Incongruencias

* Los eventos que programó la Dirección General de Educación Básica no concuerdan con la supuesta planeación “construida” en los consejos técnicos escolares,  determinada de otra supuesta normalidad mínima y una ruta de mejora, que no se observa en beneficio del mandato constitucional de educación de calidad.

 

Luis Zamora Calzada

Resultan incomprensibles las determinaciones de la Dirección General de Educación Básica contenidas en la circular 179/DGEB/2014, de fecha 30 de julio del año en curso, al ser contrarias a los lineamientos planteados en la circular 167, que ordenó el desarrollo de “…el Plan y Programas de Estudio 2011 para la Educación Básica…”, al establecer las conmemoraciones de fechas especiales, concursos y eventos que restan tiempo para el desarrollo de la tira curricular determinada en los niveles educativos correspondientes.

Señala el deber de “realizar en todas las escuelas la difusión de las fechas, concursos y eventos con operatividad obligatoria”, con el respectivo informe que se requiere mensualmente,  lo que por sí sólo constituye un grave problema que aqueja a la escuela pública, informes que a la fecha se desconoce si se leen y cuál es su aportación real en la administración educativa.

El documento incluye un listado de 36 concursos y eventos cuestionables, con escasas posibilidades de aportación a los planes y programas, destacando los siguientes:

Tercera Semana de Salud.

Semana Estatal de Salud Mental.

Semana Nacional de la Alimentación.

Día Mundial del Lavado de Manos.

Semana Nacional de Vacunación Antirrábica Canina y Felina.

Prevención del Cáncer en los Niños.

Prevención del Cáncer en la Mujer

Campaña Navideña para la Moderación del Consumo de Bebidas Alcohólicas.

Semana Nacional de Información Compartiendo Esfuerzos.

Primera Semana Nacional de Salud.

Día Internacional del Condón.

Día Nacional del Desafío.

Temporada de Calor (cólera).

Los eventos no concuerdan con la supuesta planeación “construida” en los consejos técnicos escolares,  determinada de otra supuesta normalidad mínima y una ruta de mejora, que no se observa en beneficio del mandato constitucional de educación de calidad.

A todas luces es detectable la urgente necesidad de los administradores de educación básica, del conocimiento de forma y fondo de los planes y programas que rigen los niveles de preescolar, primarias y secundarias para crear las condiciones que permitan garantizar su puesta en marcha en los niveles mencionados y evitar improvisaciones que alteran el diseño curricular, que contempla entre otras las temática enlistadas en la circular 179.

 

Tutoría

 

La convocatoria está dirigida a “…docentes y técnicos docentes a participar en el proceso de selección para desempeñar funciones de tutoría al personal docente y técnico docente de nuevo ingreso en Educación Básica, ciclo escolar 2014–2015, con vigencia hasta el fin del ciclo escolar 2015–2016”.

Se define la tutoría como una actividad adicional a las labores de docentes y técnicos docentes y se concibe como un movimiento lateral; el documento denominado “Marco General para la Organización y el Funcionamiento de la Asesoría Técnico Pedagógica Temporal con Funciones de Tutoría”, establece que es un derecho de los nuevos maestros de educación básica recibirla durante un periodo de dos años, con el propósito de fortalecer sus capacidades, conocimientos y competencias profesionales.

Concretamente, establece que son las “acciones y servicios que tienen la finalidad de contribuir a mejorar la calidad de la educación, mediante el apoyo y el acompañamiento a Directivos, Docentes y Técnico Docentes, particularmente para valorar y promover las prácticas de la evaluación interna y externa a la escuela, fortalecer a las escuelas mediante la mejora de la gestión escolar, orientar el desarrollo profesional docente, planificar la enseñanza y analizar los propósitos, contenidos y enfoques didácticos de los programas de estudio”.

Si ya hay tutores con este perfil, entonces la escuela pública es de alto nivel,  porque además deben hacer notar a los nuevos maestros las prioridades de la educación básica  para mejorar las competencias básicas de los alumnos para aprender a aprender; la normalidad mínima de operación escolar; disminución del rezago y abandono escolar; el acceso, permanencia y egreso en la educación básica y el desarrollo de una buena convivencia escolar.

Lo cierto es que no existen muchos prospectos. Los incentivos desaniman a los maestros en servicio al anunciar, entre otras, un nombramiento, reconocimiento y diploma como distinción de las autoridades educativas locales; en el desarrollo profesional y difusión de la experiencia tutora se prometen entrevistas, cursos y talleres y la maravillosa oportunidad de escribir su experiencia; en lo económico se otorgará de conformidad con lo que dicta la Ley General del Servicio Profesional Docente, al término del primer o segundo año de Tutoría, según corresponda, cuando en realidad en dicha ley no se establece cantidad alguna al respecto o lineamientos para su determinación.

Ante este panorama, pretenden que sean los asesores metodológicos y los auxiliares de supervisión quienes desempeñen esta nueva tarea, pero el problema radica en el nombramiento con el que cuentan que, de violentarlo, generará una cascada de demandas laborales.

Está bien que llueva

* Esto es Luvianos, capital del narco que no tiene ni 30 cuadras de extensión. Así como así, la avenida principal es terrosa y desdentada, donde los niños andan en bicicleta como si no supieran de enfrentamientos. Hace cinco año miraba los mismos rostros, los mismos juegos felices. Pero las calles eran distintas. Estaban recién barridas y reflejaban el sol en esa calma de las dos de la tarde mientras las casas ondeaban sus banderas estrafalarias de México y de equipos de futbol como los Pumas de la UNAM y el América, entre esculturas de pegasos y águilas rapaces.

 

Miguel Alvarado

I

Son las 4:19 de la madrugada y junto a la ventana de este cuarto pasa un arroyo muy pequeño pero inconmensurable a esta hora.

Me levanto.

Este aquí se llama Otzoloapan y las cuijas cantan en las vigas mientras comen escarabajos, algunos del tamaño de mi puño. La niebla del ensueño no halla acomodo en su propia, inútil metamorfosis que me deja en el otro lado de esta angustia que quiere decir la puerta abierta, los zapatos al pie de la cama, la ropa sucia, los cigarros que saben a todo lo podrido.

Los escarabajos juegan inmóviles en las vigas y las sombras los acunan para que nada los aprese.

¿Y entonces?

¿Cómo se atraviesa este día, todavía sin luz?

 

II

La niña acompaña a la abuela. Las dos se sientan en el suelo, junto a las sillas donde otros esperan también, a 40 grados centígrados, a que un político venga y les hable de esperanza, los llene de vitalidad. No se sabe por qué, son ancianos casi todos y llevan su credencial de elector en la mano, que la usarán luego para poder firmar un pliego contra la reforma energética que no será aceptado en el Congreso mexicano porque atenta contra la elemental soberanía que significan los negocios con petróleo. 

¿Qué es lo que miro mientras llegan las camionetas en convoy, se estacionan detrás de nosotros y descienden los políticos anunciados, que son recibidos con una porra?

Pero por qué.

Qué es esto.

 

No cierres los ojos, todavía no.

 

Debajo del toldo o de la lona se congrega la población indefensa de Luvianos, la que ya no puede decidir por sí misma ni el pan o la marca de la leche que han de comer, la tienda favorita y las horas para el desahucio desparramadas en una plaza construida a fuerzas, con calzador, encerrando una ceiba, un árbol enorme

 

no tan grande pero sí lo único real en esta bruma de sol y paciencia mexicanas

 

para darle realce al palacio municipal, atrancadas sus puertas por ahora, custodiadas por policías estatales vestidos de negro. Ni parece que haya tantos muertos pero sí, los hay y sus sombras son marcas umbrosas en los rostros de casi todos.

Esto es Luvianos, capital del narco que no tiene ni 30 cuadras de extensión. Así como así, la avenida principal es terrosa y desdentada, donde los niños andan en bicicleta como si no supieran de enfrentamientos. Hace cinco año miraba los mismos rostros, los mismos juegos felices. Pero las calles eran distintas. Estaban recién barridas y reflejaban el sol en esa calma de las dos de la tarde mientras las casas ondeaban sus banderas estrafalarias de México y de equipos de futbol como los Pumas de la UNAM y el América, entre esculturas de pegasos y águilas rapaces. Y es que las casas de los narcos a los que les ha ido bien pueden distinguirse porque son grandes y estrambóticas, con entradas enormes diseñadas para tráileres y camiones de carga, que se estacionan o guardan en negocios inútiles de construcción en un pueblo de menos de 20 mil habitantes que prefieren las estructuras de adobe por frescas y duraderas, a excepción de aquella alcaldía amarilla, decididamente fea y un galerón que tal vez sea un mercado y que también está cerrado pero lo custodia un agente con rifle que escribe algo desde su celular, deshaciéndose en sonrisas mientras sus lentes oscuros, de mica roja, resbalan por su cara.

