El Barco Ebrio

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El opinador Ricardo Alemán es uno de los más agrios críticos de la oposición en México. Escribe para el diario El Universal, desde donde saltó hacia algunas pantallas de tele. Tiene programas en Foro TV y Radio y Televisión Mexiquense. Mantiene polémicas más o menos entretenidas por redes sociales y es enojón. Se enoja porque los contratos publicitarios que firma con el gobierno del Estado de México se hacen público, aunque por definición jurídica están al alcance de todos. En redes sociales y diarios locales ya circularon algunas cantidades, hace algunos meses, sobre los montos cobrados y ahora otros contratos ven la luz.

 

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Alemán propuso y produjo el programa La Báscula a TV Mexiquense en el 2012, que constaría de 13 programas de mayo del año pasado a marzo del 2013. El 15 de mayo del 2012 la empresa de Alemán, Comunícalo, SA de CV, firmaba por 650 mil pesos con el gobierno estatal. El 14 de marzo del 2013, Alemán lograba la tercera temporada de la exitosa Báscula, de la cual no hay datos sobre rating porque Transparencia del Edomex asegura que ésos son datos protegidos. Y por esta tercera vez, la empresa Comunícalo cobró 800 mil pesos. Antes, el 22 de enero del 2013 Televisión Mexiquense solicitaba oficialmente la renovación del mencionado programa para el primer cuatrimestre del 2013 por otros 800 mil pesos. La necesidad del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense por hacerse de materiales obliga a solicitarlos por licitaciones abiertas o adjudicaciones directas y con un presupuesto anual de 90 millones de pesos, se puede dar ciertos lujos a costa de equilibrar por otro lado su ejercicio económico.

 

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En total, la suma arroja 2 millones 250 mil pesos para Ricardo Alemán y su empresa en menos de un año, algo difícil de lograr en el Edomex, y menos desde un medio de comunicación crítico y veraz, como es la línea de don Ricardo. Todos saben que el dinero no está peleado con ninguna postura y se felicita al periodista por ser tan buen negociante, aunque se le recuerda que sus seguidores siguen esperando por su trabajo. Paciencia, hay tiempo para todo. Quienes quieran consultar los contratos, pueden dirigirse a la dirección http://es.scribd.com/doc/174180308/Contrato-Ricardo-Aleman-edomex-800-000-00

 

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Todo estaría bien, nadie diría nada si el dinero público llegara donde se necesita. En el Edomex, la mayor parte de la población se conformaría con participar, aunque sea tantito, de la derrama económica que tanto pregona el Ejecutivo local. Dos millones y medio de pesos no es nada comparado con los escándalos que se le vienen encima a la administración del doctor Ávila y su equipo de ecatepenses que han dispuesto como han querido del presupuesto 2013. El ejemplo de Alemán es muy menor. El periodismo y los medios de comunicación confunden un contrato publicitario con la entrega de líneas editoriales y contenidos, y forman parte del tinglado que se monta para sostener la imagen de un gobierno o una empresa, pero eso no significa que la realidad se altere.

 

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El primer grave problema que se le reventará al doctor viene directamente del sector salud mexiquense. Allí opera una especie de entelequia conocida como IMIEM, Instituto Materno-Infantil del Estado de México, que cumple noblemente las encomiendas para las cuales fue creado. Pero con lo que no se contaba era con el factor humano y con las decisiones políticas que por alguna razón obliga a esa instancia a declarase en “quiebra”, lo que equivale a decir que ya se gastó, desde hoy, todo el presupuesto que tenía para el 2013, algo así como 664 millones 481 mil 159 pesos.

 

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La cosa no es menor. Según algunos de sus administradores, tienen apenas para pagar salarios hasta noviembre, antes de quedarse en la calle. Auditores de Ecatepec trabajan a marchas forzadas para determinar las razones de tal cosa, peor desde ahora advierten que los aguinaldos, sueldos y bonos a empleados están en riesgos. Uno, como sea, la pasa sin cobrar –hemos pensado mucho en ello- pero también los pacientes resultan afectados porque ni siquiera hay fondos para echar a funcionar el equipo médico. Este sector enfrenta al menos 10 demandas por negligencia médica, pero una de ellas llama la atención porque involucra a una joven embarazada que se desangró y se encuentra grave. Faltan las explicaciones médicas que ubiquen la denuncia en su verdadero contexto. El ISEM, dirigido por el joven César Monge como secretario de Salud, también se encuentra metido en esta vorágine de malversaciones. Cheques sin fondos expedidos por aquel instituto a proveedores hacen dudar de la capacidad de los encargados. Monge, un hombre que llegó por méritos propios debido a su sagacidad para moverse en el terreno político, es además tratado afectuosamente por el propio gobernador Ávila, quien ve en él un elemento digno de apoyar, a pesar de los retrasos en pagos a los propios empleados, que aducen que se les debe dos quincenas.

 

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Entre chismes y verdades transcurre la administración de Ávila, quien tuvo la mala fortuna de pactar con el Grupo Atlacomulco y, peor, de suceder a Peña Nieto, el más mediático de todos los políticos. Mientras Ávila informa sobre un panorama terso y donde lo primordial va viento en popa, la realidad concreta demuestra otra cosa. No hay dinero porque no circula, pero se sabe que se encuentra “retenido”. Así, no es extraño que algunos funcionarios muy mayores anuncien con voz grave y parsimonia de entendidos, “la quiebra del 70 por ciento de las secretarías mexiquenses para diciembre”. Eso, sin contar con el efecto que genera ya Antorcha Campesina y el anuncio de pedir públicamente la renuncia de Ávila porque no sabe gobernar, al menos desde la perspectiva de ese grupo. Unos hasta aseguran que María Elena Barrera ya hace maletas para regresarse a Toluca.

