* En el negocio de las drogas ha destacado con fuerza un personaje, Joaquín Guzmán Loera, jefe del Cártel de Sinaloa, quien ha logrado fama y fortuna de esa ilícita actividad. La revista estadounidense Forbes -una de las más prestigiadas en materia de economía- colocó al capo mexicano entre las 67 personas más poderosas del mundo.
Elpidio Hernández
El narcotráfico se ubica como una de las actividades que mayores dividendos genera a nivel mundial, como lo confirma un reporte del Departamento de Estado de los Estados Unidos que asegura que el narcotráfico en México produce ganancias por 25 mil millones de dólares al año. Las cifras han desatado una ola de terror y violencia entre los grandes cárteles del territorio nacional y están dispuestos a conseguir a sangre y fuego ese jugoso mercado.
En el negocio de las drogas ha destacado con fuerza un personaje, Joaquín Guzmán Loera, jefe del Cártel de Sinaloa, quien ha logrado fama y fortuna de esa ilícita actividad. La revista estadounidense Forbes -una de las más prestigiadas en materia de economía- colocó al capo mexicano entre las 67 personas más poderosas del mundo, ocupando el lugar número 41 por encima de los presidentes de Francia, Nicolás Sarkozy y de Venezuela, Hugo Chávez. El Chapo también comparte créditos en la selecta lista con personalidades de la talla del mandatario estadounidense Barack Obama; de China, Hu Jintao y de Rusia, Vladimir Putin. Además de otras personalidades entre las que se encuentran Abdullah bin Adbul Aziz al Saud, rey de Arabia Saudita; Bill Gates, dueño de Microsoft; Michael T. Duke, director de la cadena de autoservicios Wal-Mart; el papa Benedicto XVI; el extremista Osama Bin Laden y el magnate mexicano Carlos Slim.
No es la primera vez que el narcotraficante mexicano es incluido en ellas. El 30 de abril pasado la revista estadounidense Time lo situó entre las cien personas más influyentes del mundo junto a funcionarios como Barack Obama, Hillary Clinton, el senador Edward Kennedy, el primer ministro iraquí Nouri al-Maliki, el presidente francés Nicolas Sarkozy, la canciller alemana Ángela Merkel y el vicepresidente chino, Xi Jinping. En el campo empresarial la revista resaltó a los creadores de la red social de mensajes cortos a través de Internet, Twitter, como dos de las personalidades del momento, junto con el magnate mexicano Carlos Slim, el actor Brad Pitt y el estafador financiero Bernie Madoff.
Las andanzas del jefe del Cártel de Sinaloa también lo situaron, en marzo de este año, en la lista de los hombres más ricos del mundo, según las listas publicadas por la revista Forbes. La publicación colocó a Guzmán Loera en el lugar 701 junto a personas con fortunas de mil millones de dólares. La revista aclara que parte de la fortuna de Guzmán Loera fue lograda gracias al narcotráfico. El capo sinaloense comparte esos honores con el dueño de Televisa, Emilio Azcárraga Jean; el propietario de Grupo Bimbo, Lorenzo Servitje, Alfredo Harp Helú, Carlos Slim, Roberto Hernández, Germán Larrea, Jerónimo Arango, Ricardo Salinas Pliego y Alberto Bailleres. La lista de los más ricos del planeta es encabezada por Bill Gates, dueño de Microsoft, con 40 mil millones de dólares de fortuna calculada.
El Chapo, la figura más emblemática del narco en los últimos tiempos, también forma parte de otras listas pero éstas con menos fortuna para su persona. El Buró Federal de Investigaciones (FBI), la Interpol, la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y la Procuraduría General de la República (PGR) lo sitúan en la lista de los criminales más buscados. La DEA ofrece actualmente una recompensa de 5 millones de dólares por cualquier información que conduzca a su arresto, mientras que la PGR pone en la mesa 30 millones de pesos para quien dé informes para su captura. Se cree que la complejidad para atrapar al capo tiene el mismo grado de dificultad que la realizada para la ubicación de Osama Bin Laden.
