Las bestias

* Desde el viernes 14 de febrero policías de toda la entidad llegaron a Toluca. Allí pernoctaron pero los hicieron dormir en calles y parques o donde se pudiera. No había razón para alquilar hoteles o casas. El día del Amor y la Amistad fue para unos la noche más incómoda de sus vidas. La visita de Barak Obama no beneficia a nadie. La ciudadanía, traducida para la clase política y gobernante como una mancha infame que se mueve en mítines y protestas, debe cuidar, apostar a la vigilancia. El Excelentísimo presidente Barak Obama es inalcanzable pero aunque no lo fuera la única manera de contribuir que él tiene ya la aplicó. Su solo nombre bastó para que las autoridades, luego de años de peticiones, se decidieran por solamente limpiar las calles, adoquinar, cambiar las flores, lavar las ventanas.  

Miguel Alvarado/ Nadia Estrada

Barak Obama apareció como una exhalación por Toluca. En nueve horas arregló el tema energético y de paso el centro de la capital mexiquense. El presidente norteamericano representa un imperio económico basado en la guerra y viaja como conquistador. Su séquito rebasa las mil personas y moviliza efectivos militares propios y de los países que visita. La estancia en Toluca se trató en realidad de una pequeña inspección, una revisión del negocio encargado al PRI y a Enrique Peña Nieto. La entrega de cuentas no debía tardar demasiado. La agenda norteamericana apenas marcaba a la ciudad como una escala en la interminable colonia que representa el mundo para la política norteamericana. Aquí, la ciudad del Grupo Atlacomulco, la más protegida y donde es casi imposible manifestarse, donde los medios de comunicación parcializan hasta los anuncios de ocasión, se montó un enorme teatro con resultados exactos. El protocolo mexicano no pudo ser más sensato, coherente. El gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, sometido al arbitrio de la etiqueta y las importancias, fue borrado de un plumazo de sus oficinas, y su papel consistió en recibir en el aeropuerto a Barak. Cien millones de pesos después, se puede concluir que su aparición como extra en el melodrama político mexicano le garantiza un siguiente papel, al menos en el gabinete de Relaciones Exteriores.

Y Toluca, siempre fría, apenas participativa, aceptó casi sin moverse la impostura. Una ciudad falsificada recibió la Cumbre de Líderes, que incluyó al canadiense Stephen Harper, de quien se supo de él porque apareció en algunas fotos. La escenografía incluyó lugares comunes como espectaculares con la frase de Bienvenido Welcome, sobre Paseo Tollocan o minúsculas manifestaciones de altermundistas y defensores del Nevado de Toluca, un conato contra policías estatales en la explanada del mercado Juárez y decenas de discursos antiyanquis. El inconformismo de chorizo fue comparable a asistir a la Bombonera una mañana de futbol. No sirvió de nada y a estas alturas ni siquiera funciona que les den espacio en televisión y radio, que las redes sociales hagan sus propias editoriales. El disgusto tomó forma de ausentismo laboral y suspensión de clases, convenientemente pasados por alto porque el tráfico, a pesar del cierre de media ciudad, no causó los estragos profetizados. Y es que cada esquina, por callejón que fuera, contaba con un policía galanamente uniformado y extraordinariamente eficaz a la hora de desanudar nudos viales. Casi de noche pasó la noticia sobre el asesinato de un estudiante de la universidad estatal en un campus de Ecatepec, para robarle 80 mil pesos. Masacrado por ladrones que lo despojaron del dinero que usaría para comprar un auto, Javier Gabino Álvarez Pliego, de 22 años, representa la cotidianidad del México sin Obama, del Edomex desaparecido en el discurso de Peña Nieto, de la entidad que no existe en el palacio de Lerdo o en las giras de trabajo de Ávila Villegas.

Obama llegó a Toluca con todo pactado. Hasta los boletines, difundidos horas después, ya estaban redactados. El semanario Proceso recopila el desinterés de los medios gringos por la Cumbre: “Obama estuvo poco más de 8 horas en México, una menos que las 9 horas que duró el vuelo redondo de Washington –a Toluca-, y mucho menos tiempo al que le dedicó el presidente el fin de semana a su juego de golf en California”, publicó el Washington Post en una breve nota en páginas interiores y sin fotografía”. Barak encontró tiempo para atender sus frentes. La crisis siria, la venezolana, la ucraniana y aumentos salariales a obreros norteamericanos fueron abordados por teléfono, con la mano en la cintura, sonriendo comedido o seriamente concentrado, según el caso. Para México, narcotráfico, migración y petróleo, los puntos fuertes de la agenda en Toluca, estarán pendientes otros 200 años, como en cada reunión que se realiza, donde las buenas intenciones son ya un cúmulo de despachos diplomáticos, frases de mermelada que enmarcan ejercicios mentales de primero de primaria, perversas por deficientes. “Seremos la región más competitiva del mundo”, nos merecemos esta visita porque hemos trabajado”, “a Toluca se le reconoce a nivel mundial” o “la democracia en México se percibe” representan el fantasmario político que al otro día aparecería en los periódicos locales.

La revista norteamericana Time cobró 576 mil pesos por un reportaje sobre Peña, a mediados de febrero del 2014. Un tarifario de la publicación establece un precio para la portada de casi 10 millones de pesos, 759 mil 400 dólares. Si fuera cierto el costo, al equipo de Peña, acostumbrado a pagar 700 millones de pesos al año sólo en publicidad desde el 2005, sólo le haría cosquillas. El encabezado, “Salvando México”, que acompaña a la foto del mexiquense, actuada para que sugiera un estadista, es en realidad el detonante que colocó la publicación en el centro de un linchamiento en redes sociales. Es muy común hablar sobre Peña, lo difícil es hablar bien de él. El reportaje norteamericano encontró, sin embargo, la forma de hacerlo. Michael Crowley, el redactor, se apoyó en una escena fotográfica protagonizada por Peña, Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong, secretarios federales de Finanzas y Gobernación, donde aparecen como héroes de cine. Peña está en primer cuadro, flanqueado por los otros dos, en una gráfica cuyo fondo es un blanco inexcusable, listo para ser llenado ante cualquier idea. Somos nosotros, parece decir la foto, y nadie más.

El texto recuenta el paso del priista por la presidencia y comienza de la manera más coloquial: “a las 9 en punto en una noche de febrero, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto trabaja en Los Pinos, su residencia oficial en la ciudad de México, donde soldados camuflados con rifles de asalto lo cuidan desde afuera. Para el presidente, de 47 años de edad, es un recordatorio de que la presidencia es un negocio mortalmente serio –especialmente en este momento clave en la historia de México-”.

Luego, lo de siempre. Una revisión sobre la vuelta del priismo al poder Ejecutivo y el encomio de las reformas impulsadas por el Grupo Atlacomulco, incluida la energética. Peña queda bien, efectivamente, como un salvador de su patria ante el resto del mundo. Ni eficiente o malo, sólo un trabajador que cambia el país que gobierna. Time, la revista, no tiene empacho en hacer arte a partir de un boletín de prensa escrupulosamente redactado. Por 10 millones, cualquiera lo haría. Ellos lo hicieron por medio millón de pesos. El artículo, una versión en correcto español, está disponible en http://world.time.com/2014/02/16/la-nueva-mision-de-mexico/?iid=obnetwork.

Peña, mientras tanto, atiende lo más urgente, aunque no lo importante. Toluca, la ciudad de sus afectos, porque aquí vivió más de 12 años, 6 de ellos como gobernador, fue elegida para albergar una cumbre regional para México, Estados Unidos y Canadá. Las calles de la pequeña ciudad fueron maquilladas y las fachadas recompuestas. Una inversión federal por más de 100 millones de pesos se aplicó desde hace un mes. El centro de la capital mexiquense deslumbró, aunque la magia no durara ni siquiera un día. Más de 600 reporteros de la fuente presidencial se esperaban en Toluca, provenientes de los tres países. Los extranjeros fueron confinados a la modesta zona hotelera. Pocos se aventuraron más allá. No había para qué. Si al menos uno de ellos hubiera dado la vuelta al Hotel del Rey, en Paseo Tollocan y asomado en la colonia de Santa Ana Tlapaltiltán, habría visto cómo vivieron contingentes policiacos movilizados para cuida a un solo hombre, ni siquiera mexicano, el más poderos del mundo hasta donde alcanza la información.

Desde el viernes 14 de febrero policías de toda la entidad llegaron a Toluca. Allí pernoctaron pero los hicieron dormir en calles y parques o donde se pudiera. No había razón para alquilar hoteles o casas. El día del Amor y la Amistad fue para unos la noche más incómoda de sus vidas. La visita de Barak Obama no beneficia a nadie. La ciudadanía, traducida para la clase política y gobernante como una mancha infame que se mueve en mítines y protestas, debe cuidar, apostar a la vigilancia. El Excelentísimo presidente Barak Obama es inalcanzable pero aunque no lo fuera la única manera de contribuir que él tiene ya la aplicó. Su solo nombre bastó para que las autoridades, luego de años de peticiones, se decidieran por solamente limpiar las calles, adoquinar, cambiar las flores, lavar las ventanas.

