El honorable señor Nishimura

* Hasta aquí el árbitro japonés Yuichi Nishimura había estado bien. Sobrio, docto, inteligente, equilibrado. Entonces comenzó el partido y Croacia montó una línea a prueba de todo, excepto de la dupla Neymar-Nishimura, que hizo trizas cualquier intento de victoria. Pero los europeos comenzaron mejor. Era como la guerra. Primero aguantar, luego armar la guerrilla, sembrar minas y esas cosas. Horrible pero cierto. Y es que los croatas, según Pasolini, jugarían a algo parecido a los momentos previos de alguna insurrección y el jovencito Neymar sería una especie de imberbe Mozart –no, no tanto, pero sí un Juan Gabriel en su etapa más exitosa-.

 

Miguel Alvarado

“El futbol traduce la necesidad biológica de excitación, de pasión, de extroversión de las personas y ayuda a descargar esa caldera social en la cual se cocinan explosivos ingredientes que forman parte de los disturbios populares”, dice uno de los gestores de la profesionalización del futbol en Colombia, Alfonso Senior.

Mis güevos.

Salta Brasil a la cancha encabezado por Neymar, un lumpen que vale 200 millones de euros “bajita la tenaza porque se entera Hacienda” pero que no juega, ni siquiera, como Dirceu o el mediano Rivelino, blancos arrobos paridos por Yemanyá. Y Neymar es de los nuestros porque es un lumpen, desprotegido amigo del balón que encarna el ejemplo del sí se pudo.

Enfrente están los hijos de la guerra. Croatas vividos en el exilio cuando niños o de plano bajo las balas o las bombas o las botas militares o lo que sea que pueda matar. Pero están parejos. Para más de la mitad de los brasileños, morir en una guerra de castas o en otra del narco y la pobreza da lo mismo. Su censo último, el muy último, señala que son cerca de 198 millones de habitantes. México tiene 115, pero ni la mitad de su territorio. Y en ambos dos, como Vicente Fox dice en su diccionario retórico, todos somos pobres, menos 110 familias, tal vez no tantas.

Pero igual es lo mismo. O sea, igual es lo mismo. Los pinches brasileños, los jugadores, pues, parecen nerviosos y aunque la plantilla vale 502 millones de euros, esto no es Wallstreet ni las montañas michoacanas para negociar como se debe como los sharks bursátiles o los Caballeros Templarios. Aquí no hay negocio posible, todo es transparente como la mar en calma y la luz en lo alto que inspiró a Roberto Carlos una canción. La turba en el estadio debe recordar, porque es muy docta y dada a la mentira, que en 1930 los argentinos que jugaron la final contra la celeste fueron amenazados de muerte en el medio tiempo. Se dejaron ganar, dejaría entrever Luis Felipe Monti, mejor conocido  como “Doble Ancho”, una de las primeras estrellas sudamericanas que eligió luego la nacionalidad italiana nomás para que no le volviera a brillar la mala estrella. Pero el futbol es así, según los intelectuales de Televisa y José Ramón Fernández, y a Monti le volvió a suceder cuando su Italia, o mejor dicho la Italia de Mussolini llegó a la final de 1934 en el estadio Nacional del Partido Nacional Fascista de Roma, enfrentando a Checoslovaquia. Todo fue muy simple. El Ducce se lazó al vestidor de los azurri para echarles la mano y levantarles la moral a los chicos, y llevaba la medicina perfecta. “Si no ganan los mato”, cuenta la leyenda que dijo el dictador ante Vittorio Pozzo y, por supuesto, el apátrida Monti. Italia perdía a 15 minutos del final y el amor a la vida, a la propia, los hizo echarse al abordaje. Allí mismo el futbol dejó de serlo para siempre, aunque ya no lo era desde Montevideo y Vittorio, el entrenador italiano, lo sabía, como lo supieron en 90 minutos los asustados jugadores. Pero Orsi, de nombre Raimundo y nacido en Buenos Aires, la metió a falta de 300 segundos y en la prórroga  el gran Schiavo terminó por salvarles el pellejo a todos.

¿Quién amenazó a Neymar? ¿Los 150 millones de pobres? ¿Los 50 millones de desempleados? ¿Las 70 mil bandas en las favelas? ¿La FIFA? ¿Mojojojo? ¿Peña Nieto? ¿Osorio Chong?

Mientras Rubén Díaz Alamilla, el agresor del niño Owen en el Estado de México, no alcanza fianza pero tampoco castigo ejemplar, el país deja que lo embargue la sensación más acre cuando la pelota rueda por el césped y el delantero observa, a las tres y cuarto de la tarde, que el portero es un hombre triste, que extraña los días en el parque cuando jugaba futbol. Tira y la bola cruza el campo, el silencio que pronuncia la línea de meta.

¿Ah, verdad?

Hasta aquí el árbitro japonés Yuichi Nishimura había estado bien. Sobrio, docto, inteligente, equilibrado. Entonces comenzó el partido y Croacia montó una línea a prueba de todo, excepto de la dupla Neymar-Nishimura, que hizo trizas cualquier intento de victoria. Pero los europeos comenzaron mejor. Era como la guerra. Primero aguantar, luego armar la guerrilla, sembrar minas y esas cosas. Horrible pero cierto. Y es que los croatas, según Pasolini, jugarían a algo parecido a los momentos previos de alguna insurrección y el jovencito Neymar sería una especie de imberbe Mozart –no, no tanto, pero sí un Juan Gabriel en su etapa más exitosa-.

Marcelo, el envanecido lateral del Real Madrid bromeaba con David Luiz del PSG y practicaba un juego de manos fresísima, que pervierte de una vez y para siempre el ejemplo de Garrincha, quien se enteraba un minuto antes quiénes eran los rivales y entonces comenzaba a olvidarlo en una desintegración que incluía a cualquier defensa del mundo que se le pusiera enfrente. Pero no Marcelo, un futbolista multimillonario que anda por ahí, presumiendo su playera blanca mientras parece –ojo, sólo parece- que se olvidan de su barrio. ¿Y eso qué? Este relato, repleto de prejuicios, encontrará pronto su punto final.

Porque de todas maneras, si el barrio pudiera salvarse, ya otros lo habrían hecho. La jodidez sigue allí, germinando buenos futbolistas y mejores capos, orgullosamente brasileños, aunque lo mismo podrían ser mexicanos, salvadoreños.

¿Y las reformas? pregunta un meme de Marcelo en el feis. Pues a las 5:45 de la tarde nadie sabe nada. En el minuto diez se le viene encima el estadio Arena Corinthians al hombre de los calzones Calvin Klein. La FIFA, entidad colosal que lo mismo maquina guerras que vende petróleo, no respeta los símbolos universales o al menos latinoamericanos como El Chavo del Ocho, los narcocorridos y las novelas de Televisa. Maracaná, perdónales, porque ellos saben lo que hacen.

