Poder en venta

* “Pintoresca y pícara como suele ser la relación prensa-PRI, por decir lo menos, los casos pequeños de corrupción quedan “archivados” en donde casi nadie los puede tomar. Y esa fue la situación que enfrentó el director de una pequeña revista en Toluca, a quien, en plena campaña, los priistas le ofrecieron un “negocio” redondo en el que ganaría 60 millones de pesos, libres de paja y polvo”. Este reportaje es parte del libro Los Golden Boy’s, del periodista mexiquense Francisco Cruz Jiménez, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

Los políticos y gobernantes siempre han estado rodeados de escándalos, malas decisiones, grandes obras para beneficio de unos cuantos y proyectos personales que los encumbran o aseguran en el siguiente escalafón del poder; pero el modelo informativo sólo permite conocer algunos de los muy llamativos.

Por ejemplo, el 11 de junio de 2012, el diario británico The Guardian recuperó cables elaborados por diplomáticos de Estados Unidos en México y divulgados por Wikileaks, en los que, desde 2009, se alertaba sobre la relación entre Televisa y Peña Nieto y en los que se expresaba inquietud de ese país por tales nexos. Y que Peña, en particular, “está pagando por debajo de la mesa a medios de comunicación para una favorable cobertura de noticias”.

“Los cables de los Estados Unidos retoman lo publicado por The Guardian en el sentido de que el candidato favorito en las elecciones presidenciales de México ha pagado por cobertura televisiva favorable. […] Es un hecho ampliamente aceptado, por ejemplo, que el monopolio Televisa respalda al gobernador (Peña) y le proporciona una extraordinaria cantidad de tiempo de emisión y otros tipos de cobertura. […] Ha puesto en marcha importantes proyectos de obras públicas en las zonas seleccionadas por los votos y, tanto analistas como dirigentes priistas, han expresado a funcionarios políticos de Estados Unidos su creencia de que él está pagando a los medios de comunicación para una cobertura favorable, así como potencialmente el financiamiento de encuestadores para influir en los resultados de sus encuestas. […] Los periodistas y sus jefes han sido más o menos libres para dedicarse a la larga tradición electoral mexicana de vender notas favorables y una cobertura para la difusión de candidatos y partidos”.

Documentos consultados por el rotativo inglés estaban archivados bajo el nombre de Yessica de Lamadrid que en esos momentos era empleada de (la empresa) Radar y amante de Peña. De Lamadrid declaró a The Guardian que ella creía que los documentos eran falsos. También dijo que, en los proyectos promocionales en los que trabajó para políticos, nunca se pusieron contenidos a la venta.

Televisa emitió un indignado rechazo y cuestionó la veracidad de la información de The Guardian, pero los señalamientos, se dijo, están respaldados por los documentos enviados por la Embajada de Estados Unidos en la ciudad de México a otros organismos gubernamentales de Estados Unidos en 2009.

En respuesta a la negación de Peña y a la demanda de Televisa de una disculpa, el rotativo inglés emitió una declaración pública: “The Guardian se ha comprometido a informar sobre temas relacionados con México y mantenemos lo dicho ante el artículo en cuestión”.

Documentos publicados por The Guardian muestran que Peña pagó alrededor de 3 millones de dólares por 180 “noticias” favorables en Televisa, además de varias emisiones especiales de noticias, entrevistas con el candidato y otra cobertura sesgada. Además pagó cerca de 2 millones de dólares por anuncios pagados en la televisora.

Pintoresca y pícara como suele ser la relación prensa-PRI, por decir lo menos, los casos pequeños de corrupción quedan “archivados” en donde casi nadie los puede tomar. Y esa fue la situación que enfrentó el director de una pequeña revista en Toluca, a quien, en plena campaña, los priistas le ofrecieron un “negocio” redondo en el que ganaría 60 millones de pesos, libres de paja y polvo.

El editor deja a un lado la parsimonia y recuerda cómo se enteró del fabuloso  negocio y cómo llegaron hasta él: “Eran las 4 de la tarde del viernes 1 de junio del 2012. Una junta secreta se realizaba en el PRI del Estado de México, en la sede de las oficinas tricolores de la capital mexiquense, sobre la avenida Alfredo del Mazo, nombre de tres integrantes del enjoyado Grupo Atlacomulco, impulsor político de la carrera pública de Enrique Peña Nieto.

Esa reunión tenía como objetivo operar las órdenes provenientes del PRI nacional para recuperar el terreno que su aspirante presidencial había perdido. Un estudio interno revelaba la catástrofe. Peña sería tercer lugar en las encuestas si el voto duro no funcionaba el domingo 1 de julio. Así, en uno de los salones de aquella bodega-edificio donde despachara alguna vez Arturo Montiel Rojas, como presidente del Comité Directivo Estatal, un grupo de operadores sin nombre ni rostro conocido, implementó la campaña.

Cerca de mil millones de pesos se moverían desde Toluca y serían encauzados a la compra de utilitarios. De buenas a primeras, impresores y vendedores de publicidad se encontraron con pedidos urgentes y multimillonarios: 6 millones de playeras blancas, por 60 millones de pesos; 3 millones de pelotitas antiestrés por 18 millones de pesos, 170 mil lonas con el rostro del candidato por 10 millones de pesos, 5 millones de bolsas ecológicas por 25 millones de pesos, un número indeterminado de ceniceros, de la marca Tokai y al final, todavía el 14 de junio, cualquier cosa que tuviera impresa la imagen del esposo de ‘La Gaviota’.

