Cuestión de nombres

* El diputado del PT mexiquense, Óscar González Yáñez acusó a los diputados del PRI de ser cómplices de un “enorme saqueo” en ese municipio, lo que ni siquiera en su tiempo se atrevieron a hacer personajes como Luis Videgaray, hoy secretario de Hacienda y Crédito Público del gobierno federal, y el propio Peña Nieto, quienes fueron residentes en  Metepec.

 

Jorge Hernández

Óscar González Yáñez, diputado coordinador de la fracción legislativa del PT en la Cámara de Diputados del Edomex, en un arrebato de furia al parecer, llamó al presidente Enrique Peña Nieto “cabrón”, en lo que fue la primera sesión deliberante del X Periodo Ordinario de la actual LVIII Legislatura, durante el punto en que se discutía la aprobación de una iniciativa del gobernador Eruviel Ávila para autorizar al ayuntamiento de Metepec a desincorporar para posteriormente vender al mejor postor siete terrenos de su patrimonio con el fin supuesto de allegarse recursos que se destinarán a seguridad pública.

González Yáñez –quien fue presidente de dicho municipio en el trienio 2006/2009-, hacía uso de la tribuna para exponer que esta pretensión no se justificaba de ninguna manera, a menos que la administración local estuviera en quiebra, algo que hasta hoy no se ha anunciado.

Por el contrario, señaló que de los terrenos en cuestión los que se ubican en las mejores zonas comerciales de Metepec sí estaban destinados a obras públicas de utilidad, por lo que era falso que fueran predios ociosos.

Entonces acusó a los diputados del PRI de ser cómplices de un “enorme saqueo” en ese municipio, lo que ni siquiera en su tiempo se atrevieron a hacer personajes como Luis Videgaray, hoy secretario de Hacienda y Crédito Público del gobierno federal, y el propio Peña Nieto, quienes fueron residentes de esta demarcación.

Así, visiblemente indignado, exigió a éste último, el “cabrón” de marras, que hiciera algo por Metepec.

Ante el exabrupto, los legisladores del PRI, el partido del presidente, Enrique Mendoza y Armando Corona, hicieron uso de la tribuna también para exigir “respeto” y “civilidad” al petista, quien inicialmente pidió retirar sus expresiones para posteriormente refrendarlas.

Ni Mendoza ni Corona, en algún momento, defendieron la desincorporación y enajenación que votaron mayoritariamente su partido, aliados y el PAN.

De acuerdo con Yáñez, al precio de mercado de dichos terrenos, su venta dejaría al erario unos 80 millones de pesos, que para las necesidades del lugar y su población, sobre todo en el tema de seguridad pública, “no resolverán nada”.

Dejó la sospecha de que en el fondo se trata de un gran negocio de alguien en el municipio, el Estado y la propia Federación.

En términos similares se expresó de la iniciativa del mismo gobernador para que se le autorizara al mismo Metepec entregar en comodato a particulares o instituciones públicas dos unidades deportivas aún en construcción, por un periodo de veinte años, bajo el argumento de que la localidad no cuenta con capacidad financiera ni técnica para su administración.

Según Óscar González, el gran beneficiario de esta decisión será el empresario deportivo Nelson Vargas.

Uno solo del resto de sus días

* Metepec es una ciudad de contrastes. Genera algunos millones de pesos al día y su tierra se ha revalorado según los parámetros de actualidad. Vale más un metro cuadrado encementado que una parcela para sembrar. Así es Metepec. Más de 80 fraccionamientos y gigantescas áreas comerciales se encargan de probarlo, además de un boyante comercio que no desprecia el narcotráfico, lo han colocado por encima de la pálida Toluca. Pero Metepec tiene sus razones para ser como es.

 

Miguel Alvarado

– Yo no uso mi programa para mentir ni para falsificar la verdad- grita la conductora de Televisa, Laura Bozzo a los invitados en uno de sus programas, mientras llena su panel de pura tragedia. Alardea, pero no deja de sorprender la energía que inyecta a cada una de sus actuaciones. Pareciera que el personaje creado por ella, la Laura que aparece a cuadro y lo mismo vende brasieres que fajas para los gorditos, es real, alimentado por el lugar común del HD y la repetición en tres horarios por el Canal de las Estrellas. Le pasa a cualquiera con un rating diario superior a 22 puntos, durante tres o más años, que pierda el piso, que se enfrasque ella sola en monólogos con la franquicia de Carmen Aristegui.

Las personas-franquicia representan un ingreso sustentado en algo que no existe, en una aparición televisiva, ingrata verborrea a la que se obliga a quienes desean estrellatos de mucha harina y poca mantequilla. Así, el círculo de colaboradores de otro locutor, Carlos Loret, confiesa que cobran 15 mil pesos por hacer publicidad a través de twitter, la red social más efectiva, inmediata de todas. Un twitt por 15 mil pesos no es la gran cosa si se compara con los costos en Estados Unidos, como los 9 mil 100 dólares que se embolsa una mujer llama Khloe Kardashian, de la que dice otro twitter que ni canta, ni baila, ni actúa.

Mientras, en la choricera Toluca la conductora Gina Serrano, de la ectoplásmica TV Mexiquense factura mil 500 pesos por cada clic en la cuenta del pajarito. Gina, una celebridad localísima, ha hallado una franquicia en su acta bautismal y puede explotarla en una ciudad como la capital del Estado de México, que no discrimina a la alcaldesa Martha Hilda González, una desparpajada funcionaria que no le importa acudir un sábado a las 12 del día al Sanborn´s de Venustiano Carranza para comer con sus colaboradores más cercanos y desalojar, 72 horas después a ambulantes con promesas empeñadas. Martha Hilda en los salones de Sanborn´s no parece “la presidenta”, y presume sin saber de cierto garbo a la inversa que confunde a los ciudadanos, quienes la critican por no parecer rica. Pero es sólo eso, percepción, porque Martha Hilda nunca estará en contra de la élite que le ha dado la oportunidad de medir su verdadera estatura. Su encargo público es muy reciente pero su fama laboral no. No se puede comparar con la kilométrica carrera de Carolina Monroy, presidenta municipal de Metepec que lo mismo ha administrado televisoras que el desarrollo económico de la entidad. Le da lo mismo Metepec que irse a la Federación para apoyar a su primo el presidente de México pero atiende todo con eso que los del Grupo Atlacomulco llaman pasión.

Metepec es una ciudad de contrastes. Genera algunos millones de pesos al día y su tierra se ha revalorado según los parámetros de actualidad. Vale más un metro cuadrado encementado que una parcela para sembrar. Así es Metepec. Más de 80 fraccionamientos y gigantescas áreas comerciales se encargan de probarlo, además de un boyante comercio que no desprecia el narcotráfico, lo han colocado por encima de la pálida Toluca. Pero Metepec tiene sus razones para ser como es. Hace 50 años la mayoría se dedicaban a la agricultura y la ganadería y viajar desde la capital mexiquense a era toda una odisea. Ni siquiera había red de agua potable y las calles eran meros caminos entierrados.

Pero la gente no era pobre. No toda. Algunos eran propietarios de ranchos y enormes casas del tamaño de una manzana, como la señora Aurora Ortiz, una de las más ricas de la región en los años 60. Ella habitaba una casona ubicada atrás del ayuntamiento y cuando murió uno de sus familiares heredó la propiedad. Meses después, al intentar arreglos en las bardas, decidió tirar algunas. El encuentro con la suerte no pudo ser mejor. Casi todas las bardas estaban rellenas de oro, lingotes fundidos en tiempos de la Revolución y guardados por aquellos soldados durante su paso por allí. Eso era bien sabido. El pueblo había servido de base temporal para aquellos que peleaban por la libertad y saqueaban al mismo tiempo.

