Neocharro

* El acercamiento entre Fidel Velázquez y Francisco Juárez fue normal e inevitable; aquel hombre de 76 años de edad era un almanaque y un compendio de la historia sindical del país a partir de la segunda mitad de la década de 1920. Aceptó al naciente líder porque se lo impuso Echeverría o, de plano, Pancho le cayó bien, aunque al principio —entre 1976 y 1982— le tenía desconfianza porque no acababa de amarrar todas las piezas del rompecabezas del sindicato telefonista.

 

Francisco Cruz

De Fidel Velázquez puede hablarse todo, y en él encajan todas las definiciones. Desde mediados de 1970, y hasta 1988, detentó un poder omnímodo. Conocía las reglas y los secretos del sistema. Literalmente, era el todopoderoso. A todo el mundo le hacía favores y todo el mundo le debía uno. Las conspiraciones terminaron en la basura. Pero acogiendo a diversos personajes, entre los que incluso se destacan otros líderes sindicales, Echeverría y Salinas irían un poco más allá porque, literalmente y sin disimulos, intentaban exterminar a Fidel del movimiento obrero. Uno y otro fracasaron. Todos fracasaron. Fidel controló la CTM a placer desde 1941 —cuando instauró su maximato con el apoyo y autorización del presidente Manuel Ávila Camacho, que luego afianzaría por instrucciones del sucesor de éste, el veracruzano Miguel Alemán Valdés— y hasta el día de su muerte en 21 de junio de 1997, a los 97 años de edad, en la ciudad de México.

 

La minidictadura, “por esta única vez”

 

Titubeante e inseguro por el repentino e inesperado ascenso, Pancho poco apoco se acogió a la sombra de las frases pintorescas de Fidel —“llegamos con la fuerza de las armas, y no nos van a sacar con los votos”, o “el que se mueve no sale en la foto”—. Se unió a la veneración a un hombre que concibió la gerontocracia cetemista como eterna, al grado que alguna vez llegó a creer que se le había pasado la muerte. Agachó la cabeza cuando los secretarios del Trabajo se convirtieron en modernos capataces de los obreros que redujeron el papel de los sindicatos a meros organismos de la defensa del empleo.

El acercamiento entre Fidel Velázquez y Francisco Juárez fue normal e inevitable; aquel hombre de 76 años de edad era un almanaque y un compendio de la historia sindical del país a partir de la segunda mitad de la década de 1920. Aceptó al naciente líder porque se lo impuso Echeverría o, de plano, Pancho le cayó bien, aunque al principio —entre 1976 y 1982— le tenía desconfianza porque no acababa de amarrar todas las piezas del rompecabezas del sindicato telefonista.

Tres meses después de asumir el inesperado cargo y cuando el torbellino de la revuelta contra el charrismo no se apagaba, Pancho tuvo una serie de traspiés que pudieron ser fatales para él y para todo su movimiento. No era que lo exhibieran sus indecisiones o algunos de los opositores de la dirigencia anterior —quienes aún controlaban secciones sindicales foráneas, como Guadalajara, Puebla y Monterrey—, sino lo errático de sus posicionamientos.

Los recelos del viejo Fidel tenían otras razones. La oposición interna, o los democráticos, como se les identificaba entre los telefonistas, a través de Línea Democrática y otros grupos que se inclinaban en forma abierta por el sindicalismo independiente, presionaban al bisoño Paco para romper cualquier tipo de alianza con el gobierno federal, renunciar públicamente al PRI, así como a la CTM, y, lo más grave, desligarse del Congreso del Trabajo, ambas organizaciones controladas por Fidel Velázquez. Haciendo una retrospectiva, representaba el equivalente a un pecado mortal. Todavía, todos los mexicanos nacían católicos y priistas.

Lo de la CTM no representaba ninguna novedad. En 1962, delegados poblanos que asistieron a la convención anual del sindicato hicieron la propuesta, que se aceptó, de separar la organización de la CTM. Para los telefonistas, el rompimiento no significaba, bajo ningún concepto, “aislarse de las luchas de los demás trabajadores, especialmente en lo que se refería a la lucha por la democracia sindical y por la reestructuración del movimiento obrero en general”.

Los enjuiciamientos a Hernández Juárez y su grupo —comandado por Lejarza y Marino— llegaban casi a diario y por todos los flancos. Jesús Sosa Castro, responsable de la Comisión Sindical del Partido Comunista Mexicano (PCM) —que había logrado conjuntar una pequeña y muy aguerrida fuerza de telefonistas reagrupada en el Frente Democrático de los Telefonistas—, acusó: “El actual secretario general del STRM cree que la manera de consolidar sus triunfos debe partir de estar bien con el gobierno […] Considera que salvaguardar al sindicato de las acechanzas del enemigo y consolidar la organización de telefonistas en sus propósitos político-sindicales, podrá lograrse en la medida en la que se establezcan alianzas con el gobierno”.

Por su parte, telefonistas leales a Juárez, como Walter Vallejo, ex dirigente de la sección tres de Puebla, no tenían problema en señalar que Pancho actuaba en función de los intereses de que le acusaban: “El enemigo central de los trabajadores es la Línea Democrática, las huelgas son negativas para los trabajadores, es necesario una alianza con nuestro enemigo de clase, que es el Estado, y cambiar las estructuras sindicales por otras que permitan un mayor control sobre la base trabajadora”.

Por si le hicieran falta problemas, el 19 de noviembre de 1981 los departamentos de Centrales Manutención Matriz y Centrales Automáticas Foráneas redefinieron y entraron a una novedosa etapa de lucha a través de ausentismo colectivo. La protesta se generalizó y justo la víspera de Navidad se reportó la segunda protesta, otro ausentismo colectivo. El año siguiente fue un caos entre paros pequeñitos —de 45 minutos a tres horas— y el ausentismo colectivo programado. Lo mismo se reportó en las instalaciones de San Antonio Abad, Casa Matriz, Vallejo o Zaragoza en la Ciudad de México, que en Poza Rica, Veracruz; Oaxaca; Ciudad Guzmán, Jalisco, y Monterrey, Nuevo León.

El permanente enfrentamiento entre las dos corrientes provocó un caos en el sindicato y en la empresa, aunque en la lucha interna iba ganando Hernández Juárez, el Congreso del Trabajo se mostraba receloso y hasta hostil a la nueva directiva. […] Su desempeño como líder cayó paulatinamente en las viciadas prácticas del sindicalismo oficial, contra las que decía luchar en 1976: el control de los trabajadores por diferentes mecanismos, como la manipulación de los préstamos para vivienda, de las vacantes para los familiares de los trabajadores o de los préstamos personales. […] Hernández Juárez es un dirigente que no es independiente, ni charro. Se le aplica un nuevo término: neocharro. Al paso de los 11 años que lleva al frente del sindicato se ha ido definiendo, poco apoco. […] Siempre tuvo un objetivo, llegar a la cúspide del sindicalismo oficial y moverse en las altas esferas de la política nacional”, escribió el 20 de abril de 1987 Salvador Corro.

La generalización de los problemas, sin embargo, no fue suficiente para derrotarlo en las elecciones internas de 1980. Pancho, Paco Francisco, quien a esas alturas era ya un superhombre para la operadoras de Telmex, encontró siempre la fórmula para caer de pie. Por ejemplo, aún no terminaba de sentarse en la silla que antes fue de Salustio Salgado Guzmáncuando tuvo la ocurrencia de proponer que se redujera de cuatro a dos años el periodo de la dirigencia sindical. Sólo él sabe quién lo hizo cambiar de opinión, pero casi de inmediato dio marcha atrás y él mismo tiró su propuesta.

Tampoco desatendió a Fidel. Ya se descubriría que en aquellos días aciagos conocidos como la crisis de marzo de 1982 —del 3 al 19 cuando incluso algunos contingentes lo desconocieron, con todo y su Comité Ejecutivo Nacional, y tomaron el edificio sindical—, Pancho se resguardó en las oficinas del Congreso del Trabajo, controlado, como hasta su muerte en 1997, por Fidel Velázquez.

Batallas perdidas

* El desplazamiento de La Familia en Toluca y el Valle de México fue posible gracias a que el bastión del sur, con sede en Luvianos, nunca fue molestado por el gobierno mexiquense, desde el sexenio de Arturo Montiel, en 1999. La expansión de La Familia, luego de un proceso de lucha contra los Zetas y de negociación con autoridades y corporaciones policiacas no obedeció tampoco a la casualidad ni a una reacción. Era un plan armado con antelación, que incluía reconocimiento de las zonas, equivalente a un estudio de mercado.

 

Miguel Alvarado

Por años, el cártel del narcotráfico de La Familia Michoacana controló el sur mexiquense luego de pelear por la región contra Los Zetas, convencer a autoridades locales con generosas alianzas y finalmente imponer una ley extraconstitucional en cerca de 23 municipios del Edomex, Guerrero y Michoacán. Luego aparecieron en escena los Caballeros Templarios, a quien Servando Gómez, “La Tuta” y también fundador de La Familia, llevó a controlar Michoacán y su clase política, incluyendo gobernadores y poderes públicos. La capacidad negociadora de Gómez, una especie de publirrelacionista o CEO, pronto colocaron a Los Templarios como el grupo delictivo más poderoso del país, señalado incluso de recibir apoyo de la Federación. En el 2014 la Federación anunciaba que La Familia y los Templarios serían combatidos, después de que civiles armados, Autodefensas, tomaran la seguridad pública en sus manos. La intervención federal pronto definió el rumbo. Todos los líderes de Familia y Templarios fueron apresados o abatidos, excepto “La Tuta”, intocable personaje que lo mismo reparte herencias en Zitácuaro que le exige favores a hijos de gobernadores y los documenta. Videos de él mismo circulan en redes sociales y lo mismo da que los envíen los narcos o provengan de las oficinas del comisionado para la Paz en Michoacán, el mexiquense Alfredo Castillo Cervantes.

