Elecciones 2015: crónicas desde la trampa

* En la fuente del Águila, en la ciudad, el baile del profesor ni siquiera era emblemático. Su celebración en realidad fue pobre, bacanal contenida y que estallará, como siempre pasa, cuando lleguen los primeros presupuestos, las obras de Higa ya firmadas. Su celebración ni siquiera fue cruel. Sin fotogenia porque no la hay, Zamora saludaba a los feisbuqueros y los operadores políticos encargados de la web, les recordaba la tiniebla primaria, el triunfo desde la verdadera operación electoral.

Miguel Alvarado

Toluca, México; 8 de junio del 2015. No, no fueron las cualidades oratorias de Fernando Zamora, aspirante a la alcaldía por Toluca las que le dieron el triunfo el 7 de junio del 2015. Tampoco su trabajo legislativo, pues a fin de cuentas es todavía diputado local con licencia. Ni siquiera su condición indígena, de la cual uno debiera estar orgulloso de no rodearle un aura indigna, la ausencia hasta de dios que en él se orla siniestra en lugar de liberarlo.

Es priista y eso lo determina, como una condición de género; le pesa en su estado genético, involuntario producto de la educación que prefigura como héroes a “El Komander” y Cuauhtémoc Blanco y que al paso del tiempo le ha desarrollado una militancia perturbadora en busca de poder porque el dinero ya lo tiene. Fernando Zamora Morales, próximo alcalde de Toluca, será también el más cuestionado, aunque observe, obediente modelo del político mexicano, estrategias de manual para administrar su más reciente adquisición. Para él, desde las 12 de la noche del 7 de junio, las puertas de la gubernatura del Edomex están abiertas junto con las de la alcaldía. Dice todavía que serán tres años maravillosos y lo son desde la perspectiva de un priista cuya única habilidad consiste en ganar elecciones desde el voto duro, con 62 por ciento de abstencionismo y 23 por ciento de las casillas en cero.

Zamora, perdedor exitoso, no tiene problema en reconocerse. Otomí, pero no igual a los otros 102 mil que habitan la zona norte del municipio, la más pobre de todas. Maestro, aunque líder de uno de los magisterios más corruptos, arma dura del priismo en elecciones o tiempos de paz. Equivalencia todavía más menuda de Peña Nieto, reflejo atezado de Aarón Urbina es, sobre todo, una infrasabiduría que le permite escalar sin virtud, creyéndoselo todo.

¿Cuál es el mérito del profesor Fernando Zamora –34.72 por ciento, 79 mil 61 votos- que lo llevará a gobernar Toluca?

“Ya me los chingué”, dijo Blanco, cuando supo que encabezaba las preferencias en Cuernavaca, Morelos, para aquella alcaldía. Último ídolo, de limo pero sí, del futbol mexicano, el Temo consiguió sintetizar este desatino llamado México: volverse lumbrera desde Televisa o los foros de Paty Chapoy le costó años aunque nunca entendió que ser futbolista lo adecentaba, a pesar de sí mismo. “Ya me los chingué” es la síntesis de la ética flat que mejor retrata a la política mexicana o la mexiquense. Zamora y Blanco no se diferencian en nada, excepto en que uno es más futbolista que el otro.

El periodista Elpidio Hernández recuerda del profesor que “en dos años y medio como diputado, la labor legislativa de Fernando Zamora Morales se limitó a las 15 iniciativas a las que se adhirió, una que suscribió y sólo dos de su inspiración pero que no lograron prosperar, como lo da a conocer la página del Congreso que hace pública la información de las iniciativas, proposiciones, asistencias y votaciones en el Pleno de cada diputado”.

Dicen que Zamora, al conoce las tendencias que recabó su partido, a las 20: 45, dijo: “¡ya chingamos!”. Ese Fernando que bailaba en el monumento del Águila, a las 10 de la noche en el Paseo Colón festejando su victoria sin casillas computadas, es el mismo que hace unos años, después de perder otras elecciones, se acercaba a los patriarcas priistas, en total desahucio, para pedirles que lo rescataran y de paso una oportunidad, otra. Se la dieron y con cuidado lo cobijaron, dejándolo solo para que él pudiera, como lo hizo, reconstruirse desde esa nada que para la ciudad representa la zona norte. Si uno va, la vibrante región otomí puede contar su propia historia, incluso la historia del nuevo alcalde de Toluca.

Y a esta hora uno se pregunta cómo le hizo Cuauhtémoc Blanco para chingárselos a todos.

II

Esta es la derrota más llorada por el panista Juan Rodolfo Sánchez Gómez, segundo lugar en las votaciones por la presidencia de Toluca –27.52 por ciento, -62 mil 670 sufragios-, quien al otro día, calmo pero no, anunciaba sus planes: 10 mil acarreados votaron doble en el municipio y hay manera de probarlo. Sánchez equilibra sus últimos recursos para sostener esa tesis, tan endeble en principio como la tinta del IPN para marcar los dedos que se borraba a las pocas horas, a pesar de los candados de seguridad implementados por científicos del Poli. Sánchez tuvo impalpables apoyos de funcionarios priistas que al final lo engatusaron y al mismo tiempo se engañaron solos. La renuncia de Emilio Chuayffet a la Secretaría de Educación, el mismo 7 de junio, vaticinaba el desastre, pues había enviado imperceptibles funcionarios para operar algunas logísticas que apoyo… pero no, no renunciaba aunque la versión tomó forma desde los sindicatos. Que Narro lo sustituiría y que eso pondría fin a las esperanzas de algunos para que llegara Alberto Curi, subsecretario federal de Educación Básica, terminaban de empantanar aquella elección que, ya se sabía, sería corporativa, un voto duro de casi 20 por ciento. Chuayffet se quedó para anunciar que las evaluaciones a maestros se reactivaban una hora después de terminados los comicios.

Pero los operadores de Emilio llegaron y lo hicieron, hasta donde fuerzas y dinero les alcanzaron. Incluso esferas tan extrañas como Jocotitlán fueron acaparadas por aquellos hacedores milagrosos que un día, una noche antes de las elecciones pregonaban el triunfo panista.

– De verdad te digo –balbuceaba el operador, azul y emocionado hasta las lágrimas, mesías evidentemente sobrio- que esto ya está decidido. Lo palomeó Peña y lo palomeó Montiel. No, no, no, es segurísimo, vamos a ganar, mañana a estas horas ya estaremos celebrando. Y ustedes tienen escrito su nombre en letras de oro en la historia del PAN.

A esas alturas, debieron saber, una paloma de Peña es la peor de las señales. Y una de Montiel, las dos juntas, vaticinaban el tsunami.

Esa angustia no era exclusiva de los directamente involucrados. En San Cristóbal Huichochitlán se hacían arreglos de última hora y líderes del PRI anunciaban su adhesión a las filas de Acción Nacional. Las reuniones, desde las once de la noche, perfilaban en el último minuto una contienda cerrada en las que Zamora era el abstracto mal mientras que Gómez, si no el bueno, al menos no era el diablo. A esa hora se tejía para todos una mortaja que de pronto tomaba la forma de lo inexcusable. Las traiciones, simples pero contundentes, se explicaban ellas mismas cuando alguien decía que “Zamora se lo buscó. Tiene hasta su casita blanca y por él están los chinos en el pueblo, así que…”.

O desde esta otra: “la orden de Gilberto Ortiz Torres -candidato a la diputación local por el PRD en el distrito II del municipio- fue apoyar a Sánchez Gómez en voto diferenciado. Así lo vamos a hacer porque Gilberto tiene la idea de impulsar un municipio autónomo”.

Y sí. Tan cerca de Zamora, tan lejos de Toluca.

Pero los nombres del oro se pronuncian distinto, quizás las piedras preciosas.

Esmeralda de Luna, comerciante empoderada después de la muerte violentísima de su ex marido, Gerardo Sotelo “Alma Grande” -líder ambulante que operaba para el ex alcalde panista Armando Enríquez-, había llegado a un acuerdo, sentada al final frente al secretario general de Gobierno, José Manzur y con Sánchez Gómez como invitado y testigo.

-Miren, vamos a garantizar la paz de los comicios –les dijo Manzur, quien una semana atrás había apaciguado los ánimos del perredista Octavio Martínez, una piedra en el zapato del gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, en Ecatepec y que finalmente perdió por paliza (70 mil 907 votos, 18.34 por ciento contra 159 mil 637 del PRI, 41.32 por ciento en cifras preliminares). También, dos semanas antes, el efectivo Manzur había solicitado al ayuntamiento de Toluca los talones de cheques donde se registraron las gratificaciones de Sánchez Gómez cuando era alcalde de Toluca. Después se los entregó a Mónica Fragoso, la eterna rival de Sánchez para que los hiciera públicos y encabezara la fractura. Ella lo hizo primero por venganza. Y sí, después por placer.

– Los quiero para ahorita, ya –dijo Manzur a los del ayuntamiento.

Un intervalo.

La impostura de De Luna comenzaba desde el apellido. Su elegante farsa comenzaba en el nombre, ni siquiera de correcta fonética, pero no le estorbó para aparecer, en uno de sus cierres, junto a Manuel Espino, la figura determinante de Movimiento Ciudadano, abrazada con Patricia Durán, hermana de aquel clan de los Durán Reveles, del valle de México. Estos panistas retractados compitieron aliados de los comerciantes del mercado de Palmillas, encabezados por adinerados líderes que al menos buscaban una regiduría para De Luna, una secretaria en el ayuntamiento de Toluca hace años y que ahora aspira a dirigir.