Aquella historia se extendió por la comunidad y pronto otro vecino daba la misma noticia. Sus bardas estaban también rellenas con el sólido engaño de la riqueza. La cara del hombre resplandecía y en medio del éxtasis que produce aquella fiebre, hizo en público la promesa de construir baños públicos para el pueblo “porque ni eso tenemos y ya basta de tanto mugrero”. Cumplió la promesa y meses después los Baños Metepec abrían sus puertas a un público azorado pero maravillado de que se pudiera usar el agua caliente nada más para limpiar el cuerpo.

Los afortunados gambusinos no pasaron desapercibidos para las autoridades, que incrédulas miraban cómo, sin robar, simples ciudadanos se hacían del mayor poder que el hombre ha podido inventarse y ricos todos ellos se iban a conocer el mundo.

Hábiles para detectar recursos, los funcionarios creyeron que si esas dos casas habían arrojado tal cantidad de oro, otras tendrían más que eso y decidieron probar fortuna también. Así, los recursos públicos de Metepec, desde fines de los años 60, se han destinado para hacer, siempre, una obra que permita excavar las calles, remover banquetas, explorar fachadas. La leyenda dice que los alcaldes, hasta Carolina Monroy, se han enterado de alguna manera de aquellas historias y creen firmemente que el oro los está llamando. Filemón Salazar comenzó esta imperecedera tradición y lo siguieron sin chistar 15 alcaldes más, aunque los más mineralizados resultaron Miguel Ángel Terrón, quien exploró por objetos áureos el Calvario de la localidad, llevándose incluso un buen tajo del cerro; Óscar González, quien metió tuberías a casi seis metros de profundidad; Ana Lilia Herrera, quien terminó de poner banquetas a las obras del antecesor y de paso checar la calidad de los ductos y ahora Carolina, de quien se afirma, excava dentro del palacio municipal.

La pintoresca historia sobre Metepec es congruente con la mexicanidad de los Pronósticos Deportivos, la Lotería Nacional, la multimillonaria que se enamora del flojo petimetre o la suerte de tener una casa con paredes al estilo de las Mil y Una Noches. Si los alcaldes han escarbado además para hacerse ricos sin esa sagacidad que tienen para los negocios, no han dejado de usar presupuestos públicos para cumplir las ensoñaciones de Aladino y de todas maneras se retiran para vivir plenos, humanos, realizados, algunos sin volver a trabajar uno solo del resto de sus días.

Expediente negro

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz

Como se acogen a la vieja consigna de que en la vida nadie regala nada y que uno mismo debe procurarse todo, han empezado a ordenar el expediente negro del cardenal Norberto Rivera Carrera, empezando por las demandas interpuestas en Los Ángeles por proteger a pederastas, como el prófugo presbítero Nicolás Aguilar Rivera; o la dispensa que guardó al padre Marcial Maciel, otro cura inmoral y pederasta, fundador de los Legionarios de Cristo.

Abrigan la inconsciente ambición de que el Estado de México se convierta en el centro del mundo. No debe tomarse a broma que vean a uno de los suyos como cardenal, sustituto del conspicuo Norberto Rivera Carrera, cuarto arzobispo primado de México, trigésimo quinto sucesor de Fray Juan de Zumárraga, custodio de la imagen de la Virgen de Guadalupe del Tepeyac y, por lo tanto, responsable del manejo de los dineros de la Basílica y de la Plaza Mariana.

Bajo cualquier concepto que se le busque la importancia de Monseñor Rivera salta a la vista: es también integrante del Pontificio Consejo para la Familia, de la Comisión para América Latina, del Consejo ordinario del Secretariado General del Sínodo de Obispos y de la Comisión Vaticana de Asuntos Económicos de la Sede Apostólica.

En un lenguaje que muy pocos entienden y sin que, aparentemente, se le conceda mayor importancia porque fue un sinónimo del poder de Peña, llegado el momento esperan que, poco a poco, florezcan los pecados del cardenal Rivera, las historias ocultas que debilitan su imagen y minan su autoridad en el Estado Vaticano.

Resalta, en primer lugar, la muerte de Monseñor Jesús Guízar Villanueva en enero de 2010. Ya hay quienes empiezan a recordar que, antes del deceso —ocurrido en condiciones tan extrañas que llevaron a sospechar de un homicidio—, el extinto Guízar envió a Roma documentos confidenciales en los que denunciaba actos de corrupción —enriquecimiento ilícito— de Monseñor Diego Monroy Ponce, rector de la Basílica de Guadalupe de enero de 2001 al 14 de enero de 2011, cuando fue sustituido por Monseñor Enrique Glennie Graue.

Bajo el ala protectora del cardenal Rivera, Monroy Ponce fue acusado de hacer jugosos negocios con el culto guadalupano o, lo que es lo mismo, enriquecerse al amparo de la Villa de Guadalupe, el principal santuario católico de México, que recibe 20 millones de peregrinos cada año, así como de poner en marcha la construcción de la Plaza Mariana —en la explanada de la Basílica—, conocido como el más ambicioso complejo religioso-comercial de México y en el que se invirtieron 44 mil 650 millones de pesos, producto de donaciones atribuidas, en su mayoría, a las empresas del magnate Carlos Slim.

La libertad de cultos ha permitido que muy pocos —el grupo de la iglesia Católica que encabeza el cardenal Rivera— conozca cómo se invirtió el dinero y qué destino se le dará, entre otros ingresos, a los 5 mil millones de pesos que se obtendrán por la venta de 115 mil nichos. Aparte se cuentan las limosnas, así como el cobro por bodas, bautizos, comuniones o misas de aniversario luctuoso o los acuerdos ocultos en las donaciones por 44 mil millones de pesos para edificar la Plaza Mariana en terrenos donados por el Gobierno del Distrito Federal en 2003.

En julio de 2011, Linaloe R. Flores escribió en la revista electrónica sinembargo: “el dinero de La Villa cae por un cepo, conectado a una tubería en el subsuelo del templo. Fue construido en 1974 cuando el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez erigió la nueva Basílica. La razón de esta máquina, cuya apariencia emula los artefactos de tortura de la Edad Media o las gigantescas alcancías del Renacimiento, es que la mayor parte del dinero llega en monedas. Cientos, miles, quizá millones de monedas, con todas sus denominaciones, caen a diario en un caudaloso río. ‘Contarlas de otro modo sería imposible’, suelta el padre Pedro Herrasti. Las monedas se quedan ahí hasta conformar una suma. Un intento reciente para conocer el ingreso en La Villa ha fracasado”.

Priistas mexiquenses que formaron parte del primer círculo del gobernador Peña miran con incredulidad al cardenal Rivera y recuerdan que hay sendas demandas, contra él en una corte radicada en Los Ángeles, California. Más aún, no han olvidado el desdén del papa Benedicto XVI a Rivera durante la visita que su santidad hizo a México en marzo de 2012.

Aunque es cabeza del mayor arzobispado de México, el cardenal fue relegado a ocupar un segundo plano, lo que evidenció no sólo tensión, sino un conflicto serio entre el Vaticano y algunas prominentes figuras de la iglesia mexicana, pero en concreto con el cardenal Rivera por acusaciones como las de monseñor Guízar, sobrino del santo mexicano Rafael Guízar y Valencia, y pariente, por el lado materno, de Marcial Maciel.