Y Marcelo. Una descolgada croata, finísima concepción de hilado industrial, dos toques como máximo, seco el pase y blanda la recepción, encuentra la fragua de Modric, el mejor del partido junto con Rakitic y extiende hacia el extremo izquierdo. Olic, con su cara de veterano de guerra, le pega al balón y éste rueda suavemente por el cielo esmeralda, entre los ojos de la hinchada y la necesidad de una comida diaria. El balón entra al área y caravanea los pies impolutos del defensa central y el centro delantero, aunque pudieron ser otros, porque desde este palco no se veía bien, el durísimo Thiago y el blasfemo Perisik. La oquedad, el vacío, el brusco descenso hacia la verdad del hombre se cumple apenas en un palmo de 25 metros cuadrados y un marco metálico rodeado de red. Allí, el karma y el darma parecen fundirse en lo que los arcanos conocían como El Camino pero para el estadio y los torcedores ese callejón en el que se han metido tiene nombres y apellidos. Porque el soberbio madridista ha empujado el balón al fondo, lo ha tocado como con el pétalo de una rosa, le ha hablado al oído y convencido con las materias químicas que su cuerpo excreta. El amor y dios son la misma cosa y a Marcelo se le caen los Calvin. Está en shock porque ha traicionado a la patria, a los elementos fundamentales que conforman a un brasileño y se ha puesto del lado de los pobres porque sólo ellos son capaces de marcar un autogol con tal de que se les voltee a ver. Y es que así son los inconformes, los polutos, todos ellos en los que el equilibrio y la razón son explicados por Francis Fukuyama y su benevolente fin de la historia

Está Marcelo. Ni siquiera puede mentarse la madre. De todas maneras el estadio ya lo hace. Monolítico, acude por segundos a la progenitora más desamparada del mundo. Quinientos millones de televidentes ríen. No importa de quién o cómo, pero lo hacen.

El Scratch tardó 22 minutos en girarle un cheque al árbitro. Y éste en corroborar que llegara a su cuenta, en las Islas Malvinas. Así, Neymar se fabricó  un gol bien raro que al final contó y luego el árbitro, en el segundo tiempo, cobró un penal. Un tal Oscar cerró la cuenta y todos supieron enseguida que México nunca podrá ganarle a Croacia y ni siquiera un cachito de Pemex convencerá a Brasil de gestionar el empate. El final es un tres a uno bien vendido.

Afuera los manifestantes en Río y Sao Paulo se rompen la madre con la policía pero el Mundial está en marcha, durará sólo un mes mientras que la miseria brasileña y de paso la mexicana, toda la eternidad, ahora se perfila en el área de Guillermo Ochoa.

Neymar es de los nuestros.

El saqueo

* “Praxedis tenía grandes aspiraciones de convertirse en el hombre más poderos del sindicato ferrocarrilero, siempre bajo el ala protectora del corporativismo o del sindicalismo oficialista y estaba convencido que, gracias al apoyo que recibía desde la Presidencia de la República, según él lo hacía ver, nadie se atrevería a tocarlo. Así, cuando Miranda le entregó pruebas del fraude en el que estaba involucrado el líder sindical, Flores no hizo nada”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2014.

 

Francisco Cruz Jiménez

Con la confianza desbordada, un ego que no cabía en su oficina y su destino puesto, por convencimiento personal, en las manos de la Presidencia de la República, Fraustro cometió otros desatinos. Y éstos le abrieron la puerta a la tragedia que vino después: le dio la espalda a Lorenzo Duarte, un norteño ambicioso cuyas esperanzas eran salvar de Peralta y Flores al sindicato. De entrada, lo acusó de vivales y “de méndigo saqueador. Me dejó una deuda de más de 2 mil millones de pesos. ¡Qué poca madre! Se llevó 17 coches último modelo, casi todos Topaz y dos camionetas. Ya se quería llevar la azul que tengo allá abajo. Le dije, ‘pérame tantito, déjame siquiera esa para moverme’. Le fue bien, se compró sus ranchos. […] Y, como burla, Lorenzo nada más me dejó un retrato de Caso Lombardo, aquí, atrás de mí, en el suelo, volteado hacia la pared y patas arriba, con una dedicatoria del viejo para Duarte”, rescata Miranda Servín de las pocas charlas que sostuvo con Fraustro, días después de su toma de posesión.

Sin guardar las formas, Fraustro también responsabilizó a Lorenzo Duarte de aceptar una reducción del periodo vacacional para trabajadores sindicalizados, de 30 a 10 días, así como de la modificación de la cláusula 15 para conceder más puestos de confianza a la gerencia general de la empresa y menos de escalafón a través del sindicato. A esa lista de retroceso en las prestaciones laborales, Duarte sumó otra aparentemente inofensiva: aceptó la supresión de corridas de trenes en varias rutas. Los ferrocarrileros descubrieron casi de inmediato que, en realidad, la disminución de corridas preparó el camino para que la empresa pusiera en marcha programas de reajuste masivo de personal, cuyo sinónimo es la palabra despido.

Cuidadosamente, Praxedis ocultó lo inocultable: para octubre de 1992, siete meses después de su triunfo había negociado directamente con Arsenio Farell Cubillas, titular de la Secretaría del Trabajo salinista, la desaparición de cientos de cláusulas del Contrato Colectivo de Trabajo. Y en ese tiempo fue artífice, también con ese funcionario, de la liquidación dolosa de unos 25 mil ferrocarrileros, aceptó la desaparición de los talleres de Apizaco y nunca informó qué hizo el sindicato con el 1.8 por ciento de la liquidación de quienes se acogieron —entre febrero de 1992 y julio de 1993— al obligado retiro voluntario o despido forzoso.

“La gestión de Praxedis no tuvo diferencia alguna con las que le precedieron. Su grupo de trabajo lo conformó con integrantes del grupo Héroe de Nacozari y sólo colocó a algunos ferrocarrileros de la planilla que lo apoyó, y que muy pronto se contaminaron con prácticas charriles. El sindicato no sufrió transformaciones significativas y siguió apoyando a ultranza las políticas estatales como en el caso de la modernización. Nuevamente las ilusiones democratizadoras de los ferrocarrileros disidentes al grupo Héroe de Nacozari se desvanecieron y con ello desapareció la posibilidad de la construcción de un proyecto alternativo de modernización. […] Y en la revisión contractual de 1992 se incrementa la flexibilización del contrato colectivo de trabajo. Praxedis afirmó que estaba a favor de la modernización de la empresa, por lo que aceptó la modificación de 200 cláusulas contractuales del rubro laboral, no económico”, escribió en agosto de 1994 Marco Antonio Leyva Piña, profesor de la UAM-Azcapotzalco e investigador de la revista interna El Cotidiano.

