El Barco Ebrio

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Luego de cambiarle a Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, las posiciones más delicadas de su gabinete, su poder político se reduce a giras públicas para atestiguar a los ganadores en un concursos de interpretación musical y, como máximo, hacer check in en facebook para aviar al que lo sigue en dónde anda. Uno de los más grises mandatarios en la historia, Ávila sin embargo no trabaja menos que sus antecesores –poco o nada, pero notándose en lo público. Y sin embargo s ele vienen tiempos aciagos.

 

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Su primer aprieto, que es de Ligas Mayores, consistirá en explicar a su debido tiempo las circunstancias en las que murieron 22 personas en Tlatlaya, en el sur mexiquense, presuntamente enfrentadas al ejército en un tiroteo. Posteriormente cuestionado por observadores internacionales, lo de Tlatlaya se ve ahora como una ejecución sumaria.

 

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Ávila presume que en su entidad todo está muy bien y que ni siquiera los feminicidios son el asunto más importante para atender. Tal vez lo sean aquellas muertes, en una región donde las muertes masivas se contabilizan ya con calculadora. Al menos tres enfrentamientos en Cajón d Agua, ranchería de Luvianos, en los últimos años, han dejado unos 150 muertos, más los 22 del último y los que no se reportan, colocan a la entidad en un escenario de guerra como el de Gaza en Palestina, sólo que sin bombarderos ni prensa internacional.

 

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Otro asunto que no tardará en reventarle al gobernador será San Salvador Atenco, donde se insiste soterradamente en construir el nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México bajo el esquema de una Ciudad Futura, fantástico conglomerado ecológico, por supuesto sólo para quienes puedan pagarlo, y que protegería y rescataría al lago de Texcoco. Lo que no rescatará son las tierras de los ejidatarios, quienes ya tuvieron su guerra particular, muertos, heridos y detenidos por años, cuando no quisieron vender en el 2001, durante las administraciones de Vicente Fox en la presidencia y Arturo Montiel en la gubernatura. Fue a Peña a quien le tocó reprimir con la más dura de las manos a aquellos que se le enfrentaron a su tío de sangre. Y es Peña quien impulsa desde la mayor de las discreciones el megaproyecto, de poco más de 20 mil millones de dólares.

 

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El afán privatizador del gobierno federal contagia a sus cuates. Ávila, quien le debe prácticamente todo a Arturo Montiel, mantiene su bajo perfil político porque así s ele ha ordenado. Divorciado, con hijos, el de Ecatepec ha recibido advertencias para que cuide su vida privada si quiere continuar el pseudoromance con las fuerzas peñistas, que no lo odian, pero tampoco lo quieren. La carrera política de Ávila dependerá del momento en el que se encuentren sus protectores. De si les duele la muela, pues. Atenco representará el mayor de los despojos a los pueblos indígenas, pero la constante no se detendrá. La idea del Gruypo Atlacomulco será siempre hacer dinero, incluso si de ello resulta algo bueno para la ciudadanía. Pensando siempre al revés, pudieron colocar a un hombre como Peña en el máximo poder público del país y encumbraron a una actriz sin preparación ni siquiera burocrática como Primera Dama. Podrán lucir en pasarelas y recepciones, pero las señales indican que cualquier actividad cerebral no está al servicio de México.

 

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Para algunos, el poder en este país está repartido entre tres personajes. Peña, que como puede junta su propio coto; el senador Manlio Fabio Beltrones y el inefable Emilio Gamboa son los otros dos. Por ellos pasan las decisiones más importantes.

 

 

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El rumor de que Peña tenga cáncer no es nuevo, ya se comentaba desde que era gobernador del Edomex y desde el PRI estatal se calculaba que la enfermedad, bien tratada, le alcanzaría para hacer la campaña presidencial y cumplir su sexenio. En aquel 2007 nadie le hizo caso al rumor aquel y ahora hasta se clasifica su cáncer como linfático en grado dos. Los expedientes clínicos del presidente se encuentran clasificados, reservados por ser datos personales. La última operación médica a la que fue sometido, el 31 de julio del 2013, se le relaciona con un procedimiento característico del cáncer que, otros opinan, se le desarrolla en la próstata.

 

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Finalmente, el aeropuerto en Atenco, dolor de cabeza y cuestión de vida o muerte para otros, está conectado con otro conflicto, el que se desarrolla en San Francisco Xochicuatla, comunidad indígena del municipio de Lerma, por donde pasará una supercarretera que conectará precisamente con aquel imaginario puerto aéreo y otras zonas del DF. Las cosas no son fáciles. El trazo de la Autopista Naucalpan–Aeropuerto de Toluca o Interlomas-Aeropuerto llegaría en una de sus vertientes a Santa Fe pero a costa de 600 mil metros cuadrados de bosques, la interrupción o desvío en la producción de 250 millones de litros de agua al año, colocar en peligro 296 especies de flora y fauna, algunas en riesgo de extinción y la invasión de lugares sagrados para los otomís, que viven en esas tierras. Es igual a lo de Atenco.

 

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Aquella carretera la construye el corporativo Autopistas de Vanguardia, propiedad de Armando Hinojosa, un empresario que hizo su fortuna en el sexenio de Montiel Rojas, cuando se llevó gran parte de las licitaciones para obra pública. La muerte de su hijo durante la campaña presidencial de Peña en un extraño accidente de helicóptero, no afectó sus negocios y será cuestión de tiempo para que las obras en Lerma tomen forma, a pesar de la oposición de activistas y pobladores. La carretera costará 7 mil millones de pesos, una gran suma que obliga a entregar el trabajo prometido.

 

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Que Ernesto Nemer, subsecretario federal de Desarrollo, se ocupe de comprar terrenos en Cancún no sorprende. Ha cumplido su trabajo y México tiene cada día menos hambre. ¿Por qué no se iba a dar ese lujito el de Metepec, esposo de Carolina Monroy, alcaldesa de aquel municipio y prima de sangre de Peña Nieto? Envidiosos, flojos. Pónganse a trabajar si quieren tener terrenos. Los ejemplos sobran.