Les ha ido bien pero los narcos locales no están en sus casas porque los buscan, aunque en realidad es otra cosa. El operativo de seguridad simula que los persigue para no incriminar más balaceras o muertos a destajo, y es que nadie quiere arriesgarse. Así que se van a la Sierra, a Nanchititla, allí junto, a 10 kilómetros y allí viven en casitas de campo y cuando todo se pone peor las abandonan y buscan las cañadas, los barrancos, las piedras grandes como techumbres y se meten debajo. La gente del pueblo les lleva la comida y los atiende porque hay algunos a los que les han ayudado, aunque esos ayudados ya tengan sus propios muertos, ejecutados en los bailes públicos o sacados de sus casas para meterles una bala en la cabeza. Pero la comida, la información y la seguridad nunca faltan, no importa quién sea el favorecido.

Como el policía que sonríe, quisiera escribir desde mi teléfono o trazar una raya en el cuaderno que nunca sacaré porque estorba y me reduce la memoria a lo concreto. No podría dibujar al hombre tatuado desde el cuello que entra a la tienda de enfrente. Que compra un refresco y una bolsa de papas. Que luego se recarga en un pilar y se queda viendo como si nadie mirara. No podría, se mueve. Y me mira, mientras le tomo una foto.

 

III

Las casas de los narcos están construidas para no habitarse pero sí diseñadas para la vigilancia. Todas tienen una torre, propia de un castillo medieval y ventanas en su circunferencia por donde se domina el pueblo. Para ellos son mansiones, de tres pisos o más y deben sobresalir, mostrar carácter, así que las pintan de colores pastel, verdes pistache, por ejemplo, porque las casas de los narcos parecen pasteles de cumpleaños, de quinceañeras para precisar algo, o azules claros que reflejan todavía más la intrincada psicología de quien nada tiene y un día amanece comprando todo a cambio de alguien que se ha muerto. Y matan, pues es así, a veces por 150 dólares. Deben matar entonces a destajo y encima, todavía, proteger la espalda de otros que ni sus amigos son.

Que morirse valga la pena, pero eso cómo lo sabemos.

¿Por qué digo esto?

Porque hay una razón formal, lógica, inimputable que los obliga a meterse a ese negocio y que es el hambre o la pobreza de los suyos y la propia. No todos fueron desafortunados, algunos ya nacieron en familias dedicadas al narcotráfico y lo trabajan incansables, en horarios de 9 a 5 con checador incluido y horas extras pagadas con cierta puntualidad.

Pero a las casas las deshabita la desgracia porque entonces por qué están así, deterioradas y calcinándose hasta de noche. En otras bardas, las de los pobladores nativos, se permite la pinta política y allí aparece el rostro del actual alcalde, José Benítez, trazado a la usanza del Ché, un altocontraste sobre fondo amarillo en el que la mirada del funcionario se pierde en la distancia. Amarillo del PRD, un partido de izquierda entregado hoy al proyecto totalitario de Enrique Peña Nieto, no tiene sentido ni siquiera en esta breve mención.

Las casas, te decía, guardan autos importados, desde porsches hasta ferraris que hace algunos meses todavía se enseñoreaban por esas calles empedradas, parejas para que pudieran circular las máquinas bajitas y no pegaran con algún borde asesino. 

El alcalde Benítez no puede hablar, ni siquiera está, pero tampoco quiero hablar con él. Pues qué le pregunto. ¿Es usted narco? ¿Trabaja para los narcos? ¿Los narcos pagan su nómina? ¿Lo obligan o son sus amigos?

Ya sabemos las respuestas.

No quiero contarte lo de los muertos. No por ahora.

 

IV

Algunos policías toman foto de todos y cada uno. Un niño, casi joven, filma todo el tiempo con un celular o una cámara muy pequeña. En Luvianos el árbol de la placita hace la sombra de un barco para los más cansados, que se paran debajo mientras comen un raspado, toman los refrescos. Los policías son altos pero no imponen, aunque llevan sus armas desenfundadas. Lo que más asusta no es la escopeta sino las cámaras fotográficas que usan, simios, en cada cara que se les atraviesa. Uno me toma fotos y yo le tomo fotos al mismo tiempo. Ni siquiera nos miramos a los ojos, ni siquiera reconocemos nuestros gestos. Los dos reímos o sonreímos, como si todo fuera un montaje y al mismo tiempo –es cierto, al mismo tiempo, sincronizados, como si pudiéramos morir o vivir dos veces- volteamos a decirle algo a alguien, al que está a nuestro lado. Hoy nadie disparará pero no venimos a eso, no habrá muertos cuando el calor está tan duro y apenas puedo sostener la cámara, que se queda sin baterías.

Ella –la abuela- fuma un cigarro sin filtro y ella –la nieta- observa aburrida, como casi todos, la concentración. Todos estamos como secos, cada quién cargando sus propias armas. Ellos sus pistolas, la cámara que asemeja un misil y la anciana un cigarro y una niña, los ojos de una niña que sabe pero no, que detrás de nosotros, los sentados allí, llenos de sombreros para el sol, hay algunos que miran de otra manera. Uno, alguien, llega y se compra un pan, recargado en un pilar de los portales, se desabrocha la camisa, se ajusta la hebilla, se calza las botas y algo le dice al de junto –porque aquí siempre hay alguien junto a uno, y uno más después del primero, hasta que las palabras o las cosas llegan a donde tienen que ir- y luego masca aquel bolo seco pero blando, al fin y al cabo masa que apenas se ha cocido.

Ella -la niña- se irá y vivirá en Illinois o Carolina del Norte, adonde van los despatriados de Luvianos y será registrada como una estadística en cuanto envíe las remesas, tenga los hijos allá, desposeídos de la tierra que, aunque sangrante y jodida, es de uno y de nadie más. O se quede y también sea un número, la columna de alguien en un diario o ni siquiera eso. Juega con su suéter y le dice a la abuela que qué hacen allí, mirando un estrado vacío, a dos metros del suelo.

Esto no es el infierno. Todavía no.

 

V

Andrés Manuel López Obrador es un ex candidato presidencial que lo ha ganado todo, excepto las elecciones. Yo creo que nunca ganará cuando a su alrededor el poder le teje historias de esquizofrenia y megalomanía que la mitad del país cree o considera posibles. De eso, yo nada he visto.

Pero hizo su partido, apenas legalizado hace unos días. Lo llamó Morena y algunos que todavía creen en la democracia van con él pero con los ojos cerrados. Alguna vez López Obrador movilizó a la mitad de México y perdió aquella presidencia del 2006 por un margen de 0.56 por ciento de los votos contra Felipe Calderón, quien iniciaría formalmente una guerra contra las drogas con un costo de 60 mil muertos y que hasta ahora se eleva a unos 120 mil.

López es de izquierda o al menos eso pretende y su negocio es la política. Es liviano, ligero, de palabra fácil y voz fuerte cuando se ocupa. ¿Hay alguna diferencia con el resto de los políticos? ¿Son solamente las ganas de que algo cambie, pero ya, como el canal de la tele o la programación musical, así, rápido, con el movimiento de una mano, un botón?

Cuatro jefes de los cárteles del narcotráfico se han reunido y formarán uno solo, que hará frente a los Templarios y La Familia, jefes de jefes en las plazas del sur mexiquense y que han logrado transmutarse desde las piedras, los cerros y las cañadas que los escondieron al principio, en líderes sociales, alcaldes, políticos de poca monta pero muchas armas y, en fin, sombras, marchas fúnebres y todo eso que aquí, en Cuentla, un pueblo de 500 habitantes, no siempre es negro porque no se puede contra el verdor que descansa el corazón del más entristecido.

Aquí la rabia tiene otra forma y es más lenta, como un río que a veces se quedara sin agua.

Está bien que llueva, que se sienta frío.