Sin duda, Praxedis Fraustro Esquivel estaba acostumbrado a proceder según le venía en gana. Y aunque no hay claridad en cuanto a algunos señalamientos de corrupción que se le hicieron porque, a su muerte, desapareció mucha documentación oficial de su oficina en el sindicato, acusaciones contra él pesaban y caían en cascada: desfalco en 1976 en la sección 19 del sindicato en Monterrey, contrabando en 1977, porrismo y agresiones en 1983, agresión y pandillerismo en 1984, agresión, gangsterismo y vejaciones en 1985. Se le acumularon como rosario. Pero tuvo una virtud, el cobijo de Lorenzo Duarte y la familia Salinas.

Si en la Secretaría de Comunicaciones y la Presidencia de la República se hicieron de la vista gorda con lo que pasaba en Ferrocarriles, Praxedis perdió el toque para seducir a sus colaboradores: Miranda Servín se convirtió en una piedra dolorosa en el zapato de la cúpula sindical: “En diciembre de 1992 dejé de trabajar en el equipo de Praxedis porque la mayoría de los compañeros que colaboramos con él para derrotar a los charros del grupo Héroe de Nacozari fuimos relegados y traicionados.

”Al llegar a la Secretaría Nacional impuso a personas desconocidas, para nosotros, en puestos relevantes que le correspondían a la Secretaría Nacional. Y en enero de 1993 le entregué a Víctor Flores, secretario nacional tesorero, pruebas documentales de un cuantioso fraude en el que estaba involucrado Praxedis. A Víctor yo lo había denunciado en varias ocasiones por actos de corrupción en el periodo de Peralta; sin embargo, accedió a entrevistarse conmigo y quise darle documentos que me habían hecho llegar sindicalistas inconformes con la nueva dirigencia”.

Praxedis tenía grandes aspiraciones de convertirse en el hombre más poderos del sindicato ferrocarrilero, siempre bajo el ala protectora del corporativismo o del sindicalismo oficialista y estaba convencido que, gracias al apoyo que recibía desde la Presidencia de la República, según él lo hacía ver, nadie se atrevería a tocarlo. Así, cuando Miranda le entregó pruebas del fraude en el que estaba involucrado el líder sindical, Flores no hizo nada. Se guardó los documentos. Ni siquiera se atrevió a solicitar al Comité Ejecutivo Nacional del STFRM que aplicara los estatutos para sancionar al secretario nacional y presentara una denuncia por fraude. “Flores —recuerda Miranda— le tenía pánico, no simple miedo a Praxedis. Nada que ver con el legislador federal priista Víctor Flores que el 1 de septiembre de 1996, agazapado en la llamada zona del Bronx en el Palacio de San Lázaro, que alberga la Cámara de Diputados, agredió a su par perredista Marco Rascón, para intentar quitarle una máscara de cerdo que este último uso para hacer mofa de la ceremonia del informe presidencial de Ernesto Zedillo. Nada que ver con aquel diputado feroz, ruidoso, de lengua vulgar, cuyos señalamientos floridos, con lenguaje de pulquero, captaron los periodistas aquel día: “¡No tienes maaadre! ¡Chinga tu madre! En aquel tiempo de 1992 y 1993, aunque era el tesorero sindical, temblaba de miedo y palidecía cuando Praxedis estaba cerca de él”.

De sus compañeros ex diputados, algunos guardan recuerdos no muy gratos que lo marcan de cuerpo entero. En una ocasión, el panista Javier Paz zarza le comentó a una reportera: “Me dijo que no me metiera en los asuntos de los trabajadores o me partiría la madre. Dos días después, en el estacionamiento del recinto legislativo me abordaron seis tipos, con armas de fuego, pretendiendo intimidarme. Iban de parte de Flores. La situación fue denunciada ante el Pleno en su oportunidad. Lo único que logró fue demostrar su debilidad; si tuviera el apoyo de los ferrocarrileros no actuaría de esa manera. Actualmente hay una corriente muy fuerte en su contra”.

Y el extinto periodista Miguel Ángel Granados Chapa lo pintó de una pieza: “Antes que nadie, Flores buscó a (Vicente) Fox (Quesada), apenas Presidente electo, para rendirle pleitesía de manera semejante a la que expresó a Zedillo. […] Flores encarna las virtudes de colaboración que un gobierno de empresarios desea para los empresarios. Aunque el funcionario lo haya negado expresamente, de esa circunstancia se desprende la conjetura, de que para ser designado líder del Congreso del Trabajo Flores cuenta con el apoyo del secretario Carlos Abascal. […] Pero, practicante del principio filosófico a Dios rogando y con el mazo dando, Abascal no se contenta con la conversión de los líderes priistas dúctiles como Flores y los que aprobaron su proyecto de reformas laborales, sino que está construyendo su propia interlocución, un nuevo sindicalismo que por su moderación pueda ser llamado, con un anglicismo detestable pero de uso avasallador, sindicalismo light”.

Enlazados

* Arturo Montiel, tío de Enrique Peña, define así al Grupo Atlacomulco, en un libro llamado “Arturo Montiel desde Atlacomulco”, dictado por él mismo. “¿Existe el Grupo Atlacomulco? Si por ello entendemos un conjunto de personas unidas por intereses perversos de índole política o económica, no hay tal. Es curioso, pero siempre que escucho el término Grupo Atlacomulco se refiere a un grupo cuya divisa es conspirar para alcanzar el poder. Me parece que es una invención que ha servido para mencionar el peso relevante y notorio que algunos políticos mexiquenses han tenido en la vida pública del Estado de México y del país. No, el Grupo Atlacomulco no es una cofradía, una mafia ni un club de políticos o empresarios”.

 

Miguel Alvarado

Los lazos familiares en las cúpulas de los gobiernos mexicanos han consolidado una extensa red de compromisos y clanes que trascienden las obligaciones públicas. Los vínculos de sangre y parentescos adquiridos han sido para los grupos políticos del Estado de México la forma más simple pero más eficaz para hacerse del poder y administrarlo. Por más de 70 años, la formación de grupos como el Atlacomulco, nunca reconocido por sus integrantes pero sí demostrable por los nexos familiares, empresariales, laborales y de compadrazgos que generan, han dependido de esa forma de organización, muy semejante a las utilizadas por los linajes medievales de los antiguos apellidos de “sangre azul”. Prácticamente todos los sectores políticos utilizan el mismo sistema, que es más evidente cuando los personajes se hacen del poder, lo ejercen y extienden desde lo familiar. Los cuadros se renuevan. Las siguientes generaciones dan paso a los hijos, sobrinos y nietos en el poder público.

Luis Videgaray, secretario federal de Hacienda y ex secretario de Finanzas del Estado de México con Arturo Montiel y Enrique Peña como gobernadores, es un priista formado en la empresa Protego, de Pedro Aspe. Fue el encargado de convertir la deuda pública mexiquense de pesos a UDIS, y luego reconvertirla de vuelta. A partir de ese ejercicio, con Luis Miranda como secretario de Finanzas estatal, Videgaray fue “contratado por Montiel para hacerse cargo de la administración del dinero público estatal. Ahora lo hace con la recaudación hacendaria del país y aunque es priista no deja de tejer relaciones desde otros partidos. Su esposa es Virginia Gómez del Campo, prima de la senadora panista Mariana Gómez del Campo, quien es prima de la esposa del ex preside nte Felipe Calderón, la ex primera dama de México Margarita Zavala.