El largo manto de Salinas y Fidel

* “Cualquier etiqueta que se le ponga contiene una verdad: en 37 años al frente del sindicato Hernández Juárez ha sido un hombre muy moldeable, siempre tranquilo con su chamarra de piel como lucen los obreros que han conseguido un buen pasar gracias a que ha sabido adaptarse a cualquier escenario político, ideología o partido que le permita mantenerse en primer plano. Como si el tiempo se suspendiera, en la historia de ese mundo paralelo que es el sindicalismo aflora un alud de suspicacias, conjeturas, sospechas, morbo y críticas que se levantan desde el flanco mismo de los trabajadores de la empresa telefónica mexicana”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013 y del cual se reproduce un extracto.

 

Francisco Cruz

Conocido por sus colaboradores como Juárez; Pancho, así, a secas, entre familiares y amigos cercanos; Paco-Francisco para las operadoras que lo encumbraron; el cacique de Telmex según sus detractores o visionario, como se autodefinió alguna vez, Francisco Hernández Juárez representa una figura ambigua y polémica marcada por profundas contradicciones que sirve para reseñar, de carne y hueso, la historia del sindicalismo mexicano durante las últimas cuatro décadas.

Bajo cualquier nombre, mote o apelativo, referirse al término de “líder sindical” remite, en primera instancia, a una serie de virtudes públicas pero escasas en el México actual: guía demócrata, dirigente carismático, hombre sensible, idealista o baluarte del sindicalismo moderno. Y, como descarado contrapunto lleno de fantasmas, nos enfrentamos también a una telaraña de vocablos de inconmensurable cercanía: populista, déspota sindical, grillomediatizador, modelo del neocharrismo y monstruo salinista.

Toda esta gama de conceptos, tanto los positivos como los negativos, envuelven el aura de poder que, desde 1976 forma gran parte de la vida de Juárez. Pancho-Paco-Francisco es responsable del destino laboral de 32 mil 500 trabajadores en activo —62 por ciento de la planta de Telmex que representa ocho por ciento del total de los empleados del Grupo Carso, uno de los mayores conglomerados de México que controla gran variedad de empresas de los ramos industrial, comercial, de consumo, inmobiliario y deportivo, propiedad del magnate Carlos Slim Helú, así como de 18 mil jubilados del Sindicato de Telefonistas de la República Mexica (STRM).

El equipo telefonista parece cohesionado en torno a la figura híbrida de Pancho, pero de una de esas dimensiones paralelas también emergen imputaciones o vicios privados difíciles de ocultar: complicidad para no cubrir, desde la privatización de la empresa en 1990, miles de plazas vacantes; explotación de trabajadores sindicalizados; nepotismo; represión; negociaciones en lo oscurito para reducir el monto de las pensiones y hasta denuncias judiciales por malversación de fondos —como aquella que se presentó durante el movimiento de marzo de 1982 ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, contra Hernández Juárez y algunos de sus allegados, por disponer de 500 millones de pesos de las cuotas obreras.

Para nadie es secreto que su cercana relación con el entonces presidente Carlos Salinas le permitió sacar ventajas en el proceso de modernización de Teléfonos de México, conocida más por su acrónimo Telmex, y la venta posterior de la empresa a Slim, porque obtuvo garantías de que no habría despidos. Y así pasó, aunque el desencanto llegó pronto —y para quedarse—, porque hasta hoy, al menos, están vacantes 9 mil 500 plazas sindicalizadas. Tampoco hay certeza sobre las 12 mil que quedarán desocupadas en los siguientes cuatro años por igual número de telefonistas en aptitud de solicitar su jubilación.

Cualquier etiqueta que se le ponga contiene una verdad: en 37 años al frente del sindicato Hernández Juárez ha sido un hombre muy moldeable, siempre tranquilo con su chamarra de piel como lucen los obreros que han conseguido un buen pasar gracias a que ha sabido adaptarse a cualquier escenario político, ideología o partido que le permita mantenerse en primer plano. Como si el tiempo se suspendiera, en la historia de ese mundo paralelo que es el sindicalismo aflora un alud de suspicacias, conjeturas, sospechas, morbo y críticas que se levantan desde el flanco mismo de los trabajadores de la empresa telefónica mexicana.

En efecto, Hernández Juárez se mantiene firme en la Secretaría General del STRM desde hace cuatro décadas a través de antiguos métodos del sindicalismo que incluyen represión, despido, hostigamiento a opositores, suspensión de derechos, nepotismo, destitución de delegados, negativa a tramitar prestaciones contractuales y sindicales así como pago del anticipo por antigüedad para deshacerse de los oponentes internos.

Desde sus inicios en la década de 1970 este líder sindical es el botón de muestra de un férreo control corporativo vinculado históricamente, como lo llaman sindicalistas independientes y especialistas en materia laboral, a una relación desigual y a un control inmoral del Estado. En otras palabras, es uno de los responsables de la subordinación de las organizaciones gremiales al gobierno y a los patrones reduciendo su papel al de celoso guardián de la política salarial en turno o simple espectador de funcionarios del gobierno federal que promueven el aniquilamiento de sindicatos y líderes independientes.

La historia de Pancho, Paco, Francisco o Juárez, se remonta a abril de 1976 cuando, siendo prácticamente desconocido, accidentalmente y con un golpe de suerte, se coloca al frente del descabezado y caótico movimiento democratizador o revuelta fratricida del viejo Telmex o monopolio gubernamental telefónico, a través del llamado Movimiento Democrático 22 de Abril. Tal revuelta había iniciado un año antes en el Departamento de Centrales de Mantenimiento para derrocar el grotesco e impúdico liderazgo que desde 1970 estaba bajo resguardo del charro Salustio Salgado Guzmán o Charrustio, como lo llamaban los trabajadores.