El otro sur

* A 38 grados centígrados el cuenco o valle en el que están ubicados esos municipios lucen verdes pero abandonados. Las carreteras secundarias son suficientes sin embargo para que el transporte local todavía circule por ellas. Esas escenas no son nuevas. Tienen decenios los enormes agujeros y la grava suelta, aunque ahora el deterioro es peor porque ya no son de terracería, que aguantaban más. Los caminos son el menor de los problemas para una comunidad que apenas tiene trabajo o que, en el caso de los cuatro municipios, apenas la dejan hacer algo sin que algún grupo cobre protección, derecho de piso o condicione las actividades.

Miguel Alvarado/ primera parte

Con cerca de 30 ejecutados en un mes, entre ellos un niño en Luvianos, la Tierra Caliente del Estado de México confirma su condición de ingobernable, pues a pesar de la presencia de marinos, ejército y policía estatal, la actividad relacionada con el tráfico de drogas continúa sin mayores dificultades y genera fenómenos que no coinciden con las políticas de seguridad de la Federación y del gobierno del Estado de México, que “blindan” los alrededores y fronteras municipales, como Valle de Bravo, pero no detienen a nadie, a pesar de que los habitantes de aquellas regiones saben desde años quiénes se dedican al narcotráfico.

Luvianos, uno de los centro del narco más importantes en la zona centro del país, es paradójicamente una de las regiones más pobres del Estado de México, junto con otros 13 municipios de la zona, tradicional expulsora de migrantes hacia Estados Unidos. Datos del Centro de Investigación y Estudios Especializados de la Población, de la Universidad Autónoma del Estado de México, indican que la mayoría de los municipios en el sur están despoblados en 30 por ciento, como sucede en Luvianos, pero algunos asentamientos han perdido hasta el 80 por ciento de sus habitantes debido al fenómeno. La gente no se va sólo por la falta de oportunidades y la pobreza a pesar de contar con recursos naturales suficientes, aunque sin recursos para explotarlos. La violencia extrema hace mella en las condiciones de seguridad. El último caso, el asesinato de un niño de 12 años, hijo del locutor en Luvianos, obligó al padre, Indalecio Benítez y su familia, a escapar sin que hasta el momento, luego de un mes de la muerte, exista algún detenido. La migración es un fenómeno arraigado en el sur mexiquense y establece incluso usos y costumbres entre jóvenes, que saben ya que deben irse a cierta edad y seguir los pasos de algunos de sus parientes. Sin embargo es precisamente el fenómeno migratorio hacia EU lo que permite el sostenimiento de  los que se quedan.

El municipio que genera más remesas en el Edomex es Tlatlaya, seguido de Zacualpan y San Simón de Guerrero, todos ellos en el sur mexiquense, según el estudio “Migración y Remesas en el Sur del Estado de México”, del investigador Juan Gabino González Becerril, edita por Papeles de Población de la UEAM, en el 2006.  

La región de Luvianos no es la misma de hace dos años, en el 2012, cuando el narco se infiltraba hasta en las giras presidenciales, donde enviaba “halcones” para enterarse de primara mano sobre los pasos de los aspirantes. Salitre, poblado minúsculo del municipio de Amatepec, a 40 minutos de Luvianos, recibía al aspirante perredista Andrés Manuel López Obrador, quien luego de su mitin preguntaba a los organizadores locales quiénes dominaban esa plaza, Templarios o Familia.

- Es La Familia Michoacana, señor.

- ¿Ah, sí? ¿Y están por aquí ahora?

El organizador levantó la cara y dirigió la vista al fondo del escenario, delimitado por lonas, en la pequeña plaza pública de aquel lugar.

- Son ese grupo que está hasta el fondo.

Lo mismo sucedió con cuanta visita política hubo. Hoy son pocos los que se atreven a ir, pues no es una época electoral ni existen condiciones de seguridad que otorguen certezas, aunque sea. Los casos de extorsión y secuestro en Luvianos no excluyen a los jefes políticos, aunque sean alcaldes o representantes de los gobiernos estatal y federal. Uno de esos casos, el más reciente, involucró al ex alcalde perredista Zeferino Cabrera Mondragón, secuestrado hace poco más de dos meses, cuando pasaba con su esposa algunos días en un rancho de aquella localidad. Días después fue liberado, pero nadie supo qué había sucedido ni quiénes habían sido sus plagiarios.

Pero en Luvianos todo se sabe. Municipio de apenas 70 mil habitante y un territorio de 703 kilómetros cuadrados, es imposible no enterarse. Zeferino, por años un jefe político casi intocable, debió observar y nada más observar, cómo el narco se apoderaba de los municipios sureños. Fue uno de los muchos alcaldes que debieron aprender a convivir con “las verdaderas autoridades”, como se conoce a los jefes de plaza de los cárteles, y a delegar en ellos gran parte de los poderes públicos, incluidas decisiones que tenían que ver hasta con elecciones estatales, pago de quincenas, contratación de personal y adjudicación de obra pública.

Todavía el actual edil de Luvianos, José Benítez, se niega a hablar en público sobre el tema de la seguridad después de que en el 2012, antes de tomar posesión en el cargo, librara una emboscada pistolera en caminos vecinales. Benítez ha trabajo en Luvianos siguiendo las mismas directrices de años anteriores. Hay cosas de las que no se pueden hablar, según él.

A Zeferino le pasó lo mismo. Y su secuestro indica que no hay una garantía ni siquiera para quienes representan un poder público. Luego de que lo levantaron en su rancho, al ex alcalde lo llevaron a una casa en el campo, donde lo retuvieron por unos días, sin hacerle daño, hasta que un operativo policiaco se implementó para buscarlo. La llegada de los agentes obligó a los captores a movilizarse. Dejaron aquella casa y se internaron en la Sierra de Nanchititla, donde se escondieron en peñascos y cañadas hasta que aquella operación terminó. Según los vecinos, A Zeferino le tocó vivir en la intemperie por algunos días y dormir sobre rocas o donde sus captores consideraban que no serían vistos. Después lo soltaron, pero con la condición de que él mismo obtendría el dinero para su rescate y pagaría a los captores lo solicitado, que en una primera “mesa de acuerdo” alcanzaría 100 millones de pesos.

Cabrera no pudo reunir aquella cantidad pero su libertad condicionada le dio oportunidad de acudir en busca de consejo con dirigentes e instancias federales. Las negociaciones finales le devolvieron tranquilidad cuando consiguió que los secuestradores se conformaran con 2 millones de pesos, aunque aún seguía siendo alto para el ex edil, quien decidió tomar consejo de la dirigencia nacional, que lo refirió hacia la Comisión Nacional Antisecuestros encabezada por Renato Sales, nombrado para ese encargo por el presidente de México, Enrique Peña. La instancia terminó de negociar el caso, pero no se hizo público si se hicieron los pagos.

A Zeferino lo trataron bien, dicen algunos, pero otros aseguran lo contrario y apuntan que más que el cobro de un plagio se trató de enviar un mensaje desde el crimen organizado para dar a entender que hay un grupo distinto al de La Familia gobernando la zona o al menos peleando por el poder que ejerce el narcotráfico.

Dos años después, López Obrador regresó al sur mexiquense, ahora como líder del partido Movimiento de Regeneración Nacional. Apenas una pequeña caravana lo acompañó, no más de 6 autos, sin ninguna seguridad, aunque el gobierno del Edomex, militares y marina montaron un discreto dispositivo que “encapsuló” a los de Morena en sus traslados. Un kilómetro adelante, un convoy militar abría paso y un kilómetro más atrás, patrullas custodiaban las espaldas de los viajeros. Obrador evitó las cabeceras y sólo Luvianos y Tejupilco fueron visitados frente a la alcaldía, que permanecieron cerradas mientras el ex perredista hablaba en público. La razón de aquella gira era juntar firmas para oponerse a la reforma energética. Muy puntual y sin salirse de lo programado, el viaje llevó a Obrador a puntos específicos donde cumplió sus arengas. Pero Luvianos, Amatepec, San Simón de Guerrero y Tejupilco son mucho más que cuatro poblados. De salud está “bien, gracias”, diría él mismo.

A 38 grados centígrados el cuenco o valle en el que están ubicados esos municipios lucen verdes pero abandonados. Las carreteras secundarias son suficientes sin embargo para que el transporte local todavía circule por ellas. Esas escenas no son nuevas. Tienen decenios los enormes agujeros y la grava suelta, aunque ahora el deterioro es peor porque ya no son de terracería, que aguantaban más. Los caminos son el menor de los problemas para una comunidad que apenas tiene trabajo o que, en el caso de los cuatro municipios, apenas la dejan hacer algo sin que algún grupo cobre protección, derecho de piso o condicione las actividades. Las casas al pie de carretera son ancestrales y se están cayendo desde siempre. Cada uno los cruces mantiene siempre un hombre, al menos, que implementa una tiendita al aire libre de refrescos o la venta de algunas frutas embolsadas. Son jóvenes casi todos, lugareños y los más viejos, los que se sientan en los pórticos de sus casas, señalan como “halcones”.

