hay estudios sobre los efectos de esos radionúclidos en el ambiente y la salud humana.

“Se sabe poco sobre el efecto de esas emisiones. El carbón es el más fuerte. Quitarle el uranio es casi imposible”, dijo a IPS el miembro de la Academia de Ingeniería de México, Miguel Medina.

En este país, 93 por ciento de la energía generada procede de combustibles como el gas y el carbón.

Además, México lanza a la atmósfera unas 710 millones de toneladas de dióxido de carbono por año, procedentes sobre todo de la generación de energía y el transporte. La estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) extrae diariamente 2,5 millones de barriles de crudo y 6,8 millones de pies cúbicos de gas natural.

La también estatal Comisión Federal de Electricidad (CFE) opera tres centrales eléctricas a carbón que generan 678 de los 52 mil megavatios que se producen en el país.

La generación de un gigavatio eléctrico quemando carbón libera al ambiente mundial unas 5 mil toneladas de uranio y 8 mil de torio, según el científico Murdoch Baxter, quien dirigió entre 1990 y 1997 el Laboratorio del Medio Ambiente Marino de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

“La contribución de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) al incremento de la radiactividad natural es la que mejor se conoce, aunque quizás no se aprecie aún en toda su magnitud”, escribió en 1993 Baxter, fundador del Journal of Environmental Radioactivity, en un artículo titulado “Contribuciones de la industria a la radiactividad ambiental”.

El gobierno mexicano del conservador Felipe Calderón asumió la meta voluntaria de reducir las emisiones contaminantes en 50 millones de toneladas para 2012, en la cual Pemex y la CFE juegan un rol preponderante.

Pero el monopolio eléctrico demandará unos 25,6 millones de toneladas de carbón en 2024, y las tres generadoras térmicas descargan unos 20 millones de toneladas de dióxido de carbono por año.

“La solución es disminuir el consumo de combustibles fósiles. No basta con el desarrollo tecnológico para reducir las emisiones”, planteó Medina.

La producción y uso de fertilizantes químicos libera al ambiente polonio 210, muy radiactivo y tóxico y que se fija, por ejemplo, a las hojas de la planta de tabaco y culmina ingresando a los pulmones de los fumadores en el humo de los cigarrillos.

La presencia de ese radionúclido en el tabaco es bien conocida por la industria y los expertos desde 1960. El polonio 210, muy volátil y de manejo peligroso, aparece en los fertilizantes fosfatados aplicados en las plantaciones de tabaco, sobrevive al secado y procesamiento y, cuando es inhalado, permanece en los bronquios.

Este isótopo ganó notoriedad en noviembre de 2006, cuando el ex oficial de la KGB soviética Alexander Litvinenko cayó enfermo y murió en Londres. Los exámenes que se le practicaron demostraron presencia de polonio 210.

“El tabaco tiene pequeñas dosis de polonio 210. La ley obliga a los fabricantes a incluir todos los componentes del cigarrillo cuando solicitan una licencia sanitaria. Estamos ante un producto químico que contiene muchas cosas”, dijo a IPS Gustavo Soñora, asesor legal en México de la Unión Internacional contra la Tuberculosis y Enfermedades Respiratorias.

La Ley General para el Control del Tabaco estipula en México que los productores, fabricantes o importadores de tabaco, deben anexar, al solicitar la licencia sanitaria, la información sobre componentes, aditivos, residuos y otras sustancias utilizadas en su fabricación, así como los límites permitidos y los riesgos conocidos o potenciales.

México produce casi un millón de toneladas de fertilizantes, especialmente de fosfatos y potasio, y consume aproximadamente cuatro millones. La diferencia se cubre con importaciones, sobre todo de nitrogenados, según los gubernamentales Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura.

Además, produce unas 7 mil 800 toneladas de tabaco en casi 4 mil 300 hectáreas, con fertilizantes de nitrógeno y potasio, según la Secretaría (ministerio) de Agricultura. Los principales estados cosechadores son Nayarit, Veracruz y Chiapas.

En México se fuman 2 mil  500 millones de paquetes de 20 cigarrillos al año, y unos 11 millones de fumadores, en un país de 112 millones de habitantes, consumen un promedio diario de 5,4 unidades, según el informe de 2010 “La economía del tabaco y los impuestos al tabaco en México”, elaborado por expertos estadounidenses y mexicanos.

Los envases contienen mensajes de advertencia sobre la presencia de polonio 210 y cadmio, un metal nocivo. Fumar cuesta la vida a entre 25 mil y 60 mil mexicanos por año.