 

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Uno que reaparece luego de pasar por un tormentoso proceso, acusado de secuestro, es el escritor Jorge Toribio Cruz Montiel, quien está anunciado para encabezar una conferencia sobre el Teatro Juárez de El Oro, los próximos días.

 

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¿El Nevado de Toluca será privatizado? ¿Habrá alguien que lo compre, así nomás? ¿Cuánto vale un volcán con dos lagunas, más cuarto de servicios y capilla católica?

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Televisión para jodidos

* La historia rosa de la televisión mexicana, pues, está llena de intereses oscuros, manipulación y componendas políticas. Si la Televisa de Emilio Azcárraga Milmo estaba al servicio del PRI, la actual da más la impresión de ser una televisión mercenaria, al servicio del mejor postor. Hoy, más que nunca cobran “vida” aquellas palabras que le atribuyen a Emilio Azcárraga Milmo: “Si el pueblo quiere mierda, pues mierda les voy a dar” y “yo hago televisión para jodidos, México es una país de jodidos, y nunca cambiará”. Este extracto es parte del libro Los Golden Boy’s, escrito por Francisco Cruz Jiménez en el 2012 y editado por Planeta.

 

Francisco Cruz Jiménez

El reportero Víctor Hugo Sánchez escribió: “O’Farril habló con franqueza y la seguridad que le dio haber sido, durante 27 años, socio de Televisa, además de la cabeza que dirigió, como vicepresidente de la empresa, lo que los especialistas llaman la época de oro de las telenovelas mexicanas, cuando la producción era inmensa, acelerada y el producto final llegaba a más de 90 países, lo que convirtió a la Televisa de Emilio Azcárraga Milmo —padre de Azcárraga Jean— en la número uno a nivel mundial. Por eso los irritó aquel reportaje de Víctor Hugo Sánchez que culminó con una entrevista el 19 de octubre de 2007 a Víctor Hugo O’Farrill, ex socio en Televisa, sobre Azcárraga y su empresa.

– ¿Fue una traición?

– Absoluta. Por qué lo hizo (Emilio Azcárraga Milmo), no sé ni me importa, porque todo el equipo que se había hecho era en beneficio de la empresa. Milmo se equivocó con sus generales. Además, faltó a su palabra.

– ¿Qué hizo ese día?

– Me fui con mis amigos a tomar champaña al Maxim’s… luego, ni me volvieron a tomar el teléfono: Luis de Llano, Cenobio Moriel, a quien llevé a Chapultepec… y ahora todo mundo se adjudica el invento: había que producir tanto porque había que calificar todo el material en máquinas profesionales. Hicimos algunas cosas con una computadora a la que le pusimos un programa de decodificación de tiempos y le adaptamos una videocasetera de una pulgada y logramos ahorrar un 60 por ciento en tiempo de edición… Sony no lo hacía, y luego nos lo copiaron.

– ¿Cree que la telenovela de Televisa se está desmoronando? ¿Que la TV argentina y otras la están desplazando?

– Quizá la colombiana sea más arrojada, pero nunca con la calidad que teníamos nosotros. Estábamos en el tope de la montaña, y estábamos empezando a hacer una mejor televisión. Definitivamente la TV de mayor capacidad de producción en el mundo era Televisa.

– ¿Se podrá remontar el rating? Dicen que el internet, que el dvd son distractores, que la oferta es muy grande y muy fuerte; el cine, el cable…

– Mira, cuando hay una buena película todo mundo la ve; cuando Spielberg hace una buena película todo mundo la ve; lo mismo pasa con las telenovelas.

– ¿Qué pasó, por qué se fueron a la baja?

– ¿Qué perdieron? Para empezar, nunca me preguntaron cómo lo hacíamos. Lo vieron tan fácil, que pensaron que no éramos necesarios. Ya teníamos 27 años de trabajar sobre lo mismo. Dijeron: ‘si estos (…) lo hacen, nosotros somos mejores, podemos hacerlo mejor’.

– ¿Cuánto dinero le dio a ganar a Televisa?

– No sé, no tengo ni idea; pero Emilio me pidió levantar el auditorio en Estados Unidos, y en cuatro meses lo duplicamos. Éramos un equipo de trabajo. Todos profesionales.

– ¿Le pasa lo mismo a TV Azteca?

– Pobrecito de Ricardo Salinas, que igual quiere manejar su televisora como si fuera un Elektra; no es gente del negocio. Creen que saben y es una vergüenza la televisión: Televisa le copia a Azteca, y Azteca le copia a Televisa. Salinas, igual, lo ve como un negocio. Es una falta de respeto al público, al medio. Si no puedes producir algo que puedas ver sentado con tus hijos, con tu hermana, tu esposa, tu mamá, que no puedas verla porque te da pena, ¿dónde está el respeto? No es que la competencia produzca bajas en el rating. No hay buen producto, porque el buen producto se defiende siempre…

– ¿’Destilando amor’ es un buen producto?

– Qué vergüenza; se alegran por 32 puntos de rating, cuando nosotros tuvimos picos de 70 puntos reales. Un día me habló Emilio a las siete de la mañana: ‘Necesito que me respondas algo muy importante: ¿quién se quedó con Gabriela?’, me preguntaba del final de ‘Gabriel y Gabriela’, y le dije: puede ser el que tú quieras; no se quedó nadie en específico. ‘Es que la mamá de Carlos Salinas me habló para saber, porque tiene una comida con sus amigas y quiere saber quién fue’. Fue la que tú quieras. Dile que fue fulano, pero que nadie sabe, y ese era el rating: todos hablaban de las novelas, de los finales. Y es que tomábamos riesgos. Hicimos una de futbol con Érika Buenfil, y cuando todo se soluciona, el galán la invita a cenar y la contraparte, la parte malévola de la novela le pone veneno al novio, y los protagonistas sin saberlo cambian copas ¡y la que se muere es Érika, la protagonista, la matamos!

