Puro cuate

* El Edomex es el ejemplo cercano de cómo funcionó la administración de Enrique Peña y sus colaboradores en los seis años que les tocó gobernar. En el 2005 Arturo Montiel, el tío de Peña, había concretado una especie de gobierno medieval que incluía a familiares, compadres y socios en los primeros cuadros, que heredó a su sobrino y que éste se llevó a la campaña presidencial que lo colocó en Los Pinos.

 

Miguel Alvarado/ Última parte

La nueva administración federal de Enrique Peña ha detectado la quiebra de 19 municipios de la entidad y desde Los Pinos anuncia que no habrá rescate para los irresponsables, mientras la entidad es escenario de una de las temporadas más cruentas en cuestión de ejecuciones e inseguridad. La propia Secretaría de Seguridad Ciudadana cree que la lucha entre los cárteles del narcotráfico se centra en dos bandos, La Familia y una nueva escisión, Guerrero Unidos, que pelean la plaza desde el Triángulo de la Brecha, tradicional sede del cártel dominante. Una vez más, el paraje de Caja de Agua, en el municipio de Luvianos, arroja su muerto tradicional en una de las arenas más sangrientas del país, y que sirve como termómetro para interpretar al narcotráfico en el Edomex.

Mientras sicarios y policías se exterminan, el INEGI publica otros datos. Para 2011, el Edomex registraba 4 mil 781 víctimas por cada 10 mil unidades económicas, tecnicismo que se refiere a las empresas con sede propia o casas-habitación con acceso público. El delito más frecuente en las empresas de la entidad resultó ser el robo o asalto de mercancía, dinero, insumos o bienes. En el 69 por ciento de los delitos, se utilizó un arma y cada uno de ellos, en promedio, costó 38 mil 43 pesos. La percepción de inseguridad en el Edomex desde las empresas es de 90 puntos, una de las más altas del país, sólo debajo de Guerrero y Nuevo León, que obtienen 93. En este marco, para el procurador mexiquense, Miguel Ángel Contreras, los Zetas no tiene presencia en el estado, pero ni falta que hacen. Esperan los términos del combate y negociaciones entre La Familia y los Guerreros Unidos. Los cerca de mil ejecutados en diciembre del 2012 indican que estos acuerdos apenas encuentran mesa.

El Edomex es el ejemplo cercano de cómo funcionó la administración de Enrique Peña y sus colaboradores en los seis años que les tocó gobernar. En el 2005 Arturo Montiel, el tío de Peña, había concretado una especie de gobierno medieval que incluía a familiares, compadres y socios en los primeros cuadros, que heredó a su sobrino y que éste se llevó a la campaña presidencial que lo colocó en Los Pinos.

Y mientras la alcaldesa de Toluca, Martha Hilda González Calderón, política incondicional de Enrique Peña, llega en bicicleta a trabajar, el resto de los amigos ha comenzado a gobernar un país cada vez más convulso y desigual.

Héctor Eduardo Velasco Monroy, nacido en Atlacomulco y emparentado con las familias relacionadas a Peña, es el director de Diconsa. Es también un ejemplo de cómo funciona el Grupo Atlacomulco y la red familiar en la que se han convertido las administraciones que encabeza. Ha sido diputado federal y secretario particular en el gobierno del Edomex, apunta la revista Proceso. Lo que olvidó mencionar es que era secretario particular de Peña, en el 2004, cuando las elecciones para gobernador. Es primo de Marcela Velasco, una ex secretaria estatal de Desarrollo Económico y hermano de un ex director del ISSEMyM, Santiago Velasco. Coordinó las giras de Peña en su campaña. Es sobrino de Leopoldo Velasco, secretario general de Gobierno en la época de Alfredo del Mazo González. Este Leopoldo es un prócer de los de Atlacomulco y su nombre está inscrito hasta en una placa del lienzo charro de Cuautitlán Izcalli, debido a que “fue procurador estatal, magistrado y presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, y quien se distinguió por ser un promotor del deporte mexicano por excelencia”. Leopoldo falleció en el 2008. Héctor comenzó su carrera en Atlacomulco, como presidente del priista Frente Juvenil Revolucionario y como sexto regidor en 1995, al lado de un ex presidente municipal con apellidos imperdibles, René Montiel Peña. Ahora estará bajo las órdenes de Rosario Robles Berlanga, de extracción perredista.

