Paz sicaria

* Luvianos es un país dentro de México. Tiene sus propias leyes, sus propios caudillos y hasta sus guerras internas, como sucedió cuando el líder de la Familia se enojó a muerte con su hermano debido a que uno apoyaba al PRD y el otro al PRI. Son ellos quienes se encargan de que la gente vote y elija y en esas cuestiones ni siquiera ellos pueden jugar.

 

Miguel Alvarado

Doce niños gatilleros detenidos en Zacatecas. Once ejecutados en Ecatepec, seis de ellos comerciantes a quienes les robaron juguetes. Tres ajusticiados en Neza. Noé Hernández, ex atleta olímpico mexiquense, baleado en un bar, a consecuencia de lo cual perdió la vista. Cuarenta muertos en Guadalajara. Municipios enteros sin policías, como el de Marcos Castillejos en Michoacán, donde debido a la amenaza del narco los uniformados renunciaron en masa. Toques de queda declarados por sicarios. Veintidós asesinados en Guerrero y Nuevo León. Once muertos en Zacatecas luego de balaceras y persecuciones. Quinientos cincuenta muertos por nexos con el crimen organizado en la Tierra Caliente desde el 2006 mexiquense, son algunos de los números que la administración de Felipe Calderón heredó al priista Enrique Peña, quien comenzó su presidencia el primero de diciembre en medio de disturbios que todavía no se han aclarado totalmente y con un conteo, hasta el 3 de enero del 2013, de 989 ejecutados, número cercano al promedio del sexenio calderonista, que sin embargo en su primer mes coleccionaba 92.

Peña presentó el 17 de diciembre del 2012 su Plan de Seguridad Nacional, con el que pretende controlar un panorama que arroja 90 mil muertos, 250 mil desplazados por la violencia, 10 mil huérfanos, 15 mil cadáveres sin identificar y 6 mil desaparecidos desde el 2006. Ese proyecto, que se aplicará a partir de este año, contempla la creación de una gendarmería nacional, que contaría con 10 mil elementos, un mando único para las policías estatales y la búsqueda de personas desaparecidas, además de un fondo para víctimas, a pesar de una avanzadísima pero olvidada ley aprobada en el 2012 y la revaloración de los derechos humanos, entre las generalidades.

Como gobernador del Edomex, Peña tuvo oportunidad de establecer cualquiera de los puntos que ahora contiene su plan nacional. No lo hizo. La decidida participación de Peña en procesos electorales adelantados lo ubicó desde el 2006 en espacios públicos que desde entonces sabían quién competiría por el PRI para las presidenciales del 2012. Peña y el perredista Obrador se embarcaron así en un programa que no admitía vacilación. El priista, con más dinero y empujado por un resistente estómago resultó vencedor para ejercer en el cargo más cuestionado de México. La impronta que el peñismo dejó en la mitad de los electores todavía no encuentra su primera prueba de fuego. Hasta el momento no ha decepcionado pero tampoco ha encontrado un motivo para el reconocimiento. Por lo pronto, aumentos a los precios del gas doméstico y la canasta básica auguran un año cuesta arriba aunque en Toluca el empresariado se mantiene todavía en la resaca del nombramiento. Que los casi 500 funcionarios públicos que se llevó Peña a la Federación garantizan que la derrama económica para el Edomex y Toluca será enorme, nadie lo duda, pero que existan las condiciones de seguridad es otra cosa. El plan de la Federación es, al menos, llegar a un acuerdo con los cárteles que operan en el Estado de México.

La historia del narcotráfico en la entidad parece echar por tierra las mejores intenciones del mandatario. El fenómeno y su crecimiento alcanzaron los mayores registros a partir de las administraciones de Arturo Montiel y el propio Enrique. El narcotráfico encontró en Luvianos, un territorio al que Montiel hizo municipio, una sede propicia para la actividad y la transformó en una de las capitales nacionales de la droga, a la sombra de los poco menos de sus 10 mil habitantes.

Luvianos es el reflejo de la política de seguridad del tío de Peña, del actual gobernador mexiquense, Eruviel Ávila y del mismo presidente. Allí, el narco se ha asentado porque las autoridades lo permitieron. Omisiones y colaboraciones son lo mismo cuando se trata del sur mexiquense y su principal actividad económica. La vida es posible porque los pobladores se han adaptado a nuevas reglas y comercio. Conviven, codo a codo, con los líderes de esa plaza. Allí los niños van a la escuela, las autoridades municipales cumplen la rutina diaria y hasta los visitantes pueden quedarse, si se portan bien.

La importancia geográfica de Luvianos es el principal atractivo para el narco. Es un pueblo con decenas de salidas, muchas de las cuales desembocan en la Sierra de Nanchititla, que ocupa 67 mil hectáreas de bosques y montaña, prácticamente impenetrable para quienes no las conozcan. Allí, en cuevas y cañadas, los miembros de los cárteles esperan que las patrullas militares o la ocasional policía federal termine operativos y rondines. Por la comida no se preocupan, algunos pobladores se encargan del abasto y la información.  La sierra también procura escondrijos para mercancías y armas.

La cabecera municipal era gobernada, hasta el trienio pasado, por el PRD, quien postuló a Zeferino Cabrera para la alcaldía. Médico cirujano, se autocalificaba como humanista y servidor a favor de todos. Con amplia experiencia en la política que se practica en aquella región, porque ha sido alcalde de Otzoloapan y diputado local, fue capaz de conciliar intereses y cogobernar con quienes los habitantes llaman “las verdaderas autoridades”. Los municipios de aquella región, entre ellos Tejupilco, Otzolopan, Zacazonapan, Amatepec y Tlatlaya han aprendido a la mala que no pueden tomar decisiones por sí mismos. Luvianos fue uno de los pocos municipios que presentó finanzas sanas. Pero eso no fue casualidad. El narcotráfico, “las verdaderas autoridades”, han intervenido en todo, hasta en el manejo de la administración y son ellos quienes pagan nóminas y hasta patrocinan obras públicas a cambio de mantener un punto de equilibrio.

Los narcos no se aparecieron así, de pronto. Hace menos de 20 años la Tierra Caliente mexiquense presentaba otro escenario donde la pobreza era el flagelo cotidiano. Expulsora de migrantes, la región sin embargo se sostenía con el envío de remesas y el trabajo en actividades agrícolas. Había, recuerdan algunos, dialers locales a los que todos conocían y trataba como a cualquier vecino. Distribuían droga en moderadas cantidades y ejercían el control de la actividad sin que mediaran fuereños. Llevaban la fiesta en paz y no se metían con el entorno social. Dejaban que cada quién hiciera su vida. Luego, aparecieron los Zetas, que ubicaron la población y su sierra milagrosa. Una crónica de la reportera Teresa Montaño para El Universal da cuenta que desde el 2008 los Zetas estaban en la región y atemorizaban a los pobladores. “Acá los levantones comenzaron hace como dos años, pero últimamente las balaceras no nos han dejado en paz”, señala Prudencia, quien asegura que la ejecución de Rodolfo Siles —lugarteniente de los Zetas de San Antonio El Rosario—, ocurrida hace unos 10 días, puso de cabeza a todos los sicarios, “andan desatados”, y Los Pelones de Arcelia, ahora buscan su turno. Después de que mataron a don Rodolfo, todos se fueron contra todos para vengar su muerte y total que no acaban de matarse”, decía una pobladora, dueña de una pequeña tienda en Tlatlaya.

Los Zetas cazaban a sus enemigos, limpiaban la zona y si entre ellos estaban inocentes, no les importaba demasiado. Pero no fueron los únicos en ver las posibilidades de la región. Junto con ellos aparecieron los Pelones, por el lado de Arcelia, en el estado de Guerrero, aunque pronto fueron expulsados en batallas donde el número de muertos declaraba al ganador.

Pronto, los Zetas dominaron el territorio. El siguiente paso era controlar a los habitantes e implementaron una estrategia de terror basada en el secuestro y la extorsión. No perdonaron a nadie y sumieron a la región en el miedo. Poco después otro cártel aparecía en la escena, llegado de Michoacán y que exterminó la ansiedad Zeta en dos cruentos enfrentamientos con más de 60 muertos pero que finalmente permitió a La Familia el control absoluto del lugar.

Así, nombres como el de Ranferi González y Osiel Jaramillo encontraron luz pública luego de ser ejecutados. Albert González, hermano de Ranferi, cayó preso ese mismo año, el 2008, en Xalapa, Veracruz. Apodado El Tigre, comandaba a los Zetas en Veracruz, pero también en Luvianos. El Tigre se hizo famoso cuando una fotografía fue publicada en diversos medios del Edomex mostrando al ex líder magisterial estatal y diputado local, Fernando Zamora, montando un caballo con un rifle AK-47 en un rancho propiedad del líder Zeta.

Otro pariente de Ranferi, su hijo, fue secuestrado y a la fecha nadie sabe qué fue de él. El comando que lo sustrajo ni siquiera esperó a que terminara el velorio de su padre y allí mismo lo levantaron “para tener garantía de seguridad”.

El segundo de los enfrentamientos fue el más macabro. El 2 de julio del 2012 las autoridades estatales informaban que un convoy de la Secretaría de Seguridad Ciudadana había sido atacado por sicarios cuando realizaba patrullaje “sobre la carretera El Arco Tingabato, aproximadamente a 500 metros del paraje denominado El Caballito, cerca de Otzoloapan”, decían los diarios locales. Allí, en el fragor de la balacera, era abatido el comandante Joaquín Rosales Salazar, jefe de la región IX adscrito al municipio de Valle de Bravo. El ataque fue repelido pero 4 elementos más resultaron heridos en un enfrentamiento en el que La Familia defendía su territorio de una nueva célula, los Caballeros Templarios, aparecidos prácticamente de la nada pero armados mejor que el ejército. En ese entonces el procurador de Justicia del Edomex era Alfredo Castillo Cervantes, de notoria fama porque había encabezado las investigaciones sobre la muerte de la niña Paulette Gebara en Huixquilucan, con desenlace tragicómico que le costó al gobierno estatal la burla nacional y un lugar en la historia de la corrupción judicial, en marzo del 2010.