“Los más grandes productores de tabaco descubrieron que el polonio era parte del tabaco y su humo hace más de 40 años e intentaron, pero fallaron, remover esa sustancia radioactiva de sus productos”, afirma la investigación “Despertando al gigante dormido: la respuesta de la industria del tabaco al tema del polonio-210”, publicada en septiembre de 2008 en la revista estadounidense American Journal of Public Health.

Los científicos estadounidenses Monique Muggli, Jon Ebbert, Channing Robertson y Richard Hurt concluyeron que “documentos internos de la industria revelan que las compañías suprimieron la publicación de su propia investigación interna para impedir el fortalecimiento de la conciencia del público de la radiactividad en los cigarrillos”.

Las transnacionales Philip Morris y British American Tobacco, que monopolizan el mercado del tabaco mexicano, no respondieron a la consulta de IPS.

 

Fukushima marca una “Edad de Hielo nuclear”

* ¿Qué lecciones deja el amago atómico japonés? ¿Nada cambiará, como siempre, o habrá ajustes en el mundo? ¿Por qué se depende tanto de ese tipo de energía? ¿Ya no hay petróleo?

 

Kosuke Takahashi/ Asia Times Online/ Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

La actual crisis nuclear en la planta nuclear Fukushima Daiichi de Japón después de un terremoto y un tsunami está causando revuelo en la política energética de casi todos los países que utilizan energía nuclear. Las repercusiones de Fukushima se sienten con fuerza dentro y fuera del país, tal como las réplicas siguen sintiéndose en el norte de Japón, incluido Tokio.

Hay 432 plantas nucleares que operan en 30 países en todo el globo y 66 reactores en construcción. El primer ministro Naoto Kan dijo el jueves pasado que revisará desde los cimientos el plan del gobierno de construir por lo menos 14 reactores nucleares más hasta 2030, mientras Japón se apresura a superar su peor crisis nuclear.

En EU la posición pronuclear del presidente Barack Obama es objeto de escrutinio. Sus planes de seguir adelante con más plantas nucleares en el país se enfrentan a una oposición cada vez mayor.

EU tiene 104 reactores nucleares comerciales, la mayor cantidad del mundo. De estos, 23 se construyeron con un diseño idéntico al de los reactores nucleares estropeados de Fukushima. Todos utilizan el “sistema de contención Mark I”, diseñado por General Electric hace décadas.

ABC News y New York Times, entre otros medios, informaron el mes pasado de que los expertos habían criticado desde hace tiempo la capacidad de ese sistema de contención de resistir a los problemas que resultan de lo que expertos nucleares llaman un “apagón de estación”, en el que la pérdida total del sistema eléctrico inhabilita el sistema de refrigeración del reactor. Esta perspectiva del “apagón de estación” tuvo lugar por desgracia cuando un gran tsunami destruyó todos los sistemas eléctricos de emergencia en la planta de Fukushima.

En Alemania, el shock de Fukushima obligó a la canciller Angela Merkel a cambiar su posición pronuclear. Suspendió los planes del gobierno de alargar la vida de las 17 plantas nucleares de la nación hasta que se complete una exhaustiva investigación de tres meses de duración de la seguridad de los reactores. También ordenó el cierre de las siete plantas que iniciaron sus operaciones antes de 1980.

El presidente francés Nicolas Sarkozy también se enfrenta al asunto. Francia tiene 59 reactores nucleares, cinco más que Japón. Debido al apoyo del sector público y privado, la energía nuclear abastece actualmente casi un 80% del suministro de energía eléctrica. Es la mayor dependencia del mundo de la energía nuclear que sobrepasa el 29% de Japón, el 20% de EU y el 18% del Reino Unido. Para Francia, los reactores nucleares, el combustible y los servicios constituyen una exportación importante.

Por eso Sarkozy y Areva NC, el gigante francés de la energía nuclear, aumentan su ayuda para enfriar los reactores de Fukushima y para encontrar una solución para el agua contaminada que se filtra de la instalación nuclear averiada. Aparte de un punto humanitario, se trata de control de daños para los negocios franceses.

Sarkozy y el primer ministro japonés, Naoto Kan, dijeron el jueves pasado que la próxima reunión del Grupo de Ocho de los países industrializados el 26 y 27 de marzo considerará el tema de la seguridad nuclear global y discutirá la necesidad de un estándar de seguridad global para plantas nucleares.

El shock de Fukushima también causa interferencia extranjera en asuntos internos. El presidente griego, Karolos Papoulias, instó el pasado mes a la vecina Turquía a que reconsidere sus planes de construir sus primeras estaciones de energía nuclear.

En Corea del Sur el debate se ha concentrado en un “acuerdo de cooperación nuclear” con EU, que debe expirar en 2014, que prohíbe que Corea del Sur posea instalaciones de reprocesamiento de combustible nuclear usado. Corea del Sur tiene actualmente 20 reactores nucleares y la energía nuclear produce cerca de un 40% de la electricidad del país.