Aunque tiene ya un sueldo en Rusia como asesor de televisión, y la producción de radio novelas y telenovelas en el Congo va caminando firme, O’Farril piensa en lo que está sucediendo con la televisión mexicana.

– Una cosa que sería fantástica es que a Televisa le quitaran dos canales y abrieran una tercera cadena de televisión, porque no están haciendo nada con los dos canales que le sobran, tienen programación pero verdaderamente nada que incite a la competencia; que le quiten dos canales a Televisa, que le dejen sus dos canales que tiene TV Azteca, y que los otros se los den a otro grupo de televisión. A un tercero que  quiera hacer tv en beneficio del público.

– Ya existe Cadena 3, de Olegario Vázquez Raña…

– Con todo respeto, pero Olegario es comerciante, sabe vender muebles, pero hacer televisión… el mismo caso de Ricardo Salinas. Igual. La misma historia. Cuando Ricardo Salinas compra ese canal, crece Elektra, pero no está haciendo buena televisión. Además, está clarísimo: hay una ley de radio y televisión que, entre otras cosas, te dice que no debes, por ningún motivo, usar el lenguaje de una manera incongruente, que no se deben usar malas palabras, que no se debe promover ninguna situación que sea adversa a la educación, es cosa de leerla. ¿Por qué nadie pone la ley de radio y televisión en acción? Todos los cuates son políticos y le tienen miedo a la televisión y la televisión hace lo que quiere con la ley de radio y televisión. No hay ninguna autoridad que la haga valer, empezando por el Presidente. Dieron un gran paso cuando dijeron se acabó ‘La Parodia’, eso nunca debió haber salido. Para mí, Carla Estrada es una antipatriota por producirla.

– Se hizo en aras de la libertad de expresión…

– ¿Cuál libertad? Hay que empezar primero por el respeto. Una cosa es libertad y otra el libertinaje; la libertad te exige una obligación. Se tiene una obligación con el público y no vamos a hacer lo que nos pegue la gana, eso no puede ser. No puedes pasarte los altos y mandar a (…) a todas las autoridades, porque está la ley… nadie le hace caso, pero a ti sí te multan si le mientas la madre a un policía. Los señores de radio y televisión hacen lo que quieren con la ley y nadie les dice nada. No lo entiendo.

– ¿Cómo era la relación con el gobierno en sus tiempos en Televisa? Se dijo que Jacobo Zabludovsky —conductor estrella de noticias hasta que llegó Azcárraga Jean— había hecho mucho daño a la imagen de la empresa por el presidencialismo declarado.

– Era muy sencillo. La época que a mí me tocó vivir, el PRI era el partido en el poder, verdaderamente en el poder. El Presidente de la República era un rey por seis años y había absoluto respeto a esa autoridad. En alguna ocasión empezaron los problemas del ’68 y nos mandó llamar Emilio y la puso bien clara: ‘nosotros somos soldados del Presidente de la República. El que quiera opinar algo de forma personal se sale de la empresa. […] Lo puede hacer, pero sale de Televisa. Claro. Había un principio de respeto al público que, insisto, no podemos tener la concesión de entrar a los hogares si no hay un principio de respeto. Eso es algo que hay que respetar y de educación al medio. Emilio Azcárraga Milmo tenía claro que la televisión entraba al cuarto de la familia, en la sala. Clarísimo. Todos lo teníamos y más nosotros los productores. No había malas palabras, no había situaciones vergonzosas. Hace unos cuantos meses, usted sintonizaba el Canal 2 durante la madrugada, y había anuncios de prostitución, de chicas ardientes al 31111, y al parecer el dueño de Bimbo los amenazó con irse a Azteca si seguían promoviendo esos valores. Lo hacen porque no saben, porque no les importa y porque no hay conciencia y eso es todavía peor. Estamos entrando a una cantidad de hogares donde los hijos están solos viendo la televisión, con información totalmente adversa que nadie les puede ayudar ni corregir. ¿Cuándo has visto a Steven Spielberg que use la pornografía para levantar una película, ¿cuándo?

– ¿Los noticieros de Televisa actuales, mejores o también sirven al poder?

– Otra vez es una falta de conocimiento del lenguaje para decir algo al público. Las palabras de cotorreo son una falta de respeto. Cuando Carlos Loret de Mola está jugueteando, manoteando y sabroseando a las conductoras, digo yo… ‘pérame’… Tú puedes poner en un canal de paga lo que se te pegue la regalada gana: pornografía, si quieres, y la gente lo paga y lo recibe como si fuera una revista; estás pagando por eso, pero no en la televisión abierta. Es un concepto totalmente distinto. Pareciera que la fórmula es buscar audiencia a costa de lo que sea, incluso de la misma audiencia. ¿Dónde está la autoridad que les diga que por ahí no? La televisión está por encima del Presidente y de la gente que tiene autoridad para ejercer la ley.

– ¿Qué le pasó a Bernardo Gómez, y a Emilio Azcárraga Jean?

– Les pasó lo que el cuento del rey que se compra un traje invisible que nada más lo veía la gente inteligente y de repente sale un chamaquito y ve al rey desfilando y lo ve encuerado y el chamaquito sin maldad dice: el rey va en pelotas, el rey va encuerado… Es tanto el poder que tienen que son los últimos en enterarse de lo que está pasando a su alrededor. Es tanta la gente y los trasmanos que para que algo les llegue, si les llega, que la verdadera autoridad está en los de abajo, los productores, los del dinero, ellos tienen el poder de la televisión.