El ex procurador de Justicia que exoneró a Arturo Montiel por enriquecimiento ilícito aparece ahora como secretario del Trabajo. Alfonso Navarrete Prida era un funcionario público en desgracia hasta que Montiel lo rescató y colocó en su administración. Su influencia era tal que logró amistad cercana con Maude Versini, ex esposa de Montiel, a través de la cual fue impulsado como aspirante a la gubernatura en el 2004, candidatura que recayó al final en Peña. Navarrete Prida declaró en público, el 15 de enero del 2006, que “yo respondo por Montiel”, al referirse a la investigación y exoneración del ex gobernador, cuyo caso había sido archivado por la PGJEM dos días antes. El periodista Francisco Cruz, autor del libro Tierra Narca, recuerda que Navarrete “llegó a Toluca en 2000 para incorporarse al gabinete montielista como subsecretario de Seguridad Pública. Un escándalo de espionaje político detonado en julio de 2001, que se disipó bajo su mediación, le valió ese año la designación como procurador. Aunque le precedían señalamientos de venta de plazas en la PGR, supo mover los hilos de la política local y tejer alianzas hasta llegar a ser unos de los rivales más serios de Enrique Peña Nieto. Sin embargo, su candidatura naufragó en diciembre de 2004, cuando se fue de la lengua después del asesinato del ingeniero Enrique Eduardo Salinas de Gortari”. Este último caso es también abordado por el periodista, quien recuerda que “el 6 de diciembre de 2004, el cuerpo de Enrique Salinas de Gortari, hermano menor del ex presidente Carlos Salinas, se había descubierto en Huixquilucan. El cadáver tenía una bolsa de plástico en la cabeza. Al lugar acudió Navarrete Prida. Asiduo a los reflectores y con aspiraciones políticas, se comprometió a esclarecer “a la brevedad” el crimen e incluso garantizó, en una entrevista para TV Azteca, que el caso ‘no quedaría en el olvido ni impune’, que ‘se haría justicia’. Luego de las primeras investigaciones sobre el asesinato, Navarrete Prida advirtió que ‘sacudiría’ al mundo de la política con los resultados obtenidos. Pero el 15 de febrero de 2006 abandonó el cargo sin sacudir a nadie, Su célebre frase se entendió en los círculos políticos como un recordatorio del ex procurador para hacer saber que él poseía la verdad y que la revelaría en caso de necesidad personal. El crimen del menor de los Salinas quedó en la impunidad, como él lo reconoció”.

Gerardo Ruiz Esparza es secretario de Comunicaciones y Transportes. Estuvo con Peña, en el Edomex, como secretario de Comunicaciones. Conocido por explicar en cadena nacional el accidente aéreo de la cantante Jenni Rivera, a Ruiz Esparza se le relaciona con el Grupo Atlacomulco casi desde el inicio de su carrera, en los años 70. El funcionario ha mantenido un perfil medio en sus encomiendas, pero el 30 de junio del 2012, Gerardo Ruiz Dosal, hijo del secretario, fue blanco de las críticas de los rivales de Peña. Y con razón. Por las redes sociales circularon fotos del joven en su muro de Facebook, donde aparecía viajando en avión y visitando lugares turísticos donde pesca a bordo de un yate en compañía de su padre. Ruiz Dosal había sido secretario particular del diputado David Penchyna y el PRD cuestionó el origen de los recursos para pagar aquel lujo “en un país donde la mitad de la población vive en la miseria”.

Alfredo del Mazo Maza es director general de Banobras. Ex alcalde de Huixquilucan y personaje del jet set nacional, la mayor virtud del joven Del Mazo es ser nieto del ex gobernador Alfredo del Mazo Vélez e hijo de Alfredo del Mazo González. Colocado como sucesor natural de Enrique Peña en la gubernatura del Edomex, perdió la candidatura del PRI en una extraña reunión que celebraba su nominación y la cual terminó en la designación de Eruviel Ávila, quien a su vez había abierto una ventana con el PRD para competir de cualquier manera. Perdida la aspirantía, Del Mazo no tuvo más remedio que respaldar la decisión de grupo de Peña y esperar mejores momentos. Los gobernadores Del Mazo son tíos directos de Peña Nieto.

