Poder eterno

* El 19 de septiembre de 1994, Carlos Salinas regresó aquellos halagos: “no se trata de un líder sindical más, tampoco de un sindicato común y corriente; al contrario, este sindicato de telefonistas es, sin lugar a dudas, uno de los pilares de la transformación del sindicalismo mexicano, ejemplo de las luchas de la defensa de sus derechos. [Hernández Juárez] es un líder modernizador, con visión y, además, con un compromiso sindical honesto y democrático”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz

En esas condiciones y con esos “atributos”, cuando el país literalmente ardía en 1988 por las sospechas de fraude electoral, en septiembre de ese año Pancho (Hernández Juárez) termina por legitimar a Salinas, invitándolo como testigo de honor a la XII Convención Nacional del STPRM, en la que rendiría su informe anual de labores como secretario general. El líder sindical consintió, apapachó y entregó su destino político-sindical al candidato presidencial priista y se dio el tiempo para decirle a los telefonistas: “El proceso que se definió el 6 de julio nos beneficia a todos. […] Podemos comprobar lo acertado de haber planeado, desde el inicio, que lo más conveniente para los telefonistas era concertar con quien más posibilidades tenía de llegar a la primera magistratura del país”.

El 19 de septiembre de 1994 Salinas regresó aquellos halagos: “no se trata de un líder sindical más, tampoco de un sindicato común y corriente; al contrario, este sindicato de telefonistas es, sin lugar a dudas, uno de los pilares de la transformación del sindicalismo mexicano, ejemplo de las luchas de la defensa de sus derechos. [Hernández Juárez] es un líder modernizador, con visión y, además, con un compromiso sindical honesto y democrático”.

Valga, pues. Para el 10 de enero de 1989, mientras Salinas propinaba el primer golpe a la CTM, Pancho tenía ya listo el plan para romper con Fidel y el Congreso del Trabajo. Aunque se le reconocería hasta el 26 de abril de 1990, también existía la propuesta de crear —inicialmente con las asociaciones sindicales de Pilotos Aviadores (ASPA) y Sobrecargos de Aviación (ASSA), así como los sindicatos Mexicano de electricistas (SME), Técnicos y Manuales de la Industria Cinematográfica (STIC), telefonistas y la Alianza de Tranviarios de México— la Federación de Sindicatos de Empresas de Bienes y Servicios (Fesebes), que luego se independizaría, dando forma a una nueva central obrera. El proyecto se concretizaría el 28 de noviembre de 1997 con la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), dejando la preparación de nuevos líderes sindicales a cargo del Instituto Nacional de Solidaridad (Insol).

Para el 14 de abril de 1989, la Presidencia de la República tenía listo el proyecto de privatización de Teléfonos de México, que tomaría forma en septiembre —cuando Salinas se lo comunicó a los telefonistas sindicalizados en su convención anual— y se concretaría con su venta al mejor postor, en diciembre de 1990, con el apoyo incondicional del sindicato. Si Francisco Hernández Juárez respondía a Salinas y se corrompió, como en algún momento lo denunció el hoy extinto Fidel Velázquez, o si era blanco del odio de sus enemigos, es cuestión de cada quien; sin embargo, vale la pena repasar algunas informaciones jamás desmentidas.

Los encuentros Salinas-Pancho se hicieron tan frecuentes que se convirtieron en una rutina. Desde el inicio de su administración el 1 de diciembre de 1988, Salinas tenía claro el papel que jugaría el sindicato de Telmex para consolidar el neoliberalismo mexicano. Le eran familiares las formas para ganarse la lealtad y hasta la sumisión de sus allegados. Mantuvo al líder telefonista pegadito a él. Este se rindió a los hechizos y aceptó gustoso el llamado meloso presidencial. Bastaba que le dieran guías de la postura que debía adoptar. Pancho se había convertido en el más ferviente impulsor de la privatización de Telmex. A su manera, dejó testimonios de esa cercanía, recogidos algunos en 1995 por el periodista Rafael Rodríguez Castañeda en el libro Operación Telmex, contacto en el poder, de editorial Grijalbo.

En una visita a Washington, Salinas le dijo a Enrique Iglesias, director del Banco Interamericanos de Desarrollo (BID): “Este es mi amigo Francisco Hernández Juárez, espero que puedan ayudarlo”. Y lo ayudaron. Ya privatizado Telmex, los trabajadores telefonistas se quedaron con un paquete de las acciones de la empresa por unos 324 millones 953 mil 222 dólares, que se liquidaron a través de un fideicomiso de Nacional Financiera (Nafinsa) por 325 millones de dólares. Las acciones terminarían más tarde en manos de Slim porque los trabajadores sindicalizados descubrieron muy pronto que su dirigencia usaba el reparto de los beneficios como una forma de chantaje y se hizo casi imposible que los recibieran quienes no colaboraban con la empresa.

Palabras más, palabras menos que recoge Rodríguez Castañeda, Hernández Juárez fue muy elocuente y lengua suelta con algunos periodistas. Durante el último día de una gira de trabajo en la que acompañó al presidente Salinas a Washington: “Necesito ir a un centro comercial a comprar unos pinches tenis porque Claudio X. González —el magnate— quiere que vaya a correr con él […] Y para comprarle cosas a mis hijas. Además, en el avión (presidencial) me dieron este fajote de dólares —eran billetes de 100— y mejor me los gasto, no vaya a ser que me los pidan al regreso”. Y se los gastó, según se pudo constatar al día siguiente, allí mismo en Washington.

Cuánto le dieron en aquel avión presidencial, sólo Pancho —caballo de Troya sindical de aquel sexenio— lo supo, pero el señalamiento lo hizo en una plática con el periodista José Carreño Carlón, entonces director del periódico oficial El Nacional. Concretada la venta, el sindicato recibiría, vía un crédito especial a través del Banco Internacional, 5 por ciento de las acciones serie “A”, propiedad del gobierno federal, de aquellas que había comprado, en su momento, el presidente Luis Echeverría Álvarez.

El mayor legado de Pancho será siempre el sindicato telefonista. Este personifica todos sus contrastes y contradicciones. En su estudio Sindicatos y política en México: el caso de la privatización de Telmex, la investigadora Judith Clifton, profesora de comunicación política en la Universidad de Leeds, Reino Unido, encontró que “Hernández Juárez se convirtió poco a poco en el vocero del gobierno al adoptar fervientemente la retórica de Salinas acerca de la necesidad de reformar al Estado. […] Como podía esperarse, resultó más difícil persuadir a las bases del STRM para que cooperaran —o al menos no se opusieran— en la privatización. […] Se prohibió a los trabajadores tener reuniones durante las horas de trabajo; quienes se resistieron o demostraron oposición fueron despedidos”.

Al menos 200 telefonistas corrieron esa suerte entre abril y octubre de 1989. “Entre ellos al menos 20 delegados sindicales y líderes locales que habían cuestionado la privatización y la estrategia de Hernández Juárez. […] Este estaba totalmente en contra de los desilusionados telefonistas y en varias ocasiones les advirtió que serían despedidos si no cooperaban. […] Esta dura línea que adoptaron la administración y los dirigentes sindicales generó el enojo entre muchos trabajadores quienes se quejaban de trabajar en condiciones parecidas a las de una requisa. […] Sin embargo, durante este periodo, la oposición no fue muy unida, en parte por las políticas extremadamente hostiles del gobierno hacia muchos sindicatos del resto del país”.