Esos pedidos quebraron los mercados. El Estado de México fue incapaz de responder a la disparatada demanda, pero también el resto del país, cuyas fábricas y proveedores reportaban las mismas, absurdas cantidades. Algunas ciudades de plano se negaron a cotizar, pues el PRI les ha quedado mal en pagos; sobre todo, porque ‘es para un partido de ladrones’, decían los comerciantes, que desdeñaban pagos en efectivo y sin obligación de entregar facturas”.

Al editor toluqueño le ofrecieron hacerse cargo de la compra de las playeras y la adquisición de las pelotitas antiestrés. Pero, ciertamente el negocio tenía un pero… “me pidieron que se manejara el dinero en efectivo —los 60 millones de pesos de las playeras y 18 millones de las pelotitas— y sin facturas. Sin nada que pudiera ligar el gasto al PRI ni al comité de campaña”. Como respuesta, los “negociantes” priistas recibieron un rotundo no. Finalmente, los productos fueron encontrados en el norte del país y transportados en tráileres a bodegas diseminadas por la ciudad de Toluca.

Los números que al gobierno mexiquense le interesan son ampliamente conocidos: a partir de 2005, el gobierno del Estado de México gastó, oficialmente, poco más de mil millones de pesos para difundir la imagen, promesas, acciones y logros de Peña como precandidato a gobernador y, más tarde, como gobernador de la entidad,  así como fortalecer su liderazgo entre los priistas.

En 2006, la Legislatura local le autorizó 133 millones 390 mil 2 pesos para difundir su imagen a través del programa de Comunicación Pública y Fortalecimiento Informativo. No obstante, la cuenta pública de ese año reportó 204 millones 547 mil 200 pesos gastados; en 2007 tuvo a su disposición 142 millones 644 mil 226 pesos; en 2008, 143 millones 382 mil 370 pesos; en 2009 le aprobaron 172 millones 304 mil 442 pesos; en 2010, 179 millones 300 mil pesos; y en 2011 el presidente de la Junta de Coordinación Política, Ernesto Némer Álvarez —casado con Carolina Monroy, prima del gobernador— operó para que le aprobaran un presupuesto de 178 millones 825 mil 119 pesos para promocionarse.

Según el portal de Transparencia del gobierno mexiquense, en 2005 Peña y su antecesor Montiel contrataron espacios publicitarios por más de 129 millones 998 mil 335.13 pesos. La publicidad alcanzó para cubrir a 255 medios, controlando prácticamente todas las plumas en año electoral. La empresa de Emilio Azcárraga fue la más bendecida con 36 millones 414 mil 848 pesos facturados; pues 31 millones 644 mil 36 pesos correspondieron a Televisa, 391 mil 649 al diario deportivo Ovaciones, un millón 522 mil 163 a Editorial Televisa, mientras que Editorial Clío cobró 2 millones 875 mil.

Antes del primer debate de los candidatos en 2012, el equipo de campaña de Andrés Manuel López Obrador documentó que, sólo en su primer año, el gobierno mexiquense destinó 742 millones de pesos para promocionar la imagen de Enrique Peña Nieto.

Aunque Peña hizo esfuerzos para desmentir los datos —acción a la que se sumaron personajes como el escritor Héctor Aguilar Camín, quien además intentó, si bien en forma fallida, desacreditar al periodista Jenaro Villamil—, esa información había sido publicada por la revista Proceso —firmada por Jenaro Villamil— en octubre de 2005. Los recursos, se informó entonces, “forman parte del ‘Plan de Acción’ que Televisa negoció con el gobierno de Peña para fortalecer su liderazgo a nivel nacional y su proyección a nivel nacional e internacional”.

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Títeres y titiriteros

* Aunque los periodistas tienen memoria muy frágil o, de plano son muy olvidadizos, el 11 de mayo de 2012, en plena campaña presidencial, se descubrió que durante el sexenio de Peña Nieto la gubernatura mexiquense gastó más de 32 millones de pesos en “apoyos informativos” especiales. Con nombre y apellidos se mencionó a Óscar Mario Beteta y Joaquín López Dóriga. Este es un extracto tomado del libro “Los Golden Boy’s”, del periodista Francisco Cruz, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

El repentino y meteórico ascenso de Enrique Peña Nieto, un católico conservador de mano dura, defensor del neoliberalismo económico, no puede explicarse sin Televisa, cuyas coberturas informativas están lejos de la imparcialidad y objetividad; pero el gobierno del Estado de México se aseguró también, en forma simultánea a los multimillonarios contratos de publicidad, de buscar el apoyo de algunos periodistas a través de generosas derramas de dinero que salieron de los impuestos de los habitantes del estado.

El modelo de campaña que se eligió para que Peña obtuviera la presidencia es el mismo que desde hace 70 años utiliza el PRI. La época electoral es, en realidad, un enorme negocio que mueve miles de millones de pesos, algunos de procedencia ilegal, y que tiene como cereza la obtención del poder y un presupuesto inimaginable que implica la compra de conciencias y, valga decirlo, de las políticas editoriales.

Sus antepasados Isidro Fabela, Alfredo del Mazo Vélez, Salvador Sánchez Colín y Arturo Montiel Rojas compraron, crearon o destruyeron periódicos para evitar críticas y se rodearon de periodistas, articulistas y analistas afines. Carlos Hank González, hijo adoptivo de Atlacomulco, fue más ambicioso y aprobó un arreglo con reporteros para usarlos como “plumas” a su servicio, o, de plano, espías, y el gobierno de Enrique Peña Nieto documentó sus propios deslices.