En Palmillas se reubicaron los comerciantes que Sánchez desalojó, en el 2006. No todos quisieron o no todos alcanzaron lugar, pero tres años después operaba allí el narcomenudeo, células duras controladas por La Familia Michoacana -ahora por los Templarios- con la priista María Elena Barrera como alcaldesa. En ese ayuntamiento del PRI trabajó el jefe de plaza de ese cártel, Germán Reyes Munguía, “ex subdirector de Política Criminal Municipal de Toluca y ex agente de la AFI, a quien se le atribuyen 25 homicidios y la fosa clandestina con cinco osamentas halladas en un predio de Almoloya de Juárez”, recuerda la reportera Magdalena Santiago.

Al principio un puerto fantasma, aquel mercado fue creciendo hasta consolidarse, convertido desde cero en acopio de verduras y poder. Lo que Alma Grande había conseguido, hacer y deshacer las uniones de comerciantes ambulantes, lo capitalizó De Luna estableciendo una jettatura disfrazada de paz pero mucho trabajo, dosificado con amor y prebendas. Hasta la fecha, Palmillas sigue siendo centro de narcomenudistas.

Por eso Manzur, el mismo que presionaba el brazo de Octavio Martínez, mientras desayunaban en el Crown Plaza de Toluca, a una semana de la elección.

-Miren, vamos a garantizar la paz de los comicios –les dijo el secretario general de Gobierno. Y Sánchez y De Luna asintieron. Sólo ellos saben por qué tardó tanto esa reunión.

Juan Rodolfo había creído que había un paréntesis para él en esa zona otomí, enclave eterno de Zamora, donde se afinca la centralidad de su poder. Allí están su casita blanca, enorme y silenciosa desde que se dedicó a las campañas. Sus negocios textiles también allí prosperan. Es dueño del mercado de gorras, bonetes y bufandas y su palabra es ley, incluso con carácter de legal. Su imperio, afincado en el miedo y la coerción le provee del dinero que a veces la política olvida entregar. Porque a él lo habían abandonado. Luis Miranda, la propia Martha Hilda González, ex alcaldesa de la ciudad; Ernesto Monroy y hasta Manzur, Ernesto Nemer y Peña le habían expresado una velada antipatía. Si no le dijeron a él, lo esparcieron en otros partidos. En el PAN, por ejemplo. Sánchez, por otro lado, debió entender que iba solo. Si ya lo sabía, tiene mérito perder por siete puntos. Sin derrota no hay virtud, aunque eso a nadie le interesa.

– Pero Zamora se lo buscó- decían todavía los líderes de la zona norte, cuando a las once de la noche del 7 de junio decidieron votar por el PAN. El enojo se expresaba pero no podía canalizarse, porque el miedo a Zamora había impedido denunciar desde el principio la desaparición de cuatro paquetes electorales en ese distrito II, más grande que la propia ciudad, convulsión esperando su propia crisis.

Por eso a Zamora nadie lo conoce, porque los de Toluca no asisten a los patios traseros y confeccionan ilusa y tristemente sus propias fronteras, levantan muros que allá, en San Cristóbal, San Andrés, San Pablo o Pueblo Nuevo, les permiten hilar en silencio –como lo hizo Fernando cuando construyó su imperio miserable- uniendo la necesidad más canalla, la costumbre de hacer pasar basura por esmeraldas.

Sánchez Gómez sabía que los comerciantes le darían la espalda. En lo público aceptaba el costo político pero en su casa le quitaba el sueño. No pudo dejar de ver que De Luna tenía un templete diez más grande que el suyo y que la algarabía, si bien pagada, se oía a cinco cuadras a pesar de que un grupo de músicos acompañaba al panista, en uno de los cierres donde ambos, frente a frente, colocaron sus espectáculos. Juan Rodolfo pasaba por un lado de aquella alharaca para llegar a su propia concentración, volteando discreto, sin dejar de sonreír.

– ¡Esmeralda, Esmeralda, ra, ra rá!

Ella, en el templete y como una estrella recibía aquellas consideraciones. Desde esa perspectiva allí había amor y, si no, qué más daba porque la embriaguez la tomaba por asalto. Hasta el griterío de los niños más pobres, obligados a cuchichear su nombre, le hacía olvidar sus orígenes.

No se daba cuenta.

Los niños. Los hijos de los más jodidos obligados a los peores trabajos. Mauricio Aguirre, aspirante a la diputación por el distrito II de Movimiento Ciudadano, definía el año en la cárcel que pasó Esmeralda como duro, “porque ella fue presa política”. Los niños. ¡Esmeralda, Esmeralda, ra, ra rá!

Detrás de Esmeralda ondeaba su propio rostro impreso en carteles obtenidos desde el patrocinio de los comerciantes, agitando sin viento su cara, desplanchados sus pliegues y a la vista de todos el retoque del photoshop, la tienda quirúrgica más barata del mundo. Sólo ella se fija en las minucias. Ella y su compañera Patricia, alta y entaconada, saludando a la otredad, en el vacío escandaloso de los que tienen rostro pero a fuerza lo ocultan. Gracias a dios, en Movimiento Ciudadano todos son ex panistas, condenados ellos mismos a la operación imposible de un partido de franquicia alquilada y consientes, demasiado tal vez, de que en esta partida nunca habrá ganadores.

Esmeralda aplaudida por una botarga y ella misma el delirio es lo que hay en el descampado de San Pablo, donde enfrente los panistas de a deveras organizan su nigromancia. Con ella regalan banderas, con suerte las gorras naranjas pero acá, a la derecha, los azules, se conforman porque, dicen, son pocos pero sinceros y para demostrarlo aderezan la espera entre mandiles, contando chistes y canciones en lo que Sánchez llega, creyendo que allí se gana o se pierde el municipio entero.

Por eso un bote de pintura, ladrillos, la puerta de una casa o la casa misma aunque sea de lámina, son las riquezas más buscadas. Si alguien puede vender un voto, como sucedió el 7 de junio, lo hace. Dos mil quinientos pesos ya representan la mesa servida o una reja de cocas cuando no cervezas para toda la semana, una fortuna que se repite cada tres años, naturalmente.

También Zamora entonaba sus gritos guerreros y aseguraba que “ya ganamos. Ya ganamos porque hemos caminado más calles que ninguno. El presidente municipal, los regidores, los síndicos, los directores generales van a ganar úuunicamente lo que gana un maestro de tiempo completo de la Universidad Autónoma del Estado de México. No vamos a ganar más porque queremos sentir lo que siente el pueblo, porque queremos estar en los zapatos del pueblo, porque queremos sufrir como sufre el pueblo, somos parte del pueblo. El ayuuuntamiento de Toluca va a mantener sus puertas abiertas para toda la gente de San Cristóbal Huichochitlán. Lo único que tienen que decir, cuando vayan al ayuntamiento, es: con permiso, vengo a buscar a mi hermano Fernando Zamora Morales. Así le van a hacer. ¡Ya ganamoos! ¡Ya ganamoos porque las propuestas que estamos presentando no nos las estamos inventando! Los hemos estudiado con los especialistas. Nos van a ayudar a gobernar los especialistas, los que tienen grado de doctor o de maestría. El único profesor que va a estar ahí voy a ser yo. ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar!”.

Ese día, 3 de junio, la familia de Julio César Mondragón, normalista asesinado de Ayotzinapa, oriundo de Tecomatlán, Tenacingo, en el Estado de México, preparaba el cumpleaños del joven, al otro día. El 26 de mayo Marissa Mendoza, su viuda escribía: “a 8 meses de tu muerte y mi hija comienza a decir papá. Sé que te extraña, sé que quiere sentir el calor de un padre. Julio, buscaremos justicia y no nos rendiremos”.

Mondragón es el rostro del verdadero maestro.

Lo que sufre el pueblo. Lo que siente el pueblo.

Las piedras, el aire se resquebrajan y un maestro otomí sacude las manos, empapado en sudor, mientras camina por las calles de Huichochitlán buscando, tocando otra puerta.

III

Sueldo mensual de los Profesores de Carrera, de tiempo completo, de acuerdo a la categoría:

Puesto                Sueldo              Salario Integrado

Categoría “A”    $11, 392. 57    $14, 409. 48

Categoría “B”     $12, 776. 91    $16, 160. 41

Categoría “C”     $14, 314. 23   $18, 104. 84

Categoría “D”     $16, 548. 37   $20, 930. 61

Categoría “E”     $19, 587. 92    $24, 775. 07

Categoría “F”     $22, 954. 42    $29, 033. 07

 

* Secretaría de Docencia, UAEM, 2013.

* Secretaría de Planeación y Desarrollo Institucional, UAEM.

IV

Se puede empezar así. Era de madrugada y esa noche terminaba con un cigarro, con un café, casi 15 horas después de vagar por ese norte alucinado. Alumbraba el sitio web del IEEM la inmensidad de un local donde antes se vendían tacos o carnes. Hoy las mesas juntas formaban un amplio escritorio y desde el Programa de Resultados Preliminares las tendencias se iban perfilando, disimuladas en porcentajes todavía sin entraña. También estaban los zumbidos, los teléfonos recargándose y al otro lado de la cortina la calle, la avenida Manuel Buendía en San Cristóbal Huichochitlán, en la esquina de Monterrey.

La elección ya no, dijeron unos.

Todavía no es tendencia, decían otros.