– ¿Y esos mandos obedecen a intereses de la empresa, o personales?

– Si te fijas, por ahí se ve la cajetilla de Marlboro, de Coca-Cola. Dicen que es la Plataforma 360 grados, que es la nueva estrategia de publicidad: hacer trajes a la medida del cliente. ¡Que se vayan al diablo; eso no es verdad! ¿Qué es hacerle al cliente un traje a la medida? ¿Ver a Verónica Castro tomando Coca-Cola? Es una tomada de pelo para la gente. En la época que yo era responsable de esa área, no veías a nadie fumando.

– Lo prohibía la ley…

– No, lo prohibía yo. ¿Cuándo veías a un cuate que llegaba a su casa muy excitado y tomaba una copa? Para nada. Eso es promover el alcoholismo; a ti te sacan un comercial de algo y se te antoja.

– Ante este panorama, ¿A dónde va la televisión?

– No sé, pero lo que era se perdió. El primer canal de televisión, digan lo que digan los Azcárraga, lo trajo mi abuelo Rómulo. Puso el primer canal de televisión de habla hispana en el mundo y seis meses después apareció el Canal 2 con los Azcárraga. El 4 lo puso mi abuelo. Y ahora los Azcárraga dicen que son quienes trajeron la televisión a México; no es cierto”.

Víctor Hugo O’Farril tenía razón. La primera concesión del gobierno federal para un canal de televisión se la otorgó en 1949 a Rómulo O’Farril, quien fundó el canal 4. Más tarde se le entregó la segunda concesión a Emilio Azcárraga Vidaurreta, padre de Azcárraga Milmo y abuelo de Azcárraga Jean.

Analistas del sector precisan: “El 1 de septiembre de 1951 iniciaría transmisiones el canal de O’Farril con el cuarto informe de gobierno de Miguel Alemán Valdés y, al año siguiente, Canal 2 obtendría su concesión, siendo esta última dirigida por Azcárraga Vidaurreta. Por su parte, (Guillermo González) Camarena iniciaría transmisiones hasta 1953 con el canal 5”. Y si vale la aclaración, en 1946 este último fundó en México la primera estación experimental de televisión.

Víctor Hugo Sánchez cerró su entrevista: “Señor O’Farril, le voy a decir tres nombres y le pido que me diga lo primero que se le venga a la mente:

– Emilio Azcárraga Vidaurreta.

– Una gente con gran capacidad creativa. Un gran creativo. Con respeto absoluto al auditorio y un personaje verdaderamente encantador.

– Emilio Azcárraga Milmo.

– Una gente que en su momento hizo un gran equipo que después fue abandonando; las razones no las conozco y además no las puedo entender. Después de haber consolidado un súper equipo de gente (desgraciadamente, algunos fallecieron, como Guillermo Cañedo, como Othón Vélez) y todos estaban bien soportados, no pasaba nada, había una solidez, una estructura de Televisa. No supe qué le pasó, traicionó lo que siempre había comulgado, y al final me traicionó. No sé si ya estaba en un momento de la enfermedad, empezó a desvariar su mente y se traicionaba; cambió su mundo de norte a sur. No se trata de perdonar porque yo les debo mucho a ellos, desde luego; me dejó hacer y tomar mis decisiones, siempre me apoyó y con mi trabajo me ayudó a crecer a mi familia y educar a mis hijos. Yo le tengo una devoción enorme pero, la gente cambia y al último momento falló, eso es independiente, la vida tiene muchos episodios y hay buenos y otros no tanto. El último fue dramático. Fuera de lo que yo conocía.

– Emilio Azcárraga Jean.

– Lo conocí; fue muy amigo de mi hijo Víctor Hugo, digo, creo que ahora ya no se ven nunca. No sé nada. ¿Qué pasó con él? Muchas veces le dije a Milmo: me siento con un compromiso tremendo porque nadie sabe lo que estoy haciendo aquí, nomás lo sé yo, a ti te lo platico, pero nadie sabe el movimiento verdadero de lo que se está cocinando en San Ángel, entonces, me encantaría que me mandaras a tu hijo, deja que venga a trabajar acá conmigo, que se entere de las cosas… Nunca quiso poner a nadie en mi lugar, a nadie que aprendiera de lo que yo hacía”.

En Televisa todo cambia para seguir igual: el 26 de octubre de 2005, Carlos Loret de Mola, conductor de noticias en los espacios matutinos que se transmiten por Canal 2, confió a Laura Barranco, su jefa de información: “Todo, absolutamente todo —lo que publicó la revista Proceso sobre el contubernio entre Televisa y Enrique Peña Nieto— es verdad”.

A menos de un mes de los comicios presidenciales de julio de 2012, cuando ya laboraba para MVS Noticias, Barranco hizo pública una serie de pláticas con Loret, a través del chat, y en las que éste insiste que era precisa la información que publicó el semanario. También confirmó que Alejandro Quintero (Íñiguez), vicepresidente Corporativo de Comercialización de la televisora, es el enlace con Peña para incluir en la programación noticias favorables para el ahora candidato del PRI a la presidencia de la República: “[…] Lo que no tiene madre es que el güey (Quintero) ande comprometiendo entrevistas (…) bueno, lo peor es que el güey (Quintero) trabaje aquí, carajo y que lo dejen hacer todo lo que hace”.

