Oaxaca

* De acuerdo con la estatal Secretaría de Seguridad Pública (SSP), el número de mujeres presas en las cárceles de Oaxaca representa el seis por ciento del total de la población penitenciaria en el estado. Entre las 234 reclusas están las que se encuentran bajo proceso y las sentenciadas tanto del fuero común como del federal.

 

Patricia Briseño/ Cimac/ IPS

 

Oaxaca. María “S” recuesta a su hijo de un año en una de las frías planchas de concreto de su celda en el penal central de Santa María Ixcotel, en la zona conurbada de esta ciudad en el extremo suroeste de México.

Apenas envuelto con una pequeña cobija, el pequeño llora, tal vez de hambre o de tristeza. María “S” (cuyo apellido se mantiene anónimo a su pedido) lo arrulla un poco y finalmente se acuesta en el suelo, mientras la observan sus otras nueve compañeras que comparten el espacio de poco más de 20 metros cuadrados.

Procesada por el delito de narcomenudeo, María “S”, de 19 años e indígena zapoteca, es tan solo una de las 234 mujeres presas en los 14 reclusorios que hay en el estado de Oaxaca, con su capital del mismo nombre.

Hacinada y abandonada por sus familiares, ella es un botón de muestra de la situación de maltrato que padecen las mujeres en el sistema penitenciario del estado.

 

El hilo más delgado

 

De acuerdo con la estatal Secretaría de Seguridad Pública (SSP), el número de mujeres presas en las cárceles de Oaxaca representa el seis por ciento del total de la población penitenciaria en el estado.

Entre las 234 reclusas están las que se encuentran bajo proceso y las sentenciadas tanto del fuero común como del federal.

Todas ellas están repartidas en las áreas femeniles de los 14 penales estadales, toda vez que no existe una cárcel de mujeres en toda la entidad. La mayoría de ellas son pobres y se encuentran en los reclusorios de Ixcotel, Pochutla y Tehuantepec.

Casi todas tienen hijos e hijas menores de cinco años a su cargo, que cuidan y mantienen sin ayuda de nadie, ni siquiera de las autoridades penitenciarias que no les otorgan ningún alimento específico para las niñas y los niños.

Algunas fueron detenidas por narcomenudeo, otras por homicidio.

Hay 29 mujeres indígenas, en su mayoría zapotecas de la sierra Sur, pero también hay mixes, mixtecas, triquis , entre otras.

La mayoría delinquió por necesidad económica, porque se declararon culpables o porque quedaron entrampadas en el laberinto jurídico.

Ante la pobreza no hay muchas opciones: quedarse sin comer o el narcotráfico, y se arriesgan como “burreras” o “camelleras”. Ellas son el hilo más delgado, son las más vulnerables de la cadena de impunidad, advierte la doctora en sociología Concepción Núñez Miranda.

La autora del libro “Narcotráfico, pobreza, justicia y derechos humanos: mujeres indígenas presas por delitos contra la salud” considera que mientras en México no resuelva el problema de la pobreza extrema, seguirán la migración hacia el norte del país o a Estados Unidos, o el reclutamiento de más personas al narcotráfico.

“Habría que revisar el supuesto combate al narcotráfico en México que no ha dado resultados, y en cambio destinar recursos que podrían emplearse en servicios de salud, educación y en la generación de empleos, y resolver así el problema estructural de la pobreza que lleva a la cárcel a muchas mujeres injustamente”, sostiene.

Para Núñez, quien en 2006 obtuvo mención honorífica por su obra en el concurso de tesis “Sor Juana Inés de la Cruz”, convocado por Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), las indígenas oaxaqueñas “están solas”.

“Sus parejas migraron y están olvidadas por sus familiares cercanos debido al gasto que implica desplazarse a los centros urbanos y someterse a la revisiones indignas para ingresar al penal”, explica.

La especialista señala que deben protegerse los derechos de las mujeres presas desde una perspectiva de género.

“Cuando hablamos de perspectiva de género en relación a la cárcel, estamos diciendo que justamente el impacto es diferencial (respecto a los hombres) y por eso la atención no puede realizarse desde una visión meramente cuantitativa”, explica.

 

Vulnerabilidad

 

De total de internas, el 72 por ciento corresponde a mujeres procesadas, es decir, que aún no han sido sentenciadas, explica en entrevista el estadal subsecretario de Prevención y Reinserción Social, Emmanuel Castillo Ruiz.