Temerosos, los telefonistas se reflejaban en dos espejos. El primero, el de la minera Cananea, en Sonora, donde 300 trabajadores fueron despedidos después de declararse en huelga en agosto de aquel 1989. De su lado, la empresa fue declarada en quiebra. Un mes más tarde, los 5 mil 400 obreros de la siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas, en Michoacán, corrieron la misma suerte de sus compañeros sonorenses. Así, por la buena, aceptaron la democracia limitada, muy cercana al absolutismo, que les ofreció Pancho, Paco, Francisco.

“El 31de diciembre de 1991, Salinas invitó a algunos dirigentes del STRM a Los Pinos para celebrar el año nuevo y los elogió por estar a la vanguardia de los cambios de la sociedad mexicana”. En sus anotaciones, Clifton precisa: “En 1992 Salinas los comisionó para escribir un libro acerca del nuevo sindicalismo y la Reforma del Estado, el cual fue publicado en una serie de folletos ideológicos por el Fondo de Cultura Económica. […] este libro” fue coescrito con la ideóloga del sindicato Xelhuantzi López.

El 29 de julio de 2012, listos todos los detalles para su novena reelección, Francisco Hernández Juárez asentó, que durante los cuatro años anteriores preparó su salida del gremio, “pero no funcionó, la gente me pide que me quede y yo, francamente, estoy dispuesto a seguir trabajando para mis compañeros en estos momentos que son especialmente difíciles para la empresa y los telefonistas”. Recordó en ese contexto que en agosto de 2008 —cuando anunció también por enésima ocasión que “mi partida es definitiva”—, entró en vigor una reforma estatutaria y se nombró a Jorge Castillo Magaña como secretario general adjunto, pero la transición sindical no funcionó, “Castillo se impacientó, me quiso sacar y eso a la gente no le gustó”.

Los retos para el período que terminará, si todo transcurre en la normalidad sindical, en 2016 incluyen: “En 1990 teníamos 42 mil trabajadores, actualmente hay 32 mil 500. La empresa no ha cubierto 9 mil 500 vacantes”. Si es una réplica del viejo sistema corporativista mexicano parece estar fuera de discusión, pero hay una realidad inocultable: Fidel logró sostener a la CTM y al Congreso del Trabajo como las principales organizaciones del movimiento obrero, Pancho se ha quedado en el camino de replicar esa situación con la Fesebes, con todo y la UNT. Hoy, según las estadísticas más optimistas, sólo 10 por ciento de los trabajadores mexicanos están incorporados a una organización sindical, 62 por ciento no tiene ninguna prestación social y 46 por ciento no cuenta siquiera con un contrato laboral.

Francisco Hernández Juárez —Pancho, Paco, Juárez, el visionario Francisco— podría aparecer en un cuento de hadas, en una comedia o en un drama de Hollywood. Fue un humilde estudiante que, sin proponérselo, se encumbró a la Secretaría General del sindicato de Telmex enarbolando las banderas de la democracia, del antirreeleccionismo y de la defensa de la autonomía sindical. A su llegada, casi de inmediato, adoptó una decisión  muy parecida a la de una pareja de recién casados en una alcoba matrimonial para ganarse la confianza de su maestro Fidel. Consentido, sucumbió a la compleja naturaleza del poder. Terminó eternizándose en el poder. Se volvió inmensamente poderoso.

El Barco Ebrio

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El Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, hace su lucha rumbo a las elecciones del 2015. Ya tiene calculadas pérdidas y ganancias y trabaja para ejecutar una plataforma política ejemplar, que los ubique por encima del PRD y la mini-izquierda mexiquense. No ganarán mucho, pero en este momento nada tienen.

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Por lo pronto, Andrés Manuel López Obrador hace giras por algunas entidades, incluyendo el Estado de México, donde convoca mítines todavía con participación variada. En ese camino, que ellos llaman “refundación” o “nueva república”, AMLO sigue siendo la figura principal de Morena y el eje en el cual todo se mueve. Sin AMLO, Morena no tendría nada, pero apenas es el comienzo.

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En Zinacantepec, por ejemplo, Morena ha encontrado oposición política en sus actividades públicas. Los militantes de ese municipio señalan, para empezar, hostigamiento por parte del ayuntamiento priista, que ha enviado personeros para hacerles saber a los “morenos” que lo que hacen es contrario a los intereses de la presidenta priista Olga Hernández Martínez, luego de que subieran en redes sociales los gastos del municipio, así como los salarios de los servidores públicos. Información de Transparencia, pública al fin y al cabo, los del ayuntamiento no lo entendieron así y entonces decidieron ofrecer un cargo en el cuerpo administrativo a los responsables, para que le fueran midiendo. Socarrones, los militantes dijeron: “nosotros no nos vendemos por tan poquito. Si nos dan 4 millones de pesos, la pensamos”. La respuesta fue todavía más increíble, porque la externaron en el más serio de los tonos. “Híjole, es una lana, pero se puede negociar”.

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Las tablets en las escuelas primarias del valle de Toluca son un éxito. Repartidas a alumnos y maestros de quinto grado, las computadoras portátiles son usadas por los estudiantes con relativa facilidad y son útiles necesarios en el día a día de las aulas. Todas debidamente repartidas y con los programas adecuados, fueron llevadas a las escuelas por personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, en un gesto de solidaridad por parte de esa dependencia, que destinó recursos humanos para tan loable tarea, a costa de sus propios deberes. Oficinistas y empleados de diversas áreas se apuntaron para tal actividad a pesar de perder algunas horas laborales. El éxito fue de todas maneras palpable.

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Los niños que no tienen tableta electrónica padecen la desatención de sus padres o familiares, quienes no metieron los papeles correspondientes para obtener el aparato. Luego del horario escolar, cada niño puede llevársela a su casa para seguir con las tareas correspondientes. Se evitó, por otra parte, que las tablets se perdieran haciendo firmar a los padres una responsiva por el equipo. Si un niño cambia de escuela, por ejemplo, debe dejar su aparato para que otros lo usen y no crear confusiones. La pérdida de un equipo se resuelve de manera legal levantando actas ante ministerios públicos. Así, también se evita que se puedan vender o empeñar y todas monitorean de manera automática el uso de internet. La logística es de primera.

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Las pantallitas vienen programadas para trabajar algunos temas de ese grado. Igualmente, a los maestros de quinto los capacitaron en vacaciones para usarlas en el aula, para que guíen de manera efectiva esa interfase.

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Los maestros de las zonas rurales de Toluca, Autopan, Cuexcontitlán y Huichochitlán, entre otras, están contentísimos y dicen: “hay una clave para trabajar en internet pero no tenemos internet y las maestras de quinto tampoco tienen la clave, pero mientras trabajan con lo que trae la tablet”. En algunas escuelas ni siquiera energía eléctrica tienen. Exigentes. Pues qué querían. Tablets o internet.

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(No tienen internet).

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El presidente de México, Enrique Peña, repartió a través de su Oficina una serie de cartas donde explica y agradece de la más impersonal de las formas el sentido de las reformas promovidas recientemente. Todo muy bien, con letra y firma bien bonitas y hasta un diseño muy adecuado. Lo único que se les puede criticar es que envían las misivas a personas fallecidas, que no deberían aparecer en ningún padrón, excepto en el del rubro correspondiente. Al rato sus nombres aparecerán en listas nominales. Mientras tanto, en una realidad alternativa, como sucede siempre con la Nación Peña Nieto, los difuntos analizan las modificaciones peñistas. Muchas gracias.

