dios está en todas partes

* La placita central de Metepec está divina. Nadie puede decir que Carolina Monroy, prima de sangre de Peña Nieto, no se preocupa por las apariencias. Movió unos 30 metros el zócalo y colocó a la Tlanchana en una fuente con orgánicos diseños, chorros de agua primorosos, casi tejidos a mano y diseñó un puente que ha terminado por gustarle a todo mundo, aunque no lleve a ninguna parte.

 

Miguel Alvarado
Se murió García Márquez con todo y su coronel Buendía. Y en Metepec también se moría Jesús de Nazareth bajo un clima de 35 grados a la sombra, rodeado de ambulantes y rica fruta fresca, toda de la temporada y un montón de fotógrafos que no dejaban castigarlo a gusto.
Pero las cosas son así cuando la fe resulta la explicación más razonable para este valle de lágrimas. Sólo por ella se aguantan los 87 ejecutados en la entidad, o que Eruviel Ávila y Enrique Peña disputen el poder público como si legalmente fuera de ellos y usen el recaudo hacendario para pagar proyectos personales. Y sólo para el gusto de los pro-hombres, cien mil pesos semanales para vinos. Tres millones de pesos para celulares. Dos millones de pesos para gasolina y banquetes y una serie lastimosa de desgloses a la vista de todos los convierten en milagros vivientes tocados por algún dios olvidadizo, a quien también se le ha pagado para que se haga de la vista gorda.
La placita central de Metepec está divina. Nadie puede decir que Carolina Monroy, prima de sangre de Peña Nieto, no se preocupa por las apariencias. Movió unos 30 metros el zócalo y colocó a la Tlanchana en una fuente con orgánicos diseños, chorros de agua primorosos, casi tejidos a mano y diseñó un puente que ha terminado por gustarle a todo mundo, aunque no lleve a ninguna parte. Allí, porque es donde todos lo pueden ver, levantaron el templete donde el actor que representó a Jesús sería condenado, abofeteado, empujado, azotado y conducido a su destino fatal. Los romanos mexicanos son todavía más crueles que los asalariados centuriones y cumplen gratis una jornada de masoquismo comparable sólo a un concierto de Espinoza Paz.
Jesús de Metepec cumplió con creces porque se dejó sufrir luego de macerado por más de cinco horas. Y no conforme con no tener para el pago de servicios y algunos bienes, de ganar apenas el mínimo y comer en la calle o como malamente le agandalla el hambre, encima tuvo que cargar su propia cruz de madera y hacer que moría para la salvación de otros. (Porque los iluminados no tenían necesidad de morir por otros, o decirlo, hacerlo público. Allí sentados, amarrados y vituperados, los iluminados alcanzaron el máximo dolor en las lágrimas de otros. Dejaron, sin embargo, misterios insondables en la desmemoria del creyente. ¿Sería buena suegra la virgen María? ¿Era Jesús un metrosexual jibarizado, enamorado de sí mismo? ¿Por qué Jehová permitió el Fobaproa? ¿Le va al América? ¿Toma Coca-Cola? ¿Votó por Peña Nieto? Luego, cuando uno se muere, como Nietzche, le recuerdan lo inmortal que dios nuestro señor puede resultarnos, como si fuera una cualidad, la más deseable de las aberraciones).
Metepec, con su capa elegante de polvo y barro es pura devoción envuelta en comercios sin Hacienda y tienditas donde lo primero en terminarse son las Sabritas y las aguas Bonafont. Nadie se acordaba de García Márquez, quien cometió el error de morirse antes de la crucifixión anulando así la preciosa idea de conocer el hielo y responder las críticas de Pasolini, italiano perverso encima de todo homosexual y coleccionista de playeras del Bolonia. Metepec y su Jesús no estaban para juegos. Su mañana sangrienta era trasmitida en vivo y en directo por Facebook y sus redes sociales, sus incontables aplicaciones que jubilaban de una vez y para siempre las reglas ortográficas, el más elemental deseo de orden. Porque la pasión es así, dice el eslogan de un refresco, una cerveza o un condón, no recuerdo bien, pero es cierto y habría que embellecerla con lo que esté a la mano.
El centro del pueblo es en esencia un conjunto de bares y pequeños restoranes desde 100 pesos el cubierto, explican los amables anfitriones. Una cerveza está mal por inmoderada y prohibida pero si traes 70 pesos te la tomas en el jardincito de adentro, nada más sin hacer escándalo por favor. Ya luego te vas y le sigues con tus cosas, pero no digas que estuviste aquí. La Ley Seca es cuidada por gendarmes vestidos de gala que observan con celulares la derrota del cristiano. Uno por uno, se reportan a la comandancia como si deveras esperaran el fin del mundo. En el otro extremo, Satán ronda las calles, vestido de negro y las uñas crecidas, ennegrecidas y filosas. Aparece en todos lados con sus ropones oscuros y malolientes, la cara pintada de blanco como un leproso o un adicto a la coca, a los contratos municipales. Y anda detrás de Jesús enseñando los dientes a la distinguida concurrencia, que se aleja instintiva de él y su suerte paria. Toluca, Estado de México, Municipio Educador, como firman los boletines en la Comunicación Social de aquel ayuntamiento, aporta su granito de arena para que las fiestas fúnebres transcurran en avenencia santa: 966 nuevos jóvenes alcohólicos y drogadictos cada año, y que encima consumen tabaco. Pérfida sociedad que castiga el escape elemental, el vacío desdichado y deschichado pero en cambio festina hasta con una semana de asueto, cuetes y fritangas la muerte del más buena onda o eso dicen sus adeptos.
Por lo pronto no hay sangre de verdad pero sí un par de jóvenes que representan a la infame Salomé, bailarina suculenta aunque muy distante a las princesas que Disney y el Golden Channel nos ofertan como modelos para las futuras amitas de casa. Allí, sin embargo, en ese contexto bíblico, una radiante Salomé le baila a medio pueblo trepado para entonces en el cerro del Calvario, y que observa concupiscente las evoluciones del velo sonrosado que porta la mujer.
– Oye, ¿ya sabías que el que la hace de Jesús se rompió la madre ayer, cuando lo apresaron los romanos y le llevaron prisionero?
– ¿Y por eso parece que se va a caer a cada rato?
– Sí, no mames. Lo tiraron y cayó de rodillas. No, hasta rebotó el pobre y un sangrerío. Pero íralo, aistá como buen Jesús, chingá.
La bailadora entraba en el terreno del éxtasis. Nada más caliente a las dos de la tarde que ella y su poca ropa, a la izquierda de los juegos mecánicos, entre la famosa Corona y el mercado de antojitos. ¿Por qué todo cabe en este jarro, ni siquiera sabiéndolo acomodar? ¿Es lo mismo la iglesia que el futbol? No, no manches, la blasfemia no tiene cabida.
– Oye, que el Manchester City pagará 200 millones de euros por Messi.
– Oye, que en Huetamo se madrearon a unos sicarios y que luego en Luvianos hubo seis muertos.
Y es que dios está en todas partes, menos en este calvario mordisqueado.
A ver, vemos:
– Un hombre cargando trozos de sandía comprados en la Comercial Mexicana, con un gorro de Spiderman y botas vaqueras.
– Una mujer vestida de farisea, con una cámara de video para atestiguar los garrotazos.
– Un niño bostezante, que masca la caja de cartón de un jugo de Jumex.
– Un caballo caguengue, que trota como estrella del circo Atayde.
– Un cura que observa de lejos el carnaval, mientras se aleja en su camioneta por la avenida Estado de México.
– Una chica destetada, que ama desaforadamente a su novio mientras se compran un Bon Ice.
Pero luego viene la muerte. La población sale de sus casas y forma una valla humana con el propósito de que Jesús pase por enmedio. Admiran a los romanos y sus perfectos cascos de cartón o metal dorado, sus huaraches de suela allantada y los mantos rojos, empapados de sudor. El futuro Cristo sube apoyado en sus captores aquel último tirón y se encuentra de pronto, con los ojos cerrados, llevado ya en vilo, al pie de su cruz fantástica. Es atado con cuidado y paciencia, porque si se desanuda sólo podrá meter la boca para defenderse del golpazo. En un extremo ya cuelga Judas de su propio árbol y los romanos se juegan a los dados las ropas del señor. Antes crucifican a Dimas y Gestas y por fin Jesús es izado como palo o ropa vieja y la celebración se consuma. El silencio es inexpresable. Alcanza para escuchar, a lo lejos, la narración de Christian Martinoli gritando un gol previamente grabado. Y también para contar las caras de los que profesamos la falsa fe.
-Oye, ¿ya comiste? Porque nos estamos cagando de hambre.
Si crees, respeta. Si no crees, pues no.

