Los responsables

* Valle de México. Ecatepec. Tecámac. Una banda de niños de 14 años, en el 2012, confiesa por separado haber asesinado hasta a sesenta personas. ¿Sesenta son muchas si se compara la densidad poblacional? ¿Si se compara la población de Iguala con la del valle de México? ¿Si se compara la población de San Pedro Limón en Tlatlaya? ¿Cuánto es demasiado? ¿Una es demasiado? ¿Las víctimas tienen nombre? ¿Sabe Eruviel Ávila sobre esas víctimas? De cualquier manera, existe un expediente, averiguaciones previas. Hay una historia que ninguna ficción puede narrar.

 

Miguel Alvarado

Ecatepec es el segundo municipio más poblado del país, con casi 2 millones de habitantes, detrás de Iztapalapa, en El DF. Por allí pasa el Río de los Remedio o Canal de la Compañía, una autopista de aguas negras para el valle de México que todos los años inunda parte del valle de Chalco. También es útil para otras cosas. Es un enorme tiradero de cadáveres, por ejemplo.

 

II

Eruviel Ávila, gobernador priista del Estado de México, habla de cualquier cosa, menos de seguridad pública. Su entidad, la más poblada del país, es también la más insegura. Los datos oficiales respaldan ese panorama pero no lo reflejan fielmente. La agenda de Ávila Villegas incluye reuniones con líderes sociales como la dirigencia estatal de los boy scouts mexiquenses, por ejemplo, o el reparto de cobijas en comunidades susceptibles de frío. Un día antes, anuncia internet gratuito en cinco pueblos mágicos. De pronto le sale lo estadista o lo que se confunde con ese concepto tan manido, desarticulado. Desde Acambay, en 29 de octubre, Ávila dice en micrófono abierto “que cada quien asumamos nuestra responsabilidad, que todos los gobernadores, que todos los presidentes municipales, hagamos la parte que nos corresponda, que le entreguemos las mejores cuentas al señor presidente pero, sobre todo, a la gente en materia de seguridad, que todos cumplamos cabalmente con la misión que tenemos en materia de seguridad pública y estoy cierto que si todos nos aplicamos y si todos hacemos lo que nos corresponde, vamos a entregar en esta materia las mejores cuentas”. De Tlatlaya, por ejemplo, nada. De Ecatepec, por ejemplo, nada.

 

III

El 29 de octubre del 2014 los Gigantes de San Francisco en Estados Unidos ganan el séptimo juego de la Serie Mundial de Beisbol 2014. En el  Kauffman Stadium derrotan al Reales de Kansas 3 a 2. Y es que tienen un pitcher fenómeno, Madison Bumgarner, hombre de hielo, ganador de tres juegos en la serie final. Él solo puede con todo, como en los tiempos de Ruth. En México, a la misma hora, cerca de las nueve y media de la noche, los padres de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero, terminaban una reunión de cinco horas con el presidente de México, Enrique Peña. La reunión había terminado a las siete, pero Peña y su gabinete se habían retirado sin firmar la minuta correspondiente. Les costó dos horas a los padres que regresaran. Un pliego de 10 puntos, como de aire, fue el acuerdo final, tambaleante como las investigaciones.

 

IV

A las 11 de la noche la Presidencia de Peña anuncia triunfalista que “en una reunión que duró cerca de cinco horas, escuché con atención las demandas, peticiones y preocupaciones de los padres, familiares y compañeros de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Todos ellos, con quienes comparto una absoluta indignación, tienen mi solidaridad y respaldo. Las investigaciones de este caso llegarán hasta las últimas consecuencias. Las familias y el pueblo de México tienen mi palabra: seguiremos hablando con transparencia y buscando la verdad de los hechos”.

 

V

Nadie le creyó. Ni siquiera él mismo, que apareció demudado. Su rostro lució como golpeado. Nunca antes el presidente había aparecido tan demacrado. Su expresión contradecía sus palabras. No hay nada qué decir. Un gobierno sin brújula, perdido, sin éxito. Pensó que era lo mismo gobernar México que el Estado de México. Que era lo mismo Ayotzinapa que San Salvador Atenco. Y por una vez en su vida pública tuvo razón. Atenco y Ayotzinapa son lo mismo. El Estado de México y México son lo mismo. Peña y su grupo, el de Atlacomulco, nunca lo han entendido. Ahora ya es tarde. También habrá una fosa, política, pero fosa al fin y al cabo, para ellos. Demudado, cansado, sí, pero al menos tenía la posibilidad de una noche de descanso, seguridad irrestricta, como al él le gusta decir, la compañía de su familia y comida, la que él quiera.