La historia de Guzmán Loera no es ajena al Estado de México. Tras su captura en 1993, fue recluido en el penal de máxima seguridad de Almoloya de Juárez, en ese entonces conocido como La Palma, de donde sería trasladado al penal de Puente Grande, en Jalisco, donde se fugaría. El territorio mexiquense también fue hogar del poderoso fugitivo durante algún tiempo. La revista Proceso, en su número 1664 documentó que durante el sexenio de Arturo Montiel el Estado de México sirvió de refugio a Guzmán Loera cuando éste se fugó de Puente Grande en el 2001. El reporte indica que vivió en la exclusiva zona residencial de Condado de Sayaavedra, en Atizapán de Zaragoza, sin ser molestado.
La historia del Joaquín Guzmán comenzó a gestarse el 4 de abril de 1954, cuando nació en un pequeño pueblo llamado La Tuna, en el municipio de Badiraguato, Sinaloa, entidad considerada la capital “no oficial” del negocio de las drogas. Poco se sabe de los primeros años de vida de Guzmán, pero muchos asumen que su padre fue “gomero”, una persona que cultivaba amapolas para opio y heroína. La familia era tan humilde que cuando Joaquín era un bebé, su madre convirtió una vieja caja de madera para transportar tomates en una cuna para él, asegura un biógrafo de Guzmán que ha visto fotos de su familia. De niño -según un texto del diario The Wall Street Journal y reproducido por diarios nacionales- Joaquín tuvo que vender naranjas para juntar algunas monedas y medio comer.
Luego de una infancia de carencias, el Chapo se incrustó en el tráfico de drogas, primero en su tierra de crianza, Badiraguato, Sinaloa para luego extenderse por todo el país y algunos de América. A principios de la década de los ochentas su figura se fue ganando un lugar en la estructura del Cártel. Muy pronto encontraría cobijo en la figura de otro importante narcotraficante, Miguel Ángel Félix Gallardo, el Padrino, quien fuera considerado el más importante de los narcotraficantes en la década de los ochenta y la cabeza más visible del afamado Cártel de Guadalajara. Muy pronto el Chapo se convertiría en lugarteniente del Padrino, pero la relativa unión colapsó luego del arresto de Félix Gallardo, en 1989. Su imperio fue dividido entre sus lugartenientes. Joaquín Guzmán y el extinto Héctor “El Güero” Palma se quedaron con el cruce de Mexicali para formar el Cártel de Sinaloa que, a la postre, se convertiría en la organización de narcotraficantes más importante del país, pues tiene presencia en por lo menos 36 naciones y varios estados. Esa organización se dedica principalmente a la distribución de marihuana, cocaína colombiana y heroína del sudeste asiático, aunque también produce sus propias anfetaminas, opio y marihuana. En los noventas se le consideraba tan grande como el Cártel de Medellín en sus mejores épocas.
El Chapo ha sobrevivido a innumerables ataques de sus enemigos, incluido el intento de ejecución perpetrado en noviembre de 1992, cuando el extinto Ramón Arellano y cuatro hombres armados balearon el auto que manejaba Joaquín Guzmán en una de las principales avenidas de Guadalajara. La revancha tuvo lugar días después, cuando un comando de 40 gatilleros atacaron la discoteca Christine, en Puerto Vallarta, donde cinco personas fallecieron pero Ramón y Javier Arellano, que se encontraban en los baños cuando ocurrió la balacera, escaparon ilesos. Los enfrentamientos continuaron y en mayo de 1993, los Arellano Félix mandaron a un grupo de sicarios armados a ejecutar a Guzmán en un tiroteo en el aeropuerto de la capital jalisciense, cuando iba a tomar una avioneta. En el ataque murieron dos guardaespaldas de Guzmán, cuatro civiles y el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.