“El grupo Del Mazo, derivación de los neoliberales de 82, hace su agosto en pleno diciembre. Se le han metido a Peña hasta la cocina. Tomaron el control de posiciones estratégicas como la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, con Gerardo Ruiz Esparza; la coordinación de Comunicación Social de la Presidencia, con David López; Pemex, con Emilio Lozoya; Banobras, con Alfredo del Mazo Maza; la subsecretaría de Transporte, con Carlos Almada y David Garay en la Unidad de Gobierno, en la Secretaría de Gobernación. De los clanes locales, se perfilan como los ganadores en la repartición del pastel, hasta el momento”, recuerda el diario local Alfa, en la ciudad de Toluca.

Faltan más, pues más de 400 funcionarios mexiquenses menores fueron llamados por la Federación, como Gustavo Cárdenas, subsecretario de Ordenamiento de la Propiedad Rural, Lorena Cruz, en el Inmujeres; Marcela González Salas, titular de Juegos y Sorteos y Alfonso Camacho, en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI como secretario de Prensa, destacan también en la línea de Peña.

Sin factura, por favor

* El modelo de campaña que se eligió para que Peña obtuviera la presidencia es el mismo que desde hace 70 años utiliza el PRI. La época electoral es en realidad un enorme negocio que mueve miles de millones de pesos, algunos de procedencia ilegal y que tiene como cereza la obtención del poder y un presupuesto inimaginable.

 

Miguel Alvarado

Eran las 4 de la tarde del viernes primero de junio del 2012. Una junta secreta se realizaba en el PRI del Estado de México, en la sede de las oficinas tricolores de Toluca, en la calle de Alfredo del Mazo, símbolo de tres integrantes del enjoyado Grupo Atlacomulco, impulsor político de la carrera pública de Enrique Peña, fantasmal puntero en encuestas que lo colocan en el primer lugar umbo a la presidencia de Los Pinos.

Esa reunión tenía como objetivo operar las órdenes provenientes del PRI nacional para recuperar el terreno que el aspirante había perdido. Un estudio interno revelaba la catástrofe. Peña sería tercer lugar en las encuestas si el voto duro no funcionaba el primero de julio. Así, en uno de los salones de aquella bodega-edificio donde despachara alguna vez Arturo Montiel como presidente del Comité Directivo Estatal, un grupo de operadores sin nombre ni rostro conocido, implementó la campaña. Cerca de mil millones de pesos se moverían desde la capital del Estado de México y serían encauzados a la compra de utilitarios. De buenas a primeras, impresores y vendedores de publicidad se encontraron con pedidos urgentes, casi imposibles, pero multimillonarios: 6 millones de playeras blancas, por 60 millones de pesos; 3 millones de pelotitas antiestrés por 18 millones de pesos, 170 mil lonas con el rostro del candidato por 10 millones de pesos, 5 millones de bolsas ecológicas por 25 millones de pesos, un número indeterminado de ceniceros, de la marca Tokai y al final, todavía el 14 de junio, cualquier cosa que tuviera impresa la imagen del esposo de La Gaviota.

Esos pedidos quebraron los mercados. El Edomex fue incapaz de responder a la disparatada demanda pero también el resto del país, cuyas fábricas y proveedores reportaban las mismas, absurdas cantidades. Algunas ciudades de plano se negaron a cotizar, pues el PRI les ha quedado mal en pagos, pero sobre todo porque “es para un partido de ladrones”, decían los comerciantes, que desdeñaban pagos en efectivo y sin obligación de entregar facturas. Finalmente, los productos fueron encontrados en el norte del país y transportados en tráileres a bodegas diseminadas por la ciudad.

El modelo de campaña que se eligió para que Peña obtuviera la presidencia es el mismo que desde hace 70 años utiliza el PRI. La época electoral es en realidad un enorme negocio que mueve miles de millones de pesos, algunos de procedencia ilegal y que tiene como cereza la obtención del poder y un presupuesto inimaginable.

