Pueblo fantasma

* Los tawarghíes que han sobrevivido a la guerra se hacinan hoy en campos de refugiados como el de Fallah, al sur de Trípoli. Embarka Omar pertenece a una de las 100 familias que han encontrado refugio en los antiguos barracones de los obreros de una empresa de construcción turca. Las voces quebradas retumbando contra las paredes de uralita nos ayudan a reconstruir las piezas que faltan en el rompecabezas de la guerra de Libia.

 

Karlos Zurutuza/ IPS

Tawargha, Libia. Embarka Omar se desmorona ante las fotos de esta ciudad libia, donde nació y vivió hasta hace dos meses. “Algún día volveré”, se dice a sí misma esta joven de 25 años. Pero sabe que las terribles imágenes ante ella le dicen lo contrario.

Tawargha fue el cuartel general de las fuerzas del ahora fallecido líder libio Muammar Gadafi para el terrible asedio que el enclave rebelde de Misurata, 187 kilómetros al este de Trípoli, sufrió durante casi dos meses.

La que fue una vibrante localidad de 30 mil habitantes, la inmensa mayoría de raza negra, hoy no es más que un enorme “supermercado” en el que las familias de Misurata llenan sus vehículos con el botín de los saqueos.

Muchas de las casas han sido incendiadas, probablemente para evitar que sean reocupadas algún día por sus antiguos habitantes. Tawargha (“isla verde”, en lengua amazig) ya no es más que una ciudad fantasma en mitad del desierto libio.

Los tawarghíes que han sobrevivido a la guerra se hacinan hoy en campos de refugiados como el de Fallah, al sur de Trípoli. Embarka Omar pertenece a una de las 100 familias que han encontrado refugio en los antiguos barracones de los obreros de una empresa de construcción turca.

Las voces quebradas retumbando contra las paredes de uralita nos ayudan a reconstruir las piezas que faltan en el rompecabezas de la guerra de Libia.

“Cuando empezó la guerra, en febrero, muchos tawarghíes residentes en Misurata se volvieron a casa”, recordó Omar.

“Gadafi convirtió nuestra ciudad en un bastión desde el que dirigió el asalto contra Misurata y, de un día para otro, había casi tantos soldados como habitantes”, añadió.

Todavía estudiante de medicina, Omar se había ofrecido como voluntaria en el hospital de Tawargha para atender aquella emergencia.

“A principios de verano empezaron a faltar los suministros; la comida, las medicinas… ni siquiera había anestesia para las amputaciones. Los bombardeos eran incesantes, y en julio se fueron los últimos médicos que teníamos en el hospital; eran cinco coreanos”, recordó la joven, que sigue ayudando desde el botiquín en este campamento de refugiados.

Youssef Bashir recuerda muy bien la falta de asistencia médica. Habría sido padre en julio de haber podido llevar a su mujer embarazada al hospital Hisha, a 80 kilómetros al sur de Tawargha.

“Los soldados de Gadafi bloquearon los accesos y no nos dejaban salir. Decían que era para protegernos”, contó este extaxista, hoy sin vehículo ni ciudad por la que conducirlo. Durante toda la guerra se ha especulado mucho sobre el uso de civiles como escudos humanos en el lado gadafista. Sea como fuere, la situación en Tawargha se acabó volviendo insostenible para todos.

 

Huir del infierno

 

El asalto definitivo sobre Tawargha comenzó “oficialmente” el 10 de agosto, con un bombardeo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el que la coalición aseguraba haber “golpeado tres centros de control militar y dos arsenales de armas en las afueras de la ciudad”.

Sin embargo, testimonios recogidos tanto en este campamento como en el de Tarik Matar –a cinco kilómetros al sur de Trípoli- apuntan a que el acoso aéreo también golpeó el centro de la ciudad.

Dos días más tarde, Tawargha pasó del caos a un infierno que una marea humana luchaba por abandonar.

“La gente se nos cruzaba por la carretera suplicándonos que los sacáramos de allí. Íbamos ocho en el coche y no podíamos llevar a nadie más”, recordó Ahmed Farthini.

Aparentemente, muchos de aquellos que se quedaron huyeron a pie. Mohammed Jibril caminó durante dos días a través del desierto para llegar hasta Hisha, una travesía que este joven de 28 años no olvidará nunca.

“Calculo que éramos más de trescientos. Muchos caían exhaustos pero no podíamos hacer nada por ellos. Era una cuestión de pura supervivencia”, recordó Jibril. Aseguró que no deja de preguntarse si los familiares de aquellos que murieron en el desierto habrán recuperado sus cuerpos.

Hisha se convirtió en escondite para muchos de los refugiados, hasta que esta localidad a medio camino entre Misurata y Sirte fue también atacada. La terrible odisea continuaría luego hacia el este, hasta la localidad natal de Gadafi. E incluso más allá.

“Yo tenía familia en Sirte y pude quedarme –explica Wail Ahmad–, pero a muchos de otros les dijeron que alojarían a sus mujeres y a sus hijos en el colegio a condición de que se subieran a un camión para ir a luchar a Brega”, a 125 kilómetros al sureste de Bengasi, la capital rebelde.

Pero Brega tampoco tardaría en caer, por lo que la huída se produciría esta vez hacia el oeste, hacia la después aniquilada Sirte y la capital Trípoli, bajo control rebelde desde el 20 de agosto.

 

En Trípoli

 

“Cuando llegamos a Trípoli, vivíamos 60 personas en un piso durante un mes. Los hombres salían lo menos posible y las mujeres no lo hacíamos nunca. Muchos se quedaron en la playa porque Trípoli es un lugar muy peligroso para nosotros”, contó Embarka, refiriéndose al terrible acoso que ha sufrido la población negra en la capital libia en los últimos meses.

Ya el pasado 4 de septiembre, Human Rights Watch alertaba que “los arrestos arbitrarios generalizados y los abusos creaban un grave sentimiento de inseguridad en la población negra de la ciudad”.

Asimismo, Amnistía Internacional publicó varios informes a este respecto, muchos de los cuales señalaban inquietantes casos como el de un paciente de Tawargha que fue sacado del Hospital Central de Trípoli para ser “interrogado en Misurata”.

