La farsa

* A partir del 4 de junio comenzó a circular en librerías bajo la editorial Océano el libro “La farsa detrás de la guerra contra el narco”, escrito por la periodista Nancy Flores, reportera y editora de la revista Contralínea. “La farsa” es un cúmulo de datos duros que van contrapunteando a los discursos oficiales “triunfalistas” del gobierno de Felipe Calderón sobre la “guerra” que sostiene contra el narcotráfico y rebasa 60 mil muertos. El hilo del libro conduce a una conclusión reveladora: el gobierno federal no libra “guerra” alguna contra el narcotráfico, sino todo lo contrario.

 

Eduardo H.G/ Regeneración Radio/ Rebelión

Una mujer blanca, delgada, de mediana edad con el pelo ondulado, cara tranquila, frente lisa, ojos intensos, nariz redonda, labios estrechos y gorro a la cabeza sostiene un trozo de cartón en las manos. Al fondo se ven algunos jóvenes donde pareciera ser un parque público. La fotografía, aparentemente anónima, fue publicada hace unos días en el portal imgur.com, sitio que permite alojar y compartir todo tipo de imágenes de manera gratuita. La imagen lleva, al momento de redactar esto, al menos 223 mil 626 vistas, además de los cientos de shares (veces compartida) y las republicaciones en otros sitios y redes sociales. La razón, aparte de la mujer en sí, es la frase que lleva escrita (en inglés) en el trozo de cartón: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas, de George Orwell. La máxima recorre la red y miles se apropian de ella como un mensaje en contra del control y manipulación mediáticos. En México, al calor de la agitación social y política que pinta el 2012, hay voces que hacen de la oración orwelliana escrita en el cartón de la imagen, una práctica puntual, precisa y contundente.

A partir del 4 de junio comenzó a circular en librerías bajo la editorial Océano el libro “La farsa detrás de la guerra contra el narco”, escrito por la periodista Nancy Flores, reportera y editora de la revista Contralínea. “La farsa” es un cúmulo de datos duros que van contrapunteando a los discursos oficiales “triunfalistas” del gobierno de Felipe Calderón sobre la “guerra” que sostiene contra el narcotráfico y rebasa 60 mil muertos. El hilo del libro conduce a una conclusión reveladora: el gobierno federal no libra “guerra” alguna contra el narcotráfico, sino todo lo contrario.

– Quisiera que nos explicaras tu trabajo como periodista y por qué decidiste escribir este libro.

– Soy periodista de investigación, trabajo para la revista Contralínea donde hago reportajes y además edito la publicación. Hasta antes de que tuviéramos “La farsa”, había investigadores que habían criticado la estrategia de Calderón. Los medios también han hecho alguna crítica al respecto. Lo han abordado como una guerra fallida dando por hecho que existe la “guerra” contra el narcotráfico. Pero algunos investigadores dicen que la “guerra” no existe. Pero no había datos duros que confirmaran esta posición crítica y lo que me propuse con esta investigación periodística es tener los datos duros que nos llevaran a ver si existe la “guerra”, si es una guerra fallida o si es una guerra que en verdad no existe.

– ¿Como fue el trabajo de investigación de “La farsa”?

– Muy duro. Lo empecé a mediados de 2009 y lo terminé en 2011. No fueron 2 años y medio de investigación permanente, pero sí continuos. Y algo complicado a la hora de conseguir datos del gobierno federal, que es la parte que más costó trabajo en cuanto a la reunión de fuentes, porque te dan la información a cuentagotas, se agotan los tiempos que les obliga la Ley de Transparencia y al final te dicen que “no es con ellos”, que pidas a otra instancia. Lo otro, accedí a informes públicos del Departamento de Estado y de Justicia de Estados Unidos y de la Unión Europea, que también daban alguna referencia de la “guerra” contra el narcotráfico con datos específicos. Esa parte no fue tan complicada.

 

Datos y discursos

 

– La columna vertebral de tu libro son los datos duros que vas comparando con discursos oficiales que Calderón y su gobierno han emitido estos seis años. Citando al prologuista Jorge Luis Sierra, dibujas la gran contradicción que representa esta iniciativa de “guerra” ya que el narcotráfico en México se ha fortalecido, más que debilitarse, lo cual, creo, sostiene la tesis central de tu libro.

