Diarios de un despachador de gasolina

* Aristegui representa de pronto el lado público cuerdo en el debate sobre el petróleo, aunque ni es debate y de todas maneras Pemex será vendido. Lozoya es el personero de una incongruencia que no puede ser explicada cabalmente porque será un negocio entre particulares. ¿Quién gana con la venta de Pemex? ¿Y quién gana con la filmación de Kick-Ass 2?

 

Miguel Alvarado

Personas comunes disfrazadas de superhéroes toman las calles de Nueva York y hacen el bien. O lo que los gringos creen que está bien. Luchan contra negros y pandilleros hispanos y provocan al barrio metiéndose, cargados de joyas de fantasía, en callejones sin salida. Un tonto adolescente que se hace llamar Kick-Ass entrena duro junto a una chiquilla de 15 años, quien le provee de la exacta sabiduría del madrazo en los desos o de la mortal caricia de los chacos en los aquellos. Pronto, el tal Kick-Ass está listo para combatir el crimen desde su escuela preparatoria, mientras se deja ver en las principales avenidas de aquella ciudad y junta a sociópatas como él en la aventura sempiterna del bien contra el mal, apoyado en la inútil obsesión del feis.

En México corren tiempos de bandas presidenciales y asesinatos en masa que no se denuncian. El exterminio de la pobreza no funcionará matando pobres, que encima representan la inconformidad colectiva y que está dispuesta a protestar por todo, incluso porque la selección de futbol no vaya al Mundial de los fifos. Nada es lo que parece en la ficción mandada a hacer por el gabinete del presidente Peña Nieto, quien no cree en los superhéroes si no trabajan en su tiempo libre como despachadores de gasolina o altos ejecutivos de la Exxon. Nadie espera nada de la venta de Pemex, y tampoco entiende el significado de un crecimiento anual de 3.8 por ciento, rebajado a estas alturas por el secretario Luis Videgaray a 1.8. Significa poco, pero es casi todo lo que representa el país. No hay dinero, puede traducirse desde la esquina de la simpleza, o el que hay no será repartido –como siempre- a partes iguales. No es necesario, aunque siempre queda el resabio de la presencia –ausencia- de un superhéroe, aunque sea como el Kick- Ass de la desastrosa saga del director Jeff Wadlow y de los ilustradores y cuentacuentos Millar y Romita. Lástima que Pemex no sea digna de ser dibujada en uno de esos cómics secuenciales donde todo es sufrimiento –sin dolor no hay ganancia, dice la bélica Blackwater y algún roshi trascendental- pero al final los buenos o al menos los capaces se quedan con el negocio. Datos de Reporte índigo, algunos pocos para no aburrir, señalan que Pemex “tiene costos de producción más baratos que Statoil y Petrobras, los dos modelos que se buscan replicar con la reforma energética… supera al doble en eficiencia a British Petroleum, Chevron, Shell, Exxon Mobil y otras petroleras que entrarían al país gracias a la apertura… tiene mejores rendimientos de operación que las seis petroleras privadas más importantes del mundo… a pesar de la declinación de sus campos, de la merma en sus exportaciones, de la corrupción y los altísimos impuestos que paga, es la quinta petrolera que produce más petróleo en el mundo, la primera en el continente americano. La superan cuatro compañías con las que tiene algo en común: son estatales. Pertenece a los gobiernos de sus países”. Así pues, el mejor negocio del mundo es una petrolera bien administrada; el segundo mejor negocio del mundo es una petrolera mal administrada y el tercer mejor negocio del mundo es una petrolera vendida por el Grupo Atlacomulco.

La aventura de la privatización nada tiene que ver con una película de Hollywood pero tampoco con la realidad mexicana. El director general de Pemex, el principal portavoz de la participación privada en el petróleo, Emilio Lozoya Austin, no pudo responder preguntas simplísimas que la periodista Carmen Aristegui le planteó. ¿Por qué quieren comprar gas asiático más caro, cuando el mexicano vale infinitamente menos? ¿Por qué no endeudar a Pemex, si siempre ha operado así? ¿Qué pasará con la parte fiscal de Pemex? Como villano acorralado, Lozoya balbuceó y enrojeció de manera inapropiada para el Club de los Cínicos. No es que no sepa, es que no puede, dijeron los asistentes a esa entrevista, que luego fue retirada de las redes sociales.

