El Barco Ebrio

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Zinacantepec todavía no se recupera del quebranto financiero en el que lo sumió el anterior edil, Gustavo Vargas, cuando la fortuna de éste sigue escandalizando a ese municipio, vecino de Toluca. Ahora Vargas, de quien se sabe es dueño de parte del rancho Las Ánimas y en donde se festejan cumpleaños y festividades de los actuales regidores, como Paola Martínez, tomó prestados unos cuantos metros de calle cuando construyó la barda que delimitaba su propiedad. Nada más para aprovechar que a nadie hacía daño, el ex alcalde decidió alargar siete metros las fronteras originales, para así hacerse un bien a sí mismo, porque él siempre dice, en su círculo más cercano, que no hay felicidades más grande que la propia.

 

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Y ya que se habla de aquel municipio, la presidenta municipal gana más que el jefe de Gobierno del DF, Miguel Mancera, quien cobra unos 80 mil pesos mensuales. Pero Olga Hernández Martínez tiene autorizado un cheque salarial por 118 mil 368 pesos con 20 centavos. La cifra está más cercana al salario del gobernador de la entidad, Eruviel Ávila, por 143 mil pesos, que al de una edil cuyo gobierno ha sido criticado por proteger a la anterior administración y que no puede sacar del bache financiero a su municipio. Anualmente se embolsa un millón, 420 mil pesos, un sueldo diario de 3 mil 945 pesos, reportan diarios locales, y añaden que los salarios de Zina representan el 50 por ciento del presupuesto anual de ese territorio. Esto es sólo un reflejo de lo que sucede en la mayoría de los municipios mexiquenses, quebrados sin remedio después de la exitosa campaña presidencial de Enrique Peña.

 

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La reforma energética, que no es otra cosa que una venta mal realizada de Petróleos Mexicanos a la Iniciativa privada, encuentra en la entidad sesudos defensores, casi todos trabajando para el gobierno estatal, que se apegan en sus tesis a las líneas dictadas desde la Presidencia mexicana. Se ve claramente de quiénes la mano que mece la cuna y cuenta el Erario.

 

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Mientras deja el cargo de gobernador, Eruviel Ávila se dedica  de tiempo completo a su apretadísima agenda de trabajo, que incluye asistencia a actos de beneficencia y claquetazos finales a películas de Diego Luna y Gael García. La vaporosa actividad del gobernador, de quien nadie tiene la culpa, excepto él, dibuja más o menos el carácter que tiene en general la administración eruvielista. Más gris que mala, la sustitución del gobernador de cualquier manera no es cosa resuelta porque se trata de un asunto político sujeto a la veleidad de los estómagos. Sin embargo, en el equipo de la senadora María Elena Barrera ya hacen maletas para mudarse definitivamente a los verdes prados de la avenida Colón y pasan revista a publicaciones de modas y diseño de interiores para renovar los aposentos de la casona de Lerdo.

 

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Algunas organizaciones ciudadanas en Toluca protestan por ciertos edificios que, dicen, afean la ya de por sí depauperada imagen de la capital mexiquense. Uno de ellos es un estacionamiento ubicado en la avenida Villada, propiedad del empresario de radio Moles Libién. El grupo Agenda Cultural Toluca apunta en redes sociales que: “¿y ahora, quién podrá salvarnos? En la imagen podemos ver el “permiso de construcción” que los dueños de estos edificios muestran a todos los que nos preguntamos quién autoriza estos monstruos de concreto. ¿Quién permite que destrocen la imagen de la ciudad? ¿Quién les da todas las facilidades para hacer lo que se les dé la gana? Aquí la respuesta… Edificios en Grande, campañas en Grande, favores e impunidad en Grande. Gracias señores Miled, gracias Eruviel, Gracias Martha Hilda por hacer de nuestra ciudad cada día más “bella”… favor de compartir hasta el cansancio”. Enojados razonablemente, no comentan que la fealdad de esos edificios, que es patente, es el menor de los problemas que representan los señores mencionados.