Cervantes encabezó una conferencia de prensa donde explicó que Templarios y Familia se habían enfrentado en aquella carretera y los vecinos habían llamado a los policías, que valientemente acudieron para alejar a los rivales y que fue entonces cuando a Rosales lo acribillaron.

La versión se dio por buena, pues era oficial y el propio procurador la había explicado. Pero los habitantes de Luvianos supieron ese día que la administración estatal no haría nada por combatir el crimen y confirmaban lo que ellos mismos atestiguaban. La versión de los pobladores contradice de lleno a Cervantes, hoy integrado al equipo presidencial de Peña Nieto y comienza por cuestionar las razones de que los policías de la SSC acudieran a un enfrentamiento que los condenaba a muerte porque eran menos, estaban pobremente armados y no sabía bien a bien la ubicación de los rijosos. Así, la versión popular reconstruye una llamada de auxilio por parte de los gatilleros de la Familia a la propia policía, ordenándoles acudir al paraje porque estaban bajo fuego enemigo. Los policías no tuvieron opción, debían obedecer porque así lo estipulaba el trato suscrito con el cártel michoacano. Y así lo hicieron. Llegaron y apoyaron pero la metralla era dura y les tocó a algunos, entre ellos al mencionado comandante. Sin embargo el apoyo funcionó y los Templarios se retiraron dejando tras de sí una estela de muertos que junto con los de los michoacanos sumaban más de 20.

Luego de reorganizarse, los de la Familia fueron por los cuerpos de los caídos, amigos y rivales, y los llevaron a la plaza de Luvianos. Allí los quemaron, en la pequeña plaza del lugar, a la vista de todos, como escarmiento para quienes estuvieran en relaciones con los rivales.

Si los de la Familia tratan un poco menos duro a los habitantes que los Zetas, al menos saben mantener el control y retribuir a quienes les pagan. Son vistos como protectores y la gente acude a ellos en busca de solución. Les piden de todo, previa tarifa, y esto incluye problemas personales, deudas con terceros y hasta el visto bueno para poner negocios y construir obras. Pero también intervienen para hacer funciones policiacas.

Algunos pobladores recuerdan que a un hombre del lugar le habían secuestrado a su esposa y que le pedían por ella un rescate por 2 millones de pesos. El hombre reclamó al líder de la Familia, pues ya le cobraban protección y creía que era injusto el plagio, el rescate y además continuar pagando. El líder le dijo que ellos no habían sido, que había infiltrados que los habían suplantado, pero que ellos resolverían todo. Así fue. Días después la esposa era rescatada y los aventureros tomados prisioneros. Fueron ejecutados y sus cuerpos, seis, colocados en todas las entradas de Luvianos, donde permanecieron por días en una picota a modo de advertencia. El macabro mensaje fue entendido por extraños y propios, aunque estos últimos no tenían necesidad de tales ejemplos porque son obligados a respetar la Ley de la Tabla, que implica un toque efectivo desde las 7 de la noche, la prohibición de bares y burdeles y escándalos en la vía pública. Quien rompe el código es tableado por los narcos, erigidos en vigilantes policías. El que lo hace dos veces, es expulsado del territorio y si vuelve es ejecutado. La paz, si se puede definir así, está garantizada en aquellas calles.

El líder de la Familia tiene fama de invencible y de pacto con la Virgen de Guadalupe o el diablo, pues para el caso ambos funcionan a la perfección. Nadie sabe o nadie quiere decir cómo se llama en realidad, pero indican que es fuereño y no rebasa los 35 años. Son emblemáticos los escapes de la muerte que ha protagonizado y al menos dos de ellos son recordados con pelos y señales. En el primero, sabedor de que un grupo rival le tendería una trampa, envió a otro en la camioneta que usualmente ocupaba para trasladarse a una reunión. Él se subió a otra, destartalada y casi desahuciada, y circuló como pudo detrás de las trocas, que le adelantaron inevitablemente. Kilómetros adelante, el líder de la Familia detenía su camionetita en un paraje donde las camionetas de avanzada estaban destrozadas y ardían sin control. Los hombres estaban muertos o heridos. Muy discreto, aprovechó la soledad del paraje para avanzar y dejar atrás aquel convoy de la muerte cuyo sacrificio le había salvado la vida. Otra ocasión, un comando detuvo la camioneta de ese jefe y la acribilló. Cientos de casquillos se percutieron pero cuando los asesinos se acercaron para rematar al escurridizo, encontraron la cabina vacía. La sorpresa los paralizó por unos segundos, suficientes para que el baleado saliera de debajo de la camioneta, metralleta en mano, y acabara con los pistoleros.

Luvianos es un país dentro de México. Tiene sus propias leyes, sus propios caudillos y hasta sus guerras internas, como sucedió cuando el líder de la Familia se enojó a muerte con su hermano debido a que uno apoyaba al PRD y el otro al PRI. Son ellos quienes se encargan de que la gente vote y elija y en esas cuestiones ni siquiera ellos pueden jugar. El enojo se transformó en furia, que derivó en una ruptura absoluta e irreparable. El hermano tomó sus cosas y sus hombres y se marchó de Luvianos sólo para volver, tiempo después, al frente de los Guerreros Unidos, que tomaron parte de la Sierra de Nanchititla y ahora disputan el lugar a los de la Familia. Fue el hermano, aseguran, quien tendió las trampas mortales que fallaron.

La vida en Luvianos sigue. Fiestas y jolgorios transcurren con relativa normalidad y el Año Nuevo es celebrado católicamente. Pero ni siquiera la paz sicaria alcanza para todos. El recibimiento que se preparó para el nuevo presidente municipal incluyó una lluvia de balas. Advertencia o intento fallido, no se sabe, pero el primero de noviembre del 2012, la camioneta en la que viajaba José Benítez Benítez, nuevo alcalde perredista de Luvianos, era baleada en Caja de Agua, el emblemático paraje donde matanzas de proporciones dantescas se perpetran regularmente. Benítez salvó la vida. Por ahora.

La era de Enrique

* Con muertos o vivos, el gobierno de Peña empieza la gestión con el sello de la casa Atlacomulco. La represión y el miedo andan en burro. Los bandos se culpan y justifican mientras el Distrito Federal, perredista hasta las cachas, arde por las razones que sean. La paz de Peña ha llegado, y durará seis años, a pesar de él mismo.

 

Miguel Alvarado

Los últimos días de Felipe Calderón como presidente de México fueron usados como pasarela de despedida. Acabado en lo físico, la alegría del panista era evidente. Por fin podría desentenderse de un encargo que, “haiga sido como haiga sido”, será recordado por los 90 mil muertos que, de forma directa o colateral, arrojó una guerra contra el narcotráfico que no se ganó y ni siquiera se combatió. La Presidencia inundó con espots de autoagradecimiento los medios masivos. Al sexenio se le autonombró como el de la salud, de las obras públicas, la educación, la seguridad. Metió al Congreso, todavía, a dos días de separarse del cargo, reformas agrarias que no pasarán porque serán olvidadas por la mayoría priista y se ufana en público del amor que siente por México. Este amor lo obliga  a partir a Harvard para enseñar a líderes globales cómo gobernar y administrar en la desgracia. Calderón ha mentido en lo único que no debía y cambió la vida de 90 mil personas para que él y sus cercanos hicieran el negocio de su vida. Muertos ellos y liberado él, México de todas formas seguirá el mismo camino de exterminio, de la limpieza social en las manos del Grupo Atlacomulco, todavía más conservador que los propios panistas y acostumbrados al poder. Juzgado hasta por Rubén Moreira, quien pide se investigue el sexenio, Felipe se vio de pronto solo, rodeados por unos cuantos, cuando decidió despedirse de sus senadores. Ni la mitad panista acudió a la charla, donde Calderón habló pero nadie lo escuchó.

Enrique Peña cumple los anhelos y ansiedades de Isidro Fabela; Alfredo del Mazo, padre e hijo; Carlos Hank y Arturo Montiel. Ni siquiera pudo celebrar, luego de obtener la presidencia. No hubo fiestas ni jolgorios públicos. Ellos mismos, su equipo, acudieron a las reuniones privadas de abrazos y parabienes, que contrastaron con los acosos y repudios que sufrió el priista en visitas a la Universidad Iberoamericana y estados como Querétaro, en zozobra y la oscuridad. Celebraron, claro, porque los presupuestos federales alcanzan para ellos.

Como nunca antes, un candidato recibió toda clase de insultos y cuestionamientos. Pero también, como nunca antes, demostró él solo, sin ayuda ni coacción, la incapacidad intelectual en la que se ha desenvuelto y con la cual, a pesar de él mismo, gobernó el Estado de México. Nadie ha podido responder cómo un hombre que no lee y que no puede hilar discursos puede administrar un país, aunque otros se encarguen de decir que para ser presidente no se necesita saber, ni siquiera leer, como lo apuntó la lectora de noticias Adela Micha, quien trabaja para Televisa.

Raúl Vera, obispo de Saltillo, acudía dos días antes de la toma presidencial a Alemania, para hablar en la conferencia “México, ¿Estado de Derecho?, organizado por la Fundación Heinrich-Böll y la Coordinadora alemana para los Derechos Humanos en México. Allí, la principal figura de la crisis chiapaneca de 1994 definió al priismo que se verá los próximos seis años. “Y lo que vemos es un país desvertebrado. Nos preocupa el futuro, no vemos un atisbo de cambio. Tuvimos un proceso electoral tan manoseado, con ahora un presidente electo que viene arrastrando pendientes de su gestión en el Estado de México, y que ya ha presentado una serie de iniciativas de reformas que lo único que nos deja ver es que el PRI está volviendo por sus fueros y pretende ser nuevamente un Estado controlador de todo”, apuntaba.