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Expediente negro

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz

Como se acogen a la vieja consigna de que en la vida nadie regala nada y que uno mismo debe procurarse todo, han empezado a ordenar el expediente negro del cardenal Norberto Rivera Carrera, empezando por las demandas interpuestas en Los Ángeles por proteger a pederastas, como el prófugo presbítero Nicolás Aguilar Rivera; o la dispensa que guardó al padre Marcial Maciel, otro cura inmoral y pederasta, fundador de los Legionarios de Cristo.

Abrigan la inconsciente ambición de que el Estado de México se convierta en el centro del mundo. No debe tomarse a broma que vean a uno de los suyos como cardenal, sustituto del conspicuo Norberto Rivera Carrera, cuarto arzobispo primado de México, trigésimo quinto sucesor de Fray Juan de Zumárraga, custodio de la imagen de la Virgen de Guadalupe del Tepeyac y, por lo tanto, responsable del manejo de los dineros de la Basílica y de la Plaza Mariana.

Bajo cualquier concepto que se le busque la importancia de Monseñor Rivera salta a la vista: es también integrante del Pontificio Consejo para la Familia, de la Comisión para América Latina, del Consejo ordinario del Secretariado General del Sínodo de Obispos y de la Comisión Vaticana de Asuntos Económicos de la Sede Apostólica.

En un lenguaje que muy pocos entienden y sin que, aparentemente, se le conceda mayor importancia porque fue un sinónimo del poder de Peña, llegado el momento esperan que, poco a poco, florezcan los pecados del cardenal Rivera, las historias ocultas que debilitan su imagen y minan su autoridad en el Estado Vaticano.

Resalta, en primer lugar, la muerte de Monseñor Jesús Guízar Villanueva en enero de 2010. Ya hay quienes empiezan a recordar que, antes del deceso —ocurrido en condiciones tan extrañas que llevaron a sospechar de un homicidio—, el extinto Guízar envió a Roma documentos confidenciales en los que denunciaba actos de corrupción —enriquecimiento ilícito— de Monseñor Diego Monroy Ponce, rector de la Basílica de Guadalupe de enero de 2001 al 14 de enero de 2011, cuando fue sustituido por Monseñor Enrique Glennie Graue.

Bajo el ala protectora del cardenal Rivera, Monroy Ponce fue acusado de hacer jugosos negocios con el culto guadalupano o, lo que es lo mismo, enriquecerse al amparo de la Villa de Guadalupe, el principal santuario católico de México, que recibe 20 millones de peregrinos cada año, así como de poner en marcha la construcción de la Plaza Mariana —en la explanada de la Basílica—, conocido como el más ambicioso complejo religioso-comercial de México y en el que se invirtieron 44 mil 650 millones de pesos, producto de donaciones atribuidas, en su mayoría, a las empresas del magnate Carlos Slim.

La libertad de cultos ha permitido que muy pocos —el grupo de la iglesia Católica que encabeza el cardenal Rivera— conozca cómo se invirtió el dinero y qué destino se le dará, entre otros ingresos, a los 5 mil millones de pesos que se obtendrán por la venta de 115 mil nichos. Aparte se cuentan las limosnas, así como el cobro por bodas, bautizos, comuniones o misas de aniversario luctuoso o los acuerdos ocultos en las donaciones por 44 mil millones de pesos para edificar la Plaza Mariana en terrenos donados por el Gobierno del Distrito Federal en 2003.

En julio de 2011, Linaloe R. Flores escribió en la revista electrónica sinembargo: “el dinero de La Villa cae por un cepo, conectado a una tubería en el subsuelo del templo. Fue construido en 1974 cuando el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez erigió la nueva Basílica. La razón de esta máquina, cuya apariencia emula los artefactos de tortura de la Edad Media o las gigantescas alcancías del Renacimiento, es que la mayor parte del dinero llega en monedas. Cientos, miles, quizá millones de monedas, con todas sus denominaciones, caen a diario en un caudaloso río. ‘Contarlas de otro modo sería imposible’, suelta el padre Pedro Herrasti. Las monedas se quedan ahí hasta conformar una suma. Un intento reciente para conocer el ingreso en La Villa ha fracasado”.

Priistas mexiquenses que formaron parte del primer círculo del gobernador Peña miran con incredulidad al cardenal Rivera y recuerdan que hay sendas demandas, contra él en una corte radicada en Los Ángeles, California. Más aún, no han olvidado el desdén del papa Benedicto XVI a Rivera durante la visita que su santidad hizo a México en marzo de 2012.

Aunque es cabeza del mayor arzobispado de México, el cardenal fue relegado a ocupar un segundo plano, lo que evidenció no sólo tensión, sino un conflicto serio entre el Vaticano y algunas prominentes figuras de la iglesia mexicana, pero en concreto con el cardenal Rivera por acusaciones como las de monseñor Guízar, sobrino del santo mexicano Rafael Guízar y Valencia, y pariente, por el lado materno, de Marcial Maciel.

La percepción aumenta a niveles insospechados desde que el 30 de abril de 2010 el papa Benedicto XVI nombró como obispo de la Diócesis de Atlacomulco a Monseñor Juan Odilón Martínez García, un humilde párroco originario del municipio mexiquense de Tenancingo que conoció a Enrique Peña Nieto desde que éste tenía 10 años de edad.

Durante los últimos días de julio de aquel año, Martínez congregó en su ordenación a Peña, al arzobispo Christophe Pierre, nuncio apostólico en México; al cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Monterrey; al arzobispo Carlos Aguiar Retes, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; a Monseñor Ricardo Guízar Díaz, arzobispo emérito de Tlalnepantla y primer obispo de Atlacomulco; al arzobispo Alberto Suárez Guindas; Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas; Carlos Garfias Merlos, arzobispo de Acapulco; Javier Chavolla Ramos, obispo de Toluca y Maximino Martínez Miranda, obispo de Ciudad Altamirano.

Fue una demostración de poder en la que, como relataron algunas crónicas periodísticas, Peña “recordó que ya existía una amistad entre él y el nuevo obispo de Atlacomulco, ya que se conocieron cuando el gobernador era un niño y el religioso iniciaba su misión pastoral como vicario parroquial de la cabecera municipal atlacomulquense”.

Convencido de que en el juicio final, Dios será su abogado de oficio, sólo restaba esperar que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación validara el excelente trabajo realizado por un supermercado y una cadena televisiva en los comicios del 1 de julio de 2012, donde él obtuvo 38 por ciento de los votos; y descalificara las pruebas recabadas por el obradorismo, que forman parte de las denuncias de un fraude electoral cínico y demagógico.

Recibir la constancia de presidente electo vino a confirmar la certeza que hizo suya desde 2005 —cuando inició su campaña— de que 2012 era el año en que ocuparía la silla presidencial. Para lograrlo, no escatimó recursos, tampoco tiempo para reclutar a quien mejor respondiera a sus intereses.

