El Barco Ebrio

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Algunos consideran que el gobierno federal encabezado por el mexiquense Enrique Peña prepara la legalización de una dictadura donde, para empezar, se criminaliza la protesta callejera. El plan es simple. No se podrá salir a la calle a manifestarse sin permiso del gobierno. Cualquiera que lo haga de otra manera, incurrirá en delitos. El tema lleva sus derivaciones. Así se le concede la razón al gobierno y se ampara legalmente para ejercer lo que todavía se conoce como represión. Esta represión, legalizada, se transforma de facto en la aplicación irrestricta de la ley, como dirían los políticos. Se cree que esta ley alcanzará tarde que temprano las redes sociales, donde sucederá lo mismo pero de manera virtual. Los detalles son lo de menos por ahora, pero ni siquiera los países que los medios masivos describen como represores tienen estas disposiciones. Corea del Norte, Venezuela y todos los ejes del mal, habidos y por haber no le llegan ni a los talones. Y colorín, colorado.

 

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Peo si por un lado la Federación se ocupa en acallar, por otro no escatima en sus propia publicidad. Más allá del increíble gasto que sabemos hace el grupo Atlacolmulco, la última adquisición es una selfie o autorretrato del actor gringo Kevin Spacey junto al mandatario Peña. Lo que primero pasó como una visita de orden social, hasta de “cuates”, se transformó en una de las compras más caras del año, pues esa fotito, hasta mal tomada, propia de un celular por supuesto, costó 8 millones de dólares, unos 90 millones de pesos. Si eso es verdad, todos queremos tomarnos la foto con nuestro presidente.

 

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La reaparición pública de Arturo Montiel no es casualidad ni tampoco se debe a que anda aburrido. Uno de los hacedores de peña, al menos en su primera etapa, siempre ha mantenido fuerte influencia sobre el mandatario mexicano No en balde es su tío. Por allí se ha filtrado que Montiel aspira a regresar a cargos públicos nada más para demostrar su pegada, porque dinero le sobra y, burdo y todo, domina el juego de sombras. No hila como Carlos Salinas, pero ni falta que le hace.

 

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En el Valle de México el gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, puede atestiguar una avenida que lleva su nombre. La foto que le tomaron a la denominación, pintada todavía, y que difundió el diario Reforma, “atraviesa cuatro colonias en el municipio de La Paz y que fue renombrada como Avenida Doctor Eruviel Ávila Villegas” y según el alcalde Juan Medina, se trata de una muestra de agradecimiento porque la entidad “piensa en grande” peor además porque a su municipio se la ha dotado de presupuestos y ayudas extraordinarias. La ciudadanía de por allá está intrigada, pues quiere saber dónde pueden pasar a verificar el cumplimiento de programas sociales y su eficacia, así como las obras realidad. Nadie duda del trabajo del alcalde hasta que se demuestre lo contrario y nadie está en contra de que don Eruviel sea referencia de una avenida, aunque si el reconocimiento se lo ganara con trabajo estaría mejor. Lo del alcalde es, pues, pura cachaza, como dirían los antiguos reporteros.

 

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Y ya que se habla de Eruviel, el góber anda muy feliz inaugurando ferias de libros repletas de novedades y dando claquetazos a novelas de Televisa. En esto último fue muy criticado cuando asistió al Cosmovitral a ver el lanzamiento de la nueva obra maestra de Juan Osorio, que salió bueno para encontrar actrices que se caen de buenas y guapas. Mi Corazón es Tuyo, se llama la superproducción, y es encabezada por los excelentes histriones Mayrín Villanueva, Carmen Salinas, René Casados y Pablo Montero, por lo que la novela garantiza, pues qué más. “En el Estado de México nos encanta mostrar nuestra bellezas y estoy seguro que esta novela va a ser un éxito, Juan Osorio es garantía”, dijo sabiamente nuestro gobernador. Pus qué más podría decir. Una novela promedio, sin grandes luminarias como Lucerito –ándale- o William Levy, le cuesta a Televisa unos 650 millones de pesos, que recupera en dos semanas de trasmisiones.

 

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Está bien que las autoridades de Toluca se preocupen por conseguir que el centro de la ciudad se transforme en una atracción turística y organicen en conjunto escenarios como la pasada feria itinerante del libro. Cientos de miles acudieron a la Plaza de los Mártires hicieron posible que vender libros se transformara en negocio para todos. Aplaudido, el municipio consigue congruencia en propósitos y acciones, al menos en lo se refiere en la apuesta “educativa”. Sea como sea, ahí van. Pero lo malo es que, por otra parte, también ha dejado de lado, desde que inició la administración de la priista Martha Hilda González Calderón, el tema de la inseguridad. Tanto así, que hasta los militares patrullaron algunos días las calles de la ciudad. En Metepec elementos de policía federal realizan rondines a todas horas por colonias consideradas como peligrosas, como La Pila y La Pilita. Los resultados no los conocemos pero pronto se sabrán.

 

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Y Toluca, ensimismada en el fervor de la educación, olvida. Apenas el 20 de mayo a las 12 del día, en la calle de Horacio Zúñiga, justo atrás del mercado Morelos, en la colonia del mismo nombre, un hombre estacionaba su auto para hacer alguna diligencia en la zona. Más tardó en abrir su portezuela que en verse de pronto de rodillas, apuntado con una pistola, por dos sujetos que viajaban en motocicleta. Y en plena calle, a las 12 del día, con un montón de gente alrededor, los ladrones despojaron al hombre de todo. Quienes pudieron se refugiaron en los comercios cercanos y quienes no optaron por solamente no meterse. Realizado el atraco, los ladrones huyeron sin ninguna dificultad y media hora después ninguna patrulla había aparecido. Como pudo, el hombre se fue del lugar aunque dejó su vehículo, pues los pillos le quitaron las llaves.

Así ni cómo leer las 50 Sombras de Grey, por acordarnos de algún título novelesco de moda.

El rey de los monstruos

* Para los mexicanos acostumbrados al gran dinosaurio la película no es ninguna revelación. Inevitablemente surge la comparación, malísima por inocente, pero más porque Godzilla se queda corto, contra el régimen político, del partido que sea, que domine la administración pública. La inmensa mole de aquella lagartija se echa encima de todos. Los mata a todos con tal de atacar el mal, que no es otra cosa que una pareja de novios de 250 metros de altura, negros carboníferos y con mala actitud ante las reglas de etiqueta.

