Errores y omisiones

* Sin dolores de cabeza y después de las desastrosas administraciones panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, los priistas brillaban con fulgor inacabable. Ha sido una ilusión pasajera o un sueño guajiro. La víspera del 1 de septiembre, cuando el atlacomulquense Peña está obligado a entregar, rendir o presentar a la nación su Primer Informe de Gobierno, el balance económico, político, social, educativo y de seguridad es un desastre, por escribir una palabra amable.

 

Francisco Cruz/ Marco A. Durán

Fue cosa del momento. A partir del 1 de diciembre de 2012 los priistas se sentaron a esperar el milagroso resurgimiento económico de México. De la mano de Enrique Peña Nieto; Luis Videgaray Caso, Jesús Murillo Karam, Miguel Ángel Osorio Chong, Rosario Robles Berlanga y Emilio Chuayffet Chemor, muchos, muchísimos —Televisa, por ejemplo, y casi todos los dueños de los medios— se aprestaron a presenciar el encauzamiento de la política nacional al camino de la rectitud y la honorabilidad.

Gozaba el país de una “halagadora” realidad. Sin dolores de cabeza y después de las desastrosas administraciones panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, los priistas brillaban con fulgor inacabable. Ha sido una ilusión pasajera o un sueño guajiro. La víspera del 1 de septiembre, cuando el atlacomulquense Peña está obligado a entregar, rendir o presentar a la nación su Primer Informe de Gobierno, el balance económico, político, social, educativo y de seguridad es un desastre, por escribir una palabra amable.

Horrorizados por los plantones y marchas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), los ciudadanos se niegan a ver incluso que los informes oficiales revelan que, por las incapacidades de Videgaray, el país entró en una espiral descendente, una economía en franca desaceleración; mientras Osorio, en Gobernación, se hace de la vista gorda para permitir al PRI hacer uso de sus viejas trampas electorales, y la Procuraduría General de la República, la de Karam, pese a la maquillada de números fue incapaz de ocultar que, desde el 1 de diciembre de 2012, se han reportada casi 14 mil asesinatos.

La administración peñista sufrió tamaña descalabrada cuando la Secretaría de Desarrollo Social, la de Rosario Robles Berlanga —la mujer que prostituyó al PRD—, no pudo ocultar más que 60 millones de mexicanos, la mitad de la población, viven en condiciones de pobreza, y a la de Educación, la de Chuayffet, se le cayó el teatro con la llamada reforma educativa, que plantea más una enmienda laboral punitiva para someter al magisterio disidente, meterlo al redil del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), una organización que nació en la década de 1940 para estar al servicio de la Presidencia de la República.

La pobre actuación en casi nueve meses echó leña a la hoguera de los escándalos. A nivel internacional se acabaron los halagos, México no es ya más el país con el potencial de crecimiento que esperaba el mundo. El “mexican moment” vislumbrado y promocionado, con bombo y platillos, por economistas y consultorías nacionales y extranjeras, pasó. Ha dado paso a la sombra de la duda. Incapaz de aceptar culpas, Videgaray siguió la escuela de los panistas y encontró sus culpables: el bajo ritmo económico de países europeos y asiáticos, así como de Estados Unidos, y el desastre en el que el panismo hundió al país, como si la campaña de 2012 la hubiera pasado con los ojos cerrados.

Ni Peña, ni Videgaray, ni sus panegíricos insertos en los grandes medios —impresos y electrónicos— explican que la mayor responsabilidad del magro crecimiento recae en el manejo inadecuado de las políticas económicas y la mala administración pública de los recursos. Peña y sus funcionarios en Hacienda, Gobernación, Banco de México, la PGR, Desarrollo Social o Educación han sido incapaces de detectar a tiempo los problemas, para tomar, según el caso, medidas anti-cíclicas.

Ejemplos sobran: al inicio del actual gobierno, un sobrado y triunfalista Videgaray estimó un crecimiento económico de 3.5 por ciento —con posibilidades de llegar al 4 por ciento— para 2013. Obligado por las circunstancias, pero todavía altivo, aceptó recortar la expectativa a 3.1 por ciento. Falló de nueva cuenta. El lento dinamismo interno lo obligó una segunda ocasión a morderse la lengua para ajustar sus proyecciones hasta 1.8 por ciento, con la probabilidad de que el Producto Interno Bruto (PIB) cierre del año con un avance mínimo de entre 1 y 1.3 por ciento.

La sorpresa de que la economía del país no puede manejarse tan en secreto y con tanta especulación como lo hizo con la del Estado de México —donde fue bautizado como el Harry Potter de las finanzas; por cierto, más por cábula—, dejó mudo a Videgaray. Mudo porque no ha sido capaz de reconocer que la industria maquiladora —ese extraño sector de producción dividida— es un desastre, ligando a México, siempre, al ciclo económico de Estados Unidos.

En términos prácticos, ha olvidado, o de plano no ha querido explicar, que la maquiladora es el motor más importante de la economía mexicana, en cuanto a exportaciones no petroleras se refiere. Tampoco ha señalado que ese flojo comportamiento de la maquiladora es reflejo de los problemas estructurales de un país que nunca ha logrado encontrar un proyecto propio de desarrollo.

Y la curva de aprendizaje del actual secretario de Hacienda se refleja en un subejercicio presupuestal, hasta el primer semestre, superior a 19 mil millones de pesos, sumado a una menor participación del sector privado. El resultado, valga la repetición, menor inversión fija bruta (por ejemplo, maquinaria y equipo) por la poca certidumbre que ofrece el nuevo gobierno priista. Llanamente, eso significa que los empresarios no confían en Peña ni en Videgaray.

La desconfianza se resiente más allá de las fronteras. Ya es inocultable la baja entrada de la inversión extranjera, la caída en las remesas y un sector turístico que, pese a la intensa promoción, no repunta. Todo eso afecta directamente el consumo de los hogares. Números del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) muestran que las ventas al menudeo —las de los hogares— apenas han crecido 2 por ciento en el año. Y aunque el Banco de México (Banxico) documenta que la inflación ha sido baja, la situación obedece más a la menor demanda interna de productos y a que no hay ingresos —por falta y/o pérdida de empleo—, que al buen manejo de la política monetaria.