Enero del 2014 iniciaba con combates y repliegues de narcos hacia otras entidades desde tierra purépecha. En el Edomex “La Familia”, refugiada en el sur como su bastión principal, experimentaba un cambio en sus relaciones con autoridades, incluidas las militares. Se hizo evidente la presencia de Templarios en Toluca, a pesar del anuncio de Castillo Cervantes sobre su exterminio. El cártel, lejos de huir, se expandía a la tierra del presidente Enrique Peña, a pesar de cambios estatales en altos mandos de seguridad, que a tres meses no han dado ni un solo resultado. La presencia del ejército y la marina es mera decoración, como casi siempre ha sido cuando de la Tierra Caliente se trata.

El proceso de desmantelamiento de un cártel no es cosa menor y es lo que la Familia Michoacana enfrenta. Hay cambios gerenciales y acomodos. Los empleados son los mismos pero otros los jefes.

Mil ochocientos policías cuidaron el encuentro de futbol entre Toluca y la UNAM, pero a la sombra del match, siete policías municipales fueron imputados por secuestradores o nexos con el crimen organizado. Sólo uno ingresó al penal de Almoloya, Alfredo Castillo Romero, jefe de turno de la Región 11 de Seguridad Pública de Toluca.

Luego de que en el 2012 se descubriera que “El M1”, Germán Reyes, ex subdirector de Política Criminal municipal, era además encargado de plaza para el cártel de La Familia en Toluca, apenas sorprende. Al “M1” se le relacionó con 25 ejecuciones.

El “M1” aparece en un video tomado por la PGJEM cuando fue presentado, en enero del 2012, olvidado en los archivos públicos de aquella instancia y repetido en blogs y redes sociales. A pesar de seguir un guión y haber planteado de antemano el cuestionario, aquella entrevista revela de manera simple lo fácil que es para un policía involucrarse con el crimen organizado, voluntariamente o no.

– ¿De dónde eres originario? –pregunta una voz fuera de cuadro.

– De Toluca, Estado de México -responde Germán Reyes, quien porta un chaleco negro, luce barbado y cansado, con señales de no dormir.

– ¿Consumes drogas?

– Sí. Cocaína.

– ¿Para qué organización criminal trabajas?

– Para La Familia Michoacana.

– ¿Qué funciones ilícitas hacías tú?

– En este momento estaba encargado de la distribución de la droga en Nicolás Romero y Atizapán, y tenía que agarrar ahí los municipios aledaños y… alinear a la gente, cumplir cualquier comisión relaciona con armas de fuego, levantones.

– ¿Has trabajado para alguna corporación policiaca?

– Sí, señor.

– ¿Para cuáles?

– Para la PGR, en la Agencia Federal de Investigaciones y para Seguridad Pública municipal en… Toluca. Renuncié porque ya iba a dedicarme de lleno a la Familia Michoacana. Fui comisionado en operaciones especiales. Estuve en casi toda la república mexicana.

– ¿A partir de qué momento te incorporas a la Familia Michoacana?

– … me aborda una persona que, ahora sé, la conocen como Culebra o como Alfa… esteee… él fue el que me hizo la invitación para ingresar…

Luego le preguntan sobre las autoridades que le brindaban protección, a lo cual Germán Reyes responde:

– La policía municipal de… del centro, la de Calimaya y la de Zinacantepec. A los mandos se les pagaba de 8 a 10 mil y a los elementos, 6 mil.

– ¿Cuánto tiempo duraste trabajando para la policía municipal y al mismo tiempo reportando para la Familia Michoacana?

– Aproximadamente un año y medio.

Después preguntan por su jefe inmediato.

– Mi jefe inmediato eraaaa… La Culebra…

– Posteriormente agarran al… y sube Rafita…

– Era una persona que le apodaban Rafita. Después de eso, laaa… el mismo Alfa o Culebra me ofreció empezar a trabajar como operativo… se realizaron levantones de gente para alinearnos y el primer evento en que participé junto con La Culebra fue el levantamiento de un ratero apodado El Pájaro. Después de eso… eeh… La Culebra me mandó también a levantar a una persona, este… de nombreee… eeeh… o lo conocen como Lalo Ríos. Después de ese asunto, eeh… no me… me dieron aproximadamente la cantidad de 70 mil pesos, lo cual se me hizo muy poco. Y yo ya conocía a Rafita, entonces yo le hablé a Rafita y le dije que quería hablar con él para que… esteee… me diera un grupo nada más para mí, para ya no reportarle a La Culebra y me tocara, esteee… una cantidad más… eeeh… más grande de dinero.

– ¿Qué arma de fuego portabas tú?

– Yo portaba un arma Pietro Beretta calibre 9 milímetros.

– ¿Qué eventos desarrollaste?

– El primer evento que se desarrolló en… eeeh… en enero del 2011, me habló Rafita para decirme que fuera con un tal Quico y me dio la instrucción… este… deee… de ejecutarlos y dejarlos con una cartulina alusiva a La Familia Michoacana y dirigida a toda la gente que no se alineara y a los chapulines.

– ¿De qué forma los ejecutaron?

– Se les dio un balazo en la cabeza… esteee… y después de eso… eeeh… fue cuando se dio la ruptura entre El Pony… eeh… Rafita y La Culebra. Y posteriormente en el mes de abril del 2011, que fue cuando conocí a Harry y fue cuando me invitó a trabajar… eeh… ya sin estar trabajando en la policía municipal, me invita a trabajar comooo… esteee… como encargado operativo de la plaza de Toluca. Estuve levantando gente, sobre todo en San Mateo Atenco. Se hablaba con ellos para que compraran esteee… la droga deee… La Familia Michoacana.

– Platícame del grupo de choque…

– Mandaron gente del sur para que formara parte del grupo operativo que iba trabajando en Toluca.

– ¿Cuánto personal tenias a tu cargo, ya?

– Nunca hubo una cifra exacta, pero aproximadamente trece elementos.

– Platícame cómo era tu modo de operación, cómo te movías, qué armas manejabas, vehículos que usabas…

– En todo el municipio de Toluca y sus municipios aledaños… yo los organicé en regiones y a cada región le puse un comandante. A esos comandantes yo les encargué que no permitieran que ningún grupo antagónico de nosotros entrara a esos municipios y que… eeh… checaran toda la droga que se estaba vendiendo para ver si sí era la droga de la empresa, de la Familia Michoacana.

– ¿Qué armas manejabas?

– Eeeh, escuadra… eeeh… pistola 9 milímetros, .38 Súper y .45… aproximadamente ocho… eeeh… AK-47… y si… y como seis u ocho AR-15.

– Posteriormente, ¿qué funciones hiciste?

– De mandar a la gente a que rentara… este… eh… casas pa’ que las pudieran habitar. Se levantó mucha gente en San Mateo, eeeen San Francisco Tlalcilalcalpan, eeeh… de tiradores que no estaban comprando producto de la empresa. Después de Toluca me mandan como supervisor deee… de una persona apodada “El Mata”, el cual estaba trabajando por el municipio, también, de Nicolás Romero y la instrucción era agarrar todos los municipios aledaños…

La policía municipal de Toluca sabía de las actividades del M1 así como también del comandante secuestrador Castillo Romero, a pesar de que la alcaldesa lo niegue y por otro lado afirme que se ha depurado esa corporación. El crimen organizado armó en la ciudad una red intrincada de dependencias policiacas y servidores públicos para garantizar la industria de la droga.

“El Mata”, personaje al que se refiere Germán Reyes, “El M1”, era líder de “La Familia” en Cuautitlán Izcalli, Nicolás Romero y Jilotzingo. Su nombre real es Raymundo Mateo Cruz y fue detenido en enero del 2012, luego de que se le vinculara con el narco y una balacera el bar Zodiaco, en Nicolás Romero y a quien se le achacan 12 asesinatos. “El Mata” reconoce protección de las policías de aquellos municipios, a cuyos elementos pagaba desde 2 mil 500 pesos por servicios

 

Capturas

 

El desmantelamiento de La Familia no es un proceso actual, se ha venido dando desde el 2010. Las avanzadas de aquel cártel han sido desarticuladas pero el narcotráfico no, que permanece intacto en sus operaciones. Otro de los líderes detenidos es “El Beto”, José Luis Silva Soto, también conocido como “El Licenciado”, quien en enero del 2012 transportaba 21 armas de fuego desde Michoacán con destino a Ecatepec, a una casa de seguridad. A “El Beto” se le consideraba lugarteniente y enlace entre células delictivas con actividad en secuestro, extorsión y homicidio. El detenido reveló que La Familia contaba con una pista aérea clandestina en un rancho mexiquense, desde donde trasladaban semanalmente media tonelada de cocaína. A Silva Soto se le imputó un ataque armado contra la sede de la PGR en Texcoco, en el 2011.