Peña cerraba los perímetros de su miedo una semana antes de la toma de protesta. Decenas de líneas del Metro, cierres de calles y avenidas sin ninguna razón revelaban parte de lo que la nueva administración siente. Peña no dará la cara al mexicano porque no puede arriesgarse. Mientras, tomas de calles y barricadas en el Congreso eran anunciadas con semanas de anticipo, pero el presidente usa un escenario instalado y diseñado por Televisa en el patio central del palacio de gobierno. El narco no se tomaba una tregua, ni siquiera unas horas, y se dedicaba a regar cadáveres en el acostumbrado camino de sangre que se registra diariamente. Así inicia la era de Enrique, la de Arturo Montiel, la de Carlos Salinas, la del Grupo Atlacomulco, más poderosos que su partido, pues el PRI ha sido borrado por intereses, esos sí, poderosos.

El país desvertebrado que observa Vera se vislumbró en su ortopédica capacidad el primero de diciembre. El primer gabinete de Peña estaba listo. No hubo sorpresas. Carlos Salinas, Arturo Montiel y Televisa encabezan las posiciones en esa elección. Hasta Alfonso Navarrete, aliado incondicional de Maude Versini, la ex esposa francesa de Arturo Montiel, encontró cargo en la Secretaría del Trabajo. Chuayffet, el mismo Emilio de Aguas Blancas en 1994, también pudo y sonriente acudía a la cita. Mefistofélico, el nuevo secretario de Educación decía que “vengo a ver a un amigo”.

Temprano, el sábado primero de diciembre encontró las inmediaciones del Congreso federal cerradas, como ya se sabía. Y como Peña lo intuyó, miles de manifestantes pugnaban por entrar.

Allí estaban los estudiantes del 132, los maestros opositores a Elba Esther Gordillo y algunos resentidos, como las autoridades los llaman. El perímetro de San Lázaro, desolado, despedía como debe ser los seis años de Felipe. La guerra que, dijo, se libraba en el país, alcanzó la capital de los antiguos Estados Unidos Mexicanos. No había narcos pero sí granaderos y militares vestidos de policía del lado protegido, en los 20 kilómetros de vallas instaladas para contener a cualquier valiente. Del otro, armada con palos, piedras y bombas Molotov, la turba que aparece cuando no hay de otra esperaba entre gritos y mentadas a que todo comenzara. La intención era entrar, aunque allí se conformaban con hacer ruido, al principio.

La toma presidencial no contenía truco alguno. A nadie se le mintió desde que Peña, Obrador y Vázquez fueron a la contienda electoral. Todos sabían quiénes eran y qué representaban. El país, una realidad que no toca a los políticos, se limitó a observar. Peña ganó y las fuerzas de seguridad lo ratificaron. No los tribunales ni el IFE, que al final sólo cuentan y recuentan. Los dueños de las armas dictan ritmos, aplican decisiones. Aquí y en China.

Así, dos de las realidades de México se encontraban una vez más en el mismo punto. La primera, la de la clase política, entraba al enorme edificio de San Lázaro para atestiguar lo que, muchos dicen, es la historia. Tienen razón, al fin y al cabo los ganadores la escriben y la esparcen. La otra parte, la otra historia, les toca a otros aunque pocos la recuerdan. San Lázaro es el mejor búnker. Nadie entra, nadie sale. Las tribunas para diputados federales y senadores poco a poco encontraron quórum, que oficializó el presidente de la Cámara, el priista Jesús Murillo. Calvo, serio y enojado, Murillo comenzó la sesión donde Calderón pasaría a la historia y Peña se pondría la banda presidencial. A Murillo le importaba poco lo que sucediera y el tiempo que tardara, no en balde había sido ya designado por el Grupo Atlacomulco como nuevo procurador general de Justicia. Ex gobernador de Hidalgo en tiempos de Carlos Salinas, había dado la cara en el proceso electoral que hoy tiene a Peña al borde de cualquier cosa. Había diseñado el plan y sus amigos lo reconocen como el artífice de la victoria. El primero de diciembre, el astuto funcionario cerraba sus pendientes dándole a Enrique la banda anhelada.

Pero las cosas no sucederían tan prontas, tan expeditas, como dirá próximamente Murillo cuando despache la justicia en su muy elemental Región 4. Apenas tomada la palabra, 30 segundos después era interrumpido por un diputado que le reclamaba al priista que sus diputados, los tricolores, estuvieran parados en la escalinata de la tribuna.

– ¿Quiénes son los de a pie? – le dijeron. Pero Jesús, con cara ceñuda, contestó como todo un procurador. Que no están haciendo, nada, que si riñen, entonces los sacará. Precavidos, los priistas enviaban a los más voluminosos para cubrir una posible toma de tribuna. Treinta segundos después, una nueva interrupción, Otro diputado pedía un minuto de silencio por “los 93 mil muertos por el estado de guerra” del país. Una vez más, la lógica murillana se impuso para mandar a volar al provocador. De cualquier forma, ni su poder omnisciente pudo evitar las mantas y las cartulinas que campeaban desde el ala izquierda: “83 mil muertos, el sexenio de la violencia”, decían unas. Otros escribieron de Peña “candidato del telepromter, candidato prefabricado”.

Manuel Huerta, diputado petista, pregunta a Murillo sobre los enfrentamientos afuera del recinto, pues dice que hay tres heridos El priista sugiere entonces que pedirá información y adusto espera. Diez minutos después, sin informes sobre nada, el protocolo continúa. Peña es validado, en friega, como presidente de México en una lectura atropellada que informa sobre el cumplimiento de los requisitos. Que ganó, que fue legal, que ha comprobado fórmulas y etcéteras. Los priistas aplauden como niños y los de la supuesta izquierda rabian como si estuvieran enojados. La Cámara es un monumento a la simulación y unos y otros actores y nada más, cuando Lucila Garfias puede, por fin subir a inventar el mundo de las intenciones. Diputada por el partido de la Gordillo, a Lucila le sale todo bien porque nadie la escucha. Ha robado 10 minutos valiosos a la vida de millones y en los que sólo dijo, tangencial y rollera, que vigilarán que todo mejore. La pobre termina y le sigue Ricardo Cantú, del Partido del Trabajo, quien porta un moño negro en su camisola blanca. Diputado a fin de cuentas, no puede hacer otra cosa que lamentarse resignado por los muerto de Calderón y por el nuevo gobierno “ilegítimo… autista, represor alejado de la gente, que usará la fuerza para someter”. Luego del sesudo análisis, la tribuna recibe al perredista Ricardo Monreal, quien camina hacia ella sonriente, sonriéndole a alguien. “Comienza el gobierno de la imposición”, dice para calentar garganta mientras una enorme manta negra circunda el pomposo recinto. “Imposición consumada, México de luto”, se apunta allí. Pero Monreal no hace caso. Va a lo que va, aunque lo más interesante de su discurso es la priista Tanya Rellstab, ex alcaldesa de Tenancingo, en el Estado de México, quien sentada a su izquierda debe soplarse, estólida, todas las participaciones. No puede usar celular o algún gadget. Sabe que está en la mira permanente de la televisión, aunque sea el canal del Congreso. Tanya, acusada de comprar votos para Peña en su municipio, luce radiante. Rubia pero discreta, se enfundó en un outfit blanco y negro que destaca su figura, trabajada a base de dietas y ejercicio. Toda una dama, gesticula y hace pucheros porque no puede evitarlo mientras Monreal termina el aluvión. Lo mira burlona cuando el perredista informa que  Carlos Valdivia, uno de los manifestantes, ha muerto a causa de las balas de goma policiales. De todas maneras daba lo mismo. Nadie se inmuta con el dato. Unos alcanzan a decir que no es cierto y aquello se pierde entre la maraña mental de la diputación allí reunida. Otros se pasan los teléfonos o miran las fotos que tomaron y se las muestran a los amigos. La tribuna no ofrece, todavía el platillo principal. Sólo Tanya, pobrecilla, guarda la compostura. “Seremos congruentes con líderes sociales como López Obrador. ¡Síganse riendo, compañeros, síganse riendo!”, terminaba explosivo Monreal, dirigiéndose sólo al viento.

Lo siguiente fue un entreacto palomero, especie de medio tiempo futbolero para estirar las piernas y definir la estrategia. Acudió a la tribuna otro rubio, el ecologista Arturo Escobar, un desparpajado diputado que hace un año era representante de su partido ante el IEEM, previo al triunfo de Eruviel Ávila quien, dicho sea de paso, compartió vecindad con Marcelo Ebrard, sentados muy serios, haciendo que escuchaban. “Antes que nada, informar que no hay ningún muerto”, señaló el ecologista, mientras el respetable le grita “palero, palero”, en un ejercicio recíproco para reconocer las verdaderas intenciones. Termina agradeciendo a los dueños de las armas por jugarse la vida por los ciudadanos. Rubio pero desmemoriado, a Escobar no le quedó de otra que echarle porras a Peña y, desencajado pero bien vestido, alcanza a decir que “ese líder es Enrique Peña”, cuando apunta que México cambiará para beneficio de los jodidos, efectivamente. Miguel Barbosa del PRD y Francisco Domínguez del PRI cerraron por fin el ciclo de palabras.