El Consejo Nacional de Transición (CNT) insistió en que “cualquier abuso, venga del lado que venga”, sería “investigado concienzudamente”.

No obstante, las declaraciones de Mahmud Jibril –el hasta hace poco primer ministro del CNT– en una comparecencia en el ayuntamiento de Misrata no invitaban al optimismo: “Respecto de Tawargha, mi punto de vista es que nadie tiene derecho a intervenir en este asunto excepto la gente de Misurata”.

En el campamento de Tarik Matar, Mabrouk Mohammed mostró a IPS con su computadora portátil un vídeo tomado el 1 de este mes, en el que un grupo de milicianos se llevaba a siete jóvenes del lugar.

Abdullah Tarhuni, comandante de Musa Binuser –una de las seis milicias presuntamente implicadas en el caso– se negó a hacer declaraciones al respecto, pero respondió sin vacilar cuando se le preguntó por un hipotético regreso de los refugiados a Tawargha.

“Tawargha ya no existe, en adelante se llamará “Nueva Misurata”.

La muerte de Gaddafi y los intersticios de la política internacional

* La muerte del líder libio deja una herida abierta en el mundo poscolonial. Con toda la alienación que haya provocado en el mundo árabe en sus 42 años en el gobierno, representaba un símbolo de la identidad y el nacionalismo de un mundo absolutamente regido por pautas coloniales del poder, que es la única forma de gobernar conocida en estos países.

 

Juan Francisco Coloane/ Argenpress

Si hay un rasgo notorio en la actualidad del mundo árabe, es el grado de fragmentación en las posiciones de ese nacionalismo, que no ha podido mantener una consistencia interna para no dejarse aniquilar por las presiones de Occidente. Con la actual ofensiva neocolonial de las potencias occidentales, el histórico nacionalismo árabe al ver cada vez más amenazada su integridad, deberá optar por algún tipo de reacción. El problema es también de orden cultural y esta zona es una caja de sorpresas.

La falta de unidad en el antiguo nacionalismo árabe es evidente. Más aún cuando aumentan las diferencias entre las facciones religiosas, así como los desequilibrios de desarrollo político y económico entre las naciones.

La muerte de Gadafi y la forma en que se derrocó a su régimen, con misiones veladas y objetivos tapados por parte de la Alianza Transatlántica, tampoco colabora para apaciguar el malestar y la incomodidad islámica y árabe respecto al trato colonial de Occidente. No hay que en cegarse demasiado con estos movimientos democráticos, porque también está la llama encendida de un radicalismo que responde a siglos de dominación unilateral de algunas potencias, que esencialmente están representadas en la Alianza Transatlántica.

En este plano, la muerte del líder libio, después de una resistencia que pasará a los textos de las leyendas árabes, por su resistencia y encono a la usurpación de su poder, probablemente tenga un impacto internacional más como símbolo de un período (de ciertas dictaduras) que terminan, que como un factor sinérgico para la consolidación de los movimientos de democratización en esa región.

Lo que permanece en evidencia es el proceso que ha llevado a esta lenta agonía de un régimen derrocado con el apoyo de Naciones Unidas, reflejando la complejidad de los actuales intersticios de la política internacional, y el juego del nuevo esquema de las potencias.

China y Rusia tienen su alto grado de responsabilidad en no haber impedido la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que permitió el apoyo a la fuerza multinacional de la OTAN acudir en ayuda a los rebeldes libios y derrocar el gobierno de Gaddafi.

No podría ser de otra forma porque hay que prestar atención a varios factores que son tareas pendientes en el rol hegemónico de las potencias, no solo desde el fin de la guerra fría, sino también desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

El manejo administrativo del planeta del gran capital internacional se ha desordenado. Las evidencias son numerosas y la más notoria está expresada en las diferencias de enfoque al interior de la Alianza Transatlántica de cómo abordar la expansión y el control global.

El enfoque de Barack Obama para lidiar con la hegemonía occidental en el mundo, es marcadamente diferente al que exhibe la tendencia predominantemente conservadora instalada en los gobiernos de David Cameron, Angela Merkel y Nicolás Sarkozy. Esta suerte de “Troika Occidental” que es en todo caso temporal responde a un eje de poder incuestionable en la alianza occidental como es el que conforman el Reino Unido, Alemania y Francia.

Es sabido que el gobierno estadounidense ha demostrado dentro de la determinación para estimular gobiernos democráticos en la región, una ostensible moderación conducente a evitar la polarización extrema de las opciones políticas que se vayan adoptando en esa región.

Reducir la influencia del radicalismo islámico ha sido la prioridad de la política exterior bajo el gobierno de Obama, cuestión que no se ha hecho evidente en la conducta exterior de los gobiernos particularmente de Cameron y Sarkozy. Como que en estas dos personalidades políticas se concentrara todo el peso de la ansiedad histórica de dos potencias como Francia y el Reino Unido por asumir con mayor autoridad los viejos espacios del poder colonial.

Por otra parte el deceso de Gaddafi estimula el apetito neocolonial de la Alianza Transatlántica para reposicionarse en una vasta zona, que comprende el Norte de África, Medio Oriente y el Golfo Pérsico.

El anticipar con precisión el impacto político en los procesos de cambio de régimen que se desarrollan en esta zona confronta con una compleja maraña de interrogantes situada más allá de la típica dicotomía radicalismo árabe o islámico versus moderación progresista. Por mucho que estas definiciones tengan cierto arraigo en los medios, no es exactamente la visión que prevalece en cada una de las naciones que atraviesan por esta revigorización de la participación ciudadana.

El extremismo también ha sido estimulado por los resabios de la Guerra Fría en donde se destaca la presión de las potencias por controlar y expandirse a toda costa. Está además el factor China e India en esta región, que confunde aún más el tablero del análisis. China es el nuevo capital sin un pasado histórico negativo en la región. India lo mismo. Esto de por sí es un capital mayor.