El mayor problema de Seúl es que a sus plantas de energía nuclear se les acaba el espacio para almacenar combustible nuclear usado. Se dice que Corea del Sur probablemente establecerá instalaciones provisionales de almacenamiento, pero el asunto volverá convertirse en un tema importante a medida que se aproxime el fin del acuerdo.

Y la lista suma y sigue. Exportadores de plantas de energía nuclear como EU, Francia, Canadá, Rusia, Japón y Corea del Sur se ven ante una contracorriente importante.

El “renacimiento nuclear disminuirá”, dijo el viernes a Asia Times Online Tetsuya Endo, ex gobernador del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). “Si ocurre algún accidente nuclear en cualquier parte del mundo, se convierte en un accidente de todo el globo”.

 

Amplia revisión del ciclo de combustible nuclear de Japón

 

Japón vive una gran ironía de la historia. El único país del mundo que ha sufrido a causa de bombas atómicas se enfrenta ahora a un desastre nuclear causado por la naturaleza. La situación en la planta nuclear sigue siendo precaria, mientras los ingenieros de la planta, miembros de las Fuerzas de Autodefensa (SDF), los bomberos y la policía continúan sus desesperados esfuerzos por enfriar los reactores sobrecalentados y el combustible usado.

Incluso si el país logra controlar la planta, emocionalmente el público recelará para siempre de la energía nuclear.

El pueblo japonés ya se mostraba extremadamente susceptible con respecto a todo lo nuclear por ser el único país en la historia humana que fue atacado con armas nucleares. Las generaciones mayores especialmente tienen una “alergia nuclear” después del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki. Sus recuerdos de las bombas atómicas siguen vivos.

A pesar de este resentimiento hacia la tecnología nuclear, Japón se vio obligado a expandir la generación de energía nuclear después de los dos shocks del petróleo de los años setenta, que sacaron a la luz la fuerte dependencia que tenía Japón de Medio Oriente para recursos energéticos.

El petróleo suministraba en 1970 cerca de un 60% de toda la electricidad de la nación, pero ahora sólo provee cerca de un 10%. Japón importa casi el 99% de su petróleo. Aunque Japón quiso reducir su dependencia del petróleo de Medio Oriente después de los shocks del petróleo, todavía importa cerca de un 90% del petróleo de Medio Oriente.

La planta de Fukushima se dejará sin servicio activo y es probable que ningún gobierno local o comunidad acepte la construcción de una nueva planta de energía nuclear en su zona.

El accidente de Fukushima será un fuerte revés para el ciclo de combustible nuclear de Japón, dijo Endo. El ciclo de energía nuclear comienza con la extracción de uranio y termina con la eliminación de los desechos nucleares. Con el reprocesamiento del combustible usado, las etapas forman un verdadero ciclo. Japón ha implementado este programa desde 1956, según Endo.

Sin embargo, la nación no ha logrado ubicar un lugar para la segunda planta de reprocesamiento nuclear después de la Planta de Reprocesamiento Rokkasho de la prefectura Aomori, que logró escapar indemne del terremoto del 11 de marzo.

Takashi Hirose, un conocido escritor japonés sobre problemas nucleares, ha señalado que hay cerca de 3 mil toneladas de combustible nuclear radioactivo usado almacenados en Rokkasho que podrían sobrecalentarse y comenzar a arder si fallan los sistemas de refrigeración. Esa cantidad podría propagar contaminación nuclear o “cenizas de muerte” a todo el mundo, dijo.

 

* Kosuke Takahashi es un periodista japonés residente en Tokio. Su twitter es @TakahashiKosuke.

 

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

 

 

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Japan/MD05Dh01.html

 

Los gitanos del átomo

* ¿Por qué los obreros de las centrales nucleares son calificados como desechables? ¿Es verdad que los japoneses preferían contratar a negros norteamericanos para trabajos de alto riesgo? ¿Cuánto cobra un obrero que labora con energía nuclear? ¿En qué se parecen los trabajadores japoneses a los mexicanos? ¿El dinero vuelve retrasados a los dueños de las empresas?

 

Pio D’Emilia/ Il Manifesto/ Traducido para Rebelión por Susana Merino

Tepco “sabía” que en el radiador 3 de Fukushima había agua radiactiva pero no lo dijo, admite un portavoz. La radiactividad obstaculiza las tentativas de refrigerar el combustible. Pero los verdaderos “héroes” de las centrales nucleares son obreros transitorios y precarios a quienes se les confía el trabajo sucio.

