Tsunamis mexiquenses

* ¿Qué significa la ayuda por 15 millones de pesos que el Edomex envió a Japón luego del desastre natural que afectó a aquel país? ¿Cómo reacciona la administración estatal ante los desastres que ocurren en su propia demarcación?

 

Elpidio Hernández

El terremoto de 9 grados en escala de Richter y el tsunami que azotó Japón y que hasta el momento ha dejado un saldo de nueve mil muertos, trece mil desparecidos, un número incalculable de damnificados y millonarias pérdidas materiales ablandó el corazón del gobernador Peña Nieto, quien solicitó al Congreso mexiquense aprobación para enviar quince millones de pesos al pueblo japonés, que sufre la peor catástrofe desde los ataques a Hiroshima y Nagasaki en la Segunda Guerra Mundial.

Las devastaciones de hace unos meses en Haití, Chile y la más reciente en Japón han hecho que el gobierno mexiquense y la sociedad civil se vuelquen a los centros de acopio para donar víveres, organicen equipos de rescate, abonen a cuentas bancarias y autoricen millonarias donaciones. Pero mientras el candil alumbra la calle, en el Estado de México decenas de afectados por explosiones e inundaciones continúan a la espera de recibir los apoyos que el gobernador de los compromisos cumplidos prometió desde hace más de un año.

No es la primera vez que Peña exhibe su lado más filántropo frente a los reflectores. Las aportaciones económicas a la Cruz Roja, el Teletón o pueblos caídos en desgracia se han vuelto una constante, especialmente cuando hay cámaras y micrófonos de por medio. Las acciones pasan más por el lucimiento personal de un gobernador con aspiraciones presidenciales que por los actos de solidaridad que deberían representar.

En las inundaciones que afectaron los municipios de Chalco y Valle de Chalco en febrero del 2010, el presidente del PRD mexiquense Luis Sánchez Jiménez, denunciaba que el gobernador había escatimado recursos para ayudar a los afectados. En cambio –dijo- en menos de 24 horas ha gastado de 15 a 20 millones de pesos en un infomercial que se ha transmitido a nivel nacional para destacar la ayuda que se entregó a los afectados. “Es condenable y sólo muestra la insensibilidad con la que ha actuado Peña Nieto por las inundaciones en los municipios mexiquenses”, amplió el dirigente. 

La madrugada del 28 de octubre del 2010 una fuerte explosión en el tiradero municipal Neza II afectó a por lo menos doscientas viviendas de la colonia Benito Juárez, en Nezahualcóyotl. Al lugar llegó el secretario general de Gobierno, Luis Miranda Nava y más tarde el gobernador. Su reacción fue la misma que ha exhibido en los momentos más críticos: aparecer frente a los medios, repetir frases estudiadas, practicar su entrenamiento mediático y minimizar el impacto real de los sucesos.

En aquella contingencia Peña no resistió la tentación de minimizar el impacto al asegurar que “no se había tratado de una explosión como inicialmente se dijo” y aseguró que sólo se trató de un asentamiento de tierra. Tampoco olvidó hacer proselitismo mediático al más puro estilo de la campaña que promociona sus “500 compromiso cumplidos”, y frente a los micrófonos de Televisa se comprometió a brindar todo el apoyo a los propietarios de los domicilios afectados.

El 30 de marzo de 2011, cinco meses después de aquellas promesas, vecinos de la Colonia Benito Juárez presentaron una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en contra del gobernador y del alcalde de Nezahualcóyotl, Édgar Navarro Sánchez, porque a cinco meses de que se presentó el siniestro –dijeron- no han resuelto la problemática que se generó en la colonia Benito Juárez donde –documentaron- aún existe riesgo de más explosiones.

Los afectados presentaron la queja ante el organismo porque consideran que las autoridades estatales y municipales han mostrado “incapacidad, ineficiencia, indolencia, ineptitud, así como falta de interés y sensibilidad para atender a los vecinos afectados por las explosiones en el tiradero de basura Neza II, que dañaron 522 viviendas de la colonia Benito Juárez”.

El comité integrado por físicos, químicos, ambientalistas y urbanistas expusieron que el miércoles 23 y el jueves 24 de marzo se registraron dos nuevas explosiones en el lugar, con lo que –dijeron- ya suman siete las detonaciones que se han suscitado de octubre de 2010 a la fecha y que las viviendas que ya tenían fisuras se hicieron más grandes y algunas que no tenían hoy están afectadas.

Aunque los lugareños aseguran que son 522 los domicilios afectados el gobierno mexiquense sólo atendió a 97 familias. El secretario del Ayuntamiento de Nezahualcóyotl, Gerardo Dorantes Mora, explicó que el apoyo se dividió en tres etapas. En la primera se entregaron más de trece millones de pesos para las 31 casas que resultaron con pérdidas totales y que fueron demolidas. En la segunda se entregaron 2.3 millones de pesos para los 23 domicilios que resultaron con cuarteaduras y en la última fase se asignaron más de dos millones de pesos para las 53 viviendas que presentaron daños mínimos.

