Tlachaloya: laguna invisible

* Esta laguna es considerada una de las más contaminadas en el Estado de México por el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ) y actualmente el grado es tal que ha provocado la desaparición de peces, anfibios y otras formas de vida acuática. En época de lluvias, cuando la laguna está llena, hay mucho lirio acuático y origina mucho mosco.

 

Elizabeth Bañuelos

Desde que se camina rumbo a ella se percibe un olor a podredumbre. Actualmente se encuentra casi vacía, luciendo un color verde intenso que provoca que más de uno, aun preguntándole a alguien de la región, siga de largo buscando la laguna de Tlachaloya.

La presa José Antonio Álzate, que es su nombre original, es una construcción artificial edificada en la década de los 70’s con el propósito de almacenar agua proveniente del río Lerma, pero actualmente se encuentra casi seca a consecuencia de la falta de lluvias.

“Tiene como tres o cuatro años en los que la laguna se seca en esta época del año”, comenta Margarita, que tiene 20 años viviendo a la orilla de ésta. La laguna se empieza a llenar en el mes de julio y se queda así hasta enero, que es cuando empieza a bajar (el nivel del agua) otra vez y queda así”.

Luce un suelo firme recubierto por hierba. Pasan por el prado dos riachuelos que pueden ser fácilmente cruzados con ayuda de dos pequeños e improvisados puentes; sin embargo, existe un río que mide aproximadamente 15 metros de ancho y para atravesarlo se necesita del servicio de un lanchero que, en ésta época del año, cobra tres pesos por persona.

A esto se dedica Miguel, de 56 años de edad, quien practica este oficio desde hace dos años. “Cuando la laguna está llena, el trabajo aumenta porque es más la gente que pasa de lado a lado con lancha de motor desde allá hasta la otra orilla, y cobro siete pesos por persona”.

Esta laguna es considerada una de las más contaminadas en el Estado de México por el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ) y actualmente el grado es tal que ha provocado la desaparición de peces, anfibios y otras formas de vida acuática.

En época de lluvias, cuando la laguna está llena, hay mucho lirio acuático y origina mucho mosco. “Arrastra mucha basura, se estanca y luego hasta harto perro muerto hay flotando en ella y huele muy feo”, comenta Margarita. Son las principales molestias que encuentran los pobladores de la zona. Contrario a lo que se podría pensar, ninguno de ellos mencionó tener problemas de salud provocados por la misma contaminación.

Según datos registrados en el libro “Sequía en un mundo de agua” para el Estado de México, donde nace el río Lerma, la tasa de mortalidad infantil por enfermedades infecciosas intestinales fue de 576.6 por cada cien mil habitantes en 1990, disminuyendo en los siguientes años hasta registrarse una tasa del 224.7 por cada cien mil habitantes en 1994.

Según Miguel el agua se empezó a contaminar a raíz de construidas todas las fábricas en  Lerma. Cuando no había tantas, el agua venía limpia. Esta apreciación es confirmada por el texto antes mencionado, pues señala que el crecimiento en la industrialización en el valle de Toluca después de 1960 provocó el aumento en la generación de desechos y las descargas de aguas residuales que, en conjunto con las descargas de aguas de origen doméstico y la disminución del caudal, convirtieron al río Lerma en uno de los más contaminados de México.

Las comunidades afectadas principalmente son la Primera y Segunda Sección de Tlachaloya y parte de Temoaya. El agua potable que se utiliza en la zona proviene de pozos de agua que se ubican en las comunidades, comenta Margarita.

Por los niveles de contaminación que existen y al ser considerada agua de poca calidad la que se encuentra en la presa, resultaría difícil creer que se le esté dando algún tipo de uso. Sin embargo, es “utilizada para regar sembradíos de maíz principalmente, o de cualquier planta”.

Aunque el problema no es consecuencia directa de los pobladores de la región, ni ellos ni el gobierno de ningún ámbito (local, estatal o federal) ha tomado las medidas necesarias para disminuir los índices de contaminación en la presa. En ella, cuando está llena, se encuentran desde desechos orgánicos hasta metales provenientes de la zona industrial.