“¿Miedo? ¡No, qué va! Pero sí preocupados… porque desde la semana próxima no se venderán más cigarrillos en el Japón… ¿te das cuenta? Si nos quitan el cigarrillo, ¡estamos listos!”, ríen los obreros de Onegawa, “héroes” -por ahora- de otra central nuclear construida, vaya a saber por qué, en la costa de más alto riesgo sísmico del mundo. Un día los japoneses nos explicarán por qué decidieron concentrar todas las centrales en este lugar y no junto al más tranquilo Mar del Japón. Ha sido una pésima elección. Y no ha sido la única.

Los encontramos, por casualidad, al finalizar su turno, en una de las pocas tabernas abiertas en esta ciudad famosa por sus hermosas playas blancas –una rareza en Japón- y ahora devastada por el tsunami. La mitad de la ciudad y la mitad de la población han desaparecido. Está el que encontró su casa a un par de kilómetros de distancia, sobre tierra firme. Otros merodean, a dos semanas del Apocalipsis entre los escombros, buscando a alguien o al menos alguna cosa.

Los “gitanos”, trabajadores “estacionales” de la central nuclear se reconocen rápidamente. Son alegres, fanfarrones, fuman continuamente y sobre todo no hablan bien el tohoku, el dialecto local, tan incomprensible para nosotros como para la mayor parte de los japoneses del sur. No quieren hablar de trabajo, de peligros, de radiaciones. Cosas lejanas para ellos. Tienen otros problemas inmediatos que resolver.

El cheque de pago al que siempre le falta algo. Los bancos que han suspendido o demoran los trámites haciendo cada vez más difícil el envío de remesas a la familia. Y ahora la prohibición de los cigarrillos, anunciada recientemente por el monopolio del Estado (uno de los pocos que quedan en el mundo): las empresas que proveen los filtros están concentradas en Tohoku y no pueden suministrarlos.

Luego de haber roto el hielo con Nagatomo y con Zaccheroni que está organizando por primera vez el “partido del corazón” para ayudar a las víctimas del terremoto, tratamos de insistir. ¿Cómo va todo? ¿Se terminó la emergencia? “Bah, dicen que todo está tranquilo aquí. Tuvimos una emergencia del 13 de mayo, dos días después del tsunami, la radiactividad se había disparado hasta 21 milisiveres por hora. Pero diez minutos después todo se había normalizado. Dijeron que el aumento se debía al desperfecto de Fukushima, no a nuestra central”.

Dicen. Palabra mágica de estos tiempos. Dicen. Dicen –y se sienten– de todos los colores. Con los medios locales y extranjeros, que amplifican, distorsionan y a veces inventan. No solo en Fukushima, sino también en Onagawa, doscientos kilómetros más al sur, en el norte devastado, humillado y un poco olvidado, la única fuente oficial es la premiada Tepco, una sociedad repetidamente involucrada en el pasado reciente en errores, violaciones y omisiones. Entre 1986 y 1991 como lo admitió en una sesión pública de la Comisión nacional para la Seguridad Nacional, esta sociedad cometió 16 graves violaciones de las normas de seguridad. Violaciones por las que fue repetidamente amonestada y multada. Sin contar el incidente de Tokaimura en 1999 que se mantuvo oculto y luego se manipuló fraudulentamente durante varias semanas.

Fue en aquella oportunidad cuando, por primera vez, se puso de manifiesto la triste, trágica realidad del “genpatsu gypsies”, los “gitanos del átomo”. De los casi 70 mil trabajadores del sector –explica Kenji Higuchi, un colega japonés que sigue con atención este fenómeno– cerca de 63 mil son trabajadores precarios, contratados estacionalmente o mensualmente para realizar tareas de mantenimiento o actuar en las emergencias. Se trata de trabajadores originalmente reclutados en los guetos de Sanya en Tokio y Kamagasaki en Osaka, sin ninguna especialidad, pero que con los años al precio de grandes contaminaciones se han convertido, de algún modo, en expertos. Constituyen casi el 90% de la fuerza laboral y se les paga, al fin de cuentas para contaminarlos”.

Ryu, nombre falso, es uno de ellos. Trabaja desde hace dos meses en Onagawa, donde se ocupa de tareas tan simples como “peligrosas” como limpiar uniformes, aspirar el polvo y secar eventuales pérdidas de agua. Trabajó en otras centrales en el pasado, incluida la de Fukushima, que conoce al dedillo. ¿Sigues en contacto con amigos, compañeros de trabajo? “Al principio sí, nos telefoneábamos, luego nada. No sé qué habrá pasado que no pude comunicarme más” ¿Cómo es la vida de un “gitano del átomo”? ¿Les pagan bien? ¿Saben a qué riesgos se exponen? “El salario es lo que hay, cobramos un máximo de 10 mil yenes diarios (90 euros), en cuanto a las radiaciones… bah, nos hemos acostumbrado”.