El lazo familiar para Videgaray lo hermana con el panista más poderoso de México durante el sexenio pasado. Las posturas políticas se borran y se convive desde una base familiar que, según los valores esenciales, está para ponerse de acuerdo. Desde allí se arman campañas políticas y discuten reformas constitucionales.

La hija de Pedro Aspe, Sofía Aspe Bernal, ha mantenido relaciones sentimentales con Aurelio Nuño Mayer, jefe de la Oficina de la Presidencia de la República y uno de los funcionarios apuntados en la sucesión presidencial desde ahora.

Miguel Ángel Osorio Chong está casado con Laura Vargas Carillo. Ella fue nombrada el año pasado directora del DIF nacional y, junto con Angélica Rivera, actriz de Televisa y esposa del presidente Peña, conducen esa instancia. Pero junto con ella llegó un grupo que apoyó a Osorio durante su gobierno en Hidalgo y en las campañas de peña Nieto. Destaca, por ejemplo, Carolina Viggiano, esposa del gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, y quien asumió en el 2012 la Dirección del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe). “Uno de sus testigos de boda fueron el ex Gobernador de Hidalgo, Miguel Ángel Osorio Chong; el actual Gobernador de esa entidad, Francisco Olvera Ruiz, y los entonces diputados Luis de Garay y Felipe Enrique. Por parte de Moreira, los testigos fueron su hermano Humberto, el ahora Presidente Enrique Peña Nieto, David Aguillón y Juan Luis Llia”, destaca la reportera Ana Leticia Hernández. Osorio es cabeza visible de un grupo político que controla políticamente el estado de Hidalgo y al cual se la ha señalado por corrupción.

A nivel estatal, la hija del nuevo secretario de Gobierno estatal, José Manzur, tomó posesión como directora general de la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna (CEPANAF), apenas el 19 de febrero del 2014. Ana Sofía Manzur García-Maass era coordinadora del Zoológico de Zacango y encargada de Educación Ambiental, Promoción y Difusión de la CEPANAF. Recientemente casó con Werner Cristhof Maletz Ramírez, quien fue ubicado en la Subsecretaría de Desarrollo Regional Valle de Toluca.

David López Cárdenas es hijo de David Epifanio López Gutiérrez, titular de Comunicación Social con Arturo Montiel y Peña en el Edomex. Hoy es coordinador de Comunicación Social de la Oficina de la Presidencia. Su hijo fue alcalde interino de Metepec y hoy es diputado local. Su padre, uno de los fundadores del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense busca desde el año pasado la candidatura a la gubernatura por el estado de Sinaloa. La hija de David Epifanio, Leticia López, desposó el año pasado en Valle de Bravo en una fiesta donde la reseña política, la asistencia de gran parte del gabinete presidencial y empresarial de Peña fue la noticia central. “En el evento destacó la presencia de varios miembros del gabinete del presidente Enrique Peña, tales como Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia; José Antonio Meade, secretario de Relaciones Exteriores; Gerardo Ruiz Esparza, titular de la SCT; Julián Olivas Ugalde, titular de la Función Pública; Juan José Guerra, titular de la Semarnat; Alfredo del Mazo; Roberto Campa Cifrián, así como los periodistas Guillermo Ochoa, Miguel Reyes Razo y Joaquín López-Dóriga, el más fotografiado”, apunta el diario El Debate de Sinaloa.

Rocío Dosal es esposa de Gerardo Ruiz Esparza, actual secretario federal de Comunicaciones. Ella en cabeza el Voluntariado Nacional de la Secretaría de Comunicaciones pero él es pariente del ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado y nieto del ex gobernador de Colima, Jorge Hurtado. Luis Gutiérrez Dosal, un ex presidente deportivo del club de futbol Toluca, era también dueño de la fábrica de pasta La Moderna, cuyos activos pasaron, al morir, Luis, a la familia Monroy, parientes de Carolina Monroy del Mazo, prima-hermana de Peña Nieto y esposa de Ernesto Nemer, subsecretario federal de Desarrollo Social.

Hasta el 2009, cinco empresarios mexiquenses figuraban entre los 100 más ricos de México. Ellos eran Carlos Hank Rohn, Carlos Peralta Quintero, Carlos Hank González, Eduardo Monroy Cárdenas y Roberto Alcántara Rojas, todos ellos miembros del círculo político de Peña, mecenas y patrocinadores de campañas para el negado Grupo Atlacomulco. “Oriundo de Atlacomulco, es Presidente del Grupo industrial La Moderna, considerada hoy la fábrica de pastas más importante de México, con mercado en Centro, Sudamérica y sur de los Estados Unidos. Hace casi 90 años, para ser exactos en el año de 1920, se fundó la Fábrica de Pastas Alimenticias La Moderna en la ciudad de Toluca, mediante una sociedad con los empresarios españoles Dionisio Vendrell y Esteban Abascal, además de los mexiquenses Alberto Henkel, Rafael Acosta y Javier Reverter”, dice el diario local Alfa. Monroy Cárdenas murió apena en mayo del 2014. Mecenas de escuelas como el Tec. de Monterrey.

Arturo Montiel, tío de Enrique Peña, define así al Grupo Atlacomulco, en un libro llamado “Arturo Montiel desde Atlacomulco”, dictado por él mismo. “¿Existe el Grupo Atlacomulco? Si por ello entendemos un conjunto de personas unidas por intereses perversos de índole política o económica, no hay tal. Es curioso, pero siempre que escucho el término Grupo Atlacomulco se refiere a un grupo cuya divisa es conspirar para alcanzar el poder. Me parece que es una invención que ha servido para mencionar el peso relevante y notorio que algunos políticos mexiquenses han tenido en la vida pública del Estado de México y del país. No, el Grupo Atlacomulco no es una cofradía, una mafia ni un club de políticos o empresarios. Creo que este término más bien se refiere a algunos mexiquenses distinguidos y exitosos, que no sólo han sido artistas, deportistas, empresarios o industriales, sino políticos, diputados federales, senadores, secretarios de Estado o incluso, uno de ellos, presidente de México”.

Enlazados

* Arturo Montiel, tío de Enrique Peña, define así al Grupo Atlacomulco, en un libro llamado “Arturo Montiel desde Atlacomulco”, dictado por él mismo. “¿Existe el Grupo Atlacomulco? Si por ello entendemos un conjunto de personas unidas por intereses perversos de índole política o económica, no hay tal. Es curioso, pero siempre que escucho el término Grupo Atlacomulco se refiere a un grupo cuya divisa es conspirar para alcanzar el poder. Me parece que es una invención que ha servido para mencionar el peso relevante y notorio que algunos políticos mexiquenses han tenido en la vida pública del Estado de México y del país. No, el Grupo Atlacomulco no es una cofradía, una mafia ni un club de políticos o empresarios”.