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Pasado el Grito de Independencia, la ceremonia pues, los contrastes generados corresponden a la polarización de México, un sinsentido alimentado por los extremos que pasa, primero, por los ejercicios de cateo de la Gendarmería Nacional aplicado a niños. Luego, el vistoso outfit de la Primera Dama del país, Angélica Rivera, quien vistió un traje azul marino con rosa diseñado por Óscar de la Renta. La revista del corazón Quién, la preferida de la familia presidencial, da detalles más precisos, como el costo del traje. “…Aparece como agotado en el sitio de la exclusiva tienda Neiman Marcus, mientras que en la tienda en línea Polyvore apunta que su precio es de 2 mil 201 dólares rebajado de 6 mil 299 (dólares).

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También una de las hijas de la pareja fue detallada en su atuendo por la revista, que menciona que “el look de Sofía Castro para la importante noche estuvo firmado por el stylist Aldo Rendón, quien también viste a Ana de la Reguera. El vestido en color hueso de escote profundo en V y manga larga con aplicaciones de lentejuelas en el top es una creación del reconocido mexicano Kris Goyri”. La realidad mexicana, los de arriba y los de abajo, resulta de un escandaloso contraste cuando las previsiones para el país también son nebulosas. Unos aseguran que la Presidencia creará, a principios del 2015, una especie de paraíso económico, aunque artificial, para impulsar los ánimos a favor de las reformas, pero que sólo durarán meses, en lo que el futuro nos alcanza. Luego vendrá lo que ya se le llama “la noche más oscura”.

Los Juniors del Poder

* El periodista Francisco Cruz Jiménez ha publicado el libro Los Juniors del Poder, su octava obra, entre las que destacan Negocios de Familia y Tierra Narca, todas editadas por Planeta. Disponible a partir de octubre del 2014, Los Juniors… recorre el camino de las heredades en ese poder público y empresarial que parece renovarse a sí mismo cada determinado tiempo, cuando es necesario. Los mismos apellidos en distintas caras, intenciones y actividades similares, cotos medievales y fortunas incalculables aparecen reseñados en las páginas de esa investigación, que también toca a familias del Estado de México.

Miguel Alvarado

Hombre de protocolos, aprendidos apenas, Enrique Peña nunca asistirá a un estadio de futbol sin que previamente sea llenado con acarreados ni dará la cara en algún escenario donde no tenga, al menos, el control parcial de la asistencia.

La noche del 15 de septiembre del 2014 representaba para él y su corte de reformistas uno de los retos públicos más interesantes y que les permitiría aplicar, si no sus conocimientos políticos, al menos sus tácticas de acarreo. Comprada una elección presidencial, la más discutida junto con la Felipe Calderón en el 2006, al equipo de Peña no le preocupaba la logística ni los costos, tampoco la moral o el resultado de al menos 10 reformas totalitarias, sino la exposición pública. México se polariza y cada vez se trata menos de pobres contra ricos. Peña volvió los ojos, amoroso esta vez y aunque se saltó en el mapa San Salvador Atenco al elegir sus opciones, volvió a comprar con espejitos y cuentas de vidrio las leales porras de quienes trabajan como acarreados. Cuautitlán Izcalli, Tlalnepantla, Huixquilucan y Atizapán entre otros municipios aportaron su grito de guerra, viva Peña, vivan los tamales, viva el atole, un chingue su madre silenciado a la hora correcta, a cambio de un mp3, una torta, un par de plátanos y para algunos los emblemáticos 500 pesos. En Coacalco hasta comida de despedida hicieron a los profesionales de la presencia, a quienes les hicieron saber que la seguridad estaría a cargo del gobernador mexiquense Eruviel Ávila, al permitir policías estatales y municipales para vigilar algunos de los cerca de 500 camiones que viajaron al centro del DF. Los cálculos ubican a diez mil convencidos con plátanos y arroz acudieron a gritar para Peña. Unos cuantos fueron colocados en micrófonos de estaciones de radio y televisoras, donde sólo se escuchaba “¡Peña, Peña Peña!” en el momento en el que el presidente daba el Grito.

Todo bien, montaje en popa, sólo eso se escucharía en las transmisiones en vivo, entre tomas abiertas y un sinfín de conductores, casi todos reflejo de la cara bizarra que se le ha impuesto al México narco desde la modernidad oficializada y el vestido negro y rosa de Angélica Rivera, diseñado por Óscar de la Renta.

Las hordas se organizaron desde temprano. Los camiones llegaron al zócalo con horas de anticipo y los asistentes, con platos desechables en mano, hacían la cola pacientes, comidos y bebidos y dispuestos a divertirse trabajando. Cada grupo o camión tenía uno o dos coordinadores en una logística de guerra que podría aplicarse para tácticas de venta en cualquier empresa. Esta empresa, la de Peña Nieto, exige presencia y eso se cumple, sí o sí.

Horas antes, una camioneta donde viajaba la hija de la pareja presidencial, Sofía Castro, fue acosada por una multitud que le impidió el paso rumbo a Palacio Nacional, llenándola de patria espuma. Sólo anecdótico, es de todas maneras la única respuesta que puede darse, además del catálogo de burlas que circulan en las redes sociales, contra el dueño del poder público.

Sofía Castro es un aiña y su madre la Primera Dama, a quien al menos hasta ayer un vestido, un apodo y tres post en twiteer todavía definen a la Gaviota mexicana, tan brillante como otras pero más guapa, más actriz.

“Osea yo creo que si los indios quieren salir de donde están que se pongan a trabajar y dejen deestar de flojos o violentos como en Atenco”.

“Enrique no se arrepiente nada por lo que pasó en Atenco, la verdad se lo merecían sólo pertuban la paz de todos los que si queremos trabajar”.

“Por eso dije que Salinas hizo bien cuando mando al ejercito a esos indios revoltosos, osea que se pongan a trabajar y amen a México también”.

La capacidad integradora de Peña polariza, pero eso ya se sabe. Con Peña, aunque pagados, o contra Peña, aunque jodidos. México avanza y nadie sabe de qué tamaño es el abismo adelante o el incendio a las espaldas mientras la Gendarmería Nacional traduce como nadie el lenguaje del temor que se habla desde la presidencia. ¿Puede dormir Peña? ¿Teme a los niños, a los bebés que fueron cateados para entrar al Zócalo, en busca de armas o drogas escondidas? ¿A qué le teme un presidente que anunciaría dentro de poco la intención de reelegirse? De nada valieron las luces en forma de águilas o Morelos y Matamoros en todos los pueblos del país ni los cohetes, las tortas, pambazos, el pozole porque fue nada más entretenimiento para unas horas, dos días de asueto, impasse hacendario desde el despido o los trabajos apenas remunerables que ya no hacen la diferencia entre el ambulantaje y los cautivos en el SAT.

Peña dicta clases. No lee, no escribe, no sabe nada, parece lerdo y sin embargo es el más adelantado de los bebesaurios, de la nueva clase política cuyos padres, naturales o putativos, pero padres al fin, gobiernan sin ningún contrapeso un país que aparece quebrantado, desunido, desintegrado. Eso no es verdad. Nunca antes México ha estado tan cohesionado ante un proyecto político y empresarial que si bien ha vendido y sigue vendiendo los bienes públicos, se matiza con frases como “mover a México” o la aparición en programas televisivos de chatarrería como “Hoy” con audiencias pasivas y gelatinosas líneas editoriales.

