Sirenas y tlanchanas

* Metepec no es sólo fraccionamientos y colonias populares. Es también origen de innumerables leyendas y personajes sobrenaturales que todavía pueden verse, si no en las calles de aquella cabecera, sí en los relatos de los lugareños, quienes no los olvidan y hasta estatuas de barro les dedican.

 

Mercedes Escalera

A seis kilómetros al sureste de Toluca, capital del Estado de México, se encuentra ubicado un pueblo con encanto que, a decir de la gente, tiene magia. Su localización, arquitectura, tradiciones y costumbres atrapan a quien lo visita pero cuando uno indaga, cuando platica con los habitantes la magia surte efecto y enamora.

Posee ese algo que lo identifica, que lo hace diferente y, además, lo distingue, “conserva muchas tradiciones prehispánicas que le dan hasta la fecha un sentido de identidad colectiva y un lazo muy fuerte de unión”, afirma María Teresa Jarquín en el libro “Formación y desarrollo de un pueblo novohispano”.

Dentro los factores que lo distinguen están sus mitos, leyendas y su historia. Y son precisamente las leyendas las encargadas de propiciar la magia. Un ejemplo es la leyenda de la Tlanchana. Su nombre se deriva de tres voces náhuatl: atl, agua; tonan, madre y chane, ser o espíritu mágico. Se creía que esta mujer era la diosa Chalchiutlicue, quien procuraba alimento a sus “hijitos”.

El folleto ilustrativo “Una leyenda viva Metepec”, editado por el ayuntamiento de Metepec, cuenta que en la época prehispánica había nueve lagunas nacidas del río Lerma, antes Chicnahuapan, por lo que los pobladores eran preeminentemente pescadores. En ocasiones salían de madrugada para poder lograr una buena pesca y detrás de los tules y hierbas a orillas de la laguna, podían ver a una bella mujer desnuda. Estaba ataviada con corona y collares de flores. De su cintura colgaban peces, acociles, ranas y ahuilotes, los cuales eran ofrecidos a los hombres de la red. Si se les aparecía para ayudarlos dejaba caer, de su regazo, animales de la laguna pero si lo que buscaba era marido les sugería que se fueran con ella al centro de la laguna. Si el hombre se negaba sus hermosas piernas se transformaban en cola de serpiente y los arrastraba a la profundidad de las aguas.

Cuando llegaron los españoles y supieron de la leyenda, por ser mujer y cola, que ellos entendieron de pescado, de inmediato la relacionaron con una sirena. Por ello se le representa de tal manera, como lo muestra la “Fuente de la Tlanchana”, que se encuentra en la explanada del palacio municipal. Además dejaron de considerarla como algo divino y dicho ser fue relacionado con el diablo. Este ser mitológico goza de gran prestigio dentro de la tradición oral del municipio, pero no es la única leyenda en torno a ella.

Mario Estrada comparte que había un hombre al cual le gustaba tomar en demasía y un día que se encontraba completamente alcoholizado vio a una bellísima mujer, vestida de blanco y hermosa cabellera. Quedó prendado de ella y comenzó a seguirla pero de repente la perdió de vista. Otra noche la volvió a ver y de nuevo la siguió. Caminó por las calles rumbo al cerro y a la entrada de la cueva que está a un costado de la Capilla del Calvario, cuando ya se encontraba a unos cuantos pasos de ella, ésta se volteó a verlo. El hombre quedó paralizado de terror, pues el bello rostro estaba completamente desfigurado y la hermosa cabellera parecía serpientes. El terror fue tal que hasta el “cuete se le cortó”. Corrió rumbo a la iglesia de San Juan Bautista y de inmediato buscó al sacerdote, a quien le contó lo ocurrido. A la mañana siguiente acudió el párroco, roció el lugar con agua bendita y comenzaron los trámites para la construcción de la Capilla del Calvario, también conocida como santuario de la Virgen de los Dolores. Nunca más se volvió a ver a la Tlanchana en este punto.

