SeisDeFebrero

* Mi generación escuchó de viva voz las experiencias de los movimientos estudiantiles del 68, 71, 86 y 95; las figuras del Che Guevara o Camilo Cienfuegos no eran tan lejanas como ahora y vivimos a un Fidel en abierta resistencia al bloqueo anglosajón; la Operación Cóndor y sus atrocidades, la caída el Muro de Berlín y de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, las guerras de Corea y Vietnam, la disputa por las Malvinas y un largo etcétera internacional, permanecían en el ideario social.

 

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Formo parte de una generación marcada por la incertidumbre política, económica, social y cultural de fin del siglo XX, donde la incipiente tecnocracia mexicana nos veía como carne molida, aunque en su visión de neoliberalismo no contaban con estante para ofrecernos como mercancía y donde ser joven carecía de significado y rumbo claros. Donde la revolución cultural de los 60, 70 y 80 estaba siendo sacrificada para comenzar su reciclaje en el altar comercial.

Mi generación escuchó de viva voz las experiencias de los movimientos estudiantiles del 68, 71, 86 y 95; las figuras del Che Guevara o Camilo Cienfuegos no eran tan lejanas como ahora y vivimos a un Fidel en abierta resistencia al bloqueo anglosajón; la Operación Cóndor y sus atrocidades, la caída el Muro de Berlín y de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, las guerras de Corea y Vietnam, la disputa por las Malvinas y un largo etcétera internacional, permanecían en el ideario social. Lucio y Genaro, Misael, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, las matanzas de Aguas Blancas, El Charco y Acteal, los más de trescientos líderes del PRD original, asesinados entre 88 y 94, el posterior triunfo social en las primeras elecciones en el D.F., la Central Unitaria de Trabajadores, la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata, el Frente Popular Francisco Villa, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, el Sindicato Mexicano de Electricistas; en resumen, el atardecer de una generación verdaderamente revolucionaria y sus herederos, frente a  la aparición del neoliberalismo mexicano.

En ese universo de contextos, el régimen creyó encontrar un camino sencillo para la desaparición de la educación pública; los niveles básicos (preescolar, primaria y secundaria) enfrentaron la descentralización del sistema educativo y una profunda reforma en los planes y programas de estudio; apareció Elba Esther Gordillo Morales, profesora nacida en Comitán, Chiapas, relevando  de sus funciones caciquiles al legendario asesino Carlos Jongitud Barrios, otrora joya del priismo posrevolucionario y comenzando una nueva etapa en la guerra sucia magisterial. El resultado es bien conocido, la imposición del modelo educativo neoliberal, que fomentó la deserción y orientó el egreso estudiantil a satisfacer las necesidades del mercado. No obstante, Zedillo (instrumento salinista) tenía un plan más ambicioso: la privatización de la educación superior y por ende de la Universidad Nacional Autónoma de México. El 6 de enero de 1997, se llevó a cabo la asunción de Francisco Barnés de Castro como Rector de la máxima casa de estudios de Latinoamérica, reiniciando la disputa entre dos visiones de país.

Barnés pretendió encabezar una profunda refundación de la UNAM, que aún se reponía del intento elitista fallido de 1986 y de la reforma del Colegio de Ciencias y Humanidades en 1995; esta refundación consistía en elitizar la Universidad, mediante la imposición de cuotas de ingreso y la reducción de la matrícula (principalmente en el bachillerato), la desaparición de materias y carreras humanistas, la comercialización de “productos” universitarios (es decir posgrados, maestrías, investigación y actividades deportivas), y la reforma de los órganos de decisión en detrimento de estudiantes, académicos y trabajadores, bajo un modelo empresarial. Fue bajo este esquema, que se consumó el convenio con el Centro Nacional para la Evaluación de la Educación Superior A. C. para la realización del examen de ingreso al bachillerato, la desaparición de dos turnos en colegios de Ciencias y Humanidades (fin del proyecto de “bachillerato para los trabajadores” de González Casanova) y comenzó la reforma académica en las escuelas de educación media superior. Adicionalmente, comenzó el aislamiento de profesores y trabajadores disidentes, mediante la reducción de sus horas laborales y se redujo su representación en los órganos de gobierno. Todo parecía un sonado triunfo del salinismo universitario, hasta el 17 de abril de 1999.