Detalla que debido a la sobrepoblación en los penales, las procesadas comparten celdas con las sentenciadas, tanto del fuero común como del federal.

El funcionario precisa que las presas que tienen a sus hijos en el penal deben ceder la custodia a algún familiar o tutor cuando sus hijos cumplen cinco años.

Castillo Ruiz informa que hay siete mujeres embarazadas que en el trabajo de parto serán ingresadas al Hospital Civil de los Servicios de Salud de Oaxaca.

Reconoce que la estancia de niños y niñas en las cárceles implica que también padezcan las limitaciones diarias por el hacinamiento penitenciario.

El subsecretario explica que la SSP del estado gasta 8.60 pesos (0,82 dólares) para la alimentación de cada uno de los hombres y mujeres privados de libertad por delitos comunes, y 50 pesos (4,11 dólares) para los del orden federal.

 

* Este artículo fue publicado originalmente por la agencia mexicana Comunicación e Información de la Mujer AC (Cimac).

Crónica de una madre extenuada

* ¿Cómo es la jornada diaria para una mujer joven, con cuatro hijos y sin la presencia física del padre? ¿Todavía vale la pena ser madre? ¿Cuántos hijos tienen las mexicanas en promedio? ¿Por qué las parejas casan tan jóvenes? ¿Cuántas mujeres trabajan?

 

Guadalupe Cruz Jaimes/ Cimac

Para Sofía, la maternidad es una experiencia gratificante aunque difícil, toda vez que el escaso tiempo libre que le deja su labor como trabajadora del hogar lo dedica al cuidado de sus cuatro hijas e hijos.

La mujer, originaria del Estado de México, se casó a los 22 años de edad y quedó embarazada un mes después. Su idea era tener a su primer hijo luego de cuatro o cinco años de vivir en pareja “pero no me cuidé”, recuerda. 

Cuando su hija mayor tenía siete años de edad decidió embarazarse nuevamente: “lo deseaba y lo planeé”. Fue un niño y le dio el nombre de Abraham. “Yo ya estaba feliz con los dos, no pensaba tener más hijos pero el método que usaba falló”.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid) 2009, el 39 por ciento de las más de 30 millones de mexicanas en edad fértil (15 a 49 años de edad), considera que lo ideal es tener dos hijos.

Sin embargo, utilizando un método anticonceptivo hormonal, Sofía quedó embarazada de gemelos, una niña y un niño. “Al principio entré en shock porque no tenía las condiciones económicas para tenerlos, pero las cosas se fueron dando”, relata.

Debido a que sus necesidades se multiplicaron, antes de que sus bebés cumplieran un año de edad su esposo emigró a Estados Unidos, donde reside y labora actualmente.

Este hecho dificultó el cuidado de sus hijos. “Dany (su hija mayor) estaba en la secundaria, Abraham en su primer año de primaria, y los niños apenas comenzaban a caminar. Fue muy duro hacerme cargo de todo, pero era necesario”, afirma. 

Cuando sus bebés cumplieron un año, Sofía regresó a su empleo, donde además de realizar el trabajo del hogar cuida de una persona de la tercera edad. “Los gemelos se quedaron con mi cuñada y a veces al cuidado de mi hija (que entonces tenía 14 años de edad)”.

En el segundo trimestre de 2010, 43 por ciento de los más de 4 millones de mujeres de 14 años y más con al menos un hijo tenía un trabajo remunerado, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

De ese total, dos de cada siete mujeres ocupadas y con hijos son comerciantes, la cuarta parte son trabajadoras en servicios personales –como por ejemplo empleadas del hogar– y una de cada seis realiza actividades industriales o artesanales.

De acuerdo con la ENOE, una de cada cinco mujeres ocupadas y con hijos trabaja más de 48 horas a la semana.

 

La rutina

 

Durante los primeros años de vida de sus gemelos, Sofía entraba a trabajar las 9 de la mañana y salía a las 3 de la tarde. “Conforme fueron creciendo empecé a trabajar más horas”, cuenta. Actualmente su horario de salida es a las 6 de la tarde, pero sus labores no terminan cuando sale de su lugar de trabajo.

Su jornada comienza a las 5:30. “Despierto a mi hijo para que se arregle y desayune en lo que pasa el transporte por él para llevarlo a la secundaria. Luego levanto a los chiquitos y los llevo a la primaria. Regreso a mi casa, desayuno y me voy al trabajo”.