Las giras electoreras representan la cristalización de un plan que se proyecta con años de anticipo y que se adapta de acuerdo a las personales necesidades de los protagonistas. El presupuesto que el PRI tuvo, para los comicios federales, fue de 537 millones 269 mil 854 pesos, más el del Verde Ecologista, de 156 millones 507 mil 101 pesos.

El 14 de junio, el diario Reforma destapaba que un empresario estadounidense, José Aquino, demandó a Enrique Peña por un supuesto fraude que alcanzaba 56 millones de dólares, cometido en California por el equipo de campaña del de Atlacomulco, concretamente Luis Videgaray, coordinador general, David López, coordinador de Comunicación, el empresario Alejandro Carrillo Garza Sada, Hugo Vigues, dueño de aviones cuya sede se encuentra en Toluca, Luis Miranda, ex secretario general de Gobierno en el sexenio de Peña como gobernador, Erwin Lino, ex secretario particular de Enrique Peña, José Carrillo Chontkowsky y Roberto Calleja, vocero del PRI y ex funcionario del gobierno mexiquense. La demanda es la EDCV12-920 VAP DTBx.

Aquino es dueño de la empresa Frontera Television Networks y había conseguido con el PRI un contrato por 56 millones de dólares para publicidades por una campaña de imagen, pero nunca recibió el dinero a pesar de un contrato firmado y sí, en cambio, encontró amenazas de uno de los empresarios involucrados, quien le dijo que los fondos “procedían de empresas relacionadas con el narco”. Sin dinero no hubo campaña pero tampoco le devolvieron los documentos originales, firmados por las partes. Aquino supone que pudieron usarse para cobrar los 56 millones.

La periodista Carmen Aristegui reproducía que “el empresario solicitó que, en caso de no prosperar el proyecto propagandístico de Peña Nieto, se le devolvieran los contratos, o en caso contrario, emprendería acciones legales. Ante esa decisión, el empresario Alejandro Carrillo Garza Sada -socio de Jiramos, SA la empresa con la que Aquino firmó el contrato- le advirtió: “más vale que no haga nada porque hasta le voy a prohibir que entre a México y le voy a quitar su empresa”.

También dijo que el empresario Hugo Viguesm aquel de los aviones en Toluca, lo amenazó: “tengan cuidado porque este dinero viene de ciertos grupos, viene de empresas relacionadas con el narco, y si hacen mucho ruido pues tengan mucho cuidado porque esto puede ser muy peligroso para ustedes”.

Una empresa, Jiramos SA, de Carrillo, habría firmado el contrato con FTN, pero luego se decidió que en lugar de promocionales, a Peña se le venderían vuelos en jet. Los 56 millones de dólares se esfumaron, no así los problemas para Aquino, quien no quiere nada con el narco y exige le regresen los papeles firmados. El empresario norteamericano cree que los nombres de los colaboradores cercanos de Peña fueron usados para beneficio de Alejandro Carrillo.

De José Ponce de Aquino se sabe que tiene orígenes mexicanos, pero el resto de los involucrados tienen un pasado vistoso. Luis Videgaray, a quien se le involucra en el caso por una llamada que hiciera Luis Miranda, frente a Aquino, para consultarlo sobre los contratos, es hoy coordinador de la campaña de Peña, pero fue el encargado de la reingeniería de la deuda pública mexiquense, en la administración de Arturo Montiel, que había contratado al despacho Protego, propiedad de Pedro Aspe, para que transformara los pesos en Unidades de Inversión. El secretario de Finanzas de Montiel era Luis Miranda Nava, mencionado también por el empresario Aquino. Luego se convirtió en el asesor estrella de Montiel y con Peña fue nombrado secretario de Finanzas, luego diputado federal y por último coordinador de campaña. Se le recuerda por su carácter irascible y su trato déspota ante los medios locales, que lo bautizaron como Harry Potter, porque era un mago de las finanzas. Era uno de los mencionados para suceder a Peña en la gubernatura.