Reforzado en alianzas, nada podía estropear su camino, ni siquiera los gritos y reclamos recibidos aquel viernes negro en la Universidad Iberoamericana, que lo acusaban de enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias, reparto de secretarías a familiares, represión social y gastos innecesarios. Evento que no pasó de ser más que un pequeño sustito para el político más telenovelero de México.

El escenario estaba puesto, su intento por reconquistar la presidencia para el PRI lo protagonizó en un país habitado por un gran número de mexicanos apáticos a quienes no les importa quién los gobierne y, aunque hay otros tantos preocupados, no sólo por el quién sino por el cómo, estos no arruinan la felicidad que refleja frente a las cámaras.

Como representante del Grupo Atlacomulco, que reúne los apellidos Hank, Montiel, Del Mazo, González, Barrera, por mencionar algunos, así como las alianzas que tiene con los Azcárraga y Salinas Pliego, parece que su telenovela presidencial va por buen camino.

Ellos, los políticos de Atlacomulco, han gobernado por más de 80 años al Estado de México, pequeño espejo en que puede irse reflejando el país. La entidad, de 15 millones de habitantes, muestra profundos contrastes sociales y, en la última década se ha afianzado como territorio-base para el narcotráfico.

Desde Toluca, una fría ciudad que ni siquiera destaca por su equipo de futbol profesional, se mueve la mayor parte de los hilos políticos del país. Aquí es donde se decidió el tamaño de la trampa. Las elecciones para gobernador del Estado de México, julio de 2011 fueron la prueba piloto, una pequeña muestra de cómo se cancelaría el respeto al voto de millones de mexicanos pero, sobre todo, la inutilidad de las instancias electorales.

La entrega del poder a los de Atlacomulco confirma que México es una empresa privada que se maneja con capital público, poseedora de una democracia simulada que encubre a una realeza “región cuatro” donde nadie más cabe, salvo por sus orígenes de linaje.

Conexión vaticana

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

Otro sacerdote oriundo de Atlacomulco es Abelardo Alvarado Alcántara, emparentado con la familia Del Mazo y los Alcántara, también de aquel municipio, pero dueños de líneas de transportes a nivel nacional y de la terminal de camiones Observatorio, en la ciudad de México.

Pero más allá de pasillos oscurecidos por el rumor, se le conecta con el millonario abad de la Basílica de 1963 a 1996, Guillermo Schulenburg Prado —el cura que negó las apariciones de la Virgen de Guadalupe—, quien había depositado su fortuna y herencia en dos partes. Una, en una cuenta del banco HSBC y otra en un llamado ‘Fideicomiso Guillermo Schulenburg Prado’, creado por un acuerdo de Fideicomiso Inglés, en Merrill Lynch, Trust Services S. A., Ginebra, Suiza.

Muerto el domingo 19 de julio de 2009, Schulenburg había desatado una controversia cuando, el 24 de mayo de 1996, puso en duda la existencia de Juan Diego y, por ende, las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Cerro del Tepeyac. En una carta que envió al Vaticano fue muy claro y enfático:

“La existencia del indio Juan Diego no ha sido demostrada, podríamos obtener muchas firmas de eclesiásticos preparados, así como de laicos intelectuales que avalan esta carta, pero no queremos provocar un inútil escándalo, simplemente queremos evitar que disminuya la credibilidad de nuestra Iglesia.

También declaró a la revista italiana 30 Giorni que la existencia de Juan Diego era “un símbolo y no una realidad”, y encendió la controversia y las alarmas de la cúpula religiosa cuando advirtió que la imagen de la Virgen de Guadalupe era “producto de una mano indígena y no de un milagro”.

“Un reportaje de la OEM —precisa el Semanario Nuestro Tiempo de Toluca— informaba en 2010 que la voluntad del abad pudo ser alterada a través de algo llamado ‘repudio de legados’, que ejecutó una asociación civil, Domus Spei, que en lo público tiene como finalidad ayudar a sacerdotes siempre y cuando no padezcan enfermedades mentales. La asociación la integraba el propio Schulenburg, ‘en calidad de presidente, María Isabel Schulenburg Prado, Roberto Quiroz Montero, Abelardo Alvarado Alcántara, Odilón Ramírez Pelayo y el C.P. [contador público] Óscar Philibert Mendoza’.

Alvarado se ha encargado hasta la fecha de recibir el dinero de las donaciones para aquella causa. Domus Spei cobró, en ese entonces, 3 millones de dólares del abad en lo referente a la cuenta HSBC, ‘por una adición posterior a la cláusula séptima del testamento realizada mediante otra escritura pública, fechada el 16 de marzo del 2005, ante la fe del Lic. Javier Correa Field, notario Público número 95, en el Distrito Federal… se instituye un legado por 300 mil pesos, a favor de Abelardo Alvarado Alcántara, a quien el propio Schulenburg relaciona con la asociación civil denominada Domus Spei, mencionándolo como obispo’, puntualiza la OEM.

Si Alvarado, hoy obispo emérito de México, está emparentado con los de Atlacomulco, explica su ferocidad cuando habla del panismo. ‘Los panistas no saben gobernar y su inexperiencia, ineptitud y arrogancia los han llevado a cometer muchos errores… la forma de gobernar de Felipe Calderón es a base de voluntarismos, como si los problemas se solucionaran simplemente por declarar la propia voluntad de resolverlos’, diría en 2010”.

Desde hace años, Toluca ve con perplejidad cómo, anticipándose a la edad de jubilación de Monseñor Alvarado Alcántara, la cúpula peñista se acercó al Excelentísimo obispo Florencio Armando Colín Cruz, encargado de la primera Vicaría episcopal Santa María de Guadalupe, la más importante de México, anclada en el Distrito Federal.

Vicario Episcopal de la primera zona pastoral, Monseñor Colín Cruz nació en Hondigá, Acambay el 27 de octubre de 1950. Según su biografía oficial, es el tercero de cuatro hijos procreados por Jesús Colín Colín y Socorrito Cruz Gómez.

Su formación filosófica y teológica tiene dos alma mater. La primera, el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos de la Arquidiócesis de México; y, la segunda, la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, donde realizó estudios de especialización en el Pontificio Instituto Bíblico (1978-1982), que completó con un semestre en The Hebrew University of Jerusalem (Israel), donde obtuvo la Licenciatura en Ciencias Bíblicas.

El 22 de abril de 1982 recibió en México la ordenación presbiteral de manos del Excelentísimo cardenal Ernesto Corripio Ahumada. De 1988 a 1992 estuvo nuevamente en Italia, donde, además de cursos complementarios a su formación, elaboró y defendió su tesis con la que obtuvo, en la Pontificia Universidad Gregoriana, su doctorado en Teología Bíblica.

Su hoja oficial de vida ofrece algunos datos atractivos para el Grupo Atlacomulco: el 12 de octubre de 1996, bajo las órdenes del Excelentísimo cardenal Norberto Rivera Carrera, dejó la Vicerrectoría del Seminario Conciliar y se hizo cargo de la Parroquia de Capuchinas.

Monseñor Colín “es el tercer canónigo en hacerse responsable tanto de la Parroquia de Capuchinas como de la Capilla de Indios, Capilla del Pocito y del Bautisterio, administradas de manera independiente a la Basílica. Después de dos años, el cardenal lo nombró integrante del Cabildo de Guadalupe, haciéndolo canónigo junto con Monseñor José Luis Guerrero y Monseñor Juan Aranguren”.

En la dimensión de locura en la que entró el Grupo Atlacomulco desde que se confirmó la imposición de Enrique Peña en la Presidencia de la República, hay convencimiento de que monseñor Colín Cruz es el elegido para sustituir a Rivera Carrera como arzobispo primado de México y cabeza de la iglesia católica mexicana.

Futuristas ilusos o videntes precoces, priistas del Estado de México están convencidos de que, con el apoyo sólido del presidente Peña —y sus amistades en el Vaticano—, monseñor Colín Cruz tiene la posibilidad de erigirse en guía moral de todos los mexicanos, influir para que le otorgue la investidura de cardenal que ahora tiene Rivera Carrera y desde allí, iniciar una cruzada por el papado.