Pero a los policías, al menos los que vinieron desde Coacalco, no les importaban los días de caramelo y miel. Eran cientos y cubrían las aceras de tres cuadras de Santa Ana. Sólo algunos alcanzaban la comodidad de magras tiendas de campaña, delgados hules que apenas los ayudaban a recuperar fuerzas.

Las vísperas de Obama

“Viernes  14 de febrero, 11:30 de la noche. Cientos de personas dormían en las aceras o debajo de autobuses. No eran peregrinos con destino a la ciudad de México, eran policías que cubrían las aceras de tres cuadras en la colonia de Santa Ana Tlapaltitlán.

“Toluca, el centro del mundo durante 8 horas por una Cumbre donde se trataron, en menos de 120 minutos, temas como la migración, reforma energética, los tratados comerciales regionales y la Iniciativa Mérida y Michoacán, observaba con una semana de anticipo los sobrevuelos de helicópteros y pequeños aviones-patrulla, como sucedería en una ciudad afgana. Barak llegaría a las 12 y 10 de la mañana, según el protocolo oficial, y desde el aeropuerto recorrería unos 5 kilómetros en auto blindado, La Bestia, con un peso de 10 toneladas, hasta el palacio de Gobierno. Allí, Peña lo recibiría, sonriente y apurado, manojo de nervios que ni el entrenamiento teatral al que ha sido sometido los últimos 8 años, maquillaría.

“Nunca se tuvo tanta seguridad en Tlapaltitlán, pero los guardias no cuidaban las casas ni a los vecinos. ¿Entonces? La razón exacta no la sabía pero mi sentir ciudadano me hizo preparar, con la familia, café, pan y galletas que teníamos a la mano para compartir. Tristeza, enojo, indignación, coraje, tantos sentimientos que no podría describir una fotografía del momento. Salimos y ofrecimos el café, que pudimos dar a quienes aún se encontraban despiertos, porque a otros el viaje desde Chalco, lugar de donde los trajeron, los había agotado.

“Uno que otro empezó a salir de su tienda, a bajar del autobús, donde, para mi sorpresa también dormían. Sus palabras de agradecimiento demostraban que no habían ingerido alimento.

“Ellos mismo pidieron que se les ofreciera a compañeros de otras cuadras. Observamos que había más policías durmiendo en una zona catalogada como insegura. Qué ironía, tantas imágenes en mi mente de policías golpeando a mis compañeros maestros y destrozando sus casas de campaña. Vino a mi mente Atento, cuántas familias destrozadas y mujeres violadas. Muchos los llaman perros del gobierno por el trabajo sucio que hacen, porque, ¿a cuánta gente maltratan estos policías estatales? Y yo aquí dándoles hoy la mano, pero a final de cuentas son humanos, también son padres de familia, hermanos, hijos, esposos, madres de familia y esposas, porque también hay mujeres.

“Así transcurrió la noche. Por la mañana tampoco se les podía dejar, al menos mi conciencia no y con lo poco que se tenía se ofreció un desayuno y permiso para poder asearse dentro de mi hogar. Entre sus carteras y bolsas, los policías hacían “coperacha” para pagar lo que se les estaba ofreciendo, juntando 80 pesos que no se recibieron, el desayuno no era negociable.

“Mi casa era un cuartel para aquellos que, ahora agradecidos y humanos, mencionaban que la situación para ellos ha sido siempre la misma. A cualquier parte donde los llevan siempre se les ha tratado de la misma forma o hasta peor. Ganan 3 mil 500 pesos a la quincena. Esta vez les ofrecieron lugar para dormir, tres comidas al día y lugar para asearse, pero al llegar les informaron que debían acomodarse donde pudieran, pues estarían hasta el 20 de febrero, cuando terminara la Cumbre. Cuántas veces he escuchado eso en el magisterio, cuando pago materiales y cursos de mi sueldo y no cumplen lo que prometen.

“Por fin, hoy pudo sentarse a convivir una maestra con un policía cuando ahora la situación era al revés. Hoy pudimos dialogar y no replegar, expresar el trabajo que nos toca hacer en este país. El policía, al escuchar que era maestra mencionó que ‘a nosotros nos dan la orden: que no pasen, y aguantamos pero no falta el maestro que nos agreda y es cuando tenemos que reaccionar, pero no todos somos malos, tenemos compañeros que golpean pero por ellos nos catalogan a todos los demás por igual. Al final de cuentas soy humano, padre de familia y me interesa saber qué va a pasar con mis hijos en este país, traer el uniforme de gobierno no quiere decir que esté a favor de lo que hace, pero es mi trabajo y lo hago por mi familia y finalmente soy pueblo y si todos pensáramos así, seríamos unidos y no estaríamos como estamos, pero lamentablemente no todos pensamos de esa forma’.

“- ¿Por qué hacen esto? Han sido muy amables al ofrecer su casa.

“- Nos indignó ver la situación en la que los tienen. ¿Por qué no les rentan el hotel que está a unos cuantos metros para todos los policías?

“Todos rieron.

“- Qué buen chiste. Los camiones que nos trajeron no traen ni vidrios, los asientos son tablitas que cada que saltaba el camión se zafan. Llegamos y ya ve dónde nos dijeron que durmiéramos”.

El episodio, narrado por una maestra de la ciudad, Nadia Estrada, es sólo parte de un mosaico que decora los caprichos políticos. Obama no necesitaba venir a México. Los acuerdos energéticos y comerciales han sido pactados con antelación. La lección al mundo sobre el poder norteamericano se imparte todos los días con cualquier pretexto. Una entidad con 7 millones de pobres asiste, desde afuera, detrás de las cortinas, a una ceremonia de simulación que ha logrado institucionalizarse y utiliza sin empacho los recursos públicos para hacer negocios privados. La derrama económica llegará, es inevitable, a cambio de una economía que dependerá en absoluto de voluntades ajenas. Y el trabajo florecerá pero la mayor parte de esté será esclavizante, porque así son las reglas del juego.

Los políticos de Toluca celebran todo. Al menos las autoridades lo hacen. A horas de la Cumbre, la alcaldesa priista Martha Hilda González, con un renovado espíritu de comunicación social, anunciaba por todos los medios los importantes acuerdos que había alcanzado con norteamericanos y canadienses. Una máquina simuladora será instalada en El Calvario, por ejemplo, decía en su novedoso muro de face. Mientras, los helicópteros, estatales, militares y policiacos sobrevolaban la ciudad marcando perímetros. El imaginario popular especula con cierta esperanza un atentado. “¿Te imaginas? Nos borran del mapa”. Pero los números son más elocuentes. “Ocho helicópteros tiene el gobierno del Edomex, las naves que también le han servido de taxis aéreos a la señorita Laura tienen un costo total de casi 39 millones de dólares. En un solo mes realizaron 236 operaciones aéreas y el costo promedio por hora de vuelo fue de alrededor de ocho mil 705 pesos”, recuerda el periodista Elpidio Hernández, mientras un equipo de 300 jóvenes trilingües, que hablan español, inglés y canadiense, como se informó en el noticiero local de TV Azteca es distribuido para apoyar a los 5 mil visitantes. Planear para prever. Mejor que sobre y no que falte y si están equipados, mejor. Porque hasta un kit, publicitado días antes, estaba a disposición de los asistentes. Una playera roja que decía “¿Le puedo ayudar? y “Bienvenidos”, mostraba lo trilingües que podían ser los toluqueños, que de paso serviría como promotores turísticos porque entregaban folletos con descripciones artesanales y atractivos locales. Todavía, “Aída Fernanda López Vences, estudiante del Colegio Niños de México, expresó su agradecimiento a la alcaldesa por la oportunidad de participar en un evento de gran magnitud”.

Pero repartir folletos sin cobrar está bien. Son servicios ciudadanos que alguna vez casi todos han realizado. Los folletos, sin embargo, no describen que hasta el 18 de febrero del 2014, el Edomex contabilizaba 49 ejecutados, un aumento del 37 por ciento en relación al año pasado, y que hasta el 17 de febrero había 2 muertos y 11 heridos por ataque de comandos a bares de Neza.

“Por eso no podemos quedarnos tanto como quisiéramos. Por ejemplo, no he tenido oportunidad de probar el chorizo legendario de Toluca, ojalá la próxima vez que venga pueda probarlo”, dijo al final Obama, en su discurso de conclusiones.

Chorizo hay en todas partes pero Barak, por supuesto, nunca volverá.