La madrugada del cinco de febrero del 2010 uno de los muros de contención del canal de la Compañía colapsó y en cuestión de minutos las aguas negras cubrieron las colonias Avándaro, San Isidro y El Triunfo en Chalco y Valle de Chalco. A la zona afectada llegaron el presidente de la república y el gobernador para coordinar “personalmente” el apoyo a los afectados y prometer los apoyos necesarios para resarcir el daño. Tres semanas después del desbordamiento más de trescientas familias afectadas por las anegaciones se manifestaban sobre la autopista México-Puebla para reclamar a las autoridades que no habían sido censadas, que fueron censados injustamente y dueños de negocios que –decían- no habían recibido una indemnización equivalente a lo que perdieron. Lejos de recibir una respuesta favorable a sus peticiones los afectados fueron reprimidos por los efectivos de seguridad, en un enfrentamiento que dejó saldo de dos manifestantes detenidos, once lesionados y cuatro vehículos dañados.   

A un año y dos meses de las anegaciones, 450 familias afectadas por el desbordamiento continúan a la espera de que alguien les recupere los bienes que perdieron. El pasado 7 de febrero los afectados demandaron por segunda ocasión a la Comisión Nacional del Agua (Conagua), a la que responsabilizan de los daños patrimoniales que sufrieron en sus inmuebles. Los vecinos, que crearon una agrupación para exigir la reparación de las afectaciones, denunciaron que las autoridades de los tres niveles de gobierno se olvidaron de ellos.

La demanda que presentaron es por daño patrimonial, moral y laboral, pues muchos de los damnificados perdieron su empleo al no acudir a sus empresas porque estuvieron bajo las aguas negras varios días, “muchos vecinos se quedaron esperando que entregaran las tarjetas electrónicas para recuperar algunos de sus muebles, que nunca recibieron”.

El lado más filantrópico del gobernador mexiquense se ha dejado ver en múltiples ocasiones pero la más recordada fue en diciembre pasado, cuando donó 730 millones de pesos a las causas de la Fundación Teletón, recursos que saldrán del erario público y que serán entregados a la televisora durante los próximos diez años a razón de 73 millones por año, a partir del primero de enero del 2012; aunque esa cantidad podría elevarse pues es ajustable al índice Nacional de Precios al Consumidor.

 

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Fukushima marca una “Edad de Hielo nuclear”

* ¿Qué lecciones deja el amago atómico japonés? ¿Nada cambiará, como siempre, o habrá ajustes en el mundo? ¿Por qué se depende tanto de ese tipo de energía? ¿Ya no hay petróleo?

 

Kosuke Takahashi/ Asia Times Online/ Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

La actual crisis nuclear en la planta nuclear Fukushima Daiichi de Japón después de un terremoto y un tsunami está causando revuelo en la política energética de casi todos los países que utilizan energía nuclear. Las repercusiones de Fukushima se sienten con fuerza dentro y fuera del país, tal como las réplicas siguen sintiéndose en el norte de Japón, incluido Tokio.

Hay 432 plantas nucleares que operan en 30 países en todo el globo y 66 reactores en construcción. El primer ministro Naoto Kan dijo el jueves pasado que revisará desde los cimientos el plan del gobierno de construir por lo menos 14 reactores nucleares más hasta 2030, mientras Japón se apresura a superar su peor crisis nuclear.

En EU la posición pronuclear del presidente Barack Obama es objeto de escrutinio. Sus planes de seguir adelante con más plantas nucleares en el país se enfrentan a una oposición cada vez mayor.

EU tiene 104 reactores nucleares comerciales, la mayor cantidad del mundo. De estos, 23 se construyeron con un diseño idéntico al de los reactores nucleares estropeados de Fukushima. Todos utilizan el “sistema de contención Mark I”, diseñado por General Electric hace décadas.

ABC News y New York Times, entre otros medios, informaron el mes pasado de que los expertos habían criticado desde hace tiempo la capacidad de ese sistema de contención de resistir a los problemas que resultan de lo que expertos nucleares llaman un “apagón de estación”, en el que la pérdida total del sistema eléctrico inhabilita el sistema de refrigeración del reactor. Esta perspectiva del “apagón de estación” tuvo lugar por desgracia cuando un gran tsunami destruyó todos los sistemas eléctricos de emergencia en la planta de Fukushima.

En Alemania, el shock de Fukushima obligó a la canciller Angela Merkel a cambiar su posición pronuclear. Suspendió los planes del gobierno de alargar la vida de las 17 plantas nucleares de la nación hasta que se complete una exhaustiva investigación de tres meses de duración de la seguridad de los reactores. También ordenó el cierre de las siete plantas que iniciaron sus operaciones antes de 1980.