Según Ryu, hablar de “50 héroes” no tiene sentido Los “forzados” del átomo son en realidad centenares, entre los que hay que contar cientos de bomberos literalmente amenazados por el gobierno (“no se hagan los conejos”, tronó en días pasados el ministro de Economía Banri Kaieda frente a la vacilación de algunos de ellos, amenazándolos con despedirlos aunque después de haber sido criticado por el primer ministro Naoto Kan se excusó en directo por tele). Trescientos, tal vez más. Cincuenta es sólo la cantidad de los que entran por turno en la central maldita para literalmente tapar agujeros, porque ahora parece que existen verdaderas y auténticas grietas en la “camisa” del reactor y enfriarlo.

Un trabajo pesado, fatigoso y estresante. Un trabajo “sucio” para hombres descartables. Tanto es esto verdad que en el pasado, a finales de los 80, la Tepco había recurrido incluso a “gitanos negros”, obreros estadounidenses de color “enviados” por la General Electric, un asunto denunciado en su momento por otro colega japonés, Kunio Horie, que se hizo contratar en una central (siendo él mismo víctima de las radiaciones) y es autor de un terrorífico documento sobre el universo nuclear japonés.

Un sacrificio, por lo tanto, sólo aparentemente “voluntario” pero de hecho inducido y provocado por la desesperación, por la necesidad de llegar a fin de mes a cualquier precio. Una situación de la que es responsable el gobierno, dado que en el momento en que se precipitó la crisis (el pasado 13 de marzo) elevó imprevistamente el límite máximo de exposición diaria llevándolo de 100 a 250 milisiveres. Límite que debe ser regularmente superado dado que en días pasados por lo menos una veintena de trabajadores debieron ser hospitalizados de urgencia, tres de ellos en estado muy grave.

Mientras saludo a los “gitanos” de Onagawa, recuerdo a Mitsuo (otro seudónimo) a quién encontré un día en Kawamata, a la entrada de la zona evacuada, en el centro de acogida. Hoy tendría que haber vuelto a trabajar a Fukushima. Recuerdo que estaba tan aterrorizado como resignado. Como lo estarán, algunos más, otros menos, los obreros de la fábrica Nissan de Iwaki, ubicada a unos 60 kilómetros de la central. A diferencia de Honda y Toyota que han postergado la reapertura de sus fábricas (obligando obviamente a sus trabajadores a tomarse “vacaciones”) la Nissan ha quemado a todos. Todos a trabajar. Por otra parte ahora somos todos “gitanos”. Del trabajo.

 

Fuente: http://www.esserecomunisti.it/index.aspx?m=77&f=2&IDArticolo=34901〈=ita

 

Un enemigo radiactivo planea sobre comunidades mexicanas

* ¿Puede México enfrentar riesgos nucleares? ¿Dónde está Laguna Verde? ¿Cómo funciona esa planta nuclear? ¿Hay víctimas mortales por la radiación en aquel lugar? ¿Es una planta vieja?

 

Emilio Godoy/ IPS

La mexicana Brenda Mancilla, de 23 años, padece desde los cinco meses de nacida esclerosis tuberosa, un trastorno neurocutáneo progresivo consistente en la aparición de tumores benignos en los órganos del cuerpo.

“Es algo desesperante, muy triste. La enfermedad va acabando con la persona. Sé que algún día la matará”, dijo a IPS Georgina López, hermana de Brenda y quien la cuida en la comunidad de Emilio Carranza.

Su caso es uno de los 98 expedientes sanitarios recopilados por la alcaldía de Vega de Alatorre, un municipio de 18 mil 507 habitantes perteneciente al estado de Veracruz, ubicado 290 kilómetros al sudeste de la ciudad de México y cercano a la planta nuclear de Laguna Verde.

Ese censo, ordenado por la presidenta municipal Leticia Rodríguez, incluye diversos tipos de cáncer, cuadriplejías, paraplejías, síndrome de Down y otros padecimientos. La funcionaria, las víctimas y activistas apuntan sus acusaciones hacia la central, propiedad de la estatal Comisión Federal de Electricidad (CFE) y que empezó a operar en 1990.

“Sí, nos preocupa, es algo crítico. Nos dicen que la planta funciona bien, pero la gente tiene sus dudas. Nadie nos ha escuchado, nos hace falta más información de la autoridad”, declaró a IPS Rodríguez, quien asumió el 1 de enero y gobierna por el conservador Partido Acción Nacional, del cual es uno de los líderes el presidente de México, Felipe Calderón.