Un joven líder global

* Enrique Peña es un presidente preocupado por acabar con el hambre en su país. Es capaz de todo, incluso de llevar su discurso a una de las regiones más depauperadas y arriesgarse al improperio. La estrategia usada en el Edomex es la misma, ahora a nivel nacional. Peña debe estar, aparecer, guardar las viejas formas del priismo. Luego se verá si las propuestas pueden operarse. Incluso la demagogia lleva su camino recorrido: “siguiendo las órdenes del presidente Peña Nieto, nosotros hemos implementado…”.

 

Miguel Alvarado

Toluca. Una nueva edición de los foros de Davos ha iniciado. Suiza, país protestante y ultraconservador, ha dado al mundo paradojas como H.R Giger, un genio loco del diseño alienígena, pero también ha producido entes como Juan Calvino, mitad francés, en parte uno de los iniciadores de la idea de que el mundo ha sido entregado a unos cuantos por decisión de Dios. Así, la pequeña Suiza alberga el foro neo-con más importante, donde se reúnen los 3 mil personajes más fuertes, más ricos y más influyentes del mundo. Tres mil 300 soldados los cuidan y una inversión de 30 millones de dólares intenta garantizarla. Cuarenta jefes de estado, dueños d empresas y líderes de organizaciones internacionales abren fuego. Discutirán cualquier cosa. El hambre, la pobreza, la desigualdad, las nuevas plataformas de negocios y la oportunidad de las guerras por venir. Ellos, los dueños del micrófono, harán creer al mundo una crisis mundial que ellos provocaron, y que controlan de principio a fin con la ventaja de la desinformación y la alevosía del tecnicismo, la retórica.

Fue en ese foro que el presidente de México, comenzó su “internacionalización”, en el año 2007, cuando fue reconocido como “Joven Líder Global, que otorga la fundación de ese foro, cuyo objetivo es reconocer a los jóvenes de todo el mundo por sus logros profesionales, su compromiso con la sociedad y perspectiva para un mejor futuro”, apuntaba el diario Excélsior en el 2012. Peña era gobernador del Edomex y el país apenas comenzaba a voltear y calibrarlo, asombrado por la facilidad con la que había llegado a gobernar el estado más importante de México. En Davos se desatapó con los más importantes. Sus allegados confesaron la debilidad de Peña por la presidencia y organizaron reuniones para promoverlo, obtener simpatías. El foro suizo, sin embargo, fuera de la promoción personalísima del sobrino de Arturo Montiel, no rindió fruto alguno para la entidad ni para México. Todo siguió igual, aunque el presidente siguió asistiendo, feliz y festivo, al encuentro del poder. Ahora, Davos es una postal nevada de un pueblito de 12 mil habitantes que, risueños o irritados, aguardan que la cumbre termine para continuar con su vida y Enrique Peña es un presidente preocupado por acabar con el hambre en su país. Es capaz de todo, incluso de llevar su discurso a una de las regiones más depauperadas y arriesgarse al improperio. La estrategia usada en el Edomex es la misma, ahora a nivel nacional. Peña debe estar, aparecer, guardar las viejas formas del priismo. Luego se verá si las propuestas pueden operarse. Incluso la demagogia lleva su camino recorrido: “siguiendo las órdenes del presidente Peña Nieto, nosotros hemos implementado…”. Hace siete años se creía que el ejemplo formaba parte del plan presidencial. Hoy, se apunta a la perpetuación del Grupo Atlacomulco y la gran familia que lo compone en el primer círculo del poder público. Para Davos, por ejemplo, la colonia Del Parque en Toluca jamás aparecerá en sus mapas globales.

Mientras los poderosos juegan al gobierno, el Edomex es el escenario principal de una batalla entre narcos, aunque no se sabe bien si esta versión es correcta, si algunos actores más involucrados. Toluca amaneció el 23 de enero con 5 ejecutados, narcomanta incluida, descuartizados y embolsados en la colonia Del Parque, entre las calles Pardiñas y Aldama. “De manera extraoficial, podrían ser hasta 10 los cuerpos descuartizados”, apuntaba el vespertino local Tres PM. Nadie se alarma, al contrario, ni siquiera está la sorpresa de una noticia así. “¿Siguen haciendo esas cosas en la colonia?”, preguntan sonrientes los enterados y con ello otorgan a la matanza la dimensión social que se merece.

El gobierno del Edomex no se inmuta, al contrario, trabaja aunque sus esfuerzos se pierdan en la inercia social, autogenerada y protegida por él mismo. Eruviel Ávila, un estadista emanado de Ecatepec y que ahora cuidan militares, cree que la educación puede resolver gran parte de los problemas. Doctor además, Ávila ha encaminado su política de desarrollo en la construcción de al menos dos grandes universidades que cubrirán un hueco desatendido por decenios y que nadie había atinado a resolver. Clarividente, a finales del año pasado desarrolló el novedoso concepto de la Universidad de la Barbacoa, que le acarreó innumerables comentarios en redes sociales que minimizaban la idea y exigían, por razones incomprensibles, que primero se restaurara la estructura educativa y después se pensara en lo otro.

Mese después, Ávila anunció que construiría 10 escuelas, entre ellas la Universidad Teletón, donde se ofrecerán carreras para terapeutas, entre otras cosas. Televisa tendrá entonces, su propia universidad, aunque genera hace años una escuela muy propia desde su programación.  Convertida en Secretaría de Estado, la tiendita de Azcárraga comienza a ocupar el paraíso prometido y a hacer, de una vez por todas, su casa particular en el Estado de México. “Suena fácil, pero son 10 universidades, politécnicas, tecnológicas,  y qué bueno que hoy también se sume al sistema educativo del Estado de México esta gran Universidad Teletón”, aportaba en una cita el gobernador Ávila, mientras muy sonriente desgranaba las historias del CRIT- Tlalnepantla, la clínica del Teletón-Televisa. La universidad va muy adelantada, pues hasta ya cuenta con una rectora, Edna Berumen Amor, que al mismo tiempo cobra como directora corporativa de Desarrollo y Vinculación Interinstitucional de esa fábrica de lágrimas.

Mientras las buenas obras de los televisos arrasan el Edomex, los malosos de verdad no dan tregua a la policía. El mismo 23 de enero, otros dos ejecutados elevó la cifra a 65, en poco más de 20 días y con Toluca instalada en su particular osario callejero, las propuestas de Peña para erradicar el hambre en México parecen comerse solas, pedazo a pedazo, la realidad del presidente. No puede gobernar solo pero el hecho es que ni solo ni acompañado ha podido superar la fase de los acuerdos, aunque según él todavía falta un largo año para firmas y pactos. Siete años después, por así convenir, Televisa se retracta sobre el caso de la francesa Florence Cassez y pone a Peña como un mandatario comprometido y capaz de arreglar los entuertos. Calderón, amor comprado por seis años, desaparece lentamente del imaginario popular, a pesar de los 90 mil muertos y los millones de entuertos que todavía esperan una respuesta. Siete años después, Cassez queda libre pero el sistema de justicia mexicano, preso para siempre  en la certeza de la corrupción.

Acambay: el origen

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

Impuesto con todas las de la ley, Alfredo del Mazo Vélez forjó con su familia un caciquismo de sangre que en las siguientes décadas daría de qué hablar con su hijo Alfredo del Mazo González —un ingenuo y fallido candidato presidencial—, su nieto Alfredo del Mazo Maza —que hizo una carrera política protegido por su primo Enrique Peña Nieto—, y su sobrina Carolina Monroy del Mazo —quien despegó en el montielismo y se consolidó en el gobierno de su primo Peña, entre otros.

Del Mazo alcanzó de inmediato “eficiencia” y poder. Este primer Alfredo nació en Atlacomulco el 21 de agosto de 1904, pero hasta antes de incorporarse a las filas del nepotismo de su pariente Fabela fue apenas un modesto burócrata inserto en la Comisión Nacional de Caminos e Irrigación. Sin embargo, a la llegada de Manuel Ávila Camacho a la Presidencia, en 1940, fue despedido. En el gobierno federal nadie lo quiso acomodar, así que regresó a su natal Atlacomulco, donde se sentó a esperar un golpe de suerte.

Y la suerte llegó. En marzo de 1942 —un año y tres meses después de su despido— hubo quienes recordaron aquella ocasión que, durante una crecida del río Lerma, Del Mazo llevó en hombros al diplomático Fabela para que pudiera cruzar el tormentoso e incontrolable río. Isidro también lo tuvo presente y lo llamó a colaborar en la gubernatura.

Así, el día 16 de aquel mes, Del Mazo arrumbó el viejo automóvil en el que ofrecía servicio público. Cambió su uniforme de chofer y se fue a servir como tesorero en el nuevo gobierno estatal de Fabela. Allí empezó su carrera política. Así ganó poder. Meses después lo nombraron secretario general de Gobierno y, en 1945, fue impuesto como gobernador. Del Mazo aprovechó bien el puesto y, con toda la fuerza de la costumbre del fabelismo, repartió los puestos públicos entre sus familiares y paisanos.