“El Pony” era uno de los narcos más escurridizos. José María Chávez Magaña, su nombre real, enfrentó a sus propios compañeros cuando se rebelaron para formar Guerreros Unidos y disputarle la plaza de Luvianos a La Familia. Esto desencadenó una docena de ejecuciones tan sólo entre junio y julio del 2012, en la región calentana, cuando Mario Casarrubias, lugarteniente de “El Pony”, y otro narco apodado “El Bofo” deciden que podían operar la región mejor que su ex jefe. Los enfrentamientos encontraron pronto un balance y Guerreros Unidos pudo hacerse de una zona. Pasarían dos años para que “El Pony”, autor de cerca de 200 asesinatos, fuera detenido en Pénjamo, Guanajuato. Chávez Magaña reveló, entre otras cosas, que sus gastos mensuales ascendían a 12 millones de pesos, entre sobornos y pago de operaciones. A este narco le costó apena tres años en convertirse en el líder estatal de La Familia y en ese tiempo trabajó en Ecatepec, a la sombra de José de Jesús Méndez Vargas, “El Chango Méndez”, otro líder detenido en el 2011.

En la lista de narcotraficantes destaca Johnny Hurtado Olascoaga, “El Mojarro”, a quien se le ubica en el sur del Edomex como jefe de plaza de La Familia, pero también se cree que ha participado en las últimas refriegas contra el ejército en Tlatlaya y algunos municipios de Guerrero. En el 2013 creían haberlo detenido luego de un enfrentamiento en Temascaltepec que dejó 10 muertos y un militar herido en el poblado de San Pedro Tenayac. Luego lo ubicaron en Arcelia, Guerrero, donde su suegro, en ese tiempo director de Tránsito municipal, Mario Uriostegui Pérez, “La Mona”, le ayudaba. El suegro fue abatido junto con otros cuatro funcionarios, relacionados todos con La Familia, cuando el batallón 102 del ejército en Tejupilco les hizo frente. El “Mojarro” era brazo derecho de Leobigildo Arellano Pérez, antiguo jefe de La Familia y a quien se le atribuye la organización de laboratorios en Michoacán y el Estado de México. Detenido en Pénjamo, Guanajuato, a principios de julio del 2014, dejó su cargo al “Mojarro”, a quien se ubica como el nuevo gerente. Las fuerzas federales, incluidos marina y ejército, lo buscan desde el 2012, y saben que es protegido por las autoridades locales, a las que se les investiga en 15 alcaldías. La caza del “Mojarro” se desarrolla en Amatepec y Tlatlaya en el Edomex, y Teloloapan, Apaxtla, Arcelia, Ixcapuzalco y Acapetlahuaya en Guerrero. Los enfrentamientos entre narcos y marina se agudizaron cuando asesinaron al teniente de corbeta, Arturo Uriel Acosta Martínez, en Liberaltepec, Apaxtla. La revista Proceso reporta 400 desplazados en esa región por la violencia.

Leobigildo y “El Mojarro” tenían alianza con otro narco, Rodolfo Paredes Cárdenas, “El Bofo”, quien en el 2011 les dio la espalda y fundó, junto con Mario Casarrubias, ya detenido, en Tierra Caliente, una ramificación de los Guerreros Unidos, quienes hasta la fecha pelean el control del territorio.

Al “Pony” se le ubica como uno de los extorsionadores de los ayuntamientos de Luvianos, principalmente, donde cobraba hasta 500 mil pesos mensuales, según reportes de los propios ciudadanos, durante dos trienios al menos.

En agosto del 2012, Josué Alexis Aguilar Trujillo, “El Kiko” o “El Doble K”, otro jefe de plaza de La Familia, fue capturado junto con su célula. Acusado además por homicidios perpetrados en diferentes colonias de la capital del Edomex, fue rápidamente sustituido por “El Pollo”, Eduardo Gaviño Mercado, a quien se detuvo en un retén portando armas, droga y 86 mil pesos en efectivo, cuando encabezaba un convoy que salía de Almoloya de Juárez rumbo a Toluca. Gaviño controlaba para La Familia los municipios de Metepec, Toluca, Calimaya, San Mateo Atenco, Zinacantepec, Almoloya de Juárez, Lerma y Mexicaltzingo.

En Jaltetenco, Morelos, un ex lugarteniente de los Caballeros Templarios pero también identificado con los cárteles del Golfo y Nueva Generación, fue ejecutado mientras tomaba con sus amigos, a mediados de agosto del 2014, en el poblado de Amayuca, en aquel estado. “El 80” o “El Comandante Jaguar”, como se lo conocía a Noé Bernardo Navarrete Valencia, había sido subdirector de la policía municipal de Cuautitlán Izcalli. “El 80” tenía la misión de recuperar plazas para los del Golfo en el Estado de México.

 

Luvianos en el mapa

 

El desplazamiento de La Familia en Toluca y el Valle de México fue posible gracias a que el bastión del sur, con sede en Luvianos, nunca fue molestado por el gobierno mexiquense, desde el sexenio de Arturo Montiel, en 1999. La expansión de La Familia, luego de un proceso de lucha contra los Zetas y de negociación con autoridades y corporaciones policiacas no obedeció tampoco a la casualidad ni a una reacción. Era un plan armado con antelación, que incluía reconocimiento de las zonas, equivalente a un estudio de mercado, y que el periodista Francisco Cruz recuerda en el libro Tierra Narca:

“Tejupilco, Sultepec, San Simón de Guerrero, Valle de Bravo, Donato Guerra, Zacualpan, Tlatlaya, Amatepec, Ixtapan de la Sal y Luvianos forman la parte correspondiente al Estado de México de lo que se conoce como Tierra Caliente, la cual se completa con municipios colindantes de Guerrero y Michoacán. El descubrimiento mayor de las caravanas que llegaron, presididas por automóviles de gran lujo y camionetas de un costo cada una superior al millón y medio de pesos, no fue el ancestral abandono del gobierno estatal en Toluca, ni el insignificante número de policías contratados por el ayuntamiento para vigilar los setecientos dos kilómetros cuadrados del municipio, ni la presencia esporádica de agentes federales o soldados del Ejército, sino la cercanía a poblaciones igualmente abandonadas, descuidadas y pobres de Guerrero y Michoacán, ya controladas y sometidas por bandas del crimen organizado, en especial narcotraficantes, como Los Valencia del Cártel del Milenio, Los Zetas —ya cimentados—, Los Sierra —que más tarde se integrarían para dar forma a La Familia Michoacana—, Los Castañeda o Los Treinta.

“El control del Triángulo de la Brecha no era ni es un capricho para los cárteles. Para ellos, el esfuerzo vale con todo y sus muertos, porque allí se creó la mayor industria regional para elaborar drogas sintéticas. En las decenas de cocinas michoacanas se produce el ice de mejor calidad, llamado también oro blanco o droga letal. La región también es segura para el tránsito de heroína. Aunque en la mayoría de las áreas marginadas predominan el hambre y el miedo, en la cadena productiva y de distribución Tierra Caliente es una especie de eslabón perdido que incluye amplias zonas para el lavado de dinero, tierra fértil para la siembra de marihuana, amplitud de terrenos para el aterrizaje de aeronaves pequeñas llenas de cocaína, caminos sinuosos que dificultan los operativos militares y policiacos, disponibilidad de personas que pueden ser utilizadas como correos humanos, matones a sueldo o narcomenudistas.

“Por esas razones, por el histórico desdén gubernamental, la pobreza y la cercanía, en 2002 resultaba inevitable que Luvianos se convirtiera en un territorio ambicionado. La avanzada para preparar un ejército de matones se había puesto en marcha en 2000 y 2001. Fue también el tiempo en el que llegaron nuevos y misteriosos personajes.

“Pronto recorrieron los terrosos y a veces casi intransitables caminos en esas caravanas de camionetas y automóviles blindados, sin placas o con placas sobrepuestas de otros estados, con vidrios polarizados y antenas de radiocomunicación.

“Visitaron cada rincón para reconocer caminos rurales. Escoltados siempre por guardaespaldas de corte paramilitar, vestimenta típica de las policías federales y equipados con armas en las que resaltaban los cuernos de chivo AK-47, los rifles AR-15 y el menos conocido, pero igual de efectivo, fusil ligero alemán MP-5 de culata retráctil, llevaban una consigna: “Dinero o muerte”.

“La amenaza de muerte surtió efecto en la población. Todo Luvianos se silenció. Todo el pueblo comprendió cabalmente la naturaleza de los empleadores e inversionistas inmobiliarios recién llegados. La prudencia aconsejó a los luvianenses ver, oír y callar. Sin futuro claro, jóvenes campesinos cambiaron la improductiva labor del campo y el desempleo por un AK-47”.

 

Partes de guerra

 

El primero de agosto un comando mató a Diego Benítez, de 12 años de edad, hijo del locutor de Radio Calentana, Indalecio Benítez, a quien un comando esperaba en su casa. El menor recibió tres tiros y todavía nadie sabe los motivos del ataque, aunque sucedió días después de que 22 personas fueran masacradas, ejecutadas o en combate, por el ejército en el municipio de Tlatlaya, también, en esa región. Indalecio Benítez diría en julio del 2013, durante bloqueos de la carretera Toluca – Altamirano,  en protesta por el levantamiento de 7 personas por parte de la marina mexicana, y por el creciente número de desapariciones, que “de la nada los levantan, uno de ellos señaló que estaba en un cibercafé y así nada más se lo llevaron y al momento de interrogarlos los torturaron”, publicaba el diario El Universal. Benítez era vocero de aquel movimiento de protesta.

Ahora, dos semanas después del atentado, no hay un solo detenido pero sí un nuevo caso.  Benito Jaimes Alpízar, presidente del PRD en Luvianos, fue levantado el 13 de agosto, un día después de la misa celebrada en recuerdo del niño Benítez y también de que el presidente de México, Enrique Peña, acudiera a Atlacomulco con su plana mayor para festejar un aniversario de Isidro Fabela, fundador del grupo político al que pertenece el Ejecutivo. “Coincidencia que la estatua de Isidro Fabela fuera inaugurada el año en que yo nací”, diría jocoso el presidente, en una frase que recorrió después las redes sociales.