La historia rosa de la televisión mexicana, pues, está llena de intereses oscuros, manipulación y componendas políticas. Si la Televisa de Emilio Azcárraga Milmo estaba al servicio del PRI, la actual da más la impresión de ser una televisión mercenaria, al servicio del mejor postor. Hoy, más que nunca cobran “vida” aquellas palabras que le atribuyen a Emilio Azcárraga Milmo: “Si el pueblo quiere mierda, pues mierda les voy a dar” y “yo hago televisión para jodidos, México es una país de jodidos, y nunca cambiará”.

Soldados al servicio del “rey”

* Según diversos análisis del sector financiero, Azcárraga Jean —el verdadero Golden de los nuevos Golden Boy’s— acumula ya una fortuna de 2 mil 400 millones de dólares, para colarse en la lista de los tres multimillonarios más destacados de México. Los otros dos son el magnate de la telefonía, fija y celular, Carlos Slim Helú, cuyo capital supera 70 mil millones de dólares para ubicarlo como el empresario más rico del planeta; y Ricardo Salinas, quien en sus arcas tiene, según algunos especialistas, entre 7 mil y 9 mil millones de dólares, propietario de TV Azteca, de las tiendas Elektra, Banco Azteca, y operador de la telefonía celular Iusacell.

 

Francisco Cruz Jiménez

Hay un clima de sospecha generalizada, aunque nadie pone en duda que Televisa sea el imperio mediático más grande del mundo de habla española: controla cerca de dos tercios de la programación de los canales gratuitos de televisión en México. Por eso los irritó aquel reportaje de Víctor Hugo Sánchez que culminó con una entrevista el 19 de octubre de 2007 a Víctor Hugo O’Farrill, ex socio en Televisa, sobre Azcárraga y su empresa.

De nueva cuenta, los encabezados —“Verdades de Televisa y los Azcárraga”; “El ‘Tigre’ me traicionó y, al final, se traicionó a sí mismo”— y, el desarrollo posterior de la entrevista —bajo resguardo en los archivos del desaparecido periódico Centro, que circuló dos años en la Ciudad de México, dieron cuenta de algunos secretos, que no lo eran tanto, sobre los comportamientos y las doctrinas de un emporio televisivo cuyos productos consumían más de 90 países.

La situaciones anómalas que enmarcaron el proceso electoral de julio de 2012 y las pruebas que presentó la Coalición Progresista conformada por los partidos de la Revolución Democrática(PRD), del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano para documentar un escandaloso fraude electoral son hoy anecdóticas, como el burdo fraude de 1988 para imponer en la Presidencia a Carlos de Salinas de Gortari, o el descarado de 1999 para hacer que Arturo Montiel Rojas despachara en la gubernatura del Estado de México; pero poca atención, apenas de la revista Proceso, han recibido temas como el de la voracidad de la Televisa de Azcárraga Jean, tercero de la dinastía en manejar los destinos del “monopolio” televisivo.

Los números “hablan” del poder: controla 70 por ciento del mercado televisivo, produce cada año 55 mil horas de contenido, exporta programas a 90 países; en 2007 proveía contenidos a más de 600 cableros, era propietaria del sistema Sky —con más de un millón de suscriptores—, tenía 23 señales de televisión en tres continentes y cuatro canales de televisión abierta en la ciudad de México; además, operaba más de 306 estaciones de radio, así como sellos disqueros, de video, cine, editorial e internet, una escuela de educación artística que controlaba hasta90 por ciento del “talento” en México, tres equipos de futbol —dos en la Primera División, América y San Luis Potosí, y uno en la de ascenso, Necaxa—, el estadio de futbol más grande del mundo en capacidad de asientos, el Azteca, y hace tiempo se hizo de una importante participación accionaria en Univisión.

Según diversos análisis del sector financiero, Azcárraga Jean —el verdadero Golden de los nuevos Golden Boy’s— acumula ya una fortuna de 2 mil 400 millones de dólares, para colarse en la lista de los tres multimillonarios más destacados de México. Los otros dos son el magnate de la telefonía, fija y celular, Carlos Slim Helú, cuyo capital supera 70 mil millones de dólares para ubicarlo como el empresario más rico del planeta; y Ricardo Salinas, quien en sus arcas tiene, según algunos especialistas, entre 7 mil y 9 mil millones de dólares, propietario de TV Azteca, de las tiendas Elektra, Banco Azteca, y operador de la telefonía celular Iusacell.

Víctor Hugo Sánchez escribió: “O’Farril habló con franqueza y la seguridad que le dio haber sido, durante 27 años, socio de Televisa, además de la cabeza que dirigió, como vicepresidente de la empresa, lo que los especialistas llaman la época de oro de las telenovelas mexicanas, cuando la producción era inmensa, acelerada y el producto final llegaba a más de 90 países, lo que convirtió a la Televisa de Emilio Azcárraga Milmo —padre de Azcárraga Jean— en la número uno a nivel mundial.

La historia es simple, y a la distancia, O’Farril pone el dedo en la llaga cuando habla de la crisis que sufre Televisa, cuyos niveles de audiencia siguen a la baja y sus mercados han disminuido notablemente, y ni los festejos del cincuentenario de la telenovela han ayudado a elevarlos.

Emilio Azcárraga me traicionó, y se traicionó a sí mismo, y así, discurre sobre un tema que conoce al dedillo: la producción de melodramas, pero igual abunda en temas como las relaciones de Televisa con el viejo sistema presidencial de México, y desde la lejanía —allí en su rancho del Estado de México—, comenta sus puntos de vista sobre la nueva Televisa que dirige Emilio Azcárraga Jean.

