Grafismos Now

* La fotografía, tan lastimada ahora por ejecutantes del Instagram, “magos del autoselfie”, del registro y nada más, también sigue un camino sin fin. Luego de todo, el verdadero fotógrafo termina por entender o desentender y sabe que no ya no necesita la perfección. Al final de la vida. A los 25 años nada se sabe, ni siquiera dibujar ni tomar fotografías. Menos a los 43.

 

Miguel Alvarado

En Toluca se prefieren actividades callejeras como sustituto de la apreciación artística. El payaso que monta su espectáculo en la calle de Hidalgo, céntrica y cerrada a la circulación para ese laboratorio de chistes al alcance de todos, pista bicicletera que atrae a quienes sólo comprarán una torta y un refresco y regresarán caminado a sus casas si viven al menos a dos kilómetros del centro es mejor que nada. Mejor los payasos que los precios del futbol profesional, por ejemplo, que en la sección de palcos, para gente VIP, cobra 5 mil pesos a abonados.

Todo es cultura, entre los payasos y el futbol, pero no todo es arte.

Productora de pintores, ilustradores, magos de la animación web, la facultad de Artes en Toluca es una de las menos promocionadas, de bajo perfil a pesar de que ella misma organiza sus propios escenarios que incluye bienales internacionales de buen nivel y exposiciones internas. Estas últimas convocan, es verdad, aunque no más allá de sus propios muros.

La exposición colectiva Grafismos Now, en la Galería Principal de aquella escuela es una muestra de actividades in vitro que pueden ser exitosas, incluso hasta en la difusión, pero que por alguna razón se quedan atrapadas en las puertas de aquella facultad. Que pocos las conozcan no significa que desmerezcan. Artes de Toluca puede ser catalogada como una escuela libre, apegada a los protocolos de su universidad, la UAEM, y preocupada por proveer de ideas a los estudiantes, que gozan de una libertad inusual en lo que respecta a la búsqueda de conocimiento. Extraño oasis, el contexto en el que la escuela se ubica ha sido siempre un tinglado de reglamentos conductuales que necesariamente influyen en tiempos posteriores. En la facultad de Ciencias de la Comunicación, por ejemplo, a pocos estudiantes, casi a nadie, les interesa trabajar de reporteros. Tienen miedo o saben que apenas sobrevivirán en el depauperado sistema de medios del Estado de México, que solamente en Toluca genera más de 100 diarios o semanarios, casi todos en la categoría de pasquín y de inaccesible circulación. En la facultad de Artes pocos alumnos saben con certeza cómo podrán ejercer su habilidad en el mercado de la vida real. Nadie duda sobre lo que quiere hacer y lo expresa en pocas palabras: dibujar, pintar, esculpir, no importa que sea en inglés ni que las fuentes de las que aprenden, aleguen su parte correspondiente en la globalidad, la uniformidad, como si eso significara algo en una ciudad de 900 mil habitantes, de cuatro homicidios a la semana. Una entidad de 7 millones de pobres  y cuna del poder político más despiadado del país ubica el concepto de arte cocinado desde Atlacomulco y que a fuerzas permea en los siguientes estratos.

Grafismos Now.

Nadie busca perfección. Sólo gráfica en una exposición compartida entre 14 estudiantes de aquella escuela. Sólo atisbos. Algunas muestras, esos sí, de futura maestría se colgaron de los muros en una curaduría que no contempló los fondos blancos de los trabajos y sus propias paredes. Demasiado albo, es verdad.

Los atisbos, sin embargo, funcionan sobre blanco o sobre negro o sin colgar. Algunos no fueron tan afortunados en su selección, al menos dos artistas que se decidieron por el boceto limpio, acabado, pero al fin y al cabo ejercicio aún. La cara de un boxeador entrelineada rápidamente, porque el dibujante se ha obligado a ejercer de sparring y traza a su rival entre episodio y episodios, es curiosa. El resultado es un dibujo que no dista mucho del trabajo desde la incomodidad, y no es necesariamente malo. Explicado en un video cargado en una tablet, expuesta igualmente con ingenio de artificio, se convierte en oasis, junto a una mujer sostenida de una cuerda columpiada en el abismo del blanco. ¿Se justifica exhibir un boceto, aunque esté acabado? ¿Todo es un boceto? ¿Cuál es la condición que determina la calidad de la gráfica? ¿Su uso? ¿El ornato? ¿La razón del dibujante, intransferible pero también desconocida porque no está allí para explicar? ¿Se debe explicar? ¿Qué dicen los grandes maestros de la gráfica?

La fotografía, tan lastimada ahora por ejecutantes del Instagram, “magos del autoselfie”, del registro y nada más, también sigue un camino sin fin. Luego de todo, el verdadero fotógrafo termina por entender o desentender y sabe que no ya no necesita la perfección.

Al final de la vida.

A los 25 años nada se sabe, ni siquiera dibujar ni tomar fotografías. Menos a los 43.

Luis Enrique Sepúlveda, ilustrador toluqueño, es uno de los participantes en la colectiva Grafismos Now y su trabajo destaca, pues sí, ni modo. Se le puede decir: la gráfica, la suya es muy sincera y se notan las horas de trabajo. Es buena y cumplidora y su espacio en definitiva no está allí, aunque un empiezo es un empiezo. Su serie, “Inaccesible”, le hace honor a su trabajo. ¿El nombre es una salida fácil para titular un trabajo en el que la comprensión final, el desciframiento del mensaje es, básicamente, imposible? No lo sabemos y todavía no hay una regla para esas formalidades, más allá del ingenio de cada ilustrador. Inaccesible es, sin embargo, la serie de viñetas, cuadro por cuadro, seis por cada hoja, que Sepúlveda realiza. Su técnica es simple –aunque lo sencillo es talento- y nada más es una pluma con la que traza paisajes tan complejos como humanos. Eso se agradece porque al menos –he aquí- permiten accesar. Monstruos humanizados o personas como engendros se muestran en cada cuadro. No les falta nada. Son horribles en la finura que una pluma para escribir permite.

Sepúlveda es hábil pero no esconde nada, no hay truco. Tres viñetas son las que emocionan y con eso es más que suficiente. El resto, población anómala de caras, gritos, esperpentos otorgan profundidad y matizan, acompañan el aquelarre de tinta y papel guarro en una desastrada perfección que por sí sola arma su propio escaparate. Esconde más, secretea, abruma. Luego las sombras son aliadas si se saben iluminar, parece decirle a Luis la vecina de enfrente, una serie de cuadros con animales humanizados, bien vestidos, representados por Flor de María Gutiérrez García en cuadros para fotos familiares de antaño. Un perro con el brazo roto y la cabeza vendada reposa sus heridas mientras mira de soslayo, cubierto con un jorongo. Gráfica, pura gráfica que del puro gusto se pone a colgar una afortunada serie donde conviven trazos infantiles con la muestra, casi arrancada a fuerzas, de que el autor sí sabe dibujar, conoce de composición y usa buenamente sus materiales. Óscar Bernal Castillo regala una serie que por fresca emociona y genera, en la pequeña galería, un contraste que se agradece. La niña se mira al espejo y el espejo le devuelve el reflejo pero esta vez caricaturizado, tres rayas a crayola y una habitación pintada apenas.

Una última serie se ensaña en el desgarro de los enfermos. Niños con la vista dañada se escurren por la pared que los cobija. Vendas chidas y ojos inflamados son los que ocupan el inner espacio de Reyes Rayón.

Lo demás no se sabe.

Grafismos Now es lo que es. Gráfica pura. Para unos el inicio, para otros el principio del fin.

Me quedo aquí

* ¿Qué importancia tiene un músico cuando la sensación de aplastamiento, primero económica y luego con todo lo que ello significa para una sociedad sucede inexorable? Tal vez ninguna, porque cómo medirlo, excepto en el terreno de lo personal, que a fin de cuentas responde al terreno de lo imaginado, del supuesto y en última instancia, a la oferta del mercado de discos al que se tenga acceso.