La extraña forma en la que el Grupo Atlacomulco ve a la prensa se puso en marcha a partir de marzo de 1942: el poder de Fabela se extendió a la prensa y se apropió del semanario El Demócrata. Puso como encargado a su sobrino Gabriel Alfaro. Y con él llegaron los fabelistas, políticos, periodistas y columnistas, Rafael Suárez Ocaña, Santiago Velasco y Manuel López Pérez, junto con José Ángel Aguilar, Rodolfo García y Alejandro Fajardo. Incluso Horacio Zúñiga trabajó para ellos. Las páginas de ese semanario estaban abiertas para los integrantes del grupo, que así oficializaban la cultura de aquella época.

Si bien desde hace dos décadas se registra un cambio, la transformación de la prensa no se ha dado de igual forma. Algunos empresarios usan a los medios como una herramienta de negociación con el poder.

Aunque los periodistas tienen memoria muy frágil o, de plano son muy olvidadizos, el 11 de mayo de 2012, en plena campaña presidencial, se descubrió que durante el sexenio de Peña Nieto la gubernatura mexiquense gastó más de 32 millones de pesos en “apoyos informativos” especiales. Con nombre y apellidos se mencionó a Óscar Mario Beteta y Joaquín López Dóriga.

Enrique Gómez y Arturo Espinosa, del periódico Reforma, fueron generosos en una nota que publicaron aquel día: “además del gasto de 990.6 millones de pesos del programa de Comunicación Pública y Fortalecimiento Informativo que hizo el gobierno del Edomex entre 2005 y 2011, periodo en el que Enrique Peña encabezó la administración estatal, el priista pagó 32.3 millones de pesos para apoyar entrevistas y comentarios que se hicieron sobre él y su gestión.

”La mayoría de los gastos se concentraron en 13 razones sociales y personas físicas, según las facturas que el propio gobierno estatal entregó, tras una solicitud de transparencia hecha en octubre del año pasado. […] Por ejemplo, al conductor Joaquín López Dóriga se le pagaron 9.2 millones de pesos, según facturas a nombre de Astron Publicidad, agencia que contrató el servicio, por comentarios en sus noticiarios de radio.

El pago se dividió en dos ejercicios fiscales, pues la factura con número 1104 corresponde a julio de 2006, y fue por 4.6 millones de pesos. […] La factura 1216 fue de enero de 2007 y representó un gasto de un millón 150 mil pesos, mientras que en diciembre del mismo año se pagó la1481, por 3.4 millones.

Además entre 2005 y 2006 fueron facturados 112 mil 499 pesos para E.L. Producciones por concepto de ‘apoyo información programa Perfiles entrevistas’ (sic). Otra de las razones sociales que más facturaron al gobierno estatal por el concepto de apoyos informativos fue GRC Publicidad-Comunicaciones, a quien la entidad pagó 5 millones 780 mil pesos.

Grupo Acir, a quien el entonces gobernador Peña pagó 5 millones 766 mil pesos, describe que sus servicios consistieron en la transmisión de información relacionada con los programas de las dependencias estatales. A su vez, la radiodifusora Ultra 101.3 facturó 2.4 millones de pesos ‘por difusión y reforzamiento de actividades’ de la administración estatal. […] Según las facturas del gobierno mexiquense, queda claro que estos ‘apoyos informativos’ son comentarios o entrevistas con conductores radiofónicos y no de spots formalmente contratados”.

En tiempos no tan lejanos, los gobiernos priistas y el partido llamaban a esos “apoyos” especiales: “embute”, “entre”, “sobre”, “dádiva” o “chayo”. En cualquiera de sus acepciones el significado real era el de corrupción porque representaba la entrega de dinero a manos llenas, en efectivo, a determinados periodistas afines al régimen, al PRI o al gobierno que para el caso eran lo mismo.

Días antes de la elección, la revista Proceso difundió algunos contratos que ofreció y pagó el gobierno mexiquense a locutores de Televisa, como el de Adela Micha, por 350 mil pesos, para impartir una conferencia de una hora en 2012, escribía el periodista Jenaro Villamil. O los 5 millones 750 mil pesos que cobraron Joaquín López y Óscar Mario Beteta en 2006.

Si bien una parte de la prensa mexicana contribuyó en 2000 a la derrota del candidato presidencial priista Francisco Labastida Ochoa y al ascenso del neopanista guanajuatense Vicente Fox Quesada; el gobierno peñanietista aprovechó la histórica subordinada relación de la prensa con el gobierno, una situación bien aceptada por las élites de poder que a partir de los últimos años de la década de 1930 impusieron los gobiernos priistas.

Los pagos demuestran una relación perversa para comprar líneas editoriales y evitar cuestionamientos al ahora candidato a la Presidencia, alertó el chihuahuense Javier Corral Jurado, especialista en medios. “Ahora está más claro que el agua. Se ha invertido en publicidad, en comprar la postura editorial. Se ha comprado el silencio y la complicidad”.

Las facturas que suman 32.3 millones de pesos se extendieron por los conceptos “transmisión y apoyo a la información”, “apoyo informativo”, “paquete de servicios informativos” y “difusión de actividades”.

Otra factura consigna un pago a Silvia Carolina Faure Vilchis, quien en 2006 cobró 201 mil 250 pesos por ‘apoyo a la información y entrevistas’ en el programa ‘Reflejos de Mujer’, que estuvo al aire en la XEQY-AM, con sede en Toluca. Estos gastos tienen un carácter oficial y omiten lo que ellos llaman la cifra negra; es decir, el gasto oculto o no reportado.