Sobre la relación de Televisa con el gobierno federal, grabado en la memoria de O’Farril quedó el día aquel cuando la Asociación Nacional de Actores (ANDA) se puso en huelga o bajó las banderas rojinegras —por cuestiones económicas—. “Fui con Guillermo Cañedo a ver a Pedro Ojeda Paullada —secretario del Trabajo y Previsión Social del 1 diciembre de 1976 al 14 de octubre de 1981—. Memo no quería que hubiera huelga, y Emilio estaba de vacaciones; le dije: si tú firmas, yo renuncio, ¿tú te echas la bronca? Qué banderas… a los tres días (los actores) doblaron las manitas.

Era esa de 1979 la época de ‘Los ricos también lloran’, considerada uno de los mayores éxitos de audiencia de la historia de la televisión mexicana, exportada a más de 150 países y doblada a 25 idiomas. La telenovela lanzó a la fama a Verónica Castro. La hizo, dicen, una celebridad mundial. En plena grabación estalló el conflicto laboral. La ANDA prohibió a 14 actores del elenco seguir en la telenovela.

En cuanto a la censura oficial, O’Farril recordó que, por ejemplo, cuando en 1978 Televisa transmitió ‘Santa’, protagonizada por Tina Romero, en el papel de reina de un burdel del México de principios de siglo XX; y ‘La Colorina,’ que en 1980 estelarizaron Lucía Méndez y Enrique Álvarez Félix, y que recibió una clasificación ‘C’ o no apta para todo público porque ella hacía el papel de una prostituta; ‘El Tigre’ Azcárraga y Miguel Sabido buscaron la salida a través de Javier García Paniagua, también secretario del Trabajo.

El problema que tuvimos fue que mandábamos los capítulos a Gobernación, y dependíamos de los censores, cada uno era distinto, así que me llevé capítulos con Javier García Paniagua —titular de esa dependencia— y le mostré el mismo capítulo calificado de manera distinta por los censores gubernamentales; me dijo: ‘no te preocupes, yo lo arreglo’.

– Y es que teníamos claro algo: si bien la telenovela entretiene, debe tener un mensaje, algo más que ayude a la audiencia, y por eso se hacía necesario meter, como en ‘Quinceañera’, temas como secuestro, violación, drogadicción, y García Paniagua me dijo ‘cómo los vas a tratar’… le expliqué que teníamos asesores, expertos, y me dijo: ‘haz lo que quieras; si te multan, te las condono todas’.

– Les dieron manga ancha, como quien dice.

– Sí, pero esa libertad nos dio una responsabilidad, y cobramos conciencia de qué hacer, qué decir y cómo sustentarlo, y cuando lo de la violación dimos consejos de cómo ayudar, de cómo apoyar… Esto nunca lo dijimos abiertamente, justamente para que los políticos no quisieran usar las telenovelas como arma subliminal.

– En su tiempo, ¿los anunciantes mandaban sobre el contenido? Hoy se sabe que empresas como Bimbo, Coca-Cola y otras ejercen presión para que los mandos en Televisa hagan o dejen de hacer tal o cual cosa…

– Nunca. Por eso funcionaba el famoso plan francés —cobro por adelantado en la compra de tiempos para publicidad—, porque teníamos en el año un promedio de 40 puntos por novela, y era tal el éxito que, al contrario, Emilio me dijo un día: ‘hay que bajarle el rating a las novelas’… eso no lo sé hacer… por qué… ‘porque nos están dejando de comprar, porque llegan a los puntos de rating antes; si le prometimos al cliente 5 mil puntos de rating, pues llegan a ellos en cinco meses, en lugar de ocho, y están dejando de gastar con nosotros’, y dije: ah, pues sube el precio o pon competencia más fuerte en los otros canales, pero yo no le puedo bajar; ¿cómo le voy a bajar el rating a las novelas? que, además, es tu base de venta, y estamos vendiendo no sé cuántos millones de dólares en Estados Unidos, en Europa, en Sudamérica, ¿cómo les vamos a bajar de rating? Entonces inventamos otra programación en el (canal) 5, metimos novelas, subieron el precio de las tarifas. El anunciante compraba por adelantado un año y en efectivo porque tenía la garantía del rating. No había sorpresas… Ni tenían injerencia.

Hoy es una vergüenza lo que producen; yo no me anunciaría con Televisa. Es una vergüenza.

– ¿Cuál es lo último que ha visto y qué le parece?

– No; nada. De repente me encuentro por ahí y lo último que veo son minifaldas, bustos, las niñas, no sé cuál es el personaje, todas son igualitas. Antes de salirme yo ya había corrido a Eugenio Cobo de ser el director de la escuela y vino una amiga que trabajaba con los actores y llevaba el primer año de los actores (sic) fuera de Televisa, Elsy Domínguez; pero fue en ese momento en que fui invitado a dejar Televisa y ya no la quité; es lo más funesto que ha pasado para la actuación en televisión, porque ahora todos son iguales, no saben actuar, todas gritan, todas hablan el mismo tono. Todas son igualitas Yo no sé cuál es la buena y cuál es la mala. De lo muy poco que he visto no tengo una claridad.

– ¿Cuándo se le empieza a caer el rating a San Ángel y por qué?

– Pues porque no hay una cabeza que les diga por dónde. Hay una anarquía de los productores, y como nadie sabe decirles por dónde, entonces el productor se ha convertido en un señor feudal que tiene su reinadito y nadie le puede decir nada, ¡y cómo les van a discutir si nadie sabe lo que están haciendo!

– ¿Cómo ve lo que ha hecho en 10 años Emilio Azcárraga Jean?

– Dicen unos que sanearon las finanzas, otros dicen que le dio en la madre a la empresa porque, sí, muy sana, ¡pero no tienen qué producir, porque no saben! Eso es todo. Regresemos al teatro. ¿Por qué no llevamos a un administrador de empresas a producir teatro? Y, ¿por qué no llevamos a un productor de teatro a que administre una empresa? ¿Por qué no llevamos a un contador a una sala de operaciones? Y esto de hacer telenovelas es una especialidad distinta, como de sensibilidad y hay que desarrollarla. A nosotros, la primera etapa de desarrollo de cambio de la televisión, nos tomó cinco años, que fueron progresistas. Cada vez era mejor.