La percepción aumenta a niveles insospechados desde que el 30 de abril de 2010 el papa Benedicto XVI nombró como obispo de la Diócesis de Atlacomulco a Monseñor Juan Odilón Martínez García, un humilde párroco originario del municipio mexiquense de Tenancingo que conoció a Enrique Peña Nieto desde que éste tenía 10 años de edad.

Durante los últimos días de julio de aquel año, Martínez congregó en su ordenación a Peña, al arzobispo Christophe Pierre, nuncio apostólico en México; al cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Monterrey; al arzobispo Carlos Aguiar Retes, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; a Monseñor Ricardo Guízar Díaz, arzobispo emérito de Tlalnepantla y primer obispo de Atlacomulco; al arzobispo Alberto Suárez Guindas; Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas; Carlos Garfias Merlos, arzobispo de Acapulco; Javier Chavolla Ramos, obispo de Toluca y Maximino Martínez Miranda, obispo de Ciudad Altamirano.

Fue una demostración de poder en la que, como relataron algunas crónicas periodísticas, Peña “recordó que ya existía una amistad entre él y el nuevo obispo de Atlacomulco, ya que se conocieron cuando el gobernador era un niño y el religioso iniciaba su misión pastoral como vicario parroquial de la cabecera municipal atlacomulquense”.

Convencido de que en el juicio final, Dios será su abogado de oficio, sólo restaba esperar que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación validara el excelente trabajo realizado por un supermercado y una cadena televisiva en los comicios del 1 de julio de 2012, donde él obtuvo 38 por ciento de los votos; y descalificara las pruebas recabadas por el obradorismo, que forman parte de las denuncias de un fraude electoral cínico y demagógico.

Recibir la constancia de presidente electo vino a confirmar la certeza que hizo suya desde 2005 —cuando inició su campaña— de que 2012 era el año en que ocuparía la silla presidencial. Para lograrlo, no escatimó recursos, tampoco tiempo para reclutar a quien mejor respondiera a sus intereses.

Reforzado en alianzas, nada podía estropear su camino, ni siquiera los gritos y reclamos recibidos aquel viernes negro en la Universidad Iberoamericana, que lo acusaban de enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias, reparto de secretarías a familiares, represión social y gastos innecesarios. Evento que no pasó de ser más que un pequeño sustito para el político más telenovelero de México.

El escenario estaba puesto, su intento por reconquistar la presidencia para el PRI lo protagonizó en un país habitado por un gran número de mexicanos apáticos a quienes no les importa quién los gobierne y, aunque hay otros tantos preocupados, no sólo por el quién sino por el cómo, estos no arruinan la felicidad que refleja frente a las cámaras.

Como representante del Grupo Atlacomulco, que reúne los apellidos Hank, Montiel, Del Mazo, González, Barrera, por mencionar algunos, así como las alianzas que tiene con los Azcárraga y Salinas Pliego, parece que su telenovela presidencial va por buen camino.

Ellos, los políticos de Atlacomulco, han gobernado por más de 80 años al Estado de México, pequeño espejo en que puede irse reflejando el país. La entidad, de 15 millones de habitantes, muestra profundos contrastes sociales y, en la última década se ha afianzado como territorio-base para el narcotráfico.

Desde Toluca, una fría ciudad que ni siquiera destaca por su equipo de futbol profesional, se mueve la mayor parte de los hilos políticos del país. Aquí es donde se decidió el tamaño de la trampa. Las elecciones para gobernador del Estado de México, julio de 2011 fueron la prueba piloto, una pequeña muestra de cómo se cancelaría el respeto al voto de millones de mexicanos pero, sobre todo, la inutilidad de las instancias electorales.

La entrega del poder a los de Atlacomulco confirma que México es una empresa privada que se maneja con capital público, poseedora de una democracia simulada que encubre a una realeza “región cuatro” donde nadie más cabe, salvo por sus orígenes de linaje.

Conexión vaticana

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

Otro sacerdote oriundo de Atlacomulco es Abelardo Alvarado Alcántara, emparentado con la familia Del Mazo y los Alcántara, también de aquel municipio, pero dueños de líneas de transportes a nivel nacional y de la terminal de camiones Observatorio, en la ciudad de México.

Pero más allá de pasillos oscurecidos por el rumor, se le conecta con el millonario abad de la Basílica de 1963 a 1996, Guillermo Schulenburg Prado —el cura que negó las apariciones de la Virgen de Guadalupe—, quien había depositado su fortuna y herencia en dos partes. Una, en una cuenta del banco HSBC y otra en un llamado ‘Fideicomiso Guillermo Schulenburg Prado’, creado por un acuerdo de Fideicomiso Inglés, en Merrill Lynch, Trust Services S. A., Ginebra, Suiza.

Muerto el domingo 19 de julio de 2009, Schulenburg había desatado una controversia cuando, el 24 de mayo de 1996, puso en duda la existencia de Juan Diego y, por ende, las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Cerro del Tepeyac. En una carta que envió al Vaticano fue muy claro y enfático:

“La existencia del indio Juan Diego no ha sido demostrada, podríamos obtener muchas firmas de eclesiásticos preparados, así como de laicos intelectuales que avalan esta carta, pero no queremos provocar un inútil escándalo, simplemente queremos evitar que disminuya la credibilidad de nuestra Iglesia.

También declaró a la revista italiana 30 Giorni que la existencia de Juan Diego era “un símbolo y no una realidad”, y encendió la controversia y las alarmas de la cúpula religiosa cuando advirtió que la imagen de la Virgen de Guadalupe era “producto de una mano indígena y no de un milagro”.

“Un reportaje de la OEM —precisa el Semanario Nuestro Tiempo de Toluca— informaba en 2010 que la voluntad del abad pudo ser alterada a través de algo llamado ‘repudio de legados’, que ejecutó una asociación civil, Domus Spei, que en lo público tiene como finalidad ayudar a sacerdotes siempre y cuando no padezcan enfermedades mentales. La asociación la integraba el propio Schulenburg, ‘en calidad de presidente, María Isabel Schulenburg Prado, Roberto Quiroz Montero, Abelardo Alvarado Alcántara, Odilón Ramírez Pelayo y el C.P. [contador público] Óscar Philibert Mendoza’.

Alvarado se ha encargado hasta la fecha de recibir el dinero de las donaciones para aquella causa. Domus Spei cobró, en ese entonces, 3 millones de dólares del abad en lo referente a la cuenta HSBC, ‘por una adición posterior a la cláusula séptima del testamento realizada mediante otra escritura pública, fechada el 16 de marzo del 2005, ante la fe del Lic. Javier Correa Field, notario Público número 95, en el Distrito Federal… se instituye un legado por 300 mil pesos, a favor de Abelardo Alvarado Alcántara, a quien el propio Schulenburg relaciona con la asociación civil denominada Domus Spei, mencionándolo como obispo’, puntualiza la OEM.

Si Alvarado, hoy obispo emérito de México, está emparentado con los de Atlacomulco, explica su ferocidad cuando habla del panismo. ‘Los panistas no saben gobernar y su inexperiencia, ineptitud y arrogancia los han llevado a cometer muchos errores… la forma de gobernar de Felipe Calderón es a base de voluntarismos, como si los problemas se solucionaran simplemente por declarar la propia voluntad de resolverlos’, diría en 2010”.

Desde hace años, Toluca ve con perplejidad cómo, anticipándose a la edad de jubilación de Monseñor Alvarado Alcántara, la cúpula peñista se acercó al Excelentísimo obispo Florencio Armando Colín Cruz, encargado de la primera Vicaría episcopal Santa María de Guadalupe, la más importante de México, anclada en el Distrito Federal.