El presidente francés Nicolas Sarkozy también se enfrenta al asunto. Francia tiene 59 reactores nucleares, cinco más que Japón. Debido al apoyo del sector público y privado, la energía nuclear abastece actualmente casi un 80% del suministro de energía eléctrica. Es la mayor dependencia del mundo de la energía nuclear que sobrepasa el 29% de Japón, el 20% de EU y el 18% del Reino Unido. Para Francia, los reactores nucleares, el combustible y los servicios constituyen una exportación importante.

Por eso Sarkozy y Areva NC, el gigante francés de la energía nuclear, aumentan su ayuda para enfriar los reactores de Fukushima y para encontrar una solución para el agua contaminada que se filtra de la instalación nuclear averiada. Aparte de un punto humanitario, se trata de control de daños para los negocios franceses.

Sarkozy y el primer ministro japonés, Naoto Kan, dijeron el jueves pasado que la próxima reunión del Grupo de Ocho de los países industrializados el 26 y 27 de marzo considerará el tema de la seguridad nuclear global y discutirá la necesidad de un estándar de seguridad global para plantas nucleares.

El shock de Fukushima también causa interferencia extranjera en asuntos internos. El presidente griego, Karolos Papoulias, instó el pasado mes a la vecina Turquía a que reconsidere sus planes de construir sus primeras estaciones de energía nuclear.

En Corea del Sur el debate se ha concentrado en un “acuerdo de cooperación nuclear” con EU, que debe expirar en 2014, que prohíbe que Corea del Sur posea instalaciones de reprocesamiento de combustible nuclear usado. Corea del Sur tiene actualmente 20 reactores nucleares y la energía nuclear produce cerca de un 40% de la electricidad del país.

El mayor problema de Seúl es que a sus plantas de energía nuclear se les acaba el espacio para almacenar combustible nuclear usado. Se dice que Corea del Sur probablemente establecerá instalaciones provisionales de almacenamiento, pero el asunto volverá convertirse en un tema importante a medida que se aproxime el fin del acuerdo.

Y la lista suma y sigue. Exportadores de plantas de energía nuclear como EU, Francia, Canadá, Rusia, Japón y Corea del Sur se ven ante una contracorriente importante.

El “renacimiento nuclear disminuirá”, dijo el viernes a Asia Times Online Tetsuya Endo, ex gobernador del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). “Si ocurre algún accidente nuclear en cualquier parte del mundo, se convierte en un accidente de todo el globo”.

 

Amplia revisión del ciclo de combustible nuclear de Japón

 

Japón vive una gran ironía de la historia. El único país del mundo que ha sufrido a causa de bombas atómicas se enfrenta ahora a un desastre nuclear causado por la naturaleza. La situación en la planta nuclear sigue siendo precaria, mientras los ingenieros de la planta, miembros de las Fuerzas de Autodefensa (SDF), los bomberos y la policía continúan sus desesperados esfuerzos por enfriar los reactores sobrecalentados y el combustible usado.

Incluso si el país logra controlar la planta, emocionalmente el público recelará para siempre de la energía nuclear.

El pueblo japonés ya se mostraba extremadamente susceptible con respecto a todo lo nuclear por ser el único país en la historia humana que fue atacado con armas nucleares. Las generaciones mayores especialmente tienen una “alergia nuclear” después del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki. Sus recuerdos de las bombas atómicas siguen vivos.

A pesar de este resentimiento hacia la tecnología nuclear, Japón se vio obligado a expandir la generación de energía nuclear después de los dos shocks del petróleo de los años setenta, que sacaron a la luz la fuerte dependencia que tenía Japón de Medio Oriente para recursos energéticos.

El petróleo suministraba en 1970 cerca de un 60% de toda la electricidad de la nación, pero ahora sólo provee cerca de un 10%. Japón importa casi el 99% de su petróleo. Aunque Japón quiso reducir su dependencia del petróleo de Medio Oriente después de los shocks del petróleo, todavía importa cerca de un 90% del petróleo de Medio Oriente.

La planta de Fukushima se dejará sin servicio activo y es probable que ningún gobierno local o comunidad acepte la construcción de una nueva planta de energía nuclear en su zona.

El accidente de Fukushima será un fuerte revés para el ciclo de combustible nuclear de Japón, dijo Endo. El ciclo de energía nuclear comienza con la extracción de uranio y termina con la eliminación de los desechos nucleares. Con el reprocesamiento del combustible usado, las etapas forman un verdadero ciclo. Japón ha implementado este programa desde 1956, según Endo.

Sin embargo, la nación no ha logrado ubicar un lugar para la segunda planta de reprocesamiento nuclear después de la Planta de Reprocesamiento Rokkasho de la prefectura Aomori, que logró escapar indemne del terremoto del 11 de marzo.

