Con los tenis por delante

* “La relación perversa con los grupos de poder ha permitido que los líderes sindicales hagan, por más inapropiada que parezca, ostentación pública de su gran fortuna personal: joyas deslumbrantes, inalcanzables hasta para los sueños de un trabajador, automóviles último modelo, de colección, residencias en exclusivos barrios de la ciudad de México, en zonas turísticas nacionales y el extranjero, o cuenten, cual hazaña deportiva, cómo recibían gruesos fajos de billetes, del gobierno, para gastar en Washington”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amo de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

Francisco Cruz Jiménez
Mención aparte merece el extinto Jesús Díaz de León, progenitor de la palabra que los hace tener algo en común, los une, les da identidad o los califica: charro, para designar a un líder corrupto, controlado por el gobierno y proclive a beneficiar, por las buenas y las males, a los patrones. En su oportunidad, Díaz de León, a quien le gustaba encabezar, vestido de charro, las sesiones formales de su Comité Ejecutivo, “vendió” o entregó, el combativo sindicato ferrocarrilero al presidente Miguel Alemán Valdés. El charrazo, el charrismo y los charrazos se hicieron parte del paisaje cotidiano sindical. Como quiera, el prototipo de charro no es él, sino Velázquez Sánchez, quien, por 70 años, prohijó la formación de charros en cada una de las entidades del país, incluido el Distrito Federal.
En 1986, cuando preparaba su octava reelección, muy respetuosos los periodistas preguntaron a Fidel Velázquez:
– ¿Cuándo se va, don Fidel?
La respuesta no sorprendió a ninguno:
– A mí me van a sacar de la CTM con los tenis por delante. Sus palabras fueron proféticas: 11 años después, a los 97años de edad, salió en su féretro. Fue líder sindical hasta el último minuto del 21 de junio de 1997. Nadie lo derrotó. Lidió y sobrevivió once sexenios; once presidente de la República tuvieron que lidiar con él. Puso el ejemplo.
Lo mismo le pasó a Enrique Aguilar Borrego. Veintidós años estuvo al frente de la Federación Nacional de Sindicatos Bancarios (Fenasib), que agrupa a unos 70 mil de los casi 150 mil empleados que tiene el sector bancario en el país. De la mano del PRI y gracias a su cargo, fue diputado federal y presidente del Congreso del Trabajo. Sólo la muerte logró arrancarlo de la dirigencia. El 15 de junio de 2009, cuando comía con su familia, murió de un infarto. Tenía 60 años de edad.
Acostumbrado a ese mundo, también un compendio de traiciones y venganzas, el tlaxcalteca Alberto Juárez Blancas no hizo aquella promesa de Fidel, pero como si la hubiera hecho, sólo la muerte fue capaz de arrebatarle el liderazgo de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC). Para evitarse complicaciones, en 1975 se hizo nombrar presidente ejecutivo de esa organización. Víctima de un paro cardiaco, luego de permanecer más de 12 meses en estado de coma, murió la madrugada el jueves 27 de octubre de 2005, a los 98 años de edad. Hasta ese momento, Juárez Blancas retenía el liderazgo vitalicio de su organización.
Incuestionable su lealtad al PRI, en 2000 se sumó a la fila de dirigentes sumisos al Partido Acción Nacional (PAN). Para congratularse con el nuevo mandatario, fustigó a los “tiburones” del sector obrero que se han enriquecido a costa de los trabajadores”. Exigió castigara esos personajes, se mordió la lengua o escupió para arriba y se curó en salud: “Mis bienes y propiedades son resultado de trabajo honesto. Estoy de acuerdo en que los funcionarios corruptos y los peces gordos sean investigados. Yo no llego ni a charal”.
Y en noviembre de 2002, mostró de nuevo se incuestionable lealtad, a Vicente Fox: “Jamás los he obligado —a los trabajadores croquistas— a votar por el PRI, porque tengo el concepto de que todos los políticos sólo utilizan a los obreros para ganar votos y cuando llegan al poder ni nos conocen. No tienen por qué ser fieles al PRI, pues este sólo cuando hay fiestas nos repica las campanas y nos invita”.
De pasadita, sus pares le recordaron al “charal” que vivía de las cuotas emanadas de la segunda central obrera más grande de México, cuyo poder se extendía sobre 4.5 millones de trabajadores aglutinados en 4 mil 500 sindicatos federales y locales, así como de por lo menos 18 mil contratos colectivos de trabajo.
Eternizados en el cargos, los “favores” personales que piden les son otorgados con proverbial generosidad y forman parte de la picaresca política mexicana porque, aunque en ocasiones no lo parezca, su palabra puede convertirse en un arma capaz de propiciar el deterioro de las instituciones, incluida la Presidencia de la República; hasta ahora, ninguno ha osado abrir la boca, ni los caídos en desgracia. Todos han aguantado la humillación, el escándalo, las intrigas y el descrédito; la mayoría se ha comportado como si fueran los peores enemigos de sus agremiados. Los trabajadores son una especie de vaca lechera que se puede ordeñar a cualquier hora y la autonomía sindical una bandera prostituida que les permite acaparar fortuna y escalar posiciones políticas.
La relación perversa con los grupos de poder ha permitido que los líderes sindicales hagan, por más inapropiada que parezca, ostentación pública de su gran fortuna personal: joyas deslumbrantes, inalcanzables hasta para los sueños de un trabajador, automóviles último modelo, de colección, residencias en exclusivos barrios de la ciudad de México, en zonas turísticas nacionales y el extranjero, o cuenten, cual hazaña deportiva, cómo recibían gruesos fajos de billetes, del gobierno, para gastar en Washington.
¿Qué son necesarios los sindicatos? Los líderes lo saben, como saben todos que tienen un problema de imagen, pero parece no importarles. El derroche sólo es limitado por la imaginación. Gastan cual príncipes europeos o los “magnates” que son. Por ejemplo, la humilde profesora Elba Esther Gordillo Morales, quien llegó a humillar a secretarios de Estado, gobernadores y candidatos presidenciales, abrió 80 cuentas bancarias, se hizo de 70 propiedades, pero destacan sus espectaculares mansiones en Polanco y San Diego, frente al mar que, en conjunto, superan valuaciones de 10 millones de dólares.
A Víctor Flores, cuyo ascenso se le notó usando, cada vez más, zapatos, camisas y trajes más finos, es frecuente verlo con un reloj de oro, de 50 mil dólares, en la muñeca de su brazo derecho; Napoleón Gómez Urrutia se hizo construir una casa de descanso en la punta del cerro El Tepozteco, de 28 mil metros cuadrados —la napoleónica— valuada en 4 millones de dólares; y famosos eran los anillos de piedras preciosas —uno para cada dedo de cada una de las manos— de Morones, quizás el líder más poderoso que ha tenido México, secretario de Comunicaciones en el gabinete de Plutarco Elías Calles, el Jefe máximo de la Revolución.
En marzo de 2013, el periodista Julio Aguilar escribió: “desde Morones, la bonanza de los líderes puede apreciarse como en catálogo. […] De la prudencia del longevo Fidel Velázquez, quien evitó mostrar su prosperidad ante varias generaciones de mexicanos durante el siglo XX, al desenfrenado exhibicionismo de Elba Esther, una fashion victim en eternas compras compulsivas. Pero incluso al cauto líder histórico de la CTM hoy puede documentársele al menos una mínima parte de un patrimonio difícilmente explicable dado su modesto origen campesino y su prolongado empleo como líder obrero en un país con pobreza ancestral: vivía en una bonita residencia en las Lomas de Chapultepec”.
El extraordinario boom financiero de los dirigentes sindicales mexicanos se ha documentado paso a paso. El caso de los petroleros es emblemático: a Carlos Romero Deschamps se le ha visto dar la hora en relojes Rolex y AudermarsPiguet, cuyo precio oscila entre 50 mil y 200 mil dólares. Como los demás dirigentes, tiene una obsesión especial por los bienes raíces: su “casita” en el bulevar Kukulcán, en Cancún, tiene un valor cercano al millón y medio de dólares en el mercado inmobiliario mexicano.
Sus hijos Carlos y Paulina representan la imagen más acabada de la opulencia, el derroche y el exceso: él manejando un Ferrari Enzo; ella, paseando en lujoso yates y aviones privados. En 2011, Romero Deschamps recibió 282 millones de pesos por concepto de “ayudas al comité ejecutivo” del sindicato, y 200 millones de cuotas sindicales.