Los gobiernos local y estatal se protegen, pues según el biólogo Octavio de Luna Cuevas, jefe del Departamento de Áreas Naturales Protegidas del Gobierno del Estado de México en la Secretaría del Medio Ambiente, en cuestión de agua (por aquella parte de la Constitución que dice que el agua es propiedad de la nación), solo debe y puede intervenir el gobierno federal. Por ello están excluidos de toda responsabilidad y posible solución al respecto.

Lo que las autoridades olvidan en este caso son aquellas partes en las que la Carta Magna contempla las disposiciones generales en materia ambiental, tales como vivir en un ambiente sano, el impulso al desarrollo productivo en un marco de desarrollo sustentable y prevenir el impacto negativo que las obras y actividades realizadas por el hombre pueda generar sobre los recursos naturales, pero sólo en cuestiones de agua ya que fueron tomadas en cuenta a la hora de planear el programa “Aire limpio para la Zona Metropolitana del Valle de Toluca”.

La problemática de la presa es consecuencia de las débiles acciones de saneamiento de los ríos influentes, principalmente del Lerma que aporta 79% del caudal total de ésta y de la falta de regulación en materia ambiental para con las empresas que se encuentran contaminando el cauce del mismo.

Jardín de hedores

* En la entrada a Lerma sobre Paseo Tollocan están empresas como la Mercedes-Benz, donde el hedor sacude el olfato para los que no están acostumbrados. La mayoría de los pasajeros ni se inmutan. Es la vida cotidiana. El color negro perturba la vista donde el río se encuentra cerca de todas aquellas fábricas.

 

Javier Millán

El lunes 16 de mayo fue quizá el momento oportuno para que todas las características sociales salieran a flote o tal vez se hundieran, depende de la espesura que tuviera el río Lerma para que dejara visible todos los problemas que se están generando en esta comunidad, a 10 kilómetros de Toluca.

A las 10 de la mañana el tráfico era fluido por lo que llegar a Lerma en camión se vuelve fácil a esas horas. En el camino hay letreros que anuncian las obras realizadas por el gobierno estatal que hacen alusión al alumbrado y sobre todo a la ampliación de vialidades.

Lerma ha cambiado tanto que la ciudad industrial en ese municipio ha difuminado aquellos recuerdos del siglo XV, cuando chichimecas, matlatzincas y otomíes habitaban entre las lagunas que rodeaban la zona, con la pesca como su principal actividad. Hoy todo se ha industrializado.

En la entrada a Lerma sobre Paseo Tollocan están empresas como la Mercedes-Benz, donde el hedor sacude el olfato para los que no están acostumbrados. La mayoría de los pasajeros ni se inmutan. Es la vida cotidiana. El color negro perturba la vista donde el río se encuentra cerca de todas aquellas fábricas. Un tubo enorme de agua potable atraviesa el Lerma y contrasta el escenario: “Comisión de Agua y Saneamiento” se lee desde la carretera. Está oxidado y sucio pero por ahí pasa agua potable, sobre el río hay puentes en construcción y su mejor amigo es un bandera mexicana en lo alto que ondea sin muchas ganas.

En Lerma está uno de los ríos más contaminados en el país. Tiene 177 kilómetros de longitud y un área aproximada de 5 mil 146 kilómetros cuadrados. Los materiales tóxicos que ahí prevalecen han provocado hundimiento y erosión del suelo, riesgos de salud y falta de agua potable que ha generado conflictos sociales.

A un kilómetro de la zona industrial de Lerma está un solo puente. El tráfico es más ordenado, los semáforos se sincronizan permitiéndolo. Es el libramiento “Ruta Bicentenario” que hace honor a los héroes que por ahí transitaron. La vialidad es limpia, junto a ellos hay jardines de un césped verde y uniforme decorado con un letrero de “Se prohíbe tirar basura”. Pero el lugar está dividido por una gasolinera. De un lado, cruzando el puente, está Lerma de Villada, urbanizada y discreta. Del otro, las calles son de terracería y las casas de un mismo color, gris como el de las construcciones sin terminar. En este lado una de las salientes del río parece cercar una colonia.