 

Miguel Alvarado/ poema de Selene Hernández

El México de Enrique Peña se prepara para su aventura privatizadora. Todo se vende y todo se ha comprado, incluyendo aquello que todavía no se anuncia públicamente como el agua o la educación y hasta las canciones populares. El México de Peña es un pasillo gigante donde las trasnacionales abren sus tiendas y ofrecen servicios y bienes que no se necesitan. Mientras la presidencia balbucea los beneficios para la población y reactiva de manera oficial el proyecto del aeropuerto en San Salvador Atenco, esta vez por un costo de 120 mil millones de pesos, las reformas peñistas esperan el momento para ser aplicadas en lo práctico. Peña pasará a la historia, junto con su Grupo Atlacomulco y ni ellos saben de qué tamaño será su desatino pero ya están preparando la contingencia. Un departamento casi fantasma reescribe la historia para el sobrino de Arturo Montiel y la oficializa, le pone sellos y caligramas de todos los metales en busca de la veracidad. Peña, millonario, podrá retirarse en paz y vivir en la bonanza extrajera porque en México no tendrá cabida. La población experimentará lo que significa el capitalismo salvaje en su expresión más acabada sin la ayuda de Francis Fukuyama.

El ABC de la muerte no solo alcanza para que México se polarice de una vez y para siempre. Su reconstrucción, si es posible esa palabra aún, raya en la imposibilidad de un milagro. Los milagros no existen, nunca han existido ni siquiera ateniéndose a la ley de las probabilidades. Ese abecedario se extiende inconmovible y rasga la entraña de los que no pueden morir, no importa que sean estrellas de la música pop o rockeros poetas como Gustavo Cerati, muerto el 4 de septiembre del 2014 luego de cuatro años en coma, explicable sólo con un lenguaje médico.

¿Qué importancia tiene un músico cuando la sensación de aplastamiento, primero económica y luego con todo lo que ello significa para una sociedad sucede inexorable? Tal vez ninguna, porque cómo medirlo, excepto en el terreno de lo personal, que a fin de cuentas responde al terreno de lo imaginado, del supuesto y en última instancia, a la oferta del mercado de discos al que se tenga acceso.

Mal mirado, Cerati era uno de los pocos héroes musicales que cantaban en español y lo hacían bien y con el virtuosismo que su técnica y la tecnología le permitieron. Admirado aunque la mayoría no supiera nada de él, excepto que escribía y cantaba, a Cerati le alcanzó solamente su trabajo para morirse en paz.

 

En la nervadura de este árbol te entierro en paz.

En el recuerdo que tengo de mí vengo a enterrarme sola

a azotar mi ataúd, escuchar el nombre del acantilado.

 

Guardaste la negra llave y nadie habló más de ello.

– Mi pie quedó calcado en la sangre donde bebieron los perros.

 

II

Te encontré enredadera junto a la zarza.

Mis plantas se iluminaron, encontraron la urdimbre de esporas incendiadas.

Mi risa te bastaba. No lloré, ¿recuerdas? y tú seguiste rumbo al callejón que daba al ciruelo.

Ahora me une la sola orfandad: te ofrezco la mitad de mi ventana al precipicio

 

entrego sus ojos

 

en ellos hay rocas que caen sin fin.

 

III

Quedan escondidos los arpones en el muelle.

De ellos hablaste tanto mientras te hundías atado a piedras del monte.

Nunca viste al mar tan cerca como los remolinos de gavilanes en busca de abrevadero.

Tuve que enterrarme contigo muerte abajo, como retoño de peces en el redondel del naranjo.

Me quedas lejos, sobre aguas que agitan las vértebras del viento en agosto.

Valle de Bravo secuestrado

* En Valle, la gestión del alcalde Francisco Reynoso comenzó a dar señales sobre el camino que seguiría. Por un lado, abrió las puertas para el desarrollo de eventos y festivales y otorgó facilidades para el desarrollo turístico. Pero eso era fácil. Valle de Bravo está diseñado para eso e incluso la inercia permite que ese sector sigua desarrollándose. Lo que siguió, entonces, fue un escenario de impunidad. Los grupos narcotraficantes llegaron a la cabecera municipal y encontraron en San Juan Atezcapan, una localidad de apenas mil 328 habitantes y que proporcionaba discreción, su propio edén.

 

Miguel Alvarado

Llueve sobre las aguas erizadas del lago en Valle de Bravo, una presa en realidad, que se construyó como consecuencia del Sistema Cutzamala, plan maestro de los años 40 para abastecer de agua al valle de México, que ya crecía ciego, escorbútico, sublaxado hacia cualquier lado y que terminaría por encementar el oriente mexiquense, convirtiéndolo en una sola ciudad interminable que asusta, dicen los que ven aquello desde un avión, porque no se le ve el fin.

En Valle de Bravo no hay nada, además del lago o la presa, que valga la pena. Allí, en las orillas del pueblo, los ricos que México ha dado durante 70 años construyeron casas, algunas tan grandes como una colonia entera en Toluca y emprendieron negocios, casi todos relacionados con la tierra, el turismo y la diversión. Ofrecieron, como no queriendo, cosas que los pobladores no necesitaban y llevaron el progreso a ese municipio, que consistió en hoteles de todas las estrellas, paseos en lancha, bares de nombres impronunciables y restoranes de cocina fusión. Respetaron, eso sí, las calles empedradas y las fachadas de las casas nativas y pudieron convencer a algunos para que vendieran artesanías, sobre todo eso, desde alguna habitación de su casa.

El clima y las bondades innatas de quienes atienden a paseantes con dinero hicieron de Valle de Bravo uno de los sitios más encantadores. Sus bosques, de oyameles y pinos le otorgan una vista de postal que ningún destino en el Edomex puede superar. Allí, a ese pueblo con encanto, mágico por decreto presidencial, llega a vacacionar el poder nacional. Empresarios como el dueño de Televisa, Emilio Azcárraga o el propio presidente de México, Enrique Peña, mantiene propiedades y van de vez en cuando, a pasarla bien o a hacer negocios. Valle de Bravo es un lujo a fuerzas que sigue creciendo a pesar de que la mitad de lo que se cuenta de ese pueblo es una ficción muy bien elaborada.

Gobernado principalmente por la familia Pichardo Pagaza y sus afines, Valle era una tranquila fuente de riquezas para quien entendiera que los procesos políticos, pero también los empresariales, no están reñidos con el placer o las vacaciones. Los Pichardo, ligados también al Grupo Atlacomulco y amables caciques locales, habían llevado una administración pacífica a la que sólo se le puede reprochar la aplicación de la ley en casos de disputa por tierras, como sucedió con el actual dueño del fraccionamiento Rancho Avándaro, José Luis Chaín, y con comuneros de la región, a quien el empresario arrebató tierras para ampliar su edén. La singular protección al socio y al amigo siempre ha encontrado eco entre políticos y operadores y más si sus intereses apuntan al bien común, al de ellos. El último alcalde que perteneció a la familia Pichardo fue Gabriel Olvera Hernández, adherido al PRI y actual diputado local. Olvera no pudo retener la presidencia municipal para su partido y el PAN, con Francisco Reynoso como aspirante a la alcaldía, ocupó el encargo. Esas elecciones, las del 2012, descubrirían las fracturas internas priistas pero también la llegada de un nuevo poder al municipio o, al menos, su pública presencia.

El PAN ganó esos comicios, aunque con algunos apuros. Francisco Reynoso derrotó a la opción priista, Federico Loza Caballero, por un pequeño margen. La historia electoral de siempre, o de casi siempre, también se presentó en Valle. Reynoso, el panista, obtuvo 37.52 por ciento de la votación, mientras que Loza el 36.76 por ciento. En números reales, eso significó una diferencia de 213 votos, suficientes para finiquitar ese proceso.

Loza perdió la alcaldía porque, entre otras cosas, se pasó de sincero. La campaña que había planeado contemplada ganar la cabecera municipal, creyendo que sería suficiente, pero las comunidades lo hundieron cuando no quiso o no supo entender que la base de la política en México es la promesa. En comunidades rurales como La Cuadrilla, los encargados de conseguir votos exigieron a Loza el compromiso de arreglar calles y entubar el agua. El aspirante priista, paciente hasta en eso, escuchó las peticiones de aquellos promotores que le garantizaban hasta 200 votos para la causa a cambio, solamente, de una promesa. Caballero perfecto aunque pésimo vendedor electoral, Loza respondió que no prometería lo que no podría cumplir y desdeñó a los que, ofendidos, dieron orden de no votar por él.