En las postrimerías de su mandato, incluso eran de curso común las versiones de que movió cielo, mar y tierra para que su primo hermano, el cura Arturo Vélez Martínez, fuera consagrado como primer obispo de la Diócesis de Toluca, lo cual sucedió en abril de 1951.

Después de ser un cura gris, Vélez Martínez se erigió como obispo y con la influencia que dejó su Ilustrísima, el tres veces obispo Maximino Ruiz y Flores, tomó su lugar como nuevo guía moral de todas las viejas familias atlacomulquenses. En su afán de no pasar inadvertido, intentó proyectarse por encima de sus feligreses. Se propuso, de entrada, reconstruir la humilde parroquia de San José ubicada en el centro de Toluca, a unos  cuantos metros del Palacio Municipal, para transformarla en una majestuosa catedral.

Sin duda era un proyecto ambicioso. Pero su lazo familiar con Alfredo del Mazo Vélez le sirvió para procurarse el apoyo de importantes personalidades en el ámbito de la política. Su trofeo mayor se materializó en la persona de María Izaguirre de Ruiz Cortines, esposa del entonces secretario de Gobernación y ex gobernador veracruzano Adolfo Ruiz Cortines —quien en 1952 daría un salto a la Presidencia de la República.

Tamañas credenciales lo avalaron para encargarse él mismo de recolectar las donaciones y fondos para levantar la catedral. El negocio fue tan redondo que, más adelante, formó su comité pro-construcción que encabezaban, según indagaciones de Díaz Navarro, “Gustavo Estrada, Agustín Gasca, Alfonso Lechuga y Gustavo Barrera, entre otros, quienes se abocaron a organizar una serie de eventos, tales como quermeses, colectas, funciones de teatro, sorteos, rifas y otros, cuya participación fue prácticamente obligatoria para los comerciantes, industriales y transportistas. Primeramente, estos eventos fueron a nivel local. Luego se hicieron en todo el país, por lo que el señor obispo se ganó los apodos de la plebe de ‘Don Rifotas’ o ‘La Gorda de Morado’.

”Todo marchaba viento en popa, hasta que las rifas y los sorteos para construir la casa de Dios en Toluca se convirtieron en fraudes, por lo que el señor obispo y Excelentísimo Arturo Vélez Martínez enfrentó varias demandas judiciales. El asunto amenazaba con un escándalo mayor. El fraude más sonado —por la desaparición de fondos, apoyos, colectas— se conoció como El Tolucazo, mote que se le daba a una casa ubicada en la carretera México-Toluca que el obispo jamás entregó a quien se la ganó.

”Aunque el obispo estuvo a punto de pisar la cárcel, lo salvó la llegada de su primo hermano Del Mazo Vélez a la campaña presidencial del priista mexiquense Adolfo López Mateos. […] Del Mazo se hizo cargo de varios pagos, uno de ellos por un millón de pesos, y habló con el Presidente de la República para evitar la deshonra del “curita” Vélez, quien a partir de entonces abrió una serie de negocios hoteleros con el nombre de Del Rey”.

Del Mazo Vélez seguía las huellas y enseñanzas de su padre Manuel del Mazo Villasante, quien, fallidamente, intentó sembrar las semillas del mito del poder desde la alcaldía de Atlacomulco, protegido primero, en los inicios de la Revolución, por Nicolás González Fabela y, más tarde, por Maximino Montiel Olmos.

A Del Mazo Villasante— impuesto en 1918 como alcalde—, la mala suerte y su falta de carácter lo hicieron naufragar en un mar de infortunios. El primero fue una epidemia de influenza que mostró la ineficiencia de su gobierno, pues nunca supo cómo enfrentarla. El resultado: decenas de muertes que los atlacomulquenses le achacaron en forma directa. La persistencia de la enfermedad obligó a las autoridades a sepultar a las víctimas en fosas comunes, quemarlas por cuestiones de salud, con dispensa de trámites oficiales, parroquiales y médicos. El problema obligó a las autoridades sanitarias a decretar el cierre temporal de todas las escuelas.

La gravedad de la tragedia se olvidó poco a poco y terminó de morir cuando le estalló un problema ocasionado por un chisme local bautizado como “Gilo y el monstruo de Atlacomulco”, consistente en el rumor de una enorme bestia imaginaria que asolaba a la comunidad. Algunos de los menos ingenuos habitantes del pueblo lo atribuyeron a un plan de la alcaldía para frenar la ola de críticas y cuestionamientos a Del Mazo Villasante por su pobre y tardía actuación en el caso de la influenza.

El tema fue retomado 50 años más tarde en las páginas del semanario ATA, en una nota firmada bajo el seudónimo de “Fray Comenio”: corría ese año de agobio de 1918, “cuando los pacíficos moradores vivían una ola de terror por la aparición de un monstruo apocalíptico. Por las noches y al toque del Ángelus, las puertas de los hogares eran cerradas a piedra y lodo para protegerse de un posible ataque de la terrible fiera que rondaba en los alrededores. […] Unos afirmaban que se trataba de un león africano escapado de algún circo y cuyo cubil lo ubicaban en el vecino Cerro Viejo. Otros, con una fantasía prodigiosa, afirmaban haberlo visto rondar sus apriscos, con apariencia de un becerro bien crecido, emitiendo roncos rugidos y un hedor insoportable. […] Así, las cosas transcurrían en el natural pánico que, día tras día, dominaba a los aterrorizados atlacomulquenses. Urgía tomar algunas medidas de defensa en contra de la bestia nocturna por las solitarias callejuelas del villorrio. […] Los más ancianos y prudentes aconsejaron una batida a cargo de fornidos mocetones. Para ello hubo necesidad de exhumar los viejos mosquetes, empuñados en otra época a las órdenes del amado general Ignacio Varas de Valdés”.

El pueblo estaba desconsolado por los “ataques” del monstruo que descuartizaba a sus víctimas, las degollaba o las mataba a garrotazos, y por la incapacidad del alcalde para organizar una partida permanente de vigilancia. Del Mazo Villasante dejó su amarga experiencia como alcalde cuando empezaron a correr los rumores de que no había bestia, león ni monstruo alguno; por el contrario, había indicios muy claros sobre una banda de abigeos —delincuentes y cómplices entre cuyos apellidos destacaban los Del Mazo, los Peña y los Montiel—, responsable de las terribles muertes.

Disipado el rumor sobre la bestia, una década después, Arturo Peña Arcos, “El Chino” —abuelo de Enrique Peña Nieto—, su cuñado Pedro del Mazo Vélez “El Pedrín” —tío abuelo de Peña—, Manuel Pérez Montiel y Enrique González Mercado fueron involucrados como parte de la segunda generación de aquella banda de delincuentes dedicada al robo de ganado mayor o abigeato y, entre otros, de “apropiarse” de bienes inmuebles.

El desenlace cobró dimensiones de tragedia, los tres primeros fueron asesinados por la espalda; para que sirviera de escarmiento, el cuarto recibió la clemencia del pueblo que, en una reunión clandestina, acordó la ejecución de “El Chino”, “El Pedrín” y Manuel. El primero, “El Chino” —quien se había casado con Dolores del Mazo Vélez, hermana de “El Pedrín”— dejó huérfanos a sus hijos Arturo y Gilberto Enrique Peña del Mazo, de 10 y 6 años de edad respectivamente.

Sería inútil tratar de especular sobre algunos hechos, pero en 1925 Severiano Peña, bisabuelo del presidente Enrique Peña Nieto, también fue ejecutado por la espalda cuando se aprestaba a iniciar su quinto periodo como alcalde de Acambay —“despeñadero o peñasco de Dios”, un municipio del norte del Estado de México, colindante con Atlacomulco—.

El crimen se atribuyó a viejas rencillas políticas y ejidales, pero aún hay testimonios familiares, así como entre los viejos habitantes de Acambay, de que, aprovechando sus cargos y encargos municipales, además de sus amistades en Toluca, la capital mexiquense, Severiano tenía otras actividades más lucrativas, como la del despojo de propiedades y la apropiación ilegal de ganado mayor de los acambayenses.

La desgracia enmudeció a los Peña. En las décadas siguientes sólo darían otros cuatro alcaldes a Acambay: Salvador Peña en 1929; Alberto Peña Arcos en 1952; Rafael Peña y Peña en 1955 y 1967, ambos periodos por voto del pueblo; y Roque Peña Arcos en 1970. Con la lección aprendida o el temor a flor de piel, algunos de los Peña terminaron refugiados en Atlacomulco.

“Jubilado” aquel mismo año de 1918 por su incapacidad, Del Mazo Villasante todavía recibió un par de oportunidades. En 1920 lo hicieron juez conciliador y en 1922 primer regidor del Ayuntamiento. Al año siguiente falleció a los 47 años de edad, sin saber que su hijo Alfredo del Mazo Vélez se casaría en 1931 con Margarita González Mercado, hija de Nicolás González Fabela.