Takashi Hirose, un conocido escritor japonés sobre problemas nucleares, ha señalado que hay cerca de 3 mil toneladas de combustible nuclear radioactivo usado almacenados en Rokkasho que podrían sobrecalentarse y comenzar a arder si fallan los sistemas de refrigeración. Esa cantidad podría propagar contaminación nuclear o “cenizas de muerte” a todo el mundo, dijo.

 

* Kosuke Takahashi es un periodista japonés residente en Tokio. Su twitter es @TakahashiKosuke.

 

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

 

 

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Japan/MD05Dh01.html

 

Los gitanos del átomo

* ¿Por qué los obreros de las centrales nucleares son calificados como desechables? ¿Es verdad que los japoneses preferían contratar a negros norteamericanos para trabajos de alto riesgo? ¿Cuánto cobra un obrero que labora con energía nuclear? ¿En qué se parecen los trabajadores japoneses a los mexicanos? ¿El dinero vuelve retrasados a los dueños de las empresas?

 

Pio D’Emilia/ Il Manifesto/ Traducido para Rebelión por Susana Merino

Tepco “sabía” que en el radiador 3 de Fukushima había agua radiactiva pero no lo dijo, admite un portavoz. La radiactividad obstaculiza las tentativas de refrigerar el combustible. Pero los verdaderos “héroes” de las centrales nucleares son obreros transitorios y precarios a quienes se les confía el trabajo sucio.

“¿Miedo? ¡No, qué va! Pero sí preocupados… porque desde la semana próxima no se venderán más cigarrillos en el Japón… ¿te das cuenta? Si nos quitan el cigarrillo, ¡estamos listos!”, ríen los obreros de Onegawa, “héroes” -por ahora- de otra central nuclear construida, vaya a saber por qué, en la costa de más alto riesgo sísmico del mundo. Un día los japoneses nos explicarán por qué decidieron concentrar todas las centrales en este lugar y no junto al más tranquilo Mar del Japón. Ha sido una pésima elección. Y no ha sido la única.

Los encontramos, por casualidad, al finalizar su turno, en una de las pocas tabernas abiertas en esta ciudad famosa por sus hermosas playas blancas –una rareza en Japón- y ahora devastada por el tsunami. La mitad de la ciudad y la mitad de la población han desaparecido. Está el que encontró su casa a un par de kilómetros de distancia, sobre tierra firme. Otros merodean, a dos semanas del Apocalipsis entre los escombros, buscando a alguien o al menos alguna cosa.

Los “gitanos”, trabajadores “estacionales” de la central nuclear se reconocen rápidamente. Son alegres, fanfarrones, fuman continuamente y sobre todo no hablan bien el tohoku, el dialecto local, tan incomprensible para nosotros como para la mayor parte de los japoneses del sur. No quieren hablar de trabajo, de peligros, de radiaciones. Cosas lejanas para ellos. Tienen otros problemas inmediatos que resolver.

El cheque de pago al que siempre le falta algo. Los bancos que han suspendido o demoran los trámites haciendo cada vez más difícil el envío de remesas a la familia. Y ahora la prohibición de los cigarrillos, anunciada recientemente por el monopolio del Estado (uno de los pocos que quedan en el mundo): las empresas que proveen los filtros están concentradas en Tohoku y no pueden suministrarlos.

Luego de haber roto el hielo con Nagatomo y con Zaccheroni que está organizando por primera vez el “partido del corazón” para ayudar a las víctimas del terremoto, tratamos de insistir. ¿Cómo va todo? ¿Se terminó la emergencia? “Bah, dicen que todo está tranquilo aquí. Tuvimos una emergencia del 13 de mayo, dos días después del tsunami, la radiactividad se había disparado hasta 21 milisiveres por hora. Pero diez minutos después todo se había normalizado. Dijeron que el aumento se debía al desperfecto de Fukushima, no a nuestra central”.

Dicen. Palabra mágica de estos tiempos. Dicen. Dicen –y se sienten– de todos los colores. Con los medios locales y extranjeros, que amplifican, distorsionan y a veces inventan. No solo en Fukushima, sino también en Onagawa, doscientos kilómetros más al sur, en el norte devastado, humillado y un poco olvidado, la única fuente oficial es la premiada Tepco, una sociedad repetidamente involucrada en el pasado reciente en errores, violaciones y omisiones. Entre 1986 y 1991 como lo admitió en una sesión pública de la Comisión nacional para la Seguridad Nacional, esta sociedad cometió 16 graves violaciones de las normas de seguridad. Violaciones por las que fue repetidamente amonestada y multada. Sin contar el incidente de Tokaimura en 1999 que se mantuvo oculto y luego se manipuló fraudulentamente durante varias semanas.