 

VI

A las 11 de la noche, los padres de los normalistas, cansados y sin esperanzas reales, dieron su propia conferencia de prensa. Campesinos obligados a hablar ante cientos de miles, ante reporteros indiferentes, ante el valemadrismo del aparato oficial, de lo que se denomina sistema; obligados a hablar sin tener las palabras, sólo la angustia; obligados a hablar desde las tarimas de los inexistentes derechos humanos en México, desde la desolación de la fosa o las páginas de los diarios. “No le creemos al presidente”, dijeron. David Flores, líder de los normalistas de Ayotzinapa, exigió dejar de buscar a sus compañeros en fosas y denunció que ni siquiera las promesas de Peña fueron suficientes ni concretas. No hubo nada. No hay hechos, no hay nada. “Y estamos dispuestos a dar la vida por ellos”.

 

VII

Hay otros que ni siquiera pueden expresar su angustia. Valle de México. Ecatepec. Tecámac. Una banda de niños de 14 años, en el 2012, confiesa por separado haber asesinado hasta a sesenta personas. ¿Sesenta son muchas si se compara la densidad poblacional? ¿Si se compara la población de Iguala con la del valle de México? ¿Si se compara la población de San Pedro Limón en Tlatlaya? ¿Cuánto es demasiado? ¿Una es demasiado? ¿Las víctimas tienen nombre? ¿Sabe Eruviel Ávila sobre esas víctimas? De cualquier manera, existe un expediente, averiguaciones previas. Hay una historia que ninguna ficción puede narrar.

 

VIII

En México se perpetran seis feminicidios a diario, según datos de Amnistía Internacional. En Ecatepec una orden de un juez de Zinacantepec que investiga los asesinatos de dos niñas de 14 años para dragar el río de los Remedios puso al descubierto casi 7 mil restos óseos de seres humanos. El gobierno del Estado de México se ha negado a practicar los estudios correspondientes para determinar sus características alegando que cada uno de ellos cuesta 4 mil pesos, pero que además, “son huesos de animales”, según la postura oficial de la Procuraduría estatal, que luego ratificaría José Manzur, secretario de Gobierno mexiquense. Eruviel Ávila tiene su propia respuesta para los 922 feminicidios pendientes de resolver en el Estado de México. Esa respuesta, “eruveliana” desde sus formulación y el entorno en la que fue lanzada, revela la lealtad kafkiana, de mazmorra, al modelo peñista de la simulación, del montaje telenovelero, del paisaje renderizado. Es una explicación barata pero directa de Tlatelolco, Atenco, Ayotzinapa, de Paulette Gebara, Tlatlaya y de por qué un hombre como Peña Nieto es presidente de un país como México.

“Hay cosas más graves que atender”, les dijo al Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio en mayo del 2014, quienes apuntan que hay mil 500 mujeres asesinadas en la entidad entre el 2007 y el 2013 y seiscientas menores de 20 años desaparecidos en lo que va de su administración.

 

IX

“No somos sus ovejas para que nos maten cuando se les dé la gana”.

“El sufrimiento no se negocia”.

“Tuvimos la necesidad de venir a exigirle y a preguntarle por qué su gobierno actúa de esa manera”.

“Mi hijo no fue desaparecido, fue raptado por los policías”.

“¿Quiénes son los de las fosas? Tienen nombre, tienen a su familia y a lo mejor los están buscando, también están sufriendo”.

 

 

X

Estadísticas del Secretariado Ejecutivo Nacional, dice el portal local Métrica reporta 200 secuestros para el Estado de México los primeros cuatro meses del 2014, que lo ubican en el segundo lugar nacional en ese aspecto. El discurso de Eruviel Ávila tampoco incluye el tema de los secuestros, ni siquiera cuando los afectados pertenecen a los círculos afectivos del presidente de México, como sucedió hace meses con una familia de políticos en Metepec, Estado de México.

 

X

El periodista Francisco Cruz, autor de los libros Tierra Narca; Negocios de Familia, la Biografía no Autorizada de Enrique Peña y Los Junior del poder para editorial Planeta, dice de las ejecuciones de Tlatlaya que todo es terriblemente confuso, y que no está claro que los 22 masacrados, jóvenes de entre 15 y 23 años, hayan sido sicarios, como dice el informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Se soslaya, esconde, dice, el factor guerrillero. Hay otra versión que indica que los soldados matadores del batallón 102 del ejército mexicano en realidad iban a vender armas a ese grupo de supuestos sicarios a la famosa bodega de San Pedro Limón. El control del armamento en México pasa siempre por las manos de las fuerzas armadas y las policías. Ellos necesariamente las distribuyen y así habría sucedido la madrugada del 30 de junio del 2014. Pero lago pasó que se desató un tiroteo y los compradores terminaron muertos. Los guerrilleros fueron ejecutados.