El PAN comenzó ganando por casualidad. Con dos por ciento de casillas computadas, Sánchez iba arriba. Pero los resultados parciales de las pocas urnas entregadas a tiempo daban otro marcador. Tres a uno a favor de Zamora en la zona norte. Eso lo sabían en el PAN antes que nadie pero esperaban que la ciudad, la capital del Estado de México, harta de Peña, les ayudara en algo. Pero una de las casillas ubicadas en la colonia Morelos dio indicios de un cáncer que, por supuesto la euforia del trabajo dominguero de aquel 7 de junio, había matizado. Zamora ganaba y los rostros por fin adquirían el color de las circunstancias.

En la fuente del Águila, en la ciudad, el baile del profesor ni siquiera era emblemático. Su celebración en realidad fue pobre, bacanal contenida y que estallará, como siempre pasa, cuando lleguen los primeros presupuestos, las obras de Higa ya firmadas. Su celebración ni siquiera fue cruel. Sin fotogenia porque no la hay, Zamora saludaba a los feisbuqueros y los operadores políticos encargados de la web, les recordaba la tiniebla primaria, el triunfo desde la verdadera operación electoral.

Esas expresiones que salen cuando uno está hasta la madre encontraban tumbas, observadores electorales agotados de muerte luego de que un día antes atestiguaran la artimaña. Allí, al otro lado de aquella cortina, en la calle, esperaban pacientes los operadores de Zamora a que alguien les llevara el pago. Venidos de Villa Victoria, algunos del sur desde Tejupilco, habían estado allí para lo que se ofreciera. Para ellos, los 80 ó 100 jóvenes, mujeres y hombres, no habría pantallas de tele ni tarjetas de La Efectiva o reparto de zapatos, paquetes escolares inventados por otro delirante, el gobernador Eruviel, que se hizo el inteligente colocando una campaña gubernamental sobre fondos rojos y verdes, los colores del PRI.

No el día de la elección, sino el anterior, esos mismos que estaban afuera habían sido fotografiados, mostrados en un tumulto desparramado por la calle.

– Ellos son los que trajeron los de Zamora Morales – dijeron los observadores de Huichochitlán mientras el auto enfilaba por una calle lateral. Una cuadra adelante, el auto se detuvo. Y detrás, un sedán Tiida arena, también. Llevaba las luces encendidas a las 3 de la tarde.

– Ya nos están siguiendo –dijeron, mientras arrancaban de nuevo sin acelerar. Los autos dieron vueltas por el laberinto de San Cristóbal, buscando salida hacia la ciudad. El Tiida persistió aunque era torpe.

– Y quiénes son o qué –preguntaba el reportero.

– Esto es de parte de Fernando Zamora -le dijeron- El que maneja es Manuel Zamora, el hermano menor del candidato del PRI. Nos vio cuando iba llegando y se dio la vuelta para esto.

Durante 15 minutos los autos circularon mientras entre ellos mediaban 50 metros. Llovía como llueve en las tardes de junio, aunque pronto el perseguidor quedó atrás debido también a su impericia.

– Nos vio, pero tal vez no nos reconocieron –comentaban los observadores, perdido el Tiida a la altura del PRI estatal, en la avenida Del Mazo. Una vuelta más por la ciudad se vería interrumpida, pocas horas después, por una llamada de auxilio.

Ganar no sería fácil para Zamora, quien según el PAN gastó 300 millones de pesos nada más para movilizar a sus acarreados. Él mismo puso parte del dinero porque ser alcalde es un negocio no solamente para el ego.

Para alguien que está dispuesto a cobrar en el ayuntamiento lo mismo que un maestro universitario, acceder a la presidencia municipal parecería una locura cuando no se ha dirigido el sindicato más grande, ocupado dos veces una diputación o recuperado de heridas electorales desde la dirección de la CNOP en el PRI, coordinando precisamente los votos de la militancia.

Zamora es un hombre preparado, pero no en el conocimiento. La fuerza de “El profe” no es intelectual, nunca lo será, pero sabe que el músculo es un aceptable sustituto. Eso no se le había ocurrido en el 2005, cuando posó armado con un rifle AK-47, montado en un caballo, muy sonriente mientras alguien sostenía las bridas. Ese alguien era el narcotraficante Albert González Peña, líder de La Familia Michoacana en ese entonces en el sur mexiquense. Luego, en el arranque de esta campaña, diría que “¡esa es una foto choteada, choteadísima, que digo choteada, megachoteada!”.

– Bueno, sí, hermana, ¿qué pasó? –contestaba un observador, cerca de las siete de la noche.

“Sí, está bien, dame oportunidad y en unos minutos resolvemos esto”, le dijo a la hermana mientras colgaba. Otras llamadas en el mismo tono confirmaban que las casas de los familiares de los observadores estaban rodeadas por grupos de jóvenes, los mismos de Fernando Zamora. Nadie podía entrar, nadie podía salir.

Los observadores, desde Toluca, reportaron la intimidación a la Secretaría de Gobierno. Una hora después los apostados se iban y alguna patrulla alcanzaba a pasar, en rondines que, dijeron, serían permanentes. Esos grupos estaban allí, disponibles y afuera del edificio que servía como casa de campaña de Zamora en el norte, en la calle de Monterrey, aguantando. Estaban si llovía. Si hacía calor. Si era noche. Toda la madrugada. Reposaron en la calle, reptando a veces buscando cierta comodidad. Comieron lo que hallaron y algunos, aniquilados por el cansancio, se quedaban dormidos en las aceras mientras otros tomaban Coca-Cola, mordían tortillas. Morenos, ninguno demasiado alto, vestidos con sudaderas negras y sombreros algunos, fueron repartidos en todas las casillas el 7 de junio. Siempre recargados, miraron primero, en coordinación con los propios habitantes afines a Zamora, quienes cuidaron todo el día, como siempre lo hacen, cada una de las casillas en ese norte inexplicable. Luego de mirar, reportaron y se quedaron hasta lo último, cuando la urna final salió para el IEEM, a la medianoche.

Con la izquierda borrada y Morena en proceso de parto, la lucha se redujo al PRI, aliado con una fracción del PRD y sus microscópicos minipartidos, el PVEM y Nueva Alianza, contra el PAN y sus muy particulares perredistas, los desertores desde el PRI y algunos del Movimiento Ciudadano de Esmeralda de Luna. Sánchez Gómez sabía que las diputaciones estaban perdidas y que en el PRI sólo les preocupaba la alcaldía. En algún momento Sánchez supuso que su fuerza era suficiente. Sus cuentas estaban bien, de cualquier manera, pero no debió creer. Autoridad él mismo alguna vez, debió prever que Zamora lograría revertir cualquier tendencia en unas horas porque las elecciones las ganan quienes cuentan los votos.

La madrugada del 8 de junio dejaba atrás una jornada en la que se había reportado la llegada de tres camiones con 120 golpeadores de Neza, y que se apostaban en el Barrio de la Y, en San Andrés Cuexcontitlán, a las seis y media de la tarde. Un contingente de granaderos fue enviado para contenerlos mientras las casillas cerraban, las que podían, y entregaban los resultados.

Los hombres de Zamora estaban allí.

– ¿Tú eres el que está sacando las fotos, pendejo? –decían en algunas casillas.

– …

– No se puede sacar fotos de nada. Si sigues, te vamos a reventar tu madre, te levantamos a todos los de las casillas –decían, mientras se identificaban con las siglas de otros partidos, cosidas o pegadas en camisetas ocultas por las sudaderas.

“Nos vale verga que seas de la prensa, pendejo”.

Por lo demás, aquel norte de incalculable extensión, una mezcla entre campos sembrados y casas, mansiones inconcebibles al estilo de la casita blanca de Zamora, se mostraba desinteresado. Gane quien gane, decían, nosotros perdemos como hemos pedido otras veces. Porque la ayuda, ahora que nosotros apoyamos, porque la ayuda que luego llega se queda entre los dirigentes, ya sean del PAN o del PRI, y de ahí nunca nos toca nada. Para qué ayudarles si nunca no ayudan. Que ganen y luego ya vemos, pero que ganen solos.

Eso, incluso en lo más apartado de Huichochitlán, un llano enorme con casas sosteniéndose milagrosas entre campos de futbol de dudosas extensiones, era una realidad.

– Este barrio es el de los de la droga, aquí se vende y están los laboratorios de metanfetaminas –decía los observadores. Luego los empaquetan en cascarones de baterías de autos y se los llevan. Aquí, en la calle Álvaro Obregón.

Una mujer barre la entrada de su casa mientras los hombres se van al futbol. Son las tres de la tarde y el sol cae a plomo sobre las calles del barrio más empobrecido de San Cristóbal. Caminan el polvo, junto a las nuevas mansiones, gigantescos cíclopes todavía en obra negra, propiedad de los comerciantes de la Central de Abastos.

– Compran barato y se hacen sus pirámides – dicen los observadores. San Pablo y San Cristóbal se encuentran entre las 10 colonias con mayor consumo de mariguana, cocaína y, crack, según el Centro de Integración Juvenil Toluca (CIJ). Pero en la zona de las metanfetaminas nadie vota. Ni siquiera está instalada la casilla, con sede original en una escuela primaria. A las cuatro de la tarde las puertas están cerradas y no hay ningún aviso.

Los observadores reciben una llamada sobre reparto de despensas en uno de los barrios. Se trata de la madre del primer delegado, que ha prestado su casa para repartirlos. Los observadores llegan a la casilla cercana y preguntan por el delegado, a quien.