Perdido el gobierno o metido más en crear burbujas informativas para desviar la atención a fin de ocultar sus incapacidades y los verdaderos problemas, pocos en el gobierno quieren ver la caída, por 10 meses consecutivos, del sector de la construcción, atribuida al vuelco de la política que dio el actual gobierno en la edificación de casas. Poco se habla de baja inversión gubernamental en infraestructura que encabeza, por cierto, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) al dejar de ejercer mil 500 millones de pesos en los primeros seis meses del año.

A estas alturas, las malas noticias se suceden una tras otra. Y una es consecuencia de la otra o de las otras. La tasa de desocupación por ejemplo, va en aumento; según el INEGI, en julio se ubicó en 5.12 por ciento y sigue en aumento. La enorme distancia entre las promesas, las proyecciones y las expectativas de los albores de la administración peñista no la puede ocultar ni el encarcelamiento de la profesora Elba Esther Gordillo Morales. Sólo los ciegos —el gobierno y los apoyos renacidos en el pequeño priista que cada comunicador lleva dentro— ocultan lo inocultable: de acuerdo con cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), manejado por el salinista José Antonio González Anaya, en todo el año se han creado apenas 300 mil nuevos empleos. De ellos, 274 mil son permanentes y el resto eventuales.

Con todo y su Reforma Laboral, el gobierno ha sido incapaz de crear las plazas prometidas. Apenas 14 mil 759 entre mayo, junio y julio. Haciendo sumas y restas en aritmética simple, eso significa que, en esos meses, se crearon 163 diarios, cuando el país requiere, por lo menos, 4 mil 167 nuevos puestos por día: 1.5 millones al año o 125 mil mensuales, para dar cabida a la fuerza de trabajo o jóvenes que se incorporan al sector laboral.

Un descalabro, pues, de tamañas proporciones arroja otros resultados desalentadores para una población empobrecida. Y le complica la vida a Peña, Videgaray, Karam, Osorio, Robles, Chuayffet y el resto del equipo presidencial. La trimestral Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) es elocuente: entre enero y julio de este año 500 mil mexicanos se sumaron a las filas de la informalidad. En otras palabras, medio millón de mexicanos en edad de trabajar engrosaron los abultados números del ambulantaje.

Si de evaluaciones se trata, Peña, Videgaray y compañía fallaron. Empobrecieron, todavía más, a un país empobrecido. ¿Tendrán el valor… o les vale?

Lluvia

* Y esa Buenos Aires, tan caminada, tan concreta, tan avenida los reúne en un Datsun sin cristales y muchos cigarros y los hace amigos. Al menos los presenta. Como de película.

 

Miguel Alvarado

Llueve. La revista Proceso quita de su portal la noticia sobre el presidente Peña Nieto, quien llama Juan Yin al premier chino Xi Jinping. Luego se supo que Huanjin significa “bienvenido” en chino. Pero Peña ha cometido tantos dislates que es imposible comprender sus pocos aciertos, como sucedió en aquel viernes de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, en el 2011, la Tarde de los Tres Libros, y que catapultó al entonces candidato del PRI, a simas abismales. Luego, Angélica Rivera llevaría de la mano a la esposa del presidente chino a conocer los foros donde Televisa graba sus telenovelas. “Ojalá seas más famosa que tu mamá”, dijo Peng Liyuan a una de las hijas de La Gaviota. Liyuan destaca por ser una de las mejores cantantes de ópera en el mundo, aunque posee una extraña debilidad por las truculencias de Emilio Azcárraga. Después, ya firmada una línea de crédito para Pemex por mil millones de dólares, la admiradora de la Rosa de Guadalupe y la estrella de Destilando Amor se dedicaron a acompañar a sus maridos, quienes caminaban plácidamente por Chiche-Itzá. Todavía algunos no creen del todo que esas pareja gobiernen México y China.

En el otro extremo de América, la maldita Buenos Aires libera en sus calles sus propias historias. Una mujer, dedicada a la escritura de horóscopos, recetas de cocina y retratos fen-shui, llega a su casa, un departamentito muy kitch que comparte con su marido. De pronto, regando sus plantas y quitándose el abrigo al mismo tiempo, se da cuenta de que aquella no es la vida que necesita, y que ni quiere. Así, ido el esposo al trabajo, toma algunas cosas y las empaca en la cajuela de su auto, en el que se va para no volver. Un cristal estallado y el robo de su estéreo fueron el detonante, dice entre antes y después. Cuatro o cinco años de nada la convencen pero su epifanía dura algunas calles. Nada dice que ella esté mal, sólo quien se fija en la manera en que aferra el volante entiende algo o lo sugiere. O los ajados Marlboro aventados sobre el parabrisas o el suéter peruano, tejido a mano con lana de la India. Lo mismo sucede con los 49 niños muertos de la guardería ABC de Sonora, quienes cuatro años después no encuentran justicia ni culpables. Nadie sabe que eso esté mal. Nadie se acuerda, hasta que ven las fotografías gigantes danzando por las calles del Distrito Federal, en la city. La marcha, para conmemorar las cenizas en las que está convertido el país no reencarnará niños, como sucede con los budistas tibetanos. Aquí la muerte es ceniza y los culpables se hacen humo.

Llueve. Toluca aporta su dosis de violencia cuando seis mujeres violadas cuentan su historia en la sala de Urgencias del Hospital Mónica Pretelini. Iban caminando rumbo a Chalma, en peregrinación campestre que involucraba oscuros corredores. Allí las violaron y golpearon a sus acompañantes, a quienes además robaron. Nada del otro mundo si también se considera un asalto al centro comercial Garis sobre Tollocan y a la docena de ejecutados en la entidad, en menos en una semana. Eruviel Ávila, amigo máximo de Enrique Peña según los diarios gubernamentales, enseña el músculo y se recibe con honores en la materia de Giras y Mítines mientras dos de sus policías de la SSC son ultimados en Sultepec. Uno de ellos, el comandante del grupo, fue secuestrado y torturado antes de morir. De pasada, 11 levantados en un bar del DF son buscados en el Estado de México, donde, se teme, aparecerán al mismo tiempo en varios lugares.