– La idea de comparar los discursos es revelar que hay una farsa. En los discursos del presidente y en general de los representantes del gobierno federal nos hablan de que están combatiendo al narcotráfico, que esta guerra la vamos a ganar, que hay una estrategia que está dando resultados. Lo que yo iba encontrado era todo lo contrario. Por ejemplo, dicen que “estamos metiendo a los delincuentes a la cárcel para que no dañen a tu familia y la droga no llegue a tus hijos”. Este ha sido el discurso de todo el sexenio y al pedirle a la PGR que nos dijera cuántos de esos que ha detenido, al final ha consignado, que sí se presentaron ante la autoridad porque tuvo elementos suficientes para que se les inicie un juicio, tenían relación con los cárteles, responde que solamente son mil 306 y en el discurso el gobierno venía informando a la Cámara de Diputados y a la Cámara de Senadores que eran 121 mil los detenidos en el contexto de la guerra. De 121 mil solamente mil 306 realmente tenían vínculos con el narcotráfico. Ciento veinte mil quién sabe a qué se dedicaban o por qué los detuvieron en el contexto de la guerra. Y luego el Consejo de la Judicatura. Los datos que me proporciona por Transparencia son similares: 53 sentencias firmes por lavado de dinero en el mismo periodo estudiado, 735 por delincuencia organizada, alrededor de 250 por secuestro cuando en México se calcula que hay 45 secuestros al día. No había evidencia de que en la parte que le toca al Poder Judicial estuviera realmente dando frutos esta guerra. Lo que hay, por el contrario, es un saldo humanitario impresionante: estamos hablando de alrededor de 60 mil muertos, y que algunos medios como el semanario Zeta de Tijuana ya habla de 70 mil. La verdad es que no se tiene la cifra, podrían ser 100 mil. Es muchísima gente la que está muriendo y no necesariamente se trata de una lucha cuerpo a cuerpo, como también se nos ha querido venir diciendo, que todos los muertos tienen relación con el narcotráfico y que prácticamente todos los muertos se generan en enfrentamientos. Ha habido familias masacradas simplemente por ir en una carretera y desde un retén les disparan, o los chicos del Tec. de Monterrey que fueron asesinados dentro de sus propias instalaciones, que después se les quisieron sembrar armas. Nos dimos cuenta de que en México ya estaba vigente este concepto de los falsos positivos, donde personas inocentes son incriminadas arbitrariamente por las autoridades en delitos para justificar su muerte. Nos damos cuenta que hay 250 mil desplazados en México, mil 300 niños que han perdido la vida en este fuego cruzado, que puede ser que sí había un enfrentamiento y por alguna situación el niño fue baleado o en retenes, que es más grave. El saldo ha sido muy grande para los escasos resultados y nos revelan que justamente no hay una “guerra”.

 

La “guerra” no es contra el narco

 

– En la página 36 de “La farsa”, leemos: “la guerra contra el narcotráfico es una decisión unilateral de Calderón, impuesta por las políticas del Pentágono para militarizar las instituciones de seguridad en México. Si realmente se quiere hacer una lucha en contra del narcotráfico, ésta es una decisión errada, porque el asunto no se resuelve [mediante] la fuerza, sino [con] políticas de carácter social”. Es una cita que haces del general brigadier y politólogo Francisco Gallardo. “La estrategia tuvo por objeto -legitimar la llegada de Calderón al poder, en virtud de que fue impuesto por un golpe de Estado técnico militar a través del Estado Mayor Presidencial. El involucramiento del Ejército en la lucha contra el narcotráfico trastoca el orden jurídico e institucional del Estado mexicano: viola la Constitución”, escribes.

– “La farsa” retoma la visión de muchos investigadores que consulté y que cito porque es una inquietud saber si ésta es una política que debemos pagar con sangre, porque eso es lo que está pasando con México. La gente se da cuenta que sus derechos han sido trastocados por esta política pública. Nos parece normal que haya retenes en todas las carreteras, en cada no sé… cada determinados kilómetros, pero muy cercanos unos de otros. Nos parece normal que no sintamos seguridad de transitar por la noches las carreteras del país, incluso dentro de nuestras propias colonias ya nos da miedo salir a la calle si es más de la una de la mañana. Mucha gente ya se había dado cuenta que nuestros derechos han sido restringidos, el hecho de que ya sea una ley la que permita el arraigo, por ejemplo, que es una figura totalmente ilegal donde se nos trata como culpables sin siquiera podérnoslo demostrar, que nuestros derechos humanos han sido totalmente vulnerados. “La farsa” trata de documentar con datos duros esa posición crítica de que esta “guerra” no está combatiendo al crimen. Lo sostengo porque en el libro lo que se logra evidenciar, realmente documentar es que no ha habido mejor época para los cárteles mexicanos como el actual sexenio. En este sexenio es cuando los cárteles mexicanos se han posicionado no solamente al interior del país, en Estados Unidos, principal mercado de drogas, sino que se encuentran ya en 50 países. Su presencia en América Latina es impresionante. Están traficando droga, lavando dinero, tienen propiedades, lo hemos visto con los últimos decomisos contra el cártel de Sinaloa en Colombia. No vemos esos grandes decomisos en México, donde también tienen sus fuentes de lavado de dinero y se han posicionado incluso como los sucesores de Colombia. Así lo tratan los aparatos de inteligencia tanto de EU como de la UE y no puede ser que esta bonanza para ese negocio se dé en una guerra que nos genera 60 mil muertos.