Peña también estuvo en Nanchititla, meses antes, en la inauguración de una base militar. El secuestro ocurre un día después, además, de que el gobernador mexiquense Eruviel Ávila afirmara que el ejército y la policía tomarían el control de 13 municipios sureños. Benítez fue síndico municipal el trienio anterior en Luvianos y era uno de los representantes oficiales del ex alcalde Zeferino Cabrera Mondragón, también secuestrado hace dos meses, aunque liberado después. En noviembre del 2012 el actual alcalde de Luvianos, José Benítez, también sufría un atentado, cuando pasaba por el emblemático poblado de Caja de Agua, escenario de enfrentamientos entre cárteles y cuyas matanzas superan más de 150 muertos. Un día después fueron detenidos 10 integrantes de La Familia que participaron en ese ataque. Otro alcalde que sufrió secuestro fue Santos Cabrera, ex edil de Otzoloapan, a quien sus plagiarios lo instruyeron para que el mismo funcionario  consiguiera su propio rescate, en una modalidad que se aplica frecuentemente en la región.

“Serán mil 187 elementos, tanto de las fuerzas federales como estatales, los que se estarán incorporando a este operativo especial la región sur del estado y en la región de Valle de Bravo, así como 292 vehículos y dos helicópteros que estarán patrullando permanentemente en esta zona”, anunciaba Eruviel Ávila. Las respuestas, un día después, fueron tres secuestros a motociclistas que circulaban carreteras secundarias en Valle de Bravo.

Oráculos

* Tiempos de crisis absolutas ofertan a la clase media cosas bien chafas. Hasta en el consumo se uniforma la necesidad. Una libertad absoluta para mirar se ha adueñado del ente. Los dioses ya no exigen sacrificios sino monedas, tarjetas de crédito o cheques, droga si acaso. Pero son benévolos, no quieren altares y saben que el cielo y el infierno son la misma cosa. Dejan que te cachondees a tu hermana, pero sólo con miradas, que asistas y hasta grites pero nada más.

 

Miguel Alvarado

¿Qué dice el oráculo electrónico de Facebook? ¿Cómo está el mundo? ¿Esto es el mundo, apenas una pálida sombra del movimiento, aunque inútil, de la sociedad o la idea de sociedad que se desplaza? Porque la sociedad se mueve, es el hábito, la costumbre y una de las más serias que se confunde con producir o, en todo caso, con hacer o realizar. Porque quien produce dinero obtiene como de pasada el derecho a no moverse excepto para usar ese dinero hasta que se acaba. Y quien genera trabajo también obtiene esclavitud, pero sin dinero. El trabajo como generador de un bienestar se confunde entonces y delinea el perfil del forzado moderno, vigorizante y encantador. Un esclavo sin grilletes es el mejor de los negocios. Que trabaje pero además pueda pagarse él mismo su casa y sus alimentos, sostener a la familia. Y que gane, que gane muy bien para que acceda a las tecnologías o suministros que él mismo fabrica. ¿Qué es eso? Un loop vitalizado pero también envuelto en papel de baño. Los que trabajan no protestan, o protestan mucho. Los que trabajan mucho no protestan si ganan bien. Si acaso se quejan intravenosamente, pero los lamentos terminan donde comienzan las bondades o lo que parecen serlo.

¿Entonces será eso, el movimiento de ir aunque sea a ninguna parte? ¿La sensación de pertenecer y estar haciendo algo? Y el que nada hace, hace la parada, toma el camión, sube, se sienta, compra un chocolate y escucha al Komander en el estéreo del chofer. Pasa por la Terminal y mira las putas, muy paradas con faldas ajustadas y toda la cosa cerca del hotel, platicando con la policía. Luego los ambulantes, con esa manera de acariciar el suelo, ponen sus mantas y las cubren con las necesidades electrónicas de moda. Hasta relojes despertadores con la forma de un gato hay. También los que huelen a fresa, como los condones y otros que son fosforescentes. ¿De dónde obtiene el dinero? ¿Quién trabaja para otro?

El comerciante se levanta cuando le dicen que viene un policía o, mejor, una patrulla. Se lo dice su cuate el agente, quien le cobra diario una comisión por echarle el grito. Y porque se mueve, algo cambia en ese sinsentido de llevarse un pito a la boca y soplarlo, voltear con la gracia de un ganso, que nadie aquí está para ser modelo de Televisa, y echarle un ojo a los chicleros y los chapulines.

Tiempos de crisis absolutas ofertan a la clase media cosas bien chafas. Hasta en el consumo se uniforma la necesidad. Una libertad totalitaria para mirar se ha adueñado del ente. Los dioses ya no exigen sacrificios sino monedas, tarjetas de crédito o cheques, droga si acaso. Pero son benévolos, no quieren altares y saben que el cielo y el infierno son la misma cosa. Dejan que te cachondees a tu hermana, pero sólo con miradas, que asistas y hasta grites pero nada más.

Los dioses, una verdad del espesor de la ayahuasca.

Uno de ellos llora porque en Face nadie comparte su ilustración y el Jesús se entristece así, de antemano, saliendo al aire, a la arena del Silicon Valley con las lágrimas preparadas, chantajero y pendenciado. La respuesta es patética. Uno pierde la vida, desangra su tiempo mirando aquellas inútiles, ni siquiera pasajeras emisiones pero responde. Yo sí te doy laik, mi Señor, porque eres lo más importante de este mundo y del otro. Cómo no hacerte caso cuando sin ti nada de esto sería posible. El ocio, fundamentalmente religioso o narcocatólico pero también budista, protestante, islámico o judío exigen comportarse como si uno tuviera fe. Que algo pase aunque no sea chido, que algo pase y que sucede a pesar de mí. El control de las eventualidades se ha vuelto un problema de programación neurolingüística y el trabajo real se realiza en la mente, la desmemoria, el olvido, porque todos queremos o quieren saber que han olvidado. Afuera no sucede nada. Ahí están los árboles, el famoso viento en la noche oscura, sin luna pero oscuro, pero viento. No transcurre nada, ni el tiempo, por decir algo más. La mente vacía, entonces, es lúcida. Los ejemplos de cabezas huecas ahora se remiten a políticos y presidentes, actores y presentadores de Televisa y TV Azteca, futbolistas de medio taco o progres de los años 60. La mente juega pasadas muy rudas. Nadie está conforme con lo que percibe, o casi nadie. Lo que se percibe, no lo que se gana. No hay ganancia, no puede haberla, la descompensación no es posible en el universo de los equilibrios. A cada Carlos Salinas corresponde un Enrique Peña, por ejemplo. Para un madreado, madreado y medio. Los picos, los sobrantes funcionarían como compensadores y asunto arreglado.

Así que todo es cuestión de fe, o de comportarse como si uno la tuviera.

¿Qué dice el Face al respecto? Uno de los mejores trucos consiste en hacer creer que tenemos acceso, que poseemos aunque sea información, aunque no sepamos luego qué hacer con ella. Publicarla es ya parte del espejismo. Dice Facebook que se puede sacar el corcho de una botella ayudados por un zapato, que Luis Videgaray reconoce que el salario mínimo es insuficiente pero que el tema es “muy vendedor”, que acompaño a mi presidente y a mi gobernador en una ceremonia ofrecida a una estatua, la de Isidro Fabela, que me integra de lleno al grupo en el poder porque además me pagan y me permiten tomar fotografías. Qué importante me he vuelto, dice uno desde las cajitas de los comentarios y otro pregunta que dónde están los 13 mil pesos que, dice Chuyaffet, gana un maestro. No están ni en la casa de don Emilio; que se amenaza desde Michoacán con publicar un video donde Luis Videgaray se reúne con Nazario Moreno para pedirle un “entre” para la campaña presidencial de Peña Nieto; que los habitantes de Capulhuac le muestran fotos a su alcaldesa, “Lady Fabiola” del estado de sus calles, semejantes a las de Gaza; que un niño toluqueño es campeón mundial de cálculo mental y que el psicólogo Walter Rizo está resuelto a echarle la mano a cualquier que se lea sus mensajitos de patética autoayuda.

¿Qué es eso que dice el Face, tan parecido a la televisión?

Ventana afuera, la tormenta del 12 de agosto se anuncia a las 6:09 de la tarde.

Un niño grita en el consultorio dental cercano y alguien platica en la sala. “Nosotros no lo sabíamos hacer”, dice una voz al menos tranquila, sin menester.

Nosotros tampoco.

Sindicalismo magisterial

* Los resultados obtenidos en los exámenes de oposición para obtener una plaza docente en educación básica y media superior, refleja que los requerimientos exigidos no los cubre la formación que brindan las escuelas Normales, la Universidad Pedagógica e instituciones particulares que forman a los maestros, al reprobar el 61 y 69 por ciento respectivamente, es decir, tan sólo cuatro de cada diez fueron considerados idóneos para trabajar como profesores.

 

Luis Zamora Calzada

El sindicalismo magisterial en el Estado de México se nutrió de los ideales y demandas de los trabajadores de antes y después de la Revolución de 1910, y fueron esos mismos ideales de libertad e independencia, el respeto a los derechos laborales y del trabajador lo que motivó el nacimiento de un sindicato de maestros independiente del nacional en nuestra entidad.