Miguel Alvarado
Ahí estaba Eriviel Ávila muy sentado en la inauguración de la Feria Itinerante del Libro, en el centro de Toluca, acompañado, entre otras personalidades, por la alcaldesa de Toluca, Martha Hilda González Calderón. Toda la Plaza de los Mártires, donde los mítines políticos y las dizque protestas de Antorcha Campesina meten hasta 10 mil acarreados, fue dispuesta para tender unas carpas que más parecían tiendas de campaña de reyes cruzados o jeques anticristianos en plena batalla en algún desierto. Todo muy bien, la verdad, decían unos mientras Eruviel se soplaba una actuación bastante desastrosa pero eso sí, muy ridícula, de tres jóvenes disfrazados de Nezahualcóyotl, don Quijote y la infaltable musa de la mercadotecnia cultural mexiquense, Sor Juana Inés de la Cruz.
Organizada por Porrúa, sus submarcas y algunos colados, la Feria es en realidad un espacio de ventas inventado por los libreros para tratar de mover un producto que en México al 90 por ciento de la población le vale madres. Han tenido que entrarle desde hace años a la industria de la superación personal y ahora, con brutal enjundia pero muy sonrientes editan toda clase de historias referentes a bellísimos vampiros y hordas zombies que dominan el mundo, hermosamente ilustradas, al menos en la portada, y con letras de hasta 14 puntos para combatir hasta la ceguera. A estas alturas, leer el Libro Vaquero es un acto de heroísmo cuando los compas apenas se apuntan 2 libritos al año, dicen las estadísticas nacionales. Y está bien. De todas maneras los que dicen que leen un poco más de cualquier forma optan por novelas o narrativa que en todo caso tiene la misma función que los denostados best-seller. La evasión ha sido parte fundamental de la industria editorial porque todos tenemos derecho a un rato de esparcimiento. Lo malo es que ahora el futbol sobre todo y el maldito facebook acaparan cualquier tiempo libre pero también ya establecen un estilo de vida del que veremos sus efectos en menos de 15 años.
El resto de los libros, la información dura, técnica o al menos los de investigación periodística siguen esperando el tiempo de los justos. Para eso está la etapa escolar, dicen otros. Claro, no es lo mismo que Diego Osorno y sus reportajes sobre narco compitan con Pérez Reverte o Élmer Mendoza y sus crónicas sicarias disfrazadas de ficción. Los dos últimos al menos escriben con todo el rigor de la fantasía. El otro, apenas lo que le dan sus investigaciones y el marco de su propio periodismo, que no le alcanza para ninguna forma literaria pero sí para arriesgar la vida en una de ésas. Y todo por una historia, que bien merece la pena.
Pero resulta que el principal reclamo y prioridad de Toluca y el Estado de México es la inseguridad. Al lado de ese tema el problema de no leer es bastante superfluo. Todo estaría bien, incluso con todo y Jorge Bucay, un experto en compartir psicodramas y terapeuta gestáltico e invitado especial del ayuntamiento para esa itinerancia. Ya ni siquiera se les pide a las autoridades que no sean corruptas o no despilfarren los dineros. No lo harán jamás. La inseguridad ha colocado aquí un escenario más peligros que el de Michoacán o Tamaulipas porque en la tierra de Peña Nieto se niega el crimen desde lo oficial. No se acepta que el narco y la delincuencia están fuera de control y que la mayor parte de las veces las autoridades y los pillos están del mismo lado. Leer, estudiar, etcétera no es posible cuando la prioridad es comer y evitar una balacera. Un municipio educador debe… ah, pero ya, porque qué aburrido volver a decir lo mismo. Pero ya lo último, porque un municipio educador educa o provee y mantiene la seguridad. Qué quieren. Es más fácil poner una librería por 8 días que combatir al crimen.
Ora que si no nos pareciera, pues también están el cine y sus propuestas, unas más cachondas que las otras. Para la ciudad está bien Godzilla, el Rey de los Monstruos y que en una versión superrecagada escandaliza las salitas del benémerito Cinemex, por cierto la única opción que hay en la ciudad, y que por cierto el ayuntamiento de Toluca le embargó hace unos días una pantalla por quedar a deber algo, no se especifica qué, en el cine ubicado entre la avenida López Portillo y Alfredo del Mazo. La otra opción es la piratería, pero es tan combatida por los televisos que ya hasta pena da mencionarla, aunque esté controlada por el narcotráfico. Unos dicen que también Televisa. Y el gobierno. Y la música. Y así.
Pero Godzilla no se fija en pequeñeces. No es broma que mida como 300 metros de alto y tenga un espinazo bien chido del tamaño de Manhattan. Además es bien cuate porque a los destructores y naves norteamericanas que se aprestan para salvar al mundo de otros gigantes pestíferos pero muy, muy malos, casi los acaricia y nada junto a ellos en los mares más peligrosos. Godzilla domesticado, pues, sólo es nos faltaba, que el imperialismo yanqui (aquí van trompetas de guerra, por favor, y la imagen de un águila y Tom Cruise… al fondo un F-16 y la guapa chica en microcalzones esperando por un beso y lo que sigue) terminara con el símbolo cinematográfico de los japoneses vencidos a bombazos en la Segunda Guerra Mundial. Godzilla, vencedor del peludo Kong aunque azote de Tokyo y otros poblados, se somete al encanto de San Francisco y lo destruye felizmente en aras de un bien común. A güevo. La película número 27 de este tiranosaurio le va agarrando el estilo de una narrativa con menos cabos sueltos y a veces, hasta suspenso le incluye. Es increíble cómo una lagartija gorda y testaruda puede conseguirlo todo. Hasta una actriz de primerísima consiguió aquella producción y Juliette Binoche, ya madura y todo lo que eso significa, aparece sus buenos 5 minutos al principio, hasta que la mata una nube radioactiva y un derrumbe la termina de convertir en una caca muy francesa.
Para los mexicanos acostumbrados al gran dinosaurio la película no es ninguna revelación. Inevitablemente surge la comparación, malísima por inocente, pero más porque Godzilla se queda corto, contra el régimen político, del partido que sea, que domine la administración pública. La inmensa mole de aquella lagartija se echa encima de todos. Los mata a todos con tal de atacar el mal, que no es otra cosa que una pareja de novios de 250 metros de altura, negros carboníferos y con mala actitud ante las reglas de etiqueta. Ellos sólo querían copular, debemos decir en su descargo. Total que el mexicano verá esta ocasión a Godzilla con un atisbo de copete muy a la Peña Nieto y no podrá tragar sus palomitas tranquilamente. Nada mal para una película de 160 millones de dólares y que en menos de 15 días ya tiene cerca de 200 recaudados.
Nada más para cerrar. No vayan a ver Gozdilla a menos que los invite una chica y si está buena, mejor, porque hay tiempo suficiente para acomodarse las manos fuera del pantalón.
México produce 330 millones 700 mil libros al año. El 47 por ciento lo hace la IP y el resto el gobierno. El mexicano lee en promedio 2.94 libros al año. El 70 por ciento de la población no lee nada y sin embargo el país ocupa el lugar 24 a nivel mundial en la lista de los países lectores. O sea, cómo. Hasta marzo del 2014 el Estado de México registraba 640 homicidios dolosos y se posicionaba en el primer lugar nacional. Hasta enero de este año era primer lugar nacional en secuestros y extorsión y tiene a once municipios ubicados entre los primeros 20 en el rubro de lesiones dolosas. Hay más, pero Godzilla se acerca disfrazado de funcionario del SAT.