Sobre Luis Miranda, las cosas son más oscuras. Hijo de Luis Miranda Cardozo, ex presidente del Tribunal Superior de Justicia, fue secretario de Finanzas de Montiel y secretario de Gobierno de Peña. Perdió una elección, que lo colocaría en la alcaldía de Toluca, cuando en las giras locales destacaba más su rostro agrio, oscurecido, que las palabras que discursaba. Amigo personal del gobernador Enrique Peña y del ex mandatario Montiel, conocedor de los manejos de cuentas y deudas públicas, negociador con la empresa Protego, de Pedro Aspe y miembro original de los Golden Boy´s, grupo de jóvenes impulsado por Montiel para ocupar cargos clave en su administración, era el primero en la línea sucesoria del propio ex gobernador, junto a Luis Videgaray. Al enfrentar Montiel acusaciones por enriquecimiento ilícito, Miranda fue arrastrado en las investigaciones contra el ex mandatario junto con la familia de Arturo, un ex colaborador y 13 ex diputados locales, a quienes el regidor perredista por Tlalnepantla, José Luis Cortés, acusó de recibir 25 millones de pesos cada uno por aprobar las cuentas públicas e iniciativas de aquella administración. Miguel Sámano, ex secretario particular de Montiel y Carlos Rello, ex secretario de Desarrollo Económico también fueron implicados.

A Miranda se le imputó participar en desvío de recursos, lavado de dinero y delincuencia organizada al prestar su nombre para que Montiel comprara inmuebles. Se le documentaron hasta 123 propiedades en el Edomex a nombre de sus familiares

El 13 de enero del 2006, la Procuraduría estatal, dirigida por Alfonso Navarrete Prida y quien está inscrito por Huixquilucan para competir por una diputación federal en el 2009, exoneró a Montiel, la familia de éste y al propio Miranda Nava. Fue señalado de ser prestanombres de Montiel para al menos la compra de un inmueble en Tonatico.

Erwin Lino fue secretario particular de Peña cuando gobernador. Cosniderado el más poderos dentro del círculo del candidato, fue el encargado de la realización de los Foros Biarritz en Valle de Bravo cuando fueron usados por Montiel para preparar su precampaña presidencial, estuvo también al frente de la Dirección General de la Micro y Pequeña Empresa en el 2004. Representaba a Peña en actos políticos y en el 2011 participaba ya en la integración de la Comisión Política Permanente del Consejo Político Nacional del PRI que eligió el método de elección para apuntalar a Peña en su aspirantía. Es señalado, junto con Luis Miranda Nava, como uno de los operadores que echó por la boda la alianza política que pretendía unir a panistas y perredistas en el 2009 para competir en las elecciones de aquel año en el Edomex y que pretendía frenar el poder político e influencias del peñismo. Siempre mantuvo bajo perfil público pero es uno de los más activos operadores políticos. Se le considera experto en temas del campo y está políticamente ligado al apellido Velasco, concretamente el de Héctor Velasco Monroy, líder cenecista en el Estado de México y emparentado con las familias de Atlacomulco que dan sustento político a Peña Nieto.

David López es el comunicador de cabecera del Grupo Atlacomulco. Encabezó la primera dirección de Radio y Televisión Mexiquense y era coordinador de Comunicación en la precampaña de Alfredo del Mazo para la presidencia, en 1998, carrera que perdió ante Carlos Salinas. López es identificado con el Chilorio Power, un grupo de voceros con sueldo de secretarios de Estado que coordinan agendas para políticos del corte de Peña. López es identificado como el negociador directo de campañas de publicidad con Televisa y TV Azteca. Su hijo, del mismo nombre, hace campaña para una diputación local por Metepec, donde fue alcalde suplente y sexto regidor.

Peña y su PRI respondieron como se esperaba. Una “vulgar extorsión”, dijeron y se deslindaron del empresario Garza Sada.

El efectivo

* La administración de Ávila ha transcurrido en una agenda diseñada desde la inercia. Ni siquiera las críticas de otro presidencial, el perredista López Obrador, sobre la tarjeta La Efectiva, han conseguido arrancarlo de su burócrata comodidad. Apenas el 20 de mayo, en un mitin en Ecatepec, el del PRD calificaba al gobernador como “un reverendo mentiroso” sobre el reparto de casi 2 millones de esas tarjetas y que no han podido utilizarse, aunque según el gobierno, “están activadas” en algunos municipios.