Vicario Episcopal de la primera zona pastoral, Monseñor Colín Cruz nació en Hondigá, Acambay el 27 de octubre de 1950. Según su biografía oficial, es el tercero de cuatro hijos procreados por Jesús Colín Colín y Socorrito Cruz Gómez.

Su formación filosófica y teológica tiene dos alma mater. La primera, el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos de la Arquidiócesis de México; y, la segunda, la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, donde realizó estudios de especialización en el Pontificio Instituto Bíblico (1978-1982), que completó con un semestre en The Hebrew University of Jerusalem (Israel), donde obtuvo la Licenciatura en Ciencias Bíblicas.

El 22 de abril de 1982 recibió en México la ordenación presbiteral de manos del Excelentísimo cardenal Ernesto Corripio Ahumada. De 1988 a 1992 estuvo nuevamente en Italia, donde, además de cursos complementarios a su formación, elaboró y defendió su tesis con la que obtuvo, en la Pontificia Universidad Gregoriana, su doctorado en Teología Bíblica.

Su hoja oficial de vida ofrece algunos datos atractivos para el Grupo Atlacomulco: el 12 de octubre de 1996, bajo las órdenes del Excelentísimo cardenal Norberto Rivera Carrera, dejó la Vicerrectoría del Seminario Conciliar y se hizo cargo de la Parroquia de Capuchinas.

Monseñor Colín “es el tercer canónigo en hacerse responsable tanto de la Parroquia de Capuchinas como de la Capilla de Indios, Capilla del Pocito y del Bautisterio, administradas de manera independiente a la Basílica. Después de dos años, el cardenal lo nombró integrante del Cabildo de Guadalupe, haciéndolo canónigo junto con Monseñor José Luis Guerrero y Monseñor Juan Aranguren”.

En la dimensión de locura en la que entró el Grupo Atlacomulco desde que se confirmó la imposición de Enrique Peña en la Presidencia de la República, hay convencimiento de que monseñor Colín Cruz es el elegido para sustituir a Rivera Carrera como arzobispo primado de México y cabeza de la iglesia católica mexicana.

Futuristas ilusos o videntes precoces, priistas del Estado de México están convencidos de que, con el apoyo sólido del presidente Peña —y sus amistades en el Vaticano—, monseñor Colín Cruz tiene la posibilidad de erigirse en guía moral de todos los mexicanos, influir para que le otorgue la investidura de cardenal que ahora tiene Rivera Carrera y desde allí, iniciar una cruzada por el papado.

Si es una mera vacilada o no, es cuestión de esperar, pero, como dicen los viejos atlacomulquenses, medio en broma y medio en serio: “ya tenemos seis gobernadores, un presidente de la República, un puñado de obispos y estamos en camino de tener un cardenal. Sólo nos hace falta tener un dios propio, nuestro dios”.

Los negocios de la Iglesia

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

El clero, plagado de mexiquenses en cargos donde pueden influir en el destino del país, tendrá, como en cada proceso electoral, su participación. No es casual que el Papa haya visitado al país en tiempos comiciales y tampoco resultó extraño que lo haya hecho. Priistas y panistas tienen un origen común, que actualmente los ubica en el extremo más conservador de la ultraderecha.

Al final del día, los atlacomulquenses también esperan contar con el apoyo de Monseñor José Francisco Robles Ortega, cardenal de Guadalajara, amigo de Peña. Aunque pocos lo recuerdan, Robles fue obispo de la diócesis de Toluca de 1998 a 2003. Y siempre llevó relaciones cordiales con el Grupo Atlacomulco, sobre todo con los ex gobernadores César Camacho Quiroz y Arturo Montiel Rojas.

Vista a la distancia, la influencia de su Ilustrísima Ruiz y Flores también fue determinante para que el 11 de abril de 1951 el humilde párroco Arturo Vélez Martínez recibiera la llamada Consagración Episcopal.

De acuerdo con los biógrafos de Vélez Martínez—Antonio Corral Castañeda y Adela García Moreno—, la diócesis “comprendía 12 vicarías foráneas con sus correspondientes parroquias e iglesias filiales: Almoloya de Juárez, Coatepec Harinas, Ixtlahuaca, El Oro —estas dos vecinas de Atlacomulco—, Sultepec, Tejupilco, Temoaya, Tenango del Valle, Tenancingo, Santiago Tianguistenco, Valle de Bravo y Toluca”.

Al margen de los problemas judiciales que enfrentó, “Vélez Martínez es una de las personalidades más destacadas del Estado de México e hijo dilecto de Atlacomulco, murió el 22 de agosto de 1989 en la ciudad de Toluca, a los 85 años de edad, después de haber estado al frente de la diócesis durante casi 30 años”, precisan Corral Castañeda y García Moreno.

La influencia de Maximino Ruiz fue determinante para que otros atlacomulquenses —entre ellos Ezequiel Rosas Monroy, Eliseo Velasco González, Faustino Flores, Francisco Escamilla Gómez y Enrique Mercado Varas de Valdés— abrigaran la carrera sacerdotal. Corral Castañeda y García Moreno recuerdan en 30 Atlacomulquenses distinguidos, reseñas biográficas, publicado en 2004, que el rector del Seminario Conciliar de la Ciudad de México era el doctor Maximino Ruiz y Flores.

Desde principios del siglo XX, el cura radical Maximino Ruiz se convirtió, en forma abierta la mayoría de las veces, en guía “moral” y espiritual de los caciques atlacomulquenses. A su muerte, el lugar fue ocupado por Vélez Martínez, “el cura del diablo”, llamado así porque desapareció los apoyos económicos de sus feligreses.

Seducidos por fantasmas del poder eclesial, otros hijos de Atlacomulco, conocidos por sus andares políticos, también intentaron, si bien en forma infructuosa, seguir la carrera sacerdotal. Entre ellos destacan Enrique Peña del Mazo —padre del presidente Peña—, Arturo Montiel Rojas y Juan Monroy Pérez, pero ninguno tuvo el carácter y la disciplina necesarios, los únicos requisitos con que contaban eran el amor al dinero público y su ambición de poder.

A la muerte de su Ilustrísima Vélez Martínez, los atlacomulquenses no se quedaron sin un representante de Dios en la Tierra. Su lugar lo ocupó Monseñor Abelardo Alvarado Alcántara, actual obispo auxiliar emérito de la Arquidiócesis de México. Sus credenciales lo avalan como digno sucesor: de 1999 a 2003 fungió como secretario general de la Comisión del Episcopado Mexicano y de 2004 a 2006 fue encargado del Departamento de Relaciones Iglesia-Estado en la Secretaría General de la CEM.

Para explicarlo mejor, cuando Arturo Montiel y Peña fueron gobernadores, Monseñor Alvarado Alcántara se convirtió en un hombre poderoso, cumpliendo con su primera cualidad; es decir, el haber nacido en Acambay —tierra original de los Peña—, que pertenece a la Diócesis de Atlacomulco. Y por si alguien dudara del apoyo que éste dio a Enrique, algunos de sus mensajes lo aclaran.

Apenas pasados los comicios del 1 de julio de 2012 escribió: “las supuestas irregularidades que se cometieron el día de la elección parecen ser las normales en una votación en que supone un trabajo arduo y complejo (actualizar el padrón electoral, imprimir millones de boletas, instalar las casillas, representantes de los partidos que verifiquen el desarrollo de la elección, el conteo de los votos, las actas que dan fe de los resultados, los miles de observadores nacionales y extranjeros, etc. etc.). Es decir, se trata de errores humanos que no inciden gravemente en el resultado”.