El nuevo cine mexicano

* El Crimen del Cácaro Gumaro es nada más un retrato en fotochop del México lindo y qué herido, hermoseado por el trasero de Ana de la Reguera, quien por otra parte desarrolla ejemplarmente su personaje de femme fatale de pacotilla. La cinta es una especie de recopilación de filmaciones nacionales y toma como fondo de batallas al cine Linterna Mújica, desadaptación perversa pero enjundiosa de aquel Cinema Paradiso, tan tierno y tardío en la vida de algunos.

Miguel Alvarado
Bueno, tampoco hay nuevo cine mexicano. Lo que hay es lo vemos y nada más. Mexicano como género no existe en las actividades realizadas por por gringos, guatemaltecos o los de Cuautitlán Izcalli. Tampoco hay la tan manida mexicanidad o el amor a la camiseta, que se traduce por apoyar las ilusorias capacidades deportivas de la selección nacional de futbol, para empezar. Ya después, por inercia televisiva, aquel concepto se aplica hasta para comerse la sopa desabrida de la querida mamá.
Entonces, no se puede juzgar al Güiri-Güiri por hacer su película con apoyo oficial y toda la cosa, porque sería no ponerse la camiseta. Andrés Bustamante esperó y esperó y esperó para hacer su proyecto. Además el trabajo, una farsa al estilo de Tarantino, pero en pesos mexicanos, cumple el cometido de hacer reír. Uno diría que también Eugenio Derbez roba una sonrisa o el mismo Chómpiras y los habitantes del inframundo chespiriano. Pues sí, pus sí, ni modo que qué.
Bustamante es buen cómico, adaptado desde El Hijo del Cuervo y la televisión para sobrevivir en proyectos extraños, achilangados y joseramonfernandescos, pero ingeniosos y toda la cosa, pasando siempre por el escenario del bajo presupuesto y la chispa intelectualona. “El Crimen del Cácaro Gumero” es imposible. Allí donde nadie pensó que hasta Chabelo encontraría su nicho, es posible verlo tripulando un Mazinger-Z modelo Xochimilco para darle en la torre a la retorcida figura del crítico de cine de arte o de lo que sea.
De pronto el pueblo de Güemes, donde se desarrolla la historia, es testigo del más bizarro jurado para un festival de películas, organizado por el doctor Cuino, alter ego de Bustamante. De inmediato recuerda cualquier foro de TV y Novelas y sus absurdas luminarias. O los Óscar, ilusión premiada que generan miles de millones de dólares a partir de la sublimación de un deseo absolutamente inútil, pero necesario hoy porque representa esas dos horas de sana diversión y esparcimiento a la que todo el mundo tiene derecho.
El Crimen del Cácaro Gumaro es nada más un retrato en fotochop del México lindo y qué herido, hermoseado por el trasero de Ana de la Reguera, quien por otra parte desarrolla ejemplarmente su personaje de femme fatale de pacotilla. La cinta es una especie de recopilación de filmaciones nacionales y toma como fondo de batallas al cine Linterna Mújica, desadaptación perversa pero enjundiosa de aquel Cinema Paradiso, tan tierno y tardío en la vida de algunos.
Hay una especie de halo que envuelve al espectador cuando ve tantos personajes. Como en Los Indestructibles, donde los fortachones y sesentones héroes de películas de acción gringa, cuando Chuck Norris arrasa todo un pueblo y limpia de malos él solito la calle de un bajo fondo croata o serbio, así es la apuesta del Cácaro Gumaro.
Porque qué necesidad de ver a Jorge Rivero hacerla de pajarero en el mercado de la localidad. O la inigualable presencia de Juanito, alias Rafael Acosta o al revés, aliado de López Obrador en alguna negritud electoral. La suma de chistes parece fácil, o lo fue para El Güiri-GÜiri, a quien sin embargo se le debe reconocer que ese rompecabezas en el que convirtió su trabajo encaja perfectamente en cualquier criterio, así como el desarrollo de sus personajes, que al mismo tiempo encarnan estereotipos como el de Pepe El Toro y que fueron sencillos.
El éxito económico de Eugenio Derbez obliga a la comparación con Bustamante. Pero Derbez, infantil y aprovechado, oportunista y autocomplaciente, no podría hacerlo peor. El gran descubrimiento del hijo pródigo de Televisa era aquel Sammy disléxico y explotado, según la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal que lo defendió del atroz cómico y la televisora, pero que nunca preguntó por su estado de salud. Sammy representó para el actor de Azcárraga el motivo fundamental de la barra de programas en los que aparecía. Nadie como él para hacer reír, que era lo fundamental, o en todo caso, indignar sanamente a las autoridades de la inservible Comisión.
A la creación del doctor Chunga no le faltaron ingredientes. Hasta supo que lo más inn en este momento son los zombies de Sahuayo y se dio el lujo de invitar a los moneros Jis y Trino para una escena de 35 segundos. Y si uno quisiera verse muy actual, preocupado y comprometido por los constantes michoacanazos o las metidas de pata del gobernador mexiquense Eruviel Ávila, no habría de qué preocuparse. Porque el drama o tragedia o montaje poco ortodoxo o farsa de la vida real de El Crimen… también aborda sus situaciones sociales. ¿Para qué darse golpes de pecho con el asunto de la piratería, a la que abonan también las empresas de cinematografía, actores e involucrados en general? Para Bustamante en un tema que bien vale la construcción de un barco pirata sobre un enorme camión sacado de Lola la Trailers Tres, que estaciona en la plaza principal de aquel pueblo y que ofrece los últimos estrenos clonados con la mayor calidad del mundo mundial.
La historia mexicana pasa revista en algunos segundos de un hecatómbico baile del Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo, que se echa un rap-tecno-banda para regocijo de quienes no estamos de acuerdo con la versión que nos presentó la escuela o los libros de Catón. Y es que Hidalgo rapeando no tiene precio y es como escuchar a Carlos Salinas decir que no mató a Colosio o a Peña Nieto pronunciar un discurseishon en puritito inglés.
Poco a poco al Güiri-Güri se le acomodan las escenas, aunque nunca encuentra virtuosismo -quizás porque nunca lo buscó- y si bien hay uno que otro bostezo, al cuento le salen alas, como a las palomas de Cinépolis.
La propia invasión zombie, resultado de la alimentación que hacen tragar a la población -palomitas, chescos, saldiuvas, jotdogs- y que termina en un ataque nuclear norteamericano es tan verídica como los diálogos entre un coronel del Pentágono y el malvado don Cuino. Finalmente, la devastación llega a Güemes a pesar de que todo está bajo control y el trasero de Anita se mantiene incólume, como la Suave Patria. Las noticias, leídas por Brozo, atribuyen la destrucción final a cualquier cosa, menos a la verdad sospechada. Y por allí una voz muy parecida a la de López Dóriga pregunta en alguna parte que why the rito?
Bustamante cae bien o mal. Y la película es buena y mala al mismo tiempo, eso no importa, luego de entender la trágica farsa del cine hecho en México por mexicanos con apellidos como Calva, Rojas, Ochoa, Del Castillo, Rojo y Corona y con estelares apariciones como las de Mascarita Sagrada (creo), Alfonso Zayas y el Polivoz sobreviviente, Eduardo Manzano. ¿Por qué todos actúan bien?, ¿por qué parece que saben actuar? Hasta Carmen Salinas y Kate, la hija de Érick, en sus 45 segundos de gloria, lo hacen de maravilla.
El Crimen del Cácaro Gumaro es una película imperdible (ay, güey) porque, entre otras cosas, le da un zape al chico Derbez, a quien nada más faltó invitarlo para tener el México referencial por el que los sesudos se pelean en describir todos los días.