Pero cuáles mentiras. Si la lluvia en Buenos Aires apenas alcanza para un café con leche y para que algunos decidan vivir en sus autos. ¿Cómo, si no, cuando la vida se resbala por el cristal, el plástico y la banqueta y es el espacio revitalizado donde un congestionamiento vial sugiere no temerle a los cambios pero sí a la vida que pasa?

 

¿que pasa?

 

Allí, la mujer conoce a otro trásfuga inverso, porque regresa luego de años, a ver a su padre enfermo. Lo encuentra muerto o muy cercano ya al ahogo. Debe hacerse cargo de sus cosas y un departamento ocupado por un inmenso piano de cola lo sofoca como al pariente en el hospital. Y decide tirarlo por la ventana, por el balcón de un sexto piso para que se haga trizas. Total, niño de 43 años, casado y con hijas, no sabe qué hacer con el fantasma de su padre pero tampoco con él mismo. Y esa Buenos Aires, tan caminada, tan concreta, tan avenida los reúne en un Datsun sin cristales y muchos cigarros y los hace amigos. Al menos los presenta. Como de película.

Y tan cinematográfica es que hasta tiene actores. Muchos, pero son dos, uno, quien se lleva los créditos. Una tal Valeria Bertuccelli, como gota, retrata para esa cinta, llamada Lluvia, los desatinos de un encuentro que puede suceder en cualquier ciudad de LAmérica, pero no la gringa, tan adecentada que parece cuento de cine. La tal Valeria tiene 42 años y es, al menos en Lluvia, la mejor. Esposa del cantante Vicentico para más señas, consigue un retrato casi humano en un personaje desmoronado, fumador y ansiolítico que hace de su necesidad una especie de trampolín hacia abajo y se hunde con gracia manifiesta aferrada a la nube más alta. Es eso. Una película cursi, de cualquier forma, argentina pero sin acento que en el 2008 pasó por México como pudo, pero que ya a lo lejos toma otro aire, una sensación de tormenta.

Y mientras Valeria es feliz en su Datsun azul clarito, llora y se duerme con el volante en las piernas, en Toluca se espera la nueva película del zombie metrosexual Brad Pitt, que competirá con la supermanesca película del mago de lo inútil, Cristopher Nolan.

Y, claro, llueve.

Una respetuosa caravana

 

 

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

El peregrinar de Peña por la política partidista tampoco es un secreto, siempre a la sombra y bajo la tutela única de Montiel. De la mano de éste obtuvo sus primeros puestos partidistas y públicos: la coordinación del manejo de dinero para la campaña a la gubernatura mexiquense de Emilio Chuayffet Chemor, pasando por una subsecretaría de Estado que lo impulsó a una secretaría, de ahí a la candidatura por una diputación local y, posteriormente, a la presidencia de la legislatura ya en el sexenio montielista.

Todavía hoy, algunos recuerdan a Enrique cuando aparecía, casi tímido, al lado de Arturo Montiel en ceremonias oficiales, desfiles y fotos que el ex mandatario concedía en entrevistas de banqueta en las calles de Toluca. Su sobrino, un joven impecable hasta en el trajeado, guardaba respetuosa distancia mientras esperaba su turno —aunque no se le notaba interesado en ocupar la gubernatura—, siempre deferente con los que estaban arriba de él.

Por ese entonces, Enrique era el funcionario más asequible del montielismo o, al menos, así lo veían los reporteros locales que podían hasta bromear con el entonces secretario de Administración, a quien se le recuerda coqueto y amistoso. Luego los objetivos se fueron imponiendo y el joven político cambió su actitud.

Más ensayado, comenzó a imponer lejanías en los tratos, aunque siempre respondió a saludos y ademanes con una respetuosa caravana. Bien parecido, muy por encima de la media que distinguía la imagen de los políticos en el Estado de México, a Enrique no se le dificultó sacar partido de todo y, casi de inmediato, en 2005 se le mencionó como un presidenciable en potencia, destino que se fue moldeando con el tiempo.

A Peña se le puede criticar todo, menos que haya descuidado su proyecto personal, al cual se enfocó con ahínco. Ni gracias ni desgracias lo desviaron de su objetivo. Ahora se permite guiños, algunos innecesarios como el libro “México, la gran esperanza”, donde publica el “proyecto de nación” que ha venido repitiendo con santidad fervorosa desde hace seis años. Y aunque las lenguas, malas o buenas, aseguran que el escritor detrás de aquel legajo no es otro que el ex gobernador veracruzano Fidel Herrera, ferviente partidario del peñismo, sólo quienes escucharon su declaración sobre el salario mínimo y el precio de la tortilla podrán dar una respuesta acertada, porque otros achacan la autoría a Luis Videgaray Caso.

Su andar político se fue entretejiendo con la parte más privada de su vida y cuando supo que sería sucesor de Montiel, cambió su carácter. De la cordialidad pasó a ser un político irascible para con sus allegados, volviéndose enemigo de tomar decisiones a la ligera, menos aún cuando estaba en juego su imagen. Al mismo tiempo, se metió en los más inverosímiles problemas públicos e íntimos, circunstancias que posicionaron su foto y sus declaraciones en las revistas del corazón, de telenovelas y farándula, desplazando el factor político-administrativo como eje central.

En las pláticas de sobremesa o en las charlas informales de café, algunos se dedicaron a recoger las “propuestas” políticas, ideológicas e intelectuales más “serias” y “representativas” en la agenda electoral: “Enrique, amigo, mi vieja quiere contigo”, “Enrique, mangazo, contigo me embarazo”, “Enrique, bombón, contigo hasta el colchón”, “Con Peña, aunque tenga dueña”, “se lo firmo y se lo cumplo”.

Su distinción como el “más guapo” de todos los funcionarios mexicanos terminó por concretarse gracias a los esfuerzos de Mónica Pretelini Sáenz para que el país atestiguara el encumbramiento de su esposo como el “Luis Miguel” de la política desde la gubernatura mexiquense, lo que se sumó a la guerra sucia que terminó con su rival panista Rubén Mendoza Ayala.

Los sucesos de 2005 —de la precampaña a la toma de posesión— fueron una tentación demasiado grande, una señal en firme de que Enrique era destinatario único de la profecía que, inesperadamente, a mediados de 1940, lanzó, con voz de arcano mayor, la vidente atlacomulquense Francisca Castro Montiel, familiar, por cierto, de Arturo Montiel Rojas: “seis gobernadores saldrán de este pueblo. Y de este grupo compacto uno llegará a la Presidencia de la República”.