Si es una mera vacilada o no, es cuestión de esperar, pero, como dicen los viejos atlacomulquenses, medio en broma y medio en serio: “ya tenemos seis gobernadores, un presidente de la República, un puñado de obispos y estamos en camino de tener un cardenal. Sólo nos hace falta tener un dios propio, nuestro dios”.

Los negocios de la Iglesia

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

El clero, plagado de mexiquenses en cargos donde pueden influir en el destino del país, tendrá, como en cada proceso electoral, su participación. No es casual que el Papa haya visitado al país en tiempos comiciales y tampoco resultó extraño que lo haya hecho. Priistas y panistas tienen un origen común, que actualmente los ubica en el extremo más conservador de la ultraderecha.

Al final del día, los atlacomulquenses también esperan contar con el apoyo de Monseñor José Francisco Robles Ortega, cardenal de Guadalajara, amigo de Peña. Aunque pocos lo recuerdan, Robles fue obispo de la diócesis de Toluca de 1998 a 2003. Y siempre llevó relaciones cordiales con el Grupo Atlacomulco, sobre todo con los ex gobernadores César Camacho Quiroz y Arturo Montiel Rojas.

Vista a la distancia, la influencia de su Ilustrísima Ruiz y Flores también fue determinante para que el 11 de abril de 1951 el humilde párroco Arturo Vélez Martínez recibiera la llamada Consagración Episcopal.

De acuerdo con los biógrafos de Vélez Martínez—Antonio Corral Castañeda y Adela García Moreno—, la diócesis “comprendía 12 vicarías foráneas con sus correspondientes parroquias e iglesias filiales: Almoloya de Juárez, Coatepec Harinas, Ixtlahuaca, El Oro —estas dos vecinas de Atlacomulco—, Sultepec, Tejupilco, Temoaya, Tenango del Valle, Tenancingo, Santiago Tianguistenco, Valle de Bravo y Toluca”.

Al margen de los problemas judiciales que enfrentó, “Vélez Martínez es una de las personalidades más destacadas del Estado de México e hijo dilecto de Atlacomulco, murió el 22 de agosto de 1989 en la ciudad de Toluca, a los 85 años de edad, después de haber estado al frente de la diócesis durante casi 30 años”, precisan Corral Castañeda y García Moreno.

La influencia de Maximino Ruiz fue determinante para que otros atlacomulquenses —entre ellos Ezequiel Rosas Monroy, Eliseo Velasco González, Faustino Flores, Francisco Escamilla Gómez y Enrique Mercado Varas de Valdés— abrigaran la carrera sacerdotal. Corral Castañeda y García Moreno recuerdan en 30 Atlacomulquenses distinguidos, reseñas biográficas, publicado en 2004, que el rector del Seminario Conciliar de la Ciudad de México era el doctor Maximino Ruiz y Flores.

Desde principios del siglo XX, el cura radical Maximino Ruiz se convirtió, en forma abierta la mayoría de las veces, en guía “moral” y espiritual de los caciques atlacomulquenses. A su muerte, el lugar fue ocupado por Vélez Martínez, “el cura del diablo”, llamado así porque desapareció los apoyos económicos de sus feligreses.

Seducidos por fantasmas del poder eclesial, otros hijos de Atlacomulco, conocidos por sus andares políticos, también intentaron, si bien en forma infructuosa, seguir la carrera sacerdotal. Entre ellos destacan Enrique Peña del Mazo —padre del presidente Peña—, Arturo Montiel Rojas y Juan Monroy Pérez, pero ninguno tuvo el carácter y la disciplina necesarios, los únicos requisitos con que contaban eran el amor al dinero público y su ambición de poder.

A la muerte de su Ilustrísima Vélez Martínez, los atlacomulquenses no se quedaron sin un representante de Dios en la Tierra. Su lugar lo ocupó Monseñor Abelardo Alvarado Alcántara, actual obispo auxiliar emérito de la Arquidiócesis de México. Sus credenciales lo avalan como digno sucesor: de 1999 a 2003 fungió como secretario general de la Comisión del Episcopado Mexicano y de 2004 a 2006 fue encargado del Departamento de Relaciones Iglesia-Estado en la Secretaría General de la CEM.

Para explicarlo mejor, cuando Arturo Montiel y Peña fueron gobernadores, Monseñor Alvarado Alcántara se convirtió en un hombre poderoso, cumpliendo con su primera cualidad; es decir, el haber nacido en Acambay —tierra original de los Peña—, que pertenece a la Diócesis de Atlacomulco. Y por si alguien dudara del apoyo que éste dio a Enrique, algunos de sus mensajes lo aclaran.

Apenas pasados los comicios del 1 de julio de 2012 escribió: “las supuestas irregularidades que se cometieron el día de la elección parecen ser las normales en una votación en que supone un trabajo arduo y complejo (actualizar el padrón electoral, imprimir millones de boletas, instalar las casillas, representantes de los partidos que verifiquen el desarrollo de la elección, el conteo de los votos, las actas que dan fe de los resultados, los miles de observadores nacionales y extranjeros, etc. etc.). Es decir, se trata de errores humanos que no inciden gravemente en el resultado”.

Fuentes allegadas a la cúpula de la iglesia Católica advierten que, a finales de la década de 1990, Alvarado Alcántara constituyó uno de los pilares para que Atlacomulco fuera considerado en la categoría de Diócesis. Además, los viejos atlacomulquenses recuerdan que su ingreso al seminario y, más tarde, al clero de poder, se dio de la mano del obispo Arturo Vélez Martínez.

Por si le faltara alguna credencial, forma parte de la gran familia del Grupo Inversionistas en Autotransportes Mexicanos S.A. de C.V o IAMSA —que controla, entre otros, 8 mil unidades de transporte de pasajeros—, fundado por Jesús Alcántara Miranda, originario de Acambay, y que preside su hijo Roberto Alcántara Rojas, pariente de Arturo Montiel.

Esta es una de las claves. Monseñor es tío de Jesús Sergio Alcántara Núñez —de la misma familia de Acambay—, un político ligado al primer equipo del nuevo Presidente, aunque, según los peñistas, hace parte del trabajo sucio. Ellos advierten que fue el suplente de Peña cuando este último llegó a la Legislatura del Estado de México en 2003, de donde brincó a una diputación federal.

“Su nombre puede resultar desconocido en la mayor parte del país, pero es una de las piezas clave en la estrategia de Peña. Jesús Sergio Alcántara Núñez pertenece a una poderosa casta política y económica que controla el Estado de México y es socio de un emporio dedicado al transporte terrestre de pasajeros a nivel nacional”, alertó en julio de 2011 el periodista José Pérez-Espino.

Y el 11 de julio de 2011, el extinto periodista Miguel Ángel Granados Chapa escribió sobre él: “es la quintaesencia del priismo mexiquense, ese del que los políticos locales no pueden ni quieren apartarse. Se trata de Jesús Alcántara, el segundo de ese nombre en la historia reciente del partido invencible en el Estado de México. Su nombre completo es Jesús Sergio Alcántara Núñez. Su biografía escueta lo presentaría como un hábil ganador de posiciones de elección popular. Fue alcalde de Acambay, diputado local dos veces por el distrito respectivo y módico diputado federal en la LX Legislatura, la anterior a la presente.

”Pero es parte de una familia poderosa e influyente. Su abuelo y tocayo, que calcó en menor escala el trayecto de Carlos Hank González, de quien era muy cercano, y probablemente socio, fue Jesús Alcántara Miranda. Como lo sería su nieto, ya rico fue presidente municipal de Acambay, en 1958, el mismo año en que el profesor lo era de Toluca. Construyó su bonanza en el transporte público, en las inmediaciones de su localidad y luego en el centro del país. Presidió el consejo de administración de Autotransportes Flecha Roja al mismo tiempo en que era diputado federal (dos veces: en 1979 y en 1985). Coronó su carrera política en el Senado, en el sexenio salinista.