 

Miguel Alvarado

Todavía en la calle de Lerdo, en el centro de Toluca, afuera de un pequeño local, en una pared, un muro decorado con la imagen del actual gobernador mexiquense, el priista Eruviel Ávila, desafía las inclemencias del tiempo y se inscribe en lo que los priistas de la edad moderna –de ésta- denominan libertad de expresión. En ese muro aparecen cuatro retratos de Eruviel Ávila pintados al estilo más pop del artista Andy Warhool. Allí, en diferentes tonos, al mandatario se le han resaltado las características más importantes que mostró durante la campaña que lo llevó al poder y que, como sucede con casi todos los políticos, no se trata de sus propuestas de trabajo. Unas enormes chapas, como las que lució en el primero de sus debates, aparecen sobre su rostro en coloridos círculos.

Eruviel ganó las elecciones del 2011 luego de que estuvo a punto de fichar para el perredismo cuando suponía que en el PRI no le darían oportunidad de competir por la gubernatura. Y así habría sido e no ser por una decisión de último segundo que lo encumbró a él y a su grupo en la sucesión de Enrique Peña, quien buscaría la presidencia de México. El Grupo Atlacomulco se lo dejaba bien claro a Ávila. Estaba allí para ayudar a ganar Los Pinos y luego podría dedicarse a gobernar, con ayuda de la familia de Peña, al Estado de México. El de Ecatepec aceptó y comenzó a operar la campaña de su jefe. Su operación consiste en tres puntos fundamentales. El primero es la contención de información que pueda lastimar al candidato y que provenga de la administración de Arturo Montiel y del propio Peña. El segundo lo obliga a conseguir, al menos, la misma cantidad de votos que él obtuvo, poco más de 3 millones. Eso no incluye los 30 sufragios por maestro que el estatal Sindicato de Maestros, SMSEM, ha colocado en las previsiones del priista a través de la fuerza que representan sus más de 80 mil afiliados.

El tercer punto es el apoyo en dinero, logística, personal y recursos materiales que se destinan desde el gobierno mexiquense. Esto, de todas formas, es administrado por el equipo peñista que acompaña a Eruviel Ávila en su periplo y que encuentra liderazgo en Ernesto Némer, ex secretario particular del ex mandatario mexiquense y ex secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, pero además casado con una prima de sangre de Peña, Carolina Monroy, a la que se ubica actualmente como candidata priista para la alcaldía de Metepec, elección que ya perdió anteriormente, al igual que su marido. Nemer es secretario de Gobierno estatal.

La administración de Ávila ha transcurrido en una agenda diseñada desde la inercia. Ni siquiera las críticas de otro presidencial, el perredista López Obrador, sobre la tarjeta La Efectiva, han conseguido arrancarlo de su burócrata comodidad. Apenas el 20 de mayo, en un mitin en Ecatepec, el del PRD calificaba al gobernador como “un reverendo mentiroso” sobre el reparto de casi 2 millones de esas tarjetas y que no han podido utilizarse, aunque según el gobierno, “están activadas” en algunos municipios.

Ávila pasea entre eventos armados con anticipación. Un día se reúne con becados, otro con notarios locales, luego con grupos de mujeres y lo mismo monta en bicicleta que entrega alguna obra pública. Eruviel entiende que es lo único que puede hacer. Eso, y salir en todas las portadas del diario local de Mario Vazquez Raña, El Sol de Toluca y cuya cadena fue objeto de duras críticas debido a la parcialidad sin recato hacia Peña. A diferencia del esposo de La Gaviota, Eruviel ha demostrado no saber usar los medios a su disposición y alcance. Inteligente en la medida de un político, no es, sin embargo, alguien que enamore las cámaras. Peña construyó su pretendido imperio gracias a la imagen de galán que propuso desde que se conocieron las intenciones de querer la presidencia.

Tres han sido los temas que más han ocupado a Ávila. La captura de César Librado, El Coqueto y las exhalaciones del volcán Popo y la entrega de dinero a sectores que representan una gran cantidad de sufragios, como sucedió con los 99 millones de pesos para apoyos a maestros estatales y federales, en marzo del 2012.

Pero su administración no alcanza para nada, ni quiera para escándalos, como acostumbraba su antecesor. Aún así, el PAN estatal lo denunció el 3 de mayo pasado argumentado que el mexiquense no garantiza seguridades para el desarrollo de las campañas políticas, después de que un foro panista, “Expo Peña no cumple”, fuera reventado por priistas en Ecatepec.