Ahora bien, el 7 de junio de 1997, el nuevo rector presenta ante un cerrado grupo de universitarios, lo que a la postre se conocería como “El Plan Barnés”, documento que especificaba las reformas universitarias que permitirían según él, la modernización de la institución de cara al nuevo siglo. Pero el análisis de académicos, trabajadores y estudiantes, desveló la intentona elitista y comenzó un proceso largo de movilizaciones que de a poco fue sumando a la comunidad universitaria en torno a una resistencia efectiva. La creatividad y perseverancia de la generación “X”, generó mecanismos masivos y plurales de información, movilización y resistencia en colegios, escuelas, facultades e institutos, es decir, en todos los rincones de la UNAM, existía discusión en torno a la afrenta privatizadora. Esto, logró capitalizarse en mecanismos de representación alternos a los de la institución, por demás democráticos; las asambleas locales y la General Universitaria, eran multitudinarias y constantemente se desbordaban explanadas, jardineras y auditorios con discusiones, que desmenuzaban el proyecto oficial. Se generaron entonces, movilizaciones entorno a demandas locales y generales que posibilitaron la exigencia homogénea de Diálogo resolutivo con representantes de las máximas instancias universitarias. Terminó la sordera oficial y la contraofensiva del régimen fue total; se desprestigió al movimiento en los medios de comunicación, se iniciaron acciones legales contra la comunidad inconforme, se activaron los múltiples grupos porriles y se sumaron a estos grupos “antiparistas” de derecha, se infiltraron colectivos y organizaciones, y la posicionamiento oficial, comenzó a acudir y participar en las asambleas. Todos estos mecanismos fueron fracasando ante la unidad estudiantil (fundada en una perenne conciencia de clase), la solidificación de los argumentos contra la reforma y un abrumador apoyo de la sociedad civil de todos los estratos sociales. Constituía una verdadera vergüenza ajena, observar a estudiantes, profesores, investigadores, administrativos y directores, defender las políticas que ellos mismos padecerían. El colofón de la imposición, llegó el 15 de marzo de 1999 en Sesión del Consejo Universitario, llevado a cabo en el Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez”, fuera de su sede oficial y negando el acceso a los Consejeros Universitarios que se oponían a la reforma, donde se aprobó la modificación del Reglamento General de Inscripciones que imponía cuotas de inscripción (de casi 700 pesos en bachillerato y mil 200 en licenciatura), terminando con la gratuidad mandatada en el Articulo III de la Constitución.

El 17 de abril, en sesión de la Asamblea General Universitaria, alumnos del Plantel 2 de la Escuela Nacional Preparatoria informaron que acordaron tomar las instalaciones, pues un miembro del movimiento fue golpeado al interior del plantel en el marco de las protestas y la  dirección escolar hizo caso omiso, marcando con ello el inicio informal del paro indefinido. Pero haciendo recuento, a esta fecha se realizaron paros en varias escuelas de 12, 24, 48, 72 horas y hasta de 7 días; marchas a las  Direcciones de la Escuela Nacional Preparatoria y del Colegio de Ciencias y Humanidades, de Facultades e Institutos, a Rectoría, Zócalo, Secretaría de Gobernación, Los Pinos; se realizaron bloqueos informativos en las principales avenidas de la ciudad, brigadeos casa por casa, mercados, tianguis, centros comerciales y plazas públicas, Metro, Tren Ligero y microbuses, en preescolares, primarias y secundarias, en planteles del Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana, Colegio de Bachilleres, DGTyS, CBTIS y CBTAS, universidades públicas y privadas del interior del país, la Ibero y el Tec., en fábricas y centros de trabajo de empresas públicas y privadas, semáforos populares y, quizá la más importante de todas estas movilizaciones, una consulta universitaria con participación de más de 250 mil estudiantes, académicos y trabajadores en contra de la reforma y a favor de abrir la discusión de la transformación de la universidad. Nuestra demanda de diálogo público, abierto y directo, no fue escuchada y para el 23 de abril, era realidad el paro indefinido en las 36 escuelas de nivel medio superior y superior, al que fueron sumándose institutos, bibliotecas y centros de investigación.

