Tierra del caos

* Las tareas diarias de los luvianenses se reducen a lo esencial. Si es posible, lo mejor es quedarse en casa. Desde principios de abril corren los más descabellados rumores, y ellos saben que los peores, aquellos que escupen las armas de fuego, son la única verdad o la verdad absoluta: desde octubre de 2013 hay una guerra descarnada y abierta, a muerte y a plena luz del día, entre La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y el Cártel Jalisco Nueva Generación por el control de la plaza. Al menos momentáneamente, Los Zetas han sido desplazados y el Cártel de Juárez prefiere atestiguar, agazapado, desde su refugio seguro en Atlacomulco y Acambay.

 

Francisco Cruz Jiménez

La guerra es inevitable e intermitente. Ya nadie quiere recordar fechas, cárteles, ni muertos. El pueblo está bajo asedio, atrapado en el fuego cruzado. Conscientes de una nueva ola de violencia y sus consecuencias, los habitantes de Luvianos se han organizado para evitar el peligro, al menos así lo quieren creer. La realidad es diferente. Cualquier preparación se revela casi de inmediato como un ejercicio inútil por el nivel que han alcanzado los ataques criminales recientes: al medio día del jueves 24 de abril todavía se escuchaban detonaciones de granadas de fragmentación en El Capulín, salida de la cabecera municipal a la ranchería Piedra Grande, el camino a la frontera con Guerrero, y los taxistas se negaban a entrar a esa zona ubicada a 35 minutos, caminando, de la alcaldía.

Las tareas diarias de los luvianenses se reducen a lo esencial. Si es posible, lo mejor es quedarse en casa. Desde principios de abril corren los más descabellados rumores, y ellos saben que los peores, aquellos que escupen las armas de fuego, son la única verdad o la verdad absoluta: desde octubre de 2013 hay una guerra descarnada y abierta, a muerte y a plena luz del día, entre La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y el Cártel Jalisco Nueva Generación por el control de la plaza. Al menos momentáneamente, Los Zetas han sido desplazados y el Cártel de Juárez prefiere atestiguar, agazapado, desde su refugio seguro en Atlacomulco y Acambay.

“Soldados” y sicarios bien armados de cada uno de los cárteles pelean palmo a palmo cada una de los cinco grandes pueblos —Villa de Luvianos, Cañadas de Nanchititla, El Estanco, El Reparo de Nanchititla, Hermiltepec y San Juan Acatitlán—, seis rancherías —Caja de Agua, Cerro del Venado, Los Pericones, San Antonio Luvianos, San Sebastián y Trojes— y 223 caseríos que hay en los 702 kilómetros cuadrados del municipio. No hay región olvidada. Las organizaciones criminales proyectan fines de corto, mediano y largo plazos a través de la corrupción y el terror. Tienen un escalafón bien organizado: hace décadas los habitantes de Luvianos no tienen alternativas: emigran a Estados o Unidos o se quedan a vivir eternamente en la pobreza.

Los funcionarios federales y estatales, así como los mandos de las fuerzas armadas son misteriosos. Luvianos parece una palabra prohibida. Nadie habla de guerra, aunque todos saben que hay una, y los luvianeneses lo confirman cada noche cuando ven destellos o resplandores de luz de las detonaciones de algún tipo de artefacto explosivo. A pesar de los disparos y estallidos de granadas –o tal vez alguna otra arma-, cada mañana la gente intenta seguir creyendo. Hace mucho se acostumbró a la violencia y, a su manera, a lidiar con esa situación. Poco salen de noche y desde hace unas semanas viven prácticamente en toque de queda.

El gobierno municipal está conformado por tres entidades distintas: las autoridades formales electas, las fuerzas armadas y las muy estructuradas organizaciones criminales. La desconfianza de los habitantes es evidente. Entre las primeras dos reinan la improvisación y la desorganización. Los capos se han convertido en el corazón y el músculo del municipio. No sólo son audaces y proveedores auténticos en un pueblo temeroso, empobrecido y de muy alta marginación —80 por ciento de la población vive en la pobreza—, sino que ejercen un control directo sobre todas las actividades. Son arrogantes y exhiben su desmedida superioridad.

En 2009, el poder de los cárteles de la droga les dio impulso para convertirse en organizaciones mafiosas, estructuras de poder que controlan del tráfico de drogas ilegales a la venta de seguridad, trata de blancas, tráfico de personas, venta de armas, secuestro, extorsión, usura y la piratería, control de la prostitución y robo de autos.

Los enfrentamientos en El Capulín se recrudecieron al amanecer del día 19, el Sábado de Gloria. Ese día, los poquísimos habitantes la ranchería se despertaron muy temprano con el repiqueteo de las armas de fuego y estallidos de granadas de fragmentación. Una de las “balaceras” —de la que algunos temerarios recogieron proyectiles para armas de asalto M-16 (calibre 5.56 mm), AK-47 o Cuerno de Chivo y pistolas belgas Five-Seven (calibre 5.7×8) o Matapolicías, entre otros— dejó un saldo de por lo menos seis personas muertas. Y, por la tarde, en el centro de Luvianos, un grupo armado cazó a un joven hasta que le dio muerte.

Pero el número de bajas no es indicativo de lo que sucede en la región. La mañana del viernes 25 el pueblo prefirió quedarse en casa y muy pocos comercios abrieron. Los convencieron la “lluvia” de explosiones de, tal vez, granadas de fragmentación, las intermitentes ráfagas de ametralladoras, los recorridos de comandos armados de los tres cárteles y la pasividad —además de la permisividad— de los militares y policías élite enviada por el gobierno federal, así como de los agentes de la Secretaría (estatal) de Seguridad Ciudadana al mando de Damián Canales Mena.

¿Cuántos muertos hay en esta nueva etapa de la guerra narca en Luvianos? Desde poco antes que empezara la Semana Santa nadie los quiere contar. Nadie lo puede hacer; cuando lo permite la situación, cada cártel recoge a sus víctimas, a sus caídos en acción; el mismo jueves 24 de abril, por ejemplo, dos adultos —un hombre y una mujer— y un menor fueron colgados en árboles del balneario parque acuáticos Las Lomas; nadie supo quiénes los bajaron y qué fin tuvieron los cadáveres, y la madrugada del viernes un comando llegó a la Presidencia Municipal: en la Jefatura de Policía asesinó al segundo comandante y levantó —sinónimo de secuestro—al menos a siete agentes.

Para dar una muestra de su poder, la noche del jueves, el comando criminal tomó por asalto la alcaldía y la liberó hasta que, en la madrugada del viernes mató, en uno de los balcones que da a la plaza central, al segundo comandante, quien hacía funciones de subdirector y secuestró a siete policías.

Y el día anterior, el miércoles 23, se reportaron tres enfrentamientos que dejaron un saldo de siete muertos; el primero, al mediodía, sin esconderse de nadie, en la zona de Caja de Agua, salida Luvianos-Zacazonapan que conecta con Colorines, Santos Tomás de los Plátanos y Valle de Bravo; y el estratégico El Estanco, entrada a la sierra de Nanchititla; desde aquí se vigilan las idas y venidas a la Tierra Caliente de Michoacán y parte de Guerrero. Para cualquiera de los bandos, la derrota es impensable y la guerra un tema de profesionales, en la que la Marina, el Ejército, la Policía Federal, la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Seguridad Ciudadana juegan un papel de cómplices o de mirones, a la espera del cártel ganador.