A fuerzas, pero cohesionado.

Peña es ejemplo de la política enmascarada, corporativa y criminal que se practica en México y el Tercer Mundo. Ese tomar la bandera, endurecer rostro, aliñar el copete y agitar una campanita mejor vestida que la mitad de Huixquilucan son los símbolos de un poder que de tan grande se ha vuelto amorfo. Morirán como todos a menos que encuentren la forma de perpetuarse, la inmortalidad de a deveras todavía no es posible. Mientras, la alternativa es preparar cuadros. Los hijos de los dinosaurios, los nietos, sobrinos, hermanos, ya juegan en las ligas del poder en México y no tardarán en hacerse públicos los que no lo son y más poderosos los que ya despuntan.

El periodista Francisco Cruz Jiménez perfila lo anterior en el libro Los Juniors del Poder, su octava obra, entre las que destacan Negocios de Familia y Tierra Narca, todas editadas por Planeta. Disponible a partir de octubre del 2014, Los Juniors… recorre el camino de las heredades en ese poder público y empresarial que parece renovarse a sí mismo cada determinado tiempo, cuando es necesario. Los mismos apellidos en distintas caras, intenciones y actividades similares, cotos medievales y fortunas incalculables aparecen reseñados en las páginas de esa investigación, que también toca a familias del Estado de México.

Incluso la imagen de portada es acertada. Un par de chupones de oro, muy juntos, complementan el título. Nada más sugerente para una investigación que aborda en ocho capítulos a personajes salidos del más oscuro surrealismo, pero efectivamente de carne y hueso y con el poder en sus manos. Allí aparecen el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, nieto del ex gobernador Manuel Velasco y asiduo de revistas como TV y Novelas, donde su vida de potentado y jetsetero da para más de una nota, una novela. Viviseccionados está también la triada de los chicos mimados de Palacio Nacional, Aurelio Nuño Mayer, jefe de la Oficina de la Presidencia, a quien se le atribuye la invención de la frase “Mover a México”; Alfonso Humberto Castillejos Cervantes, titular de la Consejería Jurídica del poder Ejecutivo, poderoso “niño” quien fue investigado por el entonces procurador del Edomex, Alfonso Navarrete Prida, en el 2004, por el asesinato de Enrique Salinas de Gortari. El padre de Alfonso Humberto Castillejos también fue asesinado a tiros el 9 de julio del 2008. Era el abogado penalista Marcos Castillejos Escobar. El último es Francisco Guzmán Ortiz, un asesor casi espiritual para Peña y del que pronto se sabrá su verdadero potencial político.

Los otros capítulos integran a figuras, porque finalmente lo son, aunque inversas o negativas, que tarde o temprano dejarán de ser las sombras de sus parientes y perpetuarán la casta, como ha sucedido siempre en la historia del país.

Francisco Cruz no olvida, por ejemplo, que Peña Nieto fue gobernador del Estado de México y que mucho ha influido en esa carrera política el sobrinaje con Arturo Montiel, un ex mandatario acusado de enriquecimiento inexplicable y a quien se perdonó durante el propio sexenio mexiquense de Peña. Tampoco deja de lado que la gubernatura en el Edomex de Eruviel Ávila es sólo un paréntesis, aunque bien controlado, antes de que la casta jerárquica de los Del Mazo –a la que también pertenece Peña por derecho de sangre- retome el control absoluto de la entidad más importante del país en la figura de Alfredo del Mazo Maza, hijo del ex gobernador mexiquense Alfredo del Mazo González.

Alfredito, como lo llama Cruz, es actualmente director de Banobras y fue ex alcalde de Huixquilucan. Era el aspirante número uno del PRI a la gubernatura mexiquense en el 2011, pero una decisión de último minuto lo bajó de aquel escenario.

“El reto de Alfredito es –más que evitar los descalabros familiares- saberse colocar en el entramado de un proyecto atlacomulquense priista que está pensado en el poder como un medio para eternizase. Así pues, los andamiajes de esta maquinaria se están levantando desde hace muchos años, nutriéndose de sectores influyentes como el religioso y el empresarial… a sus casi 39 años de edad, Del Mazo Maza parece cumplir con todos los requisitos, ahora que han casado a la democracia con la idea del político-príncipe azul, las revistas de imagen ya empezaron a trabajar para insertar a este “sexy galán de cabello cano” en la memoria colectiva, convencidas de su influencia en las altas esferas de la política mexicana. Y aunque está abierto a cualquier posibilidad no se necesita preguntar qué quiere Alfredo: es un hecho que este junior mantiene la mirada y los suspiros en la gubernatura del Estado de México”, escribe Cruz en un capítulo dedicado al primo de Peña Nieto.

Mientras, un desfile militar reafirma la idea de las castas para un país que no se ha dado cuenta de que vive en la Edad Media. Peña convoca pero debe pagar para que asistan. Así sucede también con las clases militares, que participan activamente en el negocio privado en el que se ha convertido el país. Y con el resto de los que participan, ya como comparsas o actores de primer cuadro.

Soldados. Armas.

Viva México.

El rey Aarón

* Su ratificación, por tanto, equivale a un espaldarazo del gobernador, quien pese al manejo caciquil que de la Cámara de Diputados mexiquense ha venido realizando su vecino, casi paisano y socio de grupo de poder, lo mantendrá en esa posición por lo menos hasta marzo o abril del próximo año, cuando el mismo Bedolla decida si regresa a gobernar ese municipio o busca otro puesto de elección, como una diputación federal.

Jorge Hernández

Por unanimidad de votos, el pleno de la LVIIILegislatura de la entidad aprobó nombrar al diputado Aarón Urbina Bedolla como presidente de la Junta de Coordinación Política para el último año de gestión. En los hechos, el nombramiento equivale a una ratificación, pues el oriundo de Tecámac ha sido presidente de este órgano legislativo en los dos primeros años de la gestión.

Junto con él fueron nombrados también quienes ya venían ocupando los mismos cargos desde el inicio de dicha Legislatura: el perredista y coordinador de su bancada, Héctor Miguel Bautista López y Ulises Ramírez Núñez, del PAN, como vicepresidentes. Asimismo Víctor Estrada Garibay, de Nueva Alianza, como secretario y como vocales Higinio Martínez Miranda de Movimiento Ciudadano, Óscar González Yáñez del PT y Alejandro Agundis Arias del PVEM.

Aunque se esperaba que el PRI mantuviera la presidencia de esta Junta, con anterioridad se mencionó la posibilidad de que Urbina Bedolla dejara no sólo el cargo, sino incluso la Legislatura, pues supuestamente sería llamado por el gobernador Eruviel Ávila a su gabinete.

Su ratificación, por tanto, equivale a un espaldarazo del gobernador, quien pese al manejo caciquil que de la Cámara de Diputados mexiquense ha venido realizando su vecino, casi paisano y socio de grupo de poder, lo mantendrá en esa posición por lo menos hasta marzo o abril del próximo año, cuando el mismo Bedolla decida si regresa a gobernar ese municipio o busca otro puesto de elección, como una diputación federal.

Ante este escenario vale mantener presentes sus dos últimas intervenciones en la tribuna legislativa, la semana pasada cuando dio inicio el actual séptimo periodo ordinario y la sesión plenaria de este 11 de septiembre, cuando se le ratificó al frente de la mencionada Junta. En ambas ocasiones presumió de supuestas virtudes de estadista, hablando de democracia, apertura, pluralidad, diálogo y construcción de acuerdos que sólo en su imaginación existen, pues nadie con un mínimo conocimiento de los usos y costumbres en el poder legislativo ignora que el sujeto ha impuesto poco menos que la ley de la selva en dicho espacio.