El virrey

* Alfredo Castillo es uno de los representantes más autorizados del presidente Peña Nieto y su equipo de patrocinadores. Eficaz como operador político, tuvo que elegir cuando le presentaron la disyuntiva. Hasta ahora lo ha hecho bien y ha demostrado que la obediencia es un punto clave para conseguir objetivos políticos de grandes repercusiones. Y es que no se entiende que alguien acepte una operación como la de Huixquilucan y después la de Michoacán si no tiene aspiraciones políticas de primer nivel. Alfredo Castillo, se sabe desde Michoacán, será la primera opción de Peña Nieto para la gubernatura del Estado de México después del sexenio de Eruviel Ávila.

Miguel Alvarado
“El MP me pidió bajar un cadáver y sostenerle la cabeza para una foto”, dijo José Manuel Mireles, el depuesto líder de las Autodefensas en Michoacán y quien advierte que el verdadero narcotráfico es el que encabeza el llamado Papá Pitufo, Estanislao Beltrán, quien ha pactado con Alfredo Castillo Cervantes, Comisionado para la Paz en Michoacán, el reparto de la tierra purépecha.
No queda claro a quiénes combaten Alfredo Castillo y la Federación. El primero, un ex procurador de Justicia mexiquense en tiempos de Enrique Peña y que decidió que la niña Paulette Gebara estaba perdida debajo del colchón de su propia cama, con tres días de muerta en el 2010. El mapa político del país no es el mismo para el narcotráfico. En este último se ubica al Estado de México, Michoacán y Guerrero en una sola región. Cuando se habla de alguna de estas tres entidades en cuestión de narcotráfico es necesario pensarlas como una sola.
Castillo, con el poder militar y económico que otorga un presupuesto nacional dejó primero, a principios de este año, que los grupos de autodefensas pelearan y ganaran una guerra que no les correspondía. Luego los deshabilitó y dividió. Si bien los informes oficiales dicen que el equipo al mando de Castillo mató a dos líderes de los Caballeros Templarios, Enrique Plancarte y Nazario Moreno –a éste último por segunda vez- todavía no se sabe por qué no se ha podido capturar a último de ellos y más poderoso, Servando Gómez Martínez, La Tuta, de quien los autodefensas escindidos y ahora simpatizantes del ex vocero de aquella agrupación, José Manuel Mireles, ubican como el hombre que entregó a los presidentes municipales encarcelados por nexos con el narco y filtró un video en una reunión con el ex gobernador interino de Michoacán, Jesús Reyna. Todos están presos menos el capo, a quien en redes sociales se ubicaba a través de cuentas de los propios Autodefensas, cuando todavía formaban un solo frente.
Castillo ha despresurizado la acción militar en Michoacán y su trabajo representa uno de los frentes más difíciles en la administración de Peña Nieto, urgida de resultados inmediatos luego de promover un sinfín de reformas, casi todas privatizadoras y de control fiscal. Una nota del diario Unión de Guanajuato afirma que el salario de Castillo para la operación michoacana es de 23 mil 667 pesos como sueldo base, pero percibe una compensación por 171 mil 41 pesos mensuales, lo que da un salario bruto de 194 mil 708 pesos. “Si Alfredo Castillo Cervantes fuera gobernador sería el segundo mejor pagado, sólo detrás de Eruviel Ávila Villegas, del Estado de México. El gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, tiene percepciones por 107 mil 282 pesos mensuales”, apunta ese diario.
Mientras La Tuta evade milagrosamente la acción militar y se hace humo, el grupo delictivo que en realidad ha sido desintegrado es La Familia. Oficialmente, la Federación la “desapareció” el 21 de junio de 2011, con la detención en Aguascalientes de Jesús Méndez Vargas, alias “El Chango”. En realidad se trataba de un efecto mediático. Incluso en Wikipedia, la enciclopedia electrónica más popular del mundo pero no la mejor fuente de información, se da a conocer que en el Estado de México ese cártel está desaparecido. Colocar esa información allí no es casualidad. Pero mientras eso se propaga la realidad es otra para la entidad mexiquense, donde en el Triángulo de la Brecha se libra una guerra por el control de la región entre Templarios, La Familia y hasta los Zetas, que ha dejado más de 50 muertos no reconocidos por el gobierno en los últimos meses. La Tuta, por ejemplo, es ubicado en el municipio de Arteaga “en su casa bien a gusto”, según el propio Mireles.
En Michoacán los Templarios no fueron combatidos como lo dijo el comisionado Castillo. El grupo de Mireles lo acusa de proteger a ese cártel y llegar a acuerdos para gestar un nuevo orden en el narcotráfico. La Familia, desplazada, no se ha desintegrado como también lo dice la Federación y en este campo de simulaciones se orquesta una nueva operación que elimina intermediarios y garantiza que la producción de droga se mantenga. Porque si bien han caído Plancarte y Moreno, no se ha detenido la entrega de estupefaciente en el país y el extranjero.
La política en México significa trabajar para los intereses de un reducido grupo que no tiene nada que ver con la ciudadanía o con el cumplimiento de la ley o con las mejoras comunes. Es solamente la cooperación acertada y eficaz para que algunos obtengan poder, dinero o algo que, según ellos, es de suma importancia, como el control y trasiego de la droga, que así nomás deja 40 mil millones de dólares al año en ganancias brutas.
Alfredo Castillo es uno de los representantes más autorizados del presidente Peña Nieto y su equipo de patrocinadores. Eficaz como operador político, tuvo que elegir cuando le presentaron la disyuntiva. Hasta ahora lo ha hecho bien y ha demostrado que la obediencia es un punto clave para conseguir objetivos políticos de grandes repercusiones. Y es que no se entiende que alguien acepte una operación como la de Huixquilucan y después la de Michoacán si no tiene aspiraciones políticas de primer nivel. Alfredo Castillo, se sabe desde Michoacán, será la primera opción de Peña Nieto para la gubernatura del Estado de México después del sexenio de Eruviel Ávila.
José Manuel Mireles lo corrobora en una entrevista otorgada a la reportera Sanjuana Martínez: “ya hay negocio con Castillo. Sé que en la casa de la mamá de “La Tuta” cuando entramos a Arteaga, los Viagras, Burro, Pitufo y Cinco, sacaron 30 millones de dólares en un fondo que estaba allí en la cocina. Me dicen que le dieron 5 millones de dólares a Castillo, porque dice que él quiere ser el gobernador del Estado de México y tiene que juntar fondos desde ahorita. No me consta, pero desgraciadamente todo lo que digo desde hace 14 meses, de lo que me cuentan la gente que estuvo allí, sale cierto, como lo de Chucho Reyna que ahora está preso y algunos presidentes municipales que ya están presos y algunos senadores y diputados que todavía no los exhibimos, pero andan detrás de ellos”.
“— ¿Cree que Castillo lo quiere eliminar y que fue el responsable de su destitución?
“— Claro, a mí me habló un contacto que tengo y me dijo: “De la oficina de Castillo están saliendo las actas para destituirte”. Es represalia por lo que le estoy diciendo a Peña Nieto: ‘queremos hablar contigo, porque los interlocutores ya agarraron línea, ya andan en otro lado’. Y como hay muchos miles de millones de pesos, allí están. ¡A huevo!”.
La repercusión de una guerra verdadera pero con los frentes poco claros pega ya en el Estado de México. Comerciantes ambulantes de Toluca denuncian, por ejemplo, que las calles de la ciudad están vigiladas por halcones de los Templarios, quienes les dicen que son el nuevo grupo que controla la ciudad. Si se atiende a la versión oficial sobre el combate a los Templarios, resulta hasta cómico que Castillo, el ex procurador de Peña cuando era gobernador, los eche de Michoacán pero el efecto los encamine precisamente a la capital del Grupo Atlacomulco.
La llegada y el asentamiento de un cártel siempre han tenido que ver con el permiso, el acuerdo de las autoridades, ya presionadas o por conveniencia. La llegada de la Familia a Toluca, luego de controlado el sur mexiquense, sucedió precisamente así, cuando el ayuntamiento local al menos se hizo de la vista gorda en el 2003 y puso a los propios ambulantes en bandeja para ser extorsionados. La colusión de autoridades de primer nivel y mandos policiacos hizo posible el mercado. Sucede lo mismo con los Templarios. El Efecto Cucaracha representa, en todo caso, una puerta abierta para los empresarios de la droga.
Castillo en Michoacán ya es testigo de las primeras denuncias sobre la actividad de sus policías rurales, llamados así cuando los autodefensas afines a él se institucionalizaron. En el municipio de Aquila, los comuneros denuncian extorsiones de los nuevos policías por hasta 700 mil pesos mensuales a cambio de brindar seguridad. El fenómeno es el mismo que con los templarios, y que el ex procurador del Edomex alienta el paramilitarismo y confronta a las comunidades”, reproducía el semanario Proceso el 14 de mayo del 2014.
“Han amenazado a las autoridades comunitarias, dicen que si no les entregamos lo mismo que le dábamos a Los Caballeros Templarios, nos van a levantar y nos van a matar, ya no puedo entrar a mi oficina ni organizar una asamblea porque llegan a exigirme el dinero”, denuncia el presidente del Comisariado de Bienes Comunales de Aquila, Octavio Villanueva Magaña. Eso sucede en las narices de las fuerzas federales.
Lo mismo pasa en Luvianos, Estado de México, donde un comando de sicarios puede tomar el palacio municipal, levantar a siete policías y asesinar a un funcionario mientras una base militar se establece a cinco minutos, a pie, del edificio.
Pero la guerra en Michoacán está lejos de finiquitarse. José Manuel Mireles, el depuesto vocero autodefensa, afirma que el 70 por ciento de aquel estado está con él y que Castillo no los ha dejado entrar a capitales michoacanas porque protege a los jefes del narco.
Entonces, ¿quiénes son los malos? ¿Qué es el gobierno?
Lo que pasa en Michoacán sucede en el Estado de México.