Todos los habitantes del municipio, y eso es literal, recuerdan que desde octubre de 2013 la Marina Armada de México tomó Luvianos por asalto e instaló un cuartel en las instalaciones de la Feria Ganadera, y al lado del palenque improvisaron un helipuerto; ostentosos, presumieron helicópteros artillados con visión nocturna y algunos vehículos, también artillados, con los que tomarían el control de la cabecera municipal. Para meter miedo, desde la misma Marina se filtró que su personal llegaba apoyado por helicópteros G3, aeronaves que vuelan con sensores y radares que facilitan cacerías nocturnas o en condiciones climáticas adversas, equipados con armas que alcanzan rangos de disparo de hasta un kilómetro,

También se filtró que las Fuerzas Armadas tenían un segundo objetivo: apoderarse de la zona estratégica ranchería Caja de Agua. Para allá enfocaron sus esfuerzos y los luvianenses fingieron creer que la paz llegaría; y no se equivocaron, si 2013 fue un año tan violento como los que haya desde principios de la década de 1990, cuando se hizo evidente la aparición pública del narcotráfico en Luvianos, de la mano de militares de rango y empleados de la PGR, 2014 les ha probado que la delincuencia organizada no tiene principio ni fin, que la presencia de la Marina es inútil o cómplice de los cárteles que operan en la zona.

Las autoridades estatales quieren atribuir la nueva ola de violencia al llamado “Efecto Cucaracha” por la “guerra” de exterminio, apoyado en los grupos de autodefensa, emprendió el gobierno federal en Michoacán. Pero eso no es verdad, es una mera invención y manipulación oficial de los hechos, ni siquiera informan lo que está a la vista; Eruviel Ávila Villegas, como pasó con su antecesor Enrique Peña Nieto y con el antecesor de éste, Arturo Montiel Rojas, se niega a ver que en Luvianos hay una sola ley: la del crimen organizado.

Aunque ninguno lo reconoció en su momento, desde principios de la década de 1990 las organizaciones criminales conformaron un poder alterno que, en diversas etapas, se ha hecho cargo de la nómina del ayuntamiento, y ha creado una especie de banco de empleo que les permite tener al pueblo bajo control. Algunos cabecillas, como El Águila, en la región de Cañadas, se han erigido como los “verdaderos” jueces de paz. Son generosos y amigables y se hacen respetar a través del terror. Hace mucho lo aprendieron: los policías federales, los judiciales estatales y los militares sólo son sanguinarios, poco escrupulosos. No tienen reglas ni conocen límites.

La prolongada guerra de los criminales, el desdén de Eruviel, Peña y Montiel —así como el de gobernadores anteriores: César Camacho Quiroz y Emilio Chuayffet Chemor, dedicados más al trabajo político para satisfacer sus ambiciones políticas personales— y el abuso permanente de las fuerzas armadas y policiacas han tenido dramáticas consecuencias para los habitantes de Luvianos. Nadie cree que la guerra se pueda evitar, sólo están a la espera de qué cártel prevalecerá.

El terror de las alturas

* Los habitantes de la Tierra Caliente mexiquense saben de sobra que los narcotraficantes pueden ser sometidos si las fuerzas militares y policiacas quisieran. No se trata de una cuestión de superioridad de armamentos ni de logística. El gobierno federal no quiere hacerlo, consideran, desde la etapa de la guerra de Felipe Calderón. Los supuestos avances en la lucha contra el narco que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio presume y que usa para justificar las masacres michoacanas son falsos. Sólo el facto de las armas representa de por sí la diferencia y la balanza se inclina a favor de los militares. Tanto así, que los mismos habitantes de la región reconocen que los narcotraficantes temen hasta de manera supersticiosa a los helicópteros que patrullan en el sur mexiquense y que ellos identifican como G3.

 

Miguel Alvarado

Mientras los Caballeros Templarios sitian municipios michoacanos y disuelven manifestaciones en su contra a balazos, en el sur mexiquense la Familia apuntala su dominio y control del trasiego de droga en la región, pero además pone de manifiesto que ya ocupa otro tipo de municipios, como Valle de Bravo, donde han encontrado en la extorsión y el cobro de protección, un negocio paralelo tan productivo para ellos como el del narcotráfico.

Llegados originalmente a Luvianos y desde Michoacán, el cártel de La Familia encuentra sus antecedentes en una banda criminal llamada La Empresa, fundada por Nazario Moreno, ya fallecido, pero que involucraba justificaciones religiosas para sus actividades. Luego de un periodo de alianza con Los Zetas, cuando estos últimos eran el brazo armado de los hermanos Beltrán Leyva, decidieron separarse y formar la estructura que actualmente controla el sur mexiquense y parte del valle de Toluca. La Familia ha penetrado incluso en la ciudad de México, donde es reconocida como uno de los 15 cárteles que pelean el control de barrios como Tepito.

Pelearon contra Los Zetas el control de Luvianos y pronto lograron expulsarlos. Establecieron sus propios gobiernos, eligieron sus autoridades, pagaron campañas políticas y promovieron leyes internas en municipios como Tejupilco, Amatepec y Tlatlaya, zona limítrofe con Michoacán y Guerrero. Formaron un pequeño reino donde apuntalaron su poder hasta que los jefes de la plaza pelearon por diferencias sobre el apoyo a partidos políticos. Hermanos ellos, se separaron. Uno se quedó con los michoacanos mientras que el otro formaba Guerreros Unidos, que junto a Los Caballeros Templarios, son las escisiones generadas desde La Familia. En enero del 2011 se difundía la desintegración del cártel michoacano y se anunciaba la llegada de los Templarios. Más una maniobra publicitaria del gobierno federal de Felipe Calderón que una buena noticia, pocas horas tardó en pulverizarse. Las ejecuciones y los enfrentamientos en territorio michoacano alcanzaron también al Estado de México y Luvianos, donde un paraje en Caja de Agua, ranchería emblemática porque allí consolidó su dominio La Familia, fue escenario para dos combates con más de 60 muertos entre los cárteles que terminó por decidir quiénes eran los nuevos dueños de la plaza.

Ni siquiera La Familia, con el poderío económico que ha alcanzado y la violencia que desarrolla, puede hacerlo sin el permiso o la complicidad de las autoridades. A pesar de que la Marina y el ejército mantienen bases en las cercanías de Luvianos, han sido incapaces de detener a los líderes, aún cuando todos saben quiénes son. La presencia militar se limita en lo público al cuidado de las entradas y la esporádica revisión del transporte. A veces incursionan en la sierra de Nanchititla, en busca de algo o alguien, pero pronto abandonan porque dicen no conocer la región.  Pero no siempre es así. De vez en cuando, como sucedió a principio de julio del 2013, la Marina detiene a algunos que considera relacionados con el crimen organizado. Aquella ocasión, cinco jóvenes fueron detenidos y, según su propia denuncia, golpeados por los uniformados. Los pobladores cerraron los accesos a la región para exigir que los detenidos fueran liberados y que la Marina abandonara la base que ocupa.