- La mayoría sí. Miran quiénes entran y se comunican con sus jefes. Los están monitoreando porque en cada cruce hay un vigía y saben con certeza a dónde se dirigen. Si representan algún peligro o algo, entonces los detienen.

La vegetación cubre el campo e invade las rutas. Los sembradíos se implementan hasta en los cerros más empinados y los bueyes muertos son pasto para los buitres, que se disputan hasta los huesos de cualquier cosa muerta que hallen en los sobrevuelos, que son nada comparados con los del helicóptero Black Hawk, que llegó el 27 de agosto del 2014 a Valle de Bravo

Pero esa actividad –detenerlos- sólo se realiza cuando la zona no está caliente. Ahora, luego de tantos muertos, el narco se ha replegado o al menos ha mantenido una tregua, quietud, aunque del otro lado de la sierra la búsqueda de las células del narco Jonnhy Olacoaga, “El Mojarro”, no la interrumpan los militares.

La presencia de helicópteros de alta tecnología no es nueva en la región. Los narcos los identifican como G3 y los lugareños los describen como naves que vuelan con sensores y radares que facilitan cacerías nocturnas o en condiciones climáticas adversas. Equipados con armas que alcanzan rangos de disparo de hasta un kilómetro, las naves de la Marina han causado decenas de muertos, a quienes cazan de vez en cuando. Esta versión de ataque ha causado más terror que bajas, pero es un ejemplo del poderío militar que de todas maneras no se siente porque, dicen los pobladores “nada más no quieren”.

Luvianos es un paseíllo por la intranquilidad. El convoy de Obrador, encabezado por su camioneta blanca tipo Suburban, arranca en los peatones caras de susto. Allí, en esas mismas calles, por ahora cubiertas de polvo y cerradas por un tianguis al pie de la iglesia, el niño Diego Benítez era masacrado por pistoleros que atacaron a su padre, locutor de Radio Calentana. Las mujeres que observan los autos meten a los niños y toman los celulares. Luego, cuando ven los logos de Morena, consiguen calmarse.

“El problema con Tierra Caliente no es nuevo”, apunta un  integrante de la comitiva de Obrador pero que vive en la zona. “La cosa es que ahora hay demasiados grupos delictivos peleándose el control”.

- ¿Y la gente que los sigue son fuereños?

- Eso también ha cambiado. La gente que forma sus grupos ya son de aquí. Antes, cuando esto empezaba, pues había pistoleros de todos lados pero no eran de aquí.

- La gente ya vio…

- Algunos ya vieron que obtiene dinero luego, luego, aunque no tanto. Porque esa es otra parte. Ni siquiera pagan tan bien como pareciera. A lo mejor contratan desde mil 500 pesos, o hasta menos, para los que andan de “halcones”.

- Pero se enganchan…

- Y ya contratados se salen hasta que los matan o los agarran o hasta que consigan una plaza tranquila y asciendan como jefes. Pero como hay muchos que quieren lo mismo, la mayoría no llega a nada.

- ¿Y para quiénes trabajan?

- Nombres no, pero grupos, pues está La Familia, están Guerreros Unidos, están Los Templarios y otros que por allí aparecen de vez en cuando.

- Entonces, quién rifa en Luvianos y Tejupilco…

- La Familia.

- ¿Los militares?

- Pues ahí andan, dando vueltas hasta Amatepec y Tlatalaya, pero nada más. Ahorita todo anda calmado porque están con el desmadre de la Gendarmería y hasta que no se sepa qué, todo estará tranquilo.

- ¿Es distinto el nivel de violencia de ahora?

- Puta, sí. Es que ahora son más y también se han hecho del poder público. No se puede comparar con algunos años atrás, cuando había violencia, pero no en este nivel. Ahora todos se quieren matar entre sí y a los que no andan en eso, también se los echan nomás para no dejar.

- ¿Y qué hacen las autoridades?

 – Pues lo de siempre. Nada. Pero a la gente le falta información, Yo digo que esto que pasa también podría solucionarse un poco si la gente tuviera acceso a libros o en la tele dijeran otro tipo de noticias. Acá en Tejupilco ya todo es peligroso. Es mejor ni venir, aunque te conozcan.

- ¿Y qué pasó en Tlatlaya?

- Unos dicen que el ejército ejecutó a los 22 que estaban en la bodega ésa. Pero no parece ser muy cierto eso porque… mira… esas gentes, las muertas, no eran de la región, venían de Guerrero y entonces usaban esas bodegas para quién sabe qué chingados. Esta vez la versión del ejército es más confiable, pero nunca se sabe. Nosotros creemos que los encontraron y los enfrentaron o los militares pues ya sabían y se agarraron a tiros. Nomás que fueron muchos los muertos. Tlatalya está más con lo que pasa en Guerrero que por acá.

- ¿Y las elecciones que vienen?

- Ya todos se están moviendo. Ya ves a Obrador, que viene con su nuevo partido. Creemos que no le va a alcanzar para el año que viene pero sí para el 2018, cuando ya sea otra cosa. Pero los políticos ya están sobres y parece que no les importa eso del narco porque es inevitable. En Amatepec, ya está la familia Casique, políticos de allá, preparando a su gente para quedarse en el poder con sus grupos. Lo mismo en Luvianos y aquí en Tejupilco ya se empieza la movilización política.

Lo inolvidable

* “Pancho, Paco, Francisco no era más aquel jovencito lustrador de calzado. Nadie tampoco recordaba los tiempos aquellos del “lidercito” de Telmex que aprovechaba cada fiesta sindical, y vaya si eran famosas, para bailar, valga la palabra, con todas las operadoras que con él querían bailar cuando era un héroe. Tampoco tenía rastros del panadero que pudo ser, ni del aprendiz de mecánico y del Departamento de Centrales Telefónicas Automáticas que llegó a la empresa a los 16 años de edad. Había cortado la melena estudiantil. Poco a poco la memoria colectiva olvidó aquel viejo y destartalado Volkswagen que se le conocía y que, consolidado en la dirigencia, cambió por un Corsar. Y sí, con todo y chofer”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz

Poderoso uno, ambicioso el otro, la relación Velázquez – Francisco Juárez se consolidó. De mano de Fidel, los nuevos colegas, el gobierno y las autoridades del Trabajo recibieron al joven audaz y ambicioso David que había derrotado, a pesar de la mano negra, al charro Salustio Salgado Guzmán, a los embates de una parte del oficialismo de la empresa a través de Rosina y, por si fuera poco, había nulificado el “bipartidismo” interno y expulsado de Telmex al ala izquierdista. Si bien no era una apuesta a ciegas, Pancho parecía dispuesto a arriesgarlo todo para ganarlo todo. Fidel tenía capacidad para embelesar a mucha gente, pero cualquier cosa quedaba pequeña cuando se hacía público que la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la mayor organización obrera, tenían empresas cuyo valor superaba 200 mil millones de pesos, manejadas por líderes sindicales desde luego controlados por el eterno Fidel.

En un abrir y cerrar de ojos, Pancho se encontró bajo la larga sombra protectora que proyectaba ese monstruo de colmillos tan largos como retorcidos que conocía cada palmo de las entrañas del poder. La interlocución de Fidel brindó a Pancho y a sus telefonistas fortaleza para aguantar, a pie firme, los ataques que salieron desde las oficinas de los presidentes José López Portillo y Miguel de la Madrid, de 1977 a 1988.

Gracias a su dominio del sistema político y al control que ejercía del movimiento obrero organizado, en 1985 Velázquez impuso su voluntad y llevó a Hernández Juárez a la Vicepresidencia del Congreso del Trabajo. Dos años más tarde, en 1987, el líder de los telefonistas llegó a la Presidencia de ese organismo, desde donde se dio el lujo, nacido más de la inexperiencia, de enfrentarse a más de un funcionario federal. Al secretario del Trabajo, por ejemplo, el durísimo Arsenio Farell Cubillas, lo llamó mentiroso.