De ese lado donde las salientes del río dibujan una frontera, una colonia lleva por nombre la dinastía de padre e hijo que han logrado ser gobernadores del Estado de México. La explosión de una instalación de gas de Pemex en San Juan Ixhuatepec fue el mayor desastre ecológico que a uno de ellos le tocó. La colonia es la Alfredo de Mazo.

En este lugar el agua contaminada proveniente del río no fluye. En los bordes se levantan árboles de corteza amarilla y quince metros de altura. Algunos perros se encargan de desyerbar el pasto crecido, arrancándolo a mordidas. El resto del trabajo lo hacen borregos de la colonia que comen tranquila y libremente, a 30 centímetros del agua negra. A lo largo de la orilla se pueden encontrar zapatos viejos y botellas despintadas, pero dentro basura y ramas han bloqueado el flujo desde hace tres meses, ayudadas por la construcción de un puente que atraviesa el lugar.

En la colonia prevalece el apellido Solano. La mayoría de ellos poseen gallinas, borregos y perros que se verían severamente afectados si el nivel de agua aumenta debido al estancamiento. La probabilidad aumenta debido a las lluvias que han invadido la ciudad en estos últimos días.

Guillermo Solano, quien ha vivido toda su vida en esta colonia, está acostumbrado a la contaminación del río, pero no olvida que 50 años atrás el agua era potable. Algunos habitantes de este lugar reiteran su exigencia al delegado local para que actúe ante la problemática. Ellos mismos saben lo que origina la detención del flujo. Las últimas construcciones han modificado la naturaleza y el ejemplo más claro y reclamado es la tubería que cruza sobre la saliente del río, que estando tan cerca del agua puede frenar los materiales que navegan día con día.

La Alfredo del Mazo es silenciosa y las medidas contra la alerta de posible inundación no son consideradas en el ayuntamiento de este municipio. A la entrada, en una mampara están pegados carteles ambientalistas como “Acciones responsables para una quema controlada”, dice uno. La Semarnat previene los incendios con otro cartel bien ilustrado pero nada se dice del río.

En ese instante, cuando había ciudadanos preocupados por el estancamiento del río, el equipo de Obras Públicas salía a trabajar en el alineamiento de calles. Mientras la contaminación era una realidad en la Del Mazo y el hedor insoportable, en la página de internet se promueve el turismo, especialmente el “Parque Ecoturístico Sabanillas”, que invita a los visitantes a practicar ciclismo en un lugar “ideal para los amantes de la naturaleza”. El PES no está donde debería.

Reciclagua en entredicho

* En 2009 la Comisión Nacional del Agua detectó que una de las empresas que más contaminan el río Lerma es la gubernamental Reciclagua, creada a mediados de la década de los setentas para prevenir y controlar la contaminación en la zona de Toluca, Lerma y el corredor industrial. Aunque fue creada para reducir la contaminación, en diversas ocasiones el funcionar de la paraestatal ha sido puesto en entredicho.   

 

Elpidio Hernández

Por décadas el río Lerma fue uno de los más importantes y limpios del país donde lo mismo se podía pasear en canoa que pescar o nadar en sus tranquilas aguas, recuerda Guadalupe Gutiérrez, una de las antiguas pobladoras del municipio a la que todavía le tocaron –dice- aquellos años maravillosos donde algunos habitantes se dedicaban a la pesca y la recolección de tule.

A setenta años de aquellos años el paisaje alrededor del afluente es desolador. El olor insoportable que se percibe a cincuenta metros de distancia se ha vuelto cotidiano para quienes habitan, transitan o trabajan en las márgenes del río. La estampa común a la entrada del municipio es un interminable flujo negro e inactivo, a veces espumoso y siempre plagado de gruesos mantos de lirio, botellas y una capa de heces.