Fuentes allegadas a la cúpula de la iglesia Católica advierten que, a finales de la década de 1990, Alvarado Alcántara constituyó uno de los pilares para que Atlacomulco fuera considerado en la categoría de Diócesis. Además, los viejos atlacomulquenses recuerdan que su ingreso al seminario y, más tarde, al clero de poder, se dio de la mano del obispo Arturo Vélez Martínez.

Por si le faltara alguna credencial, forma parte de la gran familia del Grupo Inversionistas en Autotransportes Mexicanos S.A. de C.V o IAMSA —que controla, entre otros, 8 mil unidades de transporte de pasajeros—, fundado por Jesús Alcántara Miranda, originario de Acambay, y que preside su hijo Roberto Alcántara Rojas, pariente de Arturo Montiel.

Esta es una de las claves. Monseñor es tío de Jesús Sergio Alcántara Núñez —de la misma familia de Acambay—, un político ligado al primer equipo del nuevo Presidente, aunque, según los peñistas, hace parte del trabajo sucio. Ellos advierten que fue el suplente de Peña cuando este último llegó a la Legislatura del Estado de México en 2003, de donde brincó a una diputación federal.

“Su nombre puede resultar desconocido en la mayor parte del país, pero es una de las piezas clave en la estrategia de Peña. Jesús Sergio Alcántara Núñez pertenece a una poderosa casta política y económica que controla el Estado de México y es socio de un emporio dedicado al transporte terrestre de pasajeros a nivel nacional”, alertó en julio de 2011 el periodista José Pérez-Espino.

Y el 11 de julio de 2011, el extinto periodista Miguel Ángel Granados Chapa escribió sobre él: “es la quintaesencia del priismo mexiquense, ese del que los políticos locales no pueden ni quieren apartarse. Se trata de Jesús Alcántara, el segundo de ese nombre en la historia reciente del partido invencible en el Estado de México. Su nombre completo es Jesús Sergio Alcántara Núñez. Su biografía escueta lo presentaría como un hábil ganador de posiciones de elección popular. Fue alcalde de Acambay, diputado local dos veces por el distrito respectivo y módico diputado federal en la LX Legislatura, la anterior a la presente.

”Pero es parte de una familia poderosa e influyente. Su abuelo y tocayo, que calcó en menor escala el trayecto de Carlos Hank González, de quien era muy cercano, y probablemente socio, fue Jesús Alcántara Miranda. Como lo sería su nieto, ya rico fue presidente municipal de Acambay, en 1958, el mismo año en que el profesor lo era de Toluca. Construyó su bonanza en el transporte público, en las inmediaciones de su localidad y luego en el centro del país. Presidió el consejo de administración de Autotransportes Flecha Roja al mismo tiempo en que era diputado federal (dos veces: en 1979 y en 1985). Coronó su carrera política en el Senado, en el sexenio salinista.

”Ya para entonces su hijo mayor, Roberto Alcántara Rojas iba haciéndose cargo de los negocios, con sus hermanos José Luis y Arturo. En esa época el patrimonio familiar visible se integraba ya con nuevas líneas de autobuses, beneficiarias del programa de modernización emprendido por Salinas, que trocó los vehículos vetustos de la abajeña Flecha Amarilla en las unidades comodísimas de Primera Plus, ETN y otras por el estilo. También ingresó a la transportación turística y hasta a la aérea, con Viva Aerobús.

”El único traspié de un hombre próspero como Roberto Alcántara fue prontamente remediado con dinero público. Adquirió en 1992, en el bazar bancario abierto por Salinas, el Banco de Crédito y Servicios, Bancreser. Era utilizado, como otros varios, para financiar los negocios propios, a través de créditos quirografarios y préstamos cruzados. Cuando reventó esa situación generalizada en el nuevo sistema bancario recién privatizado, allí estaba el presidente Zedillo para sufragar los costos del fracaso. El Bancreser en ruinas fue vendido por el Instituto de Protección al Ahorro Bancario, que remplazó al Fobaproa.”

Todavía en aquel tiempo, julio de 2011, Madai Gabriela Alcántara Núñez —hermana de Jesús— era una de las reclutas de Angélica Rivera Hurtado, “La Gaviota”, segunda esposa de Peña. Sin hacer mucho ruido, la ubicó como subdirectora de Albergues del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Todo es perceptible, nada se ha dejado al azar: monseñor Alvarado es familiar del empresario Mayolo del Mazo Alcántara —propietario de los balnearios Cantalagua y Tepetongo—, emparentado este, a su vez, con Alfredo del Mazo González.

En el entramado de relaciones y parentescos, fuentes de iglesia afirman que Alvarado Alcántara se ha convertido, en los hechos, en enlace entre el presidente Peña —como lo hacía cuando este era gobernador— y la Confederación del Episcopado Mexicano, así como con algunos de los obispos más influyentes del país. Lo han convertido en un personaje central de la historia.

“El jueves 7 de julio —observó Pérez-Espino en un amplio reportaje que subió al blog La Utopía y publicó en el periódico digital sinembargo (sinembargo.com.mx)—, en la Casa de Gobierno de Toluca, Jesús Sergio Alcántara Núñez fue presentado como el responsable de la asociación civil llamada: Expresión Política Nacional (EPN), cuya tarea principal es la de apuntalar a Peña como precandidato presidencial. Su objetivo es la construcción de redes para la movilización electoral en todo el país.

”Además, de acuerdo con el periodista Jenaro Villamil, a Jesús Alcántara Núñez le corresponde la función de ‘pasar la charola’ entre empresarios, tal como lo hizo Roberto Alcántara Rojas —familiar de Jesús Sergio—para Roberto Madrazo Pintado en 2006.

”Alcántara Núñez ‘le ha confiado a sus amigos que lo que se puede comprar con dinero es barato’. Otros lo conocen como ‘el hombre del maletín’, porque en uno lleva los recursos y las órdenes de Peña, escribió Villamil en la revista Proceso, publicada el 9 de julio de 2011.

”Su perfil muestra una carrera política de la mano de Peña y, ambos, bajo la tutela del así llamado Grupo Atlacomulco. Alcántara Núñez nació el 21 de junio de 1965. De 2000 a 2003 fue alcalde de Acambay, un municipio de 61 mil habitantes ubicado al noroeste del Estado de México, a 86 kilómetros de Toluca. En 2003 fue diputado local suplente de Peña por el Distrito 13 con cabecera en Atlacomulco. Después fue diputado federal y actualmente es diputado local por segunda vez, por la misma demarcación. Es integrante del Consejo Político Nacional del PRI.

”Estudió la licenciatura en Administración Pública y Ciencias Políticas y un posgrado en Alta Dirección de Empresas, aunque él se ha definido como ‘un hombre de campo’. Es socio, entre otras empresas, de Enlaces Terrestres Nacionales (ETN), Ómnibus de México y Autotransportes Herradura de Plata.

”Por lo pronto, la responsabilidad que asumió Alcántara Núñez no es nueva para él. En 2009, las redes bajo su responsabilidad, EM, 7:11 EM (nombre clave para la elección de gobernador) y DMD (Dos mil doce), ayudaron a que los candidatos identificados con Peña alcanzaran a ser 100 de los 240 diputados federales priistas”.

Mafia Santa

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

El trabajo de remodelación y mantenimiento es de primer nivel. A ambos, a Dios y a sus feligreses, debe darse crédito por el espléndido aspecto interior y la monumental fachada que desde hace un buen tiempo luce perdida en una de las comunidades de Atlacomulco, la infranqueable y colonial hacienda de Toxi o Toshi, como le llaman allá. Uno puede aventurarse a pensar que la familia entera del conde don Antonio Bassoco Castañiza Laiseca y Larrea —su propietario original, con todo y título otorgado por la corona española— aún habita ese lugar.