– El 27 de mayo publicaste en Contralínea un adelanto del libro, extractos del capítulo 3, “México exporta cárteles”. Da luz sobre la magnitud del fortalecimiento mundial de al menos 5 cárteles mexicanos, encabezados por el de Sinaloa. ¿Por qué elegiste ese capítulo como adelanto?

– Porque no hay mayor evidencia de que no hay “guerra” que el hecho de que estén en 50 países, porque ellos han venido diversificando sus negocios. No solamente se trata del trasiego de drogas y lavado de dinero, sino porque ellos están entrando a todas las vertientes criminales, no solamente en México sino en el mundo. Si alguien tiene la capacidad de llegar a otras latitudes no está viendo mermado su negocio. Es el dinero el que abre fronteras de cualquier país, ellos tienen la capacidad de estar corrompiendo autoridades no solamente de México y EU, porque de alguna forma pasa la droga y de alguna forma regresa el dinero, sino de otros países de África, Europa y Asia. De donde traen la droga es justamente de la India, ahí se amafian con las redes criminales de ese país como también lo hacen en Perú, en Colombia para trasegar cocaína, pero también con Italia, por donde entra droga a Europa. También están en España y en Gran Bretaña. Y ya los estamos ubicando en ciertas regiones con determinados negocios.

 

La nueva guerra sucia

 

– Enunciare tópicos que manejas en “La farsa” y me gustaría que te detuvieras en alguno o algunos de ellos en los que quisieras ahondar: detenidos, desaparecidos, cárteles, paraíso de la impunidad, industria del lavado, víctimas, la nueva guerra sucia y la carrera armamentista.

– Pues en la nueva guerra sucia. Esta política ha traído desconcierto basado en la violencia. Ahora nos parece normal que a un vecino, a las 2 de la mañana, le allanen su casa y después lo culpen de narcotráfico y dos o tres años [después] de un proceso viciado digan que es inocente, que no tenía nada que ver con el narcotráfico y que le fue sembrada la evidencia. Este es, por un lado el riesgo que tenemos todos, somos personas humildes que estamos haciendo algún trabajo como lo eran los veracruzanos que fallecieron y sus cuerpos fueron arrojados a una vía de comunicación, 45 cuerpos de los que después supimos sus historias. Al principio eran criminales y después no, ya eran panaderos, campesinos, albañiles, en fin, esto se ha dado mucho en este tipo de matanzas masivas. La idea de este capítulo es como ver cuál ha sido el saldo social y ha sido muy grave, por ejemplo ahora los comandos armados se dedican a asesinar defensores de derechos humanos, periodistas, políticos. Nadie puede venir a decir que esto no tiene un componente político, porque además estos asesinatos son producto de la principal política pública de este gobierno. El punto es que a las caravanas de la muerte que conocimos en la guerra sucia de México y de todos los países de América Latina ahora se les llama comandos armados, que además pasan por carreteras custodiadas por militares porque todos hemos visto cómo se ha militarizado el país, todos sabemos que las carreteras tienen retenes. Son comandos que, no sé, pasarán en horarios de comida o yo no sé a qué hora. El punto es que nadie los ve, ni los militares, que se supone los están combatiendo. Al final vemos que muchas de las víctimas tienen este componente político, son más de 100 los que yo documento con nombre y apellido en el libro que tenían una labor de defensa de derechos humanos, incluyendo los periodistas, porque los periodistas son defensores del derecho a la libertad de expresión y del derecho a la información. Además son crímenes de lesa humanidad. Sobre los 13 mil desaparecidos en este sexenio se nos dice “bueno, pero 10 mil son levantados”… ¡no! el punto es que son 13 mil personas que jamás regresan a casa, que por ellas nadie pidió un rescate. No entran en el concepto del secuestro que conocemos como delito en específico, sino que entran en todo este proceso de limpieza social. Al final los pobres son los que se están muriendo, incluso cuando se trata de personas que están involucradas en el negocio de las drogas, se trata de la cadena más débil, los que están muriendo son campesinos, niños y jóvenes que no han tenido más oportunidad que dedicarse a eso. Es una estrategia totalmente deshumanizada… no tienen nada de inhumano el hecho de que todos, de alguna manera, nos sintamos agravados por esta política pública.