Pero una versión, está sí, grotesca pero perfectamente alineada a los tiempos de la narcopolítica, señala que La Familia Michoacana patrocinó la campaña del panista Reynoso. La organizó de la manera más simple: copiando las estratagemas, burdas pero finalmente efectivas del propio priismo y repartió tanto dinero como el partido tricolor, sólo que lo pagó de inmediato, sin hacer fila y con un ingrediente infalible por si los 500 pesos no alcanzaran. El miedo hizo el milagro. Y si La Familia Michoacana se decidió por apoyar al PAN fue porque con el PRI no se llegó a un arreglo. Si Loza no supo negociar con el poblado de La Cuadrilla y otros similares, menos lo haría con el sicariato purépecha. Los 213 votos de diferencia fueron suficientes, los narcos no exigen demasiado en eso.

El PRI arrasaría el Edomex en aquellos comicios pero perder Valle de Bravo no estaba en los planes de la maquinaria tricolor. Todavía Eruviel Ávila, gobernador mexiquense, hizo un intento por no perder aquel diamante y ordenó un acercamiento con el ganador panista para ofrecerle hasta 50 millones de pesos para que renunciara a la alcaldía. Si lo hubo, ningún ofrecimiento resultó ni siquiera sugerente para el flamante presidente municipal, quien ya tenía armado su equipo de trabajo y con él comenzó a administrar una de las zonas turísticas más prósperas de México.  

El PRI estaba fuera de la alcaldía y el panorama para el narcotráfico, que dominaba la Tierra Caliente mexiquense, cambiaría radicalmente. A pesar de las señales o, más bien, de las advertencias que a simple vista pudieron observarse en los procesos electorales del 2012 en la región sureña, las autoridades estatales y federales se hicieron de la vista gorda. No era el momento de actuar y, en todo caso, ¿por qué se debía actuar dada la importancia económica y ahora política de la actividad del narco y sus colaterales? Involucrados hasta el cuello, funcionarios de seguridad, alcaldes y hasta secretarios de Estado, el área de influencia del narco se amplió. No solamente estaban en áreas rurales, sino que se apoderaban de municipios de alta plusvalía como Huixquilucan, Tlalnepantla o Cuautitlán Izcalli.

En Valle, la gestión de Francisco Reynoso comenzó a dar señales sobre el camino que seguiría. Por un lado, abrió las puertas para el desarrollo de eventos y festivales y otorgó facilidades para el desarrollo turístico. Pero eso era fácil. Valle de Bravo está diseñado para eso e incluso la inercia permite que ese sector sigua desarrollándose. Lo que siguió, entonces, fue un escenario de impunidad. Los grupos narcotraficantes llegaron a la cabecera municipal y encontraron en San Juan Atezcapan, una localidad de apenas mil 328 habitantes y que proporcionaba discreción, su propio edén. Allí se edificaron mansiones al estilo del narco y de la noche a la mañana el paisaje de San Juan cambió radicalmente, no sólo por esas casas imposibles sino porque comenzaron a aparecer cadáveres y las ejecuciones y plagios desde allí se regaron. Destaca el asesinato de una familia entera, cinco personas, entre ellas dos niños, como parte de un ajuste de cuentas en esa zona. El número de muertos está más o menos cuantificado y algunos señalan que pertenecen a bandas rivales o incluso a trabajadores que ayudaron a construir aquellas residencias. Por el lado de Avándaro, Valle de Bravo observó por 70 años cómo el poder empresarial y político de México se afincaba en las mejores zonas. Por el de San Juan, atestiguó como invitado de piedra el asentamiento del narcotráfico, que llegaba no solo para operar la región, sino para vivir allí.

Es verdad que la administración panista se encontró ya con el fenómeno instalado en esas tierras  y tuvo que encararlo como creyó mejor y que fue tragado por un orden establecido por el PRI pero también por el propio PAN, que ya había ocupado la alcaldía al menos en otras tres oportunidades. No se puede entender la presencia del narco sin atender la connivencia del gobierno o parte de sus funcionarios.

La administración de Reynoso no pudo detener la llegada de funcionarios ligados directamente con la actividad del narco, que atendían al público sin esconder su origen. “Somos un grupo, más que político, un grupo de trabajo diferente que vemos las cosas de otra manera. No somos políticos y venimos de muchos lados para hacernos cargo del gobierno porque hacemos las cosas de otra manera”, diría sin miramientos uno de ellos, quien trabajaba directamente con la oficina del alcalde, en el 2012. Y era verdad.

Repentinamente, Valle de Bravo se escindió. Entre semana la actividad criminal ponía cotos a las actividades comerciales de la cabecera y poblados y sábados y domingos desaparecía para darle cabida al turismo, la fuerza económica que mantiene a ese municipio. Pero las extorsiones, los cobros por seguridad y derechos de piso ya se habían instalado convenientemente. Decenas de halcones deambulaban en calles y carreteras y algunas regiones, como el Pinal del Marquesado fueron elegidos como “nidos” o asentamientos de sicarios y operadores. Los productores de madera de la región fueron extorsionados o expulsados. Ni siquiera se salvó el retiro budista, instalado al pie de Avándaro. Ese Pinal fue escenario de una masacre de narcos por parte del ejército, que comenzó a patrullar la región, el 20 de marzo del 2013. Los sicarios, convertido en dueños del villorio, comían en el tianguis local cuando un aviso los puso en movimiento. Una partida de militares se encontraba cerca. Los narcos abordaron una camioneta, aunque no se ha precisado si iban en busca de los solados o huían. La suerte decidiría por ellos. Kilómetros adelante, en una brecha boscosa, el encuentro fue inevitable. Los soldados los identificaron y abrieron fuego. Los narcos respondieron y huyeron en su vehículo, que volcó metros adelante. Allí los remató el ejército, sin mayores ambages. Finalmente sicarios, nadie los extrañaría.

Esa última acción era sólo un reflejo de lo que sucedía porque antes que en Michoacán, las autodefensas se formaron precisamente en tierras vallesanas. La Familia secuestraba a propietarios de ranchos por los que pedía rescates imposibles. Uno de ellos, retenido por días en una casa en el bosque, fue liberado por sus parientes y pobladores, que lo encontraron y a punta de armas se lo llevaron. Los narcos, desafiados y hasta heridos, fueron al pueblo para recuperar a su presa pero fueron recibidos a balazos por los habitantes, organizados adecuadamente. Esas eran acciones, garbanzos de a libra, incluso acompañadas de suerte y mucho valor, que no podían ser tomadas como ejemplo en otras comunidades. El ejército patrulló en el 2013 como sin querer, mirando nada más y de vez cuando rafagueando sombras. Ese mismo año los soldados encontraban una torre de telecomunicaciones que los narcos habían instalados para interceptar mensajes de la milicia y poder moverse con oportunidad. La llegada de un helicóptero Black Hawk a Luvianos, a una hora de Valle de Bravo, no amedrentó a nadie a pesar del terror que generó aquella nave ultratecnológica y que en el 2014 llegaría a Valle de Bravo luego de una ola de plagios que involucró a extranjeros, pero también al familiar de un funcionario federal.

A principios de agosto del 2014 tres hombres desaparecían. El Edomex tiene el índice más alto de plagios del país, con 40 registrados para julio del 2014. La noticia estaba inserta en el panorama “normal” de esa estadística pero la reacción gubernamental fue distinta. Días después, otros casos se presentaron y en 15 días otras siete personas fueron reportadas como secuestradas.

 Un habitante de la comunidad de Velo de Novia, en Avándaro, tiene una versión al respecto.

“Resulta que hace poco, en Avándaro (a mediados de agosto), específicamente en la comunidad de Velo de Novia, llegó un comando de entre 200 y 300 personas, vestidas de negro y armas, a eso de las 4 de la mañana, en autos particulares en los que sólo algunos decía “Antisecuestro”. Ese grupo de gente llegó a esa colonia y la cerraron. Y entraron casa por casa, tumbando puertas para llevarse a personas que supuestamente están involucradas, de alguna manera, con el narco. Los familiares andan investigando en la Procuraduría del estado y del municipio y federal y nada. Nadie sabe nada de los levantados. No saben si es el gobierno o una célula delictiva la que hizo ese acto, aunque por lo que cuentan y las versiones de la gente, yo pienso que es un grupo profesional de gobierno”.

Esa fue la versión que en Valle de Bravo circuló en la calle, después de los secuestros y justo antes de la entrada de la Gendarmería Nacional, invención de la presidencia mexicana, autónoma y de control federal. Pero Valle de Bravo, tan pequeño, no guarda ningún secreto.