 

XI

Era cuestión de tiempo que el violento sur mexiquense, unido geográficamente con Guerrero y Michoacán en el Triángulo de la Brecha estallara e incendiara al país con la mayor crisis social y de seguridad de las últimas décadas. Pobreza, guerrilla, corrupción política, inequidad, narcotráfico, incomunicación, crimen, ignorancia, mala voluntad, ejército, marina, simulación y una larga lista de ítems fueron mezcla que pacientemente se baten todavía. No habrá revolución. Es otra cosa.

 

XII

El portal electrónico local Métrica recopila que en el Edomex hay mil 487 homicidios dolosos en lo que va del 2014.

 

XIII

Los enfrentamientos en el sur mexiquense continúan. Uno de los bandos, es claro, está formado por soldados pero de los otros se sabe sólo lo que los soldados, marinos o policías informan, Pueden ser cualquiera. La información es solo migajas, incluso la de primera mano. El 30 de octubre del 2014 una versión del ejército indicaba que un grupo delictivo en Luvianos los había enfrentado. Los muertos no eran tantos esta vez. Había seis, quizás cuatro detenidos, según datos de la Agencia MVT, la misma que publicara fotografías de los cadáveres en la bodega de Tlatlaya.

Este nuevo enfrentamiento se había registrado en la localidad de Cerro de la Culebra, la mañana de ese jueves, cuando el ejército localizó a un grupo de personas. El paralelismo con Tlatlaya es evidente, excepto que esta vez el gobernador mexiquense no ha felicitado al ejército. Tal vez lo haga en las siguientes horas o días. La lección, si la hubo, no significa nada para otros actores. El diario local Tres PM reportaba: “al momento de intentar acercarse para realizar una revisión, los sujetos que se encontraban en ese lugar dispararon contra los elementos militares, por lo que éstos repelieron la agresión, lo que desató un enfrentamiento por varios minutos. Durante la refriega, cinco presuntos delincuentes perdieron la vida, mientras se logró capturar a cuatro personas, así como decomisar armas largas y cortas, cartuchos útiles y droga que transportaban esas personas. Personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México acudieron al lugar para apoyar a los elementos del Ejército Mexicano e iniciar con las investigaciones para verificar si este grupo se encuentran relacionados con otros ilícitos que se presentan en la región sur del estado. Hasta el momento, las autoridades estatales y federales no han informado oficialmente si este hecho se presentó de manera aislada o forma parte de operativos específicos contra el crimen organizado que se realizan de manera conjunta en la zona sur del Estado de México”.

El enfrentamiento de Luvianos, a pocas horas de Tlatlaya y Arcelia, se presenta entre rumores de todo tipo que incluye una liga inevitable con Iguala y el narco-corredor del estado de Morelos, donde ubican al ex alcalde José Luis Abarca en Cuernavaca o bien en una comunidad llamada Las Lajas, en Ajuchitán, Guerrero, donde recientemente se registraron actos de violencia y ajusticiamientos entre narcotaxistas.

Calaverita 2014 para Enrique Peña Nieto

 

Gonzalo Ramos Aranda

 

Presidencia, en un aprieto,

“calaca”, tras Peña Nieto,

en narco fosa lo atrapa,

por el tema Ayotzinapa.

 

Solo salvará el pellejo,

en este caso complejo,

si encuentra a los estudiantes,

¡claro que vivos!, cuanto antes.

 

Ponerse contra la muerte,

jugar lotería, sin suerte,

las cartas ya están echadas,

hay que dejarse de habladas.

 

Investigar bien el caso

si no, las sombras y ocaso,

miro de luto “Los Pinos”,

por múltiples desatinos.

 

Iguala, calores tiernos,

en la tumba… los infiernos,

La Parca nunca perdona,

Enrique, por ti, se asoma.

 

* México, DF; 19 de octubre del 2014.

Reg. SEP Indautor No. (en trámite).

El Barco Ebrio

*

Las ejecuciones militares de Tlatlaya terminaron por revelar la verdadera inteligencia del gobernador priista del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas, quien no sabe qué hacer cuando no reparte cobijas para el frío o se reúne con líderes de opinión, como los dirigentes estatales de los boy scouts. Veintidós ejecutados y Ávila no es quién para abrir la boca. Lo sería, seguramente, si el Toluca, el equipo de futbol profesional de la ciudad, obtiene el campeonato de liga o algún cantante de Televisa le solicitara una donación para el denostado Teletón de Emilio Azcárraga, vetado incluso por la propia ONU. El gobernador del Estado de México da pena y él lo sabe, porque tampoco es tan tonto. Simulador, eso sí, apuesta a que Ayotzinapa le ayude para que Tlatlaya y su torturadura Procuraduría estatal se olviden. A Eruviel se le vienen en cascada otros casos, los homicidios de Los Remedios en Ecatepec, por ejemplo.