Es en esta zona del análisis donde pueden emerger nuevas situaciones y una recomposición más autónoma de estas sociedades, poniendo distancia de la letanía del modelo occidental de democracias que comprobadamente han exacerbado las desigualdades y han permitido gestar una nueva casta de políticos y propietarios del gran capital más corruptas que las anteriores.

Desde otra visión, la muerte del líder libio deja una herida abierta en el mundo poscolonial. Con toda la alienación que haya provocado en el mundo árabe en sus 42 años en el gobierno, representaba un símbolo de la identidad y el nacionalismo de un mundo absolutamente regido por pautas coloniales del poder, que es la única forma de gobernar conocida en estos países.

2011 será recordado además por la creación de una nueva doctrina (unilateral) de la ONU para derribar regímenes. Sucedió en Libia, podrá suceder en Irán y Siria y por qué no en Corea del Norte, o Myanmar. Si ese es el nuevo diseño del nuevo orden internacional y de la nueva doctrina de un Derecho Internacional que cada vez se parece más a un cajón de sastre, (con respeto a los sastres por cierto), que a un instrumento jurídico de ordenación de convivencia internacional, será más que recomendable que la ONU y la comunidad internacional hagan pública la implementación de esta nueva doctrina.

La nueva esclavitud

* Washington necesita desplegar el AFRICOM contra la penetración masiva de China en África: créditos blandos sin condicionamientos a los países, y más de 5 millones de trabajadores y profesionales chinos en una multiplicidad de emprendimientos sino-africanos. La Libia con el tirano Kadafi había evitado toda relación con la OTAN, y es uno de los 5 países africanos que rechazó integrarse en el AFRICOM.

 

Gustavo Herren/ Argenpress

Sin el contrapeso soviético y desenfrenados por las crisis económicas que ellos mismos producen, el imperialismo estadounidense y el europeo, junto con sus aliados árabes, siguen la hoja de ruta para el proyecto del Gran Oriente Medio y Norte de África. Sistemáticamente van avanzando sobre cada uno de sus objetivos, Irak, Afganistán, Sudán, Libia, Siria, Líbano, Somalia e Irán. Las grandes potencias occidentales se realimentan aplicando en Libia las lecciones aprendidas en Kosovo, Irak y Afganistán.

Cuando la injerencia es directa o invaden un país soberano, las grandes potencias imperio-colonialistas invocan valores nobles y humanitarios. Llevan la libertad y seguridad a la población, la modernidad, la civilización, el progreso, el desarrollo y la democracia, pero no cualquiera, sino la democracia liberal con su ideología insertada en el régimen capitalista de mercado. Suponen que no solo deberían estarles agradecidos los traidores y entregadores locales sino el pueblo invadido como un todo.

Al respecto Obama declaró ‘…el gobierno de Estados Unidos y el pueblo de Libia están unidos por sentimientos de libertad, justicia y dignidad, sus sacrificios han sido extraordinarios. Vamos a continuar en firme coordinación con el Consejo Nacional de Transición… Estados Unidos es amigo y socio de los libios y vamos a trabajar como socios y aliados para proteger sus intereses‘.

Desde el comienzo los líderes del triplete franco-anglo-estadounidense que comanda la invasión, ya habían declarado abiertamente su objetivo, Sarkozy afirmó ‘…Es imposible imaginar un futuro para Libia con Kadafi en el poder… permitirlo sería una traición inconcebible para el pueblo de Libia… que se convertiría en un Estado paria y fallido… mientras Kadafi siga en el poder, la OTAN y la coalición mantendrá sus operaciones para proteger a los civiles y presionar al régimen… luego puede comenzar una transición genuina, de la dictadura a un proceso constitucional inclusivo conducido por una nueva generación de líderes’.

Hace casi seis meses, cuando lanzaba la operación Odisea del Amanecer para proteger al pueblo libio, el presidente premio Nobel de la Paz también deslizó públicamente el objetivo de la invasión ‘…Kadafi ha perdido legitimidad y debe irse… Es necesaria una transición ordenada, significativa y pacífica‘. Luego reajustó su discurso ‘…La política de Estados Unidos sobre el líder Muammar Kadafi es que necesite irse’, confirmando que los bombardeos humanitarios de la OTAN serían sobre objetivos civiles para crear el caos en la población. De hecho sus bombas ‘inteligentes’ destruyeron establecimientos sanitarios, de salud, educativos, de abastecimiento, usinas de energía, edificios oficiales, fábricas, rutas, puentes y viviendas de la población con cientos de civiles asesinados.

Actualmente, después de 20 mil misiones y más de 5 mil ataques aéreos, y mientras la OTAN realizaba un furibundo bombardeo personalizado contra la vivienda del Hermano Líder y su familia, siguiendo la técnica de los asesinatos selectivos (como la que aplicaron a Osama bin Laden), el oscuro presidente pronosticó que el cambio de régimen estaba por ser alcanzado : ‘…El gobierno de Kadafi ha llegado a su fin… la oposición debe seguir tomando medidas para la transición pasiva, inclusiva y justa de los derechos de los libios’. La declaración fue rápidamente difundida y celebrada por las 4 grandes agencias internacionales de noticias que generan el 80% de la información mundial. Del otro lado, la respuesta ante la prepotencia colonial de Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y la OTAN a 188 días de terror, muerte y destrucción y fue la de un guerrero del desierto ‘…Victoria o muerte contra la agresión’.

Los imperialistas están aplicando en Libia las lecciones aprendidas en Irak y Afganistán. En estos países, a pesar de la coalición de aliados, Estados Unidos no logró evitar el impacto y el desprestigio internacional por la matanza de cientos de miles de iraquíes, que provocó la Operación Libertad Iraquí para protegerlos de las armas de destrucción masiva y los excesos del monstruo Saddam Hussein, armado por el mismo Pentágono. En Libia, se bajó el perfil. Washington comanda desde atrás, encubierto como sus drones, Francia e Inglaterra más expuestos, pero todos diluyendo responsabilidades detrás de la gran pantalla, la corrupta OTAN constituida en gendarme mundial con la ONU a su servicio, junto con 14 países socios agresores y 14 que no participaron directamente, sino de una manera u otra como cínicos cómplices de la masacre libia.