La muerte develó algunos otros temas de los que poco se hablaba en la familia, pero que bien conocía todo el pueblo de Atlacomulco: los Del Mazo Villasante estaban en la pobreza. Nadie pudo explicarse qué pasó con las haciendas de las que se habían hecho, producto de dotes matrimoniales. La pobreza llegó a tal nivel que doña María de las Mercedes Vélez Díaz, esposa de Manuel del Mazo Villasante, se vio obligada a trabajar como peona en la raspa del maguey y la extracción de aguamiel.

Las cien mil violaciones

* A su llegada a la Presidencia, Felipe Calderón decidió dar una mayor participación al Ejército y a la Marina en la guerra contra los cárteles del narcotráfico. Los resultados están a la vista: Human RightsWatch en México ha documentado que “al iniciar la aplicación de la ley, las fuerzas armadas han cometido infracciones graves de derechos humanos, inclusive matanzas, torturas, y violaciones”.

 

Francisco Cruz Jiménez

Los Zetas ya se habían convertido en protagonistas de la escena criminal. La periodista mexicana Cynthia Rodríguez documentó en un libro que, luego de ocupar Michoacán y Guerrero, esta organización criminal estableció nexos con la mafia italiana Ndrangueta de Calabria, la empresa criminal más próspera del mundo, cuyas ganancias anuales se calcula que superan sesenta mil millones de dólares.

Cynthia documentó el papel central que comenzaban a tener los cárteles mexicanos en el creciente tráfico de cocaína de América a Europa. Estados Unidos, Centro y Sudamérica eran ya sólo una parte de una realidad mayor.

En la capital de la República, Karen empezó su relato: “Por lo que respecta a la estructura operativa de la organización conocida como Los Zetas, a la que pertenecí, comandado por Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, en ausencia de Osiel Cárdenas Guillén, se compone de varios niveles.

”El más bajo se denomina halcón, los ojos de la ciudad o vigilante. Luego siguen los encargados de las tiendas, de los puntos, los de productividad y más arriba se encuentra el L o cobra, responsables de la seguridad, por lo que andan armados —valga el pleonasmo— con armas cortas y largas.

”Más arriba se ubican los zetas nuevos o kaibiles, ex militares guatemaltecos que tuvieron entrenamiento especial y que siempre andan con las mejores armas, granadas, chalecos antibalas y cascos. Son, por ejemplo, los encargados de entrar primero a las casas, de revisarlas y llevar el mando en los operativos.

”Son los encargados de ejecutar a la gente porque, se supone, eso les da más fuerza y hace honor a su categoría de zetas. Incluso, en caso de enfrentamientos, los L o cobra tienen órdenes de no disparar, hasta que no lo hagan los kaibiles o hasta que éstos [sic] den la orden.

”En el caso de las detenciones, los L son los encargados de esposar al enemigo capturado, mientras los zetas nuevos dirigen el operativo. Fuera de los kaibiles, hay gafes —militares élite desertores del Ejército mexicano— o zetas viejos entre los que se encuentra la comandancia de la organización.

”Destacan Mateo, Mamito, Hummer, Rex, Ostos, Caprice, Tatanka, Lucky, El Paguita, Cholo, JC, Cachetes, Bedur, El Cuije, El Chispas, El Chafe, Tizoc, El Tejón —kaibil guatemalteco—, El Flaco y Lorméndez. Hasta hace un año, arriba de El Lazca, se encontraba Tony Tormenta, hermano de Osiel Cárdenas Guillén. Pero se pelearon y Tony abandonó la organización. Aparte de los anteriores niveles, cada plaza y cada encargado tienen sus informantes propios, su contador y sus sicarios”.

A su llegada a la Presidencia, Felipe Calderón decidió dar una mayor participación al Ejército y a la Marina en la guerra contra los cárteles del narcotráfico. Los resultados están a la vista: Human RightsWatch en México ha documentado que “al iniciar la aplicación de la ley, las fuerzas armadas han cometido infracciones graves de derechos humanos, inclusive matanzas, torturas, y violaciones”.

Sólo durante el primer semestre de 2010, el organismo registró al menos mil cien quejas por abusos cometidos por el Ejército y denunciados ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Y en su reporte “México: las violaciones de los derechos humanos cometidas por el ejército”, de diciembre de 2010, Amnistía Internacional (AI) critica al gobierno calderonista por su inadecuada aplicación de la justicia, en particular por las múltiples quejas contra el Ejército.

Un año antes, Amnistía Internacional denunció que las violaciones de derechos humanos por parte del Ejército en México han alcanzado “niveles escandalosos” en los últimos dos años, por lo que, en un acto inédito, convocó a una movilización mundial que implicaría manifestaciones en las embajadas mexicanas de ciento cincuenta países del mundo, en los que el organismo tiene presencia.

Al presentar los “Nuevos informes de violaciones de derechos humanos a manos del Ejército”, Alberto Herrera, representante del organismo en México, advirtió: los casos expuestos son sólo la punta del iceberg. De las denuncias presentadas se puede advertir que en dos años las quejas contra militares se triplicaron, al pasar de trescientas sesenta y siete en 2007 a mil doscientos treinta en 2008, mientras que durante los seis primeros meses de 2009 la cifra llegó a quinientos cincuenta y nueve.

AI “ha podido comprobar cómo el Ejército no ha investigado estas quejas a profundidad”, explicó Herrera, ya que en todo momento ha omitido indagar en la cadena de mando: desde los superiores que estaban a cargo de aquellos soldados, hasta los inferiores que cometieron abusos.

Desde que Calderón sacó de sus cuarteles al Ejército para tomar la delantera en el combate contra los cárteles de la droga, han muerto cerca de treinta y cinco mil personas. Las muertes de civiles o “daños colaterales” aumentaron ciento setenta y dos por ciento entre 2009 y 2010, documentó la periodista estadunidense CyrilMychalejko para Upside Down World.

El modelo Atenco

* La represión de estudiantes en Michoacán es modelo similar al de Atenco y tocará, por casualidad o inducido, resolverse en la administración federal del mismo Peña. Y si el trasfondo no implica un aeropuerto, sí un proceso de desaparición de las normales rurales y la privatización gradual de la educación, como apuntan los propios actores, que señalan que las normales se convertirán, primero en tecnológicos que enterrarán el rescate del idioma español y los étnicos. El gobierno de Michoacán matiza. Que los normalistas y estudiantes no aceptan estudiar inglés ni computación y los llaman intolerantes.

 

Miguel Alvarado

En San Salvador Atenco, los días previos al 5 y 6 de mayo del 2006, una gira del subcomandante Marcos arrancaba por el Estado de México. En una pequeña caravana, visitaba poblaciones minúsculas antes de recalar en el valle de México, precisamente en Atenco, donde era esperado para acompañar en un acto que presuponía la declaración de autonomía de aquel municipio. Marcos nunca llegó porque se atravesó aquella jornada cuando, con el pretexto de la venta de flores en un mercado de Texcoco, la policía desalojaba y agredía a comuneros. El Frente de Pueblos por la Defensa de la Tierra, que en el año 2000 había ganado una batalla, ni siquiera civil- al presidente panista Vicente Fox al gobernador mexiquense Arturo Montiel, tío de sangre de Enrique Peña Nieto, por la posesión de tierras donde se construiría el nuevo aeropuerto de la ciudad de México a costa del patrimonio de ejidatarios. El negocio era redondo para la clase política del Estado de México, que tasó las propiedades en 7 pesos por metro cuadrado y que los propios funcionarios o amigos de esa administración comenzaron a comprar. Así, personajes como el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, perdieron la oportunidad en un negocio que hoy está valorado en 14 mil millones de dólares. Seis años después, los líderes del FPDT como Ignacio del Valle fueron encarcelados con condenas de más de 200 años, que luego fueron canceladas y ellos liberados. Atenco, pequeño municipio priista pero fundamental por los terrenos libres que lo forman, ahora pierde su espacio de otra manera, pues la Conagua lo compra para formalizar un complejo ecológico.

La represión de estudiantes en Michoacán es modelo similar al de Atenco y tocará, por casualidad o inducido, resolverse en la administración federal del mismo Peña. Y si el trasfondo no implica un aeropuerto, sí un proceso de desaparición de las normales rurales y la privatización gradual de la educación, como apuntan los propios actores, que señalan que las normales se convertirán, primero en tecnológicos que enterrarán el rescate del idioma español y los étnicos. El gobierno de Michoacán matiza. Que los normalistas y estudiantes no aceptan estudiar inglés ni computación y los llaman intolerantes.

Las escuelas normales de Tiripetío, Cherán y Arteaga son las involucradas inicialmente. Cherán es un municipio autónomo donde sus habitantes no han podido asumir plenamente su gobierno debido, en parte, a la serie de matanzas que los ejidatarios han padecido. Estos municipios tienen  mayoría purépecha.