Infierno y cielo

* La empresa Live Talent, organizadora del Hell and Heaven es fruto de la unión entre Ceime y Basic-Music y tiene 10 años en ese mercado. Y si bien Juan Carlos Guerrero y Javier Castañeda son apenas figuras públicas de bajo perfil, un tercer socio no lo es. Se trata de Miguel Ángel Jiménez, quien en el 2009 era el director de la Lotería Nacional y quien ese mismo año debió separase del cargo porque pesaban sobre él cargos de corrupción al supuestamente apoyar a candidatos panistas con recursos públicos, sobre todo en Campeche y Yucatán.

 

Miguel Alvarado/ Juan Manuel Hernández/ Fabiola Díaz

A Eruviel Ávila un concierto del género metalero, el Hell and Heaven Corona Metal Fest, que se realizaría en Texcoco el 15 y 16 de marzo, le costó algo más que críticas por “intolerante” o “exagerado” en redes sociales y medios públicos.

El gobernador confirmó con una sola declaración que las inversiones y desarrollo económico en el Estado de México no son competencia de las autoridades y que, en todo caso, deben pedir permiso a los empresarios relacionados con el Grupo Atlacomulco.

En la cancelación del Hell and Heaven se observa un factor político, una especie de venganza contra con una administración municipal, la de Texcoco, encabezada por el partido Movimiento Ciudadano, pero también uno comercial. En México, el monopolio de conciertos musicales y eventos relacionados lo opera la empresa Corporación Interamericana de Entretenimiento, OCESA, de la que Televisa es dueña del 40 por ciento de sus acciones.

Fundada en 1990, OCESA mantenía como misión empresarial “satisfacer las necesidades, deseos y expectativas de entretenimiento y esparcimiento en el tiempo libre de los diferentes grupos sociales latinoamericanos, convirtiéndonos en su mejor opción”. Pero ser una opción es una cosa. Ser la única, ya es otra. Y es que OCESA sencillamente no permite que nadie comparta su nicho de mercado. El Hell and Heaven convocaría unas 80 mil personas en dos días, y que dejaría una derrama de 350 millones de pesos para Texcoco con una inversión general de 5 millones de dólares.

Organizado por jóvenes fuera del circuito de OCESA como Juan Carlos Guerrero y Javier Castañeda, de la empresa Live Talent, el Hell fue cancelado unos 10 días antes por el gobierno del Edomex, que adujo incumplimientos en las disposiciones de Protección Civil y tuvieron que tragarse las palabras del Ejecutivo, quien dijo que “aunque “me gusta la música, me gusta el rock, me gusta Guns N’ Roses, ‘I used to love her’, ‘November Rain’; de Kiss, Charisma, por ejemplo; a mis hijos les gusta la música, los conciertos, pero como padre de familia yo no voy a exponer a mis hijos y a la gente que eventualmente pudiese ir”. El director estatal de Protección Civil, Arturo Vilchis, fue más concreto y señaló que faltan registros sobre modificaciones al espacio físico, un dictamen y una autorización de protección civil, además de un programa con diagnósticos internos y externos. La alcaldesa de Texcoco, Delfina Gómez, afirma haber sostenido siete reuniones con Protección Civil y que nunca le informaron de anomalías.

Live Talent, la empresa que organizaba, ha traído anteriormente al disc jockey Tiesto, al dúo Cristal Castles y organizado conciertos masivos con artistas como Babasónicos, Julieta Venegas Y Jumbo. En el 2013 realzó un masivo metalero, pero no tan ambicioso como el del 2014, con bandas como Motorhead, Antrax y Testament, entre algunas bandas.

Esta vez estaban anunciadas viejas glorias del rock y el heavy, como los Guns N’ Roses, Kiss, Rob Zombie, Twisted Sister, Lamb of God, Oped, Carcass, los mismos de Testament, Misfit, Dragon Force, POD, Brujería, Obituary, Hocico -grupo mexicano triunfador en Alemania- y Deiside, Marduk, Possesed, estas últimas tres iniciadoras de estos conciertos en los años 80 en Europa.

La empresa es fruto de la unión entre Ceime y Basic-Music y tiene 10 años en ese mercado. Y si bien Juan Carlos Guerrero y Javier Castañeda son apenas figuras públicas de bajo perfil, un tercer socio no lo es. Se trata de Miguel Ángel Jiménez, quien en el 2009 era el director de la Lotería Nacional y quien ese mismo año debió separase del cargo porque pesaban sobre él cargos de corrupción al supuestamente apoyar a candidatos panistas con recursos públicos, sobre todo en Campeche y Yucatán.