El mismo Higinio Martínez, quien no opuso mayor objeción a esta ratificación, en la sesión de apertura del periodo, ante Eruviel Ávila, “invitado especial”, acusó que esta LVIII Legislatura estaba sometida al Ejecutivo, y peor aún, por voluntad propia. Sin embargo, en esta sesión simplemente votó a favor y compartió con él la protesta de ley como integrante de tal instancia.

No es poca cosa, Martínez Miranda, hoy de Movimiento Ciudadano, sigue liderando el Grupo de Acción Política (GAP), uno de los pocos leales al obradorismo en territorio mexiquense. Este grupo llevó a la presidencia de Texcoco a  Delfina Gómez Álvarez, quien al parecer prepara armas para enfrentar al mismísimo presidente Enrique Peña por el tema del anunciado nuevo aeropuerto internacional.

Aunque no es el único obradorista en el congreso mexiquense. Junto con él presume de fajado el petista Óscar González Yáñez, quien tampoco dijo una palabra por esta ratificación y en la sesión de apertura olvido hasta el calificativo de “cabrón” que le colgó al Presidente para hablar de “oportunidades” y “condiciones favorables” para la entidad el simple hecho de que el Gobernador haya asistido a esa apertura.

Obviamente que de los demás coordinadores también ratificados en su lugar en la Junta, menos iba a esperarse algo. Ulises Ramírez viene de ese panismo que en dos sexenios mutó del radicalismo  auténtico a socio mayoritario del priismo pragmático y frívolo, mientras que de los otros siempre se ha sabido su docilidad y proclividad al poder. Nada extraordinario con ellos.

Conexiones

* “Totalmente reprobable, como gobernador voy a combatir ese tipo de cosas”, dijo Eruviel Ávila en el 2010, cuando se le mostró un video donde aparecía Rogelio Cortés Cruz, titular de la Dirección de Seguridad Pública y Tránsito de la SSC regañando a sus policías por usar un cuaderno falso de multas para extorsionar ciudadanos. “Los elementos traen su reglamento personal. A mí no me espanta. No me espanta que agarren un peso o dos pesos, es su problema”, decía Cortés, personaje central en lo que se refiere a la seguridad estatal. Siempre cuestionado, ha podido sin embargo sortear todo tipo de críticas provenientes de todos los sectores, hasta del mismo narco.

Miguel Alvarado

Tejupilco es una de las plazas tomadas por el narcotráfico desde hace años, en el sur del Estado de México. En un calor como de costa, los ancianos se reúnen en las esquinas del portal para jugar lotería, en bancas improvisadas que rodean al que organiza el juego y se encarga de pagar o cobrar las apuestas, que se hacen sobre cartones milenarios, sudados y maltratados como las manos que los manipulan. Marcan las figuras con piedras equivalentes a pesos y el que gana, formando una línea, grita “¡lotería!”. Allí se descartan La Estrella, El Diablo, El Valiente, La Jícara, El Mundo.

El Soldado.

Desde la década pasada, el soldado es una de las figuras  que más se repiten en los parajes de Tejupilco, municipio agrícola y comerciante que tuvo la suerte, buena o mala, de establecerse en un lugar que lo tiene todo, encrucijada geográfica que lo mismo conduce a Toluca, capital del Estado de México, que se interna todavía más al sur, en los territorios más violentos del centro del país. Todavía se recuerda la visita de un secretario del Estado de México a Tejupilco, en el 2007, que acudía para leer los discursos sobre prosperidad que se conocen al pie de la letra de aquí a Colombia. Las autoridades locales armaron un presídium frente a la presidencia donde aparecerían, a las 12 del día, junto a otros personajes como Zeferino Cabrera Mondragón, en ese entonces diputado local y quien siete años más tarde sería secuestrado por el cártel de Guerreros Unidos para liberarlo luego de pagar dos millones de pesos, negociados después de que el rescate pedido alcanzara 100 millones, poco menos de 10 millones de dólares.

Ese año, en el 2007, Zeferino Cabrera se sentaba junto al secretario aquel y, soporífero pero actor, navegaba de punta a punta las líneas escritas por ayudantes de escritorio, talentosos y hasta empáticos con el poder en turno. Zeferino debió fingir poco, pues la llegada de un convoy de camionetas a aquel aquelarre pondría las cosas en su lugar. El secretario, enviado de Enrique Peña, no perdió la compostura pero se le atragantaron las palabras. El discurso aquel, subrayado con enmendaduras de último minuto, se le cayó de las manos mientras observaba una fila india motorizada que se detenía a 15 metros de él. La corte de funcionarios se abrió, literalmente, mientras de una camioneta bajaba un hombre, joven de 24 años que encontraba en su cuerno de chivo la mejor de sus joyas, que ajuareaban manos y cuello bajo ese sol.

- Y buenas tarde, señores –dijo el que se bajó -venimos a presentarnos nosotros, las verdaderas autoridades y a ponernos a las órdenes de los que vienen de Toluca para que nos conozcan.

Parado desde el estribo de la camioneta, su voz sonó clara, sin rencores, hasta divertida. Pero esa no fue la percepción de Zeferino ni del resto de la comitiva que, pálida, observaba sentada mientras el secretario estatal miraba hacia todos lados, buscando un punto de apoyo, la falsa ayuda del gobierno peñanietista, la cerveza prometida para el final de la jornada.

- Yo soy El Z-12 –siguió el hombre, quien, como el estereotipo dicta, gastaba casquete militar y un bigotillo que no terminaba de gustarle y que le restaba estatura a los 1.80 metros que, luego se supo, medía el líder de la plaza de Tejupilco y otros cuatro estados del país. Chato, de anchas fosas nasales, lo cubría un chaleco negro antibalas y una barba de tres días que en aquel rostro de mirada triste apenas era una veladora adolescente. Sus ojos, demasiado juntos, siempre despertaron sospechas pero también imponían, como sucedió en aquel ejercicio improvisado de poder.

- Yo soy el Z-12, encargado de Tejupilco y les damos la bienvenida a los señores secretarios, a quienes les decimos que estamos aquí para trabajar juntos y en los que se les ofrezca –terminó Luis Reyes Enríquez, a quien lo identificaron algunos, con las reservas del caso. Capturado meses después, ese mismo año 2007, perteneció a los Zetas cuando eran el brazo armando del cártel del Golfo. Sargento del ejército primero y sicario después, a Reyes o “El King” se le hizo fácil acudir a echar un vistazo a los enviados de Peña Nieto. Luego de ofrecer apoyo, subió a su camioneta y se fue, seguido por otros seis vehículos, al menos. El acto se suspendió pero no lo del apoyo, eso no, porque resultó demasiado tentador.

Eso, por hacer memoria.

- Pero eso fue una cosa chusca. Los que mandan ahora son los de La Familia y ya sus sicarios y los que trabajan con ellos son de esta región –dice el que bebe frente a mí, mientras pide una jarra con cerveza.

Todavía en el 2008 Tejupilco y algunos municipios de Guerrero, como Arcelia, se encontraba en disputa. Luego, con la llegada de José Manzur a la jefatura de la PGR en la delegación mexiquense, las cosas se arreglaron, a finales de ese mismo año, pero todo tuvo un costo.