Pancho, Paco, Francisco no era más aquel jovencito lustrador de calzado. Nadie tampoco recordaba los tiempos aquellos del “lidercito” de Telmex que aprovechaba cada fiesta sindical, y vaya si eran famosas, para bailar, valga la palabra, con todas las operadoras que con él querían bailar cuando era un héroe. Tampoco tenía rastros del panadero que pudo ser, ni del aprendiz de mecánico y del Departamento de Centrales Telefónicas Automáticas que llegó a la empresa a los 16 años de edad. Había cortado la melena estudiantil. Poco a poco la memoria colectiva olvidó aquel viejo y destartalado Volkswagen que se le conocía y que, consolidado en la dirigencia, cambió por un Corsar. Y sí, con todo y chofer.

Con Fidel cuidándole las espaldas, Pancho y sus telefonistas aguantaron a pie juntillas los ataques directos del poderoso Farell, secretario del Trabajo y Previsión Social en el sexenio de Miguel de la Madrid, cuyas líneas políticas tenían una dedicatoria particular: eliminar a los sindicatos independientes, líderes incluidos, y desmantelar, de una vez y para siempre, a las organizaciones gremiales oficialistas.

Enero de 1987 vio el encumbramiento definitivo de Pancho. En los 11 años anteriores hizo de todo por entrar a la elite del sindicalismo y de la política nacional, incluyendo la militancia en las filas del Partido Revolucionario Institucional. No hacía falta que diera a conocer que trataba de emular a su maestro Fidel Velázquez Sánchez. En cada paso que daba él lo sabía y todo mundo lo vio antes que él. Ese año se hizo público que, entre 1976 y 1987, había hecho, al menos, tres viajes a Europa con recursos del sindicato.

Las lecciones de Fidel fueron provechosas. Todavía hay quienes recuerdan el fastuoso arranque, en el auditorio de la CTM, con todo y acarreados, de la Octava Convención Nacional, el 19 de septiembre de 1983 —cuando madrugó a sus rivales y puso los cimientos para la segunda reelección—, inaugurada por un invitado especial: el presidente Miguel de la Madrid, un tecnócrata enemigo de los sindicatos, sin importar sus etiquetas: independientes y oficialistas.

Más recordado —en el pueblo dirían “de aquellas cosas inolvidables que nunca se olvidarán”— sería el discurso que pronunció el 1 de octubre de 1984, a propósito de su segunda reelección —si se toma en cuenta que la de 1976 que propició el derrocamiento de “Charrustio” Salgado Guzmán fue una elección limpia—: “Esta es una magnífica oportunidad para expresar un especial agradecimiento a una organización ejemplar y a un hombre de distinguidas y trascendentes dimensiones sociales. Me refiero a la Confederación de Trabajadores de México y a su secretario general, el compañero Fidel Velázquez, que con su apoyo han fortalecido nuestras luchas. Hay intereses que se beneficiarían si nosotros nos alejamos de la CTM y del Congreso del Trabajo”.

Si fue hipocresía, un acto de agradecimiento puro o una morbosa declaración, la realidad es que Hernández Juárez suplió con palabras su flojo currículum sindical. La respuesta del viejo Fidel, ya de 84 años de edad, fue automática, le pagó con creces aquellas declaraciones públicas. Pancho, Paco, Francisco puso en marcha una campaña incisiva por la Presidencia del Congreso del Trabajo, el máximo organismo de los obreros mexicanos o, como se le llama entre los trabajadores, la casa máxima de la charrería mexicana. Según se desprende de las informaciones del momento, ya convertido en un líder de verdad y atendiendo siempre consejos y recomendaciones de su nuevo padrino político, también se dio a la tarea de formar un bloque con sindicatos pequeñitos, entre los que destacaban los sindicatos Mexicano de Electricidad (SME), así como los de pilotos, sobrecargos y tranviarios.

La cúpula del Congreso del Trabajo vio con recelo el ascenso de Pancho y, aún más, la formación del bloque con los electricistas, pero no pudieron hacer nada por impedirlo. Ninguno se habría atrevido a emprender una campaña contra el nuevo protegido de Fidel. Atados de manos, se sentaron a esperar. Y no tuvieron que hacerlo tanto, la inexperiencia le jugó una mala pasada al impetuoso Hernández Juárez y se llevó entre las patas a Fidel.

Sentado, pues, en enero de 1987 en la silla para “regir” el destino de millones de obreros, solicitó —tomando como base una inflación anual reconocida superior al 100 por ciento— un aumento salarial de emergencia de emergencia para trabajadores de las empresas paraestatales, entre ellas los telefonistas. Amenazas más, amenazas menos, el Gabinete Económico del presidente De la Madrid se lo prometió. Pancho se sentó a esperar, esperar, esperar y esperar. Y esperaría toda la vida. Al final, el gobierno lo ignoró, las negociaciones se empantanaron y el incremento nunca llegó. No llegó nada.

El 18 de febrero el gobierno federal le hizo saber que no estaba en condiciones de dar ningún incremento para los 200 mil empleados de las paraestatales. Atrapado en un callejón sin salida y descubriendo su ingenuidad, Pancho responsabilizó al secretario del Trabajo del incumplimiento a los trabajadores. Y lo llamó mentiroso.

El 20 de abril de 1987, Salvador Corro escribió en la revista Proceso: “Por lo pronto, su imagen de líder obrero diferente a los tradicionales, surgida de su actitud de hace algunos años, se ha deteriorado tanto que pone en riesgo su posición frente al sindicato”.

Más negro que la noche

* Ahora el México de Peñalandia promete la bonanza al estilo Televisa y el productor José María Torre es de los primeros en apuntarse para retomar el bodrio que en 1975 le dio fama a actrices como Lucía Méndez quien, preciosa, personificaba la malvada inocencia de la protagonista embrujada. Con ella aparecieron Claudia Islas, Susana Dosamantes y Helena Rojo, casi todas de medio pelo pero nadie se fijaba en sus cabelleras, eso sí.

 

Miguel Alvarado

Por ejemplo, “Más negro que la noche” es una de las peores películas mexicanas de todos los tiempos, ni siquiera tan acá como La Lechería o Los Plomeros y las Ficheras (1988), de los ínclitos “Princesa Lea”, Sasha Montenegro, “Polo Polo”, “El Comanche” y Olivia Collins. Pero ellos, feos y buenas, sabían lo que estaban haciendo. Eran películas para calenturientos que la ida adolescencia agradecerá por años. Allí se movía el bote y se echaban albures, unos ingeniosos y otros también aunque soeces. Eran los gloriosos años 80, en el siglo pasado, cuando la quiebra de la industria cinematográfica había orillado a algunos a hacer “videohomes” para evitar tener que trabajar como dios manda. Por eso nalgas tutankamónicas y tetas de copas imposibles poblaron las pantallas de las novedosas teles Sony, todas de fayuca o importadas por las tiendas Blanco, quebradas en 1992 y adquiridas por los dueños de Gigante, que ahora juega a la escuelita con las franquicias de Office Depot, entre otras.   

Ahora el México de Peñalandia promete la bonanza al estilo Televisa y el productor José María Torre es de los primeros en apuntarse y retomar el bodrio que en 1975 le dio fama a actrices como Lucía Méndez quien, preciosa, personificaba la malvada inocencia de la protagonista embrujada. Con ella aparecieron Claudia Islas, Susana Dosamantes y Helena Rojo, casi todas de medio pelo aunque nadie se fijaba en sus cabelleras, eso sí.

Y en tercera dimensión el fraude de esta producción se parece tanto a las entrevistas de Peña en los programas populacheros de Hoy, donde defiende exitosamente las reformas de su gobierno, incluyendo aquellas que él apenas entiende. Pero “Más Negro…”  es simple y la idea no es mala. Una mujer recibe una herencia y acude a la casa de su tía, difunta y millonaria. Allí está Bécquer, gato cabrón y encima negro que les hace la vida imposible a la chica y sus amigas, todas bellas y bien potables hasta que al final posee en cuerpo y alma a la beldad que es la sobrina y continúa haciendo el mal o al menos pretendiendo hacerlo. Al estilo de Eugenio Derbez, la película se cae apenas los créditos y pues ya no tiene caso. Lo más recomendable es ejercitar las manos con la pareja o de plano aceptar el destino y soplársela hasta el final.