Estuve 27 años, y apenas iba en el 50 por ciento de la primera etapa; con Lucy Orozco hicimos un cambio radical en la producción. Sin tener que comprar nada más, sin necesidad de dinero, pude producir 40 por ciento más. Esa era la tendencia y era maravilloso y era un paso para llevar todo el sistema de producción de novelas a ese lugar. Pero ¿quién tomó la decisión de quitar eso?

– ¿Hubo grandes fugas de dinero?

– Claro y, además, nadie quería meterse porque amenazaban: ‘si no me dejan en paz, dejo la producción’… entonces, ¿quién tiene la autoridad: los productores o la empresa?

– ¿Cuando se fue de Televisa, quiénes le dieron la espalda?

– Todos. El mismo Emilio giró la orden que quien hablara conmigo, lo iba a correr. A Martha Oliver la corrieron por ir a comer conmigo y con Salma, y a Salma le compraron un departamento en Los Ángeles. Era yo el enemigo número uno de Televisa.

– ¿Qué sintió en ese momento?

– Fue algo inesperado, porque se había hablado todo lo contrario. La promesa de Milmo era que me iban a dar acciones, como a los demás hijos de dueños. Empecé a tener problemas con todos porque dejé de ser accionista para ser empleado. La gente cambió radicalmente. ¿Por qué no me voy, esto no funciona? Le dije a Milmo: me voy, porque esto ya no me gusta. ‘No, primero se van mis hijos, antes que tú’, me respondió. Sin embargo, a la semana me habló y me dijo: ‘Hasta hoy trabajamos juntos’; tú eres el jefe, le dije y me salí.

El cultivo del chayo

* Ocioso es preguntar si, además de proveedor de contenidos para exaltar por más de seis años la imagen de Peña, Televisa ejerce un control directo sobre políticos insertos en las cúpulas de los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI). Todo mundo sabe que así. Cuentan incluso con su bancada estelar en el Congreso de la Unión.

 

Francisco Cruz Jiménez

La historia de Enrique Peña Nieto está llena de misterios, lo mismo que la del Estado de México; sólo hay una realidad: con el poder político, la influencia que ejerce y con esa capacidad que tiene para inventar y legitimar otra realidad, Televisa se dio tiempo para armar lo que, sin duda, ha sido su mayor éxito en años, el romance con Angélica Rivera Hurtado, “La Gaviota”.

Especialistas en marketing, asesores de imagen, así como revistas del corazón, la farándula y del jet set se encargarían de convertir el idilio de Enrique y Angélica en un cuento de hadas con su final feliz el 27 de noviembre de 2010: una boda por la iglesia, con novia de blanco y él en un riguroso y negro frac, en la fría e impersonal catedral de Toluca, con la bendición anticipada de su santidad el papa Benedicto XVI. Y, como corolario, la portada de las revistas ¡Hola! y Quién, en edición especial.

Después de un matrimonio con Mónica Pretelini Sáenz —su fallecida mujer—que le dejó dos hijas y un hijo; un sinfín de aventuras y relaciones extramaritales, infidelidades e hijos fuera del matrimonio que ponían en duda su moral familiar, el romance ganó en popularidad. Ella, por fin, había encontrado a su príncipe azul.

Todo mundo, y eso es casi literal, se enteró cómo surgió el flechazo “entre Angélica y el político, al que califica como un hombre ‘maravilloso’. Sin cohibirse, dijo que luego de terminar de grabar la telenovela Destilando Amor, le llamaron de Televisa para que fuera la imagen de los 300 compromisos cumplidos del gobierno del Estado de México. Él era el gobernador. Hice los comerciales y la comunicación. Y nos fue muy bien; él me habló por teléfono para darme las gracias y para invitarme a cenar y así nos enamoramos”.

Marco Castillo y Lorena Corpus lo reseñaron para Reforma: “fue ‘La Dueña’ de varios estelares. Se atrevió a ‘Alcanzar una Estrella’, vivió un ‘Sueño de Amor’, sobrevivió a un ‘Huracán’, enfrentó un ‘Dulce Desafío’, peleó como ‘Mariana de la Noche’ y terminó ‘Destilando Amor’… […] Después de tanto drama, Angélica Rivera, de 41 años, se dispone a ocupar, en diciembre, su papel de Primera Dama. […] Las lágrimas, al menos las de ficción, quedaron atrás. Así, la famosa ‘Gaviota’ se convierte en la primera actriz mexicana en llegar a Los Pinos. El nuevo episodio de esta ‘telenovela’ mediática se dio cuando el candidato del PRI fue declarado virtual ganador de las elecciones”.

Ese matrimonio sirvió para reforzar la alianza “matrimonial” de Televisa con el Estado de México, que se puso en marcha en 2005, y sirvió para mostrar que si bien Peña y Azcárraga no son las figuras más pulcras ante el electorado, su relación ha sido provechosa.

A estas alturas resulta ocioso conocer quién escogió a quién, si Televisa al gobernador para hacerlo su presidente o este último a Televisa. Lo mismo pasa con las preguntas sobre cómo se conocieron y quién los presentó. El punto central de la discusión tiene resultados concretos: Azcárraga y Peña Nieto se sabían necesarios uno del otro. Sus ambiciones hicieron química.

Los beneficios para el mexiquense sorprenden a muy pocos porque saltan a la vista. Lo hicieron un celebrity, un showman y un rock star. Fue esta la plataforma para catapultarlo a la Presidencia de la República. Y “La Gaviota” es, para muchos, un recordatorio permanente del poder real de la televisora de las estrellas.