Guzmán escapó en un taxi del aeropuerto, según su propia declaración a la policía. Se refugió en la capital mexicana para después conseguir pasaportes falsos e irse a vivir a Guatemala, creyendo que el problema de Guadalajara estaba resuelto. El asesinato del cardenal conmocionó a México y forzó al gobierno a hacer un rastreo meticuloso de los traficantes. El 9 de junio de 1993 Guzmán fue capturado por soldados guatemaltecos y enviado a México. Entrevistado por la policía luego de su arresto, Joaquín negó que estuviera envuelto en el tráfico de drogas. Dijo que toda su vida se había dedicado a la agricultura, se dijo granjero y un hombre de negocios que compraba y vendía maíz, azúcar, mercancías enlatadas y semillas y que apostaba en las peleas de gallos. Su ingreso, aseguró, era de 20 mil pesos por mes más algunos extras.
El Chapo fue confinado al entonces penal de La Palma y sentenciado a 20 años de prisión por conspiración, soborno y tráfico de drogas. El 22 de noviembre de 1995 fue trasladado al penal de Puente Grande, en Jalisco, donde acrecentó sus actividades. Junto al Güero Palma y El Texas dieron forma al terror en aquel penal.
Su fortuna fue fundamental para conseguir toda clase de privilegios. De acuerdo con reportes oficiales su celda tenía televisión, él escogía los platillos que consumía de un menú especial. Tenía teléfono celular para continuar dirigiendo sus negocios y se reunía frecuentemente con miembros del cártel. Otras visitas regulares eran las de su esposa, amantes y prostitutas. En el desarrollo de la investigación instaurada por las autoridades policiacas se detectó que al interior del penal operaba un grupo conocido como “Los Bateadores”, cuya misión era golpear con bates de beisbol a algunos elementos de seguridad y custodia de la prisión que no se sujetaran a las decisiones de los tres narcotraficantes. El problema de corrupción y de complicidades fue permeando todos los mandos directivos, comandancias y subdirecciones hasta llegar a la dirección del penal, a cargo de Leonardo Beltrán Santana, quien había sido director de penales en el Distrito Federal y que estuvo cargo unos meses en la dirección de La Palma, aunque llevaba poco tiempo al frente de Puente Grande. Así, el grupo de narcotraficantes gozaba de privilegios: recibían visitas de mujeres en sus estancias o en el área de comunicación en horarios prohibidos; la indagatoria indica que se obtuvieron referencias de que algunas mujeres permanecían con el Chapo Guzmán hasta por semanas. El relajamiento de la disciplina llegó a tal grado que varias trabajadoras del área de cocina se prostituyeron y, previo pago, mantenían relaciones sexuales con los internos del módulo 3, controlado por el Chapo.
El narcotraficante maquinó tranquilamente su plan, el cual no era tan secreto, según se supo después. Respaldado en colosales bombazos monetarios logró cooptar a las autoridades penitenciarias, desde el director del penal hasta los comandantes y custodios, quienes estaban a las órdenes del afamado capo. La fuga, según las investigaciones, fue planeada por el propio capo en 1999 pero se aceleró en el segundo semestre de 2000, forzado por la inminente extradición a la que tenía que ajustarse.
El día de la fuga -detalla un reportaje de Proceso- acudieron al penal Jorge Tello Peón-uno de los funcionarios de seguridad más importantes de aquel tiempo- y Nicolás Suárez Valenzuela, quienes entonces fungían como secretario de Seguridad Pública y coordinador de Inteligencia de la Policía Federal Preventiva (PFP), respectivamente. La razón fue que a través de una carta escrita por el Chapo y dirigida a su novia Zulema, entre otros detalles amorosos le decía que “pronto estaremos juntos”. Aquellas palabras alertaron a las autoridades, quienes ordenaron una mayor vigilancia y que la tercia de narcotraficantes fuera separada. La orden fue girada luego de realizar un recorrido por el penal y supervisar que todo estuviera en orden. Pero el cambio de celda no se ejecutó sino hasta cerca de la medianoche. Un grupo de celadores realizó el pase de lista acostumbrado. Todo estaba aparentemente normal hasta que le tocó el turno de Guzmán Loera.