Fue en aquella oportunidad cuando, por primera vez, se puso de manifiesto la triste, trágica realidad del “genpatsu gypsies”, los “gitanos del átomo”. De los casi 70 mil trabajadores del sector –explica Kenji Higuchi, un colega japonés que sigue con atención este fenómeno– cerca de 63 mil son trabajadores precarios, contratados estacionalmente o mensualmente para realizar tareas de mantenimiento o actuar en las emergencias. Se trata de trabajadores originalmente reclutados en los guetos de Sanya en Tokio y Kamagasaki en Osaka, sin ninguna especialidad, pero que con los años al precio de grandes contaminaciones se han convertido, de algún modo, en expertos. Constituyen casi el 90% de la fuerza laboral y se les paga, al fin de cuentas para contaminarlos”.

Ryu, nombre falso, es uno de ellos. Trabaja desde hace dos meses en Onagawa, donde se ocupa de tareas tan simples como “peligrosas” como limpiar uniformes, aspirar el polvo y secar eventuales pérdidas de agua. Trabajó en otras centrales en el pasado, incluida la de Fukushima, que conoce al dedillo. ¿Sigues en contacto con amigos, compañeros de trabajo? “Al principio sí, nos telefoneábamos, luego nada. No sé qué habrá pasado que no pude comunicarme más” ¿Cómo es la vida de un “gitano del átomo”? ¿Les pagan bien? ¿Saben a qué riesgos se exponen? “El salario es lo que hay, cobramos un máximo de 10 mil yenes diarios (90 euros), en cuanto a las radiaciones… bah, nos hemos acostumbrado”.

Según Ryu, hablar de “50 héroes” no tiene sentido Los “forzados” del átomo son en realidad centenares, entre los que hay que contar cientos de bomberos literalmente amenazados por el gobierno (“no se hagan los conejos”, tronó en días pasados el ministro de Economía Banri Kaieda frente a la vacilación de algunos de ellos, amenazándolos con despedirlos aunque después de haber sido criticado por el primer ministro Naoto Kan se excusó en directo por tele). Trescientos, tal vez más. Cincuenta es sólo la cantidad de los que entran por turno en la central maldita para literalmente tapar agujeros, porque ahora parece que existen verdaderas y auténticas grietas en la “camisa” del reactor y enfriarlo.

Un trabajo pesado, fatigoso y estresante. Un trabajo “sucio” para hombres descartables. Tanto es esto verdad que en el pasado, a finales de los 80, la Tepco había recurrido incluso a “gitanos negros”, obreros estadounidenses de color “enviados” por la General Electric, un asunto denunciado en su momento por otro colega japonés, Kunio Horie, que se hizo contratar en una central (siendo él mismo víctima de las radiaciones) y es autor de un terrorífico documento sobre el universo nuclear japonés.

Un sacrificio, por lo tanto, sólo aparentemente “voluntario” pero de hecho inducido y provocado por la desesperación, por la necesidad de llegar a fin de mes a cualquier precio. Una situación de la que es responsable el gobierno, dado que en el momento en que se precipitó la crisis (el pasado 13 de marzo) elevó imprevistamente el límite máximo de exposición diaria llevándolo de 100 a 250 milisiveres. Límite que debe ser regularmente superado dado que en días pasados por lo menos una veintena de trabajadores debieron ser hospitalizados de urgencia, tres de ellos en estado muy grave.

Mientras saludo a los “gitanos” de Onagawa, recuerdo a Mitsuo (otro seudónimo) a quién encontré un día en Kawamata, a la entrada de la zona evacuada, en el centro de acogida. Hoy tendría que haber vuelto a trabajar a Fukushima. Recuerdo que estaba tan aterrorizado como resignado. Como lo estarán, algunos más, otros menos, los obreros de la fábrica Nissan de Iwaki, ubicada a unos 60 kilómetros de la central. A diferencia de Honda y Toyota que han postergado la reapertura de sus fábricas (obligando obviamente a sus trabajadores a tomarse “vacaciones”) la Nissan ha quemado a todos. Todos a trabajar. Por otra parte ahora somos todos “gitanos”. Del trabajo.

 

Fuente: http://www.esserecomunisti.it/index.aspx?m=77&f=2&IDArticolo=34901〈=ita

 

Temores nucleares acechan al mundo

* ¿Quiénes construyen y administran las plantas nucleares en el Japón? ¿Por qué había una total confianza en esas empresas y se les otorgaba un aura “divina”? ¿Qué tiene que ver el petróleo en el desastre atómico? ¿Cuántos reactores obsoletos hay en EU?

 

Yoichi Shimatsu/ Global Research/ Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Un segundo Hiroshima está teniendo lugar con las fusiones nucleares parciales en los reactores nucleares de Fukushima 1. Sólo podemos esperar que el número de víctimas no se aproxime ni remotamente al de la primera catástrofe atómica del mundo.

La comunidad internacional se pregunta ahora cuándo será el próximo Nagasaki.

¿En EU con sus 23 envejecidos reactores de diseño idéntico al de los reactores GE Mark 1 de Fukushima, junto a una docena más de diseño ligeramente modificado?