A este Jiménez se le relacionaba en aquel entonces, políticamente, con la maestra Elba Esther Gordillo. Estuvo en el cargo 67 días, suficientes para no volver. Era coordinador de los diputados del Panal y su primer presidente, pero algunos disgustos lo distanciaron de ella. Perdonado, Gordillo le consiguió aquella Lotenal más forzada que porque le conviniera. Jiménez representó en su momento una especie de eje desechable entre panistas y elbistas y se encargó de cultivar relaciones con personajes como Juan Camilo Mouriño.

Este es el escenario donde a Eruviel Ávila le tocó ofrecer su particular versión del festival metalero. Nadie esperaba una cancelación así pero tampoco se conoce del todo el trasfondo del negocio de los espectáculos musicales, que OCESA domina de punta a punta, y a la que se ha calificado de tentacular, monopólica.

El gobernador del Estado de México le dio al festival la promoción que necesitaba. Luego, los metaleros buscaron otras sedes y hasta el 12 de marzo se habían descartado el DF, Tijuana y Puebla como alternativas.

Christopher Ruvalcaba, otro de los organizadores del HELL, cree que la competencia de OCESA es dura, pues en cuanto ven un evento importante manejado por otra firma, impone trabas o de plano no renta los lugares.

Paralelo a los conciertos, también están programados otros masivos, el Electric Planet Music, de Pedro Moctezua, ex esposo de la actriz Alejandra Guzmán; el Electric Daisy Carnival, de OCESA y en Toluca el Festival del Centro Histórico, del 14 al 19 de marzo, donde la principal atracción son Pepe Aguilar, Moenia y Río Roma, realizado por el ayuntamiento local.

Un comunicado oficial del gobierno estatal confirmaría que el Hell no podría realizarse y el 12 de marzo, el secretario federal de Gobierno, Miguel Ángel Osorio Chong acercó más el punto final cuando declaró que los organizadores deberían dar “vuelta a la hoja” respecto al festival, pues “esto ya se hundió”

 

Escondido en el infierno

 

Ávila prefiere la parafernalia de un concierto de rock que dar la cara para, al menos, opinar sobre asuntos verdaderamente importantes. Si bien es cierto que el Hell le acarreará al PRI alguna resistencia en tiempos electorales, se apuesta por el olvido y los tradicionales pagos a acarreados, que practican todos los partidos pero en el PRI es, desde años, una práctica institucionalizada. Nadie espera pérdidas políticas por el lado de la banda”, pero sí un desgaste más acerado al menos en redes sociales. En lo público, pocos saben de los logros en la administración eruvielista y es difícil encontrar alguno que merezca mención, que se salga del programa regular de trabajo.

La inseguridad opaca por completo cualquier tipo de importancia que pudiera tener un festival musical y 163 ejecuciones a la fecha parecen confirmarlo. Nadie en el gobierno puede dar una respuesta al fenómeno, pero sí se acepta la presencia de cárteles en algunas zonas, sobre todo la del valle de México, donde en Chimalhuacán hay denuncias sobre comandos que acribillan negocios establecidos, entre 12 de la noche y 4 de la mañana, con el fin de amedrentar a los comerciantes para que paguen derechos de piso. Y uno de los grupos que se ha identificado en la Zona Metrpolitana es el de los Caballeros Templarios, quienes junto con La Familia Michoacana, extienden sus prácticas a la región desde hace meses.

De las 163 ejecuciones, las últimas tres habían sucedido en Luvianos, según reporte del diario electrónico local Alfa, que menciona el avance de un convoy militar sobre una carretera secundaria, rumbo a la comunidad de Vallecitos, frontera con Michoacán. A la altura del poblado de Cruz de Clavos, los militares fueron atacados por civiles armados, quienes al responder mataron a tres. Días atarás, recuerda Alfa, otro enfrentamiento se registró en la vecina Tenayac.

El gobierno de Ávila respondió a la violencia con brillantez burocrática. Primero creó una especie de vocería, un intermediario entre medios y autoridades, para difundir información y responder preguntas. Y luego guarda silencio, evita confrontaciones y sólo golpes mediáticos como la detención de cerca de una docena de secuestradores, pueden saberse.

Eruviel es un gobernador permanentemente emplazado. Casi siempre hay una fecha para que abandone su gobierno. Cierta o no, lo único que crea es incredulidad, desconfianza. Ahora algunos señalan que a más tardar saldrá del palacio de Lerdo el primero de abril. Pero las suposiciones no le resuelven nada. Quinientos sesenta y tres feminicidios entre el 2011 y el 2013 ubicaban a la entidad, hasta ese año, en el primer lugar nacional en este rubro.

Otro primer lugar que detenta la entidad es el secuestro y según el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), hay 132 secuestros denunciados, de los cuales 19 fueron en tierra mexiquense. Uno más es el de violencia de pareja, con una incidencia del 54 por ciento y que supera la media nacional que es de 42 por ciento. Coco contrapeso, el gobierno estatal ha gastado más de249 millones de pesos en promocionar al propio gobernador y sus acciones. También tiene la flotilla aérea del país, compuesta por 8 helicópteros, que entre todos han costado unos 39 millones de dólares.

Que Ávila elija desgastarse todavía más en polémicas musicales significa solamente que nunca ha encontrado la brújula para su gobierno.

Los amos de la mafia sindical

* “Los protagonistas de esta particular gerontocracia mexicana, anclados en la impunidad o en el sindicalismo más retrógrado y oscuro están enquistados casi en todos los sectores y se reproducen fielmente en los estados. Aunque en algunas ocasiones se ha puesto en peligro la seguridad de los charros, sus nombres son de uso común: Víctor Flores Morales, Francisco Hernández Juárez, Juan Díaz de la Torre, Napoleón Gómez Urrutia, Joel Ayala Almeida, Carlos Romero Deschamps, Joaquín Gamboa Pascoe, Víctor Fuentes del Villar y Agustín Rodríguez Fuentes”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro del mismo nombre, “Los amos de la mafia sindical”, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz

Los “grandes” líderes sindicales de México son lo que parecen y lo que aparentan: viejos dictadores, caciques depredadores, el club de la eternidad; una relación perversa con el poder les ha permitido forjar una gerontocracia tan profundamente antidemocrática que se han convertido en representantes emblemáticos del régimen antiguo; no admiten la crítica ni ejercen la autocrítica, son adaptables a cualquier escenario, situación o ideología y un despotismo ilustrado caracteriza su comportamiento. Empero, el fraude radica no en engañar a sus representados, sino en que han traicionado sus principios. Sólo la muerte o la cárcel es capaz de arrancarles su liderazgo.