- Joaquín Guzmán Loera –gritó el custodio.
Las palabras no encontraron eco. El líder del Cártel de Sinaloa ya no estaba en el penal, había logrado salir –según se supo después- dentro de un carrito de ropa. Aunque hay versiones que indican que los guardias lo dejaron salir por su propio pie, es difícil saber qué fue lo que pasó, en parte porque la cámara de la prisión no contaba con cintas para grabar en la oscuridad.
Las historias sobre él son muchas. Que llega a los restaurantes y cierra los negocios. En abril de 2007 estuvo en el restaurante El Aroma, sitio muy agradable y con un chef de alta cocina. Las versiones indican que antes de que llegara un grupo de escoltas calculado en no menos de medio centenar con corte estilo militar, entró al lugar. El sitio fue sellado y a todos los comensales les pidieron sus teléfonos celulares. Después entró el Chapo en medio de la hilera de guardias y tomó una mesa. Cuando alguien quería ir al baño era acompañado por alguno de los sicarios. Afuera del lugar lo vigilaba otro grupo de guardias y otros más que formaron varios círculos en las calles aledañas. Terminada su degustación se levantó y de forma educada pidió disculpas por todos los problemas ocasionados. Dijo que lamentaba mucho los inconvenientes, pero que las medidas eran también para su seguridad. Les pidió que hasta después de tres horas de su salida usaran su teléfono y que sus números los había registrados. Para finalizar, les dijo que no se preocuparan de sus gastos, que sus cuentas serían cubiertas por él y que si querían quedarse un rato más su consumo también sería cubierto.
En 2007, al narcotraficante también se le vio en pleno centro de Durango. Las cámaras de seguridad instaladas en las céntricas avenidas lo captaron en bermudas, playera deportiva y tenis, a bordo de una cuatrimotor. Tras ser detectado el capo huyó y no pudo ser localizado. También se dice que cambia de celular todos los días e incluso después de cada llamada telefónica para no ser localizado y que paga hasta 2 millones de dólares a quienes lo alojan en lugares seguros. Otra de sus fugaces apariciones tuvo lugar a principios de 2008. Guzmán Loera celebró una gran fiesta, con whiskey y conjunto norteño incluidos, en la que festejó que su novia Emma Coronel (18 años de edad), ganó un concurso de belleza local.
En abril pasado, el arzobispo de Durango declaró que el señor Guzmán estaba viviendo allí. “Sólo tomen el camino hacia Guanaceví, ahí es donde él vive pero, bueno, todos lo sabemos menos las autoridades”, dijo el representante de Dios. Cuatro días después los cuerpos acribillados de dos tenientes del Ejército aparecieron cerca de Guanaceví en la cajuela de un auto, con los ojos vendados y sus manos atadas por la parte de atrás de su cuerpo. Junto a los hombres muertos estaba una nota que decía: “ni las autoridades ni los sacerdotes pueden atrapar al Chapo”.
Otra de las anécdotas del poderoso narcotraficante cuenta que un ladrón involuntariamente robó su carro más lujoso y luego de recuperar la unidad le cortaron las manos como lección. En otra, un ex alto funcionario estatal se enamoró de una bella chica de la localidad y le envió un regalo costoso. El regalo le fue devuelto a su oficina con una nota de Guzmán en la que decía que la chica era de él: “mándale otro regalo y te mataré”. Hoy las aventuras de Joaquín Guzmán Loera forman parte de las letras en los populares narcocorridos donde queda glorificada la errante vida del narcotraficante.
Las autoridades de EU y México aseguran que Guzmán ha usado dinero y crueldad para construir una red bien disciplinada y organizada que lo protege. Se cree que está escondido en algún lugar de la Sierra Madre, en los bordes de los estados de Sinaloa, Chihuahua y Durango, convirtiendo la tarea de buscarlo en algo similar a la odisea de buscar a Osama Bin Laden en las lúgubres montañas de Pakistán.