 

El cártel de Sinaloa y el “Chapo” Guzmán

 

– En términos reales el gobierno de Calderón ha beneficiado en mayor medida al cártel de Sinaloa, que encabeza Joaquín Guzmán Loera. Tu libro comienza con una descripción del afiche de la DEA donde se pide una recompensa de 5 millones de dólares por su captura. Sin lugar a dudas el cártel y su líder máximo son parte neurálgica para entender el estado actual de nuestro país.

– Empecé con él porque me parece que se ha hablado mucho del “Chapo” y al final, incluso si lo atraparan, si en el contexto de las elecciones fuera detenido para posicionar al partido del presidente, no pasaría nada. En términos generales la “guerra” no está combatiendo a ningún cártel pero el que se ha visto totalmente beneficiado es el de Sinaloa, de eso no hay duda. Solamente, de los mil 306 detenidos y consignados, 114 son del cártel de Sinaloa y se calcula que hay 500 mil mexicanos involucrados en el negocio de las drogas. La organización que tiene más criminales involucrados es la de Sinaloa y si nos dicen que solamente son 144 los que han detenido, de esos 144 ninguno de verdad representaba la cabeza de la organización, al menos la cabeza visible. ¿Qué mayor ejemplo tenemos de impunidad que ése, no? Que el “Chapo”, detenido en su momento y dejado libre en el sexenio de Fox en 2001, que todavía no lo encarcelen, no lo ubiquen, no lo asesinen porque también se da eso de las ejecuciones selectivas en contra de los criminales. Todavía no se haya dado eso cuando la tecnología a la que ha tenido acceso el gobierno de México y la tecnología que maneja EU, que además ya tiene aviones no tripulados en nuestra frontera -y no sabemos exactamente hasta dónde llegan esos aviones- no lo hayan localizado. Parece una burla para los mexicanos que están perdiendo a sus familiares, que han tenido algún tipo de agravio en todo el contexto de esta estrategia.

 

Ser periodista en México

 

– Apenas el 14 de mayo pasado fue encontrado sin vida en Xalapa, Veracruz, Víctor Manuel Báez Chino, editor de la sección policiaca del periódico Milenio Portal de Veracruz, director adjunto del diario virtual Reporteros Policiacos.com, después de secuestrado por hombres armados en sus oficinas. La organización Artículo 19 ha documentado 72 casos de periodistas asesinados desde el 2000. Ustedes en Contralínea han documentado estas muertes y han sido, en carne propia, víctimas de estos ataques hacia el periodismo independiente. ¿Qué significa para ti ser periodista?

– Hay un componente de riesgo muy importante para los periodistas en México y no solamente en mi caso. Pienso que todos los periodistas estamos en riesgo porque esta política ha sido particularmente agresiva. Que ahora se nos diga que son Los Zetas los que “nos están matando” a los integrantes de este gremio, nos lleva a la reflexión de que somos tan vulnerables y que cualquier información que publiquemos derive en el asesinato. Ha habido una situación muy grave que no se está reportando en su justa dimensión en México, respecto del asunto de los periodistas asesinados y desaparecidos. Es realmente alarmante que un país esté viendo cómo pierde a sus periodistas por la delincuencia organizada o sea el gobierno, porque además ha habido reportes muy puntuales de Artículo 19 y de Cencos donde apuntan que los principales agresores son agentes estatales. Contralínea ha sido ejemplo de cómo hemos vivido la violencia, a Contralínea le ha pasado todo: allanamientos, demandas, hemos sido acosados, amenazas de muerte y también tuvimos la pérdida de una compañera, Marcela Yarce, que después se comprobó que no fue por nuestra labor periodística, pero enmarca su asesinato en este contexto de violencia exacerbada. Contralínea ha pasado por momentos complicados. El veto publicitario es el mejor ejemplo de que el gobierno no nos quiere, somos una piedra en el zapato para ellos y me asumo como parte de este equipo.