“Después se aclaró el misterio… o más o menos. Resulta que hace unas 3 semanas (principios de agosto del 2014) secuestraron a un empresario que tiene su casa o rancho en Valle, en la comunidad de Cerro Gordo. Éste sale a andar en cuatrimoto con su hijo (o hijastro) y un compañero de su amigo. Lo secuestran en la zona que colinda con Zacazonapan y dicen personas del ayuntamiento que a raíz de ese secuestro, en la región de Lanzaderas, de la nada se llevaron a toda la policía municipal, incluyendo la policía turística. Dicen que para hacerles un examen de confianza y prepararlos. Pero…  según los del ayuntamiento, uno de los jóvenes que iban en la moto con el secuestrado es sobrino de Chong. Por eso después se hizo todo ese desmadre. También secuestraron a tres gabachos, aunque los liberaron tras pagar su rescate. Pero eso no lo sacan. Hay más. Hay un güey, encargado de algunos Oxxo’s. Y la semana pasada, unos encapuchados armados lo balacearon cuando cerraba su Oxxo, que está en la gasolinera de la comunidad de El Durazno, en la desviación de Atezcapan y Colorines. El fulano antes estuvo detenido, junto con otros de Valle, por secuestro y vínculos con el narco. Antes de ser detenido fue policía turístico en Valle. A él lo balacearon, pero no sé sí la libró o ya murió”.

Las versiones de los pobladores contrastan con las de gobierno. Que un sobrino de Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación en el gobierno de Enrique Peña fuera plagiado, explicaría por qué la Gendarmería Nacional se estrenara en Valle de Bravo y la detención de al menos 19 implicados en esa ola de secuestros, aunque la nueva corporación policiaca se comporta más o menos igual que todas en relación con el narco, que funciona como siempre, sin mayores dificultades. Valle de Bravo aguarda, pero no sabe bien qué es lo que se avecina.

La moda del nepotismo

* “Para la disidencia interna y sus detractores, Hernández Juárez representa el fracaso de una lucha que trataba de transformar el sindicalismo y lo reprodujo de mala manera. Hoy le ha ido muy bien teniendo una serie de prebendas millonarias, pero, en términos organizativos, la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) —una central obrera que desplazaría al Congreso del Trabajo— está inmóvil y no representa nada más allá de los intereses de una minoría ideológicamente heterogénea, cuyo futuro sigue siendo incierto”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz Jiménez

Francisco Hernández Juárez es capaz de convencer a sus críticos que ya quiere retirarse y que está listo para hacerlo, que no es un cacique ni pertenece a la gerontocracia sindical mexicana. Su imagen, sin embargo, queda maltrecha por la realidad. La disidente Corriente Nacional de Telefonistas por la Democracia ha documentado como, bajo el liderazgo de Pancho, “el sindicato ha perdido 50 por ciento de su materia de trabajo, pues la empresa la ha trasladado a empleados de confianza; compañías filiales y Grupo Carso —Telcel, Cycsa, Sanborns, Imtsa, Telcorp, Comertel Argos, Teckmarketing o Contelmex; contratistas; proveedores como Alcatel, Ericsson, Nec o Philips, y personal eventual sin contrato y sin prestaciones. Telmex, arguyen, se desarrolla y crece, mientras el sindicato se reduce”.

Sin contar con que la cobertura de puestos vacantes por jubilación, muerte, renuncia, despido o cambio a empleado de confianza está en manos de la empresa, el sindicato tampoco ha sabido cómo enfrentar el contratismo o terciarización de funciones. Por eso, alertan, perdió labores de intendencia, conmutadores, automotriz, talleres de equipo telefónico, centros de capacitación, despensas, mensajería, registro de líneas, larga distancia, centrales construcción y postería, en detrimento de los trabajadores.

Y para algunos de sus más acérrimos críticos, como José Antonio Vital, de la Alianza de Trabajadores de la Salud y Empleados Públicos, Hernández Juárez fracasó en dirigir a los trabajadores organizados del país en los últimos 20 años. Igual que Fidel Velázquez no pudo avanzar a un movimiento de representación nacional y se quedó en un esquema de control hacia los trabajadores sin pensar en el país ni en los intereses de la clase laboral, constituyendo un “nuevo feudo con los vicios que combatió”.

No se trata de ninguna broma ni de palabras a la ligera. La imagen de sindicalista independiente de Pancho se daña un poco más cuando se especifican algunos casos concretos. Ejemplo sobran y asustan como lo pone en contexto la disidencia. Si bien los términos de la jubilación no han sufrido cambios desde la privatización, las condiciones reales en que se jubilan los trabajadores significan, hoy, la reducción de los ingresos a la mitad, porque, según la Cláusula 149 del Contrato Colectivo de Trabajo, se concede con 30 años cumplidos de servicios, pero el monto de la pensión jubilatoria contractual se calcula tomando como base al salario de nómina, eliminando, en el cálculo final, los incentivos y prestaciones que representan hasta 50 por ciento de los ingresos de un trabajador en activo.

Para la disidencia interna y sus detractores, Hernández Juárez representa el fracaso de una lucha que trataba de transformar el sindicalismo y lo reprodujo de mala manera. Hoy le ha ido muy bien teniendo una serie de prebendas millonarias, pero, en términos organizativos, la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) —una central obrera que desplazaría al Congreso del Trabajo— está inmóvil y no representa nada más allá de los intereses de una minoría ideológicamente heterogénea, cuyo futuro sigue siendo incierto.

En abril de 2010, cuando se hablaba por enésima vez de su jubilación y, por lo tanto, retiro de la dirigencia del sindicato, se hizo realidad el problema de las jubilaciones. Ese mes se informó: “El año pasado los trabajadores aceptaron modificar las condiciones para los de nuevo ingreso. Se cambió el monto y el tiempo de la jubilación. Ahora van a trabajar hasta los 60 años de edad y 35 de servicio y la cantidad con que se jubilan será un poquito menor, digamos los que nos jubilamos ahora nos llevamos 140 por ciento del salario al que se integran las prestaciones y los que se van a jubilar se van a llevar 110 por ciento. Pero van a ganar más que como activos. Eso atenúa el problema de manera importante”.

Desde 2005, el tema había dado paso al sarcasmo: “En su controvertida estrategia de cooperación sindical para la ‘exitosa’ privatización de Telmex, al ‘visionario’ Hernández Juárez se le pasó en blanco (vamos a ser ingenuos) el pequeño detalle de que algún día sus agremiados tendrían que jubilarse y que su estrategia de mantener la plantilla de puestos básica, así como ‘el nivel’ de los salarios, aceptando el pago por incentivos, sólo tiene valor para los trabajadores activos, quienes una vez jubilados quedan totalmente desprotegidos. […] A pesar de los bajos montos de jubilación, ésta representa ya, políticamente, una bomba de tiempo para el STRM. Según declaró Hernández Juárez en aquella ocasión, es factible que en los próximos años ‘12 de cada 100 telefonistas soliciten su jubilación’. En 2001 Hernández Juárez estimó que para 2002 habría al menos mil 500 jubilados más en la nómina de Telmex y que para 2004 alcanzarían la cifra de 14 mil. Ante tal panorama, recomendó a los telefonistas, desde aquel momento, posponer su solicitud de retiro, si aún están en condiciones de laborar”.

El 16 de septiembre de 2012, Teléfonos de México y el sindicato dieron otra noticia: hacían estudios para poner en marcha un programa de permanencia voluntaria para los trabajadores en edad de jubilarse. En este año el número de jubilados fue de 3 mil, y el próximo promediará una cifra similar. Héctor Slim Seade, representante de la empresa comentó que habían platicado para establecer un punto de acuerdo en la propuesta de permanencia voluntaria. En un receso de la Convención Nacional Ordinaria Democrática número 37 de los Telefonistas, Slim destacó la importancia de darle viabilidad financiara a la empresa. La propuesta, dijo Pancho, es impulsar un programa de permanencia voluntaria que haga que la nómina se estabilice y no represente un gran peso financiero para Telmex. “Planteamos que los trabajadores se queden a laborar cuando menos cuatro años más de manera voluntaria al cumplir sus 31 años de servicio o 65 de edad, a cambio de un paquete de incentivos”.