 

Miguel Alvarado

Los lazos familiares en las cúpulas de los gobiernos mexicanos han consolidado una extensa red de compromisos y clanes que trascienden las obligaciones públicas. Los vínculos de sangre y parentescos adquiridos han sido para los grupos políticos del Estado de México la forma más simple pero más eficaz para hacerse del poder y administrarlo. Por más de 70 años, la formación de grupos como el Atlacomulco, nunca reconocido por sus integrantes pero sí demostrable por los nexos familiares, empresariales, laborales y de compadrazgos que generan, han dependido de esa forma de organización, muy semejante a las utilizadas por los linajes medievales de los antiguos apellidos de “sangre azul”. Prácticamente todos los sectores políticos utilizan el mismo sistema, que es más evidente cuando los personajes se hacen del poder, lo ejercen y extienden desde lo familiar. Los cuadros se renuevan. Las siguientes generaciones dan paso a los hijos, sobrinos y nietos en el poder público.

Luis Videgaray, secretario federal de Hacienda y ex secretario de Finanzas del Estado de México con Arturo Montiel y Enrique Peña como gobernadores, es un priista formado en la empresa Protego, de Pedro Aspe. Fue el encargado de convertir la deuda pública mexiquense de pesos a UDIS, y luego reconvertirla de vuelta. A partir de ese ejercicio, con Luis Miranda como secretario de Finanzas estatal, Videgaray fue “contratado por Montiel para hacerse cargo de la administración del dinero público estatal. Ahora lo hace con la recaudación hacendaria del país y aunque es priista no deja de tejer relaciones desde otros partidos. Su esposa es Virginia Gómez del Campo, prima de la senadora panista Mariana Gómez del Campo, quien es prima de la esposa del ex preside nte Felipe Calderón, la ex primera dama de México Margarita Zavala.

El lazo familiar para Videgaray lo hermana con el panista más poderoso de México durante el sexenio pasado. Las posturas políticas se borran y se convive desde una base familiar que, según los valores esenciales, está para ponerse de acuerdo. Desde allí se arman campañas políticas y discuten reformas constitucionales.

La hija de Pedro Aspe, Sofía Aspe Bernal, ha mantenido relaciones sentimentales con Aurelio Nuño Mayer, jefe de la Oficina de la Presidencia de la República y uno de los funcionarios apuntados en la sucesión presidencial desde ahora.

Miguel Ángel Osorio Chong está casado con Laura Vargas Carillo. Ella fue nombrada el año pasado directora del DIF nacional y, junto con Angélica Rivera, actriz de Televisa y esposa del presidente Peña, conducen esa instancia. Pero junto con ella llegó un grupo que apoyó a Osorio durante su gobierno en Hidalgo y en las campañas de peña Nieto. Destaca, por ejemplo, Carolina Viggiano, esposa del gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, y quien asumió en el 2012 la Dirección del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe). “Uno de sus testigos de boda fueron el ex Gobernador de Hidalgo, Miguel Ángel Osorio Chong; el actual Gobernador de esa entidad, Francisco Olvera Ruiz, y los entonces diputados Luis de Garay y Felipe Enrique. Por parte de Moreira, los testigos fueron su hermano Humberto, el ahora Presidente Enrique Peña Nieto, David Aguillón y Juan Luis Llia”, destaca la reportera Ana Leticia Hernández. Osorio es cabeza visible de un grupo político que controla políticamente el estado de Hidalgo y al cual se la ha señalado por corrupción.

A nivel estatal, la hija del nuevo secretario de Gobierno estatal, José Manzur, tomó posesión como directora general de la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna (CEPANAF), apenas el 19 de febrero del 2014. Ana Sofía Manzur García-Maass era coordinadora del Zoológico de Zacango y encargada de Educación Ambiental, Promoción y Difusión de la CEPANAF. Recientemente casó con Werner Cristhof Maletz Ramírez, quien fue ubicado en la Subsecretaría de Desarrollo Regional Valle de Toluca.

David López Cárdenas es hijo de David Epifanio López Gutiérrez, titular de Comunicación Social con Arturo Montiel y Peña en el Edomex. Hoy es coordinador de Comunicación Social de la Oficina de la Presidencia. Su hijo fue alcalde interino de Metepec y hoy es diputado local. Su padre, uno de los fundadores del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense busca desde el año pasado la candidatura a la gubernatura por el estado de Sinaloa. La hija de David Epifanio, Leticia López, desposó el año pasado en Valle de Bravo en una fiesta donde la reseña política, la asistencia de gran parte del gabinete presidencial y empresarial de Peña fue la noticia central. “En el evento destacó la presencia de varios miembros del gabinete del presidente Enrique Peña, tales como Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia; José Antonio Meade, secretario de Relaciones Exteriores; Gerardo Ruiz Esparza, titular de la SCT; Julián Olivas Ugalde, titular de la Función Pública; Juan José Guerra, titular de la Semarnat; Alfredo del Mazo; Roberto Campa Cifrián, así como los periodistas Guillermo Ochoa, Miguel Reyes Razo y Joaquín López-Dóriga, el más fotografiado”, apunta el diario El Debate de Sinaloa.

Rocío Dosal es esposa de Gerardo Ruiz Esparza, actual secretario federal de Comunicaciones. Ella en cabeza el Voluntariado Nacional de la Secretaría de Comunicaciones pero él es pariente del ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado y nieto del ex gobernador de Colima, Jorge Hurtado. Luis Gutiérrez Dosal, un ex presidente deportivo del club de futbol Toluca, era también dueño de la fábrica de pasta La Moderna, cuyos activos pasaron, al morir, Luis, a la familia Monroy, parientes de Carolina Monroy del Mazo, prima-hermana de Peña Nieto y esposa de Ernesto Nemer, subsecretario federal de Desarrollo Social.

Hasta el 2009, cinco empresarios mexiquenses figuraban entre los 100 más ricos de México. Ellos eran Carlos Hank Rohn, Carlos Peralta Quintero, Carlos Hank González, Eduardo Monroy Cárdenas y Roberto Alcántara Rojas, todos ellos miembros del círculo político de Peña, mecenas y patrocinadores de campañas para el negado Grupo Atlacomulco. “Oriundo de Atlacomulco, es Presidente del Grupo industrial La Moderna, considerada hoy la fábrica de pastas más importante de México, con mercado en Centro, Sudamérica y sur de los Estados Unidos. Hace casi 90 años, para ser exactos en el año de 1920, se fundó la Fábrica de Pastas Alimenticias La Moderna en la ciudad de Toluca, mediante una sociedad con los empresarios españoles Dionisio Vendrell y Esteban Abascal, además de los mexiquenses Alberto Henkel, Rafael Acosta y Javier Reverter”, dice el diario local Alfa. Monroy Cárdenas murió apena en mayo del 2014. Mecenas de escuelas como el Tec. de Monterrey.