Mientras “Más negro…” sucede, la nación de Peña Nieto toma forma casi a la par de las horribles pesadillas de las chicas en esa casa. Unos 300 conflictos sociales de cualquier tipo amenazan con estallar de veras, si es que no han estallado, y derrumbar el guajiro sueño del Grupo Atlacomulco. Ni tan guajiro, dicen los más entendidos en eso de las izquierdas o al menos de la oposición política en México. Según ellos, México se encuentra en el umbral de la noche más oscurecida, con rayos y truenos y hasta con Torre en ese reparto de aquelarre. Y es que todo fracasará. Las consultas para detener la reforma energética no pasarán, dicen, pero tampoco lo harán las intenciones priistas de cancelar a los plurinominales. En el primer caso porque tocará lo inamovible, lo supra-(aquí va lo que uno quiera): los bienes nacionales: el presupuesto público: los contratos de la nación: nada, cero. En el segundo, la consulta sobre los plurinominales, que se quedan o no está diseñada para ser rechazada por el Congreso, haiga sido como haiga sido, pero que quede la constancia de que los priistas cumplieron con una promesa que ya nadie recuerda si fue parte de la campaña de Peña. Porque los priistas lo dijeron, los plurinominales están en el ojo de la discusión, pero el Congreso o el Senado o los dos, que son uno mismo al final de cuentas, dirán que no, que cómo, que no manchen.

(La espotización comienza. Unos mil millones de pesos para anunciar en medios masivos, los más decentes, que ese día para algunos, o esa noche para la mayoría, efectivamente ha comenzado).

Y todo fracasará porque Peña no es el burro que todos critican, sino uno de los más maquiavélicos actores políticos que representa a la ultraderecha más inteligente y ambiciosa que ha pisado México. O sea, como diría La Gaviota, no es que Peña sea listo pero entiende su papel y lo cumple.

Hay razones para creer aquello de la noche más oscura para el México que ya no es, no porque el petróleo determine la identidad nacional, sino porque privatizado todo, el futuro que se avecina no parece ser otro que el mismo que se vive en la gran barata de Liverpool o del Palacio de Hierro. Uno se dará cuenta, poco a poco y cuando sea el momento, que el feudalismo del Grupo Atlacomulco y sus cuates en el poder y el empresariado, ha resquebrajado lo único que pervivía en el país y que es la inútil esperanza. Por un lado, una revuelta armada resulta poco menos que risible y por otro el cambio social, la conciencia colectiva deberá derribar primero los desenfrenados domingos de futbol o sábados o viernes, y después los partidos de la Champions y el desastre inglés del flemático “Chicharitou”. Luego, con suerte, eludir las barreras de intelectuales como Andrea Legarreta y el “Negro” Araiza o la comentadísima Laura G y su programa Sabadazo, estúpido hasta para ella misma.

En Toluca, el enfermo gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, enferma de cistitis, padecimiento que significa que le duele cuando orina porque tiene bacterias en la uretra y la vejiga, y le ordenan 36 horas de descanso. Nadie nota su ausencia en el vacío administrativo mexiquense y hasta algunos señalan que es posible que las cosas se desatoren. Pero cuál. Todos cobran a tiempo y son felices y hasta en Zinacantepec alcanza para que se repartan apoyos a los ancianos y se les arengue para que usen una tarjetita donde se les deposita una lana para que la vayan pasando. “No tengan miedo de ese plastiquito, es para su bienestar”, dice la alcaldesa Olga Hernández Martínez desde una improvisada plataforma. Frente a ella, detrás de todos y subido en el quiosco del lugar, un policía juega con su arma como apuntando a la muchedumbre. La seguridad es lo que es y comienza primero con la discreción, luego con el apañe.

Todavía no está tan negro, ni siquiera es de noche, dicen unos que no vieron la película del tal “Chema” Torre.

Espérense a verla.

Desobediencia constitucional

* “El gobernador siempre está al pendiente de las necesidades de nuestras niñas, niños y jóvenes, porque sabe que ellos son el potencial de nuestra entidad. Siempre nos pregunta ¿Cómo vamos? ¿Cómo se encuentran ustedes?…”

 

Luis Zamora Calzada

Lo inesperado ocurrió el lunes 18 de agosto de 2014. La escuela pública fue utilizada para fines promocionales, lo que nunca se había dado en clara desobediencia constitucional.

La ceremonia del inicio del ciclo escolar fue organizada y determinada en la Secretaría de Educación, desde el centro se definió el proscenio, ocupantes de los lugares en el presídium, cuya figura central fue un “representante gubernamental” enviado a cada escuela, personajes improvisados de diferentes oficinas estatales, municipales y supervisores escolares que acudieron a presidir a zonas distintas a la de su responsabilidad.

Los directores escolares a quienes se desea construir liderazgo, desde el transitorio quinto fracción III de la reforma constitucional, que determinó de manera literal crear las condiciones de “participación para que alumnos, maestros y padres de familia, bajo el liderazgo del director, se involucren en la resolución de los retos que cada escuela enfrenta”, no aconteció en la ceremonia de apertura. El mandato fue violentado en la entidad al colocarlos en un segundo término, vulnerando su imagen ante los docentes, alumnado y padres de familia de la escuela a su cargo.

El discurso enviado fue leído por el representante, no por el director, que en muchos casos ni las palabras de bienvenida le fue posible manifestar.

El contenido del discurso de la discordia contiene nombres de personajes en turno, cifras de la matrícula escolar estatal que compara con cantidades el número de habitantes de otros países y, por supuesto, frases de escaso significado para una población escolar más interesada en otros elementos como las siguientes:

“El gobernador siempre está al pendiente de las necesidades de nuestras niñas, niños y jóvenes, porque sabe que ellos son el potencial de nuestra entidad. Siempre nos pregunta ¿Cómo vamos? ¿Cómo se encuentran ustedes? Y en esta tarea no está solo, por ello a nosotros los secretarios nos ha pedido todo nuestro compromiso, para que juntos hagamos entrega de incentivos que aumentan la calidad educativa de los mexiquenses. Sabemos que la educación es la llave que abre múltiples puertas como la del conocimiento, del desarrollo, de la innovación y de la prosperidad. Por ello, en el gobierno del Estado de México ponemos especial énfasis en el tema educativo”.

Discurso que muchos funcionarios olvidan rápidamente o que no aplican, por ejemplo en la suspensión de clases o en la terrible carga administrativa que hostiga al profesorado, en perjuicio del tiempo para la docencia y de los alumnos que se atienden en la escuela pública.

 

Circular 167

 

La Dirección General de Educación Básica emitió lineamientos para el ciclo escolar que inicia en su Circular 167, de fecha 28 de julio del año que transcurre, destinado para directores regionales, supervisores, coordinadores de área, directores escolares, docentes y personal de apoyo de las escuelas, es decir para todos, aún cuando dicha Circular, a la fecha, no la conozca una gran mayoría de los maestros de preescolar, primarias y secundarias.

En un intento discursivo de fundamentación y motivación, mandatan orientarse para brindar educación de calidad cuando la propia dirección citada no tiene una propuesta pedagógica que la identifique y proponga un estilo de docencia que transforme las relaciones interpersonales que se desarrollan en el aula.

En una manifestación expresa señala que “promoverá el valor de la justicia, de la observancia de la ley y de la igualdad de los individuos ante está; propiciar la cultura de la legalidad, la paz, lo no violencia en cualquier tipo de sus manifestaciones, así como del conocimiento de los derechos humanos y el respeto a los mismos”, lo que no ocurre ante las continuas violaciones legales que se cometen en dicha dirección, a manera de ejemplo, los despidos injustificados que practican violando el artículo 3 de la Ley del Trabajo de los Servidores Públicos del Estado y Municipios.

Es claro que las manifestaciones de legalidad quedan en el discurso y contradicen incluso sus propios lineamientos al ordenar la integración a los consejos técnicos del personal de apoyo sin tomar en consideración sus horarios y la especialización especifica del personal en las tareas propias de su competencia.

Incluso se giran instrucciones sin razón de ser, como el desarrollo del “Plan y Programas de Estudio 2011 para la Educación Básica, en vinculación con los programas federales y estatales, atendiendo los acuerdo secretariales vigentes”, como si existiera alguna otra tira curricular por la cual pudiera optar el profesorado o que los mencionados no fueran a nivel federal y obligatorios, tal y como se mandata en el artículo tercero constitucional.

Las incongruencias y la falta de coherencia de la circular es un elemento claro que puede explicar la problemática que enfrentan los niveles que integran la educación básica en el subsistema educativo estatal.