Aquella humilde futuróloga —que acercó el vértigo de los atlacomulquenses a un paso del precipicio— y su esposo, Febronio Barrios, tuvieron su recompensa: atestiguaron cómo los gobernadores protegieron a sus hijos Roberto y Froylán. A ambos los hicieron diputados locales y federales; al primero, profesor rural, le alcanzó el impulso para despachar como líder nacional campesino, fundar la Liga de Comunidades Agrarias y llegar por la vía plena del dedazo en 1958 a la Jefatura del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, cargo entonces equivalente al de secretario de Estado.

Si la inclinación de la vieja clase dominante de Atlacomulco al espiritismo, las ciencias ocultas, la hechicería y las sociedades secretas más radicales de la iglesia Católica se suele desdeñar, la profecía de 1940 empezó a materializarse en marzo de 1942, cuando desde Palacio Nacional —las huellas y las evidencias llevan a la oficina presidencial— salieron las directrices para acallar al gobernador mexiquense Alfredo Zárate Albarrán y, en su lugar, enviar a Isidro Fabela Alfaro.

Ex secretario de organización del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), ex diputado y senador con licencia, de 42 años de edad, Zárate Albarrán murió el 8 de marzo de 1942, tres días después de un atentado con arma de fuego del que responsabilizaron —encontraron culpable y, en los hechos, exoneraron con un amparo firmado desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación— a Fernando Ortiz Rubio, presidente de la Legislatura local y jefe del Departamento de Tránsito.

Nadie se atrevió a recordar los enfrentamientos del gobernador mexiquense “rebelde” con el entonces presidente Manuel Ávila Camacho y el ambicioso hermano de éste, Maximino, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. El amparo para que Ortiz Rubio purgara su condena en libertad esgrimía todas las razones para callar.

Fabela, en ese momento el diplomático mexicano más prestigioso por los servicios que prestó al viejo Venustiano Carranza, luego por su trabajo en la Delegación Permanente de México ante la Sociedad de Naciones en Ginebra y, más tarde, en la Corte Internacional de Justicia de la Haya en Holanda; llegó como nuevo gobernador interino-sustituto “constitucional”. Al margen de la violación a todas las leyes habidas y por haber, los políticos atlacomulquenses cerraron filas en torno a Fabela. En el Estado de México, las generaciones siguientes se harían fabelistas.

Cansado, Isidro Fabela Alfaro murió el 12 de agosto de 1964, a los 82 años de edad, mientras dormía en su casa de Cuernavaca. Aun muerto, un pago de viejos favores sirvió para que el presidente Gustavo Díaz Ordaz impusiera a Carlos Hank González como candidato único a la Gubernatura del Estado de México.

Cuando Peña Nieto terminó su periodo como gobernador, el 15 de septiembre de 2011, una misma familia de Atlacomulco había controlado por casi siete décadas la política y los recursos del Estado de México. Los apellidos Fabela, Del Mazo, Vélez, Sánchez, Colín, Montiel y Peña habían dado a la entidad seis gobernadores; siete, si se toma en cuenta al hijo adoptivo, Hank González.

A partir del 14 de enero de 2005 sucedió lo que toca en estos casos: los priistas oficiosos le armaron a Peña una biografía edulcorada de príncipe azul tomando como base el fabelismo. En los días y semanas posteriores, los electores mexiquenses, susceptibles de convencimiento, controlados siempre por el PRI, acogieron con entusiasmo el ascenso del nuevo “mesías” que los llevaría a la tierra prometida por Francisca Castro Montiel: la Presidencia de la República.

Para llegar al poder, Peña necesitó sólo un empujoncito, es decir, hacerse visible a través de un currículo. Así, en el sexenio de Montiel (1999-2005), escaló posiciones en forma vertiginosa. Desde los primeros años de la década de 1990, su tío lo llevó de la mano hasta la gubernatura, puesto elegido para Enrique desde antes de que iniciara su licenciatura en Derecho en la Universidad Panamericana y sus estudios de posgrado en el Instituto Tecnológico de Monterrey.

A partir de entonces, la vida de Peña transcurrió sin mayores acontecimientos ni complicaciones, si bien su carrera burocrática floreció en unos años: secretario particular del titular de la Secretaría de Desarrollo Económico de 1993 a 1998—los primeros años con Montiel y, a la renuncia de éste, con Carlos Rello Lara—; subsecretario de Desarrollo Político de la Secretaría General de Gobierno de septiembre de 1999 a marzo de 2000; integrante de los consejos de administración de diversos organismos públicos de marzo de 2000 a octubre de 2002; vicepresidente de la Junta de Gobierno del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia del Estado de México (DIF) de marzo de 2000 a octubre de 2002; presidente del Consejo Directivo del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM) de marzo de 2000 a octubre de 2002; y titular de la Secretaría de Administración, de marzo de 2000 a octubre de 2002.

Al principio de la campaña se hizo público que el joven Enrique alternó puestos burocráticos o de elección popular con otros partidistas para evitar todos los candados y otros obstáculos al llegar la hora de la sucesión, contando con el apoyo absoluto de Arturo Montiel, quien en octubre de 1991 fue designado presidente estatal de los priistas.

Con una agenda cuidadosamente elaborada para aprovechar los adelantos tecnológicos; es decir, a través de millonarios presupuestos destinados a los medios de comunicación, en particular Televisa y las revistas del corazón, Montiel heredó a su sobrino un imperio originalmente construido para él. La agenda montielista labró una imagen pública que convirtió a Peña en un showman, una celebridad que hizo de los acontecimientos de su vida privada un asunto de trascendencia política, como ocurrió con la muerte de su esposa Mónica en circunstancias muy sospechosas.

Con Arturo como operador político, y mientras salinistas y delmacistas —por Carlos Salinas de Gortari y Alfredo del Mazo González, el otro tío cercanísimo de Atlacomulco— recibían la encomienda de preparar la agenda y reunir fondos para una campaña presidencial que inició de inmediato en 2005, Enrique fue impuesto como candidato del PRI a la gubernatura mexiquense. Así, en 2011 no tuvo problemas para arrollar a su único rival en la lucha por la precandidatura presidencial priista: el senador sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera, quien, doblegado por una convocatoria amañada, se hizo a un lado “por voluntad propia”.