Aristegui representa de pronto el lado público cuerdo en el debate sobre el petróleo, aunque ni es debate y de todas maneras Pemex será vendido. Lozoya es el personero de una incongruencia que no puede ser explicada cabalmente porque será un negocio entre particulares. ¿Quién gana con la venta de Pemex? ¿Y quién gana con la filmación de Kick-Ass? Predecible, llena de clichés, de chistes para geeks pero con una actriz tan llamativa como el pecado, Chloë Moretz, también protagónica de la versión gringa para Déjame Entrar, vampírica cinta aplaudida al menos por mí para su original, cuyo título sueco suena algo así como Låt den rätte komma in. Por cierto, Suecia exporta 243 mil 200 barriles por día contra los 2.53 millones de barriles diarios que los mexicanos sacan de su territorio, según Index Mundi, que además señala que esa nación es una de las economías no petroleras más prósperas del mundo, que apuesta por energía nuclear e hidroeléctricas.

Para entender los porqués de la venta de Pemex no es necesario un tipo disfrazado de verde ni un presidente como Peña Nieto. Vender Pemex cualquiera lo hace. Hacer de la paraestatal un negocio boyante que beneficie al país, se necesita un gabinete con valor, inteligencia y güevos, y hasta eso pocos.

El Barco Ebrio

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Las cosas no pueden salir peor para algunos ex presidentes municipales. Ya saqueados, los municipios mexiquenses se debaten entre la quiebra y la mendicidad, y apenas tienen para pagar a sus empleados. No hay dinero. Casi ninguno tiene y los que tienen ya lo gastaron íntegramente, de acuerdo a un presupuesto impuesto desde las anteriores administraciones o desde el partido en el poder, el PRI, que condiciona las partidas con un año de anticipo.

 

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Algunos casos son graves, como el de Zinacantepec, técnicamente quebrado y al borde de la histeria. Allí no hay ni para pagar el agua, pero sí para financiar procesos electorales que hasta el momento a muy pocos han ayudado. Si la gente pensaba que porque Peña Nieto, el presidente de México, nación en el Edomex, la derrama sería generosa, están totalmente equivocados. En la entidad, sólo pocos, ni siquiera diez familias, saborean las mieles de la riqueza sin ningún contratiempo.

 

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Recientemente, el ayuntamiento de Acambay fue embargado porque debe cerca de un millón de pesos en gasolina desde el 2003. Hasta allá llegaron para cargar con muebles, computadoras y bastimentos, que se llevaron sin más.

 

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El ayuntamiento de Toluca ha cancelado la construcción de las cacareadas ciclovías, obra valuada en 8 millones de pesos.

 

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Almoloya del Río no puede pagara a sus proveedores, desde principios de año, y alega estar en espera de “partidas” que siempre estarán listas para la próxima semana. Mientras, hasta su bandera, que ondea en la placita pública, se deshace graciosamente en tricolores jirones.

 

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En Valle de Bravo tampoco va bien la cosa. El ayuntamiento panista recibió la visita de auditores para contrastar a la administración anterior, presidida por el priista Gabriel Olvera, quien ganó una diputación local para este trienio. El ayuntamiento busca la manera de que explique por qué hay una deuda por un millón de pesos y obras que nunca se entregaron. Entre ellas destacan puentes y la electrificación de una comunidad, donde pusieron los postes de luz pero nunca la electricidad ni el cableado. Ahora las empresas afectadas emplazaron a las autoridades para que paguen o retirarán lo poco que alcanzaron a poner.