La hermandad

* La guerra michoacana entre narcotraficantes, autodefensas y autoridades rebasa ya los límites del Estado de México. Zitácuaro y Huetamo, municipios fronterizos, están ligados de manera directa con Valle de Bravo, el primero; y con la Tierra Caliente mexiquense, el segundo. Zitácuaro fue una de las puntas de lanza desde donde los cárteles se propusieron entrar en el Edomex, hacia la zona sur de la entidad y la capital, Toluca, Zitácuaro está a menos de una hora de Valle de Bravo, principal destino turístico y también una de las sedes de capos en los últimos años.

Miguel Alvarado

La relación entre el Edomex y Michoacán es compleja pero natural y se desarrolla en diferentes ámbitos, entre ellos el político y el empresarial, aunque también el crimen organizado comparte territorios y recursos. Políticos michoacanos han trabajado en la tierra del presidente Enrique Peña y viceversa. Pero el narcoestado en el que se han convertido Michoacán y parte del Edomex ubica estas relaciones en una nueva plataforma que cambia hasta las fronteras políticas oficiales para crear un territorio amorfo donde los nexos de estas familias de poder con el narco determinan una estructura que opera a la sombra de los gobiernos, aunque amparada por ellos. Existe desde hace años y su supervivencia está relacionada con el control de regiones consideradas como productoras de droga, usadas como bodegas y puentes. Entre Michoacán y el Edomex existe una zona intermedia, “tierra de nadie” que hace mucho está fuera de control.

La guerra michoacana entre narcotraficantes, autodefensas y autoridades rebasa ya los límites del Estado de México. Zitácuaro y Huetamo, municipios fronterizos, están ligados de manera directa con Valle de Bravo, el primero; y con la Tierra Caliente mexiquense, el segundo. Zitácuaro fue una de las puntas de lanza desde donde los cárteles se propusieron entrar en el Edomex, hacia la zona sur de la entidad y la capital, Toluca, Zitácuaro está a menos de una hora de Valle de Bravo, principal destino turístico y también una de las sedes de capos en los últimos años. Actualmente, Valle de Bravo está bajo vigilancia militar, poco efectiva cuando en menos de un mes se han registrado hasta seis secuestros. La policía municipal ha sido desactivada y la población no cuenta con seguridad pública. El pretexto oficial es que los gendarmes se hallan en capacitación o en evaluaciones de confianza. Hasta el 21 de agosto, el gobierno mexiquense anunciaba la detención de 12 secuestradores en menos de 8 días, y señalaba orondo que “aún faltan más”. Y Huetamo, a unas tres horas de Amatepec, es históricamente un territorio donde se siembra mariguana, que se reparte al país por tierras mexiquenses.

La presencia del narcotraficante Servando Gómez, “La Tuta” en videos donde se reúne con políticos y empresarios en Michoacán confirma la participación del sector gubernamental, obligado o no, con las actividades de los cárteles del narco, primero La Familia Michoacana y luego Los Caballeros Templarios, fundados por el mismo criminal y señalado de obtener protección hasta de instancias federales. Una de esas filmaciones ha propiciado la detención del hijo del ex gobernador michoacano, Fausto Vallejo, y su posterior encarcelamiento en el penal de Almoloya, en el Estado de México. Junto con Rodrigo Vallejo también fue exhibida la alcaldesa de Huetamo, Dalia Santana, acusada de homicidio y de entregar 14 millones de pesos a la delincuencia. Otra alcaldesa, Salma Karrum, de Pátzcuaro, fue grabada en reuniones con “El Tony”, lugarteniente de “La Tuta”, pidiéndole ayuda para esclarecer el asesinato de uno de sus yernos y castigar a los responsables. También en Zitácuaro, a hora y media de la capital del Estado de México, “La Tuta” fungió como notario para repartir una herencia a la familia Estefan Abouchard luego de la muerte de uno de sus miembros, el empresario Luis Miguel Estefan, conocido también como “Maico”, un ex aspirante a una diputación por el Partido Verde en 1993 y dueño del hotel Monarca Inn. Era también familiar político del ex senador Ascención Orihuela, delegado del PRI en el Estado de México durante la administración de Arturo Montiel Rojas, en 1999, y uno de los operadores políticos más importantes en Michoacán para Enrique Peña Nieto y su grupo político.

“Maico” era una figura pública en Zitácuaro, pero casi nada comparado con Ascención Orihuela, uno de los aspirantes a la gubernatura por Michoacán que luego se le otorgó a Vallejo y también uno de los sucesores naturales de ese mismo político, al renunciar al cargo.

“La Tuta”, en papel de notario, dispone, por ejemplo que el hotel Monarca, uno de los más conocidos de esa región, sea entregado a los hermanos de Luis Miguel, llamados Guillermo y Salvador. “La Tuta” le pone a aquel inmueble un valor de 15 millones de pesos, aunque en el 2001 Estefan había intentado venderlo por 4.4 millones de dólares.

Luis Miguel Estefan fue candidato a diputado en el 2003 por su región, postulado por el Partido Verde Ecologista. En aquella campaña tenía como suplente a Lorenzo Sesmas Ortega, quien en años posteriores ocuparía el cargo de coordinador regional de ese partido y aspiraría en el 2011 a una diputación local. En el video, “La Tuta” aparece en un patio al aire libre, rodeado de bancas metálicas de color azul. Allí, junto con otras cuatro personas, los deudos de Estefan, determina el destino de las propiedades y otra persona se encarga de tomar cada uno de los rostros de los participantes, mientras “La Tuta” los menciona. Al término del reparto, el narcotraficante les ha dejado claro a los deudos que les cobrará 3 millones de pesos, que saldrán de la misma herencia.

La historia de los Orihuela ha estado salpicada de escándalos políticos desde el 2008, cuando el joven Juan Antonio Ixtláhuac Orihuela ganó la alcaldía de Zitácuaro, pero luego fue detenido, por casi un año, junto con otros 30 funcionarios michoacanos en el 2009, por relaciones con el crimen organizado, que en el caso de Ixtláhuac no pudieron comprobarse, a fin de cuentas. Salió tan bien librado fue reinstalado en el 2010 y en el 2012 fue llamado por Fausto Vallejo para integrarse a su equipo de trabajo como coordinador de Atención Ciudadana, en Morelia.

Los hijos de Ascención Orihuela son Eduardo Orihuela Estefan, diputado local por Zitácuaro, y Juan Carlos Orihuela Tello, también diputado del PRI. Ascención Orihuela, actualmente en el extranjero, ha negado que los Estefan Abouchard sean sus parientes políticos. Pero este hombre está casado con Carmela Estefan Colín, media hermana del empresario fallecido. Según la agencia de noticias Quadratín, la relación más fuerte en este narcovideo se encuentra con Fernando Orihuela Carmona, tío del senador Orihuela Bárcenas y líder estatal del PRI a finales de los años noventa. Fernando es el notario 134 de Michoacán, con oficinas en Morelia y en el 2001 era coordinador de campaña del candidato priista a la gubernatura de Michoacán, Alfredo Anaya Gudiño. Fernando tiene un hijo, Luis Miguel Orihuela Estefan, quien trabajó junto con él en esa campaña. A mediados de octubre de aquel año, los dos Orihuela se accidentaron cuando viajaban por la carretera de Ecuandureo. En ese percance fallecería el secretario de Fernando, Salvador Munguía. El ahora notario tiene otro hijo, Fernando Orihuela Estefan.

Desde el 2003 las autoridades militares sabían de los nexos entre políticos y narcos en Michoacán y señalaban a dos colaboradores de Víctor Tinoco Rubí (1996-2002), ex gobernador priista de aquel estado y oriundo de Zitácuaro. Los implicados con el cártel del Milenio eran “José Antonio y Eduardo García Torres, secretario de Gobierno y procurador de Michoacán”, escribió el semanario Proceso en agosto del 2003, y presuntamente participaron en lavado de dinero proveniente del narco, junto con ese ex gobernador, a quien apenas el 19 de agosto del 2014 se le entregó la presa Junta Nacional Americana en Zitácuaro, con el comisionado por la Paz como testigo, el mexiquense Alfredo Castillo.

El documento dice que “desde el arribo del actual gobierno encabezado por Víctor Manuel Tinoco Rubí, el nombramiento de procurador de Justicia recayó en Jorge Eduardo García Torres, quien hasta este momento (2000) fungía como tal; al ser nombrado Héctor Terán Huerta como nuevo procurador se empieza a destapar la verdadera actividad que realizaban el procurador y sus asesores.