”Ya para entonces su hijo mayor, Roberto Alcántara Rojas iba haciéndose cargo de los negocios, con sus hermanos José Luis y Arturo. En esa época el patrimonio familiar visible se integraba ya con nuevas líneas de autobuses, beneficiarias del programa de modernización emprendido por Salinas, que trocó los vehículos vetustos de la abajeña Flecha Amarilla en las unidades comodísimas de Primera Plus, ETN y otras por el estilo. También ingresó a la transportación turística y hasta a la aérea, con Viva Aerobús.

”El único traspié de un hombre próspero como Roberto Alcántara fue prontamente remediado con dinero público. Adquirió en 1992, en el bazar bancario abierto por Salinas, el Banco de Crédito y Servicios, Bancreser. Era utilizado, como otros varios, para financiar los negocios propios, a través de créditos quirografarios y préstamos cruzados. Cuando reventó esa situación generalizada en el nuevo sistema bancario recién privatizado, allí estaba el presidente Zedillo para sufragar los costos del fracaso. El Bancreser en ruinas fue vendido por el Instituto de Protección al Ahorro Bancario, que remplazó al Fobaproa.”

Todavía en aquel tiempo, julio de 2011, Madai Gabriela Alcántara Núñez —hermana de Jesús— era una de las reclutas de Angélica Rivera Hurtado, “La Gaviota”, segunda esposa de Peña. Sin hacer mucho ruido, la ubicó como subdirectora de Albergues del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Todo es perceptible, nada se ha dejado al azar: monseñor Alvarado es familiar del empresario Mayolo del Mazo Alcántara —propietario de los balnearios Cantalagua y Tepetongo—, emparentado este, a su vez, con Alfredo del Mazo González.

En el entramado de relaciones y parentescos, fuentes de iglesia afirman que Alvarado Alcántara se ha convertido, en los hechos, en enlace entre el presidente Peña —como lo hacía cuando este era gobernador— y la Confederación del Episcopado Mexicano, así como con algunos de los obispos más influyentes del país. Lo han convertido en un personaje central de la historia.

“El jueves 7 de julio —observó Pérez-Espino en un amplio reportaje que subió al blog La Utopía y publicó en el periódico digital sinembargo (sinembargo.com.mx)—, en la Casa de Gobierno de Toluca, Jesús Sergio Alcántara Núñez fue presentado como el responsable de la asociación civil llamada: Expresión Política Nacional (EPN), cuya tarea principal es la de apuntalar a Peña como precandidato presidencial. Su objetivo es la construcción de redes para la movilización electoral en todo el país.

”Además, de acuerdo con el periodista Jenaro Villamil, a Jesús Alcántara Núñez le corresponde la función de ‘pasar la charola’ entre empresarios, tal como lo hizo Roberto Alcántara Rojas —familiar de Jesús Sergio—para Roberto Madrazo Pintado en 2006.

”Alcántara Núñez ‘le ha confiado a sus amigos que lo que se puede comprar con dinero es barato’. Otros lo conocen como ‘el hombre del maletín’, porque en uno lleva los recursos y las órdenes de Peña, escribió Villamil en la revista Proceso, publicada el 9 de julio de 2011.

”Su perfil muestra una carrera política de la mano de Peña y, ambos, bajo la tutela del así llamado Grupo Atlacomulco. Alcántara Núñez nació el 21 de junio de 1965. De 2000 a 2003 fue alcalde de Acambay, un municipio de 61 mil habitantes ubicado al noroeste del Estado de México, a 86 kilómetros de Toluca. En 2003 fue diputado local suplente de Peña por el Distrito 13 con cabecera en Atlacomulco. Después fue diputado federal y actualmente es diputado local por segunda vez, por la misma demarcación. Es integrante del Consejo Político Nacional del PRI.

”Estudió la licenciatura en Administración Pública y Ciencias Políticas y un posgrado en Alta Dirección de Empresas, aunque él se ha definido como ‘un hombre de campo’. Es socio, entre otras empresas, de Enlaces Terrestres Nacionales (ETN), Ómnibus de México y Autotransportes Herradura de Plata.

”Por lo pronto, la responsabilidad que asumió Alcántara Núñez no es nueva para él. En 2009, las redes bajo su responsabilidad, EM, 7:11 EM (nombre clave para la elección de gobernador) y DMD (Dos mil doce), ayudaron a que los candidatos identificados con Peña alcanzaran a ser 100 de los 240 diputados federales priistas”.

A propósito del Papa

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz

La clandestinidad en la que se han forjado los acuerdos entre el Grupo Atlacomulco y la cúpula eclesial más extremista encubre todo tipo de maquinaciones. Sólo tiene que seguirse la línea hasta 1942. La inclusión de Maximino Ruiz y Flores en el equipo de (Isidro) Fabela no fue un paso menor. Hizo emerger a esa iglesia radical como un poder paralelo. Le dio un espacio y la posicionó al frente en las campañas electorales.

Su ilustrísima tenía otras “cualidades” ocultas: el 25 mayo de 1915 apoyó en forma abierta la creación de la Unión de Católicos Mexicanos, la U, que se convirtió en el andamio de la ultraderecha mexicana, entre cuyas finalidades, aparentes e idílicas, sobresalían favorecer la presencia de la fe católica y el reinado de Cristo en México.

En papel, era como un sueño; la realidad era diferente. Un estudio —El origen de la ultraderecha en México— del doctor Yves Solís, director del Departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe, advierte: aquella sociedad secreta era, “al principio una especie de círculo de estudios sociales, pero luego encontró, en 1922, que debía ‘organizar las fuerzas de los católicos para fines electorales’. El autor concluye que la U se radicalizó y, en 1929, el papa Pío XI decretó su extinción. Organizada en comisiones, el grupo se dedicaba a mucho más que decir misa.

La U marcó, en la historia de las derechas en México, un primer acercamiento a la reintegración de la vida política, tras el fracaso del catolicismo social y su inhabilitamiento como fuerza política abierta. Si bien la U contaba con una vertiente conocida con fines espirituales y sociales, los iniciados sabían perfectamente que su objetivo era político”.

También analizaba a los candidatos en elecciones, les creaba un perfil y lo hacía público, al menos entre sus militantes. Pero además, funcionaba como un centro de información e inteligencia que se ocupaba de obras sociales, política, gobierno y hacienda, entre otras cosas. Con políticos en sus filas, a principios de los años 20, la U pronto controló ayuntamientos en Michoacán, pero también sostuvo enfrentamientos violentos con otras fuerzas. Un delegado apostólico del Vaticano, monseñor Filippi A. Gasparri, fue quien empezó a sospechar la peligrosidad de aquella organización, pues era un elemento desestabilizador, como precisa el documento que cita el Semanario Nuestro Tiempo Toluca.

“Los obispos de aquella época no compartían su punto de vista, sólo el de Veracruz, Guízar y Valencia, estaba de su lado. Y un mexiquense aparecía en escena: Maximino Ruiz y Flores, auxiliar del obispado de México. Originario de Atlacomulco, considerado por las autoridades de aquel lugar como un personaje célebre, y en un parcial recuento de su vida, recuerdan que, al morir en 1949 a los 74 años de edad, asistieron al velorio y funerales, entre una multitud, Isidro Fabela, Alfredo del Mazo (entonces gobernador), Mario Colín y todos los sacerdotes originarios de Atlacomulco.

En aquellos años, 1921, la U era tan importante para Maximino, de la cual opinaba que “su fin principal era ir ganando terreno en las elecciones, comenzando por los municipios, siguiendo por los diputados y gobernadores de los estados, hasta llegar a las cámaras de la Federación y a la misma Presidencia de la República. Todo esto sin miras bastardas ni ambición personal alguna, sino sólo por el bien de la iglesia y por ende de la patria”.