Bajo el mando de este cacique no habían faltado las alianzas oscuras, una declarada tendencia a favorecer el endurecimiento del autoritarismo gubernamental, así como las componendas con funcionarios del gabinete del presidente Gustavo Díaz Ordaz, entre ellos el secretario del Trabajo, Salomón González Blanco —encumbrado en forma definitiva de 1958 a 1964, durante el sexenio de Adolfo López Mateos—. Pero todos esos movimientos turbios se fueron al traste cuando Charrustio Salgado, ateniéndose al apoyo gubernamental, se negó a ver brotes de inconformidad, a nivel de insurrección, en el Departamento de Centrales Construcción.

Impreso a mediados de 1975, el editorial del primer número de El Guajolote, órgano oficial del Movimiento Democrático y una de las dos decenas de publicaciones que en ocho años mantuvieron viva la llama de la lucha telefonista, daba las guías que pasaron por alto Salustio y el gobierno echeverrista: “Durante mucho tiempo los telefonistas hemos sido pisoteados en nuestros derechos. […] La dirección del sindicato está en manos de líderes vendidos que pisotean y trafican con nuestros derechos. Cada revisión de convenios departamentales, cada renovación de contratos se hace a nuestras espaldas, no existen asambleas y (a) cada compañera o compañero que protesta se le rescinde su contrato”. Hubo otros órganos internos de difusión, pero todos tenían una línea en común: la lucha contra Salgado, a quien atribuían una “dictadura” que se había prolongado por 11 años.

A El Guajolote deben sumarse Boletín Informativo, primer periódico en la guerra contra Salustio; Alternativa, tribuna del trabajador telefonista; El Callejón; El Hijo del Guajolote, del Movimiento Revolucionario Telefonista; Movimiento 8 de marzo, de la Coordinadora Democrática de los Telefonistas; Gaceta Informativa, El Movimiento 23 de abril, de Monterrey, Nuevo León; Lenin, de la organización marxista-leninista de los telefonistas; El Demócrata, voz y expresión de los telefonistas poblanos y 22 de abril, información y discusión de los telefonistas de la sección 15, de Hermosillo, Sonora.

La lucha interna por democratización había visto luz con movimientos como el de 1958-1959 y del de 1969 en el Departamento Centrales Construcción. Sin embargo, no fue sino hasta la revuelta del Movimiento del 22 de Abril de 1976 que culminó la lucha iniciada un año antes. El objetivo era uno muy claro: expulsar del sindicato telefonista —que desde 1950 había visto pasar las dirigencias formales de Fernando Raúl Murrieta (1950-1952), Jorge Ayala Ramírez (1952-1959), Agustín Avecia Escobedo (1959-1961), Arturo Velasco Valerdi (1961-1962), Manuel Guzmán Reveles (1962-1966) y Antonio Sánchez Torres (1966-1970)— a Salgado Guzmán, quien respondía a intereses de funcionarios del gobierno federal y del Partido Revolucionario Institucional.

Salgado descubriría que el charrismo también tienen sus caminos pedregosos: el destino le jugó en contra a pesar de la mano dura y muy pesada del apoyo que recibía del secretario del Trabajo, González Blanco, especialista en reprimir movimientos sindicales y someter, bajo cualquier recurso, a líderes independientes. Con el apoyo de las operadoras de las centrales Victoria y Madrid en el Distrito Federal —y, desde luego, un paro caótico generalizado que ese abril del 76 se expandió como fuego vivo a 40 ciudades—, aquella lucha encaramó al desconocido Pancho, quien aún no cumplía 23 años de edad, a la dirigencia máxima del sindicato.

Aplicaciones que agravian

*“Entonces subió el tono de voz y me dijo que yo era una amargada, que no era feliz, que estaba frustrada con mis problemas familiares y que me desquitaba con ella, a lo cual le respondí que mi familia y mis situaciones emocionales no venían al caso y que me estaba faltando el respeto y que se equivocaba, porque sí era feliz. Ella emitió carcajadas de burla repitiendo que no lo era

 

Luis Zamora Calzada

Sirva este espacio para agradecer a los maestros que han hecho llegar una serie de agravios en su perjuicio o de terceras personas para su socialización, siendo común en casi todos los asuntos diversas omisiones y desconocimiento de la normatividad, que generan actos de autoridad con claras violaciones a los derechos del trabajador, susceptibles de defensa en términos de ley, que pueden concluir en la determinación de responsabilidades contra quienes las cometen.

A manera de ejemplo, la emisión de una supuesta severa llamada de atención, en la escuela que se anota en los términos siguientes:

“Por este conducto la dirección de la escuela primaria Profr. Carlos Hank González ubicada en la comunidad de Yancuictlalpan, Tianguistenco, (en el Edomex), le comunica que en virtud de la situación que se presentó el día 2 de julio de año en curso de no acatar la indicación de la misma, en cuanto a resguardar los exámenes del quinto bimestre en el lugar que ocupa la Dirección, se hace una severa llamada de atención y se le exhorta a desempeñar con lealtad, responsabilidad y profesionalismo el cargo que desempeña.

“Lo anterior, de acuerdo al art. 130 fracción VI de las disposiciones reglamentarias en materia laboral para los servidores públicos del Subsistema Educativo estatal”.

Por supuesto, nunca se dio tal indicación. Tampoco existe testimonio alguno que sustente la solicitud de resguardo y, de hecho, el escrito es parte de una serie de actos que afectan a la docente, quien sufre de agravios continuos, incluso soportar asuntos no laborales de la directora, como el siguiente:

“Entonces subió el tono de voz y me dijo que yo era una amargada, que no era feliz, que estaba frustrada con mis problemas familiares y que me desquitaba con ella, a lo cual le respondí que mi familia y mis situaciones emocionales no venían al caso y que me estaba faltando el respeto y que se equivocaba, porque sí era feliz. Ella emitió carcajadas de burla repitiendo que no lo era. En ese momento la subdirectora salió de su oficina y dijo que no se me estaba haciendo ningún documento. No entendí su intervención, ya que no estuvo presente en los hechos. Le dije: ‘mire, maestra, la Directora ya se está metiendo con mi familia, así que mejor me voy…’”.