Afectados por alguna variedad de cáncer, ya han muerto 33 personas desde 2008 en la zona, tres de ellas este año. Aproximadamente 60 mil personas fallecen en esta nación latinoamericana a causa de esa dolencia, lo cual la convierte en la tercera causa de fallecimientos en el país.

Laguna Verde, que posee dos reactores con una capacidad instalada de casi mil 400 megavatios y se moviliza por el consumo de uranio enriquecido, produce electricidad mediante el esquema de agua en ebullición.

El funcionamiento de la instalación no ha estado exento de polémica. En una auditoría realizada en 1999, la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO, por sus siglas inglesas) encontró proliferación de apagados seguros del reactor, que debilitan los sistemas operativos, falta de preparación del personal y de gestión y organización del trabajo, además de equipo obsoleto.

En 2009, la WANO, basada en Londres y fundada en 1989 por los operadores nucleares del mundo, practicó otra evaluación, cuyos resultados no han sido revelados por la CFE.

“Queremos una evaluación independiente. Saben que sí hay un impacto en la salud, pero se niegan a hacer el monitoreo”, reclamó ante IPS Claudia Gutiérrez de Vivanco, una de las fundadoras de la no gubernamental Grupo Antinuclear de Madres Veracruzanas, surgido en 1987.

Las autoridades estatales y la CFE han descartado que la aparición de enfermedades en la región guarde nexo con la central Laguna Verde y han asegurado que ésta trabaja bien, aunque sin aportar datos duros como la cantidad de incidentes registrados en 2010 o de días en los que se detuvieron los reactores y las razones de ello.

Pero mujeres como Georgina López y Guadalupe Hernández, un ama de casa cuyo padre sufre de cáncer cerebral desde 2003, se sentirían más tranquilas si no existiera un riesgo atómico a su alrededor.

“Dicen que afecta, pero vaya usted a saber. Nos da miedo que opere la planta. Las autoridades nunca han informado que esté trabajando bien y que no nos afecta la salud. Sólo los que trabajan ahí saben”, expresó ante IPS Hernández.

Sin antecedentes familiares cancerígenos, Melesio Hernández, de 68 años de edad, empezó a sentir dolores de cabeza, luego de su diagnóstico fue intervenido quirúrgicamente y en 2009 padeció una embolia.

Al menos dos decesos aparecen vinculados con la central atómica. Félix Rafael Ortega Domínguez, quien trabajó durante 10 años en el laboratorio químico de la generadora, falleció en agosto de 1996 de cáncer renal, según su expediente clínico.

Historia similar es la de José Luís López Islas, fallecido en 1997 por fibrosis pulmonar y cuyo puesto fue “ayudante de operador de desechos radiactivos” de la planta. La CFE no ha querido reconocer que la dolencia de esta persona pudo provenir de su trabajo en el complejo.

“Es necesario un estudio independiente para determinar si la radiación afecta la salud. Cabe suponer que sí perjudica”, indicó a IPS Bernardo Salas, director del Laboratorio de Análisis Radiológicos de Muestras Ambientales de la Facultad de Ciencias de la estatal Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre 2007 y 2009, Salas, quien fue despedido de CFE por denunciar anomalías en Laguna Verde, encontró rastros de los elementos radiactivos cesio-137 y cobalto-60, sinónimo de eventual polución, en tres puntos contiguos a la central, en el marco de un proyecto de análisis radiológico desde el Golfo de México hasta el sudoriental estado de Quintana Roo, en el sudeste mexicano.

El reactor 2 de Laguna Verde estuvo fuera de control el 8 de febrero de 2006 debido a una falla eléctrica, por lo cual estuvo en riesgo de fundirse, según Salas.

Un accidente nuclear podría golpear a 80 por ciento del territorio mexicano, según un reporte de simulacro de 2008 del Comité Inter-Agencia sobre Respuesta a Accidentes Nucleares, adscrito a la Agencia Internacional de Energía Atómica, con sede en Viena.

“¿Qué seguridad se puede tener cuando uno ve lo de Japón? No sabemos qué puede pasar mañana”, sostuvo Rodríguez, en cuyo municipio las principales actividades son la siembra de maíz, fríjol, ají y sandía y la producción ganadera.

El Senado ya pidió al gobierno información sobre la operación de la instalación y los planes de contingencia en caso de accidente. Además, un grupo de senadores organiza una visita a la planta para el próximo 6 de abril, gira que los activistas no quieren que se convierta en “un tour nuclear”.

“La decisión del gobierno no nos va a dar tranquilidad. Una visita no sirve para garantizar que la planta funciona bien. Se tiene que hacer un estudio serio y profundo”, resaltó Gutiérrez de Vivanco.

“Es una planta vieja. No tenemos información ni estamos preparados para un desastre”, se lamentó Georgina López, cuya hermana ingiere tres medicamentos cada ocho horas para poder llevar su enfermedad.