Un asesino en el sindicato

* “El pistolero salió corriendo del lugar para abordar un auto que ya lo esperaba, según la declaración de la acompañante quien, después de unos segundos de sorpresa, subió al Grand Marquis, lo encendió y salió para tratar de dar alcance al asesino. No lo logró. En unos minutos, la noticia prendió. En el fuego vivo, las primeras conjeturas apuntaron a una riña con borrachos, un asalto o una venganza pasional. Nada de eso sería verdad. Nadie tampoco lo habría creído”, escribe Francisco Cruz en el libro “Los amos de la mafia sindical”, editado por Planeta en el 2014.

 

Francisco Cruz

Aunque los pormenores en archivos de ferrocarriles eran un caos con documentos reservados, en el mejor de los casos, o perdidos; y a las memorias de gestión administrativa y sindical sólo un puñado de funcionarios tenía acceso, había otras cuestiones que, vistas a la distancia, peraltistas y Gómez Zepeda no podían dejar en manos de sus enemigos porque representaban una mina de oro. Según se supo más adelante, en el gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) se gestó un curioso acuerdo que, palabras más, palabras menos, otorgó el estatus de reserva territorial, para beneficio de los hijos de los obreros, a las casas en terrenos de Ferrocarriles Nacionales de México. Ese mismo beneficio recibían los terrenos que no fueran de utilidad para la empresa, por más que ésta —desde que la dirigió Caso Lombardo entre 1986 y 1988 y a través de contratos fantasma— los hubiera puesto a la venta a particulares con el visto bueno del sindicato de Peralta, como establecía el modelo neoliberal que se adoptó en 1982.

Desprotegidos, los obreros poco se enteraron de que, sólo en 1992, se habían regularizado 900 mil metros cuadrados, mientras que otros 610 mil metros estaban en proceso de regularización, dentro del Programa Habitacional Ferrocarrilero. Peña Medina, el vocero de Praxedis, le dijo a la revista Proceso en 1993: “En el Contrato Colectivo de Trabajo se estipuló que cuando los terrenos no sean de utilidad para la empresa, pasaran al patrimonio de los trabajadores. Sin embargo, durante mucho tiempo hubo irregularidades en el procedimiento para beneficiar a las familias ferrocarrileras, por lo que las autoridades habían decidido suspender todo trámite para desafectación del dominio público de Ferrocarriles a favor del sindicato. Pero se creó una comisión para cotejar en su momento todos los predios que ya están decretados […] Y se agilice su regularización”. Poco antes de que se pusiera en marcha el programa para concesionar ferrocarriles, se supo que en el aire estaba el destino de cerca de 70 millones de metros cuadrados de terrenos propiedad de la empresa.