Es notorio que la actuación de la autoridad inmediata se extralimita violentado derechos humanos que garantizan la Constitución Política de nuestro país.

 

Competencias costosas

 

El oficio 205210000/2295/2014 firmado por el director general de Educación Media Superior (Cuitláhuac Anda Mendoza), dirigido a supervisores de Bachillerato General y Tecnológico, constituye un asunto que puede generar muchas interpretaciones.

“…En el marco de las diversas acciones que se han realizado a favor del Sistema Nacional de Bachillerato (SNB) y en específico de los procesos de certificación para docentes en activo de instituciones públicas y privadas, adscritos a Educación Media Superior, me permito hacer de su conocimiento que ha iniciado el proceso correspondiente al registro de participación en el ““Proceso de Evaluación de Competencias Docentes para la Educación Media Superior (ECODEMS)””, por parte del Centro de Evaluación para la Educación Superior A. C. (CENEVAL) a través de la página electrónica http://www.ceneval.edu.mx del 26 de mayo al 15 de junio del año en curso, con un costo de $4,500.00 (cuatro mil quinientos pesos 00/m. n.) determinado de conformidad con las políticas internas del CENEVAL. Por lo anterior y en atención al cumplimiento de la convocatoria  ECODEMS 2014, solicito su invaluable apoyo para difundir de forma inmediata la convocatoria en comento, a los docentes de las escuelas adscritas a la zona escolar a su digno cargo. Cabe señalar que el pago del examen ECODEMS-CENEVAL habrá de cubrirlo el interesado”.

Lo anterior es contrario a lo establecido en la Ley General del Servicio Profesional Docente, que si bien señala que en caso de que el personal no alcance un resultado suficiente en la tercera evaluación que se le practique, se darán por terminados los efectos del nombramiento correspondiente sin responsabilidad para la autoridad educativa o el organismo descentralizado, según corresponda, sin que en ninguna de sus partes ordene que el trabajador sea el que cubra los costos de capacitación, que en una obligación para la patronal, establecida en el artículo 123 Constitucional.

Los docentes, que hicieron llegar una copia del oficio, aseguraron intentos diversos por parte de la autoridad inmediata para obligar a la inscripción al curso, lo cual evidentemente es contrario a derecho.

El Barco Ebrio

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El narcotráfico se mueve. En Michoacán, uno de los principales aspirantes a la gubernatura del Estado de México practica las acrobacias más peligrosas y lo hace bien. Alfredo Castillo, comisionado para la Paz por el gobierno federal, ha limpiado la zona purépecha de autodefensas, los grupos que en principio enfrentaron a los Caballeros Templarios y lograron sacarlos de sus comunidades.

 

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Castuillo, ex procurador el Estado de México y que encontró a la niña Paulette, muerta ya, en el colchón de una cama, gobierna una entidad entregada por entero al narcotráfico, desde la esfera de las autoridades, que han comprendido el beneficio económico de la actividad. Desde lo oficial, todo gira en torno a esa delincuencia y, próspera, reclama a gritos un sitio en la vía de la impunidad.

 

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¿Por qué Castillo querría ser gobernador del Estado de México si ya lo es de Michoacán? Tal vez porque en Michoacán el único poder que tiene es el de la espada templaria, que lo ubica en el bando de los desechables. Debe y quiere acceder a las vías políticas, más corruptas aún pero en definitiva puertas de acceso para la “formalidad”. Los cuadros políticos de Castillo penden de un hilo pero se fortalecen más cada día. Llegará al Edomex, dado el momento, como el político con mayor información acerca del narco, que comparte con su jefe directo, Enrique Peña y su Grupo Atlacomulco, para beneficio de ellos mismos. Castillo, si consigue el Edomex, habrá sido gobernador dos veces sin ningún antecedente que lo ubique mínimamente, como un burócrata atento.

 

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Mientras Alfredo Castillo, joven y emprendedor, aplica su particular orden en el Michoacán narcotizado, en el Estado de México se siente aquel tsunami y los cárteles se remueven en batallas oscurísimas que más bien son masacres orquestadas, incluso con la participación del ejército y las policías, para allanarle el camino a alguien. Si en Michoacán se consiguió hacer creer que los Templarios y La Familia habían sido exterminados, en la tierra de Peña Nieto las cosas serán más fáciles.

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La expansión de los Templarios, el cártel del sexenio y orgullosa creación política, es uno de los primeros ejemplos de que en México el futuro inmediato es la privatización. El crimen también es una cuestión de la IP. Los Templarios, como los Zetas, representan, antes que narcos, un ejército privado con intereses propios, sojuzgado de antemano y por tácito acuerdo, a una fuerza más poderosa que es el propio ejército mexicano. Dominados así, los Templarios hacen su trabajo como si se tratara de un Secretaría más, con un comisionado a la cabeza de una estructura analfabeta pero prodigiosamente inteligente, eficaz, que necesita lo mínimo para dar resultados. Cobra, eso sí, y algunos lo hacen muy bien. El reclutamiento del personal está ligado a la depauperación social y mientras al narco no lo intervenga Hacienda, siempre tendrán mano de obra disponible.

 

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La vecindad mexiquense con Michoacán allana los problemas. Es cuestión de geografía, no de mandato político, que el sur de la tierra gobernada por Eruviel Ávila, Arturo Montiel y Peña Nieto se convierta en la casa de aquellos Templarios aparentemente desterrados. Hace una semana, militares que patrullaban, o eso se dijo en lo público, el municipio de Tlatlaya mataron a  22 que, según ellos, los agredieron desde una bodega donde guardaban un arsenal y además había tres secuestradas. Tres enfrentamientos en Caja de Agua, cerca de ahí, han dejado más de 150 muertos a lo largo de los últimos años, casi todos sicarios aunque algunos uniformados como policías. Esas historias ponen en duda aquella masacre de los 22 porque más bien pareciera una cacería, un ajuste de cuentas y más cuando, tres días antes, se habría registrado el asesinato de tres militares.