Ávila, un admirador confeso de Enrique Peña, al menos en lo público, asumió que debería estar atento a “sus consejos” el mismo día en que tomó las riendas de la entidad. Nadie sospechaba que, literalmente, el grupo político de Peña se había comprado una especie de político que obedecería hasta anularse él mismo.

Otra actividad de Ávila fue la entrega de 400 millones de pesos en tarjetas del programa Mujeres que Logran en Grande, el 9 de marzo del 2012, en el municipio de Villa Victoria, donde aprovechaba para asegurar que ningún programa social mexiquense sería detenido en tiempos electorales.

A mediados de diciembre del 2011, también entregaba mil millones de pesos a programas de vivienda para policías. Aquel que recitara un poema al ex gobernador Arturo Montiel, escrito que luego se supo fue tomado de un discurso ajeno.

Pero el gobernador mexiquense no puede esperar. Obtener la silla del estado más importante de México le ha significado un estancamiento en sus carrera política, luego de pasar por la Legislatura local y la presidencia municipal de Ecatepec dos veces. El cargo de mayor responsabilidad lo ha maniatado y algunos vaticinan que lo mejor que le puede pasar es que su partido, el PRI, pierda las elecciones pues sólo así lo dejaría tomar alguna decisión. De cualquier manera, a Eruviel se le menciona fuera del gobierno mexiquense, pase lo que pase con los comicios presidenciales.

Herencia pendiente

* En Toluca se despide a Guillermo Fernández, uno de los más reconocidos traductores en México del italiano, asesinado en su casa para robarle, según las primeras versiones. Queda claro que a pesar de que se capture al responsable, no parará la violencia que desde hace años se vive en la ciudad, que no toda tiene que ver con el fenómeno del narcotráfico pero sí con las condiciones sociales elementales como la educación, el empleo, los bajos salarios que retratan alguna condición miserable al menos para la mitad de los habitantes de la entidad, que cuenta con unos 15 millones.

 

Miguel Alvarado

El aspirante mexiquense a la presidencia de México, Enrique Peña, recorre el país en busca del voto. Uno de los puntos que dice fundamentales en su campaña es regresa la tranquilidad a país, “porque hay estados en donde los ciudadanos viven atemorizados por el crimen y ni siquiera disfrutan de su libertad”, apunta casi sabio. No olvida, queda claro, que esto sucede en el Estado de México, en Toluca, la ciudad donde residió por más de seis años e hizo carrera política a la sombra de su tío, el ex gobernador Arturo Montiel.

Mientras eso dice donde sea que se para y viaja en un helicóptero cuya renta cuesta 100 mil pesos diarios, presupuestados escrupulosamente en el desglose que lo llevaría a Los Pinos, el asesinato del poeta Guillermo Fernández conmueve al menos a sus amigos cercanos y a los círculos de artistas que frecuentaba, pero representa uno más de los 45 homicidios que se registran en promedio cada mes en la entidad. La herencia que la administración de Peña otorgó al priista Eruviel Ávila es sobre todo esa. Un estado ingobernable donde el paisaje cotidiano es la muerte violenta, por las razones que sea. No sería razonable culpar de todo a los administradores en el poder pero sí lo es reclamar que lo que hacen no tiene efectos visibles favorables, ni siquiera a largo plazo. La prueba elemental es que en cualquier elección la promesa más usada es acerca de la seguridad.