 

La obra y su contexto

 

– “La farsa” se publica en un contexto de catarsis política en nuestra sociedad como no se había vivido desde 2006. Por un lado está el movimiento #YoSoy132. Por otro, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y los movimientos sociales de izquierda anticapitalistas que se mantienen luchando en todo el país. Hay un clima social preelectoral álgido y tu libro contribuye al empoderamiento colectivo de la sociedad a través de la información. ¿Cómo aprecias este contexto que rodea la publicación de tu obra? ¿Fue intencional lanzar el libro antes de que terminara el sexenio de Calderón?

– No sabía que iba a surgir el movimiento #YoSoy132 casi a la par de mi libro, porque casi aparecen al mismo tiempo. El proceso de edición lleva tiempo, pero interesaba que fuera una lectura que se tuviera a fin de sexenio, de revisar lo que ha pasado con esta política. Y qué mejor momento que el electoral ¿no? La efervescencia que hay por informarnos es diferente a la que se vive en otras épocas porque la gente quiere saber por quién votar. Era una manera de lanzar la evaluación de esta política pública en un momento en que la gente está ávida, con datos duros y precisos.

– Es casi inevitable que se escurra el tema de las redes sociales y casi inevitable que periodistas como tú recurran a estos espacios para la difusión de sus obras. En lo que respecta a tu libro, existe una serie de videos en YouTube con el título de “La Farsa”, se trata de al menos 8 videoclips de no más de 30 segundos que recogen algunos datos que manejas en el libro. Por otro lado, a través de tu cuenta en Twiter: @nancy_contra, haz difundido el primer capítulo del libro, se ha creado el hastag: # Lafarsa donde se publican continuamente comentarios sobre el libro y sobre ti. ¿Las redes sociales son, como lo expresan muchos usuarios, una especie de quinto poder?

– Han venido a dar un aire nuevo a todo lo que hemos vivido respecto de los medios de información, porque hasta antes del movimiento #YoSoy132, no habíamos visto la trascendencia de este tipo de informaciones que circulan en las redes. El hecho de que los jóvenes sean los que principalmente se informan a través de internet, de medios alternativos, nos lleva a ver las fallas del sistema mediático que tenemos en México. De hecho ellos han sido muy críticos hacia los medios tradicionales, Televisa y Tv Azteca y han pedido la democratización de los medios. Yo pienso que Contralínea ha sido uno de los medios que también ha exigido eso, la democratización de los medios, y revisar de manera crítica siempre todo lo que está pasando en el país, en el ámbito social, económico, político. Todos estamos entendiendo la importancia de las redes sociales y yo no he sido ajena. Contralínea tiene su propia página, tenemos las cuentas de twitter donde difundimos nuestros trabajos y parte del libro en las redes.

 

Revisión integral

 

– Para finalizar esta charla y como diría Julio Scherer cuando entrevistó hace muchos años a alguien que también entrevistaste, “¿una cosa que te importa muchísimo y que yo no haya tenido el acierto de preguntarte?”…

-Es una revisión de todas las partes importantes de la “guerra”. En el primer apartado revisamos resultados generales en materia de lavado, de consignados y detenidos, sentencias firmes, impunidad. En el segundo revisamos saldos sociales de esta “guerra” contra el narco. Y en la tercera revisamos el papel de EU, qué es lo que ha hecho respecto de México y de esta política pública que ellos han impulsado económicamente a través de la Iniciativa Mérida, que les ha abierto totalmente las puertas de nuestro país y qué es lo que han ganado ellos y lo que hemos ganado o perdido nosotros.

– ¿Dónde se puede adquirir el libro?

– En todas las librerías está disponible desde el 4 de junio y también en las tiendas donde venden libros como las del buhito… ¿no sé si pueda hacer el comercial completo?

-Sí, adelante.

– Bueno, en Sanborn’s, Liverpool y en todas estas tiendas que tienen su área de libros.

 

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Entre la literatura y el Cártel de Cozumel

* “Hay dos narcoliteraturas: la policiaca y la literaria, explica Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978), autor del libro de relatos Arrastrar esa sombra y de la novela Morirse de memoria (los dos en la editorial Sexto Piso). La segunda aborda el fenómeno no como personaje sino como escenario, como un espacio en el que tienen cabida tanto las historias de amor como la emigración y los parricidios. El aumento de la violencia social va siempre acompañado del aumento de violencias más íntimas”.