 

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¿A quién responden el ejército, la marina? ¿Al que les paga? ¿Al que les garantiza algo? ¿Cuánto gana un soldado? ¿Y un secretario de Defensa? ¿De quiénes nos protegen? ¿Nos protegen? ¿Qué tienen que ver con el narco? ¿Nada? ¿Todo? ¿Y entonces?

 

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El 8 de julio en Amatepec hubo un nuevo enfrentamiento, esta vez entre marinos asentados en Luvianos, una de las capitales del narco mexiquense, y que casi nunca intervienen en esa región cuando se trata de esa actividad –o al menos son discretos, es de reconocerse- y sicarios, que huyeron con rumbo al municipio de Teloloapan, en Guerrero, donde curiosamente el 24 de junio del 2014 habían levantado al director de Obras, Jacinto Escudero Ramírez. Los familiares denunciaron que La Familia y Guerreros Unidos, otro cártel escindido, mantenían rivalidad por el territorio. Ese funcionario estaba ligado con el empresario del melón, Santana Ríos, identificado con La Familia Michoacana. En ese levantón se involucra al alcalde perredista del lugar, Ignacio Valladares, con quien el funcionario de Obras había discutido fuertemente. Valladares había denunciado que estaba bajo amenaza del narco.

 

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El círculo entre autoridades y criminales vuelven a cerrarse y en el último capítulo se refiere que en el enfrentamiento de Amatepec los “malos” transitaban en 15 camionetas y habían llegado al poblado de La Goleta, tomándolo literalmente para habilitar la iglesia como campamento y atender a heridos que viajaban con ellos.

 

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“El grupo iba encabezado por Osvaldo Olascoaga Hurtado, hermano de Jonhy Olascoaga, El Mojarro, supuesto lugarteniente del líder de La Familia Michoacana, José María Chávez Magaña, El Pony, detenido la semana pasada en Guanajuato, un día después de que el Ejército mató a 22 miembros de la organización delictiva en el municipio mexiquense de Tlatlaya”, reproduce el semanario Proceso.

 

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Ese “Mojarro” es el mismo narco que mantiene amenazados al edil Valladares y que se supone protegía al funcionario levantado, Jacinto Escudero. Se trataría del mismo grupo que enfrentó al ejército, y que habrían escapado de alguna manera. El Mojarro, de La Familia, nunca había sido molestado o perseguido con tal insistencia. La hora de La Familia llega a su término en el Edomex mientras los Templarios entran sigilosos hasta la capital, Toluca, donde han tomado el control de las calles y el trasiego en ellas.

Los beneficios de la humillación

* Fuera el de caballo, el de carga maletas o el de golpeador, el trato vejatorio y la humillación le dejaron enormes beneficios a Víctor Flores, un veracruzano que nació el 6 de marzo de 1939 y cuyo futuro, de no haber aparecido Peralta, era de confinamiento en los patios del ferrocarril. De su modesto puesto de llamador de tripulación y cambiador de trenes pasó a guardacrucero de planta y, desde allí, su protector lo colocó en su primer puesto sindical: presidente de los Juegos Inter obreros en Veracruz y, casi de inmediato, representante sindical de la Sección 28. Nada lo detendría”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013 y al cual pertenece este extracto.

 

Francisco Cruz Jiménez

Hay quienes aseguran que Víctor Flores entró a trabajar a Ferronales cuando tenía 15 años de edad —en 1954—, aunque viejos registros de la empresa fechan su ingreso el 10 de julio de 1960, a los 21 años. A partir del 17 de mayo de 1995 —cuando desde la Presidencia de la República se operó su llegada a la Secretaría Nacional del STFRM—, ocupó el puesto 6918 como jefe de patio, cargo con el que fue jubilado el 6 de septiembre de 1999.

A finales de marzo de 2006, cuando el periódico El Universal intentaba armar un perfil de Flores, sus vecinas Carmen Machorro y su hija María Inés le dijeron que cuando Flores trabajó como llamador en ferrocarriles, acudía a las casas de los ferrocarrileros para informarles a qué hora se tenían que presentar a laborar. Jugaba futbol con los hijos de Carmen. “Era un prietito simpático, no guapo. […] Siempre fue un buen muchacho, era maestro de baile para Quince Años”. Y Petra Gutiérrez López, una de sus alumnas quinceañeras, recordó que, durante un mes, le enseñó a bailar el Danubio Azul y el Vals de las Flores. “No me cobró nada porque era amigo de mi madrina. Enseñaba bien, pero de aquel gran Víctor ya no hay nada, luego se amafió con Jorge Peralta”.

Publicado en la edición del 2 de abril de 2006, uno de los párrafos del perfil es muy esclarecedor: “El hombrecillo —como lo han descrito varías crónicas por su baja estatura—, una vez encumbrado, se iría hacia donde el barco del poder, sin importar quién fuera su capitán. Una sola anécdota daría muestras de su escaso temple como líder obrero. El 4 de julio de 2000, dos días después de que Vicente Fox había sido proclamado presidente, Flores lo interceptó en un hotel y al estilo del Patrullero 777 que protagonizó Cantinflas , le dijo: ‘¡A sus órdenes, señor!’, sólo le faltó decirle jefe. Así se condujo”.

Sólo Víctor y Jorge saben cómo trabaron amistad, pero, cuando a este último lo transfirieron a la estación de Buenavista como poderoso delegado sindical, se jaló a Víctor como secretario, chalán, carga maletas, golpeador, compañero de parrandas, hombre de confianza y, lo más importante, como niñera para que se encargara del cuidado de uno de sus hijos de 6 años de edad. Era el hombre de confianza. Viejos sindicalistas todavía recuerdan hoy cuando, en sus berrinches, muy a menudo, el niño Peralta, quien de vez en cuando llegaba a la oficinas sindicales acompañando a su papá, pedía a gritos a su caballo.