Finalmente los jóvenes fueron dejados libres. La detención del Z-40, Miguel Ángel Treviño, líder de Los Zetas fue el preludio de una jornada letal para Michoacán, que en dos días registró 22 muertos, entre enfrentamientos y asesinatos de civiles, como sucedió en el municipio de Los Reyes, cuando una manifestación pública contra Los Templarios terminó en balacera contra los quejosos, dejando cinco muertos. Apatzingán y Lázaro Cárdenas, sus carreteras, fueron bloqueadas por el crimen organizado y la comunicación fue cortada, hasta hallar estabilidad. En el Estado de México, entre el 19 y 22 de julio, el municipio de Valle de Bravo resintió la actividad criminal. Allí, el cártel de La Familia cerró por unas horas los accesos al centro de la población, mientras cobraba cuotas a comerciantes y extorsionaba a empresarios. Los habitantes del primer cuadro señalaron que habían dejado cuatro decapitados en esa zona como un aviso y aunque no hay una guerra o enfrentamientos abiertos, consideran que La Familia defiende esa plaza contra los embates de Los Templarios. Valle de Bravo, el principal foro turístico del Estado de México y hogar de los hombres más ricos del país, es desde hace pocos años una base de operaciones del narcotráfico, a semejanza de Huixquilucan, cuando fue elegido como sede para que los jefes del narco establecieran sus casas.

Los habitantes de la Tierra Caliente mexiquense saben de sobra que los narcotraficantes pueden ser sometidos si las fuerzas militares y policiacas quisieran. No se trata de una cuestión de superioridad de armamentos ni de logística. El gobierno federal no quiere hacerlo, consideran, desde la etapa de la guerra de Felipe Calderón. Los supuestos avances en la lucha contra el narco que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio presume y que usa para justificar las masacres michoacanas son falsos. Sólo el facto de las armas representa de por sí la diferencia y la balanza se inclina a favor de los militares. Tanto así, que los mismos habitantes de la región reconocen que los narcotraficantes temen hasta de manera supersticiosa a los helicópteros que patrullan en el sur mexiquense y que ellos identifican como G3. Los describen como aeronaves que vuelan con sensores y radares que facilitan cacerías nocturnas o en condiciones climáticas adversas. Equipados con armas que alcanzan rangos de disparo de hasta un kilómetro, las naves de la Marina han causado decenas de muertos, a quienes cazan de vez en cuando. Esta versión de ataque ha causado más terror que bajas, pero es un ejemplo del poderío militar. Los últimos helicópteros recibidos por la Marina son tres modelos Sikorsky UH-60M Black Hawk, entre el 2007 y el 2012 y que, dice la dependencia, donó el gobierno de Estados Unidos, que pagó por ellos al fabricante 71 millones de dólares, incluidos repuestos y servicios. También, en noviembre del 2012 otro modelo fue recibido por la Armada, el primero de tres modelos EC-725 Super Cougar, aunque estaban originalmente destinados para las bases de Minatitlán, en Veracruz. Los pilotos y personal para atender estas naves han recibido adiestramiento en Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. “El EC-725 ya está en servicio con la Fuerza Aérea Mexicana, que ha adquirido doce de estas aeronaves, seis de las cuales ya se encuentran en México. Las unidades de la FAM se entregaron con armamentos que incluyen lanza-cohetes de 70 milímetros y pods para ametralladoras de calibre .50 Al día de hoy, se desconoce si los helicópteros adquiridos por la Marina vienen con algún tipo de armamento. Lo que sí es seguro es que, a diferencia de las maquinas de la FAM, los EC-725 de la SEMAR cuentan con un sistema de bocinas de alto poder, montadas en el carenaje trasero de la aeronave y que permiten realizar llamados o transmitir mensajes a personas en tierra”, apunta una descripción del diario El Universal.

Datos del diario local Tres PM aseguran que en la guerra de cárteles, en enero del 2013, la zona sur mexiquense reporta 550 ejecutados oficialmente. Para esta región, los datos sobre muertes y asesinatos son confusos, aunque los números reflejan poco o nada la realidad del narcotráfico en el Estado de México y la oposición del gobierno a esa actividad.

Autodefensa

* Los ciberactivistas amenazados se van del país, si pueden, o dejan de publicar. Son una especie de periodistas con absoluta libertad, que no dependen de pactos políticos y comerciales para narrar lo que viven en sus comunidades y que no tienen ninguna de protección. Deben batallar con militantes del narco entrometidos en sus páginas y al mismo tiempo guardar las distancias. Las autoridades no les ayudan pero tampoco los medios de comunicación tradicionales, que necesita de “fuentes oficiales” para validar la información. La página Valor por Tamaulipas es similar a otras como Valor por la Huasteca, especializada en difundir SDR o Situaciones de Riesgo. De corte similar, también están Nuevo Laredo en Vivo, Vigilantes Mante, Matamoros Info y Todo por México. Ninguna tiene apoyo de las autoridades.

Miguel Alvarado

Una página de la red social Facebook, “Valor por Tamaulipas”, es uno de los ejemplos del nuevo activismo ciudadano que utiliza internet para denunciar actividad de cárteles y criminales casi en tiempo real. Los administradores de ese muro, de manera anónima, suben información que ubica robos, venta ilegal de gasolina y enfrentamientos en municipios de aquella entidad. Creada en enero del 2012, pronto se convirtió en uno de los foros más activos contra el narcotráfico y las actividades derivadas de ello. Los usuarios y visitantes denunciaban casi todo, incluso la colusión de autoridades policiacas en el crimen organizado. Pero casi de inmediato llamó la atención de los propios cárteles, sobre todo el de los Zetas y el del Golfo. El 13 de febrero del 2013, una serie de volantes fue repartida en Ciudad Victoria ofreciendo 600 mil pesos para quienes proporcionaran información acerca de los administradores de Valor por Tamaulipas, ubicado en el espacio http://www.facebook.com/ValorPorTamaulipas?fref=ts: “600,000 mil pesos para el que aporte datos exactos del dueño de la pagina de Valor por Tamaulipas o en su caso familiares directos ya sean papás, hermanos, hijos o su esposa. Esto es solo libre expresión pero a cambio de eso un buen dinero por callarle el hocico a culeros panochones como estos pendejos que se creen héroes. Absténganse de hacer mamadas aprecien la vida de sus seres queridos la información será confidencial…”, dice parte de aquel “comunicado”, que hasta un número telefónico proporcionaba. La respuesta del administrador fue larga pero elocuente, y aunque primero señalaba que no dejaría de hacer su labor, se decía conciente del peligro que eso significaba. Luego, un día después, respondió lo siguiente: “tengo un límite de lo que puedo hacer y con lo que puedo cargar. Esto ya es más de lo que yo puedo manejar. No tengo la estructura para proteger a mi esposa y mis hijos en el caso de las amenazas de Cd. Victoria en estos momentos, ni tampoco para coordinar un cambio en la manera de colaborar con la gente del sur de Tamaulipas. Haré un último intento por mantener la página, en este caso me veo obligado a impedir la interacción directa en la página y estaré revisando solo los reportes de inbox. Las personas que participan como público en la página, deben ser conscientes de los riesgos de hacerlo, POR favor ya no hagan publicaciones, comentarios directos en la página desde sus cuentas personales… en una semana he perdido muchas batallas, en todos los frentes que pueda haber enfrentado. No tendré manera de revisar confiabilidad de personas, se me dificulta mucho esto pero, vamos, todavía se puede intentar hacer algo diferente. Inclusive, estoy considerando que el STAFF de la página aumente, o un foro hermano como Todo por México se haga cargo de los reportes. Como quiera, sea lo que pase en las redes sociales, son muchos los que colaboran haciendo reportes en los Hashtags de #ReynosaFollow #ReynosaSDR #LaredoFollow #LaredoSDR #VictoriaSDR #CdVictoria #MorosFollow #Matamoros #ValleHermoso #Mante #Llera #RíoBravo #Tampico #Altamira #Madero #González #Aldama #MiguelAleman #Mier #DíazOrdaz #Güemez #HidalgoTam #Xicotencatl #SanFernando #VilladeCasas #SotolaMarina #GomezFarías etc. También están Los sistemas de Nuevo Laredo en Vivo, Vigilantes Mante, Matamoros Info, Todo por México – Lucha contra el narcotráfico. Y, por supuesto, la defensa universal y dolores de cabeza de autoridades coludidas y de delincuentes, la DENUNCIA CIUDADANA anónima, con copia a diferentes instituciones y de preferencia con copia al correo de SEDENA o SEMAR en el DF, para asegurar que las denuncias sean evaluadas con imparcialidad. Si ellos no hacen caso en un tiempo considerado prudente, vean la manera de publicar de forma anónima en los espacios que puedan. Gracias a Dios, me acaba de confirmar mi esposa que cruzó la frontera con mis hijos. Reviso temas específicos de mi empleo para seguir evaluando cómo procederé. Lamento decepcionarlos en este sentido pero no me rindo, cambio de estrategia y lo más importante es que entiendan que, aunque a mí me hagan daño, tienen que comprender que no hay opciones para la población de Tamaulipas. Si callamos, ellos seguirán haciéndonos daño”.