Las normales rurales son consideradas por los gobiernos de ultraderecha como escuelas para pobres, aunque fueron parte de un proyecto de reforma educativa. “Desde su primera instalación en 1922, las Escuelas Normales Rurales no fueron ajenas a las condiciones sociales y económicas particulares de cada lugar, y por ello los planes y programas de estudio fueron adecuados a la realidad asumiendo un papel de compromiso y solidaridad con los más necesitados. El principal requisito para ingresar a estudiar en una normal rural es no contar con los recursos suficientes como para aspirar a una educación en las universidades oficiales o estatales, en pocas palabras “ser pobre”. Así, estas escuelas también se caracterizan por formar maestros rurales con vocación de apoyo; un maestro rural es entre otras cosas,  agricultor, médico… las normales rurales fortalecieron su carácter politizador estimulando el proceso de transformación social a través de la enseñanza, adoptando el modelo de educación socialista propuesto por el gobierno de Cárdenas con la reforma al artículo 3 constitucional en el año de 1934”, apunta el diario en línea El Comienzo, en el sitio http://periodicoelcomienzo.blogspot.mx. No es casualidad que el 12 de diciembre del 2012, en Ayotzingo, Guerrero, la policía reprimiera a estudiantes normalistas de aquel lugar, con saldo de dos muertos.

La supresión del lenguaje propio en las comunidades indígenas, significa el comienzo de su desintegración. El modelo no es nuevo. Los norteamericanos lo aplicaron con éxito durante su propia guerra de exterminio, contra los indígenas que habitaron su territorio y los mexicanos que quedaron “atrapados” cuando los despojos territoriales en el gobierno de Antonio López de Santa Anna. Estudiantes e indígenas la mayoría, los normalistas rurales siempre han representado para los gobiernos mexicanos una alternativa social que debe ser suprimida. Normalistas eran Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, quienes encabezaron movimientos armados en Guerrero. Vázquez era egresado de la normal de Ayotzinapan. Las normales rurales representan el corazón del México empobrecido, sojuzgado por años y al que no le alcanza para vivir, aunque trabaje más y mejor que otros. Los indígenas mexicanos, poco a poco exterminados, están representados en las normales, aunque deben luchar contra sindicalismos y factores externos como la desinformación, que les impide ser reconocidos y apoyados.

Así, las jornadas violentas del 15 al 16 de octubre arrojaron 220 estudiantes y maestros detenidos, acusados del secuestro y quema de 50 vehículos. Las versiones de los propios detenidos señalan que los policías eran militares encubiertos.

El sitio web zapateando.wordpress.com recoge algunos testimonios, como el de una estudiante de Tiripetío, el 16 de octubre: “en ese momento me informan que faltan compañeras… una compañera y yo empezamos a buscarlas. Corrí, no medí las consecuencias y cuando corría en el balcón, desde abajo, los policías comenzaron a dispararme muchas balas, eran bastantes policías disparando. Ya no pude resistir más y me arrinconé. Cerca de cuatro federales me agarraron y empezaron a insultarme. Primero, un policía me golpeó en las costillas y yo le dije, ¡aguante! Él me dijo, “aguante qué, puta, querías andar de valiente, pues ahora vas a ver lo que se siente, hija de la chingada, andas aquí de puta de éstos, ahora vas a ser mi puta”. Y entre otros cuatro, cuando iba pasando, me daban macanazos en las piernas, y yo lo único que decía era, aguante, aguante, espere. Tenía mucho miedo de que me hicieran algo más. Cuando iba bajando las escaleras, lo único que sentí fue que un policía me tocó, y yo manoteé y otra vez comenzaron a decir, “viejas hijas de la chingada, querían andar aquí, ahora se aguantan, van a ver lo que les pasa por andar de putas…”.

Las desapariciones también fueron practicadas y el Frente Nacional de Lucha por el Socialismo, denunció la de Salvador Toribio Pérez, de 18 años, originario de Sirio y estudiante de la Normal indígena de Cherán, detenido por la Policía Federal a las 4 de la madrugada del 15 de octubre. Las autoridades niegan tenerlo.

La información está disponible en internet, en medios de comunicación autogestivos e independientes, que cronican el otro lado de las versiones de Televisa. Milenio o El Universal, medios. Así, mientras los “reconocidos” señalaban 12 mil manifestantes en el centro de Morelia exhibiendo libertad para los normalistas, los otros apuntan 40 mil. Los números son los de menos, pero comprueban la facilidad con la que los escenarios se transforman. En México existe una red de contra-información poco utilizada que reportea las mismas noticias desde otro punto de vista. Y México, el que surge de aquello, es totalmente distinto.

Michoacán es uno de los estados más afectados por el narcotráfico y la pobreza. Algunos analistas consideran que se realiza la misma pantomima que se montó en Atenco. Mientras La Gaviota discute en París el tema de la libertad de Florence Cassez, el gobernador michoacano, Fausto Valle, de extracción priista a y quien se le señala con una enfermedad terminal, prefiere el enfrentamiento con los estudiantes como respuesta a la presión pública y política a la que fue sometido. Michoacán es un ensayo largamente llevado a cabo y que deberá culminar, dice el periodista Julio Hernández de La Jornada, en la imposición de proyectos nocivos. “En torno al petróleo nacionalizado por Lázaro Cárdenas en 1938, los partidarios de la defensa de ese recurso natural no renovable en manos del Estado y bajo su pleno control, preparan una batalla frente al intento de una nueva reforma al sector energético del país, que el futuro presidente Enrique Peña Nieto se niega a llamar privatización e insiste en que sólo se trata de un modelo de asociación con capital principalmente extranjero”, señala el analista Salvador del Río, en torno a lo que se espera que Peña Nieto haga al frente de la administración federal.

Vallejo, en contraparte, ha anunciado un fondo para donar 40 millones de pesos anuales al Teletón, fundación de Televisa cuestionada por deducir impuestos con el dinero de otros.

Nación Peña Nieto

* La Nación Peña Nieto es la misma que la gobernada por Santa Anna y Porfirio Díaz. No hay diferencias ni siquiera en el boato de ceremonias ni ventas de territorio o bienes del país. La mutilación continúa y la clase política, aquella que hoy le llora al hijo asesinado de Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila y ex presidente del PRI, aliado financiero de Peña, es la única beneficiada. La reforma laboral, una parodia de la más domestica de las realidades, termina por legalizar los usos y costumbres de una economía particionada, incapaz de competir en lo elemental y que encuentra en los fuera de la ley a sus principales proveedores. Esta clase política, la de Peña Nieto, Calderón, Eruviel Ávila, Obrador, Moreira, promueve la violencia como elemento fundamental de desarrollo y el miedo como un acicate comercial.

Miguel Alvarado

Poco a poco, la “Nación Peña Nieto” toma forma y cristaliza lo heredado. México, un país feudal, encuentra que el camino es someterse. La desintegración de la Federación sucedió en algún momento y el poder presidencial entendió que debía aliarse con los poderes regionales, centralizar sólo lo burocrático, el ornato, las sedes físicas. Es más sencillo, se entiende desde la Edad Media, convocar cuando se requiere a los pequeños reyes, condes y terratenientes al lado del Emperador, aun a costa del riesgo de un golpe de Estado.

La Nación Peña Nieto es la misma que la gobernada por Santa Anna y Porfirio Díaz. No hay diferencias ni siquiera en el boato de ceremonias ni ventas de territorio o bienes del país. La mutilación continúa y la clase política, aquella que hoy le llora al hijo asesinado de Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila y ex presidente del PRI, aliado financiero de Peña, es la única beneficiada. La reforma laboral, una parodia de la más domestica de las realidades, termina por legalizar los usos y costumbres de una economía particionada, incapaz de competir en lo elemental y que encuentra en los fuera de la ley a sus principales proveedores. Esta clase política, la de Peña Nieto, Calderón, Eruviel Ávila, Obrador, Moreira, promueve la violencia como elemento fundamental de desarrollo y el miedo como un acicate comercial. Esas lecciones, bien aprendidas desde la óptica de la Doctrina Monroe y el inhumano Destino Manifiesto, se han convertido en los valores del México aparentemente independiente y se transmiten sin objeción de generación en generación, como un regalo genético que películas, televisión, culturas y subculturas nutren diariamente.

La ejecución del hijo de Moreira, atribuida a una venganza de Los Zetas, es llorada amargamente en el mismo tono en el que se ha ignorado a las 10 periodistas asesinadas desde el 2010, a los 2 mil policías, a los 3 mil 500 choferes, a los 700 indigentes, a las 922 mujeres mexiquenses y a los 200 mil desplazados por la supuesta guerra contra el narcotráfico. El reacomodo del verdadero gobierno lanza la advertencia a quienes les estorba o no cumplen. Los Moreira, señalados por desfalcos descomunales, entienden por las malas la naturaleza de la guerra, de la otra guerra que efectivamente se libra en México y que tan neciamente niegan en lo público, como si trataran con estúpidos.