Arturo Montiel, tío de Enrique Peña, define así al Grupo Atlacomulco, en un libro llamado “Arturo Montiel desde Atlacomulco”, dictado por él mismo. “¿Existe el Grupo Atlacomulco? Si por ello entendemos un conjunto de personas unidas por intereses perversos de índole política o económica, no hay tal. Es curioso, pero siempre que escucho el término Grupo Atlacomulco se refiere a un grupo cuya divisa es conspirar para alcanzar el poder. Me parece que es una invención que ha servido para mencionar el peso relevante y notorio que algunos políticos mexiquenses han tenido en la vida pública del Estado de México y del país. No, el Grupo Atlacomulco no es una cofradía, una mafia ni un club de políticos o empresarios. Creo que este término más bien se refiere a algunos mexiquenses distinguidos y exitosos, que no sólo han sido artistas, deportistas, empresarios o industriales, sino políticos, diputados federales, senadores, secretarios de Estado o incluso, uno de ellos, presidente de México”.

Y ahora quieren comida

* El infame Pasolini decía que el futbol es la última representación sagrada de nuestro tiempo. El filósofo Sergio Givone, otro atormentado por pesadillas infantiles, diría que la vida es una metáfora del futbol. “Sueño que un día nadie hará más goles en todo el mundo”, opinaba Eugenio Montale cuando pensaba que el futbol no debía tener porterías ni estadísticas pero sí jugarse el juego.

 

Miguel Alvarado

Yo ya estoy bien. Ya hasta se me quitó el hambre.

El sueño. La sed. El frío. Hasta el barro en la punta del hueso.

Hace cuatro años el México panbolero soñaba que Javier Aguirre llevaba al Tri al quinto juego y que Cuauhtémoc Blanco haría el milagro. En términos de Televisa, sólo esa empresa saldría ganando, empataran los verdes, perdieran o de casualidad lograran más goles que el rival.

Ahora en Brasil poco a poco el olvido llega con el nombre de Oribe Peralta, tipo de barrio condenado a meter goles en época de reformas y que de manera incidental es un hombre feo pero guapachoso, como la mayoría de los mexicanos somos. El conglomerado es una señal –así lo dijo mi madre cuando nos perdimos en Reforma buscando Metro Chapultepec- de que algo hay. Y esta ocasión el conglomerado se identifica con Oribe, no con Luis Videgaray o el supuesto enfermo Peña Nieto ni con Alejandro Encinas o López Obrador o las vergonzantes posiciones de las senadoras mexiquenses Ana Lilia Herrera y María Elena Barrera.

Se supone que esta nota hablaría de futbol, al menos del Golpe de Estado en Maracaná, cuando el Negro Varela sepultó literalmente el ansia brasileña y luego salió a las calles de Río para constatar la tristeza de un pueblo que ignora pero no es estúpido y sabe que a veces o casi siempre el balón es su único consuelo. Que lo fabrique Adidas es otra cosa, que lo cosan los afganos también y que lo vendan como si pesara oro, pues… Pero Varela se adentraba en las favelas, ayudado por el color de su piel. Uruguayo y de alguna manera igualado en el sentimiento de clase, entró a las cantinas y pidió de beber mientras su compañeros, Gigghia, Schiaffino, Roque Máspoli celebraban con el grupo la Copa del Mundo de 1950 y escuchó la tristeza vuelta carne, hecha tripas, sangre. Los brasileños de los ghettos bebían y mascullaban que Varela había sido el culpable de la derrota del Scratch y lloraban y bebían, no necesariamente en ese orden. Varela lo comprendió todo y aunque invitó los tragos aquella noche del 16 de julio, jamás se perdonó haberse convertido en arma absoluta de destrucción masiva. Entendió que nosotros –nosotros, ustedes, ellos, los que nos rodean- somos y seremos los esclavos en busca de migas y ahora goles, que lo demás nos vale madre porque no hay ninguna forma de cambiar a los dueños del poder, al Grupo Atlacomulco, a Lula y Dilma, que son uno y lo mismo aunque parezca que están al revés, y que la Bolivia de Guevara adquiere una luz que no es de esperanza porque eso es estúpido, sino algo parecido a un campo sagrado donde la pelota –las balas, las sogas- representa la vida.

Guevara y Varela fueron la misma cosa, pero el segundo supo que más podía hacer el futbol que una revolución, mexicana o cubana y que lamentablemente ese deporte se había convertido en una paráfrasis, una repetición pero con fondo verde, del orden social imperante. Los esclavos juegan al futbol y otros tantos los miran extasiados. Los bufones cobran por entretener y pueden ser ricos y famosos, resolverse la vida en términos económicos pero la razón indica otra cosa. ¿Y si los peñas, los obamas, los salinas, los montieles, los manzures, los obradores, los corderos, los calderones, los azcárragas, los eslimes tiene razón? Y si no nos pastorearan, ¿qué sería de nosotros? ¿Qué haría el conglomerado con al menos la sensación de ser libres? ¿Eh? ¿Y entonces el futbol en qué se convertiría? Y entonces.

El infame Pasolini decía que el futbol es la última representación sagrada de nuestro tiempo. El filósofo Sergio Givone, otro atormentado por pesadillas infantiles, diría que la vida es una metáfora del futbol. “Sueño que un día nadie hará más goles en todo el mundo”, opinaba Eugenio Montale cuando pensaba que el futbol no debía tener porterías ni estadísticas pero sí jugarse el juego.

Luego llegaron los Azcárraga y todo valió verga. Se inventó el lavolpismo, el lapuentismo sobre bases abstrusas, carroñeras que los hicieron pasar como intelectuales del calcio, junto a anatemas como Jorge Valdano, mediocre delantero pero eficiente relacionista público que ayudó a Maradona a ganar el Mundial de 1986 y al Real Madrid a construir su marketing asombroso de playeras y dizque leyendas, casi todas pálidas, fantasmales, ni siquiera la sombra de Obdulio el uruguayo. Eso, los televisos, los de la FIFA y sus cuates, contrapunto del que Pasolini podría decir equivalen a los contenidos del Libro Vaquero o Paulo Coelho, luego de describir en los años 70 del siglo pasado que “puede haber un futbol como lenguaje fundamentalmente prosístico y un futbol como lenguaje fundamentalmente poético… el catenaccio y la triangulación (que Brera llama geometría) es un futbol de prosa: se basa en la sintaxis, en el juego colectivo y organizado, esto es, en la ejecución razonada del código”.