La belleza del río fue tal que el municipio contaba con un pequeño paradero exclusivo para los botes que llegaban al lugar y que servían también para transportar a los lugareños que querían ir a los poblados de San Mateo y Tultepec. Todavía en la década de los setentas –recuerda Gutiérrez- existían ciénagas que daban refugio a una gran cantidad de vida silvestre. Pero fue en los años cuarentas y cincuentas –recuerda- cuando las personas vivían del río, pescaban carpas o cazaban patos, sin olvidar las ranas abundantes y sabrosas. “Por eso nos quedó ese apelativo”, afirma. Mientras que los pobladores de Tultepec, antes de fabricar muebles, utilizaban el tule como materia prima para la elaboración de petates, aventadores, cestas y otros productos de uso doméstico.  

Según especialistas una de las causas por las que se ha agravado la contaminación del río es porque en las márgenes se han asentado más de tres mil 500 empresas que vierten aguas residuales en él. Y es que a lo largo de sus 700 kilómetros de extensión el cauce, que nace en Almoloya de Juárez y desemboca en el lago de Chapala, atraviesa complejos industriales asentados en el Estado de México, Querétaro, Guanajuato, Michoacán y Jalisco. 

El corredor Toluca-Lerma, considerado la segunda zona industrial más importante del país y que comenzara a operar desde la década de los cuarentas pero que alcanzara su mayor desarrollo entre 1960 y 1970, deterioró el caudal. Así, el costo por contar con fuentes de trabajo y una aparente mejor calidad de vida para los habitantes de la región fue demasiado alto.

De acuerdo con el director de Comisión Nacional del Agua (Conagua) en el Estado de México, Santiago González Martínez, la parte más dañada del río es el tramo que va de Metepec a Ixtlahuaca, donde la demanda de oxígeno es mayor por la presencia de metales, tintes, materia orgánica, sólidos, grasas y aceites quemados, entre otras sustancias que lo convierten en uno de los ríos más contaminados del país.

De acuerdo con el funcionario, en 2009 la Comisión Nacional del Agua detectó que una de las empresas que más contaminan el río Lerma es la gubernamental Reciclagua, creada a mediados de la década de los setentas para prevenir y controlar la contaminación en la zona de Toluca, Lerma y el corredor industrial. Aunque fue creada para reducir la contaminación, en diversas ocasiones el funcionar de la paraestatal ha sido puesto en entredicho.   

Muestreos físicos y químicos realizados por la Conagua para medir la calidad del agua del río arrojaron que los picos más altos de contaminación son donde esa empresa arroja sus aguas. La paraestatal que trata, entre muchas otras, las aguas residuales de las compañías químicas que utilizan materiales pesados en sus procesos como Dupont, Nalco, Polioles, Rexcel, Aceites especiales, Sealed Air de México, Signa, Curacreto, Acuario Pinturas e Industrias Químicas de Lerma ha sido multada en diferentes ocasiones por incumplir con las normas establecidas.

En 2008 el gerente de Ciencias Ambientales Nucleares del Instituto de Investigaciones Nucleares, Pedro Ávila Pérez, advertía que la empresa incumple con el tratamiento de aguas residuales y que si bien cumplía con la norma 001 no lo hacía con otros parámetros. Al asegurar que el Lerma aún se puede revivir, Ávila Pérez cree que es bueno que existan plantas tratadoras como Reciclagua pero aseveró que el esfuerzo resulta insuficiente. 

La paraestatal mantiene también, desde hace una década, un proceso judicial abierto al ser demandada por presuntos daños al ambiente y contaminación del río. La denuncia fue interpuesta ante la Procuraduría General de la República por un habitante del municipio de San Mateo Atenco por presuntas afectaciones a uno de sus predios.