Destinar recursos públicos para pagar ‘comentarios’ sobre gobernantes o sus administraciones representa un engaño a la población y una forma de corromper el ejercicio periodístico, consideró Aleida Calleja, presidenta de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI).

Calleja fue clara cuando habló con Reforma: “es un proceso de corrupción tremendo en términos éticos del derecho de información de la gente (…) se debería decir a la gente que la información es pagada. Eso viola el más mínimo ejercicio ético del derecho a la información porque las personas creen que se recibe una información como parte de un ejercicio periodístico cuando es propaganda gubernamental. El problema, dijo, es que en México se sigue viendo como un asunto normal el que los medios reciban dinero por publicidad gubernamental, cuando esto sí afecta la línea editorial”.

Resalta, pues, que prevalecen las prácticas impuestas por el viejo PRI y que muchos medios —impresos, electrónicos y digitales— no han alcanzado una calidad mínima ni se han preocupado por profesionalizar el ejercicio periodístico. Y Emilio Azcárraga Jean tiene una visión particular de su empresa: “en Televisa a nosotros no nos regalaron nada, nosotros hemos pasado por varias crisis, varios presidentes y varios políticos que sí se han robado muchísimo dinero. Si tenemos el canal 9 es porque el 8 no pudo, y si Sky está solo, es porque DirecTV no pudo. ¿Y ahora me van a castigar porque se ha competido y porque gano?”.

Dicho sea de paso, los peñanietistas aprovecharon la extraña alianza prensa-poder que ha beneficiado a ambos bandos: a unos, los políticos, porque pueden hacer los que les viene en gana, de robar hasta coordinar escandalosos fraudes electorales. Y a los otros, los medios, a procurarse recursos del erario. Por eso, no debe sorprender que “cada semana” estalle un escándalo, y poco a poco, se haga pública esa “extraña” forma de subordinación al poder.

El amigo Luis

* Se había puesto en marcha un proceso ultraselectivo para armarle el equipo propio a Peña Nieto. Bien intencionadas algunas, maliciosas la mayoría, las filtraciones permitieron vislumbrar las alianzas internas para garantizar la lealtad plena al proyecto presidencial, mientras especialistas en marketing y asesores de imagen —en su mayoría de Televisa— colocaban el producto, o la marca, en el mercado nacional. Sobre los eventuales reclutas hubo muchos nombres, pero muy pocos elegidos. El primero en la lista de los nuevos Golden Boy’s —amigos y funcionarios responsables de tomar decisiones políticas, económicas y financieras, cualesquiera que éstas sean— fue el de Luis Enrique Miranda Nava. Este texto es parte del libro escrito por el periodista Francisco Cruz, Los Golden Boy’s, editado por Planeta en el 2012

 

Francisco Cruz Jiménez

Durante los meses que siguieron a la toma de posesión de Peña Nieto como gobernador —15 de septiembre de 2005—, y al fatídico, para Montiel, 10 de octubre, fue un secreto el funcionamiento del equipo peñanietista. Luego, a finales de 2006 la indiscreción de un funcionario del PRI permitió saber que el Grupo Atlacomulco, con Montiel a la cabeza, preparaba un reacomodo con visos de revancha para iniciar, una vez más, la conquista de la elusiva candidatura presidencial.

Se había puesto en marcha un proceso ultraselectivo para armarle el equipo propio a Peña Nieto. Bien intencionadas algunas, maliciosas la mayoría, las filtraciones permitieron vislumbrar las alianzas internas para garantizar la lealtad plena al proyecto presidencial, mientras especialistas en marketing y asesores de imagen —en su mayoría de Televisa— colocaban el producto, o la marca, en el mercado nacional.

Sobre los eventuales reclutas hubo muchos nombres, pero muy pocos elegidos. El primero en la lista de los nuevos Golden Boy’s —amigos y funcionarios responsables de tomar decisiones políticas, económicas y financieras, cualesquiera que éstas sean— fue el de Luis Enrique Miranda Nava. Esa situación hizo a Miranda intocable. Al lado de María Elena Barrera Tapia, es considerado el único amigo de Peña. Los une una amistad sólida. Ellos, con Luis Videgaray, son el corazón del equipo.

Ciertamente la carrera de los tres está unida por Montiel, quien los amalgamó en los originales Golden Boy’s, pero también es cierto que todos ellos —Peña, Miranda y Barrera—tenían amistad antes de integrarse al gabinete estatal montielista, mucho antes de que el ahora presidente estuviera en camino de convertirse en una estrella más de Televisa.

Enrique Gómez y Abel Barajas escribieron el 15 de abril de 2008 en el periódico Reforma: “Miranda, quien entró al gabinete de Montiel cuando tenía 35 años, inició en la Coordinación Jurídica del gobierno estatal, de donde pasó a la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos. Luego ocupó la Secretaría de Administración y, en 2003, llegó a la de Finanzas, tras fusionarla con la anterior dependencia. […] Los Golden Boy’s ya vislumbraban el salto para el siguiente gobierno”.

Considerado uno de los hombres más controvertidos de la política mexiquense, Miranda convirtió la causa de Peña en una obsesión. Retrospectivamente, hay elementos para afirmar que, en dos ocasiones, ha caído hasta el fondo y, en ambas, estuvo allí la mano salvadora de su amigo.