Temores nucleares acechan al mundo

* ¿Quiénes construyen y administran las plantas nucleares en el Japón? ¿Por qué había una total confianza en esas empresas y se les otorgaba un aura “divina”? ¿Qué tiene que ver el petróleo en el desastre atómico? ¿Cuántos reactores obsoletos hay en EU?

 

Yoichi Shimatsu/ Global Research/ Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Un segundo Hiroshima está teniendo lugar con las fusiones nucleares parciales en los reactores nucleares de Fukushima 1. Sólo podemos esperar que el número de víctimas no se aproxime ni remotamente al de la primera catástrofe atómica del mundo.

La comunidad internacional se pregunta ahora cuándo será el próximo Nagasaki.

¿En EU con sus 23 envejecidos reactores de diseño idéntico al de los reactores GE Mark 1 de Fukushima, junto a una docena más de diseño ligeramente modificado?

¿En Francia, el país más dependiente de la energía nuclear?

Probablemente no en Alemania o en Venezuela, que están reduciendo sus programas nucleares ni en Gran Bretaña, el líder mundial de la conversión energética eólica mar adentro. Ni incluso en China, un modelo de energía solar que ahora reduce sus planes de nuevas plantas nucleares.

Mucha gente también se pregunta cómo es posible que la única nación que ha vivido bombardeos atómicos haya confiado tanto en la energía nuclear. La respuesta es al mismo tiempo simple y complicada. En la economía moderna la energía para mover las máquinas está entrelazada con la seguridad nacional, la política exterior y la guerra.

 

Progreso basado en el uranio

 

La Segunda Guerra Mundial fue en esencia una competencia por combustibles fósiles. Japón, hambriento de energía, invadió a China por su carbón y a Indonesia por sus reservas de petróleo. Las guerras relámpago de la Alemania nazi apuntaban a los campos petroleros de Rumania, Libia y la región del Mar Caspio. EU y Gran Bretaña combatieron contra las Potencias del Eje para retener su control sobre el combustible fósil del mundo y siguen haciendo lo mismo en conflictos con naciones de la OPEP y para controlar Asia Central y la plataforma continental del Este de Asia.

Para impedir la recurrencia de otra Guerra del Pacífico, Washington trató de apartar al Japón de la posguerra de su dependencia del carbón y del petróleo. Cuando la industria japonesa resurgía en la época de los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, EU presionó a Japón para que adoptara la “segura y limpia” energía del futuro: la energía nuclear.

General Electric y Westinghouse se encargaron enseguida de instalar una red de plantas de energía nuclear en toda la nación isla, mientras se añadía Japón en la lista del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) lanzado por EU y en el Tratado de No Proliferación.

A diferencia de recursos de combustible más antiguos, la energía nuclear era el único derecho de propiedad de EU, que no sólo dominaba la minería del uranio sino también la producción de boro, el mineral absorbente de neutrones necesario para reacciones nucleares controladas. Laboratorios estadounidenses, incluidos Los Alamos, Lawrence Livermore y Oakridge son las escuelas de posgrado de los físicos nucleares del mundo.

En el mismo período de embriagadora infatuación con la tecnología, la Feria del Mundo de Nueva York de 1964-65 fue un baile de graduación de un nuevo futuro “universal” más brillante basado en la división del átomo. El pabellón de General Electric se llamaba “País del Progreso” con un show multimedia que mostraba una “explosión de plasma” de fusión de plutonio para visitantes impresionados. Japón sirvió como modelo de ciudadanía y cooperación internacionales bajo el patrocinio del poder atómico estadounidense. La planta nuclear de Fukushima, diseñada por GE, fue conectada a la red en 1971.

El mito moderno de la energía nuclear segura fue alternativamente resistido y aceptado de malas ganas por el público japonés. En años más recientes, las antiguas percepciones negativas hacia el proveedor nuclear Tokyo Electric Power han cambiado. Un joven diseñador de gráfica computarizada en Tokio me dijo que su generación creció pensando: “TEPCO tiene un aura divina de infalibilidad y de poder mayor que el gobierno”. Mi experiencia como editor en la prensa japonesa revela que su imagen corporativa se promovió astutamente con comerciales “de lavado verde” que pretendían una falsa amistad hacia el medioambiente y con fuertes ingresos publicitarios para la televisión y los medios impresos.

 

Energía atómica en la Guerra Fría

 

La energía atómica no era nada nuevo para Japón. Durante la Segunda Guerra Mundial, los Aliados y el Eje compitieron por una nueva fuente exótica de energía, el uranio. Mientras el Proyecto Manhattan preparaba en secreto la bomba atómica en Nuevo México, Japón abrió minas de uranio en Konan, en el Norte de Corea, que es ahora la fuente del programa de energía nuclear de Pyongyang.