Metepec significa Cerro de los Magueyes y es precisamente esta elevación la que le da el nombre al municipio. Era un lugar de suma importancia donde se enterraban a los principales jefes matlatzincas. Cuentan que aquel cerro era una pirámide, como todas las que existen en los lugares prehispánicos y Metepec un lugar de gran importancia para los matlatzincas. Según Marcos García, vecino del lugar, hubo una gran erupción del volcán Xinantecatl o Nevado de Toluca y gran cantidad de lava cubrió la pirámide dando origen al cerro. Cabe mencionar que el cerro es “una elevación geológica de origen volcánico, en cuya cúspide los antiguos matlatzincas celebraban ceremonias propiciatorias y ritos funerarios. Con la llegada de los frailes españoles, allá por 1526, se intentó borrar toda huella de idolatría prehispánica”, según el sitio web metepec.info.

La mayoría de las leyendas tienen que ver con las cuevas que se encuentran en el cerro y que se creía tenían salida en lugares distantes. Se dice que se aparecen duendes, personas misteriosas y el diablo en forma de gallina negra, borrego o chivo. También se cree que fue refugio de los bandidos de Sierra Fría, conocidos como Plateros.

El Cerro de los Magueyes es, sin duda, un lugar de gran importancia en la cultura del pueblo, no solo matlatzinca sino también azteca, amén de otras culturas contemporáneas de ellos. Este lugar se considera sagrado pues allí se le rendía culto a Tlokenahuake, el dios de nuestros ancestros, dador de vida. Es el Centro Espiritual depositario del Fuego Nuevo en el Estado de México y aquí se realizó el Ritual del Fuego Nuevo aún antes que en el valle de Anáhuac donde más adelante el depositario sería el Cerro de la Estrella, hoy delegación Iztapalapa. Se creía que en la cima del Cerro de los Magueyes se unían la tierra con el agua, con Tláloc, dios de la lluvia. Ahí se le rendía culto por ser un lugar de gran fuerza y poder; lugar donde nacían las nubes, las tormentas y las lluvias. Era un lugar tan sagrado que allí enterraban a los principales jefes indígenas.

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Llanura de deidades

* Las creencias católico-cristianas han permeado algunas leyendas populares de ‘Calix’, relacionándolas con las recompensas del buen comportamiento… “dicen que ahí cerquita del cerro, en las noches salía un charrito, que supuestamente a unos les daba dinero y a otros los asustaba, según como se portara la persona”, cuenta una antigua pobladora del lugar.

 

Yanet G. Sánchez Monroy

Ehécatl, Tláloc y San Francisco de Asis conviven en un pueblo perteneciente al municipio de Toluca llamado Calixtlahuaca, donde se mezclan las edificaciones y creencias prehispánicas, católicas y populares. La mezcla se da oralmente en una amplia variedad de historias que se cuentan desde generaciones atrás entre los lugareños, visualmente, en las festividades organizadas en las pirámides y en la iglesia principal.

Los matlatzincas, toltecas y mexicas que se asentaron en este territorio y en parte de Tecaxic dejaban en manos de Ehécatl, dios del viento, la limpieza de la tierra para que Tláloc, dios de la lluvia, les diera el agua que necesitaban para obtener maíz y otros dones de la tierra que determinaban su subsistencia.

Ya no se hacen los sacrificios humanos como antes se hicieran en el Tzompantli, pero aún se realiza como un ritual la danza en la que se pide lluvia, limitada a la categoría de evento cultural o folklor nacional que no representa una creencia religiosa como en el politeísmo prehispánico.

En cambio, para contrarrestar las sequías o las temporadas extensas de lluvia, se acostumbra pasear por las milpas a San Francisco de Asís, ahora ‘patrón del pueblo’ que durante su vida fue poeta y amante de la naturaleza, aunque nunca conoció Calixtlahuaca, pues su veneración fue decidida por los conquistadores algunos siglos después de su muerte por medio de la construcción de una parroquia en su honor.

Desde entonces las creencias católico-cristianas han permeado algunas leyendas populares de ‘Calix’, relacionándolas con las recompensas del buen comportamiento…

“dicen que ahí cerquita del cerro, en las noches salía un charrito, que supuestamente a unos les daba dinero y a otros los asustaba, según como se portara la persona”, cuenta una antigua pobladora del lugar.