El martes 3 de octubre de 2007, aprobada ya una reforma que garantizaría en 2008 otra reelección de Pancho, Paco, Francisco, una nueva bomba estalló. Algunos jubilados que habían pertenecido al sindicato, así como la Red Nacional Telefonista, que aglutinaba a poco más de ocho mil trabajadores y tenía presencia en siete estados, entregaron a la prensa un documento que mostraba un desconocido lado oscuro e, irónicamente, humano de Pancho: alcanzada la cumbre y la estabilidad en la dirigencia sindical, jamás olvidó ni desamparó a su familia entera.

Nadie podría considerarlo entre esos personajes que pueden separar su vida pública de la privada. La Red y los jubilados entregaron una lista con nombres y apellidos de familiares de Hernández Juárez que laboraban en o para el STRM. En otras palabras, aunque no siempre se puede juzgar a un líder por su parentela, en 31 años había consolidado el Comité Ejecutivo Nacional del sindicato como un negocio de familia. El documento incluía hermanos, hijos, cuñados, sobrinos, yernos y nueras en distintos puestos de la organización. Entre ellos destacaban sus hermanas Ana María, como contralora en caja; Margarita, secretaria privada; y Teresa, comisionada en la Coordinación General Comercial. Para esa época, los comisionados nacionales, además de cobrar su sueldo íntegro, con todo y el bono de productividad, más los dos salarios mínimos de ayuda estatutaria, obtenían un viático que llego a promediar 22 mil pesos mensuales, libres de polvo y paja.

Ni Pancho ni el sindicato desmintieron la información. El documento incluía a sus hermanos Jesús, Rafael y María Luisa. El primero, en la Comisión Obrero Patronal, encargada de las negociaciones con las empresas Telmex, CTBR (bienes raíces), Tecmarketing y Limsa. El Teto Rafael, técnico en telecomunicaciones, asesor, responsable de la agenda del STRM, y comisionado del Comité Ejecutivo Nacional con la más alta categoría salarial. Y, finalmente, María Luisa, contralora de la Caja de Ahorro de los Telefonistas, conocida sarcásticamente entre los trabajadores como BanJuárez.

En la genealogía de Juárez involucrada con el sindicato fueron incluidos sus hijos Noé y Claudia Hernández Castro. Con un sueldo de 50 mil pesos mensuales, Noé en el manejo del personal del STRM, así como todas las concesiones de las máquinas de café y refrescos pertenecientes al gremio a nivel nacional; además de prestar servicios en el área de Oficialía Mayor. Por su parte, Claudia, fue nombrada coordinadora del Sistema de Información Sindical, desde donde se controlan los trámites de los trabajadores, así como toda la información al interior de la organización.

Incongruencias

* Los eventos que programó la Dirección General de Educación Básica no concuerdan con la supuesta planeación “construida” en los consejos técnicos escolares,  determinada de otra supuesta normalidad mínima y una ruta de mejora, que no se observa en beneficio del mandato constitucional de educación de calidad.

 

Luis Zamora Calzada

Resultan incomprensibles las determinaciones de la Dirección General de Educación Básica contenidas en la circular 179/DGEB/2014, de fecha 30 de julio del año en curso, al ser contrarias a los lineamientos planteados en la circular 167, que ordenó el desarrollo de “…el Plan y Programas de Estudio 2011 para la Educación Básica…”, al establecer las conmemoraciones de fechas especiales, concursos y eventos que restan tiempo para el desarrollo de la tira curricular determinada en los niveles educativos correspondientes.

Señala el deber de “realizar en todas las escuelas la difusión de las fechas, concursos y eventos con operatividad obligatoria”, con el respectivo informe que se requiere mensualmente,  lo que por sí sólo constituye un grave problema que aqueja a la escuela pública, informes que a la fecha se desconoce si se leen y cuál es su aportación real en la administración educativa.

El documento incluye un listado de 36 concursos y eventos cuestionables, con escasas posibilidades de aportación a los planes y programas, destacando los siguientes:

Tercera Semana de Salud.

Semana Estatal de Salud Mental.

Semana Nacional de la Alimentación.

Día Mundial del Lavado de Manos.

Semana Nacional de Vacunación Antirrábica Canina y Felina.

Prevención del Cáncer en los Niños.

Prevención del Cáncer en la Mujer

Campaña Navideña para la Moderación del Consumo de Bebidas Alcohólicas.

Semana Nacional de Información Compartiendo Esfuerzos.

Primera Semana Nacional de Salud.

Día Internacional del Condón.

Día Nacional del Desafío.

Temporada de Calor (cólera).

Los eventos no concuerdan con la supuesta planeación “construida” en los consejos técnicos escolares,  determinada de otra supuesta normalidad mínima y una ruta de mejora, que no se observa en beneficio del mandato constitucional de educación de calidad.

A todas luces es detectable la urgente necesidad de los administradores de educación básica, del conocimiento de forma y fondo de los planes y programas que rigen los niveles de preescolar, primarias y secundarias para crear las condiciones que permitan garantizar su puesta en marcha en los niveles mencionados y evitar improvisaciones que alteran el diseño curricular, que contempla entre otras las temática enlistadas en la circular 179.

 

Tutoría

 

La convocatoria está dirigida a “…docentes y técnicos docentes a participar en el proceso de selección para desempeñar funciones de tutoría al personal docente y técnico docente de nuevo ingreso en Educación Básica, ciclo escolar 2014–2015, con vigencia hasta el fin del ciclo escolar 2015–2016”.

Se define la tutoría como una actividad adicional a las labores de docentes y técnicos docentes y se concibe como un movimiento lateral; el documento denominado “Marco General para la Organización y el Funcionamiento de la Asesoría Técnico Pedagógica Temporal con Funciones de Tutoría”, establece que es un derecho de los nuevos maestros de educación básica recibirla durante un periodo de dos años, con el propósito de fortalecer sus capacidades, conocimientos y competencias profesionales.

Concretamente, establece que son las “acciones y servicios que tienen la finalidad de contribuir a mejorar la calidad de la educación, mediante el apoyo y el acompañamiento a Directivos, Docentes y Técnico Docentes, particularmente para valorar y promover las prácticas de la evaluación interna y externa a la escuela, fortalecer a las escuelas mediante la mejora de la gestión escolar, orientar el desarrollo profesional docente, planificar la enseñanza y analizar los propósitos, contenidos y enfoques didácticos de los programas de estudio”.

Si ya hay tutores con este perfil, entonces la escuela pública es de alto nivel,  porque además deben hacer notar a los nuevos maestros las prioridades de la educación básica  para mejorar las competencias básicas de los alumnos para aprender a aprender; la normalidad mínima de operación escolar; disminución del rezago y abandono escolar; el acceso, permanencia y egreso en la educación básica y el desarrollo de una buena convivencia escolar.

Lo cierto es que no existen muchos prospectos. Los incentivos desaniman a los maestros en servicio al anunciar, entre otras, un nombramiento, reconocimiento y diploma como distinción de las autoridades educativas locales; en el desarrollo profesional y difusión de la experiencia tutora se prometen entrevistas, cursos y talleres y la maravillosa oportunidad de escribir su experiencia; en lo económico se otorgará de conformidad con lo que dicta la Ley General del Servicio Profesional Docente, al término del primer o segundo año de Tutoría, según corresponda, cuando en realidad en dicha ley no se establece cantidad alguna al respecto o lineamientos para su determinación.

Ante este panorama, pretenden que sean los asesores metodológicos y los auxiliares de supervisión quienes desempeñen esta nueva tarea, pero el problema radica en el nombramiento con el que cuentan que, de violentarlo, generará una cascada de demandas laborales.

Está bien que llueva

* Esto es Luvianos, capital del narco que no tiene ni 30 cuadras de extensión. Así como así, la avenida principal es terrosa y desdentada, donde los niños andan en bicicleta como si no supieran de enfrentamientos. Hace cinco año miraba los mismos rostros, los mismos juegos felices. Pero las calles eran distintas. Estaban recién barridas y reflejaban el sol en esa calma de las dos de la tarde mientras las casas ondeaban sus banderas estrafalarias de México y de equipos de futbol como los Pumas de la UNAM y el América, entre esculturas de pegasos y águilas rapaces.

 

Miguel Alvarado

I

Son las 4:19 de la madrugada y junto a la ventana de este cuarto pasa un arroyo muy pequeño pero inconmensurable a esta hora.

Me levanto.