 

José Martínez

Érase una vez en el Caribe que un día la sociedad amaneció narcotizada. Como en el cuento de Pedro y el lobo nadie tomó en serio las advertencias, muchos pensaban que se trataba de un juego, hasta que ¡Zas! la narcopolítica había penetrado como la humedad infiltrándose en todos los sectores de la sociedad, llegó hasta la cúpula del poder y cayó el primer narco-gobernador. Ahora los órganos de inteligencia tanto de México como de Estados Unidos han puesto su atención en Quintana Roo. Algo huele mal por eso se escuchan nuevos gritos de advertencia: ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Que viene el lobo!

Para nadie es un secreto que el principal destino turístico del país es el paraíso de las drogas y uno de los principales lugares del lavado de dinero. El hecho es, que la política en Quintana Roo es manejada al estilo de los cárteles de la droga. Así que cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia. Y si no que le pregunten al ex gobernador Félix González Canto, convertido hoy no sólo en el poder tras el trono, sino en el candidato de la impunidad.

La pregunta es ¿cómo opera en Quintana Roo el cártel político en el poder?

Un cártel político a semejanza de un cártel de las drogas, en esencia, es una situación en la que un grupo o clan controla la gran parte de las posiciones políticas en el poder mediante el acuerdo entre dos o más familias o grupos pertenecientes a un mismo partido, con la finalidad de: reducir o eliminar la competencia dentro del territorio estatal, en el que ‘operando’ cada grupo político por separado aumentaría la competencia entre las distintas familias.

De esa manera el cártel establece un mayor control sobre la clase política, y por tanto de los cargos de elección popular.

Los jefes del cártel político obtienen mayor poder de control y también un ‘sobre beneficio’, en detrimento de los intereses de los políticos bisoños que aspiran a un puesto de elección popular o un cargo en la burocracia.

En un cártel, al igual que en un monopolio, los que controlan el poder obtienen el máximo beneficio posible, pero a diferencia de este, el ‘excedente de ganancias’, es decir a los beneficios que hubiesen obtenido en ausencia de acuerdo, se reparte entre los políticos o jefes de los grupos que cooperan, y además en el cartel no se controla toda la clase política porque siempre habrá grupos de oposición, en cambio en un monopolio político, en este caso en una dictadura el único jefe del Estado es quien controla a todos los grupos políticos.

El ejemplo de cártel más famoso a nivel nacional es el PRI (Partido Revolucionario Institucional), que aunque en la práctica controla la mayoría de la gubernaturas, apenas alcanza a “gobernar” con menos del 50% de los congresos y municipios. Por tanto, no hace falta que el cártel controle la mayoría de los grupos políticos para tener el control político del país.

Es así que las principales actuaciones que un cártel político suele acometer para mantener el ‘control’ en alguna entidad, son las siguientes:

Fijan las reglas del juego o cómo compartirán el poder para mantener el control social, este tipo de acuerdos dependen de los arreglos con cada partido, y por tanto de la fuerza electoral que dispongan estos los beneficios también serán mayores. Más y mejores posiciones en el gabinete de un gobierno, más cargos en los congresos locales y mejor repartición de alcaldías.

Sin embargo, el jefe del cártel limita la “oferta” disponible, con el propósito de que la competencia aumente por el juego de la oferta y la demanda entre los grupos rivales.

Apoyándose en lo anterior, quienes controlan el liderazgo del cártel obtienen de manera conjunta los mayores beneficios posibles de la repartición de las cuotas del poder.

Los cárteles, obviamente tienen sus seguidores y sus detractores, las principales reivindicaciones de los primeros es que añaden flexibilidad a la clientela política burocrática y electoral, proporcionan un reparto más equitativo de los “beneficios”, y sobretodo ayudan a eliminar el efecto de descontento social y político al repartir cuotas de poder.

Por otro lado, sus detractores critican que se perjudica a los políticos que no cuentan con el suficiente respaldo de un grupo político al tener que soportar una mayor competencia o imposición, así que hacer política de manera independiente es casi imposible.

En su forma ‘pura’ los cárteles atentan contra bienestar social a costa de la clientela electoral o votantes. Los cárteles son una forma ruin de mantener el control político mediante operaciones de corrupción en todos sus aspectos.