Para los liberales toda crisis encierra una oportunidad, encontrar el orden dentro del caos es saber manipularlo, las revueltas árabes y el error de Kadafi con una represión supuestamente desproporcionada, crearon condiciones para que las potencias desaten una Guerra de Masas en Libia, y próximamente ni bien Europa y Estados Unidos la utilicen para recuperarse económicamente, en Siria, otro potencial aliado de Irán. La guerra de masas, es aquella provocada por elites extranjeras contra toda la masa de un pueblo, fogoneando las divisiones y enfrentamientos internos y suministrando armas y soporte económico a bandos estratégicamente elegidos para que se maten entre sí, habilitando la dominación extranjera. Lo que el presidente Chávez llamó la guerra de perros. Estados Unidos e Inglaterra son especialistas, esta última la aplicó como imperio colonial en la conquista de la India y con las guerras del opio en China. Últimamente lo hicieron en Yugoslavia y en Sudán, con la reciente secesión de la petrolera y pro-estadounidense región sur.

Se sabía que los brutales ataques aéreos de la OTAN difícilmente serían suficientes para derrocar al gobierno libio. La última fase del plan requeriría la invasión de tropas terrestres extraterritoriales. Pero la oposición libia no veía esto con buenos ojos, mostrando además su preocupación de que la población de Trípoli no se sienta invadida por tropas de Libia oriental. Por otro lado, teniendo en cuenta las experiencias del pantanal iraquí, los imperialistas estadounidenses y europeos tampoco volverían a cargar con el costo político mundial de aparecer nuevamente como invasores. Obama se ufanó ‘…Nuestros pilotos han realizados sus misiones con mucha valentía sin tener una sola tropa de Estados Unidos en tierra libia’.

Washington con todo éxito tercerizó en Honduras el golpe de estado contra el presidente Manuel Zelaya, el poder inteligente de Obama utilizó la experiencia para el golpe contra el gobierno de Kadafi.

La solución fue que la OTAN realizó la invasión indirectamente, mediante terceros. Se abrieron centros de reclutamiento de mercenarios, en Arabia Saudita, en Emiratos Árabes Unidos y en Qatar, la CIA y el MI6 los organizaron en Libia. Se configuró un ejército mercenario con nativos de tribus descontentas, con salafistas de Bengasi y Dernah, con egipcios de la Hermandad Musulmana, con tunecinos, y hasta con la participación de paramilitares colombianos y extremistas relacionados con Al Qaeda, los movimientos populares rebeldes armados nunca estuvieron. Aunque este fue el apantallamiento, detrás de esta fuerza contratista se hallaban los militares de Francia, Inglaterra, Europa del Este y Qatar entre otros.

Obama manifestó ‘…La OTAN ha probado que es la alianza más capaz del mundo con su fortaleza y aviones acompañada de ideales democráticos que muestran lo que puede suceder cuando trabajamos como socios iguales’, refiriéndose a los sediciosos del Consejo Nacional de Transición libio (una caterva compuesta entre otros por oportunistas y desertores del gobierno de Kadafi, neoliberales formados en los centros de poder occidental, líderes de las tribus adversarias, extremistas religiosos yihadistas de Darnah), y al furibundo lanzamiento de la operación ‘Amanecer de la Sirena’. Esta última estocada final, fue posible porque el gobierno de Obama, facilitó a las fuerzas especiales terrestres anglo francesas y a la OTAN el uso de la información de inteligencia de los drones, aviones y satélites del Pentágono (lo cual no sorprende a muchos argentinos, ya que una actitud equivalente tuvo Washington con Gran Bretaña en la guerra de Malvinas; Kadafi fue uno de los pocos que durante el conflicto proporcionó armas a Argentina). El ataque sobre la plaza de Trípoli y sus alrededores, tuvo una envergadura tal que la mitad de la Fuerzas Armadas libias sufrió bajas. Al bombardeo por saturación de la OTAN, se sumó el masivo ataque con helicópteros, el desembarco de armamento pesado y de tropas, y la ofensiva de grupos infiltrados en la misma ciudad. El saldo, una carnicería humana con miles de muertos y heridos.

Una lección sobre cuáles son las leyes de las grandes potencias occidentales que ostentan los primeros puestos en la estratificación jerárquica de la estructura internacional, es considerar el error que cometió Kadafi al confiar en los imperialistas creyendo que el servilismo y la cesión garantizaría su protección. Para éstos, el líder nunca dejó de ser no confiable e impredecible. En el fondo las leyes de las grandes potencias imperialistas/colonialistas, encubiertas por el derecho internacional articulado por ellas mismas, son simples y rudimentarias. Las relaciones son de puro interés, 100% pragmáticas, y aplicadas con una unilateralidad e impunidad proporcional al poder que los mantiene en la escala jerárquica mundial. Una suerte de colorario de la primitiva y tosca ley del más fuerte. Muchos líderes conocen que las grandes potencias no intercambian favores, sino que estos funcionan en un solo sentido, el servilismo no implica protección.

El presidente Chávez muestra conocer bien el tema. El oro es el actual refugio especulativo frente al debilitamiento del papel fiduciario de intercambio mundial, el dólar. Una muestra de la dependencia de los Estados menores a las grandes potencias, es que muchos de estos países siguen exportándoles la mayoría de sus recursos mineros auríferos, con regalías irrisorias, tal es el caso de Argentina. E increíblemente la subordinación al orden capitalista imperante es tal, que tienen depositadas como garantía partes significativas de sus reservas monetarias y en oro en los bancos de las grandes potencias capitalistas del norte. En el caso de Venezuela, en Suiza, Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania, y en bancos como el Banco de Pagos Internacionales de Basilea, el Barclays Bank, JP Morgan y la Reserva Federal de Estados Unidos, el BNP Paribas, el Deutsche Bank, Bank of Nova Scotia y el Banco Mundial entre otros. Otro tanto pasaba con las reservas internacionales de Libia. Pero debido a las sanciones económicas impuestas por las grandes democracias del norte para defender los intereses del pueblo libio, desaparecieron robadas tal vez, las reservas internacionales del país, unos 200 mil millones de dólares que el gobierno había depositado en los bancos occidentales, y que las usinas mediáticas del imperio intencionalmente llamaban fondos de la familia Kadafi.