Diez meses después de esta durísima decisión, el movimiento estudiantil de la UNAM fue acorralado un 5 de febrero del año 2000 en el Palacio de Medicina (antigua sede y museo de la Inquisición). Con desgaste y desprestigio mediático a cuestas, perseguido, encarcelado, conminado a abandonar la lucha y con ella también la dignidad, a entregar las instalaciones a cambio de nada, a aceptar una culpa y las acusaciones de delincuencia.

Nuestra respuesta fue NO.

Hoy, 14 años después, quienes participamos en ese movimiento, asumiendo o no la responsabilidad, haciendo lo que hacemos, estando donde estamos y vayamos a donde vayamos, quienes viven y quienes no, podemos mirar este país y a su gente de frente. Sabemos bien, que el expediente engordará o no y que nunca desaparecerá; en ese expediente dirá que somos delincuentes, inadaptados, radicales, anarquistas, trasnochados, un peligro para la estructura conservadora; las instituciones de espionaje nos seguirán a todos lados y registrarán todo cuanto hacemos y hablamos, pero a 14 años conservamos la dignidad y la rebeldía intacta, pues sabemos que hicimos lo correcto.

No nos equivocamos al defender la universidad pública, gratuita, crítica, disidente,  humanista, científica, popular, diversa.

Y lo haríamos de nuevo.

El alumno de Pedro

* Experto en economía, conocido como “el ángel de la dependencia”, Pedro Aspe mantiene desde hace tiempo una estrecha relación con los gobiernos locales. En la administración de Montiel fue el artífice, a través de Protego, dirigida por Luis Videgaray, de la restructuración de la deuda. La influencia de Protego en el manejo de las finanzas públicas mexiquenses se extendió hasta el gobierno de Peña, quien al inicio de su mandato nombró al joven tecnócrata Videgaray como su secretario de Finanzas, cargo al que renunció en el primer trimestre de 2009 cuando fue inscrito en la lista de los diputados federales plurinominales. Y ya en San Lázaro se apropió, nada más, de la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, una de las tres más poderosas. Este texto pertenece al libro Los Golden Boys, escrito por el periodista Francisco Cruz, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

Luis Videgaray está lejos de ser una persona impreparada: según su hoja de vida, cursó dos carreras a la vez —Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM)—. Además, es doctor en Economía por el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), pero aquello fue un milagro a medias, porque el nuevo gobierno se comprometió a pagar, durante cinco lustros y por concepto de intereses, más de 56 millones de pesos, un promedio de 2 mil 270 millones 785 mil pesos anuales.

Los mexiquenses pagarán a los bancos el equivalente a tres deudas públicas en 25 años. Como lo puso en una de sus columnas el periodista local Macario Lozano: “para liquidar los empréstitos con todo e intereses se necesitará lo que resta del gobierno de Peña, los siguientes cuatro sexenios completos y, al menos, la mitad de un quinto periodo, siempre y cuando no haya más endeudamientos o una nueva renegociación”.

Protego es un nombre clave, por su relación con Pedro Aspe Armella. Sobre él, se escribió en medios mexiquenses, en junio de 2010 que “el futuro financiero de Televisa es celosamente custodiado por Aspe, presidente del Consejo de Administración y ex secretario de Hacienda, forjador de la célebre frase de que el desempleo en este país era un ‘mito genial’.

Experto en economía, conocido como “el ángel de la dependencia”, Aspe mantiene desde hace tiempo una estrecha relación con los gobiernos locales. En la administración de Montiel fue el artífice, a través de Protego, dirigida por Videgaray, de la restructuración de la deuda. La influencia de Protego en el manejo de las finanzas públicas mexiquenses se extendió hasta el gobierno de Peña, quien al inicio de su mandato nombró al joven tecnócrata Videgaray como su secretario de Finanzas, cargo al que renunció en el primer trimestre de 2009 cuando fue inscrito en la lista de los diputados federales plurinominales. Y ya en San Lázaro se apropió, nada más, de la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, una de las tres más poderosas.

La bitácora de Protego revela que ha conseguido para el gobierno de Peña un crédito simple de 160 millones de pesos, un crédito de corto plazo revolvente por 500 millones, además de encargarse del refinanciamiento de Certificados Bursátiles a través del Fideicomiso Maestro, en una operación que representó 570 millones de pesos.