Con más de 145 mil seguidores, esa página es parte de una red de denuncias anónimas por internet que involucra las redes de Twitter y Facebook, y se ha convertido además en la única forma “segura” de alzar la voz. Nadie confía en las denuncias ante las autoridades porque casi todas las policías del país están infiltradas. Y muchos creen lo mismo acerca del ejército y la marina.

Los ciberactivistas amenazados se van del país, si pueden, o dejan de publicar. Son una especie de periodistas con absoluta libertad, que no dependen de pactos políticos y comerciales para narrar lo que viven en sus comunidades y que no tienen ninguna de protección. Deben batallar con militantes del narco entrometidos en sus páginas y al mismo tiempo guardar las distancias. Las autoridades no les ayudan pero tampoco los medios de comunicación tradicionales, que necesita de “fuentes oficiales” para validar la información. La página Valor por Tamaulipas es similar a otras como Valor por la Huasteca, especializada en difundir SDR o Situaciones de Riesgo. De corte similar, también están Nuevo Laredo en Vivo, Vigilantes Mante, Matamoros Info y Todo por México. Ninguna tiene apoyo de las autoridades.

Esta nueva vigilancia toma fuerza junto con otro tipo de expresiones de autodefensa, como las policías comunitarias formadas en Guerrero. El ejemplo de aquel estado fue imitado ya en poblaciones del Estado de México, Amatepec y Tlatlaya, donde el 13 de febrero se anunciaba la creación de un comité de autodefensa, asesorado por el Frente Popular Campesino y Revolucionario Francisco Villa. Esas acciones se formalizarían en Tejupilco, por cuestiones de seguridad, a pesar de que ese municipio es considerado uno de los que tienen mayor presencia del narcotráfico. En Santiago Amatepec se desarmaría y destituiría a la policía municipal y la comunidad tomaría en sus manos su propia defensa.

Si bien el Edomex es escenario cotidiano de crímenes violentos y territorio en disputa entre cárteles, el sur mexiquense es emblemático dominio del narcotráfico, que domina totalmente a los municipios que lo componen. Pone autoridades, presiona a la gente para que vote por determinado partido, controla los ayuntamientos y la escasa policía local, pero además implementa leyes al margen que deben observar quienes viven en su territorio. Los cárteles se han convertido, poco a poco, en fuerzas paramilitares o poderes alternativos que pueden dominar o en su defecto convivir con los poderes constituidos legalmente. La supuesta guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón dejó 90 mil muertos y unos 250 mil desplazados, un escenario que sólo puede verse en frentes militares, países invadidos.

“Los Zetas son una fuerza paramilitar,” apunta William Robinson, autor de “Una teoría del capitalismo global”. La teoría de que empresas trasnacionales y  fuerzas paramilitares actúan en alianza no es nueva, pero ha tomado mayor fuerza los últimos años, cuando se ha relacionado la presencia de cárteles en zonas industrializadas que no necesariamente son sitios de paso de la droga o representan un alto consumo. De hecho, el 90 por ciento de la droga que pasa por México tiene como destino el mercado de Estados Unidos. Igual sucede con lo que se produce en el país.

Dawn Paley, periodista e investigador norteamericano, aporta ejemplos para sustentar lo anterior y que publica en el proyecto Upside Down World el artículo “Drug War Capitalism”:

“Los residentes de Ciudad Mier, una pequeña comunidad en Tamaulipas, salieron en masa a causa de la violencia paramilitar. La ciudad se encuentra en lo alto del campo de gas más grande de México, al igual que una gran parte del violento estado.

“En el Valle de Juárez, considerado el lugar más peligroso en México, los asesinatos y las amenazas han obligado a muchos a abandonar el lugar. A la vez, se está construyendo un nuevo cruce fronterizo entre los EU y México.

“En Santa María Ostula, una pequeña comunidad indígena náhuatl en la costa de México, por lo menos 28 personas han sido asesinados (y otros cuatro han desaparecido) por la violencia paramilitar y estatal desde 2009. Estratégicamente ubicado, su territorio se encuentra en una zona rica en minerales.

“En la Sierra Madre en el norte de México, las empresas mineras canadienses operan en áreas en las que incluso funcionarios del gobierno temen entrar a causa de la presencia de narcotraficantes armados”.

El propio mapa mexicano es ya dividido en áreas de influencia de los cárteles del narcotráfico. El Estado de México observa a grupos como La Familia, Guerreros Unidos o la Mano con Ojos. También operan los Zetas, aunque fueron expulsados de las plazas principales. La aparición de grupos de autodefensa generó algunas reacciones, recogidas por diarios locales, ninguna de ellas sólidas. Para Efrén Rojas, el invisible secretario de Gobierno estatal, se trata de “expresiones que serán revisadas a detalle, sobre todo porque esta zona del estado merece atención especial… yo digo que esto significa que la sociedad tiene exigencias claras y que el gobierno debe visualizarlas y entenderlas, sobre todo para atenderlas… el sur de la entidad lo hemos estado atendiendo fuerzas federales, estatales y municipales, entonces veremos con atención el tema”.

La visión de Rojas sobre el sur es corta o premeditadamente parcial. La situación en esa región está ampliamente documentada y hasta libros de investigación han sido publicados, como “Tierra Narca”, de Francisco Cruz, donde se narra cómo llegaron los cárteles al Triángulo de la Brecha y la importancia de la frontera con Guerrero y Michoacán.

El comisionado de los derechos humanos en la entidad, Marco Antonio Morales Gómez, diría que “cualquier movimiento que tengan los ciudadanos y que sea en función de la seguridad y de la protección de la propia comunidad, debemos de analizarlo a la luz de la ley, pero sobre todo de las necesidades que se tienen… no estoy de acuerdo en que se haga justicia por propia mano pero tengo entendido que hay algunos elementos para pensar  que estos  grupos puedan coadyuvar”. La Codhem es famosa por una extraña política de no intervención cuando de asuntos que implican a los gobiernos se trata. Un ejemplo fue el caso de San Salvador Atenco, en el 2006, cuando la instancia prefirió mantenerse al margen sobre las denuncias de brutalidad policiaca y abuso de autoridad. Fue hasta el 2009 cuando la Codhem confirmaba que “hubo violaciones a los derechos humanos y también hubo delitos relacionados con abuso de poder, hubo lesiones, hubo daños, hubo golpes, daños a la propiedad ajena”. Tardó tres años en mostrar alguna postura mientras los líderes atenquistas eran condenados hasta con 200 años de cárcel.