Como gestores económicos y sociales, la gran mayoría se han revelado como un desastre. Se limitan a presentar demandas y aceptar lo que les quieran dar. Por ellos, en México parece practicarse una sola política laboral: abundancia para unos cuantos, pobreza para los más; su éxito se basa en la capacidad para mostrar docilidad al presidente de la República, complacer a los empresarios y contener a los trabajadores, mantenerlos en un ejército cautivo y temeroso, utilizando todo tipo de artimañas gangsteriles o métodos “sugestivos” como la cláusula de exclusión, la lista negra y la manipulación de estatutos, autorizando su reelección “por esta única vez”, cuando se proclaman dirigentes vitalicios, líderes a perpetuidad.

A cambio, el gobierno se hace de la vista gorda, les mantiene sus prebendas, les permite usar a sus organizaciones para lograr aspiraciones personales y alcanzar poderío económico; nada trastoca su nivel de vida de ensueño ni el de sus descendientes. Mientras sus privilegiados hijos ven cómo engordan sus cuentas bancarias, aumentan sus joyas y ujieres, se divierten en el extranjero, y pueden estudiar en universidades de España, Gran Bretaña, Alemania o Estados Unidos, los hijos de los trabajadores, sus representados, enfrentan un magro porvenir. Si bien le va, éstos están condenados a vivir en “palomeras” del Infonavit; aquellos en Polanco, cuando mal les va, El Pedregal, Miami o Lomas de Chapultepec.

Los protagonistas de esta particular gerontocracia mexicana, anclados en la impunidad o en el sindicalismo más retrógrado y oscuro están enquistados casi en todos los sectores y se reproducen fielmente en los estados. Aunque en algunas ocasiones se ha puesto en peligro la seguridad de los charros, sus nombres son de uso común: Víctor Flores Morales, Francisco Hernández Juárez, Juan Díaz de la Torre, Napoleón Gómez Urrutia, Joel Ayala Almeida, Carlos Romero Deschamps, Joaquín Gamboa Pascoe, Víctor Fuentes del Villar y Agustín Rodríguez Fuentes.

A la par de estos, menos conocidos, hay otros iguales, Armando Neyra Chávez, Fernando Rivas Aguilar, Miguel Ángel Yudico Colín, Rafael Riva Palacio Pontones, Patricio Flores Sandoval, Enrique Aguilar Borrego, Patricio Flores Sandoval, Gilberto Muñoz Mosqueda, Fernando Espino Arévalo, Antonio Reyes, Miguel Ángel Palomera, Eduardo Rivas Aguilar y Francisco Vega Hernández.

Para ellos es letra muerta el “sufragio efectivo no reelección”. Todos han seguido la “escuela” que impusieron personajes de negro historial: Elba Esther Gordillo Morales, Fidel Velázquez Sánchez, Joaquín Hernández Galicia, Carlos Jonguitud Barrios, Salustio Salgado Guzmán, Luis Gómez Zepeda, Napoleón Gómez Sada, Nezahualcóyotl de la Vega García, Venustiano Reyes —Venus Rey—, Leonardo Rodríguez Alcaine o Luis Napoleón Morones Negrete.

Muñoz Mosqueda, para ejemplificar, del Sindicato de Trabajadores de la Industria Química, tiene 36 años en el poder; Rivas Aguilar, también 36 en la industria del plástico; Reyes no se queda atrás, 36 como mandamás de los trabajadores de Fonacot, y Riva Palacio cumplirá un tiempo similar en el gremio del Infonavit; Yudico Colín, líder de transportistas, no puede contar tantos años, pero sí dos decenas, los mismos que Rivas Aguilar.

Hay líderes invisibles. Ese es el caso del mexiquense Armando Neyra Chávez en la sección 12 del Sindicato de Trabajadores de la Industria Embotelladora (STIE) de la CTM. Nadie quiere recordar cuántas reelecciones lleva. En 1970 llegó a la Secretaría General y, desde entonces, una reelección tras otra.

Otros son más visibles. Joel Ayala Almeida es un mexicano conocido en los casinos de Las Vegas. Desde joven, este líder de los burócratas federales, a través de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE) desarrolló un gusto excepcional por los pura sangre. Se le ha llegado a contar la propiedad de ocho caballos. Sobre su vida sindical, los cronistas y sus enemigos afirman que es de poderío, “traición, intrigas o corrupción” y que, ya para mediados de la década de 2000, acumulaba una fortuna cercana a 15 millones de dólares. Con mano férrea, mantiene desde 1977 su carrera, que consolidó como secretario general del Sindicato de la Secretaría de Salud. Ha sido diputado federal dos veces y senador en tres ocasiones.

Para recordar su ascenso a la presidencia del Congreso del Trabajo, el cetemista Joaquín Gamboa Pascoe usó un reloj de producción limitada en oro amarillo y movimiento cronógrafo, valuado en unos 70 mil dólares. Notorio fue desde el echeverriato, pero en 1988 quedó grabado, para siempre, en la mente de un puñado de periodistas cuando les dijo, clarito: “a mí nunca me verán con huaraches”.

En los estados no se quedan atrás, basta revisar nombres como los del prominente ganadero veracruzano Pascual Lagunes Ochoa, de Tubos y Acero de México (TAMSA), quien, demandas al margen, supera 23 años como secretario general del sindicato de esa empresa; en cuanto a los señalamientos sobre sus valiosas joyas, caballos pura sangre, y ranchos, entre otros, insiste que la riqueza parte de una herencia familiar y de su honrado trabajo como abogado.

Una nota de El Dictamen de Veracruz en octubre de 2012 da cuenta de su personalidad: “La primera vez que fue encarcelado en el (ex) penal Ignacio Allende fue de 1971 a 1979, involucrado en el homicidio de un trabajador; la segunda, tres meses, por el delito de  fraude durante la administración (gubernatorial) de Dante Delgado y la tercera, en 1990, por sedición, motín y daños contra TAMSA”. Nada le hace mella, ni las acusaciones sobre la desaparición de un fondo de 425 millones para jubilaciones. Pascual se siente libre de culpa, porque el dinero se multiplica con una buena administración.

Pero también pueden mencionarse Reynaldo Garza Elizondo, de las maquiladoras de Reynosa, del papel de Edmundo García Román en la Federación de Trabajadores de Tamaulipas; Tereso Medina Ramírez, conocido mejor como “El Charro” Medina, amo sindical de la CTM en el estado de Coahuila, quien en una década se enriqueció gracias al campo, dicen sus hombres de confianza; de Eligio Valencia Roque, que levantó el imperio cetemista en Baja California; de Jorge Doroteo Zapata, en Chihuahua, o de Silvino Fernández López, quien cumple casi tres décadas al frente del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio y la Televisión (STIRT) en Yucatán. Tela hay de dónde cortar.