 

*

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos documentó las ejecuciones de civiles a manos del ejército y las torturas de la Procuraduría contra las tres sobrevivientes la madrugada del 30 de junio del 2014. Avaló que el ejército se enfrentó a sicarios del narcotráfico que secuestraban en la zona sur mexiquense y de Guerrero. Bueno.

 

*

Reveló que esos sicarios tenían entre 15 y 23 años.

Que eran 22. Que escaparon dos, los jefes, y que a uno de ellos le decían “El Comandante”.

Que fueron ejecutados, sí, pero que eran sicarios, “malos”, narcos.

 

*

Pero hay una versión, que puede tomar forma y que es la que preocupa en realidad a los involucrados, incluyendo al gobierno del Estado de México y que indica que el batallón 102 o al menos esos soldados habrían pactado la venta de armas a un grupo guerrillero. Que algo había salido terriblemente mal y allí los habían ejecutado con las mismas armas previamente pagadas, porque incluso hasta granadas estaban allí, en ese paquete de entrega inmediata. Luego actuaron como si nada, limpiaron y la vida siguió su curso. La versión de la CNDH desvía la historia guerrillera, que tomará forma a partir, incluso, del rumbo de Ayotzinapa, porque en esa región todo está conectado.

¿No eran narcos?

 

*

Hace menos de un mes la detenida ex esposa de Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, manejaba su Passat gris en Almoloya de Juárez, Estado de México. Los vecinos de la localidad la reconocían perfectamente como la esposa del famoso narcotraficante michoacano, líder de los Caballeros Templarios y hasta le ayudaban allanándole los obstáculos locales, quitándole los molestos conos o señalamientos viales que obstaculizan las calles en aquel municipio. “La señora Tuta”, Ana Patiño, visitaba en el penal del Altiplano a su hijo, Huber Gómez Patiño, preso desde mediados de junio del 2014 y se hacía acompañar de su hija, la joven Alejandra Sayonara Gómez Patiño, a quien se describe como elegantemente vestida. Iban solas. La esposa manejaba. No llevaban escoltas. Se bastabas solas. La hija era una asidua de las redes sociales y amiga de cantantes gruperas como la fallecida Jenny Rivera.

 

*

Ana Patiño fue detenida recientemente y la hija, Alejandra, dejada en libertad, luego de una breve detención. Ellas vivían prácticamente en el Estado de México porque su hijo estaba en Almoloya de Juárez, a 20 minutos de la ciudad de Toluca. Eso hasta Eruviel Ávila lo sabía. El reciente video donde el narcotraficante Servando, “La Tuta”, parece despedirse del mundo que lo vio encumbrase y poner de cabeza a todo un país es de lo más extraño. Parece el preludio del fin para el narcotraficante, mandado hacer ex profeso por el virrey Alfredo Castillo, como golpe final para Michoacán en un momento adecuado, cuando la Federación y el vapuleado gobierno de Enrique Peña más necesitan de un triunfo. “La Tuta” es uno de los personajes prefabricados del peñismo, el Bin Laden mexicano, desechable, les da lo mismo vivo que muerto.

 

*

Hace dos semanas, en la esquina de Instituto Literario y Benito Juárez, en pleno centro de Toluca, a las doce del día, un estudiante de secundaria fue levantado por un grupo armado que no tuvo ninguna dificultad en llevarse al joven, a quien subió a un auto, frente a un grupo de policías municipales, que observaron el movimiento, sin intervenir. Quienes hicieron algún intento por hacerlo fueron los vendedores de periódicos instalados afuera de la cafetería TOK’S pero fueron rápidamente disuadidos por las armas que les fueron mostradas. Secuestro o venganza, aquello todavía no tiene explicación oficial pero algunos ya especulan que el estudiante estaba inmiscuido en algún tipo de crimen y que el levantón obedece a revancha. La ley no sirve para nada. La ley de la calle. El ojo por ojo.

 

*

Lectores de esta columna envían de nuevo consideraciones acerca de Jaime Efraín Hernández González, secretario ejecutivo del Sistema Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública. Aquí la nueva entrega.