El desbordamiento de pasiones en la guerra por controlar al sindicato ferrocarrilero llegó a los extremos porque la organización era y es vista no sólo como un gran negocio porque los líderes, además del control de las cuotas obreras y el manejo del fondo de los pensionados, tienen sus espacios de operación en el Partido Revolucionario Institucional. Abierta o soterrada la disputa, todas las noticias quedaron sepultadas en los primeros minutos de la madrugada del 17 de julio de 1993, cuando Praxedis Fraustro Esquivel, el secretario general del sindicato y diputado local por un distrito de Nuevo León, fue asesinado de dos balazos por la espalda apenas al llegar al hotel Pontevedra en la zona de Buenavista, casi frente a la estación del ferrocarril en la ciudad de México.

La prensa dio cuenta al día siguiente. Y la facción opositora en el sindicato puso énfasis en las versiones del homicidio del fuero común, producto de un intento de asalto; también se hicieron intentos por esparcir los rumores de crimen pasional. Fernando Miranda se dio a la tarea de reconstruir el atentado: “En el estacionamiento subterráneo del hotel, apenas el líder bajó de su automóvil, un Grand Marquis rosa chiclamino —acompañado por una mujer con quien sostenía relaciones extramaritales—, cuando, de entre la penumbra, surgió un pistolero que se aproximó con un arma de fuego y le dio dos balazos a quemarropa: uno en la nuca y otro en la parte baja de la espalda. Praxedis se hospedaba en una lujosa suite desde que había tomado posesión como secretario nbacional del sindicato. Pero esa madrugada en especial estaba en el hotel porque a las ocho de la mañana participaría en la ceremonia del Día de la Nacionalización de los Ferrocarriles, en la explanada de Buenavista.

“El pistolero salió corriendo del lugar para abordar un auto que ya lo esperaba, según la declaración de la acompañante quien, después de unos segundos de sorpresa, subió al Grand Marquis, lo encendió y salió para tratar de dar alcance al asesino. No lo logró. En unos minutos, la noticia prendió. En el fuego vivo, las primeras conjeturas apuntaron a una riña con borrachos, un asalto o una venganza pasional. Nada de eso sería verdad. Nadie tampoco lo habría creído”. Esa muerte despertó reacciones de dolor y rechazo.

Todos los ferrocarrileros, y esa era una verdad, recordaron que, en la primera semana de febrero de 1992, Praxedis le había ganado la Secretaría Nacional a Peralta, al grupo Héroe de Nacozari de Gómez Zepeda y al incrédulo Caso Lombardo. La Secretaría de Trabajo fue obligada a entregarle la toma de nota o el llamado reconocimiento de gobierno a la nueva dirigencia, lo cual, hoy todavía, no es algo tan sencillo. Hay líderes que luchan años para conseguirla y otros, de plano, nunca la reciben.

De entre lo impensable y los más descabellados chismes —lo que más había, además de la incapacidad de la Policía Judicial del Distrito Federal—, los peores se hicieron realidad: en el proceso de negociaciones por las carteras sindicales que se ocuparían aquel febrero de 1992, los derrotados, Peralta, Gómez y Caso, se apropiaron de la mayoría de los puestos clave. El más importante fue Víctor Flores. Con el fracaso electoral de Peralta, su protector, él se cayó para arriba: de la Secretaría Nacional de Ajuste por Trenes fue nombrado secretario Nacional Tesorero. Con él en esa posición, la empresa intentaría ahorcar financieramente, a Praxedis. Flores que conocía muy bien el manejo de los recursos sindicales desde que en el trienio 1986-1989 su amigo, compadre y jefe Peralta lo nombró primer vocal del Comité Nacional de Vigilancia y Fiscalización.

Si hubo estupor cuando los ferrocarrileros conocieron al equipo de Praxedis, la magnitud de su crimen fue demasiada. Y sí, hubo desconsuelo, desconcierto, desazón y miedo. El escándalo del asesinato impactó en los cimientos del sindicalismo ferrocarrilero, pero nada pasó. Los trabajadores entraron en una etapa de pánico generalizado y de allí pasaron a la inmovilidad porque ejecutaron a Praxedis teniendo a su disposición un séquito de guardaespaldas amparados en las armas. El homicidio los hizo entender, por lo menos así lo siguen sintiendo, que su sindicato tenía dueños desalmados, delincuentes capaces de quién sabe qué cosas, corriendo tras las concesiones políticas, ríos de dinero de las cuotas de los obreros —sino, ¿para qué desaparecer a dos rieleros de renombre: uno ex dirigente y, otro, el dirigente, en menos de un mes?—, así como de los grandes negocios que deja tras de sí el control de los obreros.

El drama siguió su curso; en ese momento se comprobó que hubo una traición porque, al momento del atentado y en una situación tan volátil en el sindicato, Praxedis estaba solito, apenas acompañado por su amante. Los obreros levantaron una pregunta que nadie adentro quiso escuchar y las autoridades no pudieron ni se atrevieron responder: ¿A dónde estaban los guardaespaldas de Praxedis? Muy pocos comprendieron qué estaba pasando y, por temor, otros tampoco buscaron explicaciones. Pese a la irracionalidad del crimen, nadie abrió la boca. Los restos de Praxedis Fraustro Esquivel fueron entregados a su familia y velados.

En el mismo instante en que la familia de Praxedis recibía el pésame y solidaridad por parte de los obreros, con apoyo del secretario Caso Lombardo y de Jorge Peralta, el grupo Héroe de Nacozari retomó sus viejas costumbres caciquiles —no se atrevió a exponerse al ridículo con un riguroso examen a través de elecciones extraordinarias— y maquinó el ascenso del tesorero Víctor Flores, aunque no hacía falta porque éste tenían ya un grupo propio avalado por su maestro Peralta.

Un asesino en el sindicato

* “El pistolero salió corriendo del lugar para abordar un auto que ya lo esperaba, según la declaración de la acompañante quien, después de unos segundos de sorpresa, subió al Grand Marquis, lo encendió y salió para tratar de dar alcance al asesino. No lo logró. En unos minutos, la noticia prendió. En el fuego vivo, las primeras conjeturas apuntaron a una riña con borrachos, un asalto o una venganza pasional. Nada de eso sería verdad. Nadie tampoco lo habría creído”, escribe Francisco Cruz en el libro “Los amos de la mafia sindical”, editado por Planeta en el 2014.