Si bien en un principio ese sindicalismo magisterial contribuyó a construir un clima de paz y estabilidad social, al mismo tiempo que se lograban ciertos derechos en seguridad social, con el paso del tiempo las dirigencias cambiaron y adoptaron prácticas cuestionables, de tal manera que el autoritarismo y la ausencia de procesos democratizadores para elegir a sus representantes fueron sus características. Incluso pasaron décadas para lograr el ejercicio del voto universal y secreto, adicionándose la falta de rendición de cuentas, la transparencia nula, una creciente burocracia sindical y la ambición por lograr puestos de elección popular al amparo de los colores del partido oficial.

Estas condiciones gradualmente llevaron a las dirigencias al abandono de las causas y demandas de los docentes, al olvido la lucha por la igualdad en los derechos laborales y la mejora constante del profesorado. Se hicieron a un lado los derechos escalafonarios, el derecho a conocer el destino de dineros de las aportaciones de los profesores y del gobierno patrón. Los representantes, en su conjunto, sin consulta alguna, se pusieron a disposición del gobierno y del partido en el poder adoptando actuaciones internas como la toma de decisiones por unos cuantos, planillas de unidad contrarias a la democracia, la promoción laboral por recomendaciones o ciertos méritos políticos dentro del gobierno y dicho partido.

Las conquistas plasmadas en leyes y reglamentos se hicieron a un lado, los malos resultados en educación se fueron gestando, los aspectos coyunturales marcaron las líneas de trabajo de un sindicato que se volvió oficial.

Así, la evolución histórica del sindicalismo magisterial del subsistema educativo estatal, muestra cómo pasó a ser de un defensor a un explotador y represor de los maestros, que hoy firman actas para quitar el empleo a los docentes, donde los “líderes” de una organización que se asumió como única hasta el 4 de noviembre de 2009, con convenenciera entrega llevaron a un alto porcentaje de los agremiados a convertirse en sujetos de explotación laboral, partidista y social.

Ese sindicalismo magisterial cayó en la degradación. Explotadores y represores, externos e internos se extralimitaron en su actuar reflejando todo lo contrario de lo que debería de ser un docente, dejando de ser el  referente y ejemplo a seguir por los demás, en congruencia con su papel de formador social.

 

Perfiles, parámetros e indicadores de la práctica docente

 

Los resultados obtenidos en los exámenes de oposición para obtener una plaza docente en educación básica y media superior, refleja que los requerimientos exigidos no los cubre la formación que brindan las escuelas Normales, la Universidad Pedagógica e instituciones particulares que forman a los maestros, al reprobar el 61 y 69 por ciento respectivamente, es decir, tan sólo cuatro de cada diez fueron considerados idóneos para trabajar como profesores.

El Sexto Consejo Técnico escolar del año pasado estableció cinco componentes, que denominó dimensiones, para un perfil deseado de maestro, integrado por un docente que conoce a sus alumnos, sabe cómo aprenden y lo que deben aprender;  un docente que organiza y evalúa el trabajo educativo y realiza una intervención didáctica pertinente; un docente que se reconoce como profesional que mejora continuamente para apoyar a los alumnos en su aprendizaje; un docente que asume las responsabilidades legales y éticas inherentes a su profesión para el bienestar de los alumnos; un docente que participa en el funcionamiento eficaz de la escuela y fomenta su vínculo con la comunidad para asegurar que todos los alumnos concluyan con éxito su escolaridad.

Cada dimensión incluye tres parámetros, a excepción de la segunda, que tiene cuatro, referentes a conocimientos, actitudes y habilidades, aplicación, valoración y resolución de situaciones relacionada con el fondo de cada componente.

A su vez, cada parámetro incluye entre tres y cuatro indicadores. A manera de ejemplo el primer parámetro de la dimensión uno requiere que el docente tenga conocimientos sobre los procesos de desarrollo y de aprendizaje de los alumnos, considerando la influencia del entorno familiar, social y cultural en los procesos de aprendizaje, incorporando al trabajo decente las necesidades e intereses de los alumnos, que se concatena a conocimientos de psicología, pedagogía y sociología.

Como es de esperarse, considera conocimientos de la tira curricular y de los contenidos que trabajará con los alumnos, el ámbito áulico, su práctica docente particular, en el aspecto legal, se indaga el contenido constitucional que rige la materia educativa en el país, así como la estructura y organización de la escuela.

En un comparativo con el perfil que manejan las normales, hay variantes que deben considerar de manera inmediata para no continuar con la reprobación de sus egresados, que hoy los coloca en tela de juicio.

Retrato hablado

* Las verdaderas autoridades controlan la región pero el último semestre las cosas han cambiado. La Familia, dueña absoluta, ha sido desplazada en el poder local pero también ha sido masacrada. A mediados de junio del 2014, 22 muertos o ejecutados por el ejército ponían sobre la mesa la nueva regionalización. Otros seis ejecutados en menos de 15 días, entre ellos el de un niño de 12 años, Juan Diego Benítez, volvían  poner a Luvianos en el mapa visible del narco. El niño muerto, hijo del locutor de Radio Calentana, Indalecio Benítez, terminó por hacer ver a los habitantes del sur que la indignación no consigue nada, pero el silencio y la solapación tampoco. ¿Qué puede hacer la sociedad civil abandonada por su gobierno?

 

Miguel Alvarado

El tianguis de Metepec ha crecido. Ha sorteado incluso la prohibición de vender pulque en la vía pública, actividad tradicional y que ocupaba media calle en el centro de aquella ciudad, que se ha ganado la denominación de “pueblo mágico” porque allí se hace una de las alfarerías más delicadas del país. Artesanos maestros en el uso del barro diseñan árboles de la vida, catrinas y toda clase de fantasmagorías que ahora compiten, al menos en los comercios de la calle principal, con objetos chinos, vistosos y brillantes pero chafas, como el visitante menos enterado puede reconocer. Ese tianguis, que prácticamente paraliza la circulación vial en el centro de aquel municipio, ha crecido en los últimos años y ha duplicado su tamaño debido a la llegada de quienes venden objetos usados. Usuarios del mercado del “Piojo” en Toluca, algunos aprovechan ese lunes para llevar sus cacharros, algunos prácticamente rescatados de la basura. Fritangueros y verduleros conviven sin el menor asomo de inquietud. Incluso lo hacen con las cuadrillas de hombres armados que recorren los pasillos de aquel mercado al aire libre, a unas cuadras de la presidencial municipal donde despacha Carolina Monroy prima hermana del presidente de México, Enrique Peña. Los hombres representan el estereotipo del sicario, al menos el que se vende en las películas. Altos, sebosos, morenos, de sombrero y pantalones de mezclilla con camisas a cuadros, se abren paso discretos entre la muchedumbre pero exhiben las armas, unas en la mano, otras colgadas en la cintura. Algunos policías municipales, extraviados por allí en busca de alimento los observan. No les huyen pero tampoco les preguntan nada. Todo es paz, las autoridades pueden convivir sabiamente con la metralla. Para todos hay espacio, dinero, vida, muerte.

 

*

La avenida Las Torres parte en dos a la capital del Estado de México. Es una de las rutas que desahoga el tráfico de la mejor manera cuando no hay alguna obra en sus carriles o cruces. Siempre en reparación, entonces, también será parte del tinglado para el nuevo tren Toluca-México, que tanta ilusión despierta en los ciudadanos, que entienden será más barato y rápido, una especie de Metro pero al estilo toluqueño porque lo construirán Peña Nieto y su equipo de asesores, empresarios de altos vuelos como los de ICA, que al menos deberán entender que los trenes no se construyen siguiendo los parámetros de la Línea 12 en el DF. Por el carril de alta de Las Torres circulan camionetas negras, Patriot unas, llenas de guardaespaldas. Representan ejemplos estrambóticos de lo que significa ganarse la vida. Le cuidan las espaldas a los más importantes, pareciera, o al menos a los que pueden pagar para que otros atajen agresiones. Los guaruras hacen parecer odioso al objeto de sus cuidados. De pronto el imaginario advierte que el personaje en cuestión algo debe, algo tiene, algo lleva, pero casi nunca se cree que ese alguien es, en verdad, una piedra angular, representante del cambio social, científico prominente o en todo caso y debido a la pobreza de México, artista de Televisa. Los guaruras se instalan en las camionetas, que siguen a un auto deportivo en Las Torres. Todos con lentes oscuros, el que maneja y los que van en los flancos se acomodan de manera que abrir la puerta, saltar y disparar sea todo un mismo movimiento. La técnica debe funcionarles, pero es imposible no recordar a los escoltas de los niños Peña Pretelini, abatidos en Veracruz en el 2007.

A 120 kilómetros por hora, una fila de cinco camionetas y un auto deportivo Porsche se pierden en los túneles de Las Torres, buscando la autopista rumbo a México. Pasan un retén, en el carril de baja velocidad, donde policías estatales bajan a los usuarios en busca de maleantes. Todos se bajan pero algunos dejan sus pertenencias arriba, entre ellos dos hombres armados, sonrientes, que disfrutan a su manera el instante que les depara la actividad a la que se dedican. Saben que los agentes no subirán, por precaución, y que ellos están a salvo en tanto no se pasen de listos. Menos de veinte minutos después el cateo ha terminado. Todos suben de nueva cuenta y los dos amigos se carcajean. Bajan en la cuadra siguiente sin mirar a nadie, todavía tensos pero no tanto como para seguir enseñando las armas y una bolsa negra que al principio se disputaban, en broma, apuntándose con sus armas.

