Pemex, para empezar

* En el Edomex el gobernador Eriviel Ávila aplaude donde puede la reforma energética y la llama “nueva etapa en la que los consensos serán indispensables para lograr las reformas estructurales que transformarán al país, y reviviendo el espíritu de los Tratados de Teoloyucan, los mexiquenses decimos al unísono: sí a la unidad, sí a la modernización, sí a los consensos, sí a mover a México”. Extraña forma tiene el mandatario de interpretar públicamente el proyecto del Grupo Atlacomulco si se tiene en cuenta los niveles de inoperancia en los que mantiene a su administración. Para alguien que combate a la inseguridad con más policías, arengas y deslindes, el tema de Pemex no puede significar mucho y un poco de populismo puede resolverlo.

 

Miguel Alvarado

México está en venta, aunque hace mucho que sus principales activos están en manos privadas. La “apertura de Pemex y el sector energético es nada más el paso legal que da la administración de Enrique Peña y su Grupo Atlacomulco para de una vez dejarse de simulaciones. ¿Quién gana con todo esto? El ciudadano promedio, no. En todo caso, la industria mexicana en poder de quienes gobiernan y han gobernado el país por décadas. Habrá derrama y habrá oasis de riquezas. Algunos de los que ahora no ven bonanza la encontrarán y quizás por un tiempo se experimente una suerte de impulso económico. Pero el problema no es la privatización, sino la impunidad y corrupción de quienes hacen la operación y de hecho manejan los sectores en cuestión.

En realidad no s ele puede creer a Peña Nieto que busque un beneficio común si se examinan los seis años que pasó al frente del Estado de México, una entidad que ahora es una de las 10 más endeudadas del país, pero que curiosamente no observa esa crisis como su mayor problema. La participación privada en Pemex no garantiza que los ciudadanos se beneficien. Las cosas seguirán igual, en un escenario sin movimientos profundos. Los ricos, más ricos, el resto trabajando para ellos. Algunos ubican ya a Emilio Azcárraga como uno de los nuevos dueños de la energía eléctrica y señalan que la propuesta de Peña Nieto sobre el petróleo reproduce letra por letra a Lázaro Cárdenas, cuando nacionalizó aquella industria, como medida para ganarse el consenso popular. Peña, cuestionado por la forma en que llegó a la presidencia de México, no necesita del apoyo ciudadano, que además puede comprarlo. Las utilidades compartidas significan que el Estado vende el crudo pero debe entregar parte de las ganancias a la empresa que lo extrajo o lo procesó, casi lo mismo que se hace ahora pero con el sindicato de Romero Deschamps. La desigualdad en el país permite esto y más. La trampa consiste en hacer creer que el mexicano promedio tiene capacidad de decisión. Así, se le entrega el poder de protestar, disfrazado de derecho, de hacer marchas o mítines, de organizarse hasta en partidos políticos y de expresarse públicamente. Pero eso no incide en nada. Nunca ha sucedido que el consenso popular, si no es apadrinado por un político o un militar, llegue a obtener lo que reclama, más si es éste es razonable.

En el Edomex el gobernador Eriviel Ávila aplaude donde puede la reforma energética y la llama “nueva etapa en la que los consensos serán indispensables para lograr las reformas estructurales que transformarán al país, y reviviendo el espíritu de los Tratados de Teoloyucan, los mexiquenses decimos al unísono: sí a la unidad, sí a la modernización, sí a los consensos, sí a mover a México”. Extraña forma tiene el mandatario de interpretar públicamente el proyecto del Grupo Atlacomulco si se tiene en cuenta los niveles de inoperancia en los que mantiene a su administración. Para alguien que combate a la inseguridad con más policías, arengas y deslindes, el tema de Pemex no puede significar mucho y un poco de populismo puede resolverlo.

Para el ciudadano común, la privatización de Pemex es un ente abstracto que significa vender un bien del cual nunca ha participado, salvo para pagar las enormes deudas que la paraestatal representa, como los 100 mil millones de dólares para jubilaciones o los 60 mil millones que se gastan en operaciones que generalmente no llegan a nada. El hito más importante en la modernización del país tiene sin cuidado a José Alberto Pérez, un vendedor de paletas en los camiones urbanos de Toluca. Según él, su situación no cambiaría porque “no hay un trabajo que garantice que no me van a despedir. Soy obrero y a veces consigo un lugar en alguna fábrica pero no duro ni tres meses porque son temporales. El dinero del petróleo nunca lo he visto. Nadie lega y te dice que ahí está lo que te toca, y sé que es así, que hay un procedimiento pero si los gobiernos reciben esos apoyos primero, nada garantiza que lleguen a donde dicen que llegarán. El problema no es la venta, es la corrupción, pues ésa seguirá existiendo con empresas privadas o sin ellas de por medio. Vendo paletas, pero no soy tonto. Ignoro muchas cosas pero veo los años que llevo trabando. No tengo nada”. ¿Cómo se le explica a los 50 millones de pobres una reforma energética? O la educativa, que nadie pela salvo por la detención de Elba Esther Gordillo. La construcción de un país apto para el engaño ha costado tiempo, dinero y sangre pero al final se ha conseguido. A nombre de la globalidad o la modernización cualquiera puede ser presidente, sin importar preparación o intenciones y puede disponer de bienes públicos para beneficios poco claros.

El espectáculo de Peña no se reduce a las reformas energéticas. También cuela, de una vez, la posibilidad de legalizar la mariguana de una vez por todas. El tema terminará por convertirse en una de las cortinas de humo de su administración para los momentos cruciales, aunque uno sería muy ingenuo si pensara que la privatización del petróleo no está pactada todavía y se tiene el asentimiento de quienes deciden. No pasaría nada sin el apoyo del empresariado norteamericano, y las cúpulas políticas del país. Compartir Pemex y lo que resulte es una decisión tomada incluso desde antes de las elecciones, pues este apartado era uno de los aspectos fundamentales que llevaron al poder al sobrino de Arturo Montiel. Pemex estaba pactado en la agenda presidencial y se ofrecería a la iniciativa privada. No es una ocurrencia, pues, la privatización. Hace años que la agenda del priismo y sus aliados en otros partidos la diseñan.

 

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