Este aquí se llama Otzoloapan y las cuijas cantan en las vigas mientras comen escarabajos, algunos del tamaño de mi puño. La niebla del ensueño no halla acomodo en su propia, inútil metamorfosis que me deja en el otro lado de esta angustia que quiere decir la puerta abierta, los zapatos al pie de la cama, la ropa sucia, los cigarros que saben a todo lo podrido.

Los escarabajos juegan inmóviles en las vigas y las sombras los acunan para que nada los aprese.

¿Y entonces?

¿Cómo se atraviesa este día, todavía sin luz?

 

II

La niña acompaña a la abuela. Las dos se sientan en el suelo, junto a las sillas donde otros esperan también, a 40 grados centígrados, a que un político venga y les hable de esperanza, los llene de vitalidad. No se sabe por qué, son ancianos casi todos y llevan su credencial de elector en la mano, que la usarán luego para poder firmar un pliego contra la reforma energética que no será aceptado en el Congreso mexicano porque atenta contra la elemental soberanía que significan los negocios con petróleo. 

¿Qué es lo que miro mientras llegan las camionetas en convoy, se estacionan detrás de nosotros y descienden los políticos anunciados, que son recibidos con una porra?

Pero por qué.

Qué es esto.

 

No cierres los ojos, todavía no.

 

Debajo del toldo o de la lona se congrega la población indefensa de Luvianos, la que ya no puede decidir por sí misma ni el pan o la marca de la leche que han de comer, la tienda favorita y las horas para el desahucio desparramadas en una plaza construida a fuerzas, con calzador, encerrando una ceiba, un árbol enorme

 

no tan grande pero sí lo único real en esta bruma de sol y paciencia mexicanas

 

para darle realce al palacio municipal, atrancadas sus puertas por ahora, custodiadas por policías estatales vestidos de negro. Ni parece que haya tantos muertos pero sí, los hay y sus sombras son marcas umbrosas en los rostros de casi todos.

Esto es Luvianos, capital del narco que no tiene ni 30 cuadras de extensión. Así como así, la avenida principal es terrosa y desdentada, donde los niños andan en bicicleta como si no supieran de enfrentamientos. Hace cinco año miraba los mismos rostros, los mismos juegos felices. Pero las calles eran distintas. Estaban recién barridas y reflejaban el sol en esa calma de las dos de la tarde mientras las casas ondeaban sus banderas estrafalarias de México y de equipos de futbol como los Pumas de la UNAM y el América, entre esculturas de pegasos y águilas rapaces. Y es que las casas de los narcos a los que les ha ido bien pueden distinguirse porque son grandes y estrambóticas, con entradas enormes diseñadas para tráileres y camiones de carga, que se estacionan o guardan en negocios inútiles de construcción en un pueblo de menos de 20 mil habitantes que prefieren las estructuras de adobe por frescas y duraderas, a excepción de aquella alcaldía amarilla, decididamente fea y un galerón que tal vez sea un mercado y que también está cerrado pero lo custodia un agente con rifle que escribe algo desde su celular, deshaciéndose en sonrisas mientras sus lentes oscuros, de mica roja, resbalan por su cara.

Les ha ido bien pero los narcos locales no están en sus casas porque los buscan, aunque en realidad es otra cosa. El operativo de seguridad simula que los persigue para no incriminar más balaceras o muertos a destajo, y es que nadie quiere arriesgarse. Así que se van a la Sierra, a Nanchititla, allí junto, a 10 kilómetros y allí viven en casitas de campo y cuando todo se pone peor las abandonan y buscan las cañadas, los barrancos, las piedras grandes como techumbres y se meten debajo. La gente del pueblo les lleva la comida y los atiende porque hay algunos a los que les han ayudado, aunque esos ayudados ya tengan sus propios muertos, ejecutados en los bailes públicos o sacados de sus casas para meterles una bala en la cabeza. Pero la comida, la información y la seguridad nunca faltan, no importa quién sea el favorecido.

Como el policía que sonríe, quisiera escribir desde mi teléfono o trazar una raya en el cuaderno que nunca sacaré porque estorba y me reduce la memoria a lo concreto. No podría dibujar al hombre tatuado desde el cuello que entra a la tienda de enfrente. Que compra un refresco y una bolsa de papas. Que luego se recarga en un pilar y se queda viendo como si nadie mirara. No podría, se mueve. Y me mira, mientras le tomo una foto.

 

III

Las casas de los narcos están construidas para no habitarse pero sí diseñadas para la vigilancia. Todas tienen una torre, propia de un castillo medieval y ventanas en su circunferencia por donde se domina el pueblo. Para ellos son mansiones, de tres pisos o más y deben sobresalir, mostrar carácter, así que las pintan de colores pastel, verdes pistache, por ejemplo, porque las casas de los narcos parecen pasteles de cumpleaños, de quinceañeras para precisar algo, o azules claros que reflejan todavía más la intrincada psicología de quien nada tiene y un día amanece comprando todo a cambio de alguien que se ha muerto. Y matan, pues es así, a veces por 150 dólares. Deben matar entonces a destajo y encima, todavía, proteger la espalda de otros que ni sus amigos son.

Que morirse valga la pena, pero eso cómo lo sabemos.

¿Por qué digo esto?

Porque hay una razón formal, lógica, inimputable que los obliga a meterse a ese negocio y que es el hambre o la pobreza de los suyos y la propia. No todos fueron desafortunados, algunos ya nacieron en familias dedicadas al narcotráfico y lo trabajan incansables, en horarios de 9 a 5 con checador incluido y horas extras pagadas con cierta puntualidad.

Pero a las casas las deshabita la desgracia porque entonces por qué están así, deterioradas y calcinándose hasta de noche. En otras bardas, las de los pobladores nativos, se permite la pinta política y allí aparece el rostro del actual alcalde, José Benítez, trazado a la usanza del Ché, un altocontraste sobre fondo amarillo en el que la mirada del funcionario se pierde en la distancia. Amarillo del PRD, un partido de izquierda entregado hoy al proyecto totalitario de Enrique Peña Nieto, no tiene sentido ni siquiera en esta breve mención.

Las casas, te decía, guardan autos importados, desde porsches hasta ferraris que hace algunos meses todavía se enseñoreaban por esas calles empedradas, parejas para que pudieran circular las máquinas bajitas y no pegaran con algún borde asesino. 

El alcalde Benítez no puede hablar, ni siquiera está, pero tampoco quiero hablar con él. Pues qué le pregunto. ¿Es usted narco? ¿Trabaja para los narcos? ¿Los narcos pagan su nómina? ¿Lo obligan o son sus amigos?

Ya sabemos las respuestas.

No quiero contarte lo de los muertos. No por ahora.

 

IV

Algunos policías toman foto de todos y cada uno. Un niño, casi joven, filma todo el tiempo con un celular o una cámara muy pequeña. En Luvianos el árbol de la placita hace la sombra de un barco para los más cansados, que se paran debajo mientras comen un raspado, toman los refrescos. Los policías son altos pero no imponen, aunque llevan sus armas desenfundadas. Lo que más asusta no es la escopeta sino las cámaras fotográficas que usan, simios, en cada cara que se les atraviesa. Uno me toma fotos y yo le tomo fotos al mismo tiempo. Ni siquiera nos miramos a los ojos, ni siquiera reconocemos nuestros gestos. Los dos reímos o sonreímos, como si todo fuera un montaje y al mismo tiempo –es cierto, al mismo tiempo, sincronizados, como si pudiéramos morir o vivir dos veces- volteamos a decirle algo a alguien, al que está a nuestro lado. Hoy nadie disparará pero no venimos a eso, no habrá muertos cuando el calor está tan duro y apenas puedo sostener la cámara, que se queda sin baterías.

Ella –la abuela- fuma un cigarro sin filtro y ella –la nieta- observa aburrida, como casi todos, la concentración. Todos estamos como secos, cada quién cargando sus propias armas. Ellos sus pistolas, la cámara que asemeja un misil y la anciana un cigarro y una niña, los ojos de una niña que sabe pero no, que detrás de nosotros, los sentados allí, llenos de sombreros para el sol, hay algunos que miran de otra manera. Uno, alguien, llega y se compra un pan, recargado en un pilar de los portales, se desabrocha la camisa, se ajusta la hebilla, se calza las botas y algo le dice al de junto –porque aquí siempre hay alguien junto a uno, y uno más después del primero, hasta que las palabras o las cosas llegan a donde tienen que ir- y luego masca aquel bolo seco pero blando, al fin y al cabo masa que apenas se ha cocido.