Cuotas sindicales

* El secretario de Educación estatal interpuso ante el Tribunal Estatal de Conciliación y Arbitraje (TECA) un incidente de no acatamiento al laudo, con el propósito de no reinstalar a quien esto escribe, cofundador del Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México (SUMAEM).

 

Luis Zamora Calzada

El gobierno estatal no se cansa de violar la ley, como ocurre en contra del Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México (SUMAEM), que al obtener el registro sindical R. S. 2/2007 y la toma de nota de la directiva 2012-2018, tiene el derecho a las cuotas sindicales que la Secretaría de Finanzas estatal se niega a entregar.

Con fecha del 5 de octubre del 2012 se ingresó a la Secretaría mencionada, un escrito fundado y motivado, solicitando el traslado de dichas cuotas, en los montos que aportan los trabajadores afiliados al SUMAEM, como consta en las documentales visibles en diferentes tomos del expediente de registro sindical,  anexadas en copias certificadas para la validez legal correspondiente.

A una primera negativa se ejercitó un amparo indirecto federal. La Secretaría de Finanzas, contraria a dar contestación en términos de ley, en abierta e inatendible defensa al sindicato oficial, emitió mediante oficio 203052001/4734/2013 de fecha 17 de diciembre de 2013, una respuesta violatoria a los derechos consagrados en nuestra Carta Magna, en los términos siguientes:

“No ha lugar de acordar de conformidad lo solicitado, en virtud de las siguientes consideraciones de hecho de derecho: en primer lugar, la Secretaría de Finanzas del gobierno del Estado de México, se encuentra impedida para hacer la devolución de las cuotas solicitadas, en virtud de que como es de explorado derecho dichas cuotas sólo son retenidas por dicha Secretaría y entregadas al sindicato (diverso), a quien voluntariamente se agremiaron los servidores públicos por los cuales presenta la petición.

Es decir, los trabajadores supuestamente afiliados al Sindicato que representa han gozado de los beneficios que les otorga el sindicato diverso con el que se suscribe año con año el Convenio de Sueldos y Prestaciones; por lo tanto es completamente incuestionable que dichos trabajadores han consentido que se les haya seguido descontando de sus salarios las “cuotas sindicales” que fueron destinadas al sindicato diverso”.

La actuación de dicha secretaría según se dice, es para cansar al sindicato independiente, sin tomar en cuenta los agravios de las instancias gubernativas violentando la ley, lo han fortalecido, colocando en entredicho a dichas dependencias opresoras y represoras, que finalmente son obligadas a cumplir con sus responsabilidades por mandato de sentencias federales, ya verán, todo es cuestión de tiempo.

 

Incidente de no acatamiento

 

El secretario de Educación estatal interpuso ante el Tribunal Estatal de Conciliación y Arbitraje (TECA) un incidente de no acatamiento al laudo, con el propósito de no reinstalar a quien esto escribe, cofundador del Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México (SUMAEM).

El secretario citado, después de que perdiera el juicio laboral, a pesar de las actuaciones en contra del trabajador, emitidas por la supuesta “instancia impartidora de justicia laboral”, que a toda costa pretendió quitar la plaza en que se venía desempeñando el maestro afectado para exhibirlo como ejemplo del escarmiento a cualquier docente que quisiera aspirar a ejercer la libertad sindical en nuestra entidad, lo que no lograron gracias a la justicia federal.

En audiencia del 16 de enero del presente año, se hizo notar que en caso de que la plaza del trabajador haya quedado suprimida, como alega el secretario, es responsabilidad de dicha Secretaría de Educación condenada, crear otra plaza igual. Caso contrario, el TECA tendría que promover el incidente de inejecución de sentencia y destituir al secretario de educación, por el incumplimiento a una orden judicial que fue ordenada por un Tribunal Colegiado Superior, pues contario a lo alegado la negativa de acatar un laudo se ejercita al contestar la demanda laboral, no así en el cumplimiento de la sentencia, como ocurre en este asunto.

Asimismo, para conocimiento de la instancia gubernativa, se requirió acatar lo establecido en el artículo 123 apartado “A” fracción XXII de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece puntualmente lo siguiente: “…XXII. El patrono que despida a un obrero sin causa justificada o por haber ingresado a una asociación o sindicato, o por haber tomado parte en una huelga lícita, estará obligado, a elección del trabajador, a cumplir el contrato o a indemnizarlo con el importe de tres meses de salario…”.

La determinación del TECA fue declarar improcedente el incidente, quedando tentativamente todo listo para la reinstalación del trabajador, en espera de que no cometa otra chicaneada la Secretaría del ramo educativo, que con sus actuaciones no refleja ese carácter.

En otro orden de ideas, es inconcebible e inatendible que el secretario de Educación Pública federal (SEP), reconozca en su referente la existencia de leyes regladas y discrecionales, suponiendo sin conceder su clasificación, estas últimas implicaría reconocer una Constitución Política discrecional, lo que no puede aceptar ningún mexicano.

Las apariencias engañan

* Quienes escuchan heavy metal tienen más tendencia a ser agresivos o que incluso tienen un mayor riesgo de suicidarse. Y sin embargo, más allá de los estereotipos, podríamos estar frente a un superdotado que intenta deshacerse de todas las tensiones y relajarse.

 

Ascenet Garduño

La música revela nuestra personalidad, nuestros ideales, visión del mundo y nuestra psicología. El psicólogo Viren Swami y un grupo de investigadores de la Universidad de Westminster, en Londres, Inglaterra, publicaron los resultados del estudio llamado Metalheads: la influencia de la personalidad y las diferencias individuales en la preferencia por el heavy metal”, donde además de intentar derribar algunos de los fuertes estereotipos que existen hacia los fanáticos de los estilos musicales derivados del metal, intenta un retrato psicológico de los metaleros, quienes tendrían “una peculiar constelación de rasgos en la personalidad”, de acuerdo al modelo de los cinco grandes y la teoría del rasgo.

Un total de 414 personas participaron en el estudio, 219 mujeres y 195 hombres, todos ellos británicos, quienes se sometieron a una sesión de escucha de 10 pistas musicales de diferentes estilos de metal contemporáneo extremo (desde heavy metal a metalcore, thrash, death, black, etc.), con una escala de 7 puntos que iba de “extremo desagrado” a “extremo agrado”.

Una vez culminaron, los participantes también completaron pruebas del modelo de los cinco grandes de personalidad, el cual revela las actitudes de cada individuo frente a la autoridad y sus máximas figuras, la autoestima, las necesidades de singularidad y la religiosidad.

 

Los resultados: la individualidad y el rechazo a la autoridad

 

La evidente coincidencia entre la preferencia musical de los participantes con el modelo de la personalidad de los cinco grandes no fue algo que sorprendiera a Swami. Numerosos estudios han demostrado la fidedigna y fiable asociación entre la personalidad y la subjetividad de los individuos y sus preferencias musicales, pero no en forma específica y detallada. Es decir, que hasta entonces esas preferencias no se habían analizado a niveles tan específicos de acuerdo a subgéneros musicales, como el metal extremo.