 

*

¿En Toluca se reúne el narco con las autoridades o directores de alguna dependencia? Lo hacen cotidianamente, según versiones de algunos participantes y hasta de la PGR. ¿Cómo funciona el crimen organizado, entonces, si no se cuentan con las alianzas adecuadas? Ingenuamente, el ciudadano medio todavía considera que hay algunos políticos, uno al menos, que pueden reordenar las cosas. Están enterados de tranzas y triquiñuelas desde las bases, orquestadas desde los escritorios más insignificantes pero de todas formas oscuros, amenazadores. Los ciudadanos sólo saben lo que ven y lo que miran es corrupción en cualquiera de sus niveles o formas. En México no existe la oposición política, ni siquiera hay criminales cuando se ha legalizado desde los usos y costumbres el hábito de los antivalores

 

*

Toluca, un municipio donde las autoridades entienden que el crimen y sus consecuencias es cuestión de percepción, prepara con entusiasmos un torneo de futbol internacional, amateur pero bonito, como dice la alcaldesa Martha Hilda González, entre las ciudades hermanadas con la ciudad desde donde ha gobernado el Grupo Atlacomulco. Seis equipos nacionales, seis equipos estatales, algunos locales y al menos 11 escuadras extranjeras jugarán en La Bombonera y el estadio Universitario. Aplicada correctamente la sicología de la enajenación que regala el futbol, el ayuntamiento de Toluca guarda para otra ocasión su opinión acerca de 6 mil 831 delitos patrimoniales, de las 732 violaciones sexuales, de los 34 secuestros, de los 885 secuestros, de las 16 mil 427 averiguaciones por lesiones, de las 23 mil 578 denuncias por robo y, en general, de los 48 mil 487 delitos registrados hasta febrero del 2014, según datos del analista Marco Antonio Durán. Los jerarcas de Toluca son inteligentes. La ciudad registra altas tasas de criminalidad, pero la pelota no se mancha. La suya, pues.

 

*

Los antivalores dictan el comportamiento casi animal del ser humano acentuado en los tiempos de crisis y finalmente se instalan como los modelos ejemplares de conducta. Nadie es nada si no obtiene dinero y, con él, poder. Si no hay para comer de nada sirve el conocimiento. Algo falla y también cualquiera puede comunicar, convertirse en fedatario de lo que observa. Pero una cosa es mirar y otra poder narrar, entender lo que se mira. La guerra en Gaza no es igual a la guerra del narco en México, aunque los frentes son tan mortíferos, uno como el otro. La primera, con el rostro ensangrentado es trasmitida en vivo a todo el mundo, incluso a Israel y la segunda, más anónima, deja su reguero cárnico en campos, fosas clandestinas y calles que nunca antes notaron la crueldad de la pobreza, del engañado que trabaja para alguien que nunca dará la cara pero que confecciona una lista de más 100 mil muertos y cerca de 25 mil desplazados. La contradicción. La guerra en Gaza es lo mismo que la guerra en Luvianos, por ejemplo.

 

*

Armando Enríquez fue alcalde de Toluca del año 2003 al 2006. Panista siempre y empresario en un negocio de fotocopiadoras -según él- nunca fue un hombre popular. Famoso sí, debido al cargo que ocupaba pero también a las decisiones y actitudes públicas que decidió seguir durante su gestión. Fue él quien cobijó al líder ambulante Gerardo Sotelo, conocido como “Alma Grande, quien organizó para él a los comerciantes e inició un proceso de amasiatos políticos, oscuro thriller al que no le faltó nada. Sexo y política no es una buena combinación y menos si se mezcla con narcotráfico, sobornos, pago de cuotas y la novedosa entrada de los cárteles a la capital del Estado de México. Armando Enríquez entregó una de las obras públicas más criticadas de la ciudad, una serie de puentes en la vialidad Alfredo del Mazo que mantuvo cerrada aquella zona quebrando a los comercios establecidos. Nadie circulaba por allí pero cuando se pudo hacer, Toluca se percató de que los puentes se caían solos y de que el ambulantaje cambiaba. El tianguis de la Terminal o del mercado Juárez fue trasladado, al término de aquel trienio, a las afueras de Toluca en una operación donde “Alma Grande”, quien en sus inicios vendía agujetas en las calles de la ciudad, resultó gestor principal. Enredado luego en líos de faldas, al líder lo encontraron muerto en un anfiteatro de Valle de Bravo, después de ser citado por funcionarios públicos y ex empleados del ayuntamiento de Enríquez, “para arreglar unas cosas”. Antes fue a la cárcel y perdió todo el poder, perdió dinero y mujeres. Al final también perdió la vida.

Alma Grande fue siempre un facilitador y antes de morir, a fines de junio del 2009, abrió las puertas para que algunas organizaciones ambulantes participaran del narcomenudeo. Hasta lugar les consiguió para operar: el nuevo mercado de Autopan, donde aquellos cobran cuotas a nombre de La Familia y últimamente de los Templarios. Enríquez, en “reuniones secretas” obró también como facilitador, según testigos de la época y permitió la extorsión a comerciantes, pero también la venta al menudeo de sustancias. Al ex alcalde nadie nunca lo ha señalado. Nadie nunca lo ha acusado. Nadie nunca lo ha comprobado. Tampoco nadie, nunca, lo ha defendido.

 

*

Sentado con su hijo, el 5 de agosto del 2014, miró a tres hombres bajar de un auto y dirigirse a él, que le daba un sorbo a su café, en el centro comercial Interlomas de Huixquiluca, en el Estado de México. Luego cayó, con tres tiros en el tórax y murió casi de inmediato. Era colombiano, de 50 años y se llamaba Jesús Euse Alvarado. Huixquilucan es uno de los municipios más ricos de la entidad pero también uno de los más desiguales. Allí se desarrollan fraccionamientos de superlujo pero también se despliegue la más miserable de las pobrezas. Los contrastes, separados físicamente por un tajo no impiden que la zona rica sea la más violenta y se elija como refugio de capos del narco, tapadera para sus actividades. Allí conviven, entre funcionarios públicos y CEO’s, encerrados casi para siempre en las dizque mansiones y cotos con nombres como Country Club o Herradura. Demasiado poco para líderes de La Mano con Ojos, de operadores del Chapo Guzmán asesinos templarios o de La Familia, resultan sin embargo una muestra física de que en México todo funciona al revés. Huixquilucan fue gobernado por David Korenfeld, actual director de la Comisión de Agua, y por Alfredo del Mazo Maza, director de Banobras, primo hermano de Enrique Peña e hijo de Alfredo del Mazo, ex gobernador del Estado de México. Allí se detuvo a Jesús Alfredo “N”, lugarteniente del Chapo; a  José Gerardo Álvarez Vázquez, “El Indio”; a Édgar Valdez “La Barbie” y a José Jorge Balderas, “El JJ”. Desde allí se envió a La Marquesa, el bosque limítrofe entre el DF y el Edomex, a 24 albañiles para ser ejecutados, en el 2008.

La policía ya investiga el homicidio del colombiano.

 

*

En Toluca, el 4 de agosto del 2014, dos hombres armados secuestraron a la dueña de un negocio de pinturas, El Diamante, en la colonia Parques Nacionales, en plena tarde. “Pistoleros”, dice el diario local Tres PM.

 

*

En Cuautitlán Izcalli muere asesinado, el 6 de agosto del 2014, el ex regidor local Lázaro Melgarejo, luego de recibir cinco disparos.

 

*

El periodista Francisco Cruz describe Luvianos, municipio de Tierra Caliente, en el libro Tierra Narca:

“Desde 2006, el miedo es real. El joven municipio ha cambiado. Es ya un adulto en cuestiones del crimen organizado. Ese año, dos colaboradores del semanario Nuestro Tiempo Toluca, César A. Martínez y Jorge Hernández, hicieron un viaje que abarcó pueblos de Michoacán. Los dos periodistas mostraron el poder de los capos en el Triángulo de la Brecha. Ese año, el Cártel de Sinaloa y Los Zetas, con una violencia sistemática de terror e intimidación, consolidaron una campaña para mantener el control de Luvianos. A finales de ese año, La Familia pondría en marcha su plan de conquista.

Era ya palpable la integración de los pueblos de cada uno de los tres estados. César y Jorge alumbraron parte del lado oculto: “Aquí es la Tierra Caliente michoacana. Es el mediodía. Huetamo, a unos ciento treinta kilómetros al sur de Toluca, se muestra apacible y casi desierto. Los treinta y cinco grados a la sombra, en pleno otoño, imposibilitan actividades al aire libre. Hace calor en serio, pero la paz es rota por una caravana de camionetas que pasa por la pequeña placita central de la población, de unos setenta mil habitantes. Resaltan los AK-47 en hombres de lentes oscuros y sombrero texano. Todo mundo sabe que son asesinos a sueldo. La caravana se pierde rumbo a Tuzantla, otro municipio de Michoacán, con un clima más inmisericorde.

”En las siguientes horas, otros convoyes menos sugerentes vuelven a pasar. Algunos toman rumbo a Ciudad Altamirano y Coyuca de Catalán, la parte guerrerense de una de las zonas más peligrosas del país desde hace años, por el narcotráfico. Para los habitantes de Huetamo eso es normal, sucede casi cada día de cada semana. Están habituados al narcotráfico y a quienes se dedican a esa actividad. No les temen, pues no les hacen daño a ellos, sino a quienes representan a grupos rivales o a los agentes de policía, aunque saben que disparan en el mismo bando. Hace catorce años mataron a nueve judiciales en un retén, antes de llegar a Tuzantla. Buscaban droga, pero se les olvidó que también los narcotraficantes andan armados. Los mataron a todos. Los velaron en la iglesia de San Juan, aquí en Huetamo.