En 2005, escribieron Gómez y Barajas, “salió a la luz pública que Miranda Nava estaba en la trama de intermediarios y prestanombres de Montiel para adquirir bienes inmuebles. De acuerdo con documentos del Registro Público de la Propiedad de Tenancingo, el 6 de mayo de 2002 Miranda compró a Kurt Andrea Visetti Vogelbach y Patricia Ruth Visetti, tres predios en el municipio de Tonatico, por un valor de 3.8 millones de pesos. Pasados 19 días, Miranda se los vendió al mismo precio a Montiel”. Adquiridos, los tres terrenos se unificaron en una sola propiedad de 6 mil 539 metros cuadrados. La casa ocupa la mitad de la manzana y cuenta con tres conjuntos construidos, amplios jardines y una alberca.

Para que no hubiera dudas, el periódico Reforma transcribió los documentos oficiales: “Luis Enrique Miranda Nava vende, y el señor Arturo Montiel Rojas compra y adquiere para sus hijos Arturo y Juan Pablo Montiel Yáñez en copropiedad y en partes iguales la nuda propiedad del inmueble, indica el asiento 1066 de la Sección 1, Volumen 64 del Libro Primero del Registro Público. La finca se ubica en la esquina de las avenidas Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón, Barrio de Santa María Norte, en el paraje denominado Tempantitla, a unos 3 kilómetros del municipio de Ixtapan de la Sal, en el sur del Edomex. Los señores Arturo Montiel Yáñez y Juan Pablo Montiel Yáñez donan y transmiten a título gratuito a la señora Paula María de Jesús Yáñez Villegas la nuda propiedad respecto del terreno con casa habitación ubicada en el paraje denominado Tempantitla, se indica en el volumen 67, libro primero de la sección primera del Registro Público de Tenancingo”.

Las relaciones Miranda-Peña-Montiel se estrecharon todavía más. Miranda fue nombrado nuevo secretario de Finanzas. Le fue mejor porque su nueva dependencia absorbió las Secretarías de Planeación y  Administración que dejaba pendiente Peña, al registrarse como candidato a diputado local por un distrito de su natal Atlacomulco para el periodo 2003-2006. A Miranda le crearon una supersecretaría.

Unos meses después de los señalamientos, pasada la tormenta de las acusaciones y asentado en su nueva supersecretaría, desde las oficinas del gobernador Peña salió la solicitud para hacerlo candidato a la presidencia municipal de Toluca. Algunas crónicas de los periódicos locales reflejan la situación:

“Marzo de 2006. Luis Miranda revisa por enésima vez los resultados. Su cara, casi siempre de pocos amigos, se contrae y deja poco a la imaginación. Atrás quedaron las reuniones multitudinarias con transportistas, aquel baile con integrantes de la tercera edad que lo captó intentando pasos imposibles. La derrota estaba anunciada. El panista Juan Rodolfo Sánchez Gómez comería, meses después, tacos de canasta con el alcalde saliente, Armando Enríquez, en las obras viales de Alfredo del Mazo, comenzando así el tercer periodo azul al frente de la capital mexiquense. Miranda desaparecería del escenario político, refugiándose en Ixtapan de la Sal.

”Hijo de Luis Miranda Cardozo, ex presidente del Tribunal Superior de Justicia, Miranda obtuvo 85 mil 778 votos, contra 128 mil del panista Sánchez. Miranda Nava se sumó a la lista de candidatos tricolores derrotados por el PAN. Alberto Curi perdió contra Juan Carlos Núñez Armas en 2000, y Armando Enríquez venció a Ernesto Monroy Yurrieta.

”En 2006, la derrota de Miranda no pudo ser evitada pese a que el candidato priista fue quien más gastó en el proceso electoral, según reporte del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), que aseguró que en los primeros 15 días Miranda tuvo 667 spots”.

El enclaustramiento en Ixtapan fue efímero. El 28 de septiembre de 2007, Peña lo nombró subsecretario General de Gobierno bajo las órdenes de Humberto Benítez Treviño. Diecinueve meses más tarde, el 1 de abril de 2009, asumió como la titularidad de dicha Secretaría, en sustitución del hankista Benítez Treviño, enviado como candidato a una diputación federal.

“El caso de Miranda es especial, además de amigo personal de Peña, conoce el manejo de las cuentas y la deuda pública, pues se encargó —con Luis Videgaray Caso, a la sazón ejecutivo estrella de la empresa Protego de Pedro Aspe Armella— de renegociar la deuda mexiquense en el sexenio montielista.

”El nombramiento puso a Miranda, si bien ilusoriamente, en la línea de sucesión del propio Peña, junto a Videgaray, quien al inicio del gobierno peñanietista fue contratado como secretario de Finanzas—.

”Al enfrentar Montiel acusaciones por enriquecimiento ilícito, Miranda fue arrastrado en las investigaciones contra el ex mandatario y su familia, un ex colaborador y 13 ex diputados locales, a quienes el perredista José Luis Cortés Trejo, décimo quinto regidor en Tlalnepantla, acusó de recibir 25 millones de pesos cada uno por aprobar las cuentas públicas e iniciativas de aquella administración. Miguel Sámano, ex secretario particular de Montiel, y Carlos Rello Lara, ex secretario de Desarrollo Económico también fueron implicados.”