Pero no sólo las empresas son responsables de la contaminación de la cuenca en el Valle de Toluca, también lo son diez afluentes que desembocan en el Lerma y que arrastran lo mismo aguas negras que animales y basura, según se ha documentado, como la Zanja Real; los canales Gaspar, Las Jaras, Zapata y Totoltepec; los ríos Ocoyoacac, Solanos y Verdiguel; el arroyo San Isidro y los drenes Ameyalco y San Faustino.

En el corredor industrial de Lerma hay asentadas poco más de 300 empresas que si bien generan recursos, empleos y una aparente mejor calidad de vida para los habitantes del municipio, también han deteriorado el río. Un estudio elaborado por la Facultad de Geografía, de la Universidad Autónoma del Estado de México, firmada por el doctor Delfino Madrigal, afirma que la contaminación es crítica y que hay zonas donde encuentran hasta 200 partes por millón de plomo, mil de cromo y siete de cadmio. El estudio, que se realizó únicamente en la franja del parque industrial Toluca-Lerma, documentó que, durante el invierno, metales como cromo, cadmio y plomo alcanzan concentraciones de 8 mil, 2 mil 250 y 27 mil partes por millón; y en primavera 7 mil partes de cromo, 900 de cadmio y 18 mil de plomo; y es que de las más de 300 empresas instaladas en zona, al menos 176 utilizan metales pesados en algunos de sus procesos y cuyos desechos son arrojados al río.

Tan sólo en 2009 la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y la Comisión Nacional del Agua abrieron ochenta procesos judiciales contra igual números de empresas y ayuntamientos por presuntamente arrojar descargas contaminantes y sustancias químicas al afluente; siete de las denuncias fueron interpuestas contra empresas del corredor industrial de Lerma.

La contaminación de las empresas al afluente no es exclusiva de la zona industrial del Valle de Toluca, el problema se va repitiendo a lo largo del caudal como en la colonia Nativitas de Salamanca, Guanajuato, donde las huellas de la refinería Pemex se dejan pulsar a cada tramo del río. Los habitantes de aquel asentamiento han denunciado en múltiples ocasiones que la refinería vierte sus aguas residuales, lo que ha ocasionado que además de que los pobladores sufran la degradación ambiental, las aguas se vean negras, las orillas estén desnudas de vegetación y la poca que exista luzca moribunda.

Los habitantes de la colonia Arturo Montiel, asentada a cuarenta metros de la orilla del río en el municipio de Lerma, también han padecido por la contaminación del afluente y es que durante más de dos años los pobladores se abastecieron del agua de los pozos que cavaban ellos mismos y que utilizaban lo mismo para el aseo personal que para lavar trastes y ropa. Por aquellos días, narra una de las vecinas, eran comunes las enfermedades respiratorias y los granos en el cuerpo.     

Los intentos para sanear el afluente han sido muchos pero todos insuficientes. Trienio tras trienio los alcaldes en el municipio llegan con nuevos y entusiastas proyectos que al paso de los años son olvidados. Para sanearlo el gobierno mexiquense cuenta con una Comisión Coordinadora para la Recuperación de la Cuenca del río Lerma, que aunque en su portal de internet exhibe decenas de acciones realizadas, en el apartado de “Logros” no enumera uno solo.

Especialistas e investigadores que han estudiado el fenómeno han referido la necesidad de construir y operar varias plantas de tratamiento, una por municipio (pues son 33 los del Edomex que arrojan aguas negras al afluente), modernizar algunas de las que actualmente existen, además de ampliar la red de alcantarillado de municipios como Toluca, lo que permitiría reducir la contaminación sin necesidad de entubarlo y “tapar el problema”.

Los pronósticos que hacen las autoridades mexiquenses para sanear el río Lerma son poco alentadores. La encargada de la Unidad de Investigación y Difusión de la Comisión Coordinadora para la Recuperación Ecológica de la Cuenca, Cecilia Olivera Martínez, estimó que si se continúan construyendo plantas de tratamiento en el Lerma al ritmo que se ha venido haciendo, puede estar limpio en dos décadas, aunque refirió que el río Rhin en Alemania se limpió en 45 años.

 

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