Transicionados

* Nadie sabe cómo funcionará este equipo ni para qué sirve tener a un encargado de Emprendedores si el propio Peña ha dicho que serán otros los encargados de las verdaderas secretarías federales. El blindaje mexiquense es para otra cosa. Y sólo así se entiende que Gerardo Ruiz Esparza, otro secretario de Estado mexiquense, sea encargado de Infraestructura. Nadie sabe cómo, pero Juan José Guerra Abud, un oscuro diputado pero brillante empresario toluqueño, haya sido invitado para hacerse con la cartera de Medio Ambiente, con la única excusa de que pertenece al Verde Ecologista. Más bien, se trata de un operador de Emilio Chuyaffet, quien asegura participación y recuerda obligaciones.

 

Miguel Alvarado

Enrique Peña mira por la ventana, al mediodía de una mañana de septiembre. Está de gira y su rutina lo ha llevado por todo el país en busca de conciliar con los dueños del poder el rumbo que tomará su administración. Como siempre, David López, encargado de Comunicación, le comenta los puntos del día y entrega los informes que le ha mandado hacer.

El script para la jornada ha sido escrito y leído, aprendidos los parlamentos principales y repasadas las posibles respuestas. Casi nada ha sido dejado al azar, un lujo que el equipo del presidente electo de México no puede permitirse.

Peña funciona solo, pero lo hace mejor y sin tragedias al lado de quienes lo vieron escalar posiciones políticas, de la mano de su tío, Arturo Montiel, desde el gobierno del Estado de México. Así pues, a su lado están los consejeros y ayudantes que gobernaron con él la patria chica y ahora se aprestan para hacerlo a nivel nacional.

Pero hay un problema. La experiencia de casi todos es regional y sus enfoques políticos responden a veleidades casi necias de los caciques mexiquenses. Esta vez el encargo rebasa sus propias capacidades, incluso sus personalísimas ambiciones pues el presupuesto de un país, el ejército y la armada están a su disposición, enteramente y sin obstáculos siempre y cuando coincidan. Este grupo, que el periodista Jenaro Villamil ha llamado “El Equipito” será el encargado de llevar a buen puerto la transición que Calderón opera desde Rusia y la mitad de Asia.

Este “equipito” tiene las mejores intenciones de mostrar su mejor cara al público mexicano, ante el cual algunos de ellos son perfectos desconocidos. Una mirada al currículum de las columnas vertebrales de Peña los relaciona, a casi todos en escándalos de corrupción que contribuyen a edificar la realidad negra con la que el nuevo Ejecutivo mexicano deberá comenzar su gobierno.

En medio de aquel torbellino mexiquense de colaboradores presidenciales, la Procuraduría federal se da tiempo todavía de detener a narcotraficante en el Estado de México y evidenciar la herencia de la administración peñista. Premeditados o no, los golpes federales podrían ya no tener sentido para quien es el nuevo dueño de las fuerzas armadas en el país y bastiones de la fársica lucha contra el crimen. La detención de Ramiro Pozos González, “El Molca”, pronto dio la vuelta al país pero no por la importancia del supuesto líder del cártel de La Resistencia, sino por la  carcajada permanente que exhibió durante su presentación pública. El Molca, uno de los anti-héroes que el sistema mexicano se encargó de crear en laboratorios de paciencia y por más de 80 años, es nada más el reflejo de la realidad de donde provienen el presidente electo y las condiciones que le permitieron triunfar, a pesar de él mismo. Así, un socio más de La Familia es quitado momentáneamente del camino, por lo menos hasta que lo liberen por falta de pruebas o por expedientes mal integrados. Mientras, la risa de El Molca hace de comparsa a los aliados de Peña, quienes recibieron a su último integrante, el ex secretario de Finanzas del Estado de México, Raúl Murrieta, con los brazos abiertos.

Ese Raúl es parte de la estructura que Luis Videgaray dejó en la entidad para cuidar las cuentas en la recta final de la administración del sobrino de Arturo Montiel y vigilar a Eruviel Ávila mientras pasaba el proceso electoral. Integrado ya al equipo presidencial, a Murrieta Cummings se le recuerda por el burdo manejo que hizo de la cuenta bancaria de gobierno estatal en el banco Scotiabank desde donde se transfirieron 50 millones de pesos que, luego aceptaría, se tratarían de un error. Egresado del ITAM como Videgaray, a Murrieta le tocó hacer el papel más triste al defender la integridad moral de Peña y Ávila y de paso atacar al senador perredista Ricardo Monreal, quien había denunciado aquella cuenta. Al final, tuvo que aceptar lo imputado.

Luis Videgaray seguirá como jefe de Murrieta. Y aunque a Luis se le atribuye el triunfo de Peña, otros lo colocan en un plano muy secundario donde debía interpretar el papel de vocero y stopper, mientras otros operaban realmente la campaña y sus dineros. De cualquier forma, Videgaray es oficialmente el artista de la elección, a pesar de un carácter apocado que de nada le sirvió cuando era secretario de Finanzas en el Edomex. Un empresario norteamericano de origen hispano lo acusó de fraude por cerca de 56 millones de dólares, cuando compró promoción e imagen para el ahora presidente. Junto al de Videgaray, aparecieron los nombres de Erwin Lino, Epifanio David López, Roberto Calleja y Luis Miranda Nava, todos mexiquenses y todos amigos de Peña. Luis Videgaray tiene ahora el encargo de “coordinar la transición gubernamental”.

Junto a este megacontador, está el mencionado David López, un comunicador social al que s ele atribuye la creación del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, un órgano de difusión oficial del gobierno estatal en los tiempos de Alfredo del Mazo González. López había perdido en todos los procesos electorales en los que habían participado sus jefes, y se le responsabiliza por el error que cometió Alfredo del Mazo cuando se negó a felicitar a Carlos Salinas, nombrado por Miguel de la Madrid. López fue uno de los encargados de negociar con Televisa los contratos que ubicaron a Peña en el escenario político nacional. Uno de sus hijos, David López, fue alcalde interino de Metepec y hoy es diputado. Se le ubica como miembro del Chilorio Power, un grupo de voceros cuyo negocio es la imagen de políticos con altas pretensiones.