—¡Quiero a Víctor! Solía gritar el niño y el mismo Jorge lo llamaba.

—¡Víctor, Víctor jijo de la chingada!, en dónde andas metido que el niño te quiere montar. Atento, dócil y complaciente, humillado, Víctor nunca desoyó el llamado del patrón. Siempre estuvo allí. Tenía entonces 47 años de edad. Y en aquel 1986 confió su futuro a la suerte y a las amistades del influyente primo priista de Jorge Peralta.

—Hínquese, cabrón.

—Más abajo papá, más abajo.

—Ahora sí, brinque cabrón, y que relinche el caballo. Con el niño a la espalda, golpeándole y picándole las costillas con los talones, Víctor comenzaba sus saltos grotescos y, desde luego, a relinchar. Divertido, Jorge Peralta Vargas contemplaba la conjunción caballo-jinete.

Fuera el de caballo, el de carga maletas o el de golpeador, el trato vejatorio y la humillación le dejaron enormes beneficios a Víctor Flores, un veracruzano que nació el 6 de marzo de 1939 y cuyo futuro, de no haber aparecido Peralta, era de confinamiento en los patios del ferrocarril. De su modesto puesto de llamador de tripulación y cambiador de trenes pasó a guardacrucero de planta y, desde allí, su protector lo colocó en su primer puesto sindical: presidente de los Juegos Inter obreros en Veracruz y, casi de inmediato, representante sindical de la Sección 28. Nada lo detendría, de la mano de Peralta en 1976 fue nombrado secretario general de Ajustes por Trenes de la Sección 28. En 1977, coordinador Nacional de Escalafones y, ese mismo año, auxiliar del secretario nacional, Jesús Martínez Gortari. Este líder respondía a las órdenes del cacique Gómez Zepeda y, desde luego, de Peralta, cuyo primo, Vargas Saldaña, desde 1972 se había encaramado a la cúpula del poder como uno de los hombres de confianza del también veracruzano Jesús Reyes Heroles, el pensador e ideólogo más notable de la historia del PRI.

En un abrir y cerrar de ojos, Víctor —quien a los 33 años de edad, en 1972— veía su vida languidecer como mandadero y peón de los ferrocarrileros— confió su futuro al de Jorge Peralta Vargas. Si fue premonición o golpe de suerte no importa ya, desesperado porque en los patios rieleros veracruzanos su destino quedó marcado como llamador de tripulación y guardacrucero, palabras elegantes para las de mozo-mensajero y cambiador de vías, el poder se convirtió en una obsesión. La disciplina incondicional hacia Peralta le fueron útiles y escaló.

Flores empezó a construir así su propio futuro. Audaz como parecía su apuesta por Peralta, la vida lo recompensó: su carrera ha sido próspera e igual pasó a la arena política en las filas del Partido Revolucionario Institucional. Según los datos que entregó a la Cámara de Diputados, a los 35 años de edad lo hicieron dirigente del sector juvenil en el puerto de Veracruz y, tres años después, en 1997, presidente del sector obrero municipal de Veracruz. Ese mismo año se integró a la LVII Legislatura federal como diputado; en 2000 la dirigencia priista lo llevó como senador suplente, aunque en 2003 de nueva cuenta obtuvo una diputación federal.

En noviembre de 2012, Flores, un fiel soldado del viejo PRI, lo hizo de nuevo: se reeligió por seis años más como líder nacional de los ferrocarrileros. Si los cumple completos, como parece, al final de su periodo tendrá 78 años de edad. Pocos han vuelto a recordar al jovencito aquel, al maestro de vals que gustaba de sentirse el Elvis Presley de Veracruz.

Daños permanentes

* En una entidad de 15 millones de habitantes, los números oficiales sobre seguridad parecen absurdos pero sobre esos se construyen presupuestos y elaboran estrategias. La criminalidad no es solamente una cuestión de percepción pero sólo se puede trabajar con datos oficiales que, se acepta de manera general, representan apenas el 25 por ciento de los casos reales.

 

Miguel Alvarado

En el Estado de México el 32 por ciento de los homicidios tienen origen en el narcotráfico, según la organización civil Semáforo Delictivo, que desarrolla estadísticas sobre seguridad y otros temas alimentándose de “las denuncias ciudadanas que se presentan ante cada Procuraduría General de Justicia en los Estados y se envían al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad”. En el sitio, semaforo.mx, hace comparaciones entre las entidades.

La mexiquense, donde 3 de cada 10 asesinados están relacionados con el narco, es ubicada como una de las que tienen menor porcentaje, pues los primeros lugares los ocupan Zacatecas, con 186 por ciento, que se debe, dice SD, a que hay subreportes oficiales en los homicidios. El segundo lugar es Sinaloa, con 91 por ciento y el tercero Coahuila, con 88 por ciento. La media nacional es de 62 por ciento. Sin embargo, la incidencia de homicidios en el Edomex era la más alta hasta mayo del 2014, con 11 por ciento. Los homicidios para el mes de mayo eran 138, menos que en el 2013, cuando sumaban 159.

El Estado de México presenta números a la baja este año en el rubro de homicidios: 185 en enero; 189 en febrero; 173 en marzo y 153 en abril. Sin embargo, los números son superiores a los registrados en el 2013, cuando en enero se tenían 158 homicidios; 145 en febrero; 125 en marzo; 150 en abril y 159 en mayo, único mes con números superiores al periodo del 2014.

Pero los números en otros rubros de seguridad también van a la baja, según los datos que recopila Semáforo Delictivo. En mayo del 2014 hubo 12 secuestros, contra 17 del 2013 en el mismo mes. Se registraron 76 extorsiones contra 134 del 2014, también en el mismo mayo; hubo 4 mil 296 automotores robados contra 5 mil 279 de abril del 2013. Robaron a casas 702 veces en el 2014 contra 926 en mayo del 2013.