Venezuela, con Chávez próximo a las elecciones y afectado por la enfermedad es otra plaza a tomar por la superpotencia imperialista del norte y sus aliados. Por lo pronto, el líder venezolano anunció que el gobierno repatriará las reservas de oro en el exterior y nacionalizará la explotación minera de ese metal, así como que movilizará las reservas internacionales del país, en parte hacia bancos de China, Rusia, India, Brasil y Sudáfrica.

Después de la ‘destrucción constructiva’ de la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista, es decir dejar tierra arrasada, eliminar al enemigo militar y controlar a los opositores, los neocolonialistas deben reconstruir desde cero y en el nuevo orden capitalista, un Estado según el modelo angloestadounidense de Westfalia. Para evitar un nuevo Irak, deben de inmediato restaurar la vida normal en Trípoli y en el país, para esto tienen listos programas de apoyo económico internacional, de ayuda humanitaria de la ONU, y de los países islámicos ganadores como Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Turquía.

Con las lecciones aprendidas sobre la guerra urbana irregular en el pantano de Irak y la resistencia talibán en la ciénaga de Afganistán, los neocolonialistas, que ya se están peleando por la repartija del botín libio incluido el negocio de la reconstrucción, buscan evitar un nuevo arenal. Por ello, buena parte de las fuerzas de seguridad de Trípoli provendría de la misma ciudad, con contratistas opositores y desertores. Para apoyar al Consejo de Transición pos-Kadafi, arribaría inmediatamente a la capital ‘como policía’, una fuerza de transición de más de un millar de combatientes de Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Por su parte el Pentágono está preparando tropas que entrarán a Libia para ayudar a proteger las armas.

Respecto de destino planificado para el gran tirano, el Hermano líder, después que fracasara el intento de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos para asesinarlo, el Consejo de Transición puso precio por su cabeza, vivo o muerto, al mejor estilo estadounidense del ‘Far West’. Por si esto fuera poco, el fiscal argentino de la Corte Penal Internacional condenó a Kadafi por los crímenes en Libia, pero no a George W. Bush y los otros líderes cómplices occidentales por los crímenes y masacres de civiles en Irak y Afganistán.

Todo gobierno que defienda los intereses nacionales y de su pueblo afectando a los imperialistas, es una amenaza que deberán revertir. El corrupto Hermano Líder, planeaba aumentar del 30% al 50%. La participación del Estado libio en el petróleo. Salvo Italia y Alemania, las petroleras occidentales estaban disconformes con los contratos y condiciones del gobierno, considerados extremadamente duros y ‘abusivos’. A pesar de todo, el 90% de las ganancias petroleras quedaba en el país. En 2009, Kadafi rechazó el bajo precio del petróleo debido a la crisis global, y amenazó con expulsar a las grandes petroleras estadounidenses y europeas en favor de la compañía petrolera nacional de Libia, lo que hizo que Washington que lo calificara como amigo del ‘nacionalizador Chávez’. Libia es una de las mayores reservas petroleras de África, y mas importante aún, con la mayor parte de su subsuelo todavía sin explorar.

Washington necesita desplegar el AFRICOM contra la penetración masiva de China en África: créditos blandos sin condicionamientos a los países, y más de 5 millones de trabajadores y profesionales chinos en una multiplicidad de emprendimientos sino-africanos. La Libia con el tirano Kadafi había evitado toda relación con la OTAN, y es uno de los 5 países africanos que rechazó integrarse en el AFRICOM. El Pentágono proyecta plantar bases militares en el norte de África, y es probable que con el nuevo gobierno títere llamado Consejo Nacional de Transición, la cede central del AFRICOM no tarde en ser trasladada de Stuttgart (Alemania) a un nuevo hogar, Trípoli. Sería buen escarmiento para los libios anti-imperialistas y una advertencia para los Estados menores de África y Sudamérica, al convalidarse el principio R2P (Responsabilidad Para Proteger) aplicado en Serbia, en que las grandes potencias pueden intervenir donde quieran con la excusa del derecho a proteger a los civiles.

La Cumbre América del Sur – África 2011, debía realizarse en Libia. En la anterior en Venezuela (2009), Kadafi había cuestionado al Consejo de Seguridad de la ONU, había llamado a la unidad del Sur y propuesto la creación de una ‘OTAN del Sur’ : ‘…Tenemos que luchar para construir nuestras propias fuerzas. … Miren el Atlántico Norte, no hay una separación, América del Norte está vinculada desde todo punto de vista con Europa, a través de las comunicaciones, de las flotas, de todo. En cambio en el Atlántico Sur, hay un vacío y lo tenemos que llenar antes que lo hagan otros. Poner fin a ese abismo y crear continuidad entre nosotros, ya sea a través de alianzas, convenios, pactos, para organizar una acción histórica, estratégica, que pueda llenar ese vacío de manera que redunde en beneficio de la comunicación marítima, aérea, gasoductos, oleoductos, del turismo, etc. Que el Sur se interconecte como la OTAN del Norte. Ellos se sienten fuertes y muy potentes. Tienen su teoría: piensan que el mundo se divide en dos partes: señores y esclavos. En el norte están los señores y en el sur los esclavos. Y que en el mundo hay dos partes: una que produce y otra que consume. El norte produce, el sur consume lo que produce el norte. Si trabajamos juntos, quebrantaremos esa teoría…’

Libia coloca a China en el centro de la atención mundial

* ¿Es Libia el principio del control total global de EU? ¿Qué busca Obama al desestabilizar la zona petrolera más rica del orbe? ¿Por qué engañan los gringos al mundo con argumentos revolucionarios y levantamiento de pueblos contra supuestos tiranos? ¿De qué lado se coloca China? ¿Hacia dónde va la transformación mundial norteamericana?