“Mi hija recoge a los niños a las 4 de la tarde, porque asisten a una escuela de tiempo completo. Y después de las 6 llegó a revisar sus tareas, bañarlos, darles de cenar y acostarlos”, agrega.

Luego de encargarse de su hija e hijos menores, “hago lo mío, recojo la ropa que dejaron tirada, la hecho a lavar u otros quehaceres. Después ceno y me acuesto a las 11 ó 12 de la noche. Y al otro día la misma rutina”.

A veces “me duermo unos 10 minutos y me levantó rápido porque ya me atrasé”. Por la sobrecarga de trabajo Sofía asume que ser madre es una labor “desgastante, pesada y muchas veces estresante”.

No obstante, aclara que ser madre “vale la pena” ya que es “una experiencia muy bonita, hay sensaciones que no se pueden explicar, por ejemplo cuando se mueve en el vientre o cuando nacen y por primera vez los abrazas”.

Ser madre le ha dejado múltiples satisfacciones: “me siento feliz de ver que Dany estudia en la universidad y que está bien. Y que me digan que me aman… eso me da mucha alegría”.

Además, “como mamá lucho todos los días porque mis hijas e hijos estudien y se preparen, que sean personas de bien”. Para ello, “me abstengo de algunas cosas, para poderles dar un buen ejemplo”.

Bien nacido

Serás lo que más ame.

Serás más de lo que imagino.

Y más de lo que espero.

Te convertirás en mi tesoro y serás mis suspiros.

A mi hijo, quien ya muy pronto llenará de alegría nuestros corazones.

 

* Un nuevo miembro cambia drásticamente la realidad financiera del hogar, pues los gastos inician desde que el pequeño se encuentra en el vientre de la mamá y se multiplican con el nacimiento pues leche, pañales, accesorios y la salud generan los mayores gastos del embarazo.

 

Elpidio Hernández

El nacimiento de un bebé se ha vuelto uno de los mayores acontecimientos en los hogares de todo el mundo, pero la llegada también viene cargada de grandes responsabilidades para los futuros padres, pues es cuando gastos y cuidados se multiplican. Muchas parejas aspiran a ser padres por primera vez o a repetir la experiencia, pero el temor por los aparentes elevados gastos que representa tener un bebé los disuade.

Un nuevo miembro cambia drásticamente la realidad financiera del hogar, pues los gastos inician desde que el pequeño se encuentra en el vientre de la mamá y se multiplican con el nacimiento pues leche, pañales, accesorios y la salud generan los mayores gastos del embarazo.

Para quienes no cuentan con las bondades del Seguro Popular y tampoco están afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), las visitas al ginecólogo y el parto representan fuertes desembolsos, pues la mamá debe acudir al menos una vez al mes con uno de aquellos especialistas que en las clínicas privadas cobran, en promedio, entre 200 y 350 pesos por consulta; además los ultrasonidos van de los 400 a los 700 ó 800 pesos en tercera y cuarta dimensión; además de las ineludibles pruebas de sangre, orina y azúcar que se debe realizar la mamá durante el embarazo y cuyos costos fluctúan entre 200 y mil pesos por estudio.

El alumbramiento es, sin duda, uno de los mayores gastos pues clínicas y hospitales cobran entre cuatro mil y siete mil pesos por parto, aunque puede aumentar dependiendo de la exclusividad de las instalaciones. En su página de internet, el Sanatorio Venecia, ubicado sobre la lateral de Paseo Tollocan en la capital mexiquense, promociona paquetes que van desde mil 800 hasta tres mil 500 pesos para un parto normal “sin complicaciones”, aclara en la web; mientras que un “combo” de cesárea se cotiza entre tres mil 600 y cuatro mil quinientos pesos en la misma clínica. 

El Centro Médico Toluca, uno de los más exclusivos de la zona ubicado en el municipio alfarero de Metepec, oferta una de las tarifas más elevadas de la región, pues un parto normal en sus instalaciones se cotiza en quince mil pesos e incluye un día de habitación, un día de incubadora de estabilización, derecho de sala de labor y expulsión, equipo de bloqueo, sala de recuperación, una cama extra, medicamentos y materiales quirúrgicos. El paquete de cesárea en el mismo hospital cuesta 18 mil pesos e incluye dos días de habitación, dos días de cuna normal, incubadora de estabilización, derecho de sala de operaciones, cama extra, medicamentos y materiales quirúrgicos.    