Protego representó por años la empresa más exitosa del intelectual de las finanzas; sin embargo, en 2006 la firma fue adquirida por el grupo financiero estadounidense Evercore Partners, en una transacción de 7 millones de dólares, bajo la cláusula que todo el equipo de Aspe se adhirieran a la nueva estructura que quedó co-presidida por el propio ex secretario de Hacienda.

La firma se promueve en la red como una empresa líder fundada en 1996 y que ha estructurado más de 100 transacciones de banca de inversión como colocaciones de capital privado, financiamiento de proyectos de energía, restructuraciones financieras, fusiones y adquisiciones y financiamiento a estados y municipios. Y en 2005, antes de ser vendida a Evercore Partners, registró ventas por 19.5 millones de dólares.

La fortuna amasada por Aspe hoy le permite participar al lado de empresarios como Carlos Slim, Emilio Azcárraga Jean y la firma centroamericana TACA en la administración de la aerolínea de bajo costo Volaris, que encontró en el Aeropuerto Internacional de Toluca todas las facilidades para establecer su base de operaciones.

Aspe no sólo preside el Consejo de Administración desde la fundación de la aerolínea, también supervisa 25 por ciento de las acciones a través del fondo de inversión internacional Discovery Americas que fundó en 2003 en sociedad con Discovery Capital Management, pero además se prevé que con la inminente salida de Grupo Televisa de Azcárraga Jean e Inbursa de Carlos Slim, el fondo capitaneado por Aspe se apodere de otro 25 por ciento de acciones.

Aspe Armella es también el máximo responsable de la catástrofe económica que estalló en México a finales de 1994, cuando apenas había dejado la titularidad de la SHCP y también es señalado por enriquecimiento ilegal al amparo del poder que detentó como titular de la dependencia”.

 

Atando cabos

 

Muy tarde, en 2011, cuando Peña se encaminaba a la Presidencia y Videgaray había consolidado su poder, los mexiquense se enteraron que la deuda real superaba 52 mil millones de pesos y que, incluida la de los municipios, aumentaba hasta 75 mil millones de pesos. Carlos Madrazo Limón, diputado local panista en esa época, hizo una precisión el miércoles 30 de noviembre de 2011. La deuda pública se ubica en 75 mil millones de pesos; es decir, 52 mil millones, un “poquito” más de lo que se debía al 16 de septiembre de 2005, cuando Peña tomó posesión como gobernador.

Presidente de la Comisión de Vigilancia del Órgano Superior de Fiscalización de la Legislatura mexiquense, Madrazo precisó que del total del adeudo, 52 mil millones 147 mil 329 pesos correspondían al gobierno estatal. El de los ayuntamientos sumaba 14 mil 454 millones; el de los organismos de agua, 8 mil 553, en tanto que los sistemas del DIF municipales tenían un adeudo de 227 millones de pesos.

Ese mismo año, el 11 de marzo, libro “Información programática y rendición de cuentas. Claves para entender el uso indebido de los recursos públicos en el Gobierno de Enrique Peña Nieto”, denunció un desvío por 13 mil 365 millones de pesos ejercidos en 2008.

José Guadalupe Luna, diputado local por el PRD, explicó que esa cantidad se incrementó, en diversos programas públicos, en una proporción que no correspondía con el cumplimiento de las metas de cada uno. Y sugirió que ese dinero habría terminado en la operación electoral en favor de las campañas del PRI en 2009.

El periódico Reforma publicó el 12 de marzo de 2011: “En ese año fueron presupuestados 114 mil millones de pesos, pero el gobierno mexiquense recibió 32 mil millones adicionales de la administración federal. Oficialmente, dichos recursos fueron aplicados en 64 programas, pero, de acuerdo con el libro, cuyo autor es asesor financiero del PRD, se distribuyeron en forma irregular y violatoria de la Constitución. […] Del total de excedentes federales, 13 mil 365 millones no impactaron en las metas de los programas a los que fueron destinados”.

Atrapado con las manos en la masa, ese mismo día el secretario de Finanzas, Raúl Murrieta Cummings —quien heredó el puesto de su amigo Videgaray—, negó que haya existido algún desvío de recursos. Luego cantinfleó un poco. Muchas metas establecidas en el gasto estatal, señaló, son cualitativas y no sólo cuantitativas. Sólo él sabe qué exactamente quiso decir. La duda se quedó para siempre en las páginas del libro, editado por la bancada del PRD en la Legislatura mexiquense.

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