“Efraín, en aras de “tapar el sol con un dedo”, ha instruido que nadie, tratándose de persona ajena a su gente más cercana tenga acceso al piso donde se ubica su oficina. Hay mucho hermetismo, ¿qué pretende conseguir con cerrar las puertas? No con ello podrá ocultar su ignorancia, su desconocimiento e inexperiencia en temas de seguridad; su ineptitud de liderar una dependencia; su inconsciencia y omisiones para cumplir acuerdos, bastaría con preguntarles a los presidentes municipales del estado si se les ha dado cabal cumplido a los Acuerdos que se toman en los Consejos Municipales de Seguridad Pública; su torpeza para hacer política de alto nivel. De llegar siempre tarde a los eventos, de demostrar una total desorganización. Lo de él es la grilla barata: hablar mal a espaldas incluso de sus propios colaboradores y de “amigos”; y de frente, sonreírles.  A él le gusta el chisme de pasillo, que alentado por sus pupilos, es un ir y venir de cuanta patraña y cizaña sea necesaria. Sería muy interesante charlar con los servidores públicos del Secretariado Ejecutivo y preguntarles si sienten una mínima lealtad hacia él; si es respecto o es indiferencia lo que sienten hacia él.

“Resulta de mucho interés saber exactamente lo que pasa dentro del Secretariado Ejecutivo porque, a poco más de un año, le han renunciado intempestivamente tres personajes; muy recientemente, la renuncia hermética de un Director General. ¿Será acaso que ellos no sucumbieron a sus bajos intereses, a su juego de poder, a sus malévolos planes?

“¿Qué tan cierto es que su gente más cercana juegan un papel de Celestina porque le conocen y le saben, cosas muy personales (ellos hablan de deslices, de romances fuera del matrimonio) y que es por eso, que JAIME ha sucumbido a sus malsanos deseos de poder y les ha proyectado en un muy corto plazo, una carrera meteórica? De no ser nadie, ahora alardean de tener cargos dentro del Gobierno del Estado.

“Maestro Manzur, ¿no le resulta incómodo aguantar a un personaje de este tipo por el simple hecho de tener una amistad con él? ¿Y que él se sienta plenamente seguro en el cargo porque ha declarado ser su amigo? ¿No le resulta más redituable y fructífero poner a la cabeza del Secretariado Ejecutivo a una persona capaz en todos los sentidos? ¿Hay o no compromiso con el señor Gobernador?”.

Servidos.

Ríos y calles que se van

Miguel Alvarado

 

No quiero que veas que soy invisible

que escarbo en tu nombre

los botes abiertos de la basura

donde guardan las averiguaciones previas

la boca sucia de tus asesinos

las calles donde te encontraron.

 

No quiero hacerlo pero lo hago.

No quiero hacerlo pero lo hago.

Perdóname.

No quiero que veas que eres invisible

que verifico cada punto, cada coma de tu expediente

y que dios no aparece

en tu belleza ni en tu silencio.

 

En el rostro llevaba la notable ausencia de las flores.

Apocalipsis, ahora

* Puede que AMLO tenga algún tipo de relación con José Luis Abarca y su esposa; que supiera de sus antecedentes y nexos con la delincuencia organizada; que lo hubiera apoyado o promovido para alcanzar la presidencia de ese municipio; que fuera parte de su estructura político-electoral; supiera del asesinato que cometiera contra un opositor, del PRD además; y si todo esto fuera cierto por supuesto que sería condenable y, legalmente, lo hiciera hasta cómplice. Pero de todo esto será el propio líder de Morena quien tendrá que responder, tanto si lo requiere la autoridad como si no.

 

Jorge Hernández

Las acusaciones en contra de Andrés Manuel López Obrador, líder del partido Movimiento de Regeneración Nacional, sobre tener vínculos con el ex presidente de Iguala, José Luis Abarca, y señalado autor intelectual de la desaparición de 43 estudiantes normalista hace casi un mes, ilustran la pobreza moral y ética de los partidos políticos y la clase política en general.

No debería sorprendernos, si admitimos que el ejercicio de la política y la investidura de político eluden por necesidad ambas cualidades. Para ser político se requiere hacer a un lado todo escrúpulo moral o ético, y para ejercer la política, también.

Puede que el tabasqueño, efectivamente, tenga algún tipo de relación con José Luis Abarca y su esposa; que supiera de sus antecedentes y nexos con la delincuencia organizada; que lo hubiera apoyado o promovido para alcanzar la presidencia de ese municipio; que fuera parte de su estructura político-electoral; supiera del asesinato que cometiera contra un opositor, del PRD además; y si todo esto fuera cierto por supuesto que sería condenable y, legalmente, lo hiciera hasta cómplice. Pero de todo esto será el propio líder de Morena quien tendrá que responder, tanto si lo requiere la autoridad como si no.

Lo que vemos, sin embargo, no es un intento de reclamo moral contra Obrador, aunque así lo disfracen, sino un intento de linchamiento político en el contexto del río revuelto en que se ha convertido el caso Ayotzinapa.

Algún efecto tendrán los señalamientos, en su imagen, en su partido y en sus votantes, pero en ningún caso ayudarán al país a salir de este apocalipsis que estamos viviendo ya.