En una entidad de 15 millones de habitantes, los números oficiales sobre seguridad parecen absurdos pero sobre esos se construyen presupuestos y elaboran estrategias. La criminalidad no es solamente una cuestión de percepción pero sólo se puede trabajar con datos oficiales que, se acepta de manera general, representan apenas el 25 por ciento de los casos reales. Otros estudios señalan que el 85 por ciento de los delitos no son denunciados y al cruzar datos del Inegi, la Secretaría de Gobernación y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública se obtiene que desde el 2011 el Edomex registra 10 mil 668 homicidios; 438 secuestros; 7 mil 938 delitos sexuales; 61 mil 69 delitos patrimoniales; 145 mil averiguaciones por lesiones, según un estudio elaborado por el especialista Marco Antonio Durán, quien afirma además que la capital, Toluca, ocupa el segundo lugar estatal en robos, con 20 denuncias por día.

Además le asigna 42 delitos cometidos diariamente, sólo por debajo de Ecatepec, que tiene 69 y va más lejos. Seis delitos patrimoniales cada 24 horas, una violación sexual cada dos días, un secuestro cada tres días, un homicidio cada dos días y 22 delitos por lesiones cada dos días es el panorama de la ciudad donde el presidente Peña Nieto gobernó a la entidad más poblada del país.

En el Edomex, por ejemplo, el 90 por ciento de sus habitantes se sienten inseguros, según la Encuesta Nacional de Percepción sobre Seguridad Pública del Inegi, aplicada en el 2013, y que refleja la postura de las autoridades ante el verdadero rostro del crimen. Los 922 feminicidios en la entidad merecen del gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, la respuesta de que “hay cosas más importantes que resolver”. Por la tangente, su gobierno anuncia la creación de Ciudad Mujer, todavía un espejismo que se ubicará en Cuautitlán Izcalli, y que según Ávila tendrá un complejo médico que atenderá condiciones geriátricas, de embarazo y cáncer. La construcción tendrá un costo de 150 millones de pesos.

El recrudecimiento de la violencia está relacionado con el narcotráfico, aunque las autoridades municipales crean que es una cuestión de percepción, y tuvo su mayor incremento

El diario electrónica Alfa da cuenta de dos casos, uno en Toluca, donde fue levantado el coordinador de Ministerios Públicos de la Fiscalía Antisecuestros de la Procuraduría General de Justicia, Fernando Cruz, junto con un agente del ministerio público, al salir de  Luego de dos días y de que alguien hablara para pedir un rescate, los cuerpos de los funcionarios fueron hallados dentro de un tambo, carbonizados, en la avenida Alfredo del Mazo y Paseo Tollocan.

En el otro suceso, en Neza, cobró la vida de una familia, cuatro adultos y un niño de dos años, cuando fueron atacados con armas punzocortantes en su hogar. Hubo un sobreviviente, otro niño de tres meses. Comerciantes todos y encontrados en la colonia La Perla cuando cuerpos de rescate acudieron por una llamada que alertaba por una fuga de gas, son ejemplos de que las cifras duras de los gobiernos revelan la realidad más abstracta y son tan manipulables como las necesidades públicas lo necesiten y de que la descomposición social en el Estado de México no se refleja en el discurso oficial. Los anteriores casos se desarrollan en el marco de al menos otros siete, entre el 7 y el 9 de julio del 2014.

Los periodistas Humberto Padget y Eduardo Loza recopilan en el libro Las Muertas del Estado, editado por Grijalbo, casos concretos sobre femenicidios en el Estado de México y las experiencias de los familiares ante la autoridad y su lucha por conseguir, al menos ser escuchados. “El odio a las mujeres en el Estado de México se mide por el desfile de féretros, el más largo en un país al que el asesinato comienza a definir. Durante los mismos años que convirtieron a Ciudad Juárez en referente mundial del feminicidio, en el Estado de México 10 veces más mujeres fueron asesinadas. Los políticos mexiquenses han desvirtuado las cifras de muertas y las comparaciones con Juárez al amparo del argumento de que lo suyo es un estado y además posee la población más grande del país. Los números son claros: muerta por muerta, ataúd por ataúd, durante los 21 años estadísticamente analizados en este estudio –seis de ellos bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto- el Estado de México fue el peor sitio para ser mujer, no en números absolutos sino en tasas. Y con el 13.5 por ciento de los mexicanos, el Estado de México ha aportado la cuarta parte de las muertas”, apuntan los investigadores.

La teoría del lero, lero

* Maradona, para trivializar el asunto, hizo público a su favorito. Dijo, en entrevista banquetera para los medios, que “le voy a Brasil”. Y luego, acercándose a la cámara, aclaró con voz profunda de ché tanguero que “los favoritos de uno nunca ganan”. El genio del futbol mundial, como lo calificó el cronista Víctor Hugo Morales, que para colmo es uruguayo, tuvo la razón y ni la FIFA ni Chiquimarco podrán desdecirlo.

 

Miguel Alvarado

Ya me la Pelé, dicen los chistes en redes sociales que de pronto inundaron los submundos virtuales tras la goleada germana a los brasileños. En lo deportivo, importa poco el resultado, que es una más de las anécdotas para un país que gastó 14 mil millones de dólares para organizar una Copa del Mundo que ni de lejos verán los brasileños.

El deporte profesional es un negocio, como la venta y el consumo de las drogas. El mundo visto como un extenso campo de producción está dividido en sectores. Hay fábricas de cocaína y mariguana, que tienen un patio de maniobras para carga y trasiego, como en cualquier embotelladora de Coca – Cola y finalmente un mercado. Ese mercado no tiene por qué saber de los problemas de la embotelladora y bebe la chispa de la vida sin inhibiciones. Para el Primer Mundo, la droga fumada o inyectada no representa ningún riesgo y se consume despojada de las vidas que ha costado llevarla. Así, las ganancias del deporte profesional no tienen por qué derramarse en un país como el brasileño, porque no es lo mismo que Brasil o Argentina ganen el mundial en un país del Tercer Mundo que en Japón o en Europa. A veces sucede que en Sudáfrica gana un pobre hispano, pero los dineros se reparten. Hablar de que “un país gana la Copa” es ya de por sí exagerado. Ninguna nación ha ganado nada levantando el trofeo. Que el turismo se incrementa es verdad, pero nada del otro mundo. El oro es otro y los gambusinos nunca son obreros.