– No, yo no he visto nada, dice el asoleado policía destacado en aquellas urnas – aquí no hay nada de reparto –dice, mientras sus ojos buscan a los hombres recargados en la pared cercana. No les queda más remedio que acercarse y los observadores les informan. Vienen a buscar aquella casa. Uno de ellos palidece y, volviéndose a recargar, se seca el sudor. Luego se aleja unos pasos, ya con el celular activado y hace la llamada.

-Nos están buscando. Ya, ya, ya, llévense eso –dice tapándose la boca mientras los observadores se retiran.

“Él es el delegado que estamos buscando. Se hace güey, como si no supiéramos. Pero ya con eso se detiene ese reparto, donde sea que sucede”, se dicen entre ellos.

El diario El Valle reportaba elecciones sin incidentes.

El Sol de Toluca hablaba de comicios en paz.

Todos son incidentes menores pero nadie habla del operativo armado por Zamora para la zona norte.

Toluca tiene 931 casillas pero 231, el 23.41 por ciento de ellas estaban en cero por diferentes razones hasta el martes 9 de agosto del 2015 por la tarde. Del total de casillas en Toluca, sólo dos fueron ganadas por un partido distinto al PRI o al PAN. Una por el PRD, la 5359; y otra por PRI-Verde-Nueva Alianza, la 5438.

Estas son las razones por las que aparecen en cero, sin contabilizar, según el reglamento del IEEM:

“Situaciones de excepción no contabilizadas:

“a  Resultados ILEGIBLES en alguno de los PARTIDOS o COALICIONES en número y/o letra.

“b  En alguno de los PARTIDOS o COALICIONES los resultados NO COINCIDEN en número y/o letra.

“c  La suma total de los votos es mayor a la cantidad de boletas asignadas.

“d  La suma total de los votos EN CASILLA ESPECIAL es mayor a la cantidad de boletas asignadas.

“e  La copia del Acta de Escrutinio y Cómputo quedó dentro del paquete electoral.

“f  La suma total de los votos es mayor a la cantidad de votos sacados de la urna.

“Situaciones de excepción contabilizadas:

“g  Los resultados son ILEGIBLES o NO COINCIDEN en número y/o letra para los NO REGISTRADOS.

“h  Los resultados son ILEGIBLES o NO COINCIDEN en número y/o letra para los votos NULOS.

“i  El Acta de Escrutinio y Cómputo LLEGÓ EN CEROS”.

V

Uno vota o no y las dos cosas resultan ingenuas cuando las elecciones se parecen más a un juego de guerra, soterrada y sucia que sucede frente a uno, que a lo que dicen ser. El dinero para organizar campañas alcanza para contratar golpeadores, acarrear sin dificultades y armar las estrategias más burdas, de cuatro pesos y dos neuronas. Zamora se ha declarado ganador y Sánchez anuncia impugnaciones. El PRD de Ana Leyva se retiró a dormir temprano. Su fracaso fue estrepitoso pero ya están “listos para la otra”. Ella, la más preparada, entendió por las malas que Toluca y su pasmo es sólo una máscara porque lo que hay debajo se parece al Ecatepec de los 400 feminicidios y sesenta asesinados encontrados en el Río de los Remedios. Sánchez hizo lo que pudo y Zamora hizo lo que quiso. Ninguna campaña fue limpia pues eso no está en los estándares de la democracia mexicana. No hubo muertos pero ya los habrá porque las operaciones el día de la elección rondan el abismo de una violencia que en otros lados es visible. Quienes operan en ese borde son pobres de todas maneras. Acceden luego a programas como miserables de verdad y consumen los recursos sin sentido. Porque esos jodidos que joden en la escala de valores diseñada por los partidos, serán señalados por los actos que cometieron, no los candidatos.

Que Zamora es corrupto, ya se sabía. Que Sánchez no tuvo el aparato con el que controló en el 2006, también. Entonces.

Entonces el 8 de junio, a la 1:15 de la mañana en la avenida Buendía esquina con Monterrey y en la avenida Buendía esquina con Tepic, los que venían de Villa Victoria cobraron lo estipulado. Formaron grupos en las esquinas y, ya hasta la madre, aceptaron lo que les daban. Luego abordaron camionetas estaquitas y se fueron. El silencio de la madrugada en Huichochitlán no fue roto por nada porque no había celebración. Tal vez más adelante, cuando el 23 por ciento de las casillas en cero, en el programa del PREP del IEEM sean contabilizadas desde la impugnación.

Televisión Mexiquense elegía hablar del avance perredista antes que dar los resultados del triunfo priista en Toluca. Y en redes sociales, unas horas antes, Zamora había brincado, chapulín, y se mostraba agradecido. Llegaban los parabienes y las adhesiones. “Siempre creímos en ti, profesor”, le decían sus convencidos por el face, más o menos interesado en los resultados. A la una y media de la mañana el IEEM ordenaba un receso. Seguiría contando a las dos y media y así fue, pero tres horas después las cosas más o menos estaban igual: 32 por ciento para el PAN contra 36 por ciento para el PRI. Después todo se fue a pique para los azules y a las 11 de la mañana todo estaba resuelto. Los siete puntos de ventaja serían definitivos.

“Atrás ha quedado el trajín electoral. Atrás quedó la disputa política. Ahora es tiempo de mirar hacia adelante. Es tiempo de unirnos y trabajar juntos. Extiendo mi mano a los candidatos de los otros partidos. Los respeto por su congruencia y los admiro por sus notables capacidades. Disputamos en buena lid, los varones como auténticos caballeros y las damas con inteligente audacia. Gobernaremos con todos y para todos. Incluyendo a todos”, cerraba Zamora aquel día y todos los meses de preparación, que en su caso fueron nueve años, cuando anunciaba que iba por la alcaldía. Hace nueve años.

Esto de las elecciones, qué necedad tan ingenua.

Cuartos de Guerra

* Las descoloridas campañas no dan para más. Ni siquiera un debate, al que sólo asistieron dos candidatos y un clown acercado al PRI, logra interesar a la ciudadanía que conoce, aunque sea en partes, las historias de cada uno de los aspirantes a la presidencia municipal por Toluca. Pero esto, el descrédito de los contendientes, tiene una razón.

Miguel Alvarado

Toluca, México; 18 de mayo del 2015. Eymar Gutiérrez Ramírez es muy joven. Lo es, y así lo asume. Perredista, además, es candidato a la diputación federal por el distrito 34 de Toluca y como curiosidad, publica el reportero local Gabriel Flores Archundia, tiene un Vocho de 1973.

Estudiante en la Facultad de Arquitectura en la Universidad estatal, impulsó desde ahí una organización llamada Movimiento Metrobús Toluca Ya, que impulsaba propuestas para mejorar el transporte público donde incluía, precisamente, la implementación del propio metrobús. Estas iniciativas fueron eventualmente arropadas por el PRD, por el ahora candidato al distrito I local por Toluca, Mario Medina, y su hermano, Gabriel, quien busca una regiduría en el ayuntamiento de Toluca.

A Eymar pocos lo ubican, aunque en su organización, el círculo de los hermanos Medina, es bien acogido y la opinión, espontánea si se puede el término, es que el chico, de 25 años, “es muy joven pero se expresa con una calidad y una solvencia  que impactan”.

Sí, o así parece. Un video, que tiene más de 70 mil reproducciones, en su propio muro de facebook, lo muestra en campaña política. No tiene empacho, en la filmación que él mismo realiza, en abordar a otro aspirante, el panista Juan Rodolfo Sánchez Gómez, quien por su lado busca, por segunda vez, la candidatura del PAN a la alcaldía de Toluca.

A las puertas de lo que parece una escuela, se observa a Eymar, vestido con su camisa negra de campaña, bordado el logo del PRD en el lado del corazón, acercarse precisamente a Sánchez Gómez, quien lo ve llegar a su lado, sorprendido. Sin embargo, el panista no se niega a un diálogo inicial.

– Juan Rodolfo… -dice el perredista- yooo soy candidato a diputado federal, Eymar Gutiérrez…

– Sí, te he visto, te he visto –responde Sánchez Gómez- Eymar, muy bien…

– Mira, yoooo… mi familia… hoy puedo tener una carrera universitaria porque mi familia… son comerciantes –suelta sin más Eymar, mirando a Sánchez- mi abuela y mi madre vendían en el mercado Juárez, cuando tú los quitaste.

Sánchez aguanta la embestida. Apenas cambia el gesto y sabe por dónde va Eymar. El tianguis, aquel desalojo que luego justificaría como una medida contra las actividades ilegales, lo sigue en las campañas por Toluca que, aunque desangeladas y con el desinterés vivo de la ciudadanía, se desarrollan en un ambiente donde la mayoría sabe, o cree saber, que las decisiones respecto a los resultados finales, están ya tomadas. Así que Sánchez Gómez se limita a asentir con rápidos movimientos de cabeza mientras el perredista habla.

– Tú dices que nos diste oportunidades… y opciones… –alcanza a decir Eymar cuando una voz, bronca y gruesa, lo interrumpe.

– ¿Por qué lo estás grabando? –increpa un hombre de camisa azul claro y saco café.

– ¿Por qué lo estás grabado? -repite, interponiéndose entre Sánchez y Eymar, levantando la mano, invitando a un diálogo, pero poco amistoso.

– Pues por queee…

-Si no quieres una plática… –dice, entrecano y malencarado, aquel que se parece a Francisco García Burgos, coordinador general de la campaña de Sánchez. Para este caso, no importa que lo sea, ejerce igualmente de guardaespaldas y consigue separar a Sánchez, quien discreto se va, se ubica en segundo plano y aprovecha que alguien le pide una foto para abrazarse con él y, de pronto, poner distancia.