¿En Francia, el país más dependiente de la energía nuclear?

Probablemente no en Alemania o en Venezuela, que están reduciendo sus programas nucleares ni en Gran Bretaña, el líder mundial de la conversión energética eólica mar adentro. Ni incluso en China, un modelo de energía solar que ahora reduce sus planes de nuevas plantas nucleares.

Mucha gente también se pregunta cómo es posible que la única nación que ha vivido bombardeos atómicos haya confiado tanto en la energía nuclear. La respuesta es al mismo tiempo simple y complicada. En la economía moderna la energía para mover las máquinas está entrelazada con la seguridad nacional, la política exterior y la guerra.

 

Progreso basado en el uranio

 

La Segunda Guerra Mundial fue en esencia una competencia por combustibles fósiles. Japón, hambriento de energía, invadió a China por su carbón y a Indonesia por sus reservas de petróleo. Las guerras relámpago de la Alemania nazi apuntaban a los campos petroleros de Rumania, Libia y la región del Mar Caspio. EU y Gran Bretaña combatieron contra las Potencias del Eje para retener su control sobre el combustible fósil del mundo y siguen haciendo lo mismo en conflictos con naciones de la OPEP y para controlar Asia Central y la plataforma continental del Este de Asia.

Para impedir la recurrencia de otra Guerra del Pacífico, Washington trató de apartar al Japón de la posguerra de su dependencia del carbón y del petróleo. Cuando la industria japonesa resurgía en la época de los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, EU presionó a Japón para que adoptara la “segura y limpia” energía del futuro: la energía nuclear.

General Electric y Westinghouse se encargaron enseguida de instalar una red de plantas de energía nuclear en toda la nación isla, mientras se añadía Japón en la lista del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) lanzado por EU y en el Tratado de No Proliferación.

A diferencia de recursos de combustible más antiguos, la energía nuclear era el único derecho de propiedad de EU, que no sólo dominaba la minería del uranio sino también la producción de boro, el mineral absorbente de neutrones necesario para reacciones nucleares controladas. Laboratorios estadounidenses, incluidos Los Alamos, Lawrence Livermore y Oakridge son las escuelas de posgrado de los físicos nucleares del mundo.

En el mismo período de embriagadora infatuación con la tecnología, la Feria del Mundo de Nueva York de 1964-65 fue un baile de graduación de un nuevo futuro “universal” más brillante basado en la división del átomo. El pabellón de General Electric se llamaba “País del Progreso” con un show multimedia que mostraba una “explosión de plasma” de fusión de plutonio para visitantes impresionados. Japón sirvió como modelo de ciudadanía y cooperación internacionales bajo el patrocinio del poder atómico estadounidense. La planta nuclear de Fukushima, diseñada por GE, fue conectada a la red en 1971.

El mito moderno de la energía nuclear segura fue alternativamente resistido y aceptado de malas ganas por el público japonés. En años más recientes, las antiguas percepciones negativas hacia el proveedor nuclear Tokyo Electric Power han cambiado. Un joven diseñador de gráfica computarizada en Tokio me dijo que su generación creció pensando: “TEPCO tiene un aura divina de infalibilidad y de poder mayor que el gobierno”. Mi experiencia como editor en la prensa japonesa revela que su imagen corporativa se promovió astutamente con comerciales “de lavado verde” que pretendían una falsa amistad hacia el medioambiente y con fuertes ingresos publicitarios para la televisión y los medios impresos.

 

Energía atómica en la Guerra Fría

 

La energía atómica no era nada nuevo para Japón. Durante la Segunda Guerra Mundial, los Aliados y el Eje compitieron por una nueva fuente exótica de energía, el uranio. Mientras el Proyecto Manhattan preparaba en secreto la bomba atómica en Nuevo México, Japón abrió minas de uranio en Konan, en el Norte de Corea, que es ahora la fuente del programa de energía nuclear de Pyongyang.

Después de la victoria aliada, la Unión Soviética apuntó a romper el monopolio nuclear estadounidense estableciendo un protectorado llamado República de Turkestán del Este en la provincia noroccidental de China de Xinjiang. Los ricos depósitos de uranio cerca de Burjin, en las laderas de las montañas Altai, suministraron el material fisible para el desarrollo de la capacidad nuclear soviética. Las minas apresuradamente excavadas por los soviéticos dejaron tras de sí la maldición de la enfermedad por radiación a los habitantes predominantemente uigures y kazajos étnicos así como a las comunidades río abajo en Kazajstán oriental. Científicos kazajos y chinos han realizado desde entonces proyectos de corrección, utilizando árboles recolectores de isótopos para limpiar la tierra irradiada.