Porque los tiempos que corren urgen, justamente, a elevarse por el mundano nivel del político y la política para alcanzar algo que pocos  o ninguno de nuestra clase política posee: estatura de estadista y verdadero líder.

Quienes lo acusan son, como él mismo, políticos. Y en su conjunto, sin distinciones de partido ni doctrinarias, tan responsables como él, si admitimos que al menos lo son por omisión. Porque además de Obrador sabían del perfil de Abarca el CISEN y obviamente la Presidencia, así como el gobernador ya separado del cargo y no se diga las dirigencias del PRD de antes y ahora.

¿Por qué nadie dijo ni hizo nada? Porque son políticos, porque todos hicieron cálculos y fabricaron escenarios para saber hasta dónde podrían sacar ventaja de esa información y esa relación, fuera política, fuera económica. De tal manera que la misma acusación y los mismos reclamos en contra de López Obrador deberían hacérselos ellos mismos, todos ellos a sí mismos.

Por esto los señalamientos y reclamos contra el líder de Morena, si bien efectivos para restarle votos y simpatías, así como  desviar la atención del asunto central –el rescate de los jóvenes desaparecidos, vivos o fallecidos-, no servirán en absoluto para abonar en esta tarea por demás titánica y social, antes que sólo política.

Pero si nada le aportan deberían servir para otro propósito, la oportunidad del tabasqueño y de otros, muchos otros –el sacerdote Alejandro Solalinde tendría que ser uno de ellos- para erigirse precisamente en esa figura que tanto nos falta: el estadista, el líder y el visionario que demanda el país.

Y no porque los mexicanos sigamos dependiendo ni necesitando del Gran Tlatoani, sino porque el grado de putrefacción que hemos alcanzado ya no da para más. Somos y tenemos, bien señaló el Departamento de Estado norteamericano, un Estado fallido. No existen el Estado de Derecho y las instituciones están petrificadas. En estas condiciones, que son también nuestros grandes retos, necesitamos con urgencia del estadista capaz de verlo y asumirlo,  de actuar en consecuencia.

 

Calles repletas

* Ayotzinapa, en Guerrero, tiene 43 muertos recientes. El Estado de México, donde hay una ciudad que se llama Toluca, tiene 46, recientes, en un pedacito de agua, un kilómetro apenas, el canal de Los Remedios, tumba movediza que parte, desintegra el valle de México, ese que asusta a los extranjeros porque nunca se acaba. De esos 46 muertos no se habla mucho, aunque se sabe. Porque algunos dicen que son sesenta.

Miguel Alvarado

Marcharon por todo el país gritando y de verdad indignados, unos llorosos, otros riéndose, de la mano de las novias porque también la proximidad de la muerte es un buen lugar para quererse. Y llegaban a las plazas públicas donde el miedo y el cansancio se encargaban de apretujarlos, sacarles de encima las mantas pintadas de rojo, las consignas que los demás, los que son viejos, llevaron cuando les tocó lo mismo. Y que ahora ven mientras callan porque saben.

Ayotzinapa, en Guerrero, tiene 43 muertos recientes. El Estado de México, donde hay una ciudad que se llama Toluca, tiene 46, recientes, en un pedacito de agua, un kilómetro apenas, el canal de Los Remedios, tumba movediza que parte, desintegra el valle de México, ese que asusta a los extranjeros porque nunca se acaba. De esos 46 muertos no se habla mucho, aunque se sabe.

Porque algunos dicen que son sesenta.

Otras vez los hoyos, esas bocas retorcidas donde dios está enterrando.

Ahora dicen que les disparan a los estudiantes de Toluca, allí donde nos sentamos la tarde en que leíste tus poemas. Que están los militares y que disparan. Que está la policía y que dispara. En este minuto nadie sabe si es verdad y nadie se mueve mientras los que marchan envían los mensajes.

Estamos bien, son policías los que nos llenan de rumores, de falsa metralla, dicen los estudiantes.

Han pasado cuatro minutos y las calles del centro de Toluca, llenas de miedo, se han vaciado.

Vuelvo a tu carta, a tus poemas.

Mientras leo, lloro.

II

El taxi atraviesa el centro de Toluca.

A Metepec.

¿A Metepec, a las once de la mañana? ¿Por dónde quiere que me vaya?

Muertos azucarados exhiben en los portales sus sonrisas enhebradas de brillante caries, sus ropas como luciérnagas. Son los preludios de Día de Muertos y todos los años, a la misma hora toneladas de azúcar adquieren la misteriosa forma de los fantasmas. Espantos de chocolate y amaranto los acompañan en los estantes y las brujas norteamericanas les hacen los mandados entre pedacitos de turrón y papel picado de todos los colores.