Por fin, a las 11:10 llegaba Felipe Calderón con su banda presidencial en el pecho. Y cuatro minutos después arribaba el telenovelero presidente, quien iba nada más por ese símbolo. Primero entró Calderón y entre gritos de asesino pero también aplausos, recorrió el pasillo en un interminable besamanos. Tres horas después, el ex presidente se despediría casi en definitiva con un mensaje en menos de 140 caracteres: “Gané, asumí, ejercí y trasladé la presidencia de México conforme a la Constitución. Plena Gratitud y pasión por México. #GraciasMéxico”. Así resumió todo Calderón. La guerra del narco, su guerra, ha quedado atrás, al menos para él. Nadie devolverá los muertos, buenos y malos, pero los imposibles ya importan demasiado poco. El futuro es hoy y Peña ha llegado por fin a la tribuna. Viste traje negro y corbata plateada, la misma que más adelante en Palacio Nacional lucirá don Emilio Azcárraga, quien sentado junto a Carlos Slim oirá del propio Enrique que permitirá otros dos canales para televisión abierta. Mientras, Peña toma la banda de manos de Calderón, un fajo de billetes falsos le pasa cerca. Los perredistas hacen lo suyo, que es nada más eso. Cinco minutos después y luego de una desastrosa interpretación del Himno, Peña sale en procesión. Uno de sus más fervientes saludos lo dedica a Paquita la del Barrio, rubicunda cantante que se deshace por él, a quien le otorga tres abrazos, el primero por las fotos, el segundo por las prisas y el tercero por deber, mientras a su alrededor vuelan los falsos dineros lanzados por los de izquierda. Puras anécdotas que se pierden entre los gritos de “Peña, presidente”. Sube, junto con su familia, a una camioneta negra adornada con una bandera de los extintos Estados Unidos Mexicanos y se dirige al palacio, donde dará su primer mensaje ante un público escogido que lo mismo alberga a su nuevo gabinete que a la presentadora de televisa Yolanda Andrade o al emblemático vocero del presidencialismo priista, Jacobo Zabludovsky.

Pero la batalla por la presidencia no está en los recintos ni en el escenario armado por Televisa para aquellas palabras que luego se transformarían en 13 promesas, incluidas las de un tren para la ruta Toluca-México. Las calles aledañas a San Lázaro eran escenario de lo que los golpeados llamaron represión y o que los golpeadores calificaron de protección.  Al medio día, Andrés Manuel López Obrador terminaba su mitin en el Ángel de la Independencia y sus simpatizantes se dirigían al zócalo de la ciudad. En Bellas Artes los granaderos salieron al paso y el desmadre comenzó. Luego de que AMLO dijera con nostalgia que cada vez que se pone el cinturón de seguridad de su Tsuro, piensa en la banda presidencial, la violencia respondía a la clase política. La Alameda fue arrasada por personas identificadas como anarcopunks, que igualmente son mexicanos que resienten la miseria y responden como la miseria les ha enseñado. Las calles aledañas a Bellas Artes se transformaron en teatro de detenciones y golpes entre policías y manifestantes. Bancos, cafeterías y establecimientos comerciales eran arrasados, con razón o sin ella, por la muchedumbre que al final del día se redujo a 65 detenidos. Los enfrentamientos incluyeron policías disfrazados de civiles, persecuciones contra jóvenes y “un muerto que, herido, nada más presenta exposición de masa encefálica y está delicado”, se decía en redes sociales. Otro joven, Brayan Limón, era exhibido en redes sociales herido hasta la muerte. Dos fallecidos, ninguna confirmación pero decenas de fotos que los convertían sin discusión en cadáveres.

Con muertos o vivos, el gobierno de Peña empieza la gestión con el sello de la casa Atlacomulco. La represión y el miedo andan en burro. Los bandos se culpan y justifican mientras el Distrito Federal, perredista hasta las cachas, arde por las razones que sean. La paz de Peña ha llegado, y durará seis años, a pesar de él mismo.

“No mami, blu”, dirá el nuevo presidente, recordando sus propios chistes ante reporteros de Toluca, cuando le pasen el reporte del día y lea el costo de su primer día de trabajo.

Salto al vacío

* No hay nada más importante que sentar las bases de la cooperación y ayudar al nuevo presidente a trabajar en el mejor de los escenarios, dicen los medios masivos de comunicación por radio, televisión e internet. Piden que se perdone, o peor, que se olviden las trampas, pues ya pasaron y ni siquiera se pudieron probar en un ámbito de leyes. La legalización de lo imposible sucede en el país y se impone siempre. Calderón, cuestionado siempre por las elecciones que lo llevaron a la presidencia en el 2006, cerrará un ciclo de 90 mil muertos en las aulas de Harvard, una universidad que prepara a los aliados del gobierno norteamericano para administrar el mundo y a quienes llama, responsablemente según sus políticas públicas, “líderes globales”.

 

Miguel Alvarado

Mientras el nuevo presidente de México, Enrique Peña, termina de aceptar que efectivamente obtuvo el cargo, en la Toluca donde vivió gran parte de su vida y gobernó seis años, el narcotráfico se toma cualquier tipo de molestias para despedir el sexenio y saludar, entre líneas, al próximo negociador. “Uno de esos mensajes fue puesto en la calle 5 de Febrero, la situación podría dar un giro. A escasos cien metros de la gubernatura, el Congreso y el Tribunal Superior de Justicia Los Templarios se atrevieron y pudieron”, comenta el periodista de Toluca, Antonio Huicochea.

Según el comandante de la XXII Zona Militar de Toluca, José Luis Sánchez León, el Estado de México es disputado por tres cárteles, Los Templarios, La Familia y Guerreros Unidos.

Sánchez sabe de lo que habla. En 12 años, doce generales fueron investigados por nexos con el narcotráfico. Sánchez, nombrado en mayo del 2012, sustituyó en el cargo a Rubén Pérez Ramírez como comandante de la zona, encarcelado por colaborar con el cártel de los Beltrán Leyva desde Cancún. Orador consumado, apenas tenía oportunidad, recalcaba siempre la obligación de los militares en el sexenio de Felipe Calderón: “delicada y honrosa encomienda de salvaguardar a la nación, frente a quienes pretenden desafiar la ley y amedrentar a las familias, o las infringen con luto y atribulación”, que pinta de cuerpo entero la doble moral del Estado mexicano y enmarca un proceso electoral dudoso mediante el cual Peña se instala en Los Pinos.

No hay nada más importante que sentar las bases de la cooperación y ayudar al nuevo presidente a trabajar en el mejor de los escenarios, dicen los medios masivos de comunicación por radio, televisión e internet. Piden que se perdone, o peor, que se olviden las trampas, pues ya pasaron y ni siquiera se pudieron probar en un ámbito de leyes. La legalización de lo imposible sucede en el país y se impone siempre. Calderón, cuestionado siempre por las elecciones que lo llevaron a la presidencia en el 2006, cerrará un ciclo de 90 mil muertos en las aulas de Harvard, una universidad que prepara a los aliados del gobierno norteamericano para administrar el mundo y a quienes llama, responsablemente según sus políticas públicas, “líderes globales”. Que Calderón sea invitado para preparar a estos líderes, ofrecerles caminos y perfiles, resulta surrealista, casi estúpido. Estados Unidos, una nación narcotizada y que se desarrolla en el miedo eterno, poco puede cuestionarle a pesar de contar con una de las izquierdas mejor preparadas. México, traspatio histórico, no puede esperar otra cosa que narcomantas de despedida, deseándoles la mejor de las suertes a Felipe, un hombre que empeñó el dinero y la vida de otros en una guerra civil que no incluía ninguna propuesta social, excepto la del exterminio, el negocio y la impunidad. Calderón es acusado de nexos con el narco hasta por La Barbie, uno de los narcos más huidizos de México, capturado hace poco por la Federación. Ahora, en una carta publicada por el diario Reforma, Édgar Villareal Valdez lo escribe claro: “mi detención fue el resultado de una persecución política por parte del C. Felipe Calderón Hinojosa, quien instauró un acosamiento en contra de mi persona por la razón de que el suscrito se negó a formar parte del acuerdo que el señor Calderón Hinojosa deseaba tener con todos los grupos de la delincuencia organizada para lo cual él personalmente realizó varias juntas para tener pláticas con grupos de delincuencia organizada. Posteriormente se realizaron diversas juntas a través del General Mario Arturo Acosta Chaparro, quien se reunió por órdenes del Presidente y Juan Camilo Mouriño, con dos de los jefes de La Familia Michoacana. Posteriormente el general se entrevistó en Matamoros con Heriberto Lazcano y Miguel Ángel Treviño “El Z-40”. Tiempo después Acosta Chaparro y Mouriño se entrevistaron con Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”, y también se entrevistó con “El Chapo” Guzmán, líder del Cartel de Sinaloa. Calderón quería el acuerdo con todos los cárteles: Cartel de Los Zetas, Cartel del Golfo, conmigo, Cartel de Juárez con Vicente, Mayo y Chapo”. La carta, extensa y directa, destapará si el nuevo gobierno quiere, las relaciones entre el poder público y la delincuencia organizada, pero también, se entiende, será sólo una corroboración de lo ya sabido. Peña y su grupo, el de Atlacomulco, ha pactado una temporada de no agresión pero la romperá pronto, pues esa es la característica de sus jefes, Arturo Montiel y Carlos Salinas.

En Toluca las mantas fueron retiradas, al igual que otras siete colgadas en octubre de este año. Estos señalamientos no son los únicos que el narco deja en la capital. Negocios abandonados en el primer cuadro observan en cortinas metálicas los mensajes de La Familia, asumiendo la quiebra por terror de los comercios, pequeños y grandes.

Mientras, el gobernador mexiquense Eruviel Ávila, se pasea por su entidad. Inaugura seminarios en Ixtapan de la Sal e impulsa reformas ante el Congreso local, como las que incluyen representaciones jurídicas para los municipios y en un curioso giro Ernesto Nemer, secretario de Gobierno, se ocupa de lo menos frívolo cuando, al menos a nivel de opinión, garantiza que el Edomex  “será modelo de un programa ambicioso e integral contra la corrupción”.

Los golpes de pecho de Peña resuenan en Toluca, mientras la realidad se cumple y las cifras oficiales , ya en manos del Grupo Atlacomulco, dicen todavía otra cosa. La Procuraduría mexiquense, dice el diario local Alfa, reporta 90 elementos reprobados en los exámenes de Confianza que se aplicaron a la instancia. Para nadie es un secreto la ineficiencia o al menos inescrupulosidad de la policía en general y de las instancias de justicia en el país. Pero pocos están conscientes, por ejemplo, que la deficiencia cuesta y duele.