– Si no quieres una plática tranquila, pueees…

– Yo quiero preguntarle, yo quiero preguntarle –insiste Eymar, disminuido incluso por la sorpresa –no nos dio opciones, no nos dio opciones…

– Bueno, tú quieres hacer una campaña…

– …hacer una pregunta…

– …a costa de…

–  Yo lo que quiero…

– Ten el valor de hacer una campaña con lo que tú traes, -dice García Burgos, señalándolo al estilo del oeste, dándose media vuelta, pues el candidato panista ya se ha ido. Eymar, sin remedio, se queda viendo espaldas.

– Yo quiero hacer una pregunta y no me lo permitieron –dice para la camarita el del PRD, mientras levanta la voz y la mano- ¡Juan Rodolfo, no nos contestaste! ¡Quedan dudas para la ciudadanía!

Pues sí.

Las descoloridas campañas no dan para más. Ni siquiera un debate, al que sólo asistieron dos candidatos y un clown acercado al PRI, logra interesar a la ciudadanía que conoce, aunque sea en partes, las historias de cada uno de los aspirantes a la presidencia municipal por Toluca. Pero esto, el descrédito de los contendientes, tiene una razón.

¿Por qué Eymar Gutiérrez, un chico apenas estudiante de Arquitectura, saltó a la candidatura de una diputación federal? El capital político de Gutiérrez tiene su origen en el círculo inmediato de los hermanos Medina, de quienes es pariente de sangre. Los partidos políticos, una base amorfa que luego reparten poder y prebendas, están diseñados desde una construcción feudal, donde el poder es, en todo el ámbito de lo real, repartido entre familias. El Grupo Atlacomulco es para el Edomex el ejemplo más emblemático, pero lo mismo sucede en todos las organizaciones del país.

Las elecciones que definirán la alcaldía y diputaciones en Toluca de pronto son una mala broma y el caso de Eymar no es el único: Ana Leyva, la aspirante del PRD a la presidencia, mantiene su propio conflicto de intereses. Ella, por otro lado activa defensora de los derechos de las mujeres y denunciante eficaz de casos de feminicidos en el Estado de México desde su curul, en la Cámara de Diputados, tiene un nexo panista que pocos saben, pues es pareja sentimental de Roberto Valdez García, ex director general de Seguridad Pública, Tránsito y Vialidad y luego secretario del Ayuntamiento, hace unos años, justamente en la administración de Juan Rodolfo Sánchez.

Valdez, también abogado penalista, fue incluso sustituto de Sánchez Gómez cuando éste era, justamente, secretario del Ayuntamiento (2000-2003). El diario Alfa, el 20 de marzo del 2015, recordaba la relación de Leyva y el abogado: “un dato curioso, de esos que abundan en la política y que hacen pensar que todo está conectado. La precandidata del PRD a la alcaldía, Ana Yurixi Leyva Piñón, es pareja sentimental desde un par de años nada menos que de Roberto Valdez, uno de los hombres más cercanos a Juan Rodolfo Sánchez, tanto que se desempeñó como secretario del Ayuntamiento durante su mandato como presidente municipal de Toluca. Qué cosas tiene la vida”.

Ana Leyva, en los inicios de su carrera política, formada en el círculo de Domitilo Posadas, uno de los caciques del perredismo en la ciudad, hoy alcanza, apenas, 9 por ciento en las preferencias electorales, en una capital donde la izquierda nunca ha gobernado. El círculo cercano de Leyva afirma que ella no era la primera opción del PRD para la alcaldía. Y si lo era, ella misma no aceptó de buenas a primeras.

Así, el panista Sánchez Gómez ha encontrado hasta sin querer, en uno de sus colaboradores más cercanos, un punto de coincidencia dentro del PRD. Pero si Leyva dice en lo privado que su relación sentimental no tiene nada que ver con la política, los Medina son un tema aparte.

Mario Medina, el candidato a diputado, es idealista. Desde la quinceava regiduría de Toluca, donde despachaba antes de las elecciones, apoyó siempre el olvidado sector cultural de la ciudad desde la impresión de colecciones literarias, presentaciones de libros y, en general, actividades marginales o independientes. Nadie lo hace. Por otro lado, entendió la fuerza que otorgan posiciones políticas y la construcción de estructuras. Fue acusado por algunos medios locales de cobrar cuotas a ambulantes del primer cuadro de la ciudad, dedicados a la venta de tamales. Jamás comprobado, sin embargo, se dejó ver públicamente con algunos líderes del ambulantaje, como Francisco Hernández, representante de la Organización Cuauhtémoc con presencia en la Alameda. Hernández, por su lado apoyaba al PAN, hace años, antes de la llegada de Sánchez al poder municipal, pero cuando entendió la política de Sánchez, optó por acercarse al PRD.

Reporteros locales recuerdan que Eymar Gutiérrez, hace pocos años, todavía en el proyecto del metrobús, llenó un día a la explanada de la Alameda, colocó una mesita y una silla y se dedicó, como pudo, a recabar firmas de apoyo para su organización. En esas estaba cuando Francisco Hernández se presentó ante el improvisado gestor y, sin mediar palabra, le propinó una golpiza. Las elecciones del 2015, sin embargo, han servido también para limar asperezas y las alianzas, por extrañas que parezcan, impulsan disímbolos proyectos políticos.

Poco después, Mario Medina fue señalado por apoyar a Mónica Fragoso, candidata del PAN a la alcaldía de Toluca hace tres años, y quien perdió porque, dice ella misma, el grupo político de Sánchez operó para que así sucediera. Medina la impulsó para que se presentara a una extraña votación interna en el partido amarillo, y compitiera justamente contra Ana Leyva, ya nombrada abanderada, para ver a quién prefería la militancia. Leyva ganó, cuando se sentía bajada de la campaña y no tuvo más remedio que seguir. El propio Medina reconoce que Fragoso aceptó de buen grado aquella derrota. A mitad de las campañas, Mónica Fragoso demandó la expulsión de Sánchez Gómez del PAN, por tener doble militancia, azul y del Movimiento Ciudadano, pero también exhibió recibos del ayuntamiento con los montos de las gratificaciones que cobró el ex alcalde. Casi un millón de pesos. El pleito interno continúa. El diario local Alfa afirma que “Juan Rodolfo Sánchez propuso un acuerdo a Mónica Fragoso para evitar la ruptura entre panistas en Toluca. Le ofreció la primera sindicatura en su planilla, ella la rechazó, se le hizo poco. Pidió más posiciones para ceder, pero era imposible, ya estaban comprometidas. Posturas irreconciliables de ambos lados, era claro que los agravios del pasado seguían vigentes. Ya verán cuánto les costará”.

En el Cuarto de Guerra de los Medina, la sombra de Fernando Zamora se pasea.

El último Diez en el mundo

* Queda una sensación, sólo eso. Por qué, no, no se sabe. Que Fragoso y Mario Medina, el aspirante a diputado del PRD, han hecho alianza con el priista Fernando Zamora. Que Ana Leyva ha pactado con Sánchez Gómez. Que Guillermo Molina ha desperdiciado la oportunidad de usar una candidatura congruentemente: está en la luna pero lleva en su pecho los colores de Zamora y que los minipartidos están bien donde están. Al otro día, Medina publicará la foto megachoteada del priista, quien ha callado incluso en las redes sociales. Pero ese 13 de mayo, desde las suposiciones, al menos algo real se desprende y Molina se ha perdido entre Hegel y Kant, en el dantesco escenario de un debate político. 

Miguel Alvarado

Toluca, México; 13 de mayo del 2015. A Juan Rodolfo Sánchez la sonrisa le salpica el rostro. Sentado en el escenario que el Colegio Mexiquense había preparado para un debate entre los aspirantes a la alcaldía de Toluca, ocupaba el centro de aquella salita repleta de intenciones, una mesa con flores y recipientes con dulces. Allí, junto al panista, estaba Ana Leyva, la candidata del PRD, vestida con el garbo que la exposición electoral le exige. Alta y trendy, a Leyva le habían sugerido el negro y amarillo para su outfit, que complementó con botas a la black velvet y tacón alto, que disparaban su elegancia. Sánchez Gómez, por su lado, eligió el traje informal, una indistinguible indumentaria entre negra y azul y largos zapatos pero sin corbata que destacaba, a fuerza, la camisa blanca o azul muy clara, de estilo euroesport y el pelo engominado. Eso era todo por su parte. Mientras Ana se llenaba de papeles y anotaba, como entrenadora de futbol, las ideas que llegaban al final, otro debatiente centraba su atención en los dulces y chocolates que por cortesía la escuela aquella había colocado al alcance de los electorales antojos. Ese otro, folclórico y nervioso al mismo tiempo, llegaba gritando al pequeño auditorio, donde unas 150 personas ya lo abarrotaban.

Qué gritaba, nadie se acuerda.

Lo único recordable de Guillermo Molina en ese debate muy toluco fue su mano estirada, escogiendo dulces para, luego, recargado en su lugar, cruzar la pierna como si estuviera en su casa. Molina perdió el decoro desde el principio. Aquel escenario nunca fue propicio pero él se confundió de dirección y creyó que estaba en un salón de clases, protegido desde su cátedra.