La Nación Peña Nieto abre las puertas al empleo y el mexiquense convoca al pueblo en general para que participe en el gabinete que gobernará el país. Engreído, entrampado en el estilo mendaz del Grupo Atlacomulco, condena los huevazos dirigidos con olímpica puntería hacia la lectora de noticias Adela Micha, cuando recibía un doctorado honoris causa en la Universidad Veracruzana, pero calla sobre las condiciones de seguridad en las que dejó al Estado de México, cuando intentó poner orden, su propia disciplina maquiavélica.

José Eduardo Moreira se preparaba para ser gobernador de Coahuila, pequeño reino sometido por su padre, primero, y luego por su tío, Rubén. Como heredero, comenzaba desde cargos medios que pronto escalaría, como lo hizo el mismo Peña, para conseguir el sueño de la familia, la presidencia.

Los Moreira se derrumbaron en público, en la misa de cuerpo presente y durante el entierro. Las reacciones ciudadanas fueron encontradas. Observar sufrir a las familias en el poder, supermillonarias, señaladas por enriquecimientos inexplicados y trampas con fondos públicos, hizo catarsis entre los jodidos, la raza híbrida, como define la filosofía de Jefferson y Lincoln al mexicano. El sentimiento de revancha, aunque sea por televisión, permeó indetenible y las conjeturas cuadraron, al menos en el imaginario popular. El que la hace la paga, sentenciaron las redes sociales.

Moreira, la familia, acudió a las honras custodiada por guardias armados hasta los dientes. La pasarela negra fue un desfile de miedo y oscuridad. Allí estaban Coldwell y Chong, en representación del Grupo Atlacomulco y el resto de la corte coahuilense. Conmovedor, el ex gobernador Humberto se derrumbó aceptablemente ante el cuerpo de su hijo, como lo hizo Javier Sicilia ante el féretro del suyo. Sicilia, más poeta, se decidió por su Caravana y encaró a medio mundo nada más para que se enteraran, sabiendo imposible cualquier maniobra por legal que fuera. Humberto, en cambio, mira el despliegue de mil 500 efectivos federales a lo largo de su entidad en busca de los asesinos. Y culpa al crimen organizado, olvidando por las circunstancias que aquello se define como el contubernio entre autoridades y hampones y que sólo florece en los cultivados campos de la impunidad. Los Moreira han entendido a Sicilia, quien al mismo tiempo representa a las familias de los 90 mil muertos que ha dejado el enfrentamiento armado que se libra en México, cuyos dirigentes son capaces de encubrirlo por seis años. Y Humberto, quien el 23 de mayo del 2011 estaba dispuesto a analizar la propuesta del escritor sobre encontrar armas legales para la defensa del ciudadano, la estudia ahora de la manera más brutal. “Claro, primero apoyar, escuchar al señor Sicilia, sin condición alguna, no se le puede poner condiciones a (su) expresión y bueno, revisar cuál es su propuesta y parte de ella está en la Reforma Política”, reproducía el diario El Universal aquel día.

“Mi hijo, uno de los muertos de esta guerra”, “he aguantado todo, menos esto” y “pido que se haga justicia” son las frases que describen la tragedia familiar del más poderoso de Coahuila. El 25 de septiembre del 2012, la revista Proceso publicaba que Rubén Moreira aceptada mil 600 desaparecidos en su estado, aunque culpaba de paso al gobierno federal.

Así, aquella televisión que participó en el encumbramiento de Peña Nieto fue ahora portavoz del dolor desde el poder. La señorita Laura, pero al revés, funciona lo mismo para el televidente empobrecido a quien le da lo mismo el nombre de los muertos y con ello se queda. Con nada más. Nicaragua, mientras tanto, se decide a oficializar que dos de los 18 mexicanos detenidos por transportar 9 millones de dólares relacionados con venta de cocaína trabajaban para Televisa

El 2 de octubre, fantasma empedernido de revueltas kamikaze, se entierra definitivamente en las marchas del recuerdo que los estudiantes se empeñan en preservar en los retratos de Guevara y las consignas de los tiempos de Allende, en Santiago de Chile. Nada es suficiente y nuestro presidente no saldrá a defender su palacio ni su país, metralleta en mano, ni lo asesinarán diciendo que fue suicidio. Ninguna revolución es posible, por ahora, y las palabras de un tal Jacobo Zabludovsky recuerdan ingratas una hermosa mañana del 3 de octubre, con cielo despejado y donde no ha pasado nada, excepto los camiones militares por el centro de la ciudad cargados de cadáveres y que vieron todos los que trabajaban en oficinas ubicadas más allá del segundo piso.

El fantasma de Peña acude con premura a Ciudad Acuña para velar al joven Moreira pero olvida Luvianos y Tejupilco, las señeras tierras donde la verdadera autoridad, como llaman sus habitantes a los integrantes de los cárteles, La Familia, los Zetas o los Templarios, despachan entre balas y treguas. Pequeños reyes, establecen dominios pequeñísimos pero armados, como dicen los gringos, igual que sirios, libios e iraníes.

Observadores en Luvianos aseguran que los habitantes se han acostumbrado y viven perfectamente bien. Que el comercio, la vida pública que comprende ayuntamientos, escuelas y actividades agropecuarias siguen su propio ritmo, como si nada pasara. A veces, comentan, es necesario pedir algún permiso para pasar por ciertos terrenos o realizar alguna actividad, pero en general, todos viven bien. Caja de Agua, el emblemático campo de batalla donde van más de 100 muertos, es lo que es porque de allí era Osiel Jaramillo, feroz lugarteniente de los Zetas caído bajo 49 impactos de bala en el 2009, cazado por paramilitares de La Familia. Al parecer no hay mejor lugar para batirse a duelo que aquel páramo tenebroso.

No hay leva ni nada por el estilo. Nadie es obligado a participar en el negocio del narcotráfico. Pero los jóvenes acuden y por decisión propia se enrolan en esas filas. Los niños, desde pequeños, juegan al equivalente del Chavo del Ocho y cada uno quiere ser sicario Zeta o de La Familia y enfrentarse aunque sea a pedradas por el control de la plaza de juegos. Fuera de allí, no pasa nada, la región es como cualquiera otra.

La mexicana realidad establecida desde puntos específicos como Luvianos o Tejupilco se repite y amplía sus magnitudes. Las leyes sociales siguen aplicando, de cualquier manera, pero el reflejo se agiganta. Luvianos es infinitesimal pero demasiado importante para ignorarlo. Igual que Ciudad Acuña, que los apellidos Moreira o Peña, basta mirar al sur mexiquense para entender al resto del país.

Al mismo tiempo, el 4 de octubre otras cuatro personas eran ejecutadas en diversos puntos del Edomex, según el diario local Alfa, que establece 456 muertos con esas características en lo que va del año para la entidad. Eruviel Ávila, gobernador mexiquense, insiste que la entrada del ejército ha bajado la delincuencia hasta la mitad en los municipios intervenidos. “Estamos trabajando con toda seriedad y contundencia en contra de los delincuentes”, dice todavía.

Funcionarios y policías han sido implicados en el homicidio del joven Moreira. Es el crimen organizado, dice su padre, con total conocimiento de causa. Mientras, Luis Videgaray cabildea con los norteamericanos como hiciera Santa Anna por la mitad del territorio, y ofrece abrir Pemex a la inversión extranjera.

El 5 de octubre del 2011, un día después del entierro del hijo ejecutado, un supuesto twitt de su viuda, Lucero Davis, sacudía las redes sociales. “@rubenmoreiravdz. No sabes gobernar!!! Esto es tu culpa maldito!!! No sabes gobernar!!! Renuncia”.

La cuenta @lucerodavis tiene tres mensajes alusivos al caso. El primero dice “Exijo justicia!!!!! Por el asesinato a mi esposo José Eduardo”. Otro es un “Justicia!! Justicia!!”.

Los ojos de Karen

* La cifra de los reconocidos quince mil doscientos setenta y tres homicidios perpetrados con violencia extrema en 2010, dio la vuelta al mundo y fue motivo de estudio para instituciones internacionales como la Universidad Alemana de Heidelberg, que en su informe “Barómetro de conflictos 2010” clasificó a México como el primer país en guerra en el Continente Americano desde 2003. Su violencia y sus muertos sólo son comparables con los de países como Afganistán, Irak, Paquistán, Somalia y Sudán.

 

Francisco Cruz Jiménez

Las ejecuciones del primer año de gobierno de Felipe de Jesús, según cifras recabadas por cada Procuraduría estatal, rebasan con mucho a las oficiales pero hay una cifra negra que nunca se contabiliza, mientras otros homicidios son atribuidos al llamado fuero común. Pero aun con las cifras reconocidas, la situación alarma: el aumento en las ejecuciones supera en setecientos por ciento a las ocurridas en el sexenio anterior.