“Dentro del cerro de Tenismó, hay una laguna que supuestamente es el paraíso, con frutos y comodidades que están cubiertos por la campana encantada. Una vez iban dos lugareños a raspar sus magueyes y vieron en la punta del cerro un agujero muy grande que llamó su atención, escombraron alrededor y vieron una gran campana; cuando contaron el suceso al pueblo, algunos llegaron con palas y picos para continuar escarbando. Ya en la tarde bajaron del cerro a descansar. Al otro día regresaron pero vieron que la campana ya estaba más adentro. Escarbaron nuevamente hasta lograr ver la cabeza de la campana, pero a la mañana siguiente se había sumido aún más, por eso se dieron por vencidos“, narra el primer delegado del pueblo, Genaro Vargas Gaona. Esta es la leyenda más popular en el pueblo, conocida por jóvenes y ancianos.

A pesar de la importancia de la religión, aún se pide energía, fuerza, salud, armonía y otras bendiciones a los antiguos dioses durante el equinoccio de primavera. Justo cuando el sol se coloca en la cima del Ecuador y permite que el día y la noche tengan la misma extensión, cada año se acerca la gente a Ehécatl-Quetzalcóatl en la pirámide redonda y a Tláloc en el basamento de esta deidad. Dichas peticiones son similares a las que se hacen a San Francisco en Calixtlahuaca o a la Señora de Los Ángeles, muy cerca de ahí, en Tecaxic, “pero no se actúa de la misma manera, el respeto se manifiesta de forma distinta y la ritualidad varía”, dice el delegado priista.

 

El rescate de las creencias

 

Vargas Gaona relata que “antes la religión católica iba de la mano con la cultura. Cuando era más joven se hacía la danza prehispánica aquí, en el atrio de la iglesia, ahora ya se hace en la plaza, se han puesto limitantes. Lo que representa a Calixtlahuaca son las pirámides y la iglesia, por eso no pueden estar peleados la religión creyente de San Francisco de Asís y la cultura originaria, que era matlatzinca”.

Las creencias nos permiten de alguna manera tener una seguridad, descansar espiritualmente en algún poder superior; estas se traducen en actividades que se ritualizan volviéndose, a través del tiempo, una tradición.

Genaro Vargas Gaona obtuvo el triunfo como delegado en una cuestionada elección realizada en noviembre de 2009; ahora se encarga de las gestiones encaminadas al rescate de las tradiciones del pueblo como fiestas patronales o el equinoccio de primavera, sin embargo, carece de información básica sobre dichos eventos.

“Yo no puedo decirte con certeza que el equinoccio significa esto o aquello, yo lo entiendo y no los han comentado aquí, que se termina una estación y empieza otra, es el nuevo calor del sol, pero no sabría decirte exactamente”.

Y además de la desinformación también la hay sobre las otras religiones porque las creencias propias marcan el interés en rescatar ceremonias y fechas meramente católicas.

“Si una comunidad, por ejemplo cristiana, pide algún apoyo, tiene el derecho de recibirlo. No debe importar que seamos de una u otra religión. Aunque hablando de costumbres a veces es muy importante ser católico porque tampoco podemos mezclar a los hermanos separados con nuestra iglesia, a menos que ellos estén dispuestos”.

Los aciertos están en el impulso dado al autoempleo, pues la gente del lugar que elabora alguna artesanía de forjado, cuadros de popotillo o pan de pulque, puede venderlo en la fiesta patronal del 4 de octubre y durante el festival de primavera, en el que también se cuentan algunas leyendas perdidas como la del “Pinaninchini”, que refiere a la extrañeza de una cueva que posee agua hasta en épocas de sequía, aunque no se ha descubierto el origen de la corriente y se diagnostica difícil que reciba escurrimientos o que desemboque en ella algún río o lago por su alta ubicación.

Estas leyendas, dice Gaona, se pretenden agregar al material digital que la gestión prepara para difundir las tradiciones de Calixtlahuaca, cuyo nombre se retoma del náhuatl, “Casas en la llanura”.

La provincia de la plata

* Varias de las leyendas también surgen en torno a personas que han marcado historia en la vida nacional, por ejemplo la riqueza oculta de Pedro Ascencio de Alquisiras, caudillo insurgente y símbolo heroico en el sur del Estado de México. Sus leyendas han inquietado a estos municipios y pueblos vecinos.

 

Daniel Campuzano Martínez

La realidad no es ajena a la imaginación. La historia está formada por grandes personajes, mitos y leyendas pero, ¿cómo es que éstas sobreviven? ¿Cómo pasan de generación en generación conservando su esencia? ¿Cómo son capaces de conservar aquellas condiciones que las hacen únicas e irrepetibles?