El espacio, el lugar vacío entre Sánchez Gómez y Molina era para Fernando Zamora, “El Profe”, como él mismo se llama. Priista toda su vida, declinó, por no decir otra cosa, la invitación del centro escolar “por motivos de agenda”, como aclaraba la apurada pero cumplidora maestra de ceremonias.

A las diez era la cita. ¿A las diez? ¿El 13 de mayo, cuando otros debatirían asuntos más lúcidos, incluso un partido en Madrid a las 2 de la tarde y otro en el estadio “Chivo” Córdova de Toluca, donde la UAEMéx, metida de lleno en el panbol, se jugaba la final del futbol profesional de Segunda División contra Loros de Colima? Allí, sin acarreos, o eso dicen, llegaron 28 mil aficionados y hasta un desfile de saltimbanquis se organizó por las calles de Toluca. Al debate llegaron 150. A veces, hasta el balón más blanco se mancha y la política, queda claro, no es un encuentro de ideas, aunque las haya, mientras no se resuelva el caos de la Nación Peña Nieto y su Grupo Atlacomulco, mientras el PAN y el PT no se crean tricolores y los perredistas no dejen de hablar de Ayotzinapa como de un error, sí, pero que ya aceptaron. A la misma hora, la comisión de la Cámara federal de Diputados que investiga los sucesos del 26 de septiembre del 2014 en Iguala, era desintegrada, por votación, a partir del 14 de mayo; la PGR reservaba por 12 años cualquier dato relacionado con la desaparición de los normalistas y Eruviel Ávila ratificaba al secretario de Comunicaciones, Apolinar Mena en su cargo, luego del escándalo por corrupción que involucra a la constructora OHL. Tomen su Ayotzinapa. Su Atenco. Su Tlatlaya. A los tolucos, sus propias tragedias invisibles o gritadas en la punta de un volcán.

Quedaba un consuelo.

Javier Hernández era anunciado para salir a la banca del Real Madrid y Pirlo, el último Diez del mundo, iba de titular con la Juventus.

Es lo que hay. Lo que hubo.

Entonces nada queda, sólo las risas de un auditorio como jauría, entrenado para el acoso más vulgar.

En ese desleal océano todos improvisaban. Todos, excepto los asistentes. El espacio, en un principio, era para los alumnos pero ellos nunca llegaron. O llegaron pocos. O no los dejaron. O no cupieron. Porque esa sala no albergaba a ciudadanos interesados y los partidos convocados tuvieron el criterio del tamaño de un balón para disimular. Los asientos eran suyos, los de los candidatos, enfrente, y los del público, en el otro lado. Sólo algunos apátridas pudieron entrar, confundidos al principio pero después invitados impávidos al circo de pulgas que armó el representante del Partido del Trabajo, abogado y despechado militante del PRI, el señor Molina, ávido consumidor de dulces ajenos.

– Por cuestiones de agenda el candidato del PRI, Fernando Zamora, no pudo asistir- decía la conductora, mientras el abucheo se alzaba desde las sillas.

Así que tiene la palabra el candidato del PAN, Juan Rodolfo Sánchez Gómez, luego de leerse una cuartilla y media de cargos públicos, haberes y deberes anclados en un pasado tan actual que de pronto resultaba futurista.

– Lamento la ausencia del candidato del PRI –dijo, más o menos-. Y es que cómo justificaría el mayor problema que enfrenta la ciudad de Toluca, que es la inseguridad –dijo, más o menos, mientras azotaba a manazos, pero benévolo, el sitial abandonado de Zamora, ex líder magisterial que le apuesta a que una foto choteada, megachoteada, donde aparece montado con un AK-47 y un caballerango de lujo, el narcotraficante de los Zetas, Albert González Peña, no le signifique nada porque, dice, ya tiene diez años.

– …se centra en el combate a la inseguridad –dice Sánchez, mientras Molina apunta como poeta datos que dará después pero que en realidad nada son sino garabatos desde plumas rojas, verdes y negras, que sostiene con manos y boca. Vuelve a los dulces como obsesivo diabético al que le ponen chocolates a propósito. Es claro que Sánchez tiene su discurso bien dominado. Nada del otro mundo. Sin embargo, el alcalde de Toluca en el 2006 no dice cómo, aunque abundan los porqués tan trajinados.

– … ¡es así! –grita de pronto Sánchez, sobresaltando a Ana Leyva, quien se estira para recibir tarjetas con indicaciones de sus entrenadores de cancha. ¿Qué pueden decir aquellas cinco líneas que no se pueda adivinar?

– Jóvenes que me escuchan, apunta Sánchez y un siseo se levanta desde el auditorio. Porque jóvenes sí, pero estudiantes, al menos de esa escuela, no. La composición de aquella audiencia está clarísima. Ellos mismos no dejan lugar a dudas. En un extremo, la porra perredista se agazapa, ataviada en sus uniformes blancos y amarillos.

– …el aeropuerto abandonado –increpa el panista a entidades invisibles que sólo él identifica. Y su propio batallón, muy sentado en el otro extremo de aquel foro, pujante y numeroso como el del PRD, lo mira obediente.

Tiempo.

El tiempo se le acaba a Sánchez Gómez y una tarjeta blanca se lo señala. Está bien. Habló bien. Moduló. Gritó cuando fue necesario, cambió la posición de las piernas como indican los manuales de usos y costumbres de aspirantes exitosos y entornó los ojos con suficiencia. Al final se hizo para atrás, recargado como estadista, echando un vistazo a las botellitas del agua, sin tomarlas. Correcto. Todo políticamente correcto. Uno se pregunta si esto mismo no podría haberlo hecho Fernando Zamora, cuya ectoplásmica presencia toma cuerpo en alguna parte de ese auditorio.

– ¿Qué dijo el panista? -pregunta uno de los reporteros al pie del escenario.

– Sepa, güey. Y dame chance, que ahí te va la foto.

Caray, caray, caray.

Ese mismo movimiento, la cámara al frente, el enfoque, la mentada en F5 y la cenitalidad, casi un vertical horizonte, abismo negro de posibilidades infinitas, es suficiente para que Ana Leyva, con sonrisa casi de verdad –porque estás guapa, diría después Guillermo Molina, el inapto petista- asienta, mientras leen su currículum, donde no aparece la boleta de calificaciones de la secundaria por decencia o un olvido, y toma el micrófono.

– Gracias –dice, cuando Molina asalta por enésima vez el cuenco de los chocolates y le echa una mirada -a estas alturas llena de miel- a sus rivales. Sánchez, ya encarrerado y con la confianza de –¿de qué?- alguien que ya superó el escenario, atiende su celular y hasta se permite una sonrisa, casi con desdén.

Pero gracias, dice Ana Leyva, nacida en Michoacán y quien informa a rajatabla que hace 37 años, en Toluca, no se construye una escuela preparatoria porque ningún gobierno municipal ha tenido la idea y por eso “queremos crear una preparatoria municipal”.

Es una mujer segura, no como decían sus propios compañeros. Le falta, eso sí, la naturalidad que uno espera de los políticos. Los vivales tienen eso pero Ana no lo es. Trata de ser sincera y lo consigue a fuerza de avanzar. Se le cree cuando dice que nunca fue una niña de 9 y 10 en las boletas de la primaria.

Se le cree cuando dice que nunca estuvo en la escolta.

Se le cree cuando dice que nadie hace nada por los chicos que no sacan promedios excelentes.

Y también se le cree que los quiera apoyar con becas universales. Que incluso ya la habían promovido desde la Cámara de Diputados.

– ¿Y qué creen? -apunta con la voz, ahora, sí, comprometida en la distancia- ¡que panistas y priistas nos votaron en contra esa beca!

– ¡Tsssss! –viborea el amable auditorio, al estilo de los cácaros más prestigiados. Y es que decir debate en México equivale, aun en Toluca, a un ring que incluye la mejor versión de Pacquiao. El silencio invade de pronto como una ameba al foro. Algunos –son microfracciones del tiempo, ése que dicen que no vuelve jamás- se miran, enamorados aquella mañana de calor húmedo o seco, según convenga, y de pronto reaccionan. Los panistas, callando, cejijuntos y desinteresados, clavados en el facebook. Los perredistas, bien intencionados eso sí, porque son jóvenes y creen y son románticos y creen y hace activismo político y creen y de pronto quieren entender Ayotzinapa o Tlatlaya y entonces ya no creen o creen con todas las reservas. Y saben que las encuestas apenas les dan 9 puntos en las preferencias de la ciudad y descreen pero ahí están, aunque malpaguen las elecciones.

Y aplauden, con cierto talento pop, a la candidata que, en verdad, se interesa por los feminicidios y los derechos de las mujeres.

Gritan esos románticos mientras Guillermo Molina desenvuelve otro chocolate, al que mira con fruición de candidato cuando le muestran los presupuestos, echándoselo a la boca para saborearlo en toda la extensión, con alegría de niño, del que sabe que nada le va a pasar o del que ya ha cobrado su quincena, cerrado un buen negocio. El horror que se refleja desde Molina es el de la mitad de México y sus violentados. Ese hombre, abierta la boca y el bigote ya cano pero aliñado, dirá, más adelante, que “soy priista, señores. Me invitaron otros cinco partidos a representarlos, pero yo firmé con el PT un acuerdo para no afiliarme. Yo sigo siendo priista y los dirigentes lo saben. El PT no choca con el PRI”.

Molina cree que se ríen con él, porque también abre la boca y expele un aire irrespirable, como si tratara de desaparecer a algún alumno. Molina es repulsivo porque se sabe vendido, avillanado y quiere hacer un chiste con eso. Lo que le sale, lo que consigue lo desviriliza.