En otros lados venden la sangre, envasada y debidamente tratada para la marcha zombi. Pero este año esa caminata por la ciudad no ha sido la única ni la más numerosa. Por ahora parece una frivolidad aquel maquillaje y la prolija elección de las heridas, abiertas con papel servilleta en el simulacro ideal para un día de sol y viento, sin lluvia, pero mucho silencio. Los monstruos, los de verdad, aguardan esperando el momento, la atroz llamada que los desplaza.

No hay nada, sólo miedo.

Y odio. Y miedo.

Y odio.

Los muertos, todos jóvenes, toman las calles y se apretujan. Las caras, todas sus caras representan la ola, el pacífico mar de una tarde de octubre enrojecido, escurrido en el tranquilo calor. Y si entonces uno pudiera decirles, mientras ellos hacen citas para el cine, que no se disfracen solamente, que no se siente sólo en el cine y coman sus palomas o se besen, que no sólo salgan ni solamente vean el futbol, armen la fiesta alcohólica.

Algunas cosas o casi todas ya no se pueden, solamente.

Esa misma fecha estudiantes de la escuela rural de Tenería avanzaban por la tarde por las mismas calles en protesta por las desapariciones de Ayotzinapa. Los comercios cerraron porque algunos dijeron que habría saqueos. Luego, llegando al centro, algunos dijeron que había balaceras. Nada era cierto.

Ese día el taxista iba por el centro de Toluca. Tomaba la avenida Morelos, la más grande de la ciudad y sintonizaba el noticiero para enterarse de los cortes del tráfico, los bloqueos. Pero en ese informativo sólo anunciaban la alineación del Barcelona, la injusta derrota de los Reales de Kansas City, el estado del tiempo, pretexto para otras cosas, para entablar la plática buscada ¿Hace frío en Nueva York? ¿Se inunda el metro en Times Square, sobre la Calle 42? Dices que las excusas sobre viento y marejadas son la peor manera de iniciar conversación y te creo.

¿Tiene prisa por llegar a Metepec?

Alguien saca una mano y la ventana del auto al lado refleja las caras de los que esperan el paso. No hay prisa porque en realidad no hay camino. Todo está aquí y todo llega, de pronto, a este centro de tiempo ajeno.

Es que tengo que ver por dónde nos vamos, porque van a cerrar las calles, por los estudiantes.

¿Vienen de Texcoco?

No, vienen de Tenango.

Hace meses los de Tenería marchaban con los ambulantes, sacados a golpes de las calles por la alcaldesa Martha González. Los esperaba la policía en un retén demasiado obvio que los vendedores de fruta habían anticipado y comunicaban a dulceros y semilleros. Al fin, hace meses, la marcha aquella avanzó elongándose como animal multicolor de escamas frutales y en los ojos los higos oscuros de la mañana.

Y en el vientre las semillas y los dulces.

Nadie los detuvo. No había policías, ni siquiera halcones, informantes en penumbras.

Los de Tenería enviaron apenas a 20 jóvenes, que cantaron desanimados mientras portaban sus pancartas, al Ché arrugado ya pero siempre allí, como excusa ni pretexto. Nadie preguntó por qué eran tan pocos.

Luego, una hora más tarde se supo que el resto de los de esa escuela habían llegado a la Terminal de la ciudad y allí se enfrentaban a la policía en un motín creado, sí, por ellos, pero que abriría el paso para que los comerciantes pudieran llegar. A ellos los madrearon antes de que se llevaran un camión para volver a Tenango mientras el resto podía sentarse a platicar lo que no se negocia con las autoridades locales.

Por fin el taxista encuentra una frecuencia con la información que busca. El inicio de la marcha será a las seis de la tarde.

Y es que vienen de Tenango y siempre vienen. Y siempre marchan y no arreglan nada.

El conductor vislumbra la avenida que busca, atestada de autos y que no permite el paso. Se mete adrede, se empantana solo en ese atasco de metales y silbidos justificándose para darle la razón al noticiero.

En el Estado de México hay mil 800 desaparecidos a la fecha.

- Por eso a los estudiantes se los madrean –dice de pronto, mientras sube el volumen al radio.

Encerrado en mí, no dejo de verte.

¿Atrocidades institucionales?

* ¿Qué hará el Estado mexiquense? ¿El titular de la PGJEM avala estos métodos, propios de un probable Estado de Terror? ¿Está la sociedad de la entidad conforme con estas prácticas? Lo más grave que puede ocurrir es que, a pesar de que estos hechos son de conocimiento público, no pase nada, que todo siga igual, que las violaciones sigan ocurriendo y la supuesta instancia impartidora de justicia penal continúe con la violación a los derechos humanos garantizados en la Constitución Política y en convenios internacionales firmados por nuestro país.