 

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¿Qué sucede con los gobernantes y sus funcionarios, que nada más no se pueden aguantar las ganas de hacer mal las cosas? ¿Tanto dinero cambia a las personas, al grado de transformarlas es vulgares ladrones? ¿O es que de plano alguien se especializa en encontrar a los incompetentes más capaces para que tomen decisiones que afectan a las comunidades?

 

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La entidad es el reflejo de lo administrado por el priista Peña Nieto. Para él todo fue muy fácil. No se trata nada más de cerrar un sexenio, sino de analizar cómo lo hizo y qué condiciones entrega. Eruviel Ávila sabe mejor que nadie que obtenía la rifa del tigre cuando ganaba las elecciones para gobernador pero así y todo le entró. No porque se sintiera capaz o pudiera resolver lo mínimo, sino porque las arcas públicas siempre son apetecibles para cualquiera. El Estado de México no tiene derrama económica y los sectores comienzan a padecer. Ni siquiera los apapachados pueden aprovechar sus contactos, porque de pronto no hay a quién venderle. O peor, venden pero no hay cómo pagar.

 

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De nueva cuenta la violencia envía una alerta a las autoridades responsables. Robos bancarios, ejecutados, asaltos a transeúntes y asesinatos forman el panorama más cotidiano en la administración de Ávila Villegas, quien no da una desde que el poder le fue entregado. Se limita a reuniones, mítines armados ex profeso, anuncios poco menos que intrascendentes y alguna que otra propuesta política enviada al Congreso. En suma, nada que fortalezca la economía estatal ni su imagen, tan preciada por los políticos que dependen del “cómo se ve”. Ávila ya sabe que se va, que se marcha, pero mantiene las esperanzas de un repentino viraje, lo cual es poco probable que suceda. Mientras, los nombres de María Elena Barrera Tapia, Ernesto Nemer, Alfredo del Mazo Maza, Carlos Iriarte y Luis Miranda siguen calentando el ambiente y el palacio de Gobierno, una olla de grillos que espera ser destapada nada más se presente algún de indicio de “oficialidad” en la retirada del ex alcalde de Ecatepec.

 

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En otro tema, el que reaparecerá en las próximas semanas es Francisco Cruz Jiménez. Según fuentes de su casa editorial, el periodista mexiquense está por presentar su nuevo libro Los amos de la mafia sindical. Aunque el contenido aún no se filtra a los medios, les dejamos parte de una interrogante, sobre sus dedicatorias, que no ha querido responder: “Al infaltable Teófilo Abdo Kuri, juez primero de lo Familiar en la Ciudad de México, “Su Señoría”, le dicen, quien en agosto de 2011, después de un juicio simulado o secreto, amañado y tramposo, ordenó congelar mis cuentas bancarias. Hasta ahora el juzgado a su “dignísimo” cargo ha sido incapaz de entregarme una sola notificación. ¿Corrupción? ¿Encargo? ¿Incapacidad? Cualquiera que sea la razón, carece de importancia. De agosto de 2011 a mayo de 2013 esperé, como lo pueden atestiguar innumerables personas, vecinos y amigos. Por eso, insisto, si algunas “notificaciones” obran en mi expediente, fueron simuladas. Hoy es claro que en algún lugar se le perdieron la buena fe y la imparcialidad. Para su fortuna o fortuna del juzgado, mi familia, asentada en uno de los pueblos del valle de Toluca, tomó a broma los intentos de hostigamiento que hicieron, en octubre de 2012, supuestos empleados del juzgado a su “dignísimo” cargo. Supuestos porque, cobardes como fueron, o ¿son?, se negaron a mostrar identificaciones oficiales. Sí, encontraron a mi familia —y hay elementos para afirmar que fueron ellos porque sólo una persona conocía esa dirección—, pero a mi casa en la Ciudad de México han sido incapaces de llegar. Como dice una de las “notificaciones” integradas al expediente: “Domicilio no encontrado”. ¿Contrató el juez actuarios notificadores incapaces, corruptos? Algo pasó. Ahora, como parece que es, esperemos la venganza, un nuevo abuso de poder.