Francisco Cruz
Aunque los pormenores en archivos de ferrocarriles eran un caos con documentos reservados, en el mejor de los casos, o perdidos; y a las memorias de gestión administrativa y sindical sólo un puñado de funcionarios tenía acceso, había otras cuestiones que, vistas a la distancia, peraltistas y Gómez Zepeda no podían dejar en manos de sus enemigos porque representaban una mina de oro. Según se supo más adelante, en el gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) se gestó un curioso acuerdo que, palabras más, palabras menos, otorgó el estatus de reserva territorial, para beneficio de los hijos de los obreros, a las casas en terrenos de Ferrocarriles Nacionales de México. Ese mismo beneficio recibían los terrenos que no fueran de utilidad para la empresa, por más que ésta —desde que la dirigió Caso Lombardo entre 1986 y 1988 y a través de contratos fantasma— los hubiera puesto a la venta a particulares con el visto bueno del sindicato de Peralta, como establecía el modelo neoliberal que se adoptó en 1982.
Desprotegidos, los obreros poco se enteraron de que, sólo en 1992, se habían regularizado 900 mil metros cuadrados, mientras que otros 610 mil metros estaban en proceso de regularización, dentro del Programa Habitacional Ferrocarrilero. Peña Medina, el vocero de Praxedis, le dijo a la revista Proceso en 1993: “En el Contrato Colectivo de Trabajo se estipuló que cuando los terrenos no sean de utilidad para la empresa, pasaran al patrimonio de los trabajadores. Sin embargo, durante mucho tiempo hubo irregularidades en el procedimiento para beneficiar a las familias ferrocarrileras, por lo que las autoridades habían decidido suspender todo trámite para desafectación del dominio público de Ferrocarriles a favor del sindicato. Pero se creó una comisión para cotejar en su momento todos los predios que ya están decretados […] Y se agilice su regularización”. Poco antes de que se pusiera en marcha el programa para concesionar ferrocarriles, se supo que en el aire estaba el destino de cerca de 70 millones de metros cuadrados de terrenos propiedad de la empresa.
El desbordamiento de pasiones en la guerra por controlar al sindicato ferrocarrilero llegó a los extremos porque la organización era y es vista no sólo como un gran negocio porque los líderes, además del control de las cuotas obreras y el manejo del fondo de los pensionados, tienen sus espacios de operación en el Partido Revolucionario Institucional. Abierta o soterrada la disputa, todas las noticias quedaron sepultadas en los primeros minutos de la madrugada del 17 de julio de 1993, cuando Praxedis Fraustro Esquivel, el secretario general del sindicato y diputado local por un distrito de Nuevo León, fue asesinado de dos balazos por la espalda apenas al llegar al hotel Pontevedra en la zona de Buenavista, casi frente a la estación del ferrocarril en la ciudad de México.
La prensa dio cuenta al día siguiente. Y la facción opositora en el sindicato puso énfasis en las versiones del homicidio del fuero común, producto de un intento de asalto; también se hicieron intentos por esparcir los rumores de crimen pasional. Fernando Miranda se dio a la tarea de reconstruir el atentado: “En el estacionamiento subterráneo del hotel, apenas el líder bajó de su automóvil, un Grand Marquis rosa chiclamino —acompañado por una mujer con quien sostenía relaciones extramaritales—, cuando, de entre la penumbra, surgió un pistolero que se aproximó con un arma de fuego y le dio dos balazos a quemarropa: uno en la nuca y otro en la parte baja de la espalda. Praxedis se hospedaba en una lujosa suite desde que había tomado posesión como secretario nbacional del sindicato. Pero esa madrugada en especial estaba en el hotel porque a las ocho de la mañana participaría en la ceremonia del Día de la Nacionalización de los Ferrocarriles, en la explanada de Buenavista.
“El pistolero salió corriendo del lugar para abordar un auto que ya lo esperaba, según la declaración de la acompañante quien, después de unos segundos de sorpresa, subió al Grand Marquis, lo encendió y salió para tratar de dar alcance al asesino. No lo logró. En unos minutos, la noticia prendió. En el fuego vivo, las primeras conjeturas apuntaron a una riña con borrachos, un asalto o una venganza pasional. Nada de eso sería verdad. Nadie tampoco lo habría creído”. Esa muerte despertó reacciones de dolor y rechazo.
Todos los ferrocarrileros, y esa era una verdad, recordaron que, en la primera semana de febrero de 1992, Praxedis le había ganado la Secretaría Nacional a Peralta, al grupo Héroe de Nacozari de Gómez Zepeda y al incrédulo Caso Lombardo. La Secretaría de Trabajo fue obligada a entregarle la toma de nota o el llamado reconocimiento de gobierno a la nueva dirigencia, lo cual, hoy todavía, no es algo tan sencillo. Hay líderes que luchan años para conseguirla y otros, de plano, nunca la reciben.
De entre lo impensable y los más descabellados chismes —lo que más había, además de la incapacidad de la Policía Judicial del Distrito Federal—, los peores se hicieron realidad: en el proceso de negociaciones por las carteras sindicales que se ocuparían aquel febrero de 1992, los derrotados, Peralta, Gómez y Caso, se apropiaron de la mayoría de los puestos clave. El más importante fue Víctor Flores. Con el fracaso electoral de Peralta, su protector, él se cayó para arriba: de la Secretaría Nacional de Ajuste por Trenes fue nombrado secretario Nacional Tesorero. Con él en esa posición, la empresa intentaría ahorcar financieramente, a Praxedis. Flores que conocía muy bien el manejo de los recursos sindicales desde que en el trienio 1986-1989 su amigo, compadre y jefe Peralta lo nombró primer vocal del Comité Nacional de Vigilancia y Fiscalización.
Si hubo estupor cuando los ferrocarrileros conocieron al equipo de Praxedis, la magnitud de su crimen fue demasiada. Y sí, hubo desconsuelo, desconcierto, desazón y miedo. El escándalo del asesinato impactó en los cimientos del sindicalismo ferrocarrilero, pero nada pasó. Los trabajadores entraron en una etapa de pánico generalizado y de allí pasaron a la inmovilidad porque ejecutaron a Praxedis teniendo a su disposición un séquito de guardaespaldas amparados en las armas. El homicidio los hizo entender, por lo menos así lo siguen sintiendo, que su sindicato tenía dueños desalmados, delincuentes capaces de quién sabe qué cosas, corriendo tras las concesiones políticas, ríos de dinero de las cuotas de los obreros —sino, ¿para qué desaparecer a dos rieleros de renombre: uno ex dirigente y, otro, el dirigente, en menos de un mes?—, así como de los grandes negocios que deja tras de sí el control de los obreros.
El drama siguió su curso; en ese momento se comprobó que hubo una traición porque, al momento del atentado y en una situación tan volátil en el sindicato, Praxedis estaba solito, apenas acompañado por su amante. Los obreros levantaron una pregunta que nadie adentro quiso escuchar y las autoridades no pudieron ni se atrevieron responder: ¿A dónde estaban los guardaespaldas de Praxedis? Muy pocos comprendieron qué estaba pasando y, por temor, otros tampoco buscaron explicaciones. Pese a la irracionalidad del crimen, nadie abrió la boca. Los restos de Praxedis Fraustro Esquivel fueron entregados a su familia y velados.
En el mismo instante en que la familia de Praxedis recibía el pésame y solidaridad por parte de los obreros, con apoyo del secretario Caso Lombardo y de Jorge Peralta, el grupo Héroe de Nacozari retomó sus viejas costumbres caciquiles —no se atrevió a exponerse al ridículo con un riguroso examen a través de elecciones extraordinarias— y maquinó el ascenso del tesorero Víctor Flores, aunque no hacía falta porque éste tenían ya un grupo propio avalado por su maestro Peralta.