De esta forma ha venido operando el cártel de Cozumel que a toda costa ha impuesto sus reglas y cuotas de poder.

El tema del poder y el narco en el Caribe ha llamado la atención de los escritores, pero queda claro que la ficción jamás superara a la realidad. Así, Juan Villoro ha recreado en su nueva novela Arrecife el tema de las drogas a partir de una aventura en Cancún.

Como apunta Luis Prados a propósito de la novela de Villoro y la narcoliteratura, “en la era del narco parecería evidente que el éxito de novelas como El poder del perro, de Don Winslow; La reina del Sur, de Arturo Pérez-Reverte, o Balas de plata, de Elmer Mendoza, se debe a que describen con solvencia no solo la realidad sino también el momento que atraviesan las letras mexicanas. La ficción confirmaría los prejuicios del lector de prensa y las editoriales extranjeras atenderían esa demanda. Así se ve desde el exterior: en México se escribe narcoliteratura. Un género protagonizado por traficantes, prostitutas, travestis, cadáveres decapitados y muertos por sobredosis, habitantes de un mundo sórdido, violento y corrupto. Como todos los tópicos tiene parte de verdad –aún se escribe mucha narcoliteratura en este país–, pero no toda. Al menos no entre buena parte de los nuevos narradores mexicanos nacidos en los años setenta.

“Hay dos narcoliteraturas: la policiaca y la literaria, explica Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978), autor del libro de relatos Arrastrar esa sombra y de la novela Morirse de memoria (los dos en la editorial Sexto Piso). La segunda aborda el fenómeno no como personaje sino como escenario, como un espacio en el que tienen cabida tanto las historias de amor como la emigración y los parricidios. El aumento de la violencia social va siempre acompañado del aumento de violencias más íntimas”.

Lo importante en este tema de la narcoliteratura es que los políticos al estilo Mario Villanueva pasan a convertirse en personajes de este tipo de historias. ¿Cuántos políticos más se sumarán a esta lista y acaso terminen en prisión como guiñapos del poder? ¿El ex gobernador Félix González Canto terminará convertido en personaje de la narcoliteratura?

Por ahora Quintana Roo ante el vacío cultural e histórico que padece, ocupa la atención de los escritores para desarrollar nuevas historias dentro del nuevo género de la narcoliteratura. ¿Cuántas historias se podrían escribir sobre las complicidades del poder y el narco, la política y el narco, la corrupción y la impunidad? Qué le pregunten a Félix González Canto.

Desde Barcelona la periodista Amelia Castilla habla con Juan Villoro sobre su nueva novela titulada Arrecife, un complejo relato sobre la amistad en la “tercera juventud”, con el narco de por medio.

En Arrecife el núcleo argumental básico se corresponde con una postal paradisiaca, en un hotel de descanso en el Caribe, como hay tantos en México, pero en el lateral, una situación, que no se identifica si es de juego o de violencia, altera el paisaje. Esa arista perturbadora tiene que ver con la búsqueda de emociones fuertes y el contexto de violencia en que se mueve México, con cuerpos que aparecen decapitados en lugares imprevistos, como Acapulco, antaño edén turístico.

En el argumento de Arrecife, un músico retirado funda un resort en Kukulcán con extraños programas de entretenimiento: un paraíso que incluye ciertas dosis de crueldad. No es casual que la novela transcurra en el lugar de los antiguos mayas, una zona de esplendor religioso y gastronómico, donde solo quedan los mayas diminutos que sirven cócteles en los bares.

El fondo y la atmósfera de la novela tienen que ver con esa coreografía de la violencia, pero otra de las lecturas posibles de Arrecife se relaciona con la progresión de la contracultura. Frente a los que sostienen que todas las puertas que se abrieron en los sesenta encontraron una clausura apocalíptica o dramática en la realidad —la revolución sexual se truncó con el sida, la búsqueda de rebeldía acabó en la crisis de las ideologías, los paraísos artificiales de la droga en el narcotráfico—, Villoro defiende que los grandes anhelos de esos años no fracasaron del todo: “La contracultura ha encontrado formas de realizarse en otros ámbitos, como la realidad virtual y las nuevas tecnologías. Silicon Valley está lleno de hippies que pasaron del éxtasis del LSD al digital, encontraron visiones sustitutas”, cuenta.