Aquellos grupos de autodefensa estarán solos, sin apoyo de sus depuestas autoridades y deberán enfrentar a los criminales. No queda claro aún qué papel juegan los cárteles, denominados allá como “las verdaderas autoridades”, pero el 16 de febrero uno de los organizadores de la autodefensa en Amatepec, Luis Enrique Granillo Martínez, era declarado desaparecido por su familia y asociados, quienes le perdieron el rastro horas después de haber declarado inválida a las autoridades policiacas de su municipio. La noticia de Granillo se difundió en redes sociales pero los diarios locales no le hicieron espacio en sus páginas. En espera de su aparición, sus familiares tuvieron que comprobar, primero, que no era el único desaparecido que pertenecía al movimiento de autodefensa. Tres más, quienes estuvieron en el anuncio de la creación de la policía comunitaria, habían sido levantados. Además de Granillo, se contabilizaba a Santiago y Onorio Benítez, así como a Tirso Madronio Pérez Antonio, reportados el 15 de febrero.

El Premio Mayor

* Finalmente, la ciudad se ha revelado tal cual es. El narcotráfico se ha metido lenta pero sólidamente en todas las instancias de gobierno y los cuerpos policiacos. Ha corrompido el muro político que, por Peña, protegía la ciudad. Ávila no ha querido o sabido manejarlo. La plaza del Estado de México está abierta al mejor postor y como en una lucha por algún campeonato, el ganador entre Guerreros y Familia deberá enfrentarse al retador, los Zetas, cuyas células trabajan ya en microscópica organización.

 

Miguel Alvarado

A Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, el tema de la seguridad le tiene sin cuidado. Aceptó que Toluca fuera la sede del encuentro entre mandatarios y el secretario de Gobierno, el 28 de enero, porque era una orden de la Federación. Toluca es la ciudad que Enrique Peña recorrió diariamente durante seis años como gobernador y no puede mostrarse débil. Por eso Ávila explicaría, irresponsablemente, que eran hechos eventuales. Así, prefirió la parafernalia para apuntalar sus palabras que, aunque sea, otorgar certezas a sus gobernados. Ese 28, antes del mediodía el trasiego de helicópteros por la ciudad dominaba el espacio aéreo del Parque Metropolitano. La antigua sede de la 22 Zona Militar abría sus puertas para que las personalidades, uno a uno, fueran llegando. Casi todos en aeronaves del ejército, se trasladaron luego en camionetas escoltadas al lugar de la cita, la Casa Estado de México, como si trataran algo que les importara, que pudieran resolver con un pacto.

Ávila, perdido en la misma red política que permitió su ascenso, es paciente observador del deterioro social, en primera instancia, de la ciudad que lanzó a Peña rumbo a Los Pinos. También, sentado en alguna parte, observa cómo el sur mexiquense y su peculiar reino de narcotráfico, le gana la partida a las buenas intenciones. Y por último, debe tomar aire para contar y recontar los 89 ejecutados en la capital, según el último registro del diario local Alfa.

En Luvianos, al sur del Estado de México, las noticias nos son halagüeñas. El narcotráfico patrocinó e impuso gobiernos más o menos leales a ellos. Luego, escindida La Familia por reyertas internas, dio origen a Guerreros Unidos (GU), que combatió a los primeros por el control de la Plaza. “El Águila”, líder pero también una especie de leyenda porque ha sobrevivid a atentados y metralla, debe ahora pelear contra su propio hermano, quien comanda a los GU. Los resultados de las batallas de Caja de Agua, paraje épico que alberga la centena de muertos en enfrentamientos entre narcos y a veces policías, alcanzaron Toluca y sus calles, algunas, tapizadas de desmembrados y narcomensajes dirigidos al gobernador. Nunca antes la capital había registrado esas “eventualidades”, al menos no con 18 cadáveres, 12 de ellos hallados en un solo día.

Pero antes de encontrados los muertos, una fuerza especial de la policía del Edomex había tomado algunas calles de la ciudad y desde las 8 de la noche, grupos de al menos 20 embozados se apostaban en las esquinas de arterias como Venustiano Carranza, que prácticamente atraviesa la ciudad, de oriente a poniente. Otras calles y avenidas, la principales, registraban el mismo fenómeno. La ciudad de la alcaldesa priista Martha Hilda González Calderón parecía segura, en calma. Incluso le alcanzaba para llegar en bicicleta a sus cabildos y reuniones importantes. Pero no era así. Y cuando los muertos llegaron, Calderón responsabilizó a la SSC.

Finalmente, la ciudad se ha revelado tal cual es. El narcotráfico se ha metido lenta pero sólidamente en todas las instancias de gobierno y los cuerpos policiacos. Ha corrompido el muro político que, por Peña, protegía la ciudad. Ávila no ha querido o sabido manejarlo. La plaza del Estado de México está abierta al mejor postor y como en una lucha por algún campeonato, el ganador entre Guerreros y Familia deberá enfrentarse al retador, los Zetas, cuyas células trabajan ya en microscópica organización.

El mercado de la droga en México genera poco más de 40 mil millones de dólares, y es que igualado solamente por otro mercado ilegal, el de la venta de armas. Las cifras son similares a lo que producen Pemex, las remesas y la actividad turística. El narcotráfico es una de las cinco actividades económicas fundamentales del país y no podrá ser cancelada así como así, pues afectaría la vida práctica de millones. Según la agencia mexicana IPS y la Secretaría de Salud, la mariguana es la droga más consumida en México, seguida de la cocaína y los inhalantes. Jóvenes de entre 15 y 30 años suponen que la mariguana es menos mortal que el tabaco, aunque la producción, distribución y consumo de la primera haya costado 90 mil muertos, 25 mil desaparecidos y 240 mil desplazados de sus hogares al gobierno federal anterior. IPS da cifras que pueden responder a la desaforada producción de droga en México. Estados Unidos consume 3 mil 700 tonelada de mariguana al año, con un valor de entre 15 mil y 30 mil millones de dólares en un mercado minoritario. México provee el 67 por ciento de ese consumo.

La periodista mexicana Anabel Hernández, autora del libro “Los Señores del Narco”, sostiene que el combate contra el narco, el sexenio pasado, era “una guerra entre cárteles del narcotráfico en la que el gobierno de Calderón tomó partido por uno de los contendientes”. Así, esta guerra inexistente ha colocado a ejército y marina en patrullaje por algunas calles de municipios como Ecatepec y la misma Toluca, donde discretos camiones estacionan en esquinas de El Seminario o Paseo Tollocan, pero nada más. Los cadáveres, descuartizado y embolsados todos, fueron tirados a espaldas de estos operativos, sin que nadie molestara a los autores. El fracaso de la Secretaría de Seguridad Ciudadana evidencia a Eruviel Ávila. La principal promesa de campaña, como la de Pñea, estaba centrada en reducir los índices delictivos. Ávila canceló de un plumazo a la Agencia de Seguridad Estatal, salida del cerebro del actual presidente, y colocó su SSC debido a los escasos resultados que la ASE obtenía. “La ASE jurídicamente no existiría, pero quienes integran esta policía, quien tenga la vocación, claro que va a continuar sirviendo al Estado a través de la Secretaría”, diría el gobernador a fines de junio del 2011. Así, la SSC sólo cambiaría de nombre, pero no de personal, así como del uso del dinero destinado al rubro. “Duplicaré el presupuesto en esta materia para poder combatir con toda seriedad, y con la ley en la mano la inseguridad”, apuntaba orondo en sus campañas y, sincero, admitía que “debemos de reconocer que hemos fallado porque nos hemos dividido, si nos dividimos, ganan los delincuentes; si nos unimos, ganamos todos” en una entrevista para El Universal.