En el 2010, la entidad registró 297 mujeres desaparecidas. Hay 922 casos de feminicidios, de los cuales el gobierno acepta 90 y dice que ha resuelto 78. Pero la Subprocuradoría para la Atención de Delitos Vinculados a la Violencia de Género indica que de los 922 casos, ubicados entre el 2005 y el 2010, apenas se han resuelto 222 y de los 49 cometidos este año, cinco quedan todavía sin solución.

Peña Nieto llega a Los Pinos por la vía más incómoda aunque efectiva. Apuesta por la memoria colectiva diluida y una nueva política contra el crimen. Los pactos que no pudo o no quiso hacer Calderón los intentará Peña, en contextos favorables para los involucrados. El Estado de México será el primero en ser negociado, pues es el ejemplo práctico donde se volcará la atención. Inicia la era de Peña, nada nuevo para algunos pero un salto al  vacío para el resto de México.

Fin de año

* En espera del primero de diciembre, Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, siente la presión del Grupo Atlacomulco. Pactado su retiro, pedirá permiso y se ausentará para atender obligaciones menos vistosas. A la lista de sucesores, que por lo pronto encabeza el todavía secretario de Gobierno, Ernesto Nemer, se añade el nombre de Raúl Murrieta, secretario de Finanzas y aliado directo de Luis Videgaray, hacedor de campañas presidenciales y parte del próximo gabinete federal. Ávila ha dicho que terminará su gestión pero en la capital se da por hecho su separación.

 

Miguel Alvarado

Uno de los sexenios más cruentos está por terminar y los números, conteo de organizaciones no gubernamentales señalan 90 mil muertos, 10 mil desaparecidos y 250 mil desplazados. El panista Felipe Calderón, autodenominado “presidente del empleo”, entregará al mexiquense Enrique Peña el máximo poder público del país en medio de una guerra civil casi invisible que se libra en las principales ciudades, pero cuya disputa nada tiene que ver con la sociedad en general, ni siquiera con la toma oficial del poder mismo, sino con el control del negocio más próspero del mundo y en el que intervienen los poderes fácticos y naciones como Estados Unidos.

El narcotráfico en México es considerado por EU como una narcoinsurgencia, cuyo fin es encontrar la manera de filtrar el poder legal del país y desde allí manejar aquella empresa. Eso ha sucedido por años, pero esta vez la política y los militares desempeñan un papel más que protagónico. Narco y política es, cada vez más, sinónimo de la misma cosa.

En el Estado de México el narcotráfico ha tocado las puertas de la capital, Toluca, antaño una ciudad segura pues aquí se encuentra la residencia del gobernador, siempre parte del Grupo Atlacomulco, una de las agrupaciones que domina la escena mexicana y que obtuvo ya la presidencia a través de Peña. Hace una década, Zetas y Pelones peleaban la plaza sureña de Luvianos, colindante con Guerrero y Michoacán. Vencedores, los primeros debieron defender su territorio contra La Familia, un emergente cártel formado en el 2005. Autodeclarados liberadores y reformadores de Michoacán, los de La Familia comenzaron su escalada en poblaciones como Zitácuaro, limítrofe con el Estado de México. De ahí a darse cuenta de la importancia del Triángulo de la Brecha para el trasiego y protección de la droga, había un solo paso. Enfrentamientos mortales entre ellos y los Zetas dejaron saldos de hasta 100 muertos en tres combates en Caja de Agua, la emblemática tierra de nadie, escenario de las balaceras.

Por años, durante el pasado sexenio, La Familia campeó en el Edomex sin mayores dificultades que esporádicas detenciones y decesos. Poco a poco, el grupo tocó las puertas de la capital y ensayó las actividades que le dieron el control de ciudades enteras y ayuntamientos. Luego de dominar la zona de Luvianos, se acercaron a Zinacantepec y comenzaron a explorar el valle de México, territorio dividido entre bandas más hechas a la vieja usanza que al tráfico de droga. La Familia no encontró oposición pero sí aliados entre policías y autoridades y pronto se consolidó. Para el 2010 no había otro cártel más poderos que ése operando en el Edomex, a pesar del nacimiento de otros como Los Templarios o la Mano con Ojos, de evidente patrocinio político.

La llegada de Peña a la presidencia, luego de las cuestionadas elecciones de julio del 2012 comenzó a poner las cosas en su lugar. La Familia, con una avanzada cuadrilla que controlaba Valle de Bravo al que habían elegido como el nuevo Huixquilucan, fue pronto replegada. Acciones hasta de bajo perfil la arrinconaron, la alinearon al menos, dicen los pobladores de aquel municipio, la zona turística más importante de la entidad hasta ahora. Era cierto. El 7 de noviembre del 2012, dieciséis integrantes del grupo eran capturados, entre ellos Florencio Ruiz Rebollar, “El Pinto”, un jefe de plaza más. Dos ejecutados fueron hallados en un taxi con dos narcomensajes y en abril del 2012, 40 kilos de mariguana fueron incautados, en el paraje de La Boquilla.

La presencia del narco en Valle d Bravo puede pasar de noche para el gobierno, pero no sucede lo mismo en las redes sociales. Un sitio web, http://www.narcored.com, ha comenzado a recopilar información acerca de aquel lugar. Como otros, Narcored también es foro abierto para opiniones y hasta funciona como bolsa de trabajo, pues en la sección de anuncios, pueden leerse inverosímiles propuestas como la de un usuario, que pide información para entrar a algún cártel: “hola quiciera pertenecer algun cartel ya estoy arto de la pinche crisis alguien me puede conectar se manejar armas de fuego escopeta ametralladora”, dice sin ningún complejo. Otros sitios son mejores y más constantes, como http://puronarco.com/, también recopilador de notas relacionadas.

El 12 de abril era ejecutado otro narco y jefe de plaza, Orlando Arzate Negrón, alias El Calavera, también de La Familia y el 22 de septiembre Pedro Benítez y Florencio Ruiz, señalads como sicarios, fueron capturados en la zona. El 18 de octubre, un sujeto apodado El Roca fue abatido sobre la carretera Toluca-Zitácuaro. Resultó ser otro jefe de La Familia para Valle de Bravo.

Así, Valle de Bravo es la parte visible de la negociación entre las nuevas autoridades federales y los cárteles dominantes. Casi inoperante, la guerra contra el narco de Felipe Calderón entra en las últimas dos semanas de vigencia, en espera ya de las decisiones del reemplazo de Los Pinos. La Familia, protegida o impune hasta hace poco, ahora es contenida medianamente mal pero es un aviso sobre la política sobre narcotráfico de Peña Nieto. No habrá guerra, al menos como la planteó o simuló Calderón, sino paz negociada.

En espera del primero de diciembre, Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, siente la presión del Grupo Atlacomulco. Pactado su retiro, pedirá permiso y se ausentará para atender obligaciones menos vistosas. A la lista de sucesores, que por lo pronto encabeza el todavía secretario de Gobierno, Ernesto Nemer, se añade el nombre de Raúl Murrieta, secretario de Finanzas y aliado directo de Luis Videgaray, hacedor de campañas presidenciales y parte del próximo gabinete federal. Ávila ha dicho que terminará su gestión pero en la capital se da por hecho su separación.

El diario local Alfa reseña las que podría ser las últimas actividades públicas de quien fuera ex alcalde de Ecatepec, entre ellas la puesta en marcha del programa “Acciones por la Educación 2012-2013, uno de los planes estrella, de la administración estatal”, que entrega monederos electrónicos para depósitos de 150 y 200 pesos cada mes y vales para equipos de trabajo que beneficiarían a 92 mil alumnos. “Se trata de una medida asistencialista con la que se entrega lo que podría ser considerado una limosna, dinero a cambio de nada, de acuerdo con lo afirmado por el funcionario: ‘estos apoyos son incondicionales, nadie les puede pedir nada a cambio, ustedes se lo ganaron, ustedes deben disfrutarlo y aprovecharlo’”. Y es que los apoyos exigen nada más que el alumno participe en actividades extracurriculares, como pertenecer a bandas de guerra.

Luego, el 10 de noviembre, Ávila acudió a Metepec para presentar el mismo programa. Allí preguntó al auditorio, unos 2 mil niños, si habían recibido útiles gratis. La respuesta fue un “no” prolongado y embarazoso.

Con la salida de Ávila, un nuevo gabinete ayudará a  gobernará la entidad. Algunos cargos ya están pactados y entregados e incluyen a la Secretaría de Salud entre otras dependencias, así como Gobierno y Finanzas.

Fin de sexenio

* Cero aparecidos, cero casos resueltos, cero sentenciados, cero cumplimiento de sus compromisos con el movimiento después de un año y medio. Este es el balance que hacen las víctimas organizadoras del MPJD del final de sexenio de Felipe Calderón. Son ceros, más que las dolorosas cifras astronómicas de 80 mil muertos, 20 mil desaparecidos y 250 mil desplazados, cifras lastimosamente enormes que casi pierden significado de lo rápido que han crecido en los últimos 6 años.

 

Marta Molina/ Otramérica

“Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Con este grito se alzaron madres y familiares de desaparecidos delante de la Secretaría de Gobernación de la Ciudad de México (SEGOB) el pasado 10 de octubre. Fue una iniciativa de las madres de desaparecidos y asesinados que forman parte del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) para visibilizar a aquellos que no están ni vivos ni muertos y para los que se sigue pidiendo justicia. Es la primera de una serie de acciones de denuncia que emprenderá el MPJD en los próximos meses para pedir una rendición de cuentas al gobierno de Felipe Calderón y evidenciar la situación de emergencia nacional en la que deja el país cuando faltan menos de dos meses para que acabe su sexenio.