Resulta absurdo que desde una campaña se solucione o cambie la realidad social. Así, en lo pequeño, el priista toluqueño Alberto Curi recorre su distrito, el 34, y se mete a los mercados públicos para saludar a comerciantes y compradores con una sonrisa hueca y cientos de miles de folletos, donde el más escueto de ellos enumera los múltiples cargos públicos que Curi ha desempeñado en años de función. Cobijados por una corte de jóvenes, el aspirante a diputado federal cree saberse el camino. Lo cierto es que no logra ni siquiera atraer críticas. Esa campaña es un reflejo de la otra, la presidencial pero que también involucra al perredista Obrador y a la panista Vázquez, metidos en el tobogán del desencanto. AMLO luce cansado y poco convincente. Necio, como obturado, sabe que seis años es demasiado y entiende que a sus propuestas, por buenas que sean, les faltan el vigor del vendedor de libros, del promotor publicitario. La panista encuentra que su peor enemiga es ella misma; Quadri, representante de piedra de la maestra Elba Esther Gordillo y Peña encarna, aunque sin mayores problemas éticos, al viejo PRI cuyo negocio consiste en llevar a una familia al poder, la misma que gobierna al Edomex, donde allí mismo se inscriben para las presidencias municipales más funcionarios que conocieron el gran poder en los tiempos del montielato. Carlos Iriarte, parte de los llamados Golden Boy’s, buscará Huixquilucan que hoy gobierna un Del Mazo. Martha Hilda González será la competidora para Toluca y Carolina Monroy, prima de Peña Nieto, está postulada por segunda ocasión para Metepec, donde perdió la primera vez que compitió. El gobernador mexiquense Ávila, atrapado entre el compromiso con Peña que lo llevó a la gubernatura y sus propios aunque razonables temores lo han obligado a no comprometerse ni siquiera con él mismo. Apenas se atreve a asomarse a eventos públicos como funerales o visitas papales pero sobre decisiones fundamentales nada se sabe. Programas establecidos, de esos que llaman etiquetados y que no son otra cosa la propia inercia de un aparato gubernamental, mantienen a flote su administración, por otro lado bien aceitada y que responde cuando se le ocupa. La principal preocupación de ese gobernador es la elección de Peña pero no hay campaña que dure seis meses.

Peña entonces cree que se debe aumentar el gasto en seguridad, que actualmente es del 1.5 por ciento del PIB y hasta prometió una firma, muy suya, ante notario para comprometerse de verdad. Vázquez aseguró que en ese rubro hará las cosas de manera diferente. “Nuestro país ha logrado avances al haber detenido la expansión criminal. Debemos reconocer que se ha debilitado el crimen organizado pero esto sigue siendo insuficiente. Es el momento de pasar a una segunda fase, por supuesto no daremos tregua ni rendición al crimen organizado pero haremos cosas diferentes”, cree desde su casa de campaña.

Obrador prefiere los juegos de palabras. “No hay trabajo por la inseguridad y hay inseguridad por la falta de trabajo” y supone que aplicará el mismo modelo con el que gobernó el DF. Y el lamentable Quadri privatizará los penales.

Las campañas, descafeinadas todavía porque iniciaron en periodo vacacional, se dirigen sin remedio a fortalecer el fenómeno de la abstención. Eso lo saben los aspirantes y hacen números a partir de aquello. Y mientras Montiel pelea con su ex esposa, la francesa Versini por la custodia de los niños, el sobrino ha encontrado que la estructura priista lo cobija de la mejor manera. En los foros preparados los candidatos no encontrarán sino pequeños desvanecimientos, algún terráqueo temblor y uno que otro dislate que serán matizados por los equipos de campaña pero tal vez los debates muestren una cara más cierta de los cuatro.

Mientras, en Toluca se despide a Guillermo Fernández, uno de los más reconocidos traductores en México del italiano, asesinado en su casa para robarle, según las primeras versiones. Queda claro que a pesar de que se capture al responsable, no parará la violencia que desde hace años se vive en la ciudad, que no toda tiene que ver con el fenómeno del narcotráfico pero sí con las condiciones sociales elementales como la educación, el empleo, los bajos salarios que retratan alguna condición miserable al menos para la mitad de los habitantes de la entidad, que cuenta con unos 15 millones.

Las campañas políticas recuerdan lo peor que una sociedad puede cobijar. El hecho de legitimar verdades a medias y la desmemoria convierten a la ciudadanía en cómplice. Como nunca antes, hoy se necesita bien poco para que a alguno de nosotros, al que sea, le toque vivir una tragedia que antes sólo se conocía en las películas, en la televisión. Al menos en el Estado de México, un administrador como Peña, que dejó la entidad en condiciones lamentables, no debería contender por un cargo de mayor responsabilidad porque fallará. El modelo mexiquense, entendiendo que la administración pública es un negocio privado para unos cuantos, será repetido en todo el país.

 

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