Dos veces alcalde de Ecatepec y diputado local, Eruviel jamás entendió para qué quería ganar la gubernatura, además del incentivo del presupuesto estatal. Y es que una entidad tan poderosa es tentación para cualquiera. Un artículo del analista Pedro Zenteno aclara las cosas. Para el 2013, apunta, el Edomex ejerce aproximadamente 175 mil millones de pesos, pero solamente el 24 por ciento son recursos propios. El resto lo da la Federación. El gobierno de Ávila pondría 40 mil 935 millones y los 124 mil 707 millones restantes llegarían solos. Mantener a los distintos niveles de gobierno cuesta al erario “14 mil 534 millones cada mes o 477.8 millones por día, 19.9 millones por hora y 331 mil 827 pesos por minuto”. Otro dato clave es que el 9.8 por ciento del presupuesto es el que corresponde a los 125 municipios. “El salario de Eruviel equivale a unos 6 mil 768 de pesos por día; es decir, el salario de 108 trabajadores cada 24 horas… en 250 días gana el salario de 27 mil personas, la capacidad del estadio de futbol Nemesio Diez, la famosa Bombonera. Y en un año supera los 40 mil salarios mínimos; es decir, sus ingresos anuales son mayores al número de habitantes de 65 municipios mexiquenses”, concluye Zenteno.

El presupuesto alcanza incluso para las necesidades inmediatas del gabinete de Gobierno. El diario local Alfa se pregunta por qué no pueden capturar a los cabecillas del narco en la entidad. “Desde mediados del 2011, a propósito de la captura de “El Terry”, se sabe que el jefe de “La Familia Michoacana” en la entidad es José María Chávez Magaña, “El Pony”, un ex profesor rural de 43 años y apenas 1.50 de estatura que opera en Caja de Agua, Luvianos. Sabido es también que la pandilla “Guerreros Unidos” es dirigida por Mario Casarrubias Salgado, “El Sapo Guapo”, que vive en Toluca. Que en su empresa criminal le acompaña Rodolfo Paredes Cárdenas, “El Bofo” o “El Torito”, quien reparte su tiempo entre Querétaro y esta capital. Tampoco se entiende por qué si los buscan desde hace más de un año, según la fichas de Inteligencia, no los han atrapado.

Las cien mil violaciones

* A su llegada a la Presidencia, Felipe Calderón decidió dar una mayor participación al Ejército y a la Marina en la guerra contra los cárteles del narcotráfico. Los resultados están a la vista: Human RightsWatch en México ha documentado que “al iniciar la aplicación de la ley, las fuerzas armadas han cometido infracciones graves de derechos humanos, inclusive matanzas, torturas, y violaciones”.

 

Francisco Cruz Jiménez

Los Zetas ya se habían convertido en protagonistas de la escena criminal. La periodista mexicana Cynthia Rodríguez documentó en un libro que, luego de ocupar Michoacán y Guerrero, esta organización criminal estableció nexos con la mafia italiana Ndrangueta de Calabria, la empresa criminal más próspera del mundo, cuyas ganancias anuales se calcula que superan sesenta mil millones de dólares.

Cynthia documentó el papel central que comenzaban a tener los cárteles mexicanos en el creciente tráfico de cocaína de América a Europa. Estados Unidos, Centro y Sudamérica eran ya sólo una parte de una realidad mayor.

En la capital de la República, Karen empezó su relato: “Por lo que respecta a la estructura operativa de la organización conocida como Los Zetas, a la que pertenecí, comandado por Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, en ausencia de Osiel Cárdenas Guillén, se compone de varios niveles.

”El más bajo se denomina halcón, los ojos de la ciudad o vigilante. Luego siguen los encargados de las tiendas, de los puntos, los de productividad y más arriba se encuentra el L o cobra, responsables de la seguridad, por lo que andan armados —valga el pleonasmo— con armas cortas y largas.

”Más arriba se ubican los zetas nuevos o kaibiles, ex militares guatemaltecos que tuvieron entrenamiento especial y que siempre andan con las mejores armas, granadas, chalecos antibalas y cascos. Son, por ejemplo, los encargados de entrar primero a las casas, de revisarlas y llevar el mando en los operativos.

”Son los encargados de ejecutar a la gente porque, se supone, eso les da más fuerza y hace honor a su categoría de zetas. Incluso, en caso de enfrentamientos, los L o cobra tienen órdenes de no disparar, hasta que no lo hagan los kaibiles o hasta que éstos [sic] den la orden.

”En el caso de las detenciones, los L son los encargados de esposar al enemigo capturado, mientras los zetas nuevos dirigen el operativo. Fuera de los kaibiles, hay gafes —militares élite desertores del Ejército mexicano— o zetas viejos entre los que se encuentra la comandancia de la organización.

”Destacan Mateo, Mamito, Hummer, Rex, Ostos, Caprice, Tatanka, Lucky, El Paguita, Cholo, JC, Cachetes, Bedur, El Cuije, El Chispas, El Chafe, Tizoc, El Tejón —kaibil guatemalteco—, El Flaco y Lorméndez. Hasta hace un año, arriba de El Lazca, se encontraba Tony Tormenta, hermano de Osiel Cárdenas Guillén. Pero se pelearon y Tony abandonó la organización. Aparte de los anteriores niveles, cada plaza y cada encargado tienen sus informantes propios, su contador y sus sicarios”.

A su llegada a la Presidencia, Felipe Calderón decidió dar una mayor participación al Ejército y a la Marina en la guerra contra los cárteles del narcotráfico. Los resultados están a la vista: Human RightsWatch en México ha documentado que “al iniciar la aplicación de la ley, las fuerzas armadas han cometido infracciones graves de derechos humanos, inclusive matanzas, torturas, y violaciones”.

Sólo durante el primer semestre de 2010, el organismo registró al menos mil cien quejas por abusos cometidos por el Ejército y denunciados ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Y en su reporte “México: las violaciones de los derechos humanos cometidas por el ejército”, de diciembre de 2010, Amnistía Internacional (AI) critica al gobierno calderonista por su inadecuada aplicación de la justicia, en particular por las múltiples quejas contra el Ejército.

Un año antes, Amnistía Internacional denunció que las violaciones de derechos humanos por parte del Ejército en México han alcanzado “niveles escandalosos” en los últimos dos años, por lo que, en un acto inédito, convocó a una movilización mundial que implicaría manifestaciones en las embajadas mexicanas de ciento cincuenta países del mundo, en los que el organismo tiene presencia.

Al presentar los “Nuevos informes de violaciones de derechos humanos a manos del Ejército”, Alberto Herrera, representante del organismo en México, advirtió: los casos expuestos son sólo la punta del iceberg. De las denuncias presentadas se puede advertir que en dos años las quejas contra militares se triplicaron, al pasar de trescientas sesenta y siete en 2007 a mil doscientos treinta en 2008, mientras que durante los seis primeros meses de 2009 la cifra llegó a quinientos cincuenta y nueve.