“Desde el inicio de la gestión de García Torres se le ha caracterizado como núcleo de corrupción y órgano de mafia; acusados públicamente todos sus colaboradores; que desde su ingreso con este gobierno, a la Procuraduría se le acusa de tener nexos tanto con el crimen organizado como con el narcotráfico.

“Prueba de ello son los decomisos de diferentes vehículos de reciente modelo, como Windstar, Explorer, Grand Cherokee, Venture, entre otros, los cuales se encuentran remarcados, ‘doblados’ y con reportes a la vista de robo, mismos que no han sido devueltos a sus respectivos dueños o aseguradoras, ocultándolos en diferentes lotes de esta ciudad (Santa María, Ocolusen, La Soledad e Independencia, entre otros), a la espera de tres meses para realizar un remate interno, como marca la ley, beneficiando a deshuesaderos, como el ubicado a la salida a Salamanca, propiedad de Fernando Orihuela Carmona –ex presidente del Comité Directivo Estatal del PRI–, actual coordinador de campaña del priista Alfredo Anaya Gudiño”.

Los militares explican que en ese 2000 “dichos vehículos se encuentran estacionados y separados en dos o tres bloques, marcados con letras y números, localizados algunos en la parte posterior de la Procuraduría, sobre las canchas de básquet y corralón.

“Algunos de estos vehículos se han utilizados para diferentes objetivos, tanto de trabajo como delictivos, o como parte del equipo de avanzada en la campaña del senador Antonio García Torres, y del actual candidato Alfredo Anaya Gudiño.

“Los vehículos también se les ha proporcionado a diferentes periodistas (Ignacio Roque Madriz, El Universal; Raúl Puente, Ovaciones; Elíseo Caballero, Televisa, etcétera), y estatales (Isaac Reyes, familia Palomino, Lino Hernández Gachí, Francisco García Davish, etcétera); los vehículos son asignados con resguardo de la Procuraduría o de la Oficialía Mayor y firmado por las áreas administrativas, bajo órdenes del propio Eduardo García Torres o del oficial mayor Fausto Vallejo Figueroa (actual alcalde priista de Morelia), para que no sean molestados”.

“…es importante mencionar que existen vehículos consignados como BMW, Mercedes, Lincoln, entre otros, que son resguardados y utilizados sólo por funcionarios de gobierno, entre los que se encuentran Francisco Corona Núñez, de Secodam; Raymundo González, de personal; Guillermo Guzmán Fuentes (ex delegado del Infonavit y ex candidato a diputado por el PRI); el propio Antonio, y Arturo (magistrado en Edomex y hermano mayor) y Eduardo García Torres, así como sus hijos, entre otros”. En ese año el cártel de Juárez controlaba Zitácuaro y Huetamo.

El ex alcalde Orihuela

Juan Antonio Ixtláhuac Orihuela era un apasionado del deporte. Siempre quiso hacer carrera en el futbol pero supo desde un principio sus limitaciones. Decidió entonces vivir los partidos de otra manera e intentó con alguna fortuna narrar los partidos del Monarcas-Zitácuaro, conjunto profesional de aquella zona que tenía en sus filas al portero Federico Vilar, actualmente en el Atlas de la primera división. Con 15 años de edad, Ixtláhuac parecía haber encontrado su razón de ser. Trabajó luego para la oficina del comentarista Raúl Orvañanos en 1998 y coordinó alguna oficina en la Segunda División Profesional pero en el 2003, según narra el periodista Diego Osorno, entró de lleno en la política, cobrando en el PRI mexiquense.

El equipo de futbol era propiedad del hermano de Ascención, Ignacio Orihuela, tío de Juan Antonio y cacique máximo de aquella región, dueño entre otros negocios, de la distribuidora de Volkswagen y General Motors, además de todas las gasolineras de aquel municipio.

En el 2008 los comerciantes de Zitácuaro se despertaron con la noticia de que el cártel de La Familia era dueña de la plaza y cobraba por la seguridad de quienes tenían negocios. Hasta 20 mil pesos al mes debían pagar los dueños de las tiendas y medianos comercios a esa organización, que además daba protección a particulares, convirtiéndose en algunos casos en defensores de la población pues asumía las funciones que ninguna policía del país está dispuesta a realizar.

Era del dominio público que La Familia se había infiltrado en el ayuntamiento de Zitácuaro y que trabajaba en la administración de Ixtláhuac, quien procuraba, obligado o no, protección y empleo para algunos de los relacionados con el cártel. Ixtláhuac sabía que se la jugaba al relacionarse con el narco. Otros niveles del ayuntamiento estaban también infiltrados, los cuales pagaban hasta 200 mil pesos y algunas instituciones más, como la clínica del ISSSTE, donde se comenzó a contratar gente relacionada con La Familia.

Los orígenes

Ixtláhuac es sobrino de Ascensión Orihuela Bárcena, diputado federal del PRI, senador y operador político en la administración de Arturo Montiel. Ixtláhuac estudió en la Universidad Iberoamericana y presumió siempre su cercanía con el sobrino de Montiel, el actual presidente de México, por lo que en Michoacán se le conocía como el Enrique Peña purépecha. De 33 años de edad, fue diputado a los 24, luego de haber trabajado en el PRI del Edomex. Allí fue colocado como asesor por su propio tío con ayuda de Miguel Sámano, en ese entonces secretario particular del mismo Montiel, recuerda el diario Alfa. La familia de Ixtláhuac estaba inscrita en la nómina del gobierno mexiquense pues allí se encontraba Rocío González Orihuela, su prima hermana, ex directora del Programa de Apoyo a Migrantes y hoy en la Secretaría de Organización del PRI mexiquense.

“Tal era su proximidad al grupo que detenta hoy el poder en la entidad, que recibió financiamiento para la campaña política que lo llevó a la alcaldía de Zitácuaro. El encargado de llevarle el dinero que salía de Toluca fue nada menos que el diputado federal con licencia y candidato a diputado local, Jesús Alcántara. No sólo eso, también se le apoyó con un grupo de operadores electorales”, escribe Alfa en referencia a los nexos mexiquenses del alcalde detenido.

Antonio Ixtláhuac estudió la preparatoria en la escuela Melchor Ocampo. Le gustaban los gallos y bebía moderadamente, recuerdan sus antiguos compañeros de salón. Tenía una gran amistad con su primo, Juan Carlos Orihuela, apodado “El Pollo”. En general, es un apellido conocido en Zitácuaro por el impulso que le dieron al deporte y al comercio pero nadie niega que sus colaboradores políticos estaban involucrados en actividades poco claras y mantenían contacto con Tuzantla y Huetamo, en la región de Tierra Caliente y reconocidos como bastiones de grupos de narco.

Pronto, Ixtláhuac fue detenido y sometido a investigación, en el 2009, junto con un puñado de alcaldes y funcionarios michoacanos. Según Ascensión Orihuela, la detención de su sobrino obedeció a que el gobierno federal de Felipe Calderón quería involucrar a altos funcionarios del Estado de México, sobre todo de Atlacomulco y que detrás hay además una intención de venganza, pues impulsaba una investigación contra Miguel Ángel Jiménez, ex director de la Lotería Nacional.

Ascensión o “Chon”, como se le conoce en su círculo político se reunía constantemente con secretarios de los gobiernos de Montiel y Peña y era común encontrarlo comiendo en los restoranes de la ciudad. La detención de Ixtláhuac sirvió para desactivar sus intenciones de competir también por la gubernatura.

Los Orihuela, con todo el poder político que tienen, no han podido evitar episodios grotescos relacionados con ellos. Así, en el 2006 aparecieron dos cabezas humanas en Zitácuaro, las cuales fueron enviadas Ascensión e Ignacio. A mediados de agosto del 2012, “Chon” Orihuela era captado a bordo de un auto Porche Panamera modelo 2010 con placas SMT 47 34, que hace dos años costaba unos 130 mil dólares. Después, “Chon” dijo al diario Reforma que se trataba de “un auto como cualquier otro”. En abril del 2014, “Chon” Orihuela festejó la boda de su hijo Eduardo, a quien el círculos michoacanos se le apoda “Bebesaurio”, con más de mil asistentes y cuyo invitado principal fue el senador Emilio Gamboa. En esa misma fiesta estuvo el todavía gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo.

Las narco-relaciones entre la clase política michoacana y la del Edomex se profundizaron en el 2014 cuando llegó a gobernar, prácticamente, aquel estado, el procurador mexiquense Alfredo Castillo, quien asegura haber limpiado de Templarios y Familia, aunque no ha podido capturar a “La Tuta”.  

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