El delegado Manzur fue acusado de recibir sobornos de hasta un millón de pesos por parte de los cárteles de los Beltrán Leyva y la misma Familia Michoacana. El funcionario, hábil para hallar interlocución y un gerente para negociar sus pretensiones, era demasiado ambicioso y llevaba prisa, la peor de las combinaciones, así que ofreció el mismo trato a los dos bandos, que según testigos protegidos se pagaron en efectivo. La trampa se descubrió después, cuando ya era demasiado tarde. Los reclamos no se hicieron esperar pero no hubo respuesta que contentara a nadie. El cobro de los daños debió resarcirse a la antigua y José Manzur, primo hermano del actual secretario de Gobierno del Edomex y que lleva el mismo nombre, fue separado de su encargo. Luego desapareció en las entrañas de esa dependencia o en un levantón, dicen otras versiones.

Ese millón de pesos que pagaron por separado los cárteles sólo confirmó. La policía y los sistemas gubernamentales están cooptados por el narco o, como ellos se hacen llamar, crimen organizado. El ex delegado Manzur sólo siguió las reglas de un juego que se habían establecido tiempo atrás y de las que ningún funcionario de seguridad en el Estado de México ha conseguido librarse.

- Aquí manda La Familia –vuelve a decir el hombre que bebe y que vive en los límites de Tlatlaya y Guerrero.

II

Lo llaman Comandante Cronos y es uno de los pocos mandos que puede enorgullecerse de sobrevivir a cualquier cambio en la estructura jerárquica de la policía y del gobierno estatal. Ha aguantado todo pero también ha mantenido intocable el coto de poder que adquirió recién nombrado. No sólo eso, también lo ha ampliado. En las profundidades de la policía se le ubica como uno de los verdaderamente poderosos, dueños absolutos del negocio de la droga y la organización del narcotráfico en la entidad. Cronos está ahí, como jefe máximo, incluso por encima del gobernador Eruviel Ávila pero sumiso a las órdenes de la Federación. Ha conciliado con La Familia Michoacana pero también con los Caballeros Templarios y con quien se le ponga enfrente. A sangre y fuego cumple órdenes federales pero también elabora sus propias agendas. Sabe lo que hace y sabe hacerlo. Es virrey en el Estado de México, como lo es el ex procurador mexiquense Alfredo Castillo, en Michoacán, hoy comisionado para la Paz y aspirante desde ya a la gubernatura de la tierra de Peña Nieto.

Eso dicen los mismos policías.

III

En Neza, el 10 de septiembre del 2014, en el extremo oriente del Estado de México, dos policías de la Secretaría de Seguridad Ciudadana fueron detenidos luego de asaltar una tienda Oxxo. Enrique López Juárez y Juan Carlos Jiménez González derraparon la moto en la que huían, facilitando así su captura. Luego se les encontraron las identificaciones que los acreditan como agentes.

La corrupción de los uniformados es comprensible si se considera que, a pesar de los controles de confianza aplicados, los verdaderos filtros que les garantizan permanencia en las corporaciones recaen en las cuotas. Cada agente, de a pie, en crucero, en moto o en patrulla, debe entregar una cantidad diaria de dinero. Si no se cumple, se tacha al policía de “incapaz”. Al revés, siempre será “de confianza” en una “hermandad” que sigue los protocolos de antiguas corporaciones, ya desaparecidas, en el Distrito Federal.

“Totalmente reprobable, como gobernador voy a combatir ese tipo de cosas”, dijo Eruviel Ávila en el 2010, cuando se le mostró un video donde aparecía Rogelio Cortés Cruz, titular de la Dirección de Seguridad Pública y Tránsito de la SSC regañando a sus policías por usar un cuaderno falso de multas para extorsionar ciudadanos. “Los elementos traen su reglamento personal. A mí no me espanta. No me espanta que agarren un peso o dos pesos, es su problema”, decía Cortés, personaje central en lo que se refiere a la seguridad estatal. Siempre cuestionado, ha podido sin embargo sortear todo tipo de críticas provenientes de todos los sectores, hasta del mismo narco, como sucedió a finales de diciembre del 2012, cuando narcomantas aparecieron al lado de un ejecutado – en un paréntesis donde hubo 11 asesinados, entre ellos 4 decapitados- y que señalaban complicidad de funcionarios públicos con el cártel de Guerreros Unidos y el líder, Mario Casarrubias Salgado. Entre los mencionados se hallaban Ernesto Némer, actual subsecretario de Desarrollo Social y el propio Rogelio Cortés Cruz, junto con Juan Jesús Estrada Estrada, comandante de la SSC y Sergio Castañeda Rivas, quien perteneció al Grupo de Intervención. “La Secretaría de Seguridad Ciudadana se reserva su derecho de manifestar cualquier comentario respecto al tema, toda vez que los hechos ya están asentados en una carpeta de investigación que la Procuraduría General de Justicia del Estado de México inició y que será la autoridad ministerial la que proporcione información respecto al caso”, publicó en un comunicado la dependencia. Cortés no es el único que ha recibido esos mensajes. También el ex director de la SSC, Salvador Neme Sastré, fue señalado por La Familia de recibir dinero de parte de los Caballeros Templarios.

Juan Jesús Estrada Estrada estuvo en los enfrentamientos de San Salvador Atenco y detuvo y presentó ante el MP a 30 personas y ha sido señalado por recibir sobornos de hasta millón y medio de dólares por permitir la operación de cárteles en el sur mexiquense, como coordinador de subdirecciones metropolitanas de la SSC, asegura la Agencia Quadratín.

Nada se ha probado y tampoco nadie declaró o desmintió algo públicamente. Hay cosas que sobran. Pero el narcotraficante Mario Casarrubias, ése sí, fue detenido en Toluca por policías federales, en mayo del 2014.

La SSC también fue involucrada en pagos de narcos en el 2009, una especie de nómina secreta que se descubrió cuando se capturó al narcotraficante René Calderón López, “El Enero”. En un apartado llamado “Para pagar la ley” se apuntaban cantidades destinadas a la policía, y entre esos estaba el nombre de Cronos.

IV

Tampoco es así, que se llega a Luvianos o Tejupilco y se respire un ambiente específico. Se puede andar, caminar como si nada aunque eso tampoco es del todo cierto. Luvianos representa todavía más tensión que otros pueblos del sur, pero nunca tanto como San Salvador Atenco luego de los enfrentamientos en mayo del 2006. Un terror líquido, el salvaje silencio o los ruidos amortiguados de los que no saben con quiénes están hablando o se cruzan en sus caminos se posaban en las calles. Ni siquiera voltear era pertinente. Allí se caminó, durante muchos días, con los ojos abajo y la furia en la piel. Luvianos no es así. Es más directo, casi franco. Las cosas se resuelven de otra forma. Siempre violento, el sur mexiquense se volvió más cuando el narco tomó el control y se apersonó en forma de sicario en la vida cotidiana. La trastocó poco a poco, hasta engullirla y vomitarla luego, ya mascada, en una paz de mentiras, impuesta a como dé lugar y luego vuelta otra vez a mascar pero esta vez para no devolverla. Que otros paguen es la manera de resolver las cosas. Aquí no hay falsos positivos, como en Colombia, cuando su ejército asesinó inocentes para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate, en el 2008. En Luvianos ni en México se les llama así a esos que siempre serán falsos, siempre positivos, casi siempre inocentes. Cadáveres sembrados o presuntos culpables está bien. “Oficiales caídos en cumplimiento del deber”, “valientes militares”, “civiles que pasaban”, en todo caso “desconocidos” o “suicidas”.