AI “ha podido comprobar cómo el Ejército no ha investigado estas quejas a profundidad”, explicó Herrera, ya que en todo momento ha omitido indagar en la cadena de mando: desde los superiores que estaban a cargo de aquellos soldados, hasta los inferiores que cometieron abusos.

Desde que Calderón sacó de sus cuarteles al Ejército para tomar la delantera en el combate contra los cárteles de la droga, han muerto cerca de treinta y cinco mil personas. Las muertes de civiles o “daños colaterales” aumentaron ciento setenta y dos por ciento entre 2009 y 2010, documentó la periodista estadunidense CyrilMychalejko para Upside Down World.

Estructura Z

* Los Zetas ya se habían convertido en protagonistas de la escena criminal. La periodista mexicana Cynthia Rodríguez documentó en un libro que, luego de ocupar Michoacán y Guerrero, esta organización criminal estableció nexos con la mafia italiana Ndrangueta de Calabria, la empresa criminal más próspera del mundo, cuyas ganancias anuales se calcula que superan sesenta mil millones de dólares.

 

Francisco Cruz Jiménez

Con Los Zetas llegaron o ampliaron su significado palabras como kaibil, halcón, estaca, cobra, maquila, el punto, zeta nuevo, pizza, pesador, zeta viejo y la empresa; se dieron a conocer los nombres de Heriberto Lazcano Lazcano, Omar Lorméndez, Osiel Cárdenas Guillén o Miguel y Omar Treviño; se escucharon alias como Tony Tormenta, El Chispa, Talibán, El Mono, Comandante Mateo, Karin, La Chichona, Meme Flores y El Cachetes. Un nuevo lenguaje y sus protagonistas se arraigaron para siempre con una violencia aún más sangrienta y criminal.

Cada palabra y delación de Karen fueron integradas a la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/222/2005. Pero aquel día de septiembre de 2005 —cuando Los Zetas humillaron a los hermanos Beltrán Leyva— Karen jamás sospechó que ése sería el último mes de su brillante carrera de sicario.

Como se narró, “ese mes, Lorméndez mudó su residencia en Lázaro Cárdenas. En una de los viajes para buscar aparatos de aire acondicionado su estaca se perdió y sus sicarios terminaron frente a una residencia de los Beltrán Leyva. (…) Era una casa de seguridad de La Barbie, de donde se apoderaron de un arsenal y máquinas contadoras de billetes. El Jetta —que también se llevaron— sirvió para el traslado. Lo que ya no cupo lo metimos a las camionetas nuestras”.

Los Zetas no tuvieron tiempo de transportar su valioso cargamento. Karen contó la caída a su manera: “El Pita, Z-10, El Mono o El Patas ordenó a Karin llevar el Jetta a un lugar seguro. Me pidió manejar, seguir a Karin y (que) regresara con él. Los demás compañeros subieron al sujeto gordo al Jeep Grand Cherokee negro, que manejaba el mismo Lorméndez.

”Al lado de Lorméndez, como copiloto, subió Panudo —kaibil guatemalteco identificado por los nombres de José María Calderón García, Édgar Geovanni Reyes López y Carlos Enrique Martínez Méndez—. En el asiento posterior se sentaron La Parca, un L o cobra —conocido como Alejandro Lara y Alberto Casillas Guerrero— y al lado de éste El Trinquetes, otro kaibil de Guatemala, que tenía al menos dos nombres: Juan Carlos Fuentes Castellanos y Eduardo Morales Vaidez.

”En la segunda Grand Cherokee, la gris, subieron Karin [sic] —zeta viejo y, por tanto, comandante de la estaca, identificado por los nombres de Jesús Morales Cervantes y Karin Rivera Vega— acompañado por Cascanueces. En el asiento posterior sentaron al viejito que sacamos de la casa —cuyo nombre quedó asentado como José Cámara Soto, alias El Tío— y al lado de éste un L de sobrenombre Cabeza de Bola.

”Emprendimos la marcha alejándonos de ese lugar. La Grand Cherokee negra siguió una ruta. La otra, la gris de Karin, fue por un camino diferente, seguida por mí en el Jetta negro lleno de armamento. Tomamos por la avenida Melchor Ocampo, hasta llegar a una bodega con un portón blanco, medio oxidado, donde nos detuvimos.

”Cascanueces bajó para abrir. Enseguida metí el Jetta. Lo dejé estacionado atrás de una Suburban azul celeste que, con anterioridad, había traído Lorméndez. Me dispuse a salir de la bodega para abordar la Grand Cherokee de Karin que aguardaba frente al portón. Pero en ese momento me di cuenta que la camioneta reanudaba, de manera abrupta, su marcha, seguida por dos patrullas de la Policía Municipal de Lázaro Cárdenas”.

Karen no tuvo tiempo de subir. “alcancé a jalar el portón para cerrar. Me eché a caminar por la calle, mientras escuchaba por un aparato de radio —que llevaba en la mano— en los canales de la frecuencia de los halcones, que éstos [sic], alarmados, decían a su coordinador, un hombre conocido como El Capu, que la familia pedía apoyo, refiriéndose a la estaca de la Grand Cherokee con Lorméndez.

”Lo seguía la policía. Casi enseguida escuché que a la gris de Karin también la seguían. Seguí caminando por la calle, tratando de pasar inadvertido y de alejarme. Pero dos cuadras adelante, me dieron alcance dos patrullas. Los agentes me marcaron el alto y me obligaron a tirarme al suelo. Me esculcaron y me encontraron una Pietro Beretta nueve milímetros, que traía fajada a la cintura, abastecida con nueve proyectiles útiles y el radio-transmisor.

”Luego de pasearme un rato, tirado al piso de la patrulla, me llevaron a los separos de la Policía Municipal de Lázaro Cárdenas, donde se encontraban todos los demás detenidos. Sólo Cascanueces y Cabeza de Bola lograron escapar”.

Confirmadas las múltiples identidades o alias de Lorméndez, Panudo y Trinquetes, Karen y sus cómplices fueron entregados en un cuartel de la Marina de donde, vía aérea, los enviaron a la PGR en la Ciudad de México.

Los Zetas ya se habían convertido en protagonistas de la escena criminal. La periodista mexicana Cynthia Rodríguez documentó en un libro que, luego de ocupar Michoacán y Guerrero, esta organización criminal estableció nexos con la mafia italiana Ndrangueta de Calabria, la empresa criminal más próspera del mundo, cuyas ganancias anuales se calcula que superan sesenta mil millones de dólares.

Cynthia documentó el papel central que comenzaban a tener los cárteles mexicanos en el creciente tráfico de cocaína de América a Europa. Estados Unidos, Centro y Sudamérica eran ya sólo una parte de una realidad mayor.

En la capital de la República, Karen empezó su relato: “Por lo que respecta a la estructura operativa de la organización conocida como Los Zetas, a la que pertenecí, comandado por Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, en ausencia de Osiel Cárdenas Guillén, se compone de varios niveles.

”El más bajo se denomina halcón, los ojos de la ciudad o vigilante. Luego siguen los encargados de las tiendas, de los puntos, los de productividad y más arriba se encuentra el L o cobra, responsables de la seguridad, por lo que andan armados —valga el pleonasmo— con armas cortas y largas.