”Desde entonces hay, casi siempre, un grupo de policías que se hacen de la vista gorda. También están los militares, a la entrada del pueblo, pero de allí no pasa su presencia, sólo de vez en cuando. Todos saben quiénes están metidos en eso, y eso es siempre en el negocio de las drogas. Esto sucedió una semana antes de que iniciara un operativo del Ejército en Luvianos en busca de armas y droga, y donde luego de una semana no hubo ningún resultado.

”‘Pero en Luvianos no hay nadie. Todos se fueron. Siempre les avisan cuando van a venir los operativos. Además siempre es lo mismo, movilizan a sus policías, catean unas casas, se llevan a uno o dos y se van. Luego los sueltan, porque no tienen pruebas’, dice sonriente un vecino del municipio, mientras observa sentado, fuera de una tienda, a los militares que detienen a quienes entran al poblado.

”Luvianos fue el primer municipio mexiquense donde el Ejército intervino en forma masiva en la lucha contra el narcotráfico, aunque la orden para irrumpir se dio un día después de que una inexperta célula local de Los Zetas levantó, torturó y, por una decisión que no encajaba en su comportamiento criminal, liberó a dos soldados. Durante toda una semana de octubre de 2007, una partida de al menos trescientos soldados, apoyada por un puñado de agentes del Ministerio Público y de la Policía Federal, se instaló en carreteras y caminos secundarios que comunican a la cabecera municipal con Tejupilco, Bejucos y el pueblo de Nanchititla. Aunque no informaron qué buscaban, catearon catorce casas y predios”.

 

*

Enrique Peña, presidente de México, festinaba que los índices de criminalidad habían bajado el 17 de junio de este año. Lo dijo en Nanchititla, la sierra que envuelve protectora la Tierra Caliente. Allí, rodeado de militares, en un atrevimiento feliz e inspirado, Peña apuntaba que “de los 122 delincuentes más peligrosos y buscados, hoy 82 ya no representan una amenaza para las familias o para las comunidades del país”. Los soldados, mirándolo a él, permanecieron inmóviles, nadie dijo una sola palabra mientras el presidente reía para todos lados e inauguraba, como de paso, una base de operaciones del ejército, estacionado allí desde hace años. Luvianos, con su propia base de Marinos, podría explicar mejor al presidente cómo la convivencia, hasta sana, puede desarrollarse entre militares y narcotraficantes, que se ven las caras cotidianamente y todos los días cruzan sus caminos. Allí, en ese cruzar de gestos y a veces balas, los pobladores han aprendido a callar, a veces y otras a ajuarear su suerte, aunque a veces el luto se atraviesa. Hasta el 2014 el cártel de La Familia controlaba la región, luego de sendos enfrentamientos contra Zetas, Pelones y Marranos. El último participante en la cruenta guerra que ha registrado al menos tres batallas con al menos 150 muertos es el cártel de los Templarios, una escisión de La Familia pero “más chingona porque les vale madre”, apunta un vecino.

Y es que con La Familia los de Luvianos habían aprendido aquellas leyes de La Tabla y, obligados o no, ayudaban a los narcos a pasar el día a día. Las verdaderas autoridades, como les llaman a los narcos, acompañaban a los políticos a sus giras, les armaban sus presentaciones, les ponían vehículos y pagaban algunos viáticos. Pero también se las cobraban, en caso de necesidad. Los Templarios, a pesar de lo dicho por el procurador mexiquense Alfredo Castillo, actual comisionado para la Paz en Michoacán sobre la extinción de los narcos, representan el cártel que mejor ha negociado con el gobierno en una trama de corrupción e impunidad y que mantiene un tercio de la economía nacional.

Las verdaderas autoridades controlan la región pero el último semestre las cosas han cambiado. La Familia, dueña absoluta, ha sido desplazada en el poder local pero también ha sido masacrada. A mediados de junio del 2014, 22 muertos o ejecutados por el ejército ponían sobre la mesa la nueva regionalización. Otros seis ejecutados en menos de 15 días, entre ellos el de un niño de 12 años, Juan Diego Benítez, volvían  poner a Luvianos en el mapa visible del narco. El niño muerto, hijo del locutor de Radio Calentana, Indalecio Benítez, terminó por hacer ver a los habitantes del sur que la indignación no consigue nada, pero el silencio y la solapación tampoco. ¿Qué puede hacer la sociedad civil abandonada por su gobierno? Los de Luvianos no lo saben, y si lo saben la respuesta no será la sumisión. La Tierra Caliente mexiquense comparte todo con sus vecinos de Guerrero y Michoacán. También el deseo de emanciparse y formar su propia entidad, un estado calentano que pueda ver para sí mismo ante el abandono oficial al que ha sido sometido por años. Y ese abandono, abonado en la lejanía y las riquezas naturales inexplotadas, permite también a los cárteles instalarse con total impunidad, o casi.

Indalecio Benítez, además de locutor es cocinero y prepara carnes para quien le pague. Él mismo dice que ha realizado comidas para los narcos locales, como todos algo han hecho con ellos. “Si no lo haces, malo. Si lo haces, malo”, sostiene siempre que se le pregunta al respecto. No sabe por qué lo atacaron pero sí que las cosas están cambiando en Luvianos, un municipio que no rebasa los 40 mil habitantes. La procesión fúnebre y los globos blancos no detendrán nada. Hasta político que hasta hace seis meses se creían intocables han sufrido secuestro y tortura, como el ex alcalde perredista Zeferino Cabrera, cuya historia se entreteje en el cambio de administración que experimenta Luvianos, un municipio clave para entender al crimen organizado y su relación política en el Estado de México.

Luvianos ahora se escribe con T.

El Barco Ebrio

*

El secretario federal de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, sentencia aunque con inseguro y dubitativo, que en el Estado de México las cifras acerca de la criminalidad han descendido en los últimos tres meses. Chong, cabeza visible de un poderoso clan, el Grupo Hidalgo, en estructura muy parecido al Grupo Atlacomulco, hizo estas declaraciones en Ecatepec, durante una gira de trabajo. Alguien tendría que decirle al poderoso secretario que sí, que efectivamente gobierna en un país desmemoriado y apático en los temas más importantes y que a pesar de estar al borde de un estallido social de consecuencias todavía no calculadas, se empeña en tratar como estúpidos a sus interlocutores. Allá inauguró un Centro de Control de Confianza, un complejo con valor cercano a los 30 millones de dólares para evaluar a unos 27 mil policías y entender por qué deben seguir o no trabajando en la seguridad pública. Un tema del que, de antemano, se reconocen algunas causas y casi todas las conclusiones.

 

*

Enrique Peña vive su mundo mágico, de príncipe azul lo mejor que puede. No le importa nada, excepto cumplir con la brutal agenda privatizadora que por supuesto traerá beneficios al México inalcanzable, donde vive el 10 por ciento sus habitantes y quizás ni eso. Su entidad, aquella que lo apoyó a través del priismo ve cómo se derrumba el sueño de la derrama económica. Es verdad, hay obra pública importante, como el famoso tren Toluca-México, pero quien se lleva la tajada más grande es la empresa ICA, relacionada con Arturo Montiel, tío de Peña, entre otros personajes. De nada sirve esa inyección de dinero porque sólo crea empleos temporales y poca, muy poca estabilidad laboral. El negocio del transporte es del Grupo Atlacomulco dese hace décadas. Apenas el 4 de julio, se anunció que Roberto Alcántara, dueño entre empresas de la línea de camiones Caminante, ganó la licitación de la nueva tarjeta de telepeaje en carreteras. Socio de Grupo Prisa, españoles que editan el diario mundial El País, busca además una concesión para operar uno de los nuevos canales de televisión abierta. Todo para los cuates, pues sí.

 

*

Sobrevivir a la privatización bestial de Peña Nieto será tan duro como hacerlo en un Estado donde el crimen organizado comanda los gobiernos, grandes y pequeños, y las asociaciones con cárteles de la droga como Los Caballeros Templarios, por ejemplo, son cada vez más evidentes. La tesos de los involucrados es que México puede desarrollar una sociedad parecida a la colombiana, que halló una paz forzada, de a mentiras, luego de más de 30 años de guerras intestinas, narcotráfico y corrupción a todo galope, y que encontró la ilusión de la democracia porque ya no hay nada más que se pueda explotar. La paz aquella, sudamericana, responde también a la dominación de los mercados, legales o no, y a un evidente cansancio social, donde se tuvo que navegar por mares de sangre y dolor. Colombia es pobre, más que México, pero no más violenta, al menos no ahora. Voltear a ver esa nación es verse en un espejo para entender que el futuro, efectivamente, es lo que allí se observa. La consecuencia de la guerra será siempre una paz forzada, que se quebrará al menor jalón.

 

*

Aunque la colombianización está en marcha en suelo mexicano, pasaran todavía algunos años para se cumpla de lleno esa transición. Mientras, la guerra, invisible o a la puerta de determinadas casas, continúa. Luvianos y la zona sur mexiquense arden sin tregua. El asesinato de un niño, hijo de un conductor de radio local allá es sólo la punta de un hilo que revelará el tamaño de la corrupción existente en aquella Tierra Caliente, tan ignorada desde la oficialidad pero que tantas historias aporta para entender el fenómeno del narcotráfico. Casi todos los niveles sociales están involucrados en aquella actividad, que deja unos 40 mil millones de dólares al año y que de hecho sostiene al menos, a un tercio del país. Casi todos están involucrados, a la fuerza o convencidos, que es lo mismo en todo caso.