Hasta la lamentable película, Goal of the dead, todavía sin estrenar, sabe que el trabajo en equipo es fundamental. Oribe, vueltos al siglo 21, Oribe Peralta es un joven envuelto en el glamur de la chafísima liga manejada por Azcárraga, donde Carlos Vela es poco menos que un traidor, vendepatrias peor que Santa Anna o Peña Nieto por no aceptar jugar con el equipo de todos. Oribe fallará, si los momios resultan acertados, a la hora de la hora y amén. Tal vez un gol contra Camerún, una asistencia, un buen pase, o quizás dos goles pero será todo. Maradona, un héroe de pierna zurda, señalaba que su favorita siempre era Brasil, y luego acercándose a los reporteros, susurraba viperino: “es que dicen que los favoritos nunca ganan”.

Toluca se prepara muy a su manera y a pesar del déficit de seguridad que arrastra de manera permanente, de las buenas intenciones de sus autoridades, que sólo son eso, lugares comunes, nasales, que casi cualquiera puede articular, pone a disposición del peatón, del ciudadano ocupado que puede aprovechar un rato de su tiempo laboral, escolar o de plano de la vagancia cotidiana en busca de la billetera más atrayente, unas cuantas pantallas gigantes en algunos puntos de la ciudad. Por ejemplo, si de gritar se trata, se recomienda acudir al Andador Constitución -¿cuál es ése?- en el centro de la ciudad porque allí sí hay ambiente carioca.

Mientras, la respetable y adinerada familia Alcántara pasa comerciales a favor de la llamada Cruzada contra el Hambre en sus camiones comodísimos equipados con pantallitas de plasma para ver películas bien chidas. Allí, antes de la viajera función, un campesino dice que ya está bien, que ya se le quitaron las ganas. Este convenio lo paga el gobierno federal y tiene un costo incluido en los 4 mil millones de pesos que el viajero Enrique se chuta cada año para autopromocionarse.

Yo, por ejemplo, ya estoy bien, sólo que ya me dio hambre.

Apología de la violencia

* Lo lamentable de todo lo que ocurre en torno a la escuela, los maestros y alumnos es el desvanecimiento de la docencia, nadie la asocia al trabajo del maestro, el romanticismo pedagógico parece entrar en agonía, los términos víctima, agresor, violencia, entre otros, han iniciado su posicionamiento en el ámbito educativo con un significado muy malo para la imagen de los maestros. 

 

Luis Zamora Calzada

Son cada vez más incomprensibles algunas actuaciones y declaraciones de muchos actores de la escuela pública, dignas de ser tomadas en cuenta para un análisis contextual por su propio significado.

En primer término se encuentran las declaraciones del secretario del ramo educativo estatal, (Raymundo Martínez Carbajal), quien señaló el miércoles de la semana pasada como responsables del acoso escolar a los medios de comunicación y a los padres de familia. Sobre los primeros, sentenció que en las noticias que se difunden, las que más predominan son las que se refieren a la violencia, presentes en la televisión, redes sociales, entre otros e impacta en los jóvenes y los niños.

Incluso manifestó la existencia de una “apología de la violencia en los medios de comunicación”, de donde supone que su constante presentación pública va generando en los alumnos patrones conductuales que pretenden, más tarde, reproducir en las escuelas en perjuicio de sus compañeros más vulnerables, por lo que hace la invitación a los medios no hacer más apologías al respecto.

La escuela, indica, es el reflejo de lo que sucede en la sociedad, aseveración por demás desafortunada. Suponiendo sin conceder que así fuera, sería aceptar de manera llana que en nuestro estado no se cumple con el segundo y tercer ordinal del artículo tercero constitucional que obliga a:

“La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”.

Con la reforma aprobada, agrega que el Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos.

Sin ir a fondo, es claro que las declaraciones emitidas contravienen el mandato constitucional y una vez más se coloca en tela de juicio a las escuelas y al profesorado que en ellas laboramos.

 

Agonía pedagógica

 

A pesar de la declaración del secretario de Educación estatal, quien manifestó que “las escuelas no son el origen de la violencia, no son el origen de los problemas y por el contrario son el reflejo de lo que sucede en la sociedad” y “se ha venido haciendo apología de la violencia y debemos de invitar a todos los medios y participantes a dejar de hacer apología de la violencia”, lo cierto es que en la realidad sus mandos medios actúan en contrario.

Vía supervisión escolar se ha iniciado un proceso de firma de un documento parecido a una responsiva, denominado acta, que signará cada uno de los docentes que laboran en la escuela pública, estableciendo que será responsabilidad del profesor de grupo, y en su caso de los directivos, cualquier acto de violencia que tenga como resultado algún alumno lastimado.

También se obliga al personal docente a la elaboración de un proyecto para combatir el acoso escolar que contenga, entre otras actividades, pláticas con padres de familia, estrategias para evitar que los alumnos se peleen en el interior de los salones, lo que restará el uso de tiempo laboral para el trabajo áulico. Irónicamente, durante las reuniones con padres, los estudiantes no contarán con la presencia del docente, lo que puede ser totalmente contraproducente.

No se conoce a ciencia cierta cuál será el margen de actuación del profesor al interior del aula para evitar las probables peleas, sobre todo a partir de las declaraciones de la titular de la Subsecretaría de Educación Básica federal, (Alba Martínez), quien aseguró la próxima creación de “acuerdos, reglas, límites y sanciones” en las escuelas para lograr justicia, reconociendo que estas no existen; llama la atención que haya asegurado que los castigos a veces son necesarios en el salón de clases, aunque acepta que no todo se resolverá con los mismos.

Hasta el momento se desconoce la postura que asumirá la Comisión Nacional de Derechos Humanos al respecto. Lo lamentable de todo lo que ocurre en torno a la escuela, los maestros y alumnos es el desvanecimiento de la docencia, nadie la asocia al trabajo del maestro, el romanticismo pedagógico parece entrar en agonía, los términos víctima, agresor, violencia, entre otros, han iniciado su posicionamiento en el ámbito educativo con un significado muy malo para la imagen de los maestros.

Traición laboral

* Las insólitas comisiones por “retiro voluntario” han sido un cáncer de codicia que corroe a la cúpula sindical. Desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se convirtieron en un punto de choque: sólo en 1998, tres años después de que la Presidencia de Ernesto Zedillo decretó la extinción de Ferronales, Flores logró “convencer”, por las buenas y las malas, a 56 mil 783 ferrocarrileros.

 

Francisco Cruz Jiménez

Nunca se aclaró esa intrincada maraña de negociaciones y contranegociaciones por debajo de la mesa, ni aquello del descarado reparto de secretarías a los hombres de Peralta. Tampoco hacía falta, el acuerdo dio un empate entre la familia de Salinas y el grupo de Caso Lombardo. Allí estaba la historia. Por si hiciera falta comprobación, a Praxedis se le soltó la lengua: “No estoy aquí por mis compañeros de (la planilla) Solidaridad, estoy aquí por el Presidente de la República”. Nadie buscó precisiones sobre los efectos del acuerdo. Y no era necesario: Peralta controlaría las cuotas de los obreros en activo; y Praxedis —cuyas fotos con Carlos Salinas eran ampliamente difundidas entre los rieleros, con la intención de que se notara quién detentaba el poder—tendría a su disposición recursos de los obreros jubilados, muchos y cuantiosos, por cierto, a través de la mutualista Previsión Obrera. En otras palabras, se dividieron el territorio. Fueron éstas las manifestaciones más evidentes de la corrupción.