Las razones son más de 20 mil, una de ellas, Yahaira Guadalupe Baena López, de 19 años, que sigue desaparecida. “Mi hija fue sacada de su domicilio en el estado de Oaxaca –yo soy de Michoacán- por un comando de hombres armados. Como muchas madres nos ha tocado investigar por cuenta propia y estoy también intentando saber si el cuerpo que dijeron que encontraron es el de mi hija. Y como yo estamos miles de madres”. Es la historia de Margarita López, organizadora del MPJD- quien recuerda también que “así como nuestros hijos tienen nombre y tienen rostro, las autoridades que no han cumplido con su trabajo también tienen un rostro y tienen un nombre. Queremos que todo el mundo sepa quiénes son los que no están haciendo su trabajo y están obstruyendo la acción de la justicia para poder dar con nuestros hijos desaparecidos o esclarecer los asesinatos que ha habido, incluso, dentro del Movimiento por la Paz”.

Cero aparecidos, cero casos resueltos, cero sentenciados, cero cumplimiento de sus compromisos con el movimiento después de un año y medio. Este es el balance que hacen las víctimas organizadoras del MPJD del final de sexenio de Felipe Calderón. Son ceros, más que las dolorosas cifras astronómicas de 80 mil muertos, 20 mil desaparecidos y 250 mil desplazados, cifras lastimosamente enormes que casi pierden significado de lo rápido que han crecido en los últimos 6 años. Cifras que llevan el nombre y apellido de desaparecidos o asesinados, los nombres que sus familiares gritarán las veces que haga falta para hacerlos presentes hasta que se haga justicia.

“Estos hilos negros representan el volumen de personas desaparecidas”, cuenta Laura Valencia, artista visual y parte del grupo de arte del MPJD. Ésta es la forma que ella ha encontrado para lograr el más grande de los oximoron: visibilizar una desaparición. El pasado 10 de octubre, miembros del MPJD fueron cubiertos con cuerdas negras de los pies a la cabeza delante de la Secretaría de Gobernación -SEGOB- de la Ciudad de México. “Esta acción se trabajó a partir de una reflexión seria de un caso de desaparición que viví cerca en mi familia y que me hizo pensar en cómo entender este hueco o este vacío que deja una desaparición”. Ante la imposibilidad de contarlo o medirlo -aunque haya cifras- es difícil hacer entender lo grave que es para una familia tener un desaparecido porque no pueden llenar este hueco hasta que haya justicia”.

Las víctimas de la guerra con la que Calderón empezó su sexenio en 2006 quisieron evidenciar que el presidente de la República ha más que suspendido la tarea de gobernar México. Quieren que se vaya a sabiendas de que no cumplió nada. Quieren demostrar la omisión y la falta de voluntad política para la resolución de los casos de desaparición, y quieren que lo sepa él y todos los mexicanos.

Las razones también son más de 80 muertos, seis de ellos, de la familia de Olga Reyes Salazar, del estado de Chihuahua y que acompaña el MPJD desde sus inicios. “Me han asesinado a cuatro hermanos, un sobrino y mi cuñada; hemos vivido el intento de asesinato de dos sobrinos, un niño de tres años y la esposa de uno de mis sobrinos. Mi familia estamos desplazados y otros en el exilio”. Hoy caminó hacia la SEGOB porque “no hemos obtenido ni una sola respuesta por parte del Gobierno Federal con quien nos sentamos a dialogar en dos ocasiones y se comprometió a cumplir unos mínimos que a dos meses de que se acabe el sexenio, no se han cumplido”.

Las razones también son “cero casos resueltos”. Los llamados “Diálogos” con el Ejecutivo Federal se llevaron a cabo en dos ocasiones, una el  23 de junio y la otra el 14 de octubre del año pasado para  evidenciar la falta de voluntad de los estados en atender y solucionar los casos de las víctimas. Como comenta Malú García Andrade, “tampoco se sabe nada sobre en qué punto están los casos, si se ha avanzado, si no. Nada. Y de los que presentamos en los Diálogos ninguno se ha resuelto”.

Es más, de hecho se abrieron casos nuevos por el asesinato o la desaparición de miembros del mismo movimiento: Don Nepomuceno Moreno –quién participó en el Segundo Diálogo- fue asesinado; Eva Alarcón y Marcial Bautista desaparecieron a finales del año pasado; Pedro Leyva y Don Trino quienes también formaron parte de las Mesas de Diálogo con el Ejecutivo y que, como Don Nepo le presentaron su caso a Calderón, fueron asesinados.

“Felipe Calderón no ha cumplido. Se comprometió también a la creación de un Memorial de Víctimas que llevara todos los nombres de las personas que han sido asesinadas en nuestro país, no cumplió con la Ley General de Víctimas y creó una Procuraduría de Atención a Víctimas que no funciona”, añade Malú García.

El saldo es cero, nada. “Nos queda claro que a menos de dos meses que termine su mandato no va a resolver a lo que se comprometió hace un año, pero es importante que reconozcan públicamente que fallaron ante los compromisos que adquirieron con las familias. No cumplieron”.

Las razones también son 250 mil desplazados como ella, que a raíz del asesinato de su hermana María Alejandra García Andrade en Ciudad Juárez a los 17 años tuvo que irse de Chihuahua. “Soy defensora de derechos humanos y desde que decidí apoyar a familiares que se encontraban en mi misma situación me han amenazado de muerte, han intentando secuestrar a mis hijos e intentaron asesinar a mi mamá en dos ocasiones”.

“Ante su omisión, está nuestra presencia; ante su injusticia, están nuestras voces, nuestros actos y nuestro dolor. Les volvemos a decir: estamos más hasta la madre que nunca; estamos más decididos que nunca a darle a nuestros hijos la vida de dignidad que todos merecen”. Esta es la voz del MPJD, de los que siguen organizando desde el dolor, de los que ahora no sólo piden justicia por “sus muertos y desaparecidos” si no por los asesinados y desaparecidos de México, porque, en palabras de Olga Reyes, “sólo así se puede cambiar el país, cuando tu caso deja de ser tu caso y se convierte en todos los casos”. Palabras que recuerdan a las de María Herrera, también organizadora del MPJD que comentó en una ocasión que tiene 20 mil hijos desaparecidos y no sólo cuatro.

El pasado día 10, la señora Paz Pavón de Núñez conocía por primera vez a las madres, esposas, hijos, hijas y maridos de desaparecidos en frente de la SEGOB. Hace poco menos de un mes que su marido desapareció. La tía de Mónica, desaparecida el 14 de diciembre de 2004 mientras iba a la Universidad, vino con su hija acompañando a su hermana Adelita quien hoy también conoció a las víctimas organizadoras del MPJD.

“Las autoridades no nos dan respuesta. Queremos saber qué ha sucedido con mi hija, ¿cómo está?, ¿dónde está?, ¿qué han hecho con ella? Viva o muerta, pero una respuesta, pues para nosotros es una muerte en vida”. Son las palabras de Adelita Albarado Valdés que, desde la desaparición de su hija Mónica combina su profesión de payaso con la de madre activista social en busca de justicia.

El Movimiento por la Paz está cumpliendo gracias a Margarita, Olga, Malú, la Señora Pavón y Adelita. Sigue uniendo a las víctimas de este país y convirtiéndolas en organizadores que luchan por la paz la justicia y la dignidad. Mientras, el gobierno de Felipe Calderón pretende dejar el sexenio con los pendientes de aprobar una Ley de Víctimas, construir un Memorial digno para las víctimas de la guerra, resolver los casos a los que se comprometió en los Diálogos -incluyendo la posterior desaparición y asesinato de personas que le entregaron su caso en mano- entre muchos otros pendientes y exigencias incumplidas de las víctimas de la guerra a nivel nacional.

Esta acción del reunir a las víctimas de los desaparecidos en frente de la SEGOB fue la primera de varias que organizarán en los próximos meses con la intención última de que se entregue un informe de rendición de cuentas ante la nación de lo que hizo y no hizo el presidente que, en menos de dos meses, desaparecerá definitivamente de Los Pinos –la residencia oficial del presidente de México-.

 

* Una versión de este artículo fue publicado originalmente en inglés por Waging non Violence.

La farsa

* A partir del 4 de junio comenzó a circular en librerías bajo la editorial Océano el libro “La farsa detrás de la guerra contra el narco”, escrito por la periodista Nancy Flores, reportera y editora de la revista Contralínea. “La farsa” es un cúmulo de datos duros que van contrapunteando a los discursos oficiales “triunfalistas” del gobierno de Felipe Calderón sobre la “guerra” que sostiene contra el narcotráfico y rebasa 60 mil muertos. El hilo del libro conduce a una conclusión reveladora: el gobierno federal no libra “guerra” alguna contra el narcotráfico, sino todo lo contrario.

 

Eduardo H.G/ Regeneración Radio/ Rebelión

Una mujer blanca, delgada, de mediana edad con el pelo ondulado, cara tranquila, frente lisa, ojos intensos, nariz redonda, labios estrechos y gorro a la cabeza sostiene un trozo de cartón en las manos. Al fondo se ven algunos jóvenes donde pareciera ser un parque público. La fotografía, aparentemente anónima, fue publicada hace unos días en el portal imgur.com, sitio que permite alojar y compartir todo tipo de imágenes de manera gratuita. La imagen lleva, al momento de redactar esto, al menos 223 mil 626 vistas, además de los cientos de shares (veces compartida) y las republicaciones en otros sitios y redes sociales. La razón, aparte de la mujer en sí, es la frase que lleva escrita (en inglés) en el trozo de cartón: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas, de George Orwell. La máxima recorre la red y miles se apropian de ella como un mensaje en contra del control y manipulación mediáticos. En México, al calor de la agitación social y política que pinta el 2012, hay voces que hacen de la oración orwelliana escrita en el cartón de la imagen, una práctica puntual, precisa y contundente.