Alfredo Castillo Cervantes era procurador mexiquense pero antes fue el policía encargado de la investigación sobre el asesinato de la niña Paulette Gebara. Cubrió y respaldó la versión de Alberto Bazbaz sobre la muerte de la pequeña y “olvidó” asegurar el lugar de las investigaciones. Recientemente renunció a su encargo en el Edomex, pero aprovechó aquella plataforma para convertirse en un funcionario mediático aunque poco efectivo, como lo demostró el caso del feminicida conocido como El Coqueto, fugado de las propias instalaciones de la Procuraduría. Castillo es el coordinador de Justicia.

Erwin Lino Zárate siempre ha sido secretario particular de Peña Nieto y lo seguirá siendo. Lo acompañó en la gubernatura y se encargó de él desde la campaña estatal del 2005. Lino es un operador político discreto pero efectivo que sirve de enlace con los distintos grupos priistas y fue colocado atrás de Peña por el propio Montiel, uno de los patrocinadores del nuevo presidente. Lino se especializó en aquello de las secretarías particulares, pues con el ex gobernador César Camacho, desempeñó la misma responsabilidad.

Catapultado en la administración montielista, fue allí él director de Fomento a la Micro y Pequeñas Empresas y director de Desarrollo Rural y también director general de los Foros Biarritz, diseñados como plataformas presidenciales para el fracasado intento de Montiel para hacerse con la presidencia mexicana, en el 2006.

Luis Enrique Miranda Nava es uno de los Golden Boy’s que han sobrevivido a la aventura de poder en la que se embarcó Peña Nieto. Secretario de Gobierno, perdió las elecciones locales en Toluca para la alcaldía. Señalado por defraudar a empresarios locales, a quienes nunca pagó por servicios de promoción, Miranda “negoció”, entre otras cosas, que el sindicato independiente magisterial, Sumaem, retrasara por años su toma de nota, pero también por operar para Montiel, su verdadero hacedor, posiciones políticas y flujos de dinero para elecciones internas y la misma presidencia. Miranda es hijo de Luis Miranda Cardozo, un ex magistrado estatal. También fue acusado penalmente por un regidor de Tlalnepantla, José Luis Cortés, de enriquecimiento ilícito, junto al propio Montiel, a quien presuntamente prestaba su nombre para la adquisición de inmuebles. Fue exonerado por la PGR en el 2005. Y ahora es vicecoordinador político. Se le ubica como el hombre que negoció patrocinios y pugnas políticas para Peña y con un poder mayor al de Luis Videgaray.

Enrique Jacob Rocha ha sido alcalde de Naucalpan, diputado y secretario de Estado. Eterno aspirante a la gubernatura mexiquense, no se pierde sin embargo de los círculos de poder que le brinda el Grupo Atlacomulco. Con fama de desmemoriado y bohemio, a Jacob se le ubica como responsable del Programa Emprendedores, en el equipo de transición.

Nadie sabe cómo funcionará este equipo ni para qué sirve tener a un encargado de Emprendedores si el propio Peña ha dicho que serán otros los encargados de las verdaderas secretarías federales. El blindaje mexiquense es para otra cosa. Y sólo así se entiende que Gerardo Ruiz Esparza, otro secretario de Estado mexiquense, sea encargado de Infraestructura. Nadie sabe cómo, pero Juan José Guerra Abud, un oscuro diputado pero brillante empresario toluqueño, haya sido invitado para hacerse con la cartera de Medio Ambiente, con la única excusa de que pertenece al Verde Ecologista. Más bien, se trata de un operador de Emilio Chuyaffet, quien asegura participación y recuerda obligaciones.

Lo mismo pasa con las obligaciones de Alfonso Navarrete, ex procurador de Justicia del Edomex que perdonó a Arturo Montiel cuando montó una escena para investigarlo por su fortuna de humo y al final, exonerado y todo, ambos conservaron sus bazas políticas pero no públicas. Navarrete quiere la PGR, donde ya trabajó hace años al lado de Jorge Carpizo, de quien por años fue secretario particular. Pasó una mala temporada hasta que Montiel lo rescató y le dio trabajo en su administración. Amigo personal de Maude Versini, ex esposa de Arturo, fue impulsado por ella para obtener la gubernatura del Edomex, pero Montiel optó por la familia en la figura de Peña. Investigó a Isidro Pastor, presidente estatal del PRI mexiquense y el rival más fuerte de Peña en el 2005, para obstaculizarle en el proceso interno del tricolor. El historial de Navarrete es de los más largos dentro del equipo de transición, e incluso se le relaciona con Luis Miguel Dena Escalera, ex agente del Cisen. Acusado por espiar desde Naucalpan a figuras políticas como Manlio Fabio Beltrones y hasta a Angélica Rivera, la esposa de Peña, en el 2008. Fue diputado y ahora lo llaman para una cartera denominada “Coordinación del Trabajo”.

Otros tres mexiquenses hallaron cobijo en la transición. David Korenfeld, ex secretario del Agua y ex alcalde Huixquilucan cuando el narcotráfico irrumpió en aquel municipio; Marcela Velasco y Osvaldo Santín tendrán las carteras, si así se les puede llamar, de Agua, Oficia Mayor del Equipo de Transición y Seguridad Social, respectivamente.

La rebelión mexicana que llegó por la red

* El fin de semana del 14 y 15 de julio comenzó a gestarse en Atenco una articulación de organizaciones sociales, campesinas y sindicales con el movimiento universitario que lleva dos meses batallando contra el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al gobierno, de la mano de Peña.

 

Daniela Pastrana/ IPS

San Salvador Atenco. Seis años atrás, la plaza de este pueblo cercano a la capital de México fue escenario de la mayor represión policial de este país en tres décadas.

El gobernador del Estado de México, vecino a la capital y al que pertenece el municipio de Atenco, era Enrique Peña, quien asumirá el 1 de diciembre la Presidencia de este país, a menos que proceda la impugnación de los comicios presentada por la izquierda.