Del otro lado, es imposible conocer con precisión la cantidad de recursos públicos que se le entregaron a Televisa como pago por publicidad gubernamental para exaltar la imagen de Peña. Y también son inútiles los cuestionamientos sobre si Azcárraga Jean y sus hombres de confianza —Bernardo Gómez Martínez, Alfonso de Angoitia Noriega, Pedro Aspe Armella, Alejandro Quintero Íñiguez y José Antonio Bastón Patiño, conocidos como los Golden de la iniciativa privada— están enfermos de poder.

Ocioso es preguntar si, además de proveedor de contenidos para exaltar por más de seis años la imagen de Peña, Televisa ejerce un control directo sobre políticos insertos en las cúpulas de los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI). Todo mundo sabe que así. Cuentan incluso con su bancada estelar en el Congreso de la Unión.

La presión sobre algunos senadores en 2007 para frenar la reforma electoral que reducía el tiempo oficial de las campañas políticas, así como el veto posterior a los legisladores que no protegieron a la televisora y promovían los cambios, sirven como ejemplos ominosos de su poder.

El panista Santiago Creel Miranda es la muestra de los niveles de manipulación a los que llega Televisa. Literalmente, el miércoles 2 de julio de 2008, a través de la tecnología digital, sus técnicos manipularon y alteraron algunas escenas para borrar de los videos al entonces presidente del Senado, mientras en sus noticiarios —el primero fue el matutino de Carlos Loret de Mola— se informaba de los foros en los que se discutía la reforma energética.

Unos días antes de ese “incidente”, calificado por los especialistas como uno de los hechos más vergonzosos en el “periodismo” mexicano, una “soberana” estupidez o una mutilación grotesca, Creel había declarado que el miedo al duopolio Televisa-Azteca fue una de las razones por las que el 9 de junio de aquel año fue destituido como coordinador del grupo parlamentario del PAN en el Senado de la República.

“Uno de los argumentos que dio el presidente de mi partido —Germán Martínez Cázares, quien rendía cuentas a Felipe Calderón— fue precisamente del conflicto que yo tenía con las televisoras; me parece un argumento igualmente reprobable por agraviante”.

Especialista en medios, Raúl Trejo Delarbre tituló una de sus columnas “Televisa stalinista”, en la que advirtió: “Televisa y Televisión Azteca decidieron vetar al senador Creel en represalia por el impulso que contribuyó a dar a las reformas constitucionales que restringen privilegios y negocios de la radiodifusión durante los procesos electorales. […] Televisa pretendía quitarle poder político pero además despojar de su imagen pública al senador Creel: sacarlo de las pantallas, impedir a los ciudadanos que se enteren de su desempeño legislativo, tacharlo de la historia. Pero lo hizo de manera tan torpe que el resultado se ha convertido en uno de los mayores tropiezos políticos (y ya son varios) de esa televisora”.

Pero hay otros antecedentes que muestran, de “cuerpo entero”, sus debilidades y, por lo mismo, su necesidad de allegarse capital, dinero a manos llenas de donde sea posible, como la publicidad política: el viernes 6 de julio de 2007, Víctor Hugo Sánchez publicó en el desaparecido periódico El Centro un amplio reportaje que desató la ira de los principales ejecutivos de la empresa porque, entre otros, mostraba un lado poco conocido de Televisa.

Los encabezados “justificaban” la irritación: “Telenovelas en crisis”, “cuatro millones dejan de verlas”, “ejecutivos y productores hablan de sus esfuerzos por recuperar el rating perdido”, “crisis en el Hollywood de las telenovelas”, “Televisa ha dejado de ganar” y “rating, el número de la bestia en la industria de la televisión”.

Ya en el desarrollo del tema, Víctor Hugo —quien conoce las entrañas del monstruo porque trabajó en él como jefe de prensa— precisó: “De febrero a junio de este año, Televisa ha perdido hasta 4 millones de televidentes —cuatro puntos de rating en el horario de telenovelas juveniles y la barra de comedia—, caída que parece inexplicable en una era en la que los medios electrónicos cuentan con herramientas de mercadotecnia para garantizar sus niveles de audiencia.

”Los televidentes han cambiado sus preferencias en cuanto a la pantalla chica se refiere, la TV abierta dejó de ser todo lo atractiva que fue y prueba de ello son los 5 millones 633 mil hogares que ya cuentan con el sistema de cable y los 2 millones 735 mil suscriptores a internet, gente que pagó por no ver lo mismo”.

Aunque el pudor no es algo que los inhiba, Televisa y TV Azteca se enfrascaban en una lucha sórdida por dos cuestiones que, al final, representan ingresos por miles de millones de pesos: primero, el rating o la suma numérica de los televidentes que están viendo un programa determinado a una hora determinada. Haciendo uso de las reglas del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE) —empresa líder en métrica y generación de conocimiento sobre audiencias de medios de comunicación electrónica—, que marcan que un punto de rating equivale a un millón de espectadores, aproximadamente, se puede afirmar que si una telenovela alcanza 12 puntos a las 12 de la noche, significa que a esa hora la están viendo 12 millones de personas.

Segundo, el share o porcentaje que corresponde a un programa con relación a sus competidores a la misma hora que se transmite. Esto quiere decir que si a las ocho de la noche hay 20 millones de personas viendo la televisión, el porcentaje que de los 12 millones que sintonizan la telenovela a esa hora corresponde a 60 por ciento del total. El 40 por ciento sintoniza otros programas de la competencia y entre ellos están divididos los 8 millones de telespectadores restantes.

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