Avance de la libertad sindical

* La amenaza del despido por malos resultados en una tercera evaluación, impuesta en la normatividad reciente en nuestra entidad el 11 de marzo del año en curso para ser precisos, es contrario al derecho de audiencia y de debido proceso que garantiza el artículo 14 Constitucional, elimina el principio de seguridad y certeza jurídica que establecen los artículo 16 y 17 de nuestra Carta Magna en perjuicio de los maestros.
Luis Zamora Calzada
Nuestro agradecimiento a las preguntas y solicitud de aclaraciones en torno a la Libertad Sindical, sobre todo respecto al oficio de pago de cuotas sindicales de la Secretaría de Finanzas del gobierno del Estado de México.
La actuación de la instancia gubernativa es resultado de sentencias de diversos procesos, de los cuales compartimos unos párrafos del dictado por los C. Magistrados Federales del Segundo Tribunal Colegiado en Materia del Trabajo del Segundo Circuito, quienes resolvieron a favor del SUMAEM un recurso denominado inconformidad 1/2014, en lo que interesa determinaron:
“… de las consideraciones en que se apoya la concesión de amparo, cabe destacar que la sentencia protectora se sustentó medularmente en lo siguiente:
I). Si una vez otorgado el registro del sindicato y de su directiva por parte de los tribunales competentes, produce efectos legales ante todas las autoridades, incluyendo las administrativas, era necesario, que la autoridad citara el precepto legal que la facultara a desconocer derechos que ya le fueron reconocidos al sindicato quejoso.
II). La responsable dejó al gobernado en la incertidumbre de conocer los fundamentos legales y las razones por las que no era procedente otorgar la autorización de pago de cuotas sindicales al Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México, con registro R.S. 2/2007.
III). Por actuar la responsable en ese sentido, se violó en perjuicio del solicitante del amparo, el artículo 16 de la Carta Magna, al no estar satisfechos en el oficio reclamado los requisitos que establece dicho precepto, con lo cual dejó en estado de indefensión al quejoso, pues no dio los fundamentos legales que llevaron a la autoridad a no dar contestación en los términos solicitados en sus peticiones.
Siendo el caso, que la autoridad al emitir su resolución cumplimentadora de la sentencia de amparo, no cumplió con los efectos del amparo, esto es, de fundar su nuevo fallo, dado que no citó e invoco precepto que la facultara a desconocer derechos que ya le fueron reconocidos al sindicato quejoso; además, que tampoco señaló los fundamentos legales que la llevaron a denegar la devolución de las cuotas solicitadas…”.
Para muchos, párrafos fulminantes, para nosotros otro avance de la Libertad Sindical de los maestros en este gobierno estatal que se resiste a cumplir con la Ley en la materia. Seguimos con paso firme.
Obsequio a los maestros
Parafraseando a Sun Tzu, autor de “El arte de la guerra” y respetuosamente con ajustes para el profesorado, se puede asegurar en estos años difíciles que “…si los (maestros) carecen de un severo entrenamiento, estarán inquietos y vacilantes en (la docencia); si carecen de una formación íntegra, se doblegaran frente (a la evaluación)”.
Lo anterior en razón de que el Ejecutivo y legislativos federales y locales olvidaron una máxima de la obra citada, escrita hace más de 2 mil años: “ni recompensas ni sanciones deben atribuirse en exceso”.
La amenaza del despido por malos resultados en una tercera evaluación, impuesta en la normatividad reciente en nuestra entidad el 11 de marzo del año en curso para ser precisos, es contrario al derecho de audiencia y de debido proceso que garantiza el artículo 14 Constitucional, elimina el principio de seguridad y certeza jurídica que establecen los artículo 16 y 17 de nuestra Carta Magna en perjuicio de los maestros, de un plumazo la autoridad elimina los derechos garantizados en el artículo 3 de la Ley del Trabajo de los Servidores Públicos del Estado y Municipios, que determina son irrenunciables, entre otros el derecho al trabajo y al salario, que son medios de subsistencia del trabador, lo que a todas luces es una sanción en exceso.
La privación del derecho al trabajo y salario en la forma planteada constituye un acto de autoridad que se combate por la vía constitucional al perjudicar al maestro sin aplicar las formalidades esenciales, tal y como la ley lo establece.
Las autoridades sólo pueden hacer lo que la ley les permite, no tienen la facultad para ir más allá porque lesiona los derechos del trabajador, deja en estado de indefensión al maestro.
Pretender despedir por la simple voluntad o determinación de un sujeto en una responsabilidad administrativa, llámese como se llame, es impedir que se administre justicia por tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y términos que se fijan, tal y como lo establece el artículo 17 Constitucional, donde el funcionario tiene prohibido romper el equilibrio y la justicia social en las relaciones entre los trabajadores y la patronal.
Como es notorio, los docentes tenemos una asignatura más que aprender, cómo defendernos de las determinaciones de administradores que no les asiste razón legal alguna y sólo pretenden dañar al profesorado. Hay mucho por hacer.
Felicidades compañeras y compañeros maestros en su día, como obsequio la reflexión inherente al texto.