Situada a tres minutos en auto de la iglesia de San Juan de los Jarros, casi a pie de carretera, la renovada propiedad forma uno de los sólidos enclaves mexiquenses del Opus Dei. La presencia y el poder de esta Obra de Dios no son una casualidad si se toma en cuenta que uno de sus discípulos más destacados, Enrique Peña Nieto, fue reclutado desde hace un par de décadas y aparece hoy como la punta-lanza de una organización católica que, en julio de 2012, alcanzó la Presidencia de la República a través del Partido Revolucionario Institucional.

Por lo menos hasta principios del siglo XX, la hacienda perteneció a herederos de la pareja formada por el conde Bassoco y su señora esposa doña María Teresa Castañiza González de Agüero Larrea de La Puente. De acuerdo con archivos del ayuntamiento de Atlacomulco, en Toxi funcionaba la única escuela conocida fuera de la cabecera municipal.

Como pasó con la mayoría de los inmigrantes españoles en el Virreinato, invitado por sus familiares a probar fortuna y hacer familia, Bassoco Castañiza llegó a México de donde ya nunca salió, no sólo porque la Corona le concedió uno de aquellos nombramientos para convertirse en vicerrecaudador de rentas y luego cónsul comercial, sino porque, éste sí, fue de los españoles afortunados e hizo un caudal a pesar de la guerras de Independencia.

Es difícil establecer ahora qué animó a los descendientes de la familia Bassoco Castañiza a operar un colegio particular y es más difícil establecer qué tipo de educación religiosa se impartía allí, pero tomando en cuenta la lealtad hacia la Corona, esa familia siempre tuvo presente la necesidad u obligación de poner su fe y sus creencias en la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Visto de esa manera y tomando en cuenta el desarrollo religioso de la zona —con la herencia de dos obispos: el excelentísimo y reverendísimo Maximino Ruiz y Flores y monseñor Arturo Vélez Martínez— no resulta extraño que, con el correr de los tiempos, los mexiquenses adeptos a la doctrina del padre Escrivá de Balaguer hayan puesto la mira en Atlacomulco.

Pero la historia de la iglesia Católica no puede separarse de la lucha por el poder, por más que la Obra de Dios sea de reciente creación. Esta secta alcanzó tanto poder que opera como una Prelatura personal o la única Diócesis flotante del Vaticano, gobernada por un prelado general con rango de obispo y se maneja con una autoridad superior autónoma, que sólo responde al Papa.

Aunque apenas cuenta con 80 mil afiliados —unos 6 mil en México—, su poder impresiona porque tiene pujantes adeptos responsables de manejar las finanzas, además de reconocidas entidades bancarias, en ciudades como Nueva York, Santiago, Buenos Aires, Lima y, desde luego, México. Los estados financieros de la “Obra” no se publican, pero según análisis independientes, su riqueza supera la de muchos de los llamados países del Tercer Mundo o naciones en vías de desarrollo.

Aunque su fundador murió hace 37 años, se mantiene vigente y con mayor fuerza desde que el papa Juan Pablo II se arrodilló en su tumba y, luego, le otorgó los beneficios de una canonización exprés.

El periodista francés François Normand advirtió en su momento: “Desde que Karol Wojtyla asumió su papado en 1978 (y hasta su muerte) inició una restauración de las tradiciones más conservadoras de la iglesia Católica, que se hace sentir con particular fuerza en América Latina. La tradicional influencia de la Compañía de Jesús sobre el pasado, fue sustituida por el Opus Dei, punta de lanza para combatir a las corrientes modernizadoras de la iglesia”.

Considerada una iglesia dentro de la iglesia, el Opus Dei cosecha sus mayores éxitos en España y América Latina, incluido México. En la escuela privada de la hacienda de Toxi se preparan los cuadros femeninos o las mujeres que han de servir a la “Obra de Dios”. Los hombres asisten al Tec. de Monterrey, al Instituto Panamericano de Dirección de Empresas (IPADE) o a la Universidad Panamericana, donde todo mundo sabe que, como lo marcan los preceptos de la organización, “no hay libertad fuera de la dependencia de Dios. […] A nosotros, criaturas, nos toca obedecer en cada momento y en cada acción a la voluntad amorosa de nuestro Creador”.

Tres minutos antes de llegar a la hacienda, dos pequeñas iglesias destacan en el minúsculo poblado de San Juan de los Jarros. El lugar, sumido en la pobreza tradicional de las etnias mexiquenses, sobrevive de las tierras de cultivo que todavía se trabajan como hace décadas. La pobreza es la impronta del lugar.

Taxistas recorren una y otra vez la única carretera que comunica con la cabecera municipal y se detienen de vez en cuando en los pequeños puestos de tacos y fritangas que sobreviven al pie de la vialidad. Nadie pasa por allí, excepto los lugareños y quienes viven en comunidades todavía más pequeñas y empobrecidas, transportando mercancías y menaje para el campo, carcomido por la búsqueda de minas de tepojal, explotadas por ex funcionarios y ricos como el ex gobernador Arturo Montiel Rojas.

Anónimas para los viajeros de paso, las haciendas y ranchos de los poderosos bordean, desde la entrada a Atlacomulco, la campiña. Pocos saben que los apellidos más importantes de la liturgia política del estado poseen las tierras, entre ellos los Del Mazo y los Velasco. Tampoco imaginan que en este pueblo de San Juan de Los Jarros, de apenas 2 mil 500 habitantes y a 2 mil 504 metros de altitud, el Opus Dei administra un colegio particular para mujeres.

Si la iglesia y sus sectas son o no una herramienta en las manos de Peña es un tema para el análisis, pero dos de los mayores activos del gobernador son el ex obispo Onésimo Cepeda Silva y el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Carlos Aguiar Retes. Los testimonios de la alianza Peña-Cepeda son múltiples. Habitantes de Ecatepec aún afirman que frecuentemente se podía ver al ex mandatario mexiquense en las misas dominicales de monseñor Cepeda. Al término, ambos degustaban algún platillo mientras charlaban, lo mismo de la afición taurina del ex purpurado que de temas políticos.

Peña es uno de los invitados frecuentes a los onomásticos de Cepeda, conocido como el “pastor de las élites y el escándalo”, y el 23 de marzo de 2007, antes de que los comensales se sentaran a la mesa, el prelado levantó su copa de champagne para reafirmar sus afectos: “De entre mis amigos políticos, pongo en primer lugar a mi gobernador, que aunque a veces me deprecia y me coloca en segundo, sabe que es bien querido”.

A propósito de la renuncia de Cepeda al obispado en mayo de 2012, Arturo Ascensión escribió para la cadena CNNMéxico: “El Vaticano aceptó la renuncia de Cepeda a ese cargo, que ostentó durante cerca de 17 años, en los que hizo comentarios que generaron críticas entre varios sectores de la opinión pública. En 2010 declaró que el estado laico ‘es una jalada’, para expresar su desacuerdo con la aprobación de las bodas entre parejas del mismo sexo en el Distrito Federal, y la posibilidad de que adopten hijos.

”Meses después, en junio de 2011, envió una carta al empresario Jorge Hank Rhon, arraigado por el delito de acopio de armas, para expresarle su apoyo por medio de ‘las oraciones’ de su clero. En la misma línea de acciones y declaraciones polémicas, fue acusado en 2010 de fraude por un monto de 130 millones de dólares, aunque posteriormente el fallo de un tribunal impidió su detención.