”Más arriba se ubican los zetas nuevos o kaibiles, ex militares guatemaltecos que tuvieron entrenamiento especial y que siempre andan con las mejores armas, granadas, chalecos antibalas y cascos. Son, por ejemplo, los encargados de entrar primero a las casas, de revisarlas y llevar el mando en los operativos.

Los Zetas: la transformación

* Gracias a un desertor del Sexagésimo Quinto Batallón de Infantería y ex policía municipal, que cantó después de ingresar al programa de testigos protegidos, fiscales de la SIEDO descifraron el nacimiento de Los Zetas como organización criminal independiente y su transformación en cártel.

 

Francisco Cruz Jiménez

Vicente Carrillo Fuentes —quien tomó el lugar de su hermano Amado— ya era El Viceroy; Joaquín Guzmán Loera ya era el Chapo Guzmán. Y El Azul Juan José Esparragoza Moreno operaba impunemente desde principios de la década de 1980. A mediados de esta década, el narcotráfico ya operaba como una empresa —o varias— bien estructurada. Era México, pues, un país ensangrentado. Los sicarios se habían convertido en un artículo desechable. La economía criminal, con su horripilante rostro, era una realidad.

Si lo engañaron o su equipo de analistas de seguridad pública en la campaña le ocultó deliberadamente la realidad, es algo que debe preocuparle a él. El hecho central, curioso por donde se le mire, es que sólo Felipe de Jesús desconocía la verdad sobre la violencia y la penetración de los cárteles y de otras organizaciones criminales.

La primera medida de Los Zetas en Michoacán, la tierra natal de Felipe de Jesús, fue hacer a un lado a El Archi y a su hermana La Güerita —una mujer chaparrita, trompudita, delgadita, de unos veinte años de edad— para quitarles el control del narcotráfico y dejarles sólo la administración de las narcotiendas. Ambos se convertirían en empleados de la organización.

Cedida la plaza, por la administración de las tiendas y el movimiento de la droga en Lázaro Cárdenas, El Archi “recibe cien mil pesos semanales. En uno de los cuartos del restaurante conocido como Los Compadres se hacen el conteo, el pesaje y el corte de los pases de cocaína. En ocasiones esa tarea se hace en el domicilio de El Archi, una residencia a tres cuadras del restaurante, que cuenta con una cancha de tenis, una de futbol rápido y cerca electrificada. En ocasiones también sirve como almacén para la cocaína.

”Además de las de Arturo El Archi y de su hermana La Güerita, Lorméndez recibe visitas de El Tío, quien mueve la droga en Morelia y quiere pasarse con nosotros porque lo sigue el cártel de Los Valencia. Lo quieren matar. Así como de un elemento de la Agencia Federal de Investigaciones, comisionado en Zihuatanejo, un policía como de veinticinco años de edad, güero, alto, con barba de candado que maneja una Ford Explorer.

”Este agente entregaba a Lorméndez información de la contra. A cambio recibía un apoyo de cinco mil dólares a la quincena, además de regalos ocasionales como la R-15 con dos cargadores. Así, no tardamos en normalizar nuestras actividades y a principios de septiembre recibimos noticias de un informante al servicio de El Primo —uno de los operadores de Lorméndez y de El Lazca en Lázaro Cárdenas— sobre la ubicación de un cuñado de Arturo Beltrán Leyva.

”Nos trasladamos a un poblado a las orillas de Zihuatanejo en tres camionetas blindadas —una Suburban blanca al mando de El Primo y la Cherokee gris de Karin servían como escolta a la Tahoe café de Lorméndez— para levantar al cuñado de Beltrán Leyva”.

El operativo parecía preciso, pero cuando la caravana circulaba por la carretera libre Lázaro Cárdenas-Zihuatanejo, ya en el estado de Guerrero y a kilómetro y medio de una zona conocida como La Unión, las tres camionetas hicieron un alto para acribillar a cuatro gatilleros sospechosos, supuestos socios de los hermanos Beltrán Leyva.

“Como a la una y media de la mañana, al cruzar la entrada de un rancho propiedad de los Beltrán Leyva, vimos estacionada una Pick Up negra con las puertas abiertas, con cuatro sujetos que, en el interior, bebían cerveza y oían música. Alcanzamos a darnos cuenta que, sobre el asiento, asomaban los cañones de unos cuernos de chivo.

”A una indicación regresamos para ver de quiénes se trataba. Nos identificamos como agentes de la AFI, gritamos que se tiraran al piso, pero en lugar de hacerlo los cuatro se precipitaron sobre sus cuernos de chivo. Les ganamos. Abrimos fuego con los R-15 que llevábamos. Matamos a los cuatro.

”Regresamos a Lázaro Cárdenas a donde, horas más tarde, nos enteramos por conducto del mismo informante que uno de los hombres que habíamos matado era hijo de Arturo Beltrán Leyva. También fuimos informados que a ese lugar, después de retirarnos, llegaron treinta camionetas con gente armada de La Barbie y de los Beltrán Leyva. Ellos se llevaron los cuerpos y recogieron los casquillos”.

Con sus alias de La Muerte, El Barbas, Jefe de Jefes o El Botas Blancas, Arturo estaba en camino de convertirse en uno de los narcotraficantes más buscados del mundo. Su poder alcanzaría a bandas criminales en Colombia y Estados Unidos. Con asesinos a sueldo agrupados en Los Pelones y Los Güeros sembraba el terror en Michoacán, Guerrero y Sinaloa, y avanzaba en el Estado de México, Chiapas, Sonora, Tamaulipas, Querétaro, Quintana Roo, Sonora y el Distrito Federal.

Luego le declararía una guerra a muerte a su ex protector El Chapo Guzmán y buscaría una alianza con Los Zetas, pero este grupo ya le había dado otras muestras de su poder y crueldad. La ejecución del junior Beltrán Leyva era parte de las luchas por el control del narcotráfico en todo el país, no sólo en Michoacán.

Aunque fue por accidente, en septiembre de 2005 Los Zetas abochornaron y humillaron otra vez a los hermanos Beltrán Leyva. Ese mes, Lorméndez mudó su residencia en Lázaro Cárdenas. En uno de los viajes para buscar aparatos de aire acondicionado, su estaca se perdió en las calles de la nueva colonia y terminó frente a una casa de seguridad de los hermanos Beltrán Leyva. “Omar Lorméndez, Karin, Panudo y yo nos metimos a la casa en cuyo interior encontramos a un gordo sentado al volante de un Jetta negro y, acostado en la cama de una de las recámaras, a un viejito”.

En esa casa de seguridad utilizada por La Barbie, Los Zetas se apoderaron de un cargamento de armas: “AK-47, R-15, fusiles Galil y metralletas Uzi, así como pistolas tipo escuadra, uniformes del Ejército y de las policías federales, además de decenas cargadores de útiles [sic] y máquinas contadoras de billetes. El Jetta —del que también se apropiaron— quedó totalmente lleno de armas y uniformes. Lo que ya no cupo lo metimos a las camionetas que llevábamos”.

Karen dio elementos para conocer la estructura militar de Los Zetas: su nacimiento como brazo armado del cártel del Golfo, su programa de reclutamiento, su expansión por todo el país a través de pandillas locales y su capacitación castrense especial en técnicas de supervivencia y ataque.

Gracias a este soldado desertor del Sexagésimo Quinto Batallón de Infantería y ex policía municipal, que cantó después de ingresar al programa de testigos protegidos, fiscales de la SIEDO descifraron el nacimiento de Los Zetas como organización criminal independiente y su transformación en cártel.

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