Los escándalos exaltaron a Montiel, cuyo saldo superó los alcances de su sofisticada esposa francesa Maude Versini y de sus hijos: el sábado 29 de octubre de 2005, Cortés presentó una segunda denuncia de hechos, con folio 069490. Montiel y su familia fueron acusados de incurrir en enriquecimiento ilícito, peculado, uso indebido de atribuciones y lavado de dinero, pero se pidió indagar también a Luis Enrique Miranda Nava, secretario montielista de Finanzas, Administración y Planeación, así como al padre de éste, Luis Miranda Cardoso, ex presidente del Tribunal Superior de Justicia, como prestanombres de Montiel. La denuncia cargó contra casi toda la familia Miranda Nava: Javier, Ana Rosa, José Javier, Gabriel, Alfredo, Armando, Felipe, María Estela, María de los Ángeles, Pedro, Rubén, Salud y Enrique, así como María del Carmen Miranda Nava de Mercado y Roberta Miranda Cardoso.

El caso de las acusaciones presentadas por Cortés Trejo en 2005 tuvo un nuevo episodio durante 2006: había documentado, al menos, 123 propiedades a nombre de los Miranda Nava y Miranda Cardoso, pero que, en realidad, pertenecían a los Montiel. Las autoridades estatales lo arroparon con una exoneración y Peña lo reintegró a la nómina gubernamental en la Subsecretaría de Gobierno para, más tarde incorporarlo a la Secretaría de Gobierno, el segundo puesto más importante de la administración estatal.

Masacre en Veracruz

* Luego de abordar la vida pública de personajes como el candidato presidencial priista Enrique Peña, los negocios a la sombra del poder del presidente de México, Felipe Calderón y los entramados del narcotráfico con autoridades locales en Ciudad Juárez y el Estado de México, el periodista Francisco Cruz publica una nueva historia en el libro “AMLO, mitos, mentiras y secretos: la biografía no autorizada”, editado por Planeta y donde presenta una versión poco conocida del aspirante perredista Andrés Manuel López Obrador. El periodista no evade el submundo donde los políticos de cualquier partido se desenvuelven y encuentra que es inevitable hablar de otros para dibujar a López Obrador. Tal es el caso de Peña Nieto, quien es protagonista de al menos dos capítulos.

Nuestro Tiempo

Francisco Cruz Jiménez es uno de los periodistas más sólidos de México. Capaz de encontrar historias donde otros solo escuchan una versión oficial irrefutable o la profunda verbena de la oralidad, ha construido a lo largo de los años el perfil de un país que se define entre la simulación de autoridades y protagonistas de algo que se ha denominado  historia, y lo que la calle retrata, recopila y guarda en una memoria que si bien no tiene capacidad de almacenamiento, sí en cambio proporciona los elementos de profundidad y matices que un legajo con sellos pasa ignominiosamente por alto.

Luego de abordar la vida pública de personajes como el candidato presidencial priista Enrique Peña, los negocios a la sombra del poder del presidente de México, Felipe Calderón y los entramados del narcotráfico con autoridades locales en Ciudad Juárez y el Estado de México, Cruz publica una nueva historia en el libro “AMLO, mitos, mentiras y secretos: la biografía no autorizada”, editado por Planeta y donde presenta una versión poco conocida del aspirante perredista Andrés Manuel López Obrador. El periodista no evade el submundo donde los políticos de cualquier partido se desenvuelven y encuentra que es inevitable hablar de otros para dibujar a López Obrador. Tal es el caso de Peña Nieto, quien es protagonista de al menos dos capítulos, el tercero, “Tribulaciones Mayores” y el décimo, “Rival inevitable… el lado oscuro de Peña Nieto”. Este último recuerda la masacre sucedida en Veracruz, donde cuatro escoltas de la ya entonces fallecida esposa del candidato, Mónica Pretelini, fueron asesinados presumiblemente por un grupo de sicarios que los confundió con un grupo rival. Cruz halla una versión muy distinta sobre lo sucedido e hila, en un estilo que le ha dado resultados. Sobre el capítulo, el propio Alejandro Encinas, ex candidato al gobierno del Estado de México en el 2011 y actual aspirante a senador por el PRD, ha dicho que pedirá una revisión sobre lo sucedido y que lo llevará al escenario electoral del momento, donde Peña es puntero y Obrador último, sin menospreciar al panalista Gabriel Quadri.

Nuestro Tiempo reproduce un fragmento de ese capítulo porque involucra a un ex gobernador del Estado de México y en su momento afectó la vida pública de la entidad.

“Pero hay otro acontecimiento que se sumó a las dudas que continúan en el aire. El jueves 10 de mayo de 2007, en un ilógico asalto en las calles de Veracruz, asesinaron a cuatro escoltas de los hijos del gobernador mexiquense, todos elementos de elite y de confianza comisionados por la Agencia de Seguridad Estatal. La historia del atentado también está llena de contradicciones.

Para la familia Peña Pretelini todo comenzó por la noche, después de una cena en el tradicional café La Parroquia, en el malecón. Aquella era la primera celebración de las madres sin Mónica. Según los informes oficiales, pasadas las 10 y media, los comensales abandonaron el restaurante. Paulina, Alejandro y Nicole, los hijos del gobernador, subieron a una camioneta Suburban negra acompañados por su tía, Claudia Pretelini Sáenz y por otros dos adultos. Atrás, en una Durango gris plata, los escoltaban los cuatro agentes, encabezados por el experimentado (Fermín) Esquivel Almazán, armados con las reglamentarias armas cortas y, como apoyo, rifles de Asalto R-15. Con excepción de Delgado Nabor, ninguno carecía de experiencia.