Del 1 de diciembre de 2006 al día 31 del mismo mes de 2007, por ejemplo, se reportaron dos mil ochocientos sesenta y ocho asesinatos en la guerra contra el narcotráfico. Para 2008 ya eran seis mil ochocientos treinta y siete y, para 2009, nueve mil seiscientos catorce, hasta llegar a los quince mil doscientos setenta y tres de 2010. Aunque si se toman en cuenta informes de las procuradurías estatales, en 2009 el número se ubicaría en once mil setecientos cincuenta y tres, además de diecinueve mil quinientos cincuenta y siete en 2010.

La cifra de los reconocidos quince mil doscientos setenta y tres homicidios perpetrados con violencia extrema en 2010, dio la vuelta al mundo y fue motivo de estudio para instituciones internacionales como la Universidad Alemana de Heidelberg, que en su informe “Barómetro de conflictos 2010” clasificó a México como el primer país en guerra en el Continente Americano desde 2003. Su violencia y sus muertos sólo son comparables con los de países como Afganistán, Irak, Paquistán, Somalia y Sudán.

De los números aceptados, treinta mil novecientas tres muertes fueron atribuidas a ejecuciones; tres mil ciento cincuenta y tres a enfrentamientos, y quinientas cuarenta y seis a las agresiones contra las autoridades. Y casi noventa por ciento de los homicidios se cometieron para amedrentar rivales o disciplinar a los cómplices.

Ya antes, los alemanes habían clasificado a México como un país en “crisis violenta”, primero por el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y luego, en 2006, por los conflictos con la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y la incertidumbre en torno a las elecciones presidenciales.

Felipe de Jesús cree, sin embargo, que la percepción de la violencia en México está sobredimensionada, pues en el continente hay países que superan el número de muertos en territorio nacional. El 7 de enero de 2011, durante un almuerzo de trabajo enmarcado en la XXII Reunión Anual de Embajadores y Cónsules de México, en Los Pinos, el presidente mexicano, en un intento más por defender su estrategia contra el narcotráfico, presumió “cómo andamos con respecto a otros países”.

“A pesar de lo intenso que es, precisamente, este tema en todos, también debemos señalar, debemos poner en perspectiva también la dimensión de la violencia en México. Cómo andamos, insisto, con respecto a otros países. Por poner varios ejemplos, la tasa de homicidios en México está alrededor de trece homicidios por cada cien mil habitantes. Es una cifra alta.

”Pero también vale decir, por ejemplo, que países como Venezuela está oficialmente en cincuenta y dos homicidios por cada cien mil; que países como Honduras, Guatemala y El Salvador, los tres tienen cifras arriba de setenta homicidios por cada cien mil; que Jamaica está arriba de setenta homicidios por cada cien mil; Dominicana está en cuarenta y ocho; Colombia, incluso con todo el éxito que ha tenido nuestro amigo Álvaro Uribe, está, precisamente, todavía con treinta y nueve homicidios por cada cien mil. Brasil, por ejemplo, tiene veintidós homicidios por cada cien mil. Aquí hay también una paradoja perceptual”, defendió.

A finales de marzo, un grupo de setecientos quince medios de comunicación de todo el país —convocados por Televisa, TV Azteca, El Universal y Milenio— se plegaron a la solicitud de Felipe Calderón para redefinir la cobertura y el tratamiento dado a las noticias sobre violencia y narcotráfico.

Según ellos, “la estrategia, que cuenta con el apoyo de empresarios, universidades y organizaciones de la sociedad civil, tiene como reto central consignar hechos con valor periodístico, pero limitar sus efectos propagandísticos (…) con la responsabilidad de actuar con profesionalismo ante la ola de violencia sin precedente que se vivo [sic]”. Esto dio pie para interpretar que los medios no se apegaban fielmente a los hechos ni actuaban con profesionalismo.

Triste consuelo: los testimonios de Karen mostraron que desde 2005 el nuevo ejército del sicariato se había tornado excesivamente sanguinario para enfrentar a otros cárteles por el control del mercado del narcotráfico. Además de sus muertos regados por cada municipio, las actividades de Los Zetas se extendían al cobro por seguridad y a una nueva modalidad para reclutar a los jóvenes, con tres exigencias clave: lealtad, disposición para matar y perderle el miedo a la muerte.

La ofensiva zeta debilitó a las estructuras oficiales y cada día que pasaba tenía una mayor participación en el mercado del narcotráfico. Pero, palabras más, palabras menos, ésta es su historia tal cómo la contó Karen a los agentes del Ministerio Público que le tomaron su declaración aquel septiembre de 2005. El relato quedó plasmado en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/222/2005:

“Por el mes de julio o agosto de 1994 me di de alta en el Ejército mexicano como soldado raso de infantería, siendo asignado al Sexagésimo Quinto Batallón de Infantería, en el Campo Militar número uno, con sede en la Ciudad de México”. En el Ejército había estado su tío Alejandro, pero también “otros primos, cuyos nombres no recuerdo, estuvieron como militares en distintas partes de la República. En aquel batallón —el sexagésimo quinto— estuve aproximadamente diez meses, pero como el sueldo no me alcanzaba me sentí agobiado y decidí desertar”.

Y desertó para emplearse en una tarea mucho más lucrativa. Según datos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, el negocio de las drogas ha generado más empleos que el gobierno de quien en campaña se hizo llamar ‘el presidente del empleo’. En los hechos, los puestos laborales creados en 2010 no fueron suficientes para recuperar los perdidos durante la crisis de 2008 y 2009.

En esos dos años se perdieron un millón cien mil plazas. Además, habría que incluir las que, atendiendo a proyecciones gubernamentales, se debían crear, por ejemplo, en 2009: un millón doscientas mil nuevas vacantes. Visto de esa manera fría, las creadas en 2010 ni siquiera alcanzaron para reponer las que desaparecieron durante la recesión.

Si se contaran sólo 2009 y 2010, el gobierno federal tenía, al iniciar 2011, un rezago de siete millones de plazas. En contraste, la industria del narcotráfico crea unos trescientos mil empleos a través del cultivo de marihuana y opio. A esa cifra debe sumarse la chamba de ciento cincuenta mil personas más, que fungen como sicarios, dealers, correos o contadores, si se atienden las cifras que manejan los organismos de Justicia de Estados Unidos.

Tras una larga historia de complicidades entre gobernantes, cárteles y capos, es precisamente en el sexenio de Felipe de Jesús cuando todo empeora. Las complicidades y la corrupción tienen continuidad, pero con un ingrediente adicional: la sangre.

Ríos de sangre alimentados por los treinta y cuatro mil seiscientos doce muertos registrados del 1 de diciembre de 2006 al día 31 del mismo mes, pero de 2010. En términos fríos, y atendiendo al cuerpo humano y sus proporciones, esos muertos representarían ciento cincuenta y seis mil doscientos cuatro litros de sangre que, a su vez, se traducen en trescientas doce mil cuatrocientas ocho unidades, suficientes para abastecer, al menos, a seis bancos de sangre de Tamaulipas.

Como referencia, el de Ciudad Victoria, la capital de Tamaulipas, inaugurado el 4 de diciembre de 2010, que tiene capacidad para procesar hasta cincuenta mil unidades de sangre al año. Y como todos los centros de este tipo a nivel nacional, adolece de falta donadores.

La violencia en México, resultado del narcotráfico, no sólo puede medirse en litros o en muertos, sino en millones de dólares. Los cárteles y las actividades ilícitas que de ellos se desprenden han generado los empleos que la administración calderonista ha sido incapaz de crear.

El dinero “limpio” luce cada vez menos ante los mares de billetes que produce a diario esta lucrativa e ilícita empresa. Para muestra, lo que dicen los expertos. Calificadoras internacionales advierten que para México habrá serias consecuencias en el mediano plazo, pues la inseguridad se concentra en cinco entidades federativas que, en suma, producen veinte por ciento del Producto Interno Bruto a nivel nacional.

De acuerdo con informes de la calificadora estadunidense Fitch Ratings, “aunque la violencia está altamente concentrada y muy relacionada con los cárteles de la droga, el hecho de que se haya extendido a Monterrey ha exacerbado el ‘problema de percepción’ en relación con esta cuestión”. No obstante, señaló que la inversión del uno por ciento del PIB que el gobierno ha destinado para combatir esta problemática es insuficiente, pues no ha derivado ni siquiera en aparentar que la inseguridad está bajo control.

“La evidencia anecdótica sugiere que el aumento de la tasa de criminalidad parece estar afectando los niveles de confianza, y el comercio al por menor, restaurantes y actividades relacionadas, vulnerando el crecimiento del país”.

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