Después de la victoria aliada, la Unión Soviética apuntó a romper el monopolio nuclear estadounidense estableciendo un protectorado llamado República de Turkestán del Este en la provincia noroccidental de China de Xinjiang. Los ricos depósitos de uranio cerca de Burjin, en las laderas de las montañas Altai, suministraron el material fisible para el desarrollo de la capacidad nuclear soviética. Las minas apresuradamente excavadas por los soviéticos dejaron tras de sí la maldición de la enfermedad por radiación a los habitantes predominantemente uigures y kazajos étnicos así como a las comunidades río abajo en Kazajstán oriental. Científicos kazajos y chinos han realizado desde entonces proyectos de corrección, utilizando árboles recolectores de isótopos para limpiar la tierra irradiada.

Para impedir que los soviéticos acumularan un arsenal nuclear, el gobierno de Truman inició un programa de máximo secreto para controlar todo el suministro de uranio del mundo. La Operación Murray Hill se concentró en el sabotaje de las operaciones mineras en Altai. Douglas MacKiernan, que operaba bajo la cobertura de vicecónsul estadounidense en Urumchi, organizó un equipo clandestino de rusos anticomunistas y de guerrilleros kazajos para colocar bombas en las instalaciones mineras soviéticas. Obligado a huir hacia Lhasa, MacKiernan cayó muerto a tiros en un caso de identificación errónea por un guarda fronterizo tibetano y se le honra como el primer agente de la CIA muerto en acción.

Las operaciones globales encubiertas de la Operación Murray Hill son realizadas actualmente por el buró contra-proliferación de la CIA. Un vistazo a sus operaciones clandestinas aparece en Fair Game, el libro y película sobre Valerie Plame, la agente cuya identidad se reveló bajo el gobierno de Bush. Se han librado batallas abiertas y encubiertas contra enemigos nucleares en sitios tan alejados como Pakistán, Egipto, Libia, Argentina, Indonesia, Myanmar e Iraq así como los sospechosos habituales Irán y Corea del Norte.

 

Amenaza para el público estadounidense

 

Las fusiones nucleares parciales en Fukushima 1 colocan a Washington ante un dilema. Si las liberaciones elevadas de radiación hubieran ocurrido en Corea del Norte o Irán, Washington habría convocado sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU, habría exigido inspecciones del OIEA y habría impuesto duras sanciones y posiblemente una intervención militar. Las fusiones nucleares, sin embargo, provienen de reactores diseñados en EU que operan según protocolos creados por EU.

Por ello, el gobierno de Obama ha minimizado la gravedad del actual drama nuclear que afecta a su aliado japonés. En un tono defensivo poco convincente, el presidente estadounidense ha respaldado la energía nuclear como parte de “la mezcla energética” que apoya a la economía de EU. Su posición pronuclear es irracional e irresponsable, cuando países aliados más pequeños, entre ellos Gran Bretaña, Holanda y Alemania, hacen masivas inversiones en instalaciones eólicas mar adentro en el Mar del Norte para terminar con su dependencia de combustibles nucleares y fósiles.

La comunidad internacional es plenamente consciente de ese doble rasero político. EU aplaudió silenciosamente los ataques aéreos israelíes contra la planta Osirak de energía nuclear de Sadam Hussein en 1981, y desde entonces ha pedido sanciones cada vez más estrictas contra Teherán y Pyongyang. No obstante, Washington se niega a dar el ejemplo y resta importancia a los llamados de los ciudadanos de Hiroshima y Nagasaki por un desarme nuclear total. La campaña de EU por un monopolio atómico, o por lo menos la dominación nuclear, empuja a potencias más pequeñas hacia la obtención de una capacidad disuasiva. Esas naciones no constituyen un cierto “eje del mal”; sólo juegan al juego de la supervivencia según las reglas –no las palabras– fijadas por Washington.

En los futuros días y meses, los propios ciudadanos de EU se estremecerán de miedo ante la temida llegada de la contaminación radioactiva. Ahora se ha olvidado prácticamente el terrorismo cuando una amenaza mucho más amplia puede cubrir pronto los cielos estadounidenses de “mar a mar resplandeciente”. A menos que Washington se mueva rápido hacia el repudio de su propia adicción nuclear, el espectro de otro Nagasaki ensombrecerá el “país de los libres y hogar de los valientes”.

 

* Yoichi Shimatsu es ex editor de The Japan Times Weekly

 

© Copyright Yoichi Shimatsu, Fourth Media (China), 2011

 

Fuente: http://www.globalresearch.ca/PrintArticle.php?articleId=23788

 

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