Según el doctor Yves Solís, Maximino Ruiz y Flores estaba consciente de que La Secrecía de la U no concordaba con el espíritu de la iglesia y que si el gobierno la descubría, habría graves problemas. Finalmente, él fue un actor principal cuando la guerra cristera acabó, pues, al igual que otros, negoció una conveniente paz. A las bases de la U se les puede considerar como el antecedente de grupos actuales de ultraderecha, como es el caso de El Yunque y el Opus Dei, asociados comúnmente a los panistas.

El investigador y arqueólogo Jorge Toribio Cruz Montiel, incluso relaciona a Maximino Ruiz con la masonería y la afiliación a ella de sus parientes Montiel Rojas y Peña Nieto. Pero en ese año, 1921, ingresaba al seminario otro integrante del Grupo Atlacomulco, Arturo Vélez Martínez, pariente directo de Alfredo del Mazo Vélez.

Y si Alberto Tavira, autor del libro Las mujeres de Peña, señala al aspirante como destinado al sacerdocio por su familia desde pequeño, la lista también la integran otros de Atlacomulco, como Juan Monroy o el mismo Arturo Montiel, quien según sus propias declaraciones, estudió un tiempo en el seminario. Lo cierto, precisa el semanario, es que la creación de un obispado de Atlacomulco sólo era cuestión de tiempo. Y con Arturo Vélez en el poder eclesiástico las cosas se aceleraron en 1984, con Ricardo Guízar al frente de ella. Estuvo ubicado en la diócesis de Tlalnepantla y en el 2009 fue sustituido por Carlos Aguiar Retes, cercano al panismo, pero conservó el cargo de arzobispo emérito.

Todavía en marzo del 2011, Guízar firmó una misiva pública, junto con otros obispos, cuyo mensaje aparente era invitar a votar a los mexiquenses en las elecciones para gobernador. “Nos preocupa percibir cómo se ha debilitado el tejido social. La fragmentación social, el individualismo y la apatía han introducido, en distintos ambientes de la convivencia social, la ausencia de normas, que tolera que cualquier persona haga lo que le venga en gana, con la certeza de que nadie le dirá nada”, decían los prelados.

El propio Peña, un año antes y todavía como gobernador, dijo ante el mismo Guízar que gobierno e iglesia tenían “objetivos comunes, propiciar condiciones de mejora, de paz y de tranquilidad a la ciudadanía, a la feligresía en su caso, a la grey, a la que usted esta pastoreando”.

Otro cura cercano a Peña es Florencio Armando Colín Cruz, obispo auxiliar de México, emparentado con la familia de Juan Monroy Pérez, amigo y patrocinador de Arturo Montiel. Este personaje es importante, dice Jorge Toribio, porque se coloca en un lugar estratégico que podría llevarlo a la sucesión del actual Papa, cuando éste muera.

El Papa de Atlacomulco

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

Las alianzas y lealtades han dado paso a especulaciones sobre si Peña pertenece a la masonería, a los Iluminati o al Opus Dei. La realidad—con tiento y con mucho cuidado— es que el círculo de los nuevos Golden Boy’s se cerró en la cúpula de la iglesia Católica mexicana con otros Golden muy cercanos a Dios o los Golden de Dios. Desde 1942, ligado al gobierno estatal y al Grupo Atlacomulco en particular, cada periodo electoral es también una oportunidad para el clero que defiende sus intereses e inclinaciones políticas como su Creador le da a entender.

Si bien es cierto que, abiertamente, no puede participar en política y menos en los procesos electorales, la iglesia Católica tiene repartidos territorios y cargos que ayudan, de manera directa e indirecta, en las aspiraciones de los atlacomulquenses. Cuando se ve bien hacia atrás, la de Peña representa la continuidad de las alianzas con la iglesia más sectaria que se tejieron durante el gobierno de Isidro Fabela Alfaro. Los masones creen que la historia les dará las herramientas para neutralizar al Opus Dei —“Obra de Dios”—, se niegan a ver que con Carlos Salinas se murió el anticlericalismo político mexicano, no aceptan que la Obra de Dios pertenece a otro extremo de la iglesia Católica y desdeñan aquellos señalamientos, bien fundamentados, de que, con sus recursos financieros, ésta tiene la capacidad de arrinconarlos, con todo y sus 33 grados, en donde quiera que se encuentren.

En otras palabras, se sorprenden cuando descubren que son enemigos ilustres y que la iglesia mantiene vivo su rechazo a los masones Benito Juárez, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. El primero, porque a través de algunas medidas —entre ellas las leyes de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, Lerdo de desamortización de los bienes de la iglesia o sobre Libertad de Cultos, con la que la religión católica dejó de ser un monopolio o el único permitido, así como los decretos de supresión de festividades religiosas y exclaustración de monjas y frailes— logró la separación Iglesia-Estado.

A Obregón y Elías Calles, la iglesia no les perdona la persecución de curas y sus fieles, que devino en “La Cristiada” o “Guerra Cristera”. Hoy, como advierten algunos curas, fue una guerra no declarada, pero guerra al fin que propició un cisma y, por lo tanto, el debilitamiento del catolicismo, así como la consolidación de las sectas y grupos protestantes.

Tampoco se olvida que, en forma arbitraria, los masones se atribuyeron las mayores construcciones de la antigüedad, como el Arca de Noé, la Torre de Babel, las Pirámides y el Templo de Salomón. Y que, según la historia, poseen secretos para destruir a la iglesia Católica.

Si bien su influencia disminuyó en forma alarmante a partir de la llegada de Miguel de la Madrid Hurtado a la Presidencia de la República el 1 diciembre de 1982, y hoy parecen más un fantasma en la vida política mexicana, los masones insisten en que son una organización secreta anticatólica —gnósticos, dicen algunos—, de orientación filosófica, con un código moral, templos, altares, jerarquía, ritos de iniciación y fúnebres, vestimentas para sus rituales, días festivos y oraciones propias.

En el Opus Dei —una secta extremista moderna fundada el 2 de octubre de 1928 por el cura español José María Escrivá de Balaguer, la cual fue impulsada y aprobada por el Vaticano— se tiene presente que en el ritual de iniciación del grado 29 de la masonería, el iniciado pisa y escupe sobre un crucifijo, al que considera signo de destrucción y muerte oprobiosa, mientras en el del grado 30 (el Kadosh) se pisan la tiara papal y la corona real, como símbolo del repudio a su mayor enemigo, la iglesia Católica y el Estado.

Al margen de estas peligrosas enemistades se encuentra la relación entre Peña y los jerarcas de la iglesia, la cual se fortalece cada año en el opulento fraccionamiento Bosque Real de Huixquilucan donde Enrique llega para agasajar al poderoso arzobispo de la iglesia católica apostólica ortodoxa de Antioquía en México, Antonio Chedraui Tanous.

El importante motivo que los reúne —aparte de estar hermanados en el mismo interés, mantener el poder— es festejar el cumpleaños del arzobispo, quien nació el 17 de enero de 1932. Y el lunes 17 de enero de 2011—cuando Antonio Chedraui cumplía 79 años de vida—, no fue la excepción, pues una vez más, los empedrados del fraccionamiento Bosque Real en Huixquilucan, se llenaron de lujo con un desfile de celebridades políticas y grandes magnates. El festejo del jerarca ortodoxo congregó a gobernadores, legisladores y funcionarios de todos los partidos; además de empresarios, representantes de la iglesia Católica y diplomáticos que llegaron lo mismo en helicóptero que en autos y camionetas de lujo a la catedral de los santos Pedro y Pablo —de la iglesia Ortodoxa—, cuya arquitectura está asentada en un terreno donado por el gobierno mexiquense que encabezó Peña.