- Aquí manda todavía La Familia, pero dentro de poco ya no, o no sé, no depende de ellos –dice en Tejupilco el que bebe cerveza mientras se levanta y hace que busca un billete, antes de irse rumbo a la Presidencia.

- A’i la pagas, cocho, ni que fuera tanto.

Audacia salinista

* A pesar de todo y contra todo, la mancuerna Fidel-Francisco o Francisco-Fidel se mantuvo firme hasta que Pancho se encontró providencialmente, a principios de 1988, con su segundo Echeverría en la figura del cuestionado y vituperado Carlos Salinas de Gortari. Uno, el líder sindical telefonista, ambicionaba más, mucho más. Al otro, más conocido como el mandatario del fraude de julio de 1988, además de legitimación, le urgían recursos para consolidar el régimen neoliberal impuesto por su antecesor, Miguel de la Madrid.

 

Francisco Cruz Jiménez

El apoyo caluroso a la familia alcanzó al yerno, Salvador Ochoa García, a quien los disidentes presentaron como propietario de una empresa que surtía muebles a todos los edificios del sindicato; así como al cuñado de Pancho (Hernández Juárez), Jonás Ramírez León, ubicado en las comisiones de Modernización, y de Higiene. Beneficiados por el mismo espíritu filantrópico, se encontraban Francisco Arellano Hernández, en la Gerencia de Foráneas de la Caja de Ahorro del Telefonista; y Reiguel Irene Terrazas Hernández, en Servicios a Clientes; ambos sobrinos del líder.

Según la Red, que nació como un frente contra la pretendida reelección de 2008, Hernández Juárez tampoco salía muy bien librado en cuanto a la transparencia, porque “en los años recientes la rendición de cuentas ha sido anual, pero no en detalle y, de acuerdo con el informe de la Comisión de Finanzas, presentado en la convención ordinaria 32, de septiembre de ese año, de agosto de 2006 a julio de 2007 el sindicato recibió por concepto de cuotas 364 millones 424 mil 823 pesos. […] Toda la estructura del Comité Ejecutivo Nacional ha sido para los familiares, pues Pancho tiene la facultad especial de nombrar a sus comisionados, y no por elección, tal y como lo requiere un sindicato democrático”.

Otras informes apuntan a que el STRM recibe por cuotas entre cuatro y cinco millones de pesos semanales, de los cuales 15 por ciento se destina para el fondo de resistencia, por si llegara a estallar alguna huelga; es decir, unos 750 mil pesos que, multiplicados por 52 semanas anuales, en 20 años han representado algo así como 780 millones de pesos.

En el tiempo que le han permitido sus nueve reelecciones, Juárez se ha dado espacio para crear o desaparecer figuras como la Secretaría General Adjunta y las presidencias colegiadas; así como para imponer una serie de medidas coercitivas y de persecución a movimientos democráticos de trabajadores que reclaman participación, democracia y transparencia.

Ejemplos abundan sobre cómo se levantó un nuevo feudo con todos los vicios del pasado. En junio de 1979, tres años después de encaramarse a la secretaría general y cuando se vislumbraba el camino de la primera reelección, Hernández Juárez y su comité ejecutivo impusieron sanciones a 75 de sus compañeros “rebeldes” y expulsaron a 15 dirigentes de la Línea Democrática. El resultado: vía libre para impulsar la famosa cláusula de “por esta única vez” que permitía la reelección del secretario general del sindicato en los comicios internos. Sus detractores afirman también que el líder de los telefonistas y su estado mayor han perfeccionado mecanismos de cooptación de sindicalistas democráticos y otras prácticas clientelares para los trabajadores leales o subordinados, a través de prestaciones, derechos y beneficios.

 

El precio de la traición

 

A pesar de todo y contra todo, la mancuerna Fidel-Francisco o Francisco-Fidel se mantuvo firme hasta que Pancho se encontró providencialmente, a principios de 1988, con su segundo Echeverría en la figura del cuestionado y vituperado Carlos Salinas de Gortari. Uno, el líder sindical telefonista, ambicionaba más, mucho más. Al otro, más conocido como el mandatario del fraude de julio de 1988, además de legitimación, le urgían recursos para consolidar el régimen neoliberal impuesto por su antecesor, Miguel de la Madrid.

No importa quién buscó a quién. Como pasó con Fidel, el encuentro fue natural. Y sirvió para escribir una pequeña novela de ambición, celos y poder que permitió a Salinas llevar un proceso sin sobresaltos que culminó con la venta de Telmex, una empresa paraestatal rentable, al empresario Carlos Slim, en 1990; mientras que a Pancho le dio la oportunidad de deshacerse —encaja bien la palabra traicionar— del viejo Fidel.

Estudiosos del movimiento obrero vislumbraban, desde principios de 1989, el fin de la hegemonía de la CTM a manos del presidente Salinas. Como pasó con el dirigente del sindicato petrolero Joaquín Hernández Galicia y los gobernadores Mario Ramón Beteta Monsalve, del Estado de México; Xicoténcatl Leyva Mortera, de Baja California, y Luis Martínez Villicaña, de Michoacán, a quienes, en los hechos, destituyó porque los consideraba responsables de su monumental fracaso electoral de 1988, a Fidel Velázquez también se le veía como parte del descalabro. Los cinco conocieron de una forma grotesca y hasta arrabalera los excesos de la mano dura salinista. Fidel tenía un doble problema, también representaba un estorbo para consolidar el neoliberalismo económico impuesto por De la Madrid.

Desde el primer día de su mandato, Salinas declaró una guerra, desde varios frentes, para minar la influencia de Velázquez. La primera estrategia que usó fue mantener en la Secretaría del Trabajo a Farell Cubillas, el verdugo de los trabajadores, quien en 1991 se dio el lujo de propinar a Velázquez  la mayor humillación que de parte de un funcionario que no fuera el Presidente, rechazándole una solicitud para que se reuniera la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos. Su argumento fue que, en los hechos, la CTM y el CT no contaban con la mayoría de afiliados requerida. “Afiliamos a 5.5 millones de trabajadores; si Farell no lo cree, que venga y cuente”, respondió un furioso líder cetemista.

El segundo movimiento, aunque todavía persisten varias versiones de lo que pasó, la madrugada del 10 de enero de 1989 —a un mes y 10 días de su toma de posesión—, Salinas tomó una serie de medidas radicales y envió un mensaje, al menos eso parecía, al sindicalismo mexicano: se instrumentó un aparatoso operativo policiaco-militar para arrestar, sin orden de aprehensión, a Hernández Galicia y encarcelarlo, acusado de delitos prefabricados. Ese mismo día, la sede de la CTM, frente al Monumento a la Revolución en el Distrito Federal, fue rodeada por policías y agentes federales, quienes intentaron irrumpir para “capturar” a Salvador Barragán Camacho, el otro líder petrolero, quien rogó a Fidel para que usara la fuerza cetemista en su apoyo. No tuvo respuesta.