Para impedir que los soviéticos acumularan un arsenal nuclear, el gobierno de Truman inició un programa de máximo secreto para controlar todo el suministro de uranio del mundo. La Operación Murray Hill se concentró en el sabotaje de las operaciones mineras en Altai. Douglas MacKiernan, que operaba bajo la cobertura de vicecónsul estadounidense en Urumchi, organizó un equipo clandestino de rusos anticomunistas y de guerrilleros kazajos para colocar bombas en las instalaciones mineras soviéticas. Obligado a huir hacia Lhasa, MacKiernan cayó muerto a tiros en un caso de identificación errónea por un guarda fronterizo tibetano y se le honra como el primer agente de la CIA muerto en acción.

Las operaciones globales encubiertas de la Operación Murray Hill son realizadas actualmente por el buró contra-proliferación de la CIA. Un vistazo a sus operaciones clandestinas aparece en Fair Game, el libro y película sobre Valerie Plame, la agente cuya identidad se reveló bajo el gobierno de Bush. Se han librado batallas abiertas y encubiertas contra enemigos nucleares en sitios tan alejados como Pakistán, Egipto, Libia, Argentina, Indonesia, Myanmar e Iraq así como los sospechosos habituales Irán y Corea del Norte.

 

Amenaza para el público estadounidense

 

Las fusiones nucleares parciales en Fukushima 1 colocan a Washington ante un dilema. Si las liberaciones elevadas de radiación hubieran ocurrido en Corea del Norte o Irán, Washington habría convocado sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU, habría exigido inspecciones del OIEA y habría impuesto duras sanciones y posiblemente una intervención militar. Las fusiones nucleares, sin embargo, provienen de reactores diseñados en EU que operan según protocolos creados por EU.

Por ello, el gobierno de Obama ha minimizado la gravedad del actual drama nuclear que afecta a su aliado japonés. En un tono defensivo poco convincente, el presidente estadounidense ha respaldado la energía nuclear como parte de “la mezcla energética” que apoya a la economía de EU. Su posición pronuclear es irracional e irresponsable, cuando países aliados más pequeños, entre ellos Gran Bretaña, Holanda y Alemania, hacen masivas inversiones en instalaciones eólicas mar adentro en el Mar del Norte para terminar con su dependencia de combustibles nucleares y fósiles.

La comunidad internacional es plenamente consciente de ese doble rasero político. EU aplaudió silenciosamente los ataques aéreos israelíes contra la planta Osirak de energía nuclear de Sadam Hussein en 1981, y desde entonces ha pedido sanciones cada vez más estrictas contra Teherán y Pyongyang. No obstante, Washington se niega a dar el ejemplo y resta importancia a los llamados de los ciudadanos de Hiroshima y Nagasaki por un desarme nuclear total. La campaña de EU por un monopolio atómico, o por lo menos la dominación nuclear, empuja a potencias más pequeñas hacia la obtención de una capacidad disuasiva. Esas naciones no constituyen un cierto “eje del mal”; sólo juegan al juego de la supervivencia según las reglas –no las palabras– fijadas por Washington.

En los futuros días y meses, los propios ciudadanos de EU se estremecerán de miedo ante la temida llegada de la contaminación radioactiva. Ahora se ha olvidado prácticamente el terrorismo cuando una amenaza mucho más amplia puede cubrir pronto los cielos estadounidenses de “mar a mar resplandeciente”. A menos que Washington se mueva rápido hacia el repudio de su propia adicción nuclear, el espectro de otro Nagasaki ensombrecerá el “país de los libres y hogar de los valientes”.

 

* Yoichi Shimatsu es ex editor de The Japan Times Weekly

 

© Copyright Yoichi Shimatsu, Fourth Media (China), 2011

 

Fuente: http://www.globalresearch.ca/PrintArticle.php?articleId=23788

 

Accidente nuclear en Japón hace temblar a EU

* ¿Enfrentan los vecinos de México riesgos sobre desastres nucleares en su propio país? ¿Cuál es el nivel de seguridad con cuentan los 104 reactores norteamericanos? ¿Cuántos están cerca de fallas geológicas y zonas sísmicas?

 

Andrea Lunt/ IPS

Nueva York. Mientras Japón sigue luchando contra una amenaza nuclear, legisladores, activistas y representantes de la industria atómica en Estados Unidos debaten sobre el futuro de su propio país.

La polémica se centra en la capacidad de Washington para enfrentar una eventual crisis similar a la que vive la oriental ciudad japonesa de Fukushima luego del tsunami del viernes pasado.

Existen 104 reactores nucleares en todo Estados Unidos, 35 de los cuales utilizan sistemas similares a los afectados en Japón. Legisladores como Edward Markey, del gobernante Partido Demócrata, cuestionan hoy su seguridad.

En una carta a la Comisión Regulatoria Nuclear (NRC) con fecha el 11 de marzo, Markey expresó preocupación por la capacidad de resistencia de las centrales nucleares del país, varias de las cuales están sobre o cerca de fallas geológicas.

De especial preocupación, señaló, es un diseño de reactor fabricado por Westinghouse y actualmente en revisión por la NRC, que ha fallado ante las pruebas de impactos sísmicos.