En los pasillos, el coordinador de campaña del Partido del Trabajo vuelve los ojos y murmura, lo suficientemente alto para que se le escuche, que: “¡no puede ser, puta madre!” y da por concluida, en ese momento, una campaña a la que ni dios o las ilusiones asistieron jamás.

En realidad, Molina es un miserable.

Y es que Ana, quien sigue diciendo que “¿qué creen? Pues que el Edomex no da cuenta del estado de la educación. El secretario de Educación, Raymundo Martínez, nos debe informar dónde está el recurso. Lo exigirá la Cámara. Martínez es hoy candidato del PRI a una diputación por Toluca”, ha elevado su voz a decibeles inmedibles. Hasta Sánchez, un histrión aunque dislocado, la mira sorprendido. Ella misma, pasmada de una pieza, sostiene el micro con ligereza mientras sus papeles se desparraman en su regazo. ¿Otra señal que nadie ve? Ella, por fin, se sabe dueña del foro, incluso los chicos en los asientos de atrás, los pocos estudiantes que han logrado entrar, así lo entienden aunque se miran sonrientes entre ellos.

– Perdón, licenciada, se le acabó el tiempo –dice la moderadora, oportunamente.

– Ya, ya, Anita, así es la cosa, se acabó el tiempo –repite cacofónico Molina, mientras un dulce juguetea entre sus manos, adquirida vida propia y eso mismo, esa cosa azucarada, una dosis antinatura de pura bombonería.

Ya, ya.

– Anita, Anita, me encantas –dice Molina, en uso de la palabra, por fin.

Y entonces agradece.

Agradece.

Agradece.

Molina acaba de desperdiciar otros 15 minutos de la vida de todos. “Yo voy a hablar, como abogado, de la composición de un ayuntamiento, porque el ayuntamiento no está para resolver problemas de educación ni tampoco los de la policía. Es un administrador de servicios públicos municipales y debe crear un ambiente propicio para desarrollarlos”.

Poco a poco, ese priista renegado se rebate a sí mismo. Observa sus manos y de pronto dice que es abuelo. Pero no es un renegado, ni siquiera resentido. A él le duele, y eso es todo, que nadie lo tome en cuenta.

Al mismo tiempo, en el centro de Toluca, la panista Mónica Fragoso anuncia que pide la expulsión de Juan Rodolfo Sánchez del partido. La guerra se desarrolla en varios frentes. La batalla es de una simultaneidad inaudita y, de entrada, queda claro que Mónica no ama a Sánchez.

Anuncia que pide. O pedirá, no se sabe bien.

Porque Sánchez tiene doble filiación. Una con el PAN y otra con Movimiento Ciudadano. De paso, muy femenina, muestra recibos del ayuntamiento de Toluca, cuatro, donde se observan las gratificaciones del entonces alcalde de la ciudad.

Un recibo, del 2 de abril del 2009, en hoja membretada del ayuntamiento de Toluca y a nombre de Sánchez, ampara el cobro de 20 mil 216 pesos con sesenta y nueve centavos, por “gratificación extraordinaria correspondiente al mes de abril del 2009”.

Otro, del 26 de febrero del 2009, respalda un cheque por 184 mil 539 pesos con 16 centavos.

El tercero, del 16 de julio del 2009, es un recibo por 300 mil pesos.

El último, del 31 de marzo del 2009, es por 184 mil 539 pesos con 16 centavos.

Y así.

Queda una sensación, sólo eso. Que Fragoso y Mario Medina, el aspirante a diputado del PRD, han hecho alianza con el priista Fernando Zamora. Que Ana Leyva ha pactado con Sánchez Gómez. Que Molina ha desperdiciado la oportunidad de usar una candidatura congruentemente: está en la luna pero lleva en su pecho los colores de Zamora y que los minipartidos están bien donde están. Al otro día, Medina publicará la foto megachoteada de Fernando Zamora, quien ha callado incluso en las redes sociales. Pero ese 13 de mayo, desde las suposiciones, al menos algo real se desprende y Molina se ha perdido entre Hegel y Kant, en el dantesco escenario de la incontinencia.

– ¿Dónde quieren estar? –y parece que afirma- ¿en el ser o en el tener?

Molina es un demiurgo y de pronto el vacío le habla de tú. Cuarenta y tres personas, otra de las ironías de la tierra cruel, chatean desde sus celulares: Molina les vale madre. “Entiéndanlo bien, muchachos”, remata desde la verborrea, porque “hay planes completos que ya tengo, pero todo es un conjunto”, dice inhábil, acantinflado, estéril.

Sánchez sonríe al vacío. Le brillan los ojos y prefiere estirar un pie, después el otro en tanto se desarrolla el drama de una confesión.

“Yo soy priista, señores”, dice Molina muy sonriente. Esto ya se ha dicho, pero se dirá otra vez. “Yo soy priista, señores. Me invitaron otros cinco partidos a representarlos, pero yo firmé con el PT un acuerdo para no afiliarme. Yo sigo siendo priista y los dirigentes lo saben. El PT no choca con el PRI”.

– ¡No puede ser, puta madre! –dice por lo bajo su coordinador de campaña.

El reflujo de los tres estados del tiempo alcanza a Molina, quien se desvanece en un acto imposible de borrado, la cancelación cuántica que tanto buscó Hawkins. Molina, chamán del Control Z, todavía insiste. “Podemos hablar de las logias”, apuntala, mientras aplausos –la prensa que más aplauda- le sugieren amables que se calle de una vez.

“Y me conocen en todo Toluca”.

Ana ríe.

Sánchez se relaja, antes de que empiecen las preguntas.

A esta hora, aunque no tiene que ser ya, una mujer en Nueva York prepara sus maletas y revisa conexiones rumbo a Bogotá, pasando por México. Abre su correo y envía cinco palabras. Reserva de nuestro breve encuentro.

Y eso, señor Molina, señora Leyva, señor Sánchez, lo cura todo para siempre.

II

Pirlo se llama Andrea. Tiene 35 años y cara de ogro. Escogió el número 21 y juega para la Juventus. No tiene la habilidad de Messi ni la fortaleza de Gerard. No sonríe como Ronaldinho y apenas gana tres y medio millones de euros al año, una miserable nada al lado de los 17 que le pagan a Cristiano. Es, pues, un simple Diez que a esa hora, las 12 de la tarde en Toluca, se sienta en una banca del vestuario de la tal Casa Blanca y piensa. Como único Diez será su responsabilidad, suya, absoluta, lo que suceda en el Bernabeu. Pero él lo sabe, porque no es la primera vez. Lo que no sabe es que saldrá ovacionado por los madridistas, cuando lo cambien, al minuto 78, con el encuentro empatado y el Madrid, con todo y Chícharo, aplastado en su propio campo. Ya ganó algo una vez en Berlín, en el 2006.

La Copa del Mundo, algo así.

A Pirlo se le cuestiona mucho, quizás demasiado, dirían los intelectuales del futbol desde los micros de ESPN, propiedad de la Disney, y que ha enorejado todos los deportes. Con todo y eso, es más fácil ganar la Champions contra el Barcelona y sus freaks de otro mundo que estar sentado allí, en Toluca, ante un auditorio copado por militantes entrenados, o al menos que han aprendido de memoria una o dos preguntas.

Ahora sí. Vienen los cuestionamientos para los candidatos a la alcaldía.

Sólo para hacer memoria: en el auditorio no hay estudiantes. O muy pocos, pues.

Y la primera, o una de las primeras preguntas proviene de una chica, muy guapa, como Ana, pero no tan alta, y que trabajaba, hace unos meses, para la regiduría que ocupaba Mario Medina en el ayuntamiento. Siempre amable, solícita, lo sigue siendo aun en el nuevo encargo como preguntadora. Todos la reconocen y se le quedan viendo mientras se expresa.

– ¿… el mercado Juárez?

Sánchez capta. Ni que fuera un improvisado. Es cierto que de pronto cuesta trabajo, pero lo asume, primero, como una percepción que tal vez pudiera estar influida por su propensión a lo negativo. Por lo pronto, contesta.

– Sí. El tianguis era un problema de ilegalidad, donde había cualquier tipo de delincuencia. La explanada estaba diseñada para… pero había 28 mil comerciantes que ocupaban 32 calles. Bueno, había desde trata de personas y hasta contrabando. Yo me jugué mi capital político, sabiendo las consecuencias, pero estoy dispuesto a asumir el costo. Hoy los comerciantes son mis amigos. Y hoy, con esa fuerza que se actuó, me propongo hacer pedazos a la delincuencia.

Aplausos inmediatos desde la parcialidad del PAN, que grita más y mejor. Y más bonito que los del PRD, como una caterva melodiosa de duendes nocturnales, pero al fin y al cabo parejita, gutural, sí, escandalosa. Sánchez sabe lo que viene. Lo supo desde el principio. ¿Son enviados de Fernando Zamora? ¿Es una táctica de Ana Leyva, muy seria, sentada casi junto a él? ¿Estas son las guerras del fin del mundo o estamos aquí todos, reunidos, perdiendo el tiempo olímpicamente?

Es la hora de la Champions, hay que recordar.

En Madrid, Pirlo se prueba el calzado. Elige la playera, azul celeste, y escucha. Atentamente, guarda silencio y en ese vestidor de millonarios una alucinación le llega repentina. Está en Berlín pero su equipo no es la Juve sino el Liverpool.

Pregunta.

… ¿por qué no cumplió con sus promesas cuando fue alcalde la primera vez y…?