Los campesinos de Atenco habían resistido en 2002 la expropiación de sus tierras para construir un aeropuerto. Pero cuatro años después, un incidente entre vendedores de flores y la policía desembocó en un operativo que dejó dos muertos, 207 detenidos y torturados, 26 mujeres violadas y dirigentes condenados a penas equivalentes a prisión perpetua.

El fin de semana del 14 y 15 de julio comenzó a gestarse aquí una articulación de organizaciones sociales, campesinas y sindicales con el movimiento universitario que lleva dos meses batallando contra el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al gobierno, de la mano de Peña.

El PRI gobernó México durante buena parte del siglo XX (1929-2000). Interrumpido por los dos períodos presidenciales del conservador Partido Acción Nacional, se apresta a retomar el gobierno tras los comicios del 1 de julio, plagados de denuncias compra de votos y coacción sobre los electores más pobres y de parcialidad de los grandes medios de comunicación a favor de Peña.

El colectivo Yo Soy 132 –que nació en mayo a partir del reclamo que hicieron estudiantes de la Universidad Iberoamericana a Peña por la represión contra los campesinos de Atenco– desconoció el resultado del escrutinio y emprendió una campaña por la limpieza electoral, a través de su principal medio, Internet.

El nombre surgió de la identificación pública que hicieron los 131 estudiantes que protestaron contra Peña, colocando videos en YouTube con sus credenciales. A partir de ese hecho, jóvenes de otras universidades se les unieron empleando la frase “Yo soy el 132” o #YoSoy132, la cuenta que utilizan en Twitter.

“A diferencia del movimiento por la paz de Javier Sicilia, que tuvo también una movilización espontánea en las redes sociales, Yo Soy 132 sí tiene como base de estrategia de lucha el uso de estas redes”, dijo a IPS la académica Claudia Benassini, especialista en observatorios de medios de comunicación.

Con relación a los comicios, México vive dos realidades paralelas.

En los medios de comunicación tradicionales y en las cúpulas del poder político, el proceso electoral está resuelto. En cambio, las redes sociales viven la continua efervescencia de llamados a firmar peticiones de impugnación y a realizar manifestaciones.

“Por el momento, tenemos dos representaciones opuestas de la realidad: las redes sociales informan de un país corrupto, incapaz de votar en libertad, y la televisión comercial celebra el éxito de una ‘jornada ejemplar’. En esta esquizofrenia nos preguntamos adónde va a dar el voto”, sostuvo en una columna del diario Reforma el escritor Juan Villoro.

“La forma en la que venían organizándose los movimientos sociales entró en crisis, y ahora tenemos una nueva expresión contra el régimen en una coyuntura electoral”, dijo a IPS el estudiante Magdiel Sánchez, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Mayra Rojo, doctoranda en historia del arte, explicó que esta forma de lucha, que demanda desplazar lo masivo por lo colectivo virtual, no está peleada con el acercamiento a la comunidad. “Nuestras rutinas están ligadas a Internet y a las redes sociales. (Pero) eso no significa que no haya un trabajo comunitario”, dijo.

Se trata de una generación que creció con Internet y que no tiene una cultura de informarse a través de medios tradicionales, como la prensa, la televisión y la radio.

Sin embargo, la red es aún insuficiente para alcanzar al gran público.

En este país con 112 millones de habitantes, 96 por ciento de las frecuencias para uso comercial en televisión abierta pertenecen a dos empresas, y 80 por ciento de las frecuencias del espectro radioeléctrico están controladas por 13 grupos empresariales.

Aunque se duplicó en seis años la cantidad de usuarios de Internet, estos no pasan hoy de 40 millones.

A pesar de las intensas movilizaciones virtuales contra el candidato del PRI en los días previos a la elección, Peña obtuvo 38,2 por ciento de los votos, y el postulante de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, 32,5.

La red social más usada es Facebook, con 26 millones de usuarios. Le siguen YouTube y Twitter. Aunque las cifras de esta plataforma de microblogs (mensajes que no pueden pasar de 140 caracteres) no son muy precisas, los datos más recientes indican que hay alrededor de 10 millones de cuentas registradas.

Pero los técnicos aseguran que la mitad de esas cuentas de Twitter no están activas, es decir que sus poseedores no las usan, porque no les ven utilidad o porque solo las mantienen para cuestiones muy específicas, como revisar dónde están desplegados los controles de alcoholímetro en el tránsito.

De los usuarios activos, una tercera parte se concentran en la Ciudad de México, convertida en un poderoso bastión de las fuerzas progresistas.

En la capital, el caudal electoral de López Obrador duplicó el de Peña. En cambio, ocho de los 10 estados que más votos dieron al postulante del PRI figuran entre los 10 distritos con más pobreza del país, adonde casi no llega Internet.

“Hay un proceso de evolución importante”, dijo a IPS el fotorreportero Heriberto Paredes, integrante del consejo editorial de Rompeviento, un canal de televisión web inaugurado este año.

“Pero no es suficiente. Si (estos manifestantes) no salen de las redes y las computadoras, y pasan a encontrarse con la gente que sostiene este país, el esfuerzo no va a servir”, agregó Paredes, quien documentó gráficamente en 2006 la represión en Atenco.

Para el abogado Jesús Robles Maloof, miembro del ContingenteMX, un grupo de tuiteros activistas de derechos humanos, los estudiantes están potenciando una forma nueva de movimiento social.

“La sociedad civil organizada llegó tarde al uso de Internet y de las herramientas de ‘social media’ (sic), por una equivocada tendencia a pensar que el activismo real es solamente el que está en la calle”, dijo.

La estrategia mediática “sí está siendo fundamental en este proceso, pero no es suficiente para la dimensión de lo que se necesita”, comentó Maloof a IPS. Es un proceso lento porque en Internet hay mucha información que no necesariamente abona a la construcción democrática, aclaró. “La decantación a la ponderación de la información nos va a llevar años, y para que esto llegue a otros sectores, aún más”.

“Hay mucho rumor y mucha intolerancia en Internet. Los ‘trending topics’ (tendencias, palabras o frases más repetidas en Twitter en un momento dado) se crearon para promover el debate sobre un tema, pero el uso de ‘bots’ (programas informáticos que imitan el comportamiento de un usuario) han dado al traste con ese debate”, coincidió la académica Benassini.