A partir del 4 de junio comenzó a circular en librerías bajo la editorial Océano el libro “La farsa detrás de la guerra contra el narco”, escrito por la periodista Nancy Flores, reportera y editora de la revista Contralínea. “La farsa” es un cúmulo de datos duros que van contrapunteando a los discursos oficiales “triunfalistas” del gobierno de Felipe Calderón sobre la “guerra” que sostiene contra el narcotráfico y rebasa 60 mil muertos. El hilo del libro conduce a una conclusión reveladora: el gobierno federal no libra “guerra” alguna contra el narcotráfico, sino todo lo contrario.

– Quisiera que nos explicaras tu trabajo como periodista y por qué decidiste escribir este libro.

– Soy periodista de investigación, trabajo para la revista Contralínea donde hago reportajes y además edito la publicación. Hasta antes de que tuviéramos “La farsa”, había investigadores que habían criticado la estrategia de Calderón. Los medios también han hecho alguna crítica al respecto. Lo han abordado como una guerra fallida dando por hecho que existe la “guerra” contra el narcotráfico. Pero algunos investigadores dicen que la “guerra” no existe. Pero no había datos duros que confirmaran esta posición crítica y lo que me propuse con esta investigación periodística es tener los datos duros que nos llevaran a ver si existe la “guerra”, si es una guerra fallida o si es una guerra que en verdad no existe.

– ¿Como fue el trabajo de investigación de “La farsa”?

– Muy duro. Lo empecé a mediados de 2009 y lo terminé en 2011. No fueron 2 años y medio de investigación permanente, pero sí continuos. Y algo complicado a la hora de conseguir datos del gobierno federal, que es la parte que más costó trabajo en cuanto a la reunión de fuentes, porque te dan la información a cuentagotas, se agotan los tiempos que les obliga la Ley de Transparencia y al final te dicen que “no es con ellos”, que pidas a otra instancia. Lo otro, accedí a informes públicos del Departamento de Estado y de Justicia de Estados Unidos y de la Unión Europea, que también daban alguna referencia de la “guerra” contra el narcotráfico con datos específicos. Esa parte no fue tan complicada.

 

Datos y discursos

 

– La columna vertebral de tu libro son los datos duros que vas comparando con discursos oficiales que Calderón y su gobierno han emitido estos seis años. Citando al prologuista Jorge Luis Sierra, dibujas la gran contradicción que representa esta iniciativa de “guerra” ya que el narcotráfico en México se ha fortalecido, más que debilitarse, lo cual, creo, sostiene la tesis central de tu libro.

– La idea de comparar los discursos es revelar que hay una farsa. En los discursos del presidente y en general de los representantes del gobierno federal nos hablan de que están combatiendo al narcotráfico, que esta guerra la vamos a ganar, que hay una estrategia que está dando resultados. Lo que yo iba encontrado era todo lo contrario. Por ejemplo, dicen que “estamos metiendo a los delincuentes a la cárcel para que no dañen a tu familia y la droga no llegue a tus hijos”. Este ha sido el discurso de todo el sexenio y al pedirle a la PGR que nos dijera cuántos de esos que ha detenido, al final ha consignado, que sí se presentaron ante la autoridad porque tuvo elementos suficientes para que se les inicie un juicio, tenían relación con los cárteles, responde que solamente son mil 306 y en el discurso el gobierno venía informando a la Cámara de Diputados y a la Cámara de Senadores que eran 121 mil los detenidos en el contexto de la guerra. De 121 mil solamente mil 306 realmente tenían vínculos con el narcotráfico. Ciento veinte mil quién sabe a qué se dedicaban o por qué los detuvieron en el contexto de la guerra. Y luego el Consejo de la Judicatura. Los datos que me proporciona por Transparencia son similares: 53 sentencias firmes por lavado de dinero en el mismo periodo estudiado, 735 por delincuencia organizada, alrededor de 250 por secuestro cuando en México se calcula que hay 45 secuestros al día. No había evidencia de que en la parte que le toca al Poder Judicial estuviera realmente dando frutos esta guerra. Lo que hay, por el contrario, es un saldo humanitario impresionante: estamos hablando de alrededor de 60 mil muertos, y que algunos medios como el semanario Zeta de Tijuana ya habla de 70 mil. La verdad es que no se tiene la cifra, podrían ser 100 mil. Es muchísima gente la que está muriendo y no necesariamente se trata de una lucha cuerpo a cuerpo, como también se nos ha querido venir diciendo, que todos los muertos tienen relación con el narcotráfico y que prácticamente todos los muertos se generan en enfrentamientos. Ha habido familias masacradas simplemente por ir en una carretera y desde un retén les disparan, o los chicos del Tec. de Monterrey que fueron asesinados dentro de sus propias instalaciones, que después se les quisieron sembrar armas. Nos dimos cuenta de que en México ya estaba vigente este concepto de los falsos positivos, donde personas inocentes son incriminadas arbitrariamente por las autoridades en delitos para justificar su muerte. Nos damos cuenta que hay 250 mil desplazados en México, mil 300 niños que han perdido la vida en este fuego cruzado, que puede ser que sí había un enfrentamiento y por alguna situación el niño fue baleado o en retenes, que es más grave. El saldo ha sido muy grande para los escasos resultados y nos revelan que justamente no hay una “guerra”.

 

La “guerra” no es contra el narco

 

– En la página 36 de “La farsa”, leemos: “la guerra contra el narcotráfico es una decisión unilateral de Calderón, impuesta por las políticas del Pentágono para militarizar las instituciones de seguridad en México. Si realmente se quiere hacer una lucha en contra del narcotráfico, ésta es una decisión errada, porque el asunto no se resuelve [mediante] la fuerza, sino [con] políticas de carácter social”. Es una cita que haces del general brigadier y politólogo Francisco Gallardo. “La estrategia tuvo por objeto -legitimar la llegada de Calderón al poder, en virtud de que fue impuesto por un golpe de Estado técnico militar a través del Estado Mayor Presidencial. El involucramiento del Ejército en la lucha contra el narcotráfico trastoca el orden jurídico e institucional del Estado mexicano: viola la Constitución”, escribes.

– “La farsa” retoma la visión de muchos investigadores que consulté y que cito porque es una inquietud saber si ésta es una política que debemos pagar con sangre, porque eso es lo que está pasando con México. La gente se da cuenta que sus derechos han sido trastocados por esta política pública. Nos parece normal que haya retenes en todas las carreteras, en cada no sé… cada determinados kilómetros, pero muy cercanos unos de otros. Nos parece normal que no sintamos seguridad de transitar por la noches las carreteras del país, incluso dentro de nuestras propias colonias ya nos da miedo salir a la calle si es más de la una de la mañana. Mucha gente ya se había dado cuenta que nuestros derechos han sido restringidos, el hecho de que ya sea una ley la que permita el arraigo, por ejemplo, que es una figura totalmente ilegal donde se nos trata como culpables sin siquiera podérnoslo demostrar, que nuestros derechos humanos han sido totalmente vulnerados. “La farsa” trata de documentar con datos duros esa posición crítica de que esta “guerra” no está combatiendo al crimen. Lo sostengo porque en el libro lo que se logra evidenciar, realmente documentar es que no ha habido mejor época para los cárteles mexicanos como el actual sexenio. En este sexenio es cuando los cárteles mexicanos se han posicionado no solamente al interior del país, en Estados Unidos, principal mercado de drogas, sino que se encuentran ya en 50 países. Su presencia en América Latina es impresionante. Están traficando droga, lavando dinero, tienen propiedades, lo hemos visto con los últimos decomisos contra el cártel de Sinaloa en Colombia. No vemos esos grandes decomisos en México, donde también tienen sus fuentes de lavado de dinero y se han posicionado incluso como los sucesores de Colombia. Así lo tratan los aparatos de inteligencia tanto de EU como de la UE y no puede ser que esta bonanza para ese negocio se dé en una guerra que nos genera 60 mil muertos.

– El 27 de mayo publicaste en Contralínea un adelanto del libro, extractos del capítulo 3, “México exporta cárteles”. Da luz sobre la magnitud del fortalecimiento mundial de al menos 5 cárteles mexicanos, encabezados por el de Sinaloa. ¿Por qué elegiste ese capítulo como adelanto?

– Porque no hay mayor evidencia de que no hay “guerra” que el hecho de que estén en 50 países, porque ellos han venido diversificando sus negocios. No solamente se trata del trasiego de drogas y lavado de dinero, sino porque ellos están entrando a todas las vertientes criminales, no solamente en México sino en el mundo. Si alguien tiene la capacidad de llegar a otras latitudes no está viendo mermado su negocio. Es el dinero el que abre fronteras de cualquier país, ellos tienen la capacidad de estar corrompiendo autoridades no solamente de México y EU, porque de alguna forma pasa la droga y de alguna forma regresa el dinero, sino de otros países de África, Europa y Asia. De donde traen la droga es justamente de la India, ahí se amafian con las redes criminales de ese país como también lo hacen en Perú, en Colombia para trasegar cocaína, pero también con Italia, por donde entra droga a Europa. También están en España y en Gran Bretaña. Y ya los estamos ubicando en ciertas regiones con determinados negocios.

 

La nueva guerra sucia

 

– Enunciare tópicos que manejas en “La farsa” y me gustaría que te detuvieras en alguno o algunos de ellos en los que quisieras ahondar: detenidos, desaparecidos, cárteles, paraíso de la impunidad, industria del lavado, víctimas, la nueva guerra sucia y la carrera armamentista.