Sánchez ya está al borde del asiento. Eso lo interpreta a él mismo. Todo el tiempo aguardó, paciente, muy sentado y casi inmóvil, sonriendo a veces y los ojos brillantes, como de farmacia. Pero ahora no puede permanecer así. Es lo que es, dirá luego su terapeuta, si es que lo tiene. Por ahora hay que entrarle.

Bueno, hay que entrarle. Juan Rodolfo, hay que entrarle.

Juan Rodolfo, ey.

Ah, a Molina le vale madre que se acabe el mundo. Toma un dulce. Lo palpa, se vuelve uno con él. Los dos son un dulce y vuelan metafísicos a la fábrica de Charly Wonka. O al menos al Museo del Chocolate de la Nestlé, allá por Paseo Tollocan. Qué mala onda. Pero sí.

– No es verdad, y te voy a explicar por qué –dice Sánchez al preguntador. Para entonces los chats de los celulares funcionan frenéticos. Frente al escenario está la coordinadora de campaña de Mario Medina, sentada, juvenil y cansada, enviando, enviando. Leyendo, leyendo. Frente a ella, el panista termina sus respuestas.

– La única obra que hay en Toluca es la que dejamos nosotros. No la han terminado. Lo que nos tocó hacer lo entregamos puntuales… antes había mil 300 policías y ahora hay 700… había 600 patrullas y ahora ni 25 se entregan. Y mira, te recuerdo el caso del M1, un narco que trabajaba para la policía municipal en la administración de María Elena Barrera…

Alto. El narcotráfico es el tema más delicado. Porque la historia reciente de la droga en Toluca es panista y fue en la administración del panista Armando Enríquez cuando la Familia Michoacana…

Que Pirlo.

Que traspasado por el piano de Satié nos dice adiós o que ahora vuelve.

Que Madrid, un mar sin istmo que hace del sol un código encriptado.

Que las sombras se alargan como un juego de beisbol.

– … y hasta que lo apresaron -termina Sánchez.

Ana Leyva por fin mueve algo. Es el agua en la botella diminuta. Se le seca la boca y revisa la hora de continuo. ¿Es que tiene otra cita?

Otra pregunta.

.. y Ana Leyva representa a un partido culpable de lo de Ayotzinapa. Me da gusto que haya una mujer pero eso no la limpia de los errores. Y del PAN, en la colonia Morelos, en un parque que se llama La Bomba, hubo siempre tres patrullas durante el trienio de Sánchez. Y es que ahí vive su mamá… ¿y es verdad que se llevó a su rancho los pisos del Portal?

“Eso es falso”, dice Sánchez a Ana, en corto, muy en corto, moviendo la cabeza y ahora sí, molesto. Los dos lo comprueban y pueden decir con cierta solvencia que Fernando Zamora vino al debate y se sentó entre el público y que ahora rompe todo lo que puede romperles. Pero qué es estar molesto en la política, en lo público, en el fingimiento de lo correcto. Nadie lo sabe, ni ellos, que pueden explotar cuando se encuentren solos o poco comprometidos. Pero los políticos son así. Son proverbiales los enojos de Luis Miranda, actual subsecretario federal de Gobierno; o los del propio Peña y su amigo Luis Videgaray. Los grados de cretinismo no tienen zona postal ni partido político. Enojados, Ana y Juan son apenas panes de dulce con sonrisa de caramelo, pero deben contestar.

Primero Ana.

… Lo de las escuelas –porque le cuestionan que el municipio no hace escuelas preparatorias, las hace la UAEMéx- no puede ir solo el municipio. Lo de Ayotzinapa: bueno, está un gobernador en la cárcel; los Abarca en la cárcel. Hemos reaccionado. A Calderón se le escapó “El Chapo”. ¿Dónde está Montiel? ¿Moreira? ¿Marín?

Alguien le sopla. Fssshh. El aire tan necesario, la dádiva de oxígeno en forma de una tarjeta.

– …¿dónde está Montiel? Exonerado. ¿Granier?

Bien por Ana, pero olvida, sí, olvida que Ayotzinapa nos representa porque nosotros hemos pasado por lo mismo, todavía sin levantar la voz. Y olvida que Ayotzinapa no ha terminado, que hay cientos arrastrando las consecuencias. Que están Marissa y la familia de Julio César Mondragón, del Estado de México y que nadie los ha apoyado en absolutamente nada. Menos la clase política. Ana olvida o por lo menos omite, matiza, desprofundiza. No es el lugar, dirá. ¿Cuál será el lugar, entonces?

Luego Sánchez toma el micro. Más enojado que Ana, ahora sí se le nota, mejor dice lo que ya sabía.

– No me cabe duda de que Fernando Zamora mandó a sus amigos o colaboradores para hacer preguntas. El PRI mandó voceros, pero voy a contestar al chico, que se trajo todos los rumores desde el PRI. En la colonia donde yo vivo hubo una patrulla… pero yo renuncié a ese derecho, aunque me la asignaron por seguridad. Esa patrulla se quedó para la colonia. Tu comentario es inducido. La loza del Portal estaba rota en un 80 por ciento y por otro lado no tengo ningún rancho. ¿Sabes cuántas casas tiene los de tu partido?

El PRI de Zamora, eso es verdad, ha contratado una brigada de jóvenes, entre 60 y 80, para operar Zamobots y reventar o intentarlo, reuniones como la de ese día.

Para ese momento Molina se ha dado cuenta de que nadie lo pela, ni sus parientes y menos su asesor de campaña. Así que de cuando en cuando interrumpe, emite sibarita algún comentario de adolescente perverso, como el “ya cambien de tema” o el “ooootra vez con lo mismo”. Minutos adelante, una chica, ya palera o estudiante, lo pondrá en su lugar. El bote de la basura en ese auditorio queda demasiado lejos, pero ya lo llenan las envolturas de los chocolates.

– Señor Molina, usted se confundió. Esto no es un salón, usted está en un debate.

– ¿Sí?, pues te voy a decir que yo no vengo a debatir –contesta todavía. El asno. El asno o burro es un animal doméstico de la familia de los équidos. Los ancestros silvestres africanos de los burros fueron domesticados por primera vez a principios del V milenio, dice la endeble Wikipedia.

-… yo pagué todas mis comidas, mis reuniones como alcalde, de mi dinero –insiste ahora Sánchez- mis viajes. Y estuve tres años en el cargo. Hay uno que no está pero envió voceros para ponernos en jaque. No hay preguntas, sólo ataques. La ley es la ley y me permite competir. Yo me reunía con amigos que les gusta el futbol. Y decían que no hay que cambiar a Saturnino Cardozo, entrenador del Toluca, porque entonces serán dos años sin un solo campeonato. Hay que dejarlo.

Ana: “mi partido sí se equivocó, pero también tomamos medidas. Yo me conduzco con transparencia”.

Y por fin alguien repara en Molina. Una chica le pregunta que cuál es su estrategia de gobierno. El abogado, con la pierna cruzada y el milésimo dulce quebrado, apunta que “no venimos a debatir aquí, venimos a nuestras propuestas. Confunden personas con partidos”.

Se descose, literalmente. La incontinencia del cuerpo. Y dice. Se permite arriesgados ejercicios de sintaxis, se deshocica sinceramente y todavía recuerda a Chespirito cuando remata: “venimos a proponer nuestras propuestas”.

Para ese momento el auditorio está fuera de control. Es claro que no hay alumnos pero también es claro que no hay debate. Una duda. ¿De quién es esa escuela? Y mientras una alumna, ésta sí, reclama el derecho legítimo de los estudiantes para preguntar, Ana Leyva mira con ojos de súplica a la maestra de ceremonias.

– Oiga, se puede hacer… es que ya tengo un evento dentro de…

– Sí, claro, orita, orita, contesta muy apurada la otra, off the récord.

Otra pregunta y Molina se pierde de nuevo explicando la diferencia entre tolucos –Anita, estás guapísima-, toluqueños y tolucenses.

Sánchez concluye que en la calle donde vive se han cometido 47 asaltos, un secuestro y un asesinato. Así, en seco.

El debate termina y los aspirantes se reúnen para la foto del recuerdo. Ana y sus prisas la llevan a desaparecer pronto del escenario, no sin antes observar, compungida, que nadie la entrevista. La prensa local se va en masa con Sánchez Gómez, quien ni siquiera de reojo mira el desastre emocional del PRD. Porque nadie los entrevista, pues, y cuando uno se acerca a esa reunión sin alma, de pronto se disuelve. Al mismo tiempo, Sánchez sólo afirma que va adelante.

– ¿Por cuántos puntos, señor?

– Tenemos el pronunciamiento de victoria al interior del partido.

– ¿Por cuántos puntos, señor?

– Gracias.

Lo cierto es que Sánchez captó, por fin, la atención de los medios. No sabe, o lo sabe a medias, que Mónica Fragoso comienza a subir a redes sociales los recibos de pago del ex alcalde. Lo sabrá después, no hay duda, tanto, que al otro día promoverá la expulsión de Mónica, su compañera en la militancia.

“Pero es que hay de militancias a militancias”, Miguel. Tú, por ejemplo…

Pirlo ya tiene el balón en sus manos, para empezar.

Y en Nueva York una mujer escribe sobre las Galápagos y la urgencia de alguien condenado a muerte. Dice, mirando los parques verdes, que nunca ha sentido la primavera como ahora, luego de vivir el largo invierno, como un tránsito. Y que su avión llega a las 9 y media de la noche.

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