Ella -la niña- se irá y vivirá en Illinois o Carolina del Norte, adonde van los despatriados de Luvianos y será registrada como una estadística en cuanto envíe las remesas, tenga los hijos allá, desposeídos de la tierra que, aunque sangrante y jodida, es de uno y de nadie más. O se quede y también sea un número, la columna de alguien en un diario o ni siquiera eso. Juega con su suéter y le dice a la abuela que qué hacen allí, mirando un estrado vacío, a dos metros del suelo.

Esto no es el infierno. Todavía no.

 

V

Andrés Manuel López Obrador es un ex candidato presidencial que lo ha ganado todo, excepto las elecciones. Yo creo que nunca ganará cuando a su alrededor el poder le teje historias de esquizofrenia y megalomanía que la mitad del país cree o considera posibles. De eso, yo nada he visto.

Pero hizo su partido, apenas legalizado hace unos días. Lo llamó Morena y algunos que todavía creen en la democracia van con él pero con los ojos cerrados. Alguna vez López Obrador movilizó a la mitad de México y perdió aquella presidencia del 2006 por un margen de 0.56 por ciento de los votos contra Felipe Calderón, quien iniciaría formalmente una guerra contra las drogas con un costo de 60 mil muertos y que hasta ahora se eleva a unos 120 mil.

López es de izquierda o al menos eso pretende y su negocio es la política. Es liviano, ligero, de palabra fácil y voz fuerte cuando se ocupa. ¿Hay alguna diferencia con el resto de los políticos? ¿Son solamente las ganas de que algo cambie, pero ya, como el canal de la tele o la programación musical, así, rápido, con el movimiento de una mano, un botón?

Cuatro jefes de los cárteles del narcotráfico se han reunido y formarán uno solo, que hará frente a los Templarios y La Familia, jefes de jefes en las plazas del sur mexiquense y que han logrado transmutarse desde las piedras, los cerros y las cañadas que los escondieron al principio, en líderes sociales, alcaldes, políticos de poca monta pero muchas armas y, en fin, sombras, marchas fúnebres y todo eso que aquí, en Cuentla, un pueblo de 500 habitantes, no siempre es negro porque no se puede contra el verdor que descansa el corazón del más entristecido.

Aquí la rabia tiene otra forma y es más lenta, como un río que a veces se quedara sin agua.

Está bien que llueva, que se sienta frío.

El otro sur

* A 38 grados centígrados el cuenco o valle en el que están ubicados esos municipios lucen verdes pero abandonados. Las carreteras secundarias son suficientes sin embargo para que el transporte local todavía circule por ellas. Esas escenas no son nuevas. Tienen decenios los enormes agujeros y la grava suelta, aunque ahora el deterioro es peor porque ya no son de terracería, que aguantaban más. Los caminos son el menor de los problemas para una comunidad que apenas tiene trabajo o que, en el caso de los cuatro municipios, apenas la dejan hacer algo sin que algún grupo cobre protección, derecho de piso o condicione las actividades.

Miguel Alvarado/ primera parte

Con cerca de 30 ejecutados en un mes, entre ellos un niño en Luvianos, la Tierra Caliente del Estado de México confirma su condición de ingobernable, pues a pesar de la presencia de marinos, ejército y policía estatal, la actividad relacionada con el tráfico de drogas continúa sin mayores dificultades y genera fenómenos que no coinciden con las políticas de seguridad de la Federación y del gobierno del Estado de México, que “blindan” los alrededores y fronteras municipales, como Valle de Bravo, pero no detienen a nadie, a pesar de que los habitantes de aquellas regiones saben desde años quiénes se dedican al narcotráfico.

Luvianos, uno de los centro del narco más importantes en la zona centro del país, es paradójicamente una de las regiones más pobres del Estado de México, junto con otros 13 municipios de la zona, tradicional expulsora de migrantes hacia Estados Unidos. Datos del Centro de Investigación y Estudios Especializados de la Población, de la Universidad Autónoma del Estado de México, indican que la mayoría de los municipios en el sur están despoblados en 30 por ciento, como sucede en Luvianos, pero algunos asentamientos han perdido hasta el 80 por ciento de sus habitantes debido al fenómeno. La gente no se va sólo por la falta de oportunidades y la pobreza a pesar de contar con recursos naturales suficientes, aunque sin recursos para explotarlos. La violencia extrema hace mella en las condiciones de seguridad. El último caso, el asesinato de un niño de 12 años, hijo del locutor en Luvianos, obligó al padre, Indalecio Benítez y su familia, a escapar sin que hasta el momento, luego de un mes de la muerte, exista algún detenido. La migración es un fenómeno arraigado en el sur mexiquense y establece incluso usos y costumbres entre jóvenes, que saben ya que deben irse a cierta edad y seguir los pasos de algunos de sus parientes. Sin embargo es precisamente el fenómeno migratorio hacia EU lo que permite el sostenimiento de  los que se quedan.

El municipio que genera más remesas en el Edomex es Tlatlaya, seguido de Zacualpan y San Simón de Guerrero, todos ellos en el sur mexiquense, según el estudio “Migración y Remesas en el Sur del Estado de México”, del investigador Juan Gabino González Becerril, edita por Papeles de Población de la UEAM, en el 2006.  

La región de Luvianos no es la misma de hace dos años, en el 2012, cuando el narco se infiltraba hasta en las giras presidenciales, donde enviaba “halcones” para enterarse de primara mano sobre los pasos de los aspirantes. Salitre, poblado minúsculo del municipio de Amatepec, a 40 minutos de Luvianos, recibía al aspirante perredista Andrés Manuel López Obrador, quien luego de su mitin preguntaba a los organizadores locales quiénes dominaban esa plaza, Templarios o Familia.

– Es La Familia Michoacana, señor.

– ¿Ah, sí? ¿Y están por aquí ahora?

El organizador levantó la cara y dirigió la vista al fondo del escenario, delimitado por lonas, en la pequeña plaza pública de aquel lugar.

– Son ese grupo que está hasta el fondo.

Lo mismo sucedió con cuanta visita política hubo. Hoy son pocos los que se atreven a ir, pues no es una época electoral ni existen condiciones de seguridad que otorguen certezas, aunque sea. Los casos de extorsión y secuestro en Luvianos no excluyen a los jefes políticos, aunque sean alcaldes o representantes de los gobiernos estatal y federal. Uno de esos casos, el más reciente, involucró al ex alcalde perredista Zeferino Cabrera Mondragón, secuestrado hace poco más de dos meses, cuando pasaba con su esposa algunos días en un rancho de aquella localidad. Días después fue liberado, pero nadie supo qué había sucedido ni quiénes habían sido sus plagiarios.

Pero en Luvianos todo se sabe. Municipio de apenas 70 mil habitante y un territorio de 703 kilómetros cuadrados, es imposible no enterarse. Zeferino, por años un jefe político casi intocable, debió observar y nada más observar, cómo el narco se apoderaba de los municipios sureños. Fue uno de los muchos alcaldes que debieron aprender a convivir con “las verdaderas autoridades”, como se conoce a los jefes de plaza de los cárteles, y a delegar en ellos gran parte de los poderes públicos, incluidas decisiones que tenían que ver hasta con elecciones estatales, pago de quincenas, contratación de personal y adjudicación de obra pública.

Todavía el actual edil de Luvianos, José Benítez, se niega a hablar en público sobre el tema de la seguridad después de que en el 2012, antes de tomar posesión en el cargo, librara una emboscada pistolera en caminos vecinales. Benítez ha trabajo en Luvianos siguiendo las mismas directrices de años anteriores. Hay cosas de las que no se pueden hablar, según él.

A Zeferino le pasó lo mismo. Y su secuestro indica que no hay una garantía ni siquiera para quienes representan un poder público. Luego de que lo levantaron en su rancho, al ex alcalde lo llevaron a una casa en el campo, donde lo retuvieron por unos días, sin hacerle daño, hasta que un operativo policiaco se implementó para buscarlo. La llegada de los agentes obligó a los captores a movilizarse. Dejaron aquella casa y se internaron en la Sierra de Nanchititla, donde se escondieron en peñascos y cañadas hasta que aquella operación terminó. Según los vecinos, A Zeferino le tocó vivir en la intemperie por algunos días y dormir sobre rocas o donde sus captores consideraban que no serían vistos. Después lo soltaron, pero con la condición de que él mismo obtendría el dinero para su rescate y pagaría a los captores lo solicitado, que en una primera “mesa de acuerdo” alcanzaría 100 millones de pesos.