Camaleónico como era, Fidel traicionó a La Quina y a Barragán. Los abandonó a su suerte y los dejó a merced de los rencores de Salinas. En los hechos, dio luz verde para que el gobierno metiera manos en la vida interna del sindicato petrolero, desmantelara el contrato colectivo y despidiera a 80 mil trabajadores. Con el posterior nombramiento de Sebastián Guzmán Cabrera se allanó el camino para el ascenso de Carlos Romero Deschamps. En abril siguiente, la Presidencia de la República le haría cuentas al líder vitalicio del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Carlos Jongitud Barrios. Lo obligó a renunciar por las buenas, con todo y el Comité Ejecutivo Nacional, para imponer a la profesora Elba Esther Gordillo Morales.

Una vez dominados los sindicatos de Petróleos, Educación y Electricistas, y contando, claro, con la lealtad de Farell, Salinas tomó la decisión de seducir al líder telefonista Francisco Hernández Juárez para que abandonara la CTM, rompiera con Fidel Velázquez Sánchez y, al final, levantara otra central obrera que, con el tiempo, tendría fuerza propia para quitar el control del movimiento obrero al Congreso del Trabajo.

Fidel aguantó todo, pero Salinas no le toleraría nunca el revés en las urnas, por más que De la Madrid le hubiera pasado la banda presidencial el 1 de diciembre de 1988. Las presunciones de fraude electoral y de ilegitimidad salinista permanecen hasta hoy. Salinas ha pasado a la historia como el usurpador. Y, en su momento, se convirtió en el ex presidente más repudiado. Como quiera, pasado el rito de la imposición y conocido el tamaño de las dudas sobre su triunfo en 1988, la CTM perdió, todavía más, su interlocución con el Presidente de la República y, por lo tanto, su capacidad de influir en las políticas del gobierno federal.

La decisión medida salinista fue audaz. Lleno de ambición, Pancho cayó en las redes del poder. El oportunismo jamás le habría dejado rechazar un llamado presidencial. Menos, de un priista “encantador” como Salinas, quien llegó a Los Pinos y a Palacio Nacional con la espada desenvainada. Al dirigente telefonista se le puede acusar de muchas cosas, menos, demuestra la historia, la historia, de torpeza. Tampoco le ha faltado suerte.

Crónica de un abuso

* Maestros de diferentes zonas escolares aseguran que en reuniones del 21 de agosto, realizadas entre los subdirectores regionales de Educación Básica y Auxiliares de Supervisión, se dio la instrucción de obligar a los maestros frente a grupo para aceptar la función de ser tutores de los docentes de nuevo ingreso.

 

Luis Zamora Calzada                                                   

El titular de la Dirección General de Educación Básica, en una actuación contraria a derecho, se extralimitó en sus facultades causando agravios a una profesora de más de veinticinco años en el servicio educativo al pretender despedirla sin causa legal alguna.

Asegura que el cinco de agosto del año en curso, en una sala de la dirección general citada, el funcionario educativo, titular de la misma, recibió a la maestra afectada,  señalando en su relato lo siguiente:

- Me dijo: siéntese por favor, maestra, no tenía el gusto de conocerla personalmente, pero sí la conozco por todas las cosas negativas que me han platicado de usted, no concibo tantas cosas en una dama.

Me molestó mucho su comentario pero no perdí mi tranquilidad.

- Profesor, si usted tiene ese concepto de mi persona, le aseguro que le han malinformado, yo no voy a decir nada al respecto, pero sí le puedo demostrar con documentos la verdad, además le he buscado desde hace meses y nunca me dio la oportunidad de ser escuchada.

Me interrumpió y dijo:  

- Maestra, en concreto necesito su cambio. Le comento que el profesor que fungía como su supervisor fue mi asesor, mi jefe, con una trayectoria intachable, con mucha experiencia, hasta lo considero mi amigo, pero a raíz de los problemas le di una oportunidad, no entendió; le di dos oportunidades, no entendió; lo saqué ya del servicio, así es que quiero limpiar esa zona. Así es que me imagino que como usted vive en Metepec, desea su cambio en Metepec.

Le contesté que valoraría esa posibilidad.

Entonces se puso de pie y me dijo:

- Déme dos o tres días para buscar un lugar, mientras preséntese mañana con la subdirectora regional y le dice que estará ahí hasta que yo la llame.

El seis de agosto de 2014 me presenté con la subdirectora regional. Le comenté la instrucción recibida y me contestó tajantemente:

- Retírese, aquí no puede estar, regrese en unos días, mientras  intégrese a su zona escolar.

Me retiré y sin salir de mi asombro al escucharla y sentirme humillada, acatando la indicación, me incorporé a los consejos técnicos escolares; el 15 de agosto en mi oficina, la encargada del despacho me pregunto que qué hacia ahí, pues ella no tenía indicación alguna de la subdirectora regional. Le contesté que me habían dado esa indicación y que además ese era mi lugar de adscripción, por el nombramiento que tengo.

El 18 del mismo mes me impidieron el acceso al trabajo. La asesora metodológica, encargada de la supervisión, había llegado antes. No abrió la puerta, le toqué en repetidas ocasiones sin que hiciera caso, limitándose a contestar desde adentro que yo no tenía nada que hacer ahí, que eran instrucciones superiores no dejarme entrar. Insistí en repetidas ocasiones teniendo la misma negativa, por lo que me vi obligada a retirarme del lugar.

Usted, amable lector, ¿qué opina?

 

Tutores a la vista

 

Maestros de diferentes zonas escolares aseguran que en reuniones del 21 de agosto, realizadas entre los subdirectores regionales de Educación Básica y Auxiliares de Supervisión, se dio la instrucción de obligar a los maestros frente a grupo para aceptar la función de ser tutores de los docentes de nuevo ingreso.

Se dice que las reacciones fueron diversas. Hubo manifestaciones contrarias a la indicación, previendo la negativa que recibirían de los maestros frente a grupo.

Lo anterior explica por qué los directores escolares pretendieron hacer firmar a muchos docentes para integrarlos como probables tutores utilizando la convocatoria emitida al respecto; la estrategia implementada no dio resultados, no hubo algarabía alguna como lo esperaban los administradores de la educación, la carga administrativa que representa la responsabilidad impidió que se aceptara la iniciativa entre los profesores.

Ante los malos resultados la estrategia sufrió un cambio radical. Determinaron que los asesores metodológicos y los auxiliares de supervisión cumplirán con la función de tutores.

El viernes 5 de septiembre fue la fecha determinada por indicación verbal para que los citados asesores y auxiliares se registraran en una plataforma de información aceptando la función a través de la firma de un documento.

El argumento utilizado fue que, de no registrase, su trabajo estaría en riesgo en razón de que sus plazas no aparecen en los tabuladores federales y sólo conservarán el empleo quienes hayan cumplido con la instrucción.

Según fuentes docentes de diferentes municipios, se realizaron reuniones entre los involucrados en la determinación burocrática; las conclusiones más reiteradas conocidas hasta el momento manifiestan que han sido engañados, las amenazas de regresarlos a grupo no es un acto legal. Muchos asesores metodológicos carecen de experiencias de trabajo con alumnos, lo que contraviene la propia convocatoria federal y que no firmarían documento alguno.

En términos de lo establecido en la Ley del Trabajo de los Servidores Públicos del Estado y Municipios, el nombramiento aceptado obliga al servidor público a cumplir con los deberes inherentes al puesto especificado en el mismo y a las consecuencias que sean conforme a la ley, al uso y a la buena fe.

Pretender un cambio de nombramiento a los trabajadores que han desempeñado por muchos años las funciones señaladas resulta violatorio de los derechos garantizados en la ley burocrática local, derechos que son irrenunciable, lo que se concatena al mandato del artículo 123 Constitucional.

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