”Incluso, se pronunció en torno a la elección presidencial de 2012, al pedir en una ocasión que el próximo mandatario solo robara ‘poquito’, de acuerdo con las crónicas de varios medios nacionales en septiembre del año pasado. Analistas y personajes del ámbito político han criticado la ostentación o incluso la frivolidad de Cepeda en eventos como sus fiestas de cumpleaños. A su celebración en 2010, en el interior de la Diócesis de Ecatepec, acudió el ahora candidato a la presidencia del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto.

”En ese evento también estuvieron el ex gobernador de Puebla, Mario Marín, el empresario Alfredo Harp Helú, el ex secretario de Educación, José Ángel Córdova, y Carlos Slim Domit, hijo del hombre más rico del mundo, según información publicada por la revista Forbes.

”Onésimo es un pastor de élites, de las altas clases, sobre todo de las poderosas, el pastor de los poderes fácticos”, mencionó el especialista Bernardo Barranco, director del Centro de Estudios Religiosos de México. Antes de ser obispo de Ecatepec, Cepeda fue un banquero y agente de bolsa, además de cofundador, junto con Carlos Slim, de la Casa de Bolsa Inversora Bursátil, luego conocido como Grupo Financiero Imbursa.

”Ahí colaboró con los empresarios Alfredo Harp y Roberto Hernández, según la página web de la Diócesis de Ecatepec. Onésimo Cepeda nació el 25 de marzo de 1937, en el Distrito Federal. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y después ingresó al seminario del Instituto Nuestra Señora de Guadalupe para las Misiones Extranjeras, donde estudió Filosofía. En la Universidad de Friburgo, Suiza, cursó Teología.

”El papa Juan Pablo II nombró en 1995 a Onésimo Cepeda primer obispo de Ecatepec. Casi 17 años después presentó su renuncia al cargo —misma que aceptó el pontífice Benedicto XVI—, al cumplir la edad de jubilación obligatoria (75 años) que establece el código de derecho canónico.

”El hecho de que Benedicto XVI haya aceptado su renuncia apenas 44 días después de que la presentara, puede deberse a que el Vaticano no veía con buenos ojos el papel de Cepeda por los problemas legales en que se involucró, o incluso por sus ‘claras inclinaciones políticas hacia el PRI’, mencionó Bernardo Barranco.

”Los escándalos lo han llevado a una situación comprometedora para la iglesia. Eso llevó a que el Vaticano diera una especie de fast track o ‘vía rápida’ a su renuncia, porque en el caso de otros líderes religiosos el mismo trámite llevó más tiempo, recordó el especialista. Onésimo Cepeda ‘no se ha distinguido por ser un gran pastor, sino por ser un católico seductor’, concluyó Barranco en torno a la labor religiosa del ahora ex obispo de Ecatepec”.

El presidente de la CEM y arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes, también le apostó por Peña, aunque no abandonó del todo su relación con los panistas Felipe Calderón y Margarita Zavala.

Como han advertido investigadores y especialistas sobre el tema, desde mediados de 1990: “el Opus Dei atrae a los católicos intelectuales de clase alta y cuenta con lugares cómodos y discretos para sus reuniones, que de alguna manera se parecen a los clubes que han ganado títulos de eficiencia como el Rotario de Dios, la Iglesia dentro de la Iglesia, la Nueva Herejía, la Mafia Santa. El Opus Dei tiene adeptos importantes en la élite empresarial —ahora se sabe que uno de sus pilares es el sector de los banqueros y el otro el de jóvenes políticos, hijos de las familias pudientes, católicos poderosos, del PRI y del PAN— y la de los medios de comunicación, así como en la academia.

”En cualquier evento, los miembros del Opus Dei perciben que son una élite, y uno sospecha que esta aura sumada a la clandestinidad es parte del placer de la membresía. […] La religión no sólo es privación y frugalidad (…) no todos somos la Madre Teresa. […] El Opus Dei, en Latinoamérica, ha forjado alianzas con otros movimientos conservadores dentro de la iglesia católica romana, como Sodalitium Vitae y ha estado, con representación oficial, en las reuniones donde la oposición conservadora se organiza en contra de las tendencias liberadoras de la iglesia. Los favores que se prodigan al movimiento, incluido el rápido progreso de la santificación de su fundador y la beatificación de dos miembros es más, indican la percepción que tiene el Vaticano acerca de las contribuciones del Opus Dei”.

El Papa de Atlacomulco

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

Las alianzas y lealtades han dado paso a especulaciones sobre si Peña pertenece a la masonería, a los Iluminati o al Opus Dei. La realidad—con tiento y con mucho cuidado— es que el círculo de los nuevos Golden Boy’s se cerró en la cúpula de la iglesia Católica mexicana con otros Golden muy cercanos a Dios o los Golden de Dios. Desde 1942, ligado al gobierno estatal y al Grupo Atlacomulco en particular, cada periodo electoral es también una oportunidad para el clero que defiende sus intereses e inclinaciones políticas como su Creador le da a entender.

Si bien es cierto que, abiertamente, no puede participar en política y menos en los procesos electorales, la iglesia Católica tiene repartidos territorios y cargos que ayudan, de manera directa e indirecta, en las aspiraciones de los atlacomulquenses. Cuando se ve bien hacia atrás, la de Peña representa la continuidad de las alianzas con la iglesia más sectaria que se tejieron durante el gobierno de Isidro Fabela Alfaro. Los masones creen que la historia les dará las herramientas para neutralizar al Opus Dei —“Obra de Dios”—, se niegan a ver que con Carlos Salinas se murió el anticlericalismo político mexicano, no aceptan que la Obra de Dios pertenece a otro extremo de la iglesia Católica y desdeñan aquellos señalamientos, bien fundamentados, de que, con sus recursos financieros, ésta tiene la capacidad de arrinconarlos, con todo y sus 33 grados, en donde quiera que se encuentren.

En otras palabras, se sorprenden cuando descubren que son enemigos ilustres y que la iglesia mantiene vivo su rechazo a los masones Benito Juárez, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. El primero, porque a través de algunas medidas —entre ellas las leyes de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, Lerdo de desamortización de los bienes de la iglesia o sobre Libertad de Cultos, con la que la religión católica dejó de ser un monopolio o el único permitido, así como los decretos de supresión de festividades religiosas y exclaustración de monjas y frailes— logró la separación Iglesia-Estado.

A Obregón y Elías Calles, la iglesia no les perdona la persecución de curas y sus fieles, que devino en “La Cristiada” o “Guerra Cristera”. Hoy, como advierten algunos curas, fue una guerra no declarada, pero guerra al fin que propició un cisma y, por lo tanto, el debilitamiento del catolicismo, así como la consolidación de las sectas y grupos protestantes.

Tampoco se olvida que, en forma arbitraria, los masones se atribuyeron las mayores construcciones de la antigüedad, como el Arca de Noé, la Torre de Babel, las Pirámides y el Templo de Salomón. Y que, según la historia, poseen secretos para destruir a la iglesia Católica.

Si bien su influencia disminuyó en forma alarmante a partir de la llegada de Miguel de la Madrid Hurtado a la Presidencia de la República el 1 diciembre de 1982, y hoy parecen más un fantasma en la vida política mexicana, los masones insisten en que son una organización secreta anticatólica —gnósticos, dicen algunos—, de orientación filosófica, con un código moral, templos, altares, jerarquía, ritos de iniciación y fúnebres, vestimentas para sus rituales, días festivos y oraciones propias.