 

M. K. Bhadrakumar/ Asia Times Online/ Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Launcelot Gobbo dijo a su anciano padre en un momento conmovedor de la obra El mercader de Venecia, de Shakespeare: «La verdad saldrá a la luz, el crimen no se puede ocultar durante mucho tiempo». Pero la tragedia de la vida es que a menudo, para cuando «la verdad salga a la luz», Gobbo habrá llegado a estar medio ciego y ya no podrá ver a su hijo.

Para los cientos de miles de iraquíes que perecieron desde 2003 no es consuelo alguno que la «verdad haya salido a la luz»: que la guerra fue ilegítima, creada por la codicia y la arrogancia imperial. Por eso, es importante que la intervención en Libia propuesta por EU no se convierta en otra estadía más de asesinatos en otro país desconocido.

Un informe en el Sunday Times de Londres de que una unidad de fuerzas especiales británicas fue capturada en el este de Libia subraya que la «verdad» vuelve a escasear una vez más. Cualquiera que siga los eventos en Libia sabrá que el control de Muamar el Gaddafi sobre las provincias orientales de su país, en especial Bengasi, es débil en el mejor de los casos. Libia es un complejo mosaico tribal y los servicios de inteligencia occidentales aprovecharon el talón de Aquiles de Gaddafi.

 

La guerra es la única opción

 

El secretario de defensa británico, Liam Fox, escribió recientemente un artículo en el Sunday Telegraph de Londres en el que argumenta que el impacto del levantamiento en Medio Oriente será trascendental y resonará durante muchos años, suscitando así la pregunta de cómo las fuerzas británicas reaccionarían ante situaciones de crisis. Fox prometió que fortalecería las fuerzas especiales de Gran Bretaña como respuesta a la revuelta árabe. He aquí algunos pasajes de su artículo:

«Los acontecimientos de los últimos días pueden producir un choque estratégico y cambiarán la manera cómo vemos el mundo. La velocidad de los eventos en el norte de África ha mostrado con qué rapidez pueden cambiar las circunstancias y con qué rapidez el Reino Unido puede ser involucrado. Una isla como Gran Bretaña, con tantos intereses en tantas partes del mundo […] se ve inevitablemente afectada por la estabilidad global […]. Si fuera necesario, podríamos poner en marcha una fuerza de 30.000, incluidos recursos marítimos y aéreos, para una intervención especial. Aunque no puedo entrar en detalles, nuestras Fuerzas Especiales, respetadas internacionalmente y probadas en la batalla recibirán capacidades significativamente realzadas».

Evidentemente, la «opción de la intervención» impulsa a la implacable fuerza anglo-estadounidense. Un poco más atrás, es seguida por Francia para no perder los «dividendos de la paz» que vienen después de la intervención: el petróleo libio. La analogía con la guerra de Iraq es impresionante, con la excepción de que las cosas avanzan muy rápido.

Los senadores John McCain y Joseph Lieberman de EU bosquejaron enérgicamente el anteproyecto para el presidente Barack Obama inmediatamente después de volver a Washington después de sus consultas en Tel Aviv. Instaron a Obama a que emprendiera una acción más dura contra Gaddafi. Lieberman exigió: «El hecho es que ahora es el momento para actuar, no para hacer declaraciones».

McCain aclaró pasos específicos: «los pilotos libios no podrán volar si hay una zona de exclusión aérea y podríamos utilizar recursos aéreos para asegurar que así sea. Hay que reconocer a algún gobierno provisional que la parte oriental de Libia trate de establecer, ayudarles con ayuda material, asegurar que cada uno de los mercenarios sepa que […] se verá frente a un tribunal de crímenes de guerra. Hay que ponerse duro».

En esto, Obama se puso «duro». El principal corresponsal militar de Politics Daily, David Wood, informó desde Fort Bragg, Carolina del Norte, hace cuatro días:

«Con órdenes de la Casa Blanca de prepararse para “todas las opciones”, planificadores militares en todos los servicios armados se apuran, desde el XVIII Cuerpo Aerotransportado y la 82ª División Aerotransportada, con su base aquí, al Comando Central de EU y el Comando de Operaciones Especiales de EU en Tampa, Florida, hasta la célula de operaciones futuras de la 26ª Unidad Expedicionaria de los Marines, embarcada en el USS Kearsarge, un ambicioso transporte anfibio de ataque dirigido hacia Libia desde el Mar Rojo […]. Ninguno de los planificadores estadounidenses involucrados está dispuesto a hablar oficialmente.

«En privado, sin embargo, los planificadores, estrategas y analistas describen una gama de misiones potenciales desde la imposición de zonas de “no vuelo” y de “no movimiento” […] al lanzamiento de operaciones humanitarias y de ayuda limitadas y de corta duración. Y como los planificadores de operaciones deben considerar situaciones en el peor de los casos, algunos también consideran una intervención armada en mayor escala».

Agence France-Presse informó desde Atenas que el USS Kearsarge y otro barco de guerra, el USS Ponce, ya habían anclado en la base naval de EU en la isla griega de Creta y que el grupo anfibio preparado incluye a 800 marines y a una flota de helicópteros. El portaaviones estadounidense USS Enterprise (con cazabombarderos que podrían imponer una zona de no-vuelo) también está disponible para la crisis en Libia.

 

¿Definición de un momento histórico?

 

En breve, el intento de Washington de mostrar que sus planes para Libia vienen influidos por los eventos no tiene sentido. Evidentemente, EU está definiendo un momento histórico: si los intereses económicos vitales del mundo occidental son amenazados, sólo EU puede rescatarlos, incluso si el teatro se encuentra en la vecindad inmediata de Europa.

A diferencia del caso de la guerra de Iraq, Europa respalda sólidamente a EU. No hay voces disonantes, como la de Jacques Chirac de Francia o la de Gerhard Schroeder de Alemania, que no tomen en serio la inminente intervención estadounidense. Intereses económicos y empresariales vitales de Europa están en juego en Libia.

Pero las velas de Obama también son impulsadas desde otros dos lugares. Primero, la actitud «cooperativa» de Rusia. Rusia no se opone a los planes de EU, lo que le facilita las cosas a Obama en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y le evita el estigma del «unilateralismo». Los diplomáticos rusos se esforzaron por lograr que la resolución unánime sobre Libia fuera aprobada en Nueva York, lo que fue una contribución importante para la diplomacia estadounidense.