Ahí llegaron, entre otros invitados, la entonces primera dama estatal Angélica Rivera Hurtado —acompañada por su esposo Enrique Peña—, Norberto Rivera, la gobernadora yucateca Ivonne Aracely Ortega Pacheco, y el gobernador poblano Mario Plutarco Marín Torres —acusado públicamente de proteger a pederastas—, el magnate Carlos Slim, Marta Sahagún, Josefina Vázquez Mota —ex candidata presidencial del PAN—,Beatriz Paredes Rangel —ex lideresa nacional priista—, Alfredo del Mazo —ex alcalde de Huixquilucan—, así como los empresarios Carlos Peralta, Roberto González y Ricardo Salinas.

Con sede en Damasco, Siria, la iglesia Ortodoxa de Antioquía tiene únicamente siete arquidiócesis fuera de Siria, Líbano e Irak. En México congrega a gran parte de la influyente comunidad libanesa, la mayor avecindada en ese próspero municipio. El arzobispo Chedraui se ha caracterizado por llevar una estrecha relación con los sectores políticos y sociales de más peso en México.

Por su parte, el llamado Golden Boy nunca ha negado su filia religiosa y aunque en Toluca, la capital mexiquense, circulan toda clase de rumores y versiones sobre la formación religiosa del gobernador, acercándolo unas veces a los Legionarios de Cristo y a doctrinas de cualquier denominación, incluso a la masonería; Peña nació y creció en el seno de un hogar indisolublemente ligado a la religión que le fue inculcada por su madre, María del Perpetuo Socorro Ofelia Nieto Sánchez, una de las fieles devotas de su natal Atlacomulco, y por su padre el ex seminarista Gilberto Enrique Peña del Mazo.

Hombre muy religioso y conservador, al nuevo Presidente de México se le puede ver en los onomásticos de monseñor Onésimo Cepeda Silva —ex obispo de Ecatepec— y en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), donde anualmente es recibido para compartir “el pan y la sal” con los obispos y cardenales de todo el país. También asiste a eventos católicos de alta sociedad entre los que destacan la ordenación como obispo de Atlacomulco de monseñor Juan Odilón Martínez García y su viaje a la Santa Sede para recibir las bendiciones papales.

La buena relación con “dios” le sirvió para conseguir que, en mayo del 2009, se anulara el único obstáculo que le impedía contraer matrimonio con su entonces prometida Angélica Rivera; es decir, el matrimonio religioso de ésta con José Alberto Castro Sáenz. El 27 de noviembre de 2010, Enrique Peña y Angélica Rivera recibieron la bendición frente al altar de la catedral toluqueña.

La visita de Peña a la Santa Sede —la segunda semana de diciembre de 2009—, sirvió para que reafirmara sus lazos con la jerarquía católica y reiterara devoción y filiación hacia el Opus Dei. La relevancia de la “Obra de Dios” puede verse en el hecho de que su fundador, Escrivá de Balaguer, es parte del santoral católico desde el 6 de octubre de 2002. En otras palabras, fue canonizado no mucho tiempo después de su fallecimiento, el 26 de junio de 1975, a los 73 años de edad.

A propósito de una segunda visita, cancelada de último minuto, el periodista argentino Andrés Beltramo Álvarez escribió el 29 de abril de 2011 en una nota titulada “Juan Pablo II y la fe de Enrique Peña Nieto”: “El gobernador Enrique Peña Nieto no quiso dejar pasar una oportunidad de oro: aprovechar todos sus contactos para asistir, en primera fila, a la beatificación de Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. Por ello puso a trabajar a su enlace con el mundo católico, Roberto Herrera Mena, coordinador de Asuntos Religiosos de su administración. Gracias a una ayudita de Televisa logró su cometido.

”Ante el interés de su jefe, Herrera apeló entonces a su vínculo clave: Antonio Berumen, famoso por ser representante de artistas como Menudo y Magneto pero que, en sus ratos libres, cultiva pacientemente sus relaciones con altos dignatarios de la iglesia. Miembro del prestigioso grupo de los Caballeros de Colón, Toño ha destacado en las coberturas que Televisa ha hecho a las diversas visitas de Juan Pablo II a México.

”En 2007 sirvió de apoyo estratégico al entonces embajador mexicano ante la Santa Sede, Luis Felipe Bravo Mena, para organizar los festejos por el XV aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre la República Mexicana y el Estado Vaticano. La idea fue de Bravo, el apoyo logístico de Berumen y el dinero del gobierno de Jalisco. Así nació la ya famosa manifestación ‘Navidad Mexicana en el Vaticano’.

”El proyecto incluyó artesanías navideñas tapatías para regalar al Papa y, de paso, hacer publicidad a quien ponía los recursos: en este caso el gobernador Emilio González Márquez. Tan exitosa resultó la iniciativa que bien pensó Berumen en aprovecharla y la convirtió en una ‘franquicia’ a vender a los gobernadores mexicanos. Al primero que convenció fue a Peña, quien vio la oportunidad y la aprovechó. Por eso en diciembre de 2009 viajó a Roma con su entonces novia, Angélica Rivera y una numerosa comitiva (familiares incluidos).

”No contaba el gobernador con que el Centro Televisivo Vaticano dejaría abierto el micrófono de la cámara que registró su encuentro y que la frase: ‘Santidad, le presento a mi novia, pronto nos vamos a casar’ se escuchase a viva voz en los parlantes de la sala de prensa de la Sede Apostólica. Instintivamente el Papa dio una bendición y así, en un instante, se armó un revuelo nacional.

”Más allá de la nota rosa, lo cierto es que el viaje de Peña a Roma en aquella ocasión poco tuvo de religioso y sí mucho de político. Uno de los principales impulsores de la iniciativa fue el actual presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes. Gracias a sus buenos oficios el gobernador no sólo fue acogido con cortesía sino que recibió un trato de deferencia extraordinaria”.

 

Amigos de lo ajeno

* El virtual presidente no desconoce los negocios. Tuvo seis años para practicar y seis más para aprender de su tío, Arturo Montiel, la razón de las cosas. Monex y Soriana representan lo que mejor saben hacer los del Grupo Atlacomulco. El poder público es un negocio. Así, funcionarios públicos y empresarios comparten los mismos afanes y unos y otros se benefician con contratos y apoyos para campañas políticas.

 

Miguel Alvarado

Dios anida en la Catedral de Toluca. Desde allí lanza arengas y prepara a la feligresía católica para el fin del mundo. Si el tema no es creíble, entonces voltea al final de las elecciones presidenciales y decide, toma partido, a riesgo de parecer todavía menos confiable. Pero si la transubstanciación es posible en pan y vino, no lo es en boletas electorales, ni siquiera por los milagrosos y documentados esfuerzos de las empresas Monex, Alkino, Soriana, Inizzia, Efra, Televisa, TV Azteca y Milenio, entre las más destacadas aliadas del virtual ganador presidencial Enrique Peña. Los votos no se transforman, sólo se sustituyen. Y Dios, en su inteligencia, eligió en Toluca a un vicario parlanchín, Guillermo Fernández Orozco, que cuestiona tenazmente cualquier manifestación contra los resultados del primero de julio. Fernández es muy cuidadoso cuando debe mencionar al priismo, al gobernador Eruviel Ávila y Peña. Para el vicario, el movimiento Yosoy132 ni siquiera respeta la edad, pues “¿de veras es juvenil?, porque hay gente (en ese movimiento) de más de 60 años, ¿son estudiantes?, no dudo que haya alumnos, pero hay algo que está al fondo de todo eso, que es la falta de oportunidad de obtener un trabajo”, confesaba a El Sol de Toluca, propiedad del oficioso Mario Vázquez Raña.