En el Opus Dei —una secta extremista moderna fundada el 2 de octubre de 1928 por el cura español José María Escrivá de Balaguer, la cual fue impulsada y aprobada por el Vaticano— se tiene presente que en el ritual de iniciación del grado 29 de la masonería, el iniciado pisa y escupe sobre un crucifijo, al que considera signo de destrucción y muerte oprobiosa, mientras en el del grado 30 (el Kadosh) se pisan la tiara papal y la corona real, como símbolo del repudio a su mayor enemigo, la iglesia Católica y el Estado.

Al margen de estas peligrosas enemistades se encuentra la relación entre Peña y los jerarcas de la iglesia, la cual se fortalece cada año en el opulento fraccionamiento Bosque Real de Huixquilucan donde Enrique llega para agasajar al poderoso arzobispo de la iglesia católica apostólica ortodoxa de Antioquía en México, Antonio Chedraui Tanous.

El importante motivo que los reúne —aparte de estar hermanados en el mismo interés, mantener el poder— es festejar el cumpleaños del arzobispo, quien nació el 17 de enero de 1932. Y el lunes 17 de enero de 2011—cuando Antonio Chedraui cumplía 79 años de vida—, no fue la excepción, pues una vez más, los empedrados del fraccionamiento Bosque Real en Huixquilucan, se llenaron de lujo con un desfile de celebridades políticas y grandes magnates. El festejo del jerarca ortodoxo congregó a gobernadores, legisladores y funcionarios de todos los partidos; además de empresarios, representantes de la iglesia Católica y diplomáticos que llegaron lo mismo en helicóptero que en autos y camionetas de lujo a la catedral de los santos Pedro y Pablo —de la iglesia Ortodoxa—, cuya arquitectura está asentada en un terreno donado por el gobierno mexiquense que encabezó Peña.

Ahí llegaron, entre otros invitados, la entonces primera dama estatal Angélica Rivera Hurtado —acompañada por su esposo Enrique Peña—, Norberto Rivera, la gobernadora yucateca Ivonne Aracely Ortega Pacheco, y el gobernador poblano Mario Plutarco Marín Torres —acusado públicamente de proteger a pederastas—, el magnate Carlos Slim, Marta Sahagún, Josefina Vázquez Mota —ex candidata presidencial del PAN—,Beatriz Paredes Rangel —ex lideresa nacional priista—, Alfredo del Mazo —ex alcalde de Huixquilucan—, así como los empresarios Carlos Peralta, Roberto González y Ricardo Salinas.

Con sede en Damasco, Siria, la iglesia Ortodoxa de Antioquía tiene únicamente siete arquidiócesis fuera de Siria, Líbano e Irak. En México congrega a gran parte de la influyente comunidad libanesa, la mayor avecindada en ese próspero municipio. El arzobispo Chedraui se ha caracterizado por llevar una estrecha relación con los sectores políticos y sociales de más peso en México.

Por su parte, el llamado Golden Boy nunca ha negado su filia religiosa y aunque en Toluca, la capital mexiquense, circulan toda clase de rumores y versiones sobre la formación religiosa del gobernador, acercándolo unas veces a los Legionarios de Cristo y a doctrinas de cualquier denominación, incluso a la masonería; Peña nació y creció en el seno de un hogar indisolublemente ligado a la religión que le fue inculcada por su madre, María del Perpetuo Socorro Ofelia Nieto Sánchez, una de las fieles devotas de su natal Atlacomulco, y por su padre el ex seminarista Gilberto Enrique Peña del Mazo.

Hombre muy religioso y conservador, al nuevo Presidente de México se le puede ver en los onomásticos de monseñor Onésimo Cepeda Silva —ex obispo de Ecatepec— y en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), donde anualmente es recibido para compartir “el pan y la sal” con los obispos y cardenales de todo el país. También asiste a eventos católicos de alta sociedad entre los que destacan la ordenación como obispo de Atlacomulco de monseñor Juan Odilón Martínez García y su viaje a la Santa Sede para recibir las bendiciones papales.

La buena relación con “dios” le sirvió para conseguir que, en mayo del 2009, se anulara el único obstáculo que le impedía contraer matrimonio con su entonces prometida Angélica Rivera; es decir, el matrimonio religioso de ésta con José Alberto Castro Sáenz. El 27 de noviembre de 2010, Enrique Peña y Angélica Rivera recibieron la bendición frente al altar de la catedral toluqueña.

La visita de Peña a la Santa Sede —la segunda semana de diciembre de 2009—, sirvió para que reafirmara sus lazos con la jerarquía católica y reiterara devoción y filiación hacia el Opus Dei. La relevancia de la “Obra de Dios” puede verse en el hecho de que su fundador, Escrivá de Balaguer, es parte del santoral católico desde el 6 de octubre de 2002. En otras palabras, fue canonizado no mucho tiempo después de su fallecimiento, el 26 de junio de 1975, a los 73 años de edad.

A propósito de una segunda visita, cancelada de último minuto, el periodista argentino Andrés Beltramo Álvarez escribió el 29 de abril de 2011 en una nota titulada “Juan Pablo II y la fe de Enrique Peña Nieto”: “El gobernador Enrique Peña Nieto no quiso dejar pasar una oportunidad de oro: aprovechar todos sus contactos para asistir, en primera fila, a la beatificación de Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. Por ello puso a trabajar a su enlace con el mundo católico, Roberto Herrera Mena, coordinador de Asuntos Religiosos de su administración. Gracias a una ayudita de Televisa logró su cometido.

”Ante el interés de su jefe, Herrera apeló entonces a su vínculo clave: Antonio Berumen, famoso por ser representante de artistas como Menudo y Magneto pero que, en sus ratos libres, cultiva pacientemente sus relaciones con altos dignatarios de la iglesia. Miembro del prestigioso grupo de los Caballeros de Colón, Toño ha destacado en las coberturas que Televisa ha hecho a las diversas visitas de Juan Pablo II a México.

”En 2007 sirvió de apoyo estratégico al entonces embajador mexicano ante la Santa Sede, Luis Felipe Bravo Mena, para organizar los festejos por el XV aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre la República Mexicana y el Estado Vaticano. La idea fue de Bravo, el apoyo logístico de Berumen y el dinero del gobierno de Jalisco. Así nació la ya famosa manifestación ‘Navidad Mexicana en el Vaticano’.

”El proyecto incluyó artesanías navideñas tapatías para regalar al Papa y, de paso, hacer publicidad a quien ponía los recursos: en este caso el gobernador Emilio González Márquez. Tan exitosa resultó la iniciativa que bien pensó Berumen en aprovecharla y la convirtió en una ‘franquicia’ a vender a los gobernadores mexicanos. Al primero que convenció fue a Peña, quien vio la oportunidad y la aprovechó. Por eso en diciembre de 2009 viajó a Roma con su entonces novia, Angélica Rivera y una numerosa comitiva (familiares incluidos).

”No contaba el gobernador con que el Centro Televisivo Vaticano dejaría abierto el micrófono de la cámara que registró su encuentro y que la frase: ‘Santidad, le presento a mi novia, pronto nos vamos a casar’ se escuchase a viva voz en los parlantes de la sala de prensa de la Sede Apostólica. Instintivamente el Papa dio una bendición y así, en un instante, se armó un revuelo nacional.

”Más allá de la nota rosa, lo cierto es que el viaje de Peña a Roma en aquella ocasión poco tuvo de religioso y sí mucho de político. Uno de los principales impulsores de la iniciativa fue el actual presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes. Gracias a sus buenos oficios el gobernador no sólo fue acogido con cortesía sino que recibió un trato de deferencia extraordinaria”.

 

  • Calendario

    • agosto 2018
      L M X J V S D
      « Ago    
       12345
      6789101112
      13141516171819
      20212223242526
      2728293031  
  • Buscar