Evidentemente, el «reajuste» de Obama con Moscú está teniendo efecto. Obama ha consentido exitosamente a los caprichos rusos de ser tratados como una «potencia igual». Ahora, incluso podría haber más trueques entre EU y Rusia en los próximos meses después de la crisis de Medio Oriente. Los iraníes ya expresan su inquietud de que Moscú esté nuevamente jugando a los escondites sobre el inicio de la planta de energía nuclear de Bushehr.

En todo caso, sea o no por coincidencia, el vicepresidente de EU, Joseph Biden, visitará Moscú y Washington ha ofrecido la defensa de misiles y la participación de Rusia en la Organización Mundial de Comercio como dos áreas prioritarias en las políticas estadounidenses en 2011.

En todo caso, todo este negocio de democracia y «despertar árabe» nunca excitó verdaderamente a Rusia. En la visión «desideologizada» del mundo de Rusia, con un acento total en sus propios intereses, no existe un requerimiento de promover la democracia en el exterior. De hecho, la democracia se puede propagar como una enfermedad contagiosa y, después de todo, el Gran Medio Oriente y el «mundo musulmán» también incluyen el Cáucaso y las estepas centroasiáticas.

También para China, probablemente, exista un desasosiego respecto al virus de la democracia. Pero es una preocupación periférica y probablemente una molestia. Pero China es siempre un país singular y su conducta en Nueva York fue muy poco normal al votar por la resolución de EU para imponer sanciones contra Libia y enviar a ese país ante la Corte Penal Internacional.

La no intervención ha sido un principio crucial para China. Respecto a Myanmar, Zimbabue o Corea del Norte, la posición de China ha sido consecuente. ¿Fue el espectro de Gaddafi pisoteando el más sagrado de los principios chinos: la estabilidad? China tiene muchos intereses en la estabilidad de Medio Oriente y sucede que sus intereses económicos coinciden con los intereses orientales.

Pero esto no basta para explicar la nueva posición china sobre la soberanía nacional. Un motivo podría ser que la propia China se vio a la defensiva durante gran parte del año pasado al ser puesta en la picota (con razón o sin ella) como un poder «autoritario», y que 2010 resultó ser un año catastrófico para China en política exterior. Libia presenta una oportunidad para que China sea «protagonista», junto a los países occidentales.

La manera de cómo China evacuó a sus ciudadanos de Libia también es relevante. Una fragata china fue innecesariamente incluida en la misión y cuatro aviones de transporte militares chinos despegaron de Xinjiang y aparecieron en los cielos mediterráneos en una acción sin precedentes. Además, al no solo evacuar a sus propios ciudadanos, sino al ayudar a rescatar a cientos de europeos, bangladesíes y vietnamitas, China probablemente demostró su disposición a soportar la carga de una potencia mundial.

Sin embargo, sigue existiendo la gran pregunta: ¿es un caso aislado o ha llegado el momento definidor de China como colaborador de EU en asegurar el «patrimonio común global»? Lo sabremos cuando EU presione al Consejo de Seguridad de la ONU para que se establezca una zona aérea restringida sobre Libia.

El hecho de que EU y sus socios están discutiendo la opción de la zona de «no-vuelo» fuera de la ONU si fuera necesario hace parecer que Obama no está lo bastante seguro de hasta dónde está dispuesta China a ceder en sus límites.

Se está conformando un precedente de inmenso significado para la seguridad internacional, y China tiene muchos motivos para la introspección. Como Launcelot Gobbo planteó a su padre ciego: «¿me parezco a un garrote, a una viga, a un bastón o a un poste? ¿Me reconoces, padre?».

 

…………

 

El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanza, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía

 

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 Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MC08Ak02.html

Las tribus contra el búnker

* Sea lo que sea lo que emerja de este volcán, cuesta imaginar una Libia no fracturada siguiendo líneas tribales. Es justo decir que la juventud libia tribal que salió a las calles a luchar contra el régimen armado de Gadafi considera la mentalidad tribal como la peste. No desaparecerá de un día para otro. Sin embargo, la mejor esperanza posible bajo las difíciles circunstancias, con la amenaza de una crisis humanitaria y el espectro de la guerra civil, es que internet impulse al país a una era post tribal. Antes de eso, debe caer un búnker.

 

José Escobar/ Asia Times Online/ Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens/ Rebelión

La revolución en Libia es una revolución tribal. No fue, y sigue sin ser, dirigida por jóvenes intelectuales urbanos, como en Egipto, o por la clase trabajadora (que en su mayoría está compuesta, de hecho, por trabajadores extranjeros). Incluso a pesar de que los protagonistas del levantamiento contra Muamar Gadafi pueden ser una mezcla de libios de a pie, juventud educada y/o desocupada, una sección de las clases medias urbanas y desertores del ejército y los servicios de seguridad, lo que los traspasa a todos es la tribu. Incluso internet, en el capítulo libio de la gran revuelta árabe de 2011, no ha sido un protagonista absolutamente decisivo.

Libia es tribal de la A a la Z. Hay 140 tribus (qabila), 30 de ellas clave: una de ellas, Warfalla, representa a un millón de personas (de una población de 6,2 millones). A menudo, llevan el nombre de las ciudades de las que provienen. El coronel Gadafi dice ahora que el levantamiento libio es un complot de al-Qaida impulsado por hordas drogadas con leche y Nescafé mezclados con drogas alucinógenas. La realidad es menos lisérgica: es un concierto de tribus que terminará por derribar al rey de reyes africano.

Un inmenso grafiti en la Bengasi liberada dice: «No al sistema tribal». Es una vana ilusión. Los oficiales del ejército libio son una colección de notables tribales seducidos o sobornados por Gadafi, que sigue una estricta estrategia de dividir para gobernar desde el nacimiento del régimen en 1969. Tanto en Túnez como en Egipto, el ejército fue crucial en la caída del dictador. En Libia, es mucho más complicado. El ejército no es tan importante en comparación con las milicias paramilitares, privadas y mercenarias, dirigidas por hijos y parientes de Gadafi.