Para ella, “si se logra invalidar las elecciones, algo muy difícil, o si se consigue abrir el espacio para nuevas concesiones de televisión, que es lo que se ha ofrecido, sí podremos hablar de un impacto decisivo de la movilización de los jóvenes en las redes sociales”.

Desde Lerma

* En las dos pasadas elecciones, panistas y perredistas no han visto ni el polvo al PRI. En Lerma los ha apabullado, dejándolos prácticamente sin nada. Tienen casi siete años sin ver la suya. La única manera de que azules y amarillos puedan competir al PRI es en una alianza. Separados, a lo único que aspiran es al segundo lugar. Pero una unión es poco menos que imposible. Además de intereses personales, el obstáculo infranqueable se llama Andrés Manuel López Obrador.

 

Elpidio Hernández

La sucesión de Fidel Castillo Ambriz en la presidencia municipal de Lerma está a la vuelta de la esquina. Faltan menos de cuatro meses para el día de la elección y uno para conocer formalmente a los candidatos pero la disputa ya está más que avanzada. Quienes desean conquistar la alcaldía mueven fichas, pactan acuerdos y se promueven sin censura a lo largo y ancho del municipio, a pesar de los diplomáticos discursos públicos donde aseguran ser respetosos de formas y tiempos que marcan sus partidos.

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El rosario de nombres que se manejan en el municipio es variopinto, pero según tertulias políticas, en el PRI la lista la encabeza el próspero empresario minero Vicente Barranco Tovar, identificado, dicen, con el ex gobernador Arturo Montiel, aunque otras versiones menos creíbles lo ubican como alfil del ex alcalde Agustín González Cabrera, relación que se limitó a los negocios que hicieron cuando uno era alcalde y el otro proveedor.

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La terna de aspirantes la completan políticos que registran las únicas dos derrotas para el PRI en el municipio: Erick Sevilla Montes de Oca y Francisco Flores Morales. Repuestos de las derrotas en los procesos electorales de 1996 y 2000, respectivamente, y de vuelta en los primeros planos de la política estatal, el todopoderoso diputado local Flores buscará la revancha de la mano de su compadre, Humberto Benítez Treviño, mientras que Sevilla lo hará arropado por el Grupo Atlacomulco.

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Con menos posibilidades aparece el subdirector del Organismo de Agua, Luis Carballo Gutiérrez, que hasta antes de emparentar con José Carmen Castillo Ambriz parecía un serio aspirante a la alcaldía municipal. Pero hacer suegro al ex presidente del Tribunal Superior de Justicia del Edomex significó su defunción política. Los cuadros locales no soportarían que primero José Carmen impulsara las aspiraciones políticas de su hermano y ahora las de su yerno.

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Javier Fernández Ceballos, hechura de Agustín González Cabrera e hijo del ex tesorero Facundo Fernández, es otro de los que parece estar en el limbo político a pesar de más de 2 mil priistas que convivieron con él en el brindis decembrino que organizó en los campos de futbol de Amomolulco. Contar con el impulso político de Agustín parece ser más una maldición que lo contrario. Y es que el ex alcalde desde hace días es blanco del fuego amigo. Los mismos priistas han comenzado a desenterrar lo podrido que hubo en su administración, empezando por malos manejos de dinero. Una de las consignas es no permitirle paso a él ni a uno de los suyos.

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La gran sorpresa la pudiera dar el ex director de Obras del municipio, José Alberto Castilla, quien con el peso clientelar de la CNOP municipal pudiera alcanzar candidatura. El resto alberga fantasías. Al final dejarán de lado dignidad y, despojándose de pudores, aceptarán seguir cobrando sus quincenas. Más de uno se ha acostumbrado a los beneficios del servicio público y han hecho de la política un modus vivendi muy atractivo.

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El PAN es un cadáver viviente en el municipio. Los destierros de Mario Reyes García, Sergio Rojas Bravo y Benito Rojas Hernández han dejado flaco al partido que gobernara dos veces. En las filas albiazules no se ve ningún peso pesado que pueda competir en serio en la próxima elección. A lo único que parece aspirar es a no hacer un vergonzoso papel como el que han hecho últimamente. El ex regidor Jesús Ortega, con su poco carisma o Miguel de Jesús Jr., primogénito del ex alcalde panista, quien además tiene el control del partido, son las únicas opciones.

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En el PRD todo parece indicar que repetirá como candidato el ex diputado local Tomás Contreras Campuzano, quien se quedó a nada de ganarle al PRI las elecciones locales de 2009. Otro es Sergio Rojas Bravo, quien ha recorrido la legua política del municipio y a fuerza de billetes ha logrado presencia. Muy atrás se ven los caballos de Juan García Chávez y David Tovar Gutiérrez.

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En el PT, Benito Rojas Hernández entendió que su capital político no es tan grande como creía. Para evitar otro ridículo como la estrepitosa derrota de 2009, buscará la primera regiduría. Para asegurar su lugar en el próximo cabildo le habló al oído a su antiguo jefe y amigo, Mario Reyes, garantía de votos. El trabajo hecho por el ex alcalde panista es recordado en el municipio y le representará una importante reserva de votos, aunque apenas suficientes para competir decorosamente.

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En el Movimiento Ciudadano antes Convergencia, no hay ni que moverle. Esa franquicia en el municipio es propiedad del ex líder sindical Marcelo Quezada Ferreira. El profesor intentará por tercera ocasión buscar la alcaldía. Si su proyecto llegara a resquebrajarse, en la lista de espera se encuentra Jesús Calixto Robles.

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La balanza en el industrializado municipio parece favorecerle al PRI, a pesar del desastroso trabajo del alcalde Castillo. El Efecto Peña, reparto de despensas, acarreos, compra de votos y la obesa estructura que ha tendido, serán suficientes para retener la alcaldía.

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En las dos pasadas elecciones, panistas y perredistas no han visto ni el polvo al PRI. Los ha apabullado, dejándolos prácticamente sin nada. Tienen casi siete años sin ver la suya. La única manera de que azules y amarillos puedan competir al PRI es en una alianza. Separados, a lo único que aspiran es al segundo lugar. Pero la unión es poco menos que imposible. Además de intereses personales, el obstáculo infranqueable se llama Andrés Manuel López Obrador.

 

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