Así se enteraron los compañeros de Solidaridad que estaban fuera del equipo y de los planes de Praxedis, que sus nuevos “patrones” sindicales serían otra vez los mismos, ahora comandados por el secretario Tesorero, Víctor Flores, marioneta de Jorge Peralta, quien despachaba desde una oficina en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, pactada con su titular Andrés Caso Lombardo. Asentado en la dirigencia nacional, Praxedis no tuvo inconvenientes a la hora de sacrificar a sus compañeros. “El poder y el dinero a manos llenas transformaron al viejo maquinista quien, por mucho tiempo, sobrevivió del porrismo sindical. “Ahora, durante los actos públicos, bastaba que hiciera una señal para que uno de sus asistentes le consiguiera de inmediato una cita con la edecán más hermosa que anduviera por ahí. De la noche a la mañana, Praxedis dejó de asistir a la Hija de Moctezuma, la famosa cantina en la colonia Guerrero, no tan lejos de la estación del tren en Buenavista. En ese abrir y cerrar de ojos mudó sus gustos a lujosos bares en la Zona Rosa, cambió los carros modestos por los último modelo, la ropa de mal gusto por trajes de casimir inglés y los zapatos gastados por mocasines italianos.

”Conforme transcurrían las semanas nos dimos cuenta que todo seguía igual o peor. Praxedis hacía lo mismo que sus antecesores, estaba en camino de imitar a Peralta. En los primeros meses asumió una cruzada: convencer a los obreros para aceptar el Retiro Voluntario. Asumió el papel de abierto colaborador del gobierno salinista. Sorprendidos, los ferrocarrileros lo vieron recorrer talleres y oficinas exhortando a sus compañeros para que aprovecharan los beneficios de ese programa. […] Por cada trabajador anotado en las listas de ese plan gubernamental, Praxedis recibía una comisión de Ferronales. Esta era la práctica más acabada del sindicalismo contemporáneo, ya no eran los patrones ni funcionarios de la Secretaría del Trabajo haciendo el trabajo sucio, eran los líderes; ellos se encargaban de convencer a sus compañeros para que, de una manera u otra, aceptaran su irse de ferrocarriles”, escribió Miranda Servín en 1993.

Nunca se supo quién, pero el 13 de febrero de 1992, a diez días de su toma de protesta como secretario nacional, Praxedis Fraustro aprovechó algunos resquicios que encontró y maniobró para nombrar a su hermano Francisco Fraustro Esquivel como administrador único del Teatro Ferrocarrilero, su salón, los camiones y todos los autos propiedad del gremio, con un salario mensual de 4.8 millones de pesos.

Las insólitas comisiones por “retiro voluntario” han sido un cáncer de codicia que corroe a la cúpula sindical. Desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se convirtieron en un punto de choque: sólo en 1998, tres años después de que la Presidencia de Ernesto Zedillo decretó la extinción de Ferronales, Flores logró “convencer”, por las buenas y las malas, a 56 mil 783 ferrocarrileros. “Nos amenazaron, nos intimidaron, nos hostigaron y, al final, fuimos obligados a firmar un retiro no tan voluntario que exigían Flores, Zedillo y, desde Estados Unidos, quienes se harían de las concesiones del ferrocarril mexicano y de la explotación de las vías. Vinieron disque especialistas gringos para determinar cuántos años íbamos a vivir. Además, firmar era la única forma de, según ellos, conseguir empleo en las nuevas empresas. De la Sección 17 éramos poco más de 2 mil”, confío un viejo ferrocarrilero, quien pasó parte de su vida como mayordomo en la estación de Buenavista. “De aquellos casi 57 mil jubilados del 98, aún vivimos, sobrevivimos con muchas penas, unos 36 mil 838, según los números que nos entregaron, a finales de 2012, representantes de los jubilados. Y de la Sección 17 quedamos unos mil. Flores y su gente metieron en la lista de ‘convencidos’ a obreros con apenas 25 años de servicio”.

El destino de los ferrocarrileros ha estado marcado por contrastes. Según informes de oficina de jubilados, Flores obtiene casi un millón 500 mil pesos por las cuotas sindicales que les descuentas directamente de sus pensiones. Y ninguna autoridad les ha explicado el porqué del descuento, si ellos ni siquiera tienen derecho a voto en los procesos electorales internos. Desde 2007 se puso en marcha un proceso legal para que los jubilados dejen de aportar cuotas sindicales y recuperen su dinero, pero hasta ahora no les han resuelto favorablemente. Haciendo sumas y restas, se calcula que cada jubilado recibe 4 mil pesos mensuales. Y la cuota sindical obligatoria que cada uno debe aportar de manera es de 40 pesos. Así, los 36 mil 838 pensionados entregan, en conjunto, un millón 500 pesos cada mes a las arcas del sindicato, desde hace 15 años. En otras palabras, como mínimo, en ese lapso han aportado casi 19 millones de pesos anuales.

Por su estilo de vida, los relojes que presume de vez en vez y los automóviles que se le han documentado, Flores no tendría problemas en aportar, aunque nadie sabe si verdaderamente lo hace: si bien se jubiló con un salario de 56.81 pesos mensuales, se le ha documentado que cada mes recibe, por cuestiones salariales, cerca de 90 mil pesos por dos pensiones. La mayoría de los casi 37 mil obreros jubilados tiene razones para quejarse porque reciben una pensión promedio, como se dijo líneas atrás, 4 mil pesos mensuales.

Ferrocarrilero disidente despedido y vocero de las corrientes de oposición, Salvador Zarco Flores lo ha explicado de la siguiente manera cuando se lo preguntan: en el sindicato “no se luchó por conservar la plantilla laboral. Ferrocarriles Nacionales jubiló o liquidó a miles de trabajadores. La recontratación se hizo con cada una de las empresas a través de una bolsa de trabajo, figura nueva que estableció el sindicato y dejó grandes ganancias a Víctor Flores. Estableció 39 en todo el país, una por cada sección sindical, y se sabe que por cada trabajador recomendado para su recontratación llegó a cobrar 10 mil pesos o más”.

La traición a los trabajadores se cuenta con detalle: los obreros del histórico ferrocarril mexicano quedaron atrapados entre la afilada espada de los gobiernos salinista y zedillista, y, por la espalda, con el puñal que representaban las ambiciones de sus líderes sindicales. El drama siguió. A nadie —Peralta, Fraustro, Flores, Salinas y Zedillo— le tembló la mano para usar las plazas de los obreros como moneda de cambio. Al final del zedillismo, las nuevas empresas ferrocarrileras sólo habían recontratado a unos 15 mil trabajadores —aunque según algunos números hay 30 mil en activo—, pero sobre otras bases.

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