“Minutos más tarde, al veinte para las once, mientras se dirigían al hotel Galerías Plaza avanzando sobre el bulevar costero Manuel Ávila Camacho y apenas cruzando la esquina con Simón Bolívar, frente a la Plaza de la Soberanía, el corazón de la zona turística del puerto, otras cuatro camionetas –dos de éstas Mitsubishi, de acuerdo con testigos- se unieron a la comitiva oficial mexiquense. En lo que pareció una acción agresiva y violenta, y con la delicada encomienda de cuidar a los hijos del gobernador Peña, ninguno de los cuatro escoltas supuso que eran víctimas de una agresión. Ninguno sospechó.

“¿Acaso pensaron que jugaban a los autos chocones o que los conductores de las otras camionetas pretendían practicar arrancones? De forma sorprendente, todavía uno de los agentes se dio su tiempo para tomar el celular y comunicarse con Claudia Pretelini para pedirle:

“- Siga usted al hotel, señora, tenemos un incidente, en seguida los alcanzamos.

“Más incongruente resultó que los cuatro agentes responsables de velar por la seguridad de la familia del gobernador mexiquense hayan decidido detenerse para arreglar el “incidente” con los conductores de la Mitsubishi. La Suburban se adelantó “a toda velocidad” y se perdió calles adelante, hasta llegar al hotel Galerías Plaza, donde se hospedaban los Peña Pretelini.

“Entonces, dos de los escoltas mexiquenses se bajaron de la Durango, mostraron sus credenciales, se identificaron como policías y descubrieron, ahora sí, que algo andaba mal. Recibieron una lluvia de disparos. Entre las calles Simón Bolívar y Valencia, sobre el bulevar, fueron recogidos más de doscientos casquillos percutidos. Los dos guardaespaldas que se quedaqron arriba de la Durango, en el asiento posterior, tampoco notaron ninguna irregularidad. Y tampoco tuvieron tiempo de sacar sus armas.

“Dos guardaespaldas cayeron muertos al instante, a unos metros de su vehículo. Los otros dos murieron dentro de la camioneta. Inútiles fueron las escuadras y los rifles de asalto R-15. “Fue una agresión sorpresiva y violenta, y cuando la cuñada del gobernador escucha los disparos, la camioneta iba adelante, imprime mayor velocidad para huir y llegar hasta el hotel”, comentaría casi de inmediato Humberto Benítez Treviño, secretario general de Gobierno del Estado de México. Aparentemente, sin ninguna prueba, se atrevió a declarar que los agentes murieron en una confusión de narcotraficantes.

“Muertos los cuatro escoltas, los asesinos abordaron sus camionetas y se perdieron en la zona turística del puerto. Minutos después llegó la policía veracruzana al lugar de la masacre e identificó a los cuerpos. Un comunicado emitido durante los primeros minutos del 11 de mayo dio cuenta del hecho, omitiendo la identidad de las víctimas. Sin embargo, la información generada en Veracruz no coincidió en algunos detalles.

“En su boletín, la Procuraduría veracruzana, que tampoco tenía pruebas, atribuyó la muerte de los policías mexiquenses a una confusión producto de las luchas de poder entre banda de crimen organizado. Descartó cualquier atentado contra los hijos de Peña, porque éstos “ya se encontraban hospedados en su hotel” al momento del ataque. Luego surgió la otra versión: los custodios viajaban solos y no escoltaban a nadie.

“En ese ambiente enrarecido, el procurador de Justicia veracruzano, Emeterio López Márquez, informó que el caso había sido atraído por la PGR, aunque ésta lo negó. La Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada sólo pidió una copia certificada de la averiguación previa. Antes que los veracruzanos, el gobierno mexiquense deslindó las razones del “incidente”: no fue intento de secuestro, dijo un pálido gobernador. Tampoco fue acción de los narcos, informaba apresurado el secretario de Gobierno, quien sin evidencia alguna señaló que una banda había confundido a los escoltas con un grupo rival y por eso había disparado. No dijo qué banda ni por qué los escoltas parecían miembros de una organización delictiva.

“Un día después, en Valle de Chalco, Peña descartó que el homicidio de los escoltas asignados a sus hijos fuese una taque dirigido a su persona o a su familia. Con base en las primeras investigaciones, señaló que el tiroteo –que no fue sino una matanza- había sido una confusión de grupos relacionados con el narcotráfico, quienes habrían visto en los guardaespaldas a los rivales de una banda organizada.

´“No hay la más mínima sospecha de que se trató de un ataque personal; realmente las primeras investigaciones y conclusiones a las que llegan las autoridades son que, presumiblemente, se trató de una confusión de grupos de sicarios. Dejaré que las autoridades competentes realicen las investigaciones correspondientes”. En parte tenía razón. Por el modo de operar, al parecer los guardaespaldas conocían a sus agresores. Tal vez por eso no intentaron defenderse.

“Los cuatro agentes fueron sepultados en panteones de Zinacantepec y Toluca. A los familiares les entregaron 360 mil pesos por los seguros de vida y una compensación. Se les ofreció apoyo y se les pidió la debida discreción. Muy pocos repararon en que Fermín Esquivel era una de las pocas personas que conocía detalles de la vida matrimonial de Enrique peña y Mónica Pretelini porque su comisión oficial con la pareja no había comenzado el día del asesinato: llevaba varios años trabajando como escolta de la familia. La figura de Esquivel se fue difuminando hasta desaparecer.