Según Markey, un alto ingeniero en NRC aseguró que la estructura contenedora interna del reactor AP1000 era tan frágil “que podría destrozarse como un vaso de vidrio” ante la presión generada por un terremoto.

El congresista también expresó preocupación por la capacidad de Washington para responder a un desastre, luego de recientes revelaciones de que la Agencia de Protección Ambiental, la NRC y la Agencia Federal de Administración de Emergencias no lograron acordar cuál lideraría los esfuerzos en caso de ocurrir algo similar a lo de Japón.

Markey solicitó una completa investigación sobre las regulaciones de seguridad a la luz de los acontecimientos en el complejo atómico japonés de Fukushima, donde se teme una gran fuga de radiactividad.

Fue creada una zona de exclusión de 20 kilómetros a la redonda del complejo, y los medios locales informaron que crecían los niveles de radiación en Ibaraki, ubicada entre Fukushima y Tokio.

El gobierno japonés minimizó la amenaza, a pesar de que solicitó urgente asistencia de la NRC y de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

Por su parte, la administración de Barack Obama insistió en que las centrales atómicas de Estados Unidos eran seguras, y rechazó los llamados a una moratoria de los planes de desarrollo nuclear. El independiente Instituto de Energía Nuclear también intentó frenar los temores. En una declaración en su sitio web, señaló que era demasiado “prematuro” trazar paralelos entre los programas nucleares de Japón y de Estados Unidos.

“Japón afronta lo que literalmente puede ser considerado ‘el peor caso’. Aun así, incluso el más dañado de sus 54 reactores no ha liberado radiación a niveles que puedan dañar al público”, señaló el grupo, a la vez que subrayó los avances que logrados por el sector atómico en los últimos años.

“Mientras no entendamos claramente lo que ha ocurrido en las centrales nucleares de Fukushima y sus consecuencias, es difícil especular sobre el impacto a largo plazo en el programa de energía nuclear de Estados Unidos”, añadió.

Sin embargo, Linda Gunter, del grupo Beyond Nuclear, llamó a una mayor transparencia del gobierno de Japón y de las autoridades del sector atómico.

Gunter dijo a IPS que el derretimiento parcial de los reactores de Fukushima debía servir de llamado de alerta a aquellos que defienden el uso de energía atómica.

“Aun dejando de lado el tema de la seguridad, que obviamente está en el tapete ahora por lo que ocurre en Japón, y si se busca una solución al cambio climático, la energía atómica cuesta mucho tiempo en ser construida, los reactores toman años en entrar en funcionamiento, y son muy caros”, señaló.

“La mayor parte del costo recae en los contribuyentes de Estados Unidos. Entonces, ¿para qué seguir ese camino?”, añadió.

Además, “la confiabilidad de la energía nuclear es prácticamente nula en una emergencia cuando tienes esta confluencia de desastres naturales”, indicó.

En Japón, donde se calcula que más de 10 mil personas habrían perecido en el tsunami, la población teme lo que se considera el mayor desastre nuclear desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

A la luz de esto, Beyond Nuclear y otras organizaciones llaman a una completa y gradual eliminación de las plantas atómicas y una mayor inversión en energías verdes. “Tenemos ahora la tecnología para usar energías 100 por ciento renovables y efectivas”, dijo Harvey Wasserman, editor del sitio web Nukefree.org.

“Pero las corporaciones tienen grandes inversiones que serían amenazadas si se renuncia al carbón, al petróleo, al gas y a la energía nuclear”, dijo a IPS.

“También temen la instalación de un sistema de energía que pueda ser controlado por la comunidad, en vez de estar monopolizado por el mundo corporativo. Así que, en última instancia, es una lucha entre ricos y pobres, corporaciones y comunidades, entre tecnología de la muerte y la que busca la supervivencia”, agregó. Otros expertos señalaron la peligrosa conexión entre la energía atómica y la proliferación de armas nucleares.

“El ya promocionado ‘renacer nuclear’ definitivamente terminó”, dijo John Burroughs, director ejecutivo del Comité de Abogados sobre Políticas Nucleares y director de la oficina estadounidense de la Asociación Internacional de Abogados contra las Armas Atómicas.

“Cada reactor nuclear produce combustible conteniendo plutonio, que puede ser usado en armas”, dijo a IPS. “La conexión entre arsenales y energía atómica debe ser parte de una revisión del sector”, añadió.

“Indudablemente, el desastre (en Japón) generará renovadas demandas para que la industria nuclear y sus reguladores sean más transparentes. Las mismas demandas deben extenderse a los responsables de las armas atómicas en los nueve países que las poseen”.

Las cinco potencias nucleares “declaradas” son China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia, mientras que las cuatro “no declaradas” son Corea del Norte, India, Israel y Pakistán.

 

* Con aporte de Kanya D’Almeida.

 

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