Los resultados fueron muy claros y demostraron que las composiciones más extremas, con los riffs de guitarra más “pesados”, de ritmos complejos y tiempos fuera de lo común, con bruscos cambios a pasajes intenso y melódicos, así como cantos caracterizadas por “gritos, chillidos y gruñidos”, eran de más agrado para quienes marcaban un claro pasaje a lo que en psicología se conoce como la apertura a la experiencia. En otros términos, el gusto por estas características musicales coincidía con las actitudes más negativas y de rechazo hacia la autoridad, la baja autoestima, una mayor necesidad de singularidad y un fuerte desapego por la religiosidad.

Los investigadores resumieron que “nuestros resultados confirman informes anteriores sobre el hecho de que la apertura se asocia con una preferencia por el rock pesado y el heavy metal, incluyendo subgéneros “nonmainstream”. En la explicación se ha sugerido que los individuos que puntúan alto en la apertura muestran una preferencia por la intensidad, la variedad, la complejidad y el sector más extremo y menos convencional del heavy metal.

“[…] también mostraron que los individuos con actitudes más negativas hacia la autoridad institucional eran más propensos a mostrar una preferencia por las pistas de metal extremo. En general, esto es consistente con la descripción de los fans de heavy metal como habitar una subcultura de la alienación, que se traduce en una oposición a la autoridad y a la sociedad en general… Es posible, por ejemplo, que el heavy metal pueda evocar imágenes referentes que son inherentemente antiautoritarias o la señal de una rebelión contra la cultura dominante. En este sentido, las personas que tienen actitudes más negativas hacia la autoridad pueden mostrar una preferencia por el metal extremo precisamente porque expresa su descontento con la autoridad.

“Los encuestados que mostraron una mayor preferencia por las pistas de metal en el presente estudio también eran más propensos a tener baja autoestima y una mayor necesidad de la singularidad. En el primer caso, es posible que las personas con autoestima relativamente baja se sientan atraídas por el metal pesado debido a que este estilo de música permite una purga de los sentimientos negativos. La catarsis ofrecida por el metal, a su vez, les ayuda a aumentar la autoestima y promover autoevaluaciones positivas entre los que de otro modo, la baja autoestima podría preponderar.

“Las personas más cercanas a la apertura a la experiencia tienen una marcada tendencia a sentirse a gusto con las formas más complejas, intensas, interesantes y estimulantes de la música y el metal es sólo una de esas varias formas”, termina señalando Swami.

Un artículo de la revista Muy Interesante, de enero del 2013, afirma que las personas que escuchan este tipo de música tienen más tendencia a ser agresivos o que incluso tienen un mayor riesgo de suicidarse. Y sin embargo, más allá de los estereotipos, podríamos estar frente a un superdotado que intenta deshacerse de todas las tensiones y relajarse. Al menos así lo cuenta un estudio de la Universidad de Warwick. Tras preguntar a más de mil estudiantes con altas capacidades intelectuales, encontraron que el rock era el estilo musical preferido por chavos de entre 11 y 18 años. Aquellos estudiantes comentaron que utilizaban el heavy metal para alcanzar una catarsis, como una forma de superar sus emociones negativas y afrontar la presión académica a la que estaban sometidos.

 

¿Escuchar heavy metal es propio de personas inteligentes?

 

Un trabajo presentado en la 18th Annual Conference of the Association for Psychological Science, en Nueva York, mostraba que las personas que preferían la música alternativa, el rock y el heavy metal obtuvieron puntuaciones más altas en una medida objetiva de inteligenciaEran particularmente mejores en la capacidad de abstracción. Los autores del trabajo plantearon la posibilidad de que esto se debiera a la mayor frecuencia de metáforas y lenguaje abstracto que existe en las canciones propias de este estilo, al que están expuestos de forma recurrente los fans.

 

¿Cómo son los “rockeros” y los “metalheads”?

 

El rock, la música alternativa y el heavy metal fueron definidos en otra investigación como música “intensa y rebelde”. Según este estudio, preferir este tipo de música se asocia con frecuencia a ciertos rasgos de personalidad como estar abierto a experiencias nuevas, disfrutar con el riesgo y ser físicamente activo. Sin embargo, no encontraron relación con el neuroticismo, como sería esperable según los estereotipos que asocian este estilo musical con las emociones negativas.

En definitiva, lo que está claro es que las apariencias engañan.

San Francisco

* Aterrizamos en Caracas hace 20 años y vimos la oscura playa del aeropuerto, oleadas de aviones de tipo comercial desde Washington y Bogotá cargados de armas y mariguana y una horda de negros taxistas peleando por nuestro equipaje miraba de vez en cuando el letrero de piedra que decía “Simón Bolívar, bienvenidos a Venezuela”.

 

Miguel Alvarado

He visto cómo una guerra sin batallas asesinaba a miles y todo para que alguien en San Francisco pudiera inyectarse una dosis de coca. Imagino las venas azuladas, apenas líneas sobre la piel blanca miserable, o negra o mexicana, miserable de todas formas y una sala donde la tele está encendida, un sofá casi nuevo pero orinado y latas de víveres en el rincón más visible, sucio de esa casa con vistas a la costa atlántica y al puto Golden Gate.

Aterrizamos en Caracas hace 20 años y vimos la oscura playa del aeropuerto, oleadas de aviones de tipo comercial desde Washington y Bogotá cargados de armas y mariguana y una horda de negros taxistas peleando por nuestro equipaje miraba de vez en cuando el letrero de piedra que decía “Simón Bolívar, bienvenidos a Venezuela”.

Un indignado de 25 años o menos y manos largas y duras armadas con uñas filosas, como dicen en la televisión acerca de los negros, arrojó al suelo 10 dólares en cambio porque para él eso no tenía valor. No teníamos billetes más pequeños, nosotros, que íbamos apenas abriéndonos los ojos, asustados luego de un viaje por 7 horas entre farsantes franceses y norteamericanos entumecidos provenientes de Los Ángeles o de algún lugar de la ciudad de México.

Las noticas narraban catástrofes globales y hasta la caída de un peso tenía en ese avión consecuencias bursátiles, alas doradas de muerte y petróleo para Venezuela y quizás México y Ucrania en el 2014.

Porque en ese avión nadie hablaba sobre el clima o el partido entre el Milan y el Real Madrid. Nadie se fijaba en las nubes como castillos que afuera se ennegrecían por el paso de las horas o llamaba a la azafata para pedir un vaso con agua, un tónic templado para el aterrizaje.

Nada. Panamá estaba debajo, brillante su canal de aguas negras porque esa maravilla del ingenio es un pedazo de mierda escarbada tierra adentro, apestando a petróleo.