“El asesinato terminó por perderse en una maraña burocrática judicial a partir del lunes 20 de mayo de 2008, cuando un comando de encapuchados irrumpió en un domicilio de la avenida 16 de Septiembre en Luvianos –un pequeño municipio al sur del estado, sumido en la pobreza y bajo el dominio de El Chapo Guzmán, Los Zetas y La Familia Michoacana-, y ejecutó al maestro Ranferi González Peña, un supervisor escolar de zona de 45 años de edad, considerado hasta ese momento cabecilla de los asesinos asueldo de La Familia.

“El homicidio fue perpetrado con al menos una decena de descargas de armas de fuego de alto poder. Los asesinos encapuchados –quienes vestían uniformes negros con las siglas de la AFI y de la ASE- abordaron dos camionetas que los esperaban y huyeron. Pero cuando la familia de la víctima aún no salía del estupor, regresaron, levantaron el cadáver y lo metieron en uno de los vehículos. Luego enfilaron en dirección a una casa de materiales, donde secuestraron al arquitecto Ranferi González Rodríguez, hijo de González Peña

“Aunque únicamente se habló de dos camionetas, vecinos de la familia recuerdan que a las 8 y 10 de la mañana, por la 16 de Septiembre apareció un convoy, instaló un retén en dos esquinas y, en un par de minutos, unos cinco sicarios descendieron de dos camionetas con vidrios polarizados, irrumpieron en el domicilio de González Peña y lo asesinaron, frente a su madre y dos de sus hermanas, de nueve y diez años de edad.

“En las calles de Luvianos nadie habla. Se respira el miedo. Pero todavía se recuerda que, en los días previos a la ejecución y al secuestro, allegados al maestro Ranferi –hermano de Alberto González Peña, El Coronel, jefe de una célula de Los Zetas en la zona, abrieron la boca y alardearon sobre algunas propiedades “liberadas” luego de una incursión al puerto de Veracruz ara silenciar a un grupo de agentes del Estado de México.

“La segunda semana de enero de 2012, un documento abrió nuevas interrogantes. Perdido en un expediente sobre delincuencia organizada, de más de 5 mil fojas, en la averiguación previa PGR/ SIEDO/ UEIDCS/ 231/ 2008, aparece la transcripción de llamadas –de un teléfono intervenido- en las que un par de narcotraficantes da a conocer pormenores de la ejecución de los 4 escoltas de la familia Peña Pretelini.

“Hasta la aparición de este libro, la transcripción de las conversaciones sostenidas a lo largo de 24 llamadas, nunca se había hecho pública.

“La explicación legal es clara: ‘mediante la presente diligencia –el día 12 de agosto de 2008 ante el licenciado Fernando Moreno Alonso, agente del Ministerio Público federal- se procede a verificar el contenido de un disco compacto, el cual tiene la leyenda escrita ’24 llamadas extraídas de un teléfono celular marca Sony S500i’ para lo cual se utiliza el equipo de cómputo oficial que se encuentra dentro de las instalaciones que ocupa esta Unidad de Investigación de Delitos Contra la Salud en su Coordinación General C. Una vez que se procedió a verificar su contenido, para lo cual se logra apreciar lo que a continuación se transcribe’.

“Las llamadas se transcribieron en 42 hojas tamaño oficio y, desde el inicio, deja en claro que se trata del Estado de México.

“- Entonces la situación es que andan sobre varias cabezas. Acá también en el estado.

“- Ajá.

“- Hay algunos cambios, Fabián dice que se iba para el Distrito Federal, Pepe Manzur. El licenciado y los (…) se presentaro hoy. Y ya les marcaron un arraigo. Aunque es domiciliar, él está muy bien, el pedo es que tu hermano, bueno pus habló mucho y lo puso pero gacho a él.

“- Ajá, ajá.

“- La cosa es desafanar la bronca y que se desafane la mayoría.

“El ‘Pepe Manzur’ al que se hace alusión en la página dos de ese documento es José Manzur Ocaña, ex delegado de la PGR en el Estado de México. Como referencia, valga recordar que es medio hermano de José Manzur Quiroga, actual presidente de la Legislatura del Estado de México, así como ex subsecretario general de Gobierno en os sexenios de Peña y de Arturo Montiel.

“Aunque prácticamente en cada una de las páginas se hace alusión al Estado de México, es al llegar a las primeras líneas de la página 14 cuando aparece pleno el tema de la ejecución de los cuatro escoltas de la familia Peña Pretelini:

“- Nada más Manzur. Hay la posibilidad de que se vaya a Veracruz. Pero con éste, Miguel (Fidel) Herrera, lo pidió para allá por una chamba especial que se hizo para el gobernador.

“- Ajá, ajá –responde Eduardo.

“- Entonces, pues, le dan en la madre a los de seguridad de Peña Nieto.

“- Sí, sí, sí –lacónica es la respuesta de Eduardo.

“Más claro ni el agua: el Estado de México mató a los escoltas de Mónica. Mató los últimos momentos que de ella se pudieran recrear.

“Paradójicamente, no hay nada claro. De cara a los comicios presidenciales de 2012, Enrique Peña Nieto tiene tras de sí algo más que una profecía, una noble estirpe política y religiosa y la fuerza del Grupo Atlacomulco. El ex gobernador que ha sabido explotar su imagen de galán de telenovela, particularmente entre las mujeres para ganar popularidad, necesitará mucho más olfato y pericia de los que ha demostrado para conseguir sortear los escollos que ha ido poniéndole en el camino su propio pasado. Llegar vivo a las elecciones, pese a los escándalos y a lo que aún permanece oculto, es el reto de Peña. Que no lo logre es la esperanza de las huestes lopezobradoristas

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