El sacerdote desubica sin vacilaciones los reclamos del perredista López Obrador y el Plan Nacional de Defensa de la Democracia. “Yo preguntaría cuál es el plan, porque lanzar unas cuantas ideas… eso no es plan, yo quiero ver el plan y emitir un juicio, yo creo que sí hay situaciones rescatables de lo que propone porque son cosas en las que todos coinciden”.

En una entidad donde la iglesia católica es pariente en grado de sangre de los políticos que la gobiernan, no es difícil comprender las posturas eclesiásticas y discernir que hasta lo que dice un vicario es importante. Así, la historia pública del Estado de México señala que el Grupo Atlacomulco ha colocado en cargos de primer nivel dentro del catolicismo a sus propios elementos. Uno, el más famoso a pesar suyo, fue el primer obispo de Toluca, Arturo Vélez Martínez primo-hermano del gobernado Alfredo del Mazo Vélez y a quien se le encomendó la construcción de la Catedral local. Vélez, el cura, organizaba rifas entre los fieles para allegarse de recursos pero cuando llegó la hora de la rendición de cuentas, faltaba el dinero. Un abogado del periódico Excélsior, que se hallaba entre los defraudados, comenzó la investigación y el pleito, que terminaron cuando el primo gobernador intervino y salvó al sacerdote de la cárcel, pues José López Portillo, en ese entonces apoderado legal del diario, no se andaba por las ramas.

Nadie sabe si Del Mazo Vélez pagó aquel descalabro con dinero de su bolsa o usó alguna partida pública. Lo cierto es que la Catedral fue terminada y el obispo se murió de viejo en su encargo, no sin antes desarrollar interesantes proyectos hoteleros que le dieron el control de esa actividad en el  valle de Toluca y junto con su familia regenteó el enorme Hotel del Rey, cadena que ahora domina en el Estado de México.

A diferencia de Raúl Vera, el único obispo en activo comprometido con causas sociales y que abiertamente denuncia al narcopoder que le espera a México, los vinculados con Peña callan penosamente mientras el reparto del país sucede.

El virtual presidente no desconoce los negocios. Tuvo seis años para practicar y seis más para aprender de su tío, Arturo Montiel, la razón de las cosas. Monex y Soriana representan lo que mejor saben hacer los del Grupo Atlacomulco. El poder público es un negocio.

Así, funcionarios públicos y empresarios comparten los mismos afanes y unos y otros se benefician con contratos y apoyos para campañas políticas. Uno de los empresarios favoritos del sexenio de Peña Nieto es Juan Armando Hinojosa, de quien el diario Alfa documenta contratos por más de 23 mil millones de pesos en menos de seis años y que tiene que ver con la construcción de obra pública. Ninguno como él se enriqueció tanto a la sombra del peñismo. Obtuvo, por ejemplo, la edificación del Viaducto Elevado y la obra y mantenimiento del Hospital Regional de Zumpango, en el 2011, y que costó 7 mil millones de pesos, que pagará el gobierno del Edomex en 25 años. También incursiona en la prestación de servicios y para ello formó una empresa de transporte aéreo, Eolo, que rentaba a peña las naves para giras y traslados personales con tarifas de hasta 3 mil 500 dólares la hora de vuelo. Hinojosa está relacionado con Jorge Hank Rhon a través del Grupo Hermes, otra empresa constructora.

Un hijo del empresario, Juan Armando Hinojosa García, estuvo casado dos años con Rosa Herrera Borunda, hija del ex gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán.

Otro beneficiado por Peña es el abogado Juan Collado Mocelo, abogado de Carlos Salinas y su familia y de personajes públicos acusados por delitos de alto impacto. Representó a Raúl Salinas cuando el homicidio de Francisco Ruiz y por lavado de dinero.  Se le considera enlace entre Peña, Salinas y el grupo del ex procurador de Justicia mexiquense y actual diputado federal, Alfonso Navarrete Prida. Sus propiedades en Miami fueron centro de reunión para ese grupo, que también ha verificado juntas en hoteles de Madrid, entre el 2010 y el 2011. Es socio de la Inmobiliaria Collado-Mocelo, del Grupo Inmobiliario Futor, S.A. de C.V, de la Inmobiliaria CM, de la Inmobiliaria Collado y Asociados y del Residencial Bosque Huixquilucan.

Monex, la empresa que trianguló monederos electrónicos pagados por el PRI, tiene como accionistas principales a Héctor Pio Lagos Dondé, Héctor Lagos Cue y Monex, Grupo Financiero.

Lagos Dondé y Luis Videgaray Caso estudiaron en el ITAM. Los accionistas de Monex trabajaron para el gobierno de Fidel Herrera en el 2006, proveyendo servicios financieros para Veracruz, operación de sucursales bancarias, fondos de inversión, fondos de reserva ecológica y apoyo a comunidades afectadas por la migración a través de una fundación. Héctor Lagos Cué, fundador de Monex fue operador bursátil y uno de los fundadores de Inversora Bursátil de Carlos Slim Helú.

Sobre la actual esposa de Peña, Angélica Rivera, se sabe que posee una casa en Avenida Paseo de las Palmas No. 1335, colonia Lomas de Chapultepec, comprada el 14 de diciembre del 2010 por 27 millones 651 mil 744, a través de la Fideicomisaria Televisa Talento, S.A. de C.V. Rivera Hurtado se unió a Peña el 27 de noviembre de 2010. La madre de la actriz de Televisa, María Eugenia Graciela Hurtado Escalante, apareció en eventos públicos representando a Peña en el 2010 y rentaba un inmueble en el fraccionamiento Huixquilucan Country Club, propiedad de Pablo Funtanet Real, miembro de la familia Funtanet, políticos y empresarios que trabajaron con Peña Nieto y Arturo Montiel.

Otros beneficiados fueron los integrantes de la empresa Carson and Brasch Pyme, S.A. DE C.V, ubicada en Masaryk 188, en  Bosques de Chapultepec del DF. Su sede, adquirida el 3 de abril de 1998 y que cuenta con 450 metros cuadrados, costó 2 millones 350 mil dólares. Sus socios principales, según la escritura pública 33909, Folio Mercantil 356452, son José Manuel Cadena Ortiz de Montellano (18 mil 20 acciones), Carlos Alberto Cadena Ortiz de Montellano (15 mil 80 acciones), María Eugenia Cadena Ortiz de Montellano (2 mil 100 acciones), Carlos Sebastián Hernández Padilla (700 acciones), Rodolfo Antonio Reyes Villareal (5 mil acciones), Octavio Dueñas Islas (4 mil 150 acciones), Jesús Tiberio Bustamante Monroy (4 mil 150 acciones) y Guillermo Álvarez Domínguez (800 acciones). Manuel Cadena Morales, ex secretario de Gobierno de Arturo Montiel y operador político de Carlos Salinas, es el padre de los Cadena Ortiz de Montellano. Uno de ellos, Carlos Cadena Ortiz, es secretario del Medio Ambiente en el gobierno mexiquense de Ávila Villegas y sería nombrado, en días pasados, presidente de la Asociación Nacional de Autoridades Ambientales. Su padre, Manuel Cadena, perdió las elecciones recientes para la presidencia municipal de Texcoco, con lo que se considera que su carrera pública está terminada. Este personaje mantuvo pláticas con el PRD estatal para convertirse en candidato a la gubernatura del Edomex en el 2011. Puso un periódico, Despertar de Oriente, que desató la furia de Mario Vázquez Raña, dueño de El Sol de Toluca, pues competiría por las publicidades que generan los municipios del valle de México. Vázquez consiguió que se cambiara el nombre de aquella publicación y de paso publicó reportajes en contra de Cadena.

Lo anterior es apenas parte de una larga lista de beneficiarios, figuras políticas que desempeñan también el rol de empresarios y sacan partido de posiciones y relaciones. Pero hay d etodo. L atienda Soriana, por ejemplo, vendió apenas este año 595 millones de pesos al gobierno de Eruviel Ávila, documentaba el diario local Alfa.

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