Y los aliens, señores

* Para los que no lo conocieron, era ilustrador, pintor, escultor, fotógrafo y diseñador de set para cine. Su obra más famosa son los monstruos que se quieren comer a Sigourney Weaver y que hasta un Óscar le atrajo en 1979. También sus libros son extrañas pinturas evocadoras de las alucinaciones de Lovecraft. Los ensueños enfermizos de Jodorowsky lo hicieron mundialmente conocido.

 

Miguel Alvarado

El eminente H.R. Giger cayó de las escaleras en su casa y se mató. Poético final para el creador de las adorables pesadillas de otros mundos y pornografía para todos los gustos. Suizo, de familia controladora y rígida, no podría responder de otra manera al estímulo de un mundo enloquecido y adorador del arte que no es arte pero que sí está bien hecho. Ya era grande y sus 74 años no le alcanzaron para ganarse la inmortalidad de sus criaturas, los aliens despiadados que en vez de sangre tienen ácido por las venas, casi tan letales como los políticos mexicanos y las reformas de Peña Nieto. La diferencia radica, claro, en que los aliens pues no existen.

Para los que no lo conocieron, era ilustrador, pintor, escultor, fotógrafo y diseñador de set para cine. Su obra más famosa son los monstruos que se quieren comer a Sigourney Weaver y que hasta un Óscar le atrajo en 1979. También sus libros son extrañas pinturas evocadoras de las alucinaciones de Lovecraft. Los ensueños enfermizos de Jodorowsky lo hicieron mundialmente conocido. Luego de 1979, Giger era en realidad una marca humana, una patente con patas tan dañina como la Coca-Cola, con los mismos ánimos de lucro pero infinitamente pura. Su mundo era una experiencia casi religiosa, cantaría luego nuestro intelectual de izquierda Enrique Iglesias.

Que unas escaleras se atravesaran en sus torpes zapatos, deja mucho qué pensar. No es la muerte el fin del mundo, dice el niño que juega abajo conmigo, con los muñecos de Santo, el Enmascarado de Plata. Dice que la existencia es lo más importante y que a veces a uno le toca estar así. No vive, pero existe. Luego, de pronto, de entre las sombras de la casa aparece el hocico negro, cargado de baba y con su istmo de fauces dobles, ubicado “en la bucofaringe u orofaringe y se extiende del velo del paladar por arriba al borde superior de la epiglotis por abajo”, lo muerde experto. Su cuerpo queda allí, como diría el doctor Ernesto Zedillo, salvajemente mutilado pero vivo. Despertará después, atado a una pared orgánica, construida por la comunidad de los voraces, atrapado de brazos y piernas mediante lazos de saliva endurecidos, como un moscardón, y con un artefacto parecido a un pene en la boca, el abominable “Facehugger”, le trasmite la vital fortaleza de la muerte, la evolución a 20 gigas vía Infinitum y Telmex, el escroto de dios a disposición de la verdadera escala evolutiva, sin rezos, sin nirvanas ni infiernos, sólo dientes y estómagos que todo lo disuelven.

A Hans Ruedi le gustaba vivir así. Encontró la manera de hacer dólares con sus extravagancias y supo adaptarse al espectáculo que la muerte ofrece para el primer mundo. Mientras los gringos y hasta los suizos santurrones administran bancos, asisten a fiestas carnales y sectas iluminati –la pura envidia- en la Toluca que se despierta a las 10 de la mañana y abre sus negocios a las 11 y media, otras criaturas, igual de rastreras pero sin marketing acechan las calles y los recovecos más viles. Cuentan los graciosos que la muerte del papá de los monstruos los ha movido a la reflexión, como sucede en la Cámara de Diputados local.

– ¿Qué prefieres, tratar con un alien o con un diputado?

– Pues con un alien, porque tal vez logres escapar. Además los diputados están siempre muy ocupados en comidas y ceremonias chafitas donde escuchan su nombre un chingo de veces.

– Pero los aliens…

– Nada, nada. Ya, ándale, invítame un cigarro, güey.

Creo que son cuatro años de que el rockero más vegano, Gustavo Cerati, está en coma. Otro tipo de muerte, desaparición, desintegración, hacerse humo o dejar de hacer. Se supone que es el músico –en lo popular, nada más y tampoco, tampoco- mejor dotado de la América Latina, que supo encontrar en los versos de Gelman una interpretación para su propia música. Ahí ha de seguir su cuerpo, en algún lugar de la ciudad de la Furia, echado en su cama, atendido por algunos o alguien y recordado por la fanaticada, similar en todo caso a la Perra Brava. Y es que de verdad no hay mejor ocupación que la güeva, la inmovilidad absoluta. Bueno, sí, excepto el mundial de futbol y el arte del maestro Messi. ¿Qué sería de los argentinos sin Cerati? ¿Qué sería de los barcelonitas sin el Messi? ¿Qué será de los maestros del Estado de México sin su bono de seis mil pesos? ¿Qué harían los del SMSEM sin las cuotas sindicales? ¿Y si son 92 mil agremiados? ¿Y qué tal que son épocas electorales y el desmadre de los votos comprados le sale más caro al PRI? Los maestros, sufridos y así –ja, ja- no son muy distintos de los de la Coordinadora, aunque hay sus diferencias fundamentales. Quemar pants en lugar de manifestarse y cerrar calles es la más relevante. Pero los bandos tienen las mismas debilidades. Les gusta el dinero por encima de enseñar o preparase. Tienen líderes corruptos, reflejo del sindicalismo que ellos mismos ha permitido, les gusta no dar clases y andar por ahí, por los caminos de la vida ejerciendo la fuerza de las masas. Son prepotentes y también muy ignorantes. También los hay excepcionales, pero es su deber serlo.

Ah, pero es que tienen hambre, a ver págales tú, dice uno.

Ah, pero es que cómo van a enseñar a escribir, si ni siquiera pueden redactar una nota. Sí, los maestros.

Ah, pero a ver vete a trabajar al cerro y has un camino de cuatro horas diarias.

No manches, entonces son unos héroes, como el Ché, mínimo.

Giger murió en su casa de Zurich al pie de sus escaleras. Y por más atrocidades que se le ocurrían nunca pensó que la realidad le ortorgaba eso y más. Pero sabemos que se dio cuenta y quiso hacer de este mundo uno mucho mejor, sin sindicatos ni caudillos populares en estado vegetativo o disquisiciones sobre la importancia de llamarse Ernesto –Zedillo, pues- o participar en elecciones de antemano pactadas y hablar con políticos o que a Messi le falte lo necesario para, él solito, hacer trizas a los rivales.

Porque Oribe Peralta ya está en el América.

Porque los diputados ya están preparando su futuro.

Y los aliens, señores, son muñequitos en los estantes de Walmart a 250 pesos cada uno.

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