 

*

La llegada del hijo de Fausto Vallejo, ex gobernador de Michoacán, al penal de Almoloya a 20 minutos de Toluca, significa más que una simple aprehensión o detención. Rodrigo Vallejo no tuvo de otra que entregarse, literalmente, porque el video donde se observa su reunión con La Tuta, líder de los Caballeros Templarios, es más que convincente. ¿Quién filtró el video de aquella entrevista? ¿Por qué Alfredo Castillo no puede o no quiere capturar al narco más famoso de los últimos meses?

 

*

Uno de los proyectos más “secretos” de Peña Nieto tiene que ver con lo sucedido en la Feria Internacional del libro, en Guadalajara, en el 2011, cuando era aspirante a la presidencia de México. Sus yerros sobre literatura comenzaron a perfilar la figura pública que representa hoy día. Para paliar aquellas metidas de pata, cuando le preguntaron cuáles eran los tres libros que lo habían marcado y no supo decir sino la Biblia, ahora ha encargado a don Emilio Chuayffet Chemor, secretario de Educación federal y ex gobernador del Estado de México, que le haga por favor una biblioteca del conocimiento mexicano, que reunirá lo más granado de la sabiduría azteca.

 

*

Ya tiene todo. El equipo de producción y preprensa, corrección, diseño y etcéteras ya trabajan a marchas forzadas para tener listas las colecciones que, se calcula, pondrán en circulación unos 30 mil libros este primer año.

 

*

Y también está listo el contenido del primer libro. Tratándose del Grupo Atlacomulco, de la cultura del Grupo Atlacomulco, no es difícil adivinar que el emblemático comienzo corresponda a la vida y obra de Isidro Fabela. Así, se le rinde homenaje a este intelectual, forjador de las clases gobernantes de ahora y siempre. Don Emilio firmará elegante el prólogo del libro, luego de que algún ghost writer se lo pase en limpio, pues la obra deberá estar lista a más tardar para el 12 de agosto, fecha de la muerte del prócer de los atlacomulquenses. Enhorabuena para Peña, pues así empareja aquel error de la FIL, aunque sea con dinero público y obras que a nadie le van ni le vienen, a pesar de que adelantan que habrá impresiones hasta de la obra de García Márquez.

La Generación Gerber

* “Francisco Hernández Juárez forma parte de la gerontocracia sindical mexicana. Desde sus oficinas en la calle de Villalongín, en el Distrito Federal, ha visto pasar a cinco presidentes: López Portillo, Miguel de la Madrid, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, seis si se toman en cuenta los últimos siete meses de Echeverría, y siete, con Enrique Peña Nieto”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, publicado por editorial Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz

Una vez que Francisco Hernández Juárez se posicionó al frente de los telefonistas, tuvo fuerza para aplastar a los grupos de la izquierda sindical, a los remanentes del charrismo impuesto por Salgado Guzmán y a grupos empresistas como el de Rosina Salinas —quien contaba con el apoyo de la diputada Concepción Rivera, representante del Congreso del Trabajo—.Con este movimiento estratégico, el líder sindical pasa a formar parte de la amplia y compleja telaraña de maniobras que, desde el inicio del sexenio de Echeverría en 1970, operadores políticos presidenciales tejían a fin de controlar a todos los obreros del país.

Como cada presidente de la República en el México posrevolucionario, Echeverría no resistió la tentación de ejercer el poder absoluto e imponer su voluntad omnímoda —su perversidad maligna— en el sindicalismo promoviendo un reemplazo generacional en el que Pancho encajaba muy bien. Sobre todo, intentaba minar a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y, si era posible, derrocar de una vez y para siempre a su líder nacional, éste sí vitalicio, Fidel Velázquez Sánchez.

Estudiosos del movimiento obrero como Javier García Aguilar, coordinador del libro Historia de la CTM 1936-1990, publicado en 1997, han encontrado indicios sobre las intenciones del presidente: venganza. Se tiene registro de un posible enfrentamiento indirecto entre Velázquez Sánchez y el general jalisciense José Guadalupe Zuno, suegro de Echeverría. La reyerta, que databa de 1972, comenzó cuando Velázquez —en un discurso durante una comida en su honor, organizada por los obreros de la fábrica La Josefina, en Tepeji del Río—, declaró: “En la CTM y en el movimiento obrero se encontrará siempre un ejército dispuesto a la lucha abierta, constitucional o no, en el terreno en que el enemigo nos llame, porque nosotros ya somos mayores de edad”.

Probado ya el mesianismo de Echeverría y su política maniquea, su estilo de gobierno había afectado a los trabajadores que resentían cómo la inflación aumentaba lenta e inexorablemente porque sus aumentos salariales no se sustentaban en la producción y productividad del país, sino en la maquinaria del Banco de México para imprimir dinero. Enterado del señalamiento que afectaba a su yerno, la respuesta del general fue corta y contundente: “Con (Fidel) Velázquez la clase obrera volvió a la esclavitud”.

Lo que haya sido, desde su toma de posesión en diciembre de 1970, Echeverría puso en marcha una campaña abierta contra el viejo líder cetemista, es posible que —como pasaría más adelante en el sexenio de Carlos Salinas (1988-2004)— haya visto en el joven estudiante politécnico Francisco Hernández Juárez a un conveniente sustituto de Velázquez.

Ya desde su época como secretario de Gobernación (1963-1969), un sumiso y astuto Echeverría se había dado a la tarea de formar una casta divina propia con jóvenes que, confiaba, podían gobernar a México por varias generaciones. Conocida como la Generación Gerber, en esa camada destacaban Juan José Bremer de Martino, Ignacio Ovalle Fernández, Fausto Zapata Loredo, Francisco Vizcaíno Murray, Roberto Albores Guillén, José Nelson Murat Casab, Luis Humberto Ducoing Gamba, Carlos Armando Biebrich, Carlos Fabre del Rivero, Francisco Javier Alejo y los no tan jovencitos Porfirio Muñoz Ledo y Sergio García Ramírez.

Aunque no pudieron concretarse todas las ambiciones desbocadas de Echeverría, la Generación Gerber arropó al naciente líder sindical. En el último año del sexenio, el echeverrismo se encargó de reconocer a la dirigencia y legitimar el movimiento que encabezaba Pancho. La pinza la cerró él mismo cuando, del 19 al 31 de julio de 1976 durante la Primera Convención Nacional Democrática (CND) del STRM —la primera después de la revuelta y la huelga del 22 de abril de aquel mismo año—, se dio una información que pasó inadvertida: después de visitar al presidente Echeverría y a otros funcionarios federales —en especial de la Secretaría del Trabajo—, Pancho declaró que el gobierno “ tiene una actitud de respeto al movimiento y que tácitamente” lo mejor era permanecer en el Congreso del Trabajo (CT) —bien conocido como un organismo que reunía a lo más granado de la charrería nacional—.

Los siguientes cuatro años fueron tortuosos para Paco, Pancho. Aun así, en un camino empedrado y cuesta arriba porque se había ido su protector Echeverría —cuyo sexenio terminó el 30 de noviembre de 1976— maniobró para que la III Convención Nacional Democrática del sindicato telefonista aprobara una sugerente propuesta del Departamento de Programación y Recepción de Equipo: “Por esta única vez y sin que cause precedente”, el secretario general podría participar como candidato para dirigir al STRM por otros cuatro años.

Hernández Juárez tomó entonces tiempo para cortejar a algunos de sus adversarios, emprendió una campaña de persecución contra otros, manipuló para que la empresa se deshiciera, vía despido fulminante, de otros más; en fin, hizo lo imposible y consiguió poderes especiales para manejar el sindicato y sentó bases de un esquema de permanencia indefinida en la Secretaría General, a través de un cambio de estatutos que instauraron los originalmente no existía y contra lo que luchaban los juaristas: la reelección. Si nada se interpone en su camino, aquella cláusula especial —“por esta única vez”— sentó precedentes porque, en abril de 2016, Pancho -Paco-Francisco completará su novena reelección consecutiva y 40 años como dirigente sindical. Apenas llegó a los 63 años de edad, pero, desde hace tiempo, Francisco Hernández Juárez forma parte de la gerontocracia sindical mexicana. Desde sus oficinas en la calle de Villalongín, en el Distrito Federal, ha visto pasar a cinco presidentes: López Portillo, Miguel de la Madrid, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, seis si se toman en cuenta los últimos siete meses de Echeverría, y siete, con Enrique Peña Nieto.

Si bien una reforma a los estatutos incluyó una cláusula para separar formalmente al sindicato de la CTM y, por lo tanto del PRI, Pancho acató la medida en lo general, pero en lo particular se fue a refugiar con Fidel Velázquez. Éste y su CTM controlaban, todavía en la década de 1970, las principales oportunidades de movilidad política para líderes sindicales. Hubo quienes intentaron hacer ver en el reconocimiento echeverrista una maniobra incisiva y audaz que, por fin, sentaría bases para liberar a la clase obrera de la CTM. No fue el caso. Más tarde, habría un desencanto generalizado en el gobierno, cuando se hizo visible que Pancho se acogía al espléndido apadrinamiento del viejo zorro Fidel.

Ni Echeverría, ni De la Madrid, ni Salinas, ni Zedillo, cada uno en su momento, ocultaron sus deseos y tentaciones de “jubilar” —para evitar derrocar, deshacerse o relevar— al dirigente cetemista o, como despectivamente lo llamaban algunos, “el lechero de Villa Nicolás Romero” o “el lechero rompehuelgas”. Este tipo de comentarios estuvieron siempre allí, como cuchillos de palo. Nunca hicieron mella en Fidel. Sólo él conocía su poder real. Desde el sexenio de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) se sabía intocable e imprescindible.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 509 seguidores