En Santiago Tianguistenco, la Clínica Médica Londres cotiza los partos normales en cinco mil 400 pesos, desglosados de la siguiente manera: parto y honorarios, tres mil 500 pesos; pediatra 900 y medicamentos mil pesos; mientras que el parto con cesárea se cobra en ocho mil 400 pesos pues los medicamentos se cotizan en mil pesos, el pediatra en 900 y la cesárea en seis mil 500 pesos.

Para las parejas que no tienen el poder adquisitivo para acceder a una institución privada, el gobierno federal de Felipe Calderón, al inicio de su gobierno, puso en marcha el “Seguro Popular para una Nueva Generación”, que garantiza el acceso a la salud para todos los niños que nazcan en esos seis años. Así, cualquier mamá que lo desee puede tener a su hijo en los hospitales públicos sin tener que desembolsar un solo peso durante toda la etapa del embarazo, el alumbramiento y los primeros años del bebé. Este seguro ofrece atención médica integral a los niños desde que nacen y hasta que cumplen cinco años de edad y garantiza la afiliación inmediata de toda la familia al Sistema de Protección Social en Salud.

Apenas nace el bebé el primer gasto son los puros o chocolates que forman parte de la vieja tradición para expresar la felicidad por haber tenido un niño. En la capital mexiquense esos productos se pueden adquirir con precios muy accesibles, pues los hay desde cien pesos en adelante.

Los pañales son un producto indispensable de todo bebé. Antiguamente las mamás utilizaban pañales de tela que podían ser reutilizados con una lavada pero las modernas han optado por los prácticos desechables. En los tres primeros meses de vida el bebé puede llegar a necesitar hasta ocho pañales diarios, pero esa cantidad se va reduciendo a medida que crece. Aún así representa una cifra considerable. Un bebé de un año puede llegar a gastar hasta un paquete de 40 pañales cada semana y los hay de todos los precios, desde el Suabebé, con cien pañales que vale 200 pesos hasta el Huggies Ultra Confort, cuyo paquete de 42 pañales se compra en 158 pesos. Para quien busque economizar en las tiendas de la capital mexiquense, el metro de tela para pañal vale ocho pesos. Las familias menos desfavorecidas pueden darse el lujo de adquirir depósitos de pañales que evitan los malos olores y que se consiguen en los grandes centros comerciales en 780 pesos.

La alimentación es otro de los productos ineludibles para el bebé. Dar pecho al recién nacido, además de ser lo más recomendable, es sano y barato; sin embargo, en ocasiones la mamá no tiene leche o es insuficiente por lo que es necesario adquirir botes de leche en polvo. La leche Nan es la más comercializada del mercado y la hay para diferentes etapas; el frasco chico en los centros comerciales cuesta 149 pesos mientras que el bote grande vale 330 pesos y puede durar hasta una quincena. A eso hay que añadirle los biberones, que se pueden adquirir desde veinte y hasta cuarenta pesos; los termos, que los hay desde 71 pesos el chico y 250 los grandes; y los chupones que van de los 14 pesos en adelante.      

Los ajuares de los bebés son otro de los artículos que hay que tomar en cuenta y los hay de todos los precios y de todos los gustos. Comúnmente se pueden adquirir de 60 pesos en adelante. Para la higiene del niño, el kit infantil Johnson´s Baby se puede comprar en setenta pesos e incluye, talco, shampoo, crema, jabón y aceite. Sonajas las hay desde 35 pesos y peines en 45.   

La cuna puede llegar a sumar hasta cuatro mil pesos aun si se adquiere el modelo más sencillo del mercado, aunque hay las que alcanzan 12 mil pesos. A ese precio que hay que sumarle el de “los coordinados”, que en las tiendas de la capital mexiquense se cotizan hasta en 800 pesos.

Otro de los artículos que algunos han etiquetado con rango de “imprescindibles” son las carreolas, que en el centro comercial Walmart valen entre 600, la más sencilla, y dos mil pesos la más cara, esta última con sistema de viaje y portabebé, mecanismo de cierre a una sola mano, cubierta, doble charola para transportar biberones y canastilla inferior. Las andaderas en el mismo establecimiento cuestan entre 700 y mil pesos. Para quien requiere de una silla para automóvil, se puede adquirir entre 700 y mil 600 pesos.

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