Allí bajaron los franceses teléfono en mano, empleados de AT & T que por entonces era una empresa importante y se perdieron en el miasma negro de las pistas del Tocumen, con el código IATA: PTY, código OACI: MPTO y que tenía la estatua gigante de un indio guerrero como emblema.

El sudor agrio de la cocaína, en todo caso colombiana, vaporizaba las puertas, las ventanas y el sándwich se deslizaba plástico por el estómago de Selene, agarrada con sus manos a mis manos y a su ropa de lino comprada para el calor.

No me interesa que en Ucrania se maten por televisión o en Toluca abran agujeros para enterrar ejecutados. Caracas era el canto epiléptico de un ave enferma aunque llenó de amor los ojos de mi esposa, que no preguntaba si habíamos llegado ni a dónde nos dirigíamos, que miraba por la ventana los negros borrones de una carretera que me traspasaba la boca.

Nadie en Caracas hablaba español pero llovía con seriedad, con ese aspecto duro que tienen los temporales cuando alguien muere en vísperas de una fiesta, una operación cancerígena la sola espera de noticias.

La bandera ondeaba en todas partes como el lecho marino de la muerte y una tromba de mulatos comía panes en la playa, recargados en condominios de acero y cristal como torres protectoras para visitantes distinguidos.

No había nadie en las calles y pagamos 80 dólares por 4 horas de sueño en un hotel para familias de clase media, con alberca y agua caliente pero sin comida para nadie (una mariposa se mete a la oficina. Las ventanas abiertas no mitigan el calor y parece el distrito de Chacao. Se acerca como un barco y adormece su aleteo el paso de los autos, las voces albañiles y mi propia, inútil queja que recorre la sangre, mi epilepsia voluntaria).

Selene golpea el piso con la punta de su pie y se asusta cuando abre la puerta del baño y observa la taza rota, la regadera desprendida de la base y el agua caliente escurriendo en el lavabo. La ventana mira un edificio donde algunos escuchan programas de santería y magia negra y ríen con botellas en la mano. Afuera hay un club nocturno y las putas y sus padrotes esperan clientes como pasa en mi ciudad. Algunos extranjeros salen con mujeres y abordan el taxi, el mismo que nos llevó al hotel y que manejaba una anciana de 40 años de pelo crespo, cigarro en mano. Dijo que nos cuidáramos de la gente negra, negra ella misma en su taxi amarillo o blanco o verde, nunca lo recordaré, aunque dimos con ella tantas vueltas.

Fue el único auto que usamos en Caracas. Yo no veía nada, yo nunca vi nada, sólo a Selene, asustada y dolorida y la bandera de Venezuela, cementerio azul agitándose contra edificios sobre plazas públicas entre los taxis y los negros, que aventaban limones a los comensales en restoranes al aire libre.

Hoy en la casa, a la unacatorce de la tarde los cables se agitan, las compresoras hienden, los albañiles cargan, mi hermano trabaja… era tan pequeño cuando yo estaba en Venezuela y miraba a Selene metida en el mar como un charco apenas benévolo con las gentes de la montaña y los peces pasando entre sus pies (la ropa lavada escurre y el viento escupe agua hasta la ventana donde estoy. Esta vez los árboles, las barítonas voces y sus reglas milimétricas modifican la casa, cubo encementado que ahora cortan las sierras en el mármol, las trabes aceradas).

 

Ella caminaba en Caracas como llevada por el viento y miraba el Metro para extranjeros, los camiones llenos de brujas y nahuales y el mercado que vendía las tarjetas de beisbol.

Llevaba diez mil dólares en sus calcetas cuando regresamos a México. Ni siquiera me fijé en el nombre de las calles pero aún puedo recordar las estaciones de Gato Negro y Caño Amarillo y el sol de Caracas en la cara de Selene, deslumbrada porque sí en una ciudad que no podía gustarle porque ella no la había escogido.

Y allí, en esa negrura como el mar en la noche que llegamos, Caracas escupió las verdades razonables del esclavo. Nosotros nos morimos porque nos matan o vivimos porque nos dejan, comemos lo que podemos y nos queremos ir para siempre. Estamos contra todo, contra nosotros también y no sabemos sonreír.

Y Venezuela es una eternidad desmenuzada en trozos de Venezuela.

 

II

San Francisco arrasado por la bomba atómica, agria manzana de ladrillos, ni siquiera escucha el motor, el constante latido-corazón, las arterias de los cuerpos destapadas, liberadas por influjos mayúsculos de magos orates y estrellas del futbol.

Enteras estepas de nieve se convierten pronto en lapislázuli de terribles agentes asidos a la larga cabellera del no-muerto detrás del mostrador, donde alguien se inyecta y busca el libro que hasta ayer le parecía magnífico, imposible, y despaginado lo abre en el trance moribundo, miasma sanguínea de 240 mil muertos mexicanos y 240 mil fosas clandestinas y sus cruces narcocatólicas, guadalupanas, un rumor del viento solamente la tristeza.

Nada. Calle abajo los autos infectan avenidas atomizadas, aullantes sombras poémicas sobre el cuerpo destrozado de James Dean en la carretera. Escupen sus ráfagas en Visitacion Avenue, cosmódromo reticulado, kármico espejo del bien y el imperio de las minorías.

Nadie está libre del destino escrito en itálicas a 12 puntos en las revistas mensuales de Cosmo y Vogue, editadas en torno al ojo reptiloide de las mentiras verdaderas y que imprimen el seguro del desempleo en cupones accesibles de la página 78.

Y esas vistas, esas calles onduladas sobre el signo de la ese y el “cuidado con el perro” nos alcanzan hasta en el sillón orinado y la niña de 15 años desnuda en las vitrinas, a la manera de Europa.

Arriba, el Capitán América patrulla el cielo montado en helicópteros de la Blackwater que eventualmente desembarcarán en Crimea para resolver con un solo golpe petroquímico las consecuencias de una mentira televisada, editada en Adobe y After Effects. Los grupos de apoyo se disuelven mezclados con anfetaminas del mercado negro y la nafta mexicana fluye en las entrañas de la city, oleaginosa, dadora de vida.

Observa el libro y aúlla, luego la jeringa cae y la aguja quebrada encaja las últimas gotas en el piso de madera.

¿Esto es todo? ¿El ojo putrefacto del dios anfetamínico, la paz del Buda y sus esbirros, una cita por Facebook con rosas virtuales y mapas de Google de ubicación inmediata?

La noche americana me acompaña en el café de la tarde y me da las armas para enfrentar la desazón. No quiero dinero aunque sea todo lo que necesite y por 50 pesos me ofrecen terapia y música para gritar.

El yonki se desmaya sobre la taza del baño y alguien que lo mira lo empuja cuidadosamente con la punta del pie para abrir la puerta. El espejo es el verde reflejo del silencio, la paz a 15 dólares con impuestos más jeringas y cigarrillos.

San Francisco es el basurero enorme de la paz.

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