Maradona, para trivializar el asunto, hizo público a su favorito. Dijo, en entrevista banquetera para los medios, que “le voy a Brasil”. Y luego, acercándose a la cámara, aclaró con voz profunda de ché tanguero que “los favoritos de uno nunca ganan”. El genio del futbol mundial, como lo calificó el cronista Víctor Hugo Morales, que para colmo es uruguayo, tuvo la razón y ni la FIFA ni Chiquimarco podrán desdecirlo. El Diego, Barrilete Cósmico que destrozó la elefantiásica defensa inglesa y se hizo una chaqueta con Peter Shilton, meta de la pérfida Albión en 1986, ha hablado ya con Lionel, su Messi consentido y le ha dicho que Alemania y Holanda son sus favoritos. Maradona, dios de pierna zurda y que hizo del cineasta Kusturica una superestrella, sólo supo patear un balón y eso ha sido suficiente para volverse inmortal. Que un hombre, un ser humano, pues, se gane el Olimpo aunque sea de Boca, pateado un Tango suena a capítulo del Chavo del Ocho, pero producido por la Warner.

La exageración es el futbol.

Y los siete goles clavados a los brasileños sólo son el pálido reflejo de la pérdida de lo elemental para países como el de Friaca. Hace 30 años las derrotas del Scratch las sentía como propias la pobre afición mexica, que apenas recuerda a sus glorias locales se echa a llorar. Luego los brasileños se volvieron millonarios, jetseteros al estilo de Luis Miguel y frecuentaban los bares italianos y se tiraban a las y los modelos de moda. No todos, claro pero los iconos empuercaron, por decirlo poéticamente, la razón fundamental del panbol. Una, la victoria del pobre sobre el rico en condiciones de igualdad. Otra, el poder emanado de una gambeta, la burla pírrica que significa un túnel, un sombrerito, el gol en sí. Luego renacieron las bicicletas, patentadas como invento del chafísimo ronaldismo, desdeñando las viejas piruetas de Eusebio, Pelé y hasta el innombrable Leónidas, un tipo al que dejaron en la banca en 1938, para que no se cansara y los italianos echaron a Brasil de forma vergonzante. Apodado El Diamante Negro, aquel Leónidas da Silva es de hecho reconocido como el inventor de esas bicicletas que el tal Cristiano ha puesto a la venta en los aparadores de la entelequia mercadológica del Real Madrid. El error, aquel fatídico 38, consistió en no meterlo, porque antes los cambios no existían, pues el técnico Pimenta consideró la semifinal de la Copa como un mero trámite.

Ya en 1950 Brasil recibiría el aviso de “prohibido ganar” en tierra propia, cuando lo del maracanazo, pero la goleada del 8 de julio del 2014 fue de antología. Disfrutable por donde se le vea, los millonarios futbolistas de amarillo enseñaron el cobre matizado de estupefacción, alienación infinita, eterno retorno a la senda de la podredumbre. Los millonarios ya ganaron sus millones. Ya no deberían ganar más, ni siquiera en sus reuniones de pókar. Uno debe tener lo suficiente para vivir bien y mejor, comprar en la tienda de la esquina y de perdida obsequiarse una camioneta para salir a dar la vuelta. Gozar de vacaciones a alguna playa y de vez en vez conocer algún país, Colombia por ejemplo y caminar su Bogotá en busca de Manizales o el recuerdo de Manizales o las sombras alargadas de alguna planta oscurecida. Y bueno, ser millonario no está mal, hasta un equipo se llama así, Millonarios.

Pero a los futbolistas brasileños no se les perdona que hayan vendido la candidez. Todavía en 1982 sólo uno de ellos jugaba en el extranjero, Falcao, el verdadero Falcao, a quien llamaban el Rey de Roma. Luego entrenó al América en una de esa maquiavélicas maniobras del destino que lo mismo puso a ese rey en Coapa que a Dirceu en 1979, en su momento y por unos meses nomás, el mejor futbolista del mundo. Era increíble. José Dirceu Guimaraes, compañero de Rivelino, maestro de maestros, vistiendo la casaca amarilla de los cremas. Claro, ni siquiera completó la temporada y tuvo que llevarse de recuerdo, en su maleta, sandías intercambiadas por balones, que era lo que le devolvían sus compañeros cuando el brasileño les enviaba un pase.

Y esa razón, la del pobre frente al rico, la del afrentado por la fuerza del dinero y las influencias de unos se traslada al Scratch, siempre al Scratch y por supuesto siete goles son para festinarse. Porque Garrincha fue cosido a patadas. Porque Pelé tuvo que retirarse de un Mundial, masacrado por los portugueses. Porque Zico jugó contra Francia en 1986 apenas con 15 días de rehabilitación y hasta Ronaldo tuvo que entrar contra Francia, un día después de presentar convulsiones. Que Neymar tiene rota una costilla, pues sí, pero fingió durante cuatro partidos sin ninguna necesidad.

En los siete goles no hay ningún fingimiento. Son, fueron. Están allí en la memoria electrónica. Que el futbol en Brasil no provoque disturbios preocupa. La clase media alcoholizada, estupefacta, asiste a su propio derrumbe apenas quemando camiones. Ni un reclamo por los 15 mil millones de deuda adquirida. Le duele el gol, qué pena. La afición ha perdonado su historia, la única que tiene y que se llama futbol. Está con sus seleccionados y les dice, como dijo Ernesto Guevara cuando todo le sonreía: “hasta la derrota siempre”. Claro, lo del 8 de julio sólo era un piche juego.

Pero siete goles…

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