Quizás por eso, los protagonistas de su novela son precisamente dos músicos de esa generación, marcados por las secuelas de las drogas: “Pasé la primera parte de mi vida tratando de despertarme, la segunda tratando de dormir, me pregunto si habrá una tercera parte”, cuenta el narrador en el arranque de la novela. La obra transcurre justamente en ese tercer acto de la vida de las personas en el que, sin llegar a sentir la vejez, se enfrentan a los desafíos de las últimas oportunidades. Arrecife es también una novela sobre la amistad y el amor. “Es difícil encontrar temas más interesantes que la familia y los amigos. El gran enigma es la persona que está más cerca de ti”.

“La literatura –dice Villoro – es una forma del misterio, cuando uno escribe aclara el mundo a través de un libro”…

Luis Prados en una encuesta entre jóvenes novelistas refiere que los escritores mexicanos del siglo XXI no forman una generación ni una facción ni un movimiento. Son un grupo de voces individuales enfrentadas a una realidad mucho más amplia que la del narco en el que las cosas están dejando de ser lo que eran. Como dice Emiliano Monge: “Lo único común entre los escritores mexicanos contemporáneos es que todos somos cazadores y que son tantas las bestias y es tan grande el paraje que no tenemos que encontrarnos ni compartir presas ni armas”.

“Los narradores más recientes, en su mayoría, ya no se plantean la dicotomía local-global como un problema que haya que superar. Escribimos desde un espacio plenamente global. Yo creo que México es Manhattan y es Berlín aunque los gringos y los alemanes no lo sepan todavía. Y por supuesto, no es una barbaridad decir que somos hijos del TLC”, dice Luiselli.

Antonio Ortuño coincide en que con el TLC “México entra en la posmodernidad”, pero advierte contra “el esnobismo y la mirada de turista” en las letras mexicanas: “Personalmente me interesan mucho más las vidas de los mexicanos que cruzan a nado la frontera con Estados Unidos que las de los que van allí a sacarse su quinto doctorado”.

“Cada quien es hijo de su tiempo y nuestro tiempo innegablemente es el del TLC y el del alzamiento zapatista”, afirma por su parte Monge. “Pero también somos hijos de la desolación que dejaron a su paso nuestros padres, quienes vendieron su esperpéntica derrota de 1968 como una gran victoria. Es decir, somos hijos de una democracia de papel que no funciona en la práctica. Somos hijos del desengaño y el egoísmo y nietos de la injusticia, el desorden y una cierta solidaridad ya agotada”, añade.

Esta percepción de un México a la deriva es un rasgo común de estos jóvenes escritores tanto como lo es la enorme influencia de los autores de Estados Unidos desde Stephen King a John Fante pasando por los beatniks y Jonathan Franzen. Una influencia que, dada la proximidad geográfica, viene de antiguo pero que se corresponde, como dice Monge, con la actual presencia norteamericana “en la televisión, la radio, la vestimenta y hasta la comida mexicana de ahora”. “Solo falta que la música country se imponga a la música de banda”.

A esta tendencia se une la voluntad de muchos escritores jóvenes de romper con los grandes nombres de la literatura mexicana (Paz, Rulfo, Fuentes), autores que van perdiendo señal para las nuevas generaciones, y recuperar a figuras como José Emilio Pacheco, Jorge Ibargüengoitia y Sergio Pitol. “Pero por más que se ponga de moda matar al padre y matar a los caudillos literarios, los buenos libros van a seguir ejerciendo su influencia”, coinciden Valeria Luiselli y Antonio Ortuño.

¿Cuántas historias estarán por escribirse a partir de nuestra realidad política y su vinculación con el mundo de las drogas? Como Juan Villoro en su nueva novela Arrecife, en el Caribe hay muchas historias por contarse.

En el Caribe la realidad supera a la ficción. Hay muchas historias por escribirse a partir de la impunidad, la corrupción, el poder y el narco. La periodista Lidya Cacho comenzó por abrir esa veta con su libro Los demonios del edén. Lo cierto es que pronto vendrán nuevas historias, alguna de ellas sobre pederastia y política. Por lo pronto hay que agradecer que novelas como Arrecife tengan como escenario al Caribe donde hay abundancia de personajes pero ausencia de narradores.

* Periodista y escritor. Es Consejero de la Fundación para la Libertad de Expresión (Fundalex). Es autor del libro Carlos Slim, Los secretos del hombre más rico del mundo, y otros títulos, como Las enseñanzas del profesor. Indagación de Carlos Hank González. Lecciones de Poder, impunidad y Corrupción y La Maestra, vida y hechos del Elba Esther Gordillo.

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