Pueblo con encanto, de estilo colonial y donde se respira paz y tranquilidad, en los ecos de sus ancestros Sultepec conserva la fortaleza de mitos y la magia de sus leyendas que, por supuesto, echan a andar la imaginación de más de uno con el sentimiento de encontrar la absoluta verdad.

Hilaria Cuenca es una de las ancestrales del pueblo y comparte su propia historia:

– Hace muchos años, cuando yo era niña solía caminar con mi madre, de Sultepec al municipio de Almoloya de Alquisiras, pero para llegar a él teníamos que atravesar un enorme cerro, el cual servía como límite entre ambas comunidades. En una de esas ocasiones observé una gran peña en la cual vi una imagen que llamó mucho mi atención, se trataba de una especia de escultura de serpiente o culebra, la cual estaba rodeada de hermosos detalles, con muchas flores y mucha agua. Al platicar con mis padres me comentaron que aquel cerro por el que caminé es el Cerro de la Culebra, denominada así por aquella imagen.

Me decían mis padres que muchos años atrás de que yo naciera, existió en Almoloya y en Sultepec una gran tormenta que no paraba y que comenzó a inundar muchas de las casas que había. Por ello, varios de los habitantes, desesperados por el exceso de lluvia subieron a aquel cerro a pedir a una especie de demonio que parara de llover ya que todo se les arruinaría.

Comentan que días después se escuchó un enorme trueno que cesó la lluvia. Dicho rayo cayó sobre aquella peña formando el dibujo de la culebra, que instantes después se vio rodeada de un piso totalmente húmedo, como si hubiese adquirido toda el agua de aquella tormenta.

Tiempo después habitantes de aquellos lugares fueron a agradecer a ese cerro por terminar con las lluvias, pero al ver toda la humedad y el agua que rodeaba a esa piedra se quedaron sorprendidos y con el miedo de que algún día lo que prometieron sus ancestros culminaría, dejando caer toda el agua almacenada sobre aquellos pueblos, lo cual acabaría con sus vidas en instantes”.

Así como esta leyenda, existen varias que pasan de generación en generación, unas más adecuadas que otras, jugando una especie de teléfono descompuesto por siglos, una verdad confusa que invita a conocer el comienzo de cada una de las historias.

No todos los mitos y leyendas son transmitidos de boca en boca. A continuación se relatan unos muy breves, históricos e impresos, que narran también parte de la historia de aquel pueblo.

Cuentan que el 24 de junio de cada año, a las doce del día y a las doce de la noche, se observa un encantamiento en la Pitahaya, en la carretera de Sultepec a Texcaltitlán, abriéndose en una roca partida una gran tienda, donde se escucha música y movimiento que envuelve con miles de lujos y brillos al que entra. Este fenómeno dura pocos segundos y cuentan que si la persona que fue privilegiada con ver este prodigio no entra y sale del encantamiento con algo de valor que le sea de su agrado, en esos pocos segundos quedará atrapada por un año esperando la oportunidad a que este portal vuelva a ser abierto. A pesar de ello, es tanta la impresión que casi todo aquel que lo llega a observar, muere.

Varias de las leyendas también surgen en torno a personas que han marcado historia en la vida nacional, por ejemplo la riqueza oculta de Pedro Ascencio de Alquisiras, caudillo insurgente y símbolo heroico en el sur del Estado de México. Sus leyendas han inquietado a estos municipios y pueblos vecinos.

Se cuenta que hace muchos años, en tiempos de la guerra de independencia, Ascencio acumuló grandes riquezas robadas a los hacendados españoles y las fue guardando en varias casas y en cuevas, la mayor de ellas la cueva de las Tres Estrellas, situada en el pueblo de Atzumpa, perteneciente a Sultepec. Sin embargo, aunque en partes del pueblo, sobre todo en casas antiguas, se ha encontrado joyas y tesoros, se tiene la creencia que hay una maldición y quienes entran a Tres Estrellas han muerto en el intento.

 

Las maravillas de la montaña

* El Nevado de Toluca es uno de los volcanes más impresionantes de México. Ubicado en Toluca, encierra, además, algunas historias sobre tesoros españoles escondidos en lagunas y cuevas de la región.