– Pues en la nueva guerra sucia. Esta política ha traído desconcierto basado en la violencia. Ahora nos parece normal que a un vecino, a las 2 de la mañana, le allanen su casa y después lo culpen de narcotráfico y dos o tres años [después] de un proceso viciado digan que es inocente, que no tenía nada que ver con el narcotráfico y que le fue sembrada la evidencia. Este es, por un lado el riesgo que tenemos todos, somos personas humildes que estamos haciendo algún trabajo como lo eran los veracruzanos que fallecieron y sus cuerpos fueron arrojados a una vía de comunicación, 45 cuerpos de los que después supimos sus historias. Al principio eran criminales y después no, ya eran panaderos, campesinos, albañiles, en fin, esto se ha dado mucho en este tipo de matanzas masivas. La idea de este capítulo es como ver cuál ha sido el saldo social y ha sido muy grave, por ejemplo ahora los comandos armados se dedican a asesinar defensores de derechos humanos, periodistas, políticos. Nadie puede venir a decir que esto no tiene un componente político, porque además estos asesinatos son producto de la principal política pública de este gobierno. El punto es que a las caravanas de la muerte que conocimos en la guerra sucia de México y de todos los países de América Latina ahora se les llama comandos armados, que además pasan por carreteras custodiadas por militares porque todos hemos visto cómo se ha militarizado el país, todos sabemos que las carreteras tienen retenes. Son comandos que, no sé, pasarán en horarios de comida o yo no sé a qué hora. El punto es que nadie los ve, ni los militares, que se supone los están combatiendo. Al final vemos que muchas de las víctimas tienen este componente político, son más de 100 los que yo documento con nombre y apellido en el libro que tenían una labor de defensa de derechos humanos, incluyendo los periodistas, porque los periodistas son defensores del derecho a la libertad de expresión y del derecho a la información. Además son crímenes de lesa humanidad. Sobre los 13 mil desaparecidos en este sexenio se nos dice “bueno, pero 10 mil son levantados”… ¡no! el punto es que son 13 mil personas que jamás regresan a casa, que por ellas nadie pidió un rescate. No entran en el concepto del secuestro que conocemos como delito en específico, sino que entran en todo este proceso de limpieza social. Al final los pobres son los que se están muriendo, incluso cuando se trata de personas que están involucradas en el negocio de las drogas, se trata de la cadena más débil, los que están muriendo son campesinos, niños y jóvenes que no han tenido más oportunidad que dedicarse a eso. Es una estrategia totalmente deshumanizada… no tienen nada de inhumano el hecho de que todos, de alguna manera, nos sintamos agravados por esta política pública.

 

El cártel de Sinaloa y el “Chapo” Guzmán

 

– En términos reales el gobierno de Calderón ha beneficiado en mayor medida al cártel de Sinaloa, que encabeza Joaquín Guzmán Loera. Tu libro comienza con una descripción del afiche de la DEA donde se pide una recompensa de 5 millones de dólares por su captura. Sin lugar a dudas el cártel y su líder máximo son parte neurálgica para entender el estado actual de nuestro país.

– Empecé con él porque me parece que se ha hablado mucho del “Chapo” y al final, incluso si lo atraparan, si en el contexto de las elecciones fuera detenido para posicionar al partido del presidente, no pasaría nada. En términos generales la “guerra” no está combatiendo a ningún cártel pero el que se ha visto totalmente beneficiado es el de Sinaloa, de eso no hay duda. Solamente, de los mil 306 detenidos y consignados, 114 son del cártel de Sinaloa y se calcula que hay 500 mil mexicanos involucrados en el negocio de las drogas. La organización que tiene más criminales involucrados es la de Sinaloa y si nos dicen que solamente son 144 los que han detenido, de esos 144 ninguno de verdad representaba la cabeza de la organización, al menos la cabeza visible. ¿Qué mayor ejemplo tenemos de impunidad que ése, no? Que el “Chapo”, detenido en su momento y dejado libre en el sexenio de Fox en 2001, que todavía no lo encarcelen, no lo ubiquen, no lo asesinen porque también se da eso de las ejecuciones selectivas en contra de los criminales. Todavía no se haya dado eso cuando la tecnología a la que ha tenido acceso el gobierno de México y la tecnología que maneja EU, que además ya tiene aviones no tripulados en nuestra frontera -y no sabemos exactamente hasta dónde llegan esos aviones- no lo hayan localizado. Parece una burla para los mexicanos que están perdiendo a sus familiares, que han tenido algún tipo de agravio en todo el contexto de esta estrategia.

 

Ser periodista en México

 

– Apenas el 14 de mayo pasado fue encontrado sin vida en Xalapa, Veracruz, Víctor Manuel Báez Chino, editor de la sección policiaca del periódico Milenio Portal de Veracruz, director adjunto del diario virtual Reporteros Policiacos.com, después de secuestrado por hombres armados en sus oficinas. La organización Artículo 19 ha documentado 72 casos de periodistas asesinados desde el 2000. Ustedes en Contralínea han documentado estas muertes y han sido, en carne propia, víctimas de estos ataques hacia el periodismo independiente. ¿Qué significa para ti ser periodista?

– Hay un componente de riesgo muy importante para los periodistas en México y no solamente en mi caso. Pienso que todos los periodistas estamos en riesgo porque esta política ha sido particularmente agresiva. Que ahora se nos diga que son Los Zetas los que “nos están matando” a los integrantes de este gremio, nos lleva a la reflexión de que somos tan vulnerables y que cualquier información que publiquemos derive en el asesinato. Ha habido una situación muy grave que no se está reportando en su justa dimensión en México, respecto del asunto de los periodistas asesinados y desaparecidos. Es realmente alarmante que un país esté viendo cómo pierde a sus periodistas por la delincuencia organizada o sea el gobierno, porque además ha habido reportes muy puntuales de Artículo 19 y de Cencos donde apuntan que los principales agresores son agentes estatales. Contralínea ha sido ejemplo de cómo hemos vivido la violencia, a Contralínea le ha pasado todo: allanamientos, demandas, hemos sido acosados, amenazas de muerte y también tuvimos la pérdida de una compañera, Marcela Yarce, que después se comprobó que no fue por nuestra labor periodística, pero enmarca su asesinato en este contexto de violencia exacerbada. Contralínea ha pasado por momentos complicados. El veto publicitario es el mejor ejemplo de que el gobierno no nos quiere, somos una piedra en el zapato para ellos y me asumo como parte de este equipo.

 

La obra y su contexto

 

– “La farsa” se publica en un contexto de catarsis política en nuestra sociedad como no se había vivido desde 2006. Por un lado está el movimiento #YoSoy132. Por otro, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y los movimientos sociales de izquierda anticapitalistas que se mantienen luchando en todo el país. Hay un clima social preelectoral álgido y tu libro contribuye al empoderamiento colectivo de la sociedad a través de la información. ¿Cómo aprecias este contexto que rodea la publicación de tu obra? ¿Fue intencional lanzar el libro antes de que terminara el sexenio de Calderón?

– No sabía que iba a surgir el movimiento #YoSoy132 casi a la par de mi libro, porque casi aparecen al mismo tiempo. El proceso de edición lleva tiempo, pero interesaba que fuera una lectura que se tuviera a fin de sexenio, de revisar lo que ha pasado con esta política. Y qué mejor momento que el electoral ¿no? La efervescencia que hay por informarnos es diferente a la que se vive en otras épocas porque la gente quiere saber por quién votar. Era una manera de lanzar la evaluación de esta política pública en un momento en que la gente está ávida, con datos duros y precisos.

– Es casi inevitable que se escurra el tema de las redes sociales y casi inevitable que periodistas como tú recurran a estos espacios para la difusión de sus obras. En lo que respecta a tu libro, existe una serie de videos en YouTube con el título de “La Farsa”, se trata de al menos 8 videoclips de no más de 30 segundos que recogen algunos datos que manejas en el libro. Por otro lado, a través de tu cuenta en Twiter: @nancy_contra, haz difundido el primer capítulo del libro, se ha creado el hastag: # Lafarsa donde se publican continuamente comentarios sobre el libro y sobre ti. ¿Las redes sociales son, como lo expresan muchos usuarios, una especie de quinto poder?

– Han venido a dar un aire nuevo a todo lo que hemos vivido respecto de los medios de información, porque hasta antes del movimiento #YoSoy132, no habíamos visto la trascendencia de este tipo de informaciones que circulan en las redes. El hecho de que los jóvenes sean los que principalmente se informan a través de internet, de medios alternativos, nos lleva a ver las fallas del sistema mediático que tenemos en México. De hecho ellos han sido muy críticos hacia los medios tradicionales, Televisa y Tv Azteca y han pedido la democratización de los medios. Yo pienso que Contralínea ha sido uno de los medios que también ha exigido eso, la democratización de los medios, y revisar de manera crítica siempre todo lo que está pasando en el país, en el ámbito social, económico, político. Todos estamos entendiendo la importancia de las redes sociales y yo no he sido ajena. Contralínea tiene su propia página, tenemos las cuentas de twitter donde difundimos nuestros trabajos y parte del libro en las redes.

 

Revisión integral

 

– Para finalizar esta charla y como diría Julio Scherer cuando entrevistó hace muchos años a alguien que también entrevistaste, “¿una cosa que te importa muchísimo y que yo no haya tenido el acierto de preguntarte?”…

-Es una revisión de todas las partes importantes de la “guerra”. En el primer apartado revisamos resultados generales en materia de lavado, de consignados y detenidos, sentencias firmes, impunidad. En el segundo revisamos saldos sociales de esta “guerra” contra el narco. Y en la tercera revisamos el papel de EU, qué es lo que ha hecho respecto de México y de esta política pública que ellos han impulsado económicamente a través de la Iniciativa Mérida, que les ha abierto totalmente las puertas de nuestro país y qué es lo que han ganado ellos y lo que hemos ganado o perdido nosotros.

– ¿Dónde se puede adquirir el libro?

– En todas las librerías está disponible desde el 4 de junio y también en las tiendas donde venden libros como las del buhito… ¿no sé si pueda hacer el comercial completo?

-Sí, adelante.

– Bueno, en Sanborn’s, Liverpool y en todas estas tiendas que tienen su área de libros.

 

  • Calendario

    • diciembre 2018
      L M X J V S D
      « Ago    
       12
      3456789
      10111213141516
      17181920212223
      24252627282930
      31  
  • Buscar