Cabrera no pudo reunir aquella cantidad pero su libertad condicionada le dio oportunidad de acudir en busca de consejo con dirigentes e instancias federales. Las negociaciones finales le devolvieron tranquilidad cuando consiguió que los secuestradores se conformaran con 2 millones de pesos, aunque aún seguía siendo alto para el ex edil, quien decidió tomar consejo de la dirigencia nacional, que lo refirió hacia la Comisión Nacional Antisecuestros encabezada por Renato Sales, nombrado para ese encargo por el presidente de México, Enrique Peña. La instancia terminó de negociar el caso, pero no se hizo público si se hicieron los pagos.

A Zeferino lo trataron bien, dicen algunos, pero otros aseguran lo contrario y apuntan que más que el cobro de un plagio se trató de enviar un mensaje desde el crimen organizado para dar a entender que hay un grupo distinto al de La Familia gobernando la zona o al menos peleando por el poder que ejerce el narcotráfico.

Dos años después, López Obrador regresó al sur mexiquense, ahora como líder del partido Movimiento de Regeneración Nacional. Apenas una pequeña caravana lo acompañó, no más de 6 autos, sin ninguna seguridad, aunque el gobierno del Edomex, militares y marina montaron un discreto dispositivo que “encapsuló” a los de Morena en sus traslados. Un kilómetro adelante, un convoy militar abría paso y un kilómetro más atrás, patrullas custodiaban las espaldas de los viajeros. Obrador evitó las cabeceras y sólo Luvianos y Tejupilco fueron visitados frente a la alcaldía, que permanecieron cerradas mientras el ex perredista hablaba en público. La razón de aquella gira era juntar firmas para oponerse a la reforma energética. Muy puntual y sin salirse de lo programado, el viaje llevó a Obrador a puntos específicos donde cumplió sus arengas. Pero Luvianos, Amatepec, San Simón de Guerrero y Tejupilco son mucho más que cuatro poblados. De salud está “bien, gracias”, diría él mismo.

A 38 grados centígrados el cuenco o valle en el que están ubicados esos municipios lucen verdes pero abandonados. Las carreteras secundarias son suficientes sin embargo para que el transporte local todavía circule por ellas. Esas escenas no son nuevas. Tienen decenios los enormes agujeros y la grava suelta, aunque ahora el deterioro es peor porque ya no son de terracería, que aguantaban más. Los caminos son el menor de los problemas para una comunidad que apenas tiene trabajo o que, en el caso de los cuatro municipios, apenas la dejan hacer algo sin que algún grupo cobre protección, derecho de piso o condicione las actividades. Las casas al pie de carretera son ancestrales y se están cayendo desde siempre. Cada uno los cruces mantiene siempre un hombre, al menos, que implementa una tiendita al aire libre de refrescos o la venta de algunas frutas embolsadas. Son jóvenes casi todos, lugareños y los más viejos, los que se sientan en los pórticos de sus casas, señalan como “halcones”.

– La mayoría sí. Miran quiénes entran y se comunican con sus jefes. Los están monitoreando porque en cada cruce hay un vigía y saben con certeza a dónde se dirigen. Si representan algún peligro o algo, entonces los detienen.

La vegetación cubre el campo e invade las rutas. Los sembradíos se implementan hasta en los cerros más empinados y los bueyes muertos son pasto para los buitres, que se disputan hasta los huesos de cualquier cosa muerta que hallen en los sobrevuelos, que son nada comparados con los del helicóptero Black Hawk, que llegó el 27 de agosto del 2014 a Valle de Bravo

Pero esa actividad –detenerlos- sólo se realiza cuando la zona no está caliente. Ahora, luego de tantos muertos, el narco se ha replegado o al menos ha mantenido una tregua, quietud, aunque del otro lado de la sierra la búsqueda de las células del narco Jonnhy Olacoaga, “El Mojarro”, no la interrumpan los militares.

La presencia de helicópteros de alta tecnología no es nueva en la región. Los narcos los identifican como G3 y los lugareños los describen como naves que vuelan con sensores y radares que facilitan cacerías nocturnas o en condiciones climáticas adversas. Equipados con armas que alcanzan rangos de disparo de hasta un kilómetro, las naves de la Marina han causado decenas de muertos, a quienes cazan de vez en cuando. Esta versión de ataque ha causado más terror que bajas, pero es un ejemplo del poderío militar que de todas maneras no se siente porque, dicen los pobladores “nada más no quieren”.

Luvianos es un paseíllo por la intranquilidad. El convoy de Obrador, encabezado por su camioneta blanca tipo Suburban, arranca en los peatones caras de susto. Allí, en esas mismas calles, por ahora cubiertas de polvo y cerradas por un tianguis al pie de la iglesia, el niño Diego Benítez era masacrado por pistoleros que atacaron a su padre, locutor de Radio Calentana. Las mujeres que observan los autos meten a los niños y toman los celulares. Luego, cuando ven los logos de Morena, consiguen calmarse.

“El problema con Tierra Caliente no es nuevo”, apunta un  integrante de la comitiva de Obrador pero que vive en la zona. “La cosa es que ahora hay demasiados grupos delictivos peleándose el control”.

– ¿Y la gente que los sigue son fuereños?

– Eso también ha cambiado. La gente que forma sus grupos ya son de aquí. Antes, cuando esto empezaba, pues había pistoleros de todos lados pero no eran de aquí.

– La gente ya vio…

– Algunos ya vieron que obtiene dinero luego, luego, aunque no tanto. Porque esa es otra parte. Ni siquiera pagan tan bien como pareciera. A lo mejor contratan desde mil 500 pesos, o hasta menos, para los que andan de “halcones”.

– Pero se enganchan…

– Y ya contratados se salen hasta que los matan o los agarran o hasta que consigan una plaza tranquila y asciendan como jefes. Pero como hay muchos que quieren lo mismo, la mayoría no llega a nada.

– ¿Y para quiénes trabajan?

– Nombres no, pero grupos, pues está La Familia, están Guerreros Unidos, están Los Templarios y otros que por allí aparecen de vez en cuando.

– Entonces, quién rifa en Luvianos y Tejupilco…

– La Familia.

– ¿Los militares?

– Pues ahí andan, dando vueltas hasta Amatepec y Tlatalaya, pero nada más. Ahorita todo anda calmado porque están con el desmadre de la Gendarmería y hasta que no se sepa qué, todo estará tranquilo.

– ¿Es distinto el nivel de violencia de ahora?

– Puta, sí. Es que ahora son más y también se han hecho del poder público. No se puede comparar con algunos años atrás, cuando había violencia, pero no en este nivel. Ahora todos se quieren matar entre sí y a los que no andan en eso, también se los echan nomás para no dejar.

– ¿Y qué hacen las autoridades?

 – Pues lo de siempre. Nada. Pero a la gente le falta información, Yo digo que esto que pasa también podría solucionarse un poco si la gente tuviera acceso a libros o en la tele dijeran otro tipo de noticias. Acá en Tejupilco ya todo es peligroso. Es mejor ni venir, aunque te conozcan.

– ¿Y qué pasó en Tlatlaya?

– Unos dicen que el ejército ejecutó a los 22 que estaban en la bodega ésa. Pero no parece ser muy cierto eso porque… mira… esas gentes, las muertas, no eran de la región, venían de Guerrero y entonces usaban esas bodegas para quién sabe qué chingados. Esta vez la versión del ejército es más confiable, pero nunca se sabe. Nosotros creemos que los encontraron y los enfrentaron o los militares pues ya sabían y se agarraron a tiros. Nomás que fueron muchos los muertos. Tlatalya está más con lo que pasa en Guerrero que por acá.

– ¿Y las elecciones que vienen?

– Ya todos se están moviendo. Ya ves a Obrador, que viene con su nuevo partido. Creemos que no le va a alcanzar para el año que viene pero sí para el 2018, cuando ya sea otra cosa. Pero los políticos ya están sobres y parece que no les importa eso del narco porque es inevitable. En Amatepec, ya está la familia Casique, políticos de allá, preparando a su gente para quedarse en el poder con sus grupos. Lo mismo en Luvianos y aquí en Tejupilco ya se empieza la movilización política.

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