 

Andrés Villarreal Martínez

El Nevado de Toluca, también llamado Xinantécatl, tiene una altura de 4 mil 690 metros sobre el nivel del mar. Está ubicado entre los valles de Toluca y Tenango, a 22 kilómetros al sudoeste de Toluca, Estado de México. Es un volcán extinto cuya actividad geológica comenzó hace 11 mil años, teniendo su término hace 3 mil 100 años.

Debido a su condición de estromboliano o vulcaniano, se caracterizó por explosiones violentas y lava viscosa que se endureció rápidamente en la superficie hasta formar un domo de lava de 100 metros, conocido como “El Ombligo”, que bloqueó el respiradero separando uno de los mayores atractivos de la montaña, las lagunas del Sol y de la Luna, que tienen una profundidad de 12 a 14 metros, además ser tan frías que llegan a los 3 grados centígrados, por lo que casi nada puede crecer dentro de ellas.

Pilar Luna apunta, en el texto “El Nevado de Toluca, Sitio de Veneración Prehispánica”, que las lagunas son las más altas del mundo a las que se podía llegar en auto. Son un sitio ideal para practicar el buceo de altura aunque desde 1950 buceadores nacionales como extranjeros han sacado un gran número de piezas ofrendadas a Tláloc por los grupos indígenas que poblaron la zona, especialmente por los matlatzincas.

Pablo Bush Romero, fundador del Club de Exploraciones Acuáticas de México, (CEDAM), informó que en 1954 recuperaron maquinaria de relojes que tenían la inscripción “Monte de Piedad de Madrid”. También se hallaron docenas de tepalcates precolombinos. Además, en 1963, buceadores del Grupo Alpino y de Investigaciones Subacuáticas encontraron ofrendas de copal en forma de pequeños volcanes que en muchos casos tenían como base una estrella. También se hallaron tepalcates y rayos de madera de 80 y 90 centímetros y otras maquinarias de reloj, un anillo, una dentadura de oro el interior de una caja de música y objetos que parecen provenir de la embarcación Vita.

El doctor Ismael Arturo Montero, en la página web de su organización Ipan tepeme ihuan oztome, menciona que en mayo de 2007 la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH coordinó un proyecto interdisciplinario en el Nevado y destacaron dos campos de acción, el primero correspondió a la excavación arqueológica realizada a las orillas de las lagunas y el segundo fueron los trabajos de arqueología subacuática en las lagunas del Sol y la Luna.

Esta investigación forma parte del proyecto “Arqueología Subacuática en el Nevado de Toluca”, dirigido por el arqueólogo Roberto Junco, con apoyo del filántropo estadounidense Richard Siegel y del explorador Johan Reinhard, con la intención de estudiar los restos materiales para comprender la ritualidad prehispánica ligada a las lagunas del volcán.

Los arqueólogos Víctor Arribalzaga y Arturo Montero creen que todo indica que este espacio ritual de alta montaña tenía diferentes funciones que iban desde la ofrenda, la observación de la naturaleza y la dinámica de los astros.

Según los estudios realizados sobre los objetos encontrados, que son restos de figurillas de cerámica y cuentas de piedra verde, se determinó que pertenecen al Clásico Tardío entre los años 650 y 900 D.C. y Posclásico Tempran,o entre 900 y 1200 D.C. Ellos representan los objetos ceremoniales más antiguos que se han encontrado en el Nevado.

En una segunda investigación en el 2010, encabezada por buzos de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en colaboración con el Equipo de Buceo Científico de la facultad de Ciencias de la UNAM, encontraron más restos de cerámica prehispánica, además de una carátula de un reloj de siete centímetros en el fondo de la Laguna del Sol, la cual está relacionada con una antigua historia de tesoros españoles que quizá se encuentran en las lagunas del volcán.

 

El tesoro perdido

 

En 1939 el Frente Popular en España, coalición política de republicanos de izquierda, socialistas y comunistas, cumplía 4 años de fundada y tres en el gobierno español, pero el descontento de los conservadores, representados en el Frente Nacional, que buscaban la centralización del poder, ocasionó una guerra civil que terminó con el gobierno republicano en el exilio, obligándolos a partir desde el puerto francés de Le Havre, con destino a México. Navegaron en el barco Vita, que contenía 120 cajas en donde estaban guardados objetos valuados en 300 millones de dólares, los cuales debían servir para financiar su exilio aunque según otra versión la mayor parte de ese tesoro fue robado del patrimonio artístico e histórico nacional y a particulares que empeñaban sus escasos bienes en los Montes de Piedad.

Ese “tesoro” fue recogido en su momento por el político socialista español Indalecio Prieto, con buenas relaciones con el entonces presidente Lázaro Cárdenas, quien acogió a los republicanos y a los menores de edad, que después fueron llamados “los niños de Morelia”. Sin embargo los actos de corrupción hicieron perdidizo el tesoro y jamás se supo de su paradero.

La historiadora Flor Trejo describe que se cree que en ese entonces los españoles republicanos quitaron de los relojes y otras piezas todo lo que estaba hecho de oro y luego tiraron la maquinaria y las carátulas a las lagunas del volcán.

Gerardo Novo, cronista de la ciudad de Toluca, menciona que “por los años cuarenta, se encontraron en las lagunas algunas cajas que decían Banco de España, lo que despertó un gran interés acerca de los famosos tesoros del Vita”. Sin embargo hay otra versión en donde “se habla también de que en los alrededores existen cuevas donde se conservan tesoros, sobre todo de la época novohispana en que se transportaban los minerales de la provincia donde había plata, Tejupilco, Temascaltepec, Sultepec, pueblos mineros donde asaltaban Pedro El Negro y otros bandidos famosos que ocultaban los robos en las cuevas.

La historia del Nevado es pintoresca y llena de leyendas, pero actualmente el parque sufre por la tala de sus bosques, pastoreo desmesurado y clandestino en sus faldas, plagas, incendios, cambios de uso de suelo, agricultura sin permisos y toneladas de basura abandonadas en barrancas y carreteras aledañas.

Un diagnóstico realizado por especialistas del Centro de Investigación en Ciencias Agropecuarias (CICA), reveló que como consecuencia del envejecimiento del bosque, la tala inmoderada, las plagas, los incendios y en menor medida la erosión causada por la agricultura, el Nevado disminuye cada día su capacidad de captación de carbono y por el contrario, lo emite. En 1936 fue declarado parque nacional, comprendiendo 54 mil hectáreas de bosques. No obstante, tras 30 años de tala intensiva, a la fecha no conserva más de 17 mil. La fauna ha disminuido y muchas de las especies nativas como el gato de monte, el venado cola blanca, armadillos y el guajolote de monte prácticamente se han extinto.

Siempre el agua, las montañas, los árboles generan, además de aire limpio y necesario para poder vivir, muchos relatos, mitos y narraciones verdaderamente extraordinarios que alimentan el alma cultural de los pueblos, además de ocultar grandes tesoros como los encontrados en el 2007, pero igual o más importante que eso es el tesoro que por sí mismo representa ese magnífico pasaje.

Dicen por ahí…

* Temoaya es la capital del mundo otomí. Pero allí, donde se hacen algunos de los tapetes más famosos del país, también se conservan algunas de las leyendas más representativas del mestizaje y la mezcla de culturas.

 

Elizabeth Bañuelos

Famoso por sus tapetes y dueño de una gran tradición ancestral, Temoaya es el municipio que cuenta con el mayor número de habitantes de origen otomí y por ello es considerado la patria de este pueblo.

Aunque la monografía de este municipio asegura que “la tradición oral alimenta con frecuencia la conversación cotidiana… con multitud de leyendas, dichos y refranes como si se tratara de verdaderos archivos vivientes”, los lugareños de la comunidad desconocen esas historias.

En los días de feria, alrededor del 25 de julio, se colocan puestos patrocinados por el Conalep, donde proporcionan información y cuentan las historias más representativas del lugar. Don Jesús es el cronista de la zona y, según los pobladores, es el único que conoce bien o que tiene más información sobre las leyendas de este municipio. Sin embargo es poco comunicativo y se negó a proporcionar información.

En este poblado se venera a Santiago Apóstol, uno de los discípulos de Jesús y que murió decapitado (también se le conoce como Santiago El Bueno), aunque existe otra imagen en la que Santiago aparece montado a caballo. Antiguas tradiciones narran que en el año 844, en una batalla entre españoles y musulmanes, los primeros invocaban al Apóstol Santiago: “Saint Iacob” (de tanto repetir esta invocación se juntan los vocablos y aparece Santiago), y apareció un jinete resplandeciente que cabalgaba como su líder en un caballo blanco y les daba la victoria sobre sus enemigos.

Según la leyenda de la fundación de Temoaya, después de la conquista de México se construyó en Xiquipilco (hoy Jiquipilco viejo) un templo de madera dedicado a Santiago Apóstol. En 1555 un incendio acabó con la iglesia y lo único que se salvó fue la imagen del santo.

Las autoridades virreinales, al enterarse del suceso, ordenaron trasladar la imagen a la catedral de la ciudad de México para que ahí se venerara; se organizó una peregrinación a pie para llevarla, pero cuando iban por el río Lerma se detuvieron a descansar y cuando quisieron continuar no pudieron porque la imagen se hizo pesadísima y no la pudieron levantar. Las autoridades ordenaron regresar la imagen a su ermita.

Prodigiosamente la imagen dejó de pesar pero al llegar a lo que hoy es Temoaya la imagen volvió a hacerse pesada y se optó por construir una capilla ahí para protegerla. Muchos habitantes de Xiquipilco llegaron a este lugar para fundar el nuevo pueblo.

Algunos habitantes de Xiquipilco tomaron aquel incendio como un mal presagio y optaron por cambiar el pueblo a otro lugar. Como no coincidieron sobre el sitio elegido se dividieron en tres grupos: los que se quedaron, los que fundaron San Juan Jiquipilco (en el norte) y los que emigraron hacia el sur y fundaron Temoaya.

Según el portal del gobierno de Temoaya, no hay fuentes documentales que mencionen la existencia de Temoaya en la época prehispánica, pero el Códice García Granados señala un intenso poblamiento del valle de Toluca a principios del siglo XII, lo que ha permitido afirmar que Xiquipilco antecede al pueblo de Temoaya, fundado hacia 1220.

Algunos creen que este pueblo surgió como una división de Xiquipilco a raíz de la conquista emprendida por los aztecas, a fines del siglo XV, ya que la Triple Alianza repartió las tierras conquistadas entre sus principales aliados de campaña. De hecho el pueblo de importancia en la zona era Xiquipilco. No obstante, el nombre de Temoaya empezó a aparecer en fuentes coloniales hasta mediados del siglo XVI.

Con respecto a la imagen del Señor Santiago, Don Rafa, un residente del municipio, cuenta que “en  tiempos de la revolución había un destacamento de soldados y en una noche lluviosa vieron que pasaba un jinete en un caballo blanco que se introdujo en el cementerio (actualmente unos arcos). Los que estaban de guardia, entre ellos un teniente, lo siguieron y vieron que entró al atrio y que la puerta de la iglesia estaba abierta y pensaron: “este se metió con todo y caballo a la iglesia”. Fueron a ver pero no había nadie. El teniente, más suspicaz, se metió a la capilla pero solo vio la imagen del Señor Santiago. Rodeó la imagen para buscar algo que le diera indicios y vio que los cascos del caballo de la imagen tenían lodo porque antes no teníamos las calles pavimentadas, sino pasos de tierra. La gente dice que el Señor Santiago estaba cuidando a su pueblo para que no hubiera pillaje”.

Como el santo se salía en las noches, la comunidad optó por mandar hacer un nicho de cristal para que dejara de hacerlo. Don Rafa cree que “hay muchas leyendas pero le mandaron poner el nicho porque es una imagen vieja y el obispo de aquel entonces dijo que mejor ya no lo toquen para que no se vaya a quebrar”.

Actualmente una de las creencias dice que nueve días antes de la fiesta en honor a Santiago, el 25 de julio, se realiza un novenario que se reza en cada una de las nueve entradas al pueblo, un día en cada una porque de no hacerlo una criatura maligna parecida a un lobo viene y trae desgracias para el lugar. Al rezar, la criatura viene pero ya no puede entrar y no ocurre nada.

El 18 de marzo de 1720 fue creada la Parroquia de Santiago Apóstol en Temoaya y la imagen que aquí se venera mide 1.80 metros y el caballo 1.40 metros de alzada. No se sabe quién ni cuando se elaboró pero corresponde al siglo XVI y está hecha con papel engomado, pasta de caña de maíz y pasta de zompantle o colorín.

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