Gadafi y su hijo «modernizador», Saif, ya han jugado las únicas cartas que les quedan, a falta del genocidio: sedición (fitna) e islamismo, muy al estilo de Hosni Mubarak, como cuando dice «soy yo o el caos». En el caso del clan Gadafi, es como sigue: sin mí, es guerra civil (en realidad fabricada por el propio régimen) u Osama bin Laden (invocado como deus ex machina por el propio Gadafi). La mayoría de las tribus no se tragan ese guión del «dios surgido de la máquina».

Las perspectivas de Gadafi son sombrías. La tribu Awlad Ali, en la frontera egipcia, está en su contra. Az Zawiyya se le ha opuesto desde principios de esta semana. Az-Zintan, a 150 kilómetros al sudoeste de Trípoli, está centrada en Warfalla; todos están en su contra. La tribu Tarhun, que, crucialmente, incluye más de un 30% de la población de Trípoli, se le opone. El Jeque Saif al-Nasr, ex jefe de la tribu Awlad Sulaiman, habló por al-Jazeera para llamar a los jóvenes tribales del sur a sumarse a las protestas. Incluso, algunos de su pequeña tribu, Qadhadfa, ahora está en su contra.

 

Matando a la sociedad civil

 

La tribu, con sus clanes y subdivisiones, es la única institución que ha regulado durante siglos la sociedad de esos árabes que han vivido en las regiones de los colonizadores italianos a principios del siglo XX, llamadas Tripolitania, Cirenaica y Fezzan.

Después que Libia llegó a la independencia en 1951, no hubo partidos políticos. Durante la monarquía, la política sólo tuvo que ver con tribus. Sin embargo, la revolución de Gadafi del 1969 replanteó el papel político de las tribus: sólo se convirtieron en garantes de valores culturales y religiosos. La ideología de la revolución de Gadafi giraba alrededor del socialismo, con el pueblo, teóricamente, como sujeto de la historia. Los partidos políticos también fueron descartados. Fue la hora de los comités populares y el congreso popular. La vieja elite, los ancianos de las tribus, fue aislada.

Pero el tribalismo devolvió el golpe. Primero, porque Gadafi decidió que los puestos en la administración debían ser distribuidos por afiliación tribal. Y luego, durante los años noventa, Gadafi renovó las alianzas con los dirigentes tribales; los necesitaba «para librarse de la creciente oposición y de diversos traidores». Y aparecieron los «comandos sociales populares», que combatieron la corrupción, solucionaron disputas locales y terminaron por consagrar a la tribu como protagonista político.

Gadafi se aseguró de tener una alianza impenetrable con los Warfalla y, mediante una estrategia centrada en una consigna «pueblo armado», logró domar al ejército. Los puestos clave en el servicio secreto fueron entregados a su tribu, Qadhadfa, y a uno de sus compañeros revolucionarios, Maqariha. Esto significó esencialmente que esas dos tribus obtuvieron el monopolio todos los sectores clave de la economía, y eliminaron, literalmente, toda oposición.

El resultado inevitable de ese sistema político tribal fue el desgajamiento de una sociedad civil basada en instituciones democráticas. La clase media educada se quedó sin nada. Luego vino el embargo de las Naciones Unidas, que duró una década. La economía, que ya estaba en mal estado, cayó en picado; nunca hubo una redistribución decente de la riqueza del petróleo y del gas. La inflación y el desempleo se dispararon. La retórica fue siempre de «democracia directa»; la realidad era que los pocos «ganadores» formaban parte de una burguesía estatal reaccionaria, ya fueran reformistas, dirigidos por Saif; conservadores (fieles al Libro Verde de Gadafi); o tecnócratas (los que disciernen jugosos tratos con corporaciones extranjeras).

 

Año cero en Cirenaica

 

No es sorprendente que el levantamiento haya comenzado en Bengasi, que quedó fuera de toda estrategia de desarrollo, en una región, Cirenaica, con una infraestructura absolutamente pésima en comparación con Tripolitania.

Ahora el oficialmente llamado Jamahiriya, «el Estado de las masas», está a punto de derrumbarse. Es año cero en Cirenaica. Es imposible dejar de recordar los primeros días de Iraq «liberado» en abril de 2003. El Estado ha desaparecido. Comités populares, grupos islámicos, y bandas armadas controlan ahora territorios enteros. Nadie sabe cómo se desarrollará esto o lo que pueda suceder después de la batalla de Trípoli (suponiendo que la oposición pueda obtener algún armamento pesado serio). Una fuerte posibilidad es la emergencia de territorios tribales auto-gobernados controlados por las tribus, como en Afganistán y Somalia o, de hecho, que regiones enteras se independicen, a pesar de los esfuerzos de la oposición en el exilio por disipar esos temores.

Antes de eso, como ha advertido Gadafi, correrá la sangre. La fuerza aérea está controlada directamente por el clan Gadafi. Además, dos de sus hijos están en posiciones clave: Moutassim es jefe del Consejo Nacional de Seguridad y Khamis es comandante de una brigada de fuerzas armadas. El ejército tiene 150 mil soldados. Los máximos comandantes militares tienen todo que perder si no apoyan a Gadafi. Según los mejores cálculos, Gadafi todavía podría contar con 10 mil soldados. Para no hablar del ejército mercenario «africano negro» pagado en oro, en su mayoría insertado en Libia a través de Chad.

Sea lo que sea lo que emerja de este volcán, cuesta imaginar una Libia no fracturada siguiendo líneas tribales. Es justo decir que la juventud libia tribal que salió a las calles a luchar contra el régimen armado de Gadafi considera la mentalidad tribal como la peste. No desaparecerá de un día para otro. Sin embargo, la mejor esperanza posible bajo las difíciles circunstancias, con la amenaza de una crisis humanitaria y el espectro de la guerra civil, es que internet impulse al país a una era post tribal. Antes de eso, debe caer un búnker.

 

* Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su último libro es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.

 

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Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MB26Ak05.html

 

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