 

Luis Zamora Calzada

Realmente difícil de entender por qué ocurre, entre “personas”, actuaciones contrarias a lo que puede ser la esencia del ser humano, como las descritas en narraciones oficiales dignas de ser parte de una novela de terror y ficción plasmadas en los numerales que integran la recomendación 51/2014 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), titulado “sobre los hechos ocurridos el 30 de junio de 2014 en Cuadrilla Nueva, Comunidad de San Pedro Limón, Municipio de Tlatlaya, Estado de México”, visible en la página principal de internet de la CNDH.

A manera de ejemplo, su numeral 314 narra que “la madrugada siguiente refiere que las trasladan a otro lugar cercano, ya que el trayecto duró alrededor de 20 minutos, en donde la meten a un baño con tres hombres, quienes le dicen que ahí ““ellos hacían hasta que los muertos hablaran””; en este lugar le jalan el cabello, le pegan en las costillas, y con una bolsa de una tienda ““como de mandado””, la asfixiaron en nariz y boca, sin poderse mover porque le colocaron los brazos y piernas cruzadas por la espalda. Intercalaban la interrogación y la bolsa durante varios minutos, alrededor de tres veces, hasta que uno dijo ““esa vieja se nos va a morir””. Posteriormente, metieron su cabeza a la taza del baño, alrededor de cuatro veces. Le decían que tenía que decir que las personas que fallecieron ““habían matado a diez””, a quienes pusieron en bolsas negras, y que ella daba de comer a los secuestrados”.

Lo anterior forma parte del apartado denominado “Responsabilidad de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México” (PGJEM), que por sí misma refleja violaciones  a la Ley Orgánica de la PGJEM al reglamento de la misma ley y, por supuesto, a derechos humanos garantizados en la Carta Magna de nuestro país.

Ante estas atrocidades, ¿qué hará el Estado mexiquense? ¿El titular de la PGJEM avala estos métodos, propios de un probable Estado de Terror? ¿Está la sociedad de la entidad conforme con estas prácticas?

Lo más grave que puede ocurrir es que, a pesar de que estos hechos son de conocimiento público, no pase nada, que todo siga igual, que las violaciones sigan ocurriendo y la supuesta instancia impartidora de justicia penal continúe con la violación a los derechos humanos garantizados en la Constitución Política y en convenios internacionales firmados por nuestro país.

 

Indiferencia normalista

 

En algunos sectores sociales, a partir de los lamentables hechos de la muerte y desaparición de estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa ocurrieron reacciones inentendibles por su significado asociado a la criminalización.

En Toluca, Ixtapan de Sal, Tonatico, Coatepec Harinas, entre otros municipios, corrió entre los comerciantes la voz de que “ahí vienen los normalista”. Muchos cerraron sus negocios para evitar supuestos saqueos que construyeron en su imaginario, vinculando la imagen del estudiante normalista al de sujetos peligrosos, delincuentes.

Se asegura que en Coatepec Harinas las reacciones de mucha gente fueron apersonarse en el inmueble de la presidencia municipal para defenderlo de los “normalistas” que provocarían desmanes; según las narraciones recogidas, se reflejaba enojo en la gente reunida, dispuestos a responder con violencia contra los estudiantes, que jamás llegaron.

No puede pasar desapercibido que en nuestra entidad funcionan 36 normales estatales y la Normal Rural de Tenería, ubicada en Tenancingo, que por razones naturales ha suspendido labores en apoyo a los alumnos de Ayotzinapa. Mientras, en las estatales no ha existido manifestación alguna, como la solidaridad expresada de otras instituciones educativas del Estado de México.

La indiferencia que se percibe de los normalistas estatales es preocupante, algunos docentes de este nivel educativo aseguran que mientras no haya un orden de “arriba”, ellos no pueden emprender acción alguna.

Suponiendo sin conceder que la solidaridad requiera de “permiso de los de arriba” para manifestarlo, ¿qué tipo de futuro maestro se está formando en estas escuelas? Parece increíble, de ser cierto el comentario -la sensibilidad inherente a los lamentables hechos ha generado la solidaridad nacional e internacional, sin ser explicable desde cualquier razonamiento- que en las instituciones formadoras de docentes estatales pueda ordenarse que pase desapercibido a pesar de que los afectados son hermanos de profesión.

Lo anterior explica en parte los miedos inducidos en los profesores, provenientes de su probable formación, que se superaría con información, tal y como aseguró un docente: “a los maestros nos tendrán miedo cuando sepan que no tenemos miedo, pero para ello tenemos que leer, por